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'La Guerra Civil contada a los jóvenes' (2015)
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Rogorn
Capitán


Registrado: Feb 01, 2007
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MensajePublicado: Vie Feb 05, 2016 6:47 pm    Asunto: Responder citando

Crónica: presentación de 'La Guerra Civil contada a los jóvenes', de Arturo Pérez-Reverte
Antonio Sanz Egea - elalijo.com - 04/02/2016

El pasado viernes 6 de noviembre tuvo lugar una de esas presentaciones que suelen causar expectación. Citados los principales medios de prensa cultural del país a las 11:00, Arturo Pérez-Reverte llegó a la sala cinco minutos más tarde, disculpándose en nombre de Fernando Vicente, quien llegaría minutos más tarde, debido al atasco.

Todo comenzó cuando Pérez-Reverte leyó en un libro de literatura para jóvenes de instituto que «Antonio Machado, que fue un buen poeta, se fue a Francia y allí murió». En las últimas décadas la Guerra Civil ha sido escamoteada del discurso público, simplificando su discurso hasta niveles vergonzantes. «Hemos querido proteger de nuestro pasado a nuestros propios hijos», afirma el autor de 'El Club Dumas', «hasta tal punto que lo que les llega o son mentiras o bien medio verdades».

La primera novedad de 'La Guerra Civil contada a los jóvenes' es que no se trata de una novela, tal y como nos viene acostumbrando el autor, pero tampoco un libro de Historia. «Lo que he pretendido con el libro es dar unas pinceladas generales sobre lo sucedido en la contienda, evitando discursos partidistas o adjetivos de buenos y malos». Lo ideal, afirma Pérez-Reverte, es que después de leer el libro quieran saber más, y es ahí donde intervienen los libros de Historia.

Fiel a su estilo, la obra se compone de treinta capítulos de un párrafo cada uno, en donde se sintetiza un aspecto o periodo concreto de la Guerra Civil. El modo de trabajo empleado por el escritor ha sido documentar cada apartado con múltiples libros de Historia, destacando los trabajos de hispanistas como Ian Gibson o Antony Beevor, reduciendo al mínimo conceptual las ideas para que tengan la mayor fuerza y objetividad posibles.

Fernando Vicente ha destacado este último año por las ilustraciones de 'Drácula' de Bram Stoker (Editorial Reino de Cordelia, 2014) aclamadas por la crítica en la Feria del Libro de Madrid de 2015. A pesar de que su nombre aparezca empequeñecido en comparación con el de Arturo Pérez-Reverte en la cubierta, es el escritor quien recuerda a los medios de prensa que sin su trabajo y aportación este libro nunca hubiera visto la luz. En pocos trabajos se compaginan tan bien texto con ilustración, acompañándose el uno al otro en todo momento. La ilustración, lejos de ser un residuo secundario del libro, cobra una fuerza especial en 'La Guerra Civil contada a los jóvenes'. La técnica utilizada por el dibujante es en acrílico sobre papel en caballete. El tono de la mayoría de las ilustraciones recuerda al sepia, blancos y negros, azules y verdes, en general tonos apagados. Con ello se busca «transportar al lector a la época, contextualizar lo sucedido».

Ya en rueda de prensa, se hace hincapié en la didáctica del libro. Tanto Vicente como Arturo remarcan los aspectos visuales y educativos, rechazando los detalles rigurosos propios de manuales más avanzados. «Con ello no se busca otra cosa que suplir un vacío que los planes educativos de los últimos años han creado en el conocimiento de nuestra Historia más reciente» afirma Fernando Vicente. Pérez-Reverte añade «que lo fundamental es tener a una juventud preparada, educada y formada, capaz de tener referencias históricas que ayuden a entender nuestro presente, siendo esta la única manera de ser una sociedad seria y respetable».

Al finalizar el encuentro, los autores de 'La Guerra Civil contada a los jóvenes' dedicaron los ejemplares a todos los que quisieron acercarse a la mesa.
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Ada
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Registrado: Aug 17, 2007
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MensajePublicado: Lun Feb 22, 2016 9:47 am    Asunto: Responder citando

La guerra civil contada a los jóvenes - Arturo Pérez-Reverte

Éste es uno de los libros que me cayeron para los Reyes Magos. Se ve que los Reyes estaban muy atentos a las novedades y como saben que Arturo es uno de mis escritores más seguido pues decidieron regalármelo. Gracias de nuevo. Es un libro un tanto raro, pues es un resumen ilustrado de La guerra civil española, como su propio título señala, contada a los jóvenes. Yo la he encontrado demasiado breve y en ocasiones simple, pero supongo que es así como habrá que contárselo a los jóvenes.


