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Ada
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Mensaje por Ada » Mar Jul 03, 2012 3:19 pm

La Astra 400 es la pistola española más conocida. Fue creada por la casa Astra (española) que posteriormente (en los 70) vendió la marca Astra a una empresa suiza.

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ASTRA 400
Pistola de fabricación española, de nombre oficial Astra-M1921, reglamentaria en el Ejército español y en el Cuerpo de Carabineros. La Wehrmacht compró 6.000 unidades en 1941(Los alemanes hablaban muy bien de ella). Era del calibre 9 mm largo, pero tenía la particularidad de que aceptaba todo tipo de munición de 9 mm (Parabellum, Browning Largo, etc). En 1943 comenzó la fabricación de una variante de esta arma, la Astra 600, de 9 mm Parabellum, para suministrar también al ejército alemán, pero ninguna llegó a ser nunca entregada.


1922, la Astra fabrica el Modelo denominado 300 en calibre 7,65 y 9 mm. Corto. Era similar al Modelo 400 pero más pequeña, siendo declarada reglamentaria en 1923, en calibre 9 mm.

Durante nuestra Guerra Civil fue muy usada por los aviadores de ambos bandos, pues su reducido tamaño la hací­a ideal para ser portada, junto con el equipo reglamentario, en el claustrofóbico habitáculo de la carlinga de un caza o de la torreta de un bombardero.

En el ejército, durante mucho tiempo perduró una confusión consentida por los mandos a la hora de elegir entre los modelos 300 ó 400 de ASTRA, pues la Ley sólo indicaba como reglamentaria la pistola "ASTRA de 9 mm", sin precisar a que modelo se referí­a, por lo que quedaba al arbitrio del personal el adquirir una u otra. Debido a la ambigüedad de la Ley, fueron muchos los militares que se hicieron con ambas, sobre todo en época de guerra, usando la Modelo 300 para la retaguardia y dejando la pesada y potente Modelo 400 para el frente.

En reglas generales, debido a su escaso tamaño y a su peso más ligero, la ASTRA 300 (el purito) gozó de más adeptos en el mundo civil y Cuerpos de Seguridad del Estado, mientras que la ASTRA 400 (el puro), con su potente calibre de 9 mm Largo era un arma eminentemente militar.

Durante la II Guerra Mundial, 85.390 pistolas (63.000 en 9 Corto y 22.390 en 7,65 mm) de este modelo, fueron vendidas al Tercer Reich para uso de la Wehrmacht y la Luftwaffe como parte del pago de la deuda que el ejército de Franco habí­a contraí­do con ese paí­s durante la Guerra Civil.

Después de la guerra, la fábrica sacó un equipo de conversión para que también pudiera disparar el calibre 22, abaratando de este modo el entrenamiento militar e introduciéndola en el mundo del tiro olí­mpico.

Su fabricación se interrumpió en 1947 después de que 171.300 unidades hubieran salido de los talleres de la fábrica ASTRA.

Información sacada integramente de la web = http://www.jmfirearmscollection.com

Más información:
http://www.armas.es/actualidad/articulo ... puroq.html
y

http://www.armas.es/descargas-armas.es/ ... o-2011.pdf

En el cine, esta pistola se ha visto en:

-Muerte entre las flores (hermanos Coen): personaje de Gabriel Byrne
-Taxi Driver (Robert DeNiro y su Astra Constable)
-Infiltrados
-Franco Nero en la película "Salario para matar" (El Mercenario)
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Ada
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Mensaje por Ada » Mié Jul 04, 2012 1:04 pm

http://novelaenconstruccion.com/2012/07 ... -negresco/

El bar del Negresco
JULIO 4, 2012
Niza. Preparando una escena y un diálogo en el bar del hotel Negresco, con anotaciones que incluyen un croquis del lugar. No siempre es prudente confiarlo todo a la memoria. Llegado el momento de teclear estaré lejos de aquí, y entonces puede ser útil algún detalle que no advertí o habré olvidado (lámparas con apliques de bronce en las paredes forradas de madera, taburetes en barra americana, asientos forrados de terciopelo, balaustrada de madera del piso superior donde hay mesas, tapiz junto a la entrada: El Tiempo encadenado por el Amor). Mis pasos, como los de los personajes, quedan silenciados por las alfombras. Quizá éste sea buen lugar para mencionar algún cóctel (o cocktail, tengo que decidir de qué forma lo escribo, porque estamos en 1937) de moda aquel otoño: Bronx, Riviera, Sherry-flip. Mientras converso con el barman, acodado en la barra, al otro lado de la puerta giratoria y ventanas puedo ver la calle y la Promenade. Imagino allí, estacionado, un potente Packard charolado de rojo con el chófer (el mecánico) apoyado en el capó, aguardando.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Vistas desde el Hotel, en la novela, otoño de 1937:
http://novelaenconstruccion.com/2012/04 ... e-matisse/

