'Sidi' (2019)

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Rogorn
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Re: 'Sidi' (2019)

Mensaje por Rogorn » Jue Sep 26, 2019 4:28 pm

“Hemos olvidado la muerte y eso nos hace más débiles y peores personas”
RSG - larazon.es - 24/09/2019

“El hombre occidental no quiere aceptar el dolor, ni la crueldad de la vida. Rodeamos la realidad con una capa edulcorada. Hemos olvidado la muerte y eso nos hace más débiles y peores personas”, ha asegurado Arturo Pérez-Reverte durante la presentación de 'Sidi' (Alfaguara), su nueva novela, en la Real Academia Española, en un encuentro conducido por Carlos Alsina ante un salón de actos en el que coincidieron académicos, periodistas y algunos cientos de los más de 15 millones de lectores que tiene el autor en todo el mundo.

En la obra, el escritor, periodista y académico desentierra la figura de Rodrigo Díaz de Vivar, narra su exilio y cuenta, sobre todo, cómo se forjó la leyenda de un hombre que mataba para no morir, que no tenía patria ni rey, sólo un puñado de fieles que no tenían hambre de gloria, sólo hambre, como puede leerse en la contraportada. Porque si “hay hombres que son más recordados que naciones enteras”, tal y como dijo Elizabeth Smart, el Cid fue uno de ellos. Pero hay muchos Ruy Díaz en la tradición española. Y Pérez-Reverte ha alumbrado el suyo propio. El padre del capitán Alatriste o más recientemente de Lorenzo Falcó vuelve a rememorar un episodio de la historia de España para crear un mundo de ficción y un personaje de frontera, al que despoja de la camisa azul que se le enfundó durante el franquismo y de quien denuncia una apropiación indebida.

El escritor admite haber “saqueado sin escrúpulos la leyenda y la realidad” para escribir una historia que es un 20% real y un 80% imaginada por quien fue reportero de guerra durante 21 años. Es decir, el novelista ha forjado a Sidi con extensa documentación, pero también con su experiencia, su mochila, su intensa vida vivida y curtida en mil y una batallas, que le han servido para impregnar la obra del olor a sangre y a muerte. Porque él sabe cómo huelen la sangre y la muerte. Y eso le ayuda para empotrar al lector y ensuciarle de polvo. Y empaparle en sudor. Y hacerle pasar calor y frío, y miedo, y hambre...

Pero más allá de ese tinte bélico, 'Sidi' podría concebirse como un manual de liderazgo útil para primeros espadas del mundo empresarial y de los negocios. Porque el Cid sabía cómo manejar a su mesnada junto a la que cabalgaba por aquella frontera que fue el siglo XI, cómo hacerse respetar, cómo lograr que 40 hombres lo siguieran con lealtad a sabiendas de que les podía ir la vida en ello. Y Pérez-Reverte ha querido contar esa astucia y esa inteligencia que le permitió establecer aquellos lazos.

En este sentido, Carlos Alsina le ha preguntado por las condiciones que debe reunir un líder. A lo que el escritor ha respondido que “no puede mandar hacer nada que él no sea capaz. En cualquier caso, el liderazgo no es moral”. Sidi es, en definitiva, un personaje revertiano hasta las entrañas. Un libro que le ha llevado año y medio de escritura y toda una vida de lectura, y que en apenas unos días ya va por la tercera edición. “No habrá más partes porque a ese Cid no podría manipularlo. Y yo nunca escribiría una novela que no fuera revertiana. Soy un novelista feliz. Me he esforzado para ser el Arturo que quería ser de niño. Y a lo mejor lo he conseguido”, ha confesado el autor a lo largo de un acto que ha servido como inauguración de una nueva etapa de la Real Academia de puertas abiertas.

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Re: 'Sidi' (2019)

Mensaje por Rogorn » Jue Sep 26, 2019 4:32 pm

El Cid cabalga
librujula.com - 25/09/2019

La lectura obligatoria en el colegio del 'Cantar de Mio Cid' con que solía inaugurarse el curso de literatura española, cuando todavía la literatura tenía algún peso en el currículo docente, ha hecho que varias generaciones hayan crecido con ese Cid campeador empujado al destierro por traiciones de señores mezquinos que se subraya con esa frase que ha quedado para la historia: “¡Qué buen vasallo, si tuviese buen señor!”. Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid, fue aprovechado por el franquismo -carente de épica alguna, siniestro, sin ideología ni glamour- para convertirlo en el héroe que resumía las esencias del arquetipo español: valor, coraje, honestidad, fe en Dios. Arturo Pérez-Reverte, siempre a la búsqueda de héroes con grietas, ofrece su particular mirada de mandíbulas apretadas sobre el personaje en su nueva novela, 'Sidi'. El Rodrigo Díaz de Reverte es un personaje aguerrido y admirable, pero no se esconde tampoco su brutalidad ni su condición de espada mercenaria al servicio de quien lo contrate, sea moro o sea cristiano.

La novela arranca cuando Rodrigo Díaz de Vivar no es todavía Campeador, sino el hidalgo al frente de un grupo de guerreros al servicio de los prohombres adinerados de la zona Sur de Castilla más próxima a los territorios controlados por los moriscos. Una zona de frontera peligrosa y turbulenta, una tierra de nadie donde la única ley es la de la fuerza de la espada. Rodrigo Díaz pasará de ser un infanzón de escasa alcurnia despreciado y expulsado de manera humillante de su propia tierra por sus propios “compatriotas”, con el único capital del medio centenar de mercenarios violentos que lo siguen ciegamente, a ser una leyenda. Y ahí es donde el autor pone la lupa, en sus dotes de líder: en la capacidad para de lograr que su gente crea en él, en la mezcla entre coraje y estrategia, en una dureza que evita la crueldad arbitraria. Y victoria a victoria, no dejando que las derrotas lo hagan caer en el desaliento o en la locura de la venganza, empieza a forjar su aureola, ganada a hierro y sangre en tiempos violentos.

Mientras el clásico personaje revertiano, el Capitán Alatriste, es un guerrero más moral, que puede a veces incluso resultar poco pragmático, este Cid es un luchador justo pero calculador e implacable. Establece con sus hombres una relación de liderazgo y concordia basada en ser el primero en ponerse ante el peligro y repartir el botín siempre de manera justa. Hay en él un magnetismo que hace que sus hombres lo sigan hasta el infierno. Y esa frontera del siglo XI infestada de bandidos, incursiones armadas moras y cristianas donde la violencia y la traición son el pan de cada día, es el infierno.

La fama de Rui Díaz crece como la espuma. Al crecer su caché, empieza a encontrar señores y encargos de mayor enjundia, pero eso también lo hace penetrar en el laberinto de intrigas, corrupciones y traiciones del poder. La idea franquista de El Cid como garante de la cristiandad es falaz. Vemos cómo el conde Berenguer desprecia sus servicios de manera displiciente y, sin embargo, el Cid es apreciado y respetado en la Zaragoza musulmana del rey Mutamán Benhud. El Conde Berenguer se arrepentirá más adelante –y mucho- de no haber tenido en mejor consideración al Cid.

El retrato ambiental de la época nos muestra una España en el siglo XI que ni siquiera era España, sino una península ibérica donde se cabalgaba enloquecidamente en las zonas de frontera y corría la sangre como en un Far West medieval donde los revólveres son espadas. No hay en la novela heroísmo patrio, porque no hay patria. Ni siquiera hay esa idea de Reconquista que tanto gustaba en los planes de estudios, con el subrayado de ese año totémico del 711 como inicio en Asturias de la expulsión de los musulmanes. Lo que hay es un barullo de luchas de poder, de incursiones unos en territorio de otros, de intento de supervivencia en una zona inestable donde la fuerza militar es la ley.

La novela llega a su clímax cuando el rey de Zaragoza entra en conflicto con su hermano Mundir, rey de Lérida. Rodrigo Díaz de Vivar, finalmente, sale del entramado de conspiraciones de la ciudad y vuelve al campo abierto donde no existe ni la diplomacia ni el engaño, sólo cabalgar o caerse, vivir o morir. Que Pérez-Reverte haya sido corresponsal de guerra antes que novelista hace que haya en su trazo de un señor de la guerra como El Cid una sensación de realidad que pone carne y hueso, y sangre en las venas y fuera de ellas, a este etéreo mito andante de la españolidad.

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Re: 'Sidi' (2019)

Mensaje por Rogorn » Jue Sep 26, 2019 4:40 pm

El Cid Campeador, héroe de frontera
José María Pozuelo Yvancos - abc.es - 26/09/2019

Bastante avanzada la novela, una de las mejores que han salido de la pluma de su autor, encuentra el lector un diálogo que puede definir su clave. Lo sostienen el rais Yaqub, lugarteniente al mando de las tropas de Mutamán el rey moro de Zaragoza, y Ruy Diaz de Vivar al que los moros apellidan Sidi, el Cid. Este se ofrece a orar junto al moro, lo que provoca su sorpresa y que le diga: «Eres un hombre extraño, Sidi». «No, rais Yuqub, solo soy un hombre de la frontera», contesta el Cid. El concepto de frontera llena toda la novela. Una de las decisivas aportaciones de Pérez-Reverte al género de la novela histórica es haber logrado que una figura mítica, el primer héroe que dio la épica castellana, inspirador de leyendas, romances y obras literarias desdeCorneillea Zorrilla, hasta películas de Hollywood, no sucumbiera a los muchos tópicos que esa larga tradición había ido incorporando, en parte por haber sido un héroe que había nacido ideologizado en el mismo 'Cantar', en tanto héroe castellano frente a los cortesanos leoneses.

En la novela de Pérez-Reverte no aparecen los Condes de Carrión, tampoco adherencias afines al grito de «Santiago y cierra España» porque unas páginas antes del diálogo al que me he referido hay otro momento decisivo para el trazado del mapa de la novela, cuando el rey moro de Zaragoza afirma: «La antigua Ispaniya de los romanos y los godos es ahora un lugar complejo. Al Andalus y reinos cristianos, sangres vertidas y mezcladas, y esa frontera nunca tranquila, siempre en avance o retroceso». Para aprender lo que era la España medieval deberían los escolares españoles leer esta novela puesto que explica, como ninguna otra de las que conozco, los motivos por los que Claudio Sánchez Albornoz, discípulo de Menéndez Pidal y presidente de la República española en el exilio, califico a España de enigma histórico.

En las páginas de 'Sidi' emergen algunos de los lugares de esa frontera y de los enigmas que cuajaban alianzas muy cambiantes, en la que los reinos cristianos de Castilla, Aragón, Navarra, o el conde de Barcelona Berenguer Remont II al frente de los francos, pugnaban por dominar al otro, en alianzas de conveniencia que muchas veces tenían a reinos moros como aliados, pero donde no era menor la rivalidad de los distintos moros entre sí, pues los que dominaban Al Andalus eran distintos al rey moro de Valencia y al Mutamán de Zaragoza, al que históricamente está demostrado que sirvió el Cid, que tenía una manera distinta de entender el Islam a la de los fanáticos morabíes.

Junto al trazado de ese lugar complejo, el otro pivote que sostiene la novela, que considero hijo de una inteligencia narrativa poco común, ha sido haber creado un héroe que se comporta como lo harían luego sus herederos del wéstern clásico: Sidi es fiel a unos códigos de lealtad, que sostienen su propia dimensión de héroe necesario para la tropa que le sigue y de la que cuida.

No hay buen vasallo sin buen señor, y Pérez-Reverte ha cuidado que en todas las acciones Sidi adquiera atributos de héroe clásico, casi homérico, que va en cada momento midiendo lo que conviene o no conviene hacer sin que esa conveniencia pueda saltar los principios de lealtad a su señor, su rey, no por ciego designio, sino porque esa lealtad es la que le sostiene como persona y figura ejemplar. Esa es otra dimensión que la novela va cobrando. La del héroe dotado de una inteligencia y sabiduría respecto a la condición humana que proporciona sabrosas escenas. Es de gran oficio la magnífica decisión de resolver con una elipsis el encuentro con la mora Raxida.

El seguidor «revertiano» tiene en esta novela varios lances de espada, emboscadas en desfiladeros, y suertes de lucha, pero sobre ellos destaca la sabiduría inteligente que la impregna, por la que curiosamente Sidi llega a adquirir dimensión de héroe «revertiano». No debe dejar de decirse algo cada día más importante en la literatura: el soberbio castellano con el que está escrita la novela revive en el sabor dado a las palabras, paladeadas con gusto. Pérez Reverte ha dado en 'Sidi' una obra maestra.

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Re: 'Sidi' (2019)

Mensaje por Rogorn » Jue Sep 26, 2019 8:07 pm

"Quise imaginar cómo habría contado John Ford la vida del Cid"
Francisco Camero - diariodesevilla.es - 26/09/2019

No hablará aquí Arturo Pérez-Reverte de ningún asunto de actualidad, de modo que avisados quedan los muchísimos lectores que aprecian su faceta de bravo y curtido comentarista que no se muerde la lengua antes de largar las verdades del barquero. "No vais a tener ningún titular político, que tengo yo mucha mili ya. Por mis narices que mañana tituláis con el Cid", avisa y reta con una sonrisa amable pero inflexible cuando los periodistas convocados en el hotel donde se aloja siempre en Sevilla el escritor y académico insisten en tratar de arrancarle alguna reflexión sobre la atribulada actualidad española. Pero nada, dicho y hecho: con innegociable diligencia promocional, no hablará más que de su libro, así que vendiendo estamos ya como quien dice su última novela, 'Sidi' (Alfaguara).

"Un día estaba viendo una película de John Ford –cuenta el autor sobre el origen del libro–, una de la trilogía de la caballería, con John Wayne y tal... Y me dije: nosotros también hemos tenido historias de caballería y de fronteras, muchas, pero no se han contado así. Entonces me pregunté cómo habría hecho John Ford una película sobre una época histórica como la del Cid. Y decidí contar una historia de frontera española, pero como un western clásico: con caballería, polvo, sudor, incursiones enemigas, peligros...". De modo que Pérez-Reverte viaja así a la Península ibérica del siglo XI, donde los términos España o Reconquista no existían aún ni siquiera como ensoñaciones remotas y el turbulento tapiz de reinos musulmanes y cristianos se tejía y destejía con el estruendo incesante de las espadas en múltiples campos de batalla. En ese escenario encuentra el lector a Rodrigo Díaz, el Cid, vagando por tierras musulmanas, a punto de ofrecer sus servicios al rey de la taifa de Zaragoza tras haber caído en desgracia ante Alfonso VI de León, que allí lo mandó desterrado. "El Cid famoso, el Cid de Valencia, el que ya gana todas las batallas, hasta después de muerto, ese Cid que ya es una leyenda me interesaba menos. Yo quería, precisamente, ver cómo se forjaba esa leyenda, cómo un infanzón desterrado, con una mesnada de 40 hombres, consigue, primero, sobrevivir, y luego, en un año o menos, hacerse un nombre en la frontera y a la postre pervivir y ser más recordado que los reyes de su tiempo. Me interesaba ese momento de aprendizaje", explica el novelista.

Convertido en un dechado de prudencia, seguramente cansado de hablar sobre la repetición electoral, la exhumación de Franco o los endémicos males históricos del país, Pérez-Reverte se apresura a aclarar que él no tiene "ninguna misión moral ni intelectual". "Yo soy un tipo que cuenta historias y los lectores las leen, aquí y en cuarenta y tantos países. Punto. Es decir, que no pretendo mejorar España ni cambiar el concepto de nuestra Historia. Yo sólo quería traerme el Cid a mi terreno; si de él conocemos un 20% de historia real, probada, y el 80% es leyenda, lo que yo he hecho ha sido saquear ambas y, con la libertad del novelista, tomar aquellos elementos que me eran útiles para contar mi historia". El ataque de mesura, explica el escritor, se debe al cúmulo de prejuicios ideológicos que pesan sobre la figura histórica: "Como toda mi generación, crecí acunado por un Cid patriotero que llevaba incluso camisa azul [falangista]; un Cid martillo del Islam y espada de la cristiandad, un Cid que junto a Don Pelayo y Franco aparecía como salvador de la civilización frente a la barbarie. El Cid que a mí me interesa no tiene nada que ver con estos conceptos maniqueos, evidentemente".

Luego volverá a esta cuestión para lamentar –"y esto es lo más cerca que me voy a quedar de daros un titular político"– la "apropiación indebida" de la Historia española por parte de los políticos. "El problema es que se usa siempre para exaltarla o para denostarla, no para conocerla, y eso ha hecho muchísimo daño. Al echar basura sobre la Historia, la gente la rechaza o la malinterpreta, y entonces llega todo eso de que la Historia es de fachas o que el Cid es un patriotero". "Yo he vivido en fronteras durante mucho tiempo, y sé que que una frontera es un lugar muy ambiguo. He visto muchas veces a la gente luchar, algunos incluso eran amigos míos, gente marginal, fuera de las convenciones de lo que la mayoría entiende como vida normal, y a casi nadie he visto luchar o morir por la patria o por cualquier otro ideal. De hecho he visto morir por cosas muy sencillas: por miedo o lealtad, por defender a la familia, por comer", dice. Y a fin de cuentas, apunta, por esas mismas razones se mataba y se moría en aquel crisol medieval de reinos y taifas. "El siglo XI fue muy duro, la gente moría literalmente de hambre, por lo que la guerra en zonas como la frontera militar del Duero y sus aledaños era una forma de ganarse la vida, una forma horrorosa, por supuesto, que moralmente reprobamos hoy desde nuestro confort; pero en aquel entonces era habitual: conquistar tierras enemigas, esclavizar a la gente para venderla como ganado, matar, quemar, robar, saquear..., todo eso era usual, tan natural que nadie lo discutía. Y yo quería llevarme al lector a esa época en la que nuestros valores modernos y occidentales no valían nada, quería hacerle sentir cómo era la vida en ese mundo".

