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'La carta esférica' (2000)
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Rogorn
Capitán


Registrado: Feb 01, 2007
Mensajes: 13285

MensajePublicado: Sab Oct 16, 2010 8:52 am    Asunto: 'La carta esférica' (2000) Responder citando

Arturo Pérez-Reverte se adentra en el mar en su nueva novela, ‘La carta esférica’.
La editorial Alfaguara publicará en abril la última obra del escritor cartagenero.
Amelia Castilla - El País - Sevilla - 20/01/2000

Enigma, misterio e investigación histórica. Los tres elementos vuelven a encontrarse en una novela de Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951). El escritor español vivo que más vende en el mundo ha puesto el punto final a una nueva obra, ‘La carta esférica’, que tiene más de 500 páginas y que se publicará en Alfaguara el próximo mes de abril. "Nunca he querido mezclar el mar con mi obra, porque formaba parte de mi vida y de mi retaguardia, pero ahora estoy contento de haber escrito este homenaje personal a todos los libros sobre el mar que he leído", aseguró el autor.

El autor de 'La tabla de Flandes' reaparece, tras cuatro años sin publicar una novela larga, con la historia de un marino profesional que es expulsado de la compañía en la que trabaja. Una buena parte de la novela transcurre a bordo de un velero en el Mediterráneo. Barcelona, Madrid, Cádiz y Cartagena son las ciudades que aparecen en la nueva novela de Pérez-Reverte. El autor de ‘La piel del tambor’, que ayer se encontraba en Sevilla para participar en el jurado de un premio literario, aseguró que ha planteado la novela como un homenaje a toda la literatura marítima, desde Homero, Conrad y Melville, y a todos los libros sobre el mar. A partir de las obras leídas, de la circunstancia de que el escritor nació en una ciudad que mira al mar y de que una de sus pasiones es navegar ha nacido esta novela. "Ha sido como ponerse a bucear y rescatar un barco hundido en el Mediterráneo", apuntó el novelista, que con ese pretexto recorre las aguas de su infancia y 3.000 años de literatura y de memoria.

‘La carta esférica’ es fruto de casi tres años de investigación y de 14 meses de escritura. La obra está llena de elementos propios -"he prestado muchas de mis cosas a los personajes"-, pero no es en absoluto autobiográfica. Arturo Pérez-Reverte recurre a las mismas obsesiones literarias de sus anteriores novelas: personajes muy pulidos, investigación histórica y misterio.

Como es habitual en su obra, Pérez-Reverte ha recorrido los escenarios que recrea en la ficción. De hecho, el autor de ‘El maestro de esgrima’ ha navegado con su velero con cartografía náutica y cartas antiguas, lo que ha supuesto "toda una experiencia y un ejercicio técnico muy interesante". La escritura de esta novela se ha realizado en medio de la serie de ‘El capitán Alatriste’ (‘El sol de Breda’, la tercera entrega, se publicó en noviembre).

‘La carta esférica’ es la historia de un marino de carrera que es despedido de la empresa para la que trabaja tras un incidente profesional. El protagonista, gran aficionado a las subastas, conoce a una mujer que le devuelve a la aventura marina. Cartografía histórica, antiguos archivos, museos navales y buscadores de naufragios protagonizan el nuevo título del escritor cartagenero, cuya obra literaria ha sido traducida a 20 idiomas.

Los pocos escogidos que han leído el codiciado manuscrito o alguno de los capítulos aseguraron ayer que se han enriquecido los personajes con respecto a otros títulos y que se trata de su novela más literaria y ambiciosa, aunque el autor no quiere ni oír hablar de esas palabras tan pomposas. "Es la novela que quería hacer y me lo he pasado bien con ella", aseguró el autor, que no pudo reprimir una sonrisa.

Pérez-Reverte no es un autor que se prodigue en los círculos literarios. No suele recoger los premios que le entregan, no acude a la Feria del Libro de Madrid porque está en contra de las listas de autores más vendidos y muy pocas veces se presta a presentar alguna publicación o evento si no es movido por la amistad. Desde que se retiró del periodismo, en 1994, pasa la mayor parte del tiempo navegando. Después de leer, el mar es su mejor pasatiempo, ha confesado en alguna ocasión.

El hecho de que la nueva novela de Pérez-Reverte tenga más de 500 páginas tampoco constituye una novedad en su obra literaria -"me siento más a gusto en los recorridos largos"-. De hecho, ‘La tabla de Flandes’ y ‘El Club Dumas’ son obras de paginación alta, que el escritor define como "historias complejas donde pasan muchas cosas".

Pérez-Reverte no se arrepiente en absoluto de haber llevado el mar a la nueva novela, pese a que nunca quiso mezclar la literatura con su vida y a que es la primera vez que aborda el tema. "Estoy contento de haberlo hecho. Creo que no puedes navegar impunemente", concluyó el escritor, que se retiró del periodismo tras escribir ‘Territorio comanche’, donde cuenta sus experiencias como corresponsal de guerra en los conflictos internacionales de los últimos 20 años.

El novelista es el escritor español vivo que más vende en el mundo. La crítica extranjera lo ha comparado con Dumas (‘Le Monde’) y con Graham Greene (‘The Economist’).

Un maestro de juegos literarios

"Los que hablan en inglés tienen mucha suerte. La literatura norteamericana domina a la del resto del mundo; es estupendo poder leer en inglés", dijo el escritor británico Ken Follett en la penúltima Feria del Libro de Francfort, en un debate con Arturo Pérez-Reverte sobre la significación de los best sellers. "Sí, es estupendo, pero quizá los que hablan inglés tienen la desgracia de no poder leer la literatura española en español, lo que resulta muy agradable", respondió Pérez-Reverte en una sala abarrotada de público. Follett hablaba en inglés y Pérez-Reverte en español, y ambos se pusieron de acuerdo en francés y en la defensa de lo que calificaron literatura popular; es decir, de masas. En aquel debate, los dos escritores respondieron a la pregunta "¿cómo se fabrica un best seller?". A Ken Follett le costó 10 libros, según el propio autor, por una falta de dominio de la técnica. "Yo he tenido la suerte de tener éxito antes del número 12, no he sufrido el calvario de Ken Follett. A mí me llegó con el segundo", contestó Pérez-Reverte, cuyo éxito ha sido imparable desde que publicó en 1988 ‘El maestro de esgrima’. Después vinieron sus otras novelas millonarias en ejemplares y lectores: ‘El Club Dumas’, ‘La tabla de Flandes’ y, por supuesto, su serie de Alatriste. El éxito de Pérez-Reverte ha traspasado fronteras, sus obras han sido traducidas a una veintena de idiomas y el escritor ha recibido multitud de premios nacionales e internacionales.

En junio pasado, 'Herald Tribune' le definía como un "maestro de juegos literarios". El periódico destacaba entonces el éxito de ventas en Estados Unidos de ‘El maestro de esgrima’ y se hacía eco de la versión cinematográfica de ‘El Club Dumas’, la película ‘La novena puerta’, dirigida por Roman Polanski y presentada en el último Festival de San Sebastián. También el pasado verano el mítico periodista francés Bernard Pivot grabó en Bilbao su programa televisivo ‘Bouillon de culture’ y en él participó Pérez-Reverte, junto a un escogido grupo de autores españoles.

En países como Estados Unidos, Francia o Italia, los suplementos literarios más importantes se han ocupado ampliamente de su obra. Además de reconocerle como un autor de best sellers, de él han destacado su capacidad para generar suspense y la gran erudición que traslucen todas sus obras: "Pérez-Reverte sabe cómo retener al lector a cada vuelta de página" (‘The New York Times Book Review’, sobre ‘El maestro de esgrima’); o "construcción rigurosa, dominio magistral del juego entre el presente y el pasado. Es casi perfecta" (‘Le Monde’, sobre ‘La tabla de Flandes’).
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Rogorn
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MensajePublicado: Lun Oct 25, 2010 11:20 pm    Asunto: Responder citando

Irresistible thriller marinero
Carles Barba - La Vanguardia - 31/03/2000

'La carta esférica' - Arturo Pérez-Reverte - Alfaguara - 590 páginas - 3900 pesetas

El mar es una de las asignaturas pendientes de la novelística española. Sorprende que un país que organizó y financió empresas tan señeras como el descubrimiento y conquista del Nuevo Mundo no haya producido no sólo ningún Conrad, sino siquiera un decoroso C. S. Forester. Desde luego, contamos con novelas de barcos estupendas y de muy buena prosa ('Trafalgar' o 'Las inquietudes de Shanti Andía'), pero uno las sospecha escritas por Galdós y Baroja arrebujados en una mesa con brasero y con un buen diccionario náutico a mano. Ha escaseado entre nosotros, pues, la ficción marinera con el sabor de lo realmente vivido.

'La carta esférica', la séptima y más larga narración de Arturo Pérez-Reverte hasta la fecha, podría empezar a resarcirnos de la situación antedicha. En este novelón pisamos las planchas de una verdadera cubierta ardiendo, oímos el gualdrapeo de las velas recién izadas y notamos el balanceo del casco en mar abierto. Pérez-Reverte ha jugado a fondo por lo menos tres bazas para conseguir tal impronta de autenticidad: nacido y criado en Cartagena, ha recreado con detalle el ambiente marinero de este gran puerto natural; navegante él mismo y dueño de un velero, ha reaprovechado sus conocimientos de primera mano para apoyar con buen lenguaje técnico las singladuras de sus protagonistas; y, por último, lector empedernido y desprejuiciado de toda clase de obras de aventuras marineras (desde 'La odisea' a 'El tesoro de Rackham el Rojo'), ha revertido aquí algunas de las pautas básicas de toda esta heterogénea tradición y ha fabricado así una intriga que, aun teniéndonos en ascuas hasta el último segundo, nos trae constantes resonancias de momentos ya vividos en las páginas de Verne, de Stevenson, de Melville e, incluso, de un autor externo a este género, Hammett.

La trama en sí misma trata de un marinero suspendido por dos años como piloto (Coy) que, durante una subasta de objetos náuticos en Barcelona, conoce a una bonita funcionaria del Museo Naval de Madrid (Tánger Soto). Los dos intimarán y se aliarán para ir a la caza de un bergantín español, el 'Dei Gloria', supuestamente hundido frente a las costas del cabo de Palos en 1767 con un cargamento de gran valor. Al mismo tiempo, hay un gibraltareño, Nino Palermo, especializado en rescatar buques naufragados, que tiene también un especial interés en localizar el 'Dei Gloria' y hacerse con su carga al precio que sea, incluso eliminar a sus competidores.

