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José Luis Márquez León
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Autor Mensaje
Rogorn
Capitán


Registrado: Feb 01, 2007
Mensajes: 10642
Ubicación: Campeón del Mundo

MensajePublicado: Sab Mar 03, 2012 11:07 am    Asunto: José Luis Márquez León Responder citando

Materiales varios sobre Arturo Pérez-Reverte y José Luis Márquez

1995

-¿Echa de menos el reporterismo?
-Echo de menos una cierta forma de vida. Anoche estuve con Márquez, con mi cámara, emborrachándonos hasta las tantas, y se lo decía a él. No echo de menos informar. Echo de menos a mis compañeros, el ambiente. Pero si me siento encerrado, me voy 11 días a navegar, pongo rumbo a Sicilia, y cuando me canso, me vuelvo. Uno no puede olvidar una forma de vida de tantos años. Pero si me entra el mono, me pagaré yo el viaje y me iré a cubrirlo para algún periódico. Pero yo nunca más haré información. He hecho ya muchas Chechenias.

1996

También en Territorio comanche se lee: "La guerra de verdad fue Kukunjevac; cielo gris, soldados moviéndose por la carretera, tristeza inmensa, soledad. Tenía la certeza absoluta de que ese día Márquez había sido feliz". Y en otro momento, Pérez-Reverte escribe: "Todo cuando los hombres echaban en falta, él [Márquez] lo encontraba en la guerra". Este tipo de consideraciones, unidas a su confesada añoranza de valores como el sentido del honor, la palabra dada, la patria, la fe religiosa, pero no de otros, como la justicia o la solidaridad, sugieren a un autor amante de la valentía, de lo que se consideran viejas virtudes masculinas que salen a flote en la confrontación y hasta en la batalla. Le digo si no habrá mitificado la guerra, que sus valores los suscribiría, por ejemplo, un legionario Él se enfada, no está de acuerdo y asegura que quien lo diga se equivoca. Al plantearle la paradoja de que acaso la guerra provoque en algunas personas una dualidad de sentimientos -hay gente que reconoce que un tiempo de guerra fue casualmente la época más feliz de su vida-, expone su punto de vista: "La guerra produce una sensación de desarraigo muy especial. En la guerra, la familia, los jefes, los amores, los odios, desaparecen, se difuminan. De pronto te encuentras solo ante el hecho brutal. Es como si la guerra te liberase de todo aquello que te ata y como tal te hace vulnerable en lo personal, en lo sentimental. La guerra te limpia la cabeza y te libera. Te hace huérfano y libre. Nadie va a ocuparse de ti, pero nadie va a darte el coñazo. Y entonces sientes una serenidad nueva, que nace de la aceptación de que el mundo es así. De esa lucidez es de lo que se trata. "Pero odio las guerras, conocerlas me ha servido para odiarlas, y a los generales que las hacen. Pero hay algo de lo que tengo nostalgia; un mundo en el cual uno tenía cosas por las que... Echo en falta la fe. Me gustaría creer en Dios, en la patria, en los políticos, en el amor, en la solidaridad de los pueblos, en las barricadas de Octubre del 17, en la Revolución Francesa. Echo en falta la ingenuidad que hacía que si a mí me mataban en la guerra de Annual, mi madre dijera: ha ido al cielo, o ha muerto por la patria, y se consolara".

Luego asegura que en la guerra aprendió que el serbio que dispara contra la cola del pan no es un serbio malo, sino el lado oscuro de ti mismo. La guerra es conocimiento y escuela personal, pero, y quiere que esto quede claro, la detesta. Prefiere a un mercenario antes que a un general. Siempre prefiere a un mercenario bien pagado antes que a un voluntario entusiasta. Porque el voluntario te dice: perdón, es que tengo que ir a ver a mi familia, y te dejo tirado. El mercenario bien pagado, mientras dure tu contrato, te sirve.

1996

-Estuvo al borde de la muerte en innumerables oportunidades, con salvadas providenciales, en muchos casos. Si no, escuchen esto: "Una vez en Sarajevo, Franz -que era otro periodista extranjero- y Barlés se fueron de la mesa de edición 30 segundos antes de que una granada estallara junto a la ventana regando la habitación de esquirlas de metralla. Pierre -otro periodista- compuso, con música de un chotis proporcionada por Márquez una canción sobre eso: "El día que Televisión Española se levantó a mear, etc., etc." ¿Fue así, realmente?
-Fue así, realmente. Después mandamos las imágenes a televisión, y allí, en el telediario, estaba toda la habitación... Pero eso es cosa de suerte que hay, otra gente no ha tenido tanta suerte. Solamente en Yugoslavia han muerto 56 periodistas, y muchos de ellos buenos amigos. Pero ese fue un día de suerte; cayó cuando ya no estabamos allí.

-Otro de esos momentos fuertes para Arturo Pérez-Reverte fue con un avión que lo sobrevoló. ¿Un avión serbio?
-Sí. Eso fue en Vukovar, en el año 91, me parece. En el 91, sí.

-Es imponente cómo describe el escritor ese encuentro, desde el aire, con ese personaje allí abajo y la mirada del piloto, que se veía.
-Sí, volaba muy bajo, como no había defensa antiaérea, ni había nada porque estaban en plena retirada los croatas, pues la aviación serbia volaba impunemente, muy bajo, volaba bajísimo. Y ese avión me encontró cuando iba por una zona desierta, una zona sin ningún tipo de resguardo. Lo vi que venía y me quedé parado mirándolo, allí. Y, el piloto vio una silueta, giró un poco el ala del avión y en ese momento vi la silueta del piloto en la carlinga y él me miraba a mi. Fue un momento... Yo me quedé paralizado, allí, llevaba unas baterías en las manos para la cámara de Márquez y me quedé quieto, mirándolo pasar. Esa escena es una escena absolutamente... No sé. Fue una de las cosas más raras y más extrañas que he visto en mi vida. Ver al piloto que me pudo matar, me miró, hizo así y siguió volando. Es un recuerdo más.

-Uno de los grandes protagonistas, también, de esta novela, por supuesto, es el famoso puente. El puente, que tiene un nombre que, seguramente, Arturo Pérez-Reverte va a pronunciar mucho mejor que yo. ¿Cómo se dice? ¿Bijelo?
-Allí las jotas las pronuncian 'i'.

-Y, justamente, ese puente los acompaña, a él y a su cámara, José Luis Márquez, a lo largo de toda la historia en la medida que están pendientes de la filmación, de la grabación de ese puente cuando estalle, cosa que ha sido, un poco, la obsesión del camarógrafo Márquez, cuenta Pérez-Reverte en su novela, a lo largo de toda su presencia allí, en plena guerra. Varias veces se les ha escapado esa imagen, y en este caso tratan de capturarla. Es el argumento, yo no les voy a contar cómo termina, tienen que leer el libro. Y eso se va combinando y mezclando con las historias a lo largo de toda esta novela.
-De todas formas, en la guerra no todo es riesgo ni peligro, ni cosas de esas. Aunque parezca raro, también hay buenos ratos. Conseguir una botella de algo, o poder comer con los amigos o mandar una buena crónica y que te digan: "Oye, que ha valido", que te digan de Madrid, esos son momentos muy gratos.

-Me interesa, también, presentarles y describir a otro de los personajes protagonistas, fundamentales de esta historia. Este libro está dedicado a José Luis Márquez, que aparece a lo largo de todo este relato como camarógrafo junto a Barlés, en la ficción. ¿Quién es José Luis Márquez?
-Pues es un cámara, considerado entre los cinco o seis mejores cámaras de guerra del mundo, que tiene la desgracia de en vez de ser norteamericano y trabajar para la WIT, para la NBC o para la CNN, haber sido latino, español y trabajar para Televisión Española, entonces, bueno, vive el hombre con un sueldo exiguo, como siempre, y se juega la vida por cuatro duros ya que en otros lugares es más reconocido. Pero, para reparar esa injusticia, al menos en lo moral, decidí escribir este libro y dedicárselo a él. Dedicarle el libro este a él, como homenaje, sobre todo, a ése que nunca sale. Yo salía y a mi me conocen y me dicen: "Ah, usted es Reverte, el de la guerra de El Golfo, el de tal", pero él, que siempre está detrás de la cámara, nunca nadie le conocía su cara. Que por lo menos conocieran bien su nombre.

-Dice el escritor, a propósito de Márquez: "A Márquez no le gustaba que Barlés ayudase a los equipos de rescate porque se metía en cuadro y estropeaba el plano. A Márquez las lágrimas no le dejaban enfocar bien, por eso no lloraba nunca cuando sacaban de los escombros niños con la cabeza aplastada aunque, después, pasara horas sentado en un rincón sin abrir la boca. Márquez era rubio, pequeño y duro, con los ojos claros, y las tías lo encontraban atractivo", también es parte de su definición. Más adelante, también en este libro, a propósito de Márquez y del puente: "Se había convertido para él en una obsesión, como cuando en Bagdad se subía a un piso alto del hotel Rashid y pasaba horas al acecho para filmar el paso de un misil de crucero. Después, le daba igual que la imagen se emitiera o no, porque el suyo era simple impulso de cazador, lo que necesitaba era tenerlo". ¿Era así, realmente?
-Sí, era así, y es así. O sea, ahora está en Liberia, en el Zaire. Y es así, es un hombre... Lo que pasa es que después, cuando ya se queda solo y se toma una botella de whisky, entonces, ya le vienen todos los fantasmas a tocarle los pies, pero trabajando es frío como un témpano. Es como debe ser un cámara de televisión.

-Y, finalmente, cuenta Pérez-Reverte: "Márquez tenía una mujer y dos hijas a las que veía un mes al año, y transcurridos 20 días de ese mes se volvía tan insoportable que su propia familia le aconsejaba tomar el avión y largarse a una guerra. Quizá por eso Eva, su mujer, no se había divorciado aún, porque existían guerras a las que mandarlo".
-Eso es rigurosamente cierto y son palabras de su propia mujer.

-Bien, yo me permito, entonces, si Arturo Pérez-Reverte está de acuerdo, esta mañana, invitar a alguien más a esta entrevista, a través de la línea telefónica, y saludo a esta hora, en directo, desde Montevideo, a José Luis Márquez, en la línea. Buenos días, José Luis.
-Hola, buenos días.

-¿Quién es Arturo Pérez-Reverte?
JLM: -Bueno, pues, Arturo Pérez-Reverte es uno, por no decir el mejor, uno de los mejores periodistas que ha habido para la Televisión Española y del cual yo me siento...
APR: -José, eres un canalla y un traidor. Esto no me lo esperaba, en absoluto.
JLM: -¿Por qué?

-Y las historias que cuenta en su libro ¿fueron así, realmente?
JLM: -Bueno, pues, todo es realmente cierto, como ahí lo cuenta, y bueno, ya que me ha echado las flores de que yo podría haber trabajado en otra televisión, pues yo le debo hacer el honor y echarle otras flores y decir que creo que hubiéramos sido un buen equipo para cualquier otra televisión que no hubiera sido la Televisión Española. Por lo menos hubieran reconocido más nuestro trabajo.

-¿Usted sigue trabajando para Televisión Española?
JLM: -Pues, por suerte, todavía sigo trabajando para la Televisión Española, últimamente.

-¿Sigue cubriendo conflictos de guerra?
JLM: -Pues, siempre que puedo y siempre que me lo permiten, pues, me apetece y me encanta estar en esos conflictos para poder informar desde el sitio.

-Y, ¿qué opina de la faceta de escritor de este personaje que tenemos aquí, esta mañana, con nosotros?
JLM: -Personalmente, no me llegó a extrañar mucho puesto que hemos estado muchos días juntos, y como yo podía ver cómo hacía sus crónicas para la televisión, pues, efectivamente, al verle escribir entiendo que lo haga todo tan bien, como lo hace.
APR: -Bueno, vale ya, Jose. Cuenta la parte negativa, también, de vez en cuando. ¿Has vuelto de Yugoeslavia ahora mismo, cuándo llegaste, ayer o antes de ayer?
JLM: -Sí, hace tres días.
APR: -¿Y qué tal el rodaje de 'Territorio comanche'?
JLM: -Pues, bien. 'Territorio comanche' se esta rodando, está quedando una película que creo va a ser, por lo menos, para ver y para poder entender, un poco, cuál es la vida de los reporteros en situaciones de conflictos grandes. No va a ser una película de guerra, es una película de amistad y, a través de esta amistad y de estos reporteros, pues, se podrá intuir la guerra.
APR: -¿Y Cecila Dopazo, que hace de periodista, es tan guapa como parece en la tele?
JLM: -Bueno, pues, Cecilia Dopazo en persona es una chica joven, guapa, pero lo cierto es que en la pantalla es cien veces mejor.
APR: -Y ¿parece periodista, lo hace bien allí?
JLM: -Bueno, ella tiene en la película unas facetas que, a lo primero, es una periodista buscando el amarillismo y, después, ya termina integrándose en la tribu con que tú denominas al libro.