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El Hotel Negresco de Niza se construyó en 1912, y desde 1974 se convirtió también en monumento histórico, entre otros motivos, por su arquitectura y excepcional colección de arte que aloja en sus pasillos, salones y sus 121 habitaciones y 24 suites, todas con la sensación de estar en un museo, o en la época de Luis XIII. Ofrece vistas a la bahía de los Ángeles y cuenta con habitaciones decoradas de forma individual en diferentes estilos. Por algo más de 300 euros podremos alojarnos en una de estas habitaciones, y para disfrutar de la Suite Presidencial, habrá que desembolsar unos 1.800 euros.

Su restaurante Chantecler propone menús a partir de 45 euros en un refinado ambiente del siglo XVIII, pero también es posible disfrutar de platos más desenfadados en La Brasserie, rodeados de caballitos de feria. En el bar de estilo británico Le Relais se ofrecen copas.

La oferta hotelera de este emblemático lugar se completa con sala de fitness, club de playa, servicio de conserjería, boutiques...un hotel que no pierde su encanto y que, a pesar de la modernidad de los tiempos, permanece impasible, con su famosa cúpula rosa, como uno de los referentes hoteleros en la lujosa y turística Niza. El Negresco se incluye en la prestigiosa cadena ¨The Leading Hotels Of The World¨. El Hotel Negresco dispone de aparcamiento privado y se encuentra a 15 minutos a pie del casco antiguo y de la estación de tren de Niza.
http://sobrefrancia.com/2009/11/29/el-h ... o-en-niza/
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Siana
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Mensaje por Siana » Vie Jul 06, 2012 12:37 am

Qué cantidad de cosas que salen en esta futura novela....O esa sensación tengo al menos.

Gracias Ada, Grog, Ro.

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Ada
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Mensaje por Ada » Mar Jul 17, 2012 10:10 am

Novela en Construcción, la sensación de espiar a Pérez-Reverte mientras escribe
El autor de "El día de la cólera" comparte en Internet los apuntes de su próxima novela

SANTO DOMINGO. Como si se tratara de hojear un diario ajeno, compartir el proceso creativo de un escritor de las dimensiones de Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) se parece a asomarse a un proceso que, quizás por íntimo, resulta más interesante.

El autor de "El día de la cólera" tiene una página de Internet donde publica los apuntes de su próxima novela, "El tango de la guardia vieja", que será presentada el 21 de noviembre.

En novelaenconstruccion.com o Anotaciones sobre una novela Pérez-Reverte comparte sus apreciaciones sobre personajes y lugares. En algunos casos explica por qué prefiere una palabra a otra y cómo la visita a ciertos lugares le sirven para ambientar las escenas.

En uno de sus entradas del blog, el escritor consigna: "Uno de los lugares que Max frecuenta en Sorrento, en 1966, es la trattoria Stefano: el pequeño restaurante de su amigo Lambertucci, donde cada tarde éste juega al ajedrez con su antiguo oficial durante la guerra, el capitano Tedesco. Decidí situar ese restaurante imaginario en la Marina Grande, junto a la playa; aproximadamente donde se encuentra la trattoria Emilia, o junto a ella".

En otra entrada, parece exlcamar: "Hay pocas sensaciones tan agradables como dormirte pensando en la escena de tu novela que escribirás al día siguiente, siempre que esa escena esté clara. Que sepas exactamente lo que deseas contar, y cómo hacerlo".

Según Alfaguara, el sello editorial que pondrá a circular la novela, La trama de El tango de la Guardia Vieja se desarrolla en tres situaciones: Una extraña apuesta entre dos músicos, que lleva a uno de ellos a Buenos Aires en 1928; un asunto de espionaje en la Riviera francesa durante la Guerra Civil española, y una inquietante partida de ajedrez en el Sorrento de los años 60.

