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Comentarios y noticias sobre el resto de los libros de Pérez-Reverte

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Ada
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Mensaje por Ada » Mié Jun 13, 2012 3:23 pm

Procedente de Patrulladesalvacion

http://patrulladesalvacion.com/2012/05/ ... -la-regla/

Arturo Pérez-Reverte, en su blog novelaenconstruccion.com, en un “post” que titulaba “Personajes crudos y personajes hervidos” (aquí), escribía:

Hay un personaje de la tercera parte (capítulos décimo y undécimo) que debo revisar a fondo. Marco notas para volver a él con detalle en la próxima revisión. Ojo con este fulano. Lo tomé directamente de la realidad, pero no me satisface del todo. Quizá funcione para el lector en el marco general de la novela, pero no funciona bien para mí. Cada vez que llego a un pasaje determinado veo al personaje en el que me inspiré, al de carne y hueso, no al literario que quiero mostrar. Está crudo, por decirlo de alguna manera. Y lo que nunca hago, o procuro evitar, es meter en una novela a un personaje entero, sin cocer, crudo. Porque eso es muy peligroso y no funciona bien. Ningún personaje de la vida real puesto en una novela funciona si no lo has hervido antes. Ese hervor significa trabajar con ellos y hacerlos literatura. Que el lector, ingenuamente convencido, piense: “Es real como la vida misma”. Es como el lenguaje: el de la calle, usual, casi nunca funciona por escrito. Nada real como la vida misma funciona bien en una novela.

Y dirán los perroflautas letraheridos que lo que quiere Pérez-Reverte, con eso de “personajes que funcionen”, es vender. Porque ellos, los perroflautas, consideran que pensar en el lector es ser comercial. Ellos, como son artistas…

Lo que explica Pérez-Reverte es una regla básica del manual para escribir novelas y no tiene nada que ver con hacer el libro vendible. De lo que habla don Arturo es de construir correctamente los personajes. Lo más curioso es que muchos de los autores que integran la zambrapronolmos (ya tenemos censados a 42) son profesores de talleres de escritura. Un día me voy a apuntar a uno de esos talleres. Seguro que son un cachondeo.
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Victoria
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Mensaje por Victoria » Mié Jun 13, 2012 11:13 pm

¿Perroflautas letraheridos? 8)

:lol: :lol: :lol: :lol: :lol: :lol:
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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Dom Jun 17, 2012 12:48 pm

Conversación en Montecarlo

17.06.2012

-Necesito tiempo para pensarlo —dijo.

-No dispone de ese tiempo. Sólo hay tres semanas para dejarlo todo resuelto.

La mirada de Max se desplazó desde La fachada del Casino al hotel de Paris y el edificio contiguo del Sporting Club, con su permanente fila de relucientes Rolls, Daimler y Packard detenidos en la plaza y los chóferes conversando en corrillos junto a las escalinatas. Tres noches atrás había doblado allí mismo una racha de suerte: una austríaca madura pero todavía muy bella, propietaria de una casa de modas en la avenue Matignon de Paris, con la que había quedado en verse en el Tren Azul cuatro días más tarde, y un cheval en el Sporting, cuando la bolita de marfil se detuvo en el número adecuado y le hizo ganar veinticinco mil francos.

-Se lo voy a decir de otra manera —respondió con calma—. Yo actúo muy cómodo solo. Vivo a mi aire y nunca se me ocurriría trabajar para un gobierno. Me da igual que sea fascista, nacionalsocialista, bolchevique o de Fumanchú.

-Por supuesto, es usted libre de aceptar o no —el gesto del italiano insinuaba todo lo contrario—. Pero debe considerar también un par de cosas. Su negativa incomodaría a mi gobierno. Y eso hará replantear, sin duda, la actitud de nuestra policía cuando usted, por el motivo que sea, decida pisar suelo de mi país.

Hizo Max un rápido cálculo mental. Una Italia prohibida para él significaba renunciar a las americanas excéntricas de Capri y la costa de Amalfi, a las inglesas aburridas que alquilaban villas en las cercanías de Florencia, a los nuevos ricos alemanes e italianos, aficionados al casino y al bar del hotel, que dejaban solas a sus mujeres en San Remo y en el Lido de Venecia.

-Y no sólo eso —seguía exponiendo el espía—. Mi patria está en excelentes relaciones con Alemania y otros países de Europa central. Eso, sin contar la probable victoria del general Franco en España… Como sabe, las policías suelen ser más eficaces que la Sociedad de Naciones. A veces cooperan entre sí. Un vivo interés en su persona alertaría sin duda a otros países. En ese caso, el territorio donde usted dice trabajar solo y cómodo podría reducirse de manera enojosa… ¿Se imagina?