Habla Pérez-Reverte y no puede ni quiere disimular su "admiración" por los hombres de acción. "Además, yo también soy de frontera", dice antes de hacer recuento de muescas en el revólver de la memoria. "Nací en el Mediterráneo, en una ciudad como Cartagena con tres mil años de memoria. Toda mi vida, por razones personales, por elección, por vida y lecturas, me he movido por fronteras bélicas, por lugares peligrosos o imprecisos. El Cid de la novela no soy yo, hay cosas que yo nunca he hecho ni las haría, pero hay una parte de mí que inevitablemente se ha deslizado en la novela. Este Cid no soy yo, como no soy Falcó ni soy tampoco Alatriste, pero su forma de mirar el mundo, la mirada que la vida me ha dejado, que adquirí en la frontera, sí que se la he prestado, es la mía. De modo que sí hay algo de autobiográfico en este Cid –admite–, aunque sea esa pequeña chispita que necesita un personaje para no ser un mecanismo de cartón piedra, pura invención literaria sin alma".

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Re: 'Sidi' (2019)

Mensaje por Rogorn » Vie Sep 27, 2019 6:14 pm

Más Cid y menos Campeador
debeleer.com - 26/09/2019

Hay ocasiones en las que una no está segura de recomendar libros, pero en esta «rentrée» cultural han ocurrido «cosas» en la «cosa literaria» patria que me tienen entusiasmada. Una de ellas es este libro. Pérez-Reverte ha planificado un Cid transformado en mercenario durante su primer destierro como caballero y la forma en que tuvo que ganarse la vida con alianzas, sangre y una mesnada de hombres leales. El «polvo, sudor y hierro» machadiano es contado de tal forma que del jinete sabemos sus miserias vitales: el dolor de las escoceduras, cómo le entumece el frío nocturno o cómo le sofoca la estepa castellana. Hasta añoranzas eróticas lo visitan cuando está a solas, así como su pasado en Vivar, o el recuerdo de su mujer y sus hijas. No se permite caer en vicios legendarios, cantares o desmesuras. Tampoco busquen épica en este libro ni un exceso de rigor histórico. Es una novela y, como manda el género, puede permitirse las licencias que le plazcan cuando nos presenta a un Ruy Díaz orgulloso, desafiante, estoico, al que sus jinetes profesan una fe brava debido a su coraje y su afán de justicia. Pero también es uno entre iguales: le llaman Sidi, señor, aunque él duerme como ellos en la tierra seca, huele a estiércol, come lo que puede y se bate en primera línea. «Nunca dejaba a uno de los suyos solo entre enemigos, ni nunca atrás mientras estuviera vivo», reza el texto.

Un caballero transformado en un ronin, un samurái sin amo que empuña una espada al mejor postor. Su vida regia como Campeador ha terminado con un baño de sangre, la de su señor e inseparable amigo. La derrota supone el destierro al que asistimos. El ocaso de un proscrito que propina mandobles a cambio de matar el hambre («Conseguir botines, matar para no morir o, llegado el caso, morir matando»). Estamos en 1801 y vemos a este buscavidas "freelance" deambular por una España incierta de confines inestables con una frontera –la del Duero– que separa los reinos cristianos de las taifas musulmanas, con alianzas y refriegas, con socios que mañana se tornarán en enemigos.

Es interesante ese momento de declive, la frontera como coprotagonista y la lealtad en las horas más bajas. Trabajará para todo aquel que pague bien, salvo que vaya contra el que sigue siendo su rey, porque el juramento de la lealtad solo desaparece con la vida, al igual que un sacerdote lo será para siempre según la orden de Melquisedec. Como en un western, todos ellos combaten por algo que nada tiene que ver con la Reconquista, la patria ni nada que se le parezca. En aquel siglo, la gente solo luchaba por sobrevivir. Hay un momento de «Sidi» en el que el Cid conversa con Mutamán, rey moro al que alquila su espada, y le dice, antes de que los dos terminen rezando juntos, que ellos cumplen con los mandatos del islam «aunque de un modo civilizado». ¿Esa es la España que no pudo ser? En estos momentos, más que en ningún otro, este libro no solo es recomendable sino imprescindible.

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Re: 'Sidi' (2019)

Mensaje por Rogorn » Vie Sep 27, 2019 6:19 pm

Pérez-Reverte revisa el mito del Cid
Fernando Bonete Vizcaino - eldebatedehoy.es - 27/09/2019

Apenas habíamos terminado de leer la trilogía 'Falcó' o su todavía más reciente 'Una historia de España' –entre los más vendidos de no ficción durante incontables semanas– cuando ya podemos iniciar una nueva aventura de la mano de Arturo Pérez-Reverte. Retrocedemos al medievo para recorrer el camino de Sidi Campitur, nombre con el que fue bautizado entre sus enemigos, pero también aliados musulmanes el gran héroe nacional de todos los tiempos, el Cid Campeador.

La sombra del destierro ordenado por Alfonso VI de Castilla, señor natural de Rodrigo Díaz de Vivar, planea sobre la acción de toda esta novela, correspondiente en el 'Cantar de mio Cid' original al primer cantar, el Cantar del destierro. Acompañaremos al Cid desde su expulsión, y hasta la batalla de Almenar, en la que pondrá su espada y hueste al servicio del rey moro de Zaragoza, Al-Mutamán, para ayudar a derrotar a su hermano, el rey de Lérida, Al-Mundir, apoyado por el conde de Barcelona. Nos quedamos con la ganas de vivir la conquista de Valencia, si bien el escritor ha asegurado que no habrá más partes. La novela tiene como gran punto de referencia, dentro de las licencias que otorga la narrativa, el insuperable estudio crítico que hiciera Alberto Montaner de 'Cantar de mio Cid'. Los más interesados en la historia, la literatura y la filología podrán encontrar el volumen en una maravillosa edición de Galaxia Gutenberg.

Como la gran mayoría de novelas de Reverte, esta es una historia de valores. La presencia constante de la religión en todos los ámbitos, la confraternidad en tierras de frontera entre cristianos –también entre cristianos y musulmanes– reñida con la supervivencia a toda costa, o la sombra permanente de la muerte a cada página, son las ideas que enmarcan esta novela en la que podremos encontrar reflejados en el Cid, una vez más, los rasgos heroicos que tanto nos gustan de los protagonistas crepusculares de Pérez-Reverte.

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Polvo, sudor y hierro
Nicolás Barroso - europasur.es - 27/09/2019

Están de moda los Superhéroes. El Capitán América y sus maravillosos compañeros han saltado del cómic, donde todavía podían excitar la imaginación de los más jóvenes, a la gran pantalla, donde sus hazañas están tan explícitas que no dejan nada que imaginar. Sí, son distraídos, pero ¿qué quieren que les diga? No tienen nada que ver con mi héroe favorito, que además existió en carne y hueso. Me refiero al Cid Campeador. Me enteré de su existencia gracias a un pequeño libro que rodaba por casa y que novelaba su biografía. Como yo era un lector empedernido desde mi más tierna infancia y la verdad es que estaba más bien cortito de material de lectura, lo volví a leer un montón de veces, con lo que pronto me familiaricé con Rodrigo y Jimena, Vivar, el destierro, Santa Gadea y el robledal de Corpes. Posteriormente en el cole el Cid fue elevado a héroe oficial en los libros de texto, lo que me permitió mirar con suficiencia a mis colegas, porque yo ya lo conocía. Con la llegada de la película de Anthony Mann, el Cid se hizo tan popular que abundaron los Rodrigos y Jimenas en los bautismos. Tengo un sobrino llamado Rodrigo, señal inequívoca de que mi hermana leyó el mismo libro que yo.

Cuando me enteré que Arturo Pérez-Reverte versionaba un trozo de la vida de Mio Cid, en su novela 'Sidi', reservé un ejemplar en la tienda virtual y puntualmente, el día de la presentación, me llegó al libro electrónico. No tengan duda de que lo leí del tirón. Con la magia del escritor he recuperado al héroe de mi infancia. Eso sí, con sus luces y sombras de mercenario. El autor ha hecho el ejercicio de ponerse en las calzas del Cid y salir al destierro con su mesnada. Hay que agradecerle a Pérez-Reverte el esfuerzo de proporcionarnos el conocimiento de los mimbres con los que se construyó su liderazgo. Hay también un trabajo riguroso sobre las armas, armaduras y tácticas de combate, como el "tornafuye". Es curioso que después de la bellaquería que hizo con él el rey Alfonso VI, el Cid siempre le mostró lealtad y reservó su parte en el botín, cosa que exasperaba a la tropa, que consideraba que él podía ser tan rey como el oficial, en un tiempo de numerosos y dispersos reinos. Sus hombres, muchos procedían de Vivar, como Alvar Fáñez, eran capaces de seguirle hasta el mismísimo infierno, y el conocía a todos por su nombre, para en batalla animarlos, nombrándolos. Precisamente Alvar Fáñez fue el que reunió a su gente y lo puso entre la espada y la pared, con un "¡Condúcenos a la batalla!". Polvo, sudor y hierro, el Cid sigue cabalgando.

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Arturo Pérez-Rerverté regresó ayer a la capital andaluza con «Sidi», su nueva novela
Pedro Ybarra Bores - abc.es - 27/09/2019

El escritor y miembro de la Real Academia Española (RAE) Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) celebró ayer un encuentro con periodistas en Sevilla para presentar 'Sidi' (Alfaguara), su nueva novela dedicada a El Cid Campeador. Según el autor, entre una de las razones que le hicieron decantarse por este título estaba que se trataba de «un Cid de la frontera, todavía en formación, a caballo entre musulmanes y cristianos». La palabra “Sidi” se acercaba más al «concepto del personaje», del escritor. «Cid viene de Sidi que es señor en árabe (Sidi Campitur: Cid Campeador)», explicó durante su intervención.

Pérez-Reverte dejó claro que con esta novela no tiene «ninguna misión moral ni intelectual. Soy un tipo que cuenta historias, vive de su trabajo y los lectores las leen aquí y en más de cuarenta países. No pretendo con esto hacer mejor España ni hacer mejor el concepto de la historia». Todo comenzó un día en el que se preguntó mientras veía una película «¿Cómo haría John Ford una película sobre una época española histórica como por ejemplo El Cid?» Fue entonces cuando decidió «contar una historia de fronteras. Una historia a la manera de los western clásicos: caballería, polvo, sudor, peligro... así surgió la historia», afirmó.

«En 'Sidi' cuento una historia a mi manera. Me he traído a el Cid a mi territorio. Por eso si de El Cid conocemos un 20% de historia real probada y un 80 por ciento de historia que es leyenda, lo que he hecho ha sido utilizar de ambas, con la libertad del novelista, aquellos elementos que me son útiles para contar mi historia», explica. El escritor aseguró que la etapa que más le interesaba era la del destierro. «El Cid famoso, el de Valencia, que ya es leyenda viva, me interesaba menos. Quería ver cómo se forja la leyenda». «Me interesaba ese momento de aprendizaje en el que empieza a ejercer su liderazgo. Quería hacer algo que no se hubiera hecho», manifestó. Pérez-Reverte destacó como buena parte de los personajes importantes de la historia de España pasaron por el destierro, por el exilio, y recordó a Chaves Nogales o Cayetano Valdés. «El Cid también tuvo su destierro de su reino natal, lo que pasa es que eso fue justamente lo que lo hizo leyenda». El autor recordó que creció «acunado por un Cid patriotero». «Don Pelayo, El Cid, Franco eran los salvadores de la civilización frente a la barbarie. Esa idea maniquea del Cid», recordó.

«El siglo XI era muy duro». «Una frontera peligrosa en la que la gente mataba para no morir o incluso para comer, donde los valores morales nuestros occidentales modernos no valían para nada», añadió quien dijo haberse movido mucho junto a gente marginal: Mercenarios, delincuentes,... «Toda esa gente necesita tener algo de respetabilidad. Incluso la peor gente que he conocido, si les das la oportunidad de mostrarse nobles en algo procurarán aprovecharlo. Desde mi punto de vista El Cid necesita al rey, porque tener esa lealtad le da una dignidad a su destierro, a su persona. No es una vulgar espada al servicio de otros, sino que conserva siempre ese vínculo de lealtad con un rey que le impide ser un vulgar y burdo mercenario de frontera», dijo.

«Siento admiración por los hombres y mujeres de frontera. Me interesa mucho porque también soy de frontera, nací en el Mediterráneo y para mí la frontera es rica y variada. El ser humano que vive limitado a una pequeña parcela está más limitado por el horizonte que ve», añadió. «Tuve la suerte de vivir eso 21 años, que fueron muy educativos y en mi vida presente vuelco la carga que fui echando esos años a la mochila. Como novelista mi concepto de frontera no es divisoria, sino que hablo de frontera como lugar de osmosis y de intercambio», recordó. También reconoció que le gusta mucho que «todos los personajes miran, se pasan el tiempo mirando la luz, el horizonte... y yo miro así. Es novela, no un libro de historia. Es mi visión del Cid». La novela lo que abre es una puerta más. Cuando el lector tiene más conocimiento de la historia del pasado, está más vacunado contra las manipulaciones del presente», dijo.

«La buena novela histórica es un aliado extraordinario de los historiadores y de la memoria. He intentado que El Cid sea una buena novela histórica. El problema de la historia de España en general es que ha tenido siempre una apropiación indebida, tanto para exaltarla como para denostarla, y eso ha hecho muchísimo daño», añadió para concluir.

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Re: 'Sidi' (2019)

Mensaje por Rogorn » Sab Sep 28, 2019 12:14 pm

Imprime la leyenda
Carlos Zanón - elpais.com - 28/09/2019

Hay libros que te imponen un marco y un autor que te posiciona de antemano. Houellebecq, por ejemplo, es uno de ellos. Otro es Arturo Pérez-Reverte. El francés te puede hartar con su rutina provocadora, pero es letal al incomodarte con esa respuesta que darías si nadie supiera que es tuya. No duda de su mezquindad y cobardía ni de la tuya. Es fiable a su manera. Pérez-Reverte lo es a la suya. Si duda de algo, sale dudado de casa. Sus libros son un marco claro y determinado de lo que cree, de lo que sabe y de lo que dice. No concebimos la posibilidad de verle dudar en sus personajes y tramas, encontrar otra verdad a la ya sabida. Por eso uno, a veces, fantasea con entrar en su escritorio y desordenarle los papeles. A ver qué pasaba.

El marco previo impide a muchos ver que, en lo suyo, Pérez-Reverte es condenadamente bueno. Leyendo su última novela, en más de un tercio de sus trescientas y pico páginas no te puedes creer cómo hace lo que hace. 'Sidi' narra desde lo legendario los primeros meses del destierro —a causa de la jura de Santa Gadea— de Ruy de Vivar, el Cid. Este se nos aparece como un infanzón castellano guiando a unos fieles y buscando quien le pague para poder mantener a sus huestes. Es la península Ibérica del siglo XI, reinos cristianos y musulmanes enfrentados unos contra otros, sin importar la religión sino las cuitas fratricidas, alianzas traicionadas, tributos impagados. Vida de frontera. Vida de mercenario en una España que empieza a construirse moviendo lindes a arreones, pero que aún no existe. Gente no muy distinta entre sí viviendo en el mismo sitio y matándose bajo el mismo sol.

Estructurado el libro en cuatro partes, una de las apuestas ganadoras, en especial en la primera de estas partes —‘La cabalgada’: prodigiosa—, es la de ser un wéstern fronterizo lleno de clasicismo fordiano, donde todos los personajes saben su papel y lo representan en trazo claro pero no plano. La historia ya ha desmentido en algunos aspectos el Mio Cid tradicionalista, pero Pérez-Reverte decide hacer acudir otra vez a Ford —“Esto es el Oeste: imprime la leyenda”—. Y así los héroes se comportan conforme a su destino legendario. No hay cobardes, ni locos, ni traidores, ni tampoco enfermos en un entorno ultraviolento que es proclive a dar a luz a todos ellos.

El libro parece escribirse como si no hubiera existido medio siglo XX, pero para nada protestamos. Aceptamos sin comparar que 'Meridiano de sangre' sea 'Apocalypse Now', y 'Sidi', 'La legión invencible'. No hay problema: otra frontera, otra mirada y punto. Y en 'Sidi', el propio Cid se puede mostrar ambicioso, astuto, tramposo o cruel, pero no nos importa narrativamente por cómo lo ha construido el escritor. La violencia, si la administra un líder previsible, duro y solidario, es aceptada como justa. En un momento se dice de alguien que es buena persona. Mejor que eso se contesta: es un guerrero. La guerra como una actividad leal y justa si la ejercen caballeros. La guerra como orden divino: Dios decide quién muere y quién no. La camaradería, el honor, la lealtad como eje vertebrador de una vida, de todo el universo.

¿Por qué no salimos de ese marco si no creemos en él? Porque el libro no te deja. Esa suerte de lenguaje literario, anacrónico pero directo, rico, rápido, que a las primeras de cambio te convence de que esa historia no hay manera de explicarla con otras palabras. Los diálogos, las escenas de acción, los combates, los detalles, las heridas, los caballos, los golpes, los olores, las luces cambiantes, la rigurosidad histórica, la convención al lado de la certeza de que esas palabras valen más que mil imágenes. El aliento largo, páginas y páginas, tensionado, limpio, brillante, apasionado y apasionante. Todo eso, tan complicado de llevar a cabo, tan extraño, tan fuera de tiempo y lugar, Pérez-Reverte lo hace de tal modo que el resto de escritores en similares escenas y apuestas parece que sean tipos perezosos haciendo garabatos. Y es cierto que lejos del campo de batalla, alejada la trama de las monturas, el libro se mueve en lugares predecibles (y ahí entraríamos a desordenar los papeles del escritorio, etcétera), pero está sobradamente compensado con todo lo que nos ha dado. Hasta deja de importar que el villano sea, signo de los tiempos, no el Alí Khan de turno, sino el arrogante y soberbio conde de Barcelona, villano más clasista que nacional, leído aquí y ahora, en un país que quizá también ande reformulando a arreones sus fronteras.

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Un héroe en la Academia
María José Solano - zendalibros.com - 28/09/2019

Pilar Reyes, directora editorial de Alfaguara, abría la tarde del pasado martes 24 de septiembre recordando que «Sidi es un relato en el que el novelista ha empleado apenas un año y medio de escritura, veintiún años en territorio comanche y toda una vida de lecturas».

