Registrado: May 02, 2011 Mensajes: 3071 Ubicación: emporiae
Publicado: Mie Ago 15, 2012 8:11 amAsunto:
Y mira qué es fácil.
Pones en el Google "arturo perez reverte" y "capitan alatriste", así sin mayúsculas y sin acentos, y te sale un montón de información (y alguna que otra estupidez). Con un poco de suerte vas a parar al foro ese del 'El Capitán Alatriste', te encuentras el hilo 'Entrevistas con Arturo' y ya tienes el trabajo hecho.
Pocas ganas de trabajar y mucho 'entretenido', eso es lo que hay.
"Internet es el triunfo de la estupidez."
Registrado: Feb 18, 2007 Mensajes: 1866 Ubicación: En la Hansa
Publicado: Mie Ago 15, 2012 9:01 amAsunto:
grognard escribió:
"Internet es el triunfo de la estupidez."
Yo aún diría más:
"La Humanidad es el triunfo de la estupidez."
Yo lo expresaría de la siguiente manera:
La estupidez triunfa en internet
Y lo hace porque todo en internet es posible a más velocidad.
La estupidez en realidad triunfa en todas partes.
Y quema bosques y cosas así. _________________ "Son Españoles los que no pueden ser otra cosa". (Cánovas)
Registrado: Aug 17, 2007 Mensajes: 3792 Ubicación: Madrid
Publicado: Mie Ago 15, 2012 9:54 amAsunto:
a lo mejor estaban buscando eso "una entrevista distinta" _________________ Consuela saber que nadie a quien amas se quema en lo que arde. Crecer es lo que hacemos después de equivocarnos http://adacaramelada.blogspot.com.es/p/reverteland.html
Registrado: Feb 18, 2007 Mensajes: 1866 Ubicación: En la Hansa
Publicado: Mie Ago 15, 2012 11:27 amAsunto:
Ada escribió:
a lo mejor estaban buscando eso "una entrevista distinta"
Pues si eso es verdad, ya hay que tener ganas, con un personaje como Arturo, con más conchas que un galápago y habiendo sido lo que fue, antes de ser lo que es. O sea...
La ignorancia puede ser muy atrevida a veces. _________________ "Son Españoles los que no pueden ser otra cosa". (Cánovas)
Registrado: Mar 01, 2012 Mensajes: 1074 Ubicación: Por tierras de España.
Publicado: Mie Ago 15, 2012 3:45 pmAsunto:
aik escribió:
La ignorancia puede ser muy atrevida a veces.
Inconsciente. Resulta inconsciente por pura... valga la redundancia, ignorancia. _________________ La única salvación de los vencidos es no esperar salvación alguna.
Registrado: Feb 01, 2007 Mensajes: 9458 Ubicación: Campeón del Mundo
Publicado: Jue Ago 16, 2012 8:50 amAsunto:
Internet y otras enfermedades
Óscar Collazos - eltiempo.com (Colombia) - 15/08/2012
Una sola frase, sacada de su contexto, sirvió para hacer un escándalo con las declaraciones de un gran escritor de novelas de aventuras. Arturo Pérez-Reverte dijo, en efecto, que "Internet es el triunfo de la estupidez". No dijo, sin embargo, que la estupidez no ha necesitado tecnologías avanzadas para triunfar en distintos momentos del devenir humano. Le ha ido bien en las civilizaciones manual y mecánica y ahora se pavonea y se vuelve más visible en la virtual. De las declaraciones del novelista a 'El Mundo' de Madrid quedó esa frase de provocación: "Internet es el triunfo de la estupidez". Lo demás, más esencial, pasó a segundo plano. Como esto: que la salvación de España "pasa por la cultura, entendida como educación y sentido común".
Muchas otras cosas dijo en esa entrevista el creador del Capitán Alatriste, autor de 'El Club Dumas' y 'La tabla de Flandes': que "un país que presume de su incultura es como un enfermo que presume de su enfermedad". Y en este punto quise creer que Pérez-Reverte no era un escritor español nacido en Cartagena (Murcia), miembro de la Real Academia Española, sino un compatriota cercano. Al leer esa parte de sus declaraciones imaginé que era el más realista de los escritores colombianos, que hablaba sobre la incultura que se enseñorea aquí y allá de manera desafiante, no tanto desde Internet como desde la telebasura que alimenta nuestro imaginario colectivo. Internet no ha hecho otra cosa que reproducirla.
El escritor hablaba de su país. Y de la culpa de los españoles hundidos en la más grande crisis económica de su breve vida de nuevos ricos, que no tuvo 30 años. Y de los banqueros y de los políticos y de quienes tragaron tanto estiércol financiero. "Hemos vivido irresponsablemente muchos años y nos hemos dejado arrullar -dijo-. La pena es que el que no se ha dejado engañar también está pagando." Pérez-Reverte fue muy razonable al decir que "la política no respeta nada y acaba ensuciándolo todo, ya sea el lenguaje, la justicia, la economía o la educación". Podríamos decir lo mismo, aquí o en cualquier parte donde la política decida sobre todas las cosas y, como en todas partes, las pervierta y ensucie.
El novelista se refería, claro está, a la crisis que él mismo anunciaba hace años como un simple ciudadano y que cualquier español sensato veía venir dentro del carnaval de sus hipotecas. Creo que el cabreo de Pérez-Reverte no era con Internet. Estaba cabreado con "esta pandilla de sinvergüenzas de la crisis", incapaces de decir a tiempo lo que se les venía encima. Hoy, todos pagan las consecuencias del modelo de "prosperidad" hecho por unos pocos. Internet era lo de menos. O lo era apenas de pasada. Lo que el novelista recordaba ya lo sabemos: que gracias a Internet, "al lado de un pensamiento de Eco o Vargas Llosa, te encuentras una tontería de un analfabeto que compite en espacio con ellos". Pero la culpa no es de Internet, sino de lo que se haga en su red. O en sus redes.
En ese escenario inevitable, donde caben la estupidez y la deslumbrante memoria del mundo, hay que moverse con cautela. Esto fue lo que quiso decir y lo dijo mal por el cabreo de quien recuerda la soberbia del poder que ha estado detrás de esta ruina. Cinco millones de desocupados dan cuenta de ello. "No estoy despreciando Internet; solo digo que he intentado que no me haga falta", aclaró el más lengüisuelto de los escritores españoles. Si los medios que recogieron sus declaraciones hubieran empezado por aquí, no habría habido noticia. Sobre todo porque, además de blog, el escritor tiene cuenta en twitter y redes sociales.
Registrado: Feb 01, 2007 Mensajes: 9458 Ubicación: Campeón del Mundo
Publicado: Vie Ago 17, 2012 8:57 amAsunto:
“Mi objetivo no es el cine, sino la literatura”
Entrevista con Antonio Arco - La Verdad - 24/01/1993
La próxima novela de Arturo Pérez-Reverte, ‘El Club Dumas’, otra incursión en el mundo de misterios y aventuras en el que tan bien se maneja -en el mundo real y en el literario-, llegará en mayo a las librerías: un éxito anunciado. Mientras ‘La tabla de Flandes’, editada ya en doce países, sigue vendiéndose bien, al igual que su segunda novela, ‘El maestro de esgrima’, cuya adaptación cinematográfica, dirigida por Pedro Olea, es candidata española al Oscar de Hollywood, donde se ha acusado a sus promotores de publicidad ilícita, al ser invitados a una fiesta en la casa de Assumpta Serna (protagonista) algunos miembros de la Academia. Peligra el Oscar. El próximo martes, Pérez-Reverte participará en el Aula de Cultura de ‘La Verdad’, en Murcia, para hablar de ‘Literatura y aventura’.
-¿‘Literatura y aventura’ porque lo primero implica lo segundo, o porque lo segundo en su caso le condujo a la literatura?
-Las dos cosas. Toda literatura, toda novela -cuando hablo de literatura lo hago sobre todo de novela- es una aventura. Abrir unas páginas es internarse en un camino que no sabes dónde va a terminar. Lo que está claro es que al regreso de ese viaje ya no eres el mismo, ha cambiado algo en ti: has vivido. Leer es vivir más vidas. En mi caso, los libros son el punto de partida que me lleva a moverme por el mundo y a viajar, porque yo quiero reescribir de alguna forma lo que he leído en los libros.
-Siempre deja clara su pasión por la lectura.
-Yo más que escritor, y antes que nada, soy lector. Fui un lector precoz, con ocho o nueve años, me hice periodista por lector, he seguido leyendo durante toda mi vida profesional, y ahora escribo novelas como lector. Ante una novela voy a ella como lector, no me veo como novelista. Escribo porque intento reescribir a mi manera, a mi gusto, el mundo novelesco que he ido leyendo. Me lo paso muy bien.
-Aceptada la lectura como una aventura, ¿no la sería estética, cómoda y poco arriesgada?
-No, a veces hay lecturas, novelas, que alteran profundamente el alma humana, lecturas demoledoras y no siempre para bien. Hay libros que matan la inocencia, que te abren los ojos. Hay libros muy peligrosos. Le lectura es muy arriesgada y requiere una disposición a vivir y a enfrentarte a lo desconocido muy importante. Nadie lee libros impunemente.
-¿Usted cree que no se leen muchas “tonterías”?
-Sí, claro, pero eso es una cuestión de no saber elegir las lecturas. Los libros están en las bibliotecas y en las librerías. Uno puede irse o no a Dumas o a Valle-Inclán, por ejemplo. A veces tenemos lo que nos merecemos.
-¿Cómo contempla al lector de sus novelas?
-En los libros utilizo todos esos trucos y conocimientos que he ido aprendiendo sobre el oficio. Es como una guerra: planteo una estrategia que consiste en enganchar al lector y llevarlo conmigo para que entre en la historia y no la suelte. Espero que le guste y que se la recomiende a otro. Pongo trampas, trucos, cada cosa en su sitio, ganchos, y de momento parece que funciona. Quiero vender muchas novelas, porque una gran venta ayuda a mi vida profesional futura como novelista.
-Sorprende que usted tenga tiempo para escribir, sobre todo tan bien.
-El que tiene interés por una cosa encuentra el tiempo. Cuando no estoy por ahí fuera mi tiempo libre lo dedico exclusivamente a esto. Los fines de semana me levanto a las seis de la mañana y me pongo a trabajar, y mis vacaciones las dedico a escribir. Aún así, me lleva cada novela entre dos y tres años.
-¿Y su relación con el cine? Si ‘El maestro de esgrima’ consiguiera el Oscar sería estupendo para usted.
-Mi relación con el cine es muy buena, pero mi objetivo no es el cine, sino la literatura. En junio se empieza a rodar ‘La tabla de Flandes’ y ya le han salido “novios” a ‘El Club Dumas’.
-¿Sobrevivirá la literatura en la batalla aplastante de las imágenes?
-Sí, son dos mundos. La televisión es una cosa brutal, cotidiana, inmediata, fugaz, con la que convives, una cosa que ya forma parte de lo cotidiano, como el comer y el dormir. Uno ya no es consciente muchas veces de que está viendo la televisión. La literatura es otra cosa, ahí te encierras. Es como una puerta que cierras, y te vuelves de espaldas al mundo. Te vuelves hacia un libro y éste te transporta fuera de esa realidad. Es como una especie de pradera mansa y maravillosa donde pueden pasar mil cosas, y sobre todo algo que te permite alejarte de todo.
