'Línea de fuego' (2020)

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Rogorn
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Re: 'Línea de fuego' (2020)

Mensaje por Rogorn » Sab Nov 21, 2020 3:20 pm

Frente del Ebro: La guerra según Pérez-Reverte
Rafael Narbona - zendalibros.com - 21/11/2020

España es un país de hombres y mujeres temperamentales, espíritus libres y apasionados que detestan morderse la lengua o reprimir sus emociones. Quizás eso explica su propensión a lo que se ha llamado «energumenismo», una categoría donde se incluyen nombres tan notables como Unamuno, Baroja, Bergamín, Cela o Rafael Sánchez Ferlosio. No empleo el término «energúmeno» con un carácter despectivo. Para mí, no es sinónimo de arbitrariedad, intolerancia o vesania, sino de una convicción sincera que no excluye el diálogo. Los energúmenos no siempre se llevan bien entre ellos, y algunos son más civilizados que otros. Pienso en Unamuno, con sus adhesiones y rupturas, sus paradojas y contradicciones, sus arrebatos y sus arrepentimientos. Es la quintaesencia del genio hispánico. Nunca le he considerado un histrión, sino un escritor que hizo visibles sus conflictos interiores, mostrando una sinceridad tan descarnada como la de Rousseau o san Agustín. Creo que Pérez-Reverte pertenece a este club —no sé si selecto o maldito—. Siempre está en la línea de fuego, aceptando los riesgos que eso conlleva. La prudencia y el cálculo no entran en sus planes. No es un fanático, sino alguien que defiende con ardor sus opiniones. Quizás por eso se ha atrevido a acometer una nueva temeridad, escribiendo una novela sobre la batalla del Ebro, titulada 'Línea de fuego'. No ha elegido la neutralidad, ni la equidistancia, sino la única beligerancia razonable: tomar partido por esa Tercera España que defendió con tanta valentía Manuel Chaves Nogales, distanciándose con idéntico fervor de fascistas y comunistas, reaccionarios y revolucionarios. Su apuesta ha cuajado en una novela extraordinaria, donde la agilidad narrativa convive con hondas reflexiones sobre el ser humano, la guerra, la amistad y el compromiso. Línea de fuego es un poderoso fresco sobre una de las mayores tragedias colectivas de un país que desea vivir en paz, honrando a todos los caídos en esa hora trágica. Añade una página esencial a la literatura sobre la Guerra Civil, mostrando que el hábitat natural del hombre no es el blanco ni el negro, sino un gris repleto de matices.

Pérez-Reverte nunca ha ocultado su admiración por Chaves Nogales, al que ha calificado como «el mejor periodista español del siglo XX». Ante el actual cuadro de crispación de nuestra vida política, ha recomendado leer el prólogo de 'A sangre y fuego' (1937), una lección magistral sobre ética e historia que escarnece mitos y consignas, señalando la miseria de las ideologías que utilizan la retórica para maquillar su deseo de exterminar al adversario. Chaves Nogales se define a sí mismo como «un pequeño burgués liberal». Su trabajo como periodista le hizo viajar a Moscú y Roma, revelándole que comunismo y fascismo oprimían a los trabajadores con la misma ferocidad. Su liberalismo le impidió entusiasmarse con el mito de la revolución, ya fuera proletaria o nacionalsindicalista: «Antifascista y antirrevolucionario por temperamento, me negaba sistemáticamente a creer en la virtud salutífera de las grandes conmociones». Sin miedo a irritar a los supuestos libertadores de los pueblos, el periodista sevillano afirmaba: «Todo revolucionario, con el debido respeto, me ha parecido siempre algo tan pernicioso como cualquier reaccionario». Chaves Nogales describe el fascismo y el comunismo como los dos rostros de una nueva peste fabricada en «los laboratorios de Moscú, Roma y Berlín». Esa plaga ha sembrado la semilla de la crueldad y la estupidez, desatando odios cainitas. Desde que España se partió en dos bandos, los idiotas y los asesinos han proliferado con idéntica feracidad en ambos lados. Sin saber quién vencerá, Chaves Nogales sostiene que el triunfador no será un político, sino un caudillo que utilizará la violencia para conservar sus privilegios. La sangre, lejos de interrumpirse, seguirá fluyendo, anegando un país donde las trincheras continuarán abiertas para disparar contra todo el que opine de otro modo. Al comienzo de la guerra, Chaves Nogales escribió artículos y editoriales a favor de la República, pero cuando el gobierno se trasladó a Valencia, se exilió en París para preservar su independencia y no ser fusilado por cualquiera de los dos bandos, que ya le habían incluido en sus listas: «Yo he querido permitirme el lujo de no tener ninguna solidaridad con los asesinos. Para un español quizá sea éste un lujo excesivo».

Pérez-Reverte ha incurrido en el mismo lujo, atrayéndose la ira de los que han sentido cuestionado su canon de la Guerra Civil. Durante décadas, soportamos la versión del bando triunfador, que hizo lo que pronosticó Chaves Nogales: defender su éxito con un cuchillo entre los dientes. Ahora, sufrimos la versión no ya del bando perdedor, sino de los que intentan obtener réditos políticos manteniendo vivas las heridas. Es indiscutible que las familias de los represaliados del franquismo tienen derecho a recuperar los restos de sus seres queridos, sepultados en cunetas y fosas clandestinas, pero eso no debería abrir la puerta a que ahora «nos vuelvan a contar la guerra desde la otra beligerancia, desde las otras mentiras», como advirtió Julián Marías, víctima de la represión franquista. Creo que Pérez-Reverte coincide con Marías en que «la única manera de que la guerra civil quede absolutamente superada es que sea plenamente entendida». Aquella tragedia debe quedar «detrás de nosotros, sin que sea un estorbo que nos impida vivir». ¿Significa eso blanquear el franquismo? ¿No se puede decir que en Madrid funcionaron más de doscientas checas y que en la retaguardia republicana se cometieron incontables crímenes, como ha documentado Fernando del Rey, el último Premio Nacional de Historia, en su obra Retaguardia roja: Violencia y revolución en la guerra civil española? Señalar que los falangistas, los requetés y los regulares también eran seres humanos capaces de acciones nobles no significa ensalzar la dictadura, sino constatar que la fibra moral de los españoles sobrevivió incluso en los peores escenarios de la contienda. A Pérez-Reverte le trae sin cuidado la corrección política y no le preocupa ser intempestivo. Sabía que Línea de fuego despertaría la cólera de los que no toleran que se ponga en tela de juicio su interpretación de la Guerra Civil. Sus previsiones se han cumplido. De nuevo le han llovido lindezas, acusándole de «fascista», «misógino», «belicista» y otras majaderías. De paso, se ha cuestionado el mérito literario de la novela. Creo que esa andanada, que evoca el clima de histeria de los linchamientos, carece de justificación. La bilis ha prevalecido sobre la razón; el improperio sobre el juicio objetivo.

'Línea de fuego' es una novela excelente, con el aliento de las grandes epopeyas y la humildad de los ejercicios más sinceros de autocrítica. A pesar de su longitud, sostiene el interés del lector con personajes de profunda y creíble humanidad. Los diálogos no son artificiales. Los personajes no se despeñan por un coloquialismo afectado ni incurren en discursos moralizantes. El relato de la batalla del Ebro revela un riguroso conocimiento de la historia, pero sin caer en esa erudición incompatible con un ritmo vertiginoso, capaz de recrear unos días de furia, rabia y confusión. La prosa ágil de Pérez-Reverte siempre deja una esquina al lirismo, pero sin esteticismos gratuitos. Las escaramuzas sobrecogen y los personajes conmueven. Pienso en Patricia Monzón, a la que sus compañeros llaman Pato, una operadora de transmisiones que lleva a la espalda una pesada mochila con un emisor-receptor. Antigua empleada de Telefónica, los crueles bombardeos de Madrid pusieron patas arriba su vida, obligándola a tomar una postura. Tras leer la propaganda marxista, se afilió al Partido Comunista. Es de las pocas mujeres que participa en la ofensiva del Ebro. No es una miliciana que pose ante las cámaras con un fusil, intentando conquistar simpatías, sino una mujer valiente que quiere aportar su granito de arena. Sus convicciones son firmes, pero no es una fanática. Escuchar y presenciar algunas cosas le hace cuestionar las simplificaciones de las obras de propaganda. Vivian Szerman, corresponsal de 'Vanity Fair', no es un personaje menos intenso que Pato. No se arruga con facilidad y contempla los hechos desde una perspectiva libre de filtros ideológicos. No es una mujer atractiva, pero su presencia en el frente enciende las fantasías de hombres que no saben si habrá un mañana donde gozar y reír. Lejos de acobardarse, asume grandes riesgos para escribir una crónica fiel de lo que sucede en el campo de batalla. Los que han acusado a Pérez-Reverte de machista deberían familiarizarse con estos personajes, donde despunta la dignidad de la mujer, sin la necesidad de utilizar estereotipos que falsean la realidad.

Pérez-Reverte también dignifica a los marroquíes de los tabores de regulares. Selimán al-Barudi no titubea a la hora de fusilar o desvalijar a los muertos, pero es un amigo fiel que cuida del soldado Ginés Gorguel, dominado por el pánico y cuyo único anhelo es sobrevivir. Se ha demonizado a los regulares, sin reparar en que esa forma de proceder escondía una buena carga de racismo. Violadores, asesinos, bárbaros sin entrañas, los moros de Franco han sido despachados como presunta escoria. Pérez-Reverte se atreve a destacar que también eran humanos y que poseían virtudes como el coraje, la lealtad y el sentido de la amistad. La mayoría se alistó huyendo de la pobreza y conservó las costumbres de su cultura rural, donde aún no circulaban los valores de las grandes urbes occidentales. Sin preocuparse por los tópicos y la leyenda negra sobre la Legión, Pérez-Reverte compone un retrato conmovedor del alférez provisional Santiago Pardeiro, que ha asumido sin deshumanizarse su condición de «carne de cañón». Combate en primera línea, adelantándose a sus hombres y sin ignorar su condición de candidato a difunto, pues casi todos los alféreces caen a los pocos días en el frente. En la lucha cuerpo a cuerpo se emplea con dureza, pero cuando los adversarios se rinden respeta sus vidas. Se muestra muy afectuoso con Tonet, un niño de unos diez años que se ha unido a los legionarios, guiándoles por un terreno que conoce como la palma de su mano. Pardeiro intenta retirarlo de la línea de fuego, pero el niño, que sueña con ser legionario, aparece una y otra vez, con una mezcla de obstinación y temeridad no exenta de ternura. Los requetés del Tercio de Montserrat también combaten con nobleza. Disciplinados, valientes y religiosos, nunca rehúyen el peligro y respetan a los prisioneros. Los falangistas son menos escrupulosos. Algunos —como Saturiano Bescós, un pastor enrolado en la XIV Bandera de Falange de Aragón— son buenos soldados que tratan con honor al enemigo vencido; otros —como el teniente Zarallón— disparan a la cabeza de los oficiales rojos que se han entregado, dejándose llevar por el odio, pues mataron a su hermano por la espalda cuando colgaba en las calles carteles de Falange.

Los anarquistas son buenos combatientes. Desprecian los galones, pero nunca escabullen el bulto. El dinamitero Julián Panizo asume misiones suicidas, enfrentándose a los carros blindados con cartuchos de dinamita y no deja atrás a los «biberones» que combaten a su lado, como Rafael, un muchacho de dieciocho años. El mayor de milicias Emilio Gamboa no se preocupa menos por sus hombres. No le importa arriesgarse a ser acusado de traición por increpar a los mandos que contemplan la guerra desde lejos, enviando al piquete de ejecución a los desertores, casi siempre pobres desgraciados dominados por el miedo. Pérez-Reverte destaca que hay mucha miseria en el campo de batalla, pero también afloran los gestos heroicos, los sacrificios y el compañerismo. Nos dibuja un panorama donde no caben los maniqueísmos, ni las consignas ideológicas. Su perspectiva es la de un humanista que intenta comprender, no condenar; razonar, no abominar. Desde mi punto de vista, Línea de fuego debe leerse como una contribución a la causa de la Tercera España. Podría ser una lectura complementaria de la obra completa de Chaves Nogales, que ahora publica Libros del Asteroide, reuniendo por primera vez en una única edición de cinco volúmenes todos los escritos literarios y periodísticos de los que se tiene conocimiento hasta la fecha. Al igual que Chaves Nogales, Pérez-Reverte denuncia la barbarie de los dos bandos. En ambas retaguardias se cometen toda clase de iniquidades. El dinamitero anarquista Juan Panizo se cruza con un herido que agoniza, llamando a Dios y a su madre. Olmos, su compañero, le propone rematarlo. Panizo replica que mata fascistas, pero no los asesina: «Para eso están los hijos de puta de nuestra retaguardia… Los milicianos que defienden a la República en los burdeles y los cafés». Olmos asiente y añade: «Es lo malo de estas guerras. Que oyes al enemigo llamar a su madre en el mismo idioma que tú, y como que así, ¿no?… Se te enfrían las ganas». El hombre puede ser una bestia despiadada, pero también es un animal compasivo. Cada combatiente obra por motivos distintos. Unos por Cristo, otros por el proletariado. Muchos son honestos y consecuentes. Otros, cobardes, mezquinos y oportunistas. A mayor fiereza ideológica, menor respeto hacia el adversario. Los españoles son reacios a la disciplina y la obediencia, pero suelen tener un gran corazón, lo cual no evita los raptos de barbarie, casi siempre fruto del anhelo de venganza. En casi todos hay una aristocracia natural, como la del oficial carlista Pedro Coll de Rei. Su aspecto es sumamente valleinclanesco: boina roja, barba cuidada, notable altura y un bastón de paseo convertido en bastón de mando. Capaz de luchar cuerpo a cuerpo y enfrentarse a las balas con imperturbabilidad, cuando el enemigo se rinde le tranquiliza, diciéndole que bajo sus órdenes no se fusila a prisioneros. No se trata de una promesa huera. Ordena que se destruyan los carnets de los hombres capturados para protegerlos de posibles represalias.

Lejos de exaltar el franquismo, Pérez-Reverte habla de los bombardeos de Madrid, que se saldan con niños y mujeres reventados en las aceras o enterrados bajo los escombros. Eso no le impide hablar de los crímenes del otro lado, donde se caza a los sacerdotes como conejos o se fusila por ir a misa, como le sucedió al yerno de Manuel García Morente. Pese a la indignación con que censura estos comportamientos, Pérez-Reverte no cae en un estéril pesimismo. Los españoles son «valientes hasta la locura y orgullosos hasta el disparate». Los extranjeros tampoco son mala gente. Algunos son aventureros alistados a la Legión; otros, comunistas que combaten en las Brigadas Internacionales. Todos son retratados como seres humanos, eludiendo la caricatura deshumanizadora. Ese respeto se refleja en escenas particularmente conmovedoras, como el intercambio de cigarrillos entre enemigos que deponen las armas unos instantes para relajarse con un placer elemental. No es menos patético el alumbramiento de un niño que impulsa un alto el fuego por respeto a la madre y a la vida que viene en camino. Estas escenas no son concesiones sentimentales, sino manifestaciones de fe en el género humano, donde siempre hay una brizna de magnanimidad y un sincero deseo de paz. Estoicos, fatalistas, los moros de Franco también sueñan con volver a casa y lloran al evocar su niñez. En la guerra todos pierden. «No hay nada bello y romántico en un soldado muerto —escribe Pérez- Reverte—. Eso queda para las pinturas de los museos, los versos de los poetas y la demagogia de los políticos. La realidad inmediata sólo es carne muerta, carroña pudriéndose al sol». La demagogia está en los dos bandos. Gil Robles pide que los malos españoles sean pasados por las armas, y Largo Caballero afirma que el lugar de la mujer está en la cocina, la fábrica y los hospitales. Muchos soldados son indiferentes hacia las consignas de unos y otros. Combaten en el lugar que les ha tocado. Y los que se han alistado voluntariamente a un bando muchas veces titubean, pues no es fácil matar a un compatriota, especialmente cuando se repara en que detrás de cualquier soldado hay una madre, una mujer o tal vez unos hijos. Disparar no significa matar a un hombre, sino destruir a toda una familia.

