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'Hombres buenos' (2015) (noticias)
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Autor Mensaje
Siana
Capitán


Registrado: Jun 15, 2006
Mensajes: 5536
Ubicación: Barcelona

MensajePublicado: Mie Mar 11, 2015 8:39 pm    Asunto: Responder citando

Fuerzas oscuras
Sergio Vila-Sanjuán - La Vanguardia - 07/03/2015

Compartir mesa con Arturo Pérez-Reverte es como subir a una montaña rusa. El autor de 'La piel del tambor' explica cosas, refiere citas, se apasiona, te reta, discute, critica, apunta temas polémicos de cultura o de política. Junto a él no hay descanso. Es un batallador.

En Casa Calvet, su restaurante favorito en Barcelona, me habla de su nuevo libro. Arranca como una intriga bibliófila, pero rápidamente se transfigura en una absorbente y bien documentada reflexión sobre el sentido y el fracaso de la Ilustración española. "No fue deliberado, una cosa me llevó a otra. El XVIII es un siglo apasionante, lleno de figuras embarcadas en una lucha por el progreso, algunos de ellos buscando sinceramente una conciliación con la fe. Cuando los protagonistas de mi novela hablan, en realidad están utilizando argumentos de Cadalso, Condorcet o Diderot. Pero vino la Revolución Francesa, cundió el temor a los regicidios, la frontera se cerró y ya nadie se atrevió a proclamarse progresista. Para nosotros esa revolución fue fatal", explica apasionado.

Entre molduras gaudinianas, degusta un huevo poché y continúa. "Esta novela me ha permitido hablar de la España que pudo ser y no fue, de la cultura como salvación, del fanatismo como obstáculo y de cómo, incluso en momentos difíciles, hay hombres buenos que por patriotismo han luchado para traer a sus convecinos las luces, la razón y el futuro. Y siempre hay fuerzas oscuras que intentan evitarlo. ¡Ocurrió entonces y ocurre ahora!".

Si en 'El tango de la Guardia Vieja' ya ofreció el "making of" del libro en un blog que elaboraba mientras lo escribía, aquí forma parte de la trama, con cameos de personajes reales como Darío Villanueva o el omnipresente Paco Rico. "Es una novela muy compleja, llena de información. El recurso al presente me permite hacer elipsis, dar saltos en el tiempo, y a la vez el desafío personal de mostrar la cocina de mi trabajo, convertir el propio acto de escribir en literatura. Es que si no me lo paso bien me abro la cabeza, yo escribo para disfrutar".

Le apunto que 'Hombres buenos' brinda una visión positiva de los valores militares de la época. Aparta la hamburguesa y me lanza una mirada penetrante: "¿Cómo puedes decir eso?", inquiere, vehemente. Le señalo la figura del almirante Zárate, su dignidad y su valentía. "¡Es diferente! No es un militar, es un marino académico. Y la Armada del siglo XVIII encarna lo mejor del periodo, con personajes como Jorge Juan o Malaespina, viajeros y descubridores; la escuela de guardamarinas de Cádiz era un centro de investigación de primer orden. Yo no defiendo los valores militares, al contrario, algunas de mis novelas son tremendamente críticas con ellos, quizás las que más. ¡Pero la marina era otra cosa!".

Le prometo reflexionar sobre el tema. Su hamburguesa se ha quedado en el plato.
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Ada
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Registrado: Aug 17, 2007
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Ubicación: Madrid

MensajePublicado: Jue Mar 12, 2015 10:58 am    Asunto: Responder citando

Esta tarde entrevista en La Ventana, Cadena Ser
http://cadenaser.com/programa/2015/03/12/la_ventana/1426151019_216227.html


A PARTIR DE LAS 18:00
Arturo Pérez-Reverte en 'La Ventana'
El escritor publica hoy 'Hombres buenos', su nueva novela

A finales del siglo XVIII, dos miembros de la Real Academia de la Lengua viajan a París con el objetivo de adquirir los 28 volúmenes de la primera edición de l'Encyclópedie. Las peripecias de estos dos hombres y el proceso de escritura de la novela son el punto de partida de 'Hombres buenos' la nueva novela de Arturo Pérez-Reverte que se publica hoy.

Como dice el propio autor en la novela, a estas alturas de la vida "elegir una historia implica dejar morir otras, así que hay que escoger con cuidado". Sea como sea, la elección de la aventura de estos dos hombres buenos a favor del conocimiento, le ha ocupado a Pérez-Reverte casi 600 páginas, en las que el lector podrá reconocer el estilo narrativo más característico del creador de Alatriste.

Arturo Pérez-Reverte estará en 'La Ventana' esta tarde a partir de las 18:00.
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Ada
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MensajePublicado: Jue Mar 12, 2015 3:14 pm    Asunto: Responder citando

"En España se confunde tener razón con gritar alto"
Europa Press - 12/03/2015

El escritor y académico Arturo Pérez-Reverte publica 'Hombres buenos' (Alfaguara), una novela de aventuras y "peripecias", pero también una "reflexión moral o intelectual" acerca de los motivos de que España "arrastre una desgracia histórica desde hace tantísimos siglos".

"Siempre ha habido radicalizaciones en España, la actual es una más. Se confunde tener razón con gritar alto, un error que nos ha costado mucha sangre y dolor", ha señalado el autor durante una entrevista concedida a Europa Press con motivo de la publicación de esta nueva novela ambientada en el siglo XVIII, en el que teje paralelismos "indudables" con la situación actual.

El académico narra en este volumen el viaje que emprenden el bibliotecario don Hermógenes Molina y el almirante don Pedro Zárate a París con el ecometido de conseguir de manera clandestina los 28 tomos de la 'Encyclopédie' de D'Alembert y Diderot, que estaba prohibida en España. Otra pareja, Manuel Higueruela y Justo Sánchez, hará lo imposible para evitar que este texto cruce los Pirineos. El autor de 'Hombres buenos' ha asegurado que aquí hay "una lectura de presente muy concreta". Tal y como ha relatado, los dos malos de la novela son un académico "ultrareaccionario, fanático del trono y del altar" y un "ultraizquierdista demagogo, irresponsable, arrogante, pedante y utópico". Los dos "se alían", porque esos dos extremos "se necesitan el uno al otro, entonces y ahora". "Al leer la historia de España repetimos los mismos tristes esquemas", ha agregado.

Perez-Reverte, quien prefiere no hablar explícitamente de la política nacional actual, cree que los sucesos históricos que ha vivido el país ha provocado una "violencia intelectual" que provoca la sustitución del "adversario" por un "enemigo" al que no se quiere convencer, sino "aniquilar". En este sentido, explica que 'Hombres buenos' intenta demostrar que la única vía es "conversar y discutir" para crear "lazos". De nuevo, y al igual que en sus anteriores novelas, el escritor propone al lector un juego mediante el cual se convierte en parte esencial de la historia. En este caso, se sumerge en un viaje a la España del XVIII y al París de la Ilustración, donde visitará librerías y cafés, y vivirá incidentes en las calles. Aquí, incluso lo contado por el narrador, quien detalla sus descubrimientos y proceso creativo, se mantiene en un lugar entre la realidad y la ficción.

En cuanto a los obstáculos que han existido y existen en España para el progreso, Perez-Reverte destaca "la incultura", puesto que, según sus palabras, "la cultura -entendida como educación y actitud moral ante una herencia de ocho mil años de historia- es el único mecanismo que despierta a la gente y a los pueblos y que les impide ser víctimas de los fanáticos y de los estúpidos". "El peor daño de la humanidad son el fanatismo y la estupidez, y cuando están aliados ya son devastadores. Frente a eso, la cultura es el único antídoto, un pueblo culto no se deja manipular por los fanáticos ni por los estúpidos", ha dicho. En este sentido, ha señalado que en España el problema es que "siempre ha habido un déficit cultural enorme", entre cuyas razones cita la inquisición o la presencia de la iglesia católica en España, lo que ha dejado al país "indefenso", y eso se sigue repitiendo "hoy en día". Eso sí, advierte de que aunque el Gobierno -"este y todos", según precisa- "son muy culpables", cree que "ninguna ratonera funciona sin la complicidad del ratón, que es el que come el queso". "El público ve 'Sálvame', y la culpa la tiene el espectador", ha resaltado el escritor y académico, quien considera que el principal responsable de la incultura es el ciudadano.

A su juicio, la "gran diferencia con el siglo XVIII" es que entonces la incultura era una "consecuencia inevitable", puesto que "no había medios" para evitarlo, mientras que quien hoy es "una bestia inculta manipulada por los fanáticos y canallas lo es porque se deja".

--

"Sin libros estamos perdidos, somos borregos camino del matadero"
Paula Arenas - 20minutos.es - 12/03/2015

La inteligencia, marca de la mirada de este periodista escritor y académico, es en su última novela tan protagonista como la bondad que no en vano se lleva el 50% del título: 'Hombres buenos' (Alfaguara). Dos académicos españoles viajan a Francia para traer a una España analfabeta e inculta (y no por elección como hoy) en el siglo que aquí nunca fue de las Luces 'L'Enciclopédie'. Dos ejemplos de lo que la bondad debería ser: valentía y heroicidad, y no esa simplista asociación que iguala la bondad a la tontería.

La inexplicable asociación 'buenitonto' queda rota (ojalá que para siempre) en las casi 600 páginas de la recién publicada obra de Arturo Pérez-Reverte. Tan rota como presente deja la necesidad de cultura, educación y libros. De hecho, si algo es esta novela es una reivindicación de los libros como aquello que hace y ha hecho avanzar el mundo.

-¿Cómo es un hombre bueno?
-Un hombre bueno es aquel que es lo bastante heroico como para hacer sacrificios por sus conciudadanos, amigos, gente que quiere... En España a los hombres buenos solemos fusilarlos o vilipendiarlos

-Qué pocos hay, ¿no?
-Los hay y siempre los ha habido. Ésa es la lección moral: que siempre los hubo y que aún los hay. Lo que pasa es que en España a los hombres buenos solemos fusilarlos o vilipendiarlos.

-Hasta que se mueren...
-Sí, cuando se mueren a algunos los recuperamos a veces y les hacemos homenajes. Yo he conocido hombres buenos y aún conozco. Cuando lees la historia de España, que está llena de vilezas y deslealtades, ves que siempre ha habido hombres buenos. Por eso en esta novela dos hombres buenos, en el siglo XVIII, cuando todavía todo era posible, intentaron mejorar España con libros.

-Cuando todavía era posible. ¿Ya no lo es?
-Es posible, pero en el XVIII España era un país analfabeto por siglos de trono y altar que nos habían llevado a ese calabozo. La gente no tenía capacidad intelectual para enfrentarse, no tenía medios para acceder a ella. Hacían falta hombres buenos que tiraran de los demás. Ahora es distinto: existe televisión, Internet, prensa, la educación es obligatoria, así que quien es analfabeto hoy es porque quiere, quien ve 'Sálvame' en vez de 'Salvados' es porque quiere, nadie le obliga, ahora es voluntario. Entonces uno esperaba que la gente cambiara y ahora vemos que la gente es deliberadamente analfabeta. Pero incluso ahora hay gente buena con ese sentido intelectual heroico de la vida que intenta abrir las ventanas aunque sepa que es imposible o muy difícil.

-Había posibilidad de hacerlo porque España era un país "sin hacer", y ahora ya está viciado.
-Sí. La lección de este libro es: una aventura de cultura y amistad, en la que las palabras cultura, lealtad y amistad son analgésicos y herramientas de futuro. Dos personas completamente diferentes pueden gracias a la cultura crear entre ellos un lazo muy fuerte.

-Y gracias a la tolerancia también, ¿no?
-Es que la verdadera inteligencia trae implícita la tolerancia. En España hemos confundido la inteligencia con el fanatismo, creemos que quien grita más alto tiene razón. No tenemos adversarios sino enemigos, y cuando se le vence no se le convence sino que se le extermina o exilia. Esa necesidad de que no haya un lugar común es muy española y sigue siendo nuestro freno. Es muy triste ver que hay quien necesita enemigos para justificarse.

-Y también que se olvide o se niegue el valor de los libros en el avance del mundo.
-Es que son los libros los que han hecho avanzar el mundo, por eso es tan triste ver cómo desaparecen de la vida cotidiana. A medida que el hombre moderno se va despojando de libros para entender va convirtiéndose en peor persona, en víctima de los canallas que manipulan. Sin libros somos borregos camino del matadero, estamos perdidos sin ellos. Los libros no son sólo compañía y consuelo, son mucho más. El libro casi como clave de reconocimiento: somos de los que leen, somos hermanos.

-¿Imagina que en vez de sobre tele se hablara de libros? ¿Es posible?
-No sé, no lo creo.

-¿Alguna voz lúcida actual que pueda citar?
-Sí, pero no quiero citarlos. Las hay, y no son políticas, son intelectuales. Lo que pasa es que no se las escucha y se las intenta etiquetar. En España en cuanto aparece un intelectual de peso, se busca a quién vota. Necesitan una adscripción porque tenemos ese institinto del bando, necesitamos saber si es de los míos o no para defenderlo o atacarlo.