Desde aquella misma atalaya académica, trece años antes, Arturo Pérez-Reverte ponía voz y vida a un bravo del siglo XVII en el discurso de su ingreso a una institución de la que siempre se sintió orgulloso —como él mismo ha declarado decenas de veces— pero que nunca acabó de academizarle. Más bien podríamos decir que el autor, fiel a su estilo, revertiza en ocasiones la Academia.

La pasada tarde era buen ejemplo de ello, aunque no el primero. Entraba el escritor en esta docta casa hablando el lenguaje de germanía, la jerga de los valentones que pisaban el mismo Madrid del Capitán Alatriste. Volvía años después para contarnos una revertiana historia de la Academia con hombres buenos, intrigas, política, diccionarios y libros prohibidos en la Europa del siglo XVIII y regresaba hace apenas unos días, más revertiano que nunca, con su último héroe, Sidi.

Es singular, pero en absoluto casual, que a menos de cien pasos de ese salón un fragmento del cráneo del héroe español descanse en una de las vitrinas de la sala de directores y que toda una vida de investigación y estudios de don Ramón Menéndez Pidal, autoridad académica en la materia, cubra un buen trecho de los anaqueles de las bibliotecas. Tampoco lo es que el autor de los versos del poema sobre El Cid tuviese en este lugar su última casa. La capilla ardiente de don José Zorrilla alumbró sus restos entre estas paredes para que más de cincuenta mil personas dieran el último adiós al genial versificador.

Aquel largo poema del Cid Campeador de Zorrilla, con sus impresionantes grabados de Pellicer, entrarían, de la mano de la bisabuela Adela Replinger, en el hogar del pequeño Arturo que, como cazador intuitivo, lo echó a la mochila, dándole tiempo al tiempo.

Precisamente sobre bibliotecas y guerras, infancia, héroes y memoria hablaron al hilo de Sidi el periodista Carlos Alsina y el académico y novelista Arturo Pérez-Reverte. Más de cuatrocientas personas asistían, expectantes, al regreso del Cid Campeador, esta vez sin banderas gloriosas ni leyendas a cuestas; tan solo un hombre con su espada y su caballo, un desterrado que, acompañado por un puñado de mercenarios leales, peleaba en territorio enemigo por su vida buscando, al otro lado de la frontera, el horizonte y el mar. Una Anábasis al más puro «estilo Reverte».

Presentaba Alsina la novela desde la mirada singular de su autor, una mirada que «le hace entrecerrar los ojos de una manera especial, como para enfocar un objetivo lejano que solo él puede ver», una mirada que sobrevuela las personas y los objetos; que usa, crea selecciona y retiene. Una mirada analítica de narrador profesional. Una mirada de marino.

—Así es como comienza precisamente Sidi —señalaba Alsina—. Con una mano haciendo visera, oteando el destierro polvoriento. Y ahí nos tiene ya agarrados a los lectores por el pescuezo, obligándonos a cabalgar, levantar la espada, sudar bajo la cota de malla, matar y morir durante 376 páginas. Uno acaba agotado con esta novela —concluye el periodista—, añorando la presencia de Raxida, la hermana del rey moro de Zaragoza, que es el único pasaje en el que aparece, de manera sugerida, el sexo.
—Es que hay novelas que sí piden sexo —explica el académico—, como las novelas de Falcó, un personaje golfo, putero y tal. Pero esta no. Aquí el sexo no era necesario, por eso solo hay una leve incursión por ese territorio. Sidi es una historia sin mujeres, porque no podía ser de otra manera.

—Las mujeres de tus novelas son personajes importantes. Tú mismo las calificas de “revertianas”, y es algo que viniendo del propio autor no deja de resultar interesante. ¿Cómo son esas mujeres revertianas?
—(Sonríe el escritor). Son mujeres más bien duras, de esas que cuando los indios atacan el fuerte nunca gritan, sino que cogen el Winchester y pelean por su vida. Mujeres dueñas de sí; a veces oponentes o incluso enemigas del varón, con una personalidad muy acusada y una gran capacidad de combate, de crueldad, porque cuando la mujer decide acuchillar tiene mucha más inteligencia, astucia y resistencia que el hombre. Todas ellas son personajes muy potentes en mis novelas y Raxida, a su manera lo es también, claro. Frente a ella, Jimena es un recuerdo, una imagen vaga de la memoria del hombre. No hay duda de que la mujer revertiana de esta novela es la hermosa hermana de Mutamad.

—Sin embargo, el recuerdo de Jimena es casi una constante en los momentos de soledad —insiste el periodista—. Su añoranza humaniza al héroe. ¿Es eso un defecto en Sidi?
—(El novelista piensa durante unos segundos la respuesta). La palabra “defecto” implica una valoración moral, y un líder nunca es moral; no es ni bueno o malo. Es simplemente líder. Está dotado de un olfato innato para modificar los mecanismos que mueven las acciones de todo ser humano, logrando arrastrar a los hombres a la gloria o al desastre. Por eso el Cid no tiene defectos, tiene, digamos, “puntos débiles”. Es que­­ —continúa el escritor— cuando recorres los mil metros en los que te pueden matar y tienes lastres que te apartan del objetivo que es llegar vivo al otro lado (y eso en mi caso no es solo teoría), te vuelves vulnerable. Los sentimientos, las compasiones, los afectos, las ternuras, deben quedar atrás cuando te la juegas. El Cid, como humano que es, no puede evitar que en un momento determinado el recuerdo de Jimena y de sus hijas interfiera en el frío ejercicio de su actividad militar, que es ganar batallas y hacer todo el daño posible al enemigo. Pero al final, como es un profesional, termina siempre relegando los sentimientos a un segundo plano para poder sobrevivir. Pensar en la familia es una debilidad que los hombres como El Cid no se pueden permitir.

Carlos Alsina, nativo de la noticia y el directo, cambia de tercio con naturalidad. Por estar en el lugar donde las palabras se limpian y fijan con renovado esplendor, se hace inevitable la referencia al vocabulario de la novela. Como ejemplo, ambos se detienen en la pronunciación de la bella y poco usada palabra “onceno”, siglo donde transcurre la aventura sidiana, y Reverte aprovecha para agradecer a los amigos la ayuda prestada en ese campo: Julio Mínguez la parte ecuestre, Alberto Montaner la técnica, y Federico Corriente el vocabulario árabe fronterizo.

—Luego —apostilla el escritor— yo hice lo que quise con el lenguaje (risas). Pero realmente las lecturas y consejos de estos profesionales fueron fundamentales.

—Por cierto, que ese mismo Alberto Montaner, hoy en día uno de los mayores expertos en la figura del Cid —recuerda el periodista—, ganó uno de sus primeros premios sobre un estudio de este personaje cuando apenas tenía 17 años. Pienso ahora en el muchacho Montaner o en aquel otro niño de 7 años leyendo a Dumas, o ensimismado con La leyenda del Cid, de Zorrilla, convertido hoy en uno de los escritores más leídos del mundo, y no puedo dejar de preguntarme sobre la importancia que tienen los primeros años de formación en la vida de un hombre.
—Son fundamentales —certifica Arturo—. Yo soy lo que soy porque leí lo que leí, vi el cine que vi y escuche lo que escuché de mis mayores.

La educación, inevitablemente, es otro de los temas que salen al hilo de Sidi.

—Recuerdo —se detiene Arturo— en mi época de escolar la imagen que el franquismo había creado del Cid. En los libros de texto el héroe aparecía como caballero de la libertad, espada de Occidente. Ahora uno lo piensa y claro: don Pelayo y el Cid como precursores de la cruzada siendo Franco el tercero, el sucesor. Nunca olvidaré aquellos versos tan elocuentes de nuestros libros de texto:

La hidra roja se muere / de bayonetas cercada / y el Cid, con camisa azul, / por el cielo cabalgaba.

Entonces, como ahora, la necesidad de continuar más allá de la escuela con el conocimiento y las lecturas es fundamental. Se requieren lecturas más nutritivas, un conocimiento ecuánime, profundo y honesto de la memoria de nuestro país en las aulas, pero también en el entorno familiar, y por supuesto una recuperación de la épica. Esa épica contaminada que le puso camisa azul al Cid y que la transición nunca le quitó, pues en vez de tener la inteligencia de limpiar la capa patriotera y retórica, lo que hizo fue ocultarla. Escamotearon nuestra historia de la educación de los niños y del discurso normal de los pueblos, sustituyéndola por una papilla aguada que ni les alimenta ni les sirve.

La sala repleta guarda un profundo silencio.

—Pero nos estamos yendo del Cid —retoma Reverte—. Volvamos a él.

Alsina entonces aprovecha para hacer la pregunta en la que quizás muchos lectores estaban pensando:

—¿Habrá una segunda parte? ¿Por qué no te interesa escribir sobre el Cid que viene después?
—Porque a ese ya no lo puedo manipular —contesta veloz el escritor—. A mí me interesa el Cid que se gana la vida con su espada y su caballo, el líder al que sigue su mesnada, el mercenario que construye su propia leyenda. Ese otro Cid triunfante, Campeador, conocido, que es el de Valencia, no me interesa porque, si me permites la chulería, ya no es revertiano.

—¿Escribirás alguna vez una novela que no sea revertiana, Reverte?
—Buena pregunta, Alsina. Mira, hay escritores que poseen un territorio y se mueven por él con soltura, y en realidad siempre escriben la misma novela. Yo soy uno de esos escritores que son felices con su trabajo, entre otras cosas porque escribir es una manera singular de vivir al acecho de cualquier cosa que sea útil para la historia que estás contando en ese momento. Unos zapatos, una línea de sol, una sonrisa… Todo sirve. Y también es una excusa para leer cosas nuevas y releer a los viejos amigos, que siempre ayudan cuando los reclamas. Tengo en casa treinta mil libros, pero sé dónde buscar el que necesito en cada momento. Vivir alternando el mundo con la biblioteca y usar todo eso para escribir es la felicidad. Por otro lado, como novelista no me interesa contar una historia completa ni narrar un mundo. No soy Thomas Mann, ni Proust o Tolstoi. Solo pretendo contar una historia eficaz, para que el lector la lea y la viva y siga queriendo comprar mis libros.

Narrativamente, por la vida que llevé, hay una serie de mecanismos humanos que me interesan más que otros y que en esta novela están, creo, muy bien representados: la lealtad, la valentía, la camaradería singular entre hombres que batallan juntos, el liderazgo… Los hombres de esta historia de frontera se mueven en ese territorio revertiano del que hablamos. Y son los hombres que me interesan, capaces de dejarse matar por lealtad. Luchar y saber morir; sobre todo esto último. Quizás porque viví en lugares de frontera, aprendí desde muy joven que saber morir es muy importante. El líder que consiga que uno de los suyos muera con naturalidad es el mejor de los líderes. En el mundo occidental ya no sabemos morir. No sabemos aceptar las reglas implacables de la naturaleza, nos negamos a aceptarla, rodeamos la realidad de una costra edulcorada para olvidar. Con esta novela yo también quería recordar al lector que el mundo sigue siendo eso, y que la gente que acepta morir vive de otra manera. Aceptar las reglas del juego te hace ser mejor. Así pues ­—concluye Arturo Pérez-Reverte— con todo lo leído y lo vivido he construido mi Cid saqueando sin escrúpulos tanto la leyenda como la realidad y prestándole mi mirada.

Después de aquellas palabras del autor, la impresionante voz del actor Emilio Buale, que leyó dos fragmentos de Sidi en mitad del silencio emocionado de cuatrocientos lectores, ponía el broche de oro a esta presentación. Con ella se inaugura el novedoso ciclo de tardes literarias que tendrán en la RAE, desde este año, el marco magnífico para nuevos encuentros entre lectores, autores y libros.

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Rogorn
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Re: 'Sidi' (2019)

Mensaje por Rogorn » Mar Oct 01, 2019 9:05 am

‘Sidi’ de Arturo Pérez-Reverte
César Coca - elcorreo.com - 01/10/2019

Nunca había retrocedido tanto en el tiempo Arturo Pérez-Reverte para situar una de sus novelas. Porque en este caso se va cuatro siglos más atrás de 'La tabla de Flandes', hasta el XI, para enfrentarse a un personaje mítico en la Historia de España. Y en la Historia de su Literatura, porque el 'Cantar de Mío Cid' es la primera obra poética de gran envergadura.

Bien pensado, no es de extrañar que el Cid, llamado Sidi por muchos, haya interesado a Pérez-Reverte, porque es un personaje que representa a la perfección el tipo de héroe de sus novelas. Es, además, un mercenario. Un soldado que, junto a los hombres que lo siguen, se ofrece lo mismo a reyes cristianos que musulmanes. Solo pone una condición: no enfrentarse al rey de Castilla, pese a que lo ha desterrado.

La novela se centra en el primer año de destierro y contiene un par de batallas pero profundiza más en la relación del protagonista con sus hombres y en su manera de dialogar/negociar con quienes lo contratan. Es así como va perfilando al personaje, como el lector va sabiendo de su forma de ganarse a la tropa, de cómo conquista el respeto de sus enemigos, de cómo él mismo respeta a quienes tiene enfrente.

Menos bélica que otras de sus obras –pese al tema–, ágil en el relato, con diálogos cortantes y divertidos y voluntarios anacronismos en el uso del lenguaje, Sidi es una novela que engancha y se lee con rapidez porque la acción fluye sin freno ni remansos. Solo hay un personaje femenino como tal –la esposa y las hijas, así como doña Urraca, son apenas sombras que se proyectan sobre unas pocas páginas de la novela–, y es la hermana del rey de Zaragoza que lo contrata en la segunda parte del relato. Una mujer culta, indomable y hasta cierto punto dueña de su vida que también representa a las protagonistas de todas sus novelas. Pérez-Reverte en estado puro.

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'Sidi'
elbuhoentrelibros.com - 01/10/2019

Mucho ha tardado en decidirse Arturo Pérez-Reverte a tratar la figura de uno de los guerreros más conocidos de nuestra historia: El Cid. Él que ha tratado de un modo casi continuo la figura del soldado, no solo en Alatriste, su personaje más famoso, sino en muchas de sus otras novelas, tiene aquí la oportunidad de trazarnos el perfil de un guerrero, de un jefe de guerreros, alzado por la leyenda como el más grande. Lejos quedan ya aquellos tiempos de la educación franquista que ensalzaba la figura de l Cid como un adalid de la lucha cristiana, del conquistador de Valencia que triunfó aún después de muerto. Pero se silenció buena parte de su historia y su realidad. Tal vez en un intento de hacer buena una de las frases del libro: «Las leyendas sólo sobreviven vistas de lejos».

Porque la España del siglo XI no era un lugar de guerra solo entre moros y cristianos, sino más bien una lucha de todos contra todos: cristianos contra cristianos, moros contra moros y cristianos contra moros, en la que los aliados de hoy podían ser los enemigos de mañana, pero en el que la religión no era lo principal a la hora de buscar un enemigo, sino toda otra serie de complejas circunstancias políticas que determinaban el equilibrio de poderes en aquella España dividida en un gran número de reinos cristianos y moros. De ahí que el Cid ofreciese su espada y la de su mesnada a aquel que pudiese pagarle y ofrecerle garantías, sin que el credo que profesasen fuese un obstáculo para ponerse a su servicio, como fue el caso del rey moro de Zaragoza. «Buena parte de ellos había lidiado en batallas serias, en aquella España incierta de confines inestables, poblada al norte por leoneses, castellanos, gallegos, francos, aragoneses, asturianos y navarros, que unas veces combatían entre ellos, cambiando los bandos según soplaba el viento, y otras lo hacían contra los reinos de moros, lo que no excluía alianzas con estos últimos para, a su vez, combatir o debilitar a otros reinos o condados cristianos».

Una mesnada que fue creciendo en constante número de hombres según las victorias le iban dando fama. «Lo seguían por el prestigio de su nombre, y éste se hallaba en relación con las perspectivas de botín. Desterrado de Castilla, leal a su rey pese a todo, imposibilitado para luchar contra éste o sus aliados mahometanos o cristianos, no le quedaba sino guerrear en tierra de moros».

Un personaje muy revertiano, testarudo y arrogante como le define uno de sus lugartenientes, que no le importa enfrentarse a su rey en la famosa jura de Santa Gadea, pero que, pese a todo, le sigue siendo fiel y reserva para él un quinto de los botines que va conquistando en sus correrías.
Un hombre fiel por encima de que sea o no su rey merecedor de esa fidelidad: "Me estás diciendo que tu rey es lo de menos. Me refiero a la persona. Es la idea, ¿no?... Eres uno de esos raros hombres fieles, no a una persona sino a una idea. En tu caso, una idea egoísta: la que tienes de ti mismo."

Siempre vencedor, aunque las victorias no siempre tienen ese carácter festivo que podríamos pensar. «Nada se parecía tanto a una derrota, pensó Ruy Díaz, como una victoria».

Una historia en la que, entre otras muchas cosas, conoceremos el origen de su espada Tizona y de su caballo Babieca.

«Siempre afortunado en la lid, siempre invicto. Campidoctor, lo llamaban a veces. Dueño del campo, o campeador. Amado por unos y envidiado, temido y detestado por otros, había tomado como lema el de un emperador romano, sugerido por un abad amigo de su familia: Oderint dum metuant. Que me odien, pero que me teman. Estaba escrito en su escudo, en latín».

Esta es la historia del Cid: "Te llaman Sidi, tengo entendido. Sidi Qambitur en mi lengua… Señor Campeador en la tuya. Suena bien, ¿verdad?"

Aunque creo que hay que matizar un poco lo de “la historia”, porque solo recoge los primeros años del Cid tras ser desterrado de Castilla. Dicho de otro modo, queda mucha historia por contar, por lo que me da la impresión de que estamos ante la primera entrega de ¿dos? ¿tal vez tres? Novelas con el Cid como protagonista. Si es así, las espero con muchas ganas, pues su lectura para nada me ha defraudado. Es cierto que hay muchas “batallitas” (muy bien contadas, todo hay que decirlo) con las que he disfrutado mucho, porque, por más ciertas por increíbles que puedan parecer las hazañas de nuestro guerrero, no deja de ser este libro una auténtica novela de aventuras: las de unos hombres obligados a batallar lejos de casa por su supervivencia y la de los suyos. Contadas con una pluma muy ágil y que nos hace sentir en todo momento en aquella época, para disfrutar de aquella España donde la fidelidad era la excepción. Ese era precisamente el punto fuerte del Cid: la fidelidad, la lealtad y la unión existente entre él y sus hombres. He disfrutado mucho esta novela. Si a ti te gustan las novelas históricas, sobre todo si tienen un trasfondo de aventuras, no lo dudes: 'Sidi' te gustará.

