'Los perros duros no bailan' (2018)

Comentarios y noticias sobre el resto de los libros de Pérez-Reverte

Moderadores: Targul, Mithrand, Moderadores

Reglas del Foro
Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 13983
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

'Los perros duros no bailan' (2018)

Mensaje por Rogorn » Vie Feb 23, 2018 6:08 pm

'Los perros duros no bailan', de Arturo Pérez Reverte
juanherranz.es - 20/02/0218

Con las últimas vibraciones de 'Eva', su anterior novela de la serie Falcó, todavía reverberando en nuestra memoria lectora, Pérez Reverte irrumpe con una nueva novela que desconozco si será de transición entre nuevas propuestas de Falcó o si supone un cierre de lo escrito en torno a Lorenzo Falcó y su singular modus vivendi en plenos años del régimen franquista. Sea como fuere esta novela se presenta como una fábula de fuerte carga simbólica a través de una personalización que acaba por hacernos olvidar que se trata de una historia de perros. Las vidas de Teo, de Boris el Guapo, de Negro y de muchos otros chuchos se elevan hasta esa condición humanizada que Arturo Pérez-Reverte consigue desarrollar hasta la estrema credibilidad.

No sé si al terminar de leer este libro se podrá volver a mirar a un perro de la misma forma. Si ya sospechábamos que en esas miradas expresivas se ocultaba algún tipo de inteligencia por encima de lo sospechado, cuando demos por terminada esta trama confirmaremos todas esas sospechas. Como buen amante de los animales en general y de los perros en particular, el autor se ha ocupado de presentarnos un escenario completo de ese mundo animal reconocido por medio de la fábula. Un escenario perruno donde perduran pautas entre lo moral, lo instintivo y lo espiritual. Pautas que antes respetaban los hombres como un conjunto básico para mantener un mínimo de convivencia entre iguales.

El viaje de Negro en busca de sus compañeros extraviados es también un paseo por todas esas referencias que los perros quizás aprendieran de los hombres en el proceso hacia la domesticación, pero que ahora solo ellos conservan muy por encima de nuestras enseñanzas echadas por tierra para nosotros mismos. Si algo sobrevive en este mundo después de algún tipo de hecatombe que seguro nos esperará mañana o dentro de milenios, solo los perros podrían afanarse en recuperar un mundo donde los viejos valores imperen, en primer lugar para la conservación de cualquier especie.

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 13983
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Re: 'Los perros duros no bailan' (2018)

Mensaje por Rogorn » Lun Mar 19, 2018 9:55 am

Los perros duros no bailan, el nuevo libro de Arturo Pérez-Reverte
zendalibros.com - 15/03/2018

Alfaguara publicará el próximo 5 de abril 'Los perros duros no bailan', el nuevo libro de Arturo Pérez-Reverte, una novela negra que narra la aventura de un perro en un mundo diferente al de los humanos, donde rigen las mejores reglas —lealtad, inteligencia y compañerismo— y están desterradas toda corrección política o convención social. Un mundo en el que a veces hay clemencia para los inocentes. Y justicia para los culpables.

«Nací mestizo, cruce de mastín español y fila brasileña. Cuando cachorro tuve uno de esos nombres tiernos y ridículos que se les ponen a los perrillos recién nacidos, pero de aquello pasó demasiado tiempo. Lo he olvidado. Desde hace mucho todos me llaman Negro.»

"Lo ocurrido no puede ser nada bueno; lo sospechan todos y lo sabe su amigo el Negro, luchador retirado con cicatrices en el hocico y en la memoria."
Hace días que en el Abrevadero de Margot, donde se reúnen los chuchos del barrio, nada se sabe de Teo y de Boris el Guapo. Sus colegas presienten que detrás de su desaparición hay algo oscuro, siniestro, que los mantiene alerta. Lo ocurrido no puede ser nada bueno; lo sospechan todos y lo sabe su amigo el Negro, luchador retirado con cicatrices en el hocico y en la memoria. Para él es cuestión de instinto, de experiencia sobreviviendo en las situaciones más difíciles. Eso lo lleva a emprender un peligroso viaje al pasado, en busca de sus amigos.

--

Primer capítulo:
https://www.zendalibros.com/los-perros- ... z-reverte/

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 13983
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Re: 'Los perros duros no bailan' (2018)

Mensaje por Rogorn » Mar Abr 17, 2018 5:24 pm

Pérez-Reverte presentó a "Negro", su Alatriste perruno
Silvia Pisani - lanacion.com.ar - 05/04/2018

Es más que un escritor y un nuevo libro. La presentación de la nueva obra de Arturo Pérez-Reverte pasa por lo multitudinario. La apuesta segura para escuchar -y leer- algo interesante; algo mordaz. Hace falta un auditorio amplio, como el de la Casa de América, en esta ciudad, para la ocasión. Podría ser un cine. Pero no: es la cita con este murciano de 66 años que presenta 'Los perros duros no hablan' [sic], su nueva novela, con la que se libera de lo "políticamente correcto" a partir de la mirada de Negro, el perro callejero que la protagoniza. De 166 páginas y con la promesa de una nueva entrega pronto con el mismo personaje perruno, se trata de una obra que -dice- empezó a escribir casi como una broma. Divirtiéndose. Y terminó siendo la vía para poder hablar de todo "sin que se molesten los colectivos", que es como le dicen en España a las minorías que reivindican sus derechos.

Punzante, como siempre, Pérez-Reverte llegará a Buenos Aires dentro de dos semanas, para participar en la Feria del Libro. No lo hará con el trotamundos perruno de Negro, sino con 'Eva', una nueva entrega de la serie del detective Lorenzo Falcó. Aunque todos terminan teniendo algo en común. Al Negro, como a Alatriste y a Falcó, los aqueja esa melancolía y esa sensación de ir contracorriente, aunque del lado bueno, en un mundo que no tiene lugar para ellos. "Hoy, casi no se puede hablar de nada sin ofender a alguien", dice Pérez-Reverte, al dar su propia visión de esa falta de espacio. Considera que se ha ganado estar por arriba de eso. Pero advierte que la dictadura de lo "políticamente correcto" puede ser tan dañina como la peor de las autocensuras. Habla, por ejemplo, del miedo a no decir las cosas por estar atento a una eventual reacción adversa en las redes sociales. "Todo lo que se escribe se dice es susceptible de generar un conflicto", describe. Nada de eso, por supuesto, perturba las siestas que se sabe ganar el "Negro", un mestizo con algo de sabueso que se gana un lugar como perro guardián pero que se impone como tarea buscar a sus compañeros desaparecidos. "A un perro no le importa lo que salga en Twitter", dice el académico, entre carcajadas.

No es un cachorrito inocente. "Tiene heridas en el lomo de todas las peleas que ha dado; tiene sangre en las pezuñas. Carga, como los seres humanos, esa mochila en la espalda que lleva quien ha vivido", dice. En Pérez Reverte hasta los perros son diferentes. Le gustan, en todo caso, los protagonistas que tienen historia. Los que han vivido. Aquellos a quienes les han ocurrido cosas. El, en todo caso, las cuenta con el escudo de este cuatro patas que se las ingenia para sobrevivir.

Habla de su libro y no quiere meterse en otros meandros. Ni Cataluña, ni lo que le pasa al partido del gobierno en España ni, tampoco, el video que protagonizó la reina Letizia, con el desplante a su real suegra, que se ha convertido en el culebrón del país. Se queda con su perro, esta especie de humano libre, que disfruta de una vida sin reglas pero que, sin embargo, respeta los mejores valores. La lealtad -dice él, con mayúsculas- por encima de todo.

--

“El maltrato animal en España sale gratis. La legislación es una vergüenza”
Jesús Ruiz Mantilla - elpais.com - 05/04/2018

Negro es un sabueso mestizo y herido que no quisiera regresar al desolladero. Se ganó un cambio de vida y convertirse en guardián, un hueco para dormir a gusto cuando consigue pegar ojo, buenas costillas de ternera, darse un garbeo si se lo pide el cuerpo, pero a costa de no saltarse unas pocas reglas y códigos sagrados. A través de sus ojos y sus patas, Arturo Pérez-Reverte ha trasvasado en 'Los perros duros no bailan' (Alfaguara) esa moral identificada con su estilo al mundo canino. Algo que podríamos llamar humanismo animal y que es trasfondo de muchos de sus personajes bandera.

Negro bien puede asemejarse a un Falcó y un Alatriste con la melancolía que desprende también su pintor de batallas. Sale de farra con Teo, un rodesiano cañón y Boris el Guapo, un lebrel cachondo con collar antiparásitos. Coquetea y compadrea con Dido, su Dulcinea; con Margot, la porteña encargada del abrevadero y Tequila, la narco. Son hembras que le provocan tan buenas pulgas como la costumbre de filosofar con Agilulfo, que ladra en latín y el cachondeo que se tira a costa de las ridiculeces de Helmut, un doberman neonazi que enseña los dientes a los inmigrantes…

A costa de ellos, Pérez-Reverte ha hilado un puro relato policiaco y una metáfora de la realidad. Con sus deudas: desde 'El coloquio de los perros' cervantino al 'Jerry de las islas' de Jack London con rastros de Rudyard Kipling, Virginia Woolf o el Orwell de 'Rebelión en la granja', también. Pero sobre todo del género negro y policiaco: “En ese sentido es una novela canónica, corta, seca, rápida, puntual”, anunció este jueves en la Casa de América, donde presentó el libro acompañado de Pilar Reyes, su editora.

Se trata de una obra que empezó a escribir con gusto, divirtiéndose… “Pero que acabó con cierta amargura porque tuve que asomarme al lado oscuro, el de la crueldad animal”, afirma. Todo lo que tiene que ver con el maltrato y su impunidad en España. “La legislación que tenemos en este país sobre ese asunto es una vergüenza. La más infame de Europa. Se puede cometer cualquier atrocidad y como mucho te cae un año de cárcel o una multa que no paga nadie”. Toda persecución ni siquiera comienza. “¿Para qué? Los policías a los que he consultado dicen que no pueden dedicar medios a combatir un delito que acaba en nada”.

Para denunciar eso y por el amor que le provocan los perros ha escrito este libro. “Una mirada de cualquiera de los míos me puede mojar el lagrimal. Y hay pocas cosas que lo logran”, advierte. Con ninguno de los suyos se ha sentido decepcionado. “Con muchas personas sí, pero con los perros, nunca”. También le han enseñado que la lealtad, “una de esas pocas palabras que todavía escribo con mayúscula”, no está reñida con la dureza, pero sí con la ñoñería. Sabía que no iba a fallar, que no se le podía ir este libro por el lado de la sensiblería. “Soy como soy. No se me podía escapar de las manos. Mis perros son otro tipo de perros”.

Además, le ha servido para escudarse y sentirse más libre: “Se ha vuelto muy difícil escribir en los últimos tiempos. Todo lo que se hace es susceptible de crear conflicto. En mi caso y en el de otros autores, como Javier Marías, ya hemos pasado la línea de que no nos importe. Tenemos nuestros lectores y nos conocen. Pero es muy peligroso para esos jóvenes que llegan detrás, con mucho talento y que no se atreven a afrontar según qué cosas por miedo a que se interpreten mal”. Es producto de un mal resucitado que atenaza: “La autocensura”, cree Pérez-Reverte. “Es más peligrosa para los periódicos de lo que ha sido la crisis. Peor que eso o los cambios de modelo por la irrupción de internet es el miedo a no decir por la reacción de las redes sociales”.

Sombras y pasos atrás. Zarpazos que requieren posturas en guardia. No dar nada por ganado. “Las generaciones más jóvenes creen que se levantan y todo está ahí, sin esfuerzo. Pero deben saber que construir ciertas cosas ha costado mucho y que para preservarlas requieren de una lucha permanente. No hay nada garantizado. Yo lo he visto desmoronarse. Es buenísimo vivir en paz, pero a veces, para mantenerla hay que levantarse y luchar”. Sin que nos confundamos de bandos: “Hoy cualquier imbécil puede decir que es Espartaco. Pero ese papel no se gana poniendo tuits”.

--

Pérez-Reverte: "No hay libertad sin lucha"
Luis Alemany - elmundo.es - 05/04/2018

"Los perros no tenemos que ser políticamente correctos". Algo así se lee a mitad de 'Los perros duros no bailan' (Alfaguara), la nueva novela de Arturo-Pérez Reverte. Y, acto seguido, Negro, el protagonista y narrador del libro, "cruce de mastín español y fila brasileño", se acopla a Susa, perra y "putilla" perruna, y se da un descanso antes de lanzarse a su pesquisa negro-criminal.

Pérez-Reverte cuenta que esta vez quería hacer una novela amable, una historia criminal que fuese un poco un juego, otro poco un homenaje a 'Jerry en la isla', de Jack London... Y un nada novela denuncia. Dan igual las intenciones. Al final, al autor de 'Falcó' le han salido unos personajes revertianos en una trama revertiana que trata los temas revertianos de siempre: la libertad, la lealtad, la pelea... Aunque sean perros. "Ya no puedo escribir sobre otros personajes. Soy rehén de las cosas que he vivido y he visto", dijo esta mañana Pérez-Reverte en la presentación de 'Los perros duros no bailan'.

Empecemos con los personajes. Negro, el héroe, es un campeón retirado de las peleas de perros. Anda un poco sonado y un poco atormentado por la barbarie de sus años salvajes. Sueña con los semejantes a los que mató en el ring y no siempre piensa con claridad. Su vida es más o menos sencilla, hasta que las mafias que organizan las peleas secuestran a Teo, que era su mejor amigo pero ya no porque que Dido, la guapa del barrio, los separó. No importa: Negro es un perro de una pieza y no dudará en entregarse a los malos para salvar a su amigo. Toda esa trama se podría haber contado con hombres en vez de con perros, ¿verdad? "Siempre hago personajes que tienen historias detrás, personajes que tienen la mirada enturbiada por lo que han vivido", explica el autor. Puestos a prueba, esos personajes un poco sórdidos optarán por ser morales. "A estas alturas de mi vida, hay pocas palabras que siguen llevando mayúsculas. Lealtad, dignidad, valor, coraje... Y todas esas ideas las veo en los perros". Por si quedaba alguna duda: "Los gatos son demasiado humanos; los caballos son nobles pero estúpidos. Me quedo con los perros", explica el escritor.

Hablar de la lealtad canina sería un tópico. Mejor detenerse en el instinto de libertad de los perros de Pérez-Reverte. En algún momento de la trama, sus protagonistas tienen noticia de que existe una película llamada 'Espartaco' y se sienten inspirados por ella. "Es fácil apropiarse de los mitos, cualquier imbécil puede decir que es Espartaco. La diferencia es que Espartaco se ganó la libertad luchando, no poniendo tuits".

Parece un desplante también revertiano, pero, en realidad, la frase explica el tema de 'Los perros duros no bailan' y de toda la obra de su autor: "No hay libertad sin lucha. A las generaciones jóvenes las hemos criado de tal manera que están convencidas de que tienen derecho a todo. Y no es verdad. El ser humano está sometido a una reválida permanente, a un proceso constante en el que se comprueba si tenemos derecho a la libertad. La libertad de la que disfrutamos... todo eso puede desaparecer, yo lo he visto desaparecer de un día para otro en Yugoslavia. Debemos vivir en paz pero estar preparados para luchar por nuestra libertad". Por eso, el libro hace la broma de la incorrección política perruna. "Los perros son machistas, no les preocupa lo que diga Twitter. Escribir sobre perros ha sido una manera de darme bula para contar cosas que, si las hicieran personajes humanos, se me hubieran echado encima. Se ha vuelto muy difícil escribir".

¿Algo más? Sí: el tema del maltrato animal. "En España sale gratis maltratar a los animales", denuncia el escritor. Y la culpa no es de los policías ni del Seprona ni de los jueces. La culpa es del Congreso, que no cambia "una ley de defensa de los animales que es una de las más infames de Europa".

--

«Estamos cortando la lengua a gente necesaria a la hora de hablar»
Inés Martín Rodrigo - abc.es - 05/04/2018

La cita era a las 11 horas, en la Casa de América, en Madrid. Aunque fuera comenzaba a despuntar la primavera, Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) llegó enfundado en su tradicional gabardina. Su atuendo es ya una característica propia de la personalidad literaria de quien lleva 30 años en el oficio de escritor. Lo advirtió varias veces, antes y durante la conversación que mantuvo con los periodistas: «He venido a hablar de mis perros y mis perras». No obstante, su última novela, 'Los perros duros no bailan' (Alfaguara), cuenta con un can llamado Negro como protagonista y, por tanto, tocaba disertar sobre ello. Y Pérez-Reverte lo intentó.

Trató de que la charla la monopolizaran esos animales por los que siente auténtica devoción. Aunque no triunfó... del todo. Los poros de una realidad atravesada por los juicios sumarísimos en las redes sociales, el maltrato animal o el machismo, por ejemplo, se filtraron en una rueda de prensa en la que, pese a todo, el escritor se sintió como pez en el agua, siguiendo con la fauna animal.

«El libro es una metáfora de la vida de los seres humanos. Me ha permitido contar la realidad de una forma que no podría con los seres humanos», aseguró. En su opinión, en los últimos tiempos «se ha vuelto muy difícil escribir» y «hay que tener un cuidado tremendo», porque «todo es susceptible de generar polémica». «Estamos cortando la lengua a gente necesaria a la hora de hablar. A Javier Marías y a mí, por ejemplo, ya nos da igual, pero hay periodistas jóvenes que no se atreven a escribir porque cada vez están más preocupados por lo que puedan decir de ellos. Nos están tapando la boca. A un chico de veinte o treinta años lo pueden hundir, deberíamos recapacitar», reflexionó.

No se trata de una denuncia que Pérez-Reverte haya querido deslizar en las páginas de la novela, donde, por ejemplo, «los perros son machistas y no les preocupa lo que diga Twitter al día siguiente», sino que «ha salido así». «El libro me ha permitido escribir sin autocensura. Vivimos un momento terrible, en el que está en peligro la única garantía de libertad, que es la prensa libre. El día que se callen los periodistas por miedo a que se les eche encima un colectivo, estamos perdidos. En Occidente nunca habíamos vivido un momento como este. Peor que la crisis económica o que la falta de publicidad en los medios es la autocensura por miedo a la reacción de las redes sociales», sentenció.

El escritor es un habitual de Twitter, donde cuenta con 1,96 millones de seguidores, pese a que ya sólo abre el «bar de Lola» en ocasiones especiales, como la publicación de esta novela. Precisamente, el 30% de sus tuits están «dedicados a los perros perdidos» y, aunque el libro «no tiene ningún tipo de función social», Pérez-Reverte aprovechó el foro para denunciar que «en España la actitud de los legisladores respecto al maltrato animal es una vergüenza». «En España el maltrato animal sale gratis, y por eso cantidad de hijos de la gran puta se benefician. Como mucho, un año de cárcel y una multa, que no pagan porque son gente marginal a la que es muy difícil pillar de marrón. La ley española deja indefensos a los animales, es de las más infames en Europa».

Aunque su amigo Javier Marías se «ríe» de su «animalismo perruno», el novelista reconoce que «si tuviera que vivir solo en una isla desierta, con una librería y dos perros tendría la vida solucionada». Las virtudes que Pérez-Reverte más ama en los hombres, como la lealtad, el valor, el coraje o la dignidad, «las tienen los perros» y, aunque «hay pocas cosas» que le «mojan todavía el lagrimal», cuando uno de sus canes le mira todavía se emociona. «He perdido el respeto a muchos seres humanos, pero a los perros nunca se lo he perdido», advirtió.

De hecho, tenía en la cabeza una novela de perros policíaca (y esta es canónica del género, y 100% «revertiana») desde que leyó 'Jerry de las islas', de Jack London, aunque no fue hasta junio del año pasado, mientras escribía la tercera novela de la serie Falcó (que llegará en octubre), que se le cruzó esta historia, que remató en un mes, «porque estaba muy pensada». «Cada uno es rehén de su propia vida cuando tiene cierta edad, y yo la tengo. Yo escribo con mi vida, no puedo renunciar a ella, y todo eso está en la novela. Yo no puedo hacer una novela en plan romántico. Cuando yo duermo, cuando me pongo a pensar o a imaginar historias, me viene mi vida. Estoy condenado a escribir este tipo de novelas hasta que me muera». Cada escritor tiene su territorio, y el de Pérez-Reverte lo habitan los héroes cansados, los personajes que, como él, tienen ya una vida detrás y esa mochila les dota de una mirada enturbiada. «Esto no lo he aprendido leyendo a Faulkner, lo he conocido viviendo, y eso no me hace superior a otros escritores, pero hace que mis novelas sean mías», aclaró.

