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15.04.2015 - Hombres de la mar, barcos de leyenda
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Autor Mensaje
Ada
Capitán


Registrado: Aug 17, 2007
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Ubicación: Madrid

MensajePublicado: Lun Abr 20, 2015 1:17 pm    Asunto: Responder citando

Méndez Núñez, hombre de la mar en barco de leyenda
Arturo Pérez Reverte homenajea al célebre marino vigués y a la fragata acorazada "Numancia" en una muestra que tiene como sede el Museo Naval de Madrid

Salvador Rodríguez 20.04.2015 | 12:58

http://www.farodevigo.es/suscriptor/estela/2015/04/19/vez-cantinela/1223099.html
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Rogorn
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Registrado: Feb 01, 2007
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MensajePublicado: Dom Abr 26, 2015 9:45 pm    Asunto: Responder citando

Primer barco de leyenda: el 'Argo' surcó el mar antes de Homero
Jesús García Calero - abcblogs.abc.es - 26/04/2015

El de los argonautas es tal vez el primer viaje de exploración naval narrado en la tradición occidental y, como es lógico, con él arranca la apasionante exposición que acaba de inaugurar el Museo Naval de Madrid: 'Hombres de la mar, barcos de leyenda'. Ningún otro es comparable: el viaje del 'Argo' nos lleva a una generación antes de la Guerra de Troya, un mundo remoto en el que las reglas de la epopeya aún no se habían definido y que, desde la versión canónica recogida por Apolonio de Rodas como en la apasionante novela de Robert Graves, nos traslada al origen de la pulsión por adentrarse en costas y horizontes ignotos, a golpe de remo, de voluntad, de viento, de mar oscuro.

Nos asomamos al catálogo, en el que Carlota Pérez-Reverte relata la historia de la nave, revisa las fuentes y presenta los elementos elegidos para la exposición. La pieza que preside esta primera isla de la muestra (que tiene un total de 11 islas, dedicadas a otras tantas naves legendarias) es un maravilloso modelo de pentecóntero (tal y como eran descritas en la época homérica estas naves de remo) procedente del Museo Storico Navale di Venezia. Arturo Pérez-Reverte nos recomendó vivamente este museo el día de la presentación de esta exposición del Naval.

Los cincuenta remos del pentecóntero -de ahí el nombre- fueron empuñados por el medio centenar de campeones convocados desde Yolco por Jasón, el príncipe que debía ganarse el trono realizando una misión imposible impuesta por su tío, el usurpador Pelias, como era la recuperación del Vellocino de Oro, la mágica piel del carnero que había salvado a Hele y Frixo del sacrificio. Jasón convoca a los más valientes campeones griegos para el cometido y así configura una tripulación de héroes legendarios, desde Hércules, pasando por Cástor y Pólux, pasando por Orfeo y Peleo, padre de Aquiles. El viaje puede representar el esfuerzo explorador y comercial de los griegos en el Mar Enemigo, como denominaban al Mar Negro. El viaje está lleno de aventuras en las que el talento individual de los argonautas, uno por uno, desde la astucia a adivinación, desde la iniciativa militar a la fuerza pugilística, quedan sometidas a prueba. El destino, en los confines orientales de la costa sur, en la Cólquide (actual Georgia) estaba más allá del Mundo Griego.

Por eso el Argo, de cuya construcción se da cuenta en las fuentes históricas pero en la que la mitología tuvo mano (Atenea ayudó a construirlo y por eso la proa tiene el don del habla y la adivinación) es el barco idóneo para el arranque de esta exposición. Basta pasar por el Museo Naval para ver resumida su historia, junto a interesantes piezas arqueológicas, fiales decorados y un casco corintio que es una pieza importante cedida por la Real Academia de Historia.

En honor a la verdad, hay que decir que la exposición está especialmente concebida para que los jóvenes puedan dar un primer bocado a la fascinante relación de los hombres y el mar, a la historia naval que ha definido el progreso de la civilización. En las 11 islas de la muestra están no solo el relato básico de la historia de cada barco, sino las pistas que convierten a cada uno de los barcos en el aperitivo de una bonita investigación que puede continuar en casa, sobre todo si se adquiere el catálogo que amplía el conocimiento sobre ellas. Para empezar, porque del Argo parten historias universales, como la Guerra de Troya y la dramática historia de Medea, para empezar.

Fotos: http://abcblogs.abc.es/espejo-de-navegantes/2015/04/26/primer-barco-de-leyenda-el-argo-surco-el-mar-antes-de-homero/
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Rogorn
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MensajePublicado: Lun May 11, 2015 5:38 pm    Asunto: Responder citando

Exposición de Pérez-Reverte en el Museo Naval de Madrid
Rafael Núnez Huesca - gaceta.es - 09/05/2015

Segunda mitad del siglo XIX, costa americana del Pacífico. Un estúpido incidente provoca una guerra no menos estúpida entre España y el Perú. Inmediatamente se unirían Chile, Bolivia y Ecuador. La Madre Patria contra los hijos recién destetados. España busca castigar lo que entiende por una insolencia. Nada había que ganar en aquella perdida guerra salvo el honor. De nuevo el honor. Otra vez el honor. No otra cosa movió a España a lo largo de su historia. Incluso en contra de intereses materiales o crematísticos. Por ello la célebre frase de Méndez Núñez alberga tan enorme carga simbólica. Un resumen de nuestra historia en nuevas palabras pronunciadas justo antes de entrar en combate en Valparaíso, Chile: “Más vale honra sin barcos a barcos sin honra”.