El libro -siempre hablando desde mi insustancial punto de vista, pero mi punto de vista al fin y al cabo- es un quiero y no puedo. El autor cartaginés escribe a grandes rasgos de lo que hay que escribir pero profundiza poco, y en lo poco que ahonda es demasiado aséptico. Entiendo que es un tema delicado, sobretodo contando con que el autor ha sido multitud de veces señalado casi por todo lo que dice. De manera que no sé si será porque pretende dejar a todos contentos, o que no quiere una vez más ser tachado por todos los que se puedan sentir heridos, lo cierto es que al ir avanzando en el desarrollo de los capítulos da la impresión de que está contado sin salsa, es como tragarse una insípida pechuga cocinada a la plancha milimétricamente dividida, parte por parte, párrafo a párrafo, completamente mesurado y servido sin acompañamiento de ningún tipo y en un frío plato. Todo demasiado contenido, desde los antecedentes hasta las conclusiones. Al terminar el libro he echado de menos que pusiera eso de: y colorín colorado comieron perdices.

Lo mejor del libro a mi juicio son las espléndidas ilustraciones a cargo de Fernando Vicente. La edición en general está bien cuidada aunque quizás demasiado llamativa y colorida para mi gusto.

http://unpimiento.blogspot.com.es/2016/02/la-guerra-civil-contada-los-jovenes.html
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Ada
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MensajePublicado: Mie Abr 13, 2016 10:48 am    Asunto: Responder citando

El error de Pérez-Reverte
Eduardo López Pascual - elmunicipio.es - 12/04/2016

Mira que siento aprecio por Pérez-Reverte, un novelista que desde sus primeras obras, incluso aquella en que se dio por famoso cuando contaba sus aventuras como corresponsal de guerra en 'Territorio comanche', me causaba una gran simpatía por lo que escribía y cómo escribía. Después sus obras más clásicas, 'La tabla de Flandes', 'La piel del tambor', 'La reina del sur', 'La carta esférica', o qué decir de su 'Cabo de Trafalgar' [sic], o 'El maestro de esgrima', me llevaron a considerarlo como lo que es, un gran escritor que hoy está reconocido como miembro muy importante de la Real Academia de la Lengua. Con lo cual, pienso, no hace falta más referencias para tenerlo como uno de los escritores de moda en España. Además, personalmente y como paisano de esta hermosa región de Murcia, mis simpatías eran francamente muy sinceras.

Sabía, por algunas de sus novelas, la vocación histórica de Pérez-Reverte expresada en títulos tan sugerentes como 'La sombra del águila' o 'El húsar', y desde luego esa larga reflexión que hace sobre 'La guerra civil contada…'. También, cómo no, a su incursión en las páginas de la revista de 'ABC', donde escribe semanalmente sobre nuestra historia. Es decir, que quede bien claro mi buen juicio acerca de este escritor. Pero amigos, toda esta cercanía se ha perdido, mis simpatías se han visto reducidas a la mínima expresión (no mi reconocimiento literario, que eso me pasa con autores de la talla de Hemingway, o Neruda, por poner dos ejemplos clásicos, que ambos me caen mal pero no dejo de alabar su maestría cono escritores y poetas), simplemente porque Pérez-Reverte ha caído como muchos, por otra parte, en el discurso correcto, de la descalificación, calumnia, y mentiras sobre una figura yo creo que universal y ahí están los textos de primerísimos historiadores nacionales y extranjeros, Payne, Pecharromán, Arce, Gibson, Joan María Thomas, y hasta el mismo César Vidal -nada proclive al fundador falangista-, que tendrán sus diferencias pero que nunca intentaron confundir al lector al igualar, perversamente, al humanista José Antonio con el ateo y genocida Hitler. Una confusión que, intelectualmente, no le perdonaré.

Ha sido un golpe muy bajo el que Pérez-Reverte, antaño querido por mí, ha dado a la verdad y a la historia. Su libro 'La guerra civil contada a los jóvenes' contiene, es verdad, muchas anotaciones justas, pero por lo que se ve, ha caído en la trampa fácil y demagógica de ceder al criterio “oficial” de desprestigiar todo lo que huela a falangista, empezando nada menos que falseando la imagen de José Antonio Primo de Rivera en un texto escrito -es un decir-, para los jóvenes que seguramente leerán en los institutos de bachillerato de España. En este sentido, el historiador José Mª García de Tuñón Aza ha escrito un artículo con el que coincido al cien por cien, breve, conciso, pero magnífico que debiera tener la publicidad que se merece; una refutación como la que hace sobre la calumnia que Peréz-Reverte, sin conocer evidentemente al fundador de Falange, escribe sin un atisbo de cotejo, de estudio, de análisis, necesita una contestación de alto rigor y de publicidad. No puede el autor de Cartagena, por gran prestigio que se tenga, venir ahora y afirmar sin más que José Antonio y Hitler eran poco menos que iguales.