Como suyas son las reflexiones que apelan a la necesidad de épica en nuestros días, cuando todo parece ya conseguido, sobre todo para las nuevas generaciones. «No hay libertad que se gane sin lucha. Hay que estar continuamente ganándose la libertad, porque vivimos en un sitio peligroso y hostil. Los jóvenes piensan que está todo ahí porque es gratis, y no es verdad, ha costado mucho sudor, sangre... Olvidamos que el ser humano está constantemente sometido a reválida». De ahí la épica de la vida: «Uno debe estar en guerra psicológica permanente, porque nada está conseguido, todo puede desaparecer». Prueba de ello es, por ejemplo, cómo cambió la posición de las mujeres en la sociedad yugoslava tras la guerra: «Antes de que estallara, tenían libertades, pero después, si eran guapas, acababan en burdeles, y si se quedaban embarazadas las asesinaban». «Estoy muy de acuerdo con que el machismo sea acorralado. Pero lo que hemos conseguido en Occidente no es válido para todo el mundo, y en el resto del mundo hay mucho que conseguir y ganar. Nada está garantizado, ni siquiera aquí», advirtió.

Si bien es cierto que estamos rodeados de falsos guerreros, que apelan a la épica inventada, cuando no hay nada por lo que luchar. Frente a la virtud de héroes históricos como Espartaco, Pérez-Reverte terminó dando la puntilla a aquellos que pretenden apropiarse de ciertos nombres: «Es muy fácil apropiarse de nombres, cualquier imbécil puede llamarse Espartaco, pero el nombre no se gana poniendo tuits».

--

"Cualquier imbécil puede decir que es Espartaco, pero eso no se consigue haciendo tuits"
Karina Sainz Borgo - vozpopuli.es - 05/04/2018

Un tipo duro, Negro. Con dientes para sujetar y desollar. Con sólidos silencios, los que provienen de la memoria de alguien que hirió y mató. Alguien que luchó en una arena sucia rodeado de hombres dispuestos a pagar su muerte o cobrar la de su oponente. Alguien roto, como aquellos que Arturo Pérez-Reverte conoció en sus años de reportero de guerra y que ha volcado en sus obras desde hace más de veinte años: héroes con fisuras, gente que olvidó quién era, luchando. A diferencia de los otros personajes de su obra, Negro es un mastín español mezclado con fila brasileño. Es, pues, un perro. Ese es el protagonista de la más reciente novela del académico y periodista: 'Los perros duros no bailan' (Alfaguara), un libro que vuelve a confirmar que Pérez-Reverte está en su mejor momento. Del mercenario Falcó al sabueso. Se divierte. Experimenta.

Escrita en apenas un mes -agosto del verano pasado-, este libro surgió con la velocidad de quienes tienen una idea en mente desde hace años, escribiéndose en silencio. 'Los perros duros no bailan' es el motivo por el cual Arturo Pérez-Reverte se presenta ante un grupo de periodistas en una rueda de prensa celebrada este jueves, y en compañía de su editora Pilar Reyes, quien se ha referido a ésta como una "novela revertiana". El académico viste pantalones de pinza. Americana de paño grueso. El cabello rasurado, muy corto. Espartano. Impoluto. Pérez-Reverte ha venido a hablar de su nueva criatura. Con cintura de peso welter, el escritor esquiva los anzuelos con los que la prensa pretende pescar un titular de actualidad. Ni Cataluña, ni migrantes, ni hostias. El hueso duro de roer está bien sujeto en sus mandíbulas: esta novela. Aunque no se resiste a contestar, con un eufemismo, a la pregunta sobre la reflexión de libertad presente en este libro: "Cualquier imbécil puede creerse Espartaco, pero eso no se consigue poniendo tuits... ¿sabes a quién me refiero, verdad?", dijo antes de dar por cerrado el asunto actualidad.

"Es una novela polaciaca pura y dura, limpia", dice Pérez-Reverte. Eso sí: advierte una cosa, su trasfondo. Las peleas de perros como escenario de crueldad. "Es policiaca canonica, porque es corta, seca... tiene humor, tiene ironía, tiene guasa, pero también el lado amargo y triste. No era mi objetivo denunciar nada pero era una derivada. Las peleas de perros están presente en el fondo de la novela. En España el maltrato animal sale casi gratis. La ley española contra el maltrato animal es la más infame en Europa, deja inefensos a los animales", explica el escritor y académico. Pero hay más: asumir la voz de un perro le permitía a Pérez-Reverte escribir con más libertad sobre temas que hoy, por exceso de corrección política y linchamiento en redes, son más complejos de abordar. Aunque eso a Pérez-Reverte le trae sin cuidado, pero no deja de preocuparle efecto que pueda tener en los periodistas. "Peor que la crisis económica ha sido la autocensura en los medios por la corrección política", ha dicho.

Esta es también, una novela de lucha, que recuerda que "hay que estar continuamente ganándose la libertad", explica el escritor. Si los hombres y mujeres que cobran vida en los libros de Arturo Pérez-Reverte están rotos, cómo no iban a estarlo sus perros. Los héroes revertianos tienen cicatrices: Lucas Corso, Diego Alatriste o la Teresa Mendoza de 'La reina del sur'. Todos se han hecho en el combate, ocurra éste en el siglo XVII, el XX o en un descampado donde los humanos apuestan dinero mientras dos sabuesos se despedazan a dentelladas. Ese es el punto de partida de Los perros duros no bailan, una novela dotada de la fuerza que caracteriza la obra de Pérez-Reverte pero que conserva un rasgo singular: está protagonizada y narrada en primera persona por un sabueso que regresará a las peleas de perro para salvar a sus amigos.

Las 160 páginas de 'Los perros duros no bailan' se sostienen en la voz de Negro, el mastín español mezclado con fila brasileño, quien después de haber sobrevivido a las peleas de perros y de haberse reinventado como un sabueso guardián, se ve obligado a regresar a aquel infierno para rescatar a dos amigos: Teo y Boris el Guapo, un rodesiano pelirrojo y un lebrel, ambos secuestrados y obligados a pelear en naves industriales. Por sus amigos, Negro volverá a la arena de lucha en la que despedazó decenas de sparrings y luchadores. Una lista de vencidos que forjaron, a su pesar, su fama de fiero campeón. De asesino. Transcurrido el tiempo, y convertido ya en sabueso guardián, Negro vive atormentado por los recuerdos de los perros que hirió y mató, ese sitio al que no desea regresar. Pero lo hará. Por lealtad.

En conversación con la prensa, Pérez-Reverte contesta a distintas preguntas y ofrece sus impresiones. "He perdido el respeto por muchos seres humanos pero jamás a los perros", dice. "Yo ya no puedo escribir de otro tipo de personajes, cada quiene es rehén de su propia vida. Me interesa el héroe cansado, tipo Alatriste. Me interesan los personajes que tienen una historia y a quienes la vida le ha dejado marcas. Con la edad uno va perdiendo las palabras con mayúsculas: la lealtad y dignidad son las únicas palabras que me quedan y los perros tienen ambas. Con Negro quise simbolizar la lealtad y el coraje, el valor y la dignifidad. Enfrentarte y pelear aun sabiendo que no vas a ganar. Estoy muy orgulloso de este personaje, de Negro. Me gusta ese perro. Ese perro me hubiese gustado que fuera mío".

Es una historia de supervivencia, dotada de humor, crueldad y ternura, atributos acaso enfrentados que el escritor reúne tirando de la cadena del estilo y el oficio. Esta novela bebe del espíritu de El coloquio de los perros de Cervantes, pero también de Jack London y Rudyard Kipling, explica Pérez-Reverte, quien admite haber hecho un guiño a Norman Mailer y a su novela Los tipos duros no bailan. "Porque mis perros son así, son duras. No bailan. Este personaje es muy mío. Es muy Pintor de batallas. Su mirada nunca podrá ser inocente y simpática porque ha visto cosas que no ha querido ver".

Así lo dice también en las páginas de este libro. "Aquella noche arriesgaba mucho más que un juego, una caricia o un bocado sabroso. Me iba la vida, y también la de Teo y Boris el Guapo", escribe Pérez-Reverte para colocar palabras en la boca del mastín. Negro se convertirá en un voluntario al infierno. Para entrar en el territorio enemigo, el mastín provoca una pelea con el dogo guardián de la Cañada Negra, una zona de chabolas donde cientos de perros son condenados a pelear por dinero: unos lo hacen como sparrings, pobres desgraciados a los que despedazan; otros, lo hacen como luchadores, entrenados a conciencia para matar a mordiscos a cualquier oponente en el Desolladero, ese lugar donde se libran los peores combates. Precedido por su fama de luchador, Negro se abre paso con un solo propósito: conseguir a Teo y Boris el Guapo y sacarlos de ahí.

Como ya había asomado en 'Perros e hijos de perra' (Alfaguara), aquel volumen de textos en los que el escritor volcó su amor y admiración por los canes, en 'Los perros duros no bailan' Arturo Pérez-Reverte coloca el acento en la nobleza de unos seres de cuya lealtad muchas veces son indignos los humanos que se dicen sus amos. Desde los que secuestran, raptan, drogan y maltratan en las peleas clandestinas, hasta esos que abandonan a sus perros, confinándolos a una muerte segura. En esa hendidura de la fidelidad, Arturo Pérez-Reverte deja espacio para ilustrar la paradoja de humanos que renuncian a su propia condición en los actos que ejecutan.

Todos los perros de esta historia -incluso los cobardes-, son luchadores. Se redimen en su atávica naturaleza. El instinto como espacio de libertad. Es la llamada de lo salvaje. Esa genética cuya fuerza estos personajes no consiguen apaciguar ni adormecer, aunque se reúnan en el Abrevadero para dar lametazos al agua anisada que anima sus largas tertulias. Ésa es una de las vetas más fértiles de esta historia: una novela que esconde en sus páginas un alegato a la libertad, la furia que mueve a los hombres y animales a volver a sus orígenes, aunque en el caso de los segundos, esa ruta está señalizada por la más elemental y hermosa nobleza.

--

"Si hago con una mujer lo que un perro hace a una perra, me meten en la cárcel"
Lorena G Maldonado - elespanol.es - 05/04/2018

Arturo Pérez-Reverte ha venido a la Casa de América a hablar de su libro, como diría su viejo enemigo íntimo Francisco Umbral. La realidad le carga los dídimos y prefiere abstenerse de opinar de actualidad, al menos tan temprano: no es siquiera necesario, porque entre los currículums del PP y las reyertas reales, si España no arde, bien que escupe fuego. El novelista con retentiva de la guerra se refugia de la voracidad de las masas digitales en 'Los perros duros no bailan' (Alfaguara), una obra policial protagonizada y narrada en primera persona por un can, Negro, que durante años triunfó en las peleas clandestinas y que consiguió sobrevivir y encontrar una nueva vida como perro guardián. Es un héroe cansado y herido de memoria que coincide -en el sentir agrietado- con los humanos que alumbra Reverte en su rosario de libros, de Lucas Corso a Diego Alatriste.

“Me interesan los personajes que tienen una historia detrás. Me interesa lo que pasa cuando la vida te deja marcas en el cuerpo y en la memoria. ¿Cómo se avanza con ese lastre, con esa mirada enturbiada por el mundo y el ser humano?”, reflexiona el autor. Cita 'El coloquio de los perros', de Cervantes, y la forma de entender el mundo animal de Rudyard Kipling en 'El libro de la selva': los tenía presentes mientras escribía. “Desde que tuve fuerzas para roer un hueso, tuve deseo de hablar para decir cosas que depositaba en la memoria”, decía el padre de 'El Quijote'. Y, como él, Pérez-Reverte entierra ideas a través de los años y acude a por ellas cuando la esperanza flaquea. Ahí la importancia que le da a dos valores que, según el autor, sobreviven en los perros: “lealtad” y “dignidad”. En peligro de extinción. Ojo: o la reivindicación de la pelea, de la violencia: “No hay libertad que se gane sin lucha, eso está clarísimo, y está claro en la novela. Hemos convencido a las generaciones jóvenes de que tienen derecho a todo, de que todo les es concedido por defecto, ¡que es gratis…! Pero todo lo que está ahí ha costado mucho sudor, sangre y sacrificio”, sostiene. “A veces les decimos a los niños ‘no, la pelea no, es mala’, pero la violencia es fundamental para que tengamos libertad. Es buenísimo vivir en paz… pero no olvidemos que a veces hay que luchar”.

El perro se dibuja como una suerte de humano libre, anarca, que paladea la vida sin reglas, exento de las tiranías de la convención y de la corrección política; o quizá, como diría Cristina Peri Rossi, sólo es un hombre que se reencuentra con el “animal oscuro” que habita en él, “disimulado entre los afeites de la cultura y la urbanidad”. El tuso arrastra mundo y se codea con compadres de todo pelaje en una suerte de Casa Lucio, en la novela Abrevadero de Margot, donde se ponen finos a agua anisada: allí campa el aristócrata, el chulo, el policía, el podenco culto y filósofo, la feminista, la prostituta y el homosexual, toda una paleta de caracteres echados a conversar. Una noche, dos de ellos -Teo y Boris- desaparecen, y Negro empieza a sospechar que han sido secuestrados y reclutados como carne de cañón para peleas ilegales de perros.

Pérez-Reverte se ha desarrollado a sus anchas en estas páginas porque “los perros no son políticamente correctos”: “Los perros son machistas. Y a un perro no le preocupa lo que diga Twitter al día siguiente. Eso me ha ayudado a la hora de describir situaciones o relaciones sexuales entre perros y perras… Si esto mismo lo cuento entre seres humanos, se me echan encima todos los colectivos habidos y por haber. Si hago con una mujer lo que un perro le hace a una perra, me meten en la cárcel. Yo estoy a favor de que el machismo sea acorralado, pero escribo esto para recordar al lector que no todo el mundo es así, como en Occidente… No todo el mundo acepta nuestras reglas. Nada está garantizado”.

Pone el ejemplo de Yugoslavia, “que era un país donde la mujer estaba plenamente integrada en la sociedad, en la política y en el trabajo”: “Era un régimen socialista donde la mujer alcanzaba escalafones altísimos en la vida social, pero a los pocos meses estaban los burdeles, y las violaban hasta que se quedaban preñadas, y entonces las mataban. ¡Todo esto después de haber conseguido tanto “empoderamiento”, como dicen ahora, tanta liberación…!”, resopla. “Siempre se puede volver atrás”, expresa, por eso debemos estar alerta.

Para aliviar las tensiones de los rifirrafes del debate de género entre humanos, ha abrazado el mundo del can y sus juegos, salpicando el texto de guiños y bromas. “Un perro puede permitírselo todo. Hay una escena en el libro donde el perro le pregunta a la perra ‘¿estás fértil?’, y ella le dice algo como ‘estoy esterilizada, imbécil’. Hay mucho humor”, subraya, consciente de que los lectores digitales se la cogen hoy con papel de fumar.

“Se ha vuelto muy difícil escribir en los últimos tiempos. Lo sé por mí y por amigos como Soto Ivars, Gistau, Jabois… hay que tener un cuidado tremendo. Dices ‘fulano era tonto’, y se ofenden todos los tontos. Estamos cortando la lengua a gente necesaria a la hora de hablar. Algunos de nosotros, como Javier Marías o yo, ya somos mayores, ya tenemos lectores, nos conocen… y un tuit no nos va a perjudicar, pero hay gente joven y brillantísima que ya no se atreve a decir lo que quiere decir, porque con 30 años te pueden hundir o anular como periodista y escritor”.

Para conquistar esa seguridad a la hora de escribir, pide a los medios que se muestren fuertes “para defender a sus periodistas”: “Está en peligro la prensa libre. Necesitamos a periodistas de izquierdas y derechas, de arriba y de abajo… hace falta todo para que el destinatario pueda elegir, contrastar, sobreponer, deducir y sacar sus propias conclusiones. El día que se callen los columnistas por si se le echan encima un colectivo habremos fracasado. Peor que la crisis económica es la autocensura por miedo a la reacción de las redes sociales”.

Ha aprovechado también para manifestar que “la legislación en España sobre animales es una vergüenza y deja indefensa a la autoridad”: “Ni el juez puede hacer nada con leyes como éstas. Mientras no cambien, se seguirá haciendo el mal contra los animales. El abandono de perros o animales, el maltrato, la tortura… no están castigados. Sale gratis y una cantidad de hijos de la gran puta se benefician. Eso es responsabilidad de legisladores y políticos”.

--

"La autocensura nos está tapando la boca"
Efe - 05/04/2018

Arturo Pérez-Reverte ha alertado hoy sobre la autocensura por miedo a las redes sociales, que "está tapando la boca" a periodistas y escritores y que él ha evitado en su última novela, protagonizada por perros: "Los perros no son políticamente correctos; por eso son machistas". 'Los perros duros no bailan', editada por Alfaguara, es una novela policíaca protagonizada por canes, una metáfora de la vida de los humanos, según ha explicado Pérez-Reverte (Cartagena, Murcia, 1951) en una rueda de prensa.

"A un perro no le preocupa lo que al día siguiente salga en Twitter", ha recalcado el escritor, que se permitió así "tener bula para poder contar la realidad de una forma que no podría hacerlo con seres humanos. Siendo perros, he podido contar cosas que siendo humanos se me habrían echado encima todo tipo de colectivos". Según ha explicado el autor, con esta historia no ha querido denunciar nada, aunque ha insistido en la necesidad de cambiar la legislación española en materia de maltrato animal, que considera "una vergüenza".

La novela está protagonizada por Negro, un perro que tras haber sobrevivido a las peleas organizadas por los humanos y reconvertirse en perro guardián se ve obligado a regresar a ese infierno para rescatar a dos amigos también canes, que han sido secuestrados y obligados a pelear en naves industriales. Humor e ironía, incluso "guasa", pero también crueldad y drama, aparecen en esta novela, según ha indicado Pérez-Reverte, que también tiene previsto sacar el próximo octubre la tercera entrega de la serie protagonizada por Falcó.

Un libro que le ha permitido escribir sin autocensura en un momento "terrible" en el que está en peligro la única garantía de libertad, que es la prensa libre, ha indicado el escritor y académico, el cual ha advertido respecto al día "en que se callen los periodistas por miedo a que se les eche encima un colectivo de algo". Por eso, ha reconocido, el mundo de los perros ha sido "una buena coartada para escribir con una libertad que cada vez es más difícil. Se ha vuelto muy difícil escribir en los últimos tiempos, cada vez más. Hay que tener un cuidado tremendo, porque todo lo que se escribe es susceptible de crear conflicto". Aunque en su caso dice que ya le da igual porque un tuit o una campaña no le va a quitar lectores, a un joven lo pueden anular como periodista o como escritor, lo que ha considerado gravísimo.

Todos los perros que aparecen en la novela son luchadores, ya que, ha indicado Pérez-Reverte, la lección del libro, que no ha buscado, es que "la lucha es permanente", de tal forma que "Espartaco siempre debe estar ahí, en la lucha por la libertad". Según el escritor, "cualquier imbécil puede decir que es Espartaco, pero el nombre hay que ganárselo" y no se consigue "poniendo tuits". "Hay que estar preparado para luchar" cuando haga falta, ha insistido Pérez-Reverte, que ha recordado que esta lucha ha sido fundamental para conseguir la libertad que hay en Occidente, pero que no es válida para todo el mundo. "En el resto del mundo hay muchas cosas por hacer y por conseguir y nada está garantizado, ni siquiera aquí", ha indicado.

'Los perros duros no bailan', que saldrá a la venta en Latinoamérica el próximo mes, fue escrita en un mes del pasado verano por Pérez-Reverte, que ha explicado que la tenía ya "muy pensada y reflexionada". Negro es un héroe cansado, del tipo "revertiano", ha dicho el autor, que se ha mostrado muy orgulloso de este personaje: "Me gusta este perro, me hubiera gustado que fuera mío".

Pérez-Reverte ha insistido también en que la actitud de los legisladores en España frente al maltrato animal es una vergüenza, con una legislación sobre el tema que es "una de las más infames de Europa". El maltrato animal "casi sale gratis" porque uno puede hacer cualquier "atrocidad" y como máximo se expone a un castigo de un año de cárcel y una multa que no pagará, ha denunciado.

--

Pérez Reverte presume de que los perros de su novela "son machistas" porque "no son políticamente correctos"
eldiario.es - 05/04/2018

Arturo Pérez-Reverte ha alertado hoy sobre la autocensura por miedo a las redes sociales, que "está tapando la boca" a periodistas y escritores y que él ha evitado en su última novela, protagonizada por perros: "Los perros no son políticamente correctos; por eso son machistas". 'Los perros duros no bailan', editada por Alfaguara, es una novela policíaca protagonizada por canes, una metáfora de la vida de los humanos, según ha explicado Pérez-Reverte (Cartagena, Murcia, 1951) en una rueda de prensa recogida por EFE.