-Y en esas etiquetas, ¿la religión sigue teniendo tanto peso?
-No tanto como en el XVIII, claro. Documentándome para este libro en cada página me tropezaba con un continuo muro con el que tropezó la inteligencia en España. Por eso en Inglaterra y Francia tuvieron grandes pensadores y nosotros no, porque en cuanto salías de la mediocridad prudente te machacaba la iglesia. El daño de la iglesia en nuestro desarrollo intelectual fue incalculable. Ahora lo hace entre sus fieles, pero ahora ya cada cual que haga lo que quiera. Lo que no consiento es que el obispo de turno me diga cómo vestir o cómo parir. A veces les asoman los viejos métodos, y por eso es bueno que la sociedad los acalle. La verdadera inteligencia trae implícita la tolerancia

-¿Ahora nos hemos igualado con estos países que sí tuvieron Luces?
-Sí, tenemos pensadores y científicos de una gran altura. Pero han sido tantos los estragos de trono y altar, las guerras... Todavía tenemos las mutilaciones. Es un milagro que hayamos sobrevivido.

-¿Le molesta la asociación de hombre bueno con hombre tonto?
-Lo triste es que hemos llegado a una degradación intelectual tal que ser bueno es ser tonto.

-¿Y ser malo, cómo es?
-Los malos son los oportunistas, los cobardes. Lo peor es ser cobarde, peor que malo es ser cobarde, porque con el malo, si es inteligente, puedes negociar o entenderte. Pero el cobarde, la rata temerosa de alcantarilla que no se atreve, que está esperando para aplaudir al que gane y apuñalar al que ha caído, es el peor. En España siempre son los que más daño han hecho.

-¿Es su momento dorado?
-Sí, las crisis son siempre los momentos de gloria de los cobardes oportunistas. No hablo del que tiene miedo, hablo del que nunca se atreve hasta que sabe quién ha ganado y quién ha perdido. Mira ahora todos los que se están cambiando de partido, es un ejemplo de lo que es España. Las ratas que abandonan el barco para ir a otros barquitos que floten mejor.

-¿Qué dos académicos actuales pondría en ese papel?
-Más de dos. Esta obra es también un homenaje a la Academia. Yo era un reportero de mochila, y estos hombres buenos me acogieron.

-¿Con quién haría el viaje de sus protagonistas?
-Pienso en Javier Marías y yo haciéndolo, lo pasaríamos muy bien. Y también con José Manuel Sánchez Ron. Son dos hombres buenos.

-¿Desde cuándo está esta historia en su cabeza?
-Cuando vi en la biblioteca de la Academia la Enciclopedia. Vi la fecha en que había llegado: estaba prohibida en España. Ahí surge. Las novelas se cuecen despacio. Vivo con varias novelas en la cabeza hasta que una gana a las otras.

-¿Llega a empezar varias?
-No, pero paso tiempo coqueteando con muchas, es como muchas chicas guapas: coqueteas hasta ver cuál de ellas.
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Rogorn
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Registrado: Feb 01, 2007
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MensajePublicado: Jue Mar 12, 2015 6:05 pm    Asunto: Responder citando

"Lo que está haciendo el gobierno con la cultura es infame"
Ana Mendoza - EFE - 12/03/2015

El escritor Arturo Pérez-Reverte entona un canto a los libros y a la amistad en su nueva novela, 'Hombres buenos', una intriga ambientada en el siglo XVIII con la que deja muy claro que "sólo hay dos formas de cambiar el mundo: con la razón y la cultura o con la revolución y la guillotina". Por eso le preocupa tanto que el Gobierno español "se esté cargando la cultura, la única cosa que nos puede salvar", ha afirmado hoy el escritor en una entrevista con Efe con motivo del lanzamiento de su nueva novela en todos los países hispanohablantes, editada por Alfaguara.

"Lo que está haciendo el Gobierno con la cultura es infame. Está desapareciendo y está siendo arrinconada, envilecida y olvidada", asegura Pérez-Reverte, quien en su novela critica a Mariano Rajoy, presidente del Gobierno, por su inasistencia a actos culturales."Nos están acorralando, nos están poniendo contra la pared, y eso es muy peligroso. Un español acorralado históricamente ha demostrado que es muy peligroso", advierte.

Basada en un hecho real, 'Hombres buenos' funde con maestría la intriga y las peripecias habituales en los libros de este escritor con el torbellino de ideas y reflexiones propias del XVIII, ese siglo en el que los ilustrados intentaron "barrer fanatismos y se dieron cuenta de que la educación de los pueblos era la mejor forma de vivir en paz". Y es una novela llena de claves que permiten comprender bien el presente, y que contiene "una reflexión moral y social sobre la España del siglo XVIII y la de ahora, sobre lo que pudimos ser y no fuimos, y el porqué somos como somos", indica este novelista cuya obra está traducida a más de cuarenta idiomas.

En su nuevo libro, sumerge al lector en el París de los años previos a la Revolución francesa, y despliega ante él el mundo cultural, político e ilustrado de la época. La novela se le ocurrió a Pérez-Reverte, académico de la Lengua desde 2003, al ver en la Biblioteca de la Real Academia Española los 28 tomos de la primera edición de la 'Enciclopedia' francesa, que la RAE compró en París en el último tercio del XVIII, a pesar de que estaba prohibida en España. Para adquirirla, mandaron a dos "hombres buenos" a Francia, como consta en las actas de la RAE, una institución a la que Pérez-Reverte rinde homenaje en su novela. "He querido homenajear a los académicos del XVIII por su grandeza, su tesón, su bondad, su patriotismo, y porque intuyeron que definiendo con rigor la lengua, haciéndola más racional y científica, también estaban cambiando España", subraya el novelista, que se siente "en deuda con aquellos hombres".

De traer a España 'L’Encyclopédie' de Diderot y D’Alembert se encargan, en la ficción, el bibliotecario don Hermógenes Molina, un hombre ilustrado que "creía conciliables fe y razón", y el almirante don Pedro Zárate, "científico, frío, racional" y un personaje al que Pérez-Reverte le ha prestado parte de su forma de ver el mundo. Estos "hombres buenos" tendrán que sortear mil dificultades en su viaje y durante su estancia en París, donde les hará de guía el abate español Bringas, "un ser exaltado, revolucionario, ultramontano". Desde España, intentan boicotear la compra de la Enciclopedia dos académicos "malos", opuestos ideológicamente entre sí."Uno representa la rancia ultraderecha y fanática y el otro, la izquierda demagógica y arrogante", señala el escritor, quien, con estos personajes ha deseado "reflejar esas dos España extremas que no quieren al enemigo vencido, sino exterminado, fusilado, exiliado, borrada su memoria".

'Hombres buenos' se desarrolla en el siglo XVIII y en el XXI, y el narrador es un académico actual de la RAE y, aunque Pérez-Reverte insiste en que no es él, lo cierto es que se le parece mucho. Sólo el autor de 'El Club Dumas' podría bromear ante sus compañeros de la RAE con escribir una novela que titularía 'Limpia, mata y da esplendor' y en la que los académicos irían siendo asesinados uno tras otro. Pérez-Reverte está convencido de que "la incultura y el fanatismo llevan a la barbarie". Para comprobarlo, basta con ver en la actualidad la forma de actuar del Estado Islámico."El problema está en que, en España, cada intento que ha habido de los hombres buenos por romper las barreras que nos tenían encerrados en el calabozo secular, han tropezado con lo mismo: con el trono y el altar, con la estupidez de los monarcas incapaces y con el fanatismo derivado de la religión", asegura.

Este novelista que ha dado "demasiados tumbos por la vida" como para poder ser "un hombre bueno", valora por encima de todo la amistad, y tiene amigos "en muchos países y ambientes distintos, desde los más bajos a los más respetables"."Con la edad, te das cuenta de que la amistad de verdad es el mayor don del que un ser humano puede disfrutar", concluye.
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Rogorn
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MensajePublicado: Jue Mar 12, 2015 6:29 pm    Asunto: Responder citando

Pérez-Reverte confía en que los restos de Cervantes revitalicen la zona
La Vanguardia - 12/03/2015

El escritor Arturo Pérez-Reverte confía en que el hallazgo de los restos de Cervantes en la Iglesia de las Trinitarias de Madrid, aún sin confirmar por fuentes municipales, sirva para convertir el barrio de las Letras en "un foco cultural internacional y no en las cuatro calles para frikis" que son ahora. "Si fueran de verdad los restos de Cervantes, al menos espero que esta vez, como excepción, las sociedades competentes se den cuenta de que es un buen motivo para convertir ese barrio en el lugar que debería ser y no es", ha afirmado hoy el escritor en la entrevista que ha concedido a Efe con motivo de la publicación de su nueva novela, 'Hombres buenos' (Alfaguara).

Pérez-Reverte ha situado algunas de sus novelas protagonizadas por el capitán Alatriste en el citado barrio madrileño, en el que, en pleno Siglo de Oro, vivieron escritores de la categoría de Cervantes, Lope de Vega, Góngora y Quevedo. El novelista español, que recientemente ha publicado una versión de 'El Quijote' para escolares, es un gran defensor de la importancia de ese barrio madrileño, que "debería ser un lugar de peregrinaje internacional". "Si ese barrio fuera francés o inglés, estaría lleno de museos, de librerías y de bibliotecas y sus habitantes vivirían de eso, pero como es español, son cuatro calles para frikis", ha señalado. Por eso, en su opinión, si finalmente se confirma que los restos hallados son los de Cervantes y esa zona "no se convierte en un foco europeo e internacional, será como para colgar por el pescuezo a los responsables de que eso no ocurra". "Porque es la gran ocasión. Esta vez no hay excusa ninguna para que ese barrio no recupere el respeto cultural que se le debe", ha subrayado.
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Rogorn
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MensajePublicado: Jue Mar 12, 2015 6:40 pm    Asunto: Responder citando

Noticia en TVE:
http://www.rtve.es/alacarta/videos/telediario/nueva-novela-arturo-perez-reverte/3039938/

Noticia en Telemadrid:
http://www.telemadrid.es/noticias/cultura/noticia/perez-reverte-publica-la-novela-hombres-buenos
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Rogorn
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MensajePublicado: Jue Mar 12, 2015 8:21 pm    Asunto: Responder citando

45 minutos de entrevista en la cadena SER:
http://cadenaser.com/programa/2015/03/12/la_ventana/1426151019_216227.html
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Ada
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MensajePublicado: Vie Mar 13, 2015 10:51 am    Asunto: Responder citando

"Sin cultura no hay futuro"
Entrevista con Antonio Lucas - elmundo.es - 13/03/2015

Arturo Pérez-Reverte habla de frente. Incrusta los ojos en el otro y suele desplegar una artillería verbal que deja metralla flotando a lo largo de la charla. Es un tipo forjado entre libros, mar, infiernos y camaradas. Un desobediente con lealtad, un insurgente con normas, un inquebrantable con grietas de entusiasmo. Su última novela tiene el siglo XVIII como escenario. Y en la embocadura de ese teatro que en España fue siniestro y en Francia incendiario convoca pasiones y demonios para hablar de una amistad, de una idea de progreso, de una trama de conspiraciones y de una apuesta quebrada por sacar a España de la superchería, la intransigencia, el veneno de los altares y la intolerancia.

El artefacto se titula 'Hombres buenos'. Lo publica Alfaguara. Y es la historia de una amistad sincera en el muladar de una gran derrota. Es el Siglo de las Luces, que triunfa en París con la 'Encyclopédie' de Diderot y D'Alambert como bujía, mientras aquí sólo queda un tinglado de candelillas. Una cutrez de conspiradores. De intelectuales con meninges de sebo. Y también de hombres dispuestos al progreso convocados por la Real Academia Española y dispuestos a soportar un pronóstico de traiciones, de aventuras y de chanzas que son aquí parte del mejor galope revertiano.

-Dos académicos con el encargo de adquirir en París los 28 volúmenes de 'L'Encyclopédie'.
-Ellos son los hombres buenos. Los que lucharon por el progreso sorteando la violencia histórica y casi genética del español, la incultura atroz de este pueblo y la vileza al relacionarnos que no se da en otros países.

-Es la novela de esa España que no pudo ser.
-Exacto. Al final triunfa el cerrilismo. Porque siempre hay alguien que impide que prosperen los demás. El XVIII fue un gran siglo, el que pudo hacer que España saliera del agujero. Teníamos gente culta, academias, militares que leían, marinos científicos... Y Francia era el modelo, pero con la Revolución Francesa, el regicidio de Luis XVI y la invasión napoleónica, Francia se convirtió en el enemigo.

-¿Qué falló?
-Lo de siempre. Nosotros. Pero es que siempre hemos sido de polos opuestos. Aquí hemos tenido una derecha vil, turbia y malintencionada alimentada en sacristías y púlpitos, pero también una izquierda (aunque esos conceptos entonces no existían) demagógica e irreal que se manifiesta plenamente en la Constitución de 1812, que es excesivamente utópica. Esos dos extremos se necesitan mutuamente, pero ninguno de ellos quiere convencer sino exterminar. Y en medio, la gente buena que intenta sobrevivir a esos hijos de puta que les intentan hacer la vida imposible.

