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Comentarios y noticias sobre el resto de los libros de Pérez-Reverte

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endeavour
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Mensaje por endeavour » Mar May 08, 2012 8:54 pm

¿Qué es patrulla de salvación? Me refiero, veo que es una especie de blog literario a simple vista. No he profundizado. Pero ¿es recomendable? Por como comentan... pelín pretencioso. Pero es cuestión de que me lo recomendeis y me pongo a leer... jejeje.

un saludo.

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Ada
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Mensaje por Ada » Mar May 08, 2012 9:59 pm

endeavour escribió:¿Qué es patrulla de salvación? Me refiero, veo que es una especie de blog literario a simple vista. No he profundizado. Pero ¿es recomendable? Por como comentan... pelín pretencioso. Pero es cuestión de que me lo recomendeis y me pongo a leer... jejeje.

un saludo.

Es un blog literario. Pero no el típico de reseñas, entrevistas y presentación de novedades. Cuenta las bambalinas del mundo editorial metiéndose con todo el mundo. Está divertido.
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Ada
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Mensaje por Ada » Mié May 09, 2012 10:00 am

Os dejo los nuevos comentarios suscitados:

xmpb dijo:

No deberíamos dejar a Reverte tranquilo con sus relojes y su proceso de escritura feliz con su intelectualidad de bote y todo eso? Acabaremos por pensar que es objeto de debate, y hay cosas más divertidas. Por ejemplo, el otro post de la nueva literatura post post post (que el día que descubran que la nocilla solo se vendía en españa se pegan un tiro). Os imaginas en holanda la generación nutella?

Me voy a los otros post…

XM Pacho

sargentomargaret dijo:

Disiento, querido Tongoy, porque entiendo que Pérez-Reverte ya se está mojando. Te pongo un ejemplo: el pasado día 6 contaba que busca consejo en los maestros (cita a Dostoievski, Balzac y Dickens, entre otros) y escribe:
“Por eso ayer, en busca de consejo, de orientación sobre ciertos aspectos de un personaje, subrayé algunos fragmentos de Stendhal en su “Viaje a Italia”. No irán directamente a la novela, pero sí formarán parte, quizás, del entramado que la sostiene por debajo. Son como vitaminas oportunas. Tazas de café sólo y sin azúcar que estimulan el trabajo propio: “Al cabo de un rato, la sonrisa falsa de una mujer en una fiesta se vuelve mueca”… “Cuando languidece su conversación, no es por aburrimiento, sino por prudencia”… “En él, las pasiones no intentaban disfrazarse de elegancia”…”
Con eso está creando unas espectativas en sus lectores que luego habrá que ver si, con la novela ya en el papel, satisface.
Yo te digo que me leeré la novela con una mano mientras en la otra tengo el blog, el de Pérez-Reverte. Pienso comparar, claro. Ya te contaré.
Un abrazo, Carlos.
la sargento Margaret


La Medicina de Tongoy dijo:

Pero, ¿acaso no hacen eso todos los escritores? Es sólo una suposición pero no me parece que sea tanto mojarse. No creo que uno pueda evitar meter en la novela sus lecturas. Que Reverte diga cuáles son no me parece digno de elogio, la verdad.
Hace muchos años, demasiados, leí “Las amistades peligrosas” y recuerdo algo que me llamó mucho la atención. El protagonista confesaba a “la mala” (Glenn Close en el cine) que antes de salir a seducir alguna mujer leía un libro determinado con la intención de conseguir el “tono” correcto. Ni que decir tiene que elegía el libro en función del tipo de mujer. Me pareció genial en su momento; luego descubrí que, al menos en la escritura, era algo bastante habitual. Lo de Reverte parece exactamente eso: buscar en los Maestros el tono que quiere para cada momento. Pues vale, cojonudo, ¿y?

Jonan, yo no creo que sea por ser más freycool (que también) sino precisamente para salir en EPS como el artífice de una idea genial. Publicidad gratis, en definitiva. Que me parece cojonudo, que conste; simplemente no me parece que sea para tanto.