-Me imagino —admitió Max, ecuánime.

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Ada
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Mensaje por Ada » Dom Jun 17, 2012 3:43 pm

gracias Ro
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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Mié Jun 20, 2012 12:43 pm

Imagen

Un restaurante en la playa

20.06.2012

Uno de los lugares que Max frecuenta en Sorrento, en 1966, es la trattoria Stefano: el pequeño restaurante de su amigo Lambertucci, donde cada tarde éste juega al ajedrez con su antiguo oficial durante la guerra, el capitano Tedesco. Decidí situar ese restaurante imaginario en la Marina Grande, junto a la playa; aproximadamente donde se encuentra la trattoria Emilia, o junto a ella. Novelas aparte, este lugar siempre tuvo para mí un encanto particular. Pocos metros más allá está la casa que Vittorio de Sica (interpretando de manera extraordinaria al inolvidable maresciallo de carabineros Antonio Carotenuto), alquilaba a la voluptuosa pescadera donna Sofía (Sophía Loren) en la película “Pane, amore e…”.

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Ada
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Mensaje por Ada » Vie Jun 22, 2012 10:54 am

ÉSAS SON LAS REGLAS

JUNIO 22, 2012 |

Escribir una novela (en mi caso) es vivir con ella durante todo el tiempo que empleas en escribirla. No hay descanso en eso. No hay distracciones importantes. Es una actitud mental que se mantiene inalterable, incluso contra tu voluntad, mientras dura el proceso de escritura. Tensión personal. Vigilancia continua. No hay acto de tu vida que no esté relacionado con el trabajo que tienes en la cabeza: cuanto lees, cuanto miras, cuanto oyes, cuanto piensas. Te mueves, eliges, actúas según las necesidades del texto con el que andas a vueltas. Organizas tu vida en relación con ese territorio. Hasta la gente a la que ves, por lo general, tiene mucho que ver con eso. Para un lector empedernido, como es tu caso, esto plantea ciertos problemas. Hay películas que no ves, libros que no lees, personas a las que no tratas, viajes que no haces aunque te interesen mucho, porque quedan fuera de ese ámbito. Porque en ese período de tu vida no los estimas de utilidad inmediata. Práctica. Y así, a causa de ese egoísmo profesional (tan útil para tu trabajo, por otra parte), vas aplazado cosas que harías, con la incómoda sospecha de que, una vez acabes esta novela vendrá otra; y esas cosas no hechas, aplazadas, seguirán aplazadas y sin hacerse. Pero tales son las normas de este curioso oficio. Tienes ya sesenta años y sabes que las facultades de un escritor tienen fecha de caducidad, como los yogures. Basta mirar alrededor. Puro sentido común. Eres consciente de que el tiempo de que aún dispones es limitado, y de que si no despachas esa media docena de historias que te gustaría contar antes de perder lucidez y capacidad de trabajo, puede que no llegues a escribirlas nunca. Morirán contigo, si no te libras de ellas antes. Así que sacrificas unas cosas y asumes otras. Seleccionas y descartas. Libros por leer, novelas por escribir. Situaciones por vivir. Hay cierta melancolía en esta renuncia. Pero como dije antes, ésas son las reglas.
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Siana
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Mensaje por Siana » Vie Jun 22, 2012 12:39 pm

Hay cierta melancolía en esta renuncia. Pero como dije antes, ésas son las reglas.

Decía Harrison una frase que ya he puesto por aquí alguna vez "las mejores canciones son las que todavía no he escrito y da lo mismo si nunca llego a escribirlas porque no son más que meras pinceladas en un cuadro enorme". De todos modos yo espero que Arturo sí las haga y que llegue a verlo.

Me ha gustado la manera de expresar esta convivencia con su novela. El oficio. Gracias Ada.

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Mensaje por koora_linax » Vie Jun 22, 2012 4:33 pm

Es una de las actitudes que más persigo. Ese equilibrio que genera ciertas reglas en tu vida. Me ponen nerviosa y me irrita las personas que quieren tener el don de la ubicuidad. Querer abarcarlo todo, sin renunciar a nada. Estar en todos sitios y en ninguno. Entiendo y admiro que Arturo establezca ese orden y compromiso con su profesión 8)
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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Dom Jun 24, 2012 11:02 am

Podrían ser ellos

24.06.2012

Podrían ser el compositor Armando de Troeye y su esposa, Mecha Inzunza, en 1928, cuando faltan pocos días para que embarquen en el transatlántico Cap Polonio. A punto, ambos, de viajar a Buenos Aires para que De Troeye componga su famoso tango, pieza fundamental del desafío planteado contra el bolero de su amigo Maurice Ravel. Esta portada contemporánea de la revista Blanco y Negro, realizada por el gran Penagos con su estilo inconfundible (todas las mujeres de entonces querían parecerse a las que pintaba Penagos, y alguna lo conseguía), refleja muy bien el ambiente de la época. El escenario y los personajes del primer tercio de la novela.