Pérez-Reverte urde un thriller marinero irresistible, ambientado sucesivamente en Barcelona, Madrid, Cádiz, Gibraltar y Cartagena, y en el que a las emociones de la búsqueda por buceo del bergantín desaparecido se añaden las no menos exaltantes del rastreo de su ubicación en el fondo submarino a través de archivos, bibliotecas y consultas a cartógrafos. Tensada la atención por las expectativas de esta empresa, el lector se siente por añadidura atrapado en el desciframiento de tres aspectos laterales de la obra que se van desplegando ante él con lógica aplastante: 1) la anécdota histórica interesantísima que oculta el hundimiento del bergantín, con la Compañía de Jesús de por medio tratando de evitar in extremis que Carlos III les expulse del país; 2) el desafío cartográfico que supone interpretar correctamente la carta esférica antigua que establece la posición donde puede yacer el barco jesuita, lo cual deriva en toda una lección viva de ciencia de la navegación, y 3) la historia de amor que se va anudando entre el marinero sin barco oficial y la buscadora de naufragios: desde el principio se presiente que él está loco por ella, pero hasta la última página no se llega a saber el grado de correspondencia de ella, una esfinge a lo largo de toda la historia. Esta heroína es uno de los mejores caracteres que hayan salido de la pluma de su autor, y tallada a lo Hammett, con lados sombríos en constante ignición, nos hace olvidar los personajes femeninos planos que suelen poblar la novelística marinera, incluido Conrad.

'La carta esférica', en suma, es un best-séller endiabladamente entretenido, tan bien engranado como 'El nombre de la rosa' y tan sugerente y embrujador como 'El perfume'. En materia de literatura lo que hoy resulta culturalmente correcto es decir que los libros favoritos de cada cual son el 'Ulises', de Joyce, o 'La muerte de Virgilio', de Broch. Pero muchos que aducen estos nombres quizás serían más honestos si reconocieran que para ellos el placer de la ficción les ha venido inoculado desde siempre por historias donde hay un mapa en clave, un barco hundido, un buzo y un tesoro. Con 'La carta esférica', Pérez-Reverte nos embarca precisamente rumbo a ese territorio de nuestras lecturas de adolescencia, ámbito de nuestros sueños más puros, y en el que las meras letras de un cartelón ('Posada Almirante Benbow') nos traen todavía deliciosos efluvios de mares no surcados, de islas paradisiacas y de indígenas indefectiblemente caníbales.

Fotos:
http://hemeroteca.lavanguardia.es/preview/1999/12/17/pagina-1/34037693/pdf.html
http://hemeroteca.lavanguardia.es/preview/1999/12/17/pagina-2/34037699/pdf.html
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Rogorn
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MensajePublicado: Mie Nov 10, 2010 11:42 pm    Asunto: Responder citando

Vuelve la aventura
Luis Sánchez Moliní - Revista Doblecero – 01/04/2000

El autor de mayor éxito del panorama literario español regresa a la arena con ‘La carta esférica’, una novela apasionante donde el lector recupera el gusto por el mar, las viejas cartas náuticas, los tesoros escondidos, el jazz y... en definitiva, el sabor por la aventura.

Corresponsal de guerra, navegante solitario y vocacional, escritor internacionalmente reconocido... Arturo Pérez-Reverte es de esas personas que parecen incapacitadas para el fracaso. Si la prensa francesa lo considera un nuevo Dumas o el presidente Clinton suele tener una de sus novelas en la mesilla de noche, no es por pura casualidad. En un mundo cada vez más anodino, Pérez-Reverte nos ha redescubierto en sus libros el gusto por la aventura al estilo de los grandes del género, (Homero, London, Conrad, Melville, Stevenson...). Ahora, nuestro escritor vuelve a lanzarse al ruedo con ‘La carta esférica’, una novela que trata del que, quizás, ha sido y será el gran amor de su vida: el Mediterráneo. Un libro lleno de barcos hundidos, tesoros por descubrir, marineros intrépidos, viejas cartas de navegación, música jazz y, sobre todo, aventuras. Con la intención de enterarnos un poco mejor de la historia, 'Doblecero' hizo su petate blanco de marinero y se fue a Cádiz para poder charlar un rato con nuestro autor sobre el mar, la mujer, los sueños y, en definitiva, la vida.

“La tierra está llena de jueces, abogados, policías... de toda esa gente que te perturban la vida. En cambio, en el mar eres tú mismo, con el viento y el barco como aliados, sin trampa ni cartón”. La obsesión por el mar de Pérez-Reverte no es caprichosa. Pasó su infancia y primera juventud en Cartagena, buceando en busca de ánforas fenicias y leyendo todas las legendarias historias de marineros. Pero más que eso, más que ‘La Odisea’, ‘Moby Dick’ o ‘El Tesoro de Rackham el Rojo’, fue un viejo marinero del puerto de Cartagena el que le descubrió el tabaco y la navegación. Precisamente a este personaje, apodado El Piloto, le dedica uno de los personajes de ‘La carta esférica’. “Las personas de esa estirpe se están extinguiendo. Hoy, los marinos son como camioneros que se dedican a llevar contenedores de un sitio a otro”, nos comenta nostálgico.

Junto al mar, ‘La carta esférica’ pone sobre el tapete otro de los grandes temas de la literatura: la mujer, representada por Tánger Soto, una misteriosa conservadora del Museo Naval que devuelve a la navegación al personaje principal (Coy, un quemado lobo de mar) para buscar un navío que naufragó en el siglo XVIII arrastrando al fondo un tesoro con todos sus avíos. “Tanto la mar como la mujer son muy peligrosas -advierte-. Lo que pasa es que para el mar tenemos cartas de navegación, y para la mujer no”. Cuál será el peligro que ve Pérez-Reverte en las féminas que afirma haber visto “tantos hombres que se perdieron en las mujeres como hombres desaparecieron en la mar”.

El autor de ‘Las aventuras del Capitán Alatriste’ -se promete nueva entrega en septiembre- nos deja claro su amor por los viejos objetos náuticos.De hecho, la novela se inicia en una subasta de cartas nauticas basada en una experiencia personal, cuando pujó a muerte para hacerse con una de éstas. Tanto es así, que a nuestro escritor le gusta navegar de vez en cuando a la antigua, colocando la polar sobre la jarcia y dejándose guiar por las cartas con las que navegaron los marinos del XVIII. “Cuando conoces bien la historia de los lugares y las cosas -indica- todo cobra un sentido mágico, una densidad que lo enriquece todo y te enriquece a ti”.

De lo que no tenía ni idea Pérez-Reverte antes de sentarse a escribir 'La carta esférica' era de jazz. Si convirtió a este género musical en uno de los elementos en los que se apoya la narración fue porque creía que la estructura del jazz “compuesta de repeticiones de un tema central que enlaza con otro” venía muy bien para una novela donde la mujer es importante. Fue así que viajó a Nueva York, compró toda la discografía que pudo, leyó libros y, “cuando lo comprendí, o creí comprenderlo, me decidí a incluirlo en la novela”. Y es que Reverte es de esos autores a lo norteamericano a los que le gusta documentarse exahustivamente antes de abordar un tema. “En mi método de trabajo soy algo anglosajón pero, eso sí, todo el bagaje cultural que vuelco en mis libros es europeo y mediterráneo”. Y aquí llega el gran protagonista de la novela: el Mediterráneo, un mar en el que el autor afirma encontrarse siempre en casa, “esté en Alicante, Beirut o Sicilia”. Cuando Pérez-Reverte navega en su velero y mira al Mediterráneo no sólo ve agua. “Este mar es la cuna de eso que conocemos como Occidente. Es la Biblia, Roma, el latín, el griego, la vid, el aceite, las Cruzadas... no hay mar tan rico culturalmente como éste”. Por eso le duele tanto ver la degradación del Mare Nostrum, observar como “se está muriendo, como no paran de aparecer engendros de hormigón en sus costas y manchas de aceite en sus aguas”. Pero para Pérez-Reverte no hay nada que hacer. Con un pesimismo que deja frío y que aprendió en su etapa de corresponsal de guerra se muestra implacable. “Quizás es que el corazón del hombre esté cambiando, y cuando esto pasa cambia todo”.

Los reporteros de Doblecero, cuando abandonan en tren la costa gaditana, no pueden menos que acordarse de esos versos del poeta catalán Joan Salvat-Papasseit que Loquillo nos resfrescó en su disco 'Con elegancia'.

Ahora no se hace, pero yo aún lo haría
-si de un amor sufriese el desengaño-:
unir la aventura del mar a mi vida
e ir tan lejos que me fuera imposible tornar.
¡Oh, si la nave llevase el nombre de la amiga!
De tanta añoranza languidecería la mar.
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Rogorn
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MensajePublicado: Jue Nov 18, 2010 12:13 am    Asunto: Responder citando

Pérez-Reverte explica su nueva novela como un guiño al mar y un homenaje a las mujeres
El escritor considera 'La carta esférica' un libro más hondo y maduro que los anteriores
Miguel Mora - El País - Madrid - 05/04/2000

Cinco años después, aquí está la nueva novela larga de Arturo Pérez-Reverte. El escritor la presentó ayer, en Madrid, en doble sesión: por la mañana con la prensa y por la tarde con su amigo José Perona y con sus lectores. Dijo que ‘La carta esférica’ (Alfaguara) es un guiño a la literatura marina que ha leído; un tributo al Mediterráneo por el que navega; una reivindicación de la aventura y un homenaje a las mujeres, "cuya fortaleza, lucidez y sabiduría encierran la clave de todos los misterios". Verboso y sincero, Reverte dejó una estela de hombre viajado y pesimista: "Tenemos un mar de mierda y un mundo de mierda".