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'Sidi', de Arturo Pérez-Reverte
MC Mendoza - reginairae.blogspot - 01/10/2019

Argumento: El Cid persigue a un grupo de moros malos que atacan a los colonos de la frontera.

Comentario: Esta es la típica novela de la que puede decirse que es solo para muy incondicionales del autor, a quienes seguramente les parecerá buenísima, en la línea de las anteriores, con unos personajes estilo Falcó/Alatriste, muy hombres, muy duros y sin ideales. Para los que no son fans queda una obra de trama casi inexistente y con unos personajes apenas esbozados (bien es verdad que en una novela de aventuras tampoco hace falta un análisis psicológico estilo Proust), que toma como partida el 'Cantar del Mío Cid' y algún trabajo sobre el tema de Menéndez Pidal ('El Cid Campeador': casualmente tengo ese libro en casa), aunque el propio autor declara que no le interesa tanto la historia real en torno al personaje como su leyenda. Eso viene muy bien para no meterse en demasiadas honduras de documentación y demás, limitadas casi por completo a nombres de ropas y utensilios de la época y alguna nota sobre la religión islámica.

La prosa es seca y sencilla, para todos los públicos, pese a la irrupción de esas palabras de época de significados fácilmente deducibles. Los diálogos quieren ser ingeniosos pero a fuerza de repetir los mismos recursos quedan bastante raros (e incluso en exceso modernos), con esa forma desdeñosa de responder del Cid (no olvidemos que los personajes de PR hablan casi todos igual).

No me ha parecido una novela nada elaborada, ni en cuanto a prosa ni en cuanto a estructura. Baste decir que un 28% del libro, casi un tercio, consiste en el Cid y sus camaradas persiguiendo a unos moros saqueadores, en un tono como de western e incidiendo en la dureza de los personajes y en su carácter de mercenarios (también hay escenas gore y violentas). Luego, otra parte es el Cid de charla con el rey de Zaragoza, que le pone por las nubes de tan bueno que es. La tercera parte es una larguísima (y para mí, aburrida) batalla. Así que trama, lo que se dice trama... Es más, diría que casi el primer tercio podría suprimirse sin que esto afectara en nada a la comprensión de los hechos posteriores.

La única mujer que aparece en la historia, tiene un rol de interés "romántico" (por llamarlo de algún modo), y sobra totalmente. Para poner eso vale más no ponerlo, ya que después de su "interacción" con el Cid de esta moza nunca más se supo. No digo que sea obligado que haya mujeres en las novelas, pero casi es preferible que no haya ninguna a que esté metida "a calzador" y para esos "menesteres" y, sobre todo, sin ser necesaria para la historia. Encima el pillín de Pérez-Reverte, para salvar el "buen nombre" de su héroe (siempre con Jimena y sus hijas en el pensamiento) no nos muestra la "interacción", sino que hace una elipsis...

La mentada mujer no es la única que parece estar "enamorada" del Cid. Casi todos los personajes, incluidos los moros, muestran por él una admiración exagerada y le recuerdan cada poco lo magnífico, grande y legendario que es. El Cid también se cuida de darle jabón a los moros luciéndose con sus conocimientos de la cultura y religión islámica, llegando incluso a rezar con ellos a su usanza. No sé yo... Entiendo que la intención del autor es mostrar que el diálogo y la comprensión de las culturas son positivos pero parece que esta comprensión solo es de un lado hacia el otro en la mayor parte de los casos, o eso me ha parecido...

Una de las cosas que menos me ha gustado es la forma que tiene el autor de meter los flashbacks (casi todos referidos a episodios que se cuentan en el Cantar u otros romances sobre el Cid). Están el Cid y un amigo hablando y de pronto va uno y dice ¿te acuerdas cuando hicimos esto o lo otro? Vale que se haga una vez, pero es que se repite el recurso un montón de veces y queda muy poco profesional, como si no supiera otra manera de introducir esa información.

En resumen, una novela un tanto anodina, aburrida, sin trama, flojilla, solo para incondicionales de Pérez-Reverte y del Cid. Me esperaba algo más imaginativo, pero incluso el 'Cantar del Mío Cid' es más entretenido (y con más participación de mujeres). Lo peor es que apunta a continuación... A ver si en las siguientes ya nos mete a los Infantes de Carrión y se anima la cosa...

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Re: 'Sidi' (2019)

Mensaje por Rogorn » Mié Oct 02, 2019 10:52 pm

Pérez-Reverte ve su última novela como un «manual de liderazgo»
burgosconecta.es - 02/10/2019

El escritor Arturo Pérez-Reverte ha considerado este miércoles que su última novela 'Sidi', centrada en la figura del Cid como personaje principal, es «un manual del liderazgo». Antes de presentar su novela en el Museo de la Evolución Humana, en Burgos, Pérez Reverte ha explicado a Efe que no le interesaba la figura del Cid cuando se había convertido en leyenda, sino los pasos anteriores. «Quería explorar cómo se forja un líder y cómo un hombre se pone a la cabeza de cuarenta o cincuenta guerreros, consigue sobrevivir en la frontera del Duero en una época muy convulsa y llega a convertirse en leyenda», ha explicado el escritor.

Como ya hizo novelas anteriores como «Hombres buenos» o «El club Dumas», en «Sidi» Pérez-Reverte trata el momento del Cid desde su destierro hasta que llegó a convertirse en leyenda en una «historia de exilio y frontera, de lucha por sobrevivir en un territorio hostil, indeciso y de fuerzas encontradas». Arturo Pérez-Reverte, que se dedica en exclusiva a la literatura tras vivir 21 años como reportero de prensa, radio y televisión, cubriendo informativamente los conflictos internacionales en ese periodo, asegura que ha intentado separar la imagen del Cid de la que se creó durante años con su «utilización interesada». Considera que la imagen del Cid se rodeó durante décadas de «retórica partidista y grandilocuente».

En su opinión, la realidad de Rodrigo Díaz de Vivar era la de un hombre «valiente, inteligente y astuto que se buscó la vida en un lugar peligroso y rodeado por una mesnada formada también por gente peligrosa». Para Pérez Reverte, el hecho de que fuera un mercenario que trabajó también para los musulmanes «no es ninguna deshonra», dado que era algo habitual en la época y tenía «sus propios códigos de lealtad». El escritor ha insistido en que «nunca fue espada de la cristiandad, ni azote del Islam, ni reconquistador de España, ni paladín de la cruzada».

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Re: 'Sidi' (2019)

Mensaje por Rogorn » Jue Oct 03, 2019 2:44 pm

«Saqueo» a la historia y leyenda del Cid
Paula Gil - elcorreodeburgos.com - 03/10/2019

"Desde lo alto de la loma, haciendo visera con una mano en el borde del yelmo, el jinete cansado miró a lo lejos. El sol, vertical a esa hora, parecía hacer ondular el aire en la distancia, espesándolo hasta darle una consistencia casi física. La pequeña mancha parda de San Hernán se distinguía en medio de la llanura calcinada y pajiza, y de ella se alzaba al cielo una columna de humo".

Así comienza ‘Sidi’, la nueva obra de Arturo Pérez-Reverte, con uno de los mejores inicios que el también escritor Leandro Pérez ha visto en mucho tiempo según comentó durante la presentación de la nueva creación del autor. Pérez-Reverte explicó que la aventura comenzó cuando él era tan solo un niño al que las portadas de los tomos de la biblioteca de su casa le llamaban la atención. Entre ellos se localizaba ‘La leyenda del Cid’ de José Zorrilla. De esta manera, lo que pudo ser tan solo una aventura más en la que sumergirse y pasar un buen rato supone actualmente el punto de partida para que ‘Sidi’ sea éxito de ventas en diversas localidades del país, entre ellas Burgos, tal y como destacó Pérez.

A pesar de ser una palabra que en la ciudad «molesta», Pérez-Reverte definió al Cid como un «mercenario» que desterrado de su tierra tuvo que buscarse el pan. El escritor alegó que a la hora de construir al personaje del Cid se decantó hacia el lado malvado pues confesó haber hecho «cosas poco simpáticas» en su trabajo. Buscaba que el personaje fuera «liberador y precursor de la cruzada» y no aquel al que todos están acostumbrados. «No iba a hacer lo que ya se ha hecho». Comentó que vive de contar historias por lo que «no tengo ningún objetivo moral». Es por eso que señaló que él no educa a sus lectores, sino que son ellos los que tienen que extraer sus conclusiones. Frente a la dureza que presenta la obra en determinadas ocasiones, el aclamado autor procedente de Cartagena comentó que es positivo enfrentarse a la realidad y no adentrarse en un mundo «bombardeado por mermelada».

La actividad frente al Museo de la Evolución Humana comenzó en torno a las 19.30-20,00 horas pues no paraba de aparecer gente que pretendía hacerse un hueco dado que tras las puertas les esperaba una agradable velada. Así, tan solo 338 fueron los afortunados que pudieron acceder a la segunda planta del museo. Mientras tanto, una gran multitud de gente tuvo que aceptar la ‘derrota’ y asumir que el encuentro con el escritor no tendría lugar para ellos. Es por eso que tras lo ocurrido, diversos usuarios trasladaron a este periódico sus quejas ante la falta de aforo en el Museo de la Evolución Humana y reclamaron que para este tipo de eventos se habiliten salas con mayor capacidad.

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"'Sidi' es una novela sobre el corazón humano"
Patricia Ansótegui - caminodelcid.org - 03/10/2019

El escritor Arturo Pérez-Reverte ha presentado en Burgos su último libro, 'Sidi' (Alfaguara), novela en la que ofrece su visión sobre el Cid durante los primeros años de su (primer) destierro. Afirma no interesarle el Cid histórico, aunque sí cómo nace y se forja el líder, cómo piensa, cómo actúa y se comporta un personaje que brilló porque, en su opinión, encontró el momento perfecto para hacerlo. Compartimos minutos con el escritor y académico de la RAE Arturo Pérez-Reverte.

-En la medida de lo posible voy a intentar evitar hablar del Cid desde un prisma actual e incluso mencionar a Franco ya que parece que en los últimos tiempos es inherente al personaje. Empezamos por el principio, por la dedicatoria que aparece en las primeras páginas la cual he de confesar me ha gustado especialmente: "A Alberto Montaner, inevitablemente". ¿De qué forma ha contribuido en su novela?
-Alberto y yo somos amigos desde hace muchísimo tiempo, desde que publiqué 'El club Dumas'. Nos conocemos desde el año 92 aproximadamente. Para trabajar manejé una obra fundamental, su edición anotada del 'Cantar de Mio Cid'. Además leí todo lo que pude leer sobre el Cid, aparte de que ya tenía mucho material que busqué y compré. Una vez escrita la novela se la pasé y le dije: “Ahora piensa que eres enemigo mío, piensa que me quieres fastidiar y búscame aquellos gazapos que crees que debo quitar”.

-¿Encontró muchos?
-No, gazapos no había ninguno. Realizó un par de precisiones y nada más. Yo había manejado mucho sus libros sobre el Cid, con lo cual buena parte del camino ya lo tenía recorrido. Esta novela documentalmente es muy "montaneriana", es decir se apoya mucho en sus estudios, por lo que él encontraba correcto lo que coincidía con sus tesis.

-No ha sido el único experto con el que ha contado...
-También hizo una revisión de la novela el arabista Federico Corriente. Cuando yo hablaba de frontera quería usar palabras árabes y yo quería que me dijera si eran correctas o no, porque yo hablo un poco de árabe, pero es un árabe moderno y también un árabe de Medio Oriente, y a mí lo que me interesaba era el árabe medieval. También tuve el asesoramiento del criador de caballos, jinete y amigo de Cartagena Julio Mínguez, que me revisó toda la parte ecuestre para ver si había algún error. Hubo esa lectura de profesores o especialistas que me dieron una nota bastante alta, de lo cual me alegro mucho.

-Desde el Consorcio Camino del Cid siempre hemos defendido la labor científica e investigadora en torno al personaje. ¿Aún hay algo que aportar o del Cid ya está todo dicho?
-Del Cid hay muchas cosas dichas, por supuesto, sobre todo del Cid histórico. No sé si estaremos de acuerdo, pero en el Cid hay un 20 por ciento de realidad y un 80 por ciento de leyenda. Yo he manejado textos musulmanes que lo ponen a parir. Se refieren a él como "perro cristiano", "el infame Ludriq"... Hay mucho material sobre él, pero la parte imaginativa, la parte personal, que era lo que yo quería contar, cómo nace y se forja un líder, depende de la interpretación de cada cual. No hay ningún historiador que nos pueda decir cómo se sentía el Cid antes de una batalla, eso un soldado sí puede decirlo o a lo mejor yo, que he estado en batallas y combates. El historiador tiene una función fundamental, entre otras cosas nutrir al novelista, pero hay lugares a los que no puede llegar por su propio rigor profesional. El historiador se tropieza con el alma humana y el alma humana del Cid no está documentada. Ahí es donde entra el novelista, y no sólo hablo de mi novela. Ahí es donde entra Walter Scott, Dumas, Mika Waltari o Graves. Yo me he movido allí donde el historiador no puede reprocharme nada, porque ofrezco mi impresión personal sobre él: hombres y combates que conocí, miedos, suciedades, ambigüedades, amaneceres inciertos, anocheceres más inciertos todavía. En ese terreno ningún historiador puede darme lecciones, pero ni a mí ni a nadie.

-Quizás fruto de su experiencia, hay momentos en 'Sidi' en que puede percibirse el olor a hierro, a leña, a sudor… Incluso se siente el polvo en la cara.
-Era mi intención. Yo eso no lo he aprendido en películas, ni en libros, ni me lo han contado. Yo eso lo he visto, lo he vivido. Yo he tenido el polvo en la cara y he pasado el miedo. Hay una carga personal biográfica que me es muy útil a la hora de hacer realista eso. Yo no llego a mi Cid a través de conversaciones intelectuales sino a través de una cuestión empírica. Cómo se siente un líder en combate, cómo se siente un líder en territorio hostil ganándose el pan, ganándose su pan como dice el 'Cantar', cómo se siente un líder al manejar una panda de animales de la época del siglo XI, animales de guerra, guerreros, gente que se busca la vida en la frontera, milicias de esclavos, de guerrear, de saquear… Cómo manejas a esa gente, cómo consigues que un animal como por ejemplo Ordóñez te siga, que muera por ti, cómo consigues que los moros te respeten al igual que los cristianos, cómo consigues sobrevivir. Eso es lo que a mí me interesa, ese es el Cid donde yo he ido. El otro, el Cid histórico, no me interesa. A mí me interesa lo que el Cid piensa, cómo actúa cuando está con esa gente que le acompaña.

-Ese es el Cid que quiere que leamos.
-Yo no soy un escritor moral, no creo que el novelista tenga la obligación de explicar y de hacer mejor el mundo. Puede hacerlo si quiere, es muy legítimo, pero el novelista tiene la obligación de hacer su trabajo lo mejor que pueda. En mi caso lo que quiero es contar historias a mi manera y el lector que quiera leerlas que las lea, y el que no quiera que no las lea. Yo no quiero ser fiel a nada ni quiero cambiar la percepción del Cid. Para mi novela necesito darle un enfoque original para no repetir lo que otros ya han hecho. En este sentido yo me he limitado a imaginar una aventura en la cual el Cid es el protagonista, dotándola de todo el rigor histórico para que la historia se sostenga evidentemente, que sea sólida pero no por miedo al historiador, porque cuando he querido he falseado la historia sin el menor complejo. A Minaya lo he puesto como segundo de la hueste cuando no lo fue en realidad, pero no tengo ninguna intención más que contar una buena historia y que el lector esa historia la viva de una manera gozosa, que el lector cabalgue conmigo y disfrute, que el lector aprenda algunas cosas sobre el corazón humano, y es que aunque se cuentan batallas y combates la novela no va de eso, es una novela sobre el corazón humano. Yo no he ido a describir la batalla, he ido a describir cómo se comporta y se maneja en esas situaciones.

-He intentado localizar parajes del Camino del Cid en la novela. Habla de Vivar, lógicamente, menciona Burgos, Covarrubias… determinados territorios de Aragón. Sin embargo, ubica al Cid y a sus hombres en la Extremadura castellana sin matizar localizaciones geográficas concretas. ¿Por qué motivo?
-Mi fase de trabajo es la siguiente: primero me empollo bien la geografía del Cid, que por supuesto la conozco perfectamente. Sé cada paso que dicen que dio, hay un montón de libros sobre las rutas del Cid. Una vez leídos todos cogí mis mapas y dije: "Lugares, ¿cuáles me interesan?". Si me ciño a una localidad geográfica concreta estoy situándolo en el tiempo y en el espacio, y para evitar el rigor histórico me salgo a un paisaje imaginario. Si yo digo que al mes del destierro estaba por ejemplo en Medinaceli, me dirán que no es cierto, pero si digo que estaba en la Sierra del Judío ve a buscar la Sierra del Judío. A la topografía real le añado una topografía que me invento, de manera que el lector se mueva por esa ambigüedad.

