1316 - 23.09.2018 - Mariconadas

Los artículos de la columna de Pérez-Reverte en ‘El semanal’ y otros escritos suyos

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Rogorn
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1316 - 23.09.2018 - Mariconadas

Mensaje por Rogorn » Dom Sep 23, 2018 2:59 pm

MARICONADAS

La semana pasada me autocensuré. No es frecuente y me costó, pero lo hice. Escribí un párrafo y al releer el artículo volví sobre él, dándole vueltas. Había escrito: "Respondí que una gabardina corta, amén de poco práctica, era una mariconada". Y la mirada de veterano, la de los mil metros, tropezaba en la última palabra. Son muchos años y mucha tecla. Da igual, concluí tras un rato, que en los veinticinco años que llevo escribiendo esta página haya hablado siempre con afecto y respeto de los homosexuales y sus derechos, antes incluso de la explosión elegetebé y otras reivindicaciones actuales. Que les haya dedicado artículos como un remoto 'Yo también soy maricón' o el 'Parejas venecianas' que figura destacado en numerosas páginas especializadas. Pese a todo, me dije, y conociendo a mis clásicos, si dejo "mariconadas" en el texto la vamos a liar, y durante un par de días todos los cantamañanas e inquisidores de las redes sociales desplegarán la cola de pavo real a mi costa. Tampoco es que eso me preocupe, a estas alturas. Pero a veces me pilla cansado. Me da pereza hacer favores a los oportunistas y los idiotas. Así que, aunque no sean sinónimos, cambié "mariconada" por "gilipollez", y punto.

Luego me quedé pensando. Y como pueden comprobar, aún lo hago. Censura exterior y autocensura propia. Ahora lamento haber cedido. Llevo en el oficio de escritor y periodista medio siglo exacto, tiempo suficiente para apreciar evoluciones, transformaciones e incluso retrocesos. Y en lo que se refiere a libertad de expresión, a ironía, a uso del lenguaje como herramienta eficaz, retrocedemos. No sólo en España, claro. Es fenómeno internacional. Lo que pasa es que aquí, con nuestra inclinación natural a meter la navaja en el barullo cuando no corremos riesgos –miserable costumbre que nos dejaron siglos de Inquisición, de confesonario, de delatar al vecino porque no comía tocino o votaba carcundia o rojerío–, la vileza hoy facilitada por el anonimato de las redes sociales lo pone todo a punto de nieve. Nunca, en mi larga y agitada vida, vi tanta necesidad de acallar, amordazar a quien piensa diferente o no se pliega a las nuevas ortodoxias; a lo políticamente correcto que –aparte la gente de buena fe, que también la hay– una pandilla de neoinquisidores subvencionados, de oportunistas con marca registrada que necesitan hacerse notar para seguir trincando, ha convertido en argumento principal de su negocio.

Y que quede claro: no hablo de mí. A cierta edad y con la biografía hecha, cruzas una línea invisible que te pone a salvo de muchas cosas. Un novelista o un periodista a quien sus lectores conocen puede permitirse lujos a los que otros más jóvenes no se atreven, porque ellos sí son vulnerables. A Javier Marías, Vargas Llosa, Eslava Galán, Ignacio Camacho, Juan Cruz, Jorge Fernández Díaz, Élmer Mendoza y tantos otros, nuestros lectores nos ponen a salvo. Nos blindan ante las interpretaciones sesgadas o la mala fe. Nos hacen libres hasta para equivocarnos.

Sin embargo, escritores y articulistas jóvenes sí pueden verse destrozados antes de emprender el vuelo. Algunos de mis mejores amigos, de los más brillantes de su generación y con ideas políticas no siempre coincidentes entre ellos –eludo sus nombres para no comprometerlos, lo cual es significativo–, se tientan la ropa antes de dar un teclazo, y algunos me confiesan que escriben bajo presión, esquivando temas peliagudos, acojonados por la interpretación que pueda hacerse de cuanto digan. Por si tal palabra, adjetivo, verbo, despertará la ira de los farisaicos cazadores que, sin talento propio pero duchos en parasitar el ajeno, medran y engordan en las redes. Hasta humoristas salvajes como Edu Galán y Darío Adanti, los de Mongolia, valientes animales que no respetan ni a la madre que los parió, meten un cauto dedo en ciertas aguas antes de zambullirse en ellas. Y así, poco a poco, fraguamos un triste devenir donde nadie se atreverá a decir lo que de verdad quiere decir, sea o no correcto, sea o no acertado, sea o no la verdad oficial, ni a hacerlo de forma espontánea, sincera, por miedo a las consecuencias.

