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'Hombres buenos' (2015) (noticias)
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Rogorn
Capitán


Registrado: Feb 01, 2007
Mensajes: 13241

MensajePublicado: Sab Mar 14, 2015 5:17 pm    Asunto: Responder citando

“De nada sirven las urnas si el que mete la papeleta es un analfabeto”
infolibre.es - 14/03/2015

Él mismo, Arturo Pérez-Reverte, es el narrador de la historia que cuenta 'Hombres buenos' (Alfaguara). La de la gesta de dos españoles del siglo XVIII que, contra la corriente imperante en la época, la de la ignorancia, emprendieron el arriesgado y dilatado viaje de Madrid a París para recoger una copia de los 28 volúmenes de la 'Enciclopedia' francesa, para el autor una de las mayores y más loables empresas intelectuales de todos los tiempos. Su misión consiste en depositarlos en la Real Academia de la Lengua y hacerlos así disponibles en la España de Carlos III, un rey ilustrado que llevó a cabo mejoras sociales que, sucesivos acontecimientos históricos mediante, nunca llegaron a fructificar.

La aventura quiere ser una trepidante y repleta de trances y piruetas, pero también algo más. Una declaración de intenciones que empieza y termina en el mismo punto: el que marca el valor de la cultura como elemento fundamental de progreso y confraternidad. Pero aunque Pérez-Reverte es la voz narradora en primera persona y es también un hombre de cultura, advierte: no se está pintando a sí mismo como un hombre bueno. Esos son otros, como los cuatro a los que dedica la novela: sus colegas académicos de la lengua Gregorio Salvador y los fallecidos Antonio Colino, Antonio Mingote y el almirante Álvarez-Arenas. Aunque hay más, “y cuando a pesar del ruido mediático uno quiere escuchar sus voces, las busca y las encuentra”.

Se trata esta, pues, de una novela “con esperanza”, aunque su autor reconozca que la que él guarda ante el actual estado de cosas es “poca”. Relata en ella su propio origen, a modo de ejercicio metaliterario, de cómo cuando se encontraba trabajando en las dependencias de la RAE –institución a la que así, rinde también homenaje- encontró aquellos ejemplares. Al percatarse de que se correspondían con la primera edición, que fue prohibida tanto en Francia como en España, decidió, movido por la curiosidad, investigar cómo habían llegado allí. Aunque también matiza: se trata esta de una argucia de escritor, “un recurso” con el que “desenciclopedizar el ciclo narrativo”, hacerlo más fluido. “Después de 29 años en el oficio uno tiene sus lectores, que te conocen”, explica, “y esto es un guiño a ellos, un plus de complicidad”.

Los dos hombres buenos que marchan a la capital francesa, entonces “la meca” de la intelectualidad, son el almirante Pedro Zárate y el bibliotecario Hermógenes Molina. Mientras que el primero se debate internamente entre su fe y la razón, el otro es una persona modesta y honrada, convencida de la verdad de la ciencia. A pesar de las diferencias que los separan, ambos son capaces de hallar el entendimiento y la amistad a través del diálogo. “Aunque yo no equiparo la idea de hombre bueno con la de hombre culto”, apuntilla el escritor (Cartagena, 1951), que recibe a los periodistas en una luminosa suite del madrileño hotel Palace, “sino que hablo de los hombres buenos como aquellos que querían usar la cultura para solucionar los males de su patria, en este caso España, un país donde trono y altar estaban cerrilmente enraizados”.

El contrapunto a los protagonistas lo marcan otros dos hombres, a quienes lógicamente cabría calificar como "los malos", que intentan impedir que el viaje de los primeros llegue a buen puerto. Los dos son exponentes del radicalismo ideológico, uno del lado conservador –“de la rancia españolidad”– y el otro, del progresista “demagógico y buenista”. Algo que, en opinión de Pérez-Reverte, no quiere ser una crítica de los extremos, ya que sí existe la “radicalidad honesta y honorable”. “Yo he visto revoluciones de verdad”, apunta sobre su oficio como reportero de guerra, que ejerció durante más de 20 años, “y he visto a oportunistas y a honrados”. Desde su experiencia “son estos oportunistas y golfos los que se suelen situar en el bando de los ultras", además de que "el oportunismo social es más frecuente que la honestidad”.

La cultura que reivindica es, por tanto, aquella que bebe de todas las opiniones para construir una verdad sin vocación absoluta. La que aceptaría de buen grado “que mañana venga Pinochet, o Stalin o Hitler a la universidad a dar una charla”. “Aunque luego se los insulte", apuntilla, "pero que primero se los escuche, porque es muy interesante escuchar qué tiene Pinochet en la cabeza, ya que así aprendes los mecanismos del mal”. En España, se lamenta, “no existe” por el contrario “el discurso político”, sino que “hay una necesidad de que aquel que está enfrente se defina para poderlo vilipendiar o alabar, y eso es un síntoma claro de incultura”.

Una coyuntura, la de la actual realidad social, que él engarza con aquella época de finales del XVIII, la de la antesala de la Revolución Francesa. Aquel tiempo podría haber dado un rumbo diferente también a este país, que por un momento tuvo la oportunidad de tomar el tren de la modernidad, finalmente perdido. “Podríamos haber sido mejores si el XVIII hubiera sido diferente”, sostiene. “Entonces éramos vírgenes, pero ahora tenemos las cicatrices de estos dos siglos sangrantes, hay demasiado desprecio en nuestras pupilas”.

Si en el contexto en el que se enmarca la novela la redacción de 'L'Encyclopédie' supuso un hito en lo que respecta a la voluntad de compendiar y difundir el saber, conformándose en una obra por la que merecía la pena arriesgar incluso el propio pellejo, ¿sería hoy su trascendencia comparable con la de internet? Sí y no, cree el novelista, porque mientras que la obra de Diderot, D'Alembert y Le Breton fue una herramienta concebida “para ser manejada por gente culta, internet es una zona muy confusa”. “Contiene información valiosísima”, concede, subrayando su trascendencia histórica, “pero no existe un mecanismo discriminador, no existen filtros”, lo que a la postre permite que “cualquier analfabeto con Twitter pueda abrir un debate”.

Los tiempos, efectivamente, han cambiado, y no solo en lo referente a la divulgación del conocimiento. Tampoco cree Pérez-Reverte que París mantenga su cualidad de epicentro cultural, ni siquiera Nueva York, que también lo fue en los sesenta. "Ahora no veo eso", dice. "Ese viaje sería hoy a una biblioteca, que sigue siendo el lugar al que peregrinar". "Sin cultura no hay progreso: con la educación, es la única palanca para que los pueblos progresen", insiste. "Un pueblo educado es un pueblo libre, porque de nada sirven las urnas si el que mete la papeleta es un analfabeto". De ahí esta reivindicación de los hombres buenos, con los que, ya decíamos, no busca asimilarse. Él, asegura, no es ni más ni menos que un contador de historias. Un hombre que, si tuviera que compararse con uno de sus personajes, sería con Pascual Raposo, un sicario al que describe en la novela como "un tipo de recursos, no le quepa duda. Y con los escrúpulos justos. Listo y peligroso, como su apellido".
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Rogorn
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MensajePublicado: Dom Mar 15, 2015 9:32 am    Asunto: Responder citando

Arturo Pérez Reverte cuenta la historia de los hombres buenos
Ana Anabitarte - eluniversal.com.mx - 15/03/2015

Hace un par de años, el escritor, periodista y académico de la lengua Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, Murcia, 1951) vio en la biblioteca de la sede de la Real Academia Española (RAE) una primera edición de los 28 volúmenes que componen la 'Enciclopédie' de D’Alembert y Diderot, una obra a la que define como “la mayor aventura intelectual del siglo XVIII, en la que triunfó la razón y el progreso sobre las fuerzas oscuras del mundo entonces conocido”. La obra, que contenía las ideas más revolucionarias de su tiempo, había sido prohibida en España. Así que el escritor se preguntó cómo y cuándo había llegado a Madrid. Y descubrió el viaje a París que a finales del siglo XVII y principios del XVIII llevaron a cabo dos miembros de la RAE con el encargo de sus compañeros de comprarla y traerla clandestinamente a aquella España ilustrada de Carlos III.

Titulada 'Hombres buenos' (Alfaguara) y presentada ayer ante un grupo de corresponsales de medios extranjeros, con esta obra Pérez-Reverte ha querido rendir un homenaje a la RAE, a donde llegó hace más de 12 años tras pasar 21 como reportero cubriendo guerras en distintas partes del mundo, para ocupar el sillón “T”, en sustitución del filólogo Manuel Alvar, y donde “esos hombres buenos me acogieron con mucho afecto”.