-Luis Goytisolo dijo que la literatura había firmado su sentencia de muerte.
-En absoluto. Lo que no se puede hacer es escribir novelas, hacer películas o pintar cuadros que no le interesan a nadie. Hay quien escribe malas novelas y encima pretende que las lea mucha gente y que le paguen por ello. La novela debe tener elementos que interesen a la gente, y se puede llegar a una compenetración que mezcle la profundidad y el rigor con la amenidad. Si les damos ladrillos mortales, la gente no leerá jamás.
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Con la muerte en los talones
José María Galiana – La Verdad – 28/01/1993
Con numeroso público arracimado en pasillos, escalones y puertas de acceso al Salón de Actos del MOPU, el reportero de TVE y novelista Arturo Pérez-Reverte disertó en el Aula de Cultura de ‘La Verdad’ sobre ‘Literatura y aventura’. Más que una conferencia al uso, el periodista cartagenero se limitó a ofrecer de forma novelada y amena una breve declaración de sus orígenes e identidad, para pasar de lleno a un coloquio que se prolongó durante noventa minutos. Tras resumir y analizar los avatares históricos de la antigua Yugoslavia, Pérez-Reverte pronosticó que las posibilidades de paz entre serbios, croatas, bosnios y musulmanes eran “mínimas”.
Justificó su afán de aventuras por el vicio patológico de devorar libros de acción desde su niñez: ‘Robinson Crusoe’, ‘La isla del tesoro’, ‘Ivanhoe’, ‘Los tres mosqueteros’, ‘Scaramouche’, etc. Tampoco fue ajeno a los libros de historia, asegurando que todavía buscaba esas “huellas de sus referencias infantiles”. Más tarde, libros como ‘Idus de marzo’, ‘Memorias de Adriano’ o ‘La cartuja de Parma’ marcaron su vida: “Joseph Conrad, Stendhal, Thomas Mann o Marguerite Yourcenar son mis referencias literarias más preciadas. Hay dos clases de hombres en el mundo: aquellos que leen historias y los que las inventan. A los 15 años empecé a escribir, pero mi acceso al periodismo fue accidental, motivado siempre como un deseo de aventuras”.
“A los 20 años -agregó el novelista- cogí una mochila y me embarqué en un petrolero. El mar me ha fascinado siempre, porque genera personajes literarios maravillosos. En aquella primera singladura aprendí a capear el temporal, me defendí con un cuchillo en un callejón del Líbano, y asumí como protagonista aquellas historias que había leído en mi adolescencia. Desde mi bautismo de fuego en la guerra de Chipre hace ya veinte años siempre llevé conmigo la compañía de los libros. Aunque me hice periodista, nunca olvidé mi patria, la de ‘Los tres mosqueteros’ o ‘El capitán Nemo’.
Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) ha cubierto la mayor parte de los conflictos internacionales acaecidos en los últimos 18 años: Oriente Medio, guerras del Líbano, Chipre, Eritrea, Sáhara, las Malvinas, Irán-Irak, El Salvador, el Chad, crisis de Libia, guerrillas del Sudán, Nicaragua, Mozambique, Angola y la revolución de Rumanía. El riesgo, el cansancio de la guerra y su éxito como novelista le han hecho replantearse su futuro: “La literatura me empujó al periodismo, y decidí que debía volver a mis fuentes primeras. El reportero envejece y la vida te pasa factura. He pensado que narrar historias es una digna alternativa. Escribir una historia es como enamorarse: surge la idea y te vas encariñando con ella durante bastante tiempo”.
Autor de tres novelas de gran aceptación por su ingenio y maestría narrativa, Pérez-Reverte manifestó que el cine tiene un lenguaje muy distinto al de la literatura: “El director de ‘El maestro de esgrima’ ha sido muy respetuoso con la novela, pero mis personajes, aunque son válidos, no son los mismos. Esta semana se inicia el rodaje en Barcelona de ‘La tabla de Flandes’, pero el cine es algo secundario para mí”.
Pérez-Reverte expresó que no era un nostálgico y criticó despiadadamente la televisión: “Es basura. Hay una presencia continua, y eso lo considero una barbaridad. Compadezco al que tenga como única ventana al mundo la pequeña pantalla. Mientras queden películas y se cuenten historias será un buen medio, pero no me gusta nada. He vivido 20 años de ella, y ahora deseo evadirme”.
Preguntado por su experiencia bélica, el reportero precisó que las guerras eran más limpias que la política: “Cuando te ves inmerso en un conflicto sabes que nadie va a engañarte. El ser humano tiene una capacidad infinita de hacer daño cuando es hostigado y humillado. Yo he visto demasiadas veces para mi desgracia lo que hay al final de los himnos y las banderas. No me gusta la política, no me gusta la gente que la sigue ejerciendo, no me gusta su resultado. Lo que empieza por el discurso de la bandera termina en el cementerio del León, en Sarajevo. Las guerras son limpias. La gente sufre, degüella, viola, mata, pero eso está todo claro, no hay que plantearse problemas. Nadie se equivoca. Eso es lo que me gusta de la guerra, que nunca me equivoco. Pero aquí es muy diferente: cuando vengo de una guerra no me gusta lo que veo a mi alrededor”.
Pérez-Reverte, que fue muy aplaudido al final del coloquio, repitió en dos ocasiones que era “un periodista honrado” porque se limitaba a informar, no a manipular la noticia: “Me mandan para contar lo que pasa, y procuramos mantener una actuación distante. Es peligroso calentarse cuando trabajas en una situación así. Siempre tomas partido, y al final te utilizan. Sé que mi trabajo en la guerra del Golfo está siendo manipulado por el ministerio de Asuntos Exteriores, por TVE, por el gobierno norteamericano, por el iraní, y todo el mundo moja en mi salsa, pero eso forma parte de mi trabajo, y asumo el hecho de que el periodista es un mercenario. La ventaja es que al ser reportero no tienes posibilidades de manipular: cuentas el hecho y nada más. No me veo obligado a opinar e influir en la gente”.
Registrado: Feb 01, 2007 Mensajes: 9458 Ubicación: Campeón del Mundo
Publicado: Mar Sep 04, 2012 9:35 amAsunto:
Las cuentas claras
Entrevista con Antonio Arco – La Verdad – 21/05/1995
Arturo Pérez-Reverte. Novelista. Personaje para quien la posibilidad de recordar es uno de los más hermosos regalos posibles, goza de sangre fría, talento y la experiencia de 21 años viendo hacer a la gente las barbaridades más atroces en todos los rincones del mundo. Popular, famoso, a menudo tenso, siempre con la verdad en la boca y dispuesto a la aventura interior, arrastra una herida oculta. No habla de eso.
-¿Quién es, edad, estado civil? ¿Qué profesión tiene? ¿Cuál es su ocupación actual? ¿Qué aspiraciones tiene?
-Arturo Pérez-Reverte, 43 años, casado y padre de una hija. Escritor, desde hace un año escritor a secas. Antes, también periodista. Escribir y navegar son las dos cosas a las que me dedico ahora. ¿Aspiraciones?... Básicamente, que me dejen en paz. Estoy muy bien pudiendo elegir a la gente con la que tratar, no teniendo que aguantar a tanto imbécil como anda por ahí.
-¿Qué tiene usted a favor? ¿Y en contra? ¿Qué le gusta mucho? ¿Qué suele leer? ¿Cuál es la ciudad que prefiere?
-A favor, creo que la lucidez. Soy lúcido, esa es la verdad, y veo todo desde un cierto distanciamiento. No con desdén, simplemente con cierto escepticismo, con la experiencia que da el haber presenciado muchas injusticias. En contra, el haber perdido la inocencia. Leer, leer es lo que más me gusta, y escribir, y navegar. Releo mucho a Stendhal, a Dumas, a Homero.
-¿Qué música prefiere? ¿Qué deportes practica? ¿Dónde se pierde? ¿Qué valora usted más en los demás?
-Soy analfabeto musical. No tengo oído para la música, aunque me interesa mucho la música como cultura, como historia. Me gustan las letras que cuentan historias, eso sí. Ahora, navegar es lo que siempre deseo hacer. Me pierdo en alta mar. Es el único lugar del mundo en el que es posible no encontrarte con un grupo de turistas. La coherencia, la humanidad.
Esta frase de ‘Lorenzaccio’, de Alfred de Musset, podría muy bien ser de Pérez-Reverte (mosquetero/gruñón/torrencial): “Y no me importa que me comprendan o no, que actúen o se queden quietos: yo habré dicho lo que tenía que decir”. Estamos ante un personaje -en sí mismo, made in Cartagena- de novela: espíritu inquieto -21 años de guerras, sangre, metralla, mil vueltas a mil por hora al mundo, y todas las modalidades en el mercado nacional e internacional de hijos de la gran puta sueltos, actuando impunemente frente a sus combativas narices-, carácter indomable (cierto que suena a spot de televisión, pero aquí el novelista no se casa con nadie, jurado), excelente reportero de guerra (lo saben todos), imaginación prodigiosa -lean los retardados sus novelas-, memoria a la par, novelista de éxito -traducido a varios idiomas, con novelas adaptadas al cine y personajes encarnados por grandes actores, como Omero Antonutti-, y para colmo, afortunado: dinero, el porvenir resuelto, tiempo para sus dos grandes pasiones (escribir/leer y navegar) y qué carajo, posibilidad de elegir a la gente con la que relacionarse. Es chulo Arturo Pérez-Reverte, porque puede.
El personaje es todos y cada uno de sus propios personajes; la suma de sus novelas, incluidas las que permanecen refugiadas en su memoria; el colmo de la sangre fría en momentos claves, la valentía hecha cronista para televisión, el pisar fuerte y convencido, los dientes más blancos de la literatura en castellano, y esa manía suya de llamar a los cabrones por su nombre. No se calla por más que intenten intimidarlo, no se alía con la complicidad del silencio una vez que ya goza de posición segura, y desde luego no gasta la más mínima energía en resultar simpático, agradable y fácil en el trato. Él es su mayor explosión, su peligro siempre acechante, su misterio por guardar y su mayor gloria. Realmente lúcido, cada vez más extranjero en su propio mundo, dice: “No me da la gana de que me cuenten más milongas”. No le da la gana de muchas cosas, y sí, reconoce, de vérselas en duelo final y a pecho descubierto con los estúpidos. Los rechaza más que a los malvados, los persigue y los tritura.
De joven era más cruel, también más inocente, más soñador. Ahora, 43 años, sus cuentas saldadas (en parte) con la vida, el personaje es más humano. Sabe bien de la piedad, la compasión y el horror. No ha perdido la sed de justicia, pero sí la esperanza de que ésta sea posible. Detesta a los canallas, utiliza la palabra “bellaco” y afirma que la única aventura posible que nos queda está en los libros, que durante años le han proporcionado compañía, amistad, consuelo, justificación, clave, refugio y trinchera. “Lo han sido todo”. Es imposible hablar del personaje sin hacerlo de libros y del mar. Siempre con desafíos en mente, quiere ahora cruzar el Atlántico con su velero. La libertad, dice, está en el mar. Así -agárrense los limpios de corazón- lo explica: “Mar adentro puedes cantar, pegarle fuego al barco, hacer el amor, emborracharte, soñar, gritar, pegarte un tiro en la cabeza, lo que quieras. Y nadie te va a dar el coñazo”.