"A un perro no le preocupa lo que al día siguiente salga en Twitter", ha recalcado el escritor, que se permitió así "tener bula para poder contar la realidad de una forma que no podría hacerlo con seres humanos. Siendo perros, he podido contar cosas que siendo humanos se me habrían echado encima todo tipo de colectivos". Según ha explicado el autor, con esta historia no ha querido denunciar nada, aunque ha insistido en la necesidad de cambiar la legislación española en materia de maltrato animal, que considera "una vergüenza".

La novela está protagonizada por Negro, un perro que tras haber sobrevivido a las peleas organizadas por los humanos y reconvertirse en perro guardián se ve obligado a regresar a ese infierno para rescatar a dos amigos también canes, que han sido secuestrados y obligados a pelear en naves industriales. Un libro que le ha permitido escribir sin autocensura en un momento "terrible" en el que está en peligro la única garantía de libertad, que es la prensa libre, ha indicado el escritor y académico, el cual ha advertido respecto al día "en que se callen los periodistas por miedo a que se les eche encima un colectivo de algo".

Por eso, ha reconocido, el mundo de los perros ha sido "una buena coartada para escribir con una libertad que cada vez es más difícil. Se ha vuelto muy difícil escribir en los últimos tiempos, cada vez más. Hay que tener un cuidado tremendo, porque todo lo que se escribe es susceptible de crear conflicto". Aunque en su caso dice que ya le da igual porque un tuit o una campaña no le va a quitar lectores, a un joven lo pueden anular como periodista o como escritor, lo que ha considerado gravísimo.

Todos los perros que aparecen en la novela son luchadores, ya que, ha indicado Pérez-Reverte, la lección del libro, que no ha buscado, es que "la lucha es permanente", de tal forma que "Espartaco siempre debe estar ahí, en la lucha por la libertad". Según el escritor, "cualquier imbécil puede decir que es Espartaco, pero el nombre hay que ganárselo" y no se consigue "poniendo tuits". "Hay que estar preparado para luchar" cuando haga falta, ha insistido Pérez-Reverte, que ha recordado que esta lucha ha sido fundamental para conseguir la libertad que hay en Occidente, pero que no es válida para todo el mundo. "En el resto del mundo hay muchas cosas por hacer y por conseguir y nada está garantizado, ni siquiera aquí", ha indicado.

'Los perros duros no bailan', que saldrá a la venta en Latinoamérica el próximo mes, fue escrita en un mes del pasado verano por Pérez-Reverte, que ha explicado que la tenía ya "muy pensada y reflexionada". Negro es un héroe cansado, del tipo "revertiano", ha dicho el autor, que se ha mostrado muy orgulloso de este personaje: "Me gusta este perro, me hubiera gustado que fuera mío".

Pérez-Reverte ha insistido también en que la actitud de los legisladores en España frente al maltrato animal es una vergüenza, con una legislación sobre el tema que es "una de las más infames de Europa". El maltrato animal "casi sale gratis" porque uno puede hacer cualquier "atrocidad" y como máximo se expone a un castigo de un año de cárcel y una multa que no pagará, ha denunciado.

--

«El maltrato animal sale gratis en España»
J Ors - larazon.es - 05/04/2018

Con los años, los personajes de un escritor tienen menos que ver con los demás y más en común con uno mismo. Como si el calendario desenmascarara el juego literario y dejara al hombre solo frente a sus criaturas. Arturo Pérez-Reverte, a lo largo de sus libros, ha ido prestando sus cicatrices y heridas a los protagonistas de su novelística. El autor los tallaba con el cincel de sus experiencias y vivencias y los barnizaba a posteriori con una trama o historia que les daba un fondo, el contexto, la manera de desenvolverse, que no era más que el remate genial de sus personalidades de ficción. Pero si uno se asoma a sus páginas resulta fácil identificar eso que se viene llamando «universo revertiano» y que no es más que una conjunción de valores, normas y maneras de comprender el mundo, que es, en definitiva, a lo que siempre aspira un autor. Desde «La tabla de Flandes» hasta el último relato de su obra, vibra un punto de vista pesimista frente a la condición humana, tiranizada por más imperfecciones que virtudes. Una mirada que, por mucho que él se esfuerce por encubrirla de dureza y crueldad, es taciturna y melancólica.

Resulta paradójico que justamente en 'Los perros duros no bailan' (Alfaguara), una original novela policial ambientada en el crudo mundo de los perros y, sobre todo, de los perros de pelea, sobresalga con más dureza o tenga mayor relieve, quizá por su breve extensión, esta dura visión sobre lo que somos. A través de un can apaleado, pero todavía bravo, con el alma despedazada y las uñas manchadas de sangre, de nombre Negro y con la conciencia acosada, como Aquiles, por los congéneres que ha matado, Pérez-Reverte traza una ingeniosa fábula. En estos capítulos, los hombres son las sombras, malvadas, de esa caverna platónica que es todo libro. «Las personas somos superiores a un perro, pero ellos tienen una dignidad y unos valores que me gustaría que tuviéramos nosotros, porque son unos animales con unas virtudes extraordinarias. Ellos no son malos, somos los hombres los que los volvemos agresivos». Pérez-Reverte, comedido, evitando pisar charcos que no vienen al caso, desgrana los vínculos que le unen a las mascotas y los secretos de esta obra meteórica, en su gestación y también por su lectura, que se lee de manera rápida, fugaz, sin permitir descansos. «Si alguien tiene un perro, nunca estará solo», dice.

El novelista puede resultar prudente, pero nunca confuso, sino más bien al contrario, claro. Y así se manifestó ante el trato que reciben los animales en nuestro país. «El maltrato sale gratis en España. No es culpa de los jueces y los policías, sino de los políticos que no les conceden las herramientas para que lo puedan evitar. Mientras tanto hay una ralea de personajes que se benefician». Y añade: «Uno puede quemarle a un perro la cara y las patas con un soplete, que no le va a pasar nada. Como mucho, un año en la cárcel y una multa. Si no tienes antecedentes no entras en prisión y como esta gente no tiene dinero, no paga. Me sé hasta los nombres y los lugares en que se organizan las peleas. Pero no se puede hacer nada. Esos salvajes suben la música para que los vecinos no escuchen los ladridos. Mientras no se hace nada, hay mafias detrás que hasta secuestran perros».

Con este relato, donde los perros reproducen formas, tipos, actitudes y comportamientos de los hombres, el escritor ha podido eludir esa nueva amenaza que es lo políticamente correcto y bromear. Aprovechando, como dice, que los perros no están pendientes de las redes sociales y que el de los canes es un mundo machista, se ha permitido bromear sobre determinados asuntos, pero de manera inocente, sin querer herir a nadie. Para evitar malentendidos, el escritor, antes de nada, se detuvo a poner los puntos sobre las íes, por si alguno no se entera o no se ha querido enterar, que es también muy frecuente: «Lo primero, el machismo hay que acorralarlo». Pues eso. Una afirmación que sirve de introducción a un asunto , también, de enorme calado y bastante preocupante: cómo se está cercenando la libertad de expresión. «Antes podía escribir con más libertad. Algunos periodistas todavía pueden permitírselo, pero otros, no. Estamos viviendo un momento terrible. Lo que está en peligro es la garantía de la libertad de prensa, sea cual sea, de izquierdas, de derechas o de centro. Los lectores deben tener acceso a toda las opiniones para que puedan forjarse una idea contrastada sobre lo que sucede. Pero cuando se pide a los periodistas que se callen, es un instante trascendental. Jamás nos habíamos encontrado en una tesitura semejante. Esto es peor que la crisis económica, peor la crisis de la publicidad. Lo peor que existe es la autocensura por el miedo a lo que otros puedan decir», aseguró. Pérez-Reverte partió una lanza por los colegas de profesión: «Yo me puedo permitir lo que quiera, porque ya tengo una carrera y unos lectores, pero nadie se da cuenta que esa actitud puede afectar a muchos compañeros que todavía son jóvenes». En sus reflexiones sobre la actualidad, también dedicó unas palabras a una sociedad que ha malacostrumbado a sus ciudadanos, que los ha mimado en exceso, concediéndoles todos los caprichos. Algo que tiene mucha relación con su libro y su protagonista, Negro, un perro acostumbrado a pelear por lo que quiere. «No hay libertad que no se gane sin lucha. Vivimos en un mundo en que los jóvenes pueden tener todo y que piensan que todo está ahí gratis porque sí. Pero si eso lo tienen a su alcance es porque otros antes que ellos han luchado por conseguirlo, en ocasiones, con sangre y mucho esfuerzo. Los seres humanos estamos sometidos siempre a una reválida para demostrar que todavía tenemos derecho a lo que hemos conseguido».

Arturo Pérez-Reverte reforzó sus palabras con lo que ha visto y vivido. «Ahí están las guerras, que demuestran que nada está consolidado, que todo puede desaparecer. He conocido naciones que ya no existen y hombres poderosos que han sido barridos por la historia. La vida es un territorio hostil donde la lucha es permanente. Espartaco demostró que no se puede vivir sometido. Ahora se dice en las escuelas que está mal pelear, pero, aunque duela, es algo esencial. Si no son nuestros hijos, serán nuestros nietos los que afrontarán una lucha. Esta novela recuerda que aún tenemos que luchar». El escritor, que ha dado a la literatura española los héroes que no tenía y que había olvidado, que nos ha enseñado la España del siglo de Oro con un espadachín y la triste España de la Guerra Civil con ese alma huérfana de moralidad que es Falcó, respeta la figura antes mencionada de ese gladiador esclavo que es Espartaco. Pero con el sablazo de su ironía y retranca, comenta que ese espíritu no está al alcance de cualquiera: «Es fácil apropiarse de un nombre. Cualquier puede hacerlo. Pero eso no se logra poniendo un tuit. El nombre hay que ganárselo».

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 13983
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Re: 'Los perros duros no bailan' (2018)

Mensaje por Rogorn » Mar Abr 17, 2018 9:04 pm

"En España, la legislación hacia el maltrato animal es una vergüenza"
laopiniondemurcia.es - 06/04/2018

Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) ha acusado a los políticos españoles de tener una actitud laxa a la hora de afrontar la «lacra» del maltrato animal, una actitud que califica de «vergüenza» para España, donde este delito, en su opinión, «casi sale gratis». En la rueda de prensa para presentar su nueva novela, Los perros duros no bailan (Alfaguara), el autor expuso que la obra aborda también el maltrato animal desde la perspectiva de un can que tiene que volver a su pasado, con peleas organizadas por humanos. «La actitud legisladora respecto al maltrato animal es una vergüenza y en España sale casi gratis, de eso se benefician muchos hijos de puta. La ley española es de las más infames en Europa, y como si alguien mata a un perro con un soplete en la cara, va a dar igual, porque solo le saldrá por un año», criticó.

El escritor reconoce estar «muy orgulloso» del personaje de Negro, can que protagoniza la historia, porque se corresponde con sus característicos «héroes cansados». «No hay perros malos, sino malos amos que les transmiten su perversión. Los perros tienen las virtudes que yo más amo en los hombres, lealtad y dignidad, y a veces, cuando miro a mis perros, se me mojan los ojos», confesó.

Por otro lado, al ser preguntado sobre si considera que hay 'Espartacos' al margen de autoproclamaciones de algunos líderes, Pérez-Reverte aseguró que «cualquier imbécil puede llamarse Espartaco, pero el nombre no se gana escribiendo tuits». «El nombre hay que ganárselo, y Espartaco lo hizo de otra manera, no poniendo tuits», añadió con ironía, insistiendo en no querer hablar de otros temas que no estén relacionados con su novela.

'Los perros duros no bailan' es una novela policíaca protagonizada por Negro, un perro que deberá volver a su pasado de peleas callejeras para investigar dónde se encuentran sus dos amigos desaparecidos, Teo y Boris el Guapo. Pese a que el autor reiteró que no pretende con esta obra hacer «denuncia social», sí que justificó la elección de perros para protagonizar una novela en el hecho de que le permiten «contar la realidad como no se podría con un ser humano», aludiendo de esta manera a la falta de libertad de expresión que cree hay hoy en día. «Escribir se ha hecho cada vez más difícil y ahora hay que tener un cuidado tremendo, porque todo puede generar un conflicto: estamos cortando la lengua a la hora de hablar», ha señalado. En este sentido, reconoce que «un perro puede permitírselo todo», incluso el machismo, porque «los perros son machistas».

«Es un momento terrible por la autocensura y está en peligro la única garantía de libertad, la prensa libre. El día en que se callan los columnistas por miedo a que se eche encima un colectivo, estamos perdidos. La autocensura por miedo a las redes sociales es lo peor que estamos viviendo, por delante de la crisis, y no es algo solo de España, sino de Occidente», lamentó. Negro, el perro protagonista de su novela, es un personaje «totalmente revertiano» que anda en busca de la libertad, algo que Pérez-Reverte también entiende necesario en la actualidad. «Vivimos en un mundo en el que las nuevas generaciones creen que todo está ahí gratis y no es verdad: ha costado mucho sudor y sangre porque no hay libertad que se gane sin lucha".

--

Ladrar y morder Reverte
Olga Pereda - elperiodicodearagon.com - 06/04/2018

Dos perros le sueltan a una perra: «Te comeríamos hasta el collar antiparásitos, tía hermosa». Si en lugar de perros fueran humanos, probablemente «habrían acabado en una comisaría». Por suerte para ellos, son perros. «Los perros somos machistas, oigan. Faltaría más. Y a mucha honra». El siempre controvertido Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) ama tanto a los canes que los ha convertido en protagonistas y narradores de 'Los perros duros no bailan' (Alfaguara), una novela policiaca corta, seca y rápida que se asoma a un mundo oscuro y cruel: las peleas de animales. Sus páginas están pobladas de policías, narcos, machistas y neonazis. Podrían ser personas, pero no. Son perros.

Pérez-Reverte asegura haber escrito su último libro con ironía y libertad, esa libertad que le permite decir en boca de su perro protagonista cosas como: «Los animales no somos políticamente correctos, estamos a salvo de esa clase de gilipolleces». El creador del mercenario Lorenzo Falcó admite que se ha autoconcendido bula para escribir lo que ha querido. Y admite también que si sus personajes fueran humanos, se le habrían echado encima todos los colectivos.

Además del maltrato a los animales, si hay algo que detesta el creador de Alatriste es el «terrible momento de autocensura» que vivimos; una «moda», dice, nacida en EEUU y que ha desembarcado de lleno en España, donde el miedo a la reacción en las redes sociales ha provocado un ambiente asfixiante. «El día que se callen los periodistas y los columnistas por miedo a ofender a determinados colectivos, estamos muertos. Y me da igual que sean periodistas de derechas o de izquierdas», subraya el escritor, editor y académico, que ha protagonizado sonoras trifulcas en Twitter.

Al que fue reportero de guerra durante 21 años le dan bastante igual sus peleas virtuales. No le afectan. Tiene una carrera tan consolidada que, en su opinión, no le quitan lectores. Algo parecido le ocurre, en su opinión, a Javier Marías. «Pero ¿qué pasa con los jóvenes, los que se están labrando una carrera?», reflexiona. Vivimos unos tiempos, añade, en los que parece que hay que tener un cuidado extremo con lo que se dice. «Todo lo que uno escribe es susceptible de crear conflicto. Se está cortando la lengua a gente necesaria. La libertad es cada vez más difícil. Está siendo casi imposible escribir», subraya.

No cree que hablar de perros machistas sea una revancha contra las trifulcas virtuales que ha tenido con determinados colectivos feministas cuando, por ejemplo, se ha burlado del lenguaje inclusivo. Admite que las perras que campan por las páginas de su último libro son iguales a los perros machos, tan valientes o tan malos como ellos. «Igual que pasa con los seres humanos», añade. Una de las perras de la novela es, precisamente, narcotraficante.

Echa mano de la figura de Espartaco para animar a los españoles a luchar por sus libertades. «No hay libertad que se gane sin lucha. Los jóvenes piensan que todo está ahí, a su disposición, y que todo es gratis. Pero no es verdad. Todo eso ha costado mucha lucha», destaca el miembro de la RAE. «Hoy cualquier imbécil puede decir que es Espartaco, pero ese título no se gana poniendo un tuit», añade, sin dejar muy claro si se refiere a la política catalana o a otra cosa.

'Los perros duros no bailan', precisa Pérez-Reverte, no es una novela que cumpla una función social, sino una novela negra. Sin embargo, el autor aprovecha la presentación a la prensa para calificar de «vergüenza» la actual legislación sobre el maltrato animal. «Puedes matar a un perro con un soplete, pero lo máximo que te va a caer es un año de cárcel que no vas a cumplir y una multa que no vas a pagar. Se van de rositas. La ley española es la más infame de Europa», apunta el escritor, dueño de varios perros.

Los perros duros no bailan está protagonizada por canes. Pero sus valores son los mismos que tienen los protagonistas humanos de las novelas de Pérez-Reverte: lealtad, inteligencia y compañerismo. El académico describe un mundo donde hay clemencia para los inocentes y justicia para los culpables. La novela iba a ser mucho más simpática de lo que ha resultado. Finalmente, estamos ante un libro con grandes dosis de crueldad. El motivo es que Pérez-Reverte se asomó al mundo de las peleas de perros y las páginas empezaron a ponerse siniestras. Como la libertad de expresión en España.

--

“La autocensura nos está tapando la boca y pone en peligro la libertad”
Fernando García - lavanguardia.com - 06/04/2018

Una vida de perros es lo que nos cuenta Arturo Pérez-Reverte en su último libro. Literalmente. El creador de Falcó y Alatriste crea un thriller entre animales de esta especie que es una parodia de nuestro mundo. Una alegoría en la cual la “dignidad y lealtad” innatas en los chuchos de toda ralea contrasta con las peores perversiones de algunos sus amos, entre ellas los “impunes malos tratos” a seres de cuatro patas. Aunque “sin intención de hacer crítica social”, el autor utiliza esa fórmula literaria de humanización de los no humanos como “coartada” para escribir con una libertad que de otro modo –sostiene– no habría tenido: “Los perros no son políticamente correctos; por eso son machistas”, dijo al presentar su canina novela policiaca, 'Los perros duros no bailan' (Alfaguara).

A Negro, el protagonista y narrador perruno de esta historia de 160 páginas que Pérez-Reverte escribió en un mes de verano, “no le preocupa lo que al día siguiente salga en Twitter”, dijo ayer el autor. Por eso disfrutó a tope –confesó– de la “bula” de poder contar cosas que, de haber sido humanos sus personajes, habrían incitado a no pocos colectivos a “echarse encima” suyo. Y es que la presión que todo tipo de individuos y organizaciones vienen ejerciendo en la defensa de las esencias de lo políticamente correcto ha hecho crecer la autocensura –opina el novelista– hasta extremos alarmantes. “Estamos cortando la lengua a gente muy necesaria a través de las redes. Vivimos un momento terrible en que nos están tapando la boca y poniendo en peligro la única garantía de libertad que tenemos: la prensa libre”, advirtió.

Pérez-Reverte admitió que el efecto del fenómeno es muy diferente según quién escribe. “A mí o a Javier Marías, que ya somos mayores, tenemos lectores y hemos pasado cierta línea, un tuit no nos va a perjudicar, pero hay gente joven y muy brillante que ya no se atreve a decir lo que quiere porque a los 20 o 30 años te pueden hundir o anular como periodista y escritor”, dijo.

En el nuevo relato del también periodista y ex corresponsal de guerra en Televisión Española, Negro es un can retirado de las peleas clandestinas y reconvertido en perro guardián que un día, como amigo fiel y valiente que es, retorna al sórdido mundo de los combates para salir al rescate de dos colegas de “tertulia” recién secuestrados por mafiosos de ese tipo de apuestas. Al hilo de esta trama, Pérez-Reverte defendió ayer, en la presentación del libro, el valor y la “necesidad” de la lucha. Pues “no hay libertad que se gane sin ella”. De modo que, aunque obviamente “es bueno vivir en paz”, lo cierto es que “hay que estar en guerra permanente” porque “vivimos en un sitio peligroso y hostil” por mucho que los jóvenes piensen que todo está a su alcance y es gratis. “No es verdad: el territorio ganado costó sudor, sangre. Olvidamos que el ser humano está constantemente sometido a reválida”, proclamó con vehemencia.

“ Espartaco siempre tiene que estar ahí”, añadió a modo de metáfora. Y a la pregunta de si, a su juicio, en este momento contamos con personajes dignos de compararse al esclavo rebelde, respondió: “Cualquier imbécil puede llamarse a sí mismo Espartaco, pero el nombre no se gana escribiendo tuits”.