La novela “está dedicada a todos esos hombres que tras las independencias americanas se unieron para crear las academias de la lengua”, relató. “A todos esos académicos quienes durante más de 300 años han hecho patriotismo cultural, han trabajado muy duro para hacer diccionarios, gramáticas y ortografías para España e Iberoamérica para que esos países fueran mejor y para que sus ciudadanos fueran más cultos, más sabios y más libres”, añadió.

Son 600 páginas en las que se relata el periplo que vivieron el bibliotecario Hermógenes Molina y el almirante Pedro Zárate, en un viaje en el que padecieron todo tipo de intrigas, aventuras, sobresaltos y traiciones hasta lograr traer el libro a Madrid. Y todo ello en una España analfabeta donde dominaban la Iglesia, el trono y el altar. Pero también en el París previo a la Revolución Francesa de los cafés, las tertulias filosóficas y la razón. Es decir, “en la España que pudo ser si las luces nos hubieran guiado y que no fue porque la oscuridad lo impidió”, dijo.

De ella, en la que el propio Pérez Reverte aparece como narrador en primera persona, dice que es optimista, que está llena de trampas, de guiños al lector, y que se parece mucho a las de su primera etapa cuando publicó 'El club Dumas' (1993) y 'La tabla de Flandes'. Y para escribirla y como hace siempre, primero llevó a cabo un gran trabajo de investigación y de documentación, incluso viajó a París para estudiar planos antiguos, calles y lugares además de leer todo lo que pudo del siglo XVIII español y francés. Tareas que son “de las que más disfruto” frente a la escritura, a la que considera como un oficio y de la que dice que es “desagradable pero necesaria”.

Los dos académicos que viajan a París son opuestos y mientras el bibliotecario Hermógenes Molina “creía conciliables fe y razón”, el almirante Pedro Zárate fue un “científico, frío, que sólo cree en la razón”. Con ello, el autor quiere demostrar que pese a tener ideas opuestas el diálogo es posible. “Hasta escuchar a los canallas es útil para la inteligencia”, asegura. Dice que para que un pueblo cambie sólo hay dos caminos: la razón y la cultura o la revolución y la guerra. Y denuncia que ni en España ni en Iberoamérica los gobiernos se han preocupado de hacer más cultos y sabios a sus ciudadanos. “Sin cultura estamos perdidos”, asegura, para subrayar a continuación que “un pueblo culto no se deja manipular por los fanáticos ni por los estúpidos”. En cuanto a las banderas, se muestra convencido de que la bandera de Hispanoamérica “es 'El Quijote'”.
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Rogorn
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Registrado: Feb 01, 2007
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MensajePublicado: Dom Mar 15, 2015 9:48 am    Asunto: Responder citando

“No me quiero sentir vinculado a un país tan vil”
J Losa - publico.es - 15/03/2015

Con ese aire distinguido, a base de pana, chaqueta de espiguilla y gestualidad florida, el insigne Arturo Pérez-Reverte despacha a la prensa en una no menos señorial suite presidencial del Palace. Presenta 'Hombres buenos' (Alfaguara, 2015), su última novela, un viaje a finales del siglo XVII [sic] por una España “a punto de caramelo” en la que el progreso y la ilustración parecían al alcance de la mano.

“Hubo un tiempo en el que aún era posible que fuéramos felices. Ahora, en cambio, sabemos que ya no podemos serlo. Llevamos demasiada desgracia en la mochila”, comenta afligido el académico. “Es triste ver cómo otros países tuvieron sus Voltaire, D’Alembert, Leibniz o Kant, mientras que en España nos tenemos que conformar con el padre Feijoo o Moratín. La razón es que nosotros asfixiamos a nuestros Voltaire en la misma cuna”.

Del origen de ese infortunio patrio versa, en esencia, su última narración, aderezada de intrigas, sobresaltos e incertidumbres marca de la casa. Sus sufridos protagonistas son, esta vez, dos miembros de la Real Academia Española, el bibliotecario don Hermógenes Molina y el almirante don Pedro Zárate, quienes, bajo mandato del resto de miembros de la Docta Casa, han de viajar a París para conseguir de forma casi clandestina los 28 volúmenes de la 'Encyclopédie' de D’Alembert y Diderot, prohibida en España.

Expeditivo en sus respuestas, Pérez-Reverte departe a quemarropa, sin ambages, hasta el punto de que no duda en impugnar preguntas y matizar interpretaciones que entiende poco acertadas. Así respondía a uno de los plumillas que tuvo a bien exprimir al escritor más de la cuenta: “Oye mira, que esto es una entrevista. Si quieres ahora te cito a Spangler [sic] y estamos aquí una mañana hablando sobre cultura con K o con C, pero eso nos llevaría a otro territorio y yo estoy aquí para hablar de mi libro, como dijo Umbral”.

Al autor de 'El club Dumas' le duele España, en especial el desmantelamiento cultural que viene padeciendo nuestro país en los últimos años. “Los sucesivos gobiernos no han ayudado mucho. La pijocultura de Zapatero, que era superficial y absolutamente facilona, y los del PP que, con un desprecio olímpico, se están cargando la cultura, lo que nos deja en una situación muy delicada respecto al futuro. Sin cultura somos democracia de baja calidad”, apunta el escritor.

En 'Hombres buenos', Pérez-Reverte se remonta a una España todavía capaz de ilusionarse con un nuevo tiempo de esperanza, con la idea de dejar atrás siglos de oscuridad siguiendo la estela del país vecino, una Francia entregada a la renovación del pensamiento y convertida en un auténtico polvorín cuya ansia de libertad hacía tambalear tronos y mundos establecidos. 'Hombres buenos' es, también, un libro en el que se ven las caras dos Españas con tres siglos de separación, un país con una patológica tendencia al fracaso cuyo diagnóstico el académico lo tiene claro: “Antes, los hombres buenos estaban callados por el trono y el altar, los dos grandes frenos que detuvieron esa gran esperanza que suponía el siglo XVIII, ahora los frena la demagogia, la estupidez, el ruido mediático y la profunda incultura”.

De la ira a la melancolía en un par de frases, así es Pérez-Reverte. Igual se ceba con la clase política, a la que acusa de gritarse en los estrados para luego “besarse en la boca en el Palace”, que se enternece con lo que pudo ser de este país y no fue: “Sentí una tristeza enorme mientras escribía el libro y también la necesidad de huir, de querer ser francés, inglés, alemán o ruso. No quiero sentirme vinculado afectivamente a un país tan vil con sus hombres brillantes”.
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Rogorn
Capitán


Registrado: Feb 01, 2007
Mensajes: 13241

MensajePublicado: Dom Mar 15, 2015 10:59 pm    Asunto: Responder citando

La entrevista de anoche en La Sexta (vídeo, 45 minutos)
https://www.youtube.com/watch?v=zF5wglTBT5w

...y la de esta mañana en RNE (audio, 35 minutos)
http://www.rtve.es/alacarta/audios/no-es-un-dia-cualquiera/entrevista-arturo-perez-reverte-2015-03-15t12-05-300001339/3044139/

...y la de esta noche en La 2 (vídeo, 28 minutos)
http://www.rtve.es/alacarta/videos/pagina-2/pagina-dos-arturo-perez-reverte/3044821/
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Siana
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Registrado: Jun 15, 2006
Mensajes: 5536
Ubicación: Barcelona

MensajePublicado: Dom Mar 15, 2015 11:17 pm    Asunto: Responder citando

Gracias Ro Sonrisa
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Rogorn
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Registrado: Feb 01, 2007
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MensajePublicado: Dom Mar 15, 2015 11:25 pm    Asunto: Responder citando

Pérez y Einstein
José Ramón Ayllón - gentedigital.es - 15/03/2015

Si lees las entrevistas a Pérez-Reverte puedes constatar que se le acabó el discurso hace muchos años: el mundo se divide en buenos (él y cuatro más) y malos (los curas). De ahí no le sacas. Pero esa especie de fijación masónica da titulares y vende, que es lo que importa.