Imagen

Ropa tendida bajo la lluvia

24.06.2012

Hay pocas sensaciones tan agradables como dormirte pensando en la escena de tu novela que escribirás al día siguiente, siempre que esa escena esté clara. Que sepas exactamente lo que deseas contar, y cómo hacerlo. Mañana sobre las ocho y cuarto, tras la ducha y el desayuno, estarás sentado dándole a la tecla en busca de las palabras exactas para llevarlo todo, con la mayor fidelidad posible, de tu cabeza al papel. Para eso pasaste la tarde trabajando. Has leído, hecho un esquema de acción y diálogos, estudiado el escenario: fotos, lecturas, recuerdos. Personajes. Sabes lo que cada uno de ellos va a decir y por qué; pero siempre esperas que tengan iniciativa y te sorprendan. Que desarrollen la vida que les das y evolucionen con nuevas palabras y gestos insospechados. Que por su propia iniciativa mejoren tu trabajo, tus previsiones. Que sean brillantes. Más que tú. Pensando en todo eso te adormeces expectante, en compañía de las imágenes y los diálogos posibles que llenan tu cabeza. Deseando que amanezca para comprobar si eres capaz de lograrlo, o no. A menudo, en esos momentos, el resto del mundo, la mayor zozobra o el dolor más intenso, dejan de tener importancia. Se parece mucho a cuando hace años, después de un día duro en alguno de los antiguos lugares de trabajo, de regreso al hotel, encendías la linterna, abrías un libro, leías unas líneas y todo ocupaba despacio su lugar natural en el Universo. Esta noche, mientras te lavabas los dientes, pusiste unos minutos la radio; pero la apagaste en seguida. Había allí unos cuantos individuos discutiendo airados sobre algo. Otras veces prestas atención, naturalmente; pero esta vez no sabes de qué diablos hablan. Ni te importa. Vas a escribir mañana, y estás listo para el combate. El primer párrafo será: “La ropa colgaba tendida en los balcones, bajo la lluvia, como jirones de vidas tristes”. Puede valer. Piensas. La idea, para ambientar de partida. Para los primeros teclazos. Aunque luego deberás podarle lo rebuscado, o rodearlo de algo que suavice el punto cursi. A lo mejor el problema, lo que no te convence, está en la palabra jirones. Mañana lo veremos, concluyes. Dándole vueltas a eso te duermes al fin, preguntándote una vez más cómo hacen los que no escriben novelas ni leen libros. Para soportarlo.

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Ada
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Mensaje por Ada » Dom Jun 24, 2012 1:01 pm

gracias Ro
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Mensaje por koora_linax » Dom Jun 24, 2012 6:22 pm

Dándole vueltas a eso te duermes al fin, preguntándote una vez más cómo hacen los que no escriben novelas ni leen libros. Para soportarlo.
:oops: :roll:
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Mensaje por aik » Mar Jun 26, 2012 10:38 am

Dándole vueltas a eso te duermes al fin, preguntándote una vez más cómo hacen los que no escriben novelas ni leen libros. Para soportarlo.


Hombre don Arturo, se hace lo que se puede. Supongo que habrá de todo pero, oír y hacer música, pintar, hacer deporte, tener amigos, ir al cine, ir a los toros...

Claro que hacer todo o parte de eso sin leer ya es más difícil, lo admito. :roll:
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Ada
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Mensaje por Ada » Jue Jun 28, 2012 10:13 pm

El Cultural‏

¿El making-of de una novela? Diez escritores desnudan sus textos inacabados. Entre ellos, Marsé y Pérez-Reverte. Pídelo mañana en tu quiosco


LETRAS
Saber cómo se ha hecho. El making-of siempre activó el deseo del público. Nos asomamos a la novela en marcha de diez escritores españoles para descubrir sus desvelos en torno al texto inacabado.
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Mensaje por elisheva » Vie Jun 29, 2012 9:24 am

Mirar detrás de la cortina siempre ha sido excitante, y más cuando el espectáculo te ha sabido a poco.
Los fans son caníbales que no se sacian. Por eso funcionan tan bien los making-of de películas y novelas. Porque alargan el placer del bocado.
...En tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada...

