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'La Guerra Civil contada a los jóvenes' (2015)
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Ada
Capitán


Registrado: Aug 17, 2007
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MensajePublicado: Jue Nov 19, 2015 5:02 pm    Asunto: Responder citando

Arturo Pérez-Reverte y Fernando Vicente explican a los más jóvenes los puntos clave de la contienda civil española
loffit.abc.es - 19/11/2015

“Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta; pero no convenceréis porque os falta razón y derecho en la lucha”. La famosa frase, pronunciada por Miguel de Unamuno el 12 de octubre de 1936, en un acto público celebrado en la Universidad de Salamanca frente al general Millán Astray es, tal vez, uno de los episodios más conocidos del principio de la Guerra Civil española. Incluso fuera de nuestras fronteras se cita como ejemplo de coraje y valor intelectual. Sin embargo, son muchísimos los jóvenes de hoy que ignoran este hecho. Y no sólo, pues la mayoría desconoce la realidad histórica de la contienda.

Y es que a los jóvenes se les está contando una Guerra Civil inexacta, afirma el escritor Arturo Pérez-Reverte, coautor junto al ilustrador Fernando Vicente, del libro 'La Guerra civil contada a los jóvenes'. Una obra excepcional recién editada por Alfaguara cuyo objetivo es acercar a niños y adolescentes la historia de la Guerra Civil española de manera concisa, rigurosa y objetiva, evitando opiniones personales, etiquetas y juicios partidarios. Una obra sencilla que en ningún caso pretende ser exhaustiva. Al contrario, se trata de un prólogo —apunta de nuevo Pérez-Reverte—, una introducción al conflicto que arrasó España entre los años 1936 y 1939, dirigido a despertar la curiosidad del público más joven.

"Partiendo de un hecho incontestable: en 1936 existía un gobierno legítimo elegido democráticamente hasta que los rebeldes se organizaron para dar un golpe de estado y derrocarlo. No pretendían sumir al país en la guerra sangrienta y cruel que siguió al golpe, pero tampoco esperaban la resistencia que encontraron. Así empezó todo, una tragedia espantosa que duró tres años y durante la cual (como sucede en todos los conflictos armados) se cometieron atrocidades en ambos bandos, pero también actos de nobleza, dignidad y coraje."

Por ello el escritor adopta un estilo escueto y neutro que se limita a describir sin calificar, tratando de tomar distancia para narrar sin pasiones: la sublevación, los asedios, las represalias, las batallas (Guernica, Paracuellos, Brunete, Belchite, Teruel, el Ebro, el Jarama), los disturbios en Barcelona, la resistencia de Madrid, el Alcázar de Toledo…; dedicando un capítulo especial a las mujeres, porque ellas son las perdedoras de todas las guerras, dice Pérez-Reverte, y aquí también pagaron un precio muy alto. Y así hasta treinta capítulos magistralmente iluminados por el acrílico de Fernando Vicente, que esta vez prescinde del color estridente y el fotorrealismo, empleando con profusión los tonos sepias, grises azulados, verdes apagados.

Pero no es un libro sólo para jóvenes. La extraordinaria belleza de las ilustraciones, además de dialogar con el texto en perfecta armonía, trasciende edades y lapsos temporales, convirtiéndolo en una pequeña obra de arte, un objeto precioso, un ejercicio de memoria para que no vuelva a suceder.

Como complemento indispensable a 'La Guerra Civil contada a los jóvenes', el Museo ABC de Dibujo e Ilustración acoge la exposición homónima con los treinta dibujos originales de Fernando Vicente acompañados de párrafos escogidos extraídos de la obra.
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Ada
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MensajePublicado: Vie Nov 20, 2015 9:15 am    Asunto: Responder citando

Arturo Pérez-Reverte y la manipulación de la Historia de España
Alejandro Sánchez Moreno - andaluciainformacion.es - 19/11/2015

Como era de esperar, siempre que nos acercamos a una efeméride redonda, llega el tiempo en que multitud de personas ajenas a la historiografía quieren explotar el filón del mayor conflicto de la España contemporánea. Es normal. La Guerra Civil vende. Y eso lo saben las editoriales, que nunca han dudado en publicar centenares de obras de más que dudable calidad, firmadas a veces por autores indocumentados que no han visitado un archivo en su vida. En realidad eso es lo de menos cuando lo importante es vender, y desde luego, alguien como Pérez-Reverte no iba a perder la oportunidad de hacer caja, haciendo de nuevo uso de la Historia para degradarla, transformándola en un producto al servicio de su propio beneficio. Y es que el autor cartagenero no ha tenido bastante con escribir novelas históricas, sino que encima ahora ha decidido meterse a historiador -y hasta a docente-, para explicar a los jóvenes la Guerra Civil en un libelo recientemente publicado por Alfaguara.

En él, el escritor despolitiza la Guerra Civil, como si el conflicto hubiese sido producto del aburrimiento de los españoles, obviando que hubo un golpe de estado fascista contra un régimen democrático. Parece que para Reverte no existen causas políticas ni responsabilidades, sino gente en ambos bandos ansiosa por matar, ocultando que aquella guerra fue impuesta, y falseando una historia en la que no se habla de la resistencia posterior -bueno, para ser justos habla de la guerrilla-, como si a la democracia se hubiese llegado espontáneamente, gracias a la acción de un rey heredero del dictador.

Para realizar su trabajo Pérez-Reverte afirma haber consultado mucha documentación durante seis meses, tiempo que se antoja irrisorio dada la abundante bibliografía existente. Todo esto le ha servido para publicar un trabajo que, lejos de ser original, no hace sino volver a propagar la idea de la guerra que nos vendieron durante la Transición. Una idea que partiendo de una base errónea, equipara a víctimas y verdugos para repartir las responsabilidades, metiendo en el mismo saco la tiranía y la democracia en virtud de los intereses políticos que se antojaron necesarios en el momento para que no se reabriesen heridas del pasado, aunque eso implicase olvidar a aquellos que dieron su vida por la libertad.

El libro de Reverte demuestra lo lejos que todavía nos encontramos de poder superar aquella “idílica” transición, y lo retrata a él como lo que es, lo que ha sido siempre en realidad; una persona que lejos de la imagen de pensador independiente y políticamente incorrecto que ha intentado proyectar, siempre está dispuesta a alinearse con el pensamiento dominante para seguir vendiéndonos su columna semanal. Yo le recomendaría que se dedicase mejor a lo suyo y que dejase hacer Historia a los historiadores. Tal vez así, podría centrarse en su labor en la Real Academia, para que los académicos no vuelvan a hacernos pasar vergüenza ajena aceptando “almóndiga” y “murciégalo” en el diccionario, corrompiendo con ello la pureza de nuestra lengua.
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Ada
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MensajePublicado: Vie Nov 20, 2015 11:19 am    Asunto: Responder citando

Una lata de guerra condensada. La pésima pedagogía de Pérez Reverte
Sebastiaan Faber - publico.es - 20/11/2015

¿A cuántas palabras se puede reducir un evento histórico? Arturo Pérez-Reverte nos narra la Guerra Civil Española en 31 capítulos breves, menos de 3.500 palabras en total. Su nuevo libro, ilustrado por Fernando Vicente, es una hazaña de la economía verbal. También es loable en su voluntad didáctica. Le permitirá a cualquier joven español familiarizarse con el tema en cosa de media hora, al mismo tiempo que le ayudará a situar las vagas nociones que sin duda le produce la mención de la Guerra —escenas de películas, historias de la abuela, una lámina de un libro de texto, un videojuego— en una estructura narrativa y cronológica claramente definida.

Y sin embargo el libro es casi inútil. El problema no es que Pérez-Reverte no sea historiador. El problema es que, como pedagogo, es pésimo. En su prólogo dice pretender que se “[recuerde] cómo ocurrió” la guerra, “[p]ara evitar que tan desoladora tragedia vuelva a repetirse nunca”, ya que “de aquella desgracia podrán extraerse conclusiones útiles sobre la paz y la convivencia que jamás se deben perder. Lecciones terribles que nunca debemos olvidar”. Clichés aparte, la triste verdad es que su libro no conduce a ninguna comprensión propiamente histórica de la guerra. Por tanto, no permite sacar tampoco ninguna “lección” medianamente traducible al presente. De hecho, el libro de Pérez-Reverte hace todo lo posible por impedir que un joven lector piense la Guerra Civil históricamente.

Como nos recordaba hace poco Joan Ramon Resina, es peligroso confundir historia y realidad. La historia es una estructura narrativa que da sentido al pasado hilando una serie determinada de eventos, seleccionados entre muchos eventos posibles. Por tanto, no hay historia que no refleje una ideología arraigada en el presente del historiador. ¿Cuál es la ideología de Pérez-Reverte y Vicente? Aquí son clave dos elementos: el qué y el cómo. Primero, los hechos que deciden narrar y los que deciden callar. Y segundo, el lugar que asignan a esos hechos en el relato: el valor que les dan.

A primera vista, el relato condensado queda bastante completo. Están los años de la República, el impacto de las grandes ideologías, la sublevación y los primeros meses de violencia, las batallas más importantes, el bombardeo de Guernica, la participación internacional, el enfrentamiento entre Unamuno y Millán-Astray, el asesinato de Lorca, la mujer como víctima por antonomasia de la guerra... Eso sí, como ha señalado David Becerra, Pérez-Reverte deja casi sin mencionar los logros y las reformas de la República, como la creación de una amplia red de escuelas seculares o la introducción del voto femenino. Tampoco toca el tema de la revolución social: las colectivizaciones de fábricas y campos. La ausencia más escandalosa, sin embargo, es el papel central que tuvo la Iglesia en la guerra y sus causas. Curiosamente, el libro no menciona ni el carácter enfáticamente religioso de la “Cruzada” de Franco, ni el apoyo que recibió del Vaticano y de la jerarquía católica. El que sí mencione la violencia anticlerical en zona republicana hace que el relato se quede cojo.

Por otro lado sí están el exilio, la participación española en la resistencia antinazi y la guerrilla antifranquista. Sobre la violencia en ambos territorios escribe: “Mientras en la zona gubernamental esta barbarie era, en buena parte, fruto del desorden y obra de elementos incontrolados, en la zona rebelde los asesinatos eran tolerados y hasta organizados por los mandos militares, a fin de eliminar toda resistencia y amedrentar a la población”. También la caracterización del régimen franquista es bastante precisa: menciona la “represión despiadada y sistemática, con innumerables consejos de guerra, encarcelamientos y condenas a muerte”. El régimen, escribe, “convertido en una férrea dictadura que iba a durar cuarenta años, procuró aplastar cualquier resto de libertad y democracia”. No hay mención de pantanos, ni se agradece a Franco la astucia de haber salvado a España de la tragedia de la Segunda Guerra Mundial. Nada de revisionismo a lo Pío Moa, pues, pace Becerra. Ni tampoco cabe asociar a Pérez-Reverte con el dudoso campo de los Stanley Payne, Luis Suárez o Jesús Palacios, empeñados en edulcorar la imagen del dictador.

Y sin embargo, llama la atención la falta de explicación de los hechos. La descripción de los años republicanos se concentra en la falta de “estabilidad”, causada por “siglos de atraso social y económico”. La mala situación en el campo y las fábricas, escribe, “daba lugar a disturbios y algaradas que alteraban el orden público e impedían la estabilidad política necesaria para aplicar las reformas adecuadas”. En el capítulo siguiente, el autor equipara a dos grupos de “extremistas”: “Quienes pretendían imitar movimientos europeos de los llamados de derecha, como los de la Italia fascista o la Alemania nazi, y otros los de la izquierda, como la Rusia comunista”. Cogido entre los dos extremos, se hunde el centro, asociado con la civilización, la moderación y el sentido común: “Eran tiempos exaltados, y a quienes pedían sensatez, diálogo y entendimiento mutuo para salvar la democracia no se les escuchaba demasiado”.

En el capítulo siguiente, el autor explica los orígenes de la sublevación con una referencia a la frustración entre los mandos militares por haber perdido protagonismo político y social, y la sensación de “caos” que daban “las revueltas callejeras, sublevaciones e incidentes diversos” que, de nuevo, “alteraban el orden público”. En los primeros meses de guerra, dice, “el odio, la barbarie y la incultura se manifestaron por todas partes”. El transcurso de la guerra entera en la versión de Pérez-Reverte cabe resumirlo en la oración que abre el capítulo 8: “Los dos bandos pelearon con crueldad y también con valentía”.

Lo que tienen en común todos estos pasajes no es tanto su carácter simplificador, quizás propio del género, sino la forma en que reducen fenómenos históricos a fenómenos afectivos y categorías morales profundamente ahistóricos: odio, barbarie, incultura, crueldad, valentía. Como si no mediaran la defensa de privilegios económicos y políticos, la intolerancia religiosa, el afán de emancipación (intelectual, obrera, campesina, femenina), el miedo a la modernidad cultural, o la guerra civil concebida como guerra colonial contra la propia población. Pérez-Reverte, encerrado en un fácil liberalismo de estabilidad y orden público, recae en el antiguo cliché de la locura colectiva: el cliché que tanto auge tuvo en la versión franquista de la guerra a partir de los años sesenta, y que sirvió para dar forma a la Transición. El problema es que ese cliché no sirve para comprender o combatir la violencia: ni la que se manifiesta en “disturbios y algaradas” ni mucho menos la tremenda violencia que puede encerrar la defensa del “orden público”.