Escribiendo es una máquina de contar historias; hablando parece una fábrica de frases para titulares. Ahí van algunas de las que dejó por la mañana, durante un desayuno al que asistieron algunos amigos del escritor y un centenar de periodistas de toda Hispanoamérica: "El mar es un escaparate del mundo, el mejor símbolo de la vida"; "Esta novela nació de una frase que no sé si oí o inventé: ‘Llueve en las orillas de Troya mientras zarpan las naves’"; "La aventura es posible todavía; consiste en ir de A a B y volver cambiado, distinto, más curtido o más lúcido"; "Las mujeres guardan toda la sabiduría y el conocimiento, las respuestas a todas las preguntas". Y más: "Yo no soy un aventurero, sólo he sido un mercenario honesto"; "No navego por aventura, sino por estar lejos de lo que no me gusta"; "Vivimos una cultura de diseño en la que vale tanto la Pasarela Cibeles como el Cubo de Moneo"; "Nadie recuerda nada, se ha borrado la memoria histórica"; "Yo jamás quise ser escritor"; "Siempre he creído que mis novelas no servían para el cine, y algunos directores me han dado la razón"; "Sabemos que los malos ganan siempre, pero no por eso hay que dejar de pelear".

Todo un resumen del ideario, de lo que es, de cómo escribe y cómo siente el mundo este autor diferente, amante de las peripecias y maestro de la ingeniería literaria, habitualmente denostado por la crítica (no esta vez: todas han dicho que ‘La carta esférica’ es una novela excepcional) y adorado por un público muy numeroso (también esta vez: en la semana que lleva a la venta, la novela ya está batiendo records).

Por cierto que Pérez-Reverte aclaró que esta situación de mayoría absoluta no le ha cambiado en absoluto. "Estoy aquí dando la cara, aunque creo que el autor debería entregar su novela y desaparecer. Por otro lado, me encanta que me lean, si puede ser en 27 países, mejor. Pero mis amigos saben que todo eso no me ha transformado. Antes de que me leyeran tanto, yo ya escribía así; he tenido la suerte de que los lectores me eligieran, y el único privilegio que me ha dado eso es la libertad para navegar en mi velero y para escribir lo que me apetece. Estoy muy orgulloso de ella, porque nadie me la regaló, aunque tuve suerte. Nunca pensé que pudiera pasar. Escribía porque era mi forma de amueblar el mundo, de refugiarme de lo que detesto, de vivir en paz. Por eso, y no por ser escritor, me monté mi iglesia barroca sevillana y mi tablero de ajedrez".

Resulta que ese "territorio común" le interesó a la gente, "y ésa fue la gran sorpresa. Yo creía que era un bicho raro. Son cosas de esa inmensa fraternidad lectora subterránea que interconecta el mundo a través de los libros".

Sin embargo, Pérez-Reverte intuye que sí ha cambiado como escritor. Que los tres años de preparación ("sobre todo los primeros 14 meses, la fase más feliz, cuando estudié astronomía, ciencia de navegación antigua y cartografía, tomé fotos, localicé sitios") y de escritura de este libro no los podía haber vivido siendo más joven, porque en él se enfrenta a "cosas más complejas, más hondas, que sólo los años permiten afrontar". Sobre todo, el duelo hombre/mujer. "Tenía que poner en claro cómo las mujeres cambian a los hombres, cómo son su catalizador, su enemigo, su desafío, su cómplice. Explicar por qué son tan fuertes y nosotros tan débiles. Al hacerlo, descubrí un montón de cosas, y no todas están resueltas en la novela".

Entre esas cosas, Pérez-Reverte comprendió que mientras el hombre busca mecanismos de consuelo (el fútbol, tomar cervezas con los amigos), la mujer, "por razones socialmente genéticas o viceversa, no tiene retaguardia. Siempre está sola. Pare sola, va sola al médico, espera sola a que el hombre vuelva a casa... Son muchos siglos haciendo todo sola, y lo mismo a las mujeres de 7 años que a las de 70 les da una lucidez, una capacidad de decisión, una crueldad y una visión del mundo muy especiales. Dentro de esa visión está el desprecio profundo por los hombres".

Pero hay otros homenajes en ‘La carta esférica’. El literario se traduce en un "juego lúdico", incluye a todos los autores de novelas de ambiente marinero leídas por el autor y se materializa oscilando entre la ambición de intentar "reescribir todos esos libros" y el pequeño guiño de citar los títulos o escribir párrafos enteros "al estilo de...".

Otro es el recuerdo a Cartagena, la ciudad donde nació Reverte hace ahora 48 años, una ciudad "con 3.000 años de historia" donde el inquieto niño y adolescente (que ahora, de adulto, presta esa etapa a Coy, el protagonista de su libro) descubrió el Mediterráneo, lleno de historia, y los puertos de antes, llenos de tipos tatuados, prostitutas, pícaros, contrabandistas... Allí aprendió Reverte que "el mar es muy bonito una semana en agosto, pero que el resto del tiempo sólo te tolera. Y si no, te mata. Lo cual es mejor que estar media vida dándole la mano a gente que detestas y obedeciendo a jefes que desprecias".

Para presentar su novela ante los lectores, Arturo Pérez-Reverte eligió el acto más sencillo posible: simplemente, dialogar sobre el libro con un amigo ante las personas convocadas en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Acudieron muchas, unas 500, y primero pudieron ver el reportaje en vídeo que ha realizado Javier Rioyo por encargo de la editorial: una larga entrevista con Reverte realizada junto al mar en Cartagena, en la que aparece también Paco el Piloto, veterano pescador y amigo del autor, que es además Pedro el Piloto, uno de los personajes de ‘La carta esférica’. Luego salieron al escenario Reverte y otro viejo amigo suyo, José Perona, catedrático de Literatura en la Universidad de Murcia, que prefiere firmar 'El maestro de gramática', y que es otro de los secundarios, el Maestro Cartógrafo.

Delante de una botella de ginebra azul, unas tónicas y un paquete de rubio para dar envidia al auditorio, el autor y su personaje se pusieron a charlar como si no hubiera nadie delante. O quizá como si estuvieran aún dentro de la novela.

Hablaron sobre las heroínas de los libros de Reverte (mujeres siempre malas a rabiar, según Perona), de las numerosas ventajas del mar sobre la tierra ("en el mar hay normas, en la tierra no hay ninguna", subrayó Reverte), sobre la dispar suerte que ha tenido Reverte con la adaptación cinematográfica de sus novelas, sobre el drama que supone que los jóvenes no lean, y un poquito sobre el siglo XVIII, un siglo que a Reverte le parece fascinante y desconocido, y al que por eso remonta la trama casi policiaca de ‘La carta esférica’.

Ese último homenaje, a los marineros científicos e ilustrados que surgieron en la España de aquel tiempo, gente como Jorge Juan o como Ulloa, cerró el agotador día de promoción de este escritor, que, ya se ve, recurre a los buenos amigos para aguantar el tirón de eso que él llama "dar la cara por las novelas".

--

Amor, ambición, tragedia, riqueza, humor, muerte, filias y fobias, amores y desprecios del autor, el jazz de Miles Davis y Charlie Parker... De todo eso hay en ‘La carta esférica’, una novela que narra la peripecia de un marino llamado Coy, un tipo honrado que no quiere ni sabe vivir en tierra y que ha perdido su barco. Como debe ser, Coy encuentra enseguida a la misteriosa Tánger Soto, en una casa de subastas de objetos navales de Barcelona. Funcionaria de la Armada española y buscadora de tesoros, dos palmos más alta que él y guapa como una sirena, Coy debe aprender a navegar por esa dama sin sextantes, astrolabios o compases, mientras se mete de cabeza en el enigma del tesoro. A grandes rasgos, estos son los personajes principales de una novela que viaja por Barcelona, Madrid, Cartagena, Gibraltar, Guayaquil y Cádiz.

- Coy. Marino a la deriva varado en tierra. Tiene 38 años (tripaytantos), varios meses de suspensión por delante y un examen de capitán aplazado sin fecha. Ha leído toda la literatura de marinos, desde Homero a Stevenson, Conrad o Melville hasta Patrick O'Brian. Cree que el único lugar habitable está, como mínimo, a diez millas de la costa. Lleva su chaqueta azul marino sin galones ni botones dorados; es bajito, bebe ginebra azul con tónica y tiene una sonrisa inocente y tímida.

- Tánger Soto. Ronda los veintimuchos, tiene pecas por todas partes, nunca olvida nada en tierra y no juega limpio. Muerde con la boca cerrada, es peligrosa, y, como el jazz, está llena de variantes insospechadas. Habla poco y, como dijo ayer su autor, puede llegar a ser muy cruel si decide cambiar de vida: ella no tiene retaguardia ni consuelos.

- Nino Palermo. Gibraltareño, buscador de tesoros, lleva una coleta gris y tiene un ojo de cada color: pardo el derecho, verde el izquierdo. Dueño de una empresa muy tecnológica, que recupera buques hundidos, es de ese tipo de gente que no recurre a la policía o a los tribunales para resolver sus problemas. Capaz de ir hasta el final sin ninguna piedad, Pérez- Reverte lo define como un malo con motivos.

- Horacio Kiskoros. El peor de todos, un "enano melancólico", ex militar, torturador argentino, inquietante hombrecillo, moreno de bigote y pelo peinado hacia atrás con fijador.

- Piloto. Personaje tomado de la realidad. Pedro el Piloto es Paco el Piloto, el pescador y contrabandista que enseñó al joven Reverte los secretos del mar y de la vida. Le dio su primer pitillo.
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Rogorn
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MensajePublicado: Mar Nov 23, 2010 8:08 pm    Asunto: Responder citando

Pérez-Reverte homenajea al mar
Miguel Ángel Trenas - La Vanguardia - Madrid - 05/04/2000

Con 'La carta esférica', última novela de Arturo Pérez-Reverte, Alfaguara tiró la casa por la ventana. Más de cien periodistas de ambos lados del Atlántico, editores y agentes literarios asistieron ayer a la presentación de una novela que nace con el favor unánime de la crítica.

El novelista aseguró que no le gustaban estas cosas: “Siempre he pensado que no hay que conocer a los autores, que una vez acabado el libro deben desaparecer por la borda”, dijo, pero aceptó que es algo que forma parte de su trabajo. Si para Miguel Munarriz, director de Alfaguara, la novela es el acontecimiento literario de la temporada, para Juan Cruz Pérez-Reverte es uno de los grandes protagonistas de la regeneración literaria de nuestro tiempo: “Es feliz escribiendo –dijo– y nos hace felices leyendo”.