En algunos pasajes de la novela, se advierten ecos shakespeareanos. «Estamos perdidos en un mundo absurdo», dice Pato. «El sueño de un dios borracho y cruel», contesta el capitán Bascuñana. «Los dioses han muerto. Estamos aquí para que la humanidad tome conciencia exacta de esa verdad histórica», concluye la miliciana. Pérez-Reverte no minimiza en ningún momento la estrategia de terror de los sublevados: «Matan con método», comenta Tabb, el periodista inglés. «Ejecutan una carnicería sistemática con objeto de aterrorizar y desgastar». Vivian, la periodista estadounidense, apunta que la retaguardia es el escenario de las peores vilezas: «Asombra tanta nobleza en los que luchan y tanta vileza en los que están lejos del frente». Tras perder a la mayoría de sus hombres, Gamboa, jefe de milicias, comenta desolado: «Ya no es una guerra de exterminio, sino una guerra donde le ven la cara al enemigo; donde a veces descubren que es del mismo pueblo que ellos y compraba tabaco en el mismo estanco». Línea de fuego nos pide que no hagamos un ajuste de cuentas con el pasado, sino que comprendamos el sufrimiento de todas las víctimas de la Guerra Civil. Como dijo Julián Marías, unos fueron «justamente vencidos»; otros, «injustamente vencedores». Pérez-Reverte nos pide que superemos la polarización derechas-izquierdas que dinamitó la convivencia en los años previos a la guerra. No podemos volver a dividir el país en dos bandos, identificando al otro, al que piensa de modo distinto, con el mal absoluto, pues ese es el primer paso para deshumanizarlo hasta el extremo de justificar su eliminación física. Hay que mirar al futuro con sentido de la responsabilidad, buscando fórmulas integradoras basadas en el diálogo y el consenso. Es necesario ponerse en el punto de vista ajeno, comprendiendo que la política solo funciona cuando no se considera al adversario un enemigo, sino un interlocutor digno de respeto. No valen las recetas mágicas que nos eximen de pensar. Es absurdo hablar a estas alturas de «asaltar los cielos» o de «hacer grande otra vez a España». Ese camino solo nos lleva al envilecimiento.

Durante un tiempo, creí —y suscribí— las mezquindades que circulaban sobre Pérez-Reverte, pero un breve encuentro con él en el Café Gijón me reveló que mis apreciaciones eran muy injustas. Me encontré con una persona cordial y sencilla, sin una pizca de agresividad o rencor. Pasional, sí, pero es un rasgo muy español, y no advierto nada malo en una actitud que revela valentía, independencia de criterio y vocación de compromiso. Tardé en leer sus libros —no lo había hecho hasta entonces— y mi opinión sobre su obra cambió definitivamente. Empecé Los perros duros no bailan, pero el sufrimiento de los canes que circulaban por la novela me resultó insoportable. Tengo varios perros y me afecta mucho la crueldad que muestran algunos humanos con los animales. Interrumpí la lectura y pasé a Hombres buenos, que me deslumbró. No dudo que será un clásico el día de mañana. Pérez-Reverte no es fascista, ni machista, como dicen sus enemigos, sino una especie de Dumas que ha pasado por el gabinete de Voltaire. Su prosa se inscribe en la mejor tradición del realismo español, con destellos cervantinos y galdosianos. Línea de fuego es una gran novela que molestará a muchos, pero la verdad casi siempre es incómoda e intempestiva. Celebro que en nuestro país aún queden escritores que no se dejan intimidar por la «imbecilidad organizada» de las redes sociales, por utilizar una expresión de Javier Marías. Siempre he sentido curiosidad por la amistad entre Pérez-Reverte y Marías. No sé si cultivan «una de esas amistades inglesas que empiezan por excluir la confidencia y que muy pronto omiten el diálogo» (Borges), pero no tengo ninguna duda de que encarnan los valores de la España defendida por Chaves Nogales, caracterizada por «un odio insuperable a la estupidez y la crueldad».

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Re: 'Línea de fuego' (2020)

Mensaje por Rogorn » Dom Nov 29, 2020 4:18 pm

'Línea de fuego', de Pérez-Reverte
Julio Patán - heraldodemexico.com.mx - 29/11/2020

La batalla del Ebro es la que, por sí sola, más nos dice de la Guerra Civil Española. Lo dice, porque en ella chocaron los dos bandos con el que fue un rasgo distintivo de esa guerra: la sinrazón estratégica. Cuando terminó la masacre, hacía muchas semanas que no tenía sentido práctico alguno seguir en ese empeño. Pura obcecación; puro orgullo torero, al precio de 20 mil muertos. Lo es por la violencia con que se aplicaron unos y otros: la violencia en el campo de batalla, en la purga y en el asesinato de prisioneros. Y lo es, sobre todo, porque en ella participaron todas las facciones que intervinieron en esa guerra con mil caras y mil aparatos ideológicos.

La última novela de Arturo Pérez-Reverte, ambientada ahí, en la batalla del Ebro, es, en primer lugar, eso: un retrato o más bien una recreación de sus actores, los soldados de a pie. Esa característica convierte a 'Línea de fuego', de entrada, en una novela muy de su autor, en cuya obra (piensen en la serie de Alatriste, piensen en 'El húsar') abundan esos personajes: gente humilde, arrastrada a la guerra a veces por las ideas, pero más a menudo por la necesidad o la obligación. Y gente compleja, es decir, verosímil. 'Línea de fuego' es un mosaico: la protagonizan comunistas duras y duros, comisarios políticos, asesores soviéticos, requetés, falangistas, legionarios… ¿Buenos? ¿Malos? Buenos o malos según el momento: se permiten la solidaridad y la crueldad, la comprensión y la intransigencia, la valentía y la cobardía. Tonos de gris, que les llaman.

No menos revertiana es la cercanía con que se narra la guerra: las trincheras suenan, huelen, saben. ¿Novela de corresponsal? Sin duda. Es sabido que Pérez-Reverte lo fue durante muchos años y que conoce la guerra de primera mano. Pero muchos viven la guerra y ningún otro la cuenta así. Y es que 'Línea de fuego' es literatura bélica en plenitud de forma, con ese contrapunteo entre la épica y la anti épica que te encuentras en Vida y destino de Vasily Grossman, en 'Guerra y paz', o en nuestra literatura de la Revolución. La última parte de la novela, en la que los protagonistas hacen la embestida final contra la posición que han intentado ocupar durante todo el libro, es vértigo puro.

'Línea de fuego' ha provocado una polémica que no sorprende, porque los atavismos ideológicos no tienen caducidad, pero que debería estar superada, a 81 años. ¿Polémica entre quiénes? Entre Pérez-Reverte y los tantísimos hijos de la eterna militancia, de un bando y el otro. Ese acercamiento comprensivo y empático al español de a pie no dejó contentos a lo que creen que cuando de la Guerra Civil se habla, hay que tomar partido a gritos, como en un partido de futbol. Eso, sobra decirlo, no hace ni buena Historia ni, sobre todo, buena literatura, que es la batalla elegida por Pérez-Reverte.

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Re: 'Línea de fuego' (2020)

Mensaje por Rogorn » Sab Dic 05, 2020 9:20 am

Pérez-Reverte regresa a la guerra
Fernando-Alonso Ramírez - lapatria.com - 05/12/2020

Antes de ser el famoso escritor que es, Arturo Pérez-Reverte fue un importante corresponsal de guerra durante dos décadas. Ese trabajo es el que le da pergaminos de sobra para meterse a narrar en casi 700 páginas la batalla más sangrienta de la Guerra Civil Española y de cualquier otra guerra en ese territorio. 'Línea de fuego' trata de la batalla que se libró en el Ebro entre finales de julio y comienzos de agosto de 1938 y que dejó, se calcula, unos 20 mil muertos de ambos bandos.

Fue el periodista y novelista Víctor Diusabá Rojas quien contó, al presentar su libro 'Los beatos mueren a las cinco', que se calcula que sobre la Guerra Civil Española se han escrito unos 15 mil libros, y este de Pérez-Reverte entra a formar parte de esa literatura, aunque en la solapa se hable de que es una novela sobre los hombres y mujeres que combatieron en ella y no sobre la guerra. Decirlo es fácil, pero claramente es una obra que ahonda en ese momento clave de las definiciones de una nación que se construía y en las que hubo serias diferencias, además de intereses internacionales. España fue el laboratorios para la Segunda Guerra Mundial, e incluso para la Guerra Fría, pues en ese país se congregaron todas las ideologías para dar las batallas que vinieron después en varias latitudes. Es una obra que no toma partido y que intenta explicar desde las posiciones de los protagonistas lo que sucedía en ese momento, en el que al final los muertos en su mayoría eran españoles, pero los hubo también de varias nacionalidades, en favor y en contra, de ambos bandos.

80 años después de ocurridos los hechos del Ebro, Pérez-Reverte reconstruye los pasajes con base en testimonios de sobrevivientes que quedaron para la historia, en investigaciones personales y toma prestados los nombres de personas de carne y hueso que efectivamente batallaron allí, pero hace lo mejor que sabe, los monta en la ficción para explicar de mejor manera lo que allí sucedió. Por momentos, sentí el tono de 'Sidi', la novela en la que rinde homenaje al Cid, porque hace énfasis en la humanidad de los que allí están y en tratar de explicar al hombre y sus circunstancias, también a las mujeres que se hicieron presentes en esa guerra. Al tiempo, el libro trasciende de las anécdotas personales para hacernos una radiografía de los intereses que se movían, de lo que buscaba Stalin con la Internacional o el propio Franco que aprovechaba a los marroquíes en sus filas, así no le rezaran al mismo Dios que impuso a rezo y bala luego. Nos muestra lo que saca la guerra, lo peor y lo mejor de los seres humanos, y lo hace sin imposiciones morales, sino desde la comprensión de la realidad que debe vivir cada uno en un momento determinado o el que le imponen las circunstancias, vivir o morir o costa de la propia dignidad o de las creencias. Nos lo recuerda en cada episodio.

A veces puede costar seguir la cantidad de nombres, que se incrementan a medida que avanza la novela en las tres grandes divisiones que tiene ('Sombras en la orilla', 'Choque de carneros' y 'Los dientes del diablo'), pero no tanto como para no retomar pronto el rumbo. El epílogo es bien interesante, no como tantos que escriben hoy en día muchos autores para justificarse, sino para dar cuenta de qué pasó con esos personajes de los que tomó prestados los nombres para contar esta novela épica que nos recuerda lo infame de la guerra, y que la peor de estas es la civil, en la que se matan entre los mismos. Es imposible leer esta novela y no pensar en esa guerra de baja intensidad en Colombia, entre colombianos, que sigue sacando lo peor de nuestras guerreristas.

"La terquedad contra la tenacidad, la audacia contra la osadía; y también, justo es decirlo, el valor contra el valor y el heroísmo contra el heroísmo. Porque, al fin, era una batalla de españoles contra españoles", esta frase de Vicente Rojo se destaca entre cinco que escoge a manera de prefacio Pérez-Reverte para su obra, resume perfecto lo que intenta contarnos en estas páginas. Una obra impresionante, con toda la buena escritura de este español de abundante obra.

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Rogorn
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Re: 'Línea de fuego' (2020)

Mensaje por Rogorn » Dom Dic 13, 2020 12:30 pm

'Línea de fuego'
Carlos Bravo Suárez - carlosbravosuarez.blogspot - 06/12/2020

En los últimos años, a este reseñista y lector le entra una cierta pereza cada vez que se publica una nueva novela sobre la Guerra Civil española. Porque puede parecer que es un tema ya agotado, porque la memoria histórica no es únicamente ese periodo –hay otros más cercanos sobre los que se nos invita, sin embargo, con cierto descaro a pasar página– y, sobre todo, porque según quién sea el autor del libro ya se sabe cuál va a ser el tratamiento. Y uno está ya algo cansado de tanto maniqueísmo tópico y simplista. Pero, si el autor de un libro sobre aquel pavoroso drama colectivo es Arturo Pérez-Reverte, la cosa cambia. Y este lector vence la pereza y sus temores más o menos fundados y se lanza a la lectura de un nuevo libro sobre la Guerra Civil, aunque la novela tenga más de setecientas páginas. Y lo hace porque, al contrario que un buen número de sus colegas, este reseñista considera a Pérez-Reverte un magnífico escritor y, sobre todo, porque lo tiene por persona independiente y alejada de los tópicos imperantes, tan manidos y al uso. Y porque está convencido de que el escritor cartagenero va a abordar el tema con la distancia necesaria y alejado de los habituales prejuicios ideológicos tan cansinos como lastrantes.

Y tras leer el libro comprueba satisfecho que sus expectativas se han cumplido y que ha devorado en pocos días 'Línea del fuego', la última novela de Arturo Pérez-Reverte, en la que se aborda la trascendental Batalla del Ebro de julio de 1938 desde un enfoque abierto y desde los puntos de vista de un elenco equilibrado de personajes que pertenecen a los dos bandos enfrentados. Como otros libros del autor (en especial, 'El asedio'), 'Línea de fuego' es una novela histórica, es decir, un relato inspirado, y muy bien documentado, en sucesos reales, pero con unos personajes y otros elementos narrativos de ficción que, aunque se acerquen a los reales en su verosimilitud, han sido inventados por el novelista. En este caso, el hecho histórico novelado es la Batalla del Ebro, de la que, de los cuatro meses que duró el sangriento combate, se narran solo diez días de aquel caluroso y crucial julio de 1938. Aunque casi todos los lugares geográficos que se citan son reales (El Fayón, Gandesa, etc), la acción se sitúa en la ofensiva republicana sobre el imaginario pueblo de trescientas casas de Castellets del Segre, situado casi en la raya entre las provincias de Zaragoza y Tarragona. La encarnizada ofensiva y defensa, conquista y reconquista de algunos puntos estratégicos del lugar centra la acción bélica de la novela.

Como personajes principales del intenso y documentadísimo relato bélico, el autor elige a ocho combatientes, cuatro de cada bando, que van alternando sus apariciones. Personajes, incluida alguna mujer, de diferentes edades y condiciones, que proceden de lugares diversos y que están allí por muy distintas motivaciones, unos porque son comunistas o falangistas convencidos, otros porque han sido movilizados y obligados a ir al frente por encontrarse en un lugar u otro del país al inicio del conflicto. Alrededor de estos ocho personajes principales, giran unos cuantos más siempre en equilibrado reparto entre ambos bandos, si bien encontramos algunos periodistas extranjeros que cubren la batalla sobre el terreno. Estos personajes principalmente actúan, pero también tienen tiempo para reflexiones e introspecciones de tipo ideológico o incluso sentimental.