Ahí, el novelista Pérez-Reverte ha errado. Y yo creo que por ignorancia o por dejarse llevar por el discurso planeado para la desaparición de todo lo falangista. Pero eso, aunque fuera un deseo por alguna reminiscencia desconocida, no se justifica desde la ética y la probidad política. Y mucho menos si se hace con mala fe, que no creo, pero es que tratar de ignorante a Pérez-Reverte me parece todavía mucho peor. De cualquier forma, espero a que al novelista cartagenero, paisano provinciano mío, le llegue esta nota o la de mi admirado Tuñón de Aza, y le ayude a reflexionar lo que ha escrito sobe un hombre, un español de la talla de José Antonio Primo de Rivera. Quizá, si leyera los textos de José Antonio, desde sus palabras en La Comedia en 1933, o en el Cine Madrid, año 35, en su carta al M. Barrios, o en su Testamento, año 36, Pérez Reverte no se habría equivocado de modo tan lamentable. Más, tiene tiempo para retractarse, ¿lo hará? Me temo que no. Es un signo de los tiempos.
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MensajePublicado: Mar Jun 14, 2016 8:28 am    Asunto: Responder citando

Memoria histórica en viñetas
Peio H Riaño - elespanol.es - 14/06/2016

El producto cultural de la memoria histórica ha encontrado un nuevo filón: viñetas e ilustraciones. Hace meses Alfaguara publicó la controvertida obra de Arturo Pérez-Reverte, ilustrada por Fernando Vicente, ahora, aparece una novela gráfica dibujada por José Pablo García a partir de las investigaciones de Paul Preston, el hispanista de mayor prestigio internacional. Publica Debate, marca compañera de Alfaguara en Penguin Random House. Ambos sellos venden sus obras como acercamiento de la historia de España más reciente “a los jóvenes lectores”.

Paul Preston siempre ha tratado de equilibrar los adjetivos y las matanzas: nunca ha evitado definir la represión contra la República cercana al holocausto, ni olvidado las matanzas de la otra parte. En la batalla de la historiografía, donde los historiadores de un bando silencian a los del otro, Preston aparece como la voz del consenso que no falta al rigor. Quizá por ello su visión de los políticos republicanos durante la guerra sea tan poco amable. Ni Azaña, ni el general Rojo, Preston sólo salva a Negrín, al que perdona por no hablar mal de los demás.

El nuevo título mantiene intacto el rigor del historiador, a lo largo de las casi 250 páginas de tebeo. Por eso es una historia ilustrada, que se detiene en cada acontecimiento para ponerle imagen. Juan Pablo García prefiere llamarlo “ensayo gráfico”, como reconoce a este periódico. Aunque como experimento gráfico recuerda mucho a fórmulas ensayadas hace años, por ejemplo, 'Tina Modotti. Una mujer del siglo XX', de Ángel de la Calle.

Como el propio dibujante explica, su intervención como guionista se ha limitado a “adaptar casi literalmente el ensayo de Preston a las viñetas, intentando captar el tono de su obra”. Asegura que no se ha tomado “ninguna libertad interpretativa” al trabajar con las investigaciones del historiador. No ha abreviado hasta los huesos el relato de la contienda, ni siquiera en los precedentes. La aproximación es amena y eficaz, no hay tijera para lograr una lectura sin interrupciones del relato. La herramienta educativa que propone el ensayo ilustrado de Preston y García no evita la visión crítica de la gestión de nuestra memoria hoy: “Dado que la guerra acabó en fechas muy distintas dependiendo del lugar, para cuantificar el número de muertes que causó la represión en la posguerra, las cifras más fiables son las que corresponden a los que murieron a manos de quienes ejercían el control en cada zona”, leemos en boca del historiador al inicio del último capítulo del libro. Sin ambigüedades.

“El libro de Pérez-Reverte es una álbum ilustrado que puede servir como primer acercamiento a los niños. Mi adaptación de Preston es claramente más densa y se sirve de la narrativa del cómic para ir encadenando acontecimientos”, cuenta José Pablo García a 'El Español'. Sin embargo, su editorial promociona el libro como la supervisión de Preston de “la adaptación de su célebre libro para acerca la historia más reciente de España a los jóvenes lectores”. El autor insiste en que “erróneamente se sigue asociando el formato cómic al lector juvenil e infantil, como un primer paso hacia una lectura, digamos, adulta”.

“Gran parte de los acontecimientos que aparecen, algunos de ellos decisivos, son desconocidos para la mayoría de lectores más curtidos e incluso interesados por la Historia”, asegura sobre el libro que sale a la venta ahora. “Creo que es necesario que la gente conozca bien las causas que nos llevaron a la guerra, que se remontan a varias décadas atrás, no a un hecho puntual. En el libro aparecen expuestas pormenorizadamente”, dice.

En aquel libro de Pérez-Reverte leíamos este remate de la Transición: “Juan Carlos I volvió a legalizar los partidos políticos, procuró la reconciliación nacional, liquidó el régimen franquista y devolvió a España la democracia”. Como explica José Pablo García, citando a Preston, “no se ha acabado de hacer justicia con las víctimas y sus familias”. “Sigue habiendo miles de desaparecidos y sería necesario dignificarlos para un sano funcionamiento de la democracia”.