Pérez-Reverte -oído negado para la música-, degustador de letras de tangos y bandoleros (Cocha Piquer, por ejemplo)- leyó en pleno campo de batalla y horror, una y otra vez, a Stendhal, Homero y Virgilio. Releyó ‘La montaña mágica’ al son de unos tiros, y aprendió para siempre que no está dispuesto -es lo que más teme- a perder la compostura, a renegar de la dignidad personal, a odiar demasiado. Como el emperador Tiberio, prefiere ser respetado, incluso temido, que querido, y el mayor elogio para él es reconocerle que hace muy bien su trabajo.
Hiperactivo, la cabeza le funciona como un reloj y la curiosidad le persigue sin descanso. Radical en las formas, no defiende sin embargo sus ideas de forma dogmática, y tiene una reconocible virtud: sostiene en el campo de batalla los mismos comentarios críticos y ácidos que hace en la retaguardia. Se empeña en ser consecuente y desde luego poco moderado en algunos temas. Con una frase de Jaime Astarloa, otro de sus personajes, responde de esta guisa a la pregunta de si cree en Dios: “Dios no me interesa. Tolera lo intolerable, es irresponsable e inconsecuente. Dios no es un caballero”. Tiene otra frase, corta, que le sugiere mil cosas –“Llueve en las orillas de Troya mientras zarpan las naves”-, y fuerza de voluntad. Hace cinco años dejó de fumar cuando otra puñetera guerra fue el escenario de una noche de mono sin tabaco. No consiente perder los papeles. ¡Vale!
Registrado: Feb 01, 2007 Mensajes: 9458 Ubicación: Campeón del Mundo
Publicado: Dom Sep 09, 2012 12:12 pmAsunto:
“Vivo imaginando todo el tiempo”
Entrevista con Antonio Arco - La Verdad - Murcia - 19/05/1996
¿Qué otra cosa es Arturo Pérez-Reverte sino un prodigio de imaginación? ¿Por qué otro caudal nada el periodista y escritor sino por el de las lluvias refrescantes de una mirada inteligente sobre el mundo? ¿Qué hay más allá del eco crítico y aventurero que nos llega de él en forma de buena literatura? Acaso el sinuoso y eterno caminar de los gatos por un misterioso tejado lo mantengan expectante.
La cita con el público que acuda al Aula de Cultura de ‘La Verdad’, que dirige el profesor José Perona, será el próximo martes a las 20 horas en el salón Carballal del hotel Rincón de Pepe, en Murcia. Pérez-Reverte hablará sobre ‘Cómo se monta una novela’. Según Perona, el periodista y escritor (Cartagena, 1951) combina en sus novelas ‘La tabla de Flandes’, ‘El Club Dumas’ y ‘La piel del tambor’ “el mundo contemporáneo en el que suceden los hechos y la biblioteca que, enciclopédica, contiene las claves de los hechos. El lector debe convertirse en un detective, siempre atento a las tramas financieras, al mercado del arte, a la moderna y vulgarizada demonología. Y tras una primer lectura debe transformarse en un lector-detective para adentrarse en el universo de los libros”. Un buen escritor.
-¿Cómo anda usted de imaginación? ¿Cómo afecta a su capacidad de imaginar el éxito (merecido) que le acompaña?
-La imaginación no se ve afectada para nada. El éxito es una cosa que procuro mantener a raya como si le ocurriera a otro, lo que me permite mantener la cabeza en su sitio. La imaginación es la de siempre, la que me acompaña desde hace muchísimos años.
-Y que le dure, claro.
-Eso espero. Aún tengo dos o tres historias por contar, y confío en poder hacerlo.
-¿Imagina todo el tiempo?
-Sí, todo el tiempo. Hay gente para la que imaginar es una especie de estado permanente. Yo me paso el tiempo imaginando, y eso es una cosa que aunque no escribiera la haría igual. Por suerte, escribiendo me puedo librar de las cosas que imagino, y así dejan de obsesionarme.
-¿De qué se alimenta su imaginación?
-De los libros que he leído y de las cosas que he vivido. Todo eso en la cabeza uno lo transforma y lo convierte en literatura.
-Y la presión de sus miles de lectores, del mercado, de la editorial, ¿cómo le influye a la hora de escribir? ¿Se puede disfrutar escribiendo con todas esas presiones?
-Es cierto que a veces el pensar que tanta gente va a leer lo que escribes, en España, en Japón, en América, a veces te perturba un poco, te distrae del objetivo principal: escribir la historia que quieres contar. Pero uno procura que eso no le influya demasiado. Uno hace una especie de ejercicio de disciplina mental para mantener fuera las cosas que perturban lo que tienes que hacer. Procuro no pensar en eso cuando estás trabajando. Hay veces que lo piensas, evidentemente, porque no eres inocente, pero cuando me pongo a escribir una historia y estoy metido en ella realmente, el mundo exterior desaparece. Es como si se fuera borrando poco a poco. Se quedan la historia y tú, cara a cara, y en ese estado tan íntimo, tan estrecho, no hay influencias exteriores que perturben.
-¿Y logra muchas veces esa relación con la escritura?
-Tengo la suerte de que sí. Yo soy muy disciplinado trabajando y le echo muchas horas. Una vez que las páginas van saliendo, todo lo que no es la historia y tú desaparece. Esa magia se produce cada día. Mientras sea capaz de mantener esa magia personal con el texto y olvidarme de lo demás seré un escritor honrado, y el día que pierda eso de vista me habré vuelto un escritor mercenario. Espero que eso no llegue, o que en todo caso tarde muchísimo en llegar.
-¿A qué cree que se debe que el público se haya reconciliado con nuestros escritores?
-Ahora hay una docena de buenos escritores españoles que escriben buena literatura. Además, se trata de escritores muy diversos. Cada uno de nosotros hacemos una literatura distinta, y el lector puede escoger entre un montón de opciones diversas. Creo que ahora en España sí hay buena literatura, pero se publica mucho y claro, también se publica basura. Almudena Grandes, Muñoz Molina, Javier Marías, Eduardo Mendoza, hacen buena literatura y tienen buenas tiradas, cosa que antes era impensable. Ahora hay buena literatura y además se vende.
-¿Qué piensa de esa idea según la cual la mejor literatura es aquella que tiene menos público, un público quizá más culto?
-Siempre se ha pensado que el público es idiota, y no lo es. Antiguamente los críticos y algunos autores de estos elitistas y onanistas que escribían mirándose el ombligo todo el rato se empeñaban en decir que el público es tonto. No es así. Lo que pasa es que cuando le daban productos infumables e intragables, el público desertaba y se iba a la tele o al cine, pero cuando el público ha encontrado de nuevo a novelistas que cuentan historias bien contadas con historias que contar, se muestra agradecido y compra libros. Ese mito de que la literatura buena era la literatura poco leída saltó en pedazos hace ya tiempo. La gente ya eso no se lo traga.
-¿Continúa leyendo mucho?
-Claro que leo mucho. Yo sobre todo soy lector, ante todo lector. Además escribo, y si tuviera que elegir entre una cosa u otra elegiría leer. Yo podría vivir el resto de mi vida sin escribir, pero no sin leer. Si yo no pudiera leer me pegaría un tiro. Es la única cosa por la que me pegaría un tiro (risas). Si uno puede leer, creo que ante cualquier cosa mala del mundo uno puede mantener la distancia y asimilarla y asumirla sin tantos problemas. Leo y releo continuamente. Además, leo para aprender. Hay una especie de humildad profesional, ¿no?... Uno puede ser el más arrogante del mundo, o lo que sea, pero a la hora de trabajar debe ser muy humilde, porque así se aprende. Esa humildad me lleva a leerme a todo el mundo. Hasta a los novelistas más jóvenes que salen los leo intentando ver qué hay de bueno en ellos, y si puedo, aprenderlo y apropiármelo. ¿Por qué no?
-¿Se nota usted cambiado?
-No, todos los amigos me dicen que no he cambiado nada, que sigo siendo el mismo. Quizá sea porque como he sido periodista tanto tiempo estas cosas del éxito las veo con una especie de escepticismo retorcido, las veo con una cierta distancia. No me termino de ver a mí mismo como novelista, y a veces me da risa cuando veo ciertas cosas que me pasan. No me lo tomo todo esto muy en serio, sino con un poco de guasa.
-¿Le interesa el cine especialmente? ¿Lo tiene presenta cuando escribe novelas?
-Mi generación vio más cine que televisión, y el cine ha influido mucho en mí, pero la literatura es lo que más me interesa. Ahora he descubierto que se puede vivir sin ver la tele. No veo los informativos, y leo un periódico a lo mejor cada tres o cuatro días. En la tele veo únicamente películas. No voy nunca al cine, ni siquiera a los estrenos de mis películas. Luego las veo en el vídeo.
-¿En algún momento ha pensado en protagonizar alguna de las películas basadas en sus novelas?
-Ni harto de vino de Jumilla. Cada uno debe hacer aquello que cree que puede hacer.
-Sus viajes no son ya a los escenarios de las guerras. ¿Qué visión tiene ahora del mundo?
-Lo sigo viendo igual. Ahora veo otro tipo de guerras: veo cocodrilos de moqueta, tiburones de los de salón y corbata, gente que se apuñala sonriendo sin ningún pudor. Hay el mismo número de indeseables e hijos de puta que en las guerras normales. En realidad, en las guerras o en la paz, el ser humano es siempre el mismo, pero es divertido verlo con corbata.
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“No hay nada que no pueda aprenderse en los libros”
La Verdad – Murcia - 22/05/1996
Ahora lee los sonetos de Quevedo para una próxima novela, pero sus referencias literarias son Dumas, Dickens, Balzac y sobre todo Stendhal, que lo dejó “patidifuso, patedefuá”. Arturo Pérez-Reverte, que encandiló al medio centenar de ciudadanos -mayoritariamente veinteañeros- que asistieron al Aula de Cultura de ‘La Verdad’, considera que “no hay nada que no pueda aprenderse en los libros” y admitió que la crítica no le preocupa “desde que vende centenares de miles de libros”.
Pérez-Reverte se mostró tal cual es: extrovertido, ameno y coloquial. A preguntas de José Perona, director del Aula de Cultura de ‘La Verdad’, analizó los personajes de sus novelas, la dificultad de encontrar los nombres más idóneos, las trampas que tiende al lector y los juegos que propone: “Ahora tengo entre manos una novela que aún no he empezado a escribir. Por un lado hay una persona mirando desde el hotel una playa y una barca. Hace años leí un poema y se me quedó la imagen de un barco que se aleja en una mañana gris. Entonces la das la vuelta y surge otra mujer en un foso. Un libro es un proceso acumulativo, y todo lo que haces te va sirviendo. Si voy a Venecia y veo a una mujer en Góndola, es otro punto de apoyo para la novela. Luego le das forma, inventas un asesinato para que interese al lector, etc. Es como una sopa que se pone a cocer, y pueden pasar años antes de empezar a escribirla. Cuando has formado la trama o el esqueleto, te sientas a trabajar doce horas diarias hasta terminarla de una tacada. Hago un guión para cada capítulo: puñal, chica con pecas, mar, barco, Venecia… y así sucesivamente”.