Saludos,

jonan dijo:

Señora sargento: ¿se está usted quedando con la peña pero a base de bien, no?
Esto sí que es provocar y no lo que hacen los post-nocillos ésos…


sargentomargaret dijo:

Todos lo hacen, cierto. (y me parece una técnica necesaria y correcta) Pero no lo cuentan por anticipado, como está haciendo Pérez-Reverte. Como decía Marsé, solo el autor sabe lo lejos que su novela en el papel quedó de lo que quería escribir cuando la planeó. A eso me refiero.
Un abrazo
La sargento


Muy interesante lo que dice La Sargento. a ver si me acuerdo y tomo ejemplo cuando salga el libro
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Siana
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Mensaje por Siana » Mié May 09, 2012 12:29 pm

koora_linax escribió:Me gustaría recordar esta patente en este hilo novelado 8) :arrow:

http://www.capitan-alatriste.com/module ... pic&t=2635

Esta novela tiene unas mezclas curiosas e interesantes. Gracias por recordar la patente Koora :wink:

Un tango finlandés:
http://www.youtube.com/watch?v=-njBJ_4XEBk

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koora_linax
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Mensaje por koora_linax » Mié May 09, 2012 12:49 pm

Precioso tango, Sianeta :wink:
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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Mié May 09, 2012 4:32 pm

Huellas dactilares

09.05.2012

Me detengo en otro detalle. Es interminable la cantidad de cosas uno desconoce. Y ésta me urge. Tengo a un personaje en el año 1937 haciendo algo ilegal. Muy ilegal. Pero ignoro si conviene que, al terminar lo que tiene entre manos, pase un pañuelo para borrar sus huellas dactilares. Me pregunto si en esa época ya era usual ser identificado por éstas. Podría resultar una preocupación innecesaria. Anacrónica. Así que de nuevo me toca pedir ayuda. Esta vez recurro a alguien del lado bueno (por llamarlo de algún modo) de la ley. Se trata de un viejísimo amigo: Juan Antonio Calabria, comisario jefe de una brigada provincial de policía judicial. “Tengo un problema —digo—. Huellas dactilares sí, o huellas dactilares no”. Averiguo así que la primera identificación por esa clase de pistas se hizo en España nada menos que en 1892 (la huella del pulgar ensangrentado de una tal Francisca Rojas, que mató a sus dos ahijados porque se interponían entre ella y su amante); que en 1911 empezó a funcionar en Madrid un servicio policial de identificación que incluía la dactiloscopia, y que en 1921 la Dirección General de Seguridad creó el gabinete central de identificación. “O sea —me advierte Calabria—, que más le vale a ese personaje tuyo borrar bien las huellas, sin dejar ni una, o te garantizo que va a tener problemas”. Así que ahora tengo a mi personaje limpiando huellas como un loco. Paranoico total. Ni a apoyarse en la pared se atreve.

--

Personajes crudos y personajes hervidos

09.05.2012

Hay un personaje de la tercera parte (capítulos décimo y undécimo) que debo revisar a fondo. Marco notas para volver a él con detalle en la próxima revisión. Ojo con este fulano. Lo tomé directamentre de la realidad, pero no me satisface del todo. Quizá funcione para el lector en el marco general de la novela, pero no funciona bien para mí. Cada vez que llego a un pasaje determinado veo al personaje en el que me inspiré, al de carne y hueso, no al literario que quiero mostrar. Está crudo, por decirlo de alguna manera. Y lo que nunca hago, o procuro evitar, es meter en una novela a un personaje entero, sin cocer, crudo. Porque eso es muy peligroso y no funciona bien. Ningún personaje de la vida real puesto en una novela funciona si no lo has hervido antes. Ese hervor significa trabajar con ellos y hacerlos literatura. Que el lector, ingenuamente convencido, piense: “Es real como la vida misma”. Es como el lenguaje: el de la calle, usual, casi nunca funciona por escrito. Nada real como la vida misma funciona bien en una novela. Haber sido primero reportero y luego novelista tiene muchos riesgos (contaminaciones varias), pero también ventajas. Te sitúa, con algo de suerte, en buena posición para mirar a ambos lados de la colina. En algún momento de esa vida anterior creí comprender que cuando en un reportaje hay literatura es un mal reportaje; y que cuando en una novela hay periodismo, es una mala novela. Uno debe utilizar los conocimientos adquiridos, pero no mezclar las técnicas. Y eso es lo que intento hacer: no introducir material crudo en una historia. Ni siquiera en Territorio Comanche lo hice, pese a las apariencias. Las novelas verité nunca me han convencido. No son novelas. Son otra cosa. Absolutamente digna, por supuesto. Pero no son novelas. Al menos, no las que yo intento escribir.