-Una de las rutas del Camino del Cid se denomina “Tierras de Frontera”. Encaja con esa idea de que 'Sidi' es un western medieval…
-Hay un empeño personal, de hecho la novela nace así. Sobre el Cid se ha escrito mucho, hay novelas buenas y hay historias mediocres, hay muchísima literatura sobre el Cid tanto histórica como novelística, y lo que no voy a hacer es una novela sobre algo que se ha hecho ya. No tenía intención de hacer una novela del Cid, pero estuve viendo una película de John Ford, 'La legión invencible', y pensé en cómo hubiera contado él nuestra historia. Nosotros también teníamos nuestra frontera, con pioneros, con apaches… Pensé que esa novela no se había escrito, y me planteé contar el Cid como si fuera un western, nuestro western. Ahí arranca el desafío. Cada novela es un desafío, si no lo hay no merece la pena. Mi vida está resuelta, tengo mis lectores, pero necesito que la novela que estoy escribiendo me incite, me ponga caliente, y eso me ponía caliente. Contar el Cid en Valencia no me interesaba nada, pero contar que sale con 40 tíos a buscarse la vida y ganarse el pan y que en seis meses o un año sobrevive, y además de eso empieza a ser una leyenda… ¿Cómo consigues que 40 tíos te sigan? ¿Cómo consigues las lealtades? ¿Cómo consigues que el cabrón del conde catalán te rechace y desprecie?. Por cierto, que la gente piensa que esto es una coña mía, pero ignoran que el rechazo del conde catalán al Cid fue verdad. De hecho, es el desprecio de todos los francos por la gente que vivía al sur del Ebro, no me lo invento yo. No he buscado el paralelismo con la realidad actual.

-La propia descripción física que ofrece en el libro del conde hace coger manía al personaje…
-Es un personaje muy antipático pero no he hecho nada pensando en el presente.

-También el Cid puede caer antipático al principio de la novela. Sin embargo, a medida que avanza parece que le va humanizando…
-No se humaniza, lo vamos comprendiendo, que es distinto. El mensaje no cambia, es el mismo, somos nosotros quienes profundizamos más en él. Al principio ves una bestia de la guerra, degollando prisioneros , quemando, manteniendo el decoro no porque no le gusten las mujeres sino para que su gente lo respete, pero a medida que vamos avanzando vamos viendo otras cosas. El Cid siempre es el mismo, no lo humanizo, es el lector quien profundiza en su humanidad. Además yo no pretendo una justificación moral, lo que pretendo es que el lector comprenda que el siglo XI era un momento muy duro donde la gente se mataba, vender esclavos era algo normal, degollar era normal, quemar cosechas y saquear era normal, era la forma de hacer la guerra. Por razones narrativas quiero que el lector entienda que el mundo era así, que lo acepte con naturalidad, que vea que degollar a un niño de 13 años que tiene vello entre las ingles era normal. Eso lo he visto yo en Yugoslavia, no me lo han contado.

-Determinadas personas se molestan sobremanera cuando se habla del Cid “mercenario”…
-El Cid era un mercenario porque tenía que ganarse el pan. ¿Qué otra cosa va a hacer? Y le digo una cosa: yo he conocido mercenarios y han sido amigos míos y he estado con ellos en combate, en desastre y en retirada, con mercenarios pagados, y ha habido de todo, desde el infame hasta el asesino hasta el tío estupendo. El mercenario no tiene nada de malo, es como el soldado. El soldado es alguien que cobra una soldada, un sueldo al mes. Hay soldados que son asesinos y otros que son héroes. "Mercenario" es una palabra absolutamente válida. Yo he sido un mercenario toda mi vida. Trabajé para TVE, me he jugado la vida en territorio peligroso por un sueldo... No tiene nada de malo la palabra "mercenario", y lo he dicho muchas veces: prefiero un mercenario bien pagado a un voluntario entusiasta. Un mercenario bien pagado va a estar contigo siempre mientras le pagues, el voluntario se basa en ideas, y no hay ideas que resistan un Sarajevo o el hambre, la penuria o la miseria. Yo siempre cuento el ejemplo: estaba en Angola en la guerrilla y había un mercenario que se llamaba Felipe, que era un antiguo militar portugués. Hubo una ofensiva del gobierno y nos machacaron, había que huir hacia la frontera. Yo tenía un coche y le dije a Felipe que se viniera conmigo, y me dijo que no porque le habían pagado dos meses más. Se quedó porque había cobrado, era su trabajo y se quedaba con su gente.

-Hay personajes históricos como Pizarro, el Empecinado, Hernán Cortés, que le interesan pero no todos se convierten en novela…
-Hay algo que se llama liderazgo, y eso es fundamental. Hay gente que puesta en el momento equivocado de la historia son criminales, asesinos, proscritos o gente anónima, pero hay otros que coinciden con el momento justo de la historia y son brillantes. No sabemos cuántos genios tenemos a nuestro alrededor. Habrá muchos, pero el momento actual no les permite ser lo que serían en otras circunstancias. Cuando la historia da el contexto adecuado para que el personaje desarrolle su potencial se vuelve brillante, para bien o para mal. El liderazgo no es un factor moral, es un factor técnico, y eso es muy importante subrayarlo. El Cid con pocos recursos aunque con inmenso talento consigue brillar, porque lo hace en el momento perfecto. A lo mejor en otro momento el Cid no hubiese sido nada, o hubiera muerto, o le hubiera cogido una fiebre y habría palmado. Y olvidemos lo moral: el Cid tuvo que mentir, trampear… el Cid tuvo que ser un pájaro de cuenta, daba igual bueno o malo, debía alentar la ambición, el coraje, el valor. Esa inteligencia técnica del líder es lo que cuenta, que lo use para el bien o lo use para el mal es lo de menos. Hitler, Mussolini, Stalin, Kennedy, De Gaulle… pertenecen a la misma familia, aunque evidentemente los resultados morales son diferentes. Al líder hay que estudiarlo técnicamente. Es más, yo he visto a guerreros hijos de puta hacer cosas heroicas.

-¿Moralmente aceptables?
-No, he dicho heroicas. Le pongo un ejemplo. Imagínese que usted y yo estamos aquí con un grupo de guerreros y a mil metros hay un botín. Pueden ser mujeres, que era el botín de la época, dinero, comida, agua, caballos… lo que sea, el botín puede ser moral o inmoral, pero si cruzamos esos mil metros nos jugamos la vida. Usted y yo decimos "¡vamos a por ello!" y cruzamos el camino bajo el fuego enemigo, y luchamos con nuestros brazos y nuestro valor para llegar hasta allí. El objetivo no es moral, pero eso no quita que el acto que hemos hecho sea heroico, admirable, interesante, educativo… A mí la moralidad final del acto no me interesa, yo no soy un moralista, soy un escritor, me interesa el ser humano en esos mil metros, cómo se comporta, como se desarrolla, cómo hace, cómo muere, cómo vive, morir con sencillez, con naturalidad.

-En una de sus últimas entrevistas le he oído decir que no le interesa saber cómo nace la leyenda. Sin embargo en la novela se desprende que el Cid ya era una leyenda en vida. ¿Cree que lo era?
-Yo creo que sí, de hecho los textos de la época ya hablan del Cid. Si un montón de textos musulmanes hablan de él es que ya era leyenda, y eso es justamente lo que me fascinó, cómo consigue en poco tiempo hacer eso. Hay cosas que no sabemos si son verdad o no, lo que está claro es que hizo lo que hizo: sobrevivir en la frontera y causar terror a los enemigos, fueran cristianos o musulmanes. El Cid no es leyenda por la Jura de Santa Gadea, el Cid es leyenda por su actuación, por su supervivencia y por sus batallas.

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Re: 'Sidi' (2019)

Mensaje por Rogorn » Vie Oct 04, 2019 12:13 pm

"El Cid es un personaje asombroso"
RPB - diariodeburgos.es - 30/09/2019

"Aquel infanzón castellano no veía, al mirar en torno, lo mismo que veían otros. Sus ojos eran la guerra", escribe Arturo Pérez-Reverte en 'Sidi' (Alfaguara), novela en la que el escritor de Cartagena hace su particular retrato del Cid desterrado que trata de ganarse el pan, junto a un puñado de rudos y fieles hombres, en la peligrosa frontera del Duero, un lugar hostil, salvaje, donde casi la única prioridad es sobrevivir: al hambre, a la sed, al frío, al calor, a las heridas y al enemigo, que acecha emboscado en todas partes, como una sombra aviesa. Polvo, sudor y hierro, el Cid de Pérez-Reverte cabalga. Y batalla.

-Repasando algunos de los más reconocidos y reconocibles personajes de su literatura puede pensarse que el Cid -o esa idea del Cid que se tiene, a caballo entre el mito y la realidad, la leyenda y la historia- es un personaje puramente revertiano. Tiene cosas del capitán Alatriste, de Lorenzo Falcó...
-Todo novelista tiene su territorio y yo tengo el mío. Yo he contado el Cid desde ese territorio, con la mirada de un escritor que se llama Arturo Pérez-Reverte.

-¿Y cómo es el Cid de Pérez-Reverte?
-Tenía curiosidad por saber cómo un infanzón de Burgos -desterrado, con cuarenta guerreros en su mesnada, en una zona incierta como es la frontera del Duero, un territorio tan hostil- consigue ya no sólo sobrevivir, sino convertirse en leyenda. Ese comienzo, ese arranque de la leyenda, me interesaba muchísimo.

-Fue un líder antes de convertirse en leyenda...
-La novela es una especia de manual sobre el liderazgo. Sobre cómo conseguir la lealtad y sobrevivir a un lugar hostil.

-¿Ha descubierto algo que no conociera sobre el guerrero burgalés?
-Claro que he descubierto cosas que no conocía y he llegado a conclusiones personales que pueden ser equivocadas. El Cid tiene un veinte por ciento de realidad y un ochenta por ciento de leyenda. Con la libertad del novelista he saqueado tanto la leyenda como la historia. Las he contado sin complejos y sin pretender que sean reales. 'Sidi' es una novela, nada más.

-A menudo la reivindicación de ciertas figuras del pasado, como es el Cid, se explica a partir de la clamorosa ausencia de referentes valiosos en el presente, de líderes de verdad. Una evocación que no tiene por qué nacer de la nostalgia, sino más bien de la rabia por la certidumbre de esa triste realidad. Hoy no hay líderes como el Cid.
-No los hay. También es verdad que en el Occidente actual un personaje como el Cid no tendría razón de ser: es un guerrero que lucha, mata, saquea, incendia... Es un hombre de su tiempo, que nada tiene que ver con la España actual. Lo que es evidente es que hoy no hay personalidades históricas de la talla del Cid y de otros personajes como él.

-Precisamente por su talla, por su condición de leyenda, su figura ha sido muy manipulada.
-El franquismo contaminó al Cid, como a tantas otras cosas. En lugar de presentarlo como lo que era, un guerrero de su época, un hombre de su tiempo, un mercenario de frontera, un súbdito de su rey pero al mismo tiempo un hombre ecléctico y pragmático, lo convirtió en una especie de espada de la Cristiandad y en azote del Islam. Y eso no es exacto. Eso es mentira, además.

-Franco lo utilizó, al igual que al conde Fernán González o a don Pelayo, para legitimarse. ¿Tanto manoseo ha influido para que haya mucho desconocimiento en torno al personaje o incluso determinada aversión, nacida de la ignorancia?
-Lo que pasó es que después, cuando llegó la democracia, no se limpió esa costra, esa contaminación. En vez de ensalzarlo, de utilizar la parte positiva del personaje, lo arrinconó y lo dejó sometido a los clichés. Con lo cual, o bien es ahora un matador de moros islamófobo o bien es un paladín maravilloso de la Cristiandad. Cuando él solamente era un ser humano. Ese es el Cid que yo he querido hacer con esta novela. Un Cid humano, desprovisto de una cosa y otra. Un Cid ambiguo, en la frontera. Un hombre de su tiempo y de su momento.

-Tampoco habrá ayudado a hacerse una idea cabal de Ruy Díaz los vaivenes educativos que padece este país desde hace décadas...
-Bueno, claro. Ten en cuenta que figuras como el Cid o como Hernán Cortés tienen mala prensa; un tono negativo: estos personajes que mataban, que saqueaban... Eso no es bueno para los niños. Hay que aprender que los lobos son buenos, que a las focas hay que salvarlas, que los buitres son animalitos de Dios, que el ser humano es bueno a pesar de todo, en el fondo, que la humanidad va hacia un futuro mejor... Todo ese rollo que se está contando a los niños en los colegios se contradice completamente con la realidad. Y la realidad es que, en momentos de crisis, en lugares ambiguos de frontera, en momentos terribles de la humanidad, hay personajes, personalidades como el Cid y muchos otros que marcan el destino de los pueblos y de los lugares.

-En muchas ocasiones, a quienes miran al pasado y reivindican determinadas figuras se les mira con recelo. ¿A qué se debe tanto complejo? ¿Acaso no se ha asumido cuál es nuestra historia, de dónde venimos?
-Porque esta es una sociedad acomplejada, encogida, enana y miope. Nos han inoculado una enfermedad histórica muy peligrosa, muy nociva y con muy mala cura. De todas formas quiero decir una cosa, en honor de los españoles: en los últimos años ha habido una demanda, por parte del público, de lecturas que tienen que ver con nuestra historia. Lo que nos han quitado, lo que nos han escamoteado de nuestra educación los dirigentes, por complejos o por vileza, la gente lo pide. En las librerías del Espolón de Burgos, por ejemplo, hay un montón de ejemplos. A pesar de todo no han conseguido cercenar el interés de la gente. Porque al final, como se dice en Alatriste, somos lo que somos porque fuimos lo que fuimos. Y sin conocer lo que fuimos jamás podremos entender lo que somos ni lo que seremos.

-Volviendo al Cid y su destierro, resulta inevitable establecer paralelismos con la actualidad de este malhadado país, que parece tener la negra con sus gobernantes. ¿Tiene vigencia el ‘qué buen vasallo fuera si tuviese buen señor...’?
-Yo antes creía que era verdad, pero con los años he empezado a pensar que no; que, en realidad, los vasallos que somos tenemos los señores que nos merecemos. Cuando ves el espectáculo grotesco de estos días en el Parlamento español... Esa gente no ha caído aquí en paracaídas ni ha venido en un platillo volante. Los hemos puesto nosotros. Somos nosotros. Reflejan nuestras vilezas, nuestras infamias, nuestro cainismo, nuestra insolidaridad, nuestro egoísmo. Con los años he llegado a creer que a veces, no siempre, los españoles tenemos los señores que nos merecemos.

-'Sidi' es un relato de frontera en un momento en el que las fronteras siguen siendo tan peligrosas como aquella del Duero. En algunas aún se mata. En otras se muere. Al final, se trata de lo mismo: pura supervivencia...
-Así es. Por mi trabajo como periodista pasé mucho tiempo en lugares de frontera, como en los que se movía el Cid. He visto morir a mucha gente. Y matar a mucha gente. Y digo una cosa: no he visto nunca a nadie morir por la patria, por la bandera, por la idea. La he visto morir por cosas muy sencillas: por comer, por sobrevivir, por conseguir botín, por venganza, por rencor... El ser humano, al final, se mueve por cuestiones muy elementales. Justamente lo que he querido con el Cid ha sido situarlo en ese mundo elemental, donde él y sus hombres se mueven no por una reconquista que no existía, ni por una patria cuyo concepto no existía, ni por ideas religiosas que en ese momento no eran las que primaban en la vida de la frontera, sino por la necesidad. Era un grupo de gente que tenía que ganarse el pan, como se dice en una hermosa frase del Cantar. El Cid ganaba su pan con lo que tenía: con su valor, su coraje, su talento y la gente que le era leal. La lealtad. Ahí está su grandeza. Él supo conseguir la lealtad de moros y cristianos luchando contra moros y cristianos. El Cid es un personaje no ya de España, sino absolutamente asombroso en la historia de la humanidad.

-Ha dicho que aquella frontera es nuestro western patrio… Un lugar apasionante, pero un territorio casi salvaje donde era muy difícil la convivencia, palabra manoseada hasta la extenuación. ¿No sería más preciso hablar de coexistencia?
-Cierto. Cuando escucho lo de las tres culturas conviviendo pacíficamente me da una risa enorme. Yo he vivido en el mundo islámico y en Israel. He vivido esas culturas, y además soy lector y conozco el pasado y la historia. Y aquella coexistencia tuvo momentos peores y momentos mejores, pero cuando coexistes con alguien se te pegan cosas del otro: comida, habla, costumbres; intercambias sangre. Eso es lo hermoso de los territorios fronterizos, que enriquecen mucho. ¿Pero convivencia pacífica? ¿Una España idílica, con todo el mundo dándose besos en la boca con lengua? Eso no se lo cree nadie.

-No es el suyo un Cid amable como el del Cantar, sino más bien fiero, un caudillo que es duro cuando cree que debe serlo y pragmático porque busca, como acaba de decir, ganarse el pan. Se parece más al personaje histórico.
-Es que no puede ser de otra forma. Pero el del Cantar no es un caudillo edulcorado, es un tipo duro también.

-La novela, rica en descripciones, emana sudor y fatiga, en ella se siente el frío, el calor, las moscas, la sangre, el polvo, la putrefacción de los cadáveres… Confirma que, en otro tiempo y en otro lugar, el autor también batalló en fronteras.
-Es que hay una parte de mi vida, de mi biografía personal, que me dio el conocimiento de ciertos detalles duros de la vida que aporto en la novela. Yo sé cómo huele un cadáver, cómo se hincha al sol, cómo van a él las moscas... Todas esas cosas las he vivido, no me las han contado. Digamos que la novela se beneficia, en cierta forma, de esa dosis de realismo.

-Su novela hace un gran favor a quienes defienden que no hubo Reconquista, que es un mito más creado interesadamente, la enésima manipulación de la historia...
-No entro en si hubo o no Reconquista, que efectivamente es un concepto posterior. Lo cierto es que al final se echó a los musulmanes de España. En el momento del Cid lo que hay es conquista: lucha de fronteras por conseguir botín, dinero, ganado, bosques, minas, territorios y poder. El concepto de ‘vamos a limpiar España de musulmanes’ no se dio. Nadie pensó en ello. Tampoco el Cid. Esa es la lectura franquista, desde don Pelayo. El Cid era un superviviente en una zona difícil. Eso es todo. Y es mucho. Jamás tuvo una misión divina. Eso se lo atribuyeron después.

-¿Cómo se ha sentido un hombre de mar en la procelosa meseta que divide el Duero?
-Bien. Porque tengo una ventaja. Como soy lector, muy lector, cuando me he movido por ahí he proyectado mis lecturas y mi vida en ese paisaje. Cuando he paseado por allí veía a los guerreros recortados por el sol, o sus siluetas durante la noche. He estado con ellos. He convivido con ellos. Ha sido una experiencia personal muy interesante. He poblado ese paisaje con mi imaginación y mis lecturas, que es el gran privilegio del novelista.