Declaró que le hubiera gustado escribir una novela heroica, pero que en la vida actual ve situaciones muy distintas: “A medida que te haces mayor y ves las muertes, la sangre y los mutilados asumes que sin humor es imposible vivir. Te haces más amargo, pero también te ríes más. El humor es como un colchón que amortigua los golpes”. A los nueve años supo lo que era el gusanillo de la lectura en la biblioteca de su abuelo, y defiende su amor por el folletín: “’El Club Dumas’ es un homenaje a ese género literario. Me gusta la huerfanita desamparada que es seducida por un malvado en una noche de tempestad. Es una cucharada enorme de placer. La gente no puede iniciarse a la lectura con ‘La celestina’, debe empezar por ‘La isla del tesoro’ o ‘Los tres mosqueteros’”.
Pérez-Reverte estima que “la gran obra maestra de la literatura es la que puedes leer varias veces y siempre la encuentras distinta. Mis libros tienen muchos pasadizos que conducen a otros temas, y el lector debe asumir las reglas del juego, porque una novela es un acto de fe. Mi gran ventaja es que cualquier cosa me vale. Para mí la vida es literatura, y eso me encanta”.
Entrevista por el lanzamiento en Italia de "Los barcos se pudren en tierra". Esta noche os la traduzco
Pérez-Reverte, la importancia de saber naufragar
El mar “cruel e injusto, magnífica metáfora del universo” es la esencia del libro donde el gran corresponsal español narra lugares, encuentros, recuerdos y fracasos veinte años después de su salida del periodismo.
Antes de dedicarse a la literatura, convirtiéndose en el escritor español más vendido del mundo, fue enviado de guerra en los frentes más “caldeados” del planeta. Pero la pasión absoluta y constante de Arturo Pérez-Reverte, la sustancia de la que están hechas sus novelas y su visión del mundo, es el mar sobre el que ha nacido (Cartagena, año 1951) y en el que nunca ha dejado de navegar. Como explica aquí, mientras se publica en Italia su último libro “Los barcos se pierden en tierra (Tropea editores), un compendio de textos ya publicados pero también inéditos que cubre un intervalo de casi veinte años.
El argumento del libro es el mar, la navegación como metáfora de la existencia. ¿Qué importancia ha tenido el mar en su formación humana y literaria?
AP-R: Nací en una casa cercana al mar, en una familia de marinos, y he crecido en un puerto del Mediterráneo. Las bibliotecas de mi padre y mi abuelo estaban llenas de libros sobre el mar. Los otros chicos aprendían de memoria las formaciones de los equipos de fútbol, yo conocía el elenco completo del equipaje del Pequod o del Bounty o los nombres de sus naves, en las que había navegado Joseph Conrad. Era natural, casi obligatorio, que el mar influenciase parte de mi formación y mi vida.
El libro se lee como un diario de a bordo: están los faros, las naves, las tabernas de los puertos, las travesías nocturnas. Hay una amarga ironía sobre el mundo actual. Hay mucho pesimismo. ¿Es el mar para usted un refugio, una esperanza de salvación?
AP-R: Decía Conrad que la única verdadera paz del espíritu comienza a muchas millas de distancia de la costa más cercana. Estoy de acuerdo. Tengo 60 años y no me hago ilusiones sobre de la condición humana. Una de las pocas certezas que conservo es una fe férrea en la ilimitada propensión del género humano hacia la estupidez. El mar ofrece diversas contraindicaciones. Permite observar la tierra con una mayor calma. Mejora la percepción del ser humano: hombres que en tierra despreciarías pueden ganarse tu respeto en el mar. Y en el mar no se puede mentir. Cuando estás dentro, con las velas desplegadas y un viento que sopla a 35 nudos, no se puede fingir lo que no se es: en el mar estás desnudo.
En un divertido momento se lanza contra los fabricantes de jeans: no se encuentran más que una vez aquellos que “necesitan de toda una vida para vivirlos y consumirlos”. ¿Se siente nostálgico por los tiempos pasados?
AP-R: no, estoy nostálgico por actitudes concretas que los hombres tenían en el pasado y que han perdido. Por esto me gusta tanto el mar, donde tantas cosas vuelven a ser lo que siempre han sido. El mar exige que los hombres pongan en práctica virtudes que en tierra han dejado de ser necesarias e incluso mal vistas hoy día.
Sus libros están llenos de referencias al mundo clásico y a la literatura del mar. ¿Es la historia más interesante que la actualidad?
AP-R: El presente es estimulante, pero no es nada sin la historia que lo explica y te enseña a soportarle. No hay peor desastre que ser huérfanos de nuestro propio pasado. Para mí la historia es un analgésico: saber que todo ha pasado ya es una consolación.
El espíritu de aventura es esencial en sus novelas, ¿qué lo llevó a convertirse en corresponsal de guerra?
AP-R: Más la curiosidad que el espíritu de aventura. Quería darme cuenta de si el mundo se parecía a lo que yo había conocido en los libros leídos cuando era un chaval. Si había amigos leales, enemigos inteligentes, mujeres hermosas, miedo y coraje, triunfos y derrotas. Así, cogí una mochila vacía y me fui a las islas de piratas, para ver si era verdad. Ahora, de vuelta de aquellas islas con la mochila llena, escribo novelas para enseñar lo que me enseñaron Long John Silver y sus tristes compañeros.
En el año 1994 cambió de trabajo. ¿o sólo ha cambiado su lenguaje?
AP-R: Continúo siendo un hombre que observa, y que a veces, no siempre, cuenta lo que ve. Un hombre que observa desde una biblioteca creada a partir de mi vida y de los libros de otros. Y que con los retazos de miles de naufragios personales y de otros escribe novelas.
Dejó de ser periodista en el momento en el que la información se convirtió en global. ¿Qué relación tiene con la información en tiempo real? ¿Piensa que aún es posible el trabajo del corresponsal de guerra?
AP-R: Ha sido una de las razones por las que, tras la guerra de Los Balcanes, me han movido a dejar el trabajo de reportero, no me interesaba reciclarme en el género del periodismo que se avecinaba. El corresponsal de guerra ha desaparecido. Ahora este trabajo lo hacen miles de testigos anónimos con una cámara e internet.
La guerra despelleja la realidad, hace que sea absoluta. ¿Es lo mismo en el mar, la materia principal de la que están hechos las aventuras y los sueños?
AP-R_ Lo que más amo del mar es su indiferencia por las pasiones y sentimientos de los hombres. Es cruel e injusto, una magnífica metáfora del universo. Mucho más sincero que la tierra firme, donde es más fácil engañarse a sí mismo sobre la verdadera naturaleza de las cosas. El mar destruye velozmente la visión cristiana de un dios bueno y justo. Y la idea misma de un dios.
Lo pintan como a un misántropo, pero al final de cada una de sus solitarias travesías, siempre hay un encuentro con el hombre: el farero, la prostituta del puerto, el holandés errante o Quiqueg el arponero, ¿son los hombres que va buscando?
AP-R: Por cada hombre bueno y racional hay al menos otros 100 crueles o estúpidos: es fácil despreciar u odiar a la humanidad. Es una tentación muy fuerte para la persona lúcida. La lucidez ayuda a vivir con inteligencia pero provoca un sufrimiento terrible. Es al mismo tiempo una enfermedad y una cura. Por eso es importante buscar a las personas que hace que el mundo y la vida tengan un sentido. En los días en los que querría que lloviese napalm y que todo se fuera a la mierda (como merecemos), termino pensando que siempre hay un justo por el que Sodoma merece ser salvada. Encontrar a estas personas y escribir sobre ellas es una consolación. No elimina las razones del sufrimiento que provoca la enfermedad de la lucidez, pero ayuda a soportarlo. _________________ Consuela saber que nadie a quien amas se quema en lo que arde. Crecer es lo que hacemos después de equivocarnos http://adacaramelada.blogspot.com.es/p/reverteland.html
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Publicado: Sab Sep 29, 2012 11:18 amAsunto:
"Aquí se hundió el Dei Gloria"
Entrevista con Enric González - El País - 04/02/2000
El lápiz señala un punto del Mediterráneo, reducido a líneas y cifras de sonda sobre una carta náutica. "Exactamente aquí". El lápiz traza un punto en circulito en torno a un guarismo; y las tres personas inclinadas sobre la carta se miran y sonríen. La cuadrícula de longitudes y latitudes, el sextante, el mar, el sol tibio del atardecer: los elementos de la aventura parecen ponerse en orden. Una pequeña pompa de emoción silenciosa estalla en la cabina del barco.
El hombre que maneja el lápiz tiene un extraordinario sentido del juego. A veces desconcierta a sus interlocutores cuando defiende algunos aspectos de la guerra, cuando dice preferir un mercenario antes que un idealista, cuando habla de matar o de morir, cuando establece la lista de sus amigos y enemigos, cuando exhibe su seguridad en sí mismo, cuando hace profesión de cinismo o cuando desdeña ciertos honores contemporáneos. Resulta un personaje inusual en los tiempos que corren, tan difusos, tan confusos, tan apegados a la corrección política, porque se maneja con unas reglas muy estrictas, quizá un tanto extemporáneas. Son sus reglas, y se atiene estrictamente a ellas. No por amor a las reglas, sino al juego. "Sin reglas no hay juego", dice. Si uno comprende eso, puede comprender el mundo de Arturo Pérez-Reverte. El literario y el personaje. Son lo mismo. Toda su vida está planteada como una esforzada aventura, desde su adolescencia submarinista, los primeros viajes en petrolero y las expediciones africanas (Sáhara, Eritrea) hasta su especialización en reporterismo de guerra y su reconversión como novelista. Puede intuirse que cuando la persona Arturo no responde de forma adecuada a tanta exigencia vital, queda relegada por el personaje Arturo.
Conocí a Pérez-Reverte hace algunos años. Él era entonces un compañero de trabajo, un veterano del periodismo de guerra al que convenía escuchar. Acababa de publicar 'La tabla de Flandes', su tercera novela, pero no había alcanzado aún la celebridad como narrador. Me pareció entonces un tipo cordial, correctísimo en el trato, más bien introvertido, conversador ameno, buen contador de chistes, generoso, con rasgos de orgullo y muy pocas manchas de vanidad. Ahora es el autor español más vendido, con cifras que marean, y su popularidad es planetaria. Bill Clinton figura entre sus lectores. Se ha hecho rico y famoso.
Caminando por el pantalán hacia el barco donde habíamos de encontrarnos, especulaba sobre el efecto que un éxito tan abrumador podría haber ejercido sobre él. Anticipo las conclusiones: no hay efecto perceptible. Sus amigos, pocos, muy elegidos, homenajeados con frecuencia, son los mismos. El pudor con que el ámbito privado -su familia, sus probables fragilidades íntimas-, también. La "Weltanschauung" desencantada, la habilidad para aplicar tintes aventurescos a casi cualquier situación y el sentido del juego permanecen inalterables. Igual que la mezcla de modestia y arrogancia. Esto se escribe con una cierta admiración.