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Vie Jun 29, 2012 9:31 am

Otro blog de Pérez Reverte
Isidoro Merino - lafieraliteraria.com - 28/06/2012

Memento homo, qui pulvis eris
et in Pérez Reverteris

De la misa festiva de Nª Sª de las Batallas, también llamada misa de Lepanto o de Reverte

El señor Pérez-Reverte o Reuerte, de la conocida familia de los Pérez de Flandes, cuando creyó que le convenía hacerlo, manifestó que a él no le preocupaba el estilo literario. Una de las veces que lo hizo, como ha recordado La Fiera recientemente, fue en ABC de Sevilla del 12 de abril de 2010, donde declaraba “A mí, la calidad literaria me importa un rábano”. No albergamos la menor duda de que cualquiera que lea un libro suyo recogerá una abundante cosecha del mencionado tubérculo.

Ahora, al parecer, el señor Pérez ha creído llegado el momento de decir lo contrario, de presentarse ante el orbe –porque él siempre habla ex cáthedra y urbi et orbi— como un campeón y hasta un mártir del estilo y, en consecuencia, publica, en un blog creado al efecto, para que ÉL diga a los demás como ÉL escribe. Un blog en el que nadie ha hecho ningún comentario, pues los problemas estomacales de Pérez empiezan a aburrir. No obstante, queremos decir que, buscando donde contestarle, nos hemos encontrado con más de sesenta páginas a su mayor gloria y loor, adornadas con casi cien fotografías en las que sin duda se autove guapo, en su repetidísimo papel de Top-Pérez.. He aquí el texto pereztre:

Cocinando palabras

No siempre las imágenes o las palabras pasan con facilidad de tu cabeza al papel. Escribir es un continuo recurso a la herramienta adecuada. A más herramientas, más posibilidades. Más eficacia. Cuando era joven y sólo lector, tenía al castellano, o español, por la lengua más rica y perfecta del mundo. Sin embargo, cuando llevas cuarenta años enfrentado al problema de contar las cosas con palabras, comprendes que ninguna lengua es perfecta. Que el español tiene tantos agujeros y carencias como las otras grandes lenguas. A veces, corregir un párrafo o buscar la palabra que dé variedad y originalidad al texto, contar las cosas con naturalidad y limpieza —ése creo que debe ser el objetivo principal: naturalidad y limpieza—, es difícil. Faltan herramientas. En ciertas ocasiones, los recursos técnicos del español son insuficientes para determinadas cosas. Encontrar palabras —del tipo “chapotear”, “estampido” o “crujir”, por ejemplo— que evoquen sonidos es menos frecuente que en inglés. En otros momentos es difícil evitar varias palabras próximas que terminen en “ado” o “ía”, o combatir el exceso de tiempos verbales como “pasó”, “cogió”, “lloró”. Para la acción de caminar, por ejemplo, el español ofrece “anduvo” o “fue”, además de “caminó”. Pero para otros casos no hay manera. Por no hablar de los nefastos gerundios, o la guerra que un escritor debe librar contra las palabras terminadas en “mente”. O, al manejar diálogos rápidos, la necesidad molesta de repetir “él” “ella”: “ella dijo”, “él respondió”. Algunos momentos de la escritura son una lucha por dar variedad a ese tipo de recursos: “repuso”, “consideró”, “concluyó”, “expuso”, “resumió”, “objetó”, “admitió”, “apuntó” etc. Sin embargo, como se ve, la mayor parte acaba en “ó” acentuada; y eso obliga a una segunda búsqueda de expresiones complejas. Por eso, corregir es siempre peor que escribir. Más duro y agotador. A tu novela no acabas odiándola mientras la escribes, sino mientras la corriges. Tus carencias, añadidas a las naturales de la lengua que manejas, te saltan a la cara de forma desoladora. Y todo eso, para intentar que el lector pase por esas líneas, en cuya lectura invertirá medio minuto, sin fijarse en otra cosa que en lo que le cuentas. Procurando que el objetivo de tu trabajo sea precisamente ése: que el trabajo no se note mientras te leen. Que las palabras sean sólo herramientas fluidas y eficaces. Si un lector de novela se detiene a saborear la manera en que tu texto está escrito y deja de prestar atención a lo que le cuentas, como escritor podrás envanecerte, pero como novelista serás un desastre. Una novela sólo tiene razón de existir cuando tiene algo que contar. Lo demás sólo ayuda a ello. Ésa es una de las pocas certezas que adquirí en este oficio. A.P.R.

O sea, que el descuidado autor de tantas obras maestras de la vaciedad y de la tontería es ahora un héroe de la escritura, un minucioso estilista que se pasa las noches en vela hasta encontrar la palabra adecuada. Que sufre y tiene fiebre hasta encontrarla. Que pelea con la obtusa lengua española, que no tiene tantos recursos expresivos como su idioma natal, el flamenco.