Como es habitual en las novelas de Pérez-Reverte, tampoco en esta falta un personaje altoaragonés. En este caso, Saturiano Bescós, un joven de 20 años natural de Sabiñánigo, alto y grande, analfabeto y pastor del Pirineo, excelente tirador, que está con los falangistas porque tanto a él como a otros mozos de la zona los pusieron un día en un camión y los llevaron al frente. Pero conviene tal vez poner el énfasis en el enfoque desde el que se cuentan los hechos. Y hay que decir que, aunque obviamente es el autor el que lo selecciona y supervisa todo, son los propios personajes quienes opinan y nos cuentan lo que va sucediendo desde sus propias intervenciones. Y es esa sucesión de relatos desde la perspectiva de cada uno de los personajes, con el salto continuo de unos a otros y de un lado al otro de la trinchera, lo que hace que el libro, a pesar de sus más de setecientas páginas, no se haga largo en absoluto sino todo lo contrario. Además de la minuciosa documentación sobre armamento, vestimenta y múltiples detalles, hay en la novela momentos de todo tipo: dramatismo, humor, aventura, compañerismo, dictadura y control ideológico en los bandos contendientes, sentimientos…

No hay aquí espacio para más pero, en mi opinión, y en este tema y con este autor las habrá variadas y contrapuestas, Arturo Pérez-Reverte ha logrado con 'Línea de fuego' una magnífica, y en estos momentos plenamente oportuna, novela sobre nuestro sempiterno y parece que inagotable conflicto civil por excelencia. Una visión que sigue la estela excepcional de antecesores como el gran escritor sevillano Manuel Chaves Nogales y su indispensable “A sangre y fuego”. Y, además, Pérez-Reverte ha puesto por delante en su relato a las personas que a las ideas por las que se enfrentaron.

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Re: 'Línea de fuego' (2020)

Mensaje por Rogorn » Dom Dic 13, 2020 3:01 pm

Pérez-Reverte, corresponsal de la Batalla del Ebro
Antonio Galindo - diariodesevilla.es - 13/12/2020

Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) vuelve a acercarse a su legión de seguidores a través de su nueva novela, 'Línea de fuego', editada por Alfaguara en este mismo año de 2020, donde, fiel a su estilo, traslada la Batalla del Ebro a un frente imaginario mostrando cómo sus eternos valores y principios salen de nuevo a la luz, encarnados ahora en soldados españoles que se enfrentan en la Guerra Civil.

El antiguo corresponsal de guerra retoma los valores de 'El capitán Alatriste', el cinismo de 'Falcó', la epopeya de 'El asedio', la autoridad moral de 'Hombres buenos', la ironía de 'Los perros duros no bailan', la crueldad de la guerra de 'El pintor de batallas' o el racial temperamento español de 'Sidi', para mostrar un compendio de su obra que se va transfigurando como si se tratara de una función teatral donde un solo personaje llevara a cabo múltiples registros en múltiples decorados. En su anterior novela, 'Sidi', nos presenta su visión muy personal del Cid Campeador, construida desde postulados cercanos a su capitán Alatriste, o Falcó, pero con formas más recias y ásperas, donde destacaba su fuerza, astucia, osadía y capacidad de liderazgo, conformando así una visión más realista de un personaje que a fuerza de ser mitificado o denostado quedaba al albur de la historia.

Respecto a la guerra civil española, son numerosas las novelas que inciden en esta temática, como 'San Camilo, 1936' de Camilo José Cela, la serie 'Episodios de una guerra interminable', de Almudena Grandes, 'La noche de los tiempos', de Antonio Muñoz Molina, 'La sombra del viento', de Carlos Ruiz Zafón, 'Réquiem por un campesino español', de Ramón J. Sender, 'Soldados de Salamina', de Javier Cercas, 'A sangre y fuego', de Chaves Nogales, o 'El laberinto mágico' de Max Aub. Tampoco es la primera vez que Arturo Pérez-Reverte se acerca a este tema, ya que en 2015 publicó 'La Guerra Civil contada a los jóvenes', donde expuso la historia reciente de España de manera clara, simple y breve; además de su incursión tangencial en 'El tango de la Guardia Vieja' o 'Falcó'.

'Línea de fuego' no es una novela sobre la Guerra Española sino sobre el horror y la sinrazón de una lucha fratricida, donde como en el 'Duelo a garrotazos' de Goya, dos colosos anclados por sus ideologías se destrozan el uno al otro alimentados mutuamente por la venganza. Pérez-Reverte recrea una batalla a orillas del Ebro en julio del 38, finalizando ya la Guerra Civil. No es una recreación histórica, ni lo pretende, sino un relato de combatientes, donde el dolor rezuma por ambos bandos, donde las balas se oyen, la sangre salpica entre página y página y en cada asalto de trinchera parece que somos nosotros quienes nos arrastramos protegiéndonos de los obuses. Y todo con el foco puesto en las personas, no en las ideologías, donde no hay sitio para la disputa entre lo blanco o lo negro ni lugar para fatuos discursos propagandísticos.

La trama de la novela abarca un conjunto de personajes representativos del escenario bélico de esos años: requetés, falangistas, brigadistas internacionales, comisarios políticos, legionarios, republicanos de toda afiliación, reporteros de guerra, soldados de la quinta del biberón, de los tabores marroquíes e incluso una unidad de transmisiones compuestas íntegramente por personal femenino (una de las pocas licencias que el mismo autor reconoce haberse tomado). Todos ellos unidos por el afán común de sobrevivir en medio de una hecatombe personal donde tanto los miedos como la valentía superan todo lo imaginable, dando la impresión que Pérez-Reverte no pretende resolver ni clarificar el conflicto bélico, sino que la propia lectura nos abra los ojos para reconocernos a nosotros mismos entre sus páginas.

Dos párrafos entresacados de la novela podrían simbolizar esta visión fratricida: "Cuánta desgracia. Cuánto dolor en familias, novias, padres, esposas, hijos. Cuánta fuerza, inteligencia, capacidad de trabajo y promesas de futuro malogradas de modo absurdo en esos trozos de carne inerte que se pudren entre los árboles, y a los que nadie da sepultura todavía". "Es lo malo de estas guerras. Que oyes al enemigo llamar a su madre en el mismo idioma que tú, y como que así, ¿no?… Se te enfrían las ganas".

Y para terminar este artículo, un regalo que nos hace Pérez-Reverte en su web, difundiendo fotos de la guerra enviadas por sus lectores. https://www.perezreverte.com/albumlineadefuego/

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Re: 'Línea de fuego' (2020)

Mensaje por Rogorn » Vie Dic 18, 2020 10:56 am

La guerra de Pérez-Reverte, choque de carneros
Fernando Valls - infolibre.es - 18/12/2020

No viene nada mal otra novela, sea maldita o no, sobre la Guerra Civil, sobre todo si tiene la entidad de la que nos ocupa: 'Línea de fuego', el último libro de Arturo Pérez-Reverte. Los partidarios de las grandes frases se lamentan a veces de que no haya aparecido todavía la gran novela sobre nuestra guerra. Espero que nadie niegue, en cambio, que disponemos de grandes narraciones, ya sea novelas, ya libros de cuentos, sobre el tema. Recordar aquellos que me parecen importantes nos ocuparía un espacio del que no dispongo, pero sí quiero dar algunos títulos y autores que me parecen relevantes, empezando por 'A sangre y fuego' (1938), los cuentos de Manuel Chaves Nogales, el autor del que más cerca se siente Pérez-Reverte; 'Campo de los almendros' (1968), de Max Aub, o su cuento “El cojo” (1938), por solo citar dos ejemplos de 'El laberinto mágico'; 'Madrid, de corte a cheka' (1938), de Agustín de Foxá; las novelas 'Hermano perro' (1942), de Álvaro Fernández Suárez, y el 'Diario de Hamlet García' (1944), de Paulino Masip; 'La fiel infantería' (1943), de Rafael García Serrano; el “Diálogo de los muertos”, recogido en 'Los usurpadores' (1949), de Francisco Ayala; 'La forja de un rebelde' (1943-1946), de Arturo Barea, a quien se alude en la página 390; 'Réquiem por un campesino español' (1953), novela corta de Ramón J. Sender; las 'Primeras historias de una guerra interminable' (1977), de Ramiro Pinilla; 'La trilogía de la guerra civil' (2011), de Juan Eduardo Zúñiga, que recoge relatos de las tres décadas anteriores; los 'Cuentos sobre Alicante y Albatera' (1985), de Jorge Campos; las novelas 'Beatus Ille' (1986), de Antonio Muñoz Molina, y 'Soldados de Salamina' (2001), de Javier Cercas; 'Los girasoles ciegos' (2004), libro de cuentos de Alberto Méndez; 'Enterrar a los muertos' (2004), de Ignacio Martínez de Pisón, y la antología de narraciones sobre la guerra civil que el escritor aragonés recopiló en el 2009, donde se recogen algunas de las piezas citadas. Pero hoy sabemos mucho más de la guerra de lo que sabía la mayoría de los autores que acabamos de citar, por lo que puede y debe contarse de otra manera, de forma más compleja, por ejemplo, humanizando a los contendientes, pero sin olvidar quién la causó y por qué, y qué intereses había detrás de los militares, de la Iglesia, de los hacendados, los burgueses y las clases medias conservadoras, así como de los responsables de la no intervención.

La novela de Pérez-Reverte, cuyo título casi repite el de Benjamín Jarnés, 'Su línea de fuego' (1980), publicada muchos años después de su muerte, relata un episodio de la batalla del Ebro, la toma de Castellets del Segre, un pueblo inventado, a lo largo de diez días, a partir del 24 de julio de 1938, tras los cuales acaba retirándose el ejército republicano. En la realidad, tampoco consiguieron su objetivo de tomar Gandesa, anticipándose de manera simbólica —podría decirse— el final de la guerra, la derrota definitiva. Recuérdese que en la batalla del Ebro, la más violenta de la Guerra Civil, murieron unas 140.000 personas en menos de cuatro meses.

'Línea de fuego', además de ser una novela sobre la guerra civil, me parece que es también un relato sobre las guerras, en el que se muestra la conducta de los soldados en el frente, las relaciones que se establecen en una situación límite, cuando la vida está en juego. En suma, que más que de los grandes episodios, Pérez-Reverte se ocupa de la vida cotidiana de los contendientes de ambos bandos, de las relaciones que entablan los soldados, ya sean jerárquicas, ya de amistad, control o animadversión, e incluso —digamos— sentimentales.

Tampoco falta la emoción, como cuando la sargento Expósito, tan dura y distante, le cuenta a Pato su intervención en otras batallas y la muerte de su compañero en combate. En cambio, la intriga en esta ocasión no estriba en averiguar quién ganó la batalla, pues conocemos el resultado de antemano, sino que consiste en saber qué suerte van a correr en una escaramuza concreta personajes con los que hemos ido familiarizándonos en la narración, como ocurre en un episodio protagonizado por Pardeiro (p. 464). De ahí, en parte, el sentido del epílogo, una variante de los "dramatis personae", en cuyas páginas se cuenta qué fue de los personajes principales que lograron sobrevivir.

'Línea de fuego' es una narración coral, aunque contada por una voz anónima que narra los hechos en presente, mostrándonos las virtudes y carencias de ambos bandos, con numerosos personajes, de quienes a veces se nos proporciona una minibiografía (véase, por ejemplo, la de Olmos, o la excelente de Núria Vila-Sagressa, que no interviene en la acción, pero a quien recordarán algunos contendientes), que van tomando la voz, pasando el punto de vista de un bando a otro, alternándose. Así, oímos a los componentes de la Brigada republicana, pero también a los del Tercio de la Legión (“Son carne de cañón [...]. Eso es el Tercio”, comenta Pardeiro, militar franquista, p. 396) y a los requetés catalanes, católicos y catalanohablantes, pero que luchan por el orden tradicional que representa Franco. Cada uno de ellos nos proporciona su visión de los hechos, aunque hay algo que los iguala: la ferocidad en la lucha, y a veces también la compasión, así como la fe en unos ideales que, sin embargo, van resintiéndose, e incluso resquebrajándose, conforme avanzan los combates, aunque esto resulta más frecuente en el bando Republicano que en el Nacional. Ellos llaman a sus enemigos fascistas o fachistas, o rojos y rogelios.

La novela se compone de tres partes que, a su vez, se subdividen en 6, 7 y 6 apartados, respectivamente, y cada uno de ellos está compuesto por varias secuencias, hasta un total de 106, sin que la proporción entre estas divisiones responda a un orden simétrico. Pero quizás al lector se le impongan, sobre todo, las tres partes y la separación en secuencias. El tiempo y el espacio de la acción aparecen reducidos, comprimidos. Este último es en alguna medida real y también imaginado, situándose junto al Ebro, en la carretera que va de Fayón a Mequinenza, cuyo mapa puede verse a comienzos del libro.

El arranque de la novela lo protagoniza una sección de transmisiones republicana, compuesta solo por mujeres, aunque mandada por un teniente. Patricia "Pato" Monzón y la sargento Expósito, ambas comunistas, tienen casi todo el protagonismo de este grupo, sobre todo la primera, que vive, además, una historia de amor con Bascuñana, un capitán republicano, cuyo creciente escepticismo parece estar cercano al del autor; no en balde se trata de un típico antihéroe reverteano. A este respecto, llama la atención la visión que se nos proporciona de las milicianas, que aquí son mujeres preparadas y con una fuerte conciencia ideológica, lejos de la visión superficial que a veces nos ha proporcionado el cine o la literatura. Aunque el autor se tome la licencia de incluirlas, cuando ya habían sido retiradas del frente. En algunas entrevistas ha insistido, no sin razón, que los auténticos perdedores de la guerra, además del conjunto de la sociedad española, fueron las mujeres y los jóvenes, los movilizados en la llamada "quinta del biberón", quienes la perdieron por partida doble.

A esta pareja habría que añadir la que componen el veterano Panizo y el joven Rafael, en el bando republicano; y en las filas contrarias, el soldado Ginés Gorguel, cuyos constantes intentos de desertar fracasan, y el moro Selimán, extraordinario personaje cuyo antecedente podría ser el Almudena de 'Misericordia', la novela de Galdós. O el joven Tonet, un chico del pueblo, espabilado y valiente, que ayuda a los rebeldes.

Y entre los que peor parados salen están aquellos que sestean, mientras sus compañeros se juegan la vida defendiendo a la República (pp. 656 y 657); los comisarios políticos republicanos, con el Ruso a la cabeza, y la excepción de Ramiro García; así como El Campesino o Hemingway; y en el bando contrario, el teniente Zarallón, que tiene el gatillo fácil.

A la visión de los dos bandos se suman la de los brigadistas internacionales y la de los corresponsales de guerra, dos periodistas y un fotógrafo. Respecto a estos últimos, Tabb y Vivian están inspirados en personajes reales (el autor ha confesado que tiene rasgos de las fotógrafas Gerda Taro, Lee Miller y Martha Gellhorn), mientras que el tercero, Chim, que muere en el frente, puede estar inspirado en Capa y en David Seymour, también llamado Chim, aunque lo mataron en Egipto en 1956, no en nuestra guerra. Su visión del conflicto rompe la dualidad de puntos de vista, en parte ya fraccionada por las disensiones entre los republicanos y por la perspectiva de los brigadistas. Sea como fuere, a menudo sabemos cuándo el autor se vale de alguno de sus personajes para exponer su propio punto de vista.

Pérez-Reverte contrasta la unidad de acción franquista con la división de los republicanos. Por lo general, se muestra partidario de los comunistas y muy crítico con los anarquistas, pero pondera siempre la piedad, el entendimiento, la generosidad y las buenas intenciones, apostando por la reconciliación entre los bandos. Si al final de la guerra no se logró fue por el deseo de los vencedores de exterminar al adversario.

