1311 - 19.08.2018 - Que todos queden atrás

Los artículos de la columna de Pérez-Reverte en ‘El semanal’ y otros escritos suyos

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Rogorn
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1311 - 19.08.2018 - Que todos queden atrás

Mensaje por Rogorn » Dom Ago 19, 2018 4:31 pm

QUE TODOS QUEDEN ATRÁS

Me lo comenta Javier Marías después de cenar, cuando se fuma el segundo cigarrillo en la terraza del bar Torre del Oro, en la Plaza Mayor de Madrid. Estamos sentados, disfrutando de la noche, cuando me habla del artículo que tiene previsto escribir uno de estos días. ¿Te has dado cuenta –dice– de que en los últimos tiempos está de moda destruir la imagen de cuantos hombres ilustres tenemos en la memoria? Pienso un poco en ello y le doy la razón. Pero no sólo en España, respondo. Ocurre en toda Europa, o más bien en lo que aún llamamos Occidente. Destruir a quienes fueron respetables o respetados. Derribar estatuas y bailar sobre los escombros. Es como una necesidad reciente. Como una urgencia.

Javier menciona nombres. No se trata ahora tanto, dice, de reivindicar a las muchas mujeres a las que la historia dejó en la oscuridad, ni de atacar a las conocidas, pues con ellas se atreven menos –aunque les llegará el turno–, como de ensombrecer biografías masculinas. Alfred Hitchcock, indiscutible genio del cine, pasó hace poco por eso: misógino, sádico, despótico. La película con Anthony Hopkins lo dejaba, además, como un idiota. De Gaulle tuvo lo suyo hace unos años, y ahora le toca a Churchill. El más brillante político de la Segunda Guerra Mundial, el que hizo posible que Europa resistiera a los nazis, aparece como un cretino en las películas que se han hecho sobre él.

Mientras damos un paseo antes de despedirnos, le paso revista a España. No se trata ya de Churchill, Hitchcock o De Gaulle, pues no los tuvimos; pero sí de quienes destacaron por sus actos o talla intelectual. Cierto es que en demoler reputaciones aquí tenemos solera: Olavide, Moratín, Jovellanos, Blasco Ibáñez, Unamuno, Chaves Nogales y tantos más. Incluso quienes fueron decisivos en la historia reciente: Suárez, Fraga, Carrillo, González. Pocos escapan a la máquina de picar carne, la necesidad de restar méritos, de rebajarlos según la tendencia, como dice Javier, de no admirar nunca a nadie. No se trata tanto de desmitificar como de destruir. Nada existe que no pueda ser violado, como decía Cicerón. Nadie merece ya respeto por su inteligencia o biografía. Cualquier analfabeto apesebrado en una formación política, cualquier cantamañanas nacido ayer, cualquier director de cine o periodista ágrafos hasta el disparate, cualquier tarugo con Twitter, cuestiona sin complejos a quienes ni podría rozar en talento, honradez o prestigio. Y acto seguido, centenares de imbéciles, tan ignorantes como él, asienten con la estólida gravedad de los tontos solemnes.

Tengo una teoría personal sobre eso. Y digo personal, así que no hagan responsable a Javier –en bastantes líos lo meto ya–, sino a mí. Del mismo modo que antes se admiraba a hombres y mujeres por su mérito, ahora unos y otros molestan. El talento incomoda como nunca. Los mediocres, los acomplejados, los bobos, necesitan que la vida descienda hasta su nivel para sentirse cómodos, y es destruyendo la inteligencia y ensalzando la mediocridad como están a gusto. En España, el talento real está penalizado. Convierte a quien lo posee en automáticamente sospechoso. De ahí a la nefasta palabra élite, tan odiada, sólo media un paso, claro. Y la palabra fascista está a la vuelta de la esquina.