No sabe el pobre Pérez que esos problemas expresivos que le hacen sufrir, penar y llorar, los resuelven los escritores de verdad sin darse cuenta. Su intuición estimativa labora en su cerebro, que funciona lo mismo que cuando se rasca automáticamente. Por otro lado, la mitad de los problemas que acosan al navegante se los plantearían los costumbristas del siglo XIX. Hoy no tienen sentido.

Este texto tontorrón e inútil demuestra que Pérez es víctima del mismo error que la mayoría de, o todos, los bestsellerados españoles.: no saber distinguir una novela de un relato. Y cree que buena novela equivale a novela bien escrita. Él relata, pero no novela. No sabe. No sabe levantar un mundo de ficción, con su tiempo, con su espacio, con sus personajes vivos, con su ambiente, con sus alusiones y elusiones... Llega a decir el insensato que “una novela sólo tiene razón de existir cuando tiene algo que contar”. ¡Qué equivocadito está el fantasmón! ¡Y qué ignorante es!

Pérez es un escribidor para relatar aventuras de quioscos. Es un epígono de los entreguistas del siglo XIX. Pero el dinero que gana, y que proviene de los bolsillos de un público ignorante, manipulado por los medios del sistema, y unos críticos incompetentes o vendidos, alguno de los cuales, José Belmonte, ¡hasta le organiza congresos!!! le ha robado el sentido de la realidad, le ha vuelto delirante, lo que le ha llevado a la ridícula actitud de autoproclamare [sic] renovador de la novela. ¿Qué sabrá este desgraciado lo que es la novela y de en qué consistiría su renovación.

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Mensaje por aik » Vie Jun 29, 2012 9:42 am

un bocazas escribió:Pero el dinero que gana, y que proviene de los bolsillos de un público ignorante, manipulado por los medios del sistema


Pues si señor. Y a mucha honra.
Y mi ignorancia supina seguirá alimentando a este "escribidor de aventuras para quioscos" para que esta (la ignorancia) continúe creciendo.
A propósito, como soy tan ignorante, creo que seguiré sin comprar esas novelas de verdad que, segun usted tan bien explica, son buenas porque no tienen nada que contar.

Y otra cosa, sería conveniente que se comprase un trozo de desierto y se dedicara a barrerlo. Con paciencia igual saca hasta para una novela (eso sí, sin nada que contar).


Será gilipollas... :roll:
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Ada
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Mensaje por Ada » Vie Jun 29, 2012 9:58 am

aik escribió:
un bocazas escribió:

Será gilipollas... :roll:


es lo único que he pensado cuando he leído lo que ha puesto Ro. Aquí... un Sr. practicando el primer deporte nacional: la envidia
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Mensaje por koora_linax » Vie Jun 29, 2012 2:58 pm

Desgraciao tu. Borrego Isidoro gilipollas :P Habra se visto como la envidia puede llenar una página para poder comer pasto 8)
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Mensaje por Rogorn » Vie Jun 29, 2012 9:34 pm

El 'making-of' de la novela
Nos asomamos a la novela en marcha de diez novelistas españoles para descubrir sus desvelos en torno al texto inacabado
Daniel Arjona - elcultural.es - 29/06/2012

Saber cómo se ha hecho. La película, el documental, el disco, el cuadro, ¿la novela? El 'making-of' siempre activó el deseo del público, que soñó con asomarse al hombro del creador para agotar su curiosidad sobre la construcción de la obra en marcha. El cine lo probó con éxito hace ya tiempo y ahora, como ha demostrado Arturo Pérez-Reverte con el blog sobre su próxima novela, las nuevas tecnologías permiten a los autores ofrecer una ventana en tiempo real a su trabajo. ¿Con qué nos encontraríamos? Hemos invitado a diez escritores españoles a desnudar su novela inacabada.

El anuncio llegaba el 30 de mayo: “Seguirán en los próximos meses, sin método ni periodicidad fija, algunas de mis notas breves sobre el trabajo en curso. Se trata de una novela no histórica, empezada el 7 de enero de 2011 (aunque su origen sea muy anterior), que poco a poco parece encaminarse a su recorrido final”.

Y novelaenconstrucción.com fue desmadejando sus secretos. Recopilamos: Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) labra una novela “no histórica” de amor “peligrosa y turbia”, que combina “tango, espionaje, delincuencia y ajedrez”; la protagonizan “un viejo canalla y la mujer que pudo cambiar su vida” y arranca en Buenos Aires en 1928 para bajar el telón en Sorrento en 1966. Suma más de 250 folios, y lucha por no rebasar los 500. El escritor relata al día cómo aprende a abrir cajas fuertes (“hay días en que me encanta escribir novelas”) o lidia con la construcción de personajes (“sus andares y tono gardelesco, útiles para construir el personaje de mi malevo Juan Rebeque”). Pero también enumera materiales y herramientas, libros y folletos, los viajes para cotejar emplazamientos, errores y aciertos (“y piensas. Vale. Eso lo dejo”).