Respecto al estilo y a la lengua, debe decirse que están muy trabajados y responden estrictamente a lo que se desea contar, por ser los más adecuados, sin que falte en alguna ocasión el empeño sentencioso. El relato es, además, un inventario riquísimo de onomatopeyas. El tono, a veces bronco, aparece compensado en otras ocasiones por el humor, al llamar Durruti al podenco que les hace de mascota a los requetés; o cuando Santacreu, orinando con Les Forques, le espeta: “Catalana pirindola nunca riega sola”; en las letras de algunas canciones; en la ironía con que Bascuñana previene a la Valenciana, compañera de Pato, para que no comente ante el comisario que el material de guerra alemán es superior al ruso; cuando Gambo se burla del comisario García, al aludir a “Chuminoski, fámoso táctico bolchevique”; o bien en el pasaje en que Serigot comenta que “todos los ministros han firmado un código de conducta... Primer punto, ganar la guerra. Segundo, no acercarse a menos de diez kilómetros de un frente de batalla. Tercero, no aceptar propinas”; o cuando Gorguel, harto de oír a Selimán ponderar la santidad de Franco, le pregunta: “¿De verdad te crees que Franco es santo?”. Pero el humor también puede llegar a ser macabro, como sucede en el episodio en que se nos muestra una calavera con un clavel seco en la boca.

Algunas expresiones, sin embargo, me parece que resultan anacrónicas. Me pregunto si en 1938 se decía “está de caramelo”, “para nada”, “lo que yo te diga”, que se repite en varias ocasiones, “ya estás tardando”, “la puta horchata”, “alto y claro”, “no hay problema”, “cero patatero” o “¿cómo lo ves?” (pp. 16, 110, 111, 122, 202, 228, 263, 292 y 301). Pérez-Reverte llama la atención sobre la diferencia entre los noticiarios y fotos de la guerra y lo que ocurre en la realidad, pero también se fija en detalles como el anuncio de aguardiente, la media copita de ojén, que asimismo cita Mihura y Cela, en 'La colmena', la canción “Pénjamo”, de José Alfredo Jiménez, que popularizó José Infante, el detente bala o el saludo de los comunistas con el puño en alto. También se cita una gran cantidad de armas, ya sean rusas, alemanas o ya italianas, y que a veces se describe e incluso se detalla su funcionamiento.

Sabemos, a estas alturas, por qué hubo un golpe de Estado en 1936 y quiénes lo propiciaron, pero algunos personajes comentan de manera escueta qué es para ellos la guerra: algo “bello y horrible” (Pato, p. 32); “andar y desandar, correr y esperar” (el mayor republicano Gamboa Laguna, p. 168); “andar, correr, esperar, mojarse, pasar hambre y frío” (el falangista Satu, p. 359); o se refiere a las guerras como “criminales y sucias” (Tabb, el corresponsal, p. 541). Mientras que otros comentan por qué luchan: los nacionales no lo hacen por defender unas ideas políticas, sino contra las ideas de los republicanos (p. 235). Sea como fuere, cada uno suele entender la guerra según su condición social, sin que falten excepciones. Pato, por su parte, está convencida de que van a ganarla “porque la razón y la Historia están de nuestra parte” (p. 353). La novela se detiene además en las penalidades que sufren los contendientes: el polvo, los sudores y olores, el barro, el hambre y la sed, la lucha cuerpo a cuerpo, el miedo...

A los personajes más logrados, a alguno de los cuales ya me he referido, habría que añadir unas cuantas escenas memorables, como la de la mujer que se pone de parto y tiene que ser trasladada de un bando a otro, para que sea bien atendida; la tregua que establecen los contendientes para conseguir agua y paliar la sed; o la escena final de la novela, en la que Bescós y Avellanas, falangistas, le perdonan la vida a dos soldados republicanos que en la debacle final intentan ponerse a salvo. Pero también hay escenas violentas, como el linchamiento del aviador alemán. Hay que decir que el libro está muy bien editado, en tapa dura, y que es un acierto la inclusión en las guardas de unas fotos extraordinarias, además de poco conocidas, junto con las ilustraciones de Ferrer-Dalmau, a quien aparece dedicada la novela.

Ya se había ocupado Pérez-Reverte en varias ocasiones de las guerras, y en concreto de la Guerra Civil española, en un libro del 2015 dedicado a los jóvenes, que algunos contestaron con inusitada ferocidad. Pero ahora estamos en el terreno de la ficción y no me parece que sea la función del novelista, ni siquiera en temas tan espinosos, mostrarse ecuánime, ni equidistante, ni tampoco objetivo. Y en esto Pérez-Reverte anda en sintonía con las ideas de Almudena Grandes. Distingue entre los dirigentes políticos y militares y los soldados anónimos que combaten, que se juegan la vida. Pretende, en cambio, entender las razones de ambos bandos, humanizando a los protagonistas, insuflando complejidad a la contienda, pues conviven el odio enconado y el desprecio con el reconocimiento del valor del adversario, aunque sus razones o sinrazones para hacer la guerra sean muy distintas, y resulte indudable —lo aclaro para los muy fanáticos, para aquellos que parecen no saber qué es una novela— que sus simpatías están con la legalidad republicana, con la lealtad a las instituciones y con la justicia, aunque esos principios fundamentales no le impidan poner de manifiesto el horror y el fanatismo que hay en todas las contiendas, junto al valor, la camaradería, el desencanto y las dudas.

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Re: 'Línea de fuego' (2020)

Mensaje por Rogorn » Jue Dic 24, 2020 12:18 pm

'Línea de fuego'
elbuhoentrelibros.com - 23/12/2020

Como dice la popular canción "¡Ay Carmela!"

El Ejército del Ebro,
rumba la rumba la rumba la
una noche el río pasó.
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!

En julio de 1938, miles de soldados de la República atraviesan el río Ebro en un intento de cambiar el curso de la guerra. Aunque el episodio que nos relata esta novela sea ficticio, es un retrato de los hombres y mujeres de uno y otro bando que tomaron parte en este cruento combate. En 'Línea de fuego' nos da Arturo Pérez-Reverte su visión sobre la guerra civil española, porque, por más que se trata de una historia ficticia, en ella va a reflejar no sólo lo que fue aquella batalla que supuso la derrota irreversible, si bien aún transcurrieron unos meses para el final de la contienda, de las tropas republicanas, al mismo tiempo que una visión global sobre lo que fue aquella contienda. Porque siendo horrible cualquier guerra, una guerra civil tiene un punto que aún la hace peor: «Es lo malo de estas guerras. Que oyes al enemigo llamar a su madre en el mismo idioma que tú». (Página 45)

Me quedo sin duda con una definición que hace de lo que es una guerra civil: «-Hay un momento complicado cuando descubres que una guerra civil no es, como crees al principio, la lucha del bien contra el mal… Solo el horror enfrentado a otro horror». (Página 323) No es la primera vez que aborda en sus novelas el tema de la guerra civil, porque de hecho es en esa época en la que está ambientada la Trilogía (al menos de momento) de Falcó ('Falcó', 'Eva' y 'Sabotaje'). Pero mientras que en ella la guerra no deja de ser el telón de fondo en el que transcurre lo que no deja de ser una novela de espías, aquí es el eje vertebrador de la novela. Muy claro nos deja lo que es la guerra en una conversación entre un soldado del bando nacional y un moro que combate en el mismo ante el que se queja de que tiene mucha hambre: «-Normal en guirra, ¿no?... Hambre, el sed y además ti matan». (Página 248)

'Línea de fuego' es una novela coral en la que nos irá describiendo una batalla en un pequeño pueblo (inexistente por otra parte), el cruce de las tropas republicanas del río Ebro, las escaramuzas iniciales, la conquista del pueblo, el contrataque de los nacionales y la retirada estratégica de las tropas republicanas (nunca se puede hablar de derrota) a través de los participantes en el misma. Del lado republicano unas mujeres encargadas de las transmisiones telefónicas, un grupo de dinamiteros, unos oficiales, las brigadas internacionales, los comisarios políticos de turno, unos soldados bisoños (la llamada quinta del biberón por su juventud). «Taciturnos, flacos y hasta cortos de talla bastantes de ellos, muchos con gafas, ya no parecen vanguardia del proletariado internacional llegada de todos los lugares del mundo, sino sólo hombres duros y cansados a los que se exigió demasiado y ya no esperan victorias, sino supervivencia». (Página 258) Por parte del llamado bando nacional, un alférez provisional (aquellos que duraban menos que un caramelo a la puerta del colegio), requetés, falangistas, legionarios, un moro que lucha con las tropas traídas desde África, un carpintero que solo quiere sobrevivir pero se ve envuelto en todos los fregados …

Hablo de novela coral, pero no llega al exceso de Un día de cólera en el que desfilaban muchísimos personajes con un breve papel. En Línea de fuego, aún siendo bastantes pues la idea es mostrarnos buena parte de los participantes, están al servicio de la acción, de atrapar al lector en una vorágine de acontecimientos en un marco que huye en todo momento de una imagen bella o romántica de la guerra: «Lo cierto es que no hay nada bello ni romántico en un soldado muerto. Eso queda para las pinturas de los museos, los versos de los poetas y la demagogia de los políticos. La realidad inmediata sólo es carne muerta, carroña pudriéndose al sol». (Página 343)

Lejos están los soldados que encontraremos en 'Línea de fuego' de aquel prototipo que nos presentaba en 'Alatriste'. No se trata de unos grandes soldados y un gran ejército al mando de un desastroso rey, sino de gente que en muchos casos arrancó a luchar por un ideal, para encontrarse ahora en muchos casos luchando solo por su supervivencia, dejándose la piel y la vida por el camino en el frente, mientras otros lucen pecho y sacan beneficios en la retaguardia. «Asombra tanta nobleza en los que luchan y tanta vileza en los que están lejos del frente. Cualquiera puede darse cuenta de eso». (Página 575) No se trata en el caso republicano de un ejército profesional. Y los pocos que en su día eran profesionales, son vistos con recelo. Así les lució el pelo frente a un ejército que si lo era, que estaba entrenado y en cierto modo, aunque por otros motivos ideológicos completamente opuestos, tan motivado como ellos. Por eso podemos encontrar en la novela una reflexión tan cargada de verdad pero tan absurda como la siguiente: «-Volvamos. Hay una guerra que debemos ganar. O al menos, hacer que no la ganen los fascistas. (…) Qué español suena eso, ¿verdad?... Si no ganas tú, al menos procura que no gane el otro. Que todos pierdan». (Página 325)

No sé si provocada o no, pero 'Línea de fuego' es una novela que desde el primer momento ha levantado una cierta polémica. Normal, dado el tema que trata y quién lo trata, por más que dé palos a un lado y a otro, que aquí no se salva ni el apuntador. Yo me he limitado a leer y disfrutar de esta novela, que nos muestra no una batalla, sino casi una escaramuza dentro de la misma, pero que muy bien sirve para mostrarnos lo que aquella guerra era en general. No hay que conocer mucha historia para saber cómo acaba, pero aún así, a mí me resultó imposible desplegarnos de las páginas del libro. Eso sí, si no te gustan las batallitas, Línea de fuego está lleno de pequeñas batallas. No puede ser de otra manera, porque esa es la historia que no está contando. Nada de grandes tácticas por otro lado, que no estamos ante un episodio de una gran batalla histórica al modo de las grandes clásicas de la Historia. Además, por encima de la propia batalla, está el componente humano de aquellos que tomaron parte en ella. De hecho Línea de fuego es un homenaje a todos los que por un motivo u otro lucharon en una guerra en la que el valor y el arrojo no fueron patrimonio de un único bando.

Me ha gustado y cautivado esta novela. Es cierto que soy un admirador de la prosa de Arturo Pérez-Reverte, capaz de unas descripciones minuciosas pero que lejos de aburrirme (me provocan un gran tedio las largas descripciones que solo intentan el lucimiento sin más del escritor) consiguen meterme en la historia que se está narrando. Claro que meterte de lleno en la acción como ocurre en 'Línea de fuego' es por otra parte meterte en el horror y la angustia de unos hombres y mujeres que no sabían en todo momento si verían amanecer un nuevo día.

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Re: 'Línea de fuego' (2020)

Mensaje por Rogorn » Jue Dic 24, 2020 1:13 pm

“Mi intención es que el lector se olvide del bando en el que lucha cada personaje”
clubinfluencers.com - 17/11/2020

El pasado mes de octubre, el Hotel Palace de Madrid acogió la presentación de 'Línea de fuego', última obra de Arturo Pérez-Reverte, autor de cuarenta y una que son leídas en el mismo número de países. Pérez-Reverte, nacido en Cartagena, pasó 21 años cubriendo conflictos internacionales como reportero bélico, y desde 1994 se hizo un escritor profesional que navega cuando no escribe. Con una capacidad de trabajo arrolladora, ocupa el sillón de la letra T en la Real Academia y opina de la actualidad a través de una columna periodística semanal. Tiene más de veinte millones de lectores en todo el mundo, dos millones trescientos mil seguidores en Twitter y muchas de sus obras se han llevado al cine y la televisión. Las novelas históricas de Pérez-Reverte han atravesado desde la Edad Media hasta el siglo XX, pero hasta ahora solo habían tratado tangencialmente la guerra civil española, a la que dedicó un ensayo divulgativo en 2015 con el propósito de que los jóvenes no la olvidaran y aprendieran de los errores de sus antepasados.

En 'Línea de fuego', Pérez-Reverte incorpora ese contexto histórico a su acervo narrativo tejiendo un entramado con voces de combatientes de ambos bandos para acercarnos a los diversos protagonistas de una batalla del Ebro imaginaria pero con personajes muy vívidos. Es consciente de que esta novela recibirá críticas de uno y otro extremo, de que su afán de ecuanimidad y de poner el acento en la humanidad de todos quienes participaron en ella no gustará a los maniqueos, y así empieza a comprobarse en algunas reseñas que van saliendo sobre el libro, al que ya acusan de no tomar partido por uno de los bandos. “A los que utilizan irresponsablemente la guerra civil, tanto a la extrema derecha como a la extrema izquierda, no les gustará, pero recibir críticas de esos extremos me produce hasta cierto retorcido placer” -dijo en la rueda de prensa matutina-. Y añade que no se considera “de lágrima fácil. Como saben quienes me conocen, soy más bien duro, pero leyendo documentos de la guerra me he conmovido, porque esos niños de 17 años a los que acompañaba su madre a filas con un bocadillo envuelto en papel de periódico, que se ponían un pantalón largo por primera vez, eran como los niños salvadoreños o angoleños que yo he visto en las guerras que cubrí. ¿Cómo no te vas a emocionar, y qué más da si eran falangistas o comunistas? Mi intención es que en la página 100 el lector se olvide del bando en el que lucha cada personaje”.

-¿Las generaciones actuales saben lo suficiente de la Guerra Civil?
-No la conocen en absoluto. Es más, la están conociendo a través de un discurso ideológicamente muy viciado tanto de derechas como de izquierdas, y eso es malo. Este libro no pretende cambiar eso porque yo no pretendo educar a nadie, pero sí quiero acercar al lector de ahora lo que se ha perdido, que es justamente lo humano. Los testigos directos de la guerra civil, los que la sufrieron en el frente, ya no están. Su testimonio ha desaparecido, ya solo queda la ideología, y esas ideas sin el testimonio humano que las temple son muy peligrosas. Ahora cualquiera puede apropiarse del discurso de la guerra civil de una manera irresponsable, sesgada o incluso malvada. Quiero al menos devolver a esta contienda su aspecto humano, recordar que no fue una lucha de ideas sino de personas y que nos afecta directamente porque eran nuestros padres y nuestros abuelos.