Lo que más llama la atención, sin embargo, es el capítulo final del libro: “A la muerte del dictador, España se convirtió en una monarquía parlamentaria por decisión personal del Rey Juan Carlos, … que había sido designado sucesor por el general Franco. Mediante el jefe de gobierno Adolfo Suárez, … Juan Carlos I volvió a legalizar los partidos políticos, procuró la reconciliación nacional, liquidó el régimen franquista y devolvió a España la democracia”. Final feliz. Colorín colorado, este cuento se ha acabado.

No hace falta señalar que este resumen final de lo ocurrido entre 1975 y 1978 es altamente discutible y, sin duda, la parte más débil del relato de Pérez-Reverte. Sí merece la pena subrayar que el libro, al terminar como lo hace, deja un enorme e inexcusable vacío. Hay un epílogo que brilla por su ausencia: el largo e intenso debate sobre la memoria histórica y sobre la propia transición; el hecho incontrovertible de que la democracia de 1978 estuvo marcada tanto o más por las continuidades con el franquismo como por sus rupturas con él.

Al renunciar a ese epílogo, el libro socava su misión autoimpuesta —impartir una lección de historia a un público juvenil— y se condena a la inutilidad. Un joven de 13 años que hojee estas páginas en busca de una explicación sobre los muchos años —¡toda su vida!— que equipos de voluntarios llevan exhumando fosas comunes por todo el territorio del Estado, se quedará con las manos vacías. Una adolescente que se pregunte por qué su bisabuelo condenado por el régimen franquista sigue registrado como criminal, también. El libro tampoco vale para un niño que se quede estupefacto al enterarse de que una jueza argentina ha llamado a declarar a su tía abuela sobre la desaparición de su padre en 1936, porque la tía abuela se encuentra desamparada en el sistema judicial español. Además, si el Rey, valiente y solito, “procuró la reconciliación”, ¿cómo explicamos que la Guerra Civil siga suscitando tanta controversia, incluso entre los expertos? O, si “devolvió” la democracia al país, ¿cómo se supone que entendamos la relación entre la Segunda República y la España postfranquista?

Aquí nos damos de lleno con el escandaloso déficit pedagógico de este libro, que es también un déficit democrático. Presenta hechos, no enseña a pensar. Invita a la aceptación pasiva del relato presentado, no a su cuestionamiento, ni mucho menos a un proceso de reflexión crítica que dé sentido a ese pasado. Todo lo contrario: da la impresión de que la historia es una serie de actos y eventos claramente definidos, y congelados en ilustraciones de cómic, que piden que los evaluemos moralmente desde un presente superior, con el fin de sacar “lecciones” fáciles —y por tanto inútiles— de convivencia democrática y sentido común.

Con su visión de la historia como cuento de hadas, Pérez-Reverte no sólo no nos invita a pensar históricamente, sino que nos lo impide. En este sentido, quizá su error pedagógico más grave sea que no explica a sus jóvenes lectores cómo se llegaron a establecer los hechos que relata como ya dados, ni cómo el propio autor los llegó a asimilar. Ya que no menciona ni fuentes primeras ni secundarias, el relato histórico presentado surge como verdad revelada. En otras palabras, Pérez-Reverte, al hablar "ex cathedra" para un público infantilizado al que regala cucharaditas de dulce historia enlatada, oculta lo que el conocimiento histórico tiene de proceso, y por tanto de interpretación y de debate. Un debate que, por cierto, es mucho más esencial para la salud democrática que cualquier mantenimiento del “orden público”.
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Rogorn
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MensajePublicado: Vie Nov 20, 2015 6:41 pm    Asunto: Responder citando

Pérez-Reverte revive la Historia para los jóvenes
Julio Rilo González-Vallés - unasumadeconstrucciones.wordpress - 20/11/2015

El pasado lunes 16 de Noviembre, el periodista y escritor Arturo Pérez-Reverte y el ilustrador Fernando Vicente presentaron en el Teatro Español su último libro: 'La Guerra Civil contada a los jóvenes'. Pérez-Reverte usa este libro, que no es una novela, para exponer sus creencias acerca del tema y reafirmarse en ellas, dando la visión más objetiva posible. Pero empecemos por el principio.

En realidad, para un servidor, que viene siguiendo el trabajo de este académico, tanto literario como en artículos de opinión, es fácil establecer una relación entre todos los argumentos expuestos por Pérez-Reverte para identificar las causas de la barbarie que tuvo lugar hace 80 años en España. En el poco tiempo que duró la charla de presentación, se hizo un repaso por algunas de las causas históricas que contribuyeron a la tensa II República, en la que las alianzas para socavar el poder del rival político eran el pan de cada día (dándose uniones tan curiosas como que los republicanos radicales de Alejandro Lerroux estuvieran apoyados por la CEDA).

Este ambiente de “vale todo” y de prostitución política viene de lejos, siendo un problema que se arrastra desde el siglo XVII, pero que vio su “institucionalización” en el XIX, con la regencia de Maria Cristina. Dicho en otras palabras, y resumiendo (ya que este es tema de muchas tesis), corrupción rampante escondida detrás de discursos políticos de la tendencia que esté de moda (como los clubs y sus conspiraciones en la época ilustrada). Otro de los grandes focos de corrupción que viene sufriendo España desde hace siglos, es la intromisión por parte de la Iglesia en todos los asuntos y en todas las infraestructuras del Estado, algo que hizo dar tumbos al país durante siglos.

Otra cosa de la que también se encargó Pérez-Reverte de recordarnos fue que la Guerra Civil no duró 3 años, sino 40. En opinión del autor, hacer caso a las fechas oficiales no sería del todo justo, ya que el conflicto entre vecinos se prolongó hasta la muerte del dictador, caracterizado por denuncias falsas, rencillas personales y una persecución brutal, así como un silencio temeroso provocado por la certeza de no poder hablar libremente. A todo esto sumémosle la necesidad de pertenecer a un grupo, de tomar partido, de mojarse. En esta España tan cañí y llena de tópicos, la posición moderada no se puede adoptar, ya que al momento le acusan a uno de no mojarse. Y es cierto. En nuestro país parece que tengamos la necesidad constante de un antagonista, de una némesis hacia la que focalizar nuestro odio y nuestras frustraciones, y nos dedicamos a fijarnos y resaltar las diferencias de aquellos que no son afines a nuestra forma de ser o de ver las cosas, para sentirnos así que nosotros estamos en el lado correcto. El lado que tiene “la” razón. En mi humilde opinión, me parece muy triste que aún a día de hoy siga habiendo peleas por cuestiones ideológicas de hace 70 años, sobre todo, porque cuando estalló la Guerra Civil, la pertenencia a un bando o a otro, para la inmensa mayoría del pueblo llano, obedecía a motivos muy variados, y ninguno ideológico. En la mayoría de los casos, ser republicano o fascista, se debía al territorio ocupado y controlado por cada bando, y por miedo y bajo amenaza a la ejecución, los civiles juraban lo que hacía falta y lealtad a quien debieran. Se llegaron a dar casos en los que campesinos desertaron de un bando a otro múltiples veces, tan sólo porque el terreno en el que tenían sus cultivos estaba en una de las zonas disputadas por ambos bandos, y puesto que las fronteras cambiaban de un día para otro, el paisano siempre desertaba al bando que le permitiera quedarse cerca de sus tierras. Y es que cuando es tiempo de cosecha, hay que estar a lo que se está, y la política para quien le interese.

Antes hablaba de clichés, y casi parece un cliché hablar de la guerra como un sinsentido. Pero lo es. Lo cierto es que a la mayoría de la gente no le importan las corrientes ideológicas, ni la política. La mayoría de la gente lo único que quiere es que le dejen vivir en paz sus vidas en su hogar rodeado de su familia. Objetivo muy noble que siempre se verá truncado por el ego de algún “salvador de la patria” que llega en mala hora.

Hechos concretos son los que se relatan en el libro, sin recurrir a la literatura. Sin tomar bandos, sin ocultar verdades incómodas, y por supuesto, asumiendo la culpa y responsabilidad que todos tenemos cuando el odio y el miedo al vecino aumenta hasta que la presión hace estallar todo. El libro, tal y como pretende, cuenta la Guerra Civil a los jóvenes, sin pretender que les guste. Quizá por eso, porque no nos gusta lo que leemos, sea por lo que conviene recordarlo y tenerlo presente, y no creernos las milongas de cualquier político que quiere modificar el pasado para beneficio de su propia agenda.

Para concluir, resaltar este último problema: los políticos manipulando un período clave de nuestra historia. Fomentando así la incultura, la envidia, el rencor y la estupidez. Ahora, igual que en la II República y lo que siguió, la culpa la tienen una pandilla de sinvergüenzas, interesados y trepas, convenidos sin ningún tipo de escrúpulo que se dedican a idiotizar a la gente. El problema, como dice Pérez-Reverte, no es que tengamos políticos malvados, sino que tenemos políticos tan rematadamente imbéciles y cegados por su ambición que no son capaces de ver el daño que están haciendo.
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Rogorn
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MensajePublicado: Sab Nov 21, 2015 12:57 pm    Asunto: Responder citando

“La Guerra Civil está resuelta, lo que no está resuelto es España”
Entrevista de Karina Sainz Borgo - vozpopuli.com - 21/11/2015

Todo comenzó hace unos meses, cuando Arturo Pérez-Reverte se topó con un libro de texto escolar. Lo abrió, leyó algunos pasajes. Al llegar al capítulo dedicado a la Guerra Civil se encontró con que Antonio Machado aparecía descrito como un poeta brillante que murió en Francia o que Federico García Lorca había fallecido en la contienda. Así, sin más. Ni rastro de las palabras "exilio" o "fusilamiento". Aquella guerra higiénica, imprecisa y blandorra en la que las palabras oscurecen en lugar de aclarar hizo pensar al novelista y académico, quien decidió escribir una historia de la Guerra Civil contada para jóvenes. Y así lo hizo. El resultado son treinta lecciones que recorren desde las causas políticas que la produjeron hasta la Transición; treinta lecciones con las que, como explica el propio Pérez-Reverte, intenta acercar a los más jóvenes la visión humana de una guerra que sigue siendo desconocida y que de tan políticamente correcta en los manuales de estudio ha terminado por vaciarse de sentido para llenarse con la litrona de la ideología o el garrafón de los buenismos.

Las ilustraciones de Fernando Vicente que acompañan el libro publicado por Alfaguara tienen una belleza extraña: la mujer arrodillada a la que rapan el pelo con una afeitadora un grupo de soldados de la Falange; la cubierta de un buque en el que se hacinan, delgadísimos, hombres y mujeres que huyen; las columnas de fugitivos que atraviesan las carreteras de Extremadura con las tropas de los sublevados y la Legión pisándoles los talones. Que sean hermosas no las despoja de su relato amargo y acre. ¿Realmente está resuelta la Guerra Civil? ¿Cómo se puede estar tan seguro de tal cosa cuando ni siquiera existe un acuerdo sobre el relato que estudiarán los niños en las escuelas? Ante esa pregunta, Pérez-Reverte no duda ni un instante: "La Guerra Civil está zanjada y resuelta, lo que no está resuelto es España, y como no lo hemos conseguido, usamos todo como arma arrojadiza, como trinchera y como campo de batalla: la religión, la memoria, la historia, los tercios de Flandes, Felipe II, la Guerra Civil, el 98".

Anda preocupado Arturo Pérez-Reverte por la educación de los más jóvenes. Hace un año presentó una edición escolar de 'El Quijote' y ahora 'La Guerra Civil contada a los jóvenes' (Alfaguara). Ambas tienen, según él mismo explica, un mismo propósito: servir de puerta de entrada, de iniciación. "A los chicos hay que darles herramientas para distinguir aquello que vale la pena de lo que no. La formación pasa por la cultura y la memoria: por qué somos como somos, de dónde venimos, por qué ha habido una Guerra Civil. Eso es lo que creo y lo defiendo. Por eso me expongo y doy la cara. A veces me atacan, pero sigo haciéndolo, porque creo que tengo razón: hay que dar a los jóvenes elementos para defenderse frente a la estupidez”, dice el escritor.

Pérez-Reverte, el hombre que ha estado en siete guerras como corresponsal; alguien que se hizo reportero a causa de la literatura y decidió regresar a ella como quien recupera un origen; el mismo al que se le da bien la polémica y que no tiene empacho alguno en atizar a quien toque; un académico que llegó al sillón T de los Jerónimos en 2003 y que, no contento con andar bien artillado con esa lengua afilada, ocupa sus ratos libres en armar a sus colegas con pistolas del siglo XIX -Javier Marías es uno de ellos-, un pasatiempo que admite entre carcajadas rasposas, como si a la risa pudiese salirle barba. Pocas veces rehúye Pérez-Reverte un tema, y si es político mucho menos. En esta ocasión sin embargo el autor de 'El capitán Alatriste' y 'La tabla de Flandes' parece no querer entrar al trapo de los telediarios y el Twitter, al menos no hoy, no esta vez.