-Toda la novela está transida de cualidades que a usted siempre le han cautivado: el valor, la lealtad, la dignidad, el orgullo bien entendido...
-Pero también la crueldad y la barbarie. No todas las que salen en la novela son virtudes positivas.

-¿Cuánto de Pérez-Reverte hay en este Cid y cuánto de este Cid hay en Pérez-Reverte?
-Del Cid en mí no hay nada...

-Pues es usted un batallador...
-De mí hay mucho en la novela porque la he escrito yo. Si hubiese sido escrita por Javier Marías, por Vargas Llosa, por Eduardo Mendoza o por Muñoz Molina sería diferente. Quizás mejor, pero desde luego no la misma. Es una novela muy mía. Los lectores que me conocen desde hace muchos años van a ver que esta es una novela muy revertiana.

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Re: 'Sidi' (2019)

Mensaje por Rogorn » Dom Oct 06, 2019 8:49 am

'Sidi'
José Enrique Cabrero - diariosur.es - 06/10/2019

La última novela de Pérez-Reverte es un atardecer con la espada en alto, a caballo, oteando un horizonte que se extiende en una búsqueda infinita. A veces, pasando las páginas, sientes cómo la arena te salta a los ojos. Y en la batalla, maltrecho como Minaya, Ordóñez o Bermúdez, descubres el puño apretado, hipnotizado por el carismático discurso de un hombre que, exista o no, seguirías hasta la misma muerte. Sidi, como el vaquero que sale de su escondite para socorrer al herido en mitad de un tiroteo, como el cazarrecompensas que regresa con el Halcón Milenario, como el Don Drapper que eleva las emociones de la oficina, como el Adama que pide un último esfuerzo ante la invasión, él, Sidi, el Cid campeador, es un líder. Un líder de hechos.

Vamos, que es una gozada. Una lectura apasionante y entretenida que, efectivamente, tiene un aroma a wéstern importante. Aunque yo diría más: es una historia de imágenes potentes; de escenas pintadas con el detallismo de un Ferrer-Dalmau. Es, quiero decir, una maravillosa oportunidad para que un productor televisivo inteligente le echara el guante. Yo lo veo claro: una miniserie de cuatro capítulos, los mismos en los que se divide el libro. Sería brutal. Y no me malinterpreten, no creo que 'Sidi' tenga más valor porque pudiera ser la base para un guion de tele. 'Sidi' es una lectura redonda y, como lectura, tiene unas bondades que la pantalla nunca podrá alcanzar. Pero, al revés, esta historia contada con imágenes podría aportar otro punto de vista arrebatador.

Además, es el momento de hablar del liderazgo. De tener odiosas comparaciones con las que ridiculizar a esos políticos que se empeñan, una y otra vez, en hacernos creer que están capacitados para cabalgar al frente de un país. El momento de dignificar y autenticar al líder, al de verdad, al que no le preocupa lo bien o lo mal calzado que vaya para la ocasión. Esas personas que, mientras nosotros nos deslumbramos con una bella puesta de sol, ellos atraviesan el horizonte con la mano haciendo visera.

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Sidi Qambitur
Mariela Sagel - laestrella.com.pa - 06/10/2019

La última novela del escritor español Arturo Pérez Reverte, 'Sidi, Un relato de frontera', como se lee en su portada, es sencillamente magistral. Para muchos, la legendaria figura del Cid Campeador, Rodrigo Díaz de Vivar, que se remonta al siglo XI, es bastante ajena. Pero la magia revertiana nos acerca a este inspirador personaje, en la época del Al-Ándalus, que es el nombre que en la Edad Media dieron los musulmanes a la península Ibérica, territorios que estuvieron bajo su control.

Esta novela tiene una historia intrínseca fascinante, pues el autor, que era un hurgador de las bibliotecas de sus padres y abuelos, encontró el libro de José Zorrilla y Moral 'La Leyenda del Cid', que había adquirido su bisabuela Adéle Replinger Gal en 1883 y él leyó setenta y seis años después. Zorrilla es más conocido por su obra 'Don Juan Tenorio'. 'La leyenda del Cid' la publicó en 1882 y era considerado un poema narrativo.A muchos nos suena el 'Cantar del Mío Cid' y seguramente en la escuela, cuando se nos enseñaba historia como debía, entramos en contacto con esa gesta anónima que relata hazañas heroicas inspiradas libremente en los últimos años de la vida de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, que datan del año 1200. El Cid fue un caballero castellano que estuvo al servicio del rey Alfonso VI y después estuvo al frente de su propio ejército (mesnada, en lenguaje de la Edad Media) en el Levante de la península ibérica. Conquistó Valencia y estableció allí un señorío independiente. Es considerado un héroe nacional, especialmente castellano y un cruzado que promulgaba la reconquista, que combatió del lado tanto de cristianos como de musulmanes. Para algunos fue un mercenario, un soldado profesional, que prestaba sus servicios a cambio de un emolumento. Campeador significa “experto en batallas campales” y Cid, del árabe Sidi, significa señor.

Con estos elementos el académico, escritor y periodista Arturo Pérez-Reverte ha hecho un coctel explosivo. El lanzamiento de la novela ha sido todo un acontecimiento de mercadeo, lo que siempre se monta cuando el autor presenta un libro y eso aumenta la urgencia de leerlo y de comentarlo. El libro de Pérez-Reverte no es una biografía o compendio de la agitada vida que tuvo Ruy Díaz, como también se le decía al Cid, solamente un relato de algunas de sus batallas. Se escenifica entre los que se llamaban reinos de Valencia, Córdoba, Zaragoza y las reminiscencias que en su momento asaltaban al personaje, su antiguo patrón el rey Alfonso VI y también la figura del rey Sancho. Como es su característica, el autor cuida con esmero el lenguaje de la época, así como los vestuarios que llevaban los guerreros. De igual forma, la portada es de su amigo, el pintor Augusto Ferrer-Dalmau Nieto, el pintor de batallas. En resumen, el Cid de Pérez -everte es su Cid, “saqueando sin escrúpulos tanto la leyenda como la realidad”, como dijo Pilar Reyes, directora editorial de Alfaguara, el día que se presentó el libro en la Real Academia Española, en la que el autor ocupa la silla T desde hace trece años.

Desde su apoteósico lanzamiento, el escritor no ha dejado de ofrecer entrevistas y el tema no se agota. Han calificado la historia como un western español del siglo 21. La leyenda del Cid es muy poderosa, y sobre sus batallas hay miles de versiones, pero ésta es la de Pérez-Reverte. Hace poco reveló por primera vez el lugar donde escribe, durante ocho horas diarias, porque se considera un obrero de su oficio. Se rodea de enciclopedias, no tiene acceso a internet, no consulta Wikipedia y no usa –mientras trabaja— su teléfono móvil. “Tengo en casa treinta mil libros, pero sé dónde buscar el que necesito en cada momento. Vivir alternando el mundo con la biblioteca y usar todo eso para escribir es la felicidad”,

Este libro bien puede adaptarse a una película, y si tiene una segunda o tercera versión, a una serie. El autor le da créditos a Alberto Montaner Frutos, un filólogo a quien le dedica el libro, que es heraldista y arabista especializado en literatura e historia hispánica medieval y, más concretamente, en estudios cidianos tanto históricos como literarios. Agradece también a Julio Mínguez la parte ecuestre y a Federico Corriente el vocabulario árabe fronterizo y, sobre todo, guerrerista de la época y no se escapa lo exquisito de las descripciones de las cotas de malla y las urgencias amatorias que asaltaban a estos guerreros, que no veían mujeres en meses.

Ruy Díaz estaba casado con Jimena, a quien describe como poseedora de una personalidad de hierro y dos hijas, a las que evoca cada vez que iba a la batalla. La única mujer “revertiana” que aparece en la novela es Raxida, la hermosa hermana de Mutamán, Rey de Zaragoza. Rodrigo Díaz de Vivar, un modesto infanzón burgalés, llegó a convertirse, incluso para los musulmanes, en Sidi Qambitur: el señor que campea, que cabalga. Era tan solo un hombre con su espada y su caballo, un desterrado que, acompañado por un puñado de mercenarios leales, peleaba en territorio enemigo por su vida buscando, al otro lado de la frontera, el horizonte y el mar.

Sidi es el segundo libro que este año publica Arturo Pérez Reverte. Le tomó año y medio escribirlo y se nota una minuciosa investigación, un cuidado y pulido lenguaje, así como unas licencias que bien vale la pena tomarlas para hacer más atractiva la saga. El anterior, 'Una historia de España', que en su momento reseñé, es un maravilloso recorrido por la historia del país ibérico desde el punto de vista crítico agudo que caracteriza al autor, con muchos guiños hilarantes que hacen muy amena su lectura.El día de la presentación en el salón de la Real Academia de la Lengua, el presentador, Carlos Ansina, le preguntó: “¿Escribirás alguna vez una novela que no sea revertiana, Reverte?”, a lo que el autor contestó: “Buena pregunta, Alsina. Mira, hay escritores que poseen un territorio y se mueven por él con soltura, y en realidad siempre escriben la misma novela. Yo soy uno de esos escritores que son felices con su trabajo, entre otras cosas porque escribir es una manera singular de vivir al acecho de cualquier cosa que sea útil para la historia que estás contando en ese momento. Unos zapatos, una línea de sol, una sonrisa… Todo sirve. Y también es una excusa para leer cosas nuevas y releer a los viejos amigos, que siempre ayudan cuando los reclamas. Tengo en casa treinta mil libros, pero sé dónde buscar el que necesito en cada momento. Vivir alternando el mundo con la biblioteca y usar todo eso para escribir es la felicidad. Por otro lado, como novelista no me interesa contar una historia completa ni narrar un mundo. No soy Thomas Mann, ni Proust o Tolstoi. Solo pretendo contar una historia eficaz, para que el lector la lea y la viva y siga queriendo comprar mis libros.“Narrativamente, por la vida que llevé, hay una serie de mecanismos humanos que me interesan más que otros y que en esta novela están, creo, muy bien representados: la lealtad, la valentía, la camaradería singular entre hombres que batallan juntos, el liderazgo… Los hombres de esta historia de frontera se mueven en ese territorio revertiano del que hablamos. Y son los hombres que me interesan, capaces de dejarse matar por lealtad. Luchar y saber morir; sobre todo esto último. Quizás porque viví en lugares de frontera, aprendí desde muy joven que saber morir es muy importante. El líder que consiga que uno de los suyos muera con naturalidad es el mejor de los líderes. En el mundo occidental ya no sabemos morir. No sabemos aceptar las reglas implacables de la naturaleza, nos negamos a aceptarla, rodeamos la realidad de una costra edulcorada para olvidar. Con esta novela yo también quería recordar al lector que el mundo sigue siendo eso, y que la gente que acepta morir vive de otra manera. Aceptar las reglas del juego te hace ser mejor.“Así pues —concluye Arturo Pérez-Reverte— con todo lo leído y lo vivido he construido mi Cid saqueando sin escrúpulos tanto la leyenda como la realidad y prestándole mi mirada”.Para Arturo Pérez Reverte, en este relato de una de las muchas batallas que libró el legendario Cid se funden de un modo fascinante la aventura, la historia y la leyenda. “Hay muchos Cid en la tradición española, y éste es el mío”.

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Re: 'Sidi' (2019)

Mensaje por Rogorn » Lun Oct 07, 2019 9:27 pm

La eternidad y el viento de la guerra: El Cid de Pérez-Reverte
José Luis Ibáñez Salas - nuevatribuna.es - 07/10/2019

'Sidi: un relato de frontera' es El Cid de Arturo Pérez-Reverte. Es la novela en la que el escritor español nos acerca su propio héroe legendario e histórico, su propio guerrero medieval castellano (¿español?).

Nada de patrias, nada de Reconquista. Pérez-Reverte cuenta. Arturo Pérez-Reverte ni escribe Historia ni lo pretende: imagina, interpreta, inventa, reescribe la leyenda y utiliza lo que la Historia sabe sobre un infanzón castellano del siglo XI para contarnos cómo quiere él creer que fue el ascenso al liderazgo de guerreros de frontera que protagonizó un pequeño noble burgalés en los tiempos en los que tenía lugar lo que durante mucho tiempo se llamó (mal) Reconquista. Una palabra, Reconquista, que ni aparece en su deslumbrante libro ni se la espera, tachada tras el gran análisis casi historiográfico que el novelista español perpetra arrimado cuanto puede y quiere al oficio del historiador, pero guiado por el profundo conocimiento de las mejores técnicas narrativas de los urdidores de las ficciones que nos interesan a los lectores de ficciones. “Sidi es un relato de ficción donde, con la libertad del novelista, combino historia, leyenda e imaginación. […] Hay muchos Ruy Díaz en la tradición española, y éste es el mío”.

Todo parece nacer en el caletre magnífico de Pérez-Reverte en su infancia, en su lectura del Cid de Zorrilla. No es de extrañar que la novela se inaugure con esta cita:

“Costumbres de aquella era
caballeresca y feroz,
en que degollando moros
se glorificaba a Dios.
Mas tal es la historia nuestra:
no es culpa mía si es bárbara;
yo cumplo con advertírselo
a mi pueblo al relatársela”.
-José de Zorrilla, 'La leyenda del Cid'

El protagonista de la novela de 2019 publicada por Pérez-Reverte olía, como todos sus hombres de frontera, “a sudor, metal y cuero”, y se había criado literalmente batallando “en una extensa tierra de nadie, frontera entre la Castilla cristiana y los reinos musulmanes, donde alguna gente pobre y desesperada —colonos cristianos que huían de la miseria, familias mozárabes fugadas del sur, aventureros de diversa índole— se asentaba con pequeñas granjas para roturar la tierra y criar algún ganado con una mano en los aperos de labranza y otra en la espada, durmiendo con un ojo abierto y viviendo, mientras seguía viva, con el recelo en el alma y el Jesucristo en la boca”.

Es El Cid un infanzón, esto es, uno de los hidalgos de frontera que, a diferencia de la alta nobleza, “con sus privilegios y rentas de la tierra debidos a hazañas familiares del pasado”, todo lo fiaban “a sus espadas y a su presente, y sus franquicias e inmunidades eran fruto del peligro en que vivían”. Es esta “una sociedad entre dos mundos, organizada y forjada para la guerra”. Y es El Cid, y los son sus hombres, “infanzones y gente baja mezclados en busca de rango y fortuna, aventureros de poca o ninguna hacienda, endurecidos por padres y abuelos hechos en cuatro siglos de guerrear contra moros e incluso contra cristianos. Con nada que perder excepto la vida y todo por ganar, si lo ganaban”. Gente “con el viento de la guerra en los dientes”.

Pérez-Reverte sólo emplea (osadamente a mi entender) en dos ocasiones la palabra España en esta novela sin patrias ni naciones ni otra tozuda querencia que el respeto y la fidelidad debida a los hombres, a los señores de cada uno, a los reyes de cada ser humano obligado a la obediencia. Esta es una esas ocasiones: “La mayor parte eran hombres de frontera, curtidos en algaras y escaramuzas, de los que sabían las cosas por haberlas visto, no porque se las contaran. La prueba de que las habían aprendido era que seguían vivos. Y no se trataba de incursiones para hacerse con algún moro descuidado y un par de vacas: buena parte de ellos había lidiado en batallas serias, en aquella España incierta de confines inestables, poblada al norte por leoneses, castellanos, gallegos, francos, aragoneses, asturianos y navarros que unas veces combatían entre ellos, cambiando los bandos según soplaba el viento, y otras lo hacían contra los reinos de moros, lo que no excluía alianzas con estos últimos para, a su vez, combatir o debilitar a otros reinos o condados cristianos”.

El Cid, cuyos ojos “eran la guerra”, cuyo nombre “ya sonaba legendario”, a quien a veces le llamaban Campidoctor, es decir ‘dueño del campo”, campeador (Sidi Qambitur para los guerreros peninsulares de habla árabe: ‘Señor Campeador’); y en cuyo escudo se leía escrito en latín “Que me odien, pero que me teman”. Una leyenda para los jóvenes que para él/con él combaten, “un probado camarada de armas” para los veteranos. Tenido por héroe no por quienes sabían de él por boca de otros, sino por sus propios hombres, con quienes compartía las cotidianas zozobras de los guerreros en la guerra y en la espera de más guerra. Y ese mundo de héroes, que tanto ama retratar Pérez-Reverte, es aquí un espejo infatigable de comportamientos del cual deberíamos aprender todos. Esa es la pretensión del narrador. Un nuevo hallazgo moral de discutible necesidad, pero de impecable éxito literario.

Los hombres sobre los que El Cid (Sidi) ejerce una jefatura sensata y exacta eran hombres “cuyo valor tranquilo procedía de mentes sencillas: resignados ante el azar, fatalistas sobre la vida y la muerte, obedecían de modo natural sin que la imaginación les jugara malas pasadas. Eran guerreros natos. Soldados perfectos”. Guerreros que “olían a estiércol de caballo, a sudor, a humo de leña”, guerreros que “sabían las cosas de la vida y de la muerte, del combate, de la supervivencia, que ellos mismos no eran capaces de explicar cómo alcanzaban a saberlas”, guerreros “rudos en las formas, extraordinariamente complejos en instintos e intuiciones”. Guerreros que “nunca habían pretendido ser otra cosa”.

He leído una novela de guerra, de guerreros, una ficción perfectamente creíble escrita por alguien que conoce bien la guerra, la real y muy presente en sus vivencias ciertas, y la que conocemos por quienes nos explican el pasado. Y ese alguien nos describe una guerra compuesta por “nueve partes de paciencia y una de coraje”, una guerra hecha de esperas y muerte en la que esa paciencia necesitaba más temple para soportar sus fatigas que lo que precisaba (lo que precisa) el simple valor.

El paisaje, la geografía, la realidad aparentemente ajena a las cuitas de aquellos hombres fronterizos hechos a la pelea y a las lealtades, es un protagonista oculto de esta novela memorable: “Lejanas, frías en lo alto, las estrellas parpadeaban indiferentes. Estaban acostumbradas a que los hombres se mataran entre sí”. Y, llegado el momento íntimo aunque indispensablemente gregario del combate, salir a la lucha y luchar “en una desamparada soledad”. Absorber la capacidad innata o aprendida “de ir con calma a la eternidad”.