El novelista confesó por otra parte que, si bien su libro empezaba en principio en tono divertido y con mucha guasa, a medida que profundizó en las realidades más crudas para los perros la historia adquirió colores más tristes. Y en este punto denunció la “vergonzosa actitud de los legisladores ante al maltrato animal”: un delito que sale tan barato a quienes lo perpetran –un año de cárcel que no se cumple y unas multas que a veces ni se pagan, explicó– que su penalización frena a policías y judiciales a la hora de disponer recursos para perseguir a los dueños crueles con sus mascotas y a los mafiosos que se benefician con las peleas. En suma: hay que luchar, pero nunca machacar al indefenso.

--

«En estos tiempos, escribir se ha vuelto muy difícil»
Álvaro Soto - Colpisa - 06/04/2018

Los héroes de las novelas de Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) comparten algunas características: un pasado oscuro, una visión amarga del mundo, la ausencia de cualquier atisbo de idealismo naif, una moral asentada en los propios valores. Ahí están el capitán Alatriste, el espía Lorenzo Falcó y la narcotraficante Teresa Mendoza, 'La Reina del Sur', entre muchos otros. Hasta ahora, todos esos personajes compartían algo más: todos caminaban sobre dos piernas. Pero esto último, sólo esto último, cambia en la nueva novela del escritor. Los nuevos héroes revertianos tienen cuatro patas.

Pérez-Reverte publica 'Los perros duros no bailan' (Alfaguara), una novela policial en la que traslada su complejo universo humano a la altura de la vista de los perros. «Es una novela canónica que al principio fue divertida de escribir, pero cuando profundicé, se me hizo triste», explica Pérez-Reverte, un amante de los perros que, desde su cuenta de Twitter, se dedica a buscar hogar para los abandonados.

«En España, el maltrato animal sale gratis. Uno puede organizar peleas, torturarlos o quemarlos con un soplete y, como mucho, le caerá un año de cárcel que no va a cumplir y una multa que no va a pagar porque, normalmente, quien hace esto es gente marginal», cuenta el autor, que culpa a las blandas leyes que castigan estos actos. «Es de vergüenza. Los jueces, la Policía y la Guardia Civil quieren investigar, pero saben que por mucho que lo hagan no habrá consecuencias para los culpables, así que hay una cantidad de hijos de la gran puta que se beneficia de que los individuos que están en las Cortes no hagan nada».

El protagonista de 'Los perros duros no bailan' se llama 'Negro', un maduro mastín que creció en las peleas y que encontró una nueva vida como guardián, pero que no logra desprenderse de sus recuerdos. 'Negro' tendrá que investigar el secuestro de sus dos amigos Teo y Boris. Alrededor de ellos pululan otros personajes como el culto Agilulfo, la bella Dido o la feminista Margot la Porteña, depositarios de cualidades como la lealtad y la dignidad, resalta el académico. Perros muy humanos que, reconoce Pérez-Reverte, le han servido para saltarse algunas de las barreras de lo políticamente correcto que unos personajes de carne y hueso no le hubieran permitido. Y ahí, avisa el escritor, está uno de los grandes dramas contemporáneos.

«En estos tiempos, escribir se ha vuelto muy difícil porque todo lo que uno dice o publica es susceptible de crear algún conflicto y, por eso, muchos se contienen. Gente como Javier Marías o yo mismo hemos pasado la línea y un tuit o una campaña no nos va a perjudicar, pero hay autores de 20 o 30 años con mucho talento que no se atreven a decir ciertas cosas porque tienen miedo a las malas interpretaciones. Que les tapen la boca es terrible», argumenta Pérez-Reverte.

«La prensa libre, de derechas o de izquierdas, que es una garantía de libertad, está en peligro. Nunca hemos vivido en Occidente un momento así. El día en que los columnistas se callen por miedo a un determinado colectivo o a la censura de las redes sociales, se habrá acabado la libertad. Y por la libertad hay que luchar todos los días. A los jóvenes se les está educando en que tienen derecho a todo, cuando en realidad, el mundo que tenemos es la consecuencia de muchas luchas anteriores. No hay libertad que se haya ganado sin lucha», insiste el autor.

Dice Pérez-Reverte que en una isla desierta le bastarían una buena biblioteca y la compañía de un par de perros. Desde niño ha amado a estos animales y cuando de adolescente leyó 'Jerry de las islas', de Jack London, supo que en algún momento iba a escribir una novela en la que ellos fueran los protagonistas. 'El coloquio de los perros', de Cervantes, y 'El libro de la selva', de Rudyard Kipling, son algunas de las obras que el académico cita como referentes, aunque él ha hecho una novela completamente diferente, con protagonistas cansados y heridos, como el propio Pérez-Reverte. «A los 20 años, yo creía en muchas cosas, en el 'Che', en la revolución. La vida me ha ido quitando cosas que yo amaba o en las que yo creía. Algunos amigos siguen, otros me han fallado. Pero tengo a los perros, que son el animal perfecto, y nadie está solo si tiene un perro».

Vídeos:
https://www.elespanol.com/cultura/libro ... 844_0.html
http://telemadrid.es/programas/cultura/ ... -policiaca

Audio:
https://www.ivoox.com/diario-2-perez-re ... 967_1.html

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 13983
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Re: 'Los perros duros no bailan' (2018)

Mensaje por Rogorn » Mar Abr 17, 2018 9:08 pm

“He perdido el respeto por muchos seres humanos, pero jamás por los perros”
Karina Sainz Borgo - zendalibros.com - 06/04/2018

Arturo Pérez-Reverte ha publicado tres novelas en menos de tres años. Desde la saga protagonizada por su más reciente criatura, Lorenzo Falcó, que comenzó en noviembre de 2016 con el libro inaugural y al que siguió 'Eva', en otoño de 2017, hasta 'Los perros duros no bailan', una novela que Pérez-Reverte ha presentado ante la prensa este jueves 5 de abril junto a Pilar Reyes, jefe editorial de Alfaguara. Se trata de una novela policíaca al uso, contada por Negro, un mastín español mezclado con fila brasileño. Un tipo duro. Un perro con pasado de peleador y asesino en los combates clandestinos organizados por delincuentes y que volverá a ese infierno para rescatar a sus amigos, a quienes sospecha han secuestrado para usarlos a ellos también como peleadores. Ese es el punto de partida.


'Los perros duros no bailan' es una novela especial, dotada de la fuerza que caracteriza la obra de Arturo Pérez-Reverte, pero que conserva un rasgo excepcional: es una historia de supervivencia, protagonizada y narrada por canes. “Es un policiaco narrado por perros. Es un libro revertiano”, asegura Pilar Reyes, quien atestigua que este libro llegó a sus manos como una joya del mejor oficio literario de Arturo Pérez-Reverte. Y así es: este libro está hecho de la sustancia de su obra. Está contada por alguien roto, alguien como aquellos que Arturo Pérez-Reverte conoció en sus años de reportero de guerra y que ha volcado en sus obras desde hace más de veinte años: héroes con fisuras que se mueven, en esta ocasión, como un trasunto canino del mundo.

“Es una novela policiaca canónica, porque es corta, seca. Tiene humor, tiene ironía, tiene guasa, pero también el lado amargo y triste: las peleas de perros como escenario de crueldad. No era mi objetivo denunciar nada, pero están presentes en el fondo de la novela”, dice Arturo Pérez-Reverte hincando el diente en lo importante: la naturaleza de este libro que guarda relación con un tema para él capital. Como ya había asomado en 'Perros e hijos de perra' (Alfaguara), aquel volumen de textos en los que el escritor volcó su amor y admiración por los canes, en 'Los perros duros no bailan' Arturo Pérez-Reverte emplea la ficción para recrear la nobleza de unos seres de cuya lealtad muchas veces son indignos los humanos que se dicen sus amos. “He perdido el respeto por muchos seres humanos, pero jamás por los perros”, asegura Arturo Pérez-Reverte al dirigirse al auditorio lleno de periodistas.

Sus lectores pueden dar fe de lo que significan los perros para el escritor y académico de la lengua, que esta mañana no puede evitar señalar lo que, a su juicio, es una realidad contra la que hay que luchar: “En España el maltrato animal sale casi gratis. La ley española es la más infame en Europa, deja indefensos a los animales”. Los abusos y torturas que señala Arturo Pérez-Reverte quedan reflejados no sólo en Negro, que se ve obligado a regresar a aquel infierno para rescatar a sus dos amigos, Teo y Boris el Guapo, sino también en los otros personajes que sufren de la violencia y la crueldad de los humanos. Perros secuestrados o abandonados a su suerte, reclutados para luchar en una arena sucia, rodeados de hombres dispuestos a pagar su muerte o cobrar la de su oponente.

A lo largo de los diez capítulos que narran las pesquisas de Negro para conseguir a sus camaradas, Arturo Pérez-Reverte despliega una galería de razas caninas. A cada una de ellas atribuye un rasgo en el que resuena una alegoría humana: desde el dogo noble y leal o el galgo español cazador, hasta versiones llenas de humor como los dóbermans neonazis, los perros narcotraficantes o un teckel majara que disfruta zurrándolos. Una maravillosa logia de secundarios en los que Pérez-Reverte despliega la más refinada técnica e imaginación y que dotan la lectura de belleza y genialidad, además de una buena dosis de humor e incorrección política. Y ése es otro tema que surge entre las preguntas de los periodistas.

Con cintura de peso welter, el escritor esquiva los anzuelos con los que la prensa pretende pescar un titular de actualidad. Está fino, está rápido y no deja pasar ni una. Ni Cataluña, ni migrantes, ni hostias. El hueso duro de roer está bien sujeto en sus mandíbulas: esta novela. Eso no le impide a Pérez-Reverte señalar asuntos que tocan directamente temas como el buenismo y sus aquelarres, entre otras cuestiones que guardan relación con esta obra, llena de humor e incorrección política. Asumir la voz de un perro permitía a Pérez-Reverte escribir con más libertad sobre temas que hoy, por los linchamientos morales que surgen en redes, son más complejos de abordar. Aunque eso a Pérez-Reverte le trae sin cuidado, y lo dice abiertamente esta mañana. No deja de preocuparle al escritor, eso sí, efecto que esa caza de brujas 2.0 que pueda tener en los periodistas. “Peor que la crisis económica ha sido la autocensura en los medios por la corrección política”, ha dicho.

Otro tema surge en la batería de preguntas de esta mañana: la naturaleza humana de 'Los perros duros no bailan'. Si los hombres y mujeres que cobran vida en los libros de Arturo Pérez-Reverte están rotos, cómo no iban a estarlo sus perros. Los héroes revertianos tienen cicatrices: Lucas Corso, Diego Alatriste o la Teresa Mendoza de 'La reina del sur'. Todos se han hecho en el combate, ocurra éste en el siglo XVI, el XX o en un descampado donde los humanos apuestan dinero mientras dos sabuesos se despedazan a dentelladas. “Es una novela muy revertiana, cualquier lector mío reconocerá en ella los rasgos y el tipo de personajes que se suelen mover en mis novelas”, dice el escritor. “Yo ya no puedo escribir de otro tipo de personajes, cada quien es rehén de su propia vida. Me interesa el héroe cansado, tipo Alatriste. Me interesa los personajes que tienen una historia y a quienes la vida les ha dejado marcas”.

Con la edad, asegura Pérez-Reverte, la vida ha ido quitándole las palabras con mayúsculas. Sólo le quedan dos: la lealtad y dignidad, las únicas que los perros aún poseen y encarnan. “Con Negro quise simbolizar la lealtad y el coraje, el valor y la dignidad. Enfrentarte y pelear, aún sabiendo que no vas a ganar. Estoy muy orgulloso de este personaje, de Negro. Me gusta ese perro. Me hubiese gustado que fuera mío”. Lleva razón Arturo Pérez-Reverte: todos los perros de esta historia —incluso los cobardes—, son luchadores. Se redimen en su atávica naturaleza. El instinto como espacio de libertad. Es la llamada de lo salvaje. Esa genética cuya fuerza estos personajes no consiguen apaciguar ni adormecer y que convive con la más elemental y hermosa nobleza.

Porque ésta es también, una novela de lucha, que recuerda que “hay que estar continuamente ganándose la libertad”, explica el escritor. Los perros duros no bailan es una novela de supervivencia, dotada de humor, crueldad y ternura, atributos acaso enfrentados que el escritor reúne gracias a la musculatura del oficio literario que exprime hasta la última gota. Esta novela bebe del espíritu de 'El coloquio de los perros' de Cervantes, pero también de 'Jerry de las islas', de Jack London y el Rudyard Kipling de 'El libro de selva', títulos y autores que Pérez-Reverte leyó desde muy joven y que, con el paso de los años, dejaron en él la impronta de escribir una novela policiaca protagonizada por sabuesos. Admite también el escritor haber hecho un guiño a Norman Mailer y a su novela 'Los tipos duros no bailan'. “Porque mis perros son así, son duros. No bailan. Este personaje es muy mío. Es muy 'Pintor de batallas'. Su mirada nunca podrá ser inocente y simpática porque ha visto cosas que no ha querido ver”. Escrita en apenas un mes, durante el mes de agosto del verano pasado, Los perros duros no bailan surgió con la naturalidad de las historias que se escriben desde hace años en la mente. Un libro que confirma que Arturo Pérez-Reverte está en su mejor momento. En perfecto estado de gracia.

--

Nacho Escolar echa a los perros a Pérez Reverte tachándole de machista por pura incorrección política
JM Báez - periodistadigital.es - 06/04/2018

Eldiario.es de Ignacio Escolar está de moda. Fue el medio que consiguió la exclusiva del máster falso de Cristina Cifuentes, que desde entonces tiene acorralada a la de momento presidenta de la CAM. Pero las 'hazañas' de Escolar y sus muchachos no terminan ahí. Tan pronto te adelantan ese bombazo como que te echan al escritor Pérez Reverte a los perros para que le fulminen las hordas feministas. Barra libre al que no comulgue con sus postulados. En eso Ignacio es más implacable que contra la corrupción popular, que ya es decir.

Resulta que el autor de Alatriste presentó su última novela 'Los perros duros no bailan' y desde eldiario lo recogían con un titular demoledor: "Pérez-Reverte presume de que los perros de su novela "son machistas" porque "no son políticamente correctos"". Toma ya. Viendo como están últimamente las cosas, no es asunto menor, que diría Rajoy. Bien saben Escolar y sus acólitos que Reverte, como Javier Marías y otros, están en el punto de mira del feminismo radical. Incluso hubo algunos sindicalistas que propusieron prohibir sus libros.

Ambos escritores son acosados y difamados en las redes por sus columnas y opiniones, por lo que el significado y el objetivo que buscaba Escolar en eldiario.es no puede ser más avieso y malintencionado. Como alertaba Juan Soto Ivars en Twitter, las declaraciones completas en la presentación del libro eran estas: "Los perros son machistas. Y a un perro no le preocupa lo que diga Twitter al día siguiente. Eso me ha ayudado a la hora de describir situaciones o relaciones sexuales entre perros y perras...si esto mismo lo cuento entre seres humanos, se me echan encima todos los colectivos habidos y por haber. Si hago con una mujer lo que un perro le hace a una perra, me meten en la cárcel. Yo estoy a favor de que el machismo sea acorralado, pero escribo esto para recordar al lector que no todo el mundo es así, como en Occidente...no todo el mundo acepta nuestras reglas. Nada está garantizado". vars lo resumía así: "Es el típico titular [el de eldiario.es] A por Él, Chicas".

Reverte de momento solo se ha limitado a retuitear el auxilio de Ivars, pero por lo que sea, no ha querido cargar tintas contra la mala praxis de Escolar. Muy educado, eso sí, no se le vayan a cabrear los progres. En cambio hace escasas fechas ponía el grito en el cielo porque Periodista Digital había sacado de contexto un tuit suyo y se cabreaba como un mono amazónico, pero con eldiario.es parece más dócil. "Tienen ustedes muy poca vergüenza", nos decía el novelista. Se ve que a Escolar le sobra, ¿verdad, Arturo?

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 13983
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Re: 'Los perros duros no bailan' (2018)

Mensaje por Rogorn » Mié Abr 18, 2018 9:59 am

Arturo Pérez-Reverte se vuelve perro
Javier López Iglesias - hoyesarte.com - 13/04/2018

Con más de 20 millones de lectores en todo el mundo, rompe el escritor con sus escenarios literarios habituales para dejarnos ante una historia de supervivencia protagonizada por Negro, un perro baqueteado por la vida que le dio pie, en el curso de la presentación de su obra en Madrid, para hablar de otros muchos temas. Por ejemplo, de la libertad. Si los hombres y mujeres que cobran vida en los libros de Pérez-Reverte están rotos, ¡cómo no iban a estarlo sus perros! Los héroes revertianos tienen fisuras: Lucas Corso, Diego Alatriste o la Teresa Mendoza de 'La Reina del Sur'. Todos se han hecho en el combate, discurra éste en el siglo XVI, en el XX o en un descampado donde los humanos apuestan dinero mientras dos sabuesos se despedazan a dentelladas.

Ese es el punto de partida de 'Los perros duros no bailan', una novela dotada de la fuerza que caracteriza la obra de Pérez-Reverte pero que conserva un rasgo singular: está protagonizada y narrada en primera persona por un perro. Las 160 páginas de esta novela negra se sostienen en la voz de Negro, un mastín español mezclado con fila brasileña que, después de haber sobrevivido a las salvajes peleas organizadas y de haberse reinventado como perro guardián, se ve obligado a regresar a aquel infierno para rescatar a dos amigos: Teo y Boris el Guapo, un rodesiano pelirrojo y un lebrel, ambos secuestrados y obligados a pelear en naves industriales. "Desde que tuve fuerzas para roer un hueso, tuve deseo de hablar para decir cosas que depositaba en la memoria". Esta frase de 'El coloquio de los perros', de Miguel de Cervantes, sirve de epígrafe para instalarnos en una historia llena de recovecos. Los personajes de Pérez-Reverte despliegan siempre un tapiz moral. En esta ocasión, sus protagonistas humanos ceden espacio a podencos, setter, bodegueros, dogos, mastines... Adquieren fisonomía animal. Pero todos los habitantes de las novelas del autor –ya sean cánidos o humanos– "son trasposiciones de mi vida vivida. Criaturas que vi morir y matar, huir y suplicar en mis años como corresponsal de guerra".

"No hay libertad sin lucha", comentó el escritor para significar el espíritu del protagonista de una novela que "no pretende denunciar nada". Lo dice con la boca pequeña porque casi sin solución de continuidad denuncia: "Al escribir inevitablemente me fui asomando al lado más siniestro del mundo de los perros y constaté que en España la legislación y la actitud de los legisladores respecto al maltrato animal es una vergüenza y deja indefensa a la autoridad". Pérez-Reverte se declara entregado a los animales en general y a los perros en particular: "Siempre he tenido muchos perros por lo que no he podido evitar asomarme a su realidad y llegado a la conclusión de que en España el maltrato animal sale gratis. Uno puede torturar a un animal, matarlo o hacer con él cualquier barbaridad y, como mucho, te va a caer un año de cárcel, que por supuesto no cumples si no tienes antecedentes, y una multa que, por supuesto, no pagas. Hay una serie de mafias que operan como quieren: secuestran perros para usarlos como sparring en las peleas, amenazan a los dueños, etc. Esa gentuza hace lo que le da la gana pues nuestra ley es, en ese sentido, una de las más infames de Europa".

-¿En quien se ha inspirado?
-He tenido muy presentes 'El coloquio de los perros' de Cervantes; 'El libro de la selva' de Kipling y algunos de los libros de Jack London que leí cuando tenía trece o catorce años. Esta novela salió en un mes pues estaba muy pensada, muy reflexionada.

-Otro personaje más herido por la vida.
-Uno es rehén de su propia edad y hay una serie de cosas que me interesan especialmente en la vida y en la literatura. Me interesan los personajes que tienen ya una historia detrás. Cuando la vida te ha dejado marcas en el cuerpo y en la memoria, como es el caso de Negro, el protagonista de 'Los perros duros no bailan', me interesa captar cómo se ve la vida cuando tienes ese lastre, esa mirada enturbiada por el conocimiento de lo que es el mundo y la condición humana. Con la edad uno va perdiendo palabras con mayúscula y las palabras lealtad y dignidad son de las pocas que me quedad intactas y, justamente, los perros las tienen. Quería simbolizar la lealtad, el valor, el coraje, el compañerismo, la dignidad y por eso estoy muy orgulloso del personaje de Negro. Me gusta ese perro. Me hubiera gustado que fuera mío. Es un héroe que también ha matado. Tiene sangre en la memoria, en las uñas, en el hocico, en los dientes. Tiene cicatrices en el cuerpo, tiene fantasmas que lo acompañan en sus pesadillas. Tiene toda esa mochila que tienen los seres que viven. Tiene esa mirada que ya nunca podrá ser inocente porque ha visto cosas que no hubiera querido ver.