-José Luis Márquez, ¿ha sido, de alguna manera, asesor de esta película, ha seguido de cerca el rodaje?
JLM: -Bueno, sí. He estado seis semanas en el rodaje de la película y he estado asesorando, dentro de la medida de mis posibilidades, en cómo eran situaciones, cómo actitudes, cómo desenvolverse, más que nada, el equipo de televisión. En cuanto a la película, pues, no he tomado parte pero sí en el cómo hacer las cosas.

-¿Y será fiel a la historia verdadera, si es que se puede llamar así?
JLM: -Hombre, pues, sin duda que será fiel, pero yo creo que nunca será todo lo fiel que debiera, hay muchas cosas que se quedan en el tintero y por necesidad, porque hay cosas que son imposibles de explicar a través de una película.

-Justamente, yo quería terminar a propósito de esto que dice José Luis Márquez, con una pregunta que puede ser para cualquiera de los dos. En el libro 'Territorio comanche' Arturo Pérez-Reverte dice a propósito de Kukunjevac, una localidad: "Fue la guerra de verdad y no existía Hollywood capaz de reconstruir aquello". Se me ocurre que esto vale, seguramente, para otros sitios en la guerra de Bosnia. ¿Están de acuerdo los dos?
APR: -¿Te acuerdas de Kukunjevac, José, aquel día gris?
JLM: -Sí, sí. La guerra de Yugoslavia, la verdad que ha sido una de las guerras, que a través de mi corto conocimiento, para mi ha sido la más cruenta y más difícil de soportar como persona, porque las guerras son completamente distintas, las ves como un frente de batalla, al cual tú vas a trabajar y por las noches vuelves. En esta no había ese frente de batalla, estabas siempre inmerso en el conflicto. Daba lo mismo que estuvieras en el hotel o en la calle, o sea, eras un ciudadano más y, efectivamente, es una guerra irrepetible para Hollywood, completamente irrepetible.

-José Luis Márquez, camarógrafo de Televisión Española, muchas gracias por participar esta mañana en este encuentro con Arturo Pérez-Reverte, de darle esta sorpresa al día siguiente de su cumpleaños, de su llegada aquí a Montevideo. Arturo lo saluda.
APR: -Gracias, José. ¿Te vas a Zaire?
JLM: -Pues, en eso estamos, al Zaire o de vacaciones, no sabía con cuál quedarme.

-Estamos conversando, esta mañana, con el escritor y periodista Arturo Pérez-Reverte, esto no estaba planeado, era una sorpresa que queríamos darle. Quizá muchas de las preguntas que tienen que ver con esta historia, como corresponsal de guerra, como periodista, muchísimas cosas seguramente van a quedar en el tintero, hay en este libro de todo. Un libro que yo califico de valiente y honesto en la medida que, por supuesto, hay descripciones del horror que se vivió en esos años de guerra de la ex-Yugoeslavia, pero también hay tiempo para el humor, hay tiempo para la ternura, hay tiempo para la ironía, hay tiempo, también, para las reflexiones muy duras y críticas acerca del papel de los políticos, de los que llama Arturo Pérez-Reverte en su libro "los domingueros". ¿Quiénes eran los domingueros?
-Es el que utiliza el domingo, el fin de semana, para irse a la guerra, y vuelve el lunes por la mañana, otra vez, a su puesto de trabajo, en el despacho, más o menos, es eso. Que no tengo nada contra quien utiliza el domingo para el ocio, lo que sí pasa es que si somos profesionales, que vaya gente a la guerra a hacerse una foto y volver y decir: "Pues he estado en la guerra", me ha causado siempre un poco de distancia, un poco, digamos, de guasa.

-Aquellos que iban a sacarse fotos...
-Claro, había un tipo de periodista que quería ir a Sarajevo, estaba dos días, se hacía una foto y se volvía y contaba unas batallas truculentas. Quien estaba allí, los fijos, los residentes, pues, los veíamos con un poco de desdén o de guasa, o como quieras llamarlo.

-"La antigua Yugoslavia estaba llena de domingueros", dice en su libro. "Los cascos azules españoles los llamaban japoneses porque llegaban, se hacían una foto y se iban lo antes posible. Por Bosnia pasaban de todo pelaje y procedencia, parlamentarios, intelectuales, ministros, presidentes de gobierno, periodistas con mucha prisa y sopladores de vidrio en general, que a su regreso a la civilización, organizaban conciertos de solidaridad, daban conferencias de prensa e, incluso, escribían libros para explicarle al mundo las claves profundas del conflicto. Entre los domingueros de la guerra había, también, militares de alta graduación que se dejan caer por allí en visita del tipo de inspección de "¡hola!, ¿qué tal, chavales?" y todo eso. En Bosnia se les reconocía en el acto por la cámara de fotos, el aire paternal y, sobre todo, por el uniforme, casco y chaleco antimetralla impecablemente limpios y nuevos. Eran los que se ponían de pie en las trincheras para que les explicasen dónde estaba el enemigo, o pisaban concienzudamente todas las cunetas y caminos de tierra por si quedaba allí alguna mina sin estallar". Tipos no muy queridos por ustedes.
-No. Lo gracioso es que me encontré una vez a uno de esos generales en unos almacenes de Madrid, en el Corte Inglés, me lo encontré allí, y me dijo: "Me ha gustado mucho su libro", así muy serio, muy seco. Imagino que llegó a esa página y se sintió descrito en ella.

-A propósito de los domingueros, ¿cuál fue el papel de los políticos en esta guerra? No quedan muy bien parados.
-El papel de los políticos suele ser infame en casi todas las partes, pero en la guerra se nota más. Un error o una negligencia, una incompetencia, en un país en tiempo de paz produce efectos graves y a veces no, pero en la guerra siempre es grave. Entonces, la guerra, yo creo que ha sido un cúmulo continuo de despropósitos, de timideces, de estupideces, de ignorancia de la realidad concreta, de hablar de un mundo utópico que nada tenía que ver con el mundo de cada día allí; y bueno, a veces estabas allí, venías de un día de esos en que había habido 20 muertos y 50 heridos, y de llevar gente en el coche nuestro al hospital, ponías la televisión satélite para transmitir y resulta que te salía el ministro de Exteriores español hablando de una Yugoslavia que no tenía absolutamente nada que ver con la realidad, diciendo: "No, esto está bajo control", todo eso dos años antes que terminara la guerra. Y bueno, eso te crea una especie de desprecio profundo, te crea un estado de indignación, de cabreo como decimos allí, que es muy difícil luchar con eso para que no se te note a la hora de trabajar en las crónicas. Entonces, a veces se me notaba. Y, eso, también contribuía, en cierta forma, a que yo me fuese del periodismo. Eso contribuyó a hartarme, un poco, de un montón de cosas de las que me harté.

-Seguramente, una línea de conducta pero también un desafío es no tomar partido en una guerra de esas cuando uno tiene que hacer crónicas y cita, justamente, el escritor en este libro, Arturo, el caso de un colega -Paco Eguigaray- que perdió su trabajo, justamente, por eso, porque se jugó por uno de los bandos.
-Es que ¿sabes qué ocurre? Tú sabes que no hay buenos ni malos en la guerra, que todos los bandos tienen motivos para hacer lo que hacen. Realmente, es así. Lo que pasa es que cuando estás allí, al final la sangre te salpica, y al final siempre tomas partido por un bando o por otro, pero es malo cuando eres reportero. Cuando eres reportero, ojo, no cuando eres analista. Pero yo creo que un reportero debe limitarse a mandar la información, que es el público el que debe decidir, el que debe sacar sus conclusiones. Yo digo: "Mire, esta es la muerta, el muerto, la guerra, la bomba, la sangre, ustedes verán". Pero decir: "Esto es bueno, los malos son estos, los malos son aquellos", cuando estás tan cerca no siempre es fácil distinguir. Yo, cuando era joven, creía que los palestinos eran los buenos y los judíos eran los malos; creía que los sandinistas eran los buenos y los somocistas los malos; después el tiempo te llena de dudas profesionales en ese terreno.

-Y usted afirma, en su libro, que los Balcanes seguirán en guerra. ¿Por qué?
-Pues, porque es complicado. ¿Sabes qué pasa? Hay una cosa que es muy mala, y es la memoria; la memoria aliada con la ignorancia. La memoria es buena, pero cuando va unida a la ignorancia es mala. Si tú sabes que a tu abuela la violó un serbio, que a tu bisabuela la mató un turco, o que a tu tatarabuelo un croata le cortó el cuello y no tienes la cultura para todo eso encajarlo, asumirlo y dialogarlo y discutirlo, y entenderlo en un contexto histórico, racional. Lo que quieres es degollar tú también antes que te degüellen a ti, los nietos de aquellos que mataron a tu abuelo. Entonces, como digo, sin cultura la memoria es espantosa, y lo malo es que hay cantidad de canallas que nos mantienen continuamente ignorantes y procuran, para podernos manipular, que seamos huérfanos sin memoria. Ese es el grave problema del mundo actual.

-Quiero profundizar en este concepto de Pérez-Reverte, porque dice en su libro: "El nacionalismo serbio, todos esos intelectuales que ahora pretenden lavarse las manos tras parir criminales como Karadzic, manipuló esos fantasmas para enfrentar a esos fantasmas a quienes no deseaban la guerra, y el llamado Occidente, o sea, vosotros y yo, consentimos que así fuera. Los métodos más sucios fueron puestos en práctica ante la pasividad cómplice de una Europa incapaz de dar un puñetazo a tiempo sobre la mesa y frenar la barbarie. Esa diplomacia europea, sin pudor y sin redaño, gratificando la agresión serbia con la impunidad, poniendo partes a toro pasado, hizo que croatas, y después musulmanes bosnios, se subieran al carro de la limpieza étnica y el degüello. Puesto que la canallada es rentable, se dijeron, seamos canallas antes que víctimas camino del matadero. Después, la miserable condición humana se disparó sola e hizo el resto del trabajo y así van las cosas. Acabo de resumiros lo que pasa en Bosnia, hijos míos, o mejor, hijas mías. Que os aproveche". ¿Habrá más guerra?
-Sí, sí, claro que habrá más guerra. En Bosnia y en otros sitios. Cuando no se eliminan las causas que hacen posible un conflicto, ese conflicto tarda, pero siempre vuelve otra vez.

2000

-¿Has vuelto a ver a tu viejo amigo José Luis Márquez, el camarógrafo de Televisión Española que, dicho sea de paso, ahora está en Medio Oriente?
-Sí, está en Israel, el hombre sigue allí. Hemos navegado juntos, vino a navegar conmigo este verano pasado. Cuando viene a Madrid me llama por teléfono, nos emborrachamos y hablamos de los viejos tiempos. El sigue todavía al pie del cañón, en Israel. Como él dice: "Es que no sé hacer otra cosa, ¿qué voy a hacer?". Y sigue con su cámara, entre guerras y tiros.

2002

-¿Cuánto pagó usted a aquel soldado balcánico para que disparase ráfagas de metralleta mientras usted grababa su crónica para el telediario?... ¿O es una leyenda negra?
-También le pagué para que se dejara matar, se dejara destripar y se dejara arrastrar las tripas por el suelo, se dejara degollar y cortar las orejas. También pagaba para eso. Pagaba con la American Express y cuando no tenía la American Express, que me había caducado, pagaba Márquez con la Visa.

-¿Es una leyenda negra o...?
-Hombre, es una gilipollez, por favor. Naturalmente que es una leyenda negra.

-¿Por qué se despidió usted del periodismo televisivo?... ¿Cuál es la gota que colmó el vaso, que dijo: "Basta"?
-Bueno, estaba cansado, era mucho tiempo, eran veintiún años como reportero, y ya estaba bien. Había cosas que quería hacer y no podía hacer, y bueno, también estaba cansado de tener jefes y tener que hacer un trabajo que no valía para nada. Que yo mandaba un reportaje desde Sarajevo y a la gente lo que le interesaba era el mundial de fútbol y ese tipo de cosas. Se juntó todo un poco, y decidí que ya era mayor y me iba a cambiar de lugar.