Rectificar es de sabios, y Einstein lo era. En la revista 'Time' escribió el 23 de diciembre de 1940: “Cuando llegó la revolución [nazi] a Alemania, miré con esperanza a las Universidades, pues siempre se habían sentido orgullosas de defender la verdad. Pero las Universidades fueron acalladas. Entonces miré a los grandes editores de periódicos, que proclamaban su amor a la libertad en ardientes editoriales. Pero también ellos fueron reducidos al silencio, ahogados a la vuelta de pocas semanas. Solo la Iglesia permaneció de pie y firme para hacer frente a las campañas de Hitler para suprimir la verdad. Antes no había sentido ningún interés por la Iglesia, pero ahora siento por ella un gran afecto y admiración, porque solo ella ha tenido la valentía y obstinación de sostener la verdad intelectual y la libertad moral. Debo confesar que lo que antes despreciaba, ahora lo alabo incondicionalmente”.
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Rogorn
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Registrado: Feb 01, 2007
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MensajePublicado: Dom Mar 15, 2015 11:32 pm    Asunto: Responder citando

Arturo Pérez-Reverte: 'Hombres buenos'
Carmen R Santos - elimparcial.es - 15/03/2015

Alfaguara. Barcelona, 2015. 592 páginas. 22,90 €. Libro electrónico: 10,99 €.

Apasionante narración en la que se nos sumerge en distintas épocas y escenarios, desde el hoy hasta el siglo XVIII, desde Madrid hasta el París prerrevolucionario, protagonizada por dos académicos que deben resolver una trascendental misión.

Recordemos que en 'El club Dumas', Arturo Pérez-Reverte creó a un extraordinario personaje, Lucas Corso, mercenario de la bibliofilia, que se dedica a la búsqueda y caza y captura de libros antiguos, únicos, de un valor especial, por los que quienes los ambicionan están dispuestos a pagar cualquier precio. En esa novela, el escritor cartagenero levanta una absorbente trama en la que Lucas Corso debe resolver dos encargos: autentificar un manuscrito de 'Los tres mosqueteros', de Alejandro Dumas, y aclarar el enigma de un extraño libro, que en 1667 le costó la vida a su impresor, que fue quemado junto al volumen. Esos cometidos se irán revelando como enormemente peligrosos y Corso habrá de enfrentarse a situaciones harto complicadas y a quienes tratan de impedir a toda costa que triunfe en su propósito. Los protagonistas de 'Hombres buenos', la última novela de Pérez-Reverte, no son mercenarios de los libros, pero la búsqueda de uno decisivo les llevará a no menores riesgos y aventuras que a Lucas Corso, en una historia igualmente absorbente que, además, encierra principios que nunca deberían olvidarse.

'Hombres buenos' combina y alterna épocas, el hoy junto al siglo XVIII, y escenarios -el París a punto de la Revolución y el Madrid de Carlos III y el actual- , y se basa en hechos y figuras reales, aunque, como se aclara al comienzo, “buena parte de la historia y de sus protagonistas responde a la libertad de ficción ejercida por el autor”. En el Madrid actual, un escritor y académico -trasunto del propio Pérez-Reverte que ocupa el sillón T de la Real Academia Española desde 2003-, nos cuenta en primera persona su descubrimiento en la biblioteca de la Corporación de los veintiocho volúmenes de la primera edición de la 'Enciclopedia', editada, como se sabe, por Denis Diderot y Jean d’Alembert entre 1751 y 1772. Una obra que él mismo quiso comprar a su amigo y librero anticuario Luis Bardón, si bien finalmente, nos dice, se le adelantó otro cliente, para más señas, Pedro J. Ramírez. Dato que, por cierto, confirma el gran interés del periodista por la época, plasmado en su obra 'El primer naufragio' (La Esfera de los Libros).

El hallazgo propicia que el académico se pregunte desde cuándo y cómo llegó la Enciclopedia hasta la Real Academia Española. Comienza sus averiguaciones, y el bibliotecario le aclara que es seguro que se alberga allí desde finales del siglo XVIII, a pesar de estar prohibida en nuestro país. A partir de ahí, por un lado, el académico comparte con los lectores sus pesquisas para escribir la historia que ese hallazgo le ha sugerido, e incluso nos explica algunas cosas de su “cocina” literaria, confesando, por ejemplo, su cuidado de los escenarios, pues “facilitan el ambiente adecuado para los personajes y la trama, y en ocasiones forman parte de ésta”. Esmero que se aprecia en toda la producción de Pérez-Reverte y muy marcadamente en 'Hombres buenos', para la que ha llevado a cabo una exhaustiva labor de documentación.

Por otro, leemos paralelamente esa historia: el viaje a París, a finales del siglo XVII, de dos académicos, el bibliotecario don Hermógenes Molina y el almirante don Pedro Zárate, comisionados por sus compañeros para conseguir la Enciclopedia. Ese periplo se convierte en una carrera de obstáculos, en la que Molina y Zárate han de sortear infinidad de intrigas, sobresaltos y peligros desde el Madrid de Carlos III hasta el agitado París prerrevolucionario, bullente de salones y tertulias literarias y filosóficas, por el que desfilan singulares personajes, como el abate Bringas, inspirado en la figura real del abate Marchena.

Hermógenes Molina y Pedro Zárate son esos “hombres buenos”, acechados por los malvados, en los dos polos del espectro ideológico, como el ultraconservador Manuel Higueruela, o el ilustrado radical Justo Sánchez Terrón, sin olvidar a Pascual Raposo que es capaz de vender su alma al diablo, que quieren a toda costa que la misión fracase. A Molina y Zárate, Pérez-Reverte les ha concebido como opuestos física, ideológica y psicológicamente, lo que es un acierto, que resalta el proceso de amistad que se va desarrollando entre ellos: “Los dos hombres, que durante años de Academia no cambiaron entre sí otra cosa que conceptos lingüísticos y cortesías convencionales, se acercan ahora el uno al otro, conociéndose mejor, intimando -si ésa es la palabra- de un modo que confirma respeto y barrunta amistad. Fragua así, despacio, todavía imperceptible para los interesados, el vínculo solidario, cada vez más estrecho, que es común a las naturalezas nobles cuando éstas se aproximan a causa de compartir imprevistos, afanes o aventuras”.

Arturo Pérez-Reverte, uno de nuestros autores más internacionales -'Hombres buenos' se ha puesto a la venta simultáneamente este 12 de marzo en España, Hispanoamérica y Estados Unidos-, nos sirve una novela llena de atractivos y en la que las dos tramas paralelas -la investigación de la misión de Molina y Zárate y su escritura, y la misión misma-, se involucran a la perfección. Especialmente en la primera, hay que resaltar, además de sus reflexiones sobre el arte narrativo, el sentido del humor. Impagables las conversaciones con los académicos que le preguntan por una supuesta novela que está escribiendo, Limpia, mata y da esplendor, y le piden que la primera víctima sea Francisco Rico. Y todos se ofrecen a ser el asesino.

Más allá de las bromas, es preciso recalcar la más que oportuna apuesta de esta novela por los valores de la amistad y el diálogo, la ilustración y la cultura, y la denuncia de los sectarismos y fanatismos que arruinan toda posibilidad de avance y prosperidad. Junto al homenaje, que entraña 'Hombres buenos', a una iniciativa preclara. Como le dice un académico al narrador: “Sería de justicia recordar que, en tiempos de oscuridad, siempre hubo hombres buenos que lucharon por traer a sus compatriotas las luces y el progreso…Y que no faltaron quienes procuraban impedirlo”.
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Rogorn
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MensajePublicado: Dom Mar 15, 2015 11:44 pm    Asunto: Responder citando

La gente ve 'Sálvame' y no 'Salvados' porque la gente vive una vida de mierda
Manuel García Pérez - mundiario.com - 15/03/2015

[Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Murcia y licenciado en Antropología por la UNED. Premio Nacional Fin de carrera 2000. Docente, investigador y escritor de narrativa juvenil. Su última obra es el poemario 'Luz de los escombros'. Columnista y crítico de 'Mundiario'.]

Escucho la entrevista a Pérez-Reverte en 'La ventana', el programa de la SER, presentado cada tarde por Carles Francino, y de nuevo el autor de 'El maestro de esgrima' vuelve a repetir el argumento de la incultura como problema atávico para el progreso de nuestro país. No le voy a quitar razones, porque está en lo cierto cuando sostiene que "cuando miras atrás y ves que todos los problemas de España se han debido a esa incultura, por ese pueblo cerril y analfabeto que todavía se prefiere programas como ‘Sálvame’ a ‘Salvados’, te das cuenta de que nunca salimos de ahí. Cuando miras atrás es inevitable el sentimiento de melancolía". Pero, desde mis modestas aportaciones a 'Mundiario', el problema es más profundo en la actualidad. El desmantelamiento cultural como la subida del IVA en libros, por ejemplo, y la falta de una rigurosa reforma educativa, que debe empezar por la universidad, son generalizaciones indiscutibles, pero también hay una sociedad que vive en el umbral de la pobreza, que trabaja con horarios infinitos y por un salario de esclavo.