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Mensaje por Adeletheresa61 » Mié May 09, 2012 6:09 pm

Gracias Ro

Y eso es lo que intento hacer: no introducir material crudo en una historia. Ni siquiera en Territorio Comanche lo hice, pese a las apariencias. Las novelas verité nunca me han convencido. No son novelas. Son otra cosa. Absolutamente digna, por supuesto. Pero no son novelas. Al menos, no las que yo intento escribir


:)

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Vie May 11, 2012 4:47 pm

Desde la ventana de Max

11.05.2012

Este es un atardecer veneciano tal como lo veía Max, el protagonista, desde su balcón del hotel Danieli de Venecia cuando se asomaba hacia el lado de poniente. El Danieli es mencionado dos veces en la novela, brevemente, pues forma parte de los recuerdos del personaje principal. O más bien es escenario de alguno de ellos. En una de las ocasiones se refiere a un robo de joyas y dinero a una soprano brasileña allí alojada, incidente al que Max no es —o no fue, en otro tiempo— en absoluto ajeno. El otro episodio se refiere a una conversación del personaje con el conserje del hotel —ocurre a finales de los años 50, pero doy al conserje imaginario el nombre de uno de los actuales y más veteranos conserjes, Maurizio—. El conserje de la novela, que durante cuatro décadas dio la llave de sus habitaciones a los hombres más ricos y las mujeres más bellas del mundo —casi tanto como el Maurizio real, por otra parte—, intercambia con Max, viejo cliente y casi amigo, algunos conceptos sobre ésos y otros asuntos. Dinero, tentaciones, mujeres. Cosas así. De profesional a profesional.

http://novelaenconstruccion.com/2012/05 ... na-de-max/

--

La habitación de la soprano

11.05.2012

La isla de San Giorgio vista desde el interior de la habitación de Max. Ésta pudo perfectamente ser la habitación del hotel veneciano que, cuando el asunto de las joyas robadas, el personaje compartía con la soprano brasileña que se quedó sin ellas: compuesta, expoliada y sin gigoló. Por supuesto, la factura del Danieli la pagaba ella. Solían pagar ellas, en el caso de Max. O casi. El viejo viejo zorro —a estas alturas ha recorrido un largo camino desde el Barracas arrabalero de Buenos Aires— siempre supo desenvolverse bien para esa clase de cosas. Tiene buena planta, simpatía, labia, mundología y otras virtudes más o menos útiles para su oficio que irán apareciendo en la novela. Supongo. En realidad me cae bien. Mucho. He invertido mucho trabajo en procurar que así sea: que me caiga bien. Aunque desde luego —conozco bien al personaje porque, además de crearlo, hace año y medio que convivo con él noche y día— nunca le confiaría ni dinero, ni joyas, ni una mujer que me importase conservar. Incluso la simpatía tiene unos límites.

http://novelaenconstruccion.com/2012/05 ... a-soprano/

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Mensaje por koora_linax » Vie May 11, 2012 5:03 pm

Incluso la simpatía tiene unos límites.
:wink:

Qué vista más misteriosa desde la habitación 8)
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Ada
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Mensaje por Ada » Vie May 11, 2012 5:04 pm

Por si queréis situaros en el Hotel Daniele de Venecia:


http://danieli.hotelinvenice.com/photo-gallery.html

En este mismo hotel, en 1957 la soprano Maria Callas conoció a Onassis

Maria Callas y Aristóteles Onassis se conocieron el 3 de septiembre de 1957 durante un baile de máscaras celebrado en el hotel Danieli de Venecia. Los presentó Elsa Maxwell, la decana organizadora de fiestas de la alta sociedad de aquella época. Él tenía 53 años y ella, 33. Fue un encuentro muy discreto, aunque ambos se dieron cuenta de que tenían las mismas raíces. Los dos podían jurar con la creatividad e imaginación de un marinero griego. El idilio estalló, es sin duda la palabra adecuada, durante un crucero en el yate del naviero, el Christina, en el verano de 1959.

Empezó entonces una historia apasionada de amores y desamores, de infidelidades y reencuentros, que duró hasta el final de sus días. La pareja tuvo incluso un hijo, que murió a las dos horas de nacer. Lo cuenta con todo detalle el escritor norteamericano Nicholas Gage en Fuego griego, un libro de casi 600 páginas, que Plaza & Janés publicará el proximo 4 de octubre. Gage, que aporta numerosos testimonios y algunos documentos inéditos, presenta la turbulenta relación de la pareja que, en su día, fascinó y escandalizó a medio mundo, como una tragedia griega moderna. Los dos estaban casados cuando iniciaron su romance. Maria había contraído matrimonio con Giovanni Battista Meneghini, 30 años mayor que ella. Y él, con Athina, Tina, hija menor de Stavros Livanos, lo que le permitió entrar en el selecto club de los grandes armadores griegos. Tuvieron dos hijos, Alexander (1948) y Christina (1950).

La pasión por María Callas se mantiene al cumplirse 25 años de su muerte
Un cuarto de siglo sin 'la' Callas

Onassis había nacido en 1904 en Smirna y era ya multimillonario. Maria Cecilia Anna Kalogeropoulos, verdadero nombre de la Callas, nacida en Nueva York en diciembre de 1923, era una diva famosa, capaz de cantar en italiano, alemán o francés. Aunque los críticos, en general, le reprochaban la falta de técnica, reconocían su carisma en el escenario. Eran dos fuerzas de la naturaleza.