-Y debajo de todo, la religión.
-No quería que este fuera un libro antirreligioso. Aunque buena parte del desastre español se lo debemos a la Iglesia católica. Cuando escarbas, en el XVIII tropiezas permanentemente con la religión. Su presencia es el gran obstáculo de la modernidad. Y eso no quita que haya creyentes extraordinarios. De hecho, quien da permiso para que en la RAE entre 'L'Encyclopédie' fue un inquisidor. Pero la Iglesia, como institución, fue la gran enemiga de la Ilustración. A los hombres buenos los encadenó la Iglesia católica.

-¿Aquel momento roto fue el principio del fracaso?
-Uno de ellos, sí. Quizá el más relevante. De ahí mi melancolía, porque nunca volveremos a tener como pueblo esa ingenua esperanza. Estamos ya muy contaminados de derrotas. Nos hemos llegado a odiar tanto que no será posible reconciliarnos.

-No es muy estimulante.
-Pues estoy seguro de que es así. Sólo se es virgen una vez. Éramos brutos, analfabetos, violentos pero vírgenes. Y había gente buena que podía sacarnos de ese cerrilismo. Ahora ya no puede ser.

-¿Dónde están hoy sus hombres buenos?
-Donde siempre, aquí al lado. pero no los vemos. Esta novela es un homenaje a ellos. Pienso en algunos de los compañeros de la Academia a los que homenajeo en esta novela: Antonio Mingote, Gregorio Salvador, Antonio Colino, Francisco Ayala... Pero es verdad que son menos, se les oye menos y están anegados por una ola de mediocridad incluso dentro de la Academia. A la RAE la respeto por ellos. Yo no quería ser académico. Cuando me llamó la Academia fueron esos hombres buenos quienes me enseñaron a respetarla. En cualquier caso, es muy difícil ser hombre bueno en este país.

-¿De qué sirve este libro?
-Para conocer aquello y para entendernos algo mejor. Pero también para defender la cultura como lo único que nos puede hacer mejores. España volvió la espalda a la cultura hace demasiados años. Y con este Gobierno de ahora, que directamente la desprecia, pues estamos jodidos. Están negando el futuro a la gente. Sin cultura no hay futuro.
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aik
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MensajePublicado: Vie Mar 13, 2015 12:16 pm    Asunto: Responder citando

Cita:
Para adquirirla, mandaron a dos “hombres buenos” a Francia, como consta en las actas de la RAE, una institución a la que Arturo Pérez-Reverte rinde homenaje en su novela.

De acuerdo con el actual bibliotecario de la RAE, entrevistado por la SER, no enviaron a nadie, sino que la compraron por encargo. Alterado
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Birdy_Edwards
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MensajePublicado: Vie Mar 13, 2015 12:23 pm    Asunto: Responder citando

aik escribió:
Cita:
Para adquirirla, mandaron a dos “hombres buenos” a Francia, como consta en las actas de la RAE, una institución a la que Arturo Pérez-Reverte rinde homenaje en su novela.

De acuerdo con el actual bibliotecario de la RAE, entrevistado por la SER, no enviaron a nadie, sino que la compraron por encargo. Alterado


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Ada
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MensajePublicado: Vie Mar 13, 2015 2:55 pm    Asunto: Responder citando

La verdadera historia de la 'Encyclopédie'
Sonia Ballesteros - cadenaser.com - 13/03/2015

Llegamos a un palacete junto al Museo del Prado, donde nos recibe Don Pedro Alvarez de Miranda, que ocupa el sillón "q" y el cargo de bibliotecario de la real Academia de la Lengua. Don Pedro es quien nos va a contar la verdadera historia de la 'Encyclopédie' que se guarda en la real Academia de la Lengua. Don Hermógenes, el bibliotecario bajo, grueso y de apariencia descuidada de la novela que firma Pérez Reverte, se convierte en la vida real en Don Pedro, un caballero alto, que viste traje oscuro y camisa de rayas. Impecable.

Pero vamos a lo que hemos venido, a conocer la verdadera historia de la enciclopedia francesa que se guarda en la RAE. A mediados del siglo XVIII, nos cuenta Don Pedro, la Academia compró la obra pero sin tener que enviar a nadie a Paris. Parece ser, según los estudios del anterior bibliotecario Don José Manuel Sánchez Ron, que la obra se podía encargar. Así se hizo a través de un intermediario que tenía contacto con libreros franceses. Bernardo de Iriarte fue ese intermediario que hizo los sucesivos pedidos para que los 28 tomos que forman la Enciclopedia francesa llegaran a Madrid. Vamos, que el episodio de la compra está muy lejos de ser una aventura como sí lo es en la novela 'Hombres buenos'. Pero...¿estará la aventura, tal vez, detrás del interés que tenían los académicos por traer a españa la Enciclopedia Francesa? Le preguntamos a Álvarez de Miranda y la respuesta no puede ser más precisa: "El interés de la Academía era fundamentalmente técnico y práctico". Para ellos, que se dedicaban a hacer diccionarios, era importante conocer el más completo de los que existían en Europa en ese momento.

Lo más novelesco de todo lo que envuelve la llegada a Madrid de la Enciclopedia francesa es que estaba prohibida. La obra de Diderot y D'Alambert contenía los principales conocimientos de la época y se convirtió en arma política y objeto de enfrentamiento entre los ilustrados y los representantes de los poderes seculares. Por estas razones la iglesia católica había prohibido la enciclopedia y la academia tuvo que pedir un permiso especial para poder comprar la obra. Sólo unos pocos elegidos tenían el permiso eclesiástico para consultar sus páginas. Hoy cualquier estudioso puede consultar los 28 tomos de esta Enciclopedia que se conserva en la RAE. No sabemos cuál fue el coste total de esta obra, aunque se han localizado algunas pistas. Don Pedro busca una ficha y nos cuenta que en 1667 se encargaron diez tomos de texto y otros 4 de láminas por los que se pagaron 3.084 reales de vellón. Pero, añade, "no tengo ni idea de lo que eso puede significar traducido a euros".

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«La cultura es patriótica siempre en España»
Entrevista con Jesús García Calero - abc.es - 13/03/2015

El escritor publica 'Hombres buenos', la historia de dos académicos convertidos en héroes en un París sacudido por la idea revolucionaria. Basada en hechos reales

A las revoluciones que todos hemos mitificado conducen muchos caminos y muchos libros, algunos famosísimos, casi siempre mejores (por lo que inauguraban y por lo que abolían), que lo que vino después. Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) acaba de publicar 'Hombres buenos' (Alfaguara), una novela que transita por los libros y los caminos que precedieron a la Revolución Francesa y a sus discretas influencias en España. Se trata de una historia basada en hechos reales: la Real Academia Española encargó a dos de sus miembros -el marino Pedro Zárate y el bibliotecario Hermógenes Molina- que compraran en París un ejemplar de la Enciclopedia, la 'Encyclopédie'. Pero también relata la conjura urdida por un puñado de académicos reaccionarios y un sicario llamado Raposo con el fin de impedir por cualquier medio -asaltos de bandoleros, acusaciones de espionaje, duelos- que aquellos tomos, que compendiaban el saber humano que desafiaba al Antiguo Régimen y a los dogmas de la Iglesia, llegasen a nuestro país.

«Es una novela optimista», nos sorprende el autor al primer toque, porque siempre ha sido muy crítico con la historia de España. «El libro es un homenaje al patriotismo cultural de aquellos hombres buenos, humildes, modestos que no por el brillo personal sino como esfuerzo colectivo, trataron desde la Academia mejorar España con la cultura, a sabiendas de que la educación es la única manera de hacer libre a la gente».

Llegados a París, la historia nos introduce en los salones aristocráticos donde se cultivaban las relaciones peligrosas con tanta pasión como la nueva filosofía. En el centro del relato, personajes curiosos, diplomáticos históricos como el conde de Aranda y otros que recuerdan a seres reales, como la dama Margot Dancenis, trasunto de Teresa Cabarrús, la célebre «Notre-Dame de Thermidor», amiga de Josefina y la más influyente de las mujeres que simpatizaron con la revolución. Dueña de una inacabable biblioteca, era epítome de la mujer culta, refinada e inteligente. También figura un abate Bringas, que recuerda al abate Marchena, libelista y fugitivo de la Inquisición, que guía a los académicos por el explosivo París del XVIII. El friso histórico se completa con figuras como Marat (desmitificado como médico impostor) o Laclos, el autor de 'Las relaciones peligrosas'.

«Pensamos que la revolución la hicieron los Voltaire, Rousseau, D'Alembert, pero esos estaban en aquellos salones muy a gusto. Ellos fueron la aristocracia de las Luces. Los revolucionarios fueron otros, los mediocres, el chaval que venía a París queriendo ser Rousseau, y no llegaba y acababa escribiendo por encargo, muerto de hambre. Ese es el que después, cuando llega el follón, se pone a la cabeza».

Los dos académicos seleccionados no pueden ser más distintos. Según dice el autor: «Para mí era muy divertido contraponer al almirante frío, científico, racional, seco, cartesiano» con el hombre bueno y sedentario que, cuestionada la fe, traza puentes con la razón. Pérez-Reverte remacha que «la cultura ha sido y es patriótica siempre en España. El español, por la brutalidad de los visigodos, la invasión musulmana, la reconquista, la Inquisición, los malos gobiernos, los Austrias, la corrupción, la invasión francesa… no tiene adversarios, sino enemigos. Al adversario se le respeta, incluso tras el combate. Al enemigo se le extermina».

Pero en esta novela, «de amistad y libros», veremos la mejor cara de nuestra historia. «Quería demostrar que los libros hacen surgir la amistad y que en ese camino compartido los dos se hacen ingenuamente amigos y eso les lleva hasta... el heroísmo». Hay un episodio en el que el bibliotecario asiste al militar con una pistola descargada. «Esa lealtad nos da lecciones morales. El hombre bueno es una referencia fundamental. Y todavía los hay. En vez de fusilarlos y silenciarlos habría que sentarse con ellos y escucharlos». El escritor señala el ejemplo de Olavide, el gran afrancesado amigo de Voltaire con el que la Inquisición -con la aquiescencia de Carlos III- quiso hacer un escarmiento.

Y dice más: «En el siglo XVIII estuvimos a punto de conseguir no meternos en la trinchera, porque las dos Españas aún no están, no se ha trazado el foso que las separa. Todavía no se habían degollado. Todavía era posible que aquel patriotismo cultural traducido en educación, en luces, nos hiciera europeos. Fue la ocasión perdida. Este libro es un homenaje a quienes quisieron cambiar el mundo con la cultura».

Y entre ellos destacan los marinos de la Armada. Los militares de entonces eran el motor del progreso, como queda consignado en la novela. «Hay que pensar en el militar del XVIII, ilustrado, y no en el del 36, africano. Yo hablo de Cadalso, de Jorge Juan, de Ulloa, de Malaspina. que eran militares. La Marina era la punta de lanza científica. Leían, eran grandes científicos. A Ulloa lo detienen los ingleses y le hacen miembro de la Royal Society. Aquí ni se acuerdan de él cuando regresa». De hecho los barcos navegaban y combatían mejor gracias a las leyes de Newton y no a la Escolástica y los dogmas. Aun así, hay que imaginar la amargura de aquellos hombres. «Qué amargura la de Jorge Juan, modificando sus conclusiones científicas para que el obispo de turno no se moleste», se queja el escritor.

La RAE llegó a estar también alguna vez en el punto de mira de la Inquisición. Hubo investigaciones y registros porque buscaban hombres peligrosos. Pérez-Reverte tiene cierta fama de anticlerical, que nos desmiente con vehemencia, novela en mano: «Como en la Academia había miembros del clero que eran tipos ilustrados, que con su buena voluntad creían conciliables fe y razón y lo intentaban demostrar, sería injusto situar en el mismo saco al fanático intransigente, radical y cenutrio, que bendecía patíbulos y pelotones de fusilamiento, con el hombre de buena voluntad que pensaba que la idea de Dios ayudaba al hombre a ser mejor».

En medio de ese amargo desencanto patrio, marca de la casa, la aparición de un ejemplar de la 'Encyclopédie' en la biblioteca de la RAE es la chispa que prende las pesquisas del autor, y sus entrevistas con los académicos actuales van haciendo avanzar la trama. La galería de retratos resulta divertida y a veces desopilante. Descubrimos -«es inventado, es un juego literario», asegura- que todos los académicos creen que Pérez-Reverte está escribiendo una novela de asesinatos en la RAE, una especie de 'Diez negritos' cuya primera víctima, según consenso, debería ser Francisco Rico y en la que todos pugnan por ser el asesino. Los académicos desfilan por las páginas haciendo un fantástico contraste de «hombres buenos» y «libros raros». De todas las obras que salen citadas en esta la novela, como en 'El club Dumas', muchas son inventadas. ¿Quién los caza? Es un juego con los lectores que ya me conocen, según nos comenta.