¿Creen que exagero?… Echen un vistazo a los colegios, a los niños. Lo he escrito alguna vez: todo el sistema educativo actual está basado en aplastar la individualidad, la inteligencia, la iniciativa, el coraje y la independencia. En destruir a los mejores, con reproches incluidos a los padres: Luisa no habla con sus compañeras y prefiere leer, Alberto levanta demasiado la mano, Juan no juega al fútbol ni se integra en trabajos de equipo. Etcétera. Todo se orienta a rebajarlos al nivel de los más torpes, convirtiéndolos en rebaño sin substancia. No se busca ya que nadie quede atrás, sino que todos queden atrás.

Ganarán los mediocres, no cabe duda. Suyo es el futuro, y se nota mucho. A ellos pertenece un mundo que los imbéciles –ni siquiera hay malvados en esto–, asistidos por sus cómplices los cobardes, fabrican a su imagen y semejanza. Por eso es tan admirable el tesón de quienes resisten: chicos, profesores, padres. Los que se mantienen erguidos y libres en estos tiempos de sumisión, rodillas en tierra y cabeza baja. Los que siguen necesitando referentes a los que admirar, nutrirse de libros, cine, ciencia, historia, literatura y cuanto sirva para obtener vitaminas con las que sobrevivir en el paisaje hostil que se avecina. Lecciones inolvidables de inteligencia y de vida.

XL Semanal, 19 de agosto de 2018

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Rogorn
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Re: 1311 - 19.08.2018 - Que todos queden atrás

Mensaje por Rogorn » Mar Ago 28, 2018 9:10 am

Reverte y la posverdad asustaviejos
Gerardo Tecé - ctxt.es - 27/08/2018

'Patente de Corso' es la columna de Arturo Pérez-Reverte los fines de semana en la revista 'XLS' de 'ABC'. Hace un par de domingos, el intelectual y escritor de best sellers volvía a cosechar un nuevo éxito de público. 'Que todos queden atrás', se titulaba la pieza que, por contundente –este hombre no se muerde la lengua, te dicen cuando te mandan por whatsapp algo de Reverte–, volvía a ser viral entre una grandísima mayoría que, por algún motivo romántico, siempre prefiere creerse minoritaria.

En su artículo, Reverte nos introduce en una charla que mantuvo durante una cena con su amigo, el también intelectual Javier Marías. Ambos reflexionaban sobre la última moda de este dichoso tiempo que les ha tocado vivir. La moda consiste en destruir las figuras, hasta ahora respetadas, de “hombres ilustres”. No es desmitificar, sino destruir; no es reivindicar a las mujeres a las que la Historia dejó en la oscuridad, sino ensombrecer biografías masculinas, se quejaban los ilustres comensales. Desde Hitchcock (acusado de misógino) a De Gaulle, pasando por Churchill en el ámbito internacional. Suárez, Fraga, Carrillo o González como ejemplos de la persecución local más reciente. ¿El motivo de esta moda? Los imbéciles, mediocres y bobos necesitan destruir la inteligencia para sentirse bien, despacha Reverte. Al parecer esta moda no es casual, sino aprendida en el colegio: allí se busca que todos los niños queden atrás, y los inteligentes son perseguidos. Esto, según Reverte, provoca finalmente que cualquier memo con acceso a Twitter se crea en disposición de discutir a esos grandes hombres ilustres. El mundo, otro domingo más, se va a la mierda.

Desde hace unos años, cada vez que llega a mis manos –mira, mira, verdades como puños– algo de Reverte, me pasa lo mismo: una y otra vez me pregunto cómo es posible que el escritor capaz de describir con perfección de cirujano el gesto facial de uno de sus personajes o el ambiente de una callejuela pueda ser tan desastrosamente mediocre a la hora de describir un cambio de tiempo desde su púlpito de intelectual oficial. La respuesta a la que llego es siempre la misma: o no lo entiende, o lo que es peor y más probable, no quiere entenderlo. No querer entender un cambio social, un cambio de tiempo con nuevas preocupaciones y necesidades, es el mayor pecado que puede cometer alguien que tiene como oficio ser intelectual. El equivalente en un médico sería una denegación de auxilio. O mirar para otro lado ante la comisión de un delito en el caso de un poli. Imperdonable. Reverte lleva así años. Con gran éxito.