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“La guerra civil para jóvenes de Pérez-Reverte es acaramelada, un relato de Walt Disney”
Peio H Riaño - elespanol.es - 14/06/2016

La adaptación al cómic de la obra de Paul Preston no será la última réplica a la divulgación del conflicto para los más jóvenes: a finales de junio, la editorial Akal pondrá en venta una contestación al de Arturo Pérez-Reverte publicado por Alfaguara hace unos meses. El filósofo Carlos Fernández Liria es el autor y David Ouro ilustra. “Gráficamente será un libro muy comparable, pero el tono del libro irá por otro lado. No será tan descafeinado”, explica Tomás Rodríguez, director editorial de Akal. “Lo de Reverte es un síntoma que debería hacernos saltar las alarmas”, añade.

Juan Pablo Fusi aclara que el propósito del historiador debe ser la precisión y la verdad, aunque sea en formato breve. El Premio Nacional de Historia Roberto Fernández, cuenta que todos los ciudadanos tienen derecho a una verdad inalienable. Los historiadores reconstruyen los hechos con método, independencia y libertad, y reclaman la creación de un espíritu crítico común. Para todos, jóvenes y adultos. “La responsabilidad que tienes cuando haces un libro para jóvenes es muy grande, porque marcas la pauta con la que se asomarán al mundo”, cuenta el autor de la réplica y profesor. “El libro de Pérez-Reverte no miente, pero no es objetivo por todo lo que calla”, añade.

Al presentarse en sociedad 'La guerra civil contada a los jóvenes' (Alfaguara) fue aplaudida por una aplastante mayoría de medios de comunicación, pero no por Fernández Liria (Zaragoza, 1959) ni por la novelista Belén Gopegui (Madrid, 1963), que llamó a su amigo para invitarle a escribir una contestación al autor de 'El capitán Alatriste'. “La idea del libro me la dio Belén. Tras leerlo me pareció que no es un disparate de libro, pero es tan equidistante que olvida que la guerra fue provocada por un Golpe de Estado contra la voluntad popular. Eso cambia por completo el relato. Siempre caben relatos alternativos, pero la equidistancia tiene el inconveniente de parecer objetiva cuando no lo es. El resultado es que la guerra para jóvenes de Reverte es acaramelada, un relato de Walt Disney”, cuenta a este periódico el filósofo. “Belén no quiso hacer el libro conmigo porque es novelista y no historiadora”.

Fernández Liria explica que todo lo que no se dice, todo “eso que callas”, en realidad “es una mentira”. Tampoco él es historiador, como Pérez-Reverte o Gopegui, pero reconoce que se puso en contacto con asociaciones de Memoria Histórica para que le ayudaran en la documentación. Entre ellos, Emilio Silva. Están valorando un título: “La guerra civil sin cuentos”. “La mejor manera de denunciar la estafa de Pérez-Reverte es sacar el mismo libro, pero contándolo de otra manera. Él no mete la pata en errores, pero el nuestro también es verdad. Es una visión totalmente distinta, cuento lo que él no cuenta”, dice.

Le llama la atención cómo resolvió el académico el capítulo dedicado al final de la dictadura, en una página y con Juan Carlos como salvador de la democracia. “Es lo más escandaloso de todo”, dice. Asegura que dedicarán a ese momento cinco páginas en vez de una, que hablarán del papel del rey en el 23F y sobre la creación del bipartidismo en España (“Con mucho dinero extranjero”).

Explica que le gustaría tener un debate con Pérez-Reverte cuando el libro esté en la calle, aunque lo cree imposible. El libro será el doble de largo. “Los jóvenes no necesitan leer tan poco, tan poco, tan poco. Necesitamos explicarles bien las cosas”, cuenta el que fuera guionista de 'La bola de Cristal', en los años ochenta. “Que los lectores sean jóvenes no quiere decir que sólo puedan escuchar discursos blandos y cuentos de hadas. Los jóvenes pueden reflexionar como los adultos y después hacerse cargo de mensajes políticos muy realistas”, añade. “Se puede hablar a los jóvenes respetándoles. Eso hicimos con 'La bola de Cristal' y tengo alumnos nacidos en los noventa que saben qué es, porque lo ven en internet”.
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grognard
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MensajePublicado: Mar Jul 19, 2016 9:22 pm    Asunto: Responder citando

Un remedo de libro
Ángel Viñas - revistadelibros.com - 18/07/2016

Este libro tiene 127 páginas con treinta capitulitos (en realidad, epígrafes) más anexos (figuritas de uniforme, mapas, términos esenciales, momentos clave y biografías del autor y del dibujante). La longitud del texto es ínfima: veintisiete páginas cubren el período 1931-1945 y lo que queda se despacha en cinco. Ninguna es completa y varían sólo entre la mitad y tres cuartos con tipo de letra grande e interlineado generoso. El resto son ilustraciones y páginas en blanco.