El autor ha querido agotar el tema del mar y ha dedicado cuatro años a documentar esta novela, escrita en quince meses. Al explicar el libro, Pérez-Reverte indicó que desde hace años tenía una deuda literaria con el mar, con el Mediterráneo, un mar con 3.000 años de historia y de memoria. “He querido reescribir los libros de mar que yo amé. He recorrido toda la literatura del mar. Mi novela está llena de guiños a esos libros e incluso hay párrafos escritos con el tono de unos u otros autores.” Un mar que es símbolo de la vida, “que como mucho te tolera y cuando quiere acaba contigo, que te obliga a una vigilancia continua, a una atención máxima. Que te enseña el valor relativo de las cosas y del existir”. Pérez-Reverte ha saldado, pues, su deuda con el Mediterráneo, “que es mi mar, es el mar que conozco desde niño, sus vientos, sus velas, su luz... He querido navegar por lugares que el hombre ha frecuentado, aportar al placer del mar el valor añadido de la memoria y navegar por la historia”.

La aventura es un ingrediente que no debía faltar, según el autor “porque la aventura todavía es posible, en las páginas de un libro, en un museo... Lo importante es moverse. La aventura es ir de A a B y en el medio te transformas y enriqueces. Todavía queda lugar para la aventura personal”.

Pérez-Reverte dice haber buscado en este libro a la Mujer con mayúsculas. “La mujer tiene una memoria genética, una sabiduría de la que el hombre carece, hecha a base de siglos de parir y enterrar hombres. Mi marinero encuentra una mujer en la que intuye que están las respuestas y navega por ella a ciegas con los peligros que ello implica”, dice. En la novela no faltan el misterio, el enigma o la trama policiaca, “que se resuelven con un duelo entre hombre y mujer en el que trato de profundizar, de conocer y entender el papel de la mujer en la vida del hombre. Por qué te puedes perder en una mujer y dejar de ser o por qué una mujer te puede hacer ser lo que nunca hubieras sido”.

Foto:
http://hemeroteca.lavanguardia.es/preview/1999/12/17/pagina-48/34051919/pdf.html
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Rogorn
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MensajePublicado: Jue Nov 25, 2010 5:59 pm    Asunto: Responder citando

La nueva aventura del capitán Alatriste comienza en Cádiz
Alejandro Luque - El País - Cádiz - 08/04/2000

La próxima entrega de la serie que protagoniza el capitán Alatriste, el personaje creado por Arturo Pérez-Reverte, llevará por título ‘El oro del rey’ y comenzará su aventura en Cádiz para seguir en en Sevilla. Así lo confirmó el escritor murciano en la presentación de su última novela, ‘La carta esférica’, ayer en Cádiz. El creador de ‘El club Dumas’ y ‘La tabla de Flandes’ situó su nueva producción en un triángulo compuesto por mujer, mar y vida. "Toda la novela es un duelo entre un hombre y una mujer", explicó, al tiempo que reconocía en ella ciertas referencias autobiográficas. "La infancia de Coy [el personaje protagonista] es la mía, al igual que su forma de mirar al mar como un refugio".

Pérez-Reverte aseguró sentirse tan satisfecho de ‘La carta esférica’ como de sus anteriores novelas. "He hecho la novela que quería hacer, la que mi memoria, mi momento actual y mi edad me pedían", afirmó. No obstante, el autor aseguró sentirse totalmente desvinculado de la obra "desde el momento en que se entrega al lector, que es quien le da vida a lo que has escrito". "Es una situación parecida a caerse por la borda de un barco. O como casar a una hija: se va con otro y no puedes hacer más que desearle que sea muy feliz", concluyó el escritor.

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Pérez-Reverte presenta en Cádiz su nueva novela y dice que la ciudad gaditana será el escenario de sus próximas obras
Miguel Velasco - ABC - 08/04/2000

La ciudad de Cádiz, su bahía y su mar volverán a ser el escenario que inspire el arranque de las historias que el periodista y escritor Arturo Pérez-Reverte ya prepara relatar en sus próximas novelas. Así lo aseguró al presentar en la capital gaditana 'La carta esférica', tras haberlo hecho ya en Madrid. Apuntó que su intrépido capitán Alatriste llegará en su próximo relato al puerto de Cádiz desde Flandes, para partir después a Sevilla, aunciando además que la otra novela larga que tiene en mente también se asomará al Mediterráneo desde la Tacita de Plata.

Tal vez porque el escritor tenía que saldar una deuda con Cádiz por la colaboración que le ha prestado para el argumento de su última obra, decidió acudir hasta la ciudad para presentarla como su retorno con la novela larga, tras cuatro años dedicado a 'Las aventuras del capitán Alatriste', y como el libro donde más ha profundizado en las relaciones humanas y en sus personajes.

El mar, un hombre sin barco -Coy, que conoce a una mujer que responde a sus grandes preguntas- y un navío perdido son los principales ejes sobre los que gira la nueva aventura que Pérez-Reverte propone con 'La carta esférica', en una historia en la que el autor ha conseguido unir sus grandes pasiones: el mar, el misterio, la investigación histórica y la literatura. Además une en ella dos ciudades a las que se siente muy vinculado: Cádiz, como capital del comercio marítimo durante el siglo XVIII por donde pasó el barco perdido de su novela, y Cartagena, su ciudad natal, donde se cree que naufragó el navío.

Para el autor, con esta novela ha podido dar forma a la historia que, basada en el mar, en toda la literatura relacionada con el mismo, y en las relaciones personales, desde años atrás le venía rondando en la cabeza, y que curiosamente surgió de la adquisición de una cartografía náutica del siglo XVIII que compró en una subasta. Por ello, en las cerca de 600 páginas de 'La carta esférica' se aprecia un poso de las obras vinculadas a la navegación que escribieron destacados autores como Melville, Stevenson, Conrad o Dafoe.

No envano, según Pérez-Reverte, el mar y la propia vida guardan una estrechísima relación: "La vida, como el mar, es muy perra, muy dura, muy difícil. Obliga a una continua vigilancia y mata en seguida a los imbéciles. Solamente quien reúne coraje, conocimiento técnico, talento e intuición consigue navegar y mantenerse vivo en el mar. Como en la vida".


Ultima edición por Rogorn el Dom Oct 07, 2012 9:38 am, editado 1 vez
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Rogorn
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MensajePublicado: Vie Dic 10, 2010 10:23 am    Asunto: Responder citando

"Para adentrarse en el océano que es la mujer no hay cartas, uno navega a ciegas ", afirma Pérez-Reverte
El País - Valencia - 26/04/2000

El escritor Arturo Pérez-Reverte recurrió ayer a su vocación melvilliana para compadecer a los hombres que no saben imaginar que existen barcos hundidos. En la presentación en Valencia de su última novela, ‘La carta esférica’ (Alfaguara), en la que por primera vez hace un recorrido por la mujer y el mar, el creador del capitán Alatriste volvió a reivindicar la pasión por la aventura a la hora de relatar la historia de un marino sin barco, desterrado del mar y rescatado por una mujer que le devuelve a la aventura marina. Una trama que, si bien conserva los mismos ingredientes que el resto de su obra -"misterio, enigma y aventura"-, se diferencia de las demás en que por primera vez aborda de lleno el tema del mar, "una especie de retaguardia", de la que dijo "había evitado cuidadosamente". El segundo rasgo diferencial de 'La carta esférica' reside en la concepción de la mujer, que Pérez-Reverte recrea con una fuerza inusual en sus novelas como arquetipo de libertad y de capacidad para lograr lo que se proponga. "Mientras en el mar hay cartas náuticas, mapas y tecnología que te permiten navegar, para adentrarse en el océano que es la mujer no existen cartas, ni señales. Uno navega a ciegas", dijo. "Siempre he dicho que soy un marino que accidentalmente escribe", aseguró el novelista nacido en Cartagena, que rinde en sus páginas culto al Mediterráneo.

Es la primera vez que el mar aparece en la obra novelística de Pérez-Reverte, que desde su retirada del periodismo activo en 1994 dedica buena parte de su tiempo a la navegación. Según el autor, toda la literatura náutica desde Homero a Conrad y Melville, está contenida en las 600 páginas de una novela que ha alcanzado unanimidad en críticas y ventas, y se prepara para ver la tercera edición.
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Rogorn
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MensajePublicado: Dom Dic 12, 2010 10:15 am    Asunto: Responder citando

"El lenguaje del mar es perfecto, no tiene sinónimos"
Marta Nieto - El País - Bilbao - 05/05/2000

Hace un mes, Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) publicó su nueva novela, ‘La carta esférica’. En este breve tiempo ya va por su tercera edición y ha vendido más de 300.000 ejemplares. "Ésta es también la primera novela de Arturo que ha cosechado unánimes críticas excelentes, incluso entre los críticos españoles, que hasta ahora han estado reticentes", apunta Amaya Elezcano, directora de Alfaguara, la editorial donde publica el antes reportero de guerra desde 1990. Pero Arturo Pérez-Reverte huye de la palabra éxito. "Sólo soy una persona que escribe", afirma. En su periplo promocional de la novela, Pérez-Reverte recaló ayer en Bilbao, molesto, aunque resignado por el nuevo papel de los escritores. "Un autor no tendría que estar aquí", fue lo primero que dijo. "Los autores deben quedarse fuera, es la novela la que tiene que hablar. Ya sé que ahora uno no sólo tiene que escribir una buena historia, es imprescindible acompañar al libro un trecho", reconoció, y volvió a la carga: "La novela tiene que leerse, no explicarse".

En ‘La carta esférica’ se leen claramente los dos temas que vertebran la pasión de Pérez-Reverte: el mar y la mujer. "No las mujeres", bromeó el escritor. Descendiente de una familia de marinos, siempre le habían rondado las historias del mar por la cabeza, como un rumor de olas apenas audible, pero en todo momento perceptible. "Nací en Cartagena y tenía una memoria marítima y mediterránea. Y eso estaba ahí y un día salió. Estaba yo en una casa de subastas pujando contra otro por unas cartas del siglo XVIII. Cuando salí con las cartas en el bolsillo, que me habían costado más de lo que en principio había pensado pagar, me di cuenta de que en ese momento estaba escribiendo una novela". Así cuenta Pérez-Reverte que se gestó ‘La carta esférica’. "Esta novela me eligió a mí, como le eligen a uno las mujeres".