"Esta mañana ha sido un poco complicada. Por el levante". Acaba de atracar después de una jornada de navegación en solitario. Se aprecian las marcas de sol y el salitre sobre su tez y sus labios. El velero, que compró hace siete años, casi se ha convertido en una residencia habitual, en un santuario sólo accesible al más estrecho círculo de familiares y amigos. Su mujer, su hija y su mesa de trabajo siguen en Madrid, pero gran parte de su tiempo transcurre en el mar. En cierta forma, el mar sustituye a sus antiguas expediciones a zonas de conflicto. 'La carta esférica', la nueva novela de Pérez-Reverte, transcurre también en el mar. En la costa levantina. Su protagonista, un marinero llamado Coy, vuelve a su ciudad natal, Cartagena, para embarcarse en la búsqueda de un bergantín llamado 'Dei Gloria', hundido en combate contra un corsario, con un inconcreto tesoro a bordo. Coy viste vaqueros, zapatillas de deporte y un viejo blazer, lo mismo que lleva hoy Pérez-Reverte, nacido en Cartagena en 1951. Ambos desconfían de la tierra firme. Y ambos fumaron el mismo primer cigarrillo: el que les ofreció El Piloto, un marino apuesto y valiente que les enseñó a navegar.
-Puede sospecharse que 'La carta esférica' es la obra en la que Pérez-Reverte ha volcado más elementos personales.
-Eso es muy relativo. Coy tiene algunas cosas mías, como también las tenía Lucas Corso, el protagonista de 'El Club Dumas'. Pero yo no soy Coy. Y el hecho de que parte de la acción suceda en Cartagena y en este mar sólo me ha ahorrado trabajo. Éste es mi territorio. Lo conozco bien.
-El trabajo es algo que Pérez-Reverte no suele ahorrar. Más bien al contrario.
-La novela me ha costado tres años: la mitad, para documentarme; la otra mitad para escribir. He tenido que aprender a navegar con cartas náuticas antiguas, he tenido que meterme en la piel de un marino del siglo XVIII, he tenido que pensar como un marino mercante contemporáneo, he estudiado a fondo la historia de los jesuitas... He disfrutado muchísimo.
Los lectores encontrarán de nuevo en 'La carta esférica' el tejido inextricable de hechos históricos y ficticios, el rigor y la exactitud en cada detalle, y la claridad narrativa que caracterizan la obra de Pérez-Reverte. Como de costumbre, bajo un relato lineal se esconde una complicada ingeniería. Y establece un juego de referencias literarias. En esta ocasión, las referencias incluyen algunas de las piezas más queridas de la biblioteca del autor: desde 'Moby Dick' hasta los álbumes de Tintín ('El secreto del unicornio' y 'El tesoro de Rackham el Rojo'), pasando por 'El halcón maltés' y un surtido de literatura náutica.
-He tardado mucho en escribir una novela sobre el mar. Pero había llegado el momento. Las novelas te eligen, y ésta no hubiera podido escribirla a los 30 años.
Como en 'Territorio comanche', en la que un amigo de Pérez-Reverte -el cámara de televisión José Luis Márquez- asumía un papel protagonista, un personaje perfectamente real se transforma en personaje literario. Se trata de El Piloto, hijo de El Piloto y nieto de La Pilota, vástago de una popularísima familia de mar cartagenera. Precisamente por ahí llega El Piloto. El escritor y su amigo-personaje se funden en un abrazo sobre el muelle. El Piloto es más anciano en la realidad que en la novela. Por lo demás, es exactamente el mismo tipo que se une a Coy en la búsqueda del sueño de la bella y misteriosa Tánger Soto.
-Oye, Piloto, si yo te propusiera embarcarnos en algo complicado, algo en lo que nos jugáramos la piel, ¿ te vendrías conmigo? -pregunta Pérez-Reverte.
-Pues sí, claro.
La audiencia (la fotógrafa y el reportero) quedan convencidos. Conversar con Pérez-Reverte es (cuando se deja: si el interlocutor no le interesa, se limita a ser correcto) un placer. Fotografiarle lo es menos. Fue reportero con cámara en sus inicios como periodista y luego trotó durante muchos años con una cámara de televisión al lado. Sabe lo que capta el objetivo.
-Oye, con un 28 ni hablar -advierte a la fotógrafa-. ¿Sale el puerto al fondo o se ve sólo el faro?
Coopera, pero sabe demasiado del negocio como para resultar cómodo. Una vez instalados en el Gran Bar de Cartagena, uno de los muchos establecimientos locales que aparecen en la novela, con unas cervezas delante que un parroquiano ha pagado inmediatamente, prosigue la conversación.
-He intentado demostrar que aún se puede escribir una novela sobre la búsqueda de un tesoro. Y escribiéndola me he convencido de que aún es posible buscar tesoros.
-En 'La carta esférica' son omnipresentes las reglas del juego. Cada personaje juega según sus reglas. Inevitablemente, unos ganan y otros pierden.
-Yo he llegado a decir que la guerra es limpia, para explicar que allí todo está claro. El que te dispara es un cabrón, y el que está a tu lado es un amigo. El mar también es limpio. Es muy malo, el peor cabrón que existe [El Piloto asiente en silencio], pero te tolera si eres buen marino y juegas según las reglas. El mar selecciona. Todo depende de ti. Estás solo, no hay nadie que te admire cuando lo haces bien. Y tienes que hacerlo bien, porque te va la vida en ello. Si lo haces todo bien y pierdes, no tienes nada que reprocharte. Uno puede estar hundiéndose y decir: sí, naufrago, pero he sido capaz de calcular con toda precisión el lugar exacto en que se me traga el mar. He cumplido.
-El mar quiere valientes para ahogarles, el mar siempre gana -apunta el Piloto.
-Incluso el lenguaje del mar es limpio. No hay sinónimos: una batallola es una batallola, y una estacha es una estacha. Te enfrentas a algo superior, y solo puedes aspirar a hacerlo lo mejor posible. El mar te enseña humildad, resignación, te enseña a perder. Los buenos marinos no presumen nunca.
-Se aprende a rezar y a blasfemar. Yo he visto a marinos que escupían contra el cielo -añade El Piloto.
La conversación discurre durante un rato entre olas gigantescas que forman grutas sobre el buque, cielos oscuros, vientos traidores y situaciones de angustia. Luego amaina la tormenta. El Piloto se despide, y Arturo Pérez-Reverte sale a dar un paseo por la Cartagena de su infancia.
"Estaban parados", se lee en un pasaje de 'La carta esférica', "en una calle oscura, ante el solar de una casa derribada entre otras dos que aún se mantenían en pie. Los lienzos de la pared desnuda conservaban los jirones de papel, clavos oxidados de los que no colgaba cuadro alguno, huellas de muebles, deshilachados cables eléctricos. Las recorrió con la mirada, intentando reconstruir lo que en otro tiempo encerraron: estantes con libros, muebles de nogal y caoba, pasillos con azulejos, habitaciones con tragaluces ovales en lo alto, amarillentos retratos rodeados de un aura blanquecina que intensificaba su aire fantasmal, al recordar. Ya no estaba la relojería de la planta baja, ni las tiendas de carbón y ultramarinos al extremo de la calle (...). Y al niño de pantalón corto que caminaba por aquella misma calle con una botella de sifón en cada mano, o pegaba la nariz, maravillado, ante los escaparates llenos de juguetes iluminados para la Navidad, hacía mucho tiempo que se lo había llevado el mar".
En 'La carta esférica' hay mucho del autor; más de lo que él está dispuesto a reconocer. Nos hemos detenido en esa misma calle oscura del fragmento entrecomillado, ante el solar de una casa derribada. En esa casa que ya no existe vivieron los abuelos de Pérez-Reverte. Los "amarillentos retratos" eran los de sus antepasados, bisabuelos y tatarabuelos muy vinculados al mar. Su memoria privada está ahí, y un poco más allá, donde vivieron los otros abuelos. Y en esta tienda de gorras e insignias militares. Y en los bares canallas del puerto, que tampoco existen ya.
-Resulta curioso que un tipo tan formal y, por decirlo de algún modo, caballeroso como Pérez-Reverte sienta tal querencia por el mundo más marginal.
-Es que, a su modo, son gente que se atiene a sus reglas, a sus códigos. Tengo bastantes amigos entre la delincuencia.
En su última época como periodista, el escritor hizo un programa de radio sobre sucesos, y un exitoso programa de televisión, 'Código uno', sobre la misma materia. En 'Código uno' se vio al Pérez-Reverte más desengañado, cínico y, probablemente, más auténtico. Podía decir cosas parecidas a ésta: "Hoy van a ver un programa realmente sangriento, con todo el horror que puedan imaginar y más. Es tan asqueroso que me niego a verlo. Adiós". Y se iba del plató. Y la audiencia subía semana a semana. Poco después escribió su famosa carta de despedida a la dirección de TVE.
-Estaba en la cama y tomé la decisión de dejar aquello. Me levanté, me duché y me fui a la redacción. Escribí la carta, imprimí dos copias y mandé una al director general. La otra la clavé en el tablón de anuncios. Serían las cuatro de la madrugada.
'Territorio comanche', una "novela ejemplar" sobre su última guerra, la de ex Yugoslavia, y sobre las grandezas y miserias de la profesión periodística, selló para él el final de una época.
-Podía haberme ido mal. Yo no ganaba mucho dinero entonces como escritor, y mi carrera literaria podía haberse torcido. Como puede acabarse cualquier día. Pero ya no hay problema. Tengo la vida más o menos resuelta y no soy persona de grandes gastos.
Arturo Pérez-Reverte es uno de los pocos periodistas que han pasado por años de reporterismo bélico sin matarse a cigarrillos, copas u otros tóxicos. Algunos días fuma (como hoy), otros no. Se embriaga a veces con algún amigo, pero no es bebedor. Es de costumbres austeras, aunque puede permitirse caprichos: comprarse un hermoso velero, amplio pero adaptado a la navegación en solitario; ir de vez en cuando a París a comprar libros antiguos, o pujar en las subastas de antigüedades náuticas. En una de esas subasta arranca, precisamente 'La carta esférica'.
En la conversación surgen amigos comunes (Hermann Tertsch, Gervasio Sánchez) y se evocan inevitablemente peripecias y anécdotas, viejas hazañas bélicas. Pérez-Reverte está un poco cansado de que los entrevistadores siempre echen mano de esas batallitas. Pero a él aún le sirven.
-La vida del escritor consiste en echar cosas a la mochila: cosas que uno ve, personajes que uno conoce... Luego sacas todo eso de la mochila y lo utilizas.
El personaje argentino de la nueva novela, por ejemplo. Pérez-Reverte viajó en los años setenta a la Patagonia, ayudado por algunos jóvenes oficiales de la Marina argentina. Esos mismos oficiales fueron, años después, sus mejores fuentes de información durante la guerra de las Malvinas. Y un día, pasado aquello, encontró sus fotografías en los periódicos, como torturadores de la dictadura en la Escuela de Mecánica de la Armada. Uno de esos oficiales es Horacio Kiskoros.
-No es un personaje enteramente malo. Ninguno lo es en 'La carta esférica'. Trata de la búsqueda de un sueño y de un hombre que se enamora perdidamente, y cada personaje cumple su destino. Al final, la vida sigue.
Tras la fachada de la novela de aventuras (mar, tesoro, riesgo, persecuciones, intriga) se esconden, como vigas amargas, algunas cuestiones inquietantes. El precio de los sueños, por ejemplo. La protagonista femenina de 'La carta esférica', Tánger Soto, encarna muchas preguntas sin respuesta clara.
-Tánger pelea por un sueño. Pelea hasta el final y está sola. La mujer es superior al hombre cuando decide combatir, porque carece de retaguardia. Las mujeres han sido durante muchos siglos los rehenes de los hombres, y tienen que demostrar que valen más para ser consideradas como iguales. Yo no soy misógino, y eso se demuestra con lo que digo y con lo que escribo.