Son estas las letras que reciben al visitante de la recién inaugurada exposición del Museo Naval 'Hombres de la mar, barcos de leyenda'. Una iniciativa que nace como suelen nacer aquí los proyectos: alrededor de una mesa. Cenaban dos marinos, uno de profesión, el Almirante José Antonio González Carrión, otro de vocación, Arturo Pérez-Reverte. De aquella cena el escritor salió con el encargo de construir una exposición inspirada en la literatura, el cine y, en fin, historias que como la de Méndez Núñez trascendieron el ámbito estrictamente naval para instalarse en el imaginario popular.

El recorrido incluye once de esas historias de barcos y hombres que un día surcaron los siete mares. Desde Cervantes en su batalla contra el Turco a la 'La isla del tesoro' y las historias de piratas caribeños. Desde la expedición de Magallanes y Elcano, al 'Pequod', el ballenero de 'Moby Dick' o el 'Nautilus'. Todo un recorrido de más de diez siglos de historia naval en la que se hace difícil, y esto es lo maravilloso, diferenciar la realidad de la ficción.

Cada relato cuenta con su propia maqueta, objetos relacionados con la historia y un gran panel luminoso en el que Carlota Pérez-Reverte firma unos textos que trasladan al visitante hasta, por ejemplo, la cubierta de la primera nave que circunnavegó el globo: “El 6 de septiembre de 1522, 18 hombres (de los 237 que iban a bordo) hambrientos, enfermos y exhaustos, desembarcaron en San Lúcar de Barrameda. Su nave, la 'Victoria', de 85 toneles de porte y 26 metros de eslora, había dado por primera vez la vuelta al mundo”.

María Riera Blanco es miembro del equipo científico del Museo y una de las encargadas de llevar hasta lo tangible las propuestas iniciales: “Primero realizamos una labor de investigación, buscamos las piezas para dar forma a la historia de cada barco. Es muy importante escoger piezas que se expliquen solas. El objetivo es que, además de resultar llamativas al público, ayuden a imaginarse la amenaza de los piratas con el sable de abordaje o cómo es de grande una ballena con la vertebra delante”. Quizá el espacio concedido a la exposición resulta algo abigarrado, aunque la sala, de dos alturas, luce moderna, enmoquetada y muy bien iluminada. Es una pena que el resto del museo haya quedado algo anticuado en comparación con las tendencias museísticas actuales. Aún así, el Museo Naval es uno de los más concurridos de la capital (150.000 personas pasaron por él en 2014, una parte muy considerable extranjeros) y visita imprescindible para el 'New York Times'.

'Hombres de la mar, barcos de leyenda' permanecerá amarrado a puerto hasta el próximo quince de julio, fecha en la que, tal como hizo la exitosa exposición de Blas de Lezo, zarpará rumbo a otras ciudades españolas.
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Rogorn
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MensajePublicado: Vie Jun 19, 2015 2:45 pm    Asunto: Responder citando

Arturo Pérez-Reverte
Entrevista de Carlos Molero - FD Magazine - 19/06/2015

El Museo Naval de Madrid acoge hasta mediados del mes de julio la exposición 'Hombres de la mar, barcos de leyenda', cuyo comisario es el escritor y académico Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951). Resulta difícil no encontrar alguna referencia al mar en sus novelas y artículos de opinión. tanto es así que algunos de estos últimos dedicados al mundo del mar están recopilados en un libro titulado 'Los barcos se pierden en tierra'. En esta entrevista nos habla de la exposición, de la inveterada tradición naval española y de todas aquellas cualidades que hacen del mar un lugar al que escapar de "las estupideces y las tonterías" de la tierra adentro. Qué duda cabe, tal y como él mismo tituló una de sus columnas allá por agosto de 2013, que ante usted "está pasando un marino".

-¿En qué consiste esta exposición?
-Son once barcos emblemáticos, tanto reales como de ficción, desde la nave 'Argo' de los argonautas hasta el 'Titanic' y el 'Bismarck'. Cada uno no es solo el barco, es su contexto, los barcos relacionados con él. Cada uno es una puerta a un momento de la navegación.

-¿La exposición es una muestra de la conquista del mar por el hombre, de su afán de superación? ¿Es una narración histórica de la navegación?
-Cuenta la historia de la vinculación del hombre con el mar. La primera literatura de que tenemos noticia en Occidente habla de naves, de mar, del Mediterráneo. Y el mar, por ambición, por necesidad, por afán de conquista, por aventura, por mil razones, está presente en la Historia del Hombre. Ningún pueblo se explica sin el mar. Ahora ya tenemos automóviles, tenemos aviones y otros sistemas de comunicación, pero entonces era el mar el principal. El mar ha marcado siempre la Historia y la memoria. La exposición es un recorrido por la Historia y la memoria a través de esos once barcos emblemáticos.