«Llegué a la Academia creyendo que era un sitio de viejos apolillados y me encontré con gente como Antonio Colino, Gregorio Salvador, Mingote, el almirante Álvarez Arenas… Ellos me hicieron respetar lo que no conocía. Momentos como cuando Franco quiso que se ocupasen las sillas vacantes por el exilio y los académicos dijeron que no. Esto es lo que hace grande a la Academia», recuerda. En España «la cultura siempre ha sido herramienta política, y no al revés, la política una herramienta para la cultura. Ese es nuestro gran estrago. Todo se resume en eso», dice.

Pero la documentación ha sido exhaustiva: «Toda novela es un pretexto para comprar libros», afirma, y después de casi dos años yendo a librerías de viejo y anticuarias de París, su inmensa biblioteca personal se ha enriquecido considerablemente. Así que sus personajes hablan con palabras de Diderot, D'Alembert, Cadalso, Jovellanos, Moratín…
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Rogorn
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MensajePublicado: Vie Mar 13, 2015 7:28 pm    Asunto: Responder citando

«Ahora la cultura no existe, la están triturando»
Entrevista con J Ors - larazon.es - 13/03/2015

El autor regresa con dos héroes inesperados: Hermógenes Molina y Pedro Zárate, dos miembros de la Real Academia Española que en el siglo XVIII viajaron a París para traer a España la 'Encyclopédie' de D’Alembert y Diderot. Una novela que es una aventura literaria y un paseo por las sombras y las luces de nuestro pasado, por los éxitos alcanzados y las oportunidades perdidas.

Vuelve Arturo Pérez-Reverte a recorrer todos aquellos caminos y senderos, a veces torpes, torcidos y mal iluminados, que hicieron nuestro pasado. La Historia, para el escritor, no es un paisaje de fondo en el que sobreponer los personajes, honestos o taimados, que asaltan su imaginación. En 'Hombres buenos' (Alfaguara) rinde homenaje a la Real Academia Española y a dos arrojados que se aventuraron por campos, mesetas y montes para conseguir los volúmenes de la primera edición de la 'Encyclopédie' de D’Alembert y Diderot (que hoy conserva la RAE). Una excusa para revisitar las posadas y mesones del siglo XVIII español –que se batía en duelo entre las tradiciones heredadas y las luces que se vislumbraban en el futuro–, sumergirse en un laberinto de intrigas y nobles propósitos, y conocer ese París intelectual, libertino y prerrevolucionario. Pero, sobre todo, es una oportunidad para volver a abrir el debate de intereses y tensiones que arruinaron el sueño de una España moderna y europea.

–¿Cuáles fueron los factores que condenaron a España a permanecer retrasada respecto a Europa?
–España arrastra una enfermedad histórica que viene de los visigodos, los romanos, la invasión árabe y la inquisición. Es una especie de vileza histórica. Aquí no existen adversarios; hay enemigos. Y a los enemigos no se los quiere vencidos, sino exterminados. No se pretende convencer a nadie, sino aniquilarlo. Esa necesidad de masacrar al que no piensa como tú, de etiquetar, de entender el mundo en blanco y negro, viene de una profunda incultura.

–¿Ahí está la clave?
–El problema es la palabra "cultura". En el siglo XVIII, igual que hoy, hubo gente que tenía patriotismo cultural, aunque ahora la palabra "patriotismo" está mancillada por la historia reciente y tiene mala prensa. El patriotismo cultural pertenecía a aquellos que creían que la cultura era la forma de hacer mejores a sus conciudadanos y mejorar el mundo. Entendían que un pueblo educado y culto es más libre y se deja manipular menos por los fanatismos y la violencia. La novela es eso. Es de unos hombres buenos que intentan que su mundo y su país prosperen.

–¿Y hoy hemos mejorado?
–En el siglo XVIII, el pueblo era inocente, la gente no era culpable de la historia que tenía. El analfabeto era cerril, inculto y fanático porque no podía ser otra cosa. Pero hoy ya no existen excusas. Ahora tenemos internet, cine, televisión y una educación obligatoria. El que es analfabeto y, en cambio, ve 'Sálvame' es porque él quiere. Nadie le obliga a poner ese programa. Puede escoger. Pero elige eso. Aún son necesarios los hombres buenos para que recuerden al mundo que la cultura es la única forma de salvación que existe. Pero, atención, no la cultura de diseño de Almodóvar o de los desfiles de pasarela de Cibeles, sino la cultura como educación.

–¿Qué agentes han impedido a España modernizarse y avanzar?
–Cuando miras la historia de España, y te tropiezas con las desgracias de siempre y las ocasiones perdidas, siempre te encuentras con dos factores: el trono y el altar, que han sido los dos elementos que han hecho que nuestro país perdiera el paso de la Historia. Ha habido hombres buenos en el trono y el altar. De hecho, en la RAE había eclesiásticos con luces y progresistas, con una visión de modernidad y de futuro espectacular. Pero como institución, la Iglesia católica fue un gran freno. En otros países tuvieron a Newton, Voltaire, D’Alembert, Rousseau... En España no los tuvimos y los que tuvimos no se atrevieron porque era demasiado el peso que tenían sobre ellos. Esa llave de calabozo que tuvieron el trono y el altar aún continua. Pero ya no es igual. Hoy no se puede culpar de esos males a la Iglesia. La responsabilidad es del ciudadano que puede ser culto y no quiere, aunque pueda serlo. En estos momentos nadie te impide la educación.

–En su libro se puede leer una crítica al «majismo», los toros, el folclore...
–¡Cuidado! Esas no son mis opiniones, sino las de los personajes. Es lo que pensaban las personas ilustradas de ese momento. Yo soy un mero transmisor de ellas.

–Pero, ¿cómo ve a España?
–Ese «majismo», ese desgarro folclórico, esos toros de sainete todavía siguen estando. Llámalo fútbol, San Fermín... España sigue confundiendo cultura con folclore. Llama "cultura" al toro de Tordesillas, que es una barbaridad, cuando la verdadera cultura, la que educa, la dejamos de lado. Desde la Segunda República no ha habido en este país un intento serio de educar al pueblo de España. Los gobiernos sucesivos, también los más recientes, mantienen en un criminal abandono a la cultura como instrumento de educación, mejora de la calidad intelectual y ciudadana de la población. Ahora la cultura no existe, la están triturando. Cuando Zapatero hablaba de cultura se refería a la cultura de diseño, a la «pijocultura», no a la real. La cultura de verdad, la que forma generaciones lúcidas, responsables, dialécticamente capaces, con ideas... eso desde 1936 no ocurre.

–¿Y las consecuencias?
–Estamos pagando un precio. Mientras en el siglo XVIII, cuando no se habían producido los estragos de las dos Españas, y todavía éramos vírgenes, la cultura era una esperanza.

–¿Y ahora?
–Una decepción. Pero aún quedan hombres a los que escuchar, con los que debatir. En España cuando hay un hombre bueno se le fusila, se le exilia, se le ningunea, se le borra de todos los lados, porque los hombres buenos en España incomodan, resultan molestos, son inoportunos porque no están a tono con el discurso oficial, con el lugar común, con esa retórica demagógica que aquí se toma por discurso político. Lo voy a resumir de una forma muy sencilla: la política debe ser siempre una herramienta de la cultura. La política debe servir para hacer que los pueblos sean más cultos, pero en España es al revés: la cultura es una herramienta manipulada por la política, una más, y está envilecida por el uso que de ella se hace como arma política.

–En el pasado, nos lanzábamos en brazos de reyes «deseados». Hoy, miramos a nuevos partidos. Nunca decidimos de una forma individual. ¿Somos aún una sociedad adolescente?
–Aquí, a los que nos quieren hacer adultos los exiliamos o fusilamos. En cuanto hay un discurso interesante, lúcido, racional, con cierto peso intelectual, enseguida se le dice: «Defínase, ¿vota al PP, al PSOE, a UPyD, a Ciudadanos?». Cuando les dices «no, yo soy de biblioteca», te responden: ¿Cómo que de biblioteca? ¡No, mójese! ¿De qué ideología es usted?». Cuando subrayas que a veces soy de tal y otras de cual, te insisten: «¡No, no, no! ¡¿Dónde está?!». Necesitamos la etiqueta. La elementalidad de nuestra política y el envilecimiento de nuestros conceptos políticos es tanto, que si no está establecido que sea amigo o enemigo, no hay posibilidad de que te escuchen. Y si eres enemigo, no te dejan hablar. Al adversario se le impide expresarse. No hay diálogo. Antes de que hable, lo matamos física o intelectualmente. La cuestión es no debatir, no contradecir, silenciar. Y es imposible así. Aunque en esta novela es optimista y describe cómo la buena fe, la amistad, la cultura y la educación crean un territorio en el que es posible.

–Su novela es también un homenaje a los libros.
–Al libro como aventura, porque el libro es una ventura. Irte de caza a Milán, Oslo o Marruecos a buscar un ejemplar. "Irte de caza" es la expresión, a ver qué puedes encontrar, qué sorpresa te depara la vida como lector. Acudir a la Cuesta de Moyano y, con veinte euros, traerte tres o cuatro libros. Es una aventura magnífica. Me dan pena los pobres estúpidos que son incapaces de vivir esa aventura maravillosa. El libro no es un objeto solo para leerse. El libro es su búsqueda, localización, captura, adquisición, conservación, subrayado. Es prestarlo al amigo, que pase a tus hijos, heredarlo de tus padres. El libro es un objeto alrededor del cual se teje la amistad, crece la cultura, nace la convivencia y el debate intelectual. Es hermoso. Esta novela es una aventura de libros y amistad.

–También rinde un homenaje a la Real Academia Española y a sus miembros. Pero todavía hoy mucha gente ve a la RAE como algo anclado en el pasado...
–Eso es la ignorancia, el desconocimiento. Como esas polémicas que surgen de vez en cuando de una asociación que quiere que la RAE cambie el significado de una palabra. La RAE es el notario de lo que sucede en la sociedad... A esas personas hay que indicarles que son ellas las que hablan así; lo único que hace la RAE es recoger cómo usan la lengua los hablantes. Los que hacen la lengua peyorativa son los hablantes, no la RAE. Pero eso la gente no lo entiende. Se indica: «Es que tal palabra es negativa». Pero cuando se lee «judiada» en un libro de Cervantes, ese vocablo quiere decir algo. El diccionario está para que la lengua se comprenda.

–Estamos anclados en lo políticamente correcto.
–Sí, pero también debemos tener en cuenta que el diccionario de la Real Academia Española es para toda Hispanoamérica. España no es el ombligo de la lengua española. Somos veintidós naciones. Somos veintidós países que utilizan la misma lengua y ortografía. Es un fenómeno sin par. Eso únicamente se consigue con mucha diplomacia, con relaciones, con reuniones. Hay quien protesta porque se incluye el término «amigovio», pero es que se utiliza en muchos países de América. Gran Bretaña y Estados Unidos tienen una edición diferente del diccionario, porque tienen palabras distintas. Lo mismo sucede con Brasil y Portugal. Pero, en Argentina, Guatemala, México o España no hay que tocar una palabra, porque todos tenemos un diccionario común. Que muchos se molestan por la palabra «subnormal». ¡Pero si es que es la gente quien la emplea así! Todo esto es desconocimiento. Eso, y que en España cualquier analfabeto con Twitter se cree autorizado para enjuiciar a Mario Vargas Llosa o a Rodríguez Adrados.

Lo dice con claridad cuando se le pregunta por la recuperación del cuerpo de Cervantes: «Si ese barrio fuera inglés o francés, sería una meca cultural con fama europea. Cervantes tuvo la desgracia de ser español, como Quevedo, Calderón... Debía ser un barrio de museos, librerías, turistas, pero apenas hay nada... Cuatro profesores con sus alumnos haciendo lo que pueden». Pérez-Reverte reconoce que «quizá lo de Cervantes ayude. A lo mejor alguien con poder y medios convierta esa zona en un foco cultural, igual que ocurre con Shakespeare». Y cuando se le pide un buen epitafio para el autor de 'El Quijote', admite que todos los que se le ocurren «son muy tristes. Cervantes era lúcido, soldado del rey, y fue ninguneado en vida y en muerte. Sus restos están por ahí 400 años después, igual que los de Murillo, Quevedo o Velázquez. Aquí la memoria la borramos. A mí lo de Cervantes no me importa. El homenaje a él lo lleva cada cual en su corazón y en 'El Quijote'. Cada 'Quijote' es un monumento a él. Es una lápida recordatoria de su vida y su obra».