Arturo Pérez-Reverte fue reportero de guerra durante veintiún años y es autor, entre otras obras, de El maestro de esgrima, La tabla de Flandes, El club Dumas, Territorio Comanche, La piel del tambor, La carta esférica, La Reina del Sur, Un día de cólera, El Asedio y de la serie histórica Las aventuras del capitán Alatriste, de la que su última entrega es El puente de los Asesinos. Es miembro de la Real Academia Española. Traducido a 41 idiomas, tiene uno de los catálogos vivos más destacados de la literatura actual.

http://diariolibre.com.do/revista/2012/ ... cribe.html
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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Jue Jul 26, 2012 1:19 pm

Ventajas (y peligros) del detalle

26/07/2012

La necesidad de ambientar la historia en tres épocas distintas (1928, 1937, 1966) plantea exigencias complicadas. Los personajes deben actuar acordes con cada situación de su vida, condicionados por lo que visten, lo que escuchan, la música que oyen o que bailan en los diversos momentos. Una marca de dentífrico o gomina, un perfume de mujer caro en los años 20 —My Sin, Arpege— o barato —Au Matin, Quelques Fleures—, o una manera determinada de anudarse la corbata en vísperas de la Segunda Guerra Mundial —nudo Windsor, por ejemplo—, pueden tener su importancia en situaciones determinadas. Costumbres, modas, detalles innumerables influyen en las actitudes y conversaciones. Condicionan hasta la forma de ver el mundo, o son consecuencias de ésta. No es lo mismo, por ejemplo, besar a una mujer cuando llevas puesto un cuello de camisa blando, de botones, que cuando llevas uno duro, almidonado, con puntas de pajarita. O cruzar las piernas, sentado, cuidando la raya del pantalón, cuando aún no se han inventado las telas inarrugables. Por eso, una vez metido en ese jardín, debes conocer bien cuantos detalles puedas; no sólo para no cometer errores o incurrir en anacronismos —siempre hay algún lector que sabe de eso y detectará el fallo si te columpias—, y ni siquiera para contar todo lo que has llegado a aprender, sino para ver el mundo como lo ven los personajes de los que te ocupas. Para sentirte como ellos y mirar con sus ojos. Por eso, esta parte del trabajo de documentación ha sido larga y prolija. Divertida al principio, agotadora al final, cuando comprendes que has reunido tanto material que no podrás utilizarlo nunca íntegramente, ni debes hacerlo —tal es la peor tentación del novelista documentado en exceso—, y observas desolado las pilas de cuadernos de notas que has acumulado durante casi dos años. Los libros, catálogos comerciales, diarios y revistas de época leídos y consultados son muchos —sin contar las películas vistas—, aunque la base más productiva hayan sido las colecciones íntegras encuadernadas de las revistas Blanco y Negro y Nuevo Mundo —herencia familiar que ahora ha resultado utilísima— para los años 20, 30 y 60. En cuanto a moda femenina, Vanity Fair, Vogue y la edición francesa de Marie Claire resultan muy apropiadas para “vestir” el año 1937. Para 1966, aparte los Blanco y Negro de esa época, saqueo sin complejos toda clase de revistas contemporáneas, desde la española El hogar y la Moda —treinta números en muy buen estado, adquiridos en los libreros de viejo de la cuesta Moyano de Madrid— hasta una veintena de ejemplares de las revistas italianas Epoca, Gente y Oggi, abundantes en material gráfico e informaciones interesantes sobre la moda de ese tiempo, la Italia de la Dolce Vita y años posteriores.

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Siana
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Mensaje por Siana » Jue Jul 26, 2012 1:29 pm

Ingente el trabajo de documentación que hay detrás de esta novela. Igual es de las que más trabajo ha dado en tal sentido :roll:

Acias Ro!