-En la presentación dijo usted algo así como que cuando los ingleses estaban aún echándose a la mar España había navegado ya todos los mares del mundo.
-España es un país que ha vivido de espaldas al mar y ha sido injusto con su propia memoria náutica, marítima. Parece que los ingleses son los reyes del mar. De hecho, todas las películas, toda la literatura marítima tiene que ver con lo anglosajón, y sin embargo cuando ellos eran todavía, digamos, pescadores de cercanías, los españoles navegaban ya por todo el mundo: habían dado la vuelta al mundo, navegaron el Atlántico, descubrieron América, el Mediterráneo era un mar nuestro... La Historia de España está vinculadísima al mar, pero a diferencia de los anglosajones España no ha sabido conservar su memoria ni reconocer la deuda enorme que tenemos con el mar. Hemos dejado que otros países, con sus tradiciones marineras y sus historias, apaguen la nuestra, una Historia que está ahí. Hay una cosa muy interesante: cuando estábamos intentando montar unos vídeos para esta exposición hemos encontrado muchísimas películas anglosajonas de las que sacar material, pero españolas no había casi ninguna. 'Cateto a babor', 'Alba de América'... Es muy triste que, de toda la filmografía española, películas que merezcan la pena y que tengan que ver con el mar haya dos o tres nada más.

-¿Los logros de qué marinos españoles están aún por recordar?
-La lista sería interminable. Si hubiera que hacer un monumento a cada marino español que ha sido decisivo en la navegación, en la guerra, en la exploración, no habría sitio suficiente en las ciudades españolas para sus estatuas. Elcano, Blas de Lezo, Churruca, Alcalá Galiano, los Pinzones... Pero no solo capitanes. Acuérdese de Cervantes, que combatió a bordo de la galera 'Marquesa' en la batalla de Lepanto. O el famoso capitán Contreras, que tiene un derrotero extraordinario, donde cuenta todas las rutas interesantes del Mediterráneo. Y lo hizo con su propia experiencia náutica, y era un soldado de infantería. Pero como decía antes, España nunca ha prestado interés a esto, y hemos dejado que otros países se adueñen de la leyenda, cuando nos corresponde una buena parte de ella.

-Por supuesto que el mar ha sido lugar de combate y de conflicto. ¿Qué hace singular, en su opinión, la lucha en el mar?
-Bueno, no sólo de combate. El mar ha sido también lugar de comercio, de aventura, de descubrimiento, de viaje, y de guerra también. Yo tengo una profunda admiración por los marinos, por cualquier tipo de marino. Pero si además han estado combatiendo la admiración es doble, porque ya a la dureza del mar, al caos, a los temporales, al viento, al frío, a la incomodidad, al movimiento, a la incertidumbre, que ya es mucho -como sabe cualquier marino-, si a todo eso se le unen los cañonazos, las astillas, el combate, la guerra, la muerte, la mutilación... Eran hombres extraordinarios. Como digo siempre, eran barcos de madera, pero sin los hombres de hierro que los tripulaban no habrían sido nada. Y esos hombres de hierro fueron los que hicieron famosos a los barcos, fueron el alma de esos barcos.

-En alguna ocasión ha hablado usted de los marinos que conoció en su infancia y su juventud en Cartagena. ¿Qué le llamaba la atención de ellos para que aún hoy permanezcan vivos en su memoria?
-Yo me he criado entre marinos desde pequeño -tanto marinos de guerra como marinos mercantes-, y entre lecturas del mar y relatos de marinos, con lo cual no podría decir una única característica. Son muchas: su forma de ser, su manera de comportarse en tierra, un cierto "autismo" con respecto a las cosas de la tierra, una cierta inocencia o ingenuidad con respecto a esas cosas de la tierra, la diferencia de valores... Ellos daban importancia a cosas a las que en tierra no se dan. Yo soy capitán de yate, paso mucho tiempo en el mar, tengo un velero y navego, y entiendo lo que ellos sentían porque es verdad que cuando estoy navegando, mar adentro, enfrentado a los problemas de la navegación, no tienes tiempo de pensar en cosas que quedan en tierra. El mar es tan absorbente, tan intenso, que requiere todo tu interés, toda tu atención, y eso hace que en el mar la gente sea diferente. Los marinos son la gente a la que más respeto del mundo. Pero no los marinos antiguos, sino también a los de ahora. Para mí un marino tiene un plus de respeto por el hecho de ser marino.