Su nombre ya aparecía en la última novela de Javier Marías, «Así empieza lo malo». Y, ahora, Arturo Pérez-Reverte también lo ha hecho y ha incluido en esta obra, en un divertido guiño, a Francisco Rico, el mayor especialista en Cervantes, uno de nuestros grandes filólogos y uno de los miembros de la Real Academia Española. Él es uno de los académicos que aparecen en esas páginas, ayudando y orientando a Pérez-Reverte en la documentación de 'Hombres buenos'. «Paco Rico se parte de risa con eso», reconoce el autor de Alatriste. Luego añade: «El canon lo fijó Javier Marías. Yo sigo lo que él ha marcado». Y lo ha hecho a través de una entrevista que supuestamente mantiene durante un paseo a través de las calles de París.
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Rogorn
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MensajePublicado: Vie Mar 13, 2015 7:40 pm    Asunto: Responder citando

«El español es genéticamente vil, envidioso y violento»
Entrevista con Ernest Alós - elperiodico.com - 12/03/2015

Cruza Arturo Pérez Reverte la Rotonda del Hotel Palace de Madrid, donde quedamos para hablar de su última obra, 'Hombres buenos' (Alfaguara) y se le llevan los demonios al ver allí aposentado a Josep Antoni Duran Lleida, tratando de sus cosas. Tan indignado (y también jocoso, y reivindicativo) como se muestra, en su novela, contra quienes hicieron que España se fuera «al carajo» y se impusieron a quienes trataron de hacer de este país otra cosa mejor. Como el malicioso periodista ultramontano y el envidioso e hipócritamente moralista al que apodan el Catón de Oviedo que conspiran para sabotear la misión de dos académicos, los dos hombres buenos, de su libro. Un bibliotecario culto, religioso y timorato y un brigadier de la armada estoico y descreído que viajan en torno a 1780, con la venia real, para hacerse con una primera edición de la condenadísima 'Encyclopédie' para la biblioteca de la Real Academia Española.

-La 'Encyclópedie' de la RAE, la que le hizo escribir el libro cuando la descubrió en su biblioteca, ¿está muy usada? ¿Fue leída, y asimilada?
-Hay definiciones de la Academia en las que se ve claramente la huella de la 'Enciclopedia'. Eran unos tíos estupendos, los académicos del XVIII. Merecían un homenaje. Mi amor por la Academia, yo que amo tan pocas cosas, proviene de los hombres que he conocido en ella, hombres con altura moral e intelectual.

-Sus dos académicos son ficticios. ¿Qué sabemos realmente sobre la llegada de esa primera edición?
-Que la Academia consiguió un permiso de la Inquisición para traer la Enciclopedia y que la trajo. Y que dos académicos se encargaron de eso. Lo demás, todo es ficción. Porque yo soy un novelista de ficción. Pero quiero mantener el equívoco. Quiero que el lector tenga la ilusión de que todo lo que cuento ocurrió.

-También es ficción la historia paralela de cómo alguien que se parece mucho a usted escribe el libro. ¿Por qué? Aparte de que así puede permitirse gags brillantes como el entusiasmo de los académicos por aparecer como el asesino de Francisco Rico en una ficticia novela de misterio que estaría escribiendo.
-Es una novela llena de vueltas de tuerca. Es una novela que ha de ser divertida, entretenida, que enriquezca al lector. Contar cómo recogía la documentación, hacer un montón de guiños y bromas, me permitía explicar al lector cosas que no podía incluir en la narración y también trabajar en dos planos, en el presente y en el pasado, para que el lector sienta más claramente que es una lectura histórica en clave de presente. Que somos lo que somos ahora porque ese XVIII fue así. Es una novela melancólica en ese sentido. La España que pudo ser y no fue. Me interesa explicar al lector por qué ahora aún seguimos en el calabozo. Ha sido doloroso este libro: te tropiezas con textos y siempre, siempre, todo choca con el altar.

-Más allá del altar, que lo tenemos ahora más domeñado...
-No, porque muchos de los que tienen el poder tienen íntimas relaciones con el altar, y eso se nota.

-...de lo que no nos hemos librado es de la mala hostia. En el libro hay dos resentidos y envidiosos, uno en versión laica y en versión clerical.
-La envidia y la vileza, que son nuestros dos grandes pecados capitales. El español es genéticamente vil, envidioso y violento. Durante mucho tiempo no fue su culpa, pero ahora ya no hay excusa. El que ahora es cerril, vil, infame, envidioso e insolidario es porque quiere. El que ahora ve 'Sálvame' en lugar de a Jordi Évole es porque quiere. Ahora somos mucho peores que en el siglo XVIII, porque podemos elegir, y hemos elegido irnos al carajo, culturalmente, socialmente y educativamente. El español no tiene adversarios, tiene enemigos, y el enemigo debe ser no convencido, sino vencido, exterminado y exiliado. Es la triste historia nuestra. Quería poner a los dos académicos malos para que quede claro que el mal ha venido de la derecha cerril, vil e infame pero también de la estupidez arrogante de esa izquierda demagógica, irreal, irresponsable y oportunista. Y en medio están los borregos, y los hombres buenos.

-El París prerrevolucionario es otro personaje de la novela.
-Es la ciudad más fascinante del mundo, donde se dan cita el talento, la filosofía, la cultura, el buen gusto, el mal gusto. Quería que el lector se moviera por la ciudad como uno de la época, que se parara en las librerías, paseara por el Sena, fuese a los salones y a los cafés y escuchase hablar a Condorcet, a Franklin...

-¿Es necesario que en todas sus novelas, incluso si el tema son los graffitti o la compra de una 'Enciclopedia', los personajes sean heroicos y las peripecias a vida o muerte?
-Sí, en mis novelas, sí. Esa es una marca de la casa. Incluso en mis novelas más, digamos, eruditas. A mí la acción me gusta. Me gusta que en mis novelas ocurran cosas. Un misterio, una aventura, un viaje, un enigma, una relaciones humanas, unos malos, unos buenos, o unos malos/buenos... y que todo el mundo encuentre algo en la novela.

-Esa mirada tan crítica sobre España podría ser también la de un independentista, solo cambiandola primera persona por la tercera.
-Yo siempre hablo de nosotros, no de esos españoles. Todos somos culpables de este siniestro pastel en el que hemos convertido a España, también los catalanes, los vascos o los andaluces. Cuando el catalán se fuera, siendo independiente, se llevaría consigo su pedacito de mierda, tendría los mismos vicios y virtudes. Porque no es que el sistema sea malo, es que nosotros hemos hecho el sistema, y todos somos culpables.
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Rogorn
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MensajePublicado: Vie Mar 13, 2015 8:23 pm    Asunto: Responder citando

Pérez-Reverte celebra 30 años de novelas defendiendo la cultura
Michaela Cancela-Kieffer - AFP - 13/03/2015

El escritor español Arturo Pérez-Reverte celebra sus 30 años como novelista con el lanzamiento de 'Hombres buenos', tras el rastro de la Enciclopedia francesa del siglo XVIII que debía permitir a España escapar del oscurantismo, pero teniendo siempre en mente el presente.

"Cuando empecé esta novela quería contar una aventura de libros, de amistad", explica el escritor a los periodistas al día siguiente de la publicación en España de su nuevo libro. "A medida que me adentraba en ella, me fui dando cuenta que entraba en el terreno oscuro, el terreno incómodo, que es en el calabozo (...). Me di cuenta que ahora esa historia valía también para el presente", agrega. "No pude evitar mientras la escribía pensar en los fanatismos de ahora. No solamente hablo del islam radical sino de tantos fanatismos, nacionalismos radicales, en fin hay mil tipos de fanatismo", dice.

Pérez-Reverte, de 63 años, exreportero de guerra que publicó su primera novela en 1986 y habla como escribe, a toda velocidad, agrega: "La única certeza que tengo es que sin cultura estamos perdidos". Y para ilustrar sus palabras, el prolífico autor de una treintena de libros, entre ellos la famosa saga de novelas de capa y espada protagonizada por el Capitán Alatriste, no deja títere con cabeza. El gobierno conservador español de Mariano Rajoy, con su política de austeridad, "se ha cargado lo poco que había" de cultura en el país, denuncia. "El anterior la frivolizó. Éste se ha cargado hasta esa. Para éste no existe. Ha hecho un desmantelamiento cultural enorme", lanza, antes de arremeter con América Latina, donde tiene mucho éxito. "Mira Argentina, mira Venezuela... Cuando no tienes mecanismos de defensa culturales estás indefenso", asegura. "Te llega el demagogo de turno, te llega el Pinochet, o te llega el Castro, o como quieras llamarlo... quién sea, o el Zapatero o el Rajoy y te llevan al huerto", añade.

Después, vuelve a su nueva novela, de 582 páginas, editada en España por Alfaguara. Con ella ha querido sumir al lector en la atmósfera de Madrid y París de finales del siglo XVIII, y dar cabida a la guerra de ideas que se inició en esa época y desembocó en el siglo de las luces. La 'Encyclopédie' es el símbolo de toda una época en que las palabras podían valer la prisión o la muerte. En ese "diccionario razonado de las ciencias de las artes y los oficios", el filósofo francés Denis Diderot alude al saber del pueblo y sortea la censura con un ingenioso sistema de referencias entre palabras, asociando por ejemplo eucaristía y canibalismo. Fue "un chorro de luz sobre Europa, que todavía estaba oscura", afirma el escritor.

Los dos hombres buenos de Pérez-Reverte, Don Hermógenes Molina y Don Pedro Zárate, parten así a la búsqueda de la enciclopedia de Diderot y D'Alembert, prohibida en España. En un París de cafés y salones literarios, libertino y políticamente explosivo, viven una sucesión de intrigas y aventuras. El escritor quería "que el lector sienta que ha estado allí", explica. Que piense "me he paseado por el París revolucionario de la mano de los hombres buenos", agrega. "España quedó descolgada de la modernidad a partir del siglo XVII", afirma, defendiendo la cultura de las luces y de la razón, del diálogo, por oposición a la España maniquea, aún muy real, fruto de ocho siglos de conflicto entre el islam y la cristiandad.

Por último, rinde homenaje a "ese territorio común", la lengua de Cervantes, que une a los hablantes del español. "Es la única patria que me emociona", dice Pérez-Reverte. El autor, que para cada libro asegura investigar entre seis y ocho meses, siente que "escribir es una tortura". "Yo no soy un artista, soy un escritor profesional que cuenta historias".
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MensajePublicado: Vie Mar 13, 2015 8:27 pm    Asunto: Responder citando

Educación y cultura, solución contra vileza y fanatismo: Pérez Reverte Notimex - 13/03/2015

El escritor español Arturo Pérez-Reverte consideró hoy aquí que la educación y la cultura son la única solución para que las personas progresen y se afronten la vileza y el fanatismo que anula al pensamiento diferente. En un encuentro con corresponsales de prensa, el autor comentó que su nuevo libro 'Hombres buenos' (editorial Alfaguara) reflexiona sobre cómo España quedó desplazada en su desarrollo científico y de pensamiento en el siglo XVIII al imponerse la religión y la cerrazón ante nuevas ideas.

El libro narra la historia en que el académico de la Real Academia Española, Hermógenes Molina, y el almirante Pedro Zárate, viajan en el siglo XVIII a París a conseguir de forma clandestina los volúmenes de la 'Encyclopédie' de D'Alembert y Diderot, que está prohibida en España. El viaje se convierte en una aventura ante peligros e incertidumbres entre Madrid y París, y en el esfuerzo de los protagonistas por impulsar la razón, la ciencia y la modernización.

El autor (Cartagena, España, 1951) recalcó que mientras Francia, Reino Unido y otros países pudieron privilegiar las nuevas doctrinas y la ciencia, España, junto con los países hispanoamericanos, no pudo librarse del dogma de la Iglesia. Enfatizó que en el siglo XVIII en España se debatía mucho sobre el papel de la ciencia y la ilustración y la reacción de la Iglesia, y eso está presente en su novela. "Cuando comencé esta novela quise que fuera una aventura de libros, de amigos, una peripecia cultural y divertida con diálogos cervantinos, pero a medida que seguí empecé a entrar a ese terreno oscuro que también vale para el presente", precisó. "Esta novela habla de la cultura como solución para entonces y para ahora, como la única manera de que el ser humano progrese, se entienda y no se destrocen el uno al otro", aseveró.

Aclaró que su libro no aborda este aspecto desde términos sociológicos ni políticos, sino que manifiesta la certeza de que un pueblo sin libros, sin educación, pero además sin saber escuchar y dialogar "es inculto y está perdido". "No hemos hecho ni allí (en América Latina) ni aquí (España) el esfuerzo por criar generaciones de ciudadanos cultos; los esfuerzos se han truncado por intereses de poderosos y por los cobardes que se callan", refirió. Expuso que entre otras razones por las que en España ocurrió eso, está el que tras la guerra entre cristianos y musulmanes, se instala la Inquisición "como vigilante de los vencedores", no hay reconciliación y se genera la tendencia a terminar con los vencidos. "La tendencia a restar y no a sumar, está en el origen de la vileza que tiene lo hispano, incluida América. La diferencia es que un hombre o un pueblo inteligente, escucha, no juzga; y nosotros juzgamos y acallamos antes de escuchar", reflexionó.

Reiteró que su novela "demuestra que aún cuando hay diferencias de ideas" los libros, los viajes, las hazañas compartidas y la educación "crean unos lazos de fraternidad entrañable" sin necesidad de imponerla por la violencia. "Aún en los peores momentos siempre hay hombres buenos, y que el lector sonría al ver que es posible la amistad y lealtad entre gentes que no comparten el mismo criterio", puntualizó.