-¿Qué le llevó a buscar esa aproximación personificada al conflicto?
-Que yo he hecho conflictos. Me pasé como reportero 21 años en países en guerra e hice 18 guerras de las que 7 eran civiles. En Angola, Mozambique, El Salvador, Nicaragua, los Balcanes… Yo sé lo que es una guerra civil. La he vivido, la he olido, la he sentido, la tengo en mi memoria. Por eso tengo un capital personal útil para contar esta historia. Además leo mucho, tengo una buena biblioteca y he leído todo lo que se puede leer sobre la guerra civil, libros de memorias, novelas. Pero hay una tercera parte y es que conozco la guerra de una manera personal porque me la han contado. Mi padre la hizo, mis tíos, mi tío abuelo, mi suegro. He tenido esos relatos personales de la guerra contada de primera mano.

-¿Tiene algo en común la crispación política y mediática que vivimos hoy con la que provocó nuestra contienda?
-Tiene en común el componente de vileza, de rencor, de no dar al enemigo ningún beneficio de la duda. Negar cualquier virtud al enemigo es muy español, antes y ahora. Pero hay grandes diferencias. El español de entonces era materia abonada para una guerra civil, el de ahora no lo es tanto. En aquel momento había una Europa atenazada por los fascismos y los comunismos, una España analfabeta muy empobrecida, con grandes injusticias y grandes trastornos sociales que ahora no se dan igual.

-¿Hay fascistas que se hacen llamar antifascistas?
-El fascismo no existe ahora y cuando alguien llama fascista a otro no sabe lo que está diciendo. El fascismo es un movimiento político de los años treinta y cuarenta que estremeció a Europa, que en España nos llevó donde nos llevó, o en Italia, pero ahora no existe. Otra cosa es que se utilice la palabra para calificar a grupos de derecha, pero es incorrecto. Sí que hay fascistas temperamentales, que actúan como fascistas. Existen espíritus fascistas pero no fascismo como tal.

-¿Alguna que le hubiera gustado cubrir a Arturo Pérez-Reverte?
-No, ya cubrí suficientes para estar satisfecho. Quizá la Guerra Mundial, porque estaba muy claro quién era el malo. En las de ahora ya no está tan claro quién es el malo.

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Re: 'Línea de fuego' (2020)

Mensaje por Rogorn » Lun Dic 28, 2020 1:12 pm

'Línea de fuego': Una novela de Pérez-Reverte sobre la batalla del Ebro, la “más sangrienta librada en suelo español”
Pablo-Ignacio de Dalmases - catalunyapress.es - 28/12/2020

El 25 de julio de 1938, nueve meses antes de que concluyese la última guerra civil española, al alto mando republicano promovió una ambiciosa ofensiva que pretendía atravesar el río Ebro, en cada una de cuyas orillas estaban las tropas de uno de los dos Ejércitos, con el objetivo de recuperar territorio perdido e incluso, de haber tenido éxito, de restablecer el contacto con el resto del territorio bajo su dominio que la llegada al Mediterráneo de los nacionales había interrumpido. Fue la famosa batalla del Ebro, que causó más de 20.000 muertos y fue “la más dura y sangrienta de cuantas se han librado en suelo español”. Arturo Pérez-Reverte la ha novelado con su acreditada maestría en 'Línea de fuego' (Alfaguara) y publicado en estos tiempos en que se impone la “memoria histórica”.

Pérez-Reverte ha sido capaz de fabular sobre aquella odisea con un texto largo que no va más allá del encuentro supuestamente habido entre los dos ejércitos en un pueblo imaginario llamado Castellets del Segre, pero que le sirve para describir en un amplio retablo de situaciones la tensión de la lucha en unos casos por avanzar, en otros por contener, también por contraatacar, resistir y, en fin, por replegarse cuando aún parecía posible hacerlo. En este sentido, asombra el profundo conocimiento del autor sobre estrategias militares, armas y pertrechos.

Pero en nuestra opinión el mayor interés de la novela se encuentra en los personajes que la protagonizan, que son muchos porque es una obra coral. Soldados y milicianos, comunistas, republicanos a secas, falangistas, requetés, marroquíes y legionarios, alféreces provisionales y tenientes en campaña, páters (curas militares) y comisarios políticos -uno de los personajes que resulta peor parados, Ricardo “el Ruso”, lo es-, héroes y cobardes, desertores y prisioneros, y, para humanizar aún más si cabe la trama, mujeres, como las milicianas del grupo de transmisiones o la sargento Expósito y niños, cual el espontáneo adolescente legionario Tonet. Personajes enfrentados en una guerra sin cuartel en la que “nos obligaron a tomar partido incluso a los que no teníamos; nos obligaron a elegir, aunque tampoco nos entusiasmaran los otros”. En este contexto emerge una crueldad primitiva (”hay un placer salvaje en la persecución, en el ajuste de cuentas de la caza, haciendo pagar caro lo que sufres y has sufrido, lo que pierdes y aún puedes perder; en el odio que se desborda, ilimitado, contra quien puede satisfacerlo”), pero también la dignidad en el oficio del soldado –“yo mato fachistas, no los asesino”, o la compasión porque “es lo malo de estas guerras, oyes al enemigo llamar a la madre en el mismo idioma que tú y como que así ¿no? se te enfrían las ganas”. El autor da pie por tanto a momentos de cálida humanidad (la mujer embarazada a punto de parir que da lugar a un alto el fuego para que pueda hacerlo en las mínimas condiciones) y otros para la estupefacción y la risa como el encuentro frente a frente de dos parejas de soldados de diferente bando, unos perdidos, los otros separados de los suyos para… ir a defecar. Y no falta un elemento esencial en toda novela, aunque en ésta tenga una función subsidiaria: la historia de amor de la miliciana Pato y el capitán Bascuñana.

Pérez-Reverte engarza con habilidad y expresa por boca de sus personajes apriorismos y encastillamientos y así uno de ellos afirma que “un comunista sólo discute sobre certezas” y como quien no quiere la cosa, opina sobre personajes históricos que tuvieron importantes responsabilidades militares. De este modo Modesto, Tagüeña y Líster salen bien parados, aunque de este último opina que “chaqueteaba”, pero al que no perdona es a Valentín González “el Campesino”, al que califica “payaso” y de “gañán cruel y cobarde”. No es, pues, una novela de buenos y malos, porque de ambos especímenes hay en cada Ejército, ni el autor aprovecha para atribuir la razón a éstos o aquellos, sino que “Línea de fuego” es, por encima de todo, la evocación de una tragedia que enfrentó a compatriotas y en la que se jugaron la vida por razones que muchos no llegaron a entender, ni a compartir.

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Re: 'Línea de fuego' (2020)

Mensaje por Rogorn » Mar Dic 29, 2020 4:48 pm

Pérez-Reverte: Un novelista no tiene obligación moral
Susana Reinoso - revistabecult.com.ar - 29/12/2020

'Línea de fuego', de Arturo Pérez Reverte es hoy, a finales del 2020, una de las novelas más vendidas en España y América Latina. Consultado por 'Be Cult' sobre qué le sigue deleitando de su oficio de escritor luego de decenas de libros publicados, el narrador responde sin dudarlo: “No soy un artista ni un creador trascendente, solo soy un tipo que cuenta historias y un lector. Para mí la novela es un estado, no un trabajo. Me lo paso imaginando, viajando, leyendo. La novela es un paso y moriré antes de contar todas las historias que me gustaría. Escribir es un estado personal de imaginación, de felicidad y además de eso, tengo lectores. Más no se puede pedir”.

Aunque ha estado varias veces en “la línea de fuego”, nunca antes de ahora había decidido escribir una novela sobre la Guerra Civil Española. Encontraba el tema incluso “desagradable”. Sin embargo una razón lo llevó a sumergirse en la biblioteca durante meses “tomando notas, viendo fotografías, reconstruyendo tragedias, imaginando personajes y situaciones que se combinaban con recuerdos familiares y experiencias personales”, impelido por una certeza respecto de esa contienda dramática que es la peor y la más trágica de todas, porque confronta al vecino con el vecino, al hermano con el hermano, a quienes compartieron el pan y el vino y poco después empuñan un arma y se aniquilan. Y esa certeza fue la memoria.

“Los españoles perdemos la memoria. Me refiero a la real y directa de cuanto ocurrió, pues quienes sabían lo que fue, quienes de verdad participaron en la contienda han desaparecido. Los más jóvenes, que fueron a luchar con diecisiete o dieciocho años, mi padre, mi tío, los padres, abuelos y bisabuelos de muchos de ustedes, nacieron hace un siglo. Apenas queda alguno vivo y con memoria. Esa certeza, cuando fui consciente de ella, valía una novela. Muertos los hombres y mujeres de entonces, olvidados los hechos, solo quedan las ideas. Pero sin el testimonio de la realidad las ideas son peligrosas, pues pueden ser usurpadas y manipuladas por cualquiera, sobre todo en estos tiempos de redes sociales y argumentos simples”. Así lo ha dicho el escritor español, best seller con decenas de seguidores en todo el universo hispanohablante.

Pérez-Reverte alumbró una novela bella y terrible en su tragedia, incluso el punto de vista del narrador lo aleja de su realidad como corresponsal de guerra, un oficio que está en su hoja de vida, y que le valió en su momento alguno que otro rechazo por parte de sus colegas mujeres. Al referirse a esa “memoria ideológica” que rechaza para contar la Guerra Civil Española en 'Línea de fuego' (Alfaguara), Pérez-Reverte subraya que “no puede haber comprensión sin conocer la historia de quienes combatieron como soldados en tan siniestro desastre. Lo que en mi opinión define con más exactitud la tragedia, lo que ofrece lecciones muy duras y a veces admirables son los hombres y mujeres que pelearon en los frentes de batalla. Fue allí, en las trincheras, donde más víctimas hubo de tan sangriento disparate. La intención fue dar voz a quienes, en ambos bandos y fusil en mano, pasaron hambre, frío y miedo, resultaron heridos o perdieron la vida, quemaron su juventud y luego fueron olvidados. Quise acompañarlos y no escribir otra novela sobre la Guerra Civil, sino la novela de quienes, de grado o a la fuerza, lucharon de verdad. Y lo hice para que no se los confunda con los miserables y los asesinos que vivían de dar discursos y alzar la voz en mítines, cafés y burdeles lejos de los tiros, o paseaban pistola al cinto, camisa azul de falangista o mono de miliciano, ajustando cuentas, robando y asesinando sin riesgo y sin decencia”. Deja claro así que su novela no toma partido, aunque el escritor sí la tiene: es republicano y monárquico por obligación, como se define, y todos sus familiares lucharon en el bando republicano.

A lo largo de su novela, el narrador deja claro que no todos los fascistas y rojos, como se los llamó durante la guerra, fueron iguales. De modo que el lector puede reconocer entre los personajes a sus propios antepasados, a quienes se dejaron la piel y los sueños en el campo de batalla. Esta es la síntesis: la noche del 24 al 25 de julio de 1938, la XI Brigada Mixta de la República cruza el río para establecer una cabeza de puente en Castellets del Segre. Del otro lado, la infantería y un batallón de legionarios defienden la zona. Está por comenzar la confrontación más sangrienta de la Guerra Civil Española, que se conoció como la batalla del Ebro. Ficción y datos documentales confieren a toda la narración un vértigo como Pérez-Reverte acostumbra a introducir en sus relatos. Y una frase breve en la contraportada del libro ubica al lector en situación como una bofetada en medio del rostro: “Lo malo de estas guerras es que oyes al enemigo llamar a su madre en el mismo idioma que tú”. Es la profunda herida que dejan las guerras fraticidas.

¿Hasta que punto es una historia solo para lectores españoles? Pérez Reverte argumenta que en América Latina hay muchos descendientes de exiliados y emigrados españoles. Y que con la experiencia de guerras civiles que ostenta el continente americano los lectores empatizan enseguida con esta historia que es, además de una novela política, “una historia que privilegia al ser humano, el dolor, el frío, el miedo, la sed en las trincheras y potencia el aspecto más humano de la guerra. En ese sentido, de Mozambique a Argentina, se puede entender que el ser humano en la guerra no es solo español”.

El novelista abrevó en tres fuentes: la documental, los testigos directos que aún viven y su experiencia como reportero para sumergirse en otra perspectiva narrativa: cómo se siente estar en la línea de fuego, cómo huele la guerra, cómo es el clima de estar combatiendo. Y sin tomar partido acometió el desafío de ser “ecuánime” al narrar la historia al nivel de trinchera. En algún sentido, la tensión de la narración y el vértigo de los sucesos remiten a películas que nos dejaron hundidos en la butaca y sin aliento por su excelencia narrativa visual. Por caso, 'Salvar al soldado Ryan'.

Al referirse al aporte que la literatura hace en la comprensión de una guerra como la española, Pérez-Reverte dice que “una guerra civil no se puede comparar con nada. Pasan cosas horribles si uno lo ve con distancia, pero cuando se acerca solo hay seres humanos. ¿Qué quiere decir que un chico de 15 años fuera falangista o anarquista? Se trata de ver la guerra con total falta de prejuicios y prestando atención a los seres humanos de ambos bandos y esa fue mi intención. Es un territorio mucho más amplio”. Para que la memoria valga para todos es necesario presentarla de una manera ecuánime. El problema es cuando se habla de memoria y los protagonistas ya desaparecieron. Allí quedan las ideas y eso se usa de manera antojadiza.

Queda claro, a medida que se avanza en la lectura del libro, que el autor ha pensado en las generaciones más jóvenes, porque para que “la memoria valga para todos es necesario presentarla de una manera ecuánime. El problema es cuando se habla de memoria y los protagonistas ya desaparecieron. Allí quedan las ideas y eso se usa de manera antojadiza. En España ahora se usa la memoria como herramienta política y esa es una memoria contaminada por quienes cuentan la parte que les conviene. Esa memoria sesgada y manipulada me molestaba. Por eso quise recuperar a la retaguardia de los que lucharon”. Pese a que todas las sociedades atravesadas por conflictos bélicos pueden leer 'Línea de fuego' sin sentirla española, no es menos cierto que el humor hispano está muy presente. Y para eso, Pérez Reverte también tiene una respuesta: “Es que todos se conocían. Eran del mismo pueblo. Eso generaba una relación de trinchera a trinchera, se cantaban coplas, cambiaban periódicos o tabaco. Era una mezcla de crueldad y ternura”.

Más allá de la valorable intención de dotar de ecuanimidad al relato, la memoria no tiene por qué ser un discurso homogéneo, sin voces contrapuestas. Y a esta inquietud, el narrador responde: “Un novelista no tiene ninguna obligación moral. Saramago tenía una visión moral. Pero si no se da también es válido, incluso se puede tener una visión inmoral o incluso amoral. Yo no escribo para hacer mejor el mundo. Me gusta contar historias y desarrollar tramas y que mis amigos lectores compartan esos mundos. Pero ocurre que hay historias que tienen filos morales y que tendrán una lectura moral. Con esto hay que tener mucho cuidado, para que un lector no confunda una novela con un libro de historia. Un historiador debe ser riguroso y fiel, pero el novelista puede jugar de manera libre y manipular los hechos, incluso contradecirlos. Es el lector quien debe saber que lee una novela y no un libro de historia”

Otro de los motivos que empujó a Pérez-Reverte a la Guerra Civil Española, luego de los muchos libros y películas que se han forjado al respecto, es político. “Es cierto que hay novelas muy buenas del lado vencedor y del lado republicano. Ocurre que en España, en los últimos tiempos, hay partidos políticos sin una base intelectual sólida, carecen de los conocimientos y el temple que dan las lecturas serias, no folclóricas, que es la que tiene un político que no precisa recurrir a consignas fáciles. Al carecer de herramientas dialécticas se recurre a la parte más oscura y más sucia de la guerra civil. Y eso es muy turbio. He querido recomponer el paisaje literariamente hablando. Y la novela responde también a eso.