-Su generación conoció la Guerra Civil española contada por sus testigos, ahora casi todos muertos. ¿Cómo ha cambiado, con respecto al suyo, el relato de la guerra de los jóvenes a quienes dirige este libro?
-Yo nací doce años después de que acabara la Guerra Civil. Mi padre, mi abuelo, mi tío habían hecho la guerra. Toda la gente de mi entorno había participado en ella o la había vivido. La escuché desde pequeño. Era normal hablar en casa de ella. Aquellas cosas del tipo "esto pasó cuando la guerra", "¿te acuerdas cuando no había comida?"… No se comentaba como parte de un trauma, tampoco con rencor o dividiendo las cosas entre vencedores y vencidos, porque vencidos fuimos todos. La guerra era evocada como un recuerdo natural de vida. Igual que hubo una República legítima derrocada por un golpe de Estado ilegítimo, eso es indiscutible, a nivel de la gente de la calle eso no está tan claro. Amigos míos han tenido padres que han estado en zonas de derechas o de izquierdas y que vivieron la guerra donde los pilló. La guerra se vivió de una manera mucho más humana, mucho menos maniquea de lo que la vivieron los políticos y los jefes. Por esa razón el relato que me llegó a mí era natural. Pero esa generación ha desaparecido. Los testigos de la guerra ya no están. Lo que ahora le llega a la gente es una Guerra Civil de segunda mano, que ha pasado por el filtro de los partidos políticos, las ideologías. La guerra hay que leerla humanamente, porque si la lees sólo políticamente caes, otra vez, en los buenos y los malos. Hubo canallas y hubo gente noble. Por eso es importante recuperar ese relato. Y este libro lo que intenta es situar la guerra en el nivel humano.

-En las primeras cinco líneas del libro usted habla de la guerra como aquello que enfrentó a vecinos con vecinos, amigos con amigos. Visto así, la lectura tiende a despolitizarse.
-¡Pero es que yo he visto guerras civiles! He vivido siete como reportero. En Nicaragua vi gente buena en los dos bandos: en el de los guerrilleros y en el gobierno. A los guerrilleros, que eran supuestamente los buenos políticamente, los vi asesinar a muchas personas; humanamente se comportaban como malos. Por eso es tan peligrosa esa división en bandos, porque nos volvemos injustos. Por eso en este libro lo que quiero no es discutir las causas políticas, ésas están muy claras, sino explicar lo fundamental, lo que ignoramos: lo humano de la Guerra Civil.

-Usted lo deja muy claro: el golpe de Estado del 36 es el desencadenante de la guerra. Sin embargo, al explicar el contexto de la España previa a la contienda, las carencias y tensiones hacen pensar que un enfrentamiento parecía inevitable. ¿Realmente lo fue?
-Aquí hay que decir algo: los dos bandos conspiraron contra la República. El alzamiento del 34 fue contra la República y fue la izquierda quien lo hizo. Ni derecha ni izquierda querían una república democrática. Las dos están tirando y en medio pillan a la gente normal, que quiere diálogo, que quiere debatir, que quiere serenidad. España era un país que venía de siglos de atraso social, político, religioso, moral… Para cambiar eso habría hecho falta un siglo, pero se quiso cambiar en tres años. No hubo tiempo para educar ni preparar ni debatir. Saltaron el ejército por un lado, la iglesia por otro, los movimientos extranjeros comunistas y fascistas por otro... No dejaron que la gente buena y razonable, la gente serena de la calle y los políticos moderados se impusieran, sino los extremos.

-Dice que a los jóvenes se les sobreprotege al enseñarles una historia descafeinada y suavizada de la Guerra Civil. ¿Qué ha hecho más daño, las omisiones o las añadiduras?
-Las dos cosas han hecho daño, pero el asunto es que la una lleva a la otra. Cuando a un joven formado y preparado, a quien se le ha explicado qué es la Guerra Civil, se le acerca el manipulador o el radical de turno, el que quiere utilizar el dolor legítimo de los familiares de los que se encuentran en fosas comunes para sacar rentabilidad política, ese joven dice "un momento, no me líe usted". En cambio, cuando un chico no tiene ninguna preparación, hasta un tuit de 140 caracteres ingenioso puede influirlo. Se piensa que olvidando la Guerra Civil protegemos a los jóvenes, cuando en realidad los dejamos indefensos. "Machado fue un poeta que murió en Francia, Lorca murió durante la Guerra Civil". Eso dicen los libros de texto que leen. Y no: Machado tuvo que huir e irse al exilio y murió en Francia y Lorca fue asesinado. Hay que decirlo así para que los jóvenes sean conscientes del horror y el dolor de la Guerra Civil.

-Al escucharle decir que hubo errores entre ambos bandos, uno tendería a pensar que está colocando a republicanos y nacionales en un mismo escalón. Sin embargo, en el libro deja muy clara la naturaleza de los excesos de cada uno.
-No los igualo, por supuesto que no. Políticamente fue una idea fascista y antidemocrática frente a una idea legítima, democrática y noble. Eso está clarísimo. A nivel del pueblo ya no está tan claro. El hecho de haber luchado con los nacionales no convertía necesariamente a alguien en fascista. Hubo quien tuvo que hacerlo porque en su pueblo ganaron los nacionales, o porque lo reclutaron, o para que no mataran a su madre. Lo que sí es verdad es que en ambos bandos se cometieron excesos, en ambos bandos mataron. ¡Pero si a mi abuelo sus propios compañeros quisieron fusilarlo una vez!

-El libro pasa del fin de la guerra al inicio de la Segunda Guerra mundial. Sin embargo, al franquismo lo menciona escasamente.
-Claro que lo menciono, digo que hubo 40 años de un régimen dictatorial.

-Prácticamente lo abrevia para saltar a la Transición y cerrar el libro con ella.
-Esta no es una historia del franquismo contada a los jóvenes, es una historia de la Guerra Civil contada a los jóvenes. He trabajado mucho en este libro, leí y releí muchísimo. Detrás de cada uno de esos párrafos hay como quince folios editados y resumidos. Está muy pensado todo. Y yo lo que quería era contar la Guerra Civil, ése era el objetivo. Quizá [Pérez -Reverte ríe] puedo hacer uno del franquismo dedicado a los jóvenes, pero ese no era el objetivo de este libro. El propósito era contar la Guerra Civil. En el libro incluyo, por ejemplo, un capítulo dedicado a la mujer. Eso es fundamental. Porque si bien no explico el franquismo directamente, explico cómo es la mujer que el franquismo produce. Durante la República, la mujer consigue por fin un estatus digno de persona: libertad de divorcio, libertad de trabajo, mujeres que se dedicaban a la política, que estaban en las Cortes... Se había roto la siniestra herencia de muchos siglos de iglesia, de inquisición, de sacristía y de sujeción a todo. Cuando la mujer parece dueña de su destino, el franquismo la barre con todo. Por eso en la Guerra Civil se ensañan especialmente contra las mujeres. Mujeres libertarias, políticas, periodistas, escritoras, militantes, fueron rapadas, fusiladas, encarceladas, perseguidas, violadas, maltratadas, insultadas. La principal víctima de la Guerra Civil fue la mujer. En esos tres años de guerra y en los 40 años del franquismo perdió todo cuanto había conseguido. Todavía hoy, en el año 2015, la mujer no ha conseguido liberarse de los grilletes que le colocó la guerra civil y el franquismo en las muñecas. Muchos obispos y políticos quieren hoy raparlas como en el 39.

- El libro termina con la Transición como "final feliz"; la restitución de la democracia como desagravio. Sin embargo, a la Transición le salen ahora detractores por todas partes.
-Sí, eso es cierto, pero hay que matizar una cosa muy importante. La transición tiene detractores que no han vivido la transición. Es una generación, la mayor parte de ellos, que no vivió aquellos años. Los que sí, saben perfectamente lo que era. Había que que ver lo que eran los militares entonces, lo difícil que era cualquier cambio, conseguir que el Partido Comunista fuera legalizado, que hubiese libertades ciudadanas y políticas... Visto desde hoy, no se aprecia lo que eso suponía, pero imagina la incertidumbre ante la amenaza de un nuevo golpe de Estado.

-Pero el hecho de que los nuevos actores no puedan o no quieran entender aquellos logros, significa algo. El rechazo del relato de consenso de la Transición es el síntoma de algo. ¿De qué exactamente?
-Eso ya no es asunto mío ni de este libro. Mi misión ha sido contar la Guerra Civil. Ahora bien, lo que digo es que la Transición fue aquello que terminó con el franquismo y que las generaciones de ahora, por no haberla vivido, carecen de elementos para entenderla. Es muy distinto un político de la Transición de uno formado ahora. Pero, como dije, yo no estoy aquí para hablar de la transición sino de la Guerra Civil.

-¿Cree que existe todavía una pulsión franquista en España?
-No. El franquismo ha quedado para los nostálgicos de una ultraderecha radical. Afortunadamente, hasta la derecha reniega del franquismo.

-¿Y la Guerra Civil? ¿Es un tema irresuelto? ¿O acaso desconocido?
-La Guerra Civil está zanjada y resuelta, lo que ocurre es que es desconocida. Historiadores españoles y extranjeros se han dedicado a ella, está analizada, está estudiada. Este libro es el resultado de todos esos que se han escrito en ese proceso. Yo no me he inventado nada. Pero es justamente el desconocimiento lo que hace creer que está irresuelta. Porque en verdad, la Guerra Civil está resuelta, lo que no está resuelto es España, pero eso es otra cosa. Es un problema de siglos, de centralismos, de periferias, de cultura, de educación, de religión, de guerra contra el moro de ocho siglos, Europa… Intervienen muchas cosas.

-Ha dicho que escribió este libro para que no se repitan las condiciones en las que estalló la Guerra Civil. No quiero decir que se repetiría algo como la guerra, pero ¿acaso la España de hoy no está expuesta también a condiciones de enorme presión?
-Una guerra hoy es imposible. Aquella era una España inculta, aislada del mundo, donde la injusticia era tan atroz que era intolerable; el estado del campo y de los obreros era miserable; había una oligarquía cerril dispuesta a no transigir en nada y a recurrir a la fuerza para impedir los cambios. Esas condiciones ya no se dan. Lo que está por resolver es España, y como no hemos conseguido hacerlo, todo se usa como arma arrojadiza, como trinchera y como campo de batalla: la religión, la memoria, la historia, los tercios de Flandes, Felipe II, la Guerra Civil, el 98, pero es porque el problema es España.

-Dependiendo de qué tipo de arma salen unos más perjudicados que otros.
-Un arma arrojadiza es peligrosa cuando al que se la arrojan no sabe qué es lo que está recibiendo. El peligro es la ignorancia y la incultura.

-¿Está usted de acuerdo con la versión de que en la Transición comienza una versión despolitizada de lo que pasó? ¿Fueron aquellos los años de "Franco no fue tan malo"?
-No. Eso es simplificarlo. Siempre se dijo que Franco fue malo. Nadie discutió eso en la Transición.

-Me refiero a la elaboración de un discurso al respecto.
-Esto tiene muchas ramificaciones. Podríamos estar hablando de veinte mil facetas del problema, pero la medular para mí radica en el hecho de que desde la Transición se ha querido borrar la Guerra Civil de la memoria de las generaciones jóvenes, pero no se ha conseguido. Entonces, ni se ha conseguido el objetivo, y además se ha vaciado a los jóvenes de memoria. Esa ignorancia es peligrosa, porque produce cosas del tipo "tu abuelo luchó con los nacionales, entonces es un hijo de puta" o "mi abuelo fue rojo". El que no tiene formación se ve sometido a esas tensiones perversas de la política actual. Este libro busca convertirse en una puerta que dirija a los jóvenes a otros libros.

-Pero si en los últimos diez o quince años se han editado más libros o películas de la Guerra Civil que de cualquier otro tema. No será una cuestión de falta de vocación para abordarla.
-No existe una sola película sobre la Guerra Civil, ni de antes ni de ahora, que sea satisfactoria. Y sobre los libros que se están publicando, los leen muy pocos. Primero hay que crear al interés por leerlos.

-Sus últimos libros, la versión escolar de 'El Quijote' y éste, tienen una abierta vocación escolar. Anda usted muy preocupado por la formación de los jóvenes
-El espíritu de ambos libros es el mismo: acercar a los chicos a los libros. Yo no pretendía reescribir 'El Quijote', ni mucho menos. Lo mismo este libro, sólo pretendo que sea una puerta a la Guerra Civil. Estoy convencido que un chico no motivado, sin interés ni formación es más vulnerable. Internet es una herramienta potentísima, pero que no jerarquiza, que no selecciona. A los chicos hay que darles herramientas para distinguir aquello que vale la pena de lo que no y formación pasa por la cultura y la memoria: por qué somos como somos, de dónde venimos, por qué ha habido una Guerra Civil... Eso es lo que creo y lo defiendo. Por eso me expongo y doy la cara. A veces me atacan, pero sigo haciéndolo, porque creo que tengo razón: hay que dar a los jóvenes elementos para defenderse frente a la estupidez, la ignorancia, el fanatismo y la barbarie y solamente pueden protegerse con cultura, y con memoria, y con libros.

-La falta de la lectura nos ha desprovisto de relatos, incluso épicos. ¿Hoy faltan héroes en nuestros relatos colectivos? ¿Tenemos relato?
-El relato épico es necesario, pero si no hay una formación previa ese relato te puede confundir. Sólo la cultura puede conseguir que la épica no te vuelva loco.

-¿Qué líder político actual le parece que tiene épica?
-¿De verdad quieres que te responda?... Desde luego, épica no veo en ninguno. Pero no voy a entrar ahí, porque estamos hablando de la Guerra Civil contada a los jóvenes. Cuando vengan las elecciones hablaremos de eso.

-Se lo planteo de otra forma: ¿faltan grandes relatos en el quehacer político?
-Lo que falta es cultura. El problema fundamental en España es un problema de conocimiento, de debate intelectual, de memoria. Es un problema de élites, en el buen sentido de la palabra: élites que planteen debates importantes, que despierten conciencias. Fue un problema antes y sigue siendo ahora: falta cultura.