Y bueno. Qué quieren que les diga. No envidio a esos escritores y periodistas obligados a trabajar en el futuro –algunos ya en el presente– con un inquisidor íntimo sentado en el hombro, sopesando las consecuencias sociales de cada teclazo. Porque así no hay quien escriba nada. Lo primero que desactiva a un buen periodista, a un buen novelista, a cualquiera, es vivir con miedo de sus propias palabras.

XL Semanal, 23 de septiembre de 2018

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Rogorn
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Re: 1316 - 23.09.2018 - Mariconadas

Mensaje por Rogorn » Mié Sep 26, 2018 2:43 pm

Pérez Reverte y sus… “mariconadas”
Luis Miguel Sargento - piensaespana.wordpress - 26/09/2018

El domingo estaba yo en mi bar de referencia, cuando vi una revista en la barra, era la 'XL Semanal'. Nada más abrirla, en las primeras páginas, había un artículo de opinión de Arturo Pérez-Reverte titulado 'Mariconadas', al leer tal título por tal autor casi me atraganto con la Budweiser que me estaba bebiendo. En dicho artículo el creador del mítico investigador Lorenzo Falcó venía a decir que un artículo que estaba escribiendo cambió la palabra “mariconada” por “gilipollez” y que se arrepentía de haberlo hecho porque cree que eso es libertad de expresión. Dice que los escritores noveles no usan esos términos por el miedo a lo que les pueden decir en las Redes Sociales. Asegura que escritores como él o Javier Marías o Vargas Llosa no se autocensuran porque tienen su carrera hecha, pero que escribir una palabra como “mariconada” para un autor novel puede suponer el fin de su carrera…

Y aquí entro yo como escritor y “maricón”:

Estimado Arturo, (no se tome en serio lo de “estimado”), las generaciones cambian y lo que antes era un adjetivo, ahora ya no tiene por qué serlo. Si nos paramos a pensar, “coñazo” hace referencia a algo malo y “la polla” hace referencia a algo bueno… Un poco sexista, ¿no? A lo que vamos, decir que una gabardina corta es una mariconada puede ofender a los que llevan esa gabardina y, por supuesto, al colectivo gay. ¿Llevar gabardina corta es de maricones? ¿Llevar camisa a cuadros es de hombretón? ¿Llevar bolso es solo de mujeres? Joder, Arturo, te tenía por un hombre más inteligente y más avispado. Calificar es algo que hay que saber hacer muy bien y tú, querido Reverte (tampoco te tomes en serio lo de querido), no sabes. Los escritores modernos somos más tenaces, más dañinos y mejores sin la necesidad de usar adjetivos calificativos que dejan en vergüenza a algún colectivo. Como gay claro que me ofende que se use ese calificativo, pero como Pérez-Reverte se siente un dios intocable tiene los santísimos bemoles de usarlo y luego decir que la gente se ofende muy rápido y que no hay libertad de expresión…

Apreciado Arturo (esto tampoco, ¿eh?), tu artículo sí que es una gilipollez.

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Sobre mariconadas: a la atención de Pérez Reverte
Luis Benjamín Victoria Navas - correodelatarde.es - 26/09/2018

Hace pocas horas llegaba a mis manos un conciso alegato en defensa de la libertad de expresión, un artículo de Arturo Pérez-Reverte titulado 'Mariconadas' que, de forma bastante razonable, presentaba la necesidad de atender de una forma más profunda a distintos procesos socio-lingüísticos que están llevando a un “retroceso” en cuanto a libertad de expresión se refiere. El artículo se centra, específicamente, en el proceso por el que el autor se autocensura a la hora de escribir la palabra “maricón”. No debería usted agobiarse tanto, al fin y al cabo, es un adjetivo afectuoso avalado desde el Ministerio de Justicia.

Puedo llegar a empatizar con algunos de sus argumentos. Toda mi vida he vivido rodeado de periodistas, comprendo perfectamente la defensa de la libertad de expresión como mecanismo garante de las libertades, del debate, del diálogo. Entiendo todas estas necesidades, y la presencia de su “tecleo” como un mal necesario, pero creo que aquí hay algo más: una mirada largo tiempo admirada y, por fin, denostada. Entiendo que la indignación del resto sea el gasoil que alimenta su pluma, sentirse un provocador incomprendido después de los 60 debe ser un buen filón para conectar con el público que estudió empresariales teniendo como referente a Mario Conde.