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Ada
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Mensaje por Ada » Jue Jul 26, 2012 2:44 pm

Gracias Ro!
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Mensaje por Rogorn » Jue Jul 26, 2012 5:06 pm

El Cap Polonio

26/07/2012

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“En noviembre de 1928, a causa de una apuesta con Maurice Ravel, Armando de Troeye viajó a Buenos Aires para componer un tango. A los cuarenta y tres años, el autor de los Nocturnos y Pasodoble para don Quijote se encontraba en la cima de su carrera, y todas las revistas ilustradas españolas publicaron su fotografía en el puerto de Cádiz, acodado junto a su bella esposa en la borda del transatlántico Cap Polonio, de la Hamburg-Südamerikanische…”

Ésta es una fotografía nocturna, tomada en esa época y en el puerto de Montevideo (me la envían unos amigos uruguayos, que no han logrado establecer la procedencia), del Cap Polonio: el transatlántico de bandera alemana a bordo del cual viajan a Buenos Aires el compositor Armando de Troeye y su mujer, Mecha Inzunza. El joven Max Costa, que en esa época tiene 25 años, trabaja en el barco como bailarín mundano —acompañante de señoras y jovencitas para bailes de moda incluidos en la diversión a bordo— del salón de primera clase; y allí es donde los tres se conocerán. En 1928, este buque tenía capacidad para 356 pasajeros de primera clase, 250 de segunda y 949 de tercera. Empezó a hacer la línea del río de la Plata seis años antes, y era de los más lujosos de la compañía. El músico argentino Francisco Lomuto, cuya orquesta tocó durante cierto tiempo a bordo de este transatlántico, compuso un tango llamado precisamente Cap Polonio.

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Ada
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Mensaje por Ada » Jue Jul 26, 2012 5:40 pm

Vaya! gracias! está que no para...
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Mensaje por nexus6 » Jue Jul 26, 2012 8:09 pm

Gracias, Boss.
Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia.Es hora de morir

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Finea
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Mensaje por Finea » Jue Jul 26, 2012 8:53 pm

Me ha encantado una de las ultimas entradas en el blog de Arturo, la de las ventajas y peligros del detalle. Me ha encantado cuando habla del trabajo de documentación que ha realizado en materia de moda.

Me encanta la moda, es herencia materna, por que mi madre es modista, y ha trabajado en talleres buenos de moda, aprecia mucho la moda y me enseñó a apreciarla, a apreciarla que no vestirla, por que según ella soy un desastre...jeje pero esa es otra historia.

A mi madre le encanta la ropa de los años 20 y 30, y en casa tenemos una enciclopedia de moda, absolutamente maravillosa. Es una enciclopedia que guardo como una joya, me la regaló, una amiga muy querida, la hija de un pintor muy grande de Granada, su padre usaba esa enciclopedia para su trabajo, fue un excepcional retratista, un maravilloso pintor, Jose Carazo, pero bueno esa es otra historia...divago...

En fin que mi enciclopedia es un regalo maravilloso, preciosa, la ha usado mi madre cuando ha diseñado vestuario para teatro, y los tomos de los años 20 y 30 son increibles. Pensaba que a D. Arturo le hubiera sido de utilidad, por que además no solo habla de moda, sino tambien de costumbres, de la forma de vida, los espectaculos, actores y actrices del momento, la musica, las formas de divertirse, los peinados....

La enciclopedia esta redactada por diferentes autores, mi edición es del año 1947 y la autora del tomo 1921-1934 es Maria Luz Morales, hay un capitulo que se llama "el hombre que gusta a las mujeres" atención:

"El galan almibarado pierde terreno - tal vez como reacción contra el llamado pollo-pera, e incluso a través de los ídolos del cine. Puede observarse la evolución de las preferencias femeninas hacia el hombre más natural, algo rudo e incluso desmañado en el vestir. Incluso el hombre que gusta a las mujeres en la pantalla va cambiando casi insensiblemente"

Esto va acompañado de láminas, figurines, fotografías de los actores del momento...

¿Como será Max, nuestro protagonista?

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Ada
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Mensaje por Ada » Vie Jul 27, 2012 11:10 am

Bueno Finea, entonces supongo que disfrutarías con El tiempo entre costuras.

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La Hamburg-Südamerikanische
JULIO 27, 2012 |

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Cartel publicitario de la naviera propietaria del Cap Polonio anunciando los viajes al Río de la Plata. El de la imagen es otro buque de la compañía: el Cap Trafalgar.
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Mensaje por Finea » Lun Jul 30, 2012 3:14 pm

Pues "El tiempo entre costuras" lo hemos leído mi madre y yo pero no nos gustó mucho a ninguna de las dos. A mi madre le gusto como retratan el mundo del taller de costura, las descripciones que hace sobre el taller de la protagonista, las telas y como hace los vestidos, pero poco más.