-El periodismo sería el vehículo ideal. ¿Cómo siente que se ha comportado el periodismo en esa tarea?
-Con todos sus defectos, que son muchos, el periodismo es nuestra única garantía de libertad. Es lo único a lo que le tienen miedo los políticos.

-Comenzamos hablando de una guerra, una que ocurrió hace ya 80 años, toca cerrar con otra. La que vivimos hoy, que parece cotidiana, permanente. Usted que ha estado en siete, que las conoce, ¿cómo es la guerra de hoy?
-Es otra guerra. Lo que ocurre es que ahora el ser humano es peor que antes. Lo que tenía que habernos hecho mejores (la televisión, internet) nos ha hecho peores. Antes, el ser humano tenía una ingenuidad moral que lo hacía amable y adorable, incluso en sus errores. Los medios, la televisión e Internet han trabajado en el lado oscuro del hombre: se ha vuelto más cruel cuando es cruel, más vil cuando es vil, más cobarde cuando es cobarde, más fanático cuando es fanático. Nuestros padres y nuestros abuelos eran mejores que nosotros.
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MensajePublicado: Dom Nov 22, 2015 11:11 am    Asunto: Responder citando

Contra amnesia
Jorge F Hernández - elpais.com - 20/11/2015

Arturo Pérez-Reverte se ha lanzado a la difícil —mas no imposible— tarea de salvar del olvido las páginas más dolorosas de la historia reciente de España y al hacerlo ha cuajado un libro que hacía falta. Ilustrado magistralmente por Fernando Vicente y publicado bajo el sello de Alfaguara, 'La Guerra Civil contada a los jóvenes' es un libro que contribuye indudable y necesariamente a la evaporación de esa necia ignorancia con la que toda una generación desconoce los tiempos no tan lejanos de sus abuelos o bisabuelos, las razones y sinrazones, la valentía y el heroísmo, la descarnada violencia y las confusiones sangrientas de todos los bandos que ensombrecieron el paisaje y el alma de España hace casi ochenta años.

Con párrafos precisos, cortos para la lectura de una generación que se comunica más por mensajes electrónicos y emoticones que con páginas en papel, Pérez-Reverte confeccionó un mapa de capítulos breves —cada uno ilustrado por Fernando Vicente a la manera de los viejos carteles que lo decían todo sin palabras— y todo eso acompañado por un glosario de términos y abreviaturas (de esas que siempre se mientan al mentar la Guerra Civil y que muchos ya ni recuerdan su significado), cuatro mapas de España (donde la llamada piel de toro muestra los colores cambiantes de su territorio a lo largo y ancho de los tres años del conflicto) y una útil cronología que debería ser la guía de llegar a considerarse este libro como lo que merece: una lectura obligatoria en los colegios, pero también en los hogares donde no se habla de la Guerra Civil porque simplemente no se sabe nada o casi nada de ella. Además, es un libro que deberá abrir las compuertas de la curiosidad de los jóvenes lectores como invitación a la lectura de cualesquiera de los otros muchos libros, abundante bibliografía que se ocupa de esa dolorosa cicatriz… pero quizá ahora mejor contextualizada por el ánimo que ha sabido imprimir aquí Pérez-Reverte: hablar del pretérito de forma puntual, escueta, rigurosa en la fundamentación de lo que se dice y objetiva en el sentido con el que se habla de las muchas caras que mostraban los bandos en conflicto.

Lejos del lugar común, de las leyendas de sobremesa, de las interpretaciones al vapor, 'La Guerra Civil contada a los jóvenes' es una voz sosegada en medio de la tertulia de los gritos con los que inundan las televisiones, esa voz que en medio del ruido de las tazas y platos de la cocina de pronto narra con la calma que da el saber el hilo del tiempo, la constancia de los hechos, desvelando las conjeturas y las mentiras, ubicando los nombres propios y lo sitios geográficos en ese mantel donde todo cae por su propio peso.
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MensajePublicado: Jue Nov 26, 2015 4:59 pm    Asunto: Responder citando

Lecciones ilustradas de la Guerra Civil
Pablo Delgado - abc.es - 26/11/2015

Guerra: palabra que viene del germánico "werra", que significa pelea, discordia. Es una desavenencia y rompimiento de la paz entre dos o más potencias. Es la lucha armada entre dos o más naciones o entre bandos de una misma nación. Pugna entre personas. Lucha o combate, aunque sea en sentido moral. Oposición de una cosa con otra. Estas son las definiciones que encontramos en el diccionario de la Real Academia Española, de una acción provocada por el hombre con un resultado final de muerte, vencedores y vencidos, desolación y tristeza. Un término que por desgracia humana e incultura generalizada lleva a los hombres a la más desoladora de todas las acciones que puede crear, que es a exterminase mutuamente ya sea por religión, ideología o afán de conquista.

En España, en 2016 se cumplirán 80 años del comienzo de esta desoladora tragedia que lo único que generó en el pueblo español fue muerte. Ocasión especial, por cifra redonda, de hacer reflexión sobre aquel acontecimiento, por ser parte de nuestra historia y para que jamás se vuelva a repetir. La guerra que comenzó en 1936 y terminó en 1939 no fue la única que ha sufrido nuestro país, pero sí de las más devastadoras. Por ello es muy importante que los jóvenes conozcan la historia de su país para saber que pasó y tomen buena nota de ello para, como decía anteriormente, no se vuelva a repetir, porque la principal lacra de una sociedad es su incultura, y a esto hay que hacerle frente y llegar a estos jóvenes de la mejor manera, de forma sencilla y eficaz.

Alfaguara edita este mes de noviembre que llega a su fin 'La Guerra Civil contada a los jóvenes', escrita por Arturo Pérez-Reverte, uno de los autores actuales de referencia de nuestras letras, que no necesita presentación, por su fama consagrada, e ilustrada por el artista/ilustrador Fernando Vicente. La obra como pintor de Fernando Vicente se caracteriza por la presencia constante de la figura humana combinada con otros elementos que el autor ha ido coleccionando a lo largo de su vida. Publica asiduamente en diarios y diversos suplementos, gracias a este trabajo ha ganado tres premios Award of Excellence de la Society for News Design, además de una dilatada carrera en el diseño editorial. La técnica que suele emplear es el acrílico, cambiando únicamente el soporte, en este caso utiliza el papel. Una obra en la que se cuenta de manera cronológica y muy breve desde la neutralidad y la objetividad este acontecimiento que afectó al pueblo español y sobre todo a los más débiles:

«Hace casi ochenta años, entre 1936 y 1939, en tiempos de nuestros abuelos y bisabuelos, una espantosa guerra civil tuvo lugar en España. Causó miles de muertos, destruyó hogares, arruinó el país y llevó a mucha gente al exilio. Para evitar que tan desoladora tragedia vuelva a repetirse nunca, es conveniente recordar cómo ocurrió. Así, de aquella desgracia podrán extraerse conclusiones útiles sobre la paz y la convivencia que jamás se deben perder. Lecciones terribles que nunca debemos olvidar.»

Este libro no será una obra de referencia que sirva de consulta para documentarse sobre la guerra. Hay que enfocarlo desde una perspectiva sencilla, fácil de comprender y el quid de la cuestión y la esencia de la obra de Pérez-Reverte, es que quién lea estos textos, ya sea joven o no, le abra las puertas de otros libros de historia e indague más en ello, para que así adquiera una visión global y reflexiva sobre la maldita guerra. Como dice el autor “no pretendo sustituir los libros de historia, al contrario. Quiero estimular para que estos se lean”.

Para ilustrar ese tiempo y mostrarnos lo invisible de un acontecimiento pasado que solo se puede recordar a través de ilustraciones, fotografías, películas y textos, Fernando Vicente nos traslada de forma magistral y visual a determinadas escenas de esos años. Dibuja el horror y la tragedia con sobriedad sin caer en el tenebrismo que transmite ese acontecimiento. Con un estilo personal muy definido, Fernando Vicente ilustra los textos de Pérez-Reverte ofreciendo una luz con matices sepias y colores apagados, con grises azulados, empleando principalmente unas línea rectas y severas que consiguen un gran potencial expresivo, contrastadas en su justa medida, porque el actor principal de todas las ilustraciones es ese contraste del color sepia, el gris azulado y la vibración del rojo, que transmite una sensación alegórica del momento representado. Unas ilustraciones unificadas en el dibujo que hacen que percibamos la página como un todo en vez de fijarnos en sus componentes individuales, dichas ilustraciones están impresas a sangre cubriendo la página por completo y abriendo así, un mundo de posibilidades que será tratado y cubierto por el lector.

En definitiva, es un gran trabajo, que ha partido por iniciativa de la editorial, en el que son juntados dos narradores por excelencia de nuestro país; un narrador con palabras como es Pérez-Reverte con un narrador visual como es Fernando Vicente. El resultado es una obra bien ejecutada y editada en el que se cuida el detalle y los acabados tanto en los textos breves como en las ilustraciones, pudiendo así disfrutar de este trabajo, que se merece un respeto y un reconocimiento a los autores.

Además hasta el 8 de diciembre de este año en el Museo ABC se puede ver la muestra que reúne 32 originales que el ilustrador madrileño ha realizado para el libro que, con el mismo título, se acaba de publicar.
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MensajePublicado: Sab Nov 28, 2015 11:26 am    Asunto: Responder citando

La memoria histórica vacía
Leo Pérez - lacuevadelerizo.com - 27/11/2015

Hablamos de Memoria Histórica. Hablamos durante décadas, y lo seguiremos haciendo. Al fin y al cabo, recordar es necesario. No olvidar lo que sucedió, o al menos no olvidar a los que quedaron en silencio. Recordarles por encima de todo, porque sus nombres y apellidos han quedado perdidos en los caminos, en las fosas, bajo un cielo teñido del humo de las bombas o sobre la tierra mientras un cuchillo atravesaba la piel. Hablamos de Memoria Histórica. Lo hacemos, pero no debiera ser de esta manera.

Hay una palabra que puede sobrevolar esta obra: atrevimiento. Por un lado, una especie de valor a la hora de querer acercar a los más jóvenes –a los que se les presupone, de forma en ocasiones errónea, una desafección por la Historia de este país– lo que sucedió en la Guerra Civil. Por otro lado, esa especie de creencia en la que yo, y no otro, es quien puede contar como nadie, y de una forma clara y concisa, lo necesario para entender aquel conflicto. El primero es de agradecer, el segundo muestra un sentimiento innecesario de mirarse al ombligo. Arturo Pérez-Reverte decide meterse en estas lides, y cuando uno termina de leer aquello que se ha creado para la ocasión, el lector ve cómo lo fragmentario se convierte en palabra escrita, cómo las implicaciones políticas abandonan el escenario o cómo, si nos quisiéramos ir a un extremo mucho más suspicaz, intentar hacer una fotografía general de la Historia se convierte en una imagen desenfocada y, por añadidura, completamente borrosa de todos aquellos acontecimientos que surgieron y terminaron por romper en dos –o en muchos más trozos– a todo un país.

Si viéramos 'La Guerra Civil contada a los jóvenes' como un objeto, como algo físico que tocamos y observamos, sin duda alguna estamos ante una edición muy cuidada. Las ilustraciones de Fernando Vicente logran trasladarnos a esa angustia y lágrimas que poblaron un conflicto donde perdedores y vencidos caminaban entre luces y sombras. Si miráramos la última creación de Arturo Pérez-Reverte como un texto para informarnos y conocer los entresijos de algo tan importante para la Historia –y el recuerdo– de este país, es muy posible que nos sintiéramos como en un libro de texto al que le faltan páginas y que, más allá de unos pequeños detalles, la Guerra se convirtiera en otra guerra que nos deja con ciertas dudas. ¿Era necesario? ¿No podría haberse hecho de mejor manera? ¿Da lo que propone? Y, en última instancia, ¿si esto es la Memoria Histórica, es que nos hemos olvidado todos de lo que realmente importa?

Decía al principio que hablábamos de Memoria Histórica, pero no se hace bien. En 'La Guerra Civil contada a los jóvenes', no. Porque cuando se trata de echar la vista atrás, de acercar a los jóvenes a un conflicto como éste, de enfrentarles con un pasado que no han conocido, debe hacerse con la intención de mostrar, de enfocar, de recordar y no simplemente parecerlo.
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MensajePublicado: Mar Dic 01, 2015 7:35 pm    Asunto: Responder citando

La guerra civil contada a los jóvenes
Alejandra Rodríguez Bueno - unagimagazine.com - 01/12/2015

Esta semana voy a reseñaros el último libro de Arturo Pérez-Reverte, que ha sido publicado en este mes de noviembre: 'La guerra civil contada a los jóvenes'. Dado que nuestra generación y la siguiente (todos los que hemos nacido del 85-90 en adelante), obviamente no hemos vivido el acontecimiento, dependemos de la información que nos llega de ese conflicto a través de terceros que, en la mayoría de los casos, ni siquiera aportan información de primera mano. Los que nacieron en los 60-70 contaban con abuelos que habían luchado en la guerra o, al menos, sufrido sus rigores a una edad madura; también tenían unos padres nacidos en los años de posguerra que podían contar de primera mano detalles de la guerra y sus terribles consecuencias. Nosotros, ni siquiera eso: nuestros padres, tíos… nacieron después del conflicto y solo pueden transmitirnos lo que a ellos les han contado. Otra vía para obtener información es a través de los medios de comunicación (prensa, televisión, documentales…) libros, etc. que también nos dan su particular visión.