Discrepa Pérez-Reverte con que el coraje sea un atributo exigido al hombre en el sistema patriarcal, y en beneficio de las mujeres dice que en las diferentes guerras fraticidas que cubrió como corresponsal, en Africa, los Balcanes o América Latina, conoció “mujeres haciendo cosas heroicas. Incluso biológicamente la mujer está hecha para aguantar el dolor. Y desde hace siglos ha parido al vencedor, pero su reserva moral es más dilatada en el tiempo. Las mujeres son más disciplinadas y formadas. Y eso llevaron al campo de batalla”.

El escritor ya está embarcado en considerar propuestas para llevar Línea de fuego al cine. Salvo la película de Luis García Berlanga ('La vaquilla'), considerada una obra cumbre del cine español sobre el tema, y las de Alejandro Amenábar ('Mientras dure la guerra') y la de David Trueba ('Soldados de Salamina'), aunque en menor grado, “casi todos muestran una parte de la guerra civil. Hay buenos y malos, y cada director elige su bando. Quizá haya una película sobre 'Línea de fuego' en un año y medio o dos”. A lo largo de la novela, las criaturas inventadas por Pérez Reverte siempre esperan. Porque como el autor dice, la guerra es andar y desandar, correr y esperar, pero sobre todo, esperar.

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Re: 'Línea de fuego' (2020)

Mensaje por Rogorn » Mar Ene 05, 2021 10:00 am

Línea de fuego - Arturo Pérez Reverte
lavidaensorbos.blogspot - 04/01/2021

No había leído a Pérez-Reverte. Cuestión de prejuicios porque, a pesar de sus numerosos éxitos de crítica, siempre me pareció que llegó a su profesión de escritor por caminos muy diferentes al "escritor puro”. Una opinión equivocada, dicho sea de paso, ya que se puede llegar a ser escritor por diversos caminos, pero esto último lo he aprendido con el tiempo.

Es por tanto mi primera lectura de Arturo Pérez-Reverte, y de su novela 'Línea de fuego' me quedo con algunas cosas positivas y otras no tanto. Recuerdo una conversación reciente con un grupo de amigos en la que uno de ellos me comentaba que no sabía si leerla o no, ya que tenía unas ideas preconcebidas de por dónde irían los tiros con esta novela, algo que también le impedía leer 'Patria', de Fernando Aramburu. Yo le comentaba que sí la leería, que le daría una oportunidad. Acerté, porque he podido comprobar cómo Reverte no escribió sobre las motivaciones de la guerra, sobre el bando ganador o perdedor, lo legítimo o lo ilegítimo, sobre la ideología, sobre la guerra en la retaguardia. Con 'Línea de fuego' nos lleva a la trinchera, donde los ideales desaparecen y se abre paso el ser humano, con sus miserias, sus miedos, su rencor, un ejercicio parecido al que Aramburu hizo con su gran novela 'Patria', lógicamente salvando la distancia literaria que separa ambas obras. Esta perspectiva telescópica tiene mucho de original, ya que sobre lo demás, sobre las consecuencias o motivaciones de la guerra sí que hay mucha literatura. Su experiencia como reportero y testigo directo en guerras civiles le dan esa voz acreditada para contárnoslo. También el pertenecer a una generación que ha tenido contacto estrecho con quienes vivieron esa guerra, su padre, su abuelo, su tío, conocidos, de uno y otro bando, que seguramente le habrán contado de primera mano qué significó la guerra civil para ellos. Huye por tanto de buenos y malos, de rojos o azules y se queda con la esencia de los españoles y entusiastas extranjeros que vinieron a luchar a España.

Elige un escenario ficticio (un pueblo que no existe llamado Castellets del Segre), lo cual choca con lo bien documentado y real de cada artilugio bélico: he aprendido mucho de armas y estrategia bélica leyendo 'Línea de fuego'. Sí que es real el momento temporal: la batalla del Ebro, uno de los episodios más importantes y decisivos de la guerra civil, que aunque duró tres meses, él centra la historia temporalmente en apenas diez días.

Cuesta encontrar protagonistas porque los protagonistas son todos los personajes a la vez, de uno y otro bando. El lector podrá elegir entre los personajes a su favorito, y cada personaje goza de su minuto de gloria, y podrá seguirlo a lo largo de esos diez días con la angustia de saber si será salvado o no por el escritor. La incorporación de las mujeres en la primera línea de guerra de un modo artificial (porque según se sabe no lo estuvieron), entra como creíble, por lo menos para mí como lector, un homenaje a uno de los bandos que más perdió en la guerra por todo el retraso que supuso para ellas la victoria del bando rebelde en relación a sus libertades. Encontramos además representantes de todas las etnias que participaron en la guerra: requetés, moros o legionarios por el bando franquista y brigadistas, biberones y comunistas por el bando republicano, y cada grupo tiene su propia voz perfectamente reconocible. Es debido a esa complejidad por lo que la lectura de 'Línea de fuego' recomiendo que se haga a grandes dosis; no es un libro para leer un par de páginas y cerrar, hay que darle cierto espacio, hay que viajar allí y meterse en la trinchera, oír las conversaciones, sentir la adrenalina durante el cuerpo a cuerpo en la batalla, y eso no es tan fácil de hacer sin dedicarle un poco de tiempo de lectura. Para ello, el autor nos ayuda con una estructura en forma de 3 partes, cada una con sus capítulos correspondientes y cada capítulo dividido en partes cuando se cambia de escenario o bando. Además incorpora un mapa para situar al lector y un epílogo para no dejar cabos sueltos en cuanto a la suerte que corren los protagonistas. Estructura impecable.

Elige Reverte el tiempo presente y un narrador omnisciente que viaja entre bandos y elige personaje al cual seguir de cerca para contarnos la historia de esos diez días, y tiene su lógica: nos quiere llevar al frente y eso no lo hubiera logrado eligiendo un narrador testigo o un tiempo pasado. Quizás lo que menos me ha gustado es el que esté desbalanceado en ocasiones la narración hacia la pura acción, lo que hace que la obra sea innecesariamente extensa en algunos pasajes. También encontramos algunos estereotipos en ciertos personajes (el que llaman “El Ruso” o Bascuñana) , aunque otros están muy bien logrados (Patricia, también conocida como "Pato" Monzón o el cabo moro Selimán).

Sin ser la gran novela que esperaba, entretiene y nos enseña a mirar la guerra civil con otros ojos diferentes, dejando aparcado por un momento las motivaciones y los sesgos de quienes fueron los buenos y los malos, porque en la guerra, en la trinchera, las fronteras entre lo bueno y lo malo se difumina y sólo existe instinto de supervivencia. Estoy seguro de que, tal como pensaba Chaves Nogales, habría habido un dictador en España, independientemente del bando que hubiera ganado la guerra. Tan solo por esa reflexión, sugiero que se lea 'Línea de fuego', para darle una segunda lectura a este episodio de nuestra historia, para no dejarnos llevar por las lecturas simples y necias de la nueva clase política, de uno y otro signo, que viaja al pasado sólo para sacar la parte ideológica, la república y la dictadura, cuando en realidad hubo errores y tragedias en todos los bandos, porque las guerras son así. Al fin y al cabo era un asunto de españoles contra españoles.

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Re: 'Línea de fuego' (2020)

Mensaje por Rogorn » Mar Ene 12, 2021 10:59 am

De Platón a Pérez-Reverte. Ética y muerte
Ángel Camacho - diaridetarragona.com - 11/01/2021

Las vacaciones de Navidad dan para mucho, incluso para aborrecerlas. He tenido la suerte de que me han obsequiado con dos volúmenes cuya lectura recomiendo a los lectores por diferentes motivos.

A muy pocos les sonará el nombre de Marcos Chicot, licenciado en Psicología y finalista del Premio Planeta ('El asesinato de Sócrates', 2016) y ganador de otros premios. Me refiero a su última novela, 'El asesinato de Platón'. A lo largo de 919 páginas ha sabido dar forma a una etapa de la vida del filósofo griego. No es un tocho infumable y pesado. Al contrario: de forma atractiva, con diálogos adecuados y una trama del mejor thriller nos lleva por un trozo de la ajetreada historia de Grecia y la influencia de Platón en el pensamiento de la época, que siglos más tarde, pensador a pensador, ha sido la base de la civilización occidental. Personajes perfectamente dibujados, hechos históricos, batallas presentadas con todo género de detalles, y, sobre todo, la sencilla, clara, atractiva, exposición de las ideas platónicas al lector menos proclive a leer filosofía. Se entiende todo, por ejemplo, cómo deben ser los políticos.

También me ha ayudado a pasar este trozo de pandemia otro grueso volumen: 'Línea de fuego', de Arturo Pérez-Reverte, que leí de un tirón, en dos días. Es, de los muchos libros que he leído sobre la batalla del Ebro, el que entra más profundamente en el individuo que lucha y mata para poder vivir. No le faltan amargas descripciones escépticas sobre la política, la economía y, desde luego, sobre la batalla en sí. Vista desde dentro. Con su estilo desinhibido, que puede molestar a algunos (hay muchos «tacos» y blasfemias) Pérez-Reverte nos hace revivir nueve días de la batalla por personajes de ambos bandos y abriendo numerosos interrogantes sobre el conflicto, con toda la crudeza de quienes estaban inmersos en la lucha fratricida.

Solamente le pondría un «pero», cuando relata la actuación del Tercio de Requetés «Nuestra Señora de Montserrat!» (páginas 305 y siguientes) da la impresión de que es la heroica tentativa de los requetés catalanes para tomar la cota 481, la «Posición Targa» de Quatre Camins, aunque la novela sitúa la acción en Castellets, ceca de Fayón. Y habla del fracaso de la acción porque, textualmente, «se supone que una compañía de tiradores de Ifni está en línea para unirse al ataque». La realidad es que fueron los batallones Ceuta y Bailén los que chaquetearon y dejaron expuestos a los requetés para la matanza en la que cayeron decenas de sus mandos, cerca de doscientos muertos y seiscientos heridos. Por lo demás, se lee con avidez, siguiendo las peripecias de los múltiples y bien dibujados personajes, masculinos y femeninos.

Me hicieron pasar unas horas muy buenas.

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Re: 'Línea de fuego' (2020)

Mensaje por Rogorn » Dom Ene 24, 2021 10:51 am

Vivir es urgente
Antonio Lao - diariodealmeria.es - 24/01/2021

'Línea de fuego' es la última novela de Arturo Pérez-Reverte. En ella el escritor nacido en Cartagena nos aproxima la parte humana de la Guerra Civil española. Un conflicto seguramente olvidado por las generaciones actuales, en especial por aquellos que tratan de emponzoñar de manera "partidista y miserable" muchos de los discursos que nos inundan y nos ahogan en la actualidad. La intención del autor de 'Alatriste' o 'Falcó' es que cuando el lector lleve "cien páginas leídas no le importe a qué bando pertenecían los personajes de su novela, todos ellos jóvenes en el frente, que perdieron la guerra, independientemente del lado en el que estuvieran". Porque, recuerda, fue común a ambos bandos la facilidad con la que echaban la carne al matadero. La batalla del Ebro, de hecho, ocurrida en julio de 1938, es la más emblemática y la más sangrienta, con 20.000 muertos, del "choque de carneros" que fue la Guerra Civil española.

Por oscuro que pueda ser este episodio, que lo es, al leer la novela no he podido evitar hacer una traslación con la situación que estamos viviendo con la pandemia de coronavirus y cómo la sociedad española y quienes nos gobiernan la estamos llevando en el día a día. Vivir es urgente y aquellos que dictan las leyes, las órdenes y los decretos, se han enzarzado en una maraña de compromisos, declaraciones, mentiras, medias verdades y falsedades de las que ya no pueden escapar. La tela de araña tejida en torno a la muerte, al luto y a la indecencia supera cualquier camino que nos lleve a la normalidad. Recuperar la coherencia o el criterio ya es un episodio imposible y un capítulo por escribir. Tanta inmundicia en pos de un rédito electoral cercano hace complejo cocinar un menú degustación en el que los comensales, los ciudadanos, se levanten de la mesa con la sonrisa puesta y con una generosa propina en el platillo de la cuenta del camarero.

Tengo la desagradable sensación de que nadie, o casi nadie, está por la labor de coordinar una respuesta común, establecer un mínimo de prioridades y discurrir por la senda de una batalla mucho más dura y cruenta que la del Ebro. Si aquella, costó miles y miles de vidas, la que libramos en este ya casi año contra el coronavirus, se acerca a pasos agigantados a los cien mil (cifras no oficiales, claro). Es tanta la urgencia en vivir, en recuperar la normalidad y siento tan lejano el quórum necesario para afrontar con garantías de éxito la lucha contra un enemigo invisible, que no me atrevo a pronosticar el fin. Tan sólo taponamos la herida cuando sangra y ponemos el parche para que la vía de agua no hunda el barco, pero el avance es tan paupérrimo y negruzco que bajar los brazos es más que una opción. "Es lo malo de estas guerras. Que oyes al enemigo llamar a su madre en el mismo idioma que tú", como recoge Reverte en la contra de su novela.

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Re: 'Línea de fuego' (2020)

Mensaje por Rogorn » Mar Ene 26, 2021 9:52 am

Equistante o ultradistante
La España que moldea y resoba la Guerra Civil sólo ve propios o ajenos, buenos y malos
Tacho Rufino - diariodecadiz.es - 26/01/2021

Me trajeron los Reyes en casa de mi suegra el último de Arturo Pérez-Reverte. Decidí por ello aparcar el regalo que Baltasar dejó en mi cuarto: la 'Obra completa' de Chaves Nogales editada por el columnista de aquí abajo -pero de muy arriba- Nacho Garmendia, hasta tanto no me zampara, o lo intentara, las casi 700 páginas de 'La línea de fuego' del cartagenero, un autor que nunca ha sido santo de mi devoción, a pesar de lo cual habré leído media docena de libros suyos. En las 50 páginas que llevo, un rasgo de la novela me reconcilia con la pereza que el alarde terminológico bélico me produce: el toma y daca entre personas y circunstancias de uno y otro bando. La vocación del narrador por contar la Batalla del Ebro, la más sangrienta de la guerra entre hermanos, o sea, civil, es ir saltando entre escenas de combatientes de a pie -de batalla-- de cada parte. Como lector le compro el enfoque a Reverte. Para muchos, el que es uno de los escritores en español más vendidos en el mundo es un facha, y encima viene, de pronto, a practicar la equidistancia entre aquellos dos bandos. Cuando, se dirán, los buenos eran los buenos; los malos, muy malos.

España es un país que puntúa altísimo en tantas cosas que es capaz de puntuar muy alto hasta en bipolaridad: los unos se definen por su odio a los otros, y por su superioridad moral. Todo ello basado en una guerra que fue la terrible calma chicha ante el tsunami mundial que ahogó al mundo de justo cuando la Guerra Civil se agotó, después de tantísima y tan cruel muerte. Una matanza que no fue culpa de unos mientras que los otros eran inocentes demócratas o salvadores de la patria; según. A las dos Españas -ese esquema psicológico que conservan y rentabilizan los hijos de la burguesía desarrollista del tardofranquismo- les jode profundamente que se hable de un tercera España (en realidad, hay cuatro: las dos de los garrotazos, la nacionalista ricachona, vampírica, pero quejosa por estrategia, y la que no está dispuesta a tragarse el relato de los de aquel y aquel otro extremo del arco ideológico). ¿Ideología? Es un decir. La ideología exige crítica. O es fe, militancia.