Hay demasiada gente que vive una vida de mierda y que, cuando llega a casa, está derrotada y que solamente tiene tiempo de tomarse los antidepresivos y preparar para el día siguiente los almuerzos del colegio. Hay demasiada gente que vive una vida de mierda y solamente piensa en dormir porque está atado de pies y manos a un trabajo de galeras, porque sabe que cualquier día, por ejemplo, mañana, lo pueden tirar a la calle con una indemnización ridícula que enmierde más el marrón de vida que lleva. Y son esos medios de comunicación, blanditos, subvencionados, que a veces juegan a ser demócratas, los que contribuyen también a esta incultura, manejada desde el esclavismo, desde la indiferencia ante la corrupción en Andalucía y otros ayuntamientos, ya que no se posicionan ferozmente contra lo que estamos viendo todos. Sí, en efecto. Esos medios donde los escritores que aún pueden publicar en este país se permiten el lujo de presentar sus novedades y juzgar con razón, no lo discuto, lo que viene sucediendo en este país desde hace siglos.

Pero son esos escritores y esos intelectuales los que deberían experimentar por un momento la mierda de vida que llevan algunas familias que, tras la ingesta de hipnóticos, prefieren ver comedias de chichinabo porque es la única forma voluntariosa que tienen de protestar, porque no pensar cuando te oprimen, señor Reverte, quizá sea también respetable. Es cierto. Los culpables son los que deciden qué leer o qué ver en la televisión, pero también esa mano invisible del libre mercado que pega unas hostias como las de mi tío Daniel, que mató a un mulo de un puñetazo. Cosas del campo. Marrón de vida y enhorabuena a los que aún pueden seguir publicando.

Por cierto, a mis alumnos les encanta 'El francotirador paciente', pero yo me sigo quedando con 'El pintor de batallas'. Ah, se me olvidaba, mi tío Daniel, después de guerra, se metió a cartujo.
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Rogorn
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MensajePublicado: Lun Mar 16, 2015 10:00 am    Asunto: Responder citando

"La cultura es el antídoto contra la barbarie"
Martín Rodríguez Yebra - lanacion.com.ar - 16/03/2015

Arturo Pérez-Reverte cumplió 30 años como novelista. Cada nuevo lanzamiento, siempre destinado a las listas de éxito, lo obliga al ejercicio de responder mil y una entrevistas, a destripar el argumento, explicar su inspiración, defender a sus personajes y, de rebote, opinar sobre la última noticia bomba del diario de la mañana. "Yo trabajo de esto", bromea este ex corresponsal de guerra que huye de la definición de "artista" y se ubica con orgullo en la categoría de escritor profesional. Pero que nadie espere de él un relato rutinario. Pérez-Reverte derrocha pasión cuando habla de su obra, sin dejar nunca de mirar fijo a los ojos, con los huesos del cuello que parecen salirse del cuerpo.

'Hombres buenos', la novela que publicó el jueves en España, lo devuelve al siglo XVIII, un ambiente que lo fascina. Relata en casi 600 páginas la odisea de dos miembros de la Real Academia a quienes se les encomienda viajar en secreto a la París prerrevolucionaria a conseguir los 28 tomos de 'L'Enciclopédie', obra maldita y prohibida en España. Alfaguara la edita en abril en la Argentina, a donde el autor viajará para presentarla en la Feria del Libro. Es un canto a la Ilustración, pero también una reflexión amarga de una España -y por extensión una América- que no pudo ser. Un homenaje al libro como símbolo de la lucha contra el fanatismo, la incultura y la manipulación política que, en su visión, constituyen la "maldición histórica" del mundo hispano.

-Siempre hay hombres buenos en los peores momentos. Yo suelo referirme a la poca fe que tengo en el ser humano. Pero esta novela es muy optimista. Quería que el lector terminase sonriendo, que pensara que a pesar de todo son posibles el diálogo, la lealtad, la solidaridad entre gentes que no comparten la misma ideología, como ocurre con los dos protagonistas principales. Nuestro problema, e incluyo por supuesto a América Latina, es que queremos al enemigo vencido, exterminado. ¡Al paredón! Ese afán por silenciar, por exterminar, por callar, por desterrar, por que desaparezca el diálogo con el contrario, es muy hispano.

-La única certeza que tengo es que sin cultura estamos perdidos. Sin pueblos educados que sean capaces de debatir y de escuchar al otro no vamos a ninguna parte. No hemos hecho el esfuerzo de formar generaciones de ciudadanos cultos. Siempre estaban atrás el gran dinero, el gran poder, la Iglesia. En España los últimos gobiernos se están cargando la cultura. Y mira Argentina, mira Venezuela. Cuando no tienes mecanismos culturales de defensa estás desnudo; llega el demagogo de turno -no pongas nombres, quien sea- y te lleva al huerto. Al demagogo no le interesa educar. A los analfabetos, cuanto más fútbol televisado les des, más atrapados los vas a tener. La cultura es el único antídoto contra la barbarie.

-La palabra "tolerancia" es equívoca. Cualquier persona tiene el derecho a expresar públicamente una gilipollez y yo tengo el derecho a decir que eso es una gilipollez. La tolerancia no significa decir que todos son buenos. Significa escuchar lo que todos tienen para decir y discutirlo. Un pueblo inteligente escucha y luego juzga. Pero no hay que confundir tolerancia con cobardía. Si un imán está en una mezquita diciendo que a las mujeres hay que pegarles si salen a la calle sin velo, no es tolerante quien lo oye sin intervenir. Es cobarde.

-Escribir es una tortura, un acto de lo más desagradable. La fase bonita es imaginar la novela, documentarse, conocer los lugares, hablar con la gente, viajar. El momento de escribir es como ir a la oficina o trabajar en el diario. Me levanto por la mañana, me siento y taca-taca-tacatá. Ocho horas todos los días. Yo no soy un artista, soy un profesional que cuenta historias. Eso se hace con trabajo, mucho trabajo, y disciplina.

-Mis libros son pura ficción, ya tuve demasiada realidad. En este libro decidí introducir un segundo plano en el que el narrador -que se parece demasiado a mí, pero no soy yo- cuenta cómo se documenta y cómo construye la novela. Pero también es mentira. No pretendo hacer libros-documento, al estilo Javier Cercas. Fui reportero demasiados años en lugares difíciles y me empapé de realidad. No necesito realidad en mis novelas. No pretendo que el lector crea que le cuento historias verdaderas; quiero que comprenda el juego.

-El honor es una palabra tan manipulada que hay que desconfiar. Cuando un político jura por su honor, prepárate. El honor puedes fingirlo, la dignidad no. Con mis personajes intento enaltecer el sentido de la dignidad moral de las personas, que no tiene que ver con la ideología. La dignidad puede ser de izquierda o de derecha.

-La única bandera en la que creo es 'El Quijote'. Hay muchas patrias y muchas banderas, que tantas veces están manipuladas por los canallas. Pero hay una patria que no falla, que es la lengua. Nosotros tenemos una patria común, que se llama castellano o español, y una bandera, que es 'El Quijote'. Piensa en todo lo que pasó, las guerras de independencia, tanta sangre y tanto odio. Y sin embargo, hubo hombres buenos aquí y allí que consiguieron que sigamos entendiéndonos con las mismas reglas. Cuando agitas 'El Quijote' en alto y dices "en un lugar de la Mancha" o recitas "muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía" entonces, sí, me emociono.
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MensajePublicado: Lun Mar 16, 2015 12:10 pm    Asunto: Responder citando

'Hombres buenos', lo nuevo de Arturo Pérez-Reverte
Carmen Rengel - huffingtonpost.es - 16/03/2015

¿De qué va?
Dos miembros de la Real Academia de la Lengua Española -el bibliotecario don Hermógenes Molina y el almirante Pedro Zárate- viajan a París con la misión de comprar la 'Enciclopedia' de D'Alembert y Diderot. Adquirir libros podría parecer una tarea poco compleja, si no fuera porque esos valiosos 28 tomos eran entonces una obra vetada en España, un libro prohibido. Dos de sus compañeros confabulan para impedir que la 'Enciclopedia' llegue a España, demasiado impía para uno, demasiado democratizadora para otro. La persecución y las zancadillas varias a los académicos y, sobre todo, sus conversaciones en el camino, que forjan una amistad de acero mientras piensan un país con menos sombras, son los ejes de la trama.