Es imposible encontrar, en los Arturos Pérez-Reverte y en los Javieres Marías de turno, intelectuales de referencia para esa inmensa mayoría que se siente minoritaria, algo de luz arrojada sobre el tiempo de cambio. Nada. Todo son lloros. Uno no da, por mucho que busque en la producción crítica de estos intelectuales, ni un leve acercamiento a una reflexión tan básica y necesaria para entender lo nuevo, como que en tiempos de cambio el tiempo anterior es obligatoriamente revisado. Y con él los referentes que lo definían. Y no pasa nada. No hay que asustarse. Ha pasado siempre a lo largo de la historia. No es ni nuevo, ni es culpa de la ESO, ni de “los bobos” con Twitter, que ahora tienen la voz que en otro tiempo sólo tenían los revertes. Uno no encuentra, por mucho que busque y rebusque en las columnas de los revertes, una mirada que ilumine –esa mirada que teóricamente justifica el sueldo de un intelectual– el porqué de las reivindicaciones del feminismo. Nada. Todo es catenaccio, juego a la defensiva. El médico desmayándose indignado al ver una urgencia, el poli corriendo despavorido al ver un delito.

Con demasiada frecuencia, la especialidad de estos intelectuales es la posverdad asustaviejos. Madre mía cómo está el mundo, en los colegios no es que haya un problema de recursos, es que a los niños se les enseña a quedar atrás y se persigue al listo (cualquier profesor se lo confirmará sin matices). No es que el feminismo tenga todo el derecho a poner su mirada desde una perspectiva igualitaria sobre Hitchcock o sobre cualquier autor que le dé la gana, es que los hombres ilustres están perseguidos (no hay día en el que las brujas no hagan una hoguera con 'Psicosis' o 'Crimen perfecto' en la plaza mayor). No es que las mujeres revisen el lenguaje porque la lengua genera realidad y la de ahora no es justa, es que están histéricas estas bobas. No es que un nuevo ciclo político requiera analizar de forma crítica el idealizado tiempo anterior, es que los ilustres padres de la democracia son atacados. ¡Que alguien me alcance una espada, que hay un memo tuitero manchando el nombre de Sir Winston Churchill!

La posverdad asustaviejos funciona de maravilla. Cualquier texto de los intelectuales asustaviejos corre como la pólvora entre el gran público, reacio ante lo que no entiende y sus intelectuales no les explican. Observen ustedes, queridos lectores, la esbelta estatua ecuestre de este hombre ilustre al que los memos quieren tumbar y las feministas quieren castrarle la espada. Viven cómodos ahí y es una lástima. El tiempo pasará. Los referentes, como siempre ha sucedido, serán revisados –que no destruidos– y se les pondrá en un nuevo lugar. Otras y otros ocuparán el sitio que tenían. Y si todo va bien, en décadas las nuevas referencias también serán revisadas y cambiadas. Es sano. Sin girar, el mundo estaría muerto. No hay que asustarse por las novedades sociales, ni culturales, ni de lenguaje. Cuando la posverdad asustaviejos ya no funcione, será divertido revisitar las columnas de los intelectuales de este entretiempo que nos ha tocado vivir. Entonces, tal vez, en lugar de intelectuales, seremos tan malvados y memos que los llamaremos señoros. Puede que la RAE lo acepte. Señoro: dícese del hombre ilustre que, dedicándose al oficio de alumbrar, entendió como agresión el cambio y se aferró al pasado, dejándole vía libre a los memos con Twitter.

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agustinadearagon
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Re: 1311 - 19.08.2018 - Que todos queden atrás

Mensaje por agustinadearagon » Lun Oct 15, 2018 2:37 pm

El que habla de postverdad asustaviejos, pues él mismo no entiende que el cambio de tiempos no tiene porqué ser a mejor, y por ende necesita la queja, y la resistencia.

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