-Suena como a una especie de religión.
-Bueno, quizás eso sea sublimarlo mucho. El mar tiene una cosa importantísima, y es que hay unas reglas muy precisas que si no las cumples mueres, e incluso aunque las cumplas puedes morir. En el mar no hay tonterías, no puedes engañar. El que es marino es marino y el que no lo es no lo es. En mitad de un temporal o en medio de una noche oscura sin instrumentos tienes que orientarte y llegar a un puerto. Y o eres marino o no lo eres. Ahí no vale el dinero ni lo charlatán que seas, ahí no puedes comprar tu supervivencia ni tu experiencia. El mar es la prueba del algodón definitiva: el que está allí es porque es capaz de estar, y el que no, muere. Y aún así, incluso sabiendo mucho, mueres también. Como dice Justin Scott en el mejor libro de aventuras de mar moderno que se ha escrito, que es 'El cazador de barcos', "en el mar puedes hacerlo todo bien, y aun así el mar te matará, pero si eres un buen marino tendrás la satisfacción de al menos saber en qué latitud y longitud el mar te mata".

-¿Qué encuentra en el mar que eche de menos en tierra?
-Las reglas. El mar exige un cumplimiento estricto de las reglas. El mar no perdona la indisciplina, no perdona la distracción, no perdona nada. Es implacable. Yo soy capitán de yate, y soy el patrón de mi barco. Con un amigo, con un familiar, puedo discutir en tierra, decidir qué hacemos o qué no hacemos, pedir opinión, pero en el mar no. En el mar yo decido, no hay posibilidad de discutir. En el mar no existe la democracia. En el mar es la cadena de mando: hay un patrón que manda y hay que obedecer, se equivoque o no. En el mar todo está muy claro y es muy simple, muy recto. Y esa simpleza de las cosas, esa preeminencia de las reglas, es lo que me gusta del mar. El mar es un lugar muy peligroso que tiene unas reglas implacables, es la realidad. Y también por eso me gusta el mar, porque no cualquiera puede estar allí.

-Si cierra los ojos y evoca el mar, ¿qué se le viene a la cabeza?
-La tierra lejos. Cuando voy navegando y pongo rumbo perpendicular a la costa y pierdo de vista la tierra siento que he entrado en una dimensión diferente y mucho más agradable. Las estupideces, la demagogia, las tonterías, las imprecisiones de tierra firme quedan atrás, y en el mar solamente estás tú, tu responsabilidad, tu barco y las reglas. Y con un buen barco y con las reglas puedes dar la vuelta al mundo, navegar eternamente. Y eso está muy bien.

-¿Es por tanto un marino solitario el último reducto de la libertad?
-Sí, pero no tiene por qué ser solitario. Todo es cuestión de con quién navegues, ¿no? Una tripulación silenciosa es más útil que un navegante solitario, que tiene que dormir, tiene que descansar. Una tripulación de gente disciplinada y silenciosa a bordo es incluso mejor, porque puedes descansar y dejar en sus manos el gobierno del barco. Cuando haces un viaje largo y tienes que navegar noche y día y tienes que hacer guardias, el ir con gente competente a bordo -gente a la que conoces, que sabes que va a hacer sus cuatro horas de guardia con disciplina, con rigor y con vigilancia-, te permite irte a dormir tranquilo. No, no, a mí me gusta llevar tripulación, pero tripulaciones silenciosas y disciplinadas. Como digo siempre, en mi barco ni se grita ni se discute ni se corre.

-En un mundo tecnológico como el de hoy día, lleno de GPS, satélites, infrarrojos, ¿queda aún sitio para la aventura en el mar?
-Sí, sí queda, sí. Porque incluso con la tecnología, si tú estás navegando en el canal de la Mancha o en el estrecho de Messina y el tráfico de mercantes te tiene en vilo toda la noche, ahí no hay tecnología que valga. Sí, la radio, el radar y el AIS para detectarlos, pero sigue siendo tu decisión personal, tu experiencia, tu pericia marinera las que te permiten navegar. Y además, de vez en cuando los aparatos se van al diablo, se estropean las baterías, el GPS, y entonces te encuentras en la mar y tienes las estrellas, el compás y tus conocimientos para navegar por estima. El mar continuamente te está dando la oportunidad no de vivir una aventura estúpida, sino una aventura racional, experimentada y calculada.

-¿Esto del navegar se está convirtiendo en algo masificado, como el volar en avión?
-Bueno, está masificado si uno se va a Benidorm o a Mallorca, pero si estás en mitad del invierno -yo navego todo el año- en el golfo de León con un viento de treinta nudos o estás navegando de noche entre Cerdeña e Italia o en las islas Eólicas, eso no está masificado en absoluto. La cuestión es buscar los sitios que no están masificados. Le pongo un ejemplo: si se fondea en los trocados de Formentera en el mes de agosto, ahí hay cientos de barcos fondeados. En el mes de enero yo he estado fondeado allí solo tres días. Todo aquel magnífico fondeadero sólo para mí. Tod es cuestión de elegir el momento, y yo tengo la ventaja, por mi trabajo, de poder elegir: no dependo de vacaciones, soy mi propio jefe, y cuando quiero me voy a navegar. Cuando estoy muy cansado de trabajar me voy unos días y puedo elegir épocas que no están muy masificadas. Ahí soy muy afortunado.

-Se cruzará mientras navega con grandes cruceros de 300 metros de eslora y con 4.000 personas a bordo. ¿Qué piensa cuando los ve?
-Me los cruzo, sí. Pienso que son hoteles a flote, que no están dirigidos por marinos, sino por una especie de sindicato de camareros y de animadores, y son lugares peligrosos precisamente por eso. No me inspiran confianza.