Pasear por Cartagena con Arturo Pérez-Reverte es un no parar de abrazos, saludos, vítores y peticiones de autógrafos. Hay de todo, desde antiguas novias hasta perfectos desconocidos que aseguran conocerle desde siempre. Él lleva esas cosas con su habitual cortesía: sonríe, firma autógrafos, estrecha manos, se deja fotografiar junto a sus admiradores.
-Es que esto no es como cuando te saludaban porque te habían visto en la tele. La gente se toma la molestia de leer mis libros. Hay que ser considerado.
El respeto para con el lector de a pie se convierte en distancia respecto a otros admiradores de mayor calado.
-Durante la campaña electoral, todos quisieron hacerse fotos conmigo. El PP, el PSOE e IU. Todos me invitaron a actos o me pidieron que firmara algo. A eso me negué, por supuesto.
Una punta de arrogancia asoma de vez en cuando entre sus palabras.
-Yo no soy nada chulo. Pero si hay que ponerse chulo, me pongo.
Le sublevan, es decir, desatan su acreditada capacidad para el sarcasmo, algunos críticos que etiquetan su obra como "de consumo", pretendidamente inferior a algún tipo de literatura.
-Respeto muchísimo a cualquier persona que escriba, porque sé el trabajo que cuesta. Lo que no acepto son intelectualismos baratos. No me interesa nada esa gente que cree que es mejor dedicar cinco páginas a lo que puede contarse en cinco líneas.
Su aceptación en Europa y en Estados Unidos parece vindicarle. En Francia se le compara con Alejandro Dumas o con los grandes novelistas decimonónicos, sus queridos escritores de folletín. Los panegíricos internacionales, la fruición con que el cine adapta sus obras y las ventas multimillonarias (la primera edición española de 'La carta esférica' es de 230.000 ejemplares, una barbaridad) no excitan su vanidad perceptible. Lo que más valora de su éxito es la libertad que le proporciona. Una libertad entendida como ausencia de jefes, de órdenes, de horarios y de instrucciones. En su época de empleado se defendía de todo ello a golpes de cinismo. Es relativamente célebre una anécdota -existen muchísimas en torno a Pérez-Reverte, la mayor parte inventadas- de hace años, cuando TVE le envió a cubrir la información de un petrolero embarrancado que causaba una marea negra. "Vale", preguntó ya desde la puerta, "pero dame la consigna: ¿estamos a favor o en contra?".
-Escribo por puro placer. Es demasiado trabajo como para hacerlo por obligación. El día que no sienta placer, lo dejo. Y listos.
Por el momento, el placer se mantiene intacto.
-Ahora me pongo con una nueva entrega del capitán Alatriste. Y luego comenzaré otra novela que ya tengo más o menos en la cabeza.
-¿Sin interrupción?
-Nunca escribo dos cosas a la vez. Pero pongo la palabra fin en una novela y al día siguiente ya empiezo otra. No me hacen falta periodos de descanso ni adaptaciones mentales. Supongo que eso lo gané haciendo de reportero, igual que la capacidad para trabajar 12 horas diarias.
Todo ese frenesí productivo, insiste, es puramente voluntario.
-Ningún editor puede fijarme plazos. Estaba previsto sacar un Alatriste en las pasadas Navidades, pero andaba en los últimos capítulos de 'La carta' y no pudo ser. Si para escribir la próxima novela tardo tres años, bien. Si tardo cinco años también. Tengo la ventaja de que el mercado me acepta como soy y me lee gente de todas las edades y condiciones. Soy libre para hacer lo que quiera.
El orden y la autodisciplina que se impone a sí mismo no sería capaz de imponérselo ningún jefe. Es perfeccionista hasta límites increíbles ("puedo leer tres o cuatro libros para que un solo párrafo sobre un hecho determinado sea irreprochable"), e incapaz de entregarse a la pereza. Mañana, después de cenar, dormirá un par de horas en el camarote del velero y a eso de las doce o la una se hará a la mar. En solitario.
Entrevista realizada en Turín en el mes de mayo durante la promoción del último Alatriste en Italia
Pérez-Reverte su VitaNòva
Mauro Garofalo - ilsole24ore.com - 05/2012
-Navi, mare in burrasca, volti e uomini forti, donne bellissime. Nei suoi romanzi c’è il mondo, lo “sguardo” su di esso. Tutto, luoghi e persone, ha un limite. Ma cosa è il confine?
-Non esiste un limite o un confine. Quello che caratterizza uno scrittore, o la scrittura in generale, è lo sguardo. Per ventuno anni ho fatto il reporter. Ho visto la guerra, e la guerra non è uguale se hai dei libri appresso oppure no. Se hai dei libri da leggere mentre sei in guerra, riesci a digerire meglio quello che vedi. Quell’esperienza ha “aumentato” la mia capacità di mettere a fuoco le cose, a vent’anni credevo che esistessero dei limiti in uno sguardo, credevo di riuscire a vedere tutto. Oggi che di anni ne ho sessanta credo invece che non esistano “confini” se sai vedere: la bellezza di una donna, il sorriso di un bambino, la lealtà di un amico. La bellezza permette di conoscere (e riconoscere) emozioni nuove, dona un altro aspetto alle cose. Le rende “nuove”. Ora sto scrivendo un romanzo d’amore, a descrivere la storia è un uomo di sessantacinque anni, che ripercorre gli ultimi quaranta di vita, peripezie, circostanze, errori,… da giovane se mi avessi chiesto se un giorno sarei stato in grado di farlo, ti avrei detto che sarebbe stato impossibile. È lo sguardo con cui vedi il mondo che fa la differenza negli uomini. Una volta ero in Eritrea. Camminavo sotto lo schianto del sole con alcuni guerriglieri. L’unica ombra era quella di un sombrero che mi riparava, poco e male, a un certo punto, mentre il caldo arrivava oltre i 40° vedemmo una collina in lontananza. Così, mi dissi, appena fossimo arrivati alla collina mi sarei fermato, mi sarei riposato all’ombra di un albero. Ma invece una volta arrivato alla collina, decisi di andare oltre. E così andai ancora più avanti. Ecco, questo ti permette lo sguardo. Di arrivare in un posto che fino a quel momento hai visto come naturale “fine” della tua ricerca, e invece ti porta oltre, ti costringe ad andare avanti. È un atteggiamento che ti dà la curiosità, e la cultura intesa non come oggetto da manipolare stupidamente, ma piuttosto cultura come libri letti e assimilati dall’organismo, la cultura che “educa” all’istinto del cacciatore, che mentre cammina e “uccide” mette in tasca il risultato della caccia. Ed è un’attitudine che si educa, che si prende per mano. Lo sguardo che serve come “spiegazione del mondo”. Quando nel 1976 arrivai a Beirut dissi “Questa è Troia” (era l’inizio della guerra civile libanese ndr). Nel 1975 ero nei Balcani, mi sembrava di essere in un’avventura di Tin-Tin. Nel 1977, ho visto uomini uccidere, stuprare, saccheggiare, torturare. Erano uomini con cui avevo condiviso il cibo, mi avevano accolto, avevamo camminato insieme, curato. E poi, un giorno, dopo essere entrati in una città avevano iniziato a saccheggiare a violentate donne… ed è lì che ho capito che non potevo rifarmi al concetto di bene e male. Ricordai i classici, allora. Le letture da ragazzo, fu solo quello che mi permise di sopportare quello che vedevo. Le guerre, l’Iliade, Omero,… Ora scrivo e dietro di me c’è tutto quello che ho visto e vissuto. Uno scrittore è il suo sguardo. Esistono scrittori accreditati, che scrivono da tempo, che hanno anche un nome e hanno pubblicato molti libri che però in realtà non hanno nulla da dire, altri invece che scrivono meno bene da un punto di vista “formale”, che sono imperfetti, ma hanno uno “sguardo” sul mondo: Dostoievski, per esempio, che forse è stato il più grande narratore moderno.
-Cos’è il passato, e cosa il Tempo?
-Ho visto bruciare biblioteche e vite. Ho visto bruciare cose, ho visto uomini potenti in ginocchio chiedere pietà, donne bellissime prostituirsi in tempi di guerra per un pacchetto di sigarette. Tutto questo mi ha fatto vedere la caducità del mondo. Il futuro. Non mi interessa, è un esercizio estetico, intellettuale. Nel futuro prossimo rimarremo soli con la nostra memoria. Il futuro è un azzardo. Il passato è certezza. Ma io vivo nel presente. Il passato è come le vitamine, una sorta di consolazione, la fantascienza non mi ha mai entusiasmato, Dune l’ho letto ma non mi ha dato molto… Mentre invece trovo che Tacito sia ancora utile, persino per avere un orientamento politico. In effetti, uno dei problemi di quello che chiamiamo oggi “Occidente” è proprio la cultura, e cosa occorre farne della cultura? Come esperienza personale, la cultura mi è servita. Ricordo una volta ero su un aereo. Durante il tragitto Cipro-Beirut l’aereo venne colpito, intorno a me c’era gente che strepitava e così mi sono detto che in fondo la cultura è tutta lì, serve per non gridare quando un aereo sta precipitando. Mentre cadevamo pensavo “Sto cadendo contornato da stupidi!” perché quando prendi il 'Titanic' lo devi sapere che affonderai, devi sapere che ci sono gli iceberg. La cultura ti permette di accettare le “regole del gioco” (ti permette di accettare che un aereo può cadere, ed è vita.
-Nel suo libro 'Il pittore di battaglie' un fotografo di guerra si ritira a vivere dentro un faro, lì si mette a dipingere la sua personale Guernica, rievocando gli orrori della guerra e l’amore. Quale è la sua personale Guernica?
-I romanzi sono storie, sono racconti di vite. Nei miei romanzi uso dei cliché che mi rappresentano in qualche modo: l’eroe stanco, rassegnato alle implacabili regole dell’Universo, l’amore per una donna… che parli di un fotografo del Ventesimo secolo o di uno spadaccino del Diciassettesimo secolo racconto, sempre, la stessa storia. Io dipingo la “mia” Guernica per sopportare il mondo, come analgesico, a differenza di Picasso non voglio denunciare niente. Non credo nella Repubblica, né al re, né alla Chiesa. Non credo di cambiare il mondo, né la letteratura, scrivo perché farlo mi aiuta ad accettare le regole imprescindibili del mondo. Creo personaggi che in qualche modo potrei essere io, mi metto in differenti condizioni per mettermi alla prova, per vedere come reagirei a quelle situazioni. Così facendo riesco a superare i miei timori. Ma sebbene i miei libri siano romanzi storici, complessi, il lettore attento sa che sto parlando di lui, si riconosce nel personaggio del 'Club Dumas', in Alatriste, nel pittore di battaglie… non saprei dire se i miei romanzi sono belli o brutti, so solo che il mio sguardo aiuta chi legge ad affrontare il mondo, in qualche modo gli sono utili.
-Verso quali "luoghi" sta andando la letteratura?