Déjeme aclararle algo: usted no es maricón, usted no es mujer, usted ni alcanza a comprender la realidad del precariado: usted es una sombra del pasado, un hombre blanco, hetero, cis, de clase media-alta y de más de 60 años, sin más méritos que una carrera profusa y un manido estilo literario. Usted puede apropiarse de esas categorías, decir “yo también soy maricón”, pero ese enunciado requeriría de la experiencia de un estigma del cual puedo afirmar que carece.

Ahora seré yo quien escriba sin autocensura: es usted un jodido Henry Miller a la española, un autor decimonónico que de forma magistral nos muestra las dificultades que tiene, para la prosa del siglo pasado, adaptarse a una realidad social que ya no ampara, contextualmente, sus constantes pajas intelectuales a costa del otro. Una polla blanca que, impulsada por un narcisismo ilustrado, se sienta sobre el púlpito de las letras para escribir sobre el mundo, sin siquiera interesarse en conocer en qué se ha convertido la lengua que habita. No es que neguemos u ocultemos su visión del mundo, es que nos hastía. Nadie teme ya la crítica que arrojan sus regurgitaciones y significantes vacíos, simplemente es otro ególatra al que soportamos.

Entiendo el choque que debe suponer, para alguien que nunca ha tenido que dar cuentas, ser consciente de que lo que dices sólo interesa al sector más rancio de la sociedad (no debe ser agradable verse obligado a formar pandilla con Pío Moa). Lo que peligra aquí no es la libertad de expresión, lo único que se critica es que sean siempre los mismos los que tengan la posibilidad de expresarse. Usted no es maricón, usted no es alcohólico, usted no es homosexual, y usted nunca será un genio, porque, por mucho que lo intente, usted está muy lejos de parecerse a Truman Capote.

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Rogorn
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Re: 1316 - 23.09.2018 - Mariconadas

Mensaje por Rogorn » Jue Sep 27, 2018 6:55 pm

Sincronicidad no políticamente correcta
Pedro Lechuga Mallo - lanuevacronica.com - 27/09/2018

Este fin de semana un colega riojano compartía entre varios compañeros de profesión el último artículo de opinión de Arturo Pérez-Reverte, que llevaba por título ‘Mariconadas’. Ante este encabezado nadie, ni seguidores ni acérrimos enemigos, puede pasar de página sin averiguar por qué esa palabra de cinco sílabas aparecía impresa en negro sobre blanco. El periodista de guerra, que tiene ahora más enemigos, sobre todo virtuales, que cuando corría entre las balas por la ya extinta Yugoslavia, se lamentaba de haberse autocensurado en uno de sus escritos y cambiar ‘mariconada’ por ‘gilipollez’, para así evitar el fusilamiento del que sería víctima en las redes sociales.

Como él mismo reconocía, él podría permitirse escribir esta expresión, son las ventajas de venir de vuelta de todo y de tener ya un prestigio consolidado, pero el problema es cuando otros compañeros de pluma, sin todavía el futuro garantizado, se tienen que convertir en su propia Santa Inquisición y censurarse a ellos mismos con un único objetivo, la supervivencia. Coincido con Pérez-Reverte en que hemos llegado a una sociedad tan políticamente correcta que en ocasiones peca de convertirse en una dictadura en relación al lenguaje. Y ya sabemos lo que ocurre con las dictaduras, que aquellos que no comulgan con su credo son repudiados o eliminados. En ocasiones nos convertimos en propios guiris cuando hablamos en castellano, ya que tenemos que pensar lo que estamos diciendo para no herir ningún tipo de sensibilidad. Si continuamos así llegará un momento en el que ya no se podrá hablar ni escribir para que la asociación de amigos de las calabazas ni la plataforma en defensa de los mosquitos asiáticos puedan liderar una campaña que te ponga en el punto de mira.

Y mientras seguía dándole vueltas al artículo de Arturo Pérez-Reverte y a sus ‘Mariconadas’, escuché a nuestra ministra de Justicia Dolores Delgado diciendo la palabra ‘maricón’ para referirse ya no sé a quién. Ha habido tantos comunicados y rectificaciones a sus propios comunicados desde el Ministerio de Justicia, que ahora ya no sé cuál creer. Si el primero que decía que no hablaba de su compañero Grande-Marlaska o el que indicaba que sí se refería a él, pero que fue una expresión sacada de contexto. Lo único que tengo claro en este asunto es que no me gustaría estar en el pellejo de los responsables de comunicación de este Ministerio, en el que por cierto hace unos días y antes de este suceso, su anterior responsable fue cesado de su puesto por falta de confianza por un tema similar de donde dije digo, digo Diego.