¿Por qué se habla tanto de este libro?
Porque cualquier reverte es un acontecimiento. Si un escritor edita en más de 40 países y sus lectores se cuentan por millones, cualquier nueva obra promete colocarse entre los superventas. 'Hombres buenos' es el líder en las listas españolas desde su primera semana de vida. Esta vez tiene un añadido especial: que juega con la historia verdadera de Molina y Zárate, efectivamente enviados por la Academia en busca de la Enciclopedia, un juego de realidad y ficción que ha generado interés en la actividad de los que "limpian, fijan y dan esplendor". Ante la dejadez actual de los políticos españoles, supone un debate sobre la cultura y la formación y su necesidad para un país.

¿Quién lo escribe?
Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, Murcia, 1951) es uno de los autores más conocidos en lengua española. Reportero de guerra durante 21 años en el diario 'Pueblo' y en RTVE, cubrió todos los conflictos armados del último cuarto del pasado siglo, de Chipre a los Balcanes. Publicó su primera obra, 'El húsar', en 1986. Desde entonces es un referente imprescindible de las novelas históricas y de aventuras. Académico de la lengua en el sillón T desde 2003, es el padre del capitán Diego Alatriste, la serie con la que ha dado a conocer incluso a los más jóvenes la España del siglo XVII.

¿Quién debería leerlo?
Es una obra obligada para los revertianos leales, para los amantes de la aventura de época, la lucha del bien y el mal -con todos sus matices- y las amistades imbatibles, a lo mosqueteros. Recomendada para quienes gusten, además, de diálogos intensos y apasionados. Pero también, forzosa, para los políticos y gestores de hoy que, como los del XVIII, aún se benefician de la incultura del pueblo. Por si ven la luz.

Nuestra opinión:
Pérez-Reverte se vuelve luminoso. Tras años más sombríos -no hay más que leer el hermoso 'El pintor de batallas'-, crea una novela que es un homenaje a la amistad, a la ilustración, la ciudadanía culta y crítica, el amor por los libros y por el progreso de una comunidad. El trabajo de documentación es, como de costumbre, deslumbrante: las descripciones del Madrid o el París de la época, de los caminos por los que viajan los académicos... Trama de las que arrebatan a sus adeptos -con guiños a Dumas o a Conrad- y diálogos basados en Rousseau y Voltaire, ahora al alcance de todos. Domina el debate de las ideas sobre la acción, pero todo casa bien en este relato mestizo.
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MensajePublicado: Lun Mar 16, 2015 2:52 pm    Asunto: Responder citando

Arturo Pérez-Reverte viaja al siglo de la Ilustración con 'Hombres buenos'
José María Pozuelo Yvancos - abc.es - 16/03/2015

En la página de cierre de su mejor novela de género histórico, 'Un día de cólera', centrada en el Dos de Mayo de 1808, imagina Arturo Pérez-Reverte la mirada entre lúcida y melancólica de un intelectual ilustrado, quien se pregunta por la suerte de una revuelta popular que sin duda iba a ser traicionada con la venida de Fernando VII, aquel nefasto rey que cerró a España la oportunidad que había abierto pocos años después la Constitución liberal de 1812. En la lucidez melancólica de ese ilustrado veo yo la semilla que ha germinado en 'Hombres buenos', que también es una novela histórica en la que los hechos relatados, ocurridos dos décadas antes, son reales; también los personajes, si bien ha introducido algunos episodios inventados que únicamente tenían que resultar verosímiles o creíbles. Para lograr esa verosimilitud Pérez-Reverte echa mano como nunca antes de modo tan explícito (aunque ciertos lectores cultos de sus novelas los habían reconocido) de su nutrida biblioteca y de su menos conocida afición de bibliófilo, capaz de perseguir una edición en un librero de viejo del Marais o de la rue Jacob para ambientar una determinada escena.

A lectores menos exigentes abrumará que 'Hombres buenos' sea también una viva bibliografía del contexto moral y social en que nació la 'Encyclopédie' francesa de D’Alembert y Diderot, los cafés en que se reunían, las tertulias que frecuentaban y los debates sobre monarquía, libertad, instrucción, pueblo, clero, costumbres sociales, sexualidad femenina, etc. Podría decirse que el protagonista verdadero de esta novela tiene un sustantivo que lo representa bien: el librepensamiento. La 'Encyclopédie' supuso la cima de un pensamiento libre y la aspiración de una cultura de las Luces que fue pórtico de la Revolución Francesa.

Pero aunque la obra transcurre en su mejor parte en ese París donde debatían D’Alembert, Choderlos de Laclos y Benjamin Franklin (la escena en el café Le Procope es espléndida), en esta trama también figura España, entonces a años luz de aquella Francia de la cultura que únicamente había entrado entre nosotros al amparo de los ilustrados Felipe V y sobre todo de Carlos III: la España que dio lugar al Diccionario de Autoridades de la Real Academia, pero también a una clase profesional y social a la que Pérez-Reverte rinde tributo: la de los marinos y otros militares ilustrados, más cultos que la media de los españoles.

Se sirve Pérez-Reverte de la casualidad que le brinda el nacimiento de la novela: la existencia en la Biblioteca de la Real Academia de la Lengua Española de una primera edición de la 'Encyclopédie' cuando estaba prohibida. ¿Cómo llegó esa obra a la sede de la institución? Tras guiños varios a colegas y juegos de homenaje literario a distintos amigos, el libro llega a la cuestión central: también en esa empresa estuvieron las dos Españas, prefiguradas ya entre ultra-radicales católicos y agnósticos cultos. A ello hay que añadir unas muy sabrosas reflexiones sobre las oportunidades perdidas por España, que en el XVIII había traído las Luces del librepensamiento con élites que las quisieron hacer posible. No pudo ser sino en muy acotados círculos que Pérez-Reverte se entretiene en recorrer.

En el cañamazo de intriga inventa una conspiración nacida en los dos extremos ideológicos para hacer imposible que dos comisionados académicos puedan llevar a feliz término la empresa. Ha sido gran acierto la distinta personalidad de tales comisionados: Hermógenes Hermosilla, erudito traductor de Plutarco, que se imagina católico moderado, y Pedro de Oñate, marino retirado, anticlerical. Son dos caballeros distintos pero unidos, en cuyos desplazamientos por ventas, calles y cafés se encierra mucho cervantismo; y, como el Quijote, se benefician de la conversación amigable, en tono educado y gentil, con especial atención a cómo la España clerical cerró puertas al progreso científico.

También hay cervantismo en un rasgo casi inédito hasta ahora en Pérez-Reverte: dibujarse dentro del cuadro, puesto que su pintura incluye la manera como ha ido resolviendo la creación de esta excelente novela, quizá la que mejor le retrate como escritor e intelectual.
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MensajePublicado: Lun Mar 16, 2015 10:06 pm    Asunto: Responder citando

Reseña de 'Hombres buenos', de Arturo Pérez-Reverte
J.L. Sánchez - galakia.com - 16/03/2015

Arturo Pérez-Reverte advierte que los políticos quieren recuperar la época anterior a la Ilustración, en 'Hombres buenos', una curiosa novela, con muchos elementos metaliterarios, algunas dosis de aventuras pero esta vez sin demasiada acción y un sentido homenaje a la Real Academia de la Lengua a la que el autor pertenece.

Arturo Pérez-Reverte ha cultivado casi exclusivamente la novela histórica, desde 'El húsar', su ópera prima, escrita cuando no tenía pensado dedicarse primordialmente a la literatura. Tras una breve pausa con 'El francotirador paciente', sobre el mundo del grafiti, el autor de Cartagena vuelve a trasladar a sus lectores a otros tiempos con 'Hombres buenos', que transcurre en el último tercio del XVIII, ya tratado por el autor anteriormente.

[¿cuándo?]

En esta ocasión, la trama parte de hechos reales. Tras consultar en la biblioteca de la Academia de la Lengua la primera edición de 'La Enciclopedia' de D’Alembert y Diderot, Pérez-Reverte consulta a algunos compañeros de la institución cómo llegó hasta allí la emblemática obra que inspiró la Ilustración. Deslumbrado por la historia decide escribir una novela sobre los dos hombres enviados en su momento a adquirir la obra, vetada en España por la Inquisición.

Así, el relato se inicia cuando los miembros de la Academia votan en secreto a favor de adquirir los 28 tomos de 'L’Encyclopédie'. Son enviados a cumplir esta misión dos hombres buenos (según les califican las actas). el almirante Pedro Zárate, representante de la plaza ocupada tradicionalmente por el estamento militar, y Hermógenes Molina, bibliotecario. Pero conspiran para sabotearles y evitar que cumplan el encargo otros dos académicos, unidos por intereses comunes, pese a ser uno extremadamente conservador y el otro progresista con miedo de que las ideas sean malinterpretadas.