¿Qué tienen todas esas visiones en común? Una sola cosa, que se ve a la legua: que no son imparciales. Cada cual habla de la guerra civil según su afiliación política o su visión particular. Cada cual tiene su propia lectura de los hechos. Por eso, yo creo que lo que se ha propuesto Perez-Reverte con este libro está la mar de bien: dar una visión imparcial, sin ponerse de parte de nadie. Así lo indica la sinopsis del libro que ofrece su editor: "Hace casi ochenta años, entre 1936 y 1939, en tiempos de nuestros abuelos y bisabuelos, una espantosa guerra civil tuvo lugar en España. Causó miles de muertos, destruyó hogares, arruinó el país y llevó a mucha gente al exilio. Para evitar que tan desoladora tragedia vuelva a repetirse nunca, es conveniente recordar cómo ocurrió. Así, de aquella desgracia podrán extraerse conclusiones útiles sobre la paz y la convivencia que jamás se deben perder. Lecciones terribles que nunca debemos olvidar".

Con esas premisas, cuando el libro cayó en mis manos pensé: “Arturo quiere que nuestros jóvenes tengan ideas propias sobre la guerra sin influir en ellos, exponiendo hechos y dejando que ellos, con su sentido crítico los valoren y aprendan de los errores cometidos”. Y sin más, me zambullí a la lectura: el texto es escueto, fácil de leer y claramente enfocado a un lector juvenil, con capítulos breves y directos. Se lee de un tirón. A mi modo de ver, lo más impresionante son las preciosas ilustraciones de Fernando Vicente, llenas de realismo, crueldad y con unas perspectivas fantásticas. Si queréis verlas de primera mano, están expuestas en el Museo ABC de Madrid.

Cuando terminé con el libro el sabor que me dejó fue un poco agridulce. No se si será debido a que leo con más frecuencia otro tipo de libros, pero me dio la sensación que se trataba de una obra un poco insípida, tal vez por lo concreto y directo que quiere ser el autor. A mi modo de ver, Arturo Pérez-Reverte ha dejado de lado su faceta de escritor y ha sacado la de periodista de guerra que durante tanto tiempo desempeñó. Lo hace muy bien, pero le falta la garra del Pérez-Reverte novelista y si no fuera por las ilustraciones y la cuidada maquetación del libro, a veces parece que estás leyendo un artículo periodístico. Además, a la hora de exponer el tema, detalla mucho todo lo relacionado con la guerra civil, pero pasa de puntillas sobre la dictadura y, de pronto, aparece en la democracia. No sé, no me acaba de gustar esa forma de exposición. ¿Mi opinión? Que es un libro recomendable por lo que cuenta, por el enfoque con que lo hace y por su intención, así como por sus espectaculares ilustraciones; pero tengo que advertiros que si lo que buscáis es encontrar la maravillosa prosa del Pérez-Reverte novelista, este no es vuestro libro.
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Ada
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MensajePublicado: Vie Dic 04, 2015 9:25 am    Asunto: Responder citando

Fernando Vicente: «No es preciso saber dibujar si tienes una buena idea que contar»
Pablo Delgado - abc.es - 03/12/2015

Ilustrador madrileño nacido en 1963, Fernando Vicente, de formación autodidacta, trabaja siempre de pie, frente a un gran caballete. Lleva más de 30 años ilustrando libros, artículos en prensa; portadista y cartelista, representa una iconografía visual diferenciadora en nuestro país, con un estilo marcado y definido. A través de colores intensos con matices pastel, extrae de las palabras lo invisible que no vemos en ellas por medio del acrílico, cambiando únicamente el soporte, del papel al lienzo y del lienzo al papel.

Sus primeros trabajos como ilustrador aparecieron en la primera mitad de la década de los ochenta, en plena Movida madrileña, donde publicaría de forma continuada tanto en el ámbito de la ilustración como de la historieta. Desde 1999 hasta la actualidad publica asiduamente en diversos suplementos del panorama periodístico. También ha realizado trabajos en diversas revistas. Gracias a este trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones con los premios más reconocidos del sector editorial. Además, participa en multitud de exposiciones, tanto colectivas como individuales, en las que se puede ver su trabajo de manera conjunta teniendo una visión global de este gran ilustrador/pintor de nuestro tiempo.

-¿Cómo llegó a convertirse en pintor/ilustrador?
-Imagino que es lo que siempre quise ser. Digamos que es la consecuencia de un sueño infantil. Desde muy pequeño quise dedicarme a esto.

-¿Qué es para usted ilustrar y pintar?
-Son dos facetas cercanas pero distintas. Cuando ilustro estoy iluminando un texto de alguien. Casi todas las ilustraciones se basan en un texto, salvo excepciones, como puede ser un cartel, como el de la Feria del libro de Madrid de este año. En cambio, la pintura es más un trabajo de introspección, y el cliente no es una editorial, sino tú mismo.

-Sus primeros trabajos como ilustrador aparecieron en plena Movida madrileña, en las revistas 'Madriz' y 'La luna de Madrid'. Cuéntenos, ¿cómo fue ese periodo a nivel creativo?
-Deberíamos empezar a pensar que la ilustración es un arte, ya que hemos entrado en los museos. Como se ha dicho muchas veces, fue un momento de una ebullición cultural enorme. Yo lo viví siendo muy joven, y en ese momento no te lo planteas. Es más: que sea así es lo lógico. Con el tiempo ves que fueron unas circunstancia y un momento irrepetible.

-¿Cómo es el estudio de Fernando Vicente?
-Pequeño y recoleto. Es un lugar abarrotado de cosas, donde voy a pasármelo bien.

-¿Cuáles son sus fuentes de inspiración e influencia? ¿Tiene ilustradores de referencia?
-Vienen de muchos campos, del cine, el arte, la música… En cuanto a los ilustradores, son demasiados nombres, pero me apasiona el trabajo de los americanos de las décadas de los 50 y 60, por ejemplo, Dean Cornwell.

-Tiene un estilo muy definido, de gran alcance visual y de altos contrastes cromáticos, que se ha calificado de onírico. ¿Cómo surgió de sus pinceles?
-Onírico, no sé. Si que es cierto que trato de contar algo más en cada dibujo. También hay quien dice que son muy narrativos, y me gusta si puedo introducir algún elemento surrealista, algo que no te esperes.

-¿Qué requisitos considera necesarios para ser un buen ilustrador?
-Hace años que te habría dicho que saber dibujar, pero cada día las nuevas generaciones demuestran que no es tan necesario si tienes algo que contar.

-Cuando empieza un proyecto nuevo, ¿cómo lo afronta?
-Si es una única ilustración, lo primero es «parir» la idea; si hay un texto, generalmente esta surge con una primera lectura. Si el encargo es un libro, el proceso es mucho más largo. Me gusta mucho documentarme y pienso cómo voy abordar ese texto con «collage», blanco y negro, bitono, punto de vista…

-¿Cree que la ilustración es una parte fundamental de nuestra cultura, que ayuda a moldear y entender el entorno que nos rodea?
-Sí. Una más. Yo, que llevo mas de 30 años en esto, creo que el momento que hoy vive la ilustración es formidable. Esta muy valorada en la actualidad. Los ilustradores no tendríamos que tener queja en este sentido.

-¿Es arte la ilustración?
-Es una vieja polémica. Deberíamos empezar a pensar que sí. Ya hemos entrado en los museos. No hay más que ver la exposición antológica de Norman Rockwell en el Museo Whitney.

-¿En donde podemos encontrar la belleza de una ilustración?
-Más en la idea y en lo acertado de la misma con respecto al texto que en la realización, aunque a mí me gusta cuidar ambas cosas.

-¿Hay diferencia entre pintar o ilustrar?
-Para mí, no. Soy un ilustrador de caballete. Cambio el lienzo por el papel y todo lo pinto con acrílico, por lo que he ido simplificando mucho el trabajo. Aunque, conceptualmente, sí, por supuesto.

-Al realizar una obra, ya sea pintura o ilustración, ¿cuándo la da por terminada?
-Siempre apuras hasta el momento de la entrega, por si puedes mejorar algo, pero hay una especie de instinto que te dice «¡para ya!».

-¿Qué hace grande a una ilustración en particular? ¿Qué debe tener para alcanzar la excelencia precisa?
-Es una mezcla de varios factores: la idea, la capacidad de síntesis y, en mi caso, yo también tengo muy en cuenta la realización.

-¿Qué experiencias quiere transmitir al observador con sus pinturas e ilustraciones?
-Generalmente, no pienso mucho en él. Pienso más en sorprenderme a mí mismo.

-¿Con qué encargos o trabajos se siente más cómodo?
-Con los libros, porque es un trabajo que te permite detenerte más en su lectura y, como he dicho antes, documentarte y profundizar más en el texto que en una tribuna de opinión. Y también me interesa mucho el mundo del cartel, en el que tienes que contar mucho en muy poco.

-Publica asiduamente en medios impresos. ¿Cómo afronta el proceso de ilustrar un texto relacionado con la actualidad?
-En mi trabajo me gusta, si puedo, introducir algún elemento surrealista, algo que no te esperes
En una tribuna de opinión siempre trato de respetar el texto del columnista, pues ese espacio, en primer lugar, es suyo, aunque nosotros tenemos también una pequeña ventana para expresar nuestra opinión, esté o no de acuerdo con el articulista, pero siempre desde el respeto. En opinión, hay muchos temas que, como ciudadano, no te habías detenido a valorar y que tu trabajo de dibujante te obliga a ello. Básicamente, el problema de la tribuna de opinión es la escasez de tiempo que tienes que parir rápidamente la idea.

-¿Cuánto tiempo suele llevarle realizar estas ilustraciones?
-Máximo un día. A veces, horas. Y muchas veces el texto no está escrito, sino que lo están escribiendo mientras tú trabajas.

-El periodismo lleva años arrastrando una gran crisis de formato e identidad. ¿Le ha afectado laboralmente?
-Mientras sigan existiendo los periódicos existirá la necesidad de fotos e ilustraciones. Otra cosa son los precios. Las tarifas llevan congeladas años y han bajado con la crisis, sin contar que por las ilustraciones que salen en digital no se cobra nada.

-Entre sus trabajos, realiza ilustración para portadas de libros. ¿Cómo es ese otro proceso? ¿Tiene total libertad para dibujar?
-Generalmente sí. A veces la editorial tiene una idea de partida o te dan una sinopsis de la novela, pero en muchas ocasiones he tenido que leerme el libro para hacer la portada.

-¿Qué función tiene la ilustración dentro del diseño del libro?
-Si está en la portada, es fundamental para captar la atención del lector y venderlo.

-¿Qué opina del sector editorial y el diseño en España? ¿Qué editoriales cree que destacan más en este cometido?
-Ahora ha sufrido cambios muy importantes por las fusiones de las grandes editoriales, lo que ha hecho que el mercado quede reducido a dos o tres grandes empresas. Sin embargo, han surgido muchas editoriales pequeñas, con proyectos muy interesantes y con mucho empuje, como Nórdica Libros, Reino de Cordelia o Paginas de Espuma, que además están apostando por el libro ilustrado para adultos.

-Háblenos del último proyecto que ha realizado junto al escritor Arturo Pérez-Reverte, 'La guerra civil contada a los jóvenes', editada por Alfaguara.
-La idea del libro le surge a Arturo Pérez-Reverte al leer un texto escolar en el que no se aclara por qué Machado se exilia y muere en Francia. Realmente, a las nuevas generaciones se les está escatimando información sobre nuestra Historia. Arturo y yo hicimos hace unos años un libro infantil, 'El pequeño hoplita', de la colección 'Mi primer…', en Alfaguara, que fue un éxito. En esta ocasión, él también ha querido contar conmigo. Algo que yo le agradezco.

-¿Cómo ha sido esa relación entre los dos?
-Él me paso un bruto de los textos, y luego en diversas reuniones hemos ido abordando cada uno de los capítulos, aunque he de decir que he tenido libertad total de creación para cada una de las imágenes.

-Es un libro con una estructura narrativa breve y concisa que habla de forma genérica de ese acontecimiento desastroso de la Historia de nuestro país. ¿Se conciben las ilustraciones de forma individualizada para acompañar los textos o deben tener un sentido del ritmo narrativo?
-Sí. Son ilustraciones hechas para ilustrar los capítulos, en algunos casos, con una alegoría o elipsis.

-Fritz Kahn explicó el funcionamiento de nuestro cuerpo mediante dibujos que imitaban la actividad de una fábrica. La serie de pinturas que ha realizado de 'Venus', 'Vanitas' y 'Anatomías', ¿están inspiradas en su trabajo?
-No. En absoluto. Yo lo he descubierto más tarde, y su trabajo, lógicamente, me encanta. Tengo una primera exposición de 'Anatomías' pintada sobre carteles de mecánicas de taller que data del año 2000, y no es hasta el año pasado que la editorial Tachen publica el libro de Fritz Kahn y donde todos lo descubrimos. Siempre he sido un amante de la anatomía y llevo muchos años coleccionando atlas y laminas anatómicas, en los que baso mi trabajo.

-¿Tiene un libro de los que haya ilustrado del que se sienta más orgulloso?
-Estoy especialmente orgulloso del 'Drácula' de Bram Stoker que Reino de Cordelia editó en 2014.
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MensajePublicado: Sab Dic 05, 2015 12:18 pm    Asunto: Responder citando

Gracias Rogorn, gracias Ada. Menudo trabajo de recopilación.