El asalto en serio de Onassis a la Callas se inició en París, el 19 de diciembre de 1958, cuando ella actuaba en una gala benéfica. Llenó su camerino y su casa de rosas rojas. Poco después, Ari y Tina invitaron a los Meneghini a un crucero en el Christina. Maria dijo que no sabía, que tenía la agenda muy llena, que se iba a Londres para una Medea en el Covent Garden. Aristo, como ella empezó a llamarle -para Jackie Kennedy sería Telis-, replicó que iría a Londres a por la respuesta. Y fue. Le organizó una fiesta impresionante y la convenció.

Meneghini, que se olía la tostada, puso todos los obstáculos posibles, pero Maria no dio su brazo a torcer y se compró un montón de ropa para el crucero. El 22 de julio de 1959, el Christina levó anclas. Viajaban a bordo, además de los Onassis y los Meneghini, unos ilustres invitados, sir Winston Churchill y su esposa, lady Clementina, acompañados de su hija, Diana Sandys, y de su nieta, Celia, de 16 años; también estaban Anthony Montague Browne, secretario personal de Churchill, y su esposa Nonie; y, en una de las escalas, se embarcaron Artemis, hermana de Onassis, y su marido, Theodore Garofalides.

Todos ellos asistieron estupefactos al idilio de Maria y Aristo, que empezó con largas charlas nocturnas. Cuando los invitados se retiraban, la pareja permanecía hasta el alba hablando de sus cosas. Onassis, prudente, hizo que se quedase de carabina Nonie Browne. Luego, él comenzó a cogerle la mano en las excursiones y, después, pasando de los invitados, cenaron en solitario. Parece ser que acabaron haciendo el amor en una de las barcas auxiliares. Meneghini, que se pasó la mitad del crucero con náuseas, se fue poniendo nervioso. Primero quiso desembarcar, luego empezó a tontear con las otras mujeres, hasta el punto de que le llamaban Meningitis. Todos, menos Maria, intentaron que los Churchill no se enterasen de lo que pasaba. Fue un escándalo.

Los matrimonios Onassis-Livanos y Meneghini-Callas quedaron destruidos en el crucero, aunque Onassis estaba convencido de que podría disfrutar de su nueva amante sin perder a su esposa y a sus hijos. Lo único que quería Maria era casarse con Aristo y tener hijos. Cuentan sus íntimos, que la soprano se sintió por primera vez amada como persona y no por su talento. Ni siquiera la insistencia de Onassis para que siguiera cantando consiguió convencerla. No volvió a hacerlo hasta nueve meses después. Estaba embarazada.

Pese a que siempre se ha dicho que Maria se sometió a un aborto, instigada por Onassis, en 1966, Gage revela que la soprano quedó embarazada en 1959, al principio de su relación con el armador. La pareja hizo incluso planes para la llegada del niño y empezó a buscar casa en Suiza, donde ella pudiera vivir con el bebé. Entre ellos, hablaban del 'proyecto suizo'.

Maria dio a luz, el 30 de marzo de 1960, a un varón que falleció dos horas después. Fue un parto por cesárea. En el documento que incluye Gage en el libro se dice que el niño 'nació vivo y murió antes de ser notificado su nacimiento'. Está enterrado en el cementerio de Milán. Mientras, Aristo se hallaba nuevamente de crucero con los Churchill pero, según Bruna Lupoli, la criada de toda la vida de la Callas, 'estaba muy afligido cuando telefoneó a la clínica y se enteró de que el niño estaba muerto'. La muerte del bebé atormentó a Maria Callas hasta el final de sus días.

La diva se entregó en cuerpo y alma al naviero. Se cortó el pelo porque él se lo pidió, se quitó las gafas porque el lo quiso... A principios de 1963 no quedaba nada en la vida de Maria salvo su relación con Onassis. Fueron unos amores tormentosos que Onassis intentó recomponer al final de su vida, cuando se dio cuenta de que su matrimonio con Jackie era un fracaso. Pero no tuvo tiempo, la muerte le atrapó antes. El largo romance supuso para 'ambos la inversión emocional más profunda y duradera de sus vidas', concluye Nicholas Gage.Maria Callas y Aristóteles Onassis se conocieron el 3 de septiembre de 1957 durante un baile de máscaras celebrado en el hotel Danieli de Venecia. Los presentó Elsa Maxwell, la decana organizadora de fiestas de la alta sociedad de aquella época. Él tenía 53 años y ella, 33. Fue un encuentro muy discreto, aunque ambos se dieron cuenta de que tenían las mismas raíces. Los dos podían jurar con la creatividad e imaginación de un marinero griego. El idilio estalló, es sin duda la palabra adecuada, durante un crucero en el yate del naviero, el Christina, en el verano de 1959.