Yo tuve la sensación de que a la historia se le podía haber sacado más partido, tiene algunos momentos bastante inverosímiles y el final me pareció precipitado, como si la autora se hubiera cansado o como si ya le faltara fuelle....no se. Ni fu ni fa. He de admitir que al principio promete y que luego se va desinflando...pero si que esta bien descrito el mundo de la modista, aunque insisto se le podía haber sacado más partido, y el romance del espía inglés con ella...que cosa mas tontina....

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Mensaje por Rogorn » Mié Ago 08, 2012 1:03 pm

Esta vez hay que saber de moda

08/08/2012

Esta vez hay que saber de moda. Sí. Tanto femenina como masculina. No queda otro remedio. Y mucho, a ser posible. Parte de la novela transcurre entre gente que da importancia a esa clase de cosas. Situar referencias adecuadas es útil por varias razones: da mayor credibilidad al tratamiento de cada época, permite que el lector perciba el aroma de un mundo determinado, apoya visualmente la acción, da pie a que los diálogos se sostengan con detalles y referencias específicas. Anudarse una corbata de un modo u otro, llevar falda por encima o debajo de las rodillas, peinarse con gomina o de forma desordenada, da pie a reflexiones, define a personajes, revela actitudes o las condiciona. Lo sitúa todo en el andamio de la trama de modo más eficaz. Ayuda mucho. Además, los personajes evolucionan con los años, claro. Cambian su forma de vestir, la adaptan a su edad y su tiempo. No siempre necesito mencionar lo que viste o usa tal o cual personaje, la modista o la marca de zapatos o sombrero; pero conviene que lo sepa a la hora de contar. No es lo mismo llevar un bolso, a secas, que un bolso de lona monogram de Luis Vuitton, un Kelly o un Birkin. Unos zapatos con suela de corcho que unos Raymond Massaro del año 57. También el lector informado comprenderá mejor lo que significa: precio, status social, momento. Y el menos informado puede, seguramente, intuirlo con facilidad. Para la protagonista, por ejemplo, planteo tres épocas. En 1928 la hago aparecer primero en el salón de baile del Cap Polonio con un vestido de noche de seda ligera y oscura. Reflejos color violeta. No menciono el modisto, pero sé que seguramente es de Vionnet —me apoyo en fotografías de moda hechas por Steichen y los Seeberger—. La segunda aparición en el trasatlántico es por la mañana, en la cubierta de paseo, vestida con un conjunto de kashá, chaqueta tres cuartos y falda de pliegues, y sombrero cloche de Talbot. Para visualizarla me baso en imágenes contemporáneas de la modelo Lee Miller, un ideal de chica elegante de aquel tiempo. Esa forma de vestir habrá cambiado cuando Max encuentre a Mecha en Niza en1937. Chanel, Hermès y Schiaparelli ya se habrán impuesto para entonces, aunque en vestidos de noche la protagonista siga fiel a Vionnet. Me parece. Durante un paseo por la playa cerca de Antibes, por ejemplo, ella viste pantalones de pijama holgados azul oscuro, de aire marinero, sandalias y camiseta de rayas. Veintinueve años más tarde, en Sorrento, cuando los dos ya han cumplido sesenta, Mecha llevará el pelo gris muy corto, vestirá sobria, elegantemente desenfadada y discreta: rebecas de punto, faldas amplias, sombreros masculinos de tweed, cinturones anchos de cuero, chaquetas de ante, zapatos bajos Pilgrim o mocasines loafer belgas. Y habrán desplazado en espacio de tocador a su perfume habitual, que durante cierto tiempo fue Arpège, las cremas de belleza Pond’s y Elizabeth Arden.