Todavía no la tengo. A ver si lo enmiendo.

Un saludo.
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Rogorn
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MensajePublicado: Mar Dic 08, 2015 4:11 pm    Asunto: Responder citando

Reseña de 'La guerra civil contada a los jóvenes', de Arturo Pérez-Reverte
francisco Javier Palacios Pérez - fjp.es - 08/12/2015

De Arturo Pérez-​​Reverte es de los pocos que me fia­ría para con­tarme una his­to­ria así; que aún hoy, des­pués de tan­tí­si­mos años, se cuenta ses­gada y de forma par­cial incli­nán­dose a tachar de bue­nos o malos a unos u otros depen­diendo de la incli­na­ción ideo­ló­gica de aquel que la cuenta. Y de este señor, si algo se puede tener claro, es que cual­quier cosa que escriba es impo­si­ble hacerlo de forma más impar­cial; quie­nes hayan seguido sus colum­nas o sus agra­da­bles char­las los domin­gos en Twit­ter desde el «bar de Lola» podrán dar fe de ello.

Es un libro de his­to­ria con todas las de la ley; en el que se abarca desde un poco antes de empe­zar la gue­rra civil, para que se vea qué suce­dió para dar lugar a la terri­ble gue­rra civil; en pala­bras de Reverte, que comparto: "Todas las gue­rras son malas, pero la gue­rra civil es la peor de todas, pues enfrenta al amigo con el amigo, al vecino con el vecino, al her­mano con­tra el hermano."

Es un texto corto, sin dema­siada pro­fun­di­dad, pero hay que tener en cuenta a qué público va obje­ti­va­mente diri­gido este libro: a los jóve­nes, que gene­ra­li­zando más de la cuenta, no sue­len tener espe­cial pre­di­lec­ción por la lite­ra­tura, y menos toda­vía por un libro de his­to­ria. A cada capí­tulo le acom­paña una bri­llante ilus­tra­ción que con­se­guirá toda­vía más si cabe, hacer más amena la lectura. Al fina­li­zar el libro nos encon­tra­mos con unas pági­nas fina­les que pre­ten­den ayu­dar­nos a rete­ner en nues­tra mente con­cep­tos clave impor­tan­tes: en pri­mer lugar hay un esquema, tam­bién con ilus­tra­cio­nes, de los uni­for­mes más repre­sen­ta­ti­vos de ambos ban­dos y sus alia­dos, para que sepa­mos iden­ti­fi­car­los tanto en estas ilus­tra­cio­nes como en foto­gra­fías reales que poda­mos encon­trar en inter­net o en otros libros his­tó­ri­cos; des­pués le sigue un glo­sa­rio de tér­mi­nos uti­li­za­dos con su res­pec­tiva defi­ni­ción para que poda­mos ampliar nues­tros cono­ci­mien­tos; le sigue un lis­tado de momen­tos clave orga­ni­za­dos por años y meses donde podre­mos ave­ri­guar de un sim­ple vis­tazo las bata­lla y per­so­na­jes más impor­tan­tes de cada frag­mento de la his­to­ria; y, por último, nos encon­tra­mos cua­tro mapas de España —julio de 1936, octu­bre de 1937, julio de 1938 y febrero de 1939— divi­diendo el país en dos zonas, una en rojo repre­sen­tando al bando repu­bli­cano, y la otra en azul repre­sen­tando al bando fran­quista, en los que se puede ir viendo a lo largo de los meses la evo­lu­ción del terri­to­rio per­te­ne­ciente a cada uno de los bandos.

En cuanto a la edi­ción del libro es una mara­vi­lla; se le nota un espe­cial cui­dado en los deta­lles. El papel tiene un efecto anti­guo pre­cioso; los núme­ros de página, y tam­bién las par­tes fina­les del libro y algu­nas pala­bras clave, vie­nen con dis­tinta fuente imi­tando a la tipo­gra­fía de las máqui­nas de escri­bir. Me encan­tan las ilus­tra­cio­nes en gene­ral, pero creo que éstas, de Fer­nando Vicente, están espe­cial­mente con­se­gui­das, y más teniendo en cuenta la clase de ilus­tra­cio­nes que son, el periodo his­tó­rico que tocan, y el cui­dado que ha de lle­varse con ellas para no herir la sen­si­bi­li­dad de nadie.

En pala­bras del pro­pio autor, hay que uti­li­zar este libro como «puente» hacia la his­to­ria de la gue­rra civil, tomán­dolo como refe­ren­cia y punto de par­tida obje­tivo, para pos­te­rior­mente enfren­tarse a lec­tu­ras un poco más den­sas que nos apor­ten deta­lles rele­van­tes que, pre­ci­sa­mente por que­rer hacer esta obra lo más breve, con­cisa y directa posi­ble, pro­cu­rando ser del agrado de la mayo­ría de su público obje­tivo, se han nom­brado de forma dema­siado super­fi­cial. Ante la pre­gunta de uno de los segui­do­res de Pérez-​​Reverte en Twit­ter sobre con qué libro con­ti­nuar y ahon­dar un poco más a fondo sobre la gue­rra civil espa­ñola, éste con­testó con la reco­men­da­ción del libro 'Una his­to­ria de la gue­rra civil que no va a gus­tar a nadie', de Juan Eslava Galán. Así que queda ano­tado en mi lista de libros pen­dien­tes, y espero que a quien interese espe­cial­mente esta parte tan oscura de nues­tra his­to­ria haga lo mismo que yo.
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Ada
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MensajePublicado: Vie Dic 11, 2015 10:52 am    Asunto: Responder citando

http://www.papeldetintanegra.com/2015/12/la-guerra-civil-contada-los-jovenes-de.html

LA GUERRA CIVIL CONTADA A LOS JÓVENES, DE ARTURO PÉREZ-REVERTE

La Guerra Civil española contada de forma escueta, objetiva y rigurosa, sin clichés partidarios ni etiquetas fáciles, en textos de Arturo Pérez-Reverte e ilustrada por Fernando Vicente

Opinión personal:
Pérez-Reverte vuelve un año más por estas fechas para traernos, en esta ocasión, un resumen para jóvenes sobre la Guerra Civil Española. Este cortísimo volumen tiene como fin conocer una de las épocas más oscuras de nuestra historia. Las ilustraciones son un gran punto a favor, casi el único, del volumen donde podemos maravillarnos con el talento del autor.

Las páginas pasan rápido ya que debido a la cantidad ínfima de texto hace que se termine en , no más, de media hora. Eso no quita que de ciertos detalles que, generalmente, no son tan conocidos como algunas de las tácticas republicanas en la guerra y los actos cometidos por sus militantes. Poco más se puede decir de esta obra que no se encontrará entre las mejores ni te acordarás de ella más allá de las fiestas navideñas
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El_Curioso_Impertinente
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MensajePublicado: Dom Dic 20, 2015 9:10 pm    Asunto: Responder citando

Lo he hojeado y no sé qué pensar. Será porque no soy joven, sobre la Guerra Civil he leído bastante y no todo bueno, y me temo que cualquier cosa que se escriba se puede etiquetar de pro-rojos, pro-facha y equidistante que no se moja. Un libro para explicar la Guerra Civil a los jóvenes o a cualquiera que no sepa del tema necesitaría un prólogo más largo que el propio libro.
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Ada
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MensajePublicado: Lun Dic 21, 2015 9:34 am    Asunto: Responder citando

“La guerra civil contada a los jóvenes”, de Arturo Pérez-Reverte, ilustrada por Fernando Vicente

La guerra civil contada a los jóvenes, es un ambicioso trabajo que surge por iniciativa de la editorial Alfaguara con la intención de acercar a los jóvenes lectores la historia de la Guerra Civil española explicándola de forma concisa, objetiva y rigurosa, sin clichés partidarios ni etiquetas simples. Durante meses, Arturo Pérez-Reverte y Fernando Vicente han trabajado mano a mano para dar lugar a este único y excepcional libro.
“Hace caso ochenta años, entre 1936 y 1939, en tiempos de nuestros abuelos y bisabuelos, una espantosa guerra civil tuvo lugar en España. Causó miles de muertos, destruyó hogares, arruinó el país y llevó a mucha gente al exilio. Para evitar que tan desoladora tragedia vuelva a repetirse nunca, es conveniente recordar cómo ocurrió. Así, de aquella desgracia podrán extraerse conclusiones útiles sobre la paz y la convivencia que jamás se deben perder. Lecciones terribles que nunca debemos olvidar”.

Con estas palabras, del propio autor en el prólogo, aborda uno de los episodios más complejos y fascinantes de la historia reciente de España, que sigue siendo uno de los temas de mayor interés para el gran público. La maestría y el estilo personal de Arturo Pérez-Reverte y de Fernando Vicente acercan ahora estos acontecimientos al público juvenil de una manera clara y apta tanto para la lectura por placer como para las aulas.
El relato avanza cronológicamente a través de treinta textos iluminados por otras tantas ilustraciones. En ellos describe las causas políticas, los modelos extranjeros y las fuerzas enfrentadas. Narra la sublevación, la resistencia republicana, los asedios, las represalias y la intervención de otros países. Recorre la geografía española para contar el avance sobre Madrid, el gobierno de Burgos, las batallas del Jarama y del Ebro, los disturbios en Barcelona, el bombardeo de Guernica o los combates de Brunete, Belchite y Teruel.

“Si a un joven no le das historia, lo estás dejando huérfano de memoria”
Pero la guerra no acabo con la victoria militar del general Franco. En las páginas finales desgrana la represión inclemente y sistemática, la lucha inútil y sin esperanza del maquis, la dictadura y el retorno a la monarquía.

“En España los políticos han sustituido a los historiadores y eso es un error gravísimo. Entre otras cosas porque tenemos unos políticos incultos que sólo miran a nuestro pasado con ánimo interesado cuando no manipulador”
El libro incluye anexos con los protagonistas, un glosario de términos esenciales, una cronología con los momentos clave y varios mapas con la división territorial en las distintas etapas de la guerra.


El autor:
Arturo Pérez-Reverte nació en Cartagena, España, en 1951. Fue reportero de guerra durante veintiún años. Con más de quince millones de ejemplares vendidos en todo el mundo, muchas de sus novelas han sido llevadas al cine y a la televisión, como La reina del sur, El club Dumas o El capitán Alatriste entre otras.. Hoy comparte su vida entre la literatura, el mar y la navegación. Es miembro de la Real Academia Española, institución en la que ocupa el sillón T mayúscula.

El libro:
La Guerra Civil contada a los jóvenes ha sido publicado por la Editorial Alfaguara en su Colección No Ficción Juvenil. Encuadernado en tapa dura con sobrecubierta, tiene 144 páginas.


https://laslecturasdeguillermo.wordpress.com/2015/12/19/la-guerra-civil-contada-a-los-jovenes-de-arturo-perez-reverte-ilustrada-por-fernando-vicente/
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Rogorn
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MensajePublicado: Lun Dic 21, 2015 10:48 am    Asunto: Responder citando

Pérez-Reverte y Almudena Grandes, lo más vendido en 2015
20minutos.es - 18/12/2015

La Casa del Libro ha dado a conocer los títulos más vendidos durante 2015, que seguro estarán presentes entre los regalos de estas fiestas. En género de ficción ocupa la primera posición 'Casi sin querer' (Frida), la novela amorosa de Defreds, seguida por la última historia de Almudena Grandes, 'Los besos en el pan' (Tusquets), una narración cotidiana sobre una familia humilde afectada por la reciente crisis económica. Le siguen 'Diario de Greg 10: vieja escuela' (Molino), de Jeff Kinney, y 'El ultimo adiós' (Suma), novela de Kate Morton. En el género de no ficción encabeza la lista el ensayo del periodista y escritor Arturo Pérez-Reverte 'La guerra civil contada a los jóvenes' (Alfaguara), un libro en el que el murciano resume de manera didáctica y divulgativa los motivos, el desarrollo y las consecuencias que tuvo la guerra civil en nuestro país. Los dos siguientes puestos de la lista están ocupados por manuales de cocina: por un lado, el último libro de recetas del televisivo Karlos Arguiñano 'A mi manera: las recetas fundamentales de la cocina regional española' (Planeta); el tercer puesto es para el recetario de la youtuber de belleza y estilo Isabel Llano, más conocida como Isasaweis, titulado 'La cocina sana de Isasaweis' (Anaya). 'La magia del orden' (Aguilar), de Marie Kondo, cierra la lista.
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Ada
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MensajePublicado: Mie Dic 23, 2015 11:23 am    Asunto: Responder citando

Arturo Pérez-Reverte: 'La Guerra Civil contada a los jóvenes' (Alfaguara, 2015)
José Cantón Rodríguez - unidadcivicaporlarepublica.es - 23/12/2015

Arduo trabajo el de Pérez-Reverte, el querer poner al alcance de los jóvenes un conflicto tan sencillo y complejo a la vez y que, además, sus consecuencias han venido a configurar el vigente sistema político español de Monarquía parlamentaria. Sencillo, porque la Guerra Civil española constituye un capítulo más de la historia política europea en su lucha por el sentido de la justicia de una población en continua expansión demográfica en el marco de la sociedad estamental y luego de clases.