2002

-Eso es verdad. Yo creo que todo el mundo da la medida de lo que es en situaciones extremas y Teresa Mendoza es...
-Sí. Es que además yo lo he visto. Es que, fíjate: cuando estaba en Sarajevo, cuando la guerra de Yugoslavia, que fue mi última guerra antes de retirarme -me retiré en el 94-, estaba con Márquez en un pueblo de Bosnia y los serbios violaban a todas las mujeres cuando llegaban a los pueblos. A las mujeres musulmanas y a las mujeres croatas las violaban. Era una táctica de guerra. Y entonces llegamos al pueblo y toda la gente había huido. Entonces, había fugitivos que iban corriendo. Recuerdo unos ancianos, hombres, llorando allí en la carretera, y de pronto encontramos un grupo de mujeres jóvenes que venían con los niños en brazos, un grupo de mujeres muy guapas además, dos de ellas muy guapas, con los chicos en brazos, y con ellas iba la abuela, la suegra de las dos mujeres cuyos hombres estaban luchando en ese momento en el otro lado del pueblo. Y la abuela venía con una escopeta de caza para defender a sus nueras, y al vernos nos apuntó. "No, no, no, periodistas". Se acercó, empezamos a hablar con ella con la interprete que llevábamos nosotros y dijo: "Bueno, es que les iba a disparar porque son mis nueras y estoy defendiéndolas". Y ese coraje, esa capacidad de pelear hasta el final, después aquí se traduce en otras cosas. Si un hombre se siente... Lo he dicho algunas veces, pero es que es verdad. Cuando un hombre se siente mal, la mujer es la que lo lleva al médico. Estás en la consulta y ves que entra la mujer con el marido. "Venga, siéntate, Manolo". Y el Manolo allí y tal. "Ciérrate la bragueta, Manolo. Ahora viene el doctor". Es verdad, ¿no?... Y es la mujer la que lo lleva y lo trae. Pero cuando la mujer siente un bulto en el pecho, se calla y empieza brrrr brrrr (gestos de darle vueltas a la cabeza). Va al médico ella sola, se calla. Bueno, esa capacidad de asumir el dolor, el sufrimiento, y ese coraje para enfrentarse a la vida en los momentos más duros, evidentemente eso es femenino completamente. Por eso, una vez que un imbécil me preguntó "¿por qué pone usted virtudes masculinas en sus héroes?", dije: "Son virtudes femeninas. El coraje, la resistencia frente al dolor, la capacidad de sufrimiento, el encajar el dolor como parte de la vida, eso es de las mujeres". Los hombres hemos perdido la capacidad. Antes sí, y, en las fronteras, todavía. Pero el hombre normal, los que estamos aquí, los que llevamos corbata y chaqueta, señores modernos, civilizados y tal, somos una panda de gilipollas. Hemos perdido la capacidad... (Carmen Posadas se ríe). No, te lo digo de verdad. No, en ese sentido, quiero decir. Hemos perdido la capacidad de hacer frente al dolor y al horror. Nos pilla desvalidos, no sabemos cómo enfrentarnos ahora. Mientras que la mujer, hasta la más tonta, puesta contra la pared, su memoria genética se dispara, y entonces tiene mecanismos, si no para vencer sí al menos para soportar el horror y sobrevivir y rehacerse de eso. Y eso es admirable.

2002

-Bueno, no. Con 'El Club Dumas' ya te habías convertido en una estrella, con perdón.
-Hombre, sí es cierto que ya no me jugaba nada porque mi nombre ya funcionaba. Ya sabía que podía vivir de la literatura, entonces renuncié a una antigüedad, a una pasta que me hubieran tenido que pagar, etc., ya que la verdad es que me daba igual. Estaba harto de la tele y por eso me fui. No me gustaba nada Televisión Española, no me gustaban mis espectadores, estaba harto de contar inútilmente una guerra que había contado 200 veces. Yo siempre me acuerdo del día en que cayó una bomba en un barrio de Sarajevo y le reventó a un chiquillo pequeño. Márquez estaba conmigo y por una vez en su vida filmó un poco y después se puso a ayudar al crío. Lo metimos en el coche y lo llevamos al hospital. Conducía Márquez. Íbamos por la ciudad a toda pastilla. Llevaba al chiquillo encima, que estaba sangrando por todos lados y me puso perdido. Yo le decía: "No te duermas", evitaba a toda costa que se durmiera. Pero se nos murió y llegamos al hospital con él muerto; entonces, allí lo dejamos. Márquez, como hacía siempre, filmó impasible y cuando se quedó solo se apoyó en la pared con la cámara, fumando un cigarrillo, callado. Volvimos al hotel y no había agua para lavarnos, así que estuve tres días con la camisa manchada de sangre. Me acuerdo de que la llevaba hasta en las uñas, que estaban largas porque no tenía cortaúñas. Pues bien, por esas mismas fechas, en Madrid, salía Solana por la tele diciendo que no pasaba nada; por eso lo odio tanto. Te doy mi palabra de honor si te digo que no tengo nada personal contra Solana, ni siquiera políticamente, pero es que el tío estaba negociando en Sarajevo dándole besos a Milosevic. Entonces, como yo le veía sonriendo mientras todo aquello pasaba, llegué a odiar su sonrisa. Además simbolizaba justamente lo que me hizo aborrecer el periodismo, lo que me hizo vomitar por dentro y decidir que se había acabado, que todo era una mierda y que no tenía sentido seguir metido en aquello. ¿Para qué iba a soñar? Todo se terminó, y abandoné el periodismo porque, entre otras cosas, me di cuenta de que 21 años haciendo lo mismo para nada eran más que suficiente. Era hora de que se encargaran otros que todavía tenían fe, aunque yo sabía que no iba a cambiar nada, que estábamos haciendo el gilipollas y que acabaríamos todos muertos (de hecho, en esa guerra mataron a 56 compañeros, 12 de los cuales eran amigos míos). ¿Qué sucede? Que con 20 años te matan por tus sueños, por la aventura; con 30 años, por la profesión. Pero con 40 años ¿para qué me van a matar? ¿Para que Solana se ría y diga que no pasa nada? Por eso le tengo tirria al pobre hombre, que tampoco me ha hecho nunca nada. Quizá se pregunte por qué simboliza tantas cosas horribles para mí, pero es que ahí estaba, dándole besos en la boca a Milosevic -que, por cierto, mira dónde está ahora-.

2003

“Para ser reportero, mejor estar solo”
Entrevista a José Luis Márquez de Ima Sanchís - La Vanguardia - 02/06/2003

La Fundación Miguel Gil Moreno y Random House Mondadori acaban de otorgarle el premio de periodismo que se creó en memoria del cámara asesinado en Sierra Leona: “Es el mejor reconocimiento que me han dado nunca, porque lleva el nombre de un amigo mío, Miguel Gil, un tipo terco como una mula y amigo de sus amigos”. Márquez lleva 34 años cubriendo conflictos (Vietnam, Nicaragua, Chile, Honduras, Etiopía, Sudán, Angola, cuatro años en la ex Yugoslavia, Jerusalén, guerras del Golfo...) y es uno de los protagonistas de 'Territorio Comanche': “Arturo Pérez-Reverte me describe bastante bien en el libro, pero la película ni siquiera la he visto”. Le cuesta hablar de sí mismo y evita las reuniones de reporteros: “Oyes demasiadas películas”.

Tengo 52 años. Nací en Guadalajara y mi trabajo me ha llevado a Jerusalén, donde vivo desde hace ocho años. Empecé a trabajar como cámara en TVE a los 18 años. Estoy separado y tengo dos hijas, Judith de 24 años y Oriana de 18. Jamás he votado y no creo que nunca ponga mi voto a trabajar. Creo en Dios.

-A los 18 años ya estaba cubriendo la guerra de Vietnam.
–Sí, y ni siquiera había hecho la mili. Jamás había oído un disparo, ni visto nada de todas esas cosas que ocurren en las guerras.

–Cubrir guerras debe imprimir carácter.
–Te cambia la mentalidad, te hace más insensible, y eso no me gusta. Cosas que deberían afectarme ya no me afectan, y eso hace que me equivoque.

–¿Cuándo se ha equivocado?
–Siempre le he quitado importancia a las enfermedades de mis hijas. “Esto es un simple catarro”, insistí una vez, y mi hija terminó en el hospital con una deshidratación.

–¿La cámara es un escudo que te permite recorrer el horror sin salpicarte?
–La cámara te distorsiona la realidad. Cuando filmas, estás tan metido en tu trabajo que no eres consciente de lo que está ocurriendo en realidad. Tienes la sensación de que a través del visor estás viendo una película que no va contigo. En cierto modo la cámara te infunde fuerza, como si te protegiera.

–¿Ha soltado la cámara para ayudar?
–Nunca, pero te lo planteas. Te planteas si deberías trabajar o ayudar.

–¿Y?
–Procuro recordar que yo he decidido estar ahí para ser testigo, que esa es mi manera de ayudar. Un día, en Sierra Leona, un guerrillero me dijo que le siguiera hasta un callejón donde estaban apaleando a un tío.

–¿Querían que lo filmara?
–Sí, aquello era un espectáculo, los tíos cada vez se calentaban más. Supe que si rodaba acabarían pegándole un tiro, así que dejé la cámara en el suelo y lo soltaron. Creo que en ese momento ayudé a esa persona.

–Usted vive en dos mundos diferentes.
–Sí, el mundo terrorífico de los conflictos y la miseria, y el mundo de aquí.

–¿Hay uno más real que otro?
–Te acostumbras a vivir con aquella realidad y luego tienes grandes problemas cuando te reencuentras con tus hijos y te piden el nuevo modelo de zapatillas porque las que tienen están pasadas de moda. En el Tercer Mundo darían la vida por todo lo que aquí desechamos. Prefiero aquella realidad.

–Un reportero de guerra, ¿puede tener una familia?
–Se intenta, pero por lo general no se consigue, se termina rompiendo porque con tu pareja no hay nada que te una, falta roce, comunicación, complicidad. Y luego está la concepción del mundo.

–¿A qué se refiere?
–Me da mucha rabia que aquí todo sea consumismo, y eso no se lleva con tener una familia. Además, yo no he disfrutado de mis hijas, no las he visto crecer, no he estado cuando han hecho una función en el colegio.

–Lástima.
–Sí, pero no me he dado cuenta hasta ahora que ya mis hijas son mayores. Creo que me he equivocado. La mía es una profesión perfecta, pero no para estar casado.

–¿Una profesión de solitarios?
–Sí, no es justo dejar a la gente que te quiere preocupada. Yo me he preguntado muchas veces qué vida le he dado a mi madre en estos 34 años. Lo mejor es estar solo.

–Pero usted no lo está.
–No desde hace dos años. No es bueno vivir solo y ahora quiero cambiar de vida.

–¿Cuántas veces se lo pidió su ex mujer?
–Muchísimas, pero yo no podía, aquella era mi vida, era joven...

–¿Pero qué le ha dado esa vida?
–Me ha hecho la persona que soy, aunque a un precio muy alto.

–¿Qué tal el compañerismo entre periodistas en zonas de conflicto?
–La batalla la llevan las empresas, los trabajadores nos ayudamos, no tenemos ningún problema en pasarnos imágenes.

–¿Los cámaras son los grandes anónimos de esta profesión?
–Sí, es una cosa que no duele pero molesta mucho. Pero ahora ya me da igual, siempre he sido anónimo y no pasa nada por terminar siendo anónimo. Y a veces, para compartir cartel con según quién, prefiero no aparecer; así de claro.

–¿Cómo es el ser humano?
–De humanos tenemos poco. Somos salvajes por naturaleza. A menudo me pregunto si existe Dios.

–¿Las guerras han cambiado?
–Sí, cambia la forma de hacerlas, ahora las llaman inteligentes. Será porque matan mejor. Y cambia la forma de cubrirlas informativamente: antes primaba el trabajo y el esfuerzo y ahora los dólares.

–¿Mueren ahora más periodistas?
–Sí, entre otros motivos porque ahora hay más periodistas que nunca en las guerras. La de Iraq parecía un circo, había miles de periodistas inexpertos y con demasiadas ganas de triunfar, eso les lleva a los lugares inadecuados. Somos más y más locos.

–Que denunciaran a Aznar por la muerte del cámara José Couso, ¿qué le parece?
–No lo comparto, todos sabemos lo que nos puede pasar en un conflicto.

–Y si su hija le dice: “Papá, quiero ser corresponsal de guerra”...
–La mayor ya me lo dijo y le dije que no, y ahora me lo ha dicho la pequeña y le he dicho que bueno, pero que si yo volviera a empezar, escogería la cámara de fotos para ir cuando y adonde yo quisiera.

–¿Cuál es su sueño?
–Dejarlo todo e irme a vivir con la mujer que quiero a una casa en la montaña, tomarme un vino con algunos buenos amigos, charlar de todo y de nada, y que corra el tiempo.

–¿Uno se vuelve triste con tanta guerra?
–No, o eres o no eres triste.

Foto:
http://hemeroteca.lavanguardia.es/preview/2003/04/25/pagina-60/34011422/pdf.html

2007

Una vez iniciada la charla, lo primero que se me ocurre preguntarle tiene que ver con su imaginación. Alguna vez le he oído decir que Carmelo Gómez personificaba a la perfección a Márquez, el operador de ‘Territorio comanche’. Y ahora Carmelo vuelve a la pantalla encarnando a otra criatura revertiana, el Coy de ‘La carta esférica’. ¿Tendrá esa doble identidad del actor algún efecto en el recuerdo que tiene Reverte de sus propias criaturas?

“Es una pregunta interesante –me responde–, porque realmente eso me ha pasado. Para mí, Carmelo siempre ha sido el Márquez de ‘Territorio comanche’. Además, los dos nos hicimos amigos allí, en Sarajevo, cuando Gerardo Herrero rodaba su adaptación de ese libro. Y lo he visto siempre con los rasgos del cámara, del reportero que yo hubiera querido tener conmigo cuando estaba trabajando. Pero realmente un actor es eso: es aquel que te convence que puede ser otro. Eso es un buen actor. Entonces, el Márquez que Carmelo fue para mí hasta hace un año, cambió, y ahora es otro. Ahora Carmelo es Coy, y realmente me ha convencido. Ha sido lo bastante persuasivo para hacerme creer que él puede ser Coy además del otro personaje. Esa es la magia del cine y esa es, evidentemente, la magia de un buen actor”.