Esta historia de amor, ambición, tragedia y mucha aventura la protagonizan Coy, un marino sin barco que espera tiempos mejores, y Tánger Soto, una buscadora de naufragios. Algo del autor tienen ambos, no en vano ésta es la novela más personal de Pérez-Reverte, en la que ha volcado más cosas propias. "Coy es el que tiene más de mí. Le cedí una infancia, una manera de pensar. Su forma de ver el mar es la mía, sus recuerdos son los míos", comenta. Con Tánger, el paralelismo es menos profundo. El escritor, como ella, también buscó tesoros en el fondo marino y reconoce haber hallado alguna que otra ánfora. "Para mí Tánger Soto es la Mujer con mayúsculas, la que todo hombre tiene en su cabeza", define.

Esta novela revela la pasión por el mar de Pérez-Reverte por los cuatro costados, incluso en la forma. "Metí en este libro todos los libros de mar que yo había amado desde niño. Estructuré la novela en tres partes con tres autores como símbolo. Una, la de Stevenson, es la etapa de la inocencia. La segunda, la de Melville, es cuando la vida te demuestra que hay dolor y hay lucha; y la tercera es la de Conrad, la de los recuerdos, la de la memoria", explica el novelista.

El escritor, quien participó por la tarde en una charla en el Aula de Cultura de El Correo, se encuentra incómodo en la rueda de prensa. Se le nota que desea huir, también de los halagos del público. "Escribo para mí, no para el lector. Con mis novelas justifico mi vida", dice.

Sólo se detiene en su carrera por acabar pronto del suplicio de las preguntas para volver al mar. Ha salpicado ‘La carta esférica’ de términos marinos, palabras que para él son una delicia. "El lenguaje del mar es un lenguaje perfecto, no tiene sinónimos. En el mar no puedes equivocarte. Cada cosa tiene su nombre y no otro, cada palabra nombra un sólo objeto, una sola acción. Sólo hay un lenguaje parecido y es el de la agricultura, pero eso se está perdiendo. Para mí ha sido un placer utilizar el lenguaje marino", afirma.

Pérez-Reverte se queja de un panorama cultural "desolador". "Vivimos en un tiempo en el que la gente se conforma con ver ‘Tómbola’" [polémico espacio con famosos de Canal 9 que emiten otras cadenas autonómicas]. Acusa y anima a la gente a bucear en otros mares: "Hay barcos hundidos en cualquier parte, metafóricos y reales. Las bibliotecas están llenas de libros y los museos, de pinturas", exclama. "Con esta novela he querido demostrar que la lectura es posible".
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remolina
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MensajePublicado: Lun Dic 13, 2010 9:03 am    Asunto: Responder citando

Rogorn escribió:
"El lenguaje del mar es perfecto, no tiene sinónimos"


Perfecto no sé, pero yo me acabo de meter con Patrick O'Brian y está a punto de darme una embolia con tanta cofa, obenque, estay, bauprés y demás. Confundido Alterado Guiño
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Siana
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MensajePublicado: Mar Dic 14, 2010 11:47 pm    Asunto: Responder citando

remo escribió:
Perfecto no sé, pero yo me acabo de meter con Patrick O'Brian y está a punto de darme una embolia con tanta cofa, obenque, estay, bauprés y demás. Confundido Alterado Guiño

Sonrisa Un par de chuletillas!


http://www.paranauticos.com/notas/frali/arboladura_fragata.htm

Cuando leí "El asedio" tenía abierto el libro de "Cabo Trafalgar" para mirar las ilustraciones del principio y poder situarme un poco Preocupado

Cita:
Una, la de Stevenson, es la etapa de la inocencia. La segunda, la de Melville, es cuando la vida te demuestra que hay dolor y hay lucha; y la tercera es la de Conrad, la de los recuerdos, la de la memoria

Buena manera de resumirlo.

Cita:
Para mí Tánger Soto es la Mujer con mayúsculas, la que todo hombre tiene en su cabeza

Pregunta Bueno, no sé yo si es la que todo hombre tiene en la cabeza Ojos Movidos . A mí me pareció un personaje muy interesante porque aún no sé qué secretos guardaba para actuar de esa forma tan…mujerrevertiana. Miladyiana. Recuerdo que cuando salía ella el tesoro sólo era un telón de fondo. Me hubiera gustado saber más, quizás a través de algún otro diálogo con Coy. Aunque lo mismo ahí está la clave del atractivo, en que sea misteriosa. En algo me recuerda a Lolita, pero me cae mejor Tánger.

Por cierto, gracias Ro Guiño
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Alberich
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MensajePublicado: Mie Dic 15, 2010 12:42 am    Asunto: Responder citando

....Tanger....ainssss.... Ojos Movidos
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remolina
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MensajePublicado: Mie Dic 15, 2010 8:42 am    Asunto: Responder citando

Siana escribió:
Sonrisa Un par de chuletillas!


Muchas gracias Sianeta. Precisamente estaba pensando en buscar algo así para poder tenerlo al lado del libro. Me viene de perlas. Muy Contento Guiño
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vetinari
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MensajePublicado: Mie Dic 15, 2010 10:30 am    Asunto: Responder citando

Gracias, Siana, hermosa.
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Rogorn
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MensajePublicado: Dom Ene 02, 2011 11:29 am    Asunto: Responder citando

Mediterráneo
Juan José López Burniol - La Vanguardia - 10/07/2000

He leído consecutivamente, por azar, dos novelas de sendos autores que no tienen, en principio, nada que ver entre sí: 'El cor del senglar', de Baltasar Porcel, y 'La carta esférica', de Arturo Pérez-Reverte. (...) El texto de Porcel confirma la idea de que toda lengua tiene su “voluta”, es decir, que toda lengua es susceptible de utilización barroca. Como sucede con el magnífico y suntuoso empleo que del catalán hace Baltasar Porcel.

Arturo Pérez-Reverte, por el contrario, no es un barroco con voluntad de trascendencia. Es un aventurero. Lo fue como corresponsal de guerra durante veinte años (véase su ácido testimonio como tal, en 'Territorio comanche'). Y quiere seguir siéndolo –sobre el papel– narrándonos, en corto y por derecho, historias de aventuras. No recuerdo cuál fue el primero de sus libros que leí. Sólo sé que me distrajo tanto, que los he ido leyendo todos, salvo su serie sobre el capitán Alatriste: siempre me ha costado entrar en la España de los siglos XVI y XVII; me entristece.

La última entrega de Reverte se titula 'La carta esférica' y es una larga novela –590 páginas–, en la que un perdedor –un oficial de la marina mercante sancionado– conoce a una misteriosa mujer obsesionada por la búsqueda de un barco fletado por los jesuitas con un oscuro designio. Este buque fue hundido –¿por los piratas?– cerca del cabo de Palos, poco antes de que la Compañía fuese expulsada de España. Un “cazatesoros” profesional, mafioso y gibraltareño se interpone en la ruta de la pareja protagonista. El conflicto está servido. Y el misterio, la aventura y la sorpresa, bien dosificados. El interés no decae hasta el desenlace, que quizá es lo más discutible de la trama. El marino no deja marchar a la chica, a diferencia de Bogart en “Casablanca”, que sí deja marchar a Ingrid Bergman. Y, al impedirlo, desencadena la tragedia. No está a la altura.

A veces me pregunto por qué soy adicto a la literatura de aventuras. Luego, no recuerdo ningún detalle de lo que he leído, ni permanece en mi memoria ningún personaje. Así, de las novelas de Reverte sólo recuerdo a la protagonista de 'El maestro de esgrima', que se me antoja cortada por el mismo patrón que la buscadora de tesoros de 'La carta esférica'. Ambas son recias. Al autor le van las mujeres con temperamento fuerte. Pero, en cualquier caso, lo cierto es que sumergirse en una aventura bien contada es una gozada. No en vano siempre me ha gustado pasear por puertos y estaciones, antesalas de un viaje que ya está claro que sólo haré en los libros.

Pese a ser textos dispares, late en ambos libros una última raíz común. En esencia, que para cada persona no existe más historia que el azar de su propia vida: “Los hombres vamos por la vida a trompicones, de aquí para allá... Solemos envejecer y morir sin comprender bien lo que pasa”. Por ello, la limitada felicidad a nuestro alcance está en lo concreto: en “aquest cap-roig, acabat de pescar per mi mateix al Freu de Sa Dragonera, peix d'una carn blanca i consistent i fina com no n'hi ha en les Set Mars”. Y, al fin, la muerte es el particular e inevitable “fin de la historia”: “Hay viajes que sólo podemos hacer solos”, dice el marino; “i és que a la fi sempre hi ha una tomba”, concluye Porcel. Esto quedó ya claro, en el Mediterráneo, hace miles de años.
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MensajePublicado: Lun Ene 03, 2011 6:39 pm    Asunto: Responder citando

La carta esférica
Jacinto Antón - El País - 10/08/2000

Mar, romance, aventura. ¿Puede alguien imaginar mejor lectura veraniega que una novela con estos tres ingredientes? ‘La carta esférica’ los reúne todos y muchas más cosas. Hasta el punto de que si usted se lleva este libro de vacaciones y va con exceso de peso puede eliminar del equipaje una novela policiaca, una marinera, una bonita novela sentimental y un clásico de las aventuras, pues todo eso ha metido Arturo Pérez-Reverte en su última novela, con la habilidad del viejo marino que mete un barco con todas sus jarcias en una botella. El único problema es que si uno fía todas sus vacaciones a ‘La carta esférica’ tendrá graves problemas: pronto se quedará sin libro, tal es la voracidad que despierta la trama.

La novela narra la historia de un marinero varado con un pasado que le atormenta -un Lord Jim moderno- que conoce a una bella y misteriosa joven. Ella le embarca en la aventura de localizar un barco hundido con un tesoro a bordo, tras el que van también una caterva de malos. Como en los mejores clásicos, la acción se combina con reflexiones vitales, la dicotomía moral es engañosa, la aventura deja un regusto amargo, la chica...
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Rogorn
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MensajePublicado: Lun Sep 26, 2011 10:22 pm    Asunto: Responder citando

Arturo presenta 'La carta esférica'
Entrevista con Javier Rioyo - El Semanal / Alfaguara - 03/2000

-Estamos en un bar de Cartagena, no muy lejos del puerto, con uno de los protagonistas, el Piloto.
-Paco el Piloto, además de mi amigo, es un viejo marinero. Ahora está jubilado, ha tenido que vender su barco, pero navegué con él de pequeño. Es de los últimos representantes del marino portuario mediterráneo, un prototipo. Es un personaje absolutamente literario, lleno de vida, de anécdotas, de malicia, de picaresca y de buen humor, todo mezclado, y al mismo tiempo gente cabal, buena gente. Por eso lo metí tal cual en la novela, y con su apodo, el Piloto, sólo que en vez de Paco se llama Pedro. Lo puse un poco más joven, aparece con 58 o 60 años, cuando todavía era un tipo cachas, moreno, las mujeres se volvían locas por él. Entonces era el mejor bailarín que había en Cartagena.