Todo presidido por Dios, por el Dios cristiano y el Dios musulmán (“sólo Dios sabe la verdad”, le dice a Sidi el rey musulmán de Zaragoza). No lo olvidemos. Aquel Dios medieval que ha ido acomodándose en un caso al dios-Razón y en el otro pervirtiendo cada vez más su dictadura emocional sobre un mundo anclado en tantas cosas a un tiempo perturbado y perturbador. Un tiempo en el que los hombres de Sidi lo miraban como si mirasen a Dios. Un tiempo que a menudo “era tiempo para morir o para vivir. De rondar la orilla oscura”. El tiempo de la guerra de Dios y la guerra de los hombres.

Ruy Díaz, El Cid, Sidi, sabía que “nada se parecía tanto a una derrota como una victoria”. También que: “sólo es importante el final de las cosas […] Un final que lo confirme todo”.

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Re: 'Sidi' (2019)

Mensaje por Rogorn » Mar Oct 08, 2019 5:19 pm

‘Sidi’: el Cid entra en la galería de héroes de Arturo Pérez-Reverte
David Yagüe - 20minutos.es - 08/10/2019

Termino 'Sidi' (Alfaguara, 2019), con sensaciones contrapuestas. Por un lado, la de reencontrarme con el autor que puso patas arriba la ficción histórica española y colocó las bases de lo que es hoy el género en España. Tras bastantes libros, entre ellos la entretenida trilogía de Falcó, he vuelto a encontrar a aquel autor en las páginas. 'Sidi' es una novela histórica recia, vibrante, y bien construida. Por otra, cierro el libro con una pequeña sensación de ¿y ya está? Porque claro, uno ya ha leído decir a su autor, Arturo Pérez-Reverte, que no habrá otra novela del Cid y entiende que el final es el que es. Y está bien, pero cuando se espera a ver qué nace de la mezcla entre este personaje con tanto de historia como de leyenda con el escritor de Cartagena espera, quizá, más. Más novela de largo alcance.

Pero 'Sidi' es otra cosa. Es una novela histórica, en cierto modo, minimalista. Que arranca con una persecución, con una cabalgada, que muestra al lector que la Reconquista tiene los mismos mimbres míticos que el western. Esto es territorio Ford, John Ford. Esa parte es digna de la Trilogía de la Caballería del irlandés y también de los relatos en los que se basa, de James Warner Bellah (aquí publicados por la excelente Valdemar Frontera, bajo el título 'Un tronar de tambores y otras historias de la caballería americana'), y que él mismo Pérez-Reverte conoce y disfrutó. Escribió de él: “Es uno de esos libros que uno mismo querría haber escrito”. Y conectan el cine, los relatos y la novela del Cid, sin duda: hay polvo, hay rivales que se respetan, hay cabalgadas, hombres que hablan poco, pero llevan mucho a su espalda, buenos líderes, buenos hombres y acaba todo en batalla y sangre.

'Sidi' no es la interpretación de Arturo Pérez-Reverte sobre el Cid. No, Pérez-Reverte no ha reinventado al Cid, lo ha reclutado, lo ha reconstruido como uno de los héroes de su universo literario particular. Ruy de Vivar es compañero de fatigas de Alatriste, del capitán Pepe Lobo, de 'El asedio', de los españoles en el ejército de Napoleón de 'La sombra del águila', de Teresa Mendoza… Hombre parco en palabras, de hechos, orgulloso, duro. Que conoce y ha vivido la guerra. Y el de Cartagena no se va a fijar en lo más conocido de la historia del Cid, sino en los hechos que construyen esa leyenda, en las bases. En el sobrenombre, en el caballo, en la espada.

Aventura bien contada, donde realmente pasa poco, donde hay batallas, diálogos punzantes, recuerdos y cabalgadas. Donde la Frontera no es una línea, sino que lo es todo, ambiente, contexto. Donde hay un héroe que se convierte en leyenda. Hay buenos secundarios, hay reyes y soldados de a pie. Hay camaradería y batallas sin cuartel. Y todo ello, contado con la pericia de uno de los mejores que tenemos en estas lides.

El Medioevo hispánico de Pérez-Reverte es directo y duro, sin concesiones, como debió ser. Donde coge de aquí, la historia, lo que conviene, y de allí, la leyenda, lo que necesita. Y construye. Todo entronca con su universo literario. Puro Pérez-Reverte. Incluso con alguna guasa que se puede leer en clave contemporánea. Quizá, como apuntaba al principio, el principal problema son las expectativas nacidas de imaginar al Cid en manos de este autor. ¿Contar al Cid y no llegar hasta Valencia? Habría tantas cosas que contar… Pero Pérez-Reverte ya es autor renombrado y con su universo hace lo que le place. Como debe. Aunque quizá, en este momento, algo infantil, donde miles de personas firman para que se rehagan ficciones que no acaban a su gusto, sea algo que no todos se puedan permitir.

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Re: 'Sidi' (2019)

Mensaje por Rogorn » Sab Oct 12, 2019 1:49 pm

Una historia de hombres de honor sin reyes a su altura
Gabriel Romero de Ávila - vigoe.es - 12/10/2019

Ya se encuentra en todas las librerías la nueva novela de Arturo Pérez–Reverte, un retrato honesto y en ocasiones brutal de la figura del Cid Campeador, un personaje protagonista en innumerables obras previas y que ha sufrido casi tantas reescrituras, muchas veces por cuestiones políticas. El resultado es un libro que ya ha barrido las listas de los más vendidos y ha convencido a la crítica especializada en lengua española.

«Desde lo alto de la loma, haciendo visera con una mano en el borde del yelmo, el jinete cansado miró a lo lejos. El sol, vertical a esa hora, parecía hacer ondular el aire en la distancia, espesándolo hasta darle una consistencia casi física. La pequeña mancha parda de San Hernán se distinguía en medio de la llanura calcinada y pajiza, y de ella se alzaba al cielo una columna de humo. No procedía ésta de sus muros fortificados, sino de algo situado muy cerca, seguramente el granero o el establo del monasterio. Quizá los frailes estén luchando todavía, pensó el jinete».

De esta manera tan in medias res comienza el libro número 39 del escritor cartaginés, que se mete sin miedo en el barro (literario y auténtico) de la Castilla medieval. El Cid Campeador es una de las figuras históricas más versionadas, incluyendo novelas, películas de Hollywood, animación, series e incluso pastiches de contenido fantástico, con el de Vivar combatiendo fantasmas y demonios.

Además, su figura ha sufrido diversas reescrituras acordes con los tiempos, para así crear una leyenda que personificara la supuesta gesta heroica de la Reconquista. Hoy sabemos que varios episodios clave de la vida del Cid tienen una escasa credibilidad histórica, como la propia Jura de Santa Gadea, que tantas veces se ha repetido. En ese ambiente de manipulación y falso ensalzamiento, Pérez–Reverte muestra al Cid como realmente fue, como un soldado de fortuna en el duro territorio de la frontera castellana, durante una Edad Media de alianzas cambiantes, miseria y hambruna. Él y sus hombres viven en la permanente duda de a quién servir, de cómo sobrevivir y ganarse el pan día a día. Sus victorias no llenarían ningún cantar de gesta, solo su bolsa, siempre al límite. Las aldeas los ven pasar con el miedo permanente a los hombres de armas, que hoy las defienden y mañana, cuando cambien de señor, las arrasarán con la misma entrega.

El autor nos muestra esa existencia con crudeza, sin ahorrar en sangre, traiciones o muertes sin sentido. El honor para ellos es algo privado, que defienden simplemente porque creen en ello, con independencia de los reyes, tan volubles. Y es a partir de esa terrible supervivencia en la frontera, cobrando en cabezas de moros igual que aquellos vaqueros del Lejano Oeste lo hacían en cabelleras de indios, como Pérez–Reverte construye su propio héroe, mucho más revertiano que cidiano y aun así más cercano a la realidad que muchos libros pretendidamente canónicos.

La novela se centra en uno de los episodios menos conocidos de la leyenda: la época en la que el Cid, desterrado por el rey Alfonso VI de León tras la muerte de su hermano Sancho II de Castilla, entra al servicio del rey moro de Zaragoza, Al–Muqtádir, y lidera sus ejércitos, como mercenario, contra los del conde de Barcelona y el rey de Aragón en la terrible batalla de Almenar. Esa desviación frente al mito que sirvió de emblema a la Reconquista (fabricado mucho después del siglo XI en que transcurrió la historia auténtica) se convierte aquí en una epopeya distinta a lo esperado y, a su manera, verdaderamente heroica. La primera parte de la novela consiste básicamente en desmontar lo que sabemos sobre el personaje y mostrarlo como un soldado de oficio, cuya vida se define a través del hierro, el sudor pegado a la piel, el miedo que hay que dominar y el apego a unos principios que valen, en ocasiones, más que su propia vida. Porque sin esos principios, la vida no tendría sentido.

El protagonista de la nueva novela de Pérez–Reverte no es Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, sino Ruy Díaz, apodado Sidi, como una demostración, ya desde el propio nombre, de su voluntad de alejarse de cualquier retrato suyo que hayamos visto hasta ahora. Y sin embargo, por medio de esa narración dura y honesta, este personaje se convierte en el Cid más verídico que uno pueda imaginar.

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Re: 'Sidi' (2019)

Mensaje por Rogorn » Jue Oct 17, 2019 8:27 pm

'Sidi', de Arturo Pérez-Reverte
librosyliteratura.es - 16/10/2019

Cuando uno se entera de que uno de sus escritores preferidos tiene calentito un libro cuya salida es inminente se produce un proceso de combustión en su interior. Una llama se enciende dentro y corre a informarse por su cuenta sobre ese libro para avivar más la llama y las ansias vivas o para domarlas. En mi caso eso me sucede, entre otros, con Pérez-Reverte. Ya he reconocido más de una vez que soy fan de él. Pero ojo, no hay que confundir fan con fanático. No por gustarme las novelas de un autor automáticamente tiene porque gustarme todo lo que haga, diga o escriba. De hecho, no pude pasar de la mitad de 'El tango de la guardia vieja' (y eso que lo tengo dedicado), fracasé en el intento con 'Cabo Trafalgar', me aburrieron 'La Reina del Sur' y 'La carta esférica' y 'Falcó' me dejó algo frío. Pero sigo fiel al autor porque me ha hecho pasar ratos muy buenos con, por ejemplo, Lucas Corso en 'El Club Dumas' (uno de los pocos libros que yo, que no soy muy de releer nada, he revisitado más de una y de dos veces), he gozado con todas las peripecias de Alatriste, me he despollado con 'La sombra del águila', y en definitiva, lo he pasado teta con la mayoría de sus libros.

Así que, ¡por vida de!, no miento si afirmo que no las tenía todas conmigo cuando supe que su siguiente novela trataba sobre la figura del Cid. Porque… ¿por dónde iba a salirnos ahora? Y encima la contraportada no aclaraba nada sobre la cuestión. Sin embargo, pensé: realmente, ¿qué sé yo del Cid? Y enumeré patética y mentalmente el resultado: sabía que su caballo era Babieca, su espada Tizona, que fue desterrado, que ganó batallas después de muerto, que de pequeño vi la serie 'Ruy, pequeño Cid', de la que solo recuerdo la sintonía y que Charlton Heston (bastante más alto y rubio que Rodrigo Díaz) le interpretó. O sea, no sabía una puta mierda de uno de los más importantes mitos de la historia de España y lo que sabía no era del todo correcto. Ahora, una vez acabada la lectura de Sidi puedo decir que sé mucho más del hombre, de su historia y de la realidad de nuestro país en aquellos tiempos. Y no solo eso, sino que ha logrado que me interese el personaje y ya me he agenciado un 'Cantar de Mío Cid' para desfacer el entuerto. Eso, creo yo, dice mucho de lo que Pérez-Reverte ha conseguido en este libro.

Entonces… ¿de qué va todo esto de Sidi? Pues, teniendo en cuenta que del Cid tan solo un 25 por ciento de lo que se sabe es historia comprobada, lo que se nos va a contar va a ser un trozo de su vida. No es una adaptación ni una actualización del Cantar. Es una novelización ficcionada de un pedazo de vida en el que van a mezclarse realidad y ficción imaginando los hechos y personas como cree el autor que sucedieron o fueron o como le gustaría pensar que fueron. Por eso mismo, es un retrato tan real y/o tan falso como todas las versiones que ha tenido a lo largo de la literatura o el cine.

El académico de la Lengua narra los seis primeros meses del exilio al que se ve sometido, cuando todavía no era ni una sombra de la leyenda en la que se convirtió y nos descubre que en España nadie tenía la idea de expulsar a los moros del país, sino que, al contrario, España era toda una macedonia de culturas. Estaban los reinos cristianos del norte y los reinos moros en el sur. Y el Cid va a moverse por esa frontera en donde unos y otros se aliaban para batallar contra otras formaciones de moros también aliados con cristianos. Todo el mundo luchaba contra todo dios y todo dios se aliaba con todo el mundo. Y el Cid era como Anibal Smith, el cabecilla del Equipo A. Un mercenario que se arrimaba a quien quisiera pagarle el sueldo, ya fuera musulmán o no, a él y a todos los soldados que, eclipsados por su carisma, se le iban uniendo, y que batallaba contra cristianos si era lo que se terciaba en ese momento. Porque en las fronteras, como en la vida, ni todo es blanco ni negro; lo que predomina es el gris ambiguo.

“Campidoctor, lo llamaban a veces. Dueño del campo, o campeador. Amado por unos y envidiado, temido y detestado por otros, había tomado como lema el de un emperador romano, sugerido por un abad amigo de su familia: Oderint dum metuant. Que me odien, pero que me teman. Estaba escrito en su escudo, en latín.”

Así vamos a asistir a la forja de una leyenda y a descubrir el carácter de un hombre castellano con huevos como cocos que respeta a su tropa y se hace respetar no solo por ella, sino también por sus enemigos. Que renuncia a los lujos que le corresponden porque se los ha ganado, que es un machote que cumple su palabra de honor (en unos tiempos en los que eso aún significaba algo), que reconoce en la intimidad que el día antes de la batalla tiene miedo, que intenta aprenderse los nombres de todos sus hombres y duerme y come junto a ellos y que, aún sin tener obligación de hacerlo, sigue reservando parte de los botines al rey que le condenó al exilio. Un hombre que en la batalla es uno más y no se queda en lo alto de una colina observando el desarrollo de esta. Un Rodrigo Díaz que puede ser rudo si hace falta, pero que conoce los usos, costumbres y maneras moras y que incluso maneja el Corán mejor que muchos musulmanes, pues la vida le va en ello.

La lectura inevitablemente me ha recordado al estilo creado para la saga del capitán Diego Alatriste. Se nota que hay un gran trabajo de documentación, aprovechamiento de vivencias personales en fronteras en conflicto y conocimiento profundo del protagonista de esta novela. Un vocabulario sencillo, pero cuidado, que me ha hecho incluso sentir el ruido de los cascos de los caballos sobre la tierra, el sonido metálico de espadas, de las cotas de malla, de las saetas al impactar en los escudos…

“Resultaba asombroso, pensó Ruy Díaz, lo que esa clase de gente podía hacer, o soportar, o sufrir, por una soldada y un pedazo de pan. Eran hombres sencillos, capaces de matar sin remordimientos y de morir como era debido.”

Los diálogos son en su mayoría chulescos, secos y en ocasiones pueden parecer desdeñosos pero no irrespetuosos, y en ellos parece haber un interés en que el Cid remate las conversaciones con un ingenio, machada o una sentencia (a veces sabia, otras peliculera) para quedar por encima del otro.

En definitiva, Sidi se lee con muchísimo interés, de carrerilla. Emociona y entretiene y molaría que tuviera continuación (aunque Pérez-Reverte ya ha dicho que nanay). Un libro con el que se puede aprender algo de la Historia de España, de cómo fue y no como quieren hacernos creer algunos mangarranes con intereses partidistas.

“–No es fácil mandar, Tello Luengo.
–No siempre es fácil obedecer, señor.
–Lo sé… Por eso es un honor mandar a hombres como tú. ¿Alguna cosa más?
Brillaban los ojos del otro, reconfortado de orgullo.
–Deseadme que muera bien.
–Adiós, soldado.
–Adios, Sidi.”

Un Cid que muy seguramente no sea un fiel retrato de cómo fue, pero un Cid que es el de Pérez-Reverte.

--

'Sidi', de Arturo Pérez-Reverte
Soraya - cronicasliterarias.com - 17/10/2019

'Sidi' es la nueva novela de Arturo Pérez-Reverte donde cierto narrador nos relata en forma de aventura lo que pudo ser la vida durante el exilio del gran general Rodrigo Díaz de Vivar. Un hombre que desde que nació estuvo destinado a la guerra. Aquí lo conoceremos como Ruy Díaz o Sidi…

De la vida del Cid y de su época nos ha llegado poca información. Por lo tanto, estamos ante una obra donde se juntan hechos reales, ficticios y mucha leyenda. Y aunque los diálogos obviamente son inventados en verdad bien podría haber ocurrido así. He disfrutado a rabiar sus conversaciones con el Conde de Barcelona al que el Cid hizo prisionero en dos ocasiones. El autor nos sitúa al comienzo en la frontera del río Duero. Debemos recordar que la Reconquista se hizo por líneas y durante un tiempo siguió más o menos el camino de dicho río. Allí, en tierra de nadie, se encuentra nuestro protagonista junto a noventa y siete hombres unidos a él por vínculos familiares o de vasallaje. Aunque todavía queda mucho para acabar siendo legendario y heroico, ya por entonces era conocido y temido. Los burgueses de Agorbe le habían pagado para que persiguiera una partida mora.