Si antes de hacerse públicos los audios de esta comida privada, le hubieran preguntado a la ministra si en alguna ocasión había llamado ‘maricón’ a su compañero de Gobierno quizás hubiera dicho que no, porque como es lógico no se acordaría de su conversación con Villarejo y Garzón, entre otros, de hace nueve años. Que el comentario fue desafortunado, creo que nadie lo puede poner en duda. Eso sí, estos dos casos nos pueden servir para reflexionar sobre dónde está el límite en cuanto a la utilización del lenguaje, ya que es cierto que las palabras tienen un gran poder y por eso hay que ser cauto en su utilización y en los foros donde se emplean. También influye mucho quién es el emisor, lo que demuestra que las palabras tienen una serie de definiciones y connotaciones, pero que éstas también varían según la intencionalidad con las que se dicen. Todavía recuerdo cuando el futbolista camerunés Eto’o dijo que «correría como un negro para vivir como un blanco». Quedó como una frase anecdótica sin más importancia. ¿Pero qué hubiera pasado si ese mismo mensaje lo hubiera pronunciado un compañero del Barcelona, eso sí, blanco?

Tanto el hecho de las ‘mariconadas’ de Pérez-Reverte como el del ‘maricón’ de Dolores Delgado deben hacernos meditar sobre el poder de la palabra y del lenguaje, que nunca debe ser utilizado para insultar y menospreciar a nadie intencionadamente, pero sin olvidarnos que la unión de las letras del abecedario no es una suma matemática que siempre da el mismo resultado, porque el lenguaje es mucho más complicado que esto, y quizás eso es lo que le haga tan especial y nos permita jugar, por ejemplo, con la ironía y el humor, y una palabra que a veces tiene connotaciones positivas convertirla en negativa y a la inversa.

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Rogorn
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Re: 1316 - 23.09.2018 - Mariconadas

Mensaje por Rogorn » Dom Sep 30, 2018 11:02 pm

Una broma
Nacho Abad - diariodeleon.es - 30/09/2018

Tuve hace años, cuando era obrero en una cadena hotelera, un compañero que estaba en el comité de empresa y que no se atrevía a defender nuestros derechos porque aquello cabrearía a los jefes. En las reuniones con la dirección medía cada una de sus palabras. Tenía miedo a ser reivindicativo y no condescendiente. Cuando se lo reprochábamos, nos decía que los sindicalistas no tenían por qué morder la mano que les daba de comer. Si hubiera sido escritor, diríamos que se autocensuraba, pero como era camarero, le llamábamos cobarde. Autocensura es un término inventado en alguna redacción para descargar la responsabilidad de la propia cobardía, cuando en realidad no es otra cosa que dejarse vencer por el miedo.

La semana pasada Pérez-Reverte publicó un artículo para denunciar que algunos de sus colegas más jóvenes, «de los más brillantes de su generación» se pensaban dos veces usar algunas palabras ante el temor de ser linchados. Linchados, aclaro, digitalmente. Algunos declinaban incluso tratar ciertos temas. Para mí, por mi experiencia, la cobardía y la estupidez suelen darse a la vez, en las mismas personas. Así mismo los escritores a los que admiro son inteligentes pero también valientes: su oficio es arriesgar. La literatura que hemos heredado sobrevivió a campos de concentración, a tiranos, inquisidores, a la ceguera de las religiones, asesinos de masas, al poder y sus mentiras. Escribir ha sido siempre arriesgarse a decir lo que no se debe decir, lo que cualquiera de los poderes no quiere que se diga. ¿Y las mentes más brillantes de mi generación tienen miedo de algunos insultos en las redes sociales? Esto tiene que tratarse de una broma. Si un amigo me confesara que no trata ciertos temas por miedo a que le insulten, le recomendaría que buscara otro oficio, aunque su actitud, con toda probabilidad, le diese mucho éxito en algunos medios. ¿No será que sus amigos son en realidad, don Arturo, unos pobres chicos asustados? Cobardes y estúpidos. Cabe preguntarse cómo ha llegado usted a pensar que eran los más listos de la clase, cómo han llegado ellos a ser columnistas de prensa. Yo también me pregunto cómo aquel camarero que sólo era capaz de representar a su propia cobardía se sienta ahora en la ejecutiva de un poderoso sindicato.

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agustinadearagon
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Re: 1316 - 23.09.2018 - Mariconadas

Mensaje por agustinadearagon » Lun Oct 15, 2018 11:15 am

Hasta el coño de los "ofendiditos"

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