-JR: ¿Cómo recuerda a Arturo?
-PP: Un verano apareció por el muelle. Le dije: "¿Dónde vas?", y él me contestó: "¿Me permite usted que suba al barco?". "Súbete", le dije. Le di las explicaciones de las cosas que tiene el puerto, los barcos de guerra, los submarinos... y un cigarrillo, el primer cigarro que él fumó. Nos hicimos muy amigos. Lo orienté también, le expliqué cómo se buceaba desde las rocas...
-APR: Sacábamos ánforas del fondo del mar. En aquella época el fondo estaba lleno de ánforas romanas, de naufragios de barcos antiguos, fenicios, griegos, cartagineses, romanos... Había que buscarse la vida, había que navegar, contrabandear un poco, trapichear con el guarda... El Piloto hacía el trabajo sucio, el trabajo duro y peligroso. Otros eran los que ganaban el dinero, pero con eso se ganaba la vida y era feliz.

-Hay algo de necesidad en esta novela, tenías que contarla. Has vivido cerca del mar, y quizá ahora has tenido la necesidad de recuperarlo de forma literaria.
-Esta novela era un asunto pendiente que tenía desde hace mucho tiempo. Tenía en la cabeza una historia sobre el mar, pero no quería escribirla porque era pronto, era joven, había puntos de vista que quería desarrollar más, no lo tenía claro. Hace tres años me puse a escribirla. Sobre todo, quería meter en ella todo lo que he leído sobre el mar, desde Homero, Apolonio de Rodas, los Argonautas, Jasón, Ulises... Todo lo que es la memoria del mar Mediterráneo y, al mismo tiempo, Stevenson, Conrad, Melville, hasta Patrick O’Brian. Quería hacer una especie de gran homenaje, de gran guiño, en el cual estuviese contemplada toda la literatura de náutica y de aventuras del mar que había leído. Soy lector desde los nueve años y he leído toda mi vida, del mar he leído muchísimo. Quería que, de una u otra forma, todo eso que conformó mi vida como escritor, como marino, como individuo mediterráneo, estuviera en la novela. Y hay otras muchas cosas. Hay también una visión del mundo, una visión del Mediterráneo como memoria de 3.000 años. Hay un sentimiento de nostalgia por un mundo portuario que se fue y por una marina mercante que conocí en mi infancia y que ya no existe tal como es. Y sobre todo está la fascinación del enigma, el misterio del barco hundido, el secreto del tesoro, el barco desaparecido, el buque fantasma y la carta náutica que permite buscar ese barco, buscar el tesoro, buscar la solución al enigma...

-Una historia va apareciendo a lo largo de la novela: una intriga histórica situada en el reinado de Carlos III en torno a un barco perdido. Es invención tuya, pero parece posible.
-La intención fundamental era recordar que todavía es posible la aventura. Ahora somos escépticos, hemos visto mucha tele, estamos muy resabiados y ya no soñamos. Quería demostrar que todavía es posible encontrar el misterio y la aventura entre las páginas de un libro, en un museo, en una carta antigua, en una luz en el mar, en el fondo de una playa, que la gente que sueña todavía tiene territorios donde hacer posibles esos sueños o hacer posible la búsqueda de esos sueños. Hay otra cosa en la novela que me apetecía mucho contar: la historia de Coy, un marino que no tiene barco, un marino desterrado del mar, un tipo que es un buen marino, que está preparado para sobrevivir en el mar pero que en tierra se siente desvalido por completo. No hay cartas náuticas para navegar en tierra. Además, conoce a Tánger Soto, una mujer misteriosa y peligrosa que lo lleva a una serie de conflictos. Se enamora de ella y la sigue. Pero tampoco hay cartas náuticas para navegar por una mujer. La mujer es el gran misterio, el gran enigma. Ésa es la historia, en torno a eso he construido 'La carta esférica'.

-La historia de Tánger Soto encierra un secreto. Coy no sabe muy bien qué va a pasar y se mete en un mar proceloso.
-El hombre puede ser malo por ambición, por lujuria, por estupidez, por ignorancia, por muchas cosas, pero la mujer, cuando es mala, es porque no tiene retaguardia. Cuando una mujer como Tánger Soto, la protagonista de mi novela, decide luchar, pelear, ir hacia adelante y conseguir su sueño, es más valiente, más dura, más peligrosa y más cruel que ningún hombre de los que conocemos. Pero es normal: la mujer es más dura peleando, porque los hombres fracasamos y nos vamos con otros hombres a tomarnos unas cervezas y a consolarnos. Tánger Soto es una mujer que lucha en un mundo de hombres las con armas de los hombres. Es dura, cruel y decidida porque sabe que en el momento en que flaquee será engullida por el entorno masculino. Tiene un sueño y quiere hacerlo realidad, aunque para ello tenga que pelear. Decide buscar ese barco fantasma, ese barco perdido con el que soñó desde niña.

-En Coy hay una actitud de hombre solitario, de alguien que se ha encontrado bien entre los burdeles, los bares, las peleas, la amistad entre hombres... Es un solitario que quizá no busca el amor y, de repente, le sorprende.
-Coy vive según los códigos de una marina mercante que ya está a punto de desaparecer, al menos como él la amaba. Lo que ocurre es que conoce a una mujer y se enamora, y esa mujer lo mete en conflictos. Coy hace lo que tiene que hacer, pero sabe que hay una parte que ya depende del capricho de los dioses, como sabían los viejos navegantes de la antigüedad. Siempre me ha encantado de los marinos, sobre todo los marinos mediterráneos, esa especie de resignación o de fatalismo, igual ante el éxito que ante el fracaso. Me gusta la gente que es capaz de encajar la derrota y la victoria con la misma calma.

-En la novela hay personajes buenos y personajes malos. Bueno es el Piloto. Y para él son personajes inquietantes los malos, como Nino Palermo.
-Sólo dos personajes son honrados: Coy y el Piloto. Después están los malos entre comillas, porque resulta que luego ningún malo es redondo. Está Nino Palermo, que es el buscador de tesoros gibraltareño, un personaje que me cae muy bien y con el que simpatizo: es un malo pero que tiene sus motivos para ser malo. En realidad, en mi novela todos tienen sus motivos para ser malos. Quizá el único malo de verdad sea Horacio Kiskoros, un argentino que fue ex marino, ex torturador en la época de la dictadura, que trabaja como sicario para Nino Palermo.

-A Horacio le llamas "el enano melancólico". No haces un juicio moral contra los malos.
-En mis novelas nunca incluyo malos compactos y monolíticos. En mi vida como reportero, durante esos 21 años en países en conflicto, aprendí que todos tienen motivos para hacer lo que hacen, que raro es el malo redondo. Me gusta meterme dentro de su cabeza e intentar saber por qué lo es, por qué es así y no es de otra forma, qué lo llevó por ese camino. Eso también me preocupa en la vida real, me interesa y me divierte. En mi agenda, junto a buena gente, tengo una colección de malvados donde hay de todo: torturadores, asesinos, terroristas, guerrilleros, francotiradores, delincuentes... De todos ellos aprendes siempre algo. En 'La carta esférica' he querido reflejar que el mar es un misterio, es un peligro, es como una biblioteca. Todo está ahí: los libros que uno ha leído, los barcos en que has navegado, los puertos en los que han entrado. Por eso me gusta tanto el Mediterráneo. Cada vez que navego por ese mar, cada vez que miro un castillo cruzado, una iglesia, unos olivos, unos cipreses, un cementerio blanco, o buceo y veo un ánfora, estoy recorriendo una biblioteca inmensa de 3.000 años de memoria. Quería que eso estuviera en 'La carta esférica'. El misterio existe, el enigma existe. Todavía podemos ir en su busca.

-La búsqueda que hay no sólo es la de un tesoro.
-Buscar el tesoro es lo de menos. Al jugar a la oca no disfrutas sólo con la casilla última. Lo de menos es que lleguen o no lleguen al tesoro, para eso habrá que leer la novela. Lo que ocurre es lo importante, cómo el ser humano se transforma durante la búsqueda, cómo nos justifica navegar, luchar, buscar el tesoro con el que se sueña desde niño. Ese recorrido, ese periplo, ese viaje, esa aventura nos cambia. El hombre no es el mismo cuando sale que cuando llega, se transforma en el camino. Eso es la vida. Por eso quería poner ese tesoro en la novela.

-Además nos estás hablando de un mundo en extinción, quizá el Piloto también lo es.
-Sí, el Piloto pertenece a un tipo de hombres que salen en mis novelas y que ya no existen. El mundo ya no los acepta como eran, y por eso ha tenido que vender su barco. Tengo nostalgia de esa gente que se va, e intento fijar en la novela ese mundo para que no se pierda del todo.

-La novela empieza en un Museo Naval de ahora y va mirando hacia atrás, principalmente al siglo XVIII.
-Para mí un museo siempre es una puerta que te lleva hacia atrás, siempre lo ha sido. Y quería meter esa puerta. La novela transcurre en la actualidad pero quería irme hacia atrás, hacia el misterio. Es así como nos metemos en la historia, en una historia que está llena de cartografía, de cosmografía de navegación. Tuve que estudiar cartografía antigua y cómo navegaba un bergantín del XVIII, además de arqueología subacuática, para poderla contar con rigor profesional. Hasta música de jazz tuve que estudiar. En esta historia, el Museo, la técnica de navegación, los astrolabios, los sextantes, los octantes, han tenido mucha importancia. Ha sido un gran placer personal recorrer todos estos objetos, moverme entre maquetas de barcos, reconstruir combates navales y maniobras de vela sobre la mesa de noche con cartas náuticas. Ahora podría navegar en un bergantín y mandar las maniobras correctas, porque he pasado mucho tiempo con la cabeza a bordo de un bergantín. Para mí, que navego, haberme movido por este mundo durante tanto tiempo -he llegado hasta a navegar con cartas antiguas para ver cómo se veía la costa entonces y cómo lo hacían los navegantes antiguos- ha sido un placer tremendo. Soy de los escritores felices, no sufro delante de la hoja en blanco. Para mí escribir es disfrutar.