Entretanto, sus recuerdos van hacia un pasado difícil de olvidar. Sabremos de cuándo Alfonso VI fue alzado rey. Dicen que el Cid le obligó a jurar que no había tenido nada que ver en el asesinato de su hermano por tres veces en Santa Gadea. De ahí el rencor del nuevo rey y el destierro. Por supuesto, eso son cosas de los cantares de entonces. Su memoria también traerá de vuelta al rey al que más unido estuvo, Sancho III. Y cómo no, momentos para su propia mujer Doña Jimena y sus dos hijas Elvira y Sol. Sigue el relato en la época en que estuvo al servicio del régulo de la taifa de Zaragoza, al-Mutámid. Podremos leer una historia muy emotiva de un soldado capturado. Continuará con una batalla donde comprenderemos por qué era considerado el mejor táctico-bélico de su tiempo. También asimilaremos que al final ni rey, ni reinos, uno acaba luchando sólo por su vida y que una batalla a veces se pierde si uno mismo la da por perdida.

Mucho se ha dicho sobre que el Cid fue simplemente un mercenario. Yo digo que no es verdad. Y el autor prácticamente piensa lo mismo. Cosa que me agrada, todo hay que decirlo. No veo un mercenario. Estaba en el exilio con su mesnada, ¿qué iba hacer? Mercenario hubiera sido si se hubiera desnaturalizado de su rey para irse a luchar con otros. Pero él abogaba por el exilio. Tenía decisión, iniciativa y capacidad militar sobrada. No necesitaba de rey ni de nadie, lo demás vino por sí solo. Pero lo que Arturo Pérez-Reverte quiere contarnos por encima de todo esto es, que fueron hombres fuertes y valientes. Que aunque lucían sus cuerpos entumecidos y llenos de cortes, sus caras no eran amargas. Al igual que el pico de la montaña reconfigurado por los glaciares y el viento, estos hombres aceptaron, se adaptaron y persistieron ante la lucha y las adversidades. Sabían íntimamente cómo la muerte paga las deudas en su totalidad. A veces, era la única forma de salir de debajo de ella. Se santiguaban con las manos ásperas, ante la comida y la batalla. Eran hombres crueles porque la vida era cruel. Nada de esto les impidió ser ellos mismos. Dicen que nadie muere con dignidad, pero estos hombres sabían morir con honor.

Me ha encantado, maravillado, emocionado, si alguna vez llegué a imaginármelo en persona, es tal y como lo contó Pérez-Reverte. Ambicioso, duro, compasivo, pero sobre todo fiel a los suyos. Jamás rompería su vínculo ni se enfrentaría al rey de Castilla. Eso dice mucho ya en esos tiempos.

Hay libros que no necesitarían ni ser comentados. Éste es uno de ellos. Una historia tremendamente bien escrita. Mis palabras sobran. Las del autor están ahí para vosotros. Un final inolvidable. Una vez más escribo que más que recomendarlo, exijo leerlo.

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Re: 'Sidi' (2019)

Mensaje por Rogorn » Mié Nov 06, 2019 10:30 am

No habrá mejor caballero, y algunos le llaman Cid
Jacinto Antón - elpais.com - 23/10/2019

https://elpais.com/cultura/2019/10/22/a ... 70221.html

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Re: 'Sidi' (2019)

Mensaje por Rogorn » Mié Nov 06, 2019 10:34 am

Arturo Pérez-Reverte y El Cid: El lado 'oculto' del mito
Fernando Baudet - laopiniondemalaga.es - 01/11/2019

Resulta difícil empezar estas líneas sin caer en la repetición de lo que otros vienen diciendo desde que hace unas semanas llegara a las librerías 'Sidi' (Alfaguara, 2019), la nueva novela de Arturo Pérez-Reverte. Y es que sí 'Sidi' es un buen libro, una buena historia de aventuras que le hace a uno tener que limpiarse la cara de arena, sudor y sangre al final de cada capítulo y buscar el descanso bajo una sombra amiga tras cabalgar sin descanso por 50 o 100 páginas de este relato de frontera que cuenta esa parte no tan conocida (sinceramente, yo la desconocía) de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, Sidi Qambitur. Pero, ¿qué podía esperarse de Pérez-Reverte? Investigador incansable y meticuloso, escritor profesional -«trabajo ocho horas al día», afirmaba recientemente- y apasionado de la historia, el cartagenero recoge en casi 400 páginas que dejan con ganas de más parte del primer destierro de esta leyenda de la historia de nuestro país al cual el gran público apenas podrá asociar los nombres de Babieca o Charlton Heston (por la película de Anthony Mann de 1961) y que la lectura de 'Sidi' invita a explorar.

Y es que allá por el siglo XI, cuando El Cid batallaba por Castilla primero al servicio del rey Sancho y, posteriormente, a las órdenes del hermano de este, Alfonso VI, un desencuentro con este último le condenó durante un año al destierro junto a sus fieles seguidores, a su hueste. «Si vos, señor, me desterráis por un año, yo me destierro por dos», recuerda el héroe durante la novela, en palabras de Pérez-Reverte. Baqueteado por su consabida experiencia como corresponsal de guerra y transmisor como nadie de esos valores que siempre caracterizan a sus personajes, el autor de la saga del 'Capitán Alatriste' o de la más reciente 'Falcó', nos transporta con maestría a esa mesnada que campa por Castilla en busca de una tropa de musulmanes que saquea a las buenas gentes castellanas. Nos sentimos, y no es exageración, dentro de ese grupo de hombres que, con armaduras, lanzas y cascos y bajo el ardiente sol, espera ansioso las órdenes de su líder para entrar en combate, sobre todo en una primera parte de 'Sidi', La cabalgada, que muchos han asemejado a un western por aquello del calor, el sudor y esos hombres sin patria que no buscan otra cosa que un buen botín sin más bandera que la propia. Quizá sugestionados por la devoción que Arturo Pérez-Reverte profesa a este género cinematográfico, quién sabe. Lo cierto es que podría ser perfectamente una novela de caballerías en pleno siglo XXI, en el que su autor mezcla a la perfección su experiencia, su particular forma de narrar, la Historia propiamente dicha y terminología y expresiones de la época en un cóctel que invita a dar siempre un sorbo más. Y es que no tenemos que conocer con exactitud qué es un arzón, quiénes son los agarenos, qué aspecto tiene exactamente una aljuba o quién es ese Ruy Díaz si no el propio Cid para permanecer de principio a fin en una historia de hace nada más y nada menos que diez siglos.

Camaradería, coraje, lealtad... todos estos valores que antes hemos apuntado y que, obviamente, están presentes durante toda la novela brillan más que nunca en un pasaje en el que las lanzas están a buen recaudo, las espadas envainadas y los caballos descansando, esperando la llegada de una nueva batalla. La conversación entre Ruy Díaz y Tello Luengo, un soldado de su mesnada condenado a muerte por desobediencia es sencillamente magistral, como lo es también la caracterización de la soldadesca que acompaña al protagonista durante su destierro, en su visita al conde de Barcelona buscando un nuevo señor, en su llegada al reino de Zaragoza para ponerse a las órdenes de al-Mutamán y, cómo no, en el campo de batalla. Diego Ordoñez, Galín Barbués, Minaya... nombres con los que se viaja codo con codo para descubrir que hubo otros caballos antes que Babieca, que la Tizona no fue siempre la espada de El Cid y que no solo derramó sangre musulmana. Nos lo cuenta Pérez-Reverte en 'Sidi', su particular visión de El Cid, de la que ya ha anunciado que no contará por el momento más historias. Lástima, por vida de.

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Re: 'Sidi' (2019)

Mensaje por Rogorn » Mié Nov 06, 2019 10:36 am

El Cid, guerrero antes que leyenda
Arturo Rivera - 24-horas.mx - 05/11/2019

En 'Sidi, Un relato de frontera', la nueva obra del escritor Arturo Pérez-Reverte, la pluma del autor regresa una vez más en el tiempo, tomando como personaje principal a uno de los héroes legendarios de la historia de España, Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid.

Pérez-Reverte, quien ha deleitado a sus lectores con las historias del ficticio Diego Alatriste en el siglo XVII (que arrancan con 'El Capitan Alatriste', publicado en 1996), ahora se remonta aún más atrás, al siglo XI, para retratar a uno de los personajes más famosos entre los relatos de caballeros.

La historia de Rodrigo Díaz de Vivar ha llegado hasta nuestros días a través del 'Cantar del mio Cid' (anónimo), el cantar de gesta que relata las hazañas heroicas del guerrero castellano, condenado por su rey al exilio y obligado a combatir bajo diferentes banderas en una España dividida en diversos reinos cristianos y musulmanes.

El autor toma los primeros años de ese exilio, cuando El Cid (Sidi, en la historia de Pérez-Reverte) y un grupo de leales combate no por gloria u honor, sino por llevarse el pan a la boca, vendiendo la espada hoy a un señor y mañana a otro, desvalijando a los muertos y esclavizando a los desdichados prisioneros.

Al igual que en los relatos del capitán Alatriste, Pérez-Reverte muestra a un hombre marcado por un profundo principio, que es la lealtad al rey. Alatriste lo dice a su pupilo, Íñigo Balboa, durante una rebelión entre los Tercios en Flandes: “Tu rey es tu rey”, mientras que El Cid o Sidi (señor, en árabe andalusí) guarda la disciplina entre sus hombres a la par de un quinto del botín para el rey Alfonso, su monarca.

Sidi es un héroe, pero también un mercenario, pero uno con sus códigos de conducta, que piensa en el botín que arrebatará al enemigo, necesario para comer, beber y mantener a su esposa e hijas en la tierra natal, pero también combate con valentía, imparte justicia entre sus hombres y respeta las creencias de sus adversarios musulmanes.

Es en ese punto donde se encuentran de nuevo semejanzas entre Diego Alatriste y Rodrigo Díaz de Vivar, pues ambos combaten contra religiones diferentes a la católica, el primero en Flandes y el Mediterráneo contra protestantes y musulmanes, y el segundo contra los moriscos que poblaron gran parte de España (y también contra cristianos, estando a sueldo de los moriscos, valga decirlo).

Sin embargo, ambos se separan también, pues mientras Alatriste combate por oficio, sin mostrar un especial fervor religioso, El Cid ora antes de entrar en combate y pide la absolución al sacerdote en caso de caer en batalla, pero también sabe orar en árabe y da a entender que, pese a diferentes ritos, es el mismo Dios quien protege a cristianos y musulmanes.

En fin, quien todavía esté esperando un nuevo relato del capitán Alatriste, sabrá devorar con ansías las páginas de Sidi, Un relato de frontera, que en México llega de la mano de la editorial Alfaguara… ¡Por Santiago, Castilla y Santiago!

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Re: 'Sidi' (2019)

Mensaje por Rogorn » Jue Nov 07, 2019 1:21 am

"Pagamos todavía no haber limpiado elementos contaminados del franquismo"
Eduardo Blanco - europapress.es - 06/11/2019

El escritor Arturo Pérez-Reverte ha lamentado que en España "se está todavía pagando no haber sabido limpiar elementos contaminados del franquismo", que se "apropió de todo cuanto pudo". El autor se ha referido de esta manera a la "apropiación" que entiende se hizo el franquismo de la figura del Cid, protagonista de su última novela 'Sidi' (Alfaguara), que ha presentado en la sede de la Fundación Cajasol en Sevilla en el marco del Congreso de ASALE.

"El franquismo no tenía ideología porque Franco no tenía ideología, era un militar autoritario. Se apropió de todo cuanto pudo, incluido el Cid", ha lamentado Pérez-Reverte, quien ha remarcado que su intención al abordar esta novela era "despolitizar" al personaje. "Quería despolitizarlo y quitarle la camisa azul. Esa apropiación indebida del franquismo hizo que el Cid quedase como patriotero y cierta derecha se apropió luego de su figura y otra izquierda la rechazó", ha señalado el autor de la saga de Alatriste.

Pérez-Reverte también ha aludido al actual momento político en España con ironía, asegurando que vio el debate del pasado lunes con 'interrupciones'. "Me levantaba, vomitaba un rato y volvía otra vez. Así lo ví", ha comentado entre las risas del auditorio. En cualquier caso, ha responsabilizado a la sociedad española de esta situación, puesto que los políticos "son generados" por los propios ciudadanos. "Nos representan y por eso están ahí: cuando veo a los políticos, pienso que salen de uno mismo", ha criticado.

Asimismo, ha señalado al sistema educativo occidental creado por "analfabetos de Bruselas" en el que "todo elitismo es destruido" en los colegios. "Nos están dejando sin élite, se busca elevar el nivel del mediocre y reducir la excelencia", ha concluido.

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Arturo Pérez-Reverte reivindica al Cid y lamenta la falta actual de líderes
Susana C Gómez - diariodesevilla.es - 06/11/2019

¿Cómo habría contado John Ford la historia del Cid? ¿Cómo habría sido un western con Rodrigo Díaz de Vivar como protagonista de un relato fronterizo, lleno de polvo y sudor? Esa fue la pregunta de la que surgió la última novela de Arturo Pérez-Reverte, 'Sidi' (Alfaguara), que ha presentado en el Congreso de Academias de la Lengua Española en una conversación con el periodista Jesús Vigorra y en la que se propuso recuperar al héroe antes de que se convirtiese en leyenda.

A buen seguro al escritor y académico de la RAE le horrorizan tópicos del tipo "el recinto X se quedó pequeño para acoger a Fulanito", pero lo cierto es que el encuentro entre Pérez-Reverte y Vigorra en el patio de la sede de la Fundación Cajasol ha sido hasta ahora uno de los más concurridos del Congreso que acoge esta semana Sevilla. A quienes conozcan al cartagenero tampoco les sorprenderá que su intervención estuviese plagada de términos como "honor" o "lealtad" y referencias a sus muchos años como corresponsal de guerra. De esa experiencia, explicó, se ha servido para retratar al Cid en esta obra "de frontera, en la que se confunden las jergas porque te contagias del enemigo" y en la que hay personajes que se pasan el tiempo mirando lo que les rodea.

"Era importante [en esa época] para sobrevivir, y se nos ha olvidado. Nos pasamos el día mirando pantallas y vemos el mundo a través de esos intermediarios tecnológicos. En otro tiempo mirar el entorno podía significar vivir o morir. El hombre actual ha perdido que esa capacidad es necesaria para sobrevivir y hemos olvidado que el mundo es un lugar hostil". También, apuntó, hemos olvidado los peligros que acechan en las sombras y la noche.

En 'Sidi' hay muchas miradas, mucha noche y también el "caos y la confusión del combate", algo que conoce bien. "Yo soy un novelista normal, de infantería, pero hablo de cosas que he vivido. Javier Marías o Mario Vargas Llosa pueden escribir mejores novelas pero cuentan cosas que no han visto", explicó el autor, que más adelante insistió en que no es "un escritor, un artista; soy un artesano, un novelista profesional que trabaja mucho, que ha ido aprendiendo con los años el oficio". Y, volviendo a la figura del Cid, lamentó que "el franquismo se apropiase de él. Al no tener Franco una ideología -era un fascista autoritario-, fue tomando todo lo que pudo. Eso hizo que el Cid quedase marcado y que cierta derecha se apropiase de él". Uno de los errores de la democracia, a su juicio, fue "no haber sabido limpiar los símbolos manchados por el franquismo".

Pérez-Reverte ha querido "despolitizar" al Cid y al mismo tiempo abundar en ideas presentes en muchas de sus obras, como la importancia de atenerse a un código, el valor, la dignidad, la lealtad (algo que no perdona, dijo, es la deslealtad) o el tener siempre presente que vamos a morir. "Eso nos hace estar más vivos y ser más humanos. La humanidad confortable de Occidente ha olvidado que morir es sencillo y ocultamos la muerte, cuando debemos aceptar el lado oscuro y normal de la vida".

Aunque Vigorra trató de pincharle aludiendo a un personaje catalán de la novela, Pérez-Reverte no picó. Sí se explayó más al recordar que la serie de Alatriste nació como reacción a un libro de Historia de su hija que despachaba el Siglo de Oro en página y media. "Todo el sistema educativo occidental europeo, empezando por los analfabetos de Bruselas, persigue la inteligencia. 'Su hijo pregunta mucho, se queda leyendo en lugar de ir a jugar en grupo...'. Toda individualidad, todo elitismo bien entendido, es destruido en el colegio", sostuvo, y abundó en que el sistema busca "reducir la excelencia al nivel del mediocre, aplastando la inteligencia. No hay más que ver el debate del otro día".

Lógicamente, la referencia de soslayo al debate electoral y a la campaña suscitó algunas risas entre el público y algún comentario más del escritor –perdón, novelista–, que no entiende que en las tertulias de los medios solamente haya periodistas, "no historiadores, científicos o voces autorizadas; la voz de la inteligencia molesta". ¿Y qué opina de la frase "qué buen vasallo si tuviera buen señor"? Antes creía que podía aplicarse a los españoles, pero ya no. "Franco, Fernando VII... están entre nosotros, los hemos generado nosotros. Si estudias la Historia, ves que es una constante, que es lo que nos merecemos tener".

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Ida Vitale, recuerdos de un siglo
Manuel Morales - elpais.com - 07/11/2019

Fue recibida con aplausos y gritos de "¡qué guapa!". La poeta uruguaya Ida Vitale encantó este miércoles a los que acudieron a verla y, sobre todo, escucharla en la Fundación Cajasol, de Sevilla, en el marco del XVI Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española. (...) De la voz delicada de Vitale, se pasó en un segundo al habla firme de Arturo Pérez-Reverte, que llenó el patio de la Fundación Cajasol para hablar de su recién nacida obra, 'Sidi'. "El mundo es hostil", arrancó el creador del Capitán Alatriste, para señalar que el "hombre de hoy ha perdido la mirada para sobrevivir" que tenían el Cid Campeador y sus contemporáneos. El académico rememoró heridas de guerra en los Balcanes y cómo en su nuevo libro cuenta experiencias que ha vivido. Las armas cambian, pero "los impulsos de agresión y supervivencia son los mismos de hace siglos".

La razón de que el Cid haya protagonizado su nueva aventura literaria no está en "ningún oportunismo", señaló. "Estaba viendo La legión invencible, de John Ford y pensé cómo habría contado él la historia del Cid, habría hecho un wéstern". En esos mundos complicados, "donde a veces todo se va al carajo, uno debe agarrarse a tres palabras: amistad, dignidad y lealtad".

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