Empezó entonces una historia apasionada de amores y desamores, de infidelidades y reencuentros, que duró hasta el final de sus días. La pareja tuvo incluso un hijo, que murió a las dos horas de nacer. Lo cuenta con todo detalle el escritor norteamericano Nicholas Gage en Fuego griego, un libro de casi 600 páginas, que Plaza & Janés publicará el proximo 4 de octubre. Gage, que aporta numerosos testimonios y algunos documentos inéditos, presenta la turbulenta relación de la pareja que, en su día, fascinó y escandalizó a medio mundo, como una tragedia griega moderna. Los dos estaban casados cuando iniciaron su romance. Maria había contraído matrimonio con Giovanni Battista Meneghini, 30 años mayor que ella. Y él, con Athina, Tina, hija menor de Stavros Livanos, lo que le permitió entrar en el selecto club de los grandes armadores griegos. Tuvieron dos hijos, Alexander (1948) y Christina (1950).

Onassis había nacido en 1904 en Smirna y era ya multimillonario. Maria Cecilia Anna Kalogeropoulos, verdadero nombre de la Callas, nacida en Nueva York en diciembre de 1923, era una diva famosa, capaz de cantar en italiano, alemán o francés. Aunque los críticos, en general, le reprochaban la falta de técnica, reconocían su carisma en el escenario. Eran dos fuerzas de la naturaleza.

El asalto en serio de Onassis a la Callas se inició en París, el 19 de diciembre de 1958, cuando ella actuaba en una gala benéfica. Llenó su camerino y su casa de rosas rojas. Poco después, Ari y Tina invitaron a los Meneghini a un crucero en el Christina. Maria dijo que no sabía, que tenía la agenda muy llena, que se iba a Londres para una Medea en el Covent Garden. Aristo, como ella empezó a llamarle -para Jackie Kennedy sería Telis-, replicó que iría a Londres a por la respuesta. Y fue. Le organizó una fiesta impresionante y la convenció.

Meneghini, que se olía la tostada, puso todos los obstáculos posibles, pero Maria no dio su brazo a torcer y se compró un montón de ropa para el crucero. El 22 de julio de 1959, el Christina levó anclas. Viajaban a bordo, además de los Onassis y los Meneghini, unos ilustres invitados, sir Winston Churchill y su esposa, lady Clementina, acompañados de su hija, Diana Sandys, y de su nieta, Celia, de 16 años; también estaban Anthony Montague Browne, secretario personal de Churchill, y su esposa Nonie; y, en una de las escalas, se embarcaron Artemis, hermana de Onassis, y su marido, Theodore Garofalides.

Todos ellos asistieron estupefactos al idilio de Maria y Aristo, que empezó con largas charlas nocturnas. Cuando los invitados se retiraban, la pareja permanecía hasta el alba hablando de sus cosas. Onassis, prudente, hizo que se quedase de carabina Nonie Browne. Luego, él comenzó a cogerle la mano en las excursiones y, después, pasando de los invitados, cenaron en solitario. Parece ser que acabaron haciendo el amor en una de las barcas auxiliares. Meneghini, que se pasó la mitad del crucero con náuseas, se fue poniendo nervioso. Primero quiso desembarcar, luego empezó a tontear con las otras mujeres, hasta el punto de que le llamaban Meningitis. Todos, menos Maria, intentaron que los Churchill no se enterasen de lo que pasaba. Fue un escándalo.

Los matrimonios Onassis-Livanos y Meneghini-Callas quedaron destruidos en el crucero, aunque Onassis estaba convencido de que podría disfrutar de su nueva amante sin perder a su esposa y a sus hijos. Lo único que quería Maria era casarse con Aristo y tener hijos. Cuentan sus íntimos, que la soprano se sintió por primera vez amada como persona y no por su talento. Ni siquiera la insistencia de Onassis para que siguiera cantando consiguió convencerla. No volvió a hacerlo hasta nueve meses después. Estaba embarazada.

Pese a que siempre se ha dicho que Maria se sometió a un aborto, instigada por Onassis, en 1966, Gage revela que la soprano quedó embarazada en 1959, al principio de su relación con el armador. La pareja hizo incluso planes para la llegada del niño y empezó a buscar casa en Suiza, donde ella pudiera vivir con el bebé. Entre ellos, hablaban del 'proyecto suizo'.