2008

Pasear por los escenarios del Dos de Mayo con Arturo Pérez-Reverte de scout es igual que leer su libro, como ver resucitar la historia bajo tus ojos. Tras callejear tropezando con grupos de paisanos armados, esquivando balazos, cuerpos tirados de cualquier manera y charcos de sangre -"mira, la calle del Barquillo, aquí murió el hijo del general Legrand, oficial de caballería, de un macetazo"-, llegamos por la calle Mayor hasta cerca de la Puerta del Sol, donde vemos pasar a la caballería francesa del Chef d'escadron Daumesil, dragones, cazadores y granaderos montados, con los mamelucos en vanguardia, preparada para cargar. El escritor se detiene y aprovecha para evocar el ataque de los coraceros de Rigaud en la Puerta de Toledo. El suelo parece temblar con la evocación de la masa compacta de esa caballería pesada. Esa vibración de la tierra que notan los personajes del libro antes de ver llegar a los 926 coraceros... "Es real. Pude sentirla durante el rodaje de Alatriste, durante el ataque contra el cuadro español, con todos aquellos caballos", explica Pérez-Reverte. La escena de 'Un día de cólera' recuerda la de 'Salvar al soldado Ryan' en la que llegan los pánzer y los precede una trepidación de los cristales, las paredes, la tierra -no en balde, al cabo, los regimientos de coraceros se convirtieron en unidades de blindados-. "Yo eso lo viví en Vukovar", añade el novelista, "con Márquez, el cámara; la sensación de desasosiego cuando se acercan los carros de combate...".

Trofeo para el reportero
Eladelantado.com – 08/07/2009

En una de las múltiples crónicas que envió a España Arturo Pérez-Reverte desde los Balcanes, el escritor y periodista habla de su entrada en Mostar en un BMR del Ejército español, junto con el cámara de Televisión Española (TVE) José Luis Márquez, “en un amanecer sucio y gris –allí todos los días eran así, hasta los días de sol-”, después de haber cruzado las líneas serbias, entre el fuego de la artillería y los disparos de los francotiradores. Fue el trabajo que realizó Márquez, junto con la periodista Ángela Rodicio, lo que les hizo ganarse, de forma conjunta, el premio de periodismo Cirilo Rodríguez, para corresponsales en el extranjero, en la novena edición, que se entregó en 1993.

Sólo hubo una estatuilla de recuerdo de Francisco Barón –entonces no había piedra de vidrio- y como era imposible partirla en dos mitades, se la llevó ella. Después pasó el tiempo, pero quince años después, quien está considerado como uno de los tres o cuatro mejores cámaras de guerra vivos tiene un testimonio físico de su galardón. Tras su regreso de Jerusalén, como el resto de los premiados, Márquez ha grabado su testimonio para el documental que la Asociación de la Prensa de Segovia (APS) está realizando para celebrar el 25º aniversario del premio más prestigioso para quienes se juegan la vida por informar desde fuera. Fue entonces cuando expresó su interés por el recuerdo –“no tengo nada que diga que he ganado este importante premio”-, que ayer se hizo posible gracias al Centro Nacional de Vidrio de La Granja (CNV). Una copa, realizada con uno de los históricos moldes, tiene ya grabado el nombre de Márquez, como ganador del “Cirilo”, lo que el reportero recibió emocionado de manos del periodista y miembro de la directiva de la APS Aurelio Martín, en presencia de la directora general del CNV, Áurea Juárez, y del también cámara y premiado, Evaristo Canete.

Márquez hablaba ayer entre amigos de cómo salió escondido entre cadáveres de Tiananmen, de su trabajo en Vietnam, en Oriente Próximo, de Liberia… No en vano, después de tres años juntos en los Balcanes, mereció la atención de su compañero Pérez-Reverte, quien le dedicó el libro ‘Territorio comanche’, de cuya película fue asesor y protagonista, aunque en la piel del actor Carmelo Gómez.

Un libro recorre las historias de los corresponsales españoles
Tomás Alcoverro – La Vanguardia - 29/03/2010

Aurelio Martín, infatigable motor de los premios de periodismo Cirilo Rodríguez, ha publicado ‘Seguiremos informando’, un libro sobre los corresponsales españoles en el extranjero. Se trata, en palabras del autor, de "historias de gentes apasionadas con lo que hacen, enamoradas de su profesión, poniendo todos sus sentidos y absorbiendo cada instante por muy crudo y peligroso que sea, para trasladarlo después limpiamente, como su mirada, a lectores, oyentes y telespectadores". El libro recoge páginas escritas por los veinticinco ganadores del premio, destinado a corresponsales y enviados especiales españoles en el extranjero, durante un cuarto de siglo, y sus perfiles, trazados por compañeros de oficio, incluyendo el novelista Arturo Pérez-Reverte, antaño corresponsal en varias guerras, desde Líbano a los Balcanes, que ha compuesto un emotivo retrato de J. L. Márquez, el histórico cámara de Televisión Española.

2011

-¿Cuáles son los actores que más se han parecido a tus personajes?
-Viggo Mortensen es bastante Alatriste, pero es que fue él quien se adaptó a Alatriste. Hizo un mimetismo con el personaje, y por eso se parecen bastante. Pero se parece Viggo a Alatriste, no al revés. Él procuró parecerse, y eso me gustó mucho. Y más así... Carmelo Gómez no hizo un mal Manuel Coy. No es él, pero podría haber sido él.

-¿Omero Antonutti?
-No, no era físicamente el maestro de esgrima para nada, pero lo hizo muy bien, no estoy quejoso en absoluto. Iba a hacerlo Giancarlo Giannini, pero por razones de fechas no pudo ser. Ése sí que era físicamente Astarloa, el maestro de esgrima. Desde luego, en 'Alatriste' no se parece ni uno solo, y fue una de las cosas que no me gustaron de ella. Ni la niña, ni la mayor, ni nada. Kate Beckinsale en 'La tabla de Flandes' sí se parece mucho a Julia, la restauradora. Emmanuelle Seigner no tenía nada que ver con la Irene Adler de 'El club Dumas', aunque Johnny Depp sí era un Corso bastante aceptable. Jorge Perugorría sí que físicamente era bastante el camionero Manolo de 'Un asunto de honor'. Sancho Gracia estuvo genial como el portugués Almeida. Los tres malvados eran lo mejor de 'Cachito', como se llamó en el cine, y esos sí que están más o menos como yo los imaginaba. En la serie 'Camino de Santiago' casi todos casaban muy bien con mi idea, porque como era un guión para serie de televisón algunos de los personajes ya los hice pensando en los actores que iban a interpretarlos, pero ese fue un caso excepcional. Y en 'Territorio comanche' es evidente que Carmelo Gómez no es físicamente Márquez, pero es extraordinario. Al final terminas creyendo que Márquez es él. Es de las mejores interpretaciones de personajes míos, aparte de Viggo y Omero, que están muy bien. El cámara de televisión que hizo te lo crees completamente, y todos los compañeros se lo creyeron. Carmelo Gómez tiene una mención especial en mi olimpo de actores, aunque no tiene nada que ver físicamente con Márquez, que es bajito, rubio y de ojos azules, pero estaba soberbio en esa película.

2011

Territorio Comanche
Ramón Lobo - El País - 17/02/2011

Hay tres formas de morir en una guerra, escribe Arturo Pérez-Reverte en 'Territorio Comanche': "Cuando sale tu número, como en la tómbola", "cuando llevas poco tiempo y todavía no sabes moverte bien" y porque "al cabo de cierto tiempo ya te toca". Escrito entre agosto de 1993 y febrero de 1994, el libro es un homenaje a uno de los mejores camarógrafos de guerra del mundo, José Luis Márquez (ex de TVE), y a través de él a un modo de entender la profesión.

"La memoria de un reportero siempre es la memoria de un largo álbum de viejas fotos, de imágenes que a veces se funden unas con otras, de recuerdos propios y ajenos. (...) Si no muere antes o logra salirse a tiempo, un reportero jubilado es como un marino viejo: todo el día apoyado en la venta recordando".

Arranca en Bosnia central, en los combates entre los javeos (croatas) y la Armija (musulmanes). Arranca ante el puente de Bijelo Polje convertido en frontera, en primera línea, y cuya voladura es inevitable para frenar el avance enemigo. Márquez y Barlés (trasunto del autor) están apostados ante él, donde llueven las granadas de mortero y suenan las balas sobre un muerto, Sexsymbol, que se parece a todos los muertos, en espera de la gran explosión que Márquez necesita grabar.

Entre el principio del libro y el final, la carrera loca entre los cuarenta y tantos segundos que separan estar vivo a quedar despedazado, Pérez-Reverte realiza un recorrido por sus viajes de la mano de Barlés en el que rinde homenajes a grandes reporteros y ajusta cuentas con los que considera domingueros de la guerra.

'Territorio Comanche' es uno de esos libros que debe leer un aspirante a periodista. Es un buceo emotivo y a menudo emocionante sobre un mundo que desaparece, el de los reporteros que viajan a los lugares donde suceden cosas aunque sea muy caro ir. El problema en la era de Internet no está en la ausencia de desgracias, sino en que nadie parece dispuesto a pagar porque se las cuenten de forma honesta, fiable y profesional. Gentes como Márquez, prejubilado, han dejado de existir. Los periodistas no van a las guerras, o van muy poco tiempo, o se empotran limitando la sorpresa. Sin paciencia no hay realidad.

"A medida que las guerras se hacen largas y a la gente se le pudre el alma, los periodistas caen menos simpáticos", escribe Pérez-Reverte. Solo cuando el periodista empieza a caer mal es cuando está realizando bien su trabajo. "A un periodista no lo asesinan casi nunca: lo matan trabajando en un lugar donde la gente pega tiros, y hay un barullo muy grande, y anda suelto mucho hijoputa con escopeta que no tiene tiempo ni ganas de pedirte la documentación".

Cuenta Pérez-Reverte que a Márquez, Barlés y tantos otros les gustaba vivir así, lejos de casa, de la comodidad de la ciudad, siempre de caza, en busca de imágenes, palabras, de grandes historias que contar con el miedo metido en el cuerpo, "esa sensación en la cara interior de los muslos y en el estómago que da saberse solo en tierra de nadie", con la esperanza de que cada plano, cada foto, cada frase sirviera para algo, no para cambiar el mundo, solo para saber cómo es el que pisamos, un mundo cruel, injusto y repleto de gente despreciable que se lucra con la desgracia ajena. La guerra es siempre la misma, escribe en 'Territorio Comanche': "Un par de desgraciados con distinto uniforme que se pegan tiros el uno al otro, muertos de miedo en un agujero lleno de barro, y un cabrón con pintas fumándose un puro en un despacho climatizado, muy lejos, que diseña banderas, himnos nacionales y monumentos al soldado desconocido mientras se forra con la sangre y la mierda".

2012

El ojo en la noticia - Márquez por... Márquez
rtve.es - 28/02/2012

José Luis Márquez inició su trayectoria profesional en televisión en 1968. Su carrera ha estado salpicada de guerras, guerrillas y golpes de estado. Ha cubierto practicamente todos los conflictos de los últimos 40 años. Suyas son, entre otras, las imágenes de la matanza de Tiannanmen. Márquez fue durante años el cámara de Arturo Pérez-Reverte. Su trabajo inspiró la novela 'Territorio comanche'. José Luis Márquez protagoniza la sexta entrega de 'El ojo en la noticia'. Emisión: viernes 2 de marzo a las 00.05 h en el Canal 24 horas

-Primer viaje con TVE.
-Guinea Ecuatorial.

-Países visitados.
-Casi todos.

-Hotel favorito.
-Holiday Inn de Sarajevo

-Ciudad favorita.
-Nueva York.

-Personaje histórico.
-Che Guevara.

Desde bien joven sentí la necesidad de viajar, salir de España y conocer el mundo y otras culturas. Cuando cumplí 18 años, se me ofreció la posibilidad de trabajar en TVE y ésta fue la llave que me abrió la posibilidad de realizar mis aspiraciones. Tengo que reconocer que no fue nada fácil, pues en algún momento sentí las ganas de abandonar. Pronto empecé a viajar, con la gran suerte de hacerlo junto a los mas grandes de la época: Miguel de la Quadra Salcedo, Fernando de Giles, Manolo Alcalá, Jesús González Green, Manu Leguineche... Me gustaría no dejar ninguno en el tintero, pero seria difícil y largo nombrar a tantos y tan buenos profesionales junto a los que tuve la suerte de trabajar. Y, lo que es más importante, aprender y amar esta profesión.

Son muchas las historias de las que he tenido que informar a lo largo de estos 40 años. Algunas de ellas las recuerdo con mas cariño pero no quiero hacer mención especial de ninguna en particular. Lo cierto es que cuando me relajo y pienso en todo esto se me pone el vello de punta. Todas en su momento fueron importantes, duras... Estar en el sitio justo y en el momento que había que estar, te convertía, sin darte cuenta, en uno de los notarios de parte de la historia del siglo XX. Pero sí tengo que confesar que lo que me atrapó para realizar este trabajo fue Vietnam, lugar al que me acerqué la primera vez con tan solo 18 años.