Desde que existe Internet, algunos escritores, episódicamente, han vertido detalles de sus novelas en marcha, brindado adelantos, lamentado los circunstanciales parones o ufanado de los resultados. Pero no resultaba habitual invitar a a tus lectores con pareja hospitalidad a husmear entre bambalinas y filmar tu propio making-of. La iniciativa de Pérez-Reverte estimuló nuestra curiosidad y nos dirigimos a otros autores con novela en ciernes para reclamarles el making-of de su obra en marcha. Un streaptease [sic] con diversos grados de intensidad.

Por ejemplo, Juan Marsé (Barcelona, 1933) se ha topado con el semáforo en rojo en plena escritura de su próxima novela, que anda “un poco parada”. No son las dudas las que lo han asaltado, ni la pérdida de confianza en el argumento, aunque confiesa que no acaba de tener “las cosas claras” y que, cuando la retome, tal vez pudiera virar “hacia otra parte”. Pero los verdaderos culpables por los que ha abandonado temporalmente la historia son tres nuevos relatos largos que han brotado de pronto en su cabeza: “De repente, estas tres ideas embrionarias se pusieron en marcha y me fui tras de ellas. Ahora centran mi atención y mi propósito. Pretendo concluir al menos tres versiones previas de los tres relatos antes de regresar a la novela inacabada”.

Con 'Ayer no más' Andrés Trapiello (Manzaneda de Torío, León, 1953) ha vuelto a complicarse la vida. “Nos gustan tanto algunas novelas porque hallamos en ellas un sentido que no tiene la vida, hasta el punto de que a veces acabamos metidos en sus páginas, seducidos, creyéndonos parte de una ficción y entre personajes que acaban siendo más reales que nosotros mismos. Yo tengo unas nociones muy elementales sobre la técnica y la teoría novelísticas. Escribo las mías por instinto, deseando que acaben siendo un organismo más que un mecanismo. Un organismo vivo es siempre superior, a mi modo de ver, a cualquier mecanismo, por perfecto que este sea, y acaso por eso no me ha importado arriesgarme de una manera un tanto insensata con temas “complicados”. Trapiello alude a complicaciones como la de continuar la trama del Quijote en 'Al morir don Quijote', un incesto en 'Los confines', o 'Ayer no más', la novela que se publicará el próximo octubre y cuenta “la historia de un profesor especialista en Guerra Civil, exmilitante del PCE, que regresa en 2006 a su ciudad natal, León. Allí se entera por azar de que su padre, falangista y vivo aún, presenció cómo se asesinaba en 1936 a un hombre delante del hijo de este, de nueve años. 70 años después ese niño aparece exigiendo reparación, justicia y, sobre todo, saber dónde enterraron el cuerpo de la víctima. El relato, inspirado en algunos hechos reales, está contado por todos y cada uno de los personajes que aparecen en él, enfrentados no sólo por el pasado, sino, principalmente, por el modo de recordarlo en un presente en el que pocos parecen atreverse a saber toda la verdad, contra lo que ellos mismos creen”.

Es tras la Guerra Civil, en los 50, cuando Juan Manuel de Prada (Baracaldo, 1970) emplaza la novela que publicará en noviembre tras cuatro años de trabajo con el título de 'Me hallará la muerte'. Para él, el mayor problema al escribir es “de vibración con los personajes y con el mundo que habitan. A fin de cuentas, la novela retrata el misterio de la vida; y escribiéndola, uno se zambulle en ese misterio”. Parte De Prada del convencimiento de que escribir es participar de un misterio, vibrar con él, irlo alumbrando a tientas, “como el expedicionario que penetra en una caverna, armado tan sólo de un mechero. Pero cuando ese misterio le es por fin desvelado al escritor, escribir puede convertirse en algo mecánico, previsible, rutinario; y esa rutina se contagia a la escritura. Entonces uno tiene que tomar distancia de lo que está escribiendo, evitar el camino trillado, dejar en barbecho lo que escribe. El tramo final en la escritura de una novela es el más laborioso e ingrato: porque, a medida que avanzamos, el mechero que nos guía ha alumbrado ya las paredes de la cueva. Y la aventura corre el riesgo de degenerar en excursión organizada con guía turístico: exorcizar ese riego es lo más difícil; y la exigencia primera en un escritor con pundonor. Vibrar hasta la última página: en eso estamos”.