Unos conflictos que podríamos remontarlos a la formación de los reinos centralizados del XVI y a la consiguiente concentración de la propiedad de la tierra, el control y administración de todos los bienes, tanto materiales como simbólicos o espirituales, hasta su eclosión en el nacionalismo y colonialismo decimonónico y a las dos grandes guerras del siglo XX. Su complejidad deriva por la concatenación de causas y efectos de múltiples factores, tanto materiales, personales como sociales o institucionales, nacionales e internacionales. Si hubiera que buscar un solo concepto del que pudiera derivar el resto de los acontecimientos políticos, posiblemente habría que recurrir a las obras literarias clásicas, a los fundadores de religiones o a los pensadores políticos religiosos como, por ejemplo, san Agustín: la codicia y la ambición, siempre proporcional al estatus social que se ostente o se pretenda conservar o defender. Al fin y al cabo, la historia política europea no deja de ser más que la historia de la codicia, la ambición y el recurso a la criminalidad y a la guerra de sus respectivos reyes y señores. Y, curiosamente, la visión que se trata de inculcar a los jóvenes sobre el pasado se hará a través de la cultura material y suntuaria que los diversos monarcas europeos nos dejaron a modo de botín en palacios y museos, además de atribuir a los reyes lo que corresponde a una multiplicidad de gentes excepcionales. Sus modos de alcanzar la gloria y riqueza en guerras y batallas vendría a conformar la historia heroica de las diversas naciones europeas, desapareciendo de nuestro campo perceptivo todo aquello que nos muestran los medios audiovisuales sobre las guerras y dictaduras de nuestro tiempo.

Volviendo a la obra de Pérez-Reverte, su mérito estaría en visionar y en humanizar al tenido por enemigo en la Guerra Civil, pues hasta hace muy poco tiempo, bajo la dictadura franquista y los primeros años de la democracia, los defensores de la legalidad vigente representada en la República solo eran unos "comunistas" o "rojos", tenidos por responsables de la guerra, llegando a representar todos aquellos males que la imaginación creadora pudiera concebir, hasta llegar los republicanos españoles, tipificados por Franco como "la anti España", a ejercer la función de chivo expiatorio representada históricamente por los judíos.

Tal adscripción ideológica sostenida y difundida en el tiempo ha calado tan hondo en el inconsciente colectivo español que, por una parte, ha llegado a condicionar el actual sistema bipartidista español, así como a tipificar a Adolfo Suárez, tras su fallecimiento, de promotor y artífice de la transición. Suárez solo representaba una de las partes, la que procedía de los aparatos del franquismo. La otra parte, el conjunto de la oposición a la dictadura, quien posiblemente mejor representaba esa Anti España, Santiago Carrillo, se quedaría relegado a los libros de historia, mientras que Suárez pasaba a dar nombre al Aeropuerto de Madrid Barajas. Y, por otra parte, tal estado de opinión hacia el comunismo, posiblemente también reforzado por la situación de los países del Este, vendría a precipitar la (mala) suerte del Partido Comunista de España e Izquierda Unida, cuando las Mareas y partidos emergentes victoriosos en las recientes elecciones legislativas vienen propugnando unos ideales y programas semejantes. Y algo parecido ha ocurrido con otros partidos como sería el caso de UPyD, cuya buena gestión no es reconocida ni, por lo tanto, representada en unos resultados. En cualquier caso, el Cuarto Poder -uno de cuyos apartados es conformado por la Iglesia- será la imagen más amable e inmediata del resto de los poderes del Estado.

Y el texto de Pérez-Reverte sobre la descripción de la Guerra Civil para jóvenes no será ajeno a los mecanismos del Cuarto Poder. Dejamos al lector el recuperar el análisis del uso de la historia de este texto realizado por David Becerra en 'El Confidencial'. Tras las buenas intenciones de Pérez-Reverte de poner al alcance de los jóvenes -quizá aún considerados como unos niños- unos contextos y acontecimientos políticos de nuestro inmediato pasado que aún condiciona nuestro presente, culmina su visión con un auténtico despropósito con relación al rey, a modo de un superhéroe de los cómics o de la pantalla. En el capítulo 30 (pág. 126) titulado 'Retorno de la democracia' leemos que "a la muerte del dictador, España se convirtió en una democracia parlamentaria por decisión personal del rey Juan Carlos (...) que había sido designado sucesor por el general Franco. (...) Mediante el jefe de Gobierno Adolfo Suárez, asesorado por sus preceptores y con el apoyo de todas las fuerzas políticas del momento, Juan Carlos I volvió a legalizar los partidos políticos, procuró la reconciliación nacional, liquidó el régimen franquista y devolvió a España la democracia".

Sería difícil expresar tantas inexactitudes y falsedades en tan poco espacio, además de pervertir la filosofía de la historia y la propia antropología humana, al atribuir al rey Juan Carlos lo que corresponde a una multitud de hombres, a factores políticos y sociales determinantes, nacionales e internacionales, ajenas a las posibilidades de un solo hombre. Ni la reconciliación nacional -un proceso racional y emocional lento e individual desarrollado en el curso de muchos años- ni la creación de los partidos políticos, ni el sistema político parlamentario, ni la democracia fueron obras del rey Juan Carlos. Más bien el rey se mantuvo a flote de los movimientos sociales subiéndose al tren de los nuevos tiempos para poder seguir siendo rey. Y no parece contener ningún mérito querer conservar un puesto de trabajo prestigioso y bien remunerado, transmisible hereditariamente a los hijos. Si algo pudiera representar la idea de monarquía o de Corona, ese algo sería el último testimonio político de una sociedad estamental o de clases del Estado Moderno, cuyos principios de sostenimiento están en contradicción con los valores y principios constitucionales de nuestro tiempo.

[José Cantón Rodríguez, doctor en sociología. Sus últimas obras son el opúsculo Para entender la Guerra de Sucesión Española, 1701-1714 (2014); La dictadura y la monarquía neofranquista. Memoria de España para tiempos de cambio social (2014) y Santa Teresa de Jesús y la construcción de la Vieja Europa (2015)]
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Ada
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MensajePublicado: Jue Ene 07, 2016 9:34 am    Asunto: Responder citando

'La Guerra Civil contada a los jóvenes', de Arturo Pérez-Reverte
Josefina Armenteros - blogdejosefinaarmenteros - 06/01/2015

La versión que Arturo Pérez–Reverte presenta a los jóvenes sobre la Guerra Civil Española se caracteriza por la concisión. El libro está estructurado casi esquemáticamente en treinta capítulos de sólo una página cada uno, que pretenden relatar los acontecimientos más significativos de esta etapa trágica de la Historia de España. Cada uno de estos textos va acompañado de una magnífica ilustración de Fernando Vicente alusiva al tema tratado. Además la publicación cuenta con un prólogo y unos anexos: un glosario de términos, una cronología, imágenes sobre las vestimentas y uniformes de cada uno de los dos bandos enfrentados y cuatro mapas sobre el avance de las conquistas de los rebeldes. En el libro se abordan temas como los orígenes del conflicto armado, la sublevación militar, el éxodo y el exilio de miles de españoles, la participación de potencias extranjeras, las más importantes batallas, la situación en las retaguardias, la represión vengativa hacia las mujeres o el retorno a la democracia una vez muerto el dictador.

'La guerra civil contada a los jóvenes' se configura a través de unas pinceladas históricas sobre las que se reconstruye cronológicamente lo que ocurrió durante la contienda fratricida que enfrentó a unos españoles contra otros. El autor se ha visto obligado a elegir unos acontecimientos y silenciar otros en aras de una deliberada brevedad, y lo que él ha considerado más relevante no siempre se corresponde con los hechos decisivos que realmente marcaron el devenir de los acontecimientos. Por ejemplo, se nos cuentan algunos episodios anecdóticos que han sobrevivido, por imposición premeditada del bando vencedor, en la memoria colectiva, como la resistencia de los militares rebeldes en el Alcázar de Toledo y en el Santuario de la Virgen de la Cabeza en Andújar o como el conocido caso de Unamuno. Y sin embargo se pasa de puntillas por el sacrificio y la heroicidad cotidiana de miles y miles de españoles anónimos que dieron su vida por defender la legalidad y el resultado democrático de las urnas.

Es verdad, como afirma el autor, que en las guerras no hay buenos ni malos y que en ambos bandos hubo héroes y víctimas inocentes. La realidad es mucho más compleja, el desenlace de la historia se alimenta de múltiples causas y son muchos los factores que lo determinan, pero en este caso concreto se evidencia un silencio preocupante sobre algunos aspectos fundamentales. Así, se trata el tema de los desórdenes sociales bajo el régimen republicano sin resaltar sus importantes logros en relación a la educación, la alfabetización de las clases populares o los derechos de las mujeres. Ni siquiera se expone claramente y sin excusas que el verdadero detonante del origen de la guerra civil fue un golpe de estado de una parte del aparato militar, levantado en armas contra un gobierno democráticamente elegido por los españoles en las urnas. Ni que la guerra se prolongó porque los militares sublevados encontraron una heroica resistencia de las clases trabajadoras a doblegarse a los intereses de los poderosos, impuestos a golpe de violencia pura y dura. Es necesario decir que sí hubo responsables directos del inicio de la guerra, que sí hubo una represión premeditada y brutal ejercida desde el poderoso aparato del estado de los vencedores sobre los vencidos una vez acabada la contienda y que sí que hubo reparación pero sólo para uno de los dos bandos enfrentados, entre otras cosas. Y de nada de eso se nos habla en esta versión light del conflicto armado donde se nos presenta la guerra como algo inevitable, donde todos fueron culpables y víctimas. Pero no es lo mismo levantarse en armas contra la legalidad que luchar por defender lo que el pueblo ha decidido en las urnas.

Los grandes terratenientes, la Iglesia y las clases sociales privilegiadas nunca aceptaron la democracia, nunca vieron con buenos ojos que el poder de decisión residiera en el pueblo llano. Se mantiene un gran silencio en el hecho de que la República pretendiera privar de sus privilegios milenarios e injustificados a la poderosa oligarquía, pretendiera limar las diferencias y luchar contra la pobreza extrema y el analfabetismo de la gran masa de trabajadores asalariados, contra la incultura y las extremas desigualdades sociales. Y si se nos oculta esto se nos está contando una verdad a medias. En mi opinión, estamos ante una interpretación plana y más acorde con la versión tradicionalmente ofrecida por el bando vencedor que con los hechos objetivos a pesar de que Pérez-Reverte ha puesto de manifiesto su noble intención de contar lo ocurrido desde un punto de vista imparcial.

El objetivo esencial de esta publicación de llegar a los más jóvenes con el fin de que se acerquen a la Historia, porque es bueno para ellos y porque es necesario para conservar la memoria colectiva, dice mucho de la generosidad del escritor y le honra por lo que cuenta con mi más sincero respeto, aunque he de decir que no comparto la selección subjetiva de unos acontecimientos históricos en detrimento de otros. Me parece artificial la equiparación de hechos en uno y otro bando con el único fin de hacer tabla rasa y decir que todos fueron igual de culpables e igual de víctimas, algo que no es cierto, como ratifican numerosos y prestigiosos historiadores que han publicado trabajos concienzudos sobre este periodo negro de la historia de nuestro país.

A pesar de todo lo dicho, recomiendo la lectura de esta obra para los jóvenes como una buena manera de estudiar historia, pero siempre y cuando vaya acompañada y asesorada por alguien con el suficiente conocimiento e imparcialidad para servir de guía, despejar dudas y aclarar conceptos. Además la obra ya merece la pena sólo por las excelentes ilustraciones de Fernando Vicente, sin las cuales el libro no sería el mismo, perdería gran parte de su esencia. Dichas ilustraciones son dignas de admiración y explican mediante imágenes sobrecogedoras lo que ocurrió. Recuerdan el estilo de los carteles de propaganda política de la época y me parece muy acertado el predominio de colores desvaídos y tristones y los tonos azulados empleados, muy en sintonía con el dolor y la oscuridad que marcaron a varias generaciones de españoles durante y después de este episodio negro de la historia de España.
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MensajePublicado: Vie Ene 08, 2016 12:47 pm    Asunto: Responder citando

La guerra civil de Pérez-Reverte
Juan Carlos Monedero - elconfidencial.com - 08/01/2016

España no es un país como los de nuestro entorno. En los países de nuestro entorno no podría ser Presidente alguien que manda un sms a su tesorero encarcelado diciéndole “sé fuerte”. En los países de nuestro entorno no sería pensable un libro como el que ha escrito Arturo Pérez-Reverte sobre la guerra civil. Precisamente por estar dirigido a los jóvenes. Los jóvenes españoles, en otro país, tendrían una clara referencia de la guerra civil desde la escuela. De la misma manera que tienen claro en Alemania lo que significó el nazismo y lo estudian no solamente para no repetirlo sino que lo recuerdan para elogiar a las víctimas y colocar en su panteón de héroes a los que combatieron el totalitarismo. Igual que en Italia estudian desde niños la locura del fascismo de Mussolini o en Francia aprenden a respetar a la Resistencia que luchó contra los nazis y los colaboracionistas.

En Alemania, los que atentaron contra Hitler son héroes -igual que lo son en Chequia los que acabaron con Heydrich- mientras que en España no solamente no se conoce el nombre de los que perdieron la vida queriendo acabar con el dictador sino que se acusa de terrorista a quien atentó contra un torturador de la dictadura que asesinó a gente que luchaba para que el dictador no muriera en la cama, a menudo a través de la sangrienta trama conspirativa de repartir panfletos en la entrada de las fábricas o las universidades.