-¿Y tristeza?
-No, no me entristecen. El mundo es así. Como tampoco me entristecen los rascacielos. Ahora bien, no es la idea que yo tengo del mar ni de los marinos, y el 'Costa Concordia' lo demostró.

Para visualizar la revista completa:
http://www.fdmagazine.es/FD9/fd9.html
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agustinadearagon
Alférez


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MensajePublicado: Vie Jun 19, 2015 10:53 pm    Asunto: Responder citando

Tengo que agradecer a Arturo el haberme abierto el interés hacia el espacio de barcos y de mares. El mundo es fascinantemente rico en temas que no sabemos de su atractivo porque ignoramos de su existencia. En encontrar personas capaces de mostrarnos la belleza y los misterios que encierran las múltiples capas de la vida y de la Historia es de una innegable fortuna.
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Ada
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MensajePublicado: Vie Jul 03, 2015 1:54 pm    Asunto: Responder citando

La exposición se prorroga hasta octubre


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Rogorn
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Registrado: Feb 01, 2007
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MensajePublicado: Vie Ago 07, 2015 7:35 pm    Asunto: Responder citando

¡Zafarrancho de combate! (o cómo ser un barco de cine, I)
Álvaro Martín - expansion.com - 07/08/2015

La exposición 'Hombres de la mar, barcos de leyenda', abierta hasta hace poco en el madrileño Museo Naval y apadrinada por ese escritor-genial-pero-que-parece-estar-siempre-enfadado que es Arturo Pérez-Reverte, es perfecta para homenajear a esos meros trozos de (antes) madera y (ahora) acero que de forma casi mágica -en realidad por una poco romántica cuestión de ingeniería- han surcado los mares desde que el hombre decidió "mojarse" y cruzar las aguas. La muestra estaba formada por once míticas embarcaciones, reales e imaginarias, de las cuales hasta ocho son ya parte de la historia del celuloide. Todos a bordo, que partimos...

Reza la leyenda que aproximadamente hace 3000 años un tal Jasón (no confundir con Jason Voorhees, el amante de la casquería de la saga 'Viernes 13'), pilló a medio centenar de los más guapos, valientes y esforzados guerreros de la zona y emprendió un viaje que le llevó de Tesalia a la Cólquide en busca del mítico vellocino de oro. El protagonista y sus secuaces, los argonautas, vivieron a bordo del 'Argo' incontables aventuras que en 1963 ('Jasón y los argonautas') llegaron a las pantallas de la mano de Don Chaffey ('Hace un millón de años'). La película no tiene desperdicio: los hombres de Jasón (Tod Armstrong), con trajes de faldita corta no aptos para calzoncillos tipo bóxer -muy del gusto de esta época de tendencia apolínea-, se enfrentan con una sucesión de monstruos y dioses que, desde nuestro punto de vista de creación digital, provocan una pequeña sonrisa de vergüenza ajena y te obligan a compadecer al responsable de efectos. Las escenas del coloso levantando el Argo y de -incomparable- la lucha contra los esqueletos soldado (un anticipo de la mítica 'El ejército de las tinieblas' con Bruce Campbell y su motosierra de culto) son tremendas. Décadas después, el guionista y director televisivo británico Nick Willing lanzaría en el año 2000 una miniserie llamada 'Jasón y los argonautas', en busca del vellocino de oro, en la que Jason London y Dennis Hooper, entre otros, revivirían el mito de la búsqueda del vellocino de oro. ¡A saber dónde está ahora!

Gracias al motín que explotó el 28 de abril de 1789 (dos días antes de que, por ejemplo, George Washington se convirtiese en el primer presidente de los Estados Unidos), sabemos lo que es un capitán malo, lo que duelen los latigazos, qué es el árbol del pan y el efecto que sobre una tripulación con meses de singladura produce un grupito de indígenas desinhibidas. Ya en 1935 el director Frank Lloyd dirigía a Clark Gable en 'Mutiny on the 'Bounty'' (en España, que somos más teatrales, 'La tragedia de la 'Bounty''). Ojo, esta producción de la MGM se llevó ese año el Óscar a mejor película y estuvo nominada a ocho estatuillas. Pero la clave de esta película no es el galán conocido por su bigote y sus orejas (y recientemente por su presunta violencia sexual). Lo mejor es Charles Laughton ('La noche del cazador', 'Espartaco'), en su papel del malvado pero gran navegante capitán William Bligh. Pero la más conocida de las versiones de este hecho histórico llegaría casi 30 años después, en 1962, con la película del mismo nombre (en España, 'Rebelión a bordo'), en la que el segundo oficial a bordo sería Marlon Brando. Este, entre el deber y la humanidad (e influido por los encantos de una tahitiana muy simpática), decide que ya está bien y despacha al insoportable capitán (Trevor Howard) y a sus seguidores en una barca (llegarían a casa tras recorrer 4.000 millas, ahí queda eso). Hecho esto, los amotinados, entre los que se encuentra Richard Harris (el mismo que más adelante, en otros menesteres, se llamará Caballo), ponen rumbo a Tahití a vivir la vida loca lejos de silbatos de contramaestre, latigazos, carne seca y demás "encantos" de la Marina. Escena cumbre de la película: cuando Brando se amotina, momento en el que el espectador siempre piensa "¡Ya era hora, hombre!". Mención especial merece 'The 'Bounty'' ('Motín a bordo'), la versión dirigida en 1984 por Roger Donaldson ('Cocktail', 'Trece días', 'Un pueblo llamado Dante's Peak', 'Species'...), en la que, con banda sonora de Vangelis, Mel Gibson se enfrenta a Anthony Hopkins (qué bien hace de malo este hombre), y en la que participan también Liam Neeson, Daniel Day-Lewis y (sir) Lawrence Olivier. Un gran reparto para representar de nuevo esta metáfora de los excesos del poder, la esclavitud del deber y la necesidad de mantener siempre aquello que nos hace humanos. Y de paso disfrutar de una buena película, que es de lo que se trata.