Para no inducir a error, y gracias a la ayuda de Jordi Grau, profesor de enseñanza secundaria y bloguero, el texto puede expresarse en páginas de ordenador en Word, Times New Roman 12, con interlineado normal y doble para separar párrafos. El no titánico esfuerzo se ha reflejado en solo diez páginas y un tercio. Un total de 4.547 palabras. Los expertos determinarán su equivalencia en páginas de periódico. No creo que dé para más de dos o tres. El número de palabras por epígrafes es el siguiente: prólogo, 109; las causas políticas, 126; los modelos extranjeros, 112; las fuerzas enfrentadas, 134; la sublevación, 131; el comienzo de la guerra, 116; las atrocidades, 124; el avance sobre Madrid, 111; los asedios, 97; éxodo y tragedia, 122; represalias en la zona republicana, 123; la intervención exterior, 120; el gobierno de Burgos, 110; el Jarama, 90; Guadalajara, 98; guerra en el mar, 105; la retaguardia nacional, 120; la republicana, 101; las mujeres, víctimas frecuentes, 128; Unamuno, 112; Barcelona, 103; Guernica, 120; Brunete, Belchite, Teruel, 137; el Ebro, 118; el comienzo del desastre de la República, 121; la sublevación de Casado, 145; el exilio, 106; la España franquista, 134; la Segunda Guerra Mundial, 125; el maquis, 114; y el retorno a la democracia, 130. El glosario da para 715 y los momentos claves para 175. Los dos epígrafes más largos son los de las fuerzas enfrentadas y la sublevación de Casado. La exigüidad se comenta por sí sola, sin tener en cuenta que a veces los epígrafes incluyen temas más amplios. El de Guernica, por ejemplo, comprende toda la campaña del Norte.

La terminología utilizada es significativa. Los sublevados aparecen siempre como «nacionales» Sus oponentes como «republicanos». Los términos «fascistas» o «rojos» hacen acto de presencia una sola vez y entrecomillados. El oprobioso fascismo se reserva para alguna que otra referencia a Italia y Alemania en el glosario. A Falange se la presenta como uno de los «movimientos más extremistas de derecha». Entre las izquierdas, a los socialistas sólo se les menciona una vez; a los anarquistas, dos, y a los comunistas, siempre ligados a Rusia, tres. La guerra se dirimió entre dos «bandos», término que aparece nueve veces. «Rebeldes», trece.

Salvo Franco, citado ocho veces, no abundan los personajes. Mussolini, García Lorca, Muñoz Seca, Millán-Astray, Picasso, Capa, Antonio Machado, José Antonio Primo de Rivera, Alfonso XIII o Adolfo Suárez se mencionan una sola vez; Casado, dos, como Juan Carlos I; solamente Unamuno tiene derecho a tres. (En el glosario, Hitler aparece cuatro veces y en dos momentos clave se mencionan a Alcalá-Zamora y Azaña).

Lo que antecede no sugiere nada sobre la calidad. Un artículo corto puede ser rompedor. Menos aún cabe pensar que el autor haya pretendido escribir un articulito de historia «pseudoestructural». Se trata de una muy somera descripción de acontecimientos y episodios en un estilo que se supone conviene a chavales de entre doce a dieciséis años. Es decir, de sexto de Primaria a cuarto de la ESO y, quizás, el primer año de Bachillerato. Chavales, tal vez, que no están acostumbrados a leer y que padecen del lamentable estado de la enseñanza de la historia contemporánea en tales segmentos educativos. Ciertamente, para una gran parte, el conocimiento del pasado es una mezcla heterogénea de elementos de procedencia diversa, herencias de la experiencia familiar, anécdotas, prejuicios, informaciones no contrastadas y mistificaciones. La escuela española no ha logrado reedificar un conocimiento de la historia reciente desde una perspectiva inequívocamente democrática. Los diseños curriculares y los libros de texto, reconociendo el enorme esfuerzo de actualización desplegado en los últimos decenios, no han escapado a la acomodación al canon historiográfico de la «equidistancia». En la práctica docente no es raro que se liquide este período de manera superficial y superacelerada, con voluntad de obviar episodios controvertidos o, simplemente, molestos.

La idea del autor, ya que no original, es muy loable. Conviene que las generaciones del siglo XXI sepan algo del pasado. Si la enseñanza reglada no lo hace, el equivalente de un articulito, ilustrado profusamente, quizá pueda competir con YouTube o con esos libros de texto que, si bien han experimentado transformaciones vanguardistas en lo que a diseño y recursos gráficos se refiere, siguen adoleciendo de la falta de transposición al ámbito didáctico de los resultados de investigación historiográfica actualizada sobre elementos clave, tales como la urdimbre de la trama del golpe de Estado, la internacionalización del conflicto, la dinámica política y social y, sobre todo, la etiología de la violencia y la represión.

En declaraciones a la prensa, el autor afirma haber leído extensamente. Se echa de menos una mínima bibliografía que pudiera dar pistas sobre qué obras haya hojeado. Para información, al menos, de los papás y mamás. Su articulito no contiene, ni lo pretende, abordar ninguna idea o interpretación que no se hayan repetido de forma recurrente en la literatura (ni tampoco en las contraideas o contrainterpretaciones en un campo que en los últimos treinta años ha sido objeto de innumerables tratamientos científicos apoyados por evidencias de toda índole).