Leí a Javier Cercas decir que lo de las dos Españas era no ya un mito, sino un timo. Nada puede incomodar más a un blanquista o negrista -rojo o azul- que una gama de grises o colores donde la gente piensa más allá de los buenos y de los malos. Al poseedor de la verdad y a sus parientes ultradistantes no sólo les gusta la simplicidad -incluso sobre cosas que nunca conoció, o sea, sobre sus mitos de cabecera-, sino que les irrita el pensamiento libre.

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Re: 'Línea de fuego' (2020)

Mensaje por Rogorn » Mié Ene 27, 2021 10:14 am

Las batallas de Pérez-Reverte
hayfestival.com - 26/01/2021

Lo ha contado antes. Arturo Pérez-Reverte ha cubierto muchas guerras, 18 en total, y ha escrito mucho sobre ellas. Su último libro 'Línea de fuego' (Alfaguara) no es la excepción. Se introduce a las trincheras de la Guerra Civil española sin importar el bando, la ideología. Quiere descubrir lo que une y lo que diferencia a los cientos de miles de hombres que se dejan la vida en una guerra donde los ganadores, como en casi todas las guerras, son muy pocos, y los perdedores casi todos. No habla de estrategia, no habla de generales ni de banqueros, sino de esos españoles que lo sacrificaron todo. Hombres que al mismo tiempo son héroes y villanos, cobardes y valientes…

“Quería invitar a los lectores a que vieran como combatían sus abuelos, sus tíos abuelos. A que conocieran la vida en las trincheras”, le explica Arturo Pérez-Reverte al escritor colombiano Juan Carlos Botero. Lo hace, confiesa, porque aquellos que pelearon la guerra –“la Guerra Civil fue una carnicería- no hablan de ello. Como no lo hablaba su padre. Y no lo hacían, en parte, porque querían sacar adelante la reconciliación. Porque se consideraban españoles. “España se reconcilió porque los vencidos quisieron hacerlo… Cuando lo escribí estaba tremendamente conmovido”, dijo.

Pero todo lo ganado se está perdiendo. “Por la clase política”, agregó Pérez-Reverte que durante la hora de conversación dejó en evidencia varias de sus batallas. La más importante, tal vez, es contra de los políticos españoles, a quienes acusa de estar rompiendo el país, de avivar el lenguaje de la división para hacerse con una pequeña parcela de poder. “Quieren dividir España con la dialéctica de buenos y malos. Son una gentuza que busca dinamitar una reconciliación que ya estaba hecha”, sentenció.

Pero había otra batalla. Contra aquellos, especialmente aquellas, que según su argumento quieren destruir el lenguaje. “He sido intransigente hacia el lenguaje políticamente correcto, y hay una parte del feminismo que no me lo perdona”, dijo Pérez-Reverte quien también es miembro de la Real Academia de la Lengua. Ellas lo llaman machista por oponerse a términos de inclusión de género, pero también por su narrativa marcada por las guerras, por su dureza. “Rechazo la lengua como instrumento político feminista”, dijo. Su argumento contra cierto grupo de feministas se basa en que se gana la vida escribiendo y el lenguaje es su instrumento de trabajo. Necesita que sea una lengua limpia, directa.

A continuación, se extendió largamente en el temor que sienten muchos escritores más jóvenes a la hora de escoger sus temas, sus personajes. No se atreven a contar muchas cosas, algo que él puede hacer porque tiene sus lectores consolidados. “Hay cosas que pueden cambiar, la lengua es evolutiva. Pero lo que no puede ser es un campo de concentración. Esto me parece una infamia y me parece que todos los que trabajan con la lengua deberían revelarse”, concluyó antes de esbozar su última batalla.

Esta vez contra Ernest Hemingway, a quien encuentra magnifico como escritor y desprecia como persona. “No me gustan sus alardes de fanfarrón ni el silencio cómplice en la guerra -civil española- para no beneficiar al enemigo”.

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Re: 'Línea de fuego' (2020)

Mensaje por Rogorn » Mar Feb 02, 2021 10:35 am

Pérez-Reverte y la guerra
Alberto Díaz-Villaseñor - diariocordoba.com - 02/02/2021

De pronto recuerdo un puñado de libros, películas, o ambos, de intención antibelicista. Por ejemplo, ‘Senderos de gloria’ (Kubrick), ‘Johnny cogió su fusil’ (Trumbo), ‘La roja insignia del valor’ (Crane), ‘Sin novedad en el frente’ (Remarque), ‘Nos vemos allá arriba’ (Lemaitre), ‘Viaje al final de la noche’ (Céline) e, incluso, ‘Hair’ (Forman) o ‘El maestro del agua’ (Crowe). Títulos que no sólo abundan en el horror de las guerras sino que extienden sus propuestas hacia recónditos asuntos complementarios del alma humana como el miedo, el absurdo, el valor, la autoexclusión, la desesperación. A mi entender, obras como las anteriores y otras muchas debieran ser de obligada lectura o visionado en los IES, y a ellas y a su trascendencia viene a sumarse sin ninguna duda ‘Línea de fuego’, la última de Arturo Pérez-Reverte. Añade este escritor a su dilatada y más que interesante producción un título que nos va a mostrar la última guerra civil española como quizás nadie antes. Pérez-Reverte despliega un muestrario apabullante de virtudes y miserias humanas y nos sumerge con sobrados argumentos en el horror de una carnicería que si tuvo algunos héroes lo fueron unas veces a su pesar y otras gracias a la voluntad y a la profesionalidad; y que si tuvo, que los tuvo indudablemente, una enorme cantidad de villanos, fueron quienes siempre antepusieron cualquier cosa, como la cerrazón, la ideología, los propios intereses, el sectarismo o el hispano «sostenella y no enmendalla», a la vida ajena y a la sensatez. ‘Línea de fuego’, como el resto de sus novelas, posee además un inapreciable componente didáctico en el que se imbrican magistralmente la observación de la naturaleza, la geografía, la táctica militar, la documentación de la más completa parafernalia bélica, y, en cuanto a aspectos humanos, la maldad, la compasión, el cortejo más que el amor, el pánico, la valentía, la indiferencia, la generosidad, la vileza. Pero nadie vaya a buscar aquí partidismos y moralejas (a no ser un antibelicismo como adivinado resumen), sino todo el horror que desmiente que «la guerra è bella» y que es mucho peor que «scommoda» (incómoda) como escribieron Monelli y Novello.

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Re: 'Línea de fuego' (2020)

Mensaje por Rogorn » Vie Feb 05, 2021 10:30 pm

'Línea de fuego'
Juan Carlos Botero - elespectador.com - 05/02/2021

Toda maestría oculta su dificultad, por eso parece tan fácil el salto de gacela que da la bailarina, o el pase lento y sereno que hace el matador, o la pincelada segura que traza el genio de la pintura. Igual sucede con Arturo Pérez-Reverte, con su prosa tan eficaz y cristalina que fluye y le permite al lector ver y oír y oler y sentir la acción.

Y en esta ocasión, qué acción es. Porque la novela es 'Línea de fuego', una obra magistral, monumental, de casi 700 páginas y docenas de personajes. El autor describe la batalla del Ebro, una de las más duras y sangrientas de la guerra civil española, entre nacionales y republicanos, que causó más de 20.000 muertos. Pero no: miento. No la describe. La presenta entera y sin adornos, sumergiendo al lector en plena carnicería, y esa es la primera de muchas virtudes que tiene la novela. Porque aquí el autor no ha enfocado la retaguardia, como han hecho otros de la guerra civil, sino el frente de combate: el drama humano que ocurre en la trinchera, revelando el terror, el odio, el calor, los mosquitos, la suciedad, la amistad, el ansia de sobrevivir y el deseo de venganza, todos los ingredientes brutalmente humanos de quienes luchan y mueren, precisamente, en la línea de fuego.

Ahí está la segunda virtud de la novela: la dimensión humana de los personajes, que prevalece sobre la política e ideológica. Albert Camus decía que una novela es una filosofía expresada en imágenes. Y en esta obra es admirable la destreza con la que el autor trenza la filosofía, las ideas, dentro de la acción. Ese es un reto para todo novelista: presentar las tesis sin que suenen a discurso forzado e impuesto, ajeno al relato. Aquí las ideas tienen peso corporal, alientan la sangre de los personajes y huelen a pólvora.

Otra virtud es la meta deliberada del novelista de evitar la posición maniquea de buenos y malos, de separar a los combatientes entre nobles y canallas. Muchos han caído en esa trampa, incluyendo a Hemingway, ofreciendo una visión parcializada de la realidad. Es propio de la inmadurez dividir el mundo en blanco y negro, pero con los años la realidad reluce más compleja y llena de matices. Aquí, cada vez que un soldado revela su pensamiento, lo hace de manera convincente. Persuasiva. El autor no toma partido por ninguno y a todos les da la misma validez, porque en esa guerra cada uno tenía su razón para estar ahí, matando y haciéndose matar, y en ambos bandos había santos y rufianes. Aquí el lector se encariña con todos los personajes principales, sin que importe su ideología, ni si son valientes o cobardes, o si son viejos curtidos o chicos menores, y sufre con su suerte. Son seres cercanos, entrañables, que conmueven, y uno se roe las uñas viendo cómo bordean la muerte a cada paso, a cada explosión y a cada balazo.

Hay pasajes graciosos y otros que humedecen los ojos, pero los que parten el corazón son aquellos en donde los enemigos hacen una pausa en la guerra y conversan, ya sea porque hay una civil que está a punto de dar a luz o porque los combatientes se topan por error en la oscuridad de la noche. Lo que hiere es aquella familiaridad, la manera como se hablan: las bromas y los dichos y las chanzas comunes, porque reflejan la misma cultura compartida, la misma idiosincrasia. Son todos españoles, y, en el fondo, hermanos. Sin duda eso fue lo más terrible de esta guerra. Que era una lucha a muerte entre compatriotas, gente del mismo país y hasta del mismo pueblo. Y que al morir, como dice uno, llaman a la madre en el mismo idioma.

Los actores son auténticos seres humanos. Se siente en cada página. En el asalto y en el bombardeo, y en el tiroteo a quemarropa, y en la bayoneta que ensarta y en los gritos de quienes luchan. Porque en esos instantes de pánico y cólera no importan las tesis, sino la urgencia de sobrevivir y la necesidad de defenderse. Los soldados no mueren con la República en la boca, dice uno. Eso recuerda lo que decía un soldado japonés que combatió en la Segunda Guerra Mundial: aunque en teoría luchaban por el emperador, a la hora de morir ninguno lo hacía invocando al soberano sino a la esposa, a la madre, al padre o al hijo. Igual sucede aquí.

En la guerra civil española hubo pocas mujeres en el frente, pero en esta novela aquellas sobresalen y combaten como leonas. El libro comienza incluso con las mujeres de su brigada cruzando el río Ebro en la noche del primer asalto. Su papel, a lo largo de la historia, es estremecedor. En la historia de amor que resulta más lacerante porque no se consume. En la fascinación del combate y luego en el terror y en el desengaño. En el valor de las jóvenes que se arrastran en tierra de nadie. Y en la duda política que surge del choque atroz con la violencia. Porque aquí todo suena real, como si el autor hubiera estado físicamente presente en cada escena, en cada discusión y en cada combate. Es claro que él ha utilizado muchas de las experiencias que vivió durante sus 21 años como reportero de guerra para darle textura, olor y color a lo que narra. Eso incluye las veces que vio a mujeres luchar y matar y morir en batalla. Pérez-Reverte acude a ello y a tanto más, y de veras deslumbra la abundancia del material, la información de equipos bélicos, de estrategia militar, el desplazamiento de tropa, y todas las historias que se cuentan. Aparte de la investigación, que fue honda y vasta, el autor incluye recuerdos familiares, historias escuchadas de niño, relatos de amigos y de otros que sufrieron la guerra. De ahí que cada página parezca respirar y latir con el pulso de las cosas vivas.

España libró la primera contienda entre dos visiones que aspiraban a tomarse el planeta: el fascismo y el comunismo. Este país fue el primer escenario de esa batalla que llegó a ser, al poco tiempo, mundial, con ambas tesis enfrascadas en una lucha a muerte, y aquello llevó a la gente más humilde a matarse entre sí, espoleada por esas ideologías opuestas y por sus propias cuentas pendientes, sus odios y pasiones, su pasado sangriento que la llevó a la trinchera. Ninguno llega inocente a la guerra. Ni siquiera los chicos. Todos arrastran su bagaje de sangre y dolor: el padre fusilado, la hermana violada, el hermano reventado en un bombardeo, el amigo caído en un combate previo. Es una espiral de recuerdos y rencores que los lleva a matar y hacerse matar. A matar a otros españoles.

Duele la inutilidad del sufrimiento. Los soldados ganan un terreno y luego lo pierden y lo vuelven a ganar. Hay un valor estratégico que motiva la lucha tras cada palmo de tierra, pero también prevalece una sensación de futilidad, pues cada avance y cada retroceso se logra mediante cientos de muertos y heridos. ¿De qué sirve semejante costo y horror? La triste respuesta es que esta guerra fue, como todas, un enorme desperdicio de vida y de futuro, de tierra bañada en sangre y poco más.

Lo cierto es que Arturo Pérez-Reverte es un fenómeno extraño en la narrativa actual: un clásico vivo. Miembro de la Real Academia Española y autor de incontables artículos de opinión y de 31 novelas, es, sin duda, prolífico (sólo un año antes publicó otra novela excepcional, Sidi), pero ante todo está dotado de un talento asombroso, porque cada novela muestra otra faceta de la condición humana. Línea de fuego también logra esa meta, y lo hace con frescura y una acción trepidante que parece vibrar y perdurar. Por eso, al cerrar el libro, aún se percibe el rumor de la batalla, y los gritos apagados de los soldados que luchan y mueren, y las gotas de sudor que resbalan por rostros tiznados de polvo, y la sangre que cae y moja la tierra pisoteada. Aquella hermosa y sufrida tierra española.

Octavio Paz señaló: “Los grandes libros —quiero decir: los libros necesarios— son aquellos que logran responder a las preguntas que, oscuramente y sin formularlas del todo, se hacen el resto de los hombres”. Eso hace esta novela. Responde a profundos interrogantes, tanto los de la nación como otros universales. España se merecía este hermoso y feroz espejo para saber y recordar cómo fue de verdad su guerra civil. Y la literatura se merecía esta obra maestra.

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Re: 'Línea de fuego' (2020)

Mensaje por Rogorn » Dom Feb 07, 2021 7:14 pm

'Línea de fuego'
Mariela Sagel (embajadora de Panamá en España) - laestrella.com.pa - 05/02/2021

Arturo Pérez-Reverte es quizás el novelista más conocido en la España actual, y el más mediático a nivel de sus presentaciones, sus artículos y sus tuits desde el bar de Lola. Esquivo como ninguno, amable con sus seguidores, lo hemos tratado de llevar a Panamá desde hace años, al punto que tenemos un grupo que se llama Círculo Alatriste, al que me honro en pertenecer. Y ese día llegará, tarde o temprano.

Su última novela, 'Línea de fuego' ha creado –como sus mandadas para la chingada hija de la puta que los parió– polémicas por el tema que trata, la batalla del Ebro, que se verificó en 1938 durante la guerra civil española, una de las batallas en que más combatientes participaron, la más larga, y una de las más sangrientas de todas las guerras. Tuvo lugar en el cauce bajo del valle del río Ebro, entre la zona occidental de la provincia de Tarragona (Tierra Alta) y en la zona oriental de la provincia de Zaragoza, y duró los meses de julio a noviembre de ese año. Para muchos sería otra historia sobre la guerra civil española, pero esta tiene más de ficción que de realidad, y es allí donde irrumpe el Pérez-Reverte que adoramos y admiramos. Algunos alegan que hay exceso de materia didáctica sobre técnicas de disparos, armas y formas de posicionarse, y eso fue motivo de una encendida crítica de parte del columnista Jordi Gracia en 'Babelia', el suplemento cultural del diario 'El País'. Para él, fue demasiada pedagogía. El libro salió en formato digital en octubre del año pasado y, según las noticias, no solo es el más leído y vendido, sino que se le otorgó el premio “Libro del año”. Se lo dedica al pintor Augusto Ferrer-Dalmau, su Pintor de batallas (otra de sus maravillosas novelas).