-Si hay un siglo lleno de sorpresas ése es el XVIII. Quizá sea de los peor conocidos y peor estudiados de la Historia.
-El XVIII es interesantísimo, casi tanto como el XVII. Entonces el español empieza a descubrir cosas, a descubrir la ilustración, la cultura, el conocimiento, la ciencia, la técnica... Y tenemos una generación de marinos con un gran prestigio, respetados, miembros de las academias extranjeras. Todo eso se acaba en Trafalgar. Trafalgar lo barre todo. Conocía esta brillante y magnífica época como marino y como aficionado a la Historia, pero la novela me ha permitido bucear de verdad en ella, meterme en los corredores de toda esa época de esplendor naval, de ciencia y técnica.

-En 'La carta esférica' vamos del presente al pasado, del pasado volvemos al presente y también hacemos un itinerario geográfico y vital por zonas y ciudades que te gustan. De repente aparecen Cartagena de Indias o Guayaquil, una serie de ciudades portuarias que pueden ser casi paralelas.
-Mis novelas siempre tienen una geografía muy precisa. Cualquier lector puede recorrer las ciudades y cada sitio, cada banco. En este caso he querido hacer un recorrido por los puertos. Los recuerdo cuando Coy era niño. Antes, un puerto era un lugar fascinante, lleno de barcos, de gente tatuada que bajaba y hablaba lenguas extranjeras -al menos yo lo veía así cuando era niño-, de tascas, de prostitutas, de cargadores, de pícaros, de gente que se buscaba la vida... Ahora no son más que explanadas en las que se aparcan contenedores, y los barcos amarran durante tres horas para cargar y se van, cualquiera puede llevar un barco apretando botones. Toda esa vida del marino mercante que he conocido por mi familia, por mis amigos, por mí mismo cuando era pequeño, toda esa vida ya no está. Lo que he hecho ha sido recogerla y jugar con ella.

-Manuel Vicent y otros escritores dicen que contar el mar es una de las pruebas de la literatura.
-El mar es muy difícil de contar, porque tienes que conocerlo muy bien. No es llegar y mirarlo. El mar es que te salpique, mojarte, bucearlo, haber nacido y crecer a sus orillas. El mar no se improvisa. Como dice el Piloto, es muy bonito en agosto, pero los otros once meses es muy peligroso, y hay que conocerlo bien. Es evidente que para mí era más fácil contar el mar que para alguien de Valladolid. Aunque ha habido veces en que la escritura era demasiado personal, ha sido un esfuerzo mantener los personajes lejos de mí, ir dándoles lo mío pero manteniéndolos lejos, para no estar yo demasiado presente.

-¿Es una novela de amor y de aventuras?
-Es mucho más que una novela de amor y de aventuras. En 'La carta esférica' están todos mis amores y todos mis desprecios. Como en todas las otras, aunque aquí de forma más acusada, porque el personaje y el tema me permiten marcarlo mucho más. La novela está muy documentada, es muy compleja y tiene muchos guiños y muchas historias, pero lo que me ha dejado satisfecho mientras trabajaba en ella es algo más: realmente es honrada, es decir, yo veo así la vida. A pesar de que utilizo como pantallas de ficción personajes contrapuestos e interpuestos, realmente me comprometo, tomo partido por aquellas cosas que amo y que detesto, me comprometo. Quizá nunca había contado de forma tan evidente, tan clara, tan cruel y brutal a veces, mis filias y mis fobias, mi sentido de la vida y mi sentido de la muerte, mi sentido del amor, de la mujer, del hombre, del ser humano, del mar, de todo... Y a través de otros, no es mi voz la que habla. Quizá 'La carta esférica' sea la mayor exposición en forma escrita y ordenada de mi visión del mundo.
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Rogorn
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MensajePublicado: Mar Dic 20, 2011 10:00 pm    Asunto: Responder citando

'La carta esférica' atraca en Valencia
D Palau - Levante - 26/04/2000

El mar, la gran pasión de Arturo Pérez-Reverte, centra la última novela del escritor presentada ayer en Valencia. El autor reivindica la aventura y apuesta por buscar los sueños, aunque no se consigan. Más que una "novela de peripecias", el escritor dice que 'La carta esférica' es "un recorrido por la mujer". Pérez-Reverte afirma que todo lo que se puede contar está en las obras de Aristóteles y asegura que "los escritores no crean nada de nada: digieren lo que han leído y lo proyectan sobre su realidad".

Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) dice que el escritor va por la vida con un mundo propio en la mente, una especie de mochila llena de historias, personajes, experiencias y retazos de existencia que cualquier día una chispa puede hacer saltar al papel. 'La carta esférica', la última obra del autor que ha logrado cubrir esta travesía hacia el folio, surgió gracias a una subasta, a la reñida puja del autor por unas cartas náuticas del siglo XVIII, y va camino de sumar un nuevo record al palmarés del escritor español que más libros vende. Atrás quedaron trece meses para documentarse sobre jazz, cartografía, marina mercante o arqueología submarina, y año y medio de escritura.

El mar, qué había permanecido hasta ahora en la retaguardia, en un segundo plano de su creación literaria, se convierte en el tema central de la última novela de un "marino que accidentalmente escribe", como se define el autor. La vida, la mujer y el mar conforman las tres esquinas del protagonista, un marino sin barco, desterrado del mar, que decide ir detrás de una misteriosa dama en busca de un barco hundido del siglo XVIII. Pero el creador de 'El maestro de esgrima', 'La tabla de Flandes' y la saga de 'Las aventuras del Capitán Alatriste' ha recurrido también al misterio, los enigmas, las tramas y los personajes que ya apuntaban anteriores novelas.

El autor de 'La carta esférica' afirma que le interesa una mujer capaz de pelear por un sueño en un mundo de hombres, "del que suele ser rehén". Arturo Pérez-Reverte apunta que más que una novela de aventuras y peripecias, es "un recorrido por la mujer". En el mar, explica, "todo es más fácil: existen cartas náuticas, mapas y toda clase de tecnología que permiten navegar. Sin embargo, para conocer a la mujer no hay señales, ni avisos, todo es más complicado y uno navega a ciegas".

El escritor reivindicaba ayer en la presentación de la novela en Valencia la pasión por una aventura alejada de los catálogos de viajes. "Vivimos en un tiempo en que parece que esté limitada a la televisión, o a ir de vacaciones al Tibet, pero la aventura aún es posible". Apuesta por buscar los sueños, aunque no se consigan, y dice sentír pena por los hombres y mujeres que no son capaces de imaginar que hay barcos hundidos.

Amante del mar desde que leyó 'La Odisea' a los doce años, Pérez-Reverte asegura que le gusta el Mediterráneo porque lo ha navegado todo el mundo. "Contiene tanta memoria que navegar por él es navegar por la cultura, la historia. Es un museo de puertas abiertas al pasado. Cuando buceas en él descubres la memoria". A este mar que conoció en su infancia y que siente como suyo dedica horas y horas desde que dejó TVE en 1994 e inició una fructífera carrera literaria. La familiaridad con el Mediterráneo le ha llevado a ambientar la novela en él y no en el desconocido Pacífico, aunque el mar que baña estas tierras esté "sucio y destrozado".

Arturo Pérez-Reverte afirma que, a estas alturas, todo está ya contado y reconoce las influencias de Homero, Conrad o Melville. "El escritor maneja material preexistente y lo va adaptando al mundo en el que vive. Ningún escritor crea nada de nada, de la comprensión del mundo es de donde salen las obras".

El autor tampoco se mostraba ayer partidario de las presentaciones de libros. "Debería escribir y desaparecer para que el lector proyecte su vida y haga el libro suyo", sentenciaba. "El éxito en las librerías", indica, "ayuda a relativizar el peso de la crítica". "Después de vender mucho el lector va directamente a tu libro, sin buscar las criticas, y eso tranquiliza mucho".
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Rogorn
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MensajePublicado: Sab Abr 07, 2012 8:49 pm    Asunto: Responder citando

Cuestión de meridianos y longitudes (1)
Jordi José y Manuel Moreno - El País - 08/01/2004

"En 1767 los españoles no usaban Greenwich como primer meridiano... Claro que no... Primero fue el de la isla de Hierro, pero luego cada país terminó usando el suyo. No se unificó en torno a Greenwich hasta 1884. Por eso la carta de Urrutia, impresa en 1751, trae cuatro escalas de longitud diferentes: París, Tenerife, Cádiz y Cartagena".

La historia de un marino sin barco a quien una enigmática mujer devuelve a la aventura marina es una mezcla de cartografía histórica, archivos antiguos, museos navales y buscadores de tesoros hundidos conjugados a la perfección en la novela 'La carta esférica' (2000), de Arturo Pérez-Reverte. Una buena muestra del saber hacer y de los buenos oficios de este escritor que acostumbra a documentarse concienzudamente.

El tesoro buscado en la ficción era transportado en el bergantín jesuita 'Gloria Dei', barco hundido frente a las costas de Cartagena en 1767, acosado por un bajel pirata argelino. En realidad, es un secreto oculto que traía de La Habana, capaz de cambiar el curso de la historia: evitar la expulsión de España de la Compañía de Jesús. La trama se basa en la controversia sobre la definición del meridiano cero u origen de longitudes geográficas. La novela compagina esta disputa histórica con los avatares del marino protagonista, varado en tierra. Algo parecido a lo que acontece en 'El tesoro de Rackham el Rojo' (1957), una de las aventuras del famoso reportero Tintín, donde confunden la longitud geográfica de París con la de Greenwich (el propio Pérez-Reverte lo señala en su novela).