En 1869 llegaba a España la traducción de '20.000 leguas de viaje submarino', del genial e inquietante (por premonitorio) Jules Verne. Tres protagonistas para la historia: el capitán Nemo (lo de llamar así al pez de Pixar sin duda obedeció a un justito braimstorming), un calamar gigante a lo Godzilla y el 'Nautilus'. Esta peculiar nave submarina volvería a emerger en otra de las obras de Verne, 'La isla misteriosa', y, con una interpretación libre, en 'La liga de los hombres extraordinarios', esa sorprendente (e inexplicable) coctelera de personajes de aventuras, viajes, terror... El fruto del genio constructor y vengativo de Nemo tuvo en las pantallas su mejor versión en 1954 gracias a la factoría Disney y a Richard Fleischer ('Viaje alucinante', 'Tora!, Tora!, Tora!', 'Conan el destructor'). James Mason, un Nemo con jersey de cuello alto, americana y barba de catedrático, atormentado y consumido por un mal entendido sentido de la justicia, crea un prodigio de la ingeniería, un submarino con energía eléctrica cuando en la superficie se seguía quemando carbón en las calderas. El interior de la nave, que parece el salón de la casa de Gaudí, acoge a unos peculiares invitados: Peter Lorre ('El hombre que sabía demasiado', 'El halcón maltés', 'Casablanca', 'La vuelta al mundo en ochenta días'), Paul Lukas ('55 días en Pekín', 'Los cuatro jinetes del Apocalipsis') y Kirk Douglas, arponero que parece un Wally cachas con su ceñida camiseta de rayas, por supuesto impoluta. Para el recuerdo de todos, además de los paseos por el fondo marino descubriendo corales y piezas de a ocho, esa lucha a muerte con un enorme calamar corto de vista que se empeñó en tragarse este indigesto submarino de metal. Aunque entretenida -perfecta para sábados y domingos por la tarde con bajas pulsaciones-, esta cinta no resiste la comparación con películas del género "underwater". Si se me permite, un referente recomendable es 'Das Boot' ('El submarino') película bélica de 1981 dirigida por Wolfgang Petersen (que ganó el Oscar al mejor director por ella y que le catapultó a Hollywood, donde ha dirigido, entre otras, 'La historia interminable', 'Enemigo mío', 'En la línea de fuego', 'Estallido', 'Air Force One', 'La tormenta perfecta', 'Troya', 'Poseidón'...). En esta película sobre las acciones de un submarino nazi y su tripulación, literalmente se puede oler el sudor y el aire viciado del interior de una nave, donde el tiempo transcurre marcado por el desquiciante sonido del sónar, las subidas y bajadas del periscopio y el zumbido de los torpedos lanzados. Tan buena como asfixiante. En 1997, Rod Hardy, el australiano director de series como 'Expediente X' o 'El mentalista', juntaría a Michael Caine (sin jersey de cuello alto) y a Patrick Dempsey, ese doctor más dedicado a los escarceos amorosos que a las tareas hipocráticas en 'Anatomía de Grey', para una nueva entrega. Pero esto ya es otra historia.

'Sink the 'Bismarck'!' ('¡Hundid el 'Bismarck'!') es una cinta de guerra en el mar que narra un hecho real acaecido durante la II Guerra Mundial. Los amantes de la historia conocen de sobra la historia de este acorazado nazi que descansa en el fondo del Atlántico junto a más de 2000 hombres de su tripulación (eso sí, todo muy glorioso...). Basada en el libro 'Los últimos nueve días del 'Bismarck'' (C. S. Forester, 1959), la película fue dirigida en 1960 por Lewis Gilbert (el mismo que en la década de los setenta se encargaría de 'La espía que me amó' y 'Moonraker'). El protagonista escogido fue Kenneth More, habitual del cine bélico de la época y que se "jugaría la vida" en cintas como 'El día más largo' o 'La Batalla de Inglaterra', dos clásicos del género. No nos engañemos. Es una película norteamericana dirigida por un británico sobre un barco alemán. Demasiado inocente creer en la imparcialidad del relato, y más teniendo en cuenta el resto de películas de esta temática con las que Hollywood estaba ametrallando a los espectadores de todo el mundo desde el fin de la guerra (e incluso durante ella, gracias a sus departamentos de propaganda). Entretenida, sí, aunque siempre sucede con este tipo de películas que su credibilidad queda terriblemente dañada por cosas tan simples como los peinados y los uniformes impolutos incluso después de un combate. Falta hollín, grasa, sangre... Algo a lo interior de trinchera en 'Gallipoli', a lo desembarco en playa Omaha en 'Salvar al Soldado Ryan', a lo interior del Sherman de 'Corazones de acero'... No es morbo, c'est la guerre!
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agustinadearagon
Alférez