Aunque por momentos parece que va a caer en la crítica brutal hacia sus compañeros que realizó en 'Territorio Comanche', pero cambiando RTVE por la Academia de la Lengua (el autor juega un poco con esta amenaza), resulta ser todo un homenaje a la institución que cumple 300 años. Se trata de hecho de un libro más positivo y luminoso que lo que se espera del escritor. A lo largo de las páginas de 'Hombres buenos', recurre a numerosos elementos metaliterarios, pues el propio Arturo Pérez-Reverte ejerce como narrador, desvelando sus métodos para componer una novela, lo que por cierto resultará bastante interesante para quienes aspiren a vender tanto como él. Por otro lado, los pasajes de Pérez-Reverte interactuando con sus compañeros de la magna institución, con numerosas bromas privadas (como los deseos de asesinar a Francisco Rico, o las hilarantes promesas de Darío Villanueva de restaurar normas antiguas deseadas por muchos) tienen su gracia y un punto entrañable.

El grueso de la novela está compuesto por la típica trama de aventuras, muy en la línea de lo que se espera del autor de 'El capitán Alatriste', inspirado en las obras de Alejandro Dumas y Walter Scott, aunque esta vez prima el debate por encima de la acción de otros de sus escritos. Como era previsible, la trama engancha, sobre todo por los diálogos entre los dos protagonistas, extrapolables a la España moderna como una crítica a las trabas del gobierno hacia la cultura y la educación, que en sus intentos de mantener controlada a la población, parece querer regresar a los tiempos anteriores a la Ilustración.
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MensajePublicado: Mar Mar 17, 2015 9:48 am    Asunto: Responder citando

Hombres buenos
Marta Robles - lagacetadesalamanca.es - 17/03/2015

Empecé a leer 'Hombres buenos', de Pérez-Reverte, sin demasiado interés. No encontraba el entusiasmo suficiente para apuntarme al viaje de dos académicos apolillados al París prerrevolucionario del siglo XVIII, en busca de la 'Encyclopedie' de Diderot y D'Alembert. Pero, claro, tampoco podía imaginar, ni por asomo, que en ese viaje pudieran caber tantas peripecias y que la historia se convertiría en una aventura incomparable, regada, además, de reflexión, honestidad y, sobre todo, de amistad. Es verdad que lo raro hubiera sido pensar que don Arturo iba a dejar a unos académicos como él, sin la gloria de un recuerdo extraordinario; pero me costaba creer que existiera una manera de convertir ese periplo, a priori sin demasiados alicientes, en tal disfrute para el lector. Olvidaba que la varita mágica de Pérez-Reverte se extiende no solo a la construcción habilísima de los personajes de ficción, que caminan por la narración con la misma credibilidad que los reales, sino también a la gloriosa capacidad para exponer ideas sobre los asuntos más trascendentes, de forma sencilla y comprensible. Por si todo esto no fuera suficiente, el propio escritor, convertido en parte de su novela, ofrece los pormenores de su técnica narrativa desde una de las voces del relato en la que distintas personalidades actuales realizan diferentes cameos, a la par que las del XVIII se mueven con soltura por los salones intelectuales del parís bullente de prostitutas, miseria y corrupción.

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MensajePublicado: Mar Mar 17, 2015 9:52 am    Asunto: Responder citando

Arturo Pérez-Reverte y los hombres buenos
Luis Cadenas Borges - elcorso.es - 16/03/2015

Arturo Pérez-Reverte presenta hoy mismo su nueva novela, ‘Hombres buenos’, una aventura con mensaje, la de la lucha de un par de valientes a favor de la Razón, el conocimiento, la civilización, la ciencia y el sentido común frente al miedo, el despotismo, la ignorancia y la tradición. España resumida en una loca carrera.

Pérez-Reverte no tiene filtros diplomáticos más allá de lo que necesita, juega a ser un deslenguado al que le importa un comino lo que digan de él, capaz de escoger con mimo sus apariciones en televisión o en la radio para tener más impacto, y ofrecer ese perfil de soldado coracero del XVII a punto de partirte en dos de un mandoble. Cuida la imagen que da, o cuando menos ofrece una apariencia de estar por encima de todo y de vivir por la amistad, los libros y seguir con la causa. Y su causa son los libros. Pérez-Reverte es un bibliófilo de primera categoría, capaz de enhebrar ideas como que la verdadera patria es la lengua que hablas y tu hogar la biblioteca mientras define como analfabetos funcionales a la casta política-económica que nos gobierna.

Aunque está en venta desde el 12 de marzo, hoy día 17 es cuando Arturo Pérez-Reverte viste de largo la portada roja que ha preparado Alfaguara para su última novela, ‘Hombres buenos’ (22,95 euros), una obra diferente y particular, una aventura de buenos civilizados e intrépidos, malos reaccionarios y mucho más que malos, idiotas, que son la clave para explicar aquella España que ya se rompía en dos lentamente. A un lado los ilustrados del siglo XVIII, a otro los de siempre, esa España oligárquica, servil, meapilas, ignorante (y orgullosa de serlo), siempre lamiendo sotanas y babuchas de reyes-emperadores que soñaban con ser los elegidos de Dios y arruinaban a los españoles generación tras generación.

La base de ‘Hombres buenos’ es precisamente también la del propio Pérez-Reverte, un ilustrado castizo que mezcla lo mejor del mundo afrancesado del XVIII y el pragmatismo anglosajón con la aventura. Para un escritor que carga con la leyenda de ser el Dumas español, pero muy tamizado claro está, sus obras tienen cada vez más de sentimientos e ideas que de propia aventura. Pero no deja de ser una carrera aventurera la historia de Hermógenes Molina y Pedro Zárate, un bibliotecario y un almirante, que viajan a Francia para comprar la primera edición de la Encyclopédie de D’Alembert y Diderot, libro prohibido, satanizado y que fue la Biblia laica de la Ilustración, el primer intento de sistematizar el conocimiento y liberarlo por completo del peso de la tradición religiosa y aristocrática.

Ese pulso entre dos mundos, que todavía hoy marca a España, ya brotó en aquella época. Faltaba algo de tiempo para que lo hiciera de forma traumática con la invasión francesa, pero la simiente de la rivalidad entre una España progresista, ilustrada y europea con la otra España tradicional, religiosa y ultramontana ya estaba plantada. En realidad Pérez-Reverte la escenifica por parejas: Molina y Zárate a un lado, y otros dos académicos mezquinos dispuestos a lo que sea con tal de hacerles fracasar en su viaje. Todo con el toque revertiano: lenguaje rico en matices, a ratos delirante, a otros más pausado, su toque personal de capa y espada y esa rara habilidad que tiene para la novela histórica.

Pérez-Reverte incide también, una vez más, en su perfil de héroe: honor, honestidad, resistencia y bondad, pero no la bondad contemporánea sino la antigua, la clásica de la civilización occidental, que tenía mucho de caballerosidad pero sobre todo de valor frente a las dificultades y honor, una palabra ya olvidada. La contraposición entre los héroes revertianos y el día a día de nuestro tiempo en crisis crónica revuelve al lector a lo largo de las casi 600 páginas del libro. Porque es casi inevitable, como han hecho muchos periodistas, establecer comparativas entre lo que narra ‘Hombres buenos’ y lo que le cae hoy encima a España. La destrucción de la cultura, esa gran víctima de un gobierno sin preocupación cultural alguna y que parece vengarse del arte y la ciencia, como los perversos villanos de la novela de Pérez-Reverte.

La España de hoy pinta como aquella España dieciochesca donde entraba de tapadillo la Ilustración. El país actual es más libre, más democrático, más progresista y ambicioso, pero sigue gobernado por los herederos de aquellos villanos de novela. Pero ahora, como bien contaba en La Sexta el autor, “los malos son peores, porque son idiotas, y un idiota es mucho más peligroso que un perverso villano, porque con éste se puede negociar o pactar, pero con aquel es imposible”. Pérez-Reverte hace honor a ese dicho de que nadie hace más daño que un imbécil en el trono. Quizás la novela sea la pequeña venganza literaria, un recordatorio optimista de lo que los hombres buenos y justos pueden hacer por el resto de la sociedad. Ojalá conmueva conciencias y pueda ser una novela útil para todos, al menos más que para sus fans, que ya se preparan para abordar otra pieza del amado y odiado Pérez-Reverte. Pero para gustos, los hastíos de cada cual.
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MensajePublicado: Mar Mar 17, 2015 9:55 am    Asunto: Responder citando

Una aventura de amistad y libros
Verónica Figueroa Ortega - elpais.com - 17/03/2015

Tras 17 novelas [sic], Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) atrae a las masas. Dos horas y media antes de que presentase en el Círculo de Bellas Artes de Madrid su nueva novela, 'Hombres buenos' (Alfaguara), ya había lectores aguardando. El escritor, junto a otro fanático de la historia, su colega Juan Eslava Galán, se sentaron frente a unas 400 personas para indagar en la peripecia de los dos miembros de la Real Academia Española que, a finales del XVIII, viajan de Madrid a París para conseguir los 28 tomos de la 'Encyclopédie' de D’Alembert y Diderot, prohibida entonces en España.