--

El guardarropa de Max

08/08/2012

Tres momentos indumentarios también para Max. En 1928, cuando sus recursos son pocos, posee ropa buena pero escasa: un sombrero flexible Knapp-Felt muy usado, un traje de tweed con chaleco, una vieja gabardina London-fog, media docena de cuellos almidonados y ropa profesional de etiqueta que todavía debe a su sastre. Nueve años después, las cosas han cambiado. Tiene 200.000 francos en el Barclay’s Bank de Montecarlo, tarjeta para el cercle privé del Casino, vive en el hotel de Paris y se le nota. Su sastre londinense —siete guineas cada traje hecho a medida— es Huntsman & Sons. Lleva en la muñeca un cronómetro Patek Philippe y en el bolsillo un Dunhill de oro y una pitillera de carey, usa camisas y corbatas seven folder hechas a medida en Charvet, se cubre con un sombrero Homburg y calza unos brogue con doble suela de cuero de Crocket & Jones o unos Scheer comprados en Viena —todo eso, naturalmente, no siempre el lector lo sabe; pero yo sí lo sé—. El 1966, en Sorrento, la vida lo habrá vuelto más discreto y práctico: blazer azul marino, pantalones de franela, lino o algodón, polos y jerseys. Y el Omega Semaster Deville en la muñeca.

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Mensaje por Rogorn » Mié Ago 08, 2012 1:15 pm

-lorenapacho: Lleva usted reloj cuando está de viaje? Un saludo desde la India, sea la hora que sea.
-Sí. Antes era un Omega Speedmaster Mark IV. Ahora es otro.

-Seli0r: Que vida más planificada la de @perezreverte tiene horarios hasta para el ocio. Cuando fue corresponsal lo llevaría mal para seguir horarios
-Se equivoca. Había dos horarios ineludibles: 15.00 y 21.00. Los telediarios. Y en el diario Pueblo, la hora de cierre. Pasé veintiún años de mi vida mirando las manecillas de un Omega Speedmaster Mark IV.

-Su reloj, y no me refiero al Rolex que desde hace veinte años lleva, sino al otro, al Omega Speedmaster de reportero, ¿dónde está? ¿Qué fue de él? Estoy seguro de que ese reloj tiene una buena historia que contar.
-Ganó su digna jubilación tras dos décadas de fieles servicios. Limpio y aceitado, en perfecto estado de funcionamiento, se encuentra en un estuche de cuero donde descansa honradamente, con su brazalete y caja de acero y su cristal llenos de arañazos tan parecidos a cicatrices. A veces lo saco del estuche y recuerdo su agitada biografía.

--

—Tengo un problema, César.
—Perdón. Tenemos un problema, en tal caso. Así que cuéntamelo todo.
Y Julia se lo contó. Sin omitir nada, ni siquiera la inscripción oculta, que el anticuario acogió con un simple movimiento de cejas. estaban sentados junto a la vidriera emplomada, y César atendía ligeramente inclinado hacia ella, cruzada la pierna derecha sobre la izquierda, con una mano, que lucía un valioso topacio montado en oro, caída con negligencia sobre el reloj Patek Philippe de la otra muñeca. Era aquel distinguido gesto suyo, no calculado, o quizá no lo fuera desde hacía ya mucho tiempo, el que con tanta facilidad cautivaba a los jovencitos con inquietudes y en busca de sensaciones refinadas, pintores, escultores o artistas en agraz, que César solía apadrinar con devoción y constancia, justo es reconocerlo, que iba más allá de la duración, nunca prolongada, de sus relaciones sentimentales.

('La tabla de Flandes')

--

Nada en el antiguo comisario jefe del DOCS -grupo contra la Delincuencia Organizada de la Costa del Sol- delataba al policía. O al ex policía. Era menudo y casi frágil, con barbita rubia; vestía un traje gris sin duda muy caro, corbata y pañuelo de seda a juego asomando por el bolsillo de la chaqueta, y un Patek Philippe relucía en su muñeca izquierda bajo el puño de la camisa a rayas rosas y blancas, con llamativos gemelos de diseño. Parecía salido de las páginas de una revista de moda masculina, aunque en realidad venía de su despacho en la Gran Vía de Madrid. Saturnino G. Juárez, decía la tarjeta que yo llevaba en la cartera. Director de seguridad interior. Y en una esquina, el logotipo de una cadena de tiendas de moda de las que facturan cientos de millones en cada ejercicio anual. Las cosas de la vida, pensé. Después del escándalo que, unos años atrás, cuando era más conocido por Nino Juárez o comisario Juárez, le costó la carrera, allí estaba el hombre: repuesto, impecable, triunfador. Con ese Ge punto intercalado que le daba un toque respetable, y aspecto de salirle la pasta por las orejas, amén de renovadas influencias y mandando más que antes. A esa clase de individuos nunca los encontrabas en las colas del desempleo; sabían demasiado de la gente, y a veces más de lo que la gente sabía sobre ella misma. Los artículos aparecidos en la prensa, el expediente de Asuntos Internos, la resolución de la Dirección General de la Policía apartándolo del servicio, los cinco meses en la cárcel de Alcalá Meco, eran papel viejo. Qué suerte contar con amigos, concluí. Antiguos camaradas que devuelven favores, y también tener dinero o buenas relaciones para comprarlos. No hay mejor seguro contra el desempleo que llevar la lista de los esqueletos que cada cual guarda en su armario. Sobre todo si has sido tú quien ayudó a guardarlos.