Mi vida ha estado salpicada de guerras, golpes de estado, revueltas y guerrillas de todo tipo. Sería imposible hablar de todos los lugares, pero uno de los acontecimientos que mas recuerdo es la toma de la Plaza de Tiananmen, por la brutal contundencia con la que se empleó el Ejército contra su gente. No podía dar crédito a lo que allí estaba pasando. Nadie ha dicho nunca una cifra sobre los muertos que hubo aquella noche. Tendremos que esperar que algún día nos lo diga la Historia. Si hay algo que se aprende con una profesión como ésta es que una guerra no la gana nadie, todos perdemos.

Vídeo: http://www.rtve.es/television/20120228/ojo-noticia---marquez-marquez/502344.shtml

http://www.rtve.es/alacarta/videos/el-ojo-en-la-noticia/ojo-noticia-jose-luis-marquez/1339180/

http://www.icorso.com/hemeroteca/MARQUEZ.pdf

Sobre el libro 'Territorio comanche'
http://www.capitan-alatriste.com/modules.php?name=Forums&file=viewtopic&t=2656

Sobre la película 'Territorio comanche'
http://www.capitan-alatriste.com/modules.php?name=Forums&file=viewtopic&t=3175

En Twitter:

@Dominguin Lo volaron, pero Márquez no llegó a grabarlo. El lugar real se llamaba Petrinja.

-RDeVillegas: "Si te dicen que caí" de Juan Marsé es impresionante...ahora me voy a "Territorio Comanche". Aguna Indicación, Maestro?
-Nada especial. Excepto un recordatorio: Márquez es real.Barlés es real (o casi).Todo es real, y nadie me contó todo eso.Suerte.

-Deliaprilis: Miguel Gil fue corresponsal y hace 10 años que murió.Imagino coincidió con @perezreverte .Gervasio Sánchez habló hoy de él en la 2 No es que coincidiera.
-Es que era amigo mío y de Márquez. Quizá debería usted leer Territorio comanche. Creo.

-ZiaGe: Buenas noches! Veo q hoy están belicosos: ¿qué le pareció Las flores de Harrison si la ha visto?. Un beso.
-Ese último equipo de TV que en la peli abandona Vukovar éramos Márquez y yo en el Vukovar real. Fíjese si la cosa me suena.

-RDeVillegas: debo hacerle una pregunta un tanto extraña.¿Ha llorado alguna vez mientras escribía? Da igual si novela o artículo.Un abrazo
-Nunca lloro escribiendo. Como decía mi amigo Márquez, el cámara de "Territorio comanche", si lloras no puedes enfocar bien.

-novadeHistoria: Algún comentario de 'Los ojos de la guerra'. ¿Versará sobre Miguel Gil, como en el libro? Muchas gracias.
-Pues no sé, no lo he visto todavía. Yo salgo rajando alguna vez, creo. Y Márquez, Lobo y otros colegas. A ver.

-SantiC: Solana tiene twitter le puedes buscar y recordar viejas batallitas
-Tampoco quiero buscarlo. Tengo buena memoria, eso es todo. Recuerdo, por ejemplo, a un niño al que reventó una bomba. Márquez y yo lo llevamos al hospital. Se desangraba. Llegó muerto. No había agua esos días para lavarse. Ni podíamos cambiarnos de ropa. Durante tres días llevamos sangre del crío en la ropa y en las uñas. Mientras,después de cada crónica nuestra,salía el de la corbata diciendo que en Sarajevo la cosa no era grave,que la diplomacia progresaba. ¿Cómo carajo no voy a tener memoria?

-beco: pero siento que la película "Harrison's Flowers" tiene partes 'calcadas' de Territorio Comanche, la ha visto?
-Es que transcurre en Vukovar, cuando ela sedio. Y el equipo de TVE, con Márquez, los compañeros y yo, estuvimos alí. Para ser exactos, nuestro euipo fue el último en salir de Vukovar antes del bloqueo total y el exterminio de los hombres.

-Salivale1: He leído una entrevista en La verdad (Alicante) a un chico de Guadalajara, llamado Jose Luis Márquez, Reportero. Interesante!
-Ese chico tiene sesenta y pico años ya, y es uno de los mejores cámaras de guerra del mundo. Y me honra ser su amigo.

Recuerdo, en los Balcanes, año 92, una abuela que con una escopeta de caza huía de los serbios protegiendo a sus nueras. Los hombres estaban luchando y sólo estaba ella para cuidarlas, con la escopeta de su difunto. Le falló el primer tiro a mi cámara; Márquez, y el segundo casi me lo pega a mí. La abuela. Por eso digo que a Josie la fresadora no se la inventó nadie.

-PabloA6: me ha encantado lo de la rotura de costillas.
-La rotura de costillas fue literal. Una sargento grande como un armario. Márquez, el cámara, la grabó luego en una piscina de la zona reservada a los marines. A la sargento.Llevaba el escudo de los marines tatuado exactamente bajo la clavícula izquierda. La sacamos en el telediario, por supuesto.Recuerdo que Márquez (el mejor cámara de tv del mundo) dijo "Si un día me matan estos hijoputas, que me mate ella".

-Adele_T1809: 'Márquez le gustaba vivir así, lejos de casa, de la comodidad, siempre de caza, en busca de imágenes' Cree q lo echa de menos?
-Márquez no es que lo eche de menos. Es que si no tuviera algo que tiene, a lo que se agarra, estaría en un manicomio. Cuando se jubiló y dejó la cámara, el mundo se detuvo para él. Es como un soldado viejo, soñando con guerras jóvenes. Tiene un cachorro al que ahora le dedica la vida. Ese cachorro lo salvó de volverse majareta. Es rubio, con ojos claros y la misma expresiòn dura de su padre. Tendrá la misma voz de carraca vieja. Y me enorgullece que le pusiera mi nombre al pequeño cabrón.
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MensajePublicado: Sab Mar 03, 2012 11:10 am    Asunto: Responder citando

En las Patentes de Corso:

32 - PERSONAJES DE OPERETA
13 de febrero de 1994

Los cascos azules españoles destacados en Bosnia los llaman japoneses porque llegan, se hacen una foto y se van. Los hay de todo tipo, de variopinto pelaje y procedencia: parlamentarios, intelectuales, ministros, presidentes de gobierno, periodistas que pasaban por allí, tontosdelculo en general y media docena de etcéteras más. Sus incursiones bélicas duran entre uno y tres días, pero a ellos les basta ese corto período de tiempo para captar las claves esenciales del asunto. Al cabo cogen el portante y se largan, dispuestos a explicarle al mundo los horrores y los entresijos de una guerra que ellos han vivido -con grave riesgo de sus vidas- en primera persona del singular. A veces uno llega, es un suponer, de Mostar, o de Sarajevo, sucio como un cerdo, y cuando se baja del Nissan blindado y cruza el vestíbulo del hotel de Medjugorje o Split, en busca de una ducha y una comida decente de retaguardia, se los encuentra allí, con chaleco antibalas y casco y expresión intrépida, jugándose la vida a treinta o cincuenta kilómetros del tiro más cercano. Es curiosa la obsesión que demuestran todos y cada uno de ellos por creerse en peligro, viviendo arriesgadamente los azares de la guerra y la aventura, aunque allí donde suelen ir, o los dejan ir, el peligro no exista en absoluto.

Recuerdo, por ejemplo, la imagen ralentizada en la tele de un ingenioso humorista bajito, caminando por las calles de Sarajevo -donde estuvo diez minutos- con un chaleco antimetralla mimetizado, con el fondo de una canción tierna que hablaba de niños y de vamos a querernos todos y demagogias así. Y recuerdo al mismo fulano amenazando con ir también a Somalia, donde ignoro si terminó yendo o no, porque no he seguido muy de cerca las apasionantes peripecias de su currículum. Recuerdo entre otras cosas -en mis pesadillas- a cierta defensora del pueblo vestida de casco azul de la señorita Pepis diciéndoles a los soldados: «Cuando volváis a España, si es que volvéis, estáis todos invitados a mi casa». Lo dijo así, literal, en plan yupiyupi chicos, de modo que imagínense el choteo del respetable, con las conchas que te da una mili en Bosnia. Como recuerdo también la decepción de un conocido presentador televisivo -hasta esa fecha buen amigo mío- cuando, después de que me narrase sus excitantes sensaciones tras hallarse por primera vez bajo el fuego, le expliqué que los disparos que había estado oyendo toda la noche eran tiros al aire de los croatas borrachos de rakia que celebraban la Nochebuena, y que la guerra de verdad se hallaba cincuenta kilómetros al norte, en Mostar. Lugar al que, por cierto, no mostró deseos de desplazarse en absoluto.

Entre los domingueros de la guerra hay también militares de alta graduación que se dejan caer por allí en visita de inspección, del tipo hola qué tal, chavales, y todo eso. Se les reconoce en el acto por el aire paternal, la cámara de fotos y por el uniforme, casco y chaleco antimetralla, que llevan impecablemente limpios y nuevos. Son los que se ponen de pie en las trincheras para que les expliquen dónde está el enemigo, o los que pisan las cunetas de las carreteras y los caminos de tierra por si queda allí alguna mina sin estallar. Hace un mes vi cómo por culpa de uno de ellos que se empeñó en hacerse una foto en los puentes de Bijela, los francotiradores estuvieron a punto de cargarse a uno de los paracaidistas que le daban escolta.

Después, cuando se largan con su circo y sus fotos a otra parte, uno cree que se ha librado por fin de semejantes cantamañanas, pero esta en un error. A tu regreso a España abres los periódicos y te los encuentras a todos allí, explicándole al mundo los horrores de la guerra. Algunos incluso escriben libros que compro y hojeo con manos temblorosas y atención suma, a ver si me entero de una puñetera vez de lo que ocurre en Bosnia. Pero la guinda del pastel la puso cierto programa televisado, cuyo conductor estuvo exactamente tres días muy lejos de cualquier disparo real o imaginado, y que mostraba las imágenes de un charquito de sangre, argumentando que había dudado mucho en ofrecer esa imagen, pero que decidía emitirla tras consultarlo con su conciencia porque era algo que no solía verse en los informativos españoles. Mi cámara y amigo José Luis Márquez, que lleva tres años cubriendo la guerra de los Balcanes y a veces se despierta soñando con la morgue de Sarajevo o las calles de Mostar, todavía se está partiendo de risa con la horrorosa imagen del charquito.

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127 – CAZADORES DEL MAR
10 de diciembre de 1995

Ocurrió hace nueve años. Anochecía frente a la embocadura de la ría de Vigo, y la turbolancha del Servicio de Vigilancia Aduanera aguardaba inmóvil, motores parados, en el agua tranquila y roja. Bebíamos café, esperando, y en el puente el patrón –gorro de lana, rostro tallado de arrugas- fumaba inmóvil junto a la radio. Como nosotros, otras cuatro lanchas aguardaban el comienzo de la cacería. Fuera de las aguas jurisdiccionales españolas, doce planeadoras contrabandistas que acababan de abarloarse a un barco nodriza cargado de tabaco aguardaban la llegada de la noche para meterse en la ría.

Llegó la oscuridad y permanecimos inmóviles, sin luces, en absoluto silencio. De pronto se oyó como un proyectil de cañón que pasa, algo cruzó a nuestro lado igual que una exhalación, el patrón dijo: “Ahí están”, y la noche se rasgó de parte a parte con reflectores, motores arrancando a toda potencia, y un súbito griterío en la radio, muy parecido al excitado diálogo de los pilotos durante los combates aéreos. La caza duró dos horas largas, en persecuciones de a cincuenta nudos entre las peligrosas bateas mejilloneras y la costa, con los contrabandistas encendiendo bruscamente focos para deslumbrar a las turbolanchas y que éstas se estrellaran en los obstáculos. Aquella noche, el Servicio de Vigilancia Aduanera capturó cuatro planeadoras y tuvo dos hombres heridos. Y yo me enamoré del SVA para toda la vida.

Salí a la mar con ellos muchas veces –también lo hice con los del otro bando, y entonces fui cazado en vez de cazador-, acompañado por magníficos cámaras de televisión; tipos duros que se llamaban Márquez, Valentín, o Josemi, capaces de filmar planeando de noche a toda leche, dando pantocazos sobre las olas con una Betacam al hombro. Compartimos así con los aduaneros del SVA mucho tabaco y muchas noches de buena o mala fortuna, bebimos litros de café o coñacs al saltar a tierra, hicimos amigos para toda la vida, llenándonos de recuerdos, de momentos difíciles o extraordinarios. Una vez, encelados tras una planeadora gibraltareña, nos metimos tanto en la playa de la Atunara que la turbina se tragó una piedra del fondo. Y en otra ocasión, cuando mi compadre Javier C., el mejor piloto de helicóptero del mundo, nos llevó de noche a un metro sobre le agua tras una lancha cargada de hachís –a la que rompió con el patín la antena de radio para incomunicarla del Peñón-, el aguaje de la planeadora entraba por las puertas abiertas del helicóptero, empapándonos, hasta que tocamos una ola y casi nos fuimos todos al carajo.