-¿La lealtad nos humaniza o nos animaliza?
-Es evidente que el ser humano está por encima del perro, pero el perro tiene virtudes que yo desearía para los seres humanos. Por supuesto hay perros malos; hay amos que hacen malos a los perros. Las virtudes que más amo en los hombres las tienen los perros y eso los hace para mí especialmente queridos. Para mi gusto los gatos son demasiado humanos y por eso no me gustan tanto. Los caballos son nobles pero estúpidos, pero el perro es para mí el animal perfecto. Nadie está sólo si tiene un perro. Por la edad que tengo y por la vida que he llevado hay pocas cosas que me mojan el lagrimal y, sin embargo, la mirada de alguno de mis perros me emociona. La vida te va quitando las inocencias, pero entre las cosas que te va dejando está la lealtad de los amigos y, entre ellos, siempre los perros, que no te fallan jamás. Si tuviera que vivir en una isla desierta tengo claro que con la compañía de una biblioteca y un par de buenos perros tendría la vida colmada. He perdido el respeto a muchos seres humanos, pero nunca a un perro.

-¿Tiene este libro algo de metáfora? ¿Habla de perros pero, en realidad, está hablando de seres humanos?
-Efectivamente. Ha sido un poco como tener bula para contar la realidad de forma como no hubiera podido contarla si hablase de seres humanos. Haciéndolo con perros he tenido la oportunidad de hablar de cosas que si pusiera en boca de humanos se me hubieran echado encima todos los colectivos habidos y por haber. Ha sido una buena coartada para escribir con una libertad que cada vez es más difícil. Cuando se escribe hay que tener un cuidado tremendo pues según las palabras que utilices siempre hay alguien que se puede ofender. Llega un momento en que todo lo que uno escribe es susceptible de crear conflicto. Estamos cortando la lengua a gente necesaria. En mi caso, y en el de algunos otros, hemos pasado la línea y siento que una campaña o unos tuits no me van a perjudicar ni a quitar lectores. Pero hay gente joven muy interesante y con un talento extraordinario que no se atreve a escribir ciertas cosas por el peligro de que se vaya a interpretar mal lo que quieren decir. Eso es terrible porque se les está tapando la boca. Deberíamos recapacitar sobre eso y los medios deberían tenerlo muy presente a la hora de defender a su gente. Hoy está en peligro la única garantía de libertad que es una prensa libre. El día que se callen las voces de los periodistas, sea cual sea su ideología, pues hace falta todo para que el destinatario pueda elegir, contrastar, deducir y sacar sus propias conclusiones, ese día estaremos todos perdidos. Nunca habíamos vivido un momento como éste, no sólo en España, sino en todo Occidente. Lo de la autocensura es una moda estadounidense que se ha ido extendiendo por todo el mundo y eso es muy grave. Peor todavía que la crisis económica es la autocensura por el miedo a la reacción en las redes sociales. Es terrible.

"Yo escribo con mi vida", insiste Pérez-Reverte a lo largo de la conversación. "Ni aunque escriba un artículo de folio y medio puedo renunciar a mi vida. Eso interfiere continuamente en mi escritura. En esta novela está también toda la literatura leída, todas las películas vistas, toda la vida vivida y, por supuesto, toda la mirada sobre el ser humano que la vida me dejó. Estoy condenado a escribir un tipo de novelas llenas de personajes duros, castigados. Cuando hablo de violencia, de sangre, de remordimiento, de morir o de matar lo hago porque lo he visto. Eso hace que mis novelas sean mías".

-Y vuelve usted a hablar de libertad, de lo que cuesta la libertad. ¿En qué sentido?
-No hay libertad que se gane sin lucha. Eso está claro. Lo está en toda mi obra y también en esta novela. Vivimos en un mundo en el que hemos convencido a los jóvenes de que tienen derecho a todo, de que todo les es concedido por defecto, de que basta decir "quiero tener ésto" para tenerlo. Estamos criando generaciones de niños, de chicos y de jóvenes que piensan que todo está ahí porque es gratis y no es verdad. Lo que está ahí ha costado mucho sudor, mucha sangre, mucho sacrificio, mucha muerte, mucha lucha. Ahora se está disfrutando el resultado pero la lucha, aunque ya no se vea, estuvo ahí. Olvidamos que continuamente lo conseguido está sometido a reválida. A una especie de examen para ver si el ser humano tiene derecho a tener lo que tiene. La historia de pronto enfrenta al ser humano a circunstancias en las que lo pone a prueba y ahí es donde hace falta luchar. De ahí la ética de la lucha.

-¿Estar siempre alerta?
-El ser humano debe estar en guerra permanente. En guerra psicológica porque nada está definitivamente conseguido, nada está consolidado. Todo puede retroceder. Todo puede desaparecer. Yo he visto desaparecer países que vivían en una paz que parecía muy establecida. Hombres y mujeres muy asentados a los que un golpe de la historia barrió de un plumazo. Es fundamental ese recordatorio de que estamos o podemos estar en un lugar peligroso y hostil donde hay que estar continuamente ganándose la libertad. La lucha no es mala. Hay que estar preparado para luchar. Sin ella estamos indefensos. E insisto en que ahora a los chicos les estamos diciendo que la lucha es mala y, cuando es necesaria, es muy buena pues sin ella no hubiéramos alcanzado la libertad que tenemos. Nuestros hijos y nuestros nietos serán sometidos a esa prueba muchas veces. Es buenísimo vivir en paz, pero tienes que saber que puede que un día tengas que luchar, por una causa justa, no por una tontería, pero luchar con decisión. Es bueno saber que todo lo conseguido puede volver atrás por lo que hay que estar atento, muy atento.

Y concluye Arturo Pérez-Reverte insistiendo en un mensaje categórico: “En España el maltrato de animales, las peleas de perro y las torturas de animales en general no están castigadas. Es una salvajada contra la que tenemos que luchar. A esos individuos que están en las Cortes haciendo lo que están haciendo no se les ocurre jamás decir o hacer algo para detener esa sangría. El maltrato animal sale gratis y como sale gratis cantidad de hijos de la gran puta se benefician. De ese escándalo no son responsables ni jueces ni policías, sino los políticos que no dan las herramientas necesarias para combatir con eficacia esa vergonzosa situación”.

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 13983
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Re: 'Los perros duros no bailan' (2018)

Mensaje por Rogorn » Mié Abr 18, 2018 10:08 am

'Los perros duros no bailan', de Arturo Pérez-Reverte
reginairae.blogspot - 12/04/2018

Una novela menor de "Pérrez" Reverte, que, en el fondo, es su misma novela de siempre, con los personajes de siempre, solo que de cuatro patas. El Negro podría ser Falcó o Alatriste, algo más peludo y bajito, con todas sus muecas y tics de hombre..., perro duro, golpeado por la vida, de pasado oscuro y violento, lleno de cicatrices del alma y del cuerpo, eso sí, con su propio código de honor y sus valores, que no se diga, amigo de sus amigos, admirador de causas perdidas (sin meterse, que es cínico y mira desde la barrera) y que sabe cómo tratar a las hembras (como los machos de verdad).

La narración es tan simple como un cuento infantil; la prosa sencilla y al grano, que no la distraigan demasiados recursos estilísticos o algo novedoso (eso es de autores blandos), con diálogos que basculan entre lo impostado, lo coloquial y lo tontorrón, de modo que a veces no sabes si proceden las risas en ese punto o es que te salen sin querer... Porque la novela, es tan exageradamente Pérez que parece una parodia o un autohomenaje o un autoplagio con cánidos, ley del mínimo esfuerzo literario, copia pega de la plantilla cambiando los nombres... Para aumentar el tono humorístico el autor deforma frases hechas y dichos humanos y los adapta a los perros. "Lo del supermercado era hueso roído."

También hace bastantes chistes de índole sexual (como el episodio de "abuso" de Boris por parte de las hembras reproductoras y otros).

"—¿Envidiarme?... No fastidies. Me cambio por cualquiera, sin mirar. Hasta por un sparring me cambio, si me dejan. Me están consumiendo, esas zorras.
—Perras —lo corrigió el dogo, no sin guasa—. Aquí en la Cañada Negra tenemos abolido el lenguaje sexista."

"Entre las tres le estaban dando las suyas y las del pulpo."

No podemos negar que sea entretenida (mal iríamos si en tan pocas páginas encima nos aburriéramos), que se lee muy deprisa y que tiene algún pasaje donde te ríes (aunque repito, no sé si ese es el propósito original de la obra). También es cierto que hay partes más emotivas (o que yo soy muy sentimental) como el destino del Cuco, donde el oficio del autor consigue el efecto deseado de tragedia. Pero no menos cierto es que, en otras ocasiones, escribe como para tontos, explicítando hasta los homenajes y referencias, por si no habíamos pillado lo de 'Gladiator' y lo de Espartaco... (por cierto, el título también es un homenaje: 'Los tipos duros no bailan', novela de Norman Mailer).

"Tenía más mili que el perro de 'Gladiator'."

"Algo sobre un tal Espartaco, un gladiador romano, un luchador que se había rebelado contra sus amos... "

A sus "admiradores" les van a "encantar", por lo demás, las descripciones de "hembras feministas" y los chistes a costa de las "perras zorras". Pérez en estado puro, capaz de ponerte una perra argentina con todos los tópicos (dice las típicas palabras porteñas ¡pero usa el "vosotros" en lugar del "ustedes"! ¡Pérez, vaya fallo!), una perra mexicana señora de una banda organizada, cual Reina del Sur, también tópica, y perros alemanes nazis...

"Margot era, y lo sigue siendo, una perra resentida, áspera, feminista —ninguno de nosotros podía alardear de haberla montado nunca— y con muy mala leche."

(Como no se deja montar, es feminista; tener mala leche debe de ir en el feminismo, así como el resentimiento, etc).

"Su nombre real era Lupe, pero la apodaban la Reina Tequila; y hasta Los Chuchos del Norte le habían compuesto aquel perro-corrido que decía:

También las cánidas pueden
ladrarte muy peligrosas.
Cuando se enojan son fieras
esas caritas preciosas..."

"—Órale, güey... ¿Y por qué aquí, nomás?"

Porque aunque lo de humanizar animales para contar fábulas ya está más visto que el tebeo (veáse, más modernamente, Safier), nuestro autor comete diversos "deslices" o errores de perspectiva. Por un lado, tenemos a perritos viviendo en un mundo imaginario que es el nuestro en principio, con comportamientos entre perrunos y humanos, pero que unas veces parecen conocer al dedillo la historia humana (y a personajes como Charlize Theron) y otras parece que esta fuera la suya... Por ejemplo, en un momento el Negro menciona a Rodolfo Perrostino (alter ego en can de Rodolfo Valentino) dando a entender un mundo paralelo de perros que hacen pelis en imitación de las ¿humanas? En fin, que hay un poco de caos en este tema.

Lo que pretende el autor es criticar la sociedad humana, los malos tratos a los nobles perros (no hipócritas, según el prota, y por tanto mejores que nosotros, por ser todo lo brutos que el instinto les dicta, y poder ser entre otras cosas, machistas sin que les recriminen, un "derecho" que el autor reivindica).

"Si lo que le dijimos aquel día se lo dice un humano a una humana, el fulano acaba en comisaría a la media hora. Pero por suerte no éramos humanos. Los perros somos machistas, oigan. Faltaría más. Y a mucha honra."

"Una de las ventajas que los animales poseemos sobre los humanos es que nadie nos exige ser políticamente correctos."

"Esas mariconadas no son mi estilo, como pueden imaginar."

La descripción de personajes es muy básica y cliché. La acción también está llena de clichés. La trama recuerda a veces a 'Gladiator', como dije antes, otras a 'Espartaco'; para mí que el autor no se ha roto nada la cabeza imaginando este relato de lectura rápida y mensaje de amor y defensa del mejor amigo del hombre (mensaje, por cierto, muy loable).

En resumen, una novela sin pretensiones, entretenida, ligera, pero un tanto previsible y falta de imaginación, llena de clichés y cierto humor, con algún pasaje emotivo. Tiene más oficio que imaginación, algo es algo. Y está llena de referencias de cultura pop, para llegar a más público. Para pasar el rato.

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 13983
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Re: 'Los perros duros no bailan' (2018)

Mensaje por Rogorn » Mié Abr 18, 2018 10:16 am

'Los perros duros no bailan', Arturo Pérez-Reverte
humildelector.wordpress - 13/04/2018

Ya he mencionado en alguna ocasión en este blog que Arturo Pérez-Reverte fue mi escritor de cabecera durante gran parte de mi adolescencia. El divorcio llegó en 2006, cuando leí 'El pintor de batallas', una novela que me defraudó, o que no supe entender o valorar correctamente, quién sabe. El caso es que nada volvió a ser lo mismo desde entonces, pero hoy puedo afirmar con satisfacción que al fin ha llegado la reconciliación después de leer esta pequeña maravilla llamada 'Los perros duros no bailan' (2018), una novela corta donde los protagonistas son ellos: los perros. Pero más allá del universo canino el tema central de esta original historia no es otro que la lealtad, a los amigos y a los propios principios.

Hace unos días, preguntado en Twitter sobre cuál era su favorito de entre todos los libros que había escrito, el propio Pérez-Reverte reconocía que en realidad todos los autores siempre están escribiendo el mismo libro. Y es cierto, pues quien haya seguido la trayectoria literaria de cualquier escritor descubre que todas las historias giran siempre en torno a unos cuantos temas centrales que se repiten. Pérez-Reverte no es una excepción.

“Nací mestizo, cruce de mastín español y fila brasileña. Cuando cachorro tuve uno de esos nombres tiernos y ridículos que se les ponen a los perrillos recién nacidos, pero de aquello pasó demasiado tiempo. Lo he olvidado. Desde hace mucho todos me llaman Negro.” Así es el inicio de esta emocionante historia. Los perros del barrio, que se reúnen en el Abrevadero de Margot, conversan inquietos acerca de la sospechosa desaparición de dos de sus compañeros: Teo y de Boris el Guapo. Pero sólo el Negro, un viejo perro luchador ya retirado, se jugará la vida para encontrar a su amigo Teo y rescatarlo del agujero al que ha ido a parar: el sórdido mundo de las apuestas ilegales y las peleas de perros. Peleas a muerte.

Cada personaje animal tiene su nombre, su historia y su personalidad. Me ha divertido que Margot, la perra argentina, hable con acento porteño, y me ha encantado encontrar reminiscencias de 'La Reina del Sur' en el personaje de Tequila, la Xolocuintzle mexicana. Este es un mundo canino donde los humanos quedan en un segundo plano, aunque para desgracia de los canes están ahí, por encima de ellos, estableciendo las reglas y decidiendo sobre sus vidas. Pérez-Reverte deja a los de su propia especie a la altura del betún. La mayoría de los perros parecen resignados, atados por una lealtad ciega que ni ellos mismos comprenden. Teo, sin embargo, traumatizado por su experiencia como gladiador en la Cañada Negra, lo tiene claro:

“—Comparada con la nuestra, la de los animales, la justicia de los humanos no vale una mierda.”

En 'Los perros duros no bailan' reina una atmósfera de novela negra un tanto surrealista y con deliciosos toques de humor. También hay divertidos guiños, como las referencias clásicas de Agilulfo, el perro culto y leído, o la escena en la que los perros neonazis (uno de ellos es un pastor belga llamado, cómo no, Degrelle) acaban parafraseando al mismísimo Spengler:

“—En los momentos críticos de la Historia —dijo—, siempre hay un pelotón de perros disciplinados que salva la civilización occidental.”

También Teo, ante las reticencias de El Negro, hace suya la infame frase "Dieu reconnaîtra les siens!" del inquisidor Arnaud Amairic cuando planea su sangrienta venganza contra los humanos:

“—Cachorrillos o adultos, mataremos a cuantos podamos, como en el Desolladero, y que el Gran Perro, o el Dios de ellos, separe a los buenos de los malos.”

Y es que, como ya demostró Orwell en 'Rebelión en la Granja', se pueden decir grandes cosas y explicar magníficas historias a través de la fábula, un territorio literario donde los animales hablan, reflexionan y sienten igual que los humanos.

El estilo de la narración, limpio, directo y en ocasiones provocador, es exactamente el mismo que el de 'La Sombra del Águila'. Un estilo que muchos detestan (los haters de Pérez-Reverte son legión), pero que a mí me gusta. También me gustó el capítulo que contiene una referencia histórica al personaje de Espartaco, y que de alguna manera rescata parte la esencia del mensaje de la famosa novela de Arthur Koestler.

En suma, yo definiría esta novela corta simple y llanamente como una oda al perro. Y no es de extrañar, pues es bien conocido por todos el amor y la admiración del autor hacia estos animales, así como su compromiso con la defensa de los perros abandonados, maltratados y torturados.

Por último, creo que este relato de Pérez-Reverte ha sido escrito también un ajuste de cuentas entre el mundo canino y el humano. En la vida real, los maltratadores de animales, sádicos y otros sujetos peligrosos pertenecientes a nuestra especie, el Homo Sapiens, los reyes de la Creación, cometen sus fechorías y se van de rositas. En cambio, en 'Los perros duros no bailan' se hace justicia. Y hay castigo.

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 13983
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Re: 'Los perros duros no bailan' (2018)

Mensaje por Rogorn » Mié Abr 18, 2018 10:24 am

Las grandes vidas perras de Arturo Pérez-Reverte
Mariola Díaz-Cano Arévalo - actualidadliteratura.com - 15/04/2018

Para un buen lector no hay nada como encadenar libros que llegan al alma y remueven las tripas. Eso he hecho yo últimamente comiéndome el colosal 'Macbeth' de Jo Nesbø en seis días y devorando este fenomenal 'Los perros duros no bailan' de Arturo Pérez-Reverte en dos. Dos días de lágrimas tanto por las carcajadas y el humor como por el más absoluto encogimiento del corazón.

Dos días convirtiéndome en perro, en mi caso, perra. Dos días de pura emoción que entenderán más allá de estas palabras y del libro todos los que tenemos o hemos convivido alguna vez con uno. Todos los que sabemos cómo pueden ser, sacarte y hacerte esos animales. Resumiré la reseña en esta frase. Don Arturo, déjese de Falcós, Evas y otras historias y siga con este Negro y todos sus amigos y enemigos. Para mí son ya inolvidables.

Ya he escrito varios artículos sobre perros. Fuente de inspiración, personajes literarios, proyectos sociales con ellos implicados… Así que cuando vi esta nueva novela de uno de mis escritores preferidos no dudé ni un instante en que me gustaría. Y así ha sido. A Arturo Pérez-Reverte lo sigo desde hace muchos años. Me fascinó con 'Alatriste', me emocionó con 'La sombra del águila', me terminó de conquistar con 'La carta esférica' y me sacó mil carcajadas con su 'Jodía Pavía' o su 'Cabo Trafalgar'. También me ha aburrido con 'El asedio' y no me ha terminado de convencer con su serie de Falcó, pero soy habitual de sus artículos dominicales y me he metido en más de un fregado por su causa. A mucha honra, he de decir. Y cuando se trata de asuntos de chuchos coincidimos plenamente. Tengo casi toda su biblioteca, aunque me faltan un par de títulos por leer. También sus libros recopilatorios de sus artículos. El último fue 'Perros e hijos de perra'. Por tanto, al ver esta historia no dudé y, como digo, me ha entusiasmado.

Dedicado a los perros que ha tenido, Pérez-Reverte comenta haber escrito este libro en un mes. Y me lo creo porque me ha ocurrido también. A veces nos vienen historias de pronto o nos llevan rondando un tiempo y sabemos que tenemos que escribirlas. Y salen solas, sin casi pensar. Porque nos tocan de una manera especial y no necesitamos más que sacarlas. Además, sabemos que nos van a salir bien. Este el caso. Una historia corta y redonda. La frase cervantina de 'El coloquio de los perros' antes de empezar lo dice todo. A continuación Pérez-Reverte se convierte en el Negro, un perro mestizo, cruce de mastín español y fila brasileño, que nos habla en primera persona con su lenguaje perruno (cierra el hocico, échame una pata…). Y conocemos su historia mientras estamos en el Abrevadero de Margot, una perra argentina.

Antiguo perro luchador de peleas clandestinas, Negro tiene ya ocho años y lo que mejor apreciamos y sentimos es que está cansado y una vida muy dura también lo ha podido trastornar. Pero mantiene sus principios y sus lealtades. Ya he leído por ahí que es un Alatriste de cuatro patas. Tal vez. Yo simplemente he reconocido a ese personaje que me atrae irremediablemente tenga dos, cuatro u ocho patas.