Menos loable es que Pérez-Reverte presente, nada menos, su trabajo afirmando que, «para evitar que tan desoladora tragedia vuelva a repetirse nunca, es conveniente recordar cómo ocurrió». Esta manidísima y oculta referencia a Santayana no viene a cuento en absoluto. También figura en la contraportada por si a algún eventual lector le asaltaran dudas. Ahora bien, tal y como aborda la Guerra Civil, parece difícil que en el presente o en el futuro puedan darse cita las «causas políticas» que identifica. Si su propósito didáctico estriba en extraer «conclusiones útiles sobre la paz y la convivencia que jamás se deben perder. Lecciones terribles que nunca debemos olvidar», en mi modesta opinión, fracasa estrepitosamente.

¿Cuáles son las causas que, según él, llevaron al conflicto? Atraso social y económico, mucha pobreza, incultura, desigualdades sociales, insatisfacción con el estado de cosas, la tierra no era de quien la trabajaba, las condiciones laborales (en las fábricas) eran «a menudo» injustas. En consecuencia, se producían disturbios, algaradas y alteraciones del orden público. Todo ello impedía la estabilidad política. Si estas fueron las causas, ¿no podrían pensar los chavales que tales fenómenos también se producen hoy en día?

De lo que no tendrán experiencia es de otros rasgos: «derechas e izquierdas se organizaban para lo que, tarde o temprano, parecía confrontación inevitable» y, además, «las revueltas callejeras, sublevaciones e incidentes diversos [...] alteraban el orden público y contribuían a crear [sic] esa sensación». Esto último, afortunadamente, ya no ocurre en la España de nuestros días, como incluso las mentes infantiles o en proceso de formación pueden comprobar a diario.

También podrán pensar, si lo hacen, que no existen muestras del chispazo que se atribuye a «buena parte de los jefes y oficiales del ejército», en connivencia con ciertos movimientos extremistas de derecha (eludiendo cualquier responsabilidad que no sea la de Falange). ¿Y por qué se sublevaron los militares? Pues simplemente porque «se creían marginados por la República». Los chavales más despiertos podrán comprobar, si preguntan a sus papás y mamás, que tal no es el caso en nuestros días.

Aparte de la debatida cuestión de la «inevitabilidad» de la guerra, lo poco que dice el autor sobre el contexto exterior permite remachar que el «santayanismo» ofrece una pista errónea. Como es frecuente en la literatura hispanocéntrica, abundan las falsas afirmaciones (lo que dentro de la parquedad informativa es revelador). Italia no envió una fuerza terrestre de cincuenta mil soldados. No es cierto que Mussolini, avergonzado por la derrota de Guadalajara, no perdonase nunca a sus tropas aquel desastre. Los tanques soviéticos no actuaron con mucha eficacia, pero al autor ni se le ocurre mencionar los aviones. Insiste en la especie (franquista y de la Guerra Fría) de que Rusia intervino confiando en que una victoria republicana terminase convirtiendo a España en un país comunista. Atribuye mucha importancia a los que, contradictoriamente, denomina «disturbios en Barcelona» (mayo de 1937), pero los liga a la intervención directa «de los agentes soviéticos que actuaban en España». Es una tergiversación afirmar que la guerra «se convirtió en motivo de estudio y experimentación para los regímenes europeos que pronto se enfrentarían en la Segunda Guerra Mundial». Lo fue, sobre todo, para el Tercer Reich, pero bastante menos para la Unión Soviética. Salvaré al autor por reconocer que el bombardeo de Guernica se hizo con «autorización del Estado Mayor de Franco» en un «ensayo despiadado de lo que después serían las tácticas aéreas nazis». Es algo que siguen negando, todavía hoy, historiadores de derechas, incluso en obras destinadas a la enseñanza universitaria.

La parte militar es de pena. Sin duda es muy complicada para las mentes infantiles: «Las ofensivas republicanas se vieron obstaculizadas por los problemas políticos de retaguardia» es hasta punto cierto, pero se omiten la carencia de recursos, la dificultad de crear un ejército capaz de enfrentarse a otro dirigido y encuadrado por profesionales, la incapacidad de formar masas de maniobra y los obstáculos tácticos y estratégicos a la hora de obtener recursos del exterior, también soviéticos. Así que no se explica la tenaz resistencia frente, y esto sí está bien visto, a un Franco «que no dudaba en sacrificar a las propias tropas en una larga guerra de desgaste, mientras que con la represión de los vencidos aseguraba las zonas conquistadas». Tampoco esta es una afirmación que compartan numerosos autores franquistas. Evidentemente, Pérez-Reverte va de «progre».