Elvira Navarro (Huelva, 1978) prefiere no dar detalles concretos de la historia en la que anda pero sí nos abre su kit básico de supervivencia literaria: “Para mí la escritura no tiene que ver con la invención, sino con sacar a la luz algo que existe previamente de una forma vaga y que busca encarnarse en la palabra. Cuando escribo, no estoy pensando en términos técnicos, sino en algo mucho más abstracto que tiene su traducción en una voz, una atmósfera, un ritmo, unos escenarios y cierta trama que siempre funciona como dibujo de eso otro indefinido. Me preocupa muy poco la verosimilitud, que me resulta anticuada incluso cuando la narración se inscribe en el realismo clásico. Jamás me documento, y a veces me imagino a los defensores de la corrección y el buen gusto para acordarme bien de quiénes no deben importarme nunca”.

El título de la próxima novela de Luisgé Martín (Madrid, 1962), prácticamente coronada, es provisionalmente 'La ciudad'. Sus avatares no envidian a los de la más arriesgada factoría minera. “Los cuentos me caen del cielo, pero las novelas, en cambio, las tengo que sacar de la tierra cavando hondo. En 2001, cuando atacaron las Torres Gemelas, yo estaba a punto de cumplir 40 años y empezaba a sentir la crisis de esa edad. De repente los dos hechos se hermanaron literariamente y me vino la idea de un relato. Una idea sugestiva. La anoté en un cuadernito, como suelo hacer, y me olvidé de ella. En 2007 me senté a escribir. Lo hice de un tirón. El resultado fue un cuento largo, de unos veinte folios. Enseguida supe que aquella historia estaba sin terminar de hervir. Pasaron otros cuatro años, y cuando acabé 'La mujer de sombra' tomé la decisión de darle a ese relato la forma que merecía. Como los cuerpos de los adolescentes, empezó a crecer por algunas partes, a adelgazarse por otras y a cobrar carácter. Alumbré algunas zonas que estaban oscuras. Y me atreví a intentar averiguar, con detalle, por qué el protagonista se comportaba de ese modo tan extraño”.

Un poco más le falta a Vicente Luis Mora (Córdoba, 1970) para poner punto final a su segunda historia larga. Y, como el asombrado cautivo que observa que el verdugo se djó la puerta abierta, soporta a duras penas el asedio de las dudas: “La incertidumbre es el único paso seguro. El día que das punto final al primer borrador crees haber logrado algo valioso y el motivo no es otro que el que sigue: sí, es valioso terminar algo, aunque sea un borrador. A partir de ahí son todo dudas. Ahora intento acabar una novela, lo que es tanto como decir que debo tomar varias decisiones tras cinco borradores. Lo terrible es que tras darle innumerables vueltas, las dudas no afectan sólo a las grandes decisiones: también titubeas sobre cada página, cada párrafo, cada palabra. La parte de indecisión y perplejidad es tan inmensa que funda un universo paralelo de vacilación, a cuenta de la antimateria novelesca (o de la materia antinovelesca). La novela se torna enemiga. La obra, zozobra. Todo te irrita. El chico protagonista me cae ya tan gordo que estoy pensando en cambiar el final y hacerlo morir virgen y de la más dolorosa de las formas”.

La pudorosa Marta Sanz (Madrid, 1967) avanza posiciones a la trinchera de la página 120 pero hasta ahora no había dejado que nadie se asomara por encima del hombro: “Al escribir, a veces sufro; otras, gozo: dolor y placer no se relacionan con la certeza de estar haciéndolo bien o mal. Nadie me lleva la mano. Ningún clásico, fantasmagóricamente, me sopla al oído frases. Las musas no me atienden: saben que soy heterosexual. También soy una escritora aplicada de naturaleza diurna. El ruido de la calle no me molesta. Todo eso se nota en lo que escribo. En mis 120 páginas, esta vez, asumo el reto de contar a través de una voz que se expresa sobre diferentes soportes: el relato impresionista de una infancia contada desde el adulto que todos los niños llevan dentro y la narración documental. Dentro y fuera. Intimidad e Historia. Ando con cuidado. Como si fabricara relojes. Hablo sobre los límites -alta y baja cultura, privado y público- y el límite para decidir sobre el propio cuerpo. Sobre la mujer y sus bellas imágenes. Nadiuska. Amparo Muñoz. Bárbara Rey. Sobre el retroceso de las leyes. Dudo. Ya veremos qué pasa cuando escriba la palabra fin. Algo que -ahora me doy cuenta- no hago nunca”.