Comentó que el libro está dedicado a "hombres buenos" que como en el libro lo es Hermógenes Molina, son los académicos de la lengua, que en España y América y otros países trabajan desinteresadamente "por el buen uso del español. Agregó que sus protagonistas "son heroicos por su actitud principalmente en su dignidad personal, no por ninguna ideología".
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MensajePublicado: Vie Mar 13, 2015 11:27 pm    Asunto: Responder citando

«España es el país de las ocasiones perdidas»
Entrevista de César Coca - Diarios del grupo Vocento - 13/03/2015

Dos académicos parten hacia París para adquirir la 'Encyclopédie'. Durante el viaje y la estancia en aquella Francia que estaba próxima a conocer el proceso revolucionario más determinante de la Historia, los viajeros dialogan sobre tradición y progreso, sin saber que un sicario los sigue para hacerles fracasar en su misión. Ese es el punto de arranque de 'Hombres buenos' (Ed. Alfaguara), la última novela de Arturo Pérez-Reverte, que aborda esta vez de manera central uno de los grandes asuntos presentes en toda su obra: cómo España pudo haber sido un país muy distinto si no se hubiera truncado aquel impulso modernizador tan notable en esos años finales del siglo XVIII.

Arturo Pérez-Reverte acaba de publicar una novela que puede explicarse muy bien enunciando una contradicción: es la que menos responde a lo que el tópico de quien no lo tiene muy leído entiende que es la tendencia general de su obra y es a la vez la más cercana a una de las grandes preocupaciones, si no la mayor, de su autor. Si el tópico es que Pérez-Reverte es un escritor que basa sus textos en la aventura y la acción, con profusión de duelos y persecuciones, ya sean a caballo o en zodiac, ‘Hombres buenos’ es una novela que se sale por completo de ese patrón. Pero si nos atenemos a la continua aparición en sus textos –artículos y novelas– del debate entre la razón y los prejuicios, entre los hombres de ciencia y progreso y quienes defienden las tradiciones solo por el hecho de serlo, esta es la más revertiana de sus novelas.

El argumento es sencillo: a finales del siglo XVIII, la Academia envía a dos de sus miembros a París con el objetivo de adquirir la ‘Encyclopédie’. Mientras preparaban el viaje, otros dos académicos se ponen de acuerdo para tratar de impedir que el viaje de sus compañeros se vea culminado por el éxito. Lo curioso es que uno de los saboteadores es lo que ahora llamaríamos de extrema derecha y el otro, de extrema izquierda. El primero no desea que las ideas renovadoras lleguen a España. El segundo teme que sean mal interpretadas. Lo que cuenta la novela es el viaje y la posterior búsqueda en París de una colección completa de la magna obra, en su primera edición. Por supuesto, la sombra del mercenario contratado por los saboteadores está siempre tras los dos académicos.

Hay poca acción en el libro y lo que domina es el debate de las ideas. Uno de los académicos es el bibliotecario de la institución, un hombre afable, religioso y prudente, que teme que la Ilustración termine por causar no pocos males; el otro es un marino que dejó los mares hace tiempo para dedicarse a escribir sobre la técnica de la navegación. Ambos confrontan sus ideas y también lo hacen con los colegas franceses que se van encontrando, así como con otros personajes históricos, como el conde de Aranda. Hablan del mundo que les ha tocado vivir, pero no es difícil hallar ecos de hoy mismo, y más concretamente de la España de nuestros días. En la lucha entre una época que se desploma y la nuevo que está a la espera, con sus incertidumbres, sus víctimas inocentes y no poca sangre inútil vertida en el tránsito, está la metáfora de este tiempo de confusión. No es difícil hallar similitudes entre la voz de don Pedro Zárate, el marino retirado que encarna el sentido del deber, el escepticismo a veces doloroso, la idea de lo que es honorable referida solo a uno mismo y su concepto de progreso, con la del autor.

Narra todo eso Pérez-Reverte y al tiempo cuenta cómo elaboró la novela, cómo se documentó y resolvió algunos problemas: lo mismo cuando tiene que imaginar un duelo que cuando calcula el tiempo necesario para ir de Bayona a París. No faltan las conversaciones con otros académicos de hoy y con especialistas en esa época histórica. Francisco Rico protagoniza una de las escenas más divertidas, sobre todo cuando se cruza una referencia a su aparición frecuente en las novelas de Javier Marías. Sin embargo, el lector no debe caer en la trampa de pensar que cuanto narra el autor en esas páginas es del todo real. De hecho, cuando habla de las novelas que ha publicado se refiere a ellas con títulos falsos, lo que da una pista de que las fronteras entre realidad y ficción no están nunca tan claras como puede parecer.

-Habrá lectores que opinen que es una novela atípica entre las suyas porque hay poca acción y mucho diálogo con ideas. ¿Lo ve así?
-No estoy de acuerdo. Hay acción: episodios aventureros, lances, duelos, pero todo eso está trufado de otras cosas. Y también existe acción en las ideas, en los debates entre los dos académicos o en los salones de París con los filósofos, que pueden ser trepidantes.

-Unos diálogos que pueden leerse como referidos no solo al siglo XVIII, sino a hoy mismo.
-Es que valen para ilustrar sobre el presente. En ellos se explica por qué hemos llegado a ser así. España es el país de las ocasiones perdidas. Cada vez que tiene la oportunidad de salir del agujero algo ocurre y metemos la cabeza allí otra vez. Pero ninguna oportunidad como la de ese siglo.

-¿Por qué?
-Porque en esos años hubo un rey ilustrado, Carlos III; unas instituciones que estaban queriendo mejorar; unos hombres que intentaban que el país progresara; y existía un patriotismo cultural, es decir, gente que pensaba que con educación y cultura todo sería mejor. Hasta había militares que leían, marinos ilustrados... Y en Europa, una tormenta de ideas. Pero llegaron la Revolución francesa, la guerra de la Independencia, Fernando VII, las guerras carlistas y todo lo demás, y aquí estamos, pagando aún el precio terrible de esa ocasión perdida.

-Su libro parece un homenaje a quienes lucharon para que España no desperdiciara esa oportunidad.
-Me parecía de justicia hacer un homenaje a esos hombres buenos, que siempre los ha habido, que con cultura, con eso que llamo patriotismo cultural, han querido sacarnos del agujero, aunque a veces ni los mismos conciudadanos quieran ayudar a que eso ocurra. Ese concepto de patriotismo cultural no ha vuelto a repetirse desde 1936. Desde entonces, la cultura ha sido una herramienta en manos de la política, cuando debería haber sido al revés.

-Conclusión de la novela: este país ha sido víctima de los radicalismos, de quienes no están dispuestos a debatir, ceder, y pactar nada. ¿Ha sido así antes y ahora?
-Claro. En un país de gente normal, hay adversarios. Personas que piensan diferente pero que hablan y de ahí salen luces, conocimiento mutuo, proyectos comunes, amistad... En España el adversario es enemigo. Supongo que hay mil razones históricas para ello, pero es así. Y aquí al enemigo no solo se le vence, es exterminado. Y su mujer, rapada; sus hijos, exiliados; su tumba, profanada; su memoria, borrada. Eso es lo que entendemos como tensión política o intelectual. En cuanto alguien no está por eso, como en mi novela, se le pide siempre que se moje, que diga con quién está. Esa necesidad de señalar es nuestro gran cáncer. La novela trata de probar que hay otras vías.

-Su relato habla de hombres buenos, pero también los hay malos.
-Sí. Y con frecuencia, como sucede en la novela, se unen los representantes de la España más vil y reaccionaria con los de la demagógica e irresponsable. Los extremos eran y son cómplices. Se necesitan porque la existencia del otro justifica la propia.

-¿Teme que ahora a los fanáticos de dentro se unan con otros que vienen de fuera?
-Nunca hemos necesitado que vengan de fuera: nuestra historia está llena de ellos. El problema es que ni los nuestros ni los de fuera nos han hecho aprender. En el 11-S, en EE UU se dio una verdadera solidaridad nacional. En el 11-M, aquí hubo víctimas de derechas y de izquierdas. Hasta en eso hay dos bandos.

-Pero su novela no tiene un final pesimista. Eso es nuevo.
-No suelo ser optimista y no me hago muchas ilusiones, pero quería que el lector acabara con una buena sensación, con la idea de que habría sido posible una España distinta y de que siempre hay hombres buenos que luchan por un país mejor.

-Ahí están sus héroes cansados. Siguen.
-Además, en este caso, los protagonistas de la novela lo eran. Una de las cosas que he adquirido en la Academia es la admiración por esa gente. Los académicos del XVIII eran cuatro amiguetes que hicieron una gran obra para el decoro de su nación, para el progreso de los pueblos. Tenían esa bondad de los hombres callados que no buscaban la gloria, que tan solo eran gente decente. Pero bueno, en la novela también sale un sicario, el malo revertiano que mis lectores reconocerán.

-El personaje principal, el almirante que va en busca de la 'Encyclopédie', es quien mejor observa esos códigos. Además, tiene su edad, la misma afición al mar, un notable escepticismo, defiende la ciencia y la razón... Imposible no ver un gran paralelismo con usted mismo.
-Todos los personajes tienen algo de mí, estos y los de otras novelas, pero en ese es más evidente. De todos modos, le he dado unas virtudes que yo no tengo. El marino español del siglo XVIII es lo mejor de aquella España: gente culta, viajada, con experiencia.

-¿Habría escrito esta novela de no haber sido académico?
-No, porque no habría conocido la Academia como la conozco ni la habría respetado de la misma manera. Y porque el tema se me ocurrió viendo libros en la biblioteca. Me pregunté cómo había llegado hasta allí la 'Encyclopédie' en su primera edición. Me puse a investigar cómo había sido posible algo así, si estaba prohibida. De no haber sido académico, no se me habría ocurrido.
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MensajePublicado: Sab Mar 14, 2015 8:32 am    Asunto: Responder citando



Pérez-Reverte: “He llegado a ver que la gente buena existe”
Jacinto Antón - Babelia (El País) - 14/03/2015

Arturo Pérez-Reverte me cita a una hora más propia de un duelo que de una entrevista. Lo cual tiene, me digo, su lógica pues su nueva novela, la por tantos motivos apasionante 'Hombres buenos' (Alfaguara), se abre con la evocación de un prado al amanecer, con escarcha, difuminado de neblina, sobre el que dos figuras en calzón ceñido y mangas de camisa se observan atentamente desde la afilada punta de sus espadas. Un asunto grave, sí. Son los predios de Scaramouche, de Barry Lyndon, de 'Los duelistas'. Terreno muy perezrevertiano donde va a arrancar con el tintineo agudo de las hojas y el más sordo de las cazoletas esta insólita aventura. Una aventura de libros, ideas y amistad, con buenos y malos, una búsqueda, un itinerario jalonado por posadas, lances y emboscadas y teñido de peligros.

Dos elementos marcan la diferencia de estos 'Hombres buenos' con la gran aventura canónica de Dumas, Stevenson, Féval o Mac Orlan, pienso mientras tomo asiento junto al escritor, en envidiable estado de revista y de excelente humor, investido de una nueva bonhomía. Una es la identidad de los héroes: dos miembros de la Real Academia Española, nada menos, entregados a la extravagante misión de viajar de Madrid a París para conseguir los 28 tomos de la prohibida Encyclopédie de D’Alembert y Diderot (estamos por supuesto también en un campo propio de Pérez-Reverte: el libro peligroso). El otro elemento diferenciador es la forma de narrar la historia: alternando la trama propiamente dicha —en el siglo XVIII— con la peripecia creativa del autor mientras da forma a su novela en la actualidad.

Empiezo preguntándole por los múltiples vericuetos de la historia, en la que se mezclan inextricablemente —a no ser que tires de enciclopedia (precisamente) o Google— personajes reales e inventados, históricos y actuales, situaciones verdaderas y ficticias. A destacar los cameos, pasados y presentes: te puedes topar con Marat como sangriento barbero o con Paco Rico. “Es todo un juego entre verdad y mentira, el reto era hacerlo creíble”. El escritor aparta la repregunta con un gesto y abre la guardia para trazar una visión panorámica de la novela. “Es una obra muy adecuada para tiempos como los actuales, una novela que presenta la amistad y la cultura como elementos de consuelo en época de crisis, un verdadero canto a la amistad y la cultura”. Explica que los diálogos de la trama histórica están todos inspirados en conceptos de Diderot, Rousseau, Voltaire, Moratín. “He transformado sus textos en diálogos para mis personajes. Así que en ellos, por su boca, hablan realmente los clásicos del XVIII”.

Y es que, considera Pérez-Reverte, “el XVIII es muy actual, es asombroso cuando lees a esos autores lo actualísimos que resultan, y lo útiles para el presente”. El escritor marca la diferencia entre la novela histórica al uso y “la que permite entender nuestro propio tiempo”. En ese sentido, 'Hombres buenos' pretende que “la luz del XVIII ilumine el presente”. Es “un manual de supervivencia cultural y afectiva enraizado en el XVIII”.