-La letteratura sarà sostituita, è come lo yogurt, ha già una data di scadenza. Ma non c’è da stupirsi, è già accaduto altre volte, nel corso dei secoli quando la tecnica ha dato altri strumenti di pubblicazione e realizzazione. La tecnologia permetterà di creare storie audio-visive, per un pubblico meno colto, forse di più basso livello, ma le élite di lettori continueranno a esserci. La letteratura diventerà un genere di consumo di massa e le grandi librerie falliranno. Tutto questo non riguarda quelli della mia generazione, io oggi ho sessanta anni, mi manca “l’ultima remata” e sono arrivato, approderò, il mio ciclo è chiuso. Se avessi trent’anni oggi e volessi fare lo scrittore non credo narrerei storie, passerei subito alla scrittura per l’audio-visivo, il cinema o Internet. Scriverei libri come se fossero film, immagini per la televisione. Mia figlia è un’archeologa sottomarina, ha ventotto anni, è colta, bella, legge(va) molto. A casa mia ha trentamila volumi, nella sua casa circa cinquemila. Eppure, oggi, non legge più su carta ma direttamente da pc, o comunque usa la tecnologia, anche per le sue ricerche, che sono mirate e specifiche. Questo mi fa intendere che l’epoca dei libri è al termine, perché anche una donna giovane e di cultura elevata, sta sostituendo nel suo quotidiano quella “forma” di lettura con la tecnologia. Al giovane che comunque volesse scrivere oggi consiglierei di leggere i classici latini e greci, fonti meravigliose di ispirazione di cui riempire il proprio “zaino culturale” e i grandi scrittori europei: Mann, Flaubert, Stendhal, Plutarco, Svetonio, Tito Livio, Omero,… e di formare la sua intelligenza e applicarla per approdare al “nuovo mondo” che rappresenta la tecnologia, nuovo mondo perché tutto da scoprire (come quando Gutenberg inventò la stampa a caratteri mobili). Chi sbarcherà in questo mondo nuovo senza materiale non riuscirà, chi invece saprà arrivare alla tecnologia con quel prezioso carico otterrà una superiorità di scrittura, perché avrà letto e contemporaneamente saprà applicare, ciò che ha imparato, ai vari media. “Creare” per me significa scoprire il mondo. È bene però che questa modalità finisca con l’avvento delle nuove tecnologie. Non significa che finirà, solo che si trasformerà in qualcosa d’altro. Credo sia un bene morire, invecchiare, terminare. Altrimenti ci convertiremmo in fossili cristallizzati che creano difficoltà ai mondi prossimi, che devono ancora venire. Bisogna “terminare”, insieme al proprio ciclo, e lasciare la propria eredità come individui. _________________ Consuela saber que nadie a quien amas se quema en lo que arde. Crecer es lo que hacemos después de equivocarnos http://adacaramelada.blogspot.com.es/p/reverteland.html
Registrado: Feb 01, 2007 Mensajes: 9458 Ubicación: Campeón del Mundo
Publicado: Lun Oct 08, 2012 10:16 amAsunto:
"Me encanta tener enemigos. A un enemigo perverso y ruin yo lo cuido"
Entrevista con Trinidad de León-Sotelo - ABC - 22/07/2000
"He navegado por océanos y bibliotecas", escribió Melville, unas palabras que Arturo Pérez-Reverte emplea como epígrafe de uno de los capítulos de su última novela, 'La carta esférica' (Alfaguara) y que bien podría ser aplicable a su propia vida. No es sólo que este escritor haya dedicado desde la adolescencia la mayor parte de su tiempo a la lectura y ame las bibliotecas desde niño, porque en la casa paterna había una bien nutrida, o que surque el Mediterráneo con su barco, no como una afición, sino como una necesidad física y anímica. ¿Un mar nada comparable a un feroz océano? El autor de 'La tabla de Flandes' (46 ediciones) y 'El club Dumas' (treinta y pico ediciones) sabe muy bien que el mar de cuya cultura forma parte también mata, pero, sobre todo, puede ser calificado de "viejo, escéptico y sabio" y permite que el navegante experimente algo que para este hombre es esencial: la libertad. Otras sensaciones que han conformado su personalidad al cabo de 48 años de vida las ha vivido en océanos terrestres donde el peligro de las más terribles borrascas era sustituido por el horror de guerras que asolaron muchas de sus creencias: Chipre, El Salvador, el Sahara, Nicaragua, Mozambique, Angola, Rumania, el Golfo Pérsico, Croacia o Bosnia le mostraron la cara del espanto, el horror al que puede llegar el ser humano.
-Usted cae muy bien o cae fatal.
-Lo sé.
-¿Sabe por qué?
-Lo ignoro.
-¿Cómo le afecta tener enemigos?
-Me encanta tenerlos. A un enemigo perverso y ruin yo lo cuido. Sé que está esperándome en la oscuridad, confiando en que resbale en la cáscara de plátano y le sea posible clavarme el puñal, de modo que eso me ayuda a mantenerme despierto y me resulta muy útil para vivir.
Pérez-Reverte es el novelista español más conocido en Europa y Estados Unidos. 'La tabla de Flandes' le valió que la revista 'Lire' lo eligiera como uno de los diez mejores novelistas extranjeros en Francia (1993); un año después, la novela es distinguida con el premio de la Academia Sueca de Novela Detectivesca; en 1994 'The New York Times Review of Books' la cita como una de las cinco mejores novelas extranjeras publicadas en Estados Unidos; 'La piel del tambor' le vale el Premio Jean Monnet de literatura europea en 1997, título que en 1998 es considerado por 'Time' como una de las obras más destacadas en Estados Unidos. En el mismo año es nombrado Caballero de la Orden de las Letras y las Artes de Francia por el presidente de la República.
-A usted lo han galardonado más en el extranjero que en España. ¿Por qué?
-Porque soy español. Fuera de nuestras fronteras no saben de mi biografía periodística. 'The New York Times', 'Le Monde', me hacen buenas críticas, pero en España se preguntan: "Por qué éste y yo no?". Sé que en España hay dos premios que no tendré jamás, el de la Crítica y el Nacional de Literatura. Pero mi mejor premio es esa lectora que me ha visto conversar con usted, se ha ido a comprar 'La carta esférica', y ha venido, como ha visto, a que se la firme.
-Su nueva novela ha tenido críticas espléndidas, hasta el punto de que algún periódico ha dicho que ha ganado la batalla de la crítica.
-Siempre he defendido el derecho a escribir libros como yo quisiera. Decían que Galdós, Dumas y Stendhal no se llevaban, que el canon eran Benet, Ferlosio y Faulkner, pero defendí una manera de contar. Ahora hay muchos que lo hacen. Sí, hablaban también de Borges, a quien conozco mejor que muchos que se las dan de borgianos. 'La tabla de Flandes', sin ir más lejos, está llena de Borges. Lo digo sin chulería, ¿eh?... Porque no soy chulo, aunque puedo serlo si me provocan. Si me buscan me encuentran.
-¿Cómo influye el éxito en su personalidad?
-Aparezco en público cuando publico una novela, porque sé que eso hoy día forma parte de mi trabajo, pero nada más. No hago vida social, y por eso puedo escribir. Prefiero practicar la literatura a hablar sobre ella. Al día siguiente de terminar mi libro ya estoy con otro. De hecho, ya tengo una novela en la cabeza y estoy terminando para finales de año la cuarta entrega de 'El capitán Alatriste'.
-¿No necesita descansar?
-Escribir es una actividad personal que me hace feliz, no necesito descanso. Hay dos tipos de escritor. Uno es el artista, un apartado en el que entran por ejemplo Villena y Molina Foix. Representan la agonía creativa, la angustia del papel en blanco, la zozobra que provocan obras maestras que, eso sí, duran seis horas en las librerías, aunque su gloria sea imperecedera. Yo, por el contrario, soy un mercenario, un puto artesano de la tecla. Cuento historias lo mejor que sé y me lo paso bien. No me planteo problemas morales sino laborales. Me levanto a las siete de la mañana y echo horas como si estuviera en la fábrica, y no tengo complejo ninguno. Ahora que tengo éxito, todavía menos. Y no voy a pedir perdón por ello.
-¿Qué le mueve a escribir?
-No escribo para la gente, sino porque al hacerlo amueblo el mundo a mi gusto, hago que las cosas sean como yo quiero. Soy un escritor egoísta que tiene la suerte de que le guste lo que hace. Al escribir quiero hacer feliz mi vida, no cambiar la de nadie.
-¿Cómo se convierte un enviado especial a la más cruda realidad en escritor de ficción?
-Me echan al mundo muy bien preparado. Tuve una formación clásica, estudié Humanidades, latín y griego, he leído a los clásicos, la literatura del XIX, la clásica española... En fin, salgo a la literatura con un bagaje denso. Mi formación es clásica, y por otra parte nazco en Cartagena, un lugar con tres mil años de memoria mediterránea. Digamos que hice un largo viaje a la isla de los Piratas y que luego regresé al lugar del que partí.
-¿Y qué le hizo partir?
-Tenía 22 años y quería vivir aventuras, ir a lugares donde pasasen cosas. Me encuentro con la guerra, que es horrorosa, pero también con el ser humano, que es fascinante tanto en la guerra como en la paz. Hago un descubrimiento y decido quedarme y mirar al hombre. Quizá por eso no estuve intelectualmente con ningún bando.
-¿Qué piensa de la condición humana?
-El hombre es más malo que bueno, aunque lo bueno lo salva a menudo, e impide que se le desprecie.
-Pero la humanidad...
-La humanidad me importa un carajo, aunque hay personas que valen la pena. De todos modos, la batalla la ganan siempre los malos, pero eso no indica que debamos dejar de pelear. Por eso admiro tanto al que no se rinde. Desprecio la resignación. Sé lo que es pelear solo. El mundo literario pasaba de mí, pero me importa un bledo.
-¿Qué se dejó en aquellos años de corresponsal de guerra?
-Los hombres cambiamos no sólo en el físico, también en el corazón. La vida te cambia. Aquel tiempo me quitó muchísimas cosas: la inocencia, la idea del amor eterno, la de la patria, la bandera, el honor... Esas palabras te son arrancadas a mordiscos. No perdí la gallardía que tenía, y eso no quiero dejarlo en el camino. Fuera de eso no le tengo miedo a nada.
-Eso constituye también un bagaje para el escritor.
-Desde luego, no soy un escritor sólo de biblioteca. Tengo una vida llena de experiencia, y ese capital lo llevo al mundo literario, pero los libros siempre me han dado mecanismos defensivos. Mi vida sin ellos sería muy diferente.
-¿Y sin los sueños? Usted dice que hay personas que aún quieren hacerlos realidad, y pienso que usted puede estar entre ellos.
-Intento realizar lo que quería ser cuando era un niño. Entonces construí un personaje valiente, heroico, caballeroso, honrado... Pero la vida te quita palabras e inocencia. La única que ha sobrevivido es "consecuencia". Quiero ser consecuente con lo que amo y deseo. En ese contexto figura escribir, navegar...
-El mar es la libertad. ¿Cuánto la necesita?
-Es vital, y el mar es la única que queda. Es duro, difícil, perro, pero cuando navegas todo depende de ti mismo, y en él eres el único público. Te hace ser más noble.
-Su privilegio es la libertad. ¿Qué precio ha pagado?
-En comodidad personal, en ir de guerra en guerra durante veintiún años, en salud, en soledad, miedo, angustia, sufrimiento... Podría haber salido mal, pero no fue así. A cambio sé que nadie me ha regalado nada y me siento en paz.
-A usted le gusta la gente que como Coy en 'La carta esférica' encaja con la misma calma la victoria y la derrota.