El caso es que aprendí a respetar a esos hombres viéndolos trabajar; compartiendo sus peligrosas cacerías, sus éxitos y sus fracasos. Y ahora abro un periódico y me entero de que una ley a punto de aprobarse pone en manos de la Guardia Civil las competencias operativas de la lucha contra el contrabando. Eso significa, si he leído bien el texto, que la gente del SVA, esos hombres callados, profesionales y eficaces, perderán toda iniciativa y quedarán como simples funcionarios bajo la supervisión de Picolandia. Lo que me entristece. No cabe duda –entendámonos- de que los cigüeños de las Heineken harán bien su trabajo. Es gente concienzuda y dominará ese registro cada vez mejor, a medida que sus dotaciones se fogueen con horas de mar y la experiencia de años que poseen los hombres del SVA. Sobre el papel se trata de una unificación y coordinación, y eso siempre es bueno. Pero conociendo el percal, o sea, los piques y las competencias de los consabidos cuerpos y fuerzas, mucho me temo que lo que de veras implica la ley es el desmantelamiento de un Servicio de Vigilancia Aduanera al que debemos –al césar lo que es del césar- los más brillantes servicios en el acoso de los narcotraficantes y contrabandistas. Un cuerpo de elite que ya quisieran para sí muchas administraciones. Y la nuestra, en vez de sacarle partido en lo que vale, va y me lo capa.

Porque ya me contarán. En eso de apuntarse a los servicios más difíciles y brillantes, los picoletos no se casan con nadie, y es lógico. Así que mucho me temo que, colocándolo bajo la supervisión de la Benemérita, al SVA van a darle sentencia de cruz. Un pago ingrato y miserable para gente que se ha jugado el pellejo por hacer su trabajo a conciencia, con humildad y eficacia, y cuyos impresionantes servicios prestados permitieron a más de un juez hacerse famoso en los telediarios. Pero no sé de qué me extraño, a estas alturas. El nuestro es el país de los buenos vasallos siempre fieles, siempre traicionados, que nunca encuentran buen señor.
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145 - EN TERRITORIO COMANCHE
14 de abril de 1996

Cómo pasa el tiempo. Hacia dos años que el arriba firmante no se daba una vuelta por Bosnia: desde que decidí cambiar la profesión de mercenario de la tele por el ejercicio independiente de la tecla. Ahora acabo de estar allí un par de semanas, porque a Gerardo Herrero, que además de productor y director de cine es amigo mío, se le ha metido entre ceja y ceja hacer en septiembre una película basada en ‘Territorio comanche’. De modo que terminó liándome, y al final nos fuimos con todo el equipo de producción y dirección, incluyendo a Imanol Arias, que hará de reportero plumilla, y a Carmelo Gómez, elegido para encarnar a José Luis Márquez, el cámara protagonista del relato.

Aquello fue una especie de viaje de estudios surrealista, imagínense, puentes volados y pueblos hechos polvo, a la derecha los cañones serbios y a la izquierda Sarajevo, señoras y señores, cuidado con pisar las cunetas porque hay minas. Rescatamos a Jadranka, mi curtida intérprete local, y nos acompañó Gerva Sánchez, fotógrafo de guerra, excelente y viejo amigo, cuya presencia y conversación -habla hasta por los codos, el tío- me ayudaron a sobrellevar el gusanillo inevitable de las nostalgias. Debo decir en honor del equipo cinematográfico que trabajó duro y bien en la localización de exteriores. Incluso corrieron riesgos, sin rechistar siquiera cuando los condujimos por zonas todavía bajo control serbio o viejos frentes de batalla aún calientes. No es común que la gente se tome tan a pecho un rodaje. Será, creo, una digna película.

No conocía personalmente a Imanol ni a Carmelo, y en este viaje tuve ocasión de tratarlos a fondo. Ambos me cayeron muy bien: profesional y resabiado veterano Imanol; vigoroso, vital y humanísimo Carmelo. Resultaba apasionante observar el modo en que, como esponjas, absorbían cuanto en el camino encontraban que pudiera serles útil para encarnar después sus personajes en la pantalla. Era divertido, en mitad de una conversación o un paseo entre las ruinas de tal o cual barrio, verlos tomar disimuladamente notas en cualquier sitio. Todo les valía: una actitud, un paisaje, un comentario, una broma de humor negro. Al final, tras los primeros días de desconcierto o estupor, asumido el horror que nos rodeaba, eran ellos los que hablaban en la jerga de los reporteros que cubren guerras, con ese característico humor retorcido, lúcido, algo cínico, que es seña de identidad de la profesión. Hubo momentos en que parecían realmente periodistas, un equipo auténtico, e incluso yo mismo, a veces, me encontraba haciendo hacia ellos los viejos gestos familiares del oficio: hasta ese punto la ficción encarnada por gente de talento puede llegar a imbricarse con lo real. Estuvimos en la morgue del hospital, en el cementerio, en las líneas del frente. Dicen que aprendieron mucho en esas dos semanas, pero les aseguro a ustedes que, observándolos, yo aprendí de ellos todavía mucho más.

Una noche, en Sarajevo, en compañía de mi amigo Miguel Gil Moreno, que un día se fue en moto a la guerra, lleva tres años en Bosnia y ahora curra de cámara para la Associated Press, decidimos llevar a Carmelo e Imanol de shopping a Grbavica, cuando los serbios aún estaban allí pegándoles fuego a las casas. Aquello todavía era la guerra de verdad, calles negras como boca de lobo o sólo iluminadas por los incendios, patrullas de IFOR y de las milicias serbias, barricadas y toda la parafernalia. Los dos aguantaron el tipo sin pestañear, bajándose del coche blindado para acompañar a Miguel cuando éste se movia cámara al hombro entre los edificios ardiendo. Para mí, aquella noche supuso recobrar, por unas horas, el ambiente del viejo oficio. Para Imanol y Carmelo, sentir en carne propia un territorio comanche en estado puro. Y cuando pasada la medianoche estábamos filmando una casa, solos ante las llamas, y llegó una patrulla serbia con muy mala leche y peores intenciones, y yo les dije a Imanol y Carmelo que si las cosas se ponían mal corrieran hacia la esquina y doblaran a la derecha en busca de una patrulla de IFOR, lo encajaron todo con la calma resignada de dos veteranos que no hubieran hecho otra cosa en toda su vida.

Después, aquella misma noche, vaciamos una botella de algo en el mal iluminado bar del hotel, mientras Gerva contaba historias de otros compañeros y otras guerras, y Miguel, siempre flaco, melancólico, jugueteaba con su viejo y abollado Zippo, en silencio. Yo miraba a Carmelo e Imanol con la satisfacción de quien ha llegado a la meta. Ya no parecian turistas, sino colegas. Tenían esos ojos cansados que se te quedan cuando miras el horror y la mierda.

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240 – REGRESO A VUKOVAR
8 de febrero de 1998

http://www.capitan-alatriste.com/modules.php?name=Forums&file=viewtopic&t=3201

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249 – MÁRQUEZ
12 de abril de 1998

Desde hace treinta años patea el mundo con una cámara de televisión y un par de cojones. Hace cuatro le dediqué ‘Territorio Comanche’, y ahora el Club Internacional de Prensa acaba de premiar su trabajo; así que hoy me van a permitir ustedes que también le dedique esta página. Se llama José Luis Márquez León y está a pique de cumplir cincuenta tacos. Entre la gente del oficio su nombre es toda una leyenda. En aquel libro lo describí como rubio, duro y bajito; y Carmelo Gómez, que lo encarnó en el cine, supo imitar su tono de voz áspero y desgarrado, su valor profesional y frío, su hosquedad y sus silencios. Después de la última campaña de los Balcanes, Márquez estuvo haciendo reportajes escalofriantes en aquella merienda de negros que fue Liberia, y luego vino un tiempo en dique seco, en Madrid, hasta que Eva, su mujer, y sus dos hijas, hartas de tenerlo todo el día gruñendo por casa, le dijeron que o se iba a otra guerra o ellas pedían el divorcio. Así que firmó por tres años en la corresponsalía de Oriente Medio, como quien se alista en la Legión. Y allí sigue, con base en Israel, contándoles a ustedes las intifadas en los telediarios. El año pasado le abrieron la cabeza de una pedrada, y lo telefoneé para reírme un rato. Estás viejo, cacho cabrón, le dije. Antes te disparaban y nada, y ahora un niñato te descalabra con medio ladrillo. Jubílate ya. Me mando a mamarla, claro. A Parla.

La cicatriz del coco se le ha sumado a las otras –Vietnam, Eritrea, etcétera-, y sigue cámara al hombro, carrera va y carrera viene, entre palestinos, israelíes, Líbano e Irak, sabiendo perfectamente que el día en que se detenga, que se pare y se mire al espejo y reflexione sobre esas cicatrices, y las arrugas nuevas que se van sumando a las viejas, y el cansancio resignado y escéptico que desborda sus ojos azules, todo lo que lo mantiene vivo y en pie habrá terminado: y entonces no tendrá más remedio que resignarse a envejecer como todo el mundo, recordando en silencio. Porque Márquez es de ese tipo de hombres y mujeres capaces de recordar en silencio, junto a un amigo o con la única compañía de una botella de algo adecuado a la circunstancia. Su biografía bastaría para llenar varias vidas: en la profesión se le considera uno de los tres o cuatro mejores cámaras de guerra del mundo, y yo he visto a los compañeros, fulanos de las más importantes televisiones internacionales, tratarlo con envidia y respeto. Fue el único cámara presente en la matanza de Tiananmen, y escapó de allí escondido bajo un montón de cadáveres apilados en un camión. Filmó los misiles de crucero norteamericanos segundos antes de impactar sobre Bagdad, y son suyas –Petrinja, Vukovar, Sarajevo- las mejores imágenes de la guerra de los Balcanes. La famosa secuencia en que las balas trazadoras serbias pasan entre las piernas de Márquez y le aciertan a un soldado croata que está en el suelo con un lanzagranadas dio la vuelta al mundo. Y la historia de su maldito puente yugoslavo es ya legendaria en el oficio, y mítica en las facultades de periodismo.

He dicho también alguna vez que si Márquez hubiera sido anglosajón, sólo por lo que hizo en China, el Golfo o Yugoslavia, ahora estaría ganando una fortuna como cámara de la CNN o la BBC. Pero tuvo la desgracia de ser español y trabajar en este país, teniendo como jefes a capataces mediocres y envidiosos, a directores sectarios como María Antonia Iglesias y Jordi García Candau (Diccionario de la RAE: “Sectario: secuaz, fanático e intransigente, de un partido o una idea”) y a productores miserables, capaces hasta de regatear una botella de whisky para su cumpleaños. Tan mezquinos todos que, cuando dediqué a Márquez ‘Territorio Comanche’, ante la imposibilidad de meterme mano a mí pasaron una temporada vengándose en él, encomendándole las tareas más humillantes y rutinarias –llegaron a tenerlo de guardia permanente ante los juzgados de Madrid-, a él, que había hecho a TVE ganar tantas veces una fortuna, jugándose durante años los huevos y la vida por cuarenta mil cochinos duros al mes.

Así que me alegro de ese premio, y de que ahora lo dejen seguir trabajando en lo único que sabe hacer y ha hecho toda su puta vida. Y le dedico esta página porque me sale del morro, y porque sé que la tribu, Manu Leguineche, Alfonso Rojo, Gerva Sánchez, Miguel de la Cuadra y cuantos tienen el privilegio de haberlo conocido en Sarajevo o en el culo del mundo, se alegran tanto como yo. Así que enhorabuena, hermano. Y buena caza.
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264 – EL GRINGO MALO
26 de julio de 1998

Hace casi tres décadas, cuando el arriba firmante era un piolín recién llegado al diario ‘Pueblo’, compartía con los redactores de la sección de Internacional un feroz antiamericanismo. Eran los tiempos de Vietnam, de la crisis del petróleo, de Chile, de la CIA metiendo mano por todas partes, incluida España; y uno creía tener muy claro dónde estaban los malos y dónde los buenos. Yo pedía ir siempre voluntario con los buenos; y los buenos eran palestinos, vietcongs, sandinistas y, en general, los que combatían a dictaduras y gobiernos sostenidos por Estados Unidos. Fernando Latorre, Chema Pérez Castro, Pedrusquiño y los otros redactores veteranos, que para mí eran la voz de la sabiduría, la experiencia y el oficio, profesaban odio bereber a todo cuanto oliese a gringo; y yo compartía su punto de vista, entre otras cosas porque me pasaba la vida yendo a lugares donde podía comprobar, en mi propia carne y en la de los desgraciados a los que veía bombardear, torturar y matar, los efectos de la política exterior norteamericana.