('La Reina del Sur')

--

Teo Aljarafe regresó dos días más tarde con un informe satisfactorio. Pagos recibidos puntualmente en Gran Caimán, gestiones para conseguir un pequeño banco propio y una naviera en Belice, buena rentabilidad de los fondos blanqueados y dispuestos, limpios de polvo y paja, en tres bancos de Zúrich y en dos de Liechtenstein. Teresa escuchó con atención su informe, revisó los documentos, firmó algunos papeles tras leerlos minuciosamente, y después se fueron a comer a casa Santiago, frente al paseo marítimo de Marbella, con Pote Gálvez sentado fuera, en una de las mesas de la terraza. Habas con jamón y chicharra asada, mejor y más jugosa que la langosta. Un Señorío de Lazán, reserva del 96. Teo estaba locuaz, simpático. Guapo. La chaqueta en el respaldo de la silla y las mangas de la camisa blanca con dos vueltas sobre los antebrazos bronceados, las muñecas firmes y ligeramente velludas, Patek Philippe, uñas pulidas, la alianza reluciendo en la mano izquierda. A veces volvía su perfil impecable de águila española, la copa o el tenedor a medio camino, para mirar hacia la
calle, atento a quien entraba en el local.

('La Reina del Sur')

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Mensaje por Rogorn » Lun Ago 13, 2012 4:36 pm

El bar Fauno

13/08/2012

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Varias situaciones de El tango de la Guardia Vieja transcurren en Sorrento. Es decisiva una de las primeras, cuando Max vigila de lejos, desde la mesa de un bar, a la mujer a la que cree haber reconocido por la calle, treinta años después de su último encuentro en Niza. El bar Fauno y su terraza parecen adecuados para situar la escena; así que procuro sentarme exactamente a la mesa que habría ocupado Max y mirar desde allí la terraza, la plaza Tasso y la entrada cercana del hotel. Ensordece el ruido de automóviles y motos, que en la imaginación sustituyo por Fiats sesentones, Vespas y Lambrettas. En la habitación del Vittoria, para ambientarme el día, acabo de ver los deuvedés de Il Sorpasso y Sapore di mare, así que me siento en buena forma. La imaginación funciona bien engrasada, sin mucho esfuerzo. Encargo a un camarero un Cinzano rojo con aceitunas —imagino uno de aquellos antiguos ceniceros metálicos triangulares sobre la mesa— y luego pido que me combinen un Negroni, para ambientarme. Es lo que habría bebido el personaje. Ya sólo faltaría escuchar como música de fondo Una rotonda sul mare, por ejemplo. O algo más agitado: un twist de Rita Pavone. La sensación es muy agradable, como siempre que localizo exteriores y sale bien la cosa. O parece que sale. Puede funcionar, me digo. Pero mientras tomo notas, surge el problema. La duda frecuente y maldita. El Fauno, ¿estaba ya abierto en 1966? ¿Se llamaba así, o de otra manera? ¿Tenía la misma terraza que ahora? Proceloso misterio. Los dos camareros con los que converso me dicen que el bar lleva abierto mucho tiempo, desde los años setenta por lo menos, pero no conocen la fecha exacta de apertura. Y el encargado, que sabe, dicen, no está. En cualquier caso decido correr el riesgo, pues la localización de la terraza es perfecta. Ya tendré ocasión, más adelante, de confirmar fechas. Y así es. Semanas después, trasteando en Internet, consigo establecer el asunto. En 1966, el Fauno ya estaba abierto y se llamaba de ese modo. Consigo también fotografías de entonces en blanco y negro. La terraza era más pequeña que la actual, con menos gente sentada afuera; pero ese detalle no altera mucho las cosas. O no las altera nada. Así que, decidido. Aquella mañana de septiembre u octubre de 1966, Max Costa estuvo sentado en la terraza del bar Fauno. Sin advertir el lío en que se estaba metiendo.