El eje fundamental de la historia es la amistad que va surgiendo durante el azaroso viaje entre los dos protagonistas, esos dos buenos entre los buenos, que son el bibliotecario Hermógenes Molina y el almirante don Pedro Zárate, los dos maduros (ya sexagenarios) académicos comisionados para hacerse con la Encyclopédie de 1751 a fin de llevar los saberes y las luces del progreso a la España de su tiempo. Una noble misión que los conducirá a enfrentarse a bandidos o frecuentar librerías de lance donde se venden obras pornográficas bajo el sello de “filosofía”. “Caracteres muy distintos, los protagonistas se van conociendo y apreciando, y consiguen conciliar sus diferencias con el diálogo, debatiendo sobre fe y razón”.

La relación evoluciona hasta cimentar una amistad mayúscula, con momentos entrañables. Las preferencias de Pérez-Reverte, no puede evitarlo, se inclinan por el sobrio y asceta almirante, veterano del combate de Tolón, “un marino culto, newtoniano, de una estirpe que era admirada hasta por los ingleses; uno de los Churruca, Gravina, Malaespina, esa Marina ilustrada nuestra que pudo ser ariete de una España futura, arrinconada por la reacción, por la guerra de independencia, por Trafalgar… ”.

La idea de la trama surgió de la existencia real de una colección de la Encyclopédie en la Real Academia. “Llegó a España en una época en que estaba prohibida, así que me pregunté cómo había sido posible. Empecé a preguntar a los abuelos de la RAE y fue apareciendo la historia”. Lo de la alternancia de pasado y presente… “Era una novela muy compleja, con mucha información. No podía llenarla todo el rato de referencias laterales, necesitaba mecanismos para aliviar ese flujo de información y hacer elipsis. Colocar a ese narrador que iba explicando cómo construía la novela me facilitaba ejecutarla de una manera muy complicada estructuralmente y me permitía integrar al lector, ir junto con él, compartir la búsqueda de pistas y datos, hacerle salivar conmigo en el envés de la trama”.

En todo caso, Pérez-Reverte, tan enemigo de dar pistas personales sobre sí mismo, recalca que él no es el personaje del narrador. “Es un tipo que se me parece a mí, pero no soy yo. Es un artefacto narrativo”. El narrador es, como él, académico, bibliófilo, fan de 'Los tres mosqueteros', novelista de éxito con títulos que recuerdan poderosamente a los del propio Pérez-Reverte, y que se deja guiar por los mayores de la Academia que le orientaron a él en sus primeros pasos en la institución. “De ese afecto y respeto de académicos a la antigua, Gregorio Salvador, Mingote, surgió el contexto de esta novela. Que en buena medida es mi historia de amor con la Academia. Don Pedro Zárate está inspirado en el almirante Eliseo Álvarez-Arenas, un hombre muy excéntrico y elegante, un sabio en cosas de la mar, que fue muy afectuoso conmigo: éramos los dos marinos de la Academia”.

Apunto que don Pedro es el personaje que más se parece a Pérez-Reverte, por sus valores, expresiones y escepticismo. “Cosas mías hay en todos, pero ese pasado de marino le hace más dado a afrontar los problemas. Su compañero Hermógenes es más un alma buena simplemente. Un corazón generoso. Está orgulloso de su amigo. Eso es muy loable en un país como España, en el que la envidia es el rasgo nacional”. El novelista insiste en que 'Hombres buenos' “es sobre todo una historia de amistad”. Él mismo parece sorprendido de la intensidad de ese vínculo en la novela. “Vivimos en un mundo tan frío que es conmovedor ver cómo se va llegando a eso, a expresar ese sentimiento, siempre sin perder el decoro”.

El desmedido abate Bringas, autor de un opúsculo sobre el onanismo, que hace de intermediario y virgilio de los dos académicos por el París prerrevolucionario (del que el autor realiza una descripción documentadísima), es uno de los personajes más singulares de la novela. “Está basado en el abate Marchena, que fue revolucionario en París, lo he llevado más allá, a un extremo de fanatismo muy español. Me gustó colocar a esos dos académicos tan circunspectos en manos de un descerebrado”. Los villanos son capítulo aparte. “Necesitaba un contrapunto de los hombres buenos, unos hombres malos que son los que procuran que la misión fracase. Tanto perjudican los fanáticos revolucionarios y demagogos como los representantes de la reacción. La utopía inaplicable, la demagogia buenista, ha hecho mucho daño en España”. Para Pérez-Reverte, la solución a los problemas de España pasa por cultura, diálogo y buena voluntad. “Nunca hubo otra solución que caminar juntos”.

El novelista quiere que el lector sea tan feliz leyendo su relato como él lo ha sido escribiéndolo (calculando, por ejemplo, con minuciosidad leguas y millas, o describiendo un encuentro con Benjamin Franklin) y se sienta “mejor persona” tras acabarla. Amistad, felicidad, bondad son conceptos que resultan poco habituales en boca de Pérez-Reverte. Así que, carraspeando, le pregunto por el infame Raposo. “Ah”, sonríe con recuperada fiereza, “es el más revertiano de la función, la quintaesencia de mis malos, putero, violento”. Raposo es un viejo jinete de caballería metido a oficios broncos y hábil con la cachicuerna, con un pasado que dará mucho juego. Pero de nuevo vuelve el escritor a la amistad, como quien ha descubierto nuevas latitudes en un mapa olvidado. “Al final la palabra que define la novela es amistad”. Me resisto a no recoger aquí un pasaje de la novela que ofrece una bellísima descripción de la amistad: “Fragua así, despacio, el vínculo solidario, cada vez más estrecho, que es común a las naturalezas nobles cuando éstas se aproximan a causa de compartir imprevistos, afanes o aventuras”. He ahí una amistad de mosquetero, o de académico.

“El duelo, ¿qué te ha parecido?”. Espléndido, le digo. Puedes notar el terreno arteramente resbaladizo bajo los pies, el miedo y la excitación entrando en los pulmones con cada bocanada de aire matutino. Esa omnisciencia que se apodera de ti en los momentos de peligro. Por no hablar del lujazo que es poner de padrino a Choderlos de Laclos. Pérez-Reverte asiente. “Esta novela me ha dado dos años de felicidad, felicidad de autor y de lector, moviéndome con mapas, identificando lugares, trazando itinerarios y, de la mano de mis queridos escritores del XVIII, buscando frases para que las dijeran mis personajes. Un trabajo apasionante”.

“Yo soy escéptico, más bien duro, amargo, al juzgar al ser humano”, continúa el escritor. “Pero esta novela me ha hecho un efecto terapéutico al obligarme a ponerme en el lugar de gente buena. He llegado a ver que la gente buena existe y que es posible vivir instalados en la cultura, el diálogo, la amistad, la educación y la esperanza. El almirante y Hermógenes me han convencido. Ahora hablo del ser humano con menos dureza”.

Volvemos al tema de los cameos, hay muchos, por ahí andan José Manuel Sánchez Ron, José González Carrión y otros amigos (y velados enemigos), “académicos reales, amigos reales, como tú”. Es raro hablar con un escritor que te ha convertido en personaje, te da como un cariz inmaterial. Aparezco en un pasaje de la novela como periodista y esgrimista que asesora al autor para el duelo. Lo cual es ficticio. He traído a la entrevista, por crear ambiente, un libro que era de mi abuelo, 'Teoría y práctica de la esgrima', de Pedro Carbonell (Madrid, 1900), maestro de armas de Alfonso XIII. Nos inclinamos golosos sobre las ilustraciones y Pérez-Reverte indica que este Carbonell era el hijo del que dio lecciones a Blasco Ibáñez para batirse en duelo. Ah, lo dices en la novela, le señalo al escritor, que alza divertido la cabeza y matiza: “No, lo dices tú”. Es cierto, ¡lo dice mi personaje! Nos miramos sonriendo.

“La amistad es lo que nos salva”, concluye Arturo Pérez-Reverte. Y no parece que se pueda añadir nada mejor.
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MensajePublicado: Sab Mar 14, 2015 8:36 am    Asunto: Responder citando

"En España, la cultura siempre ha sido una herramienta en manos de la política"
Pablo Landaluce - ondacero.es - 14/03/2015

A finales del siglo XVIII, dos académicos de la RAE recorren las 265 leguas que separan Madrid del París de las tertulias y los cabarets con el objetivo de dejar atrás siglos de oscuridad y comprar la primera edición de L'Encyclopédie de D'Alembert y Diderot, prohibida en España. Don Hermógenes Molina, bibliotecario de la Real Academia Española, es un hombre religioso que intenta tender puentes entre la razón y su fe. El almirante Don Pedro Zárate es más bien un científico cartesiano, escéptico, frío, racional. Estos dos hombres tan dispares emprenden una peligrosa aventura de libros y amistad, que tiene como territorio los diálogos y la cultura.

El siglo XVIII que describe Pérez-Reverte es, en su opinión, el momento en que se empezó a concebir la cultura como un mecanismo para mejorar el mundo y para educar a los pueblos. "Fue la gran oportunidad, teníamos gente preparada, marinos y militares que leían. España se jugó el futuro y lo perdió, porque los hombres buenos que intentaron cambiarlo fueron fusilados, exiliados, encarcelados o acallados". El problema de nuestro país es que "la Ilustración tropezó siempre con el trono y el altar". El último intento se dio en 1936: "desde entonces sólo hemos tenido gobiernos que han usado la cultura como herramienta de poder, nunca como herramienta de Educación. En España, la cultura siempre ha sido una herramienta en manos de la política. La política nunca ha sido una herramienta para mejorar la cultura".

Pérez-Reverte cree que España es un país en el que se confunden mucho las cosas. "Quien más grita cree que tiene más argumentos". "Al adversario no quieres convencerlo, quieres vencerlo y, a ser posible, exterminarlo. Esa especie de vileza, de saña histórica y genética del español sólo se combate con cultura, pero por desgracia la cultura nos ha sido negada por aquellos que tenían el deber de administrarla y de proporcionarla".

Esta novela "optimista", según su autor, contiene una lección moral que tiene que ver mucho con el presente. "Es evidente que un pueblo que prefiere ver 'Sálvame' a ver 'Salvados' está condenado a ser borrego, degollable y esclavo toda su vida". "El problema es que antes el inculto intentaba pasar desapercibido, que no se notara, disimular y aprender. Ahora asistimos a una especie de ostentación de la barbarie". "La cultura ha dejado de ser un requisito para ser aceptado socialmente".

El autor de obras como la saga Alatriste, 'La piel del tambor', 'La carta esférica' o 'El club Dumas' concibe su nueva novela como un tributo a la Real Academia Española (ocupa el sillón T desde el año 2003). "Debía este homenaje a la RAE, a mis compañeros, hombres buenos, a los que conocí y a los que todavía están allí". En la novela descubrimos que todos los académicos sospechan que Pérez-Reverte escribe una historia de asesinatos en la Real Academia, con Francisco Rico como primera víctima. Todos quieren ser el asesino de esa novela que se debería titular "Limpia, mata y da esplendor".

Audio: http://www.ondacero.es/noticias/cultura/libros/arturo-perezreverte-espana-cultura-siempre-sido-herramienta-manos-politica_2015031300397.html
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MensajePublicado: Sab Mar 14, 2015 8:46 am    Asunto: Responder citando

"En España, a nuestros Leibniz y Voltaire los machacamos a golpes"
Entrevista de Karina Sainz Borgo - vozpopuli.com - 14/03/2015

Sentado en un mullido sofá con vistas a la fuente de Neptuno, Arturo Pérez-Reverte habla de 'Hombres buenos' (Alfaguara, 2014), su más reciente novela, una historia que narra el viaje a París que hicieron -en la España del siglo XVII [sic]- dos académicos para traer a España los 28 tomos de la primera edición de 'l'Encyclopédie'. Se trata, en efecto, de los que habían sido prohibidos para su lectura aquellos años, los mismos que todavía hoy reposan en la Biblioteca de la Real Academia de la Lengua y que sembraron en el escritor la inquietud de contar una historia dramática a la vez que melancólica, tan optimista como amarga y dolorosa: la de una España, asegura él, que perdió la oportunidad.

En el siglo XVIII España lo tenía todo o casi todo, dice; pero la historia torció el giro y pasó lo que pasó: "El trono y el altar, cerrilmente atrincherados en la vida española, estropearon cualquier proyecto civilizado... La única remedición posible es la cultura y con cultura me refiero a educación. Cultura, lo que cultura supone, es que mañana venga Hitler, Stalin, Pinochet o Franco a la universidad y que la gente se siente a escucharlos. Escuchándolos aprendes los mecanismos del mal y a precaverse de ellos. Y justamente la cultura es eso, lo que te permite escuchar a la gente y después ahorcarla o ejecutarla", responde, a quemarropa, el periodista, académico de la lengua y escritor.