Maria dio a luz, el 30 de marzo de 1960, a un varón que falleció dos horas después. Fue un parto por cesárea. En el documento que incluye Gage en el libro se dice que el niño 'nació vivo y murió antes de ser notificado su nacimiento'. Está enterrado en el cementerio de Milán. Mientras, Aristo se hallaba nuevamente de crucero con los Churchill pero, según Bruna Lupoli, la criada de toda la vida de la Callas, 'estaba muy afligido cuando telefoneó a la clínica y se enteró de que el niño estaba muerto'. La muerte del bebé atormentó a Maria Callas hasta el final de sus días.

La diva se entregó en cuerpo y alma al naviero. Se cortó el pelo porque él se lo pidió, se quitó las gafas porque el lo quiso... A principios de 1963 no quedaba nada en la vida de Maria salvo su relación con Onassis. Fueron unos amores tormentosos que Onassis intentó recomponer al final de su vida, cuando se dio cuenta de que su matrimonio con Jackie era un fracaso. Pero no tuvo tiempo, la muerte le atrapó antes. El largo romance supuso para 'ambos la inversión emocional más profunda y duradera de sus vidas', concluye Nicholas Gage.
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Mensaje por Adeletheresa61 » Vie May 11, 2012 9:19 pm

Gracias Ro!

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Sab May 12, 2012 11:12 am

Cocinando palabras

12.05.2012

No siempre las imágenes o las palabras pasan con facilidad de tu cabeza al papel. Escribir es un continuo recurso a la herramienta adecuada. A más herramientas, más posibilidades. Más eficacia. Cuando era joven y sólo lector, tenía al castellano, o español, por la lengua más rica y perfecta del mundo. Sin embargo, cuando llevas cuarenta años enfrentado al problema de contar las cosas con palabras, comprendes que ninguna lengua es perfecta. Que el español tiene tantos agujeros y carencias como las otras grandes lenguas. A veces, corregir un párrafo o buscar la palabra que dé variedad y originalidad al texto, contar las cosas con naturalidad y limpieza —ése creo que debe ser el objetivo principal: naturalidad y limpieza—, es difícil. Faltan herramientas. En ciertas ocasiones, los recursos técnicos del español son insuficientes para determinadas cosas. Encontrar palabras —del tipo “chapotear”, “estampido” o “crujir”, por ejemplo— que evoquen sonidos es menos frecuente que en inglés. En otros momentos es difícil evitar varias palabras próximas que terminen en “ado” o “ía”, o combatir el exceso de tiempos verbales como “pasó”, “cogió”, “lloró”. Para la acción de caminar, por ejemplo, el español ofrece “anduvo” o “fue”, además de “caminó”. Pero para otros casos no hay manera. Por no hablar de los nefastos gerundios, o la guerra que un escritor debe librar contra las palabras terminadas en “mente”. O, al manejar diálogos rápidos, la necesidad molesta de repetir “él” “ella”: “ella dijo”, “él respondió”. Algunos momentos de la escritura son una lucha por dar variedad a ese tipo de recursos: “repuso”, “consideró”, “concluyó”, “expuso”, “resumió”, “objetó”, “admitió”, “apuntó” etc. Sin embargo, como se ve, la mayor parte acaban en “ó” acentuada; y eso obliga a una segunda búsqueda de expresiones complejas. Por eso, corregir es siempre peor que escribir. Más duro y agotador. A tu novela no acabas odiándola mientras la escribes, sino mientras la corriges. Tus carencias, añadidas a las naturales de la lengua que manejas, te saltan a la cara de forma desoladora. Y todo eso, para intentar que el lector pase por esas líneas, en cuya lectura invertirá medio minuto, sin fijarse en otra cosa que en lo que le cuentas. Procurando que el objetivo de tu trabajo sea precisamente ése: que el trabajo no se note mientras te leen. Que las palabras sean sólo herramientas fluidas y eficaces. Si un lector de novela se detiene a saborear la manera en que tu texto está escrito y deja de prestar atención a lo que le cuentas, como escritor podrás envanecerte, pero como novelista serás un desastre. Una novela sólo tiene razón de existir cuando tiene algo que contar. Lo demás sólo ayuda a ello. Ésa es una de las pocas certezas que adquirí en este oficio.

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Siana
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Mensaje por Siana » Sab May 12, 2012 11:30 am

No siempre las imágenes o las palabras pasan con facilidad de tu cabeza al papel. Escribir es un continuo recurso a la herramienta adecuada. [...] Si un lector de novela se detiene a saborear la manera en que tu texto está escrito y deja de prestar atención a lo que le cuentas, como escritor podrás envanecerte, pero como novelista serás un desastre.