Sus libros siempre tienen una aparatosa promoción, y la pandemia que arrasa al mundo no ha sido impedimento para que esté presente en las ferias de Guadalajara, el Hay Festival y cuanto sarao organicen en torno al tema. Sus entrevistas son un deleite, y eso complementa la dureza de la historia, porque hay que prepararse para combates de verdad, con la interesante incorporación de mujeres en la primera línea de combate. Y pensar que le han tildado de machista.

Algunos expertos en esa guerra que desangró España critican que sitúa los escenarios de esa batalla larga del Ebro en apenas unos días donde hubo de todo, hasta guiños entre un personaje funesto llamado “el ruso” y una de las militantes comunistas. Y allí está la magia de la novela, pues narrar cualquier hecho lo convierte en un ensayo, pero con las piruetas de Pérez-Reverte lo convierte en una lectura adictiva, de ficción, de algo que nunca pasó, pero que hubiera sido muy interesante que pasara. No es la primera historia novelada de Pérez-Reverte sobre la guerra civil, le antecede la trilogía de 'Falcó'.

Sobre esa guerra tan larga y estéril han escrito Elsa Osorio, Manuel Chaves Nogales, José Ovejero, Javier Cercas, Camilo José Cela, Antonio Muñoz Molina, Rafael Chirbes, Jordi Soler, Mercè Rodoreda, Almudena Grandes, Andrés Trapiello, Max Aub, Miguel Delibes, Eduardo Zúñiga, Arturo Barea, Juan Pedro Aparicio, Ramiro Pinilla, Juan Benet, Manuel Rivas, Ernest Hemingway y Emilio Gavilanes, sin dejar por fuera el experto en la guerra Paul Preston, y a los que han escrito excelente ficción sobre la guerra civil, hay que añadir, ahora sí, a Arturo Pérez-Reverte, porque en su 'Línea de fuego' los seres humanos que combatieron en el frente se convierten en unos personajes literarios extraordinarios. Almudena Grandes ha escarbado en las historias dentro de las historias con su serie 'Historias de una guerra interminable', que va para su sexto libro. Pérez-Reverte nos lleva más allá del Ebro, de aquella última, terrible batalla, hasta nuestros días, “en los que la guerra sigue brillando como el oro y el fango que fue, más aún, como el lodazal en el que los españoles se envolvieron”, ha dicho José Luis Ibáñez Salas.

Vuelvo al tema de las mujeres porque me parece un asunto reivindicativo de lo que se le ha acusado tantas veces. Las mujeres de las novelas de este autor siempre son fuertes y nunca sometidas a los hombres. Y en esta novela dos de los muchos protagonistas son mujeres, combativas y combatientes. El libro va de guerra, pero de guerra de verdad, la que se libra en los frentes, donde se aprende, viendo morir, que “se piensa mejor con la cabeza que con los ojos”, no la del espectáculo desgarrador, más infrahumano si cabe, de las retaguardias españolas en esos años de cainismo terrorífico. Hay que estar preparados para la guerra pura y dura y el lenguaje que intercambian los enemigos, incluso los pobres marroquíes que aparecen en medio de esta contienda. No es común leer libros de la guerra civil u otra guerra donde en primera línea estén mujeres porque, según se dice y se repite, “no es sitio para una mujer”, aunque no sea un sitio para nadie.

Como en toda guerra, hubo dos bandos y cierta equidistancia. Según decían, “unos mueren por el paraíso de Cristo y otros por el proletariado”. Para uno de esos comisarios políticos, “el ejército del Ebro es la vanguardia del proletariado mundial. Los del otro lado son mercenarios o gente obligada a luchar, mientras que ellos son el pueblo en armas”. Le podremos escuchar decirles a los suyos que “somos un muro de bayonetas sostenido por la verdad científica y la razón, mientras que los de enfrente son mercenarios o parias obligados a luchar por una causa que no es la suya”. 'Línea de fuego' no solo va de escaramuzas, tiros, sangre, arrojo, miedo permanente a morir (en ocasiones un “miedo reflexivo, consciente, tranquilo”) y sudor, es una profunda narración dinámica de lo que vivieron los seres humanos que se enfrentaron a muerte en una guerra sin cuartel, inmisericorde. Civil e incivil.

Con 69 años y 23 en los que fue corresponsal de guerra, es uno de los novelistas más leídos, populares, polémicos, fascinantes, y adorado y odiado por muchos. Defensor de los derechos de los perros, a los que ha dedicado varios libros, es un amante del mar, en el que se aventura en su velero y de donde han salido estupendas novelas, como 'La carta esférica' (que fue llevada al cine). También de su pluma son 'La reina del sur', basada en la vida de una narcotraficante mexicana (de la cual se hicieron dos versiones para la televisión), la trilogía de 'Falcó' y la imprescindible serie de 'Aventuras del capitán Alatriste' (siete en total, también llevadas al cine y televisión). Ha sido guionista de series como 'El dragón', un éxito en Netflix, y 'Quart, el hombre de Roma', basada en su novela 'La piel del tambor', una de mis preferidas. Pero si me piden mi opinión, hay dos novelas que sobresalen entre todas las demás: 'El tango de la Guardia Vieja' y 'Hombres buenos'. Aunque a decir verdad, todos sus libros me encantan, porque soy alatristeana. Ganador de muchísimos premios y reconocimientos, es académico de la RAE, donde ocupa el sillón T, y no deja de hacer valer sus convicciones, como señalar que no se debe decir la aberración “señores y señoras”. Atrae multitudes y no se muerde la lengua para mandar a todos a tomar por donde ya saben. Yo he hecho filas de tres horas para que me firme un ejemplar. En 2016 fundó la revista literaria 'Zenda', cuyo título está inspirado en la novela 'El prisionero de Zenda', de Anthony Hope. El propósito de la publicación es difundir contenidos relacionados con el mundo de las letras (entrevistas a escritores, reseñas de libros, noticias de actualidad, textos de creación, etc.). En 2019, al amparo de la revista, creó el sello editorial Zenda Aventuras, dedicado a la publicación de novelas de aventuras prologadas por Pérez-Reverte y con ilustraciones del pintor Augusto Ferrer-Dalmau.

Pérez-Reverte honra en este libro a los soldados que combatieron en los frentes de aquella guerra que dividió a la sociedad española, pero que cuando regresaron a sus casas no dijeron una sola palabra sobre lo que habían vivido.

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Re: 'Línea de fuego' (2020)

Mensaje por Rogorn » Jue Feb 11, 2021 10:57 am

'Línea de fuego - Arturo Pérez-Reverte
Balbo - hislibris.com - 10/02/2021

"Aunque me tiren el puente y también la pasarela, me verás pasar el Ebro en un barquito de vela" (extracto de la canción popular “Si me quieres escribir”).

Aunque durante la Guerra Civil Española hubo un gran surtido de batallas en las que lucharon hermanos contra hermanos, y fue también campo de prueba de armas de otras potencias internaciones implicadas con vistas a la gran traca final que fue la Segunda Guerra Mundial, sin lugar a dudas la Batalla del Ebro, ocurrida entre 25 de Julio y el 16 de Noviembre de 1938 y desarrollada entre la llamada Terra Alta (Tarragona) y Mequinenza, fue la gran batalla de esta guerra fratricida, ya que fue en ella en la que los dos ejércitos, los de la República y el Nacional, pusieron toda la carne en el asador, convirtiéndola en la lucha definitiva que ya llevaba dos años desangrando a España. Los más de veinte mil muertos que se quedaron en aquellos campos resecos así lo atestiguan. El destino de la victoria era distinto, pues si ganaban los nacionales (como así pasó) el final ya estaba asegurado, mientras que si ganaban los partidarios al gobierno legítimamente votado en el 36, la guerra tomaría otros derroteros más favorables y se podría prolongar por lo menos hasta que otros países tomaran cartas en el asunto. Así pues, el entrechocar de carneros estaba servido, y por eso ambos bandos supieron desde el primer momento que aquellos días serían el todo y la nada, al poner a sus mejores soldados en acción.

Este es el campo de acción en el que el escritor Arturo Pérez-Reverte desarrolla su última novela: 'Línea de fuego' (Alfaguara, 2020). El prolífico escriba cartaginés centra su relato en el comienzo de la Batalla del Ebro y lo extiende a lo largo de una semana en una zona o pueblo imaginario llamado Castellets del Segre, y es en esos días, desde la óptica de ambos bandos, en la que vemos el arrojo con el que se batieron nacionales y republicanos, unos para o bien conquistar de nuevo palmo a palmo lo que les había arrebatado el enemigo o bien otros para avanzar en pos de la victoria final. Aunque la mayoría de soldados y unidades que Reverte introduce en el campo de batalla son ficticios, como por ejemplo la XI Brigada Mixta del ejército de la República, esencialmente sirven al autor para mostrarnos el día a día de aquellos hombres que supieron sufrir en un frente que se había convertido en un infierno de fuego, plomo, calor y muerte.

'Línea de fuego', como ya he apuntado antes, está escrita para que veamos las horas y penalidades que sufrieron intercalándose capítulos y situaciones de republicanos y nacionales. En ellos podemos observar las vicisitudes de un grupo de mujeres de enlace entre las distintas unidades republicanas, carlistas con sus "detente bala", cansados brigadistas internacionales, bragados soldados de tercios y legionarios, fuertes y decididos comunistas, gente que según vienen los vientos de la victoria se quieren pasar de un lado al otro, algún que otro soldado perdido con mala suerte y que se ve obligado a luchar todo el rato como si estuviera condenado a ello, corresponsales extranjeros que no dudan en meterse en el interior de aquel fregado… y así un gran número de personajes y hechos que nos dan todos los puntos de vista de la mayor batalla vivida en aquella guerra y donde tantos jóvenes perdieron la vida. Son cientos de historias, las mismas que podríamos escuchar a cualquier abuelo o familiar nuestro de avanzada edad que hubiera vivido aquellos días en la Batalla del Ebro.

Pero aunque el lugar y las unidades de combate que ha utilizado Pérez-Reverte son imaginarias, no por ello quiere decir que todo sea fábula y humo, sino que las ha utilizado para mostrarnos como fueron en realidad los primeros días de aquella contienda gracias a la gran documentación que ha utilizado (y que existe sobre la Batalla del Ebro) y escribir al detalle cómo eran por ejemplo los uniformes de nacionales y republicanos, el armamento, las técnicas de combate, las ideologías y bagajes internos que portaba cada soldado, sus motivaciones políticas o de supervivencia, las órdenes y contraórdenes, el minuto a minuto en una trinchera, defendiendo una posición, una casa tomada y retomada cada poco tiempo y acribillada por el enemigo… todo casi al milímetro, produciendo en el lector desde sensaciones de vértigo y acción hasta sensaciones casi olfativas en las que casi se pueden oler el tufo a aceite de las armas y correajes, a humanidad de los hombres que luchan sin cesar, sin dormir, agotados y destrozados por el combate diario, o por el humo de las casas o la descomposición de los muertos. Actos de valentía, actos de cobardía, miradas desesperadas, ojos hinchados de sueño y labios resecos por la sed, sangre derramada por doquier y adrenalina disparada hasta el límite, una visión realista de lo que es una batalla en estado puro y en la que se decide el destino de un país. Así pues, les dejo con una novela ecuánime, directa, violenta, brusca pero muy bien escrita y documentada que nos retrotrae a unos años en que los españoles nos matábamos por unas ideas ya fueran acertadas o desacertadas dependiendo del punto de vista. Una novela que nos lleva hasta el mismo meollo del fuego y en la que como nos dice uno de sus personajes, ejemplificando lo desastrosas que son las luchas fratricidas: "Es lo malo de estas guerras. Que oyes al enemigo llamar a su madre en el mismo idioma que tú".

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Re: 'Línea de fuego' (2020)

Mensaje por Rogorn » Dom Feb 14, 2021 10:48 am

Arturo Pérez-Reverte y su 'Línea de fuego'
Andrés Zambrano - eltiempo.com - 13/02/2021

La Guerra Civil es casi un género literario en España, y permea buena parte de su narrativa cultural en todas las expresiones artísticas: cine, poesía, teatro danza, etc. Los abordajes que permite un hecho de tales dimensiones son múltiples y podemos decir que inagotables. Entre los grandes nombres de la literatura que se han ocupado de contarla están, cómo no, Ernest Hemingway, y más recientemente, por citar solo dos nombres: Almudena Grandes y Javier Cercas. Uno que no se había ocupado del tema, al menos no directamente, era Arturo Pérez-Reverte, quien ha hecho de la historia su escenario literario preferido, aunque hizo una aproximación tangencial a través de su personaje Lorenzo Falcó, un excontrabandista de armas, espía sin escrúpulos y agente de los servicios de inteligencia en los años treinta y cuarenta, sobre el que escribió una trilogía.

Sin embargo, su gran apuesta literaria sobre el tema la reservó para su más reciente novela, 'Línea de fuego', sin lugar a dudas su relato más ambicioso, en el que emplea todo su músculo narrativo y su habilidad para tejer tramas complejas. Por ponerlo de alguna manera, 'Línea de fuego' es su 'En busca del soldado Ryan' sobre la guerra civil española, una novela donde se respira pólvora y explosiones un párrafo sí y otro también. Son 682 páginas llenas de pirotecnia bélica, que dejan sin respiro, se percibe el polvo de la guerra, el sufrimiento, la sangre y la frustración de la derrota.

No se podía esperar menos de un escritor que hizo carrera y se curtió como corresponsal de guerra. El curso para escribir 'Línea de fuego' fue intenso, lo hizo cubriendo los conflictos armados de Chipre, Líbano, Eritrea, el Sáhara, las Malvinas, El Salvador, Nicaragua, Chad, Libia, Sudán, Mozambique, Angola, el golfo Pérsico, Croacia y Bosnia. De su paso por la guerra de Yugoslavia queda su novela 'Territorio comanche', uno de los mejores testimonios sobre el periodismo de guerra. Pérez-Reverte sabe bien de qué habla cuando cuenta cómo es el minuto a minuto de un combate, cómo operan los combatientes –más que los soldados–, porque en las guerras que cubrió había de todo, desde los profesionales del oficio, que juegan con ventaja y sin bandera, hasta los que lo hacen movidos por el entusiasmo de un ideal, pero sin mayor experiencia en el manejo de las armas.

Los hechos narrados en 'Línea de fuego' no sucedieron en realidad, ni tampoco son reales sus protagonistas. La novela se centra en la toma del imaginario pueblo de Castellets del Segre, en el marco de la sangrienta e histórica batalla del Ebro, la más cruda de la guerra civil española. Aunque es célebre por su incorrección política, Pérez-Reverte trata de no comprometerse en su relato, busca irse por el punto medio y de alguna forma es duro con ambos bandos desde lo puramente político, y resalta el valor y la bravura de las partes en conflicto. Y ese puede ser su pecado, especialmente para el lector que busca algo más que un relato trepidante y lleno de emociones. Está claro que Pérez-Reverte se empleó a fondo y su novela es una buena aproximación a ese episodio histórico, es algo así como un manual para "dummies" sobre la guerra civil española y en general sobre todas las guerras, es su soldado Ryan, nada más que eso.

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