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MensajePublicado: Mie Ago 12, 2015 10:52 am    Asunto: Responder citando

Muchas gracias Ro, por estar siempre ahí aportando.
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"Fuera del perro, el libro es el mejor amigo del hombre. Dentro del perro quizá esté muy oscuro para leer". G.M.
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Rogorn
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MensajePublicado: Mie Oct 14, 2015 8:37 pm    Asunto: Responder citando

Los puertos de Madrid
Jacinto Antón - elpais.com - 14/10/2015

Viajé a Madrid en busca del mar y los barcos, lo que ya es raro, porque viniendo de Barcelona podría parecer que iba en dirección contraria. Con el historiador Carlos Martínez Shaw nos embarcamos en la Casa de América, arponero y grumete, para hablar del Galeón de Manila. Bueno, él, que es un sabio, hablaba y yo le jaleaba, y trataba de enmarcar la peripecia de esa ruta naval entre Acapulco y Manila en el gran género de aventuras: casar a Urdaneta con Salgari, por así decirlo. Con el profesor, que se iba transformando en capitán de parao pirata, acabamos conjurando tesoros, galernas, abordajes, naufragios y motines —y a la Inquisición aguardando en puerto para poner presos a los marineros que hubieran caído en el nefando pecado—, mientras la recoleta sala llena de dorados se anegaba y el sufrido público sentía el filo de un sable en el cuello. Por el crepúsculo junto a Cibeles, teñido de la plata de Indias, singlaron al evocarlos los grandes barcos que fueron el Galeón de Manila (denominación global para los 110 que hicieron ese tráfico más de dos siglos, de 1565 a 1815, entre la Nueva España y las Filipinas); el 'Santa Ana', capturado por el pirata Cavendish con 12.000 pesos de oro; el 'Covadonga', que hizo rico a George Anson o el 'Santísima Trinidad y Nuestra Señora del Buen Fin' (!)…

Tras recorrer algunas tabernas con el historiador por los muelles de Madrid desperté al día siguiente para embarcarme con otro capitán y amigo. Solo tuve que dar unos pasos desde Cibeles para visitar, in extremis, la estupenda exposición 'Hombres de la mar, barcos de leyenda' que ha comisariado Arturo Pérez-Reverte en el Museo Naval y que invita a zarpar en 11 embarcaciones señeras. Me adentré por un corredor iniciático que parecía discurrir bajo el agua. Tras él aguardaban los barcos elegidos en una sala refulgente de aventura. La selección de Pérez-Reverte, sutilmente apoyada por objetos muy evocadores cuidadosamente seleccionados, ha dejado fuera como es natural muchos de nuestros barcos favoritos (no hay drakkars, ni figuran, ¡ay!, el 'Patna' y la 'Perla Negra'), pero nadie negará insigne titularidad a los que están. Paseé alelado por el imaginario pantalán pensando en qué rumbo tomaría. En la nave 'Argos', tripulada por héroes y semidioses, no me iban a hacer sitio, y tampoco estaba hecho de la madera de los valientes de la nao 'Victoria', la galera 'Marquesa' (la de Cervantes en Lepanto) o el maltratado navío de 74 cañones 'San Juan Nepomucemo', el de Churruca. Sopesé el 'Pequod' y el 'Titanic', pero no tenían buenos destinos. Qué decir del 'Bismarck', por no hablar de la disciplina. El 'Nautilus' me provocó un escalofrío de claustrofobia. Me hice un selfie, pues, con un modelo de goleta con bandera pirata que evocaba la 'Hispaniola', poniendo cara de Jim Hawkins crecidito. Me senté en el puerto y llamé a Pérez-Reverte. “¿Qué pasa, chaval?, ¿te gusta?” Me quedaría aquí toda la vida, Arturo. Decidiendo qué barco tomar. Y sabiendo que todos los caminos, del mar, de la aventura, de la amistad, del amor y de la vida están trazados de antemano, invisibles entre las olas.
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Siana
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MensajePublicado: Jue Oct 15, 2015 3:25 pm    Asunto: Responder citando

Podían haber alargado un poco más esa exposíción Ojos Movidos
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Rogorn
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Mensajes: 13412

MensajePublicado: Jue Jun 09, 2016 9:18 pm    Asunto: Responder citando

Con rumbo fijo
Juan Pedro Iglesias García - elespanol.com - 08/06/2016

El otro día volví al Museo Naval. Llegaba tarde, al menos eso pensé, y no era porque echaran el cierre, sino que a causa de los azares de la vida y que no vienen a cuento, ya llevaba un tiempo tratando de ir. Dos días después de mi visita, la exposición temporal de Cartografía llegaba a su fin. Siempre creí que hay exposiciones que uno debe tratar de no perderse y ésta era una de ellas.