Líneas imaginarias ideadas por el genio del hombre para orientarse en su propio planeta: el Ecuador, la eclíptica, el Círculo Ártico y el Antártico, el meridiano principal, los trópicos de Cáncer y de Capricornio. Las líneas de latitud (paralelos) y de longitud (meridianos) se mantienen fijas, aunque no del todo ajenas a las veleidades humanas. Mientras, los propios continentes van a la deriva y las fronteras de los países se trazan una y otra vez en función de sus ínfulas guerreras. Los paralelos son círculos concéntricos, paralelos al Ecuador (paralelo cero), que reducen su diámetro a medida que nos desplazamos hacia los polos. Los meridianos son grandes círculos (círculos máximos) del mismo tamaño que ciñen el globo terráqueo pasando por el Polo Norte y el Polo Sur. Son, claro está, círculos ficticios que sólo aparecen en los mapas y cartas de navegar: no están pintados sobre la superficie de nuestro globo por mucho que algún visionario los haya buscado con ahínco. Una tupida red de líneas que se entrecruzan perpendicularmente y que cualquiera, buscadores de tesoros incluidos, debe comprender (aunque ahora ya con los sistemas de posicionamiento global o GPS, ni eso).

Fue el gran astrónomo y cartógrafo de la antigüedad Tolomeo quien, hacia el año 150, trazó el primer atlas mundial que se conoce. Para Tolomeo y sus antecesores, quienes lo habían determinado a partir del estudio de los movimientos de los objetos celestes (Sol, Luna y planetas), el ecuador marcaba el paralelo cero. Según sus contemporáneos, la vida por debajo del Ecuador resultaba harto difícil: el personal se deformaría y acabaría derritiéndose a causa del terrible calor reinante. Hasta la Edad Media, por ejemplo, uno de los argumentos sostenido por los defensores de una Tierra plana era que, de ser esférica, por debajo del ecuador uno acabaría inclinándose tanto que se caería. Conclusión: la Tierra es plana y vivimos encima de ella. Fijado el paralelo cero como el ecuador, Tolomeo escogió, arbitrariamente como línea de longitud cero o meridiano principal una línea imaginaria que pasaba por las islas Afortunadas (las actuales Canarias y Madeira). Como bien explica la periodista científica norteamericana Dava Sobel en su excelente obra 'Longitud' (1995), los cartógrafos que le sucedieron trasladaron esta línea a diferentes lugares o ciudades, en función, básicamente, de la hegemonía político-económica de un país u otro. Así, ese privilegiado lugar, en términos cartográficos, pasó por las islas Azores, Roma, Jerusalén, Cádiz, Pisa, París y Filadelfia, entre otros lugares, hasta quedar fijado en 1884 en Greenwich (Londres). Cualquier línea que vaya de polo a polo, o círculo máximo, hubiese servido como referencia inicial. ¡Antes de emprender la búsqueda del tesoro, asegúrense de la ubicación del origen de longitudes de su mapa!

‘La carta esférica’: meridianos, tesoros y pecios (y 2)
15/01/2004

Gracias a la festividad de Reyes y a los últimos acontecimientos astronómicos (amartizaje de una sonda norteamericana, avistamiento de bólidos y alguna que otra estrella de Oriente, imágenes inmejorables de los anillos de Saturno, etcétera), hemos vuelto a recordar que encima de nuestras cabezas tenemos algo más que cabellos. Si existe una obra literaria reciente en que la astronomía conforma el núcleo de la historia, ésta es sin lugar a dudas 'La carta esférica' (2000), de Arturo Pérez-Reverte: una carta náutica convertida en novela de aventuras. El riguroso tratamiento del origen de longitudes geográficas y los equívocos históricos para su fijación, base de la trama, que comentábamos en una entrega anterior, contrasta con una pifia menor que se desliza en las primeras páginas: "Observemos la noche. Es casi perfecta, con la estrella Polar visible en su lugar exacto, cinco veces a la derecha de la línea formada por Merak y Dubhe [dos de las estrellas que forman el Carro de la constelación de la Osa Mayor]. La Polar va a seguir en el mismo sitio durante los próximos veinte mil años; y cualquier navegante que la contemple sentirá consuelo de verla allá arriba; porque es bueno que algo siga inmutable en alguna parte mientras la gente precise trazar rumbos sobre una carta náutica o sobre el difuso paisaje de la vida".

Una descripción literariamente impecable, pero astronómicamente muy deficiente. Como cualquiera debiera saber, el fenómeno conocido como “precesión de los equinoccios” da al traste con la inmutabilidad de la posición de la estrella Polar (estrella alfa de la constelación de la Osa Menor, alfa Ursae Minoris o UMi, en la jerga astronómica). En esos 20.000 años la estrella Polar habrá cedido su protagonismo temporal, entre otras, a estrellas como Vega (alfa de Lira o Lyr) después de haber recibido ese honor de ilustres antecesoras, como Thuban (alfa del Dragón o Dra), la estrella que indicaba el norte geográfico en la época de esplendor de la civilización egipcia (alrededor de 3.500 años antes de nuestra era). Y es que en este mundo sin rumbo, ni esos faros cósmicos que son las aparentemente inmutables estrellas son de fiar. Aunque la culpa, en este caso, hay que atribuírsela a nuestro propio planeta y a la fuerza gravitatoria que el Sol y la Luna ejercen sobre él.

El eje de rotación de la Tierra está relativamente fijo, excepto una pequeña variación de unos pocos metros. De ahí que las coordenadas geográficas (latitud y longitud) de los puntos situados en la superficie terrestre permanezcan esencialmente constantes (salvo, como ya comentamos, veleidades de índole humana). Sin embargo, la intersección de este eje con la esfera celeste, que define los polos Norte y Sur celestes, se desplaza lentamente con relación a las estrellas como consecuencia del efecto gravitatorio combinado del Sol y la Luna. Así, el eje de rotación de la Tierra describe, respecto de las estrellas, una trayectoria circular y completa, una vuelta, cada 26.000 años aproximadamente.

Este movimiento, que recibe el nombre de precesión, es semejante al de una peonza cuando gira con su eje de rotación inclinado respecto de la vertical. Mucho tiempo, pensarán algunos, en comparación con la escala temporal humana. Pero tiene su efecto sobre las posiciones de las estrellas al modificar los puntos de referencia empleados para asignarles unas coordenadas celestes. Con todo, la novela es un ejemplo logrado de la conjunción posible entre literatura y ciencia.

"-El Cazador, el caballo de Pegaso -ella volvía a recorrer el cielo-... ¿De veras eres capaz de ver todas esas figuras allá arriba?
-Claro. Resulta fácil cuando miras durante años y años... De cualquier modo, pronto las estrellas brillarán inútilmente sobre el mar, porque los hombres ya no las necesitan para buscar su camino.
-¿Eso es malo?
-No sé si es malo. Sé que es triste."

A falta de marinos, siempre quedarán escritores, poetas y astrónomos para describir la belleza de estos cielos. Admirarlos sigue siendo gratis.
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grognard
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MensajePublicado: Mar Jul 17, 2012 3:25 pm    Asunto: Responder citando

Siana escribió:
Cuando leí "El asedio" tenía abierto el libro de "Cabo Trafalgar" para mirar las ilustraciones del principio y poder situarme un poco

...ídem

(no sé si es el hilo adecuado...)

“Espero que Odyssey haya aprendido”
Álvaro de Cózar
El País 16/07/2012

Victoria Stapells respiró aliviada cuando los dos aviones Hércules despegaron de la base militar de MacDill, en Tampa (Florida), con el tesoro de La Mercedes. Fue el 24 de febrero. España había ganado finalmente la batalla legal que le había enfrentado durante cinco años a la empresa de cazatesoros Odyssey por la propiedad de las 594.000 monedas.

El oro del buque español, hundido en combate en 1804, regresaba a España y Stapells sintió que ya podía poner el cierre a unos años complicados en su vida. La investigadora canadiense, con nacionalidad española y habitual colaboradora de las Administraciones españolas desde que llegó a Sevilla en 1976, había sido contratada por Odyssey en 2006. El encargo era simple: recopilar en los archivos toda la información que pudiese sobre varios pecios hundidos en varias partes del mundo, entre ellos el Nuestra Señora de las Mercedes.

“Mi contacto en la empresa me había dicho que querían la información para hacer documentales. Nunca pensé que fuesen a ir a por el tesoro y a sacarlo por Gibraltar en mitad de la noche”, dice Stapells en su estudio de Sevilla, un rincón donde la mitad de la estantería está dedicada a la investigación histórica y la otra mitad a su otra pasión, la ópera.


Cuando Stapells vio las noticias del hallazgo del tesoro, el 19 de mayo de 2007, se dio cuenta de que quizá se había metido en un lío. Pronto recibiría la llamada de los agentes de la Guardia Civil que investigaban el caso. Odyssey trató de impedir que hablase con ellos. “Me ofrecieron sacarme del país y me amenazaron con una demanda por incumplir el contrato de confidencialidad”, cuenta Stapells. La investigadora pasó a los agentes toda la información que había entregado a Odyssey. Poco después, su declaración jurada ayudó a los abogados de España a defender en el juzgado de Tampa la tesis de que Odyssey siempre supo la identidad del barco que se encontraba detrás del Cisne Negro, el nombre en clave con el que la compañía había bautizado el hallazgo. Stapells también declaró que había informado a la empresa de que se trataba de un buque militar de importancia histórica para España.

“Lo pasé mal durante todo el caso. Llevo viviendo aquí mucho tiempo, mis dos hijos viven aquí. Quiero a este país. Y de pronto yo había dado información a una empresa con la que España tenía un problema”.

A pesar de sentirse tranquila, una vez que vio cómo España recuperó su patrimonio, la investigadora lanza algunas preguntas. “¿Qué pasará ahora?”, dice Stapells recordando la treintena de instituciones que solicitaron al Ministerio de Cultura la cesión de monedas para exhibirlas en museos.

A Stapells también le pica la curiosidad por saber qué ha pasado con un ambicioso proyecto que Cultura encargó a ella y a un equipo de investigadores poco después de que estallase el caso Odyssey. “Teníamos que compilar fichas de todos los naufragios de la época colonial para catalogar los barcos hundidos en América. Entregamos tres volúmenes sobre Cuba, Panamá y Santo Domingo. No sé qué pasó con esto. Por lo que yo sé no se siguió investigando”.

Esa es la parte que más le preocupa ahora a la investigadora. Que España sepa exactamente qué es lo que tiene en el fondo del océano para que nunca más vuelva a pasar algo como lo de La Mercedes. “Para proteger hay que saber qué es lo que tenemos. Y para ello es imprescindible investigar en los archivos y bibliotecas de este país”, comenta.

La historia de Odyssey y La