Luego pasó el tiempo, y los Estados Unidos metieron el rabo entre las piernas y estuvieron unos años achantados, digiriendo su propia basura, que era mucha. En cuanto a mi punto de vista sobre el origen de los males universales, fue modificándose con el natural curso de la vida. Anduve de acá para allá, vi cine alternativo, conocí a norteamericanos maravillosos como Rusty, el cámara de la CNN, o la fotógrafa Corinne Dufka, o Howard, mi agente literario neoyorkino; y terminé descubriendo lo que, tarde o temprano, descubre todo el que no es completamente imbécil: que eso de los buenos y los malos es mentira, que lo mimo degüella una daga artesana bendita por Alá que una bayoneta de M-16 fabricada en Illinois –o en donde fabriquen los gringos sus bayonetas-, que en todas partes hay gente estupenda, y que los verdaderos hijos de puta no tienen patria concreta, porque arraigan donde los eches. No hay más que ver lo surtidos que andamos por aquí.

Sin embargo, y pese a que a los cuarenta y siete se ven las cosas de otro modo, he de reconocer que cuando uno de esos hijos de puta sale anglosajón, norteamericano y además senador, su fanatismo, hipocresía y bajeza pueden alcanzar virtuosismos inimaginables. Esta mañana, verbigracia, no tenía yo el ‘Hola’ ni el ‘Diez Minutos’ a la hora del colacao y los crispis. Así que al abrir el periódico me topé con el careto del senador Jesse Helms, cuya última hazaña es una ley para que el Estado no apoye a fotógrafos, directores de teatro o actores indecentes o exhibicionestas; en el muy amplio y meapilas sentido que la hipócrita sociedad dominante norteamericana tiene del asunto. Y ese Helms, reconocido clásico de una política conservadora estadounidense encantada de conocerse, proclive a combinar la Biblia con Tom Clancy, la gorra de béisbol, el hábito de Torquenmada, la prohibición del tabaco y el fomento de las asociaciones de usuarios del rifle y el 44 magnum, es el mismo fulano que desde hace treinta años dedica su tiempo a luchar contra la pornografía y el antiamericanismo, lo que incluye, entre otras guindas, dar caña a los homosexuales y asfixiar a Cuba. La ley Helms-Burton no se llama así por casualidad.

Por eso, cuando me tropiezo, como hoy, con jetas como la del amigo americano, me acuerdo de José Luis Márquez, con quien estuve una noche, hace cinco o seis años, en un local de Nápoles lleno de marines rapados y borrachos, sin duda muy canónicos para el senador Helms y para la madre que los parió, de esos que patrullan el mundo con la chulería del que se sabe sin enemigo, sin importarles un carajo si Italia está en Europa o en África; hijos muy ganados a pulso y muy legítimos de una sociedad bastarda, analfabeta y autocomplaciente que desprecia cuanto ignora. El caso es que Márquez, acodado en la barra, con la cámara de la tele a los pies y una cerveza en la mano, miraba a aquellas malas bestias sobar a las mujeres, reírse de los camareros y mamarse hasta las patas.
-Ahí los tienes-dijo al rato. Los amos del mundo.
Luego movió la cabeza y siguió con su Heineken. Yo no dije nada, porque pensaba en mis viejos maestros de la sección de Internacional de ‘Pueblo’, del mismo modo que hoy he vuelto a pensar en ellos. Quizá tenían razón, después de todo. Quizá no sea bueno olvidar que siempre hay alguien incubando el huevo de la serpiente.
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310 – EL PEQUEÑO SERBIO
13 de junio de 1999

Pues eso. Que estaba el arriba firmante sentado el otro día en una terraza de la plaza de San Francisco de Cádiz, mirando la vida. Y en la mesa contigua había un matrimonio joven con dos zagales, dos enanos rubios de entre siete y nueve años, y el mapa desplegado, y la cámara de fotos. Y yo, que tenía más hambre que un caracol en la vela de un barco, desayunaba un mollete untado de aceite; y entre mordisco y mordisco al pan caliente miraba la plaza, y las palomas revoloteando frente a la puerta de la iglesia. También miraba a los dos niños, a quienes sus papis acababan de comprar dos tirachinas de esos que antes los críos fabricábamos en plan artesanal, con un trozo de madera en V, tiras de neumáticos, un retal de cuero y un palmo de alambre, y que ahora se venden en las tiendas y en las jugueterías, y valen una pasta. Que por cierto tiene tela, tanta capullez sobre los juguetes bélicos y las armas y las navajas de Albacete, y resulta que cualquier parvulito puede comprar un tirachinas de precisión para saltarle un ojo al vecino, o un huelguista de la Bazán ponerle un tornillo dentro y perforarle la visera del casco a un antidisturbios. Que no tengo yo nada contra el hecho en sí, y cada cual perfora lo que cree conveniente; pero extraña que por un lado el personal se lleve las manos a la cabeza, y por el otro ponga las cosas tan a huevo.

En fin. El caso es que allí, imagínense, están los dos niños con sus tirachinas recién comprados, y yo sigo con mi desayuno mirando cómo se pasean las palomas, y cómo un palomo muy seguro de sí y muy flamenco hincha el buche sacando pecho y se contonea entre las marujillas plumíferas, que hacen corros y lo miran de reojo, bucheando, o zureando, lo que sea que hacen las palomas en voz baja cuando el cuerpo les pide marcha. Y estoy en ésas, pendiente de a cuál se liga el Travolta del palomo, cuando de pronto se me atraganta medio mollete porque oigo al niño rubio mayor decirle a su hermano rubio menor: “Vamos a espantar palomas”. Miro al padre, suponiendo que ha oído lo mismo que yo, y compruebo que el padre sigue leyendo con mucha calma el periódico. Miro a la madre, rubia, muy bien vestida, y compruebo que desliza su mirada lánguida por la plaza, apática e impasible, mientras sus dos criaturas se ponen en pie y, lanzando gozosos gritos de guerra, cogen guijarros de las jardineras municipales y empiezan a sacudir chinazos a diestro y siniestro. A Travolta lo pillan descuidado, metiendo barriga y sacando pecho, y de una pedrada le cortan el rollo y la digestión de las miguitas que acababa de jalarse al pie de mi mesa. Luego los tiernos infantes se ponen a dispararle a las palomas con precisión letal de francotiradores serbios, y la plaza se vuelve revoloteo de palomas acojonadas y plumas que flotan en el aire. Alucino. Miro al padre, que sigue pendiente de su periódico. Miro a la madre, que observa silenciosa la almogavaría de sus pequeños gamberros. Miro las dos cabecitas rubias que van y vienen gozosas desde hace cinco minutos largos, disfrutando del momento inolvidable que sin duda, dentro de cuarenta años, cuando se reúnan a cenar por Navidad, ambos evocarán con lágrimas en los ojos, por aquello de que la infancia es el paraíso perdido, etcétera.

La madre me mira. Ha debido leerme el pensamiento, porque desvía los ojos hacia sus niños y luego vuelve a mirarme. Entonces, saliendo de su apatía con un esfuerzo casi físico, llama al mayor. Paquito, le dice. Paquito, ven inmediatamente y trae a tu hermano. Paquito no le hace ni puto caso y sigue a lo suyo. La madre deja transcurrir otro minuto, me mira de nuevo e insiste. Paquito. A esas horas, la paloma más cercana está en lo alto del campanario, y Paquito regresa con su hermano, sudoroso, vencedor cual César tras darse una vuelta por las Galias. Con los tirachinas traen, como trofeo, sendas plumas blancas de la cola del pobre Travolta, que a estas horas debe volar a ciento ochenta por hora camino de Ciudad del Cabo. Con mucho alarde, la madre les confisca por fin el armamento. Paquito me mira con ojos de odio, intuyéndome culpable. Se parece, me digo, a aquel soldado que quiso matar a un prisionero en Kukunjevac, Croacia, septiembre del 91, y no lo hizo porque la cámara de Márquez lo estaba filmando. Y es que algunos hijos de puta ya prometen desde su más tierna infancia. Uno se los tropieza lo mismo en Cádiz que en Kosovo, con tirachinas o con fusil de asalto Kalashnikov, y sospecha que no siempre Herodes o Javier Solana degollaron inocentes.
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342 – EL PELMAZO DE GERVA
23 de enero de 2000

http://www.capitan-alatriste.com/modules.php?name=Forums&file=viewtopic&t=2246

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362 – EL MUYAHIDÍN
11 de junio de 2000

http://www.capitan-alatriste.com/modules.php?name=Forums&file=viewtopic&t=3786

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382 – BOLDAI TESFAMICAEL
29 de octubre de 2000

http://www.capitan-alatriste.com/modules.php?name=Forums&file=viewtopic&t=2486

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390 – ESTO ES LO QUE HAY
24 de diciembre de 2000

http://www.capitan-alatriste.com/modules.php?name=Forums&file=viewtopic&t=3230

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439 - LA LEYENDA DE JULIO FUENTES
2 de diciembre de 2001

http://www.capitan-alatriste.com/modules.php?name=Forums&file=viewtopic&t=2633


623 - EL CASO DE LA NIÑA
12 de junio de 2005

http://www.capitan-alatriste.com/modules.php?name=Forums&file=viewtopic&t=1840

697 - LA CHICA DEL BLINDADO
12 de noviembre de 2006

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727 - FANTASMAS DE LOS BALCANES
10 de junio de 2007

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769 - ESOS SIMPÁTICOS MUERTOS VIVIENTES
30 de marzo de 2008

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803 - NOSTALGIA DEL AK-47
23 de noviembre de 2008

http://www.capitan-alatriste.com/modules.php?name=Forums&file=viewtopic&t=2484

855 - MÁRQUEZ
22 de noviembre de 2009

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920 - SOBRE VIOLACIONES Y FASCISTAS
20 de febrero de 2011

http://www.capitan-alatriste.com/modules.php?name=Forums&file=viewtopic&t=3904

931 - LA BOTELLA DE VRANAC
8 de mayo de 2011

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bowman
Capitán


Registrado: Aug 08, 2006
Mensajes: 5060

MensajePublicado: Sab Mar 03, 2012 12:49 pm    Asunto: Responder citando

Muchas gracias
Un material muy interesante -imprescindible- para levantar una 'biografía sentimental' de A P-Reverte.
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Adeletheresa61
Alférez


Registrado: May 04, 2011
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Ubicación: Madrid

MensajePublicado: Sab Mar 03, 2012 2:59 pm    Asunto: Responder citando

Gracias Rogorn. Las patentes aquí son mis favoritas, cuando habla de la guerra. Las entrevistas y la otra materia - vaya tela.

Me quedé un poco decepcionada con el reportaje anoche sobre Márquez. Solo porque hubiera sido posible hacer algo como él y el público merece. Con tanta materia disponible quería más sobre Vietnam, Beirut, Líbano, China, Bosnia, Eritrea. Más entrevistas con gente que le conoce, más película original. Supongo que querían hacer algo corto y suerte hemos tenido que han puesto la serie.

De todos modos disfrute viendo a Márquez y las grabaciones originales. Me gusto cuando decía algo como 'Me gusto trabajar con Reverte, porque me dejaba hacer lo que yo quería. Hicimos muchas cosas muy buenas juntas.'
Como siempre, hablaba mucho con pocas palabras y esa mirada que dice tanto.
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Siana
Capitán


Registrado: Jun 15, 2006
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MensajePublicado: Sab Mar 03, 2012 3:39 pm    Asunto: Responder citando

Muchas gracias Ro. Esto hay que leerlo con calma...
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aik
Alférez


Registrado: Feb 18, 2007
Mensajes: 2218
Ubicación: En la Hansa

MensajePublicado: Sab Mar 03, 2012 4:58 pm    Asunto: Responder citando

Good job.
Realmente buen material. Gracias. Guiño
_________________
"Son Españoles los que no pueden ser otra cosa". (Cánovas)
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nexus6
Capitán


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Mensajes: 6459

MensajePublicado: Sab Mar 03, 2012 8:19 pm    Asunto: Responder citando

Gracias, Boss.
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Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia.Es hora de morir
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vetinari
Alférez


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MensajePublicado: Sab Mar 03, 2012 8:34 pm    Asunto: Responder citando

Mil gracias, Boss
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"...Efialtes aparecerá finalmente,
y pasarán los persas" Cavafis
"No hay quien pueda comprar el ser marino cuando estás en el mar." APR
"Freedom is just another word for nothing left to loose" Janis Joplin
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koora_linax
Alférez


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MensajePublicado: Sab Mar 03, 2012 11:43 pm    Asunto: Responder citando

Gracias Ro Guiño Buena recopilación del territorio Reverte. Como dice Sianeta, hay que leerlo despacio...
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"Al final lo que está en juego es como vivir con el desorden". Arturo P-R
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Siana
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Registrado: Jun 15, 2006
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MensajePublicado: Dom Mar 04, 2012 12:14 am    Asunto: Responder citando

Cita:
[….]estaba harto de contar inútilmente una guerra que había contado 200 veces

Me parece recordar ese hartazgo. Alguna vez, en alguna conexión.

Clave lo que has colgado del 2002 (la respuesta que empieza con “Sí. Es que además yo lo he visto”.). No sé si lo habría leído antes, supongo que sí. Pero hay una forma de contarlo aquí que…no sé. Comprendo mejor muchas cosas.