Y parece que sea fácil cuando se lee (porque se lee fácil, sin estar cada dos por tres consultando el diccionario). Pero lo hacen fácil porque detrás hay un proceso de pensar cómo hacerlo de tres pares. Como expresa aquí.

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Mensaje por aik » Sab May 12, 2012 12:13 pm

Yo no sé a vosotros, pero a mi me fascina lo que esta haciendo. Nos está describiendo como es el trabajo de un Escritor.
Insisto en lo de trabajo. Ahora entiendo porqué dice que lo que él hace es muy parecido a estar en la oficina 8 horas diarias. La suerte que tiene es realizar una labor tan enriquecedora (muchos también pueden decir eso de sus trabajos), con sus rutinas también, sus éxitos, sus momentos difíciles, en que todo parece insoluble.
Me encanta.
Si alguien no está recopilando esto para utilizarlo en alguna facultad de algo, ya está tardando.
Se puede decir que Arturo nos está ofreciendo una lección magistral, no?
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Mensaje por Victoria » Sab May 12, 2012 2:58 pm

Pues sí. Y puede que incluso algo más.
Nos está dando acceso, aunque sea limitado, a su mente y a su escritorio, a su agenda y a su método a la hora de crear. A los entresijos de los pensamientos de un escritor a la hora de dar forma a una historia ¿Alguien da más?
La única salvación de los vencidos es no esperar salvación alguna.

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Mensaje por grognard » Sab May 12, 2012 8:23 pm

AP-R escribió:Y todo eso, para intentar que el lector pase por esas líneas, en cuya lectura invertirá medio minuto, sin fijarse en otra cosa que en lo que le cuentas. Procurando que el objetivo de tu trabajo sea precisamente ése: que el trabajo no se note mientras te leen. Que las palabras sean sólo herramientas fluidas y eficaces. Si un lector de novela se detiene a saborear la manera en que tu texto está escrito y deja de prestar atención a lo que le cuentas, como escritor podrás envanecerte, pero como novelista serás un desastre. Una novela sólo tiene razón de existir cuando tiene algo que contar. Lo demás sólo ayuda a ello. Ésa es una de las pocas certezas que adquirí en este oficio.


:?: A ver si no lo he entendido bien...

(...) sin fijarse en otra cosa que en lo que le cuentas.
Eso es imposible: uno se fija en que se cuenta y en como se cuenta.

(...) que el trabajo no se note mientras te leen.
En eso insiste muy a menudo: lo del andamiaje ¿no?

Que las palabras sean sólo herramientas fluidas y eficaces.
¿Solamente? Me parece bien que sean herramientas fluidas y eficaces, pero 'sólo'... :?

Si un lector de novela se detiene a saborear la manera en que tu texto está escrito y deja de prestar atención a lo que le cuentas, como escritor podrás envanecerte, pero como novelista serás un desastre.
"Lo cortés no quita lo valiente."
Pero si lo que se cuenta no se cuenta con 'sabor'...

Está concentrado en las páginas, y de vez en cuando cierra el libro y se queda mirando la plaza sin verla, con la expresión de quien permanece ajeno a cuanto ocurre ante sus ojos. Con esa mirada ausente que todo lector conoce como propia: la de quien se detiene en el acto de leer pero no interrumpe la lectura, sino que sigue inmerso en las imágenes o las ideas que el libro suscita.

http://www.capitan-alatriste.com/module ... pic&t=4022

No os pasa a veces que tenéis que parar y releer atentamente (más atentamente) una frase: una de ésas que subrayas (yo doblo las esquinitas de las páginas, además 8) ).
Con esa mirada ausente que todo lector conoce como propia: la de quien se detiene en el acto de leer pero no interrumpe la lectura, saboreando las palabras.

Una novela sólo tiene razón de existir cuando tiene algo que contar. Lo demás sólo ayuda a ello.
Lo 'demás' ayuda mucho, tanto que me parece imprescindible; es más: prefiero leer algo bien escrito que no cuente nada a que me cuenten cualquier cosa de cualquier manera.


Nos ceñimos a la novela: 1. f. Obra literaria en prosa en la que se narra una acción fingida en todo o en parte, y cuyo fin es causar placer estético a los lectores con la descripción o pintura de sucesos o lances interesantes, de caracteres, de pasiones y de costumbres.


Milan Kundera.El arte de la novela
Vladimir Nabokov
Curso de literatura europea

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aik
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Mensaje por aik » Sab May 12, 2012 8:34 pm

Grognard escribió:Una novela sólo tiene razón de existir cuando tiene algo que contar. Lo demás sólo ayuda a ello.
Lo 'demás' ayuda mucho, tanto que me parece imprescindible; es más: prefiero leer algo bien escrito que no cuente nada a que me cuenten cualquier cosa de cualquier manera.