La cuestión es que han desaparecido dos amigos, Teo y Boris el Guapo, y los parroquianos habituales del Abrevadero, entre ellos un podenco filósofo llamado Agilulfo, comentan el incierto destino que puedan haber corrido. Teo, además, era el mejor amigo de Negro y aunque andan distanciados por una serie de circunstancias, entre ellas un triángulo amoroso, el Negro se ve en el deber de buscarlos. Tiene mucha idea de qué puede haber sido de ellos y se estremece solo con pensarlo.

La galería de personajes con los que Negro se va encontrando es muy variopinta, como sus historias. Margot con su acento argentino, la elegante setter irlandesa Dido, vértice del triángulo sentimental, el insensato y fenomenal Mórtimer (un divertido teckel), que guía a nuestro héroe a la terrible Cañada Negra, o Helmut y sus secuaces (descerebrados dóberman neonazis). Y también están Snifa y Fido, perros policía. Sobresalen Tequila, una xoloitzcuintle mexicana jefa del “cártel” perruno más peligroso y que los tiene muy bien puestos, con un consejero, Rufus, que es un galgo español cuya historia e imágenes tengo como tristes y estremecedores recuerdos de mi propia infancia. Y luego están los pobres desgraciados secuestrados o abandonados que acaban en las manos de esos animales salvajes de dos patas que los encierran en jaulas y los utilizan como perros de pelea o sparrings de estos. Las historias del labrador chocolate abandonado llamado Tomás y la del pequeño Cuco, un bodeguero aterrado, estremecen el alma.

Para colmo de la mía, tuvimos 11 años un bodeguero pequeñajo, muy valiente y listo como él solo que se llamó Chiqui. Y aún os queda nuestro Cuco, un cruce de pequinés, que ya calza los 16 años. Los dos fueron chuchos callejeros manchegos que sobrevivieron al abandono y los malos tratos, pero que se las buscaron hasta encontrarnos a nosotros. Así que, imagínese, señor Reverte, lo que me ha supuesto leer ese capítulo de Duelo en la Barranca. Porque sí, hay lágrimas, pero también son de risa, de carcajada inevitable que se lleva todas las miradas en el tren en el que vas leyendo. Porque es imposible dejar de reír con ese drama de Boris el Guapo en el capítulo 8. De antología. O en esa parte final donde aparece esa frase de arriba para describir al último de los adversarios de Negro, un beauce (pastor francés). Ese diálogo en plan jerga de boxeadores entre ellos tengo que transcribirlo.

-Date pog muegto, peggo español -gruñó el gabacho, bajito pero claro.
-Antes me vas a chupar el ciruelo -respondí-. Franchute de mierda.
Parpadeó confuso.
-¿El cigüelo?
-La polla, subnormal.

Pero son tantos como ese, o tan políticamente incorrectos o revertianos, que los que no somos de medias tintas ni nos la cogemos con papel de fumar tenemos que disfrutar sí o sí. Todos hemos querido ser Espartaco alguna vez. Y así termina siendo Teo, el otro protagonista, el espejo invertido de Negro o convertido (supuestamente) por los humanos en ese temido asesino, ese monstruo creado por el amo que suele serlo. Pero que al final se revuelve, se venga, se libera y consigue vivir y disfrutar, aunque no sea hasta el final, de esa libertad y el instinto más primario. Como a más de uno nos gustaría hacer alguna vez en la vida. O impartir una justicia como la de los animales.

Así que… para humanos, para perros, para todos. Hay que leerla. Sin complejos, sin medias tintas, con sangre, con lágrimas, con tristeza, con dolor, pero también con esperanza, humor, ternura, respeto y amor. Pero solo quienes tenemos perros y los hemos tenido toda la vida apreciaremos realmente esta estupenda novela.

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 13983
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Re: 'Los perros duros no bailan' (2018)

Mensaje por Rogorn » Mié Abr 18, 2018 10:29 am

Una conmovedora novela de Arturo Pérez-Reverte
elblogdeuma.com - 16/04/2018

“No soy buen actor. Lo de fingir no me va mucho, y carezco de la astucia de esos perros zalameros que saben buscarse la vida con propios y extraños, un ladridito aquí, un jueguecito allá, un ridículo bailecito con meneo de cola alrededor del amo, unos ojos suplicantes y conmovedores para que te den la chuche, jueguen contigo a la pelota o caiga algo de la mesa. Esas mariconadas no son mi estilo, como pueden imaginar. Los perros duros no bailan.”

En unas horas me leí la última novela de Arturo Pérez-Reverte, 'Los perros duros no bailan'. Debo confesar que cuando empecé a leer las primeras líneas y observé que el protagonista era un perro que hablaba en primera persona sobre su historia me invadió un sentimiento de decepción. Nunca me han gustado, más bien, me han causado un sentimiento de rechazo las películas en las que el perro hablaba como un humano. Pero estábamos ante una novela de Arturo Pérez-Reverte, uno de los escritores más destacados de la literatura española. Ya había leído alguna novela de él y conocía su forma de escribir y el ritmo de sus novelas, novela histórica en su mayoría, por lo que cuando descubrí que había escrito una novela cuyos protagonistas eran perros (aunque ya había oído hablar de 'Perros e hijos de perra', que tengo pendiente leer), la curiosidad me mataba y las ganas por empezar a leerla se me hicieron eternas.

Como he comentado, si bien en el inicio el hecho de que el protagonista fuera un perro llamado Negro que cuenta su historia en primera persona me decepcionó, a medida que iba leyendo la historia me enganchó de tal forma que no pude parar de leerlo. Miento. Tuve que parar una vez al final de un capítulo en el que se me escaparon las lágrimas, para ir a buscar un kleenex y dejar que se me pasara el disgusto para retomar la lectura. No voy a destripar la trama del libro porque no me gusta que me lo hagan a mí, pero el escritor ha sabido utilizar de forma majestuosa la realidad de muchos perros, una realidad oculta a los ojos de la mayoría de nosotros, una realidad injusta, y que nos recuerda una vez más, cuán inhumanos podemos llegar a ser con estos animales y cuántas lecciones nos dan en nuestro día a día y que apenas valoramos.

'Los perros duros no bailan' es un libro más que recomendable. Es una historia que te envuelve, te atrapa, te emociona, te sobrecoge, en momentos te saca carcajadas, te conmueve pero también te enfurece y hasta en momentos te asquea. Es de los que te invitan a mirarte en el espejo para luego mirar a tu perro. Muy fácil y rápida de leer porque el autor consigue que, tras cada capítulo, quieras seguir leyendo el siguiente. Una novela de suspense de las que guardar en la librería.

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 13983
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Re: 'Los perros duros no bailan' (2018)

Mensaje por Rogorn » Mié Abr 18, 2018 10:36 am

Un libro que todos los perros deben recomendar a sus humanos
José Alberto Vázquez Benítez - e-consulta.com - 16/04/2018

'Los perros duros no bailan', tal es el título del nuevo libro de Arturo Pérez-Reverte salido a la luz el pasado 5 de abril. Una novela cuyo principal protagonista es un cruza de Mastín español y Fila brasileño de nombre “Negro”. De sí mismo el can se expresa así: “En los últimos tiempos, pensar me supone mucho esfuerzo, mi cabeza ya no es lo que era. Las ideas y los recuerdos van y vienen y las cicatrices viejas que tengo en el hocico, las patas y el lomo parecen volverse frescas. En nosotros los perros ocurre rápido”. “Por eso -añade– los perros de mi casta, ya desde cachorros tenemos ojos de viejo, alma llena de costurones y mirada resignada…”

Nos habla también de sus compañeros con los que, iban al abrevadero de Margot junto a la destilería de anís, que vierte su desagüe en el río y ahí daban lengüetazos al canalillo. ”Y, allí estaba, en efecto, “Boris” el guapo, con su largo pelo sedoso y limpio, el hocico distinguido, los ojos color de oro, aterciopelados y petulantes”. Y de sus compañeras de juerga como la perra “Margot”, también nos habla de ella: "Margot era, y lo sigue siendo, una perra resentida, áspera, feminista, -ninguno de nosotros podía alardear de haberla montado nunca– y con muy mala leche, aunque tuviera sus debilidades, como todo el mundo, yo era una de ellas".

Se trata de un relato policial humorístico y dramático al mismo tiempo, una historia de supervivencia en un mundo políticamente incorrecto donde la lealtad es puro instinto y la violencia regla de vida. Ampliamente conocido y sabido es el gran aprecio del académico y novelista de gran éxito Pérez-Reverte; su cariño y entrega para con los cánidos, su web y a través de twitter son innumerables las acciones llevadas a cabo, de todo tipo de ayuda hacia los requerimientos de perros extraviados, maltratados o en busca de adopción o toda clase de protección, por eso no es lo más mínimo de extrañar su dedicatoria a la escritura de 'Los perros duros no bailan' un libro de muy meritoria lectura. Esto no hace recordar lo que algunos otros grandes de la literatura han expresado en torno a los mejores amigos del hombre, va un ejemplo:

“MI perro me miraba con esos ojos más puros que los míos, perdía el tiempo, pero me miraba, con la mirada que me reservó, toda su dulce, su profunda vida, su silenciosa vida, cerca de mí, sin molestarme nunca, y sin pedirme nada”. -Pablo Neruda.

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 13983
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Re: 'Los perros duros no bailan' (2018)

Mensaje por Rogorn » Mié Abr 18, 2018 12:54 pm

18.04.2018 - Entrevista de Juan Cruz sobre 'Los perros duros no bailan' (vídeo, 30 minutos)
https://www.youtube.com/watch?v=JkBPh2Bgvt8

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 13983
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Re: 'Los perros duros no bailan' (2018)

Mensaje por Rogorn » Mié Abr 18, 2018 11:06 pm

'Los perros duros no bailan', de Arturo Pérez-Reverte
Maudi Ventosa de la Cruz - laslecturasdeguillermo.wordpress - 18/04/2018

“Nadie está solo si tiene un perro”, afirma Pérez-Reverte en la presentación de esta sobrecogedora novela policiaca… “corta, seca, rápida… canónica en el sentido gélido de la palabra… pura y dura…”. Al autor siempre le ha gustado el mundo de los perros, y afirma que todavía se le mojan los ojos con la mirada de sus perros. Arturo ha bebido en muchas fuentes: 'Jerry de las Islas', de Jack London cuando tenía 15 años, 'El coloquio de los perros', de Miguel de Cervantes, 'El libro de la selva' de Kipling… pero la mayoría de las cosas las ha aprendido viviendo, por eso, “estoy condenado a escribir este tipo de novelas. He envejecido, he visto muchas cosas, cada novela es una vuelta de tuerca, es mí territorio. He conocido a los Negros. Cuando hablo de peleas, de morir, de matar… hace que mis novelas sean mías”.

Negro, protagonista y narrador, mezclado, luchador y fiero campeón; Teo, rodesiano de buena planta; Boris el Guapo, Agilulfo, Dido, Margot la porteña, se reúnen al el Abrevadero de Margot. Y pasan muchas, muchas cosas…

Los personajes de 'Los perros duros no bailan' son totalmente revertianos. Tienen valores y virtudes que algunos seres humanos han perdido: dignidad y lealtad. Negro es un héroe cansado y él quiere mostrar “como se ve la vida cuando tienes esas heridas que le acompañan, ese lastre, esa mirada. Ha visto cosas que no hubiera querido ver”. 'Los perros duros no bailan' tiene también sus toques de humor, por supuesto, porque “el libro me ha permitido escribir sin autocensura. En estos momentos, en que está en peligro la prensa libre, los periodista se callan por miedo a que se les echen encima determinados colectivos. Es lo más grave que está pasando en estos momentos”.

Una sinopsis rápida sería contar que desde hace días en el Abrevadero de Margot, donde se reúnen los chuchos del barrio, nada se sabe de Teo y de Boris el Guapo. Sus colegas presienten que detrás de su desaparición hay algo oscuro, siniestro, que los mantiene alerta. Lo ocurrido no puede ser nada bueno; lo sospechan todos y lo sabe su amigo el Negro, luchador retirado con cicatrices en el hocico y en la memoria. Para él es cuestión de instinto, de experiencia sobreviviendo en las situaciones más difíciles. Eso lo lleva a emprender un peligroso viaje al pasado, en busca de sus amigos.

En esta asombrosa novela negra, divertida, tierna y sobrecogedora de principio a fin, Arturo Pérez-Reverte narra con increíble maestría la aventura de un perro en un mundo diferente al de los humanos, donde rigen las mejores reglas -lealtad, inteligencia y compañerismo- y están desterradas toda corrección política o convención social. Un mundo en el que a veces hay clemencia para los inocentes. Y justicia para los culpables.

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 13983
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Re: 'Los perros duros no bailan' (2018)

Mensaje por Rogorn » Jue Abr 19, 2018 7:11 pm

No es fácil escribir sobre animales que hablan
Marina Sanmartín - abc.es - 19/04/2018

Escrita por Dalton Trumbo y dirigida por Stanley Kubrick, en 1960 se estrenó 'Espartaco', basada en la novela homónima de Howard Fast. La película no tardó en convertirse en un clásico y el personaje del esclavo Espartaco, en un arquetipo al que Pérez-Reverte recurre desde la primera página de su nueva propuesta literaria, titulada en un claro homenaje a Norman Mailer 'Los perros duros no bailan'. La aventura de Negro, un cruce de mastín español y fila brasileño, que a sus ocho años ha conseguido retirarse de las peleas de perros y dejar de ser luchador para convertirse en guardián de un almacén, nos recuerda en sus fragmentos más brillantes la utopía de la Libertad escrita con mayúsculas, esa por la que merece la pena aceptar el destino fatal que habrá de sucederla sin remedio.

Sin embargo, dejando a un lado el planteamiento de partida -la investigación que Negro lleva a cabo para encontrar a Teo y Boris el Guapo, dos canes amigos que desaparecen al volver a sus respectivos hogares después de una noche de ocio en el abrevadero de Margot- la novela, muy corta, escrita en apenas un mes y publicada tras el éxito de 'Eva', la nueva entrega de la serie 'Falcó', se presta a dos lecturas: una por la que merece la pena hacerse con ella y otra que la condena a ser una obra menor dentro de la extensa y a menudo exitosa producción de su autor.

Las sombras de esta historia se localizan en la sátira. El texto es más débil, casi se rompe, cuando pretende provocar la risa del lector, algo que no consiguen ni los diferentes perfiles perrunos, que intentan sin demasiada gracia, nadando apenas en la superficie, caricaturizar ciertos comportamientos humanos, ni la crítica latente a un momento social, el nuestro, en el que la dictadura de lo políticamente correcto amenaza con encorsetar opiniones y juzgar también la ficción. No funcionan los acentos de la perra argentina, Margot, ni del perro francés; ni tampoco el de Tequila, la perra mexicana y traficante, que nos recuerda a 'La reina del sur'; y no funcionan las referencias a los neonazis, ni al machismo porque se quedan cortas y se centran en el tópico, porque se echa de menos una reflexión en el juego que vaya más allá de la «mala leche que solo una perra es capaz de mostrar cuando disecciona a otra perra» o de las perras que «prefieren los golfos a los caballeros». Falta ingenio, pero nadie dijo que fuera fácil escribir sobre animales que hablan.

Tal vez por eso, la novela brilla más cuando sus protagonistas se olvidan de los humanos que los están leyendo, de ser metáfora, y se centran en ser perros, lo que ocurre principalmente en la segunda mitad de la trama, ubicada en la Barranca y el Desolladero, un escenario de chabolas y miseria, donde se celebran las peleas ilegales en las que Negro se enrola de nuevo para salvar a Boris y Teo. «-Nos volvemos canes cómodos, supongo [...]. -Exacto. Renunciamos a los sueños. A la aventura. Envejecemos aburguesados junto a la chimenea o el radiador de una casa, royendo las zapatillas de un amo...». La conversación que Negro mantiene con el dogo sin nombre que lo vigila en la Barranca, a la que acude de forma voluntaria para luchar, nos devuelve al mejor Pérez-Reverte, que describe con una minuciosidad capaz de despertarnos sentidos ajenos a la lectura el mal olor del miedo que acecha a los perros gladiadores, cristalizado en la sangre y los excrementos; y nos transmite la maldad infinita con la que somos capaces de doblegar conciencias y principios. En este aspecto, 'Los perros duros no bailan', conecta por partida doble con Orwell y nos remite no sólo a 'Rebelión en la granja', sino también a la sociedad distópica de '1984', donde no hay límite en las torturas para lavar el cerebro.

En la estela de 'El coloquio de los perros', de Cervantes, que nos introduce en la acción; de 'La colina de Watership', de Richard Adams y, además, de D’Artacan y Sherlock Holmes, las series de «anime» con el toque de Miyazaki que ilustraron la infancia de los que fueron niños en la década de los 80, 'Los perros duros no bailan' es arriesgada y se mira en el espejo de un buen puñado de clásicos contemporáneos. Sólo el tiempo nos revelará si está a la altura.

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 13983
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Re: 'Los perros duros no bailan' (2018)

Mensaje por Rogorn » Dom Abr 22, 2018 10:55 pm

Todos somos chuchos
José Belmonte - laverdad.es - 22/04/2018

Más que un capricho personal -que también-, más que un emotivo homenaje a aquellos perros que le han acompañado a lo largo de su vida -la novela está dedicada a 'Sombra', 'Morgan', 'Mordaunt', 'Sherlock', 'Rumba' y 'Ágata'-, el texto que ahora sale a la luz es uno de esos llamados libros de autor, en donde Reverte se da un festín pantagruélico con el que él disfruta a lo grande, y nos hace disfrutar al resto de lectores. Pero que nadie se engañe: 'Los perros duros no bailan' no es, ni mucho menos, una obra menor. Como no lo fueron en su día 'Un asunto de honor', 'La sombra del águila' o 'Territorio comanche'. Reducir el número de páginas no significa bajar la guardia. En su caso, se trata de una mayor concentración de ideas en un espacio similar al de un cuadrilátero de boxeo, lo cual no es tarea fácil.

Reverte es siempre Reverte, incluso cuando sueña con un cielo canino en el que sus perros ocupan un lugar privilegiado junto a una traílla de mosqueperros. Sabe dejar a un lado ciertos sentimentalismos, que son buenos para la vida, pero nada convenientes para la buena literatura, para centrarse en algo más que una sencilla historia en la que un chucho que responde al nombre de 'Negro', veterano y cansado luchador, ejerce de detective sin sueldo, guiado por la amistad y las reglas del honor, amén de su mucha vergüenza torera.

El recurso, tan inusual, excepto en la literatura de carácter infantil y juvenil, de dotar de habla a un perro, procede de la literatura clásica, pero se materializa y cobra éxito en la conocida novela ejemplar de Miguel de Cervantes 'El coloquio de los perros'. Un delicioso relato con el que el manco de Lepanto dio a sus contemporáneos lecciones de verosimilitud hasta el punto de que ambos protagonistas, Cipión y Berganza, se nos antojan más reales, más vivos y humanos, que sus propios dueños, ajenos al secreto de la parla de estos dos improvisados y sorprendentes deslenguados.

A la cita del 'Coloquio' que Pérez-Reverte emplea al inicio de su obra en donde se expresa el deseo de hablar de uno de esos canes cervantinos, se podría añadir esta otra de la aludida obra en la que Berganza parece suplantar a un desencantado Miguel de Cervantes para expresar, con pena y sabiduría, que «al desdichado las desdichas le buscan y le hallan, aunque se esconda en los últimos rincones de la tierra».

Pero regresemos a la novela que nos ocupa. En ella se habla de honor, de reglas y de códigos. Nada nuevo en nuestro autor. Y, sin embargo, aquí, en este contexto, la sensación resulta diferente, incluso chocante, como si al género de los cánidos, además de su reconocida fidelidad, se le concediera las mejores virtudes que adornan a los seres humanos. Están, pues, una vez más, Lucas Corso, y Diego Alatriste con sus incondicionales, capaces de tirar de espada por un quítame de ahí esas pajas. Y está presente, en estas páginas, escritas con la habitual maestría de su autor, capaz de combinar hermosas descripciones con diálogos en los que se combinan la ternura y la dureza a partes iguales, la Reina del Sur, que aquí, en forma de perro, lleva el nombre, cómo no, de Tequila, una buena jefa, aunque cruel y justa, «como clásica mexicana» a la que los Chuchos del Norte le habían compuesto un chucho-corrido que suena de este modo: «También las cánidas pueden/ ladrarte muy peligrosas./ Cuando se enojan son fieras/ esas caritas preciosas». De personajes como el perro Agilulfo también hay noticias en la narrativa de Pérez-Reverte. El filósofo y senequista Agilulfo, podenco flaco y culto, cuyo lema favorito es «ládrate a ti mismo».