-Sí, soy así, porque he visto muchas cosas. He visto arder bibliotecas, casas, vidas, así que estoy preparado para la victoria y la derrota. Además, el fatalismo es muy mediterráneo, sin que eso indique resignación. Soy consciente de que las cosas cambian, de modo que de vez en cuando escucho la voz que como a los Césares me dice: "Recuerda, Arturín, que eres mortal".
-De modo que es usted un buen perdedor.
-Siempre pregunto qué se debe. Una cuestión estética la convierto en una cuestión ética. Vuelvo a la consecuencia. Nunca he perdido la compostura.
-En 'La carta esférica' la protagonista, Tánger, es más fuerte que los hombres. ¿Lo hace para exorcizar la mala conciencia de muchos hombres con respecto a la mujer?
-No es una teoría. Lo he visto en Vukovar, en Sarajevo... La mujer tiene una fortaleza en la soledad de la que el hombre carece.
-Los hombres son títeres en manos de Tánger. ¿Le ha ido mal, o las ha conocido muy listas?
[Arturo Pérez-Reverte se pone muy serio y afirma rotundo que eso no forma parte de la entrevista. Poco se sabe, en efecto, de su vida privada. Casado y con una hija, abunda la idea de que es soltero, de tal modo preserva su vida íntima.]
-No llevo máscaras, pero hay una puerta que no permito que se abra. He sido periodista y he visto gentuza negociando con su vida personal o gente que saquea la de otros. No permito que nadie manipule o toque mi vida privada. Pero en fin, Coy sí sabe cómo es Tánger, y yo he encontrado mujeres muy listas de entre siete y setenta años. Desde mi hija hasta mis abuelas.
-¿Cuál es el papel de la mujer en la vida del hombre?
-Cómplice, enemiga, compañía, castigo, adversario...
Registrado: May 04, 2011 Mensajes: 1466 Ubicación: Madrid
Publicado: Lun Oct 08, 2012 8:55 pmAsunto:
Gracias Ro.
Cita:
-¿Cuál es el papel de la mujer en la vida del hombre?
-Cómplice, enemiga, compañía, castigo, adversario...
Siempre pienso que tendría haber conocido unas tipas de muy mala sangre. Sus protagonistas como mujeres realmente a veces me hacen pensar. Y no me vienes con el 'La mujer es un soldado en territorio hostil' y por eso tiene que comportarse así. Tánger y Angélica por ejemplo son dos autenticas.........
Registrado: May 02, 2011 Mensajes: 3071 Ubicación: emporiae
Publicado: Mar Oct 09, 2012 9:36 amAsunto:
A quien ha pasado su juventud en una época femenina le apena ver la humildad con que hoy la mujer, destronada, procura insinuarse y ser tolerada en la sociedad de los hombres. Ortega y Gasset.
Registrado: Feb 01, 2007 Mensajes: 9458 Ubicación: Campeón del Mundo
Publicado: Sab Oct 13, 2012 1:10 pmAsunto:
"No sé si soy mejor escritor que reportero"
Entrevista con Jesús Álvarez - ABC de Sevilla - 17/12/2000
Es el escritor más leído de España y sus novelas de aventuras, intriga y suspense son valoradas, conocidas y reconocidas en media Europa y Estados Unidos, donde el 'New York Times' llegó a sacarlo en portada. Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) se define en esta entrevista como "escritor profesional, no el artístico que quiere pasar a la historia de la literatura en cada línea y en cada párrafo".
-¿Se considera mejor reportero que escritor?
-Yo era muy buen reportero. Lo fui durante 21 años. No sé si mejor que escritor. Desde luego, nunca pretendí estar 30 semanas en la lista del más vendido.
-¿Ser periodista antes que escritor le ha ayudado o todo lo contrario en su carrera literaria?
-Me ha pervertido el estilo, pero me ha ayudado en la forma de trabajar y de acceder a documentación.
-¿Lee periódicos?
-Apenas. Cada siete u ocho días.
-¿Le parecen bien escritos?
-Veo de todo. Creo que hay un empobrecimiento cultural general que también afecta a los periodistas. El periodista que no lee es un analfabeto y se le nota al escribir: no tiene vocabulario ni sintaxis.
-¿Cómo surgió en usted esa afición a escribir?
-Cuando alguien ha leído desde los nueve años y tiene una cierta facilidad para juntar letras, lo normal es que acabe escribiendo una novela.
-Pero fue un escritor tardío.
-Sí, empecé a escribir con 35 años: aún era reportero. Antes nunca había escrito nada, pero leía mucho, sobre todo a los clásicos.
-Usted ha dicho alguna vez que ha sido escritor por accidente.
-Tal vez. Cuando volví de la guerra del Golfo, donde estuve seis meses, me encontré con que era best seller en Francia, España e Italia. Nunca pensé que pudiera vivir de la literatura, y eso cambió mi vida.
-Pero también es un escritor muy profesional, muy americano.
-Escribir es un trabajo. Me levanto pronto para escribir. Hay que hacerlo enamorado o desenamorado, contento o triste. Los americanos lo saben. Estar con una cuartilla veinte días por cambiar una palabra u otra no es profesional.
-Ya dice Cela que la inspiración te tiene que coger trabajando.
-A él le viene también por otras cosas, pero es verdad.
-Hay quien piensa que leer una novela de usted es leerlas todas, que se repite una y otra vez. ¿Es cierto?
-Que digan lo que quieran. Lo que es cierto es que yo siempre escribo la misma novela. A mí me preocupan cuatro o cinco temas, y son los que desarrollo siempre, aunque de forma diferente, porque he evolucionado con los años y la experiencia.
-¿Para qué sirve la fama?
-Para que te den mesa en un restaurante bueno.
-Decir que le den morcilla a todo, como usted le dijo a todo un director general de la RTVE, ¿es un desahogo o una simple sugerencia?
-Es una situación. Yo era un reportero estrella, ganaba pasta, y no había quien me tocara, aunque me peleara con el jefe. Quería irme.
-Se le criticó 'Territorio comanche', donde daba nombres y apellidos de compañeros que no salían muy bien parados. ¿Ser un escritor de éxito le permite a uno ajustar cuentas o consumar venganzas?
-No. Es un libro real, autobiográfico. Yo hablo de mi memoria, de amigos y de los que no.
-¿Escribirá alguna vez una novela que no sea de aventuras o de intriga y suspense?
-Hay un error de planteamiento: en mis novelas hay muchas cosas.
-Me refería a una novela psicológica o de experimentación, algo radicalmente distinto a lo que ha hecho hasta ahora.
-Hay novelas que requieren aventura y otras que requieren mayor profundidad. En 'La carta esférica' hago un análisis psicológico de los personajes. También lo hacía en 'El maestro de esgrima'. Pero una cosa tengo clara: si no hay argumento, no me interesa. Si no tengo una historia, no hay novela. No soporto que un tío escriba si no tiene nada que decir. A mí me seduce la aventura y sobre todo la peripecia. Me gusta contar historias, moverme.
-¿No teme que le pueda pasar, llevando su novela a Internet, lo que a Stephen King con su última obra?
-No, porque él lo que quiso hacer fue una operación comercial. La ha retirado porque le salió mal.
-¿Es cierto que algunos de los suplementos literarios de los periódicos españoles se han convertido en los últimos años en terminales informativos de los intereses comerciales de las principales editoriales?
-Algunos sí, otros no.
-Su editorial es Alfaguara, que pertenece al grupo Prisa. ¿Por eso le trata tan bien 'El País'?
-Yo no soy autor de 'El País' ni de Prisa. Publico un artículo todos los domingos en 'El Semanal', que es del grupo Correo. Si no vendiera 500.000 ejemplares de cada novela que publico, seguro que 'El País' no me trataría tan bien. Ellos van a su negocio, pero yo soy libre. No tengo ninguna dependencia moral ni personal ni económicamente con nadie.
-¿Se siente bien como articulista?
-Si no, no lo sería.
-Usted es el autor más leído de España, pero fue antes reconocido en Francia y en Italia. ¿Es más difícil ser profeta en tu tierra?
-Sí, aunque no me puedo quejar.
-A Javier Marías, su vecino dominical, le ha costado más.
-Sí, pero está muy reconocido.
-¿Le molesta que le critiquen su estilo literario, puesto que su capacidad como narrador es indiscutible?
-No me molesta, aunque a nadie le gusta que se metan con uno. Yo nunca he buscado el reconocimiento académico de mi obra.
-¿Por eso no se presenta a premios?
-Nunca lo he hecho ni lo voy a hacer.
-¿No ha caído en el tópico al describir algunos personajes supuestamente sevillanos, como la morenaza Macarena de 'La piel del tambor'?
-Usted sabe tan bien como yo que Sevilla está llena de Macarenas. Además, Macarena existe. No es un tópico. Al menos no es un falso tópico. En este caso es verdad. Curro Romero es un tópico, pero existe.
-¿Viene con frecuencia a Sevilla?
-Como mínimo una vez al año. Tengo amigos.
-¿Se siente feliz aquí?
-Sí. Sevilla me produce un estado de espíritu especial. Siempre que vengo me doy un paseo por la calle, veo a la gente en los bares, me siento a ver, pongo la oreja y me relajo. Sevilla me hace sentirme feliz por dentro. En una época pensé en comprarme una casa por Sevilla, aunque no lo hice, porque no quiero sentirme obligado a nada.
-¿Buscó planos de la época para documentar 'El oro del rey'?
-Sí, y los encontré. Me documenté todo lo que pude. Anduve mucho reconstruyendo esa Sevilla del XVII. Sevilla en una ciudad muy literaria.
-Esta obra se desarrolla entre Sevilla y Cádiz. La primera vez que ambientó una novela en Sevilla fue con 'La piel del tambor'. ¿Tan enganchado se quedó cuando vino?
-Totalmente enganchado. Soy de piñón fijo y se me quedó Sevilla en la cabeza cuando vine por primera vez. Estuve viviendo tres meses, en hoteles buenos y malos. Pateé las calles y puse la oreja como hago siempre. Es una buena forma de documentarse.
Registrado: May 04, 2011 Mensajes: 1466 Ubicación: Madrid
Publicado: Sab Oct 13, 2012 4:37 pmAsunto:
Gracias Ro
Cita:
-¿Se siente feliz aquí?
-Sí. Sevilla me produce un estado de espíritu especial. Siempre que vengo me doy un paseo por la calle, veo a la gente en los bares, me siento a ver, pongo la oreja y me relajo. Sevilla me hace sentirme feliz por dentro.
He encontrado esto en iCorso y no lo he visto en el foro.
Si está decídmelo y lo borro. _________________ "Son Españoles los que no pueden ser otra cosa". (Cánovas)
Ultima edición por aik el Sab Oct 20, 2012 2:27 pm, editado 1 vez
Registrado: Aug 17, 2007 Mensajes: 3792 Ubicación: Madrid
Publicado: Sab Oct 20, 2012 2:17 pmAsunto:
Gracias Aik
También han puesto en Icorso fotos de la entrevista que emitirá Canal Plus el 21 de noviembre. ¿se pusieron de acuerdo previamente Gabilondo y el sobre el vestuario? _________________ Consuela saber que nadie a quien amas se quema en lo que arde. Crecer es lo que hacemos después de equivocarnos http://adacaramelada.blogspot.com.es/p/reverteland.html
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