Todos los escritores aquí interpelados tienen una novela en distintos niveles de procesado. Todos menos uno, Carlos Salem (Buenos Aires, 1959), bulímico creador con dos en marcha. Y ha aflojado el pistón: “Mi abuelo decía que me tomaba demasiado trabajo para no trabajar. Siempre tengo tres o cuatro novelas abiertas, y nunca sé cuál voy a terminar primero. Pero sí que voy a escribirlas. Todas. Ocurre así: dos ideas que rondan mi cabeza chocan con una tercera y ya sé que tengo algo que contar y cómo quiero contarlo. Juego hasta que tengo la voz de los personajes y la certeza de lo que les pasará. Siempre conozco el final. Cuando llevo 70 u 80 páginas, paro, antes de conectar el piloto automático. Corrijo y dejo que repose. Y retomo otro proyecto. Ahora corrijo El pibe que quería ver más, mi último libro, pero me pican los dedos por retomar 'La muchacha más sola del mundo', mi próxima novela. Salvo que tres ideas nuevas choquen en mi cabeza y todo vuelva a empezar. Mi abuelo siempre tenía razón”.

¿Y nadie escribe de la crisis permanente, de la prima, de las colas del paro, de la vaga amenaza de una vida peor? Isaac Rosa (Sevilla, 1974) levanta la mano con las pertinentes matizaciones: “¿Qué estoy escribiendo? Dicho en una frase, con tono de faja promocional: una novela de la crisis. Ahora vayamos por partes, porque todo en ese enunciado (“novela de la crisis”) me resulta conflictivo en estos momentos iniciales. Novela: ¿por qué una novela, y no un ensayo, un panfleto, un manifiesto o una pintada en la pared? ¿Sirve la ficción para entender lo que estamos viviendo? Por supuesto. La pregunta es otra: ¿puede competir la ficción literaria con las ficciones hoy dominantes: la política, la economía, el periodismo? de: ¿De la crisis? El estado ideal para la creación. La crisis: ¿qué crisis? No el paro, ni el derrumbe europeo, ni la prima de riesgo. Una imagen que da el tono de la novela: esa sensación tan compartida de que la tierra se abre bajo nuestros pies y las fachadas se caen en pedazos. La inquietud por el futuro: qué va a ser de nosotros, dónde está la vida que nos prometieron y que ya no será. Es entonces cuando la novela nos muestra una puertecita, la entrada a un refugio: ven, ponte a salvo aquí dentro. Pero no es un refugio lo que necesitamos”.

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grognard
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Puede haber situaciones incómodas 03.07.2012

Mensaje por grognard » Mar Jul 03, 2012 3:06 pm

Puede haber situaciones incómodas.

03.07.2012

Mecha Inzunza estaba sentada en un taburete alto junto a la barra del bar de primera clase, mientras el barman mezclaba bebidas.

-Puede haber situaciones incómodas —insistió Max.

-Cuento con usted y con Armando —respondió ella, impasible—. Para protegerme.

-Llevaré mi Astra —dijo el marido, frívolo, palmeando un bolsillo vacío de su traje de etiqueta.

Lo hizo guiñándole un ojo a Max, y a éste no le gustaron la ligereza del marido ni la seguridad de la mujer. Por un momento dudó de la conveniencia de todo aquello, aunque otra ojeada al collar lo convenció de lo contrario. Riesgos posibles y ganancias probables, se consoló. Simple rutina de vida.

-No es práctico llevar armas —se limitó a decir entre dos sorbos a su copa—. Ni allí ni en ningún otro sitio. Siempre existe la tentación de usarlas.

-Para eso están, ¿no?

Armando de Troeye sonreía, casi fanfarrón. Parecía disfrutar adoptando aquel aire truculento y festivo, como dándoselas de humorístico aventurero. Max sintió de nuevo la vaga y familiar punzada de rencor. Imaginaba al compositor, más tarde, pavoneándose de la aventura arrabalera con sus amigos millonarios y snobs.

-Sacar un arma es invitar a otros a que utilicen las suyas.

-Vaya —comentó De Troeye—. Parece saber mucho de armas, para ser un bailarín.

Había una nota burlona, ácida, tras el comentario hecho con aparente buen humor. A Max no le gustó advertirlo. Pudiera ser, pensaba, que el famoso compositor no siempre fuese tan simpático como parecía. O quizá los tres tangos bailados con su mujer se le antojaban demasiados para una noche.

-Algo sí sabe —dijo ella.

De Troeye se volvió a mirarla, vagamente sorprendido. Como si calculase cuánta información sobre Max tenía su mujer que él ignoraba.

-Claro —dijo en tono de conclusión, de un modo oscuro. Después volvió a sonreír, esta vez con naturalidad, y metió la nariz en su copa como si lo importante del mundo quedase fuera de ésta.

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