Llegué con la nostalgia de volver a un lugar entrañable, en donde son fáciles los encuentros y cercanas las palabras. Ese lugar mítico en el cual los mapas, los libros, los utensilios de navegación, los cuadros, las armas, los restos arqueológicos y un largo etc., conviven para mostrarnos lo que en definitiva somos, la historia del tiempo en un antes y un después. Un lugar que también da luz a las sombras, como le comenté el pasado día a Dalmau Ferrer, al ver su maravillosa pintura del cuadro 'El Glorioso'.

Tuve la suerte de descubrir junto a Carmen García, algunos secretos y algunas de las nuevas adquisiciones del museo. Siempre hay algo nuevo que ver, -me decía ella-, entre las miles de piezas que éste atesora. Carmen es el alma ilustrada del Museo, además de una excelente Social Media, porque entre otras cosas, sabe mantener la llama viva del museo, con un amable y personal encanto.

Es curioso, pero el Museo Naval pasa desapercibido cuando caminas frente al Banco de España por el paseo del Prado. Tiene una fachada deslucida y simplona, como la de esos edificios de oficinas que tan fríos me resultan. Pero enseguida lo identificas cuando ves asomar el hermoso galeón que tiene colgado en su fachada y te anuncia que has llegado a buen puerto.

Recuerdo como testimonio de buen afecto y con magnífico sabor de boca, que el pasado año pude ver la exposición temporal que capitaneó Arturo Pérez-Reverte en Hombres de la Mar, barcos de Leyenda. Corría el mes de agosto, creo, y relajado, en un tuit, me dijo:

“Celebro que disfrutara la exposición del Museo Naval, querido amigo. Para eso la organizamos lo mejor que pudimos”.

Desde este Post, otro saludo y un abrazo, Capitán.

No acudir, decía antes, hubiera supuesto varias cosas. Entre ellas, faltar a la palabra en un tiempo en el que es necesario entender la historia de lo que somos, mirando al mar y a los honrados hombres que en ella murieron. Porque ésta siempre estuvo rodeada de mapas y libros, en donde los caminos invisibles fueron dibujados, en ocasiones a sangre y fuego, sobre una cartografía cada vez más delimitada y precisa.

Sentí, quizá, esa necesidad que tienen los amantes de la mar y salí a su encuentro. Hablar en ese espacio de libertad y de sinceridad. Algo vital donde afrontar derrotas y victorias. Un rumbo seguro y con la aventura de imaginar los graznidos de las gaviotas revoloteando cerca del barco, o sentir como el oleaje golpea por la amura de babor.

Toda nuestra historia marítima se encierra en él, como el cofre de un tesoro aún por descubrir. El museo naval es, como yo digo, un barco construido con los miles de pedazos de la historia de otros barcos y de muchos hombres, cuyos restos son custodiados en el fondo de la mar salada.

La entrañable exposición temporal de Cartografía marítima y que bajo el título Dueños del Mar, Señores del Mundo, ha estado expuesta hasta el pasado mes de mayo, me ha enseñado a comprender las acertadas palabras de José María Moreno Martín, comisario de esta exposición, cuando dice: “es necesario mirar al mar para entender la historia de España. La grandeza de sus aguas no fue obstáculo suficiente para doblegar la necesidad innata del hombre por comunicarse con sus semejantes cuando sus pasos no tenían más tierra sobre la que pisar. Y lejos de calmar su impulso natural por conocer el medio que le rodeaba, el hombre fue capaz de dominar las aguas y representar su percepción del mar sobre una superficie plana”.

Esta evolución, desde las artísticas y trabajosas cartas portulanas, representando ese Mare Nostrum, hasta los, hoy en día, mapas electrónicos capaces de localizar un buque en cualquier parte del mundo, es sin duda lo que armoniza esa línea que traza el rumbo de ocho siglos de navegación, conquistando e innovando. Conocidas y controladas nuestras costas, se pasó al conocimiento de otros rincones, de otros mares, uniendo puentes eternos con otras civilizaciones.

Esta exposición ha trabajado muy honrosamente todos los ámbitos temáticos sobre la historia del mapa. El mar Mediterráneo, América, la Casa de la Contratación, el influjo europeo en los mapas del s.XVII, los Virreinatos, Tordesillas y las Comisiones de límites, y un largo etc. Dejo en el camino muchas cosas, de las que quizá otro día cuente y que ahora, por falta de espacio, no puedo hacer. Mi sincero agradecimiento y mi enhorabuena a todos sus trabajadores.

Nota: La APP gratuita de la Expo; novedosa, única y de inmejorable calidad. Muy lograda. Visiten el Naval, les sorprenderá.
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