Algo bien escrito que no cuente nada es aburrido, igual que algo contado de cualquier manera; con el agravante de que esto último, además, es posible que no se entienda.
A mi me parece importante lo que dice Arturo: una novela tiene algo que contar, y el autor lo transmite o no y mejor o peor, por la manera en que lo cuenta.
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Mensaje por aik » Sab May 12, 2012 8:37 pm

Grognard también escribió:No os pasa a veces que tenéis que parar y releer atentamente (más atentamente) una frase: una de ésas que subrayas (yo doblo las esquinitas de las páginas, además ).

Si, porque o bien te ha llamado la atención especialmente, o porque necesitas asimilar las palabras por el contenido. O "simplemente" por deleitarte en la lectura.

Y no dobles las esquinas malaje! :twisted: Pon papelitos.:wink:
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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Sab May 12, 2012 8:49 pm

(...) sin fijarse en otra cosa que en lo que le cuentas.
Eso es imposible: uno se fija en que se cuenta y en como se cuenta.

No siempre, ni todos. Es más, yo diría que la proporción sería al revés: en una novela la gente suele estar más pendiente de lo que cuentan que cómo, aunque depende de qué novela. Es más, a menudo Reverte pasa por ser para muchos un novelista de esos "de leer fácil", o "para leer de viaje", precisamente porque el cómo está tan al servicio del qué que si no te paras a mirarlo ex profeso ni te das cuenta. Y eso es precisamente lo que busca. En esta entrada viene a decir que ese efecto él no lo consigue escribiendo moco salga, sino revisándolo mucho para que precisamente parezca que ha salido así. Maquillada de ir sin maquillaje, vaya.
Que las palabras sean sólo herramientas fluidas y eficaces.
¿Solamente? Me parece bien que sean herramientas fluidas y eficaces, pero 'sólo'...

Más que herramientas yo lo llamaría materiales. Las herramientas serían lo que al final no queda en el producto definitivo, como los bosquejos, los esquemas, los descartes, la investigación, etc. Al final lo que quieres es la estantería, no los tablones sueltos, y ésos, bien colocados, serían las palabras.
Si un lector de novela se detiene a saborear la manera en que tu texto está escrito y deja de prestar atención a lo que le cuentas, como escritor podrás envanecerte, pero como novelista serás un desastre.

En esto yo creo que hay varias razones por las que un lector se para "a saborear la menera". Creo que aquí Reverte quiere decir que si al escritor se le nota en algún momento que está deseando que el lector se fije en la carpintería, eso es lo que le parece un desastre. Pero yo no veo ningún problema en que un lector al que le haya gustado mucho -o nada- un alatriste o LRDS o 'El asedio' o el que sea se ponga a pensar con detenimiento cómo ha hecho el autor para llegar ahí.
prefiero leer algo bien escrito que no cuente nada a que me cuenten cualquier cosa de cualquier manera.

Hombre, pues depende de cómo refinemos ese conceto (¿qué es no contar nada?, ¿qué es cualquier manera?), pero yo, en general, no lo prefiero.

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grognard
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Mensaje por grognard » Sab May 12, 2012 10:25 pm

Rogorn escribió:
No siempre, ni todos. Es más, yo diría que la proporción sería al revés:
.
Lo más seguro.
Maquillada de ir sin maquillaje, vaya.

Ok.

Si un lector de novela se detiene a saborear la manera en que tu texto está escrito y deja de prestar atención a lo que le cuentas, como escritor podrás envanecerte, pero como novelista serás un desastre.

Creo que aquí Reverte quiere decir que si al escritor se le nota en algún momento que está deseando que el lector se fije en la carpintería, eso es lo que le parece un desastre.

O en la sombra de ojos :wink:
Eso lo deja clarísimo , sin duda.
prefiero leer algo bien escrito que no cuente nada a que me cuenten cualquier cosa de cualquier manera.

Hombre, pues depende de cómo refinemos ese conceto (¿qué es no contar nada?, ¿qué es cualquier manera?), pero yo, en general, no lo prefiero.

'No contar nada' no sería la expresión adecuada, desde luego. Me refería a una historia al uso: trama-nudo-desenlace.
'Cualquier manera' es mal. (No me preguntes ¿qué es mal?) :wink:

Es más, a menudo Reverte pasa por ser para muchos un novelista de esos "de leer fácil", o "para leer de viaje"

¡No me asustes! No lo es ¿verdad?

Me gusta el chocolate espeso.
Última edición por grognard el Sab May 12, 2012 10:27 pm, editado 1 vez en total.

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