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aik
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Mensaje por aik » Lun Ago 13, 2012 4:40 pm

Gracias por los extractos y demás jefe. :wink:
"Son Españoles los que no pueden ser otra cosa". (Cánovas)

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nexus6
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Mensaje por nexus6 » Lun Ago 13, 2012 8:30 pm

Gracias, Boss.
Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia.Es hora de morir

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Ada
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Mensaje por Ada » Lun Ago 13, 2012 10:50 pm

Gracias Ro!
Os tengo una sorpresita sobre esta novela. Os la dejo por aqui pronto
Consuela saber que nadie a quien amas se quema en lo que arde. http://adacaramelada.blogspot.com.es

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Mar Ago 14, 2012 1:10 pm

Ha pasado mucho tiempo, Max

14/08/2012

-Lo has dicho antes: tu marido era culto, imaginativo y liberal… Pero recuerdo las marcas de golpes en tu piel.

Ella, que ha advertido el tono, lo observa con censura. Después vuelve el rostro hacia la bahía, en dirección al cono negruzco del Vesubio.

-Ha pasado mucho tiempo, Max… Eso es impropio de ti.

No responde. Se limita a observarla, Entornados los párpados de la mujer por la claridad del sol, el gesto multiplica el número de pequeñas arrugas en torno a sus ojos.

-Me casé muy joven. Él hizo que me asomara a pozos oscuros de mí misma.

-Y tú lo hiciste conmigo.

-Oh, por Dios. Te gustaba mirar, como a mí. Recuerda aquellos espejos de hotel.

-No. Me gustaba mirarte mientras mirabas.

Una risa súbita, sonora, parece rejuvenecer los ojos dorados de la mujer. Ella sigue vuelta en dirección a la bahía.

-No te dejaste, amigo mío… Nunca fuiste un chico de ésos. Al contrario. Tan limpio siempre, pese a tus canalladas. Tan sano. Tan leal y recto en tus mentiras y traiciones.

-Por Dios, Mecha. Eras…

-Ahora ya no importa lo que era —se ha vuelto hacia él, súbitamente seria—. Pero tú sigues siendo un embaucador. Y no me mires así. Conozco esa mirada demasiado bien.

Se ha echado atrás en el respaldo de la silla. Permanece así un momento, cual si buscara memoria exacta en las facciones envejecidas del hombre que tiene delante.

-Vivías en territorio enemigo —dice al fin—. En plena y continua guerra. Sólo había que ver tus ojos.

-Nunca me gustaron las guerras. Suelen perderse.

-Ahora ya da lo mismo —ella asiente con frialdad—. Pero me gusta que no hayas estropeado tu sonrisa de buen chico… Esa elegancia que mantienes como el último cuadro en Waterloo. Me recuerdas mucho al hombre que olvidé. Aunque has envejecido, y no hablo del físico. Supongo que le ocurre a todos los hombres que alcanzan alguna clase de certidumbre… ¿Tienes muchas certidumbres, Max?

-Pocas. Sólo que los hombres dudan, recuerdan y mueren.

-Debe de ser eso. Es la duda la que mantiene joven, supongo… La certeza es como un virus maligno. Te contagia de vejez.

Mecha ha vuelto a poner la mano sobre el mantel. La piel moteada de vida y años.

-Recuerdos, has dicho. Los hombres recuerdan y mueren.

-A mi edad, sí —confirma él—. Ya sólo eso.

-¿Qué hay de las dudas?

-Pocas. Sólo incertidumbres, que no es lo mismo.

-¿Y qué te recuerdo yo?

-A mujeres que olvidé.

Ella parece advertir su irritación, porque ladea un poco la cabeza, observándolo con curiosidad.

-Mientes —dice al fin.

-Demuéstralo.

-Lo haré… Te aseguro que lo haré. Dame sólo unos días.

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