El relato elude todas las cuestiones claves, de difícil comprensión para los chicos y chicas del siglo XXI: ¿cómo se distribuyen las responsabilidades en la preparación de la sublevación y por qué? ¿Qué convirtió la sublevación a una guerra civil? ¿Por qué se hizo la guerra? ¿Por qué duró casi tres años? ¿Qué fue la guerra? ¿Por qué duró tanto el franquismo? Aquí, la imprecisión terminológica es notable: de «férrea dictadura», sin otro calificativo, se pasa a régimen de «carácter autoritario». Un régimen, al parecer, muy limitado, porque lo habría sido en tanto que «represor de libertades políticas y ciudadanas».

Eso sí, todos «pelearon con crueldad y también con valentía» (aparentemente, la guerra debería haber sido «florida», como entre los mesoamericanos anteriores a la conquista, y el valor se supone a todos los españoles por el mero hecho de serlo). Con todo, se reconocen similitudes y diferencias: «Las tropas rebeldes tomaron terribles represalias contra la población partidaria del legítimo Gobierno de la República», pero «en la zona republicana ocurrieron también innumerables atrocidades». El autor carga la siniestra contabilidad contra las primeras. Ahora bien, es difícil que el número de asesinados entre los leales a la República fuera ciento ochenta mil. Más acertada es, en los causados en esta zona, una cifra en torno a los cincuenta mil.

Choca la forma en que Pérez-Reverte termina el equivalente de sus ocho páginas y un tercio de texto (sin glosario y momentos clave): «A la muerte del dictador, España se convirtió en una monarquía parlamentaria por decisión personal del rey Juan Carlos I [...] [que] volvió a legalizar los partidos políticos, procuró la reconciliación nacional, liquidó el régimen franquista y devolvió a España la democracia». La tímida contextualización del comienzo del relato desaparece. La responsabilidad monárquica en la preparación de la guerra se omite cuidadosamente.

Debo felicitar efusivamente al autor y a la editorial por el éxito económico que supone haber vendido cuatro ediciones en menos de tres meses de un articulito de cuatro mil quinientas palabras. Es algo que no está al alcance del común de los mortales. Mucho menos en un país en el que, casi todas las semanas, se publica algún libro sobre un aspecto u otro de la guerra y en el que las autoridades han cortado la desclasificación de documentos de índole militar.

Alfaguara afirma en la contraportada que se cuenta la guerra «de forma escueta, objetiva y rigurosa, sin clichés partidarios ni etiquetas fáciles». Publicidad barata. Me pregunto si hubiera aceptado un texto parecido caso de haberlo escrito algún exprofesor de enseñanza secundaria. Sugiero el nombre de Fernando Hernández Sánchez, a quien agradezco sus observaciones sobre el ámbito en que se educan esos jóvenes para los que escribe nuestro estimado novelista.
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remolina
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Ubicación: León

MensajePublicado: Vie Ago 05, 2016 4:12 pm    Asunto: Responder citando

remolina escribió:
Éste sí lo tengo que comprar. ¿Todavía soy joven, no? ¿O me van a pedir el carnet? Risa


Jo, hace tropecientos meses de éste, que creo que fue uno de mis últimos mensajes. Lo más triste es que el libro lo compré, pero aún no he tenido ni un segundo libre para leerlo. LLorando o Muy Triste En algún momento de este lustro creo que se me arreglará.

Por cierto, ¡hola de nuevo! Risa Preocupado
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Copons_de_la_Baraja
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MensajePublicado: Vie Nov 04, 2016 12:36 pm    Asunto: Responder citando

Alguien me podría aclarar una duda que tengo...acabo de ver que se acaba de publicar una 'edicion escolar' en tapa blanda. Tiene el mismo contenido que la edicion original en tapa dura?

Gracias Sonrisa
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Rogorn
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MensajePublicado: Sab Nov 12, 2016 11:53 am    Asunto: Responder citando

Los políticos
José Manuel Pedrós García - eleconomico.es - 11/11/2016

«El político es un ser inculto, desconocedor de todo, y convierte en política y mecanismo de poder cualquier argumento que se ponga a tiro». Estas son algunas de las palabras que dijo Arturo Pérez-Reverte con motivo de la publicación de su libro 'La Guerra civil contada a los jóvenes'.

Personalmente, y para contar la historia sobre la Guerra civil, yo prefiero a Paul Preston, me parece más riguroso y más objetivo, porque imprime a la historia una categoría y una autoridad diferentes, las de alguien que conoce la materia con la que trabaja como nadie, y aporta a sus palabras una documentación exhaustiva que avala sus postulados; pero ése no es el tema que ahora nos ocupa, y yo no quería hablar de la Guerra civil española, sino de los políticos.