'Hombres buenos', la novela con la que Arturo Pérez-Reverte regresa a las listas de novedades, está contada a través de una estructura doble: por un lado, la narración de un académico que, en pleno siglo XXI desea desentrañar y contar cómo pudieron llegar a España los 28 tomos de una obra que justo en ese entonces había sido prohibida; en el otro, se despliega la historia en sí, ese largo y accidentado viaje que emprendieron el bibliotecario de la Academia, don Hermógenes Molina, un hombre ilustrado que "creía conciliables fe y razón", y el almirante don Pedro Zárate, "científico, frío, racional". Un hecho real que dio para la ingeniería de la ficción, desplegada a conciencia por Pérez-Reverte en estas páginas.

Hermógenes Molina y Pedro Zárate se conocen lo justo: de las sesiones semanales en la academia; y poco más. Tienen ideas distintas, incluso antagónicas. Pero consiguen hacerse entender en esa larga travesía. No lo tendrán fácil, en absoluto. Otros dos académicos intentarán boicotear esta empresa. Ambos, también en las antípodas ideológicas –uno es conservador, se debe a la monarquía y el Rey y el otro es un liberal radical-, se ponen de acuerdo para obstaculizar y frustrar la misión de ambos. Para ello contratan al sicario Pascual Rasposo, un hombre árido, práctico y seco como un cuero que les dará caza hasta su llegada a París.

“Es paradójico, pero se necesitan. El miedo a uno justifica la existencia del otro. Eso forma parte también de esta España. El problema está en que, en este país, cada intento que ha habido de los 'hombres buenos' por romper las barreras, terminan silenciados por la Iglesia, el trono y el altar, los tres grandes frenos que detuvieron a la España del XVIII. Ahora los frena la demagogia, la estupidez, el ruido mediático y la profunda incultura que gracias a los gobiernos sucesivos nos rodea cada vez más. A base de ver a Belén Esteban en el 'Sálvame' y de qué tal le va a Kiko Matamoros, la voz del hombre bueno no se escucha”, ametralla Pérez-Reverte.

Porque en eso, el autor de 'El tango de la guardia vieja' no tiene duda de ningún tipo al respecto: "En España, a nuestros Leibniz y Voltaire los machacamos a golpes". Y no hay mejor prueba que ésta. “Los españoles podríamos haber sido mucho mejor de lo que somos, si el siglo XVIII hubiera sido diferente. Teníamos un Rey ilustrado, Carlos III. Teníamos ministros que, además de llenarse el bolsillo, querían cambiar el mundo. Teníamos intelectuales que podían sacarnos del agujero. Estábamos a punto de caramelo. Pero ocurrió la Revolución Francesa, y en España comenzó a pensarse que todo cuanto olía a modernidad pasaba por degollar al Rey. A eso se suma la invasión de Napoléon y las guerras carlistas…. Esa ocasión de ser buenos, rápidamente la perdimos. Ahora, aunque podríamos serlo o intentarlo al menos, hemos sufrido daños irreparable, los estragos dolorosos y las cicatrices sangrantes de esos dos siglos de errores”.

La rudeza de Arturo Pérez-Reverte parece un acto reflejo. El gesto aprendido de quien todavía se siente en los Balcanes: hay que ponerse a cubierto o librar un combate, ese permanente cuerpo a cuerpo que le ha quedado en el habla de aquellos años suyos de corresponsal de guerra. Quizá por eso su conversación trasmite esa intensa mezcla de vigor y mala leche; lucidez y apaleamiento. Escucharlo es casi un acto físico. “En España nos gusta mucho gritar. Son los gritos de los extremos los que no permiten escuchar al hombre bueno. Entonces a ese hombre se le tapa la boca, se le exilia; a su mujer se la rapa; a sus hijos se le proscribe y se borra su memoria de los monumentos y las tumbas…”.

Interrumpido ya en tres ocasiones por un reportero que intenta ahondar sobre la relación entre cultura-civilización en 'Hombres buenos', Pérez-Reverte intenta y procura ser amable... “A ver, a ver… que esto es una entrevista. Ahora, si te parece, te cito a Spengler y estamos una mañana entera hablando de eso. No podemos irnos a ese territorio, yo estoy aquí para hablar de mi libro…”, dice Arturo Pérez-Reverte expectorando una risa -rasposa- que espolvorea con humor lo que ha sonado como un esputo.

La cultura a la que él se refiere -una y otra vez- y cuyo espíritu pretende apresar en 'Hombres buenos' tiene que ver con la educación como idea central: “Por eso es tan grave el desmantelamiento que, desde 1936 para acá, han hecho todos los gobiernos. Desde la pijocultura de Zapatero, que era una frivolidad, facilona y demagógica; y la de los ahora que, con un desprecio olímpico, se están cargando la cultura entera. Eso nos deja en una situación delicada con respecto al futuro. Sin cultura somos democracia de baja calidad”.

Pero… ¿quedan hombres justos? Es la pregunta que más se repite. Pues claro, asegura. “El libro está dedicado a cuatro de ellos”, explica Pérez-Reverte refiriéndose a Gregorio Salvador -el único vivo de los cuatro- y a Antonio Colino, Antonio Mingote y el almirante Álvarez-Arenas. Y justamente porque no todo es tan oscuro y alguna redención existe, Pérez-Reverte asegura que ésta es una novela optimista, que reivindica la amistad y la capacidad de las personas de entenderse a pesar de pensar distinto. “La única redención posible -asegura- es la cultura”.

Justo en los días previos a la presentación de la nueva novela de Pérez-Reverte, 'Hombres buenos', el equipo que intentaba recuperar e identificar los huesos de Miguel de Cervantes anunció que los restos hallados en el Convento de las Trinitarias podrían ser -esta vez sí- los del autor de 'El Quijote'. La fanfarria cervantina, a punto de ebullición. Sin embargo, Arturo Pérez-Reverte, como muchos otros autores, ve el asunto con amarga lucidez. Para el [sic] Pérez-Reverte -quien presentó recientemente la edición popular de 'El Quijote' que le encargó la RAE-, el extravío durante siglos de los restos de uno de los autores fundamentales del castellano no es otra cosa que desprecio y desinterés. Algo que no sólo caracteriza a España, sino que la diferencia de otras sociedades que han sabido valorar y divulgar a sus autores y pensadores. “Mientras escribía esta novela, experimenté una profunda melancolía. Hubo momentos incluso en los que pensé "¡quiero ser francés o inglés!". No quería sentirme cerca de nada que me identificara con España”, dice, expansivo, un Pérez-Reverte que se permite la puñalada del humor para quitarle hierro a la conversación. Allí, en el desagüe que ocurre en todo final -el de una entrevista, un encuentro-, una pregunta -y su respuesta, claro- coloca, por sí sola, el irónico broche a la plática sobre una novela, una historia, que podría ocurrir en éste o el siglo anterior.

-¿Es usted un hombre bueno?
-No, soy más bien como un Pascual Rasposo [sic] -responde, a secas, Pérez Reverte antes de dar por acabado el encuentro.

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Karinita anda escocida todavía, parece. Y es "siglo XVIII", muchacha, y "Raposo", no "rasposo". Que alguien se lo diga, que a mí me tiene bloqueado en Twitter.
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MensajePublicado: Sab Mar 14, 2015 10:47 am    Asunto: Responder citando

En la jaula del jaguar
Darío Villanueva (director de la RAE) - Babelia (El País) - 14/03/2015

Lo que sí es cierto es que en la biblioteca de la Real Academia Española existe una colección completa de la 'Encyclopédie, ou dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers / par une societé de gens de lettres, mis en ordre et publié par M. Diderot… et quant a la Partie Mathématique, par M. D’Alembert'. Son 28 tomos encuadernados en piel algo deteriorada, con el sello y el ex libris correspondiente, pertenecientes a la edición princeps que, con una tirada algo inferior a los 5.000 ejemplares, fueron apareciendo entre 1751 y 1772.

Cuando la primera de estas fechas, la RAE tenía ya casi 40 años de vida, y los seis tomos de su 'Diccionario de autoridades' se habían publicado entre 1726 y 1739. A partir de estos datos históricos, Arturo Pérez-Reverte escribe una novela que integra la mayoría de las claves literarias de su autor y constituye un cumplido homenaje no solo a la corporación de la que es miembro de número desde 2003, sino también —y esto es sin duda más importante— a la Ilustración y el racionalismo. Causas por las que muchos españoles, y no solo los académicos, lucharon en una batalla incruenta a lo largo de un siglo gris, decadente en lo épico, pero sumamente fructífero en una contienda no del todo perdida, pero tampoco suficientemente ganada. Me refiero a la de hacer una revolución para la que no harían falta otras armas que el libro y la palabra, según dice uno de los personajes históricos aquí presentes, el francés D’Alembert, frente a la otra opción, la de “un baño de sangre que preceda al baño de razón” defendida por otro de los protagonistas de 'Hombres buenos', esta vez ficticio: el abate Bringas.

Confieso que nunca antes, en los 40 años largos de mis escarceos con la crítica literaria, me había visto en una como esta: leer y comunicar mi lectura —tarea que, en definitiva, hace el crítico— a propósito de una novela en la que aparezco como personaje y que trata de un episodio histórico relacionado con la Real Academia Española a la que pertenezco y que está acabando de conmemorar su tricentenario. Supongo que estas circunstancias me desautorizan por completo en cuanto a la ecuanimidad exigible a un crítico cabal (lo que yo nunca he sido, dicho sea de paso), pero no me impedirán proclamar el disfrute que me ha producido ser parte en esta fiesta también como lector. La novela es un género espurio, híbrido, en el que sin embargo —y tómese esto como virtud— cabe todo. 'Hombres buenos' colma con raro acierto tal potencialidad llevando hasta sus últimas consecuencias las posibilidades novelísticas del juego, pero también las de la revelación. Es así una novela de aventuras y de ideas; una novela histórica y posmoderna; una novela de personaje y de espacio, por decirlo con Wolfgang Kayser; una novela de acción y, a la vez, una metanovela. Porque en ella convergen todos los recursos de Pérez-Reverte, pero también asoma, como nunca antes en otra obra suya, la explicitación de cómo sus logros como narrador son el resultado de una reflexión profunda sobre el arte narrativo. Y esto en dos direcciones: el novelista, que es también personaje de su novela, va desgranando ante el lector, en frecuentes apariciones en "mise en abîme", las dificultades que ha tenido que afrontar para llevar adelante su proyecto. No solo en cuanto a la forma, voces, puntos de vista, articulación secuencial, orden y ritmo temporales, sino también en lo referente a la búsqueda de sus fuentes —verídicas algunas, fabuladas las más— para recrear los ambientes madrileños y parisienses, y la ruta entre ambas capitales, a la altura de 1781, fecha en la que se sitúa la azarosa aventura de dos académicos de la española, el bibliotecario Hermógenes Molina y el brigadier Pedro Zárate y Queralt, comisionados en su condición de “hombres buenos, íntegros, arriscados” para que adquieran en París una colección completa de la 'Encyclopédie'.

Pérez-Reverte es un hábil constructor de personajes, que se erigen ante nuestros ojos, convincentes, por lo que hacen y por los diálogos en que participan. Los dos mencionados lo son, así como otro protagonista que los asesora en sus pesquisas bibliografico-parisienses, el ya citado Salas Bringas Ponzano, un “español radical y sanguinario que acabó en la pandilla de Robespierre” y en la guillotina. Pero todo parece proyectar como héroe de esta historia a quien en la RAE llamaban “el almirante”, pero aparentemente es un personaje “de perfil bajo”, como se suele decir. Se trata del brigadier Zárate, que protagoniza algunas de las escenas más logradas; [spoiler] Flecha por caso, el ataque a los académicos por los salteadores de caminos en el viaje de ida, el duelo con un amante de Margot Dancenis, la escena amorosa con esta y la recuperación final de la Enciclopedia, robada, ya en el regreso a España, por otro personaje de una pieza, el mercenario Pascual Raposo, comisionado para que hiciera fracasar la operación bibliográfica por otros dos miembros de la RAE, el ultramontano Manuel Higueruela y el “figurón pedante” e ilustrado radical Justo Sánchez Terrón. Son todas criaturas ficticias, pero el brigadier lo es solo relativamente: en él luce la memoria de un académico no ha mucho fallecido al que el novelista dedica su obra junto a Antonio Colino, Antonio Mingote o Gregorio Salvador, al que también hace aparecer en la trama con su propio nombre.

El juego es de espejos: en 'Hombres buenos' hay protagonistas que son históricos; otros que son actuales y reales; la mayoría, ficticios, pero todos actúan conforme al designio del escritor que remite con frecuencia a fuentes documentales igualmente inventadas. Estamos, pues, ante una apoteosis de ese cambalache entre realidad y ficción que siempre constituye la mejor literatura. El novelista cita incluso títulos de novelas suyas que nadie ha podido leer: 'El enigma del 'Dei Gloria'', 'El bailarín mundano'... Yo, modesto lector suyo, al tiempo que me quito el cráneo, le obsequio otro por si fuera de su consideración: 'La jaula del jaguar'.

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En realidad, los dos títulos citados son alternativas a dos novelas sí existentes: 'La carta esférica' (el 'Dei Gloria' es el barco hundido cuyo pecio se busca) y 'El tango de la Guardia Vieja' (bailarín mundano es la profesión del protagonista al comienzo del libro).
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