La historia se las trae. No faltan las escenas de violencia. Pero, junto a ello, también destacan algunos sucesos de humor. Humor negro, claro, como el nombre de nuestro protagonista. Pérez-Reverte, consciente de que está ante unas criaturas diferentes a los seres humanos que pueden vivir, sin embargo, aventuras muy parecidas, dota a su relato de los elementos precisos para que resulte más creíble y concluyente: no se corre aquí la voz, sino el ladrido o «más sabe un chucho por ladrado que por leído». Y asoma, asimismo, el Reverte más cínico, el que se sonríe enseñando el colmillo y acude a esas frases que emplea, con gran éxito, en sus artículos periodísticos y que todos hemos terminado por aprendernos de memoria. Como cuando Negro habla de la suerte de sí mismo, convertido en perro guardián, con gran diferencia con esos otros desgraciados, los abandonados o los infelices a los que nadie reclama, y «que terminan sus días sin otra culpa que tener menos papeles que un conejo de monte».

Y tampoco faltan las críticas que ya se habían puesto de manifiesto en otras obras y artículos del autor. Críticas contra los explotadores de perros, que parecen alimentarse con su sangre. Críticas contra los que los abandonan en medio de una carretera sin mirar siquiera por el espejo retrovisor. Críticas a los propios perros, que empiezan a comportarse como humanos, dejando atrás, incluso, su condición de fieles. Negro, a pesar de ser un simple chucho, no va a la zaga de esas otras criaturas revertianas -Astarloa, Corso, Teresa Mendoza o Alatriste- que todo lector atesora en su memoria. Ya lo dejó escrito el propio Reverte en 'El club Dumas': «En literatura, el tiempo es un naufragio en el que Dios reconoce a los suyos».

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 13983
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Re: 'Los perros duros no bailan' (2018)

Mensaje por Rogorn » Dom Abr 22, 2018 10:58 pm

Una lealtad en busca de una causa
Rogorn Moradan - zendalibros.com - 22/04/2018

Hace tiempo que Arturo Pérez-Reverte se refiere a su manera de escribir como “un sacar cosas que había ido metiendo en la mochila” a lo largo de ese viaje que es la vida de cada uno. Durante treinta y pico años fue a eso a lo que se dedicó principalmente, a vivir mucho y muchas cosas, especialmente dado su oficio de reportero de guerra, y es solo entonces, cuando ya se tiene vida, cuando uno puede ponerse a contar algo. En 1983 escribió la novela 'El húsar', pero no la vio publicada hasta tres años después, y de ella se hizo una sola reseña, en la revista 'Quimera'. 35 años más tarde, o sea, la vida de tres perros más tarde, las cosas han cambiado bastante: Pérez-Reverte es uno de los escritores de más éxito en lengua española, cada publicación suya (a veces un mero tuiteo), recibe muchísima atención, y a través de novelas, guiones y artículos de dominical se ha ganado algo que aprecia quizá más que ninguna otra cosa como autor: la capacidad de escribir con total libertad, debida a sus lectores, a los que siempre se la ha agradecido.

En pocas de sus creaciones se nota más esa libertad que en esta última novela, Los perros duros no bailan, un proyecto que más de un escritor y más de una editorial habrían rechazado desde su propia idea de concepción, pero que en sus manos se convierte en un nueva vasija de artesano que funciona sólidamente para lo que fue concebida, esta vez incluso notándose como nunca las marcas de los dedos del fabricante sobre la cerámica. Es una mezcla de novela negra, fábula con animales que hablan y recordatorio de lacras sociales sin necesidad de recurrir a un tono explícito de denuncia ciudadana, y es que una de las cosas que salen a relucir aquí de la mencionada mochila es un tono reporteril donde la denuncia, si existe, se hace a base de un seco “aquí una bomba, aquí un muerto, aquí un hijo de puta” que se entiende por sí solo sin necesidad de mayores proclamas, como recordarán quienes leyeran a Pérez-Reverte en el diario 'Pueblo' o lo vieran en el 'Telediario' o en 'Informe semanal'. Porque quien no se vea alterado por los relatos de sangre en los corros de peleas o por las imágenes de galgos ahorcados ya no va a verse conmovido, por más palabras que lo acompañen. Todo ello viene sazonado en esta novela con una galería de personajes y un estilo de redacción tan reconocibles que ya hasta él mismo los llama “revertianos”.

El libro tiene 168 páginas, y puede encuadrarse junto a otras obras de parecida extensión que Pérez-Reverte ha escrito anteriormente, como 'La sombra del águila' o 'Un asunto de honor', con las que comparte varias cosas, empezando por el haber sido escritas en poco tiempo y con la idea totalmente clara desde el principio. Además, con la primera comparte el tono de mezcla de humor negro, incluso paródico en ocasiones, con momentos de gran dramatismo, que desemboca en finales duros, violentos, por una parte sin concesiones, pero por otra parte tampoco exagerada o apocalípticamente trágicos. Con la segunda está el parentesco del personaje central, que pasa de ser un camionero convertido en príncipe rescatador de la princesa, a un perro veterano de peleas ilegales que también se ve abocado, por reglas internas propias, a jugarse el pellejo en busca de dos amigos desaparecidos. En ambas ocasiones, las decisiones de los protagonistas, que no eran los más honestos ni los más piadosos, pero eran valientes, tendrán consecuencias serias y crueles.

La trama sigue a Negro, un perro de ocho años, cruce de mastín y fila que, investigando la desaparición de dos de sus amigos, vuelve a un pasado que ya creía haber dejado atrás, el de las peleas ilegales de perros. La historia no está protagonizada por humanos que siguen a los perros e interpretan lo que les ocurre, sino que está narrada desde el punto de vista de los propios canes, adaptando sus pensamientos a como probablemente los expresarían si hablaran nuestro idioma. Al principio el tono de fábula humorística se hace más presente, atribuyendo por ejemplo diversas personalidades a cada nuevo perro que aparece dependiendo de su raza, cosa que resultará bastante divertida para quienes entiendan del tema, y reflejando la falta de preocupación de los animales por temas como el machismo (el capítulo 2 se titula, sin ningún disimulo, Los perros somos machistas) o las costumbres sexuales en su especie. Producto de la mencionada mochila viajera del autor hay una perra argentina, Margot, y otra mexicana, Tequila, que hablan en el acento mezclado de quien va abandonando el suyo original por el del nuevo país donde se encuentra, y la segunda incluso tiene su propio narco-corrido (aquí “perro-corrido”) cual si fuera la Reina del Sur. También hay un borzoi ruso llamado Boris, un dóberman neonazi llamado Helmut, un pastor belga llamado Degrelle, un gran danés llamado Olaf y un beauce francés que habla con la egge (“Date pog muegto, peggo español”), como ya pasaba en 'La sombra del águila' o en 'Cabo Trafalgar'. Al sistema de transmisión de rumores local se lo llama “Radio Perro” en vez de Radio Patio, por donde “se corre el ladrido” en vez de la voz, e incluso alguien llega a referirse, en plan de ideal de belleza, a un tal “Rodolfo Perrostino”. Todos estos elementos están buscados, como ya se ha dicho, en plan de parodia gamberra, y dada la cita con la que comienza este libro, procedente del cervantino Coloquio de los perros, habrá que recordar, por ejemplo, aquel párrafo del Quijote en el que se inventa toda una retahíla de cómicos nombres de caballeros andantes como Laurcalco, Micocolembo o Brandabarbarán.

Habrá quien considere que no todas estas adaptaciones de lo humano a lo perruno están perfectamente logradas, pero en este relato eso sería mirar el dedo en vez de la luna: cuando se llega de verdad a la resolución de la misión que se autoimpone Negro hay escenas muy emotivas donde no solo se olvida uno de lo anterior, sino que de verdad queda reivindicada toda la idea de presentar la historia a través de los propios perros: el conmovedor destino de Cuco el perro bodeguero, o los varios encuentros que va teniendo Negro con aliados, rivales y hasta perras de variada estirpe no quedarían igual relatados desde la mirada de un cazador arrepentido, un voluntario de ONG, un delincuente encallecido o un agente de la ley que va más allá de su deber. Incluso la manera en que se refleja la testaruda y a veces incomprensible fidelidad de un perro a su amo queda vista aquí desde un ángulo que le saca matices nuevos a lo que podemos observar normalmente desde nuestra mirada humana. Para cuando Negro cristaliza todo eso en la frase de que “un perro no más que una lealtad en busca de una causa”, ese sentimiento ya ha quedado reflejado en todas sus luces y sombras.

Tras treinta y pico años y treinta y pico libros, Pérez-Reverte cada vez ve ante sí más definido, que no limitado, el territorio narrativo en el que le gusta moverse. En la presentación de la novela dijo incluso que “ya no puedo escribir sobre otros personajes, porque soy rehén de las cosas que he vivido y he visto”, y así, en el espacio de menos de 170 páginas pueden notarse innumerables ecos de otras obras suyas o ideas que aparecen como leit motiv frecuente en todas ellas, como la de no rendirse aunque se sepa que se va a acabar mal, porque la única salvación posible es no esperar salvación alguna, pero que al menos al malo le sangre la nariz tras vencerte. La lealtad sin fisuras, sobre todo con los amigos elegidos, es también de capital importancia, y eso por encima de banderas, patrias o ideologías. Como en buena novela de raíz negra, hay hembra (literalmente) de por medio, y hay detalles también como un “manca finezza” que recuerda a Gualterio Malatesta, un luchador sonado con ecos al Potro del Mantelete de 'La piel del tambor' o unos perros con hambre que bajan al llano cual lobos en torno a Troya, escritos por Virgilio y traducidos en el colegio. Negro, por su parte, es un personaje de cicatrices en el cuerpo, sangre en las uñas y pesadillas en la memoria que puede quedar sin ningún problema a la altura de los más memorables que haya escrito Pérez-Reverte, con su énfasis en la lealtad, la dignidad y la valentía.

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 13983
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Re: 'Los perros duros no bailan' (2018)

Mensaje por Rogorn » Lun Abr 23, 2018 8:23 am

'Los perros duros no bailan', de Arturo Pérez-Reverte
librosyliteratura.es - 22/04/2018

Dos tardes, y eso porque no pude dedicarle una entera, me ha llevado leerme lo nuevo de Pérez-Reverte. Suelo leer todos los libros del académico (a pesar de habérseme atragantado 'Cabo Trafalgar' y 'El tango de la guardia vieja' –para más inri, este último incluso firmado por él-) y este nuevo libro, uniendo a perros con novela negra, no iba a ser una excepción.

Lo cierto es que en un principio, meses antes de la publicación, al anunciarse el libro y un breve extracto del mismo, se hacía raro. ¿Pérez-Reverte escribiendo diálogos y reflexiones para un protagonista perruno? ¿Una historia en la que los personajes son perros? Es bien sabido el amor que el autor profesa a los perros. ¡Pardiez, si incluso se han recopilado algunos de sus artículos de temática canina que ha escrito para una publicación dominical en el libro 'Perros e hijos de perra'! Aunque también es cierto que choca mucho ese amor hacia los perros pero que no vea mal las corridas de toros. Pero bueno, cada uno tiene sus “cadaunadas” y lo que tenemos que tratar aquí son los libros. El caso es que no lo veía claro, pero había curiosidad. Mucha.

Y una vez saciada la curiosidad puedo decir que 'Los perros duros no bailan' es una lectura agradable y que se reconoce el estilo del autor pero, desde luego, no es ni de lejos lo mejor que ha parido. Es un cuento sencillo, a veces parece una fábula para adultos, sin mayores pretensiones y muy fácil de leer, cuyo personaje es el de un tipo duro, por más que en esta ocasión se trate de un perro, que arrastra un pasado oscuro y violento del que, dada su edad, comienza a olvidar algunos detalles o bien estos le asaltan de buenas a primeras sin él quererlo. Un tipo, como tantos otros antes en la bibliografía perezrevertiana, con un fuerte sentido del honor, de la amistad, del deber y, cómo no, yendo esto de perros, de lealtad y fidelidad.

¿Pero de qué va, de qué va? Pues va de que Teo, el mejor amigo del Negro, y Boris el Guapo han desaparecido. No se sabe nada de ellos y por eso el Negro decide investigar, igualito que un detective privado, pero sin fumar ni beber güisqui. Preguntando irá de aquí para allá, siguiendo el rastro, sorteando peligros y metiéndose en algún que otro jaleo, con perros neonazis incluidos y… y poco más puedo decir sin destripar la trama.

Y así, a medida que la investigación va avanzando, pasaremos de un inicio de novela policiaca a un nudo y desenlace de novela negra mientras somos testigos de un mundo y una vida de perros adaptado del nuestro, con su propio Rodolfo Perrostino, con refranes o dichos populares, con los perro-corridos de Los Chuchos del Norte, con los equivalentes en perro de humanos famosos como, por ejemplo, Charlize Theron o Brad Pitt y con los oficios o roles que cada personaje ha asumido (Agilulfo es filósofo, Margot regenta un abrevadero, Fido es perro policía, Susa la lumi…)

Aprovecha también Pérez-Reverte, el pistolero más rápido de Twitter (y posiblemente el escritor español más presente en dicha red), para criticar, con toda la razón, el trato que esta sociedad de animales humanos da a los perros. Tratados por muchos como cosas que se regalan en Navidad y son abandonadas en verano, cuando la “cosa” ha crecido y ya no es tan mona o graciosa como cuando cachorra, y, sobre todo, arremete contra las peleas de perros, contra los desalmados hijos de puta que se deshacen de los galgos cuando ya no les son útiles, contra la pasividad de la justicia y contra lo barato que sale el maltrato en este país.

Habrá lectores amantes de los perros a los que alguna escena tal vez le revuelva el estómago, y eso, sinceramente, es buena señal.

“…por un momento pensé en todos los que ladraban. En aquellos compañeros de infortunio sentenciados a un final infame: perros que, como había dicho el dogo, tal vez un día fueron cachorrillos mimados, felices, arrancados de su sueño confortable por la estupidez y la crueldad humanas, y que ahora, en aquellas sucias jaulas, esperaban su destino…”

En resumen, 'Los perros duros no bailan' es un libro menor del autor. De fácil lectura, entretenido y con un ritmo ágil, que no se para en chorraditas innecesarias y va al meollo. Un libro para todo fan de Pérez-Reverte (y yo me considero uno más, aunque repito, no es de lo mejor de su obra), para completistas y para todos los que saben lo que es tener o haber tenido a un perro como compañero.

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 13983
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Re: 'Los perros duros no bailan' (2018)

Mensaje por Rogorn » Mar May 01, 2018 7:34 pm

Héroes de vida perra
Justo Navarro - elpais.com - 26/04/2018

Doble secuestro: Negro, el héroe y narrador de 'Los perros duros no bailan', la nueva novela de Arturo Pérez-Reverte, investiga la desaparición de Teo —su mejor amigo antes de que los separara una pelirroja— y Boris el guapo. Negro es un cruce de mastín español y fila brasileño; Teo, un sabueso rodesiano, y Boris, un lebrel ruso, estrella de las exposiciones caninas. Son perros los personajes de esta fábula negra, pero comparten temple y carácter con los humanos que participan en las aventuras de Alatriste, Falcó o la narcotraficante de La reina del Sur. Negro no moraliza, actúa: el gesto oportuno en el momento oportuno. Sus antepasados pelearon en el circo romano y despedazaron a bárbaros, indios y cimarrones: “Los perros somos lo que los amos hacen de nosotros, héroes o criminales”. Lo encontramos envejecido, con “el alma llena de costurones”, boxeador sonado. Ha sobrevivido a dos años de peleas a muerte en los reñideros de perros.

Como Falcó o Alatriste, el nuevo héroe de Arturo Pérez-Reverte es, en apariencia, fiel a su amo, aunque sólo pelee por sí mismo, como confiesa en la primera línea de la novela, y por sus amigos, individualista feroz. Se gobierna por los valores de la épica: audacia, astucia, valentía, amistad, lealtad. “Un perro no es más que una lealtad en busca de una causa… hasta el sacrificio y la muerte”. Los perros de Pérez-Reverte repiten los esquemas heroicos de sus personajes principales. Y si alguno se parece a los canes codiciosos, perezosos y aprovechados de las fábulas de Esopo, en general se atienen a la sentencia de Samaniego: “Un perro infiel, ingrato, / no merece ser perro sino gato”.

No son perros habladores como los perros de Cervantes, Berganza y Cipión, admirados ellos mismos del portento de oírse pronunciar palabra: ladran, gruñen y rugen en castellano, alguna vez con acento francés, mexicano o argentino, e incluso parafrasean al canciller López de Ayala (“Pensando yo en la vida de este mundo mortal / que es poca y peligrosa”), o citan las películas caninas de Disney. Su mundo es muy humano, en torno a algo parecido a un bar, el Abrevadero, desagüe de una destilería de anís, administrado por una cantinera porteña —una boyera de Flandes, nada menos, feminista—, desde donde las indagaciones de Negro nos acercarán a tipos y lugares de la novela criminal: de las casas de los perros bien a los bajos fondos; de los chuchos de mala vida a los sobornables perros policía de la comisaría del barrio o de antinarcóticos; del cuartel general de la reina del tráfico de huesos, Tequila, una xoloitzcuintle mexicana escoltada por una tropa de matones colmilludos, a la Cañada Negra, el infierno exterminador de las peleas de perros.

Este mundo canino nos es familiar: perros de raza y perros sin papeles, carne de perrera e inyección letal; perros inmigrantes y perros neonazis con la esvástica en el collar; perros cobardes y perros valientes. La serie negra tiende a la impertinencia y Negro avisa, aprovechándose de su condición de cánido: a los animales “nadie nos exige ser políticamente correctos… somos seres irracionales… los perros somos machistas, oiga”. Arturo Pérez-Reverte mueve sus piezas de siempre con su dominio habitual y conduce a Negro a la Cañada Negra, al rescate de sus amigos. Lo esperan, duelo de gladiadores o de pistoleros en el Salvaje Oeste, tres choques, los tres obstáculos de los cuentos de hadas, cada vez más difíciles como en un videojuego, hasta el desenlace poco esperado de la pelea final.

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 13983
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Re: 'Los perros duros no bailan' (2018)

Mensaje por Rogorn » Mié May 16, 2018 9:22 am

Novela de lealtad a cuatro patas
Fernando Baudet - laopiniondemalaga.es - 13/05/2018

Ni intrigas de espías durante la Guerra Civil española, ni duelo de espadachines en un oscuro callejón del Madrid del Siglo de Oro español. Nada de eso encontraremos en la última novela de Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) que, sin embargo, es puro Pérez-Reverte. El reportero de guerra, periodista, académico y cada día más tuitero escritor murciano hace un alto en el camino iniciado hace dos años con la saga de novelas sobre Lorenzo Falcó (publicó 'Falcó' en 2016 y 'Eva' en el pasado 2017) para saltar a la arena con una obra que habla de lealtad, de personajes con un pasado turbulento, de la difícil línea que les separa de permanecer fieles o de hacer lo correcto, en un ambiente descarnado de peleas callejeras, en un mundo de extrarradio en pleno siglo XXI al que regresa Arturo Pérez-Reverte, a cuatro patas, con 'Los perros duros no bailan' (Alfaguara, 2018).

Porque la cosa va de perros. Nunca ha escondido el académico su pasión y admiración por el mejor amigo del hombre. En esta breve pero intensa novela, de apenas 160 páginas, el luchador retirado Negro, un cruce de mastín y perro de presa brasileño, lleva una tranquila vida como guardián de un almacén, del que algunas noches se escabulle para departir con su grupo de colegas en el abrevadero de Margot, el bar de la pandilla, para entendernos. La desaparición de dos de los integrantes de esta particular tropa obligará a Negro a volver sobre sus patas, a un pasado que creía haber dejado atrás, enfrentándose a sus fantasmas y volviendo al lugar que le convirtió en una leyenda: el Desolladero. Los perros duros no bailan es, en definitiva, una novela entretenida, dura en unas páginas, tierna y divertida en otras, y con esa curiosa sensación de percibir que esas sensaciones a ratos tan humanas nos las está narrando un peludo a cuatro patas que vive bajo la máxima de la lealtad y el compañerismo.

--

‘Los perros duros no bailan’ de Arturo Pérez-Reverte
César Coca - elcorreo.com - 15/05/2018

Dar voz a un animal, un perro en este caso, no es nuevo. Lo hizo Cervantes hace más de cuatro siglos, y estamos hartos de verlo en las películas de dibujos animados. En esta novela corta, Pérez-Reverte convierte en protagonista a Negro, un cruce de mastín español y fila brasileña, que participó en numerosas peleas organizadas para las apuestas y que logró salir con vida. Con no pocas marcas y ninguna confianza en muchos humanos, pero vivo.