Tampoco estoy de acuerdo con los comentarios de Pérez-Reverte sobre la clase política, o mejor dicho, no estoy totalmente de acuerdo, aunque le reconozco una determinada veracidad a sus palabras, producto —como en el caso de Paul Preston— de una documentación estudiada. Él es demasiado drástico, demasiado contundente y demoledor, incluso muy incisivo o cáustico; y algunas veces esa aparente seguridad que algunos muestran no se corresponde con la realidad, y puede ser una máscara que oculte nuestros sentimientos más íntimos o más personales, o un maquillaje para encubrir nuestra debilidad y nuestras carencias, incluso para camuflar todo aquello que quisiéramos que fuese (o que hubiera sido) y no es (o no ha sido). Que todo eso que Pérez-Reverte dice sea cierto no es cuestión de ponerlo en duda, porque cuando él lo dice será porque sabe que es verdad; pero a veces no es suficiente con decir la verdad, si ésta enmascara un poso de rabia o enojo hacia esa clase de la que se está hablando, y la mayor parte de las veces actuar con serenidad supone una credibilidad añadida. Aun así, analizar la actuación de determinados políticos, en función de lo que conocemos por los medios de comunicación y de lo que se habla en el Congreso no es demasiado complicado; pero hay que tener mucho cuidado, porque a veces las apariencias engañan, y bastan con que algún medio de comunicación se cebe con alguien para llegar a desacreditarlo sin motivo ni razón.

Yo no creo que «todos» los políticos sean incultos, o ambiciosos, o que les atraiga el poder por encima de todo; pueden serlo algunos, incluso muchos, como ocurre en otras profesiones, como ocurre con el resto de la población, pero los hay muy cultos, como los hay muy inteligentes, aunque también creo que la mayoría poseen una gran verborrea que explotan, hablando mucho pero diciendo poco, y lo que es peor sin hacer nada que beneficie a una mayoría; y cuando lo hacen, lo hacen de una forma lenta, casi a salto de mata, explotando ideas que antes han desechado por venir de otros con diferente ideología.

La demagogia, la elocuencia, la oratoria, y ese aparente dominio de cualquier situación es algo que, a menudo, les caracteriza, y les acompaña —y no voy a generalizar— como algo unido a la argucia o al embuste, porque en las campañas electorales despliegan una simpatía y un don de gentes que después les es impropio, y algunos llegan a ser aduladores (y hasta babosos) con el electorado durante la campaña, para después olvidarse de sus promesas y de su estima.

Lo que sí creo es que los políticos no son objetivos, y sus votos en las cámaras no son los que debieran ser si actuaran en conciencia; pero no lo son porque muchas veces no pueden. Se deben, fundamentalmente, a la disciplina de su partido, a las normas y directrices de su grupo, y tienen que votar propuestas que, en algunas ocasiones, no suscriben personalmente, pero que no tienen más remedio que acatar por el hecho de pertenecer a ese partido. Creo que ése es el mayor de los problemas que conlleva la clase política, la falta de independencia que tienen por separado cada uno de los individuos que se dedican a ella; y yo no creo que los políticos sean una clase despreciable, porque creo todo lo contrario. Me parece que una mayoría no está en política para enriquecerse o por ansias de poder, aunque hay muchos con estas pretensiones.

Quiero creer que la mayoría aspira con su actuación suavizar los problemas de la población a la que se debe, bien sea a nivel local, a nivel provincial o a nivel nacional, intentando hacer más fácil la convivencia y la vida de sus congéneres, e intentando que exista menos desigualdad económica y social; pero, claro, eso es lo que yo quiero creer, porque hay otra realidad, lamentablemente; y en más ocasiones de las que debería darse no es así; y tenemos políticos corruptos a nuestro alrededor, que están en la política única y exclusivamente para enriquecerse; políticos mediocres que sólo buscar escalar puestos cada vez más altos dentro de sus respectivos partidos, aun a costa de poner zancadillas o pisar a sus compañeros; políticos que están ahí para beneficiar a sus familiares y, de paso, beneficiarse ellos mismos; políticos que utilizan la política como trampolín para cuando salgan de ella posicionarse en las esferas económicas más altas; etcétera.

Pero no quiero terminar de la misma forma que he empezado, porque no quiero suscribir la frase de Pérez-Reverte; y no quiero, como muchos periodistas o escritores pueden hacer, meter el dedo en la llaga, y buscar un titular demoledor para atraer la atención de los lectores con su ironía, su desprecio o su incisiva acritud, y con esto no quiero decir que yo sea mejor que nadie, ni mucho menos. Sólo pretendo actuar de una forma diferente, quizá menos contundente, y por lo tanto menos llamativa, pero de una forma que, moralmente (o anímicamente), me es más natural.

Quiero suavizar los contornos y alisar las formas, aunque se me tilde de melifluo, de remilgado, o incluso, estirando el hilo, de servil; porque en el fondo, y como he oído en más de una ocasión, «se saca más besando que mordiendo». Reconozco que algunas veces hay que morder, está claro; pero también es cierto que hay que morder con mucho cuidado, sin hacerle al otro sangrar, porque a veces al clavar los dientes destilamos el veneno que se alberga en nuestro interior y se lo inoculamos a nuestro rival, y con ello nos convertimos en simples reptiles que sólo ven a los demás como posibles adversarios a los que hay que eliminar, o como posibles presas a las que hay que devorar.
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