Cita:
[…]en ese momento vi la silueta del piloto en la carlinga y él me miraba a mi. Fue un momento... Yo me quedé paralizado, allí, llevaba unas baterías en las manos para la cámara de Márquez y me quedé quieto, mirándolo pasar. Esa escena es una escena absolutamente... No sé. Fue una de las cosas más raras y más extrañas que he visto en mi vida. Ver al piloto que me pudo matar, me miró, hizo así y siguió volando.

Esto sí que no lo había leído antes. Tela.

Me quedo con esto de lo que llevo leído:
Cita:
La memoria es buena, pero cuando va unida a la ignorancia es mala. Si tú sabes que a tu abuela la violó un serbio, que a tu bisabuela la mató un turco, o que a tu tatarabuelo un croata le cortó el cuello y no tienes la cultura para todo eso encajarlo, asumirlo y dialogarlo y discutirlo, y entenderlo en un contexto histórico, racional.


Y este par de respuestas claves de Márquez:
Cita:
En la guerra, la familia, los jefes, los amores, los odios, desaparecen, se difuminan. De pronto te encuentras solo ante el hecho brutal. Es como si la guerra te liberase de todo aquello que te ata y como tal te hace vulnerable en lo personal, en lo sentimental[...]
Cita:
Te planteas si deberías trabajar o ayudar.
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grognard
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MensajePublicado: Dom Mar 04, 2012 12:41 pm    Asunto: Responder citando

Gracias Rogorn.

Arturo ha twiteado el enlace.
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viveDios
Bravo


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MensajePublicado: Dom Mar 04, 2012 10:00 pm    Asunto: Responder citando

Vaya decepción "El ojo en la noticia." 20 minutos, cuatro preguntas y despachado.
Mejor homenaje le haces tú, Ro. Gracias.
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Adeletheresa61
Alférez


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MensajePublicado: Mar Mar 06, 2012 10:24 am    Asunto: Responder citando

viveDios escribió;

Cita:
Vaya decepción "El ojo en la noticia." 20 minutos, cuatro preguntas y despachado.
Mejor homenaje le haces tú, Ro. Gracias.


Esto lo comente en otro hilo. Era como meter un caramelo en la boca del niño y quitarlo. Quiero decir de un hombre del calibre de Márquez, y su público, merecen un documental en condiciones. Más película original, más conversación con Márquez. Más entrevistas con gente quien le conoce y ha trabajado con el. Más de todo. Era un programa algo 'light'. y me parece una pena que tratamos nuestros grandes así. No valoramos lo que tenemos. Hay que morir para que te valoren?
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Ada
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MensajePublicado: Mar Mar 06, 2012 12:34 pm    Asunto: Responder citando

Gracias Ro, aún no he visto el reportaje, pero si dura en efecto 20 minutos, casi merece más la pena leer lo que has recopilado Guiño
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aik
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MensajePublicado: Mar Mar 06, 2012 12:49 pm    Asunto: Responder citando

Ada escribió:
Gracias Ro, aún no he visto el reportaje, pero si dura en efecto 20 minutos, casi merece más la pena leer lo que has recopilado Guiño


Vamos a ver, el reportaje no está mal. Hay que tener en cuenta que no está indicado solamente para frikis como nosotros Risa. Se supone que quieren dar a conocer al público en general, a gente que suele estar detrás de lo que vemos en la tele.
Por supuesto que el trabajo de Rogorn es más completo, pero sólo para iniciados Tranquilo.
Al "gran público" probablemente le aburriría.
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"Son Españoles los que no pueden ser otra cosa". (Cánovas)
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Corsaria
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MensajePublicado: Mar Mar 06, 2012 2:31 pm    Asunto: Responder citando

Gracias, Ro!!!
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Había descubierto fascinada, estremecida de placer y de miedo, que todos los libros del mundo hablaban de ella.
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Rogorn
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MensajePublicado: Mie Mar 07, 2012 11:09 pm    Asunto: Responder citando

Gervasio Sánchez: "Que no me pidan objetividad. Yo lo que busco es ser honesto"
Alberto Ojeda - elcultural.es - 07/03/2012

La artillería pesada serbia no daba tregua. Vukovar, en el este de Croacia. Finales de 1991. Gervasio Sánchez llevaba pocas semanas en los Balcanes pero ya había llegado a la conclusión de que aquella guerra era la más sucia que había cubierto ("Allí me hice un hombre", confiesa para explicar que fue en los Balcanes donde se hizo un verdadero fotógrafo de guerra). Al caer la noche los periodistas que andaban por la zona buscaron refugio en el hotel de la ciudad donde se alojaban.

Permanecer en las habitaciones, con la que estaba cayendo, no era lo más prudente. Así que la tribu, como Manu Leguineche llama con guasa al abigarrado gremio de los corresponsales de guerra, se instaló en los urinarios, que estaban en el sótano del edificio. Pasado un rato, Arturo Pérez-Reverte, presente también en la escena, ya no aguantaba el hedor ni a los compañeros de Televisa a los que les dio por cantar rancheras para aliviarse la tensión. Cogió su saco y se subió al vestíbulo. Gervasio Sánchez fue a convencerle de que bajara, que aquello era demasiado arriesgado. Como no lo consiguió, decidió pasar la velada con él, iluminados intermitentemente por los fogonazos. En un momento dado, el autor de 'El capitán Alatriste' le preguntó: "¿Y tú por qué estás aquí?". "Porque me gusta", respondió con humildad el fotoreportero.

La anécdota la cuenta Pérez-Reverte en 'Territorio Comanche', libro convertido en una especie de catecismo para todo aquel que busca ganarse la vida como periodista en los conflictos bélicos del mundo. Hoy, más de dos décadas después, ese fotógrafo explica a elcultural.es su respuesta de entonces. "Odio las guerras, lo hago con todas mis energías. Pero siento pasión por mi trabajo, que consiste en documentarlas y contarlas, en ser testigo de lo que en ellas ocurre". Gervasio Sánchez acaba de inaugurar en La Tabacalera una exposición antólogica (abierta hasta el 10 de junio) que recorre los casi treinta años que lleva dando tumbos cámara en mano con ese objetivo.

Ver su trabajo concentrado en las 148 fotografías, a color y en blanco y negro, elegidas entre él y la comisaria (y también fotógrafa) Carmen Balsells, le desencadenan un aluvión de emociones: "Al revisar las fotografías y los negativos me asaltan olores, colores, tantos recuerdos de víctimas de la crueldad, de los compañeros muertos...". Precisamente a estos últimos dedica la exposición. Una serie de hombres que dieron al oficio del periodismo ("con P mayúscula", advierte) verdad y valor. Enunciar sus nombres, todavía hoy, duele: Juantxu Rodríguez, Jordi Pujol, Luis Valtueña, Miguel Gil, Julio Fuentes, José Couso, Julio Anguita Parrado y Ricardo Ortega.

La muestra antológica, epílogo del Premio Nacional de Fotografía que ganó Gervasio Sánchez en 2009, se estructura en diversos bloques temáticos sobre los que ha girado su trabajo en todo este tiempo: América Latina (1984-1992), Balcanes (1991-1999), África (1995-2007), Vidas minadas (1995-2007) y Desaparecidos (1998-2010). Las fechas tienen su importancia y dan cuenta de la continuidad con que el fotógrafo cordobés aborda los conflictos armados. Esa es una de sus señas distintivas: "Es otra manera de contar las cosas. Cuando acaba una guerra, y su impacto mediático, las historias siguen ahí. Puedes hacer la maleta y marcharte, pero entonces pierdes la oportunidad de ver la guerra de otra manera".

Gervasio Sánchez vuelve a los lugares ensangrentados en su día por el odio y la sinrazón. Vuelve para ver a los afectados (los mutilados, las viudas, los huérfanos, los que empuñaron las armas a la fuerza...), interesarse por ellos y por su vida después del trauma. Por eso las imágenes escogidas para esta exposición alternan la truculencia y la locura con estampas más poéticas y simbólicas. La compasión y un fuerte sentido del compromiso le empujan a seguir en la brecha. En abril vuelve a Afganistán. Todavía no piensa retirarse a escribir libros a partir de tantas experiencias al límite, tan jugosas para ser destiladas en literatura o en periodismo de fondo, cocido a fuego lento.

Aunque sí es verdad que ya no pasa tanto tiempo en el frente como antes. La guerra tiene muchas caras (y muchas cruces) y un periodista la puede afrontar de múltiples formas. Eso sí, ninguna objetiva según el propio Gervasio Sánchez: "Que no me hablen de la objetividad del periodismo, cuando todos los medios tienen sus dependencias, de políticos y de empresarios... Un corresponsal muchas veces está solo en situaciones desesperadas y tiene que tomar decisiones en cuestión de segundos. Lo que uno tiene que ser es honesto y respetuoso con los que sufren. Ya está".
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Ada
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Registrado: Aug 17, 2007
Mensajes: 4758
Ubicación: Madrid

MensajePublicado: Lun Mar 12, 2012 5:00 pm    Asunto: Responder citando

Procedente de www.ramonlobo.com


Fotografías con play de memoria

Miércoles, 7 de Marzo de 2012 por Ramón

Cierro los ojos y vuelan dentro de mi cabeza las fotografías de Gervasio Sánchez. Abro los ojos y nada cambia: sigo poseído, preñado de un dolor ajeno y propio, vívido, sentido, compartido durante más de una década. Algunas de las fotografías, como esta que encabeza, tienen play de memoria. Me sitúo ante ellas; no veo una imagen fija sino un vídeo de la matanza de aquellos niños que jugaban junto a la catedral católica de Sarajevo. Detrás estamos, difusos, Julio Fuentes y yo; conmovidos con la visión de un padre con pelo negro, barba negra, tristeza negra, camiseta negra que al entregar su hija a los médicos se le quedó un rodal blanco de masa encefálica junto al pecho. Escucho voces, las carreras de los enfermeros, los golf llegando al hospital de Kosevo con más heridos en el maletero. Escucho ráfagas de silencio y nos escucho gritando, blasfemando, retando a los cabrones de la montaña.

Ese vídeo de Kosevo sigue girándome como un tiovivo con los nombres de los amigos muertos recordados ayer por Gervasio Sánchez en su parlamento: Juantxu Rodríguez, Jordi Pujol, Luis Valtueña, José Couso, Julio Anguita Parrado, Julio Fuentes y Ricardo Ortega.

Gerva ha inaugurado una antología de sus primeros 25 años de trabajo en la antigua Tabacalera, calle Embajadores, 53 de Madrid. El lugar está a medio rehabilitar o a medio demoler; parece un edificio suspendido en la nada del Sarajevo sitiado: un lugar bombardeado, francotiroteado. El frío viaja a escasa altura, por debajo de las fotos, y anida rápido en los pies del incauto y malprotegido. Pese al soplo siberiano, el visitante vivirá una experiencia infrecuente en estos tiempos de simulación y estafa: la conmoción.

El fotógrafo ofrece imágenes inéditas, rescatadas de su archivo por Sandra Balsells, comisaria de la exposición. La puesta en escena en ese Sarajevo bis es magnífica; dirige al visitante a través de los continentes hasta cada imagen, a cada persona que mira y calla. El edificio se esfuma, deja atrás un esqueleto que no distrae, que acoge y ofrece el espacio necesario para el diálogo de cada uno con lo observado.

Me emocionan especialmente las fotos de Sarajevo, las más lejanas en la memoria. Gervasio no solo es un excelente fotógrafo y un gran amigo, es un tipo insobornable que ha sabido encontrar en sus proyectos de Vidas Minadas y Desaparecidos la capacidad de narrar y denunciar que ya no cabe en los medios de comunicación, tan preocupados en los políticos, los banqueros, los obispos y los reyes, como si el boato fuese la gran ideología del siglo XXI, la ideología de la vacuidad.

Las palabras nunca pronunciadas, la palabras imaginadas, flotan en el ambiente, se entrecruzan, juegan lejos del frío sibericano, se muestran para que cada uno escoja las suyas. A mi me gustan dos que nunca se gastan aunque tantos las olviden: honestidad y dignidad.

—————————-

(La exposición estará en ese lugar hasta el 10 de junio. Está abierta de martes a viernes; de 10.00 a 20.00 / Sábados, domingos y festivos: 11.00 a 20.00. Entrada gratuita).

(No dejen de ver los vídeos con su montaje sonoro).
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El_Curioso_Impertinente
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MensajePublicado: Lun Mar 12, 2012 10:12 pm    Asunto: Responder citando

A Gervasio Sánchez le veo un punto de inocencia que me conmueve. No me parece tan encabronado como el Jefe, aunque tiene tantos motivos o más. Creo que sigue creyendo en que lo que hace sirve para algo. Un hombre, en el buen sentido de la palabra, bueno.
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Adeletheresa61
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MensajePublicado: Lun Mar 12, 2012 11:36 pm    Asunto: Responder citando

Gracias Ada. Sigo a Ramón Lobo en Twitter y merece la pena leerle.

El_Curioso_Impertinente escribió;

Cita:
A Gervasio Sánchez le veo un punto de inocencia que me conmueve. No me parece tan encabronado como el Jefe,


No se que decirte. Después de ver la exposición y durante, estuve rodeada de muchas fantasmas suyas.....
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