“Esta novela tiene truco”, advirtió Pérez-Reverte. Asumió entonces que muchos de los datos, citas y libros que menciona no son ciertos. “El paseo por París si será verdad, ¿O tampoco?”, le preguntó entonces Eslava. Era verdad, porque aunque 'Hombres buenos' crea la ilusión de estar invitando al lector al proceso de creación de la propia novela, la exhaustiva investigación hecha en la realidad parece haber resultado más compleja y personal. “Siempre me ha interesado el pasado, pero antes el siglo XVIII no llamaba mi atención. Con la edad me he dado cuenta de que en ese siglo es que España pudo ser. Había patriotismo cultural, que es una frase muy bonita. Si la Iglesia no se hubiese opuesto, lo habríamos logrado”, recalcó el autor de 'El tango de la Guardia Vieja', quien enfatizó: “Quise escribir una aventura de amistad y libros”.

Y, aunque era una cita pública, destacaba el ambiente acogedor, creado por la confianza entre los dos interlocutores. El escenario, decorado por dos sillas y una mesa con tres copas de vino —dos para los participantes y una más en memoria del escritor Rafael de Cózar, fallecido el pasado mes de diciembre— se amenizaba cada vez que el actor Santiago Ramos leía un fragmento de la novela.

Así, los asistentes pudieron reconocer los homenajes a la amistad, a la hispanidad, a Cervantes y a la Academia que van desfilando a lo largo de sus casi 600 páginas. “No, no estoy escribiendo una novela sobre asesinatos en la Academia”, aclaró sobre una broma que se ha ido convirtiendo en rumor. “Lo pensé, anoté algunas cosas… El asesino iba a ser [el también académico] Francisco Rico, pero no había lugar para ella. Así que en esta los menciono a casi todos. A todos esos hombres buenos”, concluyó.
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Ada
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MensajePublicado: Mar Mar 17, 2015 3:53 pm    Asunto: Responder citando

La próxima semana Juan Cruz lo recomendará en La Noche en 24h (parte final del programa, dedicada a los libros). Se puede ver por internet
_________________
Consuela saber que nadie a quien amas se quema en lo que arde. http://adacaramelada.blogspot.com.es
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MensajePublicado: Mar Mar 17, 2015 5:00 pm    Asunto: Responder citando

Noche de Arturo Pérez-Reverte
clubcultura.com - 17/03/2015

El miércoles 25 de marzo, Fnac Callao (Madrid) celebrará 'La Noche de Arturo Pérez-Reverte' con motivo del lanzamiento de 'Hombres buenos', su nueva novela. A las 21:00h., el autor y el periodista Antonio Lucas conversarán sobre la obra en el fórum de la tienda. Este acto podrá seguirse en directo vía streaming a través ClubCultura.com y fnac.es. Tras el encuentro, Arturo Pérez-Reverte firmará ejemplares a sus lectores a partir de las 22:15h. en la sección de Libros, ubicada en la cuarta planta.

Todo el evento estará sumergido en una atmósfera especial, ya que la tienda recreará, a través de una ambientación y animación temáticas, el universo desarrollado por el autor en su obra. Así, el público asistente podrá disfrutar de música de época en directo, degustar un catering personalizado para la ocasión o conocer en persona a alguno de los personajes históricos de la novela. Además, del 21 al 25 de marzo, el público podrá participar en el concurso que, con el hashtag #PerezReverteEnFnac, tendrá lugar en el twitter de @Fnac_ESP. Los interesados deberán enviar una pregunta para el autor. Las cinco mejores le serán formuladas durante su encuentro con Antonio Lucas y ganarán un ejemplar firmado de 'Hombres buenos'.
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MensajePublicado: Mar Mar 17, 2015 5:07 pm    Asunto: Responder citando

Arturo Pérez Reverte y el amor a la novela
David Azcárate - davidazcarate.blogspot - 17/03/2015

La presentación de un libro siempre es un bello acto para los amantes de las letras, y ayer tuvo lugar uno de esos encuentros de belleza sin par. En torno a una mesa con tres copas, una de ellas en homenaje a su amigo Rafael de Cózar, recientemente fallecido, Arturo Pérez Reverte y Juan Eslava Galán desgranaron una conversación sobre un montón de asuntos con la excusa de la presentación del último libro del de Cartagena, la novela 'Hombres buenos', que trata de la aventura de unos miembros de la RAE que, en pleno siglo XVIII, viajan a París para conseguir un ejemplar de la 'Enciclopedia', que en España está, como no proscrita.

De entre las muchas verdades y reflexiones que allí se dijeron, me voy a quedar con dos referidas al mundo de la novela y su creación, una novedosa y otra escuchada ya en varias ocasiones. La novedosa es que Pérez Reverte, al contrario que otros autores, que afirman sufrir y pasarlo mal en el proceso de la escritura, considera ese momento el más gozoso de los instantes, la fuente de felicidad que, junto con el mar y otra que no quiso desvelar, sacian su vida de alegría. El escribir, y la necesidad de leer mucho para documentarse llevan a Arturo a una especie de trance en el que su historia le absorbe, y él se deja absorber por ella, llevando así una doble o triple vida, la propia y la de los personajes que bullen en su cabeza y deambulan en las escenas que va componiendo. “Escribo para vivir varias vidas” llegó a decir en un momento, y se deleitaba al describir el placer que le supone, en esos meses o años de creación, el estar en un mundo paralelo, en el que la realidad que observas y sientes se tamiza por el filtro de la historia que creas, y las calles que pisas y las miradas que observas pueden llegar a ser fragmentos de tu historia. Y ese vivir en el mundo paralelo para él es su paraíso.

La otra idea, ya escuchada en otros autores, es cómo el devenir de la historia te puede llevar a donde tú nunca hubieras imaginado. Arturo, como muchos otros autores, planifica sus novelas, crea unas tramas, urde unas intrigas y va construyendo el artefacto novelesco usando reglas y estructuras conocidas en la profesión, pero en muchas ocasiones lo que uno ha tejido con mimo y firmeza se puede destejer o, más interesante aún, anudar de manera imprevista, los personajes cobran una fuerza o camino no previsto, y entonces el autor, en conversación con ellos, a veces discusión, debe decidir qué hacer, hacia dónde tirar. Confiesa Reverte que en esta última novela, que mezcla la trama histórica con la vivencia actual del escritor que la compone, esta última línea narrativa se le ocurrió muy avanzada ya la escritura de la principal, porque echaba algo en falta, necesitaba otra voz acompañante, y surgió el personaje del escritor, que es y no es él. Muchos son los autores que confiesan que, llegado un momento, asisten a la creación de su obra más como copartícipes que como dioses, se sientan ante el teclado y piensan eso de “a ver qué me hacéis hoy, personajes míos, que sorpresas me traéis” y eso es un gesto de modestia para un creador que, en principio, pudiera parecer el autor perfecto de una obra, y que muchas veces, la mayoría, no es sino el organizador, el que ha permitido que la historia surja, pero que también se ha visto transformado, y en ocasiones trastornado, por ella.

En la fila para firmar libros hablé largo y tendido con una chica joven de Cartagena, estudiante de filología española, y en el metro camino a casa un señor mayor, que trabajó con Reverte en la radio en los setenta y ochenta, que estaba dos filas delante de mí, me reconoció como asistente. En ambos casos pude tener agradables, densas y deliciosas conversaciones en las que el punto de unión de los tres, distintos y desconocidos hasta ese momento, era la creación de Arturo, su obra, su ejemplo y criterio moral de vida, y el amor que sentimos hacia las letras, las historias, las novelas y los mundos que en ellos se encierran, y que el autor siempre nos acaba regalando.
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Ada
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MensajePublicado: Mar Mar 17, 2015 6:00 pm    Asunto: Responder citando

La cultura, única forma de progreso: Pérez-Reverte
Carlos Rubio Rosell - milenio.com - 17/03/2015

En el fondo de su nueva novela, ambientada en el siglo XVIII europeo, el escritor español Arturo Pérez-Reverte opone una cruenta lucha entre razón y fundamentalismo; ciencia y religión; humanismo y oscurantismo. En esa época, dice el escritor y académico de la lengua en entrevista con 'Milenio', el futuro se concentraba en la lucha que enfrentó a la Iglesia y las fuerzas más obscuras y reaccionarias con el deseo de algunos hombres buenos que deseaban propagar las nuevas doctrinas de la razón que la Ilustración y las Luces traían consigo en aquel mundo, oponiéndose al dogma y la ignorancia, algo que afectó no solo a España, sino a toda la América hispana. Es en ese contexto donde el narrador sustenta el relato de 'Hombres buenos', título de esta nueva obra, la cual narra las aventuras que viven dos académicos españoles, quienes reciben el encargo de adquirir en París los 28 volúmenes de la primera edición de la Enciclopedia de D'Alembert y Diderot, encargo que se verá amenazado por quienes tratan de evitar que esa obra llegue a España y de ahí pueda propagarse al mundo hispánico.