Negro es un perro pero en su manera de pensar se parece mucho a los héroes de otras novelas de Pérez-Reverte: está cansado, tiene su propio código de lealtades y exhibe un escepticismo fundamentado en lo que ha visto y vivido. Por todo ello, cuando se entera de la desaparición de otros dos canes, decide salir a buscarlos. Uno suele adoptar poses de chulo de revista y el otro es un antiguo amigo con el que rompió su relación por una hembra. Pero su deber es tratar de encontrarlos y así lo hace.

A partir de ahí, encuentros indeseados, peleas a muerte, hallazgos felices y el eterno debate sobre el precio a pagar por la libertad. Esa es la materia prima de un relato en el que los diálogos son muy revertianos. Ahí están, en boca de esos perros, los grandes asuntos de sus novelas, vistos desde la óptica de lo que nosotros sabemos del comportamiento de esos animales. A veces, a todos nos gustaría que quienes nos rodean (o al menos algunos de ellos) se comportaran así.

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 13983
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Re: 'Los perros duros no bailan' (2018)

Mensaje por Rogorn » Mié May 16, 2018 11:05 am

'Los perros duros no bailan', de Arturo Pérez-Reverte
polillasalanochecer.blogspot - 12/05/2018

Esta es una historia de perros. Quiero decir, los protagonistas son perros, que piensan y hablan con lenguaje humano. Claro está, porque, de lo contrario, ¿cómo podríamos leer la historia? Aquí radica la primera dificultad en lo tocante a la verosimilitud, digamos de carácter metalingüístico. Si un perro cuenta su historia, pero ni entiende a los humanos, ni ellos a él (ni a los demás perros), ¿cómo es posible si quiera concebir una historia desde el punto de vista de un animal? Para posibilitar esa narración habría que crear un nuevo lenguaje, con su diccionario, su gramática, etc. Eso si pensáramos que ese lenguaje es posible concebirlo al estilo de los lenguajes humanos, por muy extraños o exóticos que nos resulten muchos de ellos. Así que, ¿cómo es posible imaginar un lenguaje inimaginable para un ser humano? Cuestiones parecidas se dejaban ver en la novela de Stanislaw Lem o en la de China Miéville que hemos reseñado.

Sin embargo, creo que Pérez-Reverte no se plantea estos dilemas, que por sí solos podrían haber abortado este proyecto literario. Más bien, una posibilidad es que sus referentes sea 'El coloquio de los perros', de Cervantes, en el que unos perros, asombrados, adquieren el don de la palabra y comienzan a dialogar entre sí. Eso, o las películas de Disney, por ejemplo, en el que todo ese problema de la verosimilitud se deja a un lado sin mayor problema humanizando a los animales, y así vienen Kimba, los amigos acuáticos de la Sirenita, Nemo, Bambi, etc. Eso, en cuanto al problema (yo lo considero tal) lingüístico. De fondo, y de manera no muy disimulada se hace referencia a 'La llamada de la selva/lo salvaje', de Jack London, con sus raptos de perros, peleas, lucha por la supervivencia, la nobleza y la crueldad de animales y humanos, la lucha por la vida, etc. Sin embargo, mientras en la novela de London, la narración era en tercera persona, a cargo de un narrador omnisciente, en 'Los perros duros no bailan' (referencia a la novela de Norman Mailer 'Los tipos duros no bailan', que tenía su punto macarra y cómico), la narración corre a cargo del personaje principal, Negro, en primera persona.

Ya les voy adelantando que la novela se lee rápido y fácil, sin mayores complejidades en cuanto a su estructura, lineal. Es el relato de unos hechos situados en el pasado, con un vocabulario coloquial o vulgar, y que no representa desafío alguno al lector; unos personajes que representan ciertas virtudes o tipos sociales, eso sí, muy humanos; y unas escenas cortas e intensas, bien resueltas, que no llegan a aburrir, aunque la historia, en su conjunto, no ofrece mayores sorpresas ni reflexiones originales, precisamente. Los diálogos también están bien perfilados y ágiles, aunque queda claro que ni los juegos de palabras ni los guiños literarios representan las mayores virtudes literarias del autor.

Lo malo es todo lo demás. Me explico: hay inconsistencias lógicas insoslayables. Si los perros sólo entienden a los humanos por el tono, no entienden las letras ni las palabras en los periódicos, etc., ¿cómo es posible no sólo que entre ellos hablen de personajes humanos como Espartaco o Hitler, sino que además manejen conceptos como el nazismo, comprendan el mismo devenir histórico pues conocen sus ancestros y las razas de los sucesivos cruces, distinguen nacionalidades (que no son sino divisiones culturales y físicas humanas), etc.? Albergo la impresión de que a Pérez-Reverte esos problemas son naderías, que lo que de verdad le importaba era crear algo parecido a una alegoría, en que la sociedad perruna fuera un trasunto simplificado o, algo peor, purificado, de la sociedad humana. ¿Qué quiero decir con purificado? Arriesgándome a hacer una teoría de la mente revertiana, pienso que el autor buscaba aislar los elementos básicos que motivan las acciones de las personas: valor, cobardía, venganza, lealtad, falsedad, por ejemplo, sustrayéndolos de la compleja maraña de relaciones, valores, constricciones, etc. de las sociedades modernas.

Sin embargo, en esa purificación, en ese destilamiento, lo que le queda, a fin de cuentas, es la violencia y el machismo. El perro-héroe tiende a minimizar su inteligencia y a valorar su capacidad para la violencia. Asimismo, uno de los perros que va a rescatar (ahí reside el motor de la trama: el rescate de amigos en apuros) se convertirá en un asesino, producto de su brutalización a manos de los humanos. El otro perro, que no tiene las cualidades para ser un perro de pelea, sin embargo logrará sobrevivir gracias a que lo convierten en un semental, cómo no. Por otro lado, las hembras apenas disfrutan de protagonismo, salvo para ser montadas placenteramente, dejándose ver apenas algún atisbo sentimental. La única perra con carácter, y que no deja montar, es, claro, una feminista resentida. Por supuesto, en esa minisociedad perruna, también hay una "putilla" (pág. 33) y un "maricón".

"Margot era, y lo sigue siendo, una perra resentida, áspera, feminista -ninguno de nosotros podía alardear de haberla montado nunca- y con muy mala leche". (pág. 17)

"Una de las ventajas que los animales poseemos sobre los humanos es que nadie nos exige ser políticamente correctos. Ahí jugamos en casa. Miren los monos: todo el día dale que te pego al manubrio o la coyunda, a su rollo, con los niños encantados en los zoológicos y los padres riendo la gracia. O sea, que los animales estamos a salvo de esa clase de gilipolleces. De momento, al menos. Nadie anda fiscalizándonos, y cuando se impone nuestra naturaleza tenemos la excusa de que somos, dicen, irracionales. (...) Si lo que le dijimos aquel día se lo dice un humano a una humana, el fulano acaba en comisaría a la media hora. Pero por suerte no éramos humanos. Los perros somos machistas, oigan. Faltaría más. Y a mucha honra". (págs. 26-27)

"Rudi, o Perlita, como prefería que lo llamaran, era un caniche gris perla de pelo rizado que iba siempre muy de peluquería, recortado en las patas y cardado en el rabo y la cabeza. Divino de la muerte, osea. Maricón de concurso. Su lado canalla lo llevaba a escapar con frecuencia de su casa -vivía con dos humanas que eran hermanas, solteronas y mayores- y a dejarse caer por el Abrevadero en busca de emociones fuertes. Lo volvían loco los perros callejeros sin raza ni escrúpulos, a los que pedía que lo azotaran con el rabo y lo llamaran perra". (pág. 58)

Supongo que algunos serán capaces de denominar a esto crítica social o, sin ir tan lejos, valentía o incorrección política. Habrá que ver dónde está la valentía en denostar a personas o grupos que han sido históricamente dominados, vejados y apaleados. Y lo siguen siendo. Se me podría acusar de injusto por establecer una igualdad entre el personaje Negro, el perro protagonista, y el escritor Pérez-Reverte. Uno no tiene por qué comulgar ideológicamente con el otro. Sin embargo, la lectura de algunos artículos del escritor y sus manifestaciones públicas sí que establecen las bases para afirmar, al menos, cierta conjunción. Ya lo valorarán Vds., por supuesto.

En fin, mi conclusión es que, si uno supera el tufo masculinista y el tópico del tío duro pero con corazón, se lee bien, con ritmo y vívidas escenas de acción, lucha y muerte. Incluso con sabor épico. Pero le queda a uno un regusto desagradable: es mucho superar. Este tipo de escritores que también escriben artículos de opinión, intervienen en tertulias, etc., y a los que, por tanto, se les califica a menudo de intelectuales, tienen su público, y numeroso. Un público antiguo para un autor antiguo, sin embargo. Representa Pérez-Reverte, a pesar de sus diatribas contra los políticos y la política, o por eso mismo, una vuelta a los valores de verdad, los buenos, sin tanta corrección política. En un mundo donde los usos y costumbres se han trastocado de tal modo que no es posible saber cómo desenvolverse, cómo ser sin ambigüedades, algunas personas piensan que lo ideal es volver a una época de certezas (que quizá nunca ha existido, salvo en su mente) cuando los hombres eran hombres y las mujeres, mujeres, cuando los conflictos se resolvían con un par de buenas hostias, mancillar el honor se pagaba con sangre y cosas así.

Es evidente que no todos los problemas se resuelven a base de deliberación democrática y empatía, que en muchas ocasiones hay conflictos de intereses, de suma cero, en los que el consenso es imposible. Para eso están las negociaciones, las soluciones de compromiso, etc. A veces, claro está, contra un régimen opresor, contra grupos que pretenden la dominación por la fuerza y la esclavitud, solo queda el legítimo recurso a la insurrección, pero de ahí a exaltar la violencia como un valor masculino y natural queda un trecho. Un trecho moral que, para muchos, por lo visto, es insalvable.

--

Una metáfora canina con la que Pérez-Reverte se humaniza
Miguel Serrano - eldebatedehoy.es - 08/04/2018

Arturo Pérez-Reverte invierte los papeles en 'Los perros duros no bailan'. Los animales se humanizan y los hombres se animalizan en una novela en la que la violencia y el abandono se entrecruzan con la libertad y la lealtad.

Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) no necesita introducción. Personaje polémico y controvertido, no tiene pelos en la lengua y dirige su afilada pluma contra todo aquello que no le gusta, sea lo que sea. Por eso mismo, ciertos sectores, tanto de la derecha como de la izquierda, están siempre alerta para criticar aquello que haga o diga. Su presencia en redes sociales ayuda a ello también, ya que el escritor y académico no elude jamás entrar al trapo en cualquier discusión. Publica ahora 'Los perros duros no bailan', una novela policiaca protagonizada por un perro. Esta premisa, quizá un tanto extraña, no debe sorprender a cualquiera que siga la cuenta de Twitter del novelista, en la que dedica buena parte de sus publicaciones a intentar dar acogida a perros abandonados y a criticar duramente a quienes maltratan y abandonan a sus mascotas. Tanto es así que uno de sus últimos libros es 'Perros e hijos de perra', una recopilación de artículos acerca de estos animales.

Lo reconozco. Me gusta Pérez-Reverte. A pesar de que no comulgo con muchas de sus ideas, he leído gran parte de sus libros y los he disfrutado. Soy especialmente aficionado a las aventuras del capitán don Diego Alatriste y Tenorio, sus empeños y desempeños por las Españas del siglo XVII. Me encantan los duelos y las maldiciones del viejo soldado desencantado pero leal, las apariciones de Francisco de Quevedo y las situaciones que describe, y espero con ansia el momento en que el escritor anuncie que está preparando la nueva entrega. Me gustaron también otras novelas como 'El húsar', 'La sombra del águila', 'El club Dumas', 'Territorio comanche' o 'El francotirador paciente'. Otras no me gustaron demasiado, como 'Un día de cólera' o 'Falcó'. Pero, por lo general, el saldo sale positivo. Así que sí, me gusta Pérez-Reverte. Y me ha gustado 'Los perros duros no bailan'. Sé que puede resultar un tanto problemático confesar algo así en los tiempos que corren, en los que la siempre alerta inquisición de la corrección política vela día y noche por que no se rompa la ortodoxia y que nadie se salga de la senda marcada.

Pero centrémonos en la novela. 'Los perros duros no bailan' es una novela negra protagonizada por Negro, un perro “mestizo, cruce de mastín español y fila brasileño”, un viejo luchador curtido en las peleas de perros clandestinos que consiguió retirarse y llevar una vida tranquila como guardián de almacén. La trama arranca cuando Teo, el mejor amigo del protagonista, desaparece junto a otro perro, y Negro inicia una búsqueda que lo llevará a los escenarios de su pasado, a los turbios asuntos de las peleas en la arena. El protagonista, por tanto, encaja perfectamente en la categoría de personaje revertiano, héroes rotos y destrozados que, por circunstancias de la vida, deben volver una y otra vez a la lucha. “No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente”. Esta primera frase de 'El capitán Alatriste' es la definición perfecta del héroe de sus novelas, y podría aplicarse perfectamente a Negro (con los cambios necesarios de “hombre” por “perro”).

Durante las (pocas) páginas de la novela, circula un mosaico de personajes curiosos, muchos de ellos entrañables, de múltiples razas, cada una de ellas con una caracterización precisa: una perra xoloitzcuintle mexicana narcotraficante (de nombre Tequila), implacable, fría y cruel, a la que Los Chuchos del Norte han compuesto un perrocorrido; la boyera de Flandes argentina Margot, que regenta el abrevadero, lugar de reunión y tertulia de los perros de la zona; el podenco filósofo y culto Agilulfo, que hasta cita en latín; el dóberman y los pastores belgas neonazis (los nombres de dos de ellos son Helmut y Degrelle); el teckel Mórtimer, simpatiquísimo y gracioso por su locura desmedida, que lo lleva a enfrentarse junto a Negro con los perros neonazis a los que odia y, tras la pelea, a partirse de risa, feliz por haber vencido… Pérez-Reverte siempre ha sido un escritor de personajes, y 'Los perros duros no bailan' es un buen ejemplo de ello.

Pero la novela es, claramente, una metáfora. No intenta en ningún caso describir fielmente la “psicología” canina, sino que traslada el mundo y el alma de los humanos al mundo de los perros. Los perros, así, se humanizan, al mismo tiempo que los humanos se animalizan. En efecto, aquí “el mejor amigo del hombre” parece serlo de forma injustificada. Los perros son leales, y esa es una de las características que más atraen a Pérez-Reverte, de forma puramente desinteresada y gratuita. Ya puede tener al mejor amo del mundo o a un canalla cruel que lo torture, el perro nunca lo va a traicionar. Sin embargo, se ven a menudo arrastrados a “un mundo siniestro, donde las reglas las establecían los humanos. Reglas crueles que violentaban la lógica. Que pecaban contra el código de la naturaleza”, en palabras de Negro (o del escritor, más bien).

El mundo de 'Los perros duros no bailan' muestra una dualidad clara: los perros, idealizados, siguen un código moral firme basado en una inamovible escala de valores, mientras que los humanos que aparecen son seres crueles y malvados. Sin embargo, Negro reconoce también que no todos los humanos son malos, por supuesto: hay “seres dignos que nos dan educación, amor y felicidad, y seres miserables cuyas virtudes no están a la altura de un buen chucho, villanos que envilecen nuestra vida y nos llevan a la tristeza, el abandono, la soledad, el horror y la locura”. A pesar de este pequeño matiz, la visión maniquea de la dicotomía perro/humano es uno de los puntos débiles del libro.

La novela contiene, además, un alegato firme en defensa de la libertad, de la necesidad de luchar para conseguirla y mantenerla, basado en el espíritu omnipresente de Espartaco, el gladiador rebelde que se echó al monte con un ejército de esclavos y desafió durante un tiempo a toda una potencia militar como era Roma, y que murió intentando conquistar su libertad. También cobra una relevancia fundamental otro valor: la lealtad, probablemente la característica más evidente de un perro, como ya se ha dicho. Negro es capaz de darlo todo por su amigo, de abandonar su cómoda vida y entrar al mismísimo infierno para encontrarlo. Y ese es, sin duda, uno de los mejores aspectos de la novela.

'Los perros duros no bailan' es una buena novela, muy ligera y entretenida, que combina el humor y la ironía con aspectos más serios y duros, como la amargura y la tristeza del perro abandonado o la violencia cruda de las peleas, una lectura breve que aporta alguna buena y bonita reflexión acerca de los perros, esos amigos de cuatro patas que tan a menudo sufren sin culpa las peores consecuencias de nuestros defectos. En definitiva, la novela canina de Pérez-Reverte es, al mismo tiempo, una de las más humanas.

--

Y los animales fueron más humanos que los propios humanos
Manuel Gris - yellowbreak.com - 12/04/2018

Hace poco un buen amigo preguntó por redes sociales si la siguiente afirmación era cierta: ¿no os parece que últimamente hay más escritores que lectores? Mi respuesta fue clara, sencilla y, como alguien que, modestamente, está algo metido en el mundillo y he leído de todo, por varios frentes y demasiados “estilos”, sin pelos en la lengua y con la verdad por delante: hay más gente que escribe y publica, pero no hay más escritores. Porque es cierto, y lo siento, pero ahora gracias (que no digo por culpa, cuidado) de que existen varios medios para autopublicar y casi cada mes sale una nueva editorial, el hecho de conseguir que el libro de quien sea esté en una librería prácticamente ha dejado de hacer ilusión. O al menos yo, de nuevo modestamente, no es lo que más me llena, o al menos ni una millonésima parte como hace 4 años, cuando publiqué por primera vez y me colocaron en el Fnac cerca de una obra del Escritor, en mayúsculas, del que he leído su última novela y que a continuación reseñaré (porque sí, esto es la reseña de un libro, no un artículo de opinión… bueno, al menos voy a intentarlo). Así que voy a hablar de un escritor de verdad, con todas las letras, de los que escasean, y de una obra que con apenas 160 páginas se merienda cualquier tocho tostón y subido a la cumbre por algún sequito de fans, y que, por descontado y fiel a su estilo, no deja títere con cabeza si sabe leerse entre líneas. Hablo de, por supuesto, el maestro Arturo Pérez-Reverte, y su 'Los perros duros no bailan'.

Como todo buen libro que se precie, hablar de él es un poco complicado si se pretende no estropear sorpresas, escenas memorables, conversaciones para enmarcar y, por supuesto, la motivación real de varios de los personajes, pero trataré de hacerlo lo mejor posible, porque no quiero que me matéis por estropearos esta historia que cala muy hondo. ¿Qué hablan, piensan, mueve a los perros en su día a día?, esa es una pregunta que todos los que hemos tenido a estos inolvidables compañeros en la vida hemos pensado y, por desgracia, nunca podremos saber a ciencia cierta, pero en Los perros duros no bailan el autor se atreve, como otros grandes escritores hicieron antes y a los que ha hecho referencia en las presentaciones que hasta ahora ha realizado, a introducirse en sus cabezas, y gracias al protagonista Negro (un perro mezcla de mastín español y fila brasileño), su mejor amigo Teo, Boris el guapo o Mórtimer (que es, en mi opinión y con perdón, un puto amo), descubriremos qué les preocupa y les quita el sueño, cómo aman, y lo que significa para ellos la justicia, el honor, la amistad y el odio (y que, como todos suponíamos, deberíamos aprender mucho de ellos).

Si hay algo que hace grande a una novela es el poder explicar algo sencillo, casi banal, otorgándole una complejidad única y que te transporta de la intriga al terror, después de la sorpresa a la risa y, cuando ya no puedes soltarlo, te regala una imagen final que no se te borrará jamás de la memoria. Y Arturo Pérez-Reverte, un escritor que se ha hecho a sí mismo a base de vivir, opinar y defender lo que siempre ha querido, y sin miedo al qué dirán ni buscar una palmadita de agradecimiento o falsas alabanzas, o respeto de cartón, ha vuelto a lograrlo gracias a su buen hacer y a su lenguaje limpio y respetuoso con la realidad que nos rodea, esa en la que muchos se llevan medallas solo por mentirse a ellos mismo y a los demás en el proceso, o donde se aceptan mentiras solamente para poder creerse dentro de un circulo podrido que, en realidad, no nos da más que falsas almohadas en las que dormir creyéndose a salvo y en casa.

Todo el mundo debería leer no solo esta novela, al gran Pérez-Reverte; quizá así, en algún momento, todos volváis a pensar por nosotros mismos y, también quizá, descubráis lo que de verdad queréis hacer con nuestra vida. Gracias, maestro. Gracias.

Responder