Cierto es que estos países europeos apenas recientemente están revisitando algunos lugares de la memoria, con lagunas y claroscuros mal iluminados por la reinvención de un compromiso democrático que nunca fue o por la necesidad histórica de no darle alas a los que hicieron tanto mal. Por eso es que ahora puede empezar a hablarse de la barbaridad del bombardeo de Dresde, igual que se cuestionaron las bombas de Hiroshima y Nagasaki. Es ahora que se recuerdan las violaciones a mujeres alemanas por parte de los ejércitos americano y soviético (como se hizo en su día con las violaciones japonesas en China o Filipinas) o puede empezar a hablarse del escaso comportamiento humanitario de las tropas aliadas y su falta de respeto de los acuerdos de Ginebra para tiempos de guerra. De la misma manera que se levanta ahora la prohibición de editarse el 'Mein Kampf' en Alemania (aunque se cuidan de reeditarlo con miles de notas para evitar mentiras). Pero no existen en esos países Plaza del Führer, Avenida de Mussolini, Arco de Pétain ni calle de los caídos en la ocupación de Francia.

La guerra civil que cuenta Pérez-Reverte a los jóvenes, junto con las excelentes ilustraciones de Vicente Fernández [sic], es más ponderada de lo que la lectura de algunas críticas sugiere. Pero no deja de ser cierto que produce enfado que para que algunos salgan de la visión franquista de la guerra haya que buscar equilibrios impensables con el nazismo o el fascismo. De ahí que algunos hayan querido atribuir al esfuerzo -se nota- de Pérez Reverte un equitativo reparto de culpas entre los que dieron un golpe de estado en julio de 1936 levantándose contra la República e incumpliendo la Constitución de 1931 -es lo que hicieron los militares traidores que se alzaron-, y los que cogieron las armas para defender su Constitución y su orden democrático, tuviera las insuficiencias que tuviera. No se puede olvidar en ningún momento que unos atacaron y otros se defendieron. Que unos recibieron el apoyo de Hitler y de Mussolini desde antes de que el golpe se iniciara y que otros recibieron el apoyo de unas brigadas internacionales que se movilizaron porque ya veían el aliento terrible del fascismo planeando sobre Europa.

El apoyo soviético fue posterior al inicio de la guerra, infinitamente menor -Franco contaba con decenas de aviones antes del golpe- y se terminó antes. Y, en cualquier caso, fue un apoyo a un régimen democrático existente, no para derrumbar un orden político (que era la intención de la Alemania nazi y la Italia fascista). Las comparaciones suelen ser más falsas cuanto más fáciles son.
Acierta Pérez-Reverte en señalar que la República estuvo atravesada por contradicciones. La II República representaba a la España más avanzada, mientras que existía otra aún rehén de la oligarquía, del caciquismo y de una iglesia reaccionaria. Si aún hoy podemos detectar ese escaso compromiso democrático, imaginemos sus contornos hace ochenta y cinco años. En un contexto, el de los años treinta, de riesgo de la democracia en toda Europa. Una de las principales fallas que encuentro en el libro tiene que ver con no insertar la guerra civil en el conflicto europeo que estaba empezando. Recientes trabajos (Casanova, Viñas, Preston) demuestran que para Hitler y Mussolini la guerra en España formaba parte de un plan más amplio de carácter europeo. Viéndolo así es difícil cualquier amabilidad con el franquismo.

Suele repetirse desde la historiografía revisionista que “en los dos bandos” hubo represión. Esta expresión no sería tolerable en los países democráticos de nuestro entorno. Nadie hablaría de los aliados y de Hitler en términos “los dos bandos”, porque unos luchaban por la democracia y otros por el fascismo. No son dos lados equiparables. Esta apreciación aparece repetida en este libro -desgraciadamente forma parte del lenguaje popular- y, supongo, es lo que ha conducido a buena parte de las críticas a este trabajo.

Cierto es que, una vez más en nombre de la ponderación, aparecen citados casos terribles que demuestran la insania de los franquistas. Junto algunos conocidos como Guernica, son citados otros de los que no hay tanta noticia, como las matanzas de Badajoz y Almería, y también se explica que en el lado republicano los casos de violencia eran “fruto del desorden y obra de elementos incontrolados”, mientras que en el lado franquista “los asesinatos eran tolerados y hasta organizados por los mandos militares, a fin de eliminar toda resistencia y amedrentar a la población”. Esto está dicho en el libro. La pregunta entonces sería ¿es suficiente?

Desde una visión democrática normalizada, las juntas vuelven a chirriar si no queda claro lo que significó el golpe de 1936. Si para lograr que los que están inclinados a defender a Franco y al golpe se acerquen a visiones más cercanas a la verdad hay que concederles la equidistancia de los contendientes, flaco favor le hacemos a la democracia. Aunque me consta que no es la intención de este trabajo, se termina ofendiendo a los que se jugaron todo por defender la República. No son la contraparte de un mismo asunto. Hay que insistir en que las barbaridades cometidas en las filas republicanas -que las hubo, ahí está Paracuellos, y no son defendibles- fueron en los primeros meses, cuando el orden constitucional se había desbaratado por el golpe y el inicio de la guerra, en el fragor de un ansia de venganza alentada por las atrocidades que llegaban de las zonas que caían bajo la bota de los sublevados, y que se terminaron en el momento en el que el Gobierno de la República recuperó en unas semanas el control político de su zona.

La guerra civil que Pérez-Reverte se ve obligado a contar, como en una suerte de yenka macabra, barbaridades o dolores a un lado y a otro -unos asesinaron a Lorca, otros a Muñoz Seca, unos maltrataban a las mujeres, otros hacían otro tanto, unos tenían problemas con Unamuno en Salamanca, otros tenían problemas con los anarquistas en Barcelona-, generando necesariamente la idea de que allí todos se volvieron locos. El golpe de Estado de 1936 y sus resultados posteriores no fueron un calentón propio de la tierra: fue la cuota parte de fascismo que vivió nuestro país, igual que el III Reich o el fascio mussoliniano. Lo contrario es una visión amable que busca fáciles digestiones casi un siglo después, repitiendo el mantra: olvidemos esos malos tiempos. Pero la pregunta sobre la salud de nuestras instituciones sigue entonces intacta: ¿puede un país construir su democracia ignorando lo que realmente sucedió?

La guerra civil hay que entenderla como parte de nuestras insuficiencias -por eso hubiera sido conveniente citar en el libro que antes de la República vino la dictadura de Primo de Rivera- y entenderla como antesala de la guerra mundial (recordar que nos visitaron jerarcas nazis cuando ganó la CEDA en 1934, diciendo que en España iba a empezar a hacerse lo que estaban ya haciendo en Alemania)-. Eso daría una mirada más inclemente del franquismo. En el libro se citan los 6000 curas fusilados (pero no se cita que la iglesia denominó "cruzada" al levantamiento) y tampoco que Franco fusiló a 120.000 españoles terminada la guerra o cuando ya estaba ganada. Franco vino matando y se despidió matando. No hubiera estado mal una referencia a los últimos asesinados por Franco en Septiembre de 1975. Y también daría luz señalar que al menos 120.000 de esos acusados de defender la legalidad vigente siguen en cunetas. ¿No habría que recordar a los jóvenes que España es, después de Camboya, el país con más fosas comunes y desaparecidos del mundo?

El libro puede civilizar a los emboscados que ven el franquismo con buenos ojos, pero creo que no termina de ayudar a acercarnos a la barbaridad que nos pasó. Decía Habermas: "Cuidado con esos hombres justos que dicen “la mitad de culpa para Hitler y la otra mitad para los judíos”." Hay que revisar de manera objetiva todos los errores cometidos por la izquierda durante todo el siglo XX -de lo contrario, lo hace la derecha, por lo general mintiendo-, pero el lugar para hacerlo no es la equidistancia. Los crímenes de Stalin no se explican desde los crímenes de Hitler ni viceversa. Son argumentos que confunden. El libro de Pérez-Reverte puede ayudar al debate. Si es así, bienvenido. Sólo tienen miedo a debatir sobre la guerra civil los que ven algún tipo de beneficio en el silencio. Es hora de convertir los monólogos en diálogos.

Quizá precisamente por esa mirada no tan amarga sobre nuestro pasado, la mirada sobre nuestra democracia de Pérez-Reverte es demasiado dulce. “A la muerte del dictador, España se convirtió en una monarquía parlamentaria por decisión personal del rey Juan Carlos, padre del actual monarca y nieto del exiliado Alfonso XIII”. El que trajo la dictadura de Primo de Rivera y apoyó a Franco posteriormente. “Juan Carlos I volvió a legalizar los partidos políticos, procuró la reconciliación nacional, liquidó el régimen franquista y devolvió a España la democracia”. Soy de los que piensan que la democracia la trajeron los que se la jugaron para traerla. No el Rey, que fue nombrado sucesor del dictador por el propio Franco en 1969. El rey, a la muerte de su mentor, nombró a Arias Navarro Presidente. De manera que el último Presidente de la dictadura fue el primer Presidente de la democracia. Luego, cuando la cosa se le iba de las manos al Rey, puso a Suárez. Más tarde no dudó en dejarle caer cuando le interesó.

El CDS, partido que fundó Suárez tras la implosión de la UCD, no cosechó sino fracasos. Todos le dejaron de lado. Aunque más tarde, con Suárez ya rehén del Alzheimer y sin acordarse de que había sido Presidente, se fotografiara el Rey con él para intentar imbuirse de su fama reconstruida. Son comportamientos de doble moral. Igual que su hijo, que inaugura en París una placa a La Nueve, los republicanos españoles que fueron los primeros en entrar a liberar París en 1944 -Pérez-Reverte los cita con mucho respeto-, pero no lo hace en España.

En definitiva, podríamos decir que estamos ante un libro para el país real, ese donde Esperanza Aguirre o José María Aznar no piensan hoy muy diferente de lo que pensarían en 1936. Pero es un libro que no dirige los esfuerzos a construir una democracia de alta densidad. Esa que pasa por romper con la impunidad del franquismo y con la memoria selectiva a la que nos obliga “el precio de la transición”. Por ejemplo, el hecho de que un defensor acérrimo del franquismo, un ministro de la dictadura que firmó el enterado en sentencias de muerte, la persona que justificó el asesinato de Julián Grimau o Enrique Ruano (estudiante lanzado por la guardia civil franquista por una ventana), sea uno de los firmantes de nuestra Constitución y fundara el partido que está vaciando nuestra democracia. La apuesta es, en cualquier caso, clara: sigamos debatiendo. Y el libro de Pérez-Reverte nos invita a ello.
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Rogorn
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MensajePublicado: Lun Ene 11, 2016 11:04 am    Asunto: Responder citando

La guerra civil contada a los jóvenes, de Arturo Pérez Reverte
Silvia Pato - culturamas.es - 11/01/2016

Este es uno de esos libros que me apetecía especialmente leer, no sólo por la firma de su autor, sino también por las dispares reseñas y críticas que he leído desde el momento de su publicación, por lo que albergaba esa inconfundible sensación de que, como suele pasar en estos casos, tendría que comprobar por mí misma la veracidad o inexactitud de unas y otras, y crearme una opinión propia al margen de un mercado editorial y de un tema candente que todavía levanta ampollas en lo que respecta al contexto histórico y social de nuestro país.

Valga como adelanto decir que 'La Guerra Civil contada a los jóvenes' no me ha defraudado. Admito también que, ante semejante título, no esperaba en ningún momento una disección absoluta y detallada de todos los componentes que provocaron la contienda y de todos los sucesos que en ella acontecieron, motivos estos que muchos de los que no recomiendan la obra no paran de repetir, aunque sigo creyendo que difícilmente han entendido su título.

Arturo Pérez-Reverte expone escuetamente y con claridad absoluta, acompañado por las ilustraciones de Fernando Vicente, la guerra civil española, desde el momento de la sublevación contra el legítimo gobierno republicano hasta los años posteriores, en los que la dictadura militar aplastó la libertad con innumerables consejos de guerra, encarcelamientos y condenas a muerte. En esta exposición histórica de los hechos, el académico no se olvida de figuras como Federico García Lorca y Miguel de Unamuno, ni de dedicar un especial apartado a la situación de las mujeres durante y después de la guerra, haciendo especial hincapié tanto en su condición de víctimas como en la pérdida de los derechos adquiridos durante la República.

'La Guerra Civil contada a los jóvenes' no evita ninguno de los temas que se nos viene a la cabeza a los adultos cuando afrontamos ese periodo: el golpe de Estado, la intervención de la Alemania nazi y la Rusia comunista, las Brigadas Internacionales, la batalla del Jarama, Paracuellos, Guernica, la batalla del Ebro, etc. Como resultado, se nos presenta una obra especialmente dirigida a un público muy joven, que será del agrado también de todo lector que quiera tener una visión esquemática, concreta y general de aquellos sucesos, a través de la cual podrá acceder con una base bien fundamentada a textos de mayor profundidad y complejidad histórica.

Y es que si tuviera que reconocer un adjetivo que se me ha venido repetidamente a la mente durante la lectura, sería el de aséptica. Seguramente, ese sea el motivo por el que a algunos no ha terminado de convencerles la obra de Reverte. Quienes esperaban carnaza y casquería fina habrán llegado hasta las últimas líneas completamente defraudados.

Por mi parte, no puedo hacer otra cosa que recomendar su lectura, estupendamente ilustrada, tanto por los dibujos como por los mapas con los que se muestra el avance de las tropas franquistas en el país. Un detalle, si lo desean vano, que sí que echo en falta en la edición: No han tenido a bien poner un índice. Llámenme quisquillosa.
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