"Es una historia de amistad, de libros, una peripecia cultural amena, divertida, amable, en la que el lector sonríe gracias a sus diálogos cervantinos", refiere el autor. "Pero a medida que me adentraba en ella", aclara, "me di cuenta de que estaba entrando en un terreno oscuro e incómodo que valía también para el presente, y no pude evitar pensar en los fanatismos de ahora, del islam a los nacionalismos". En ese sentido, Pérez-Reverte indica que esta novela "apunta a la cultura como solución; la cultura como única manera de que el ser humano progrese, se entienda y no se destroce el uno al otro".

El escritor aguza la mirada y ataca las ideas con voz segura, certera en sus afirmaciones: "Para que un pueblo cambie en momentos históricos importantes, solo hay dos vías: la razón y la cultura, o la guillotina y la revolución. No hay más", afirma. Por ello, esta novela demuestra, asegura Pérez-Reverte, "que aún cuando haya gente de distintas opciones políticas, ideológicas o religiosas, cuando elegimos la cultura, los libros, el diálogo como territorio común por el cual avanzar, se crean lazos de fraternidad que permiten que el hombre evolucione sin necesidad de que se derrame la sangre".

Al respecto, el escritor agrega que "esta es una novela optimista, porque creo que siempre hay hombres buenos en los peores momentos. Y yo quería que el lector, al terminar de leer esta novela, piense que después de todo es posible el diálogo, la amistad, la solidaridad, entre gente que no comparte los mismos criterios". Pérez-Reverte lamenta que por razones históricas el mundo hispánico, de México a Venezuela, Colombia, Ecuador, Argentina o España, "no tolere al opositor y lo haga callar incluso a costa de su vida. Hay un afán por silenciar, por aplastar, desterrar y que desaparezca el diálogo contrario por una especie de necesidad de etiquetar así a cualquiera que se opone a nuestro discurso político, ideológico, social o religioso, algo muy hispano, y con ello me refiero a todos los países que hablan español, pues todos estamos implicados en esa forma de ser".

La simiente de esa mentalidad, explica el escritor, se remonta a la lucha que opuso el cristianismo al islam, una lucha que duró ocho siglos y dejó paso a la Inquisición como policía ideológica de los vencedores, con lo cual no hubo reconciliación. Y esa tendencia está en el origen psicológico más antiguo de esa vileza frente al enemigo que tiene el español". Otro elemento es la ignorancia, señala, "pues no hemos hecho el esfuerzo por criar generaciones de ciudadanos lúcidos, cultos y educados, porque detrás de esos esfuerzos han estado para frenarlos la Iglesia, el poder, el dinero y los sicarios y cobardes que se callan". Frente a esas fuerzas obscuras, en 'Hombres buenos' Pérez-Reverte opone la dignidad, "una actitud fundamental", sostiene. "En esta novela intento enaltecer la dignidad moral de las personas, que no tiene que ver con ideologías, porque se puede ser ateo o religioso, de derechas o izquierdas, pero si tiene dignidad cualquiera puede convertirse en héroe".

Uno de los elementos que aderezan la narración de esta novela es el fascinante mundo galante del París del ancien régime, con sus filósofos en los cafés y sus damas cultivadas y seductoras en los salones y alcobas. Al respecto, el autor comenta que deseaba que el lector paseara con él durante el largo viaje que realizan de Madrid a París a través de posadas, amenazados por bandoleros, chinches y mosquitos. "Quiero que el lector sienta que ha estado ahí, que se ha paseado por el París prerrevolucionario de la mano de dos hombres buenos y que es el tercer personaje de esta aventura. Ese era mi objetivo principal". Por esa razón, Pérez-Reverte establece un juego de ficción en el que mediante un segundo plano narrativo introduce el relato de su trabajo de documentación en el presente para elaborar esta novela. Sin embargo, aclara, "no se trata de una novela-documento a la manera de Javier Cercas, a quien respeto mucho. Yo quería hacer una novela histórica limpia, pero para hacerla entretenida decidí usar un segundo plano narrativo para hacerla más fluida y poder saltar, hacer elipsis, cortes. Yo fui reportero y en ese trabajo me empapé de realidad, así que no tengo necesidad de mezclar realidad con literatura".

Por último, Pérez-Reverte destaca que el ser miembro de la Real Academia Española (RAE) ha influido mucho en esta novela. "Primero porque la Enciclopedia, esa obra que cambió Francia, Europa y el mundo y de donde arranca lo mejor que tenemos en materia de ideología, progreso y modernidad, la vi ahí, en la biblioteca de la institución y se me ocurrió la novela. Y en segundo lugar, porque ahí conocí a hombres buenos y he visto que durante 300 años han trabajado con verdadero patriotismo cultural, haciendo gramáticas y ortografías para España y para América para que fuéramos mejor, de forma callada, humilde, no por dinero sino para que sus conciudadanos fueran más sabios, más cultos y más libres. Y a esos hombres que trabajan para que vivamos en esta patria común de 500 millones de hablantes, está dedicada esta novela", concluye.

El escritor Arturo Pérez-Reverte opina que para hacer justicia a los restos de Miguel de Cervantes, que creen haberse descubierto, debería rehabilitarse el Barrio de las Letras en el centro de la capital española, donde se ubica el sepulcro en el que fue enterrado el autor de 'Don Quijote'. "Ahí, en pocas calles, vivieron Quevedo, Lope de Vega, Calderón de la Barca, Ruiz de Alarcón, Cervantes. Es un barrio donde los artífices de la lengua española la hicieron cuajar en su forma moderna. Si ese barrio hubiera sido inglés o francés sería lugar de peregrinación y habría museos, bibliotecas, cines, visitas turísticas, etc.; pero solo se ven cuatro profesores heroicos, así que ha sido una desgracia que a las autoridades españolas no les haya interesado un carajo hacer ahí nada. Si con el pretexto de que ese barrio renaciera se hace esa exhumación, valdría la pena. Pero mucho me temo que al anunciar el hallazgo (el próximo martes de manera oficial), una vez hecha la foto con el hueso de Cervantes en la mano, se olvidará como tantas otras cosas. Y ojalá me equivoque".
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MensajePublicado: Mar Mar 17, 2015 6:30 pm    Asunto: Responder citando

COMENTARIOS DE EVA GARCÍA SÁENZ, autora de LA SAGA DE LOS LONGEVOS:

Después de leer con avidez la nueva novela de Reverte, me atrevería a dar cinco buenos motivos, excusas, razones... para que cualquier amante de los buenos libros se adentre en el microcosmos que nos propone en esta ocasión D. Pérez-Reverte:

1º) Una ambientación prodigiosa: es cierto que los que leemos a Arturo Pérez-Reverte desde que comenzó con novela histórica estamos acostumbrados a disfrutar de esas perlas de documentación que va dejando caer entre las páginas. En esta ocasión, de nuevo, tanto el Madrid de Carlos III como el Parí­s de finales del XVIII están magníficamente retratados.

2º) La química entre los dos protagonistas: el bibliotecario don Hermógenes Molina y el almirante don Pedro Zárate. Una pareja cuya dinámica es el contraste, muy bien trabajado y con muchos matices. Bravo.

3º) Un antagonista a la altura: tremendo y muy revertiano le ha quedado el villano, Raposo. Parco en palabras, uno de los grandes aciertos de la novela.

4º) La ironía fina que desprenden muchos de los diálogos. El propio autor se atreve a nombrar con sarcasmo sus obras anteriores. "El bailarín murciano", le dice un compañero de la Real Academia, confundiéndolo con "El bailarín mundano", un guiño al protagonista de "El tango de la guardia vieja".

5º) Toda la trama es un canto de amor a los libros... y esa es una buenísima excusa para que todos los adictos a las novelas nos sintamos dentro de estas páginas como miembros de una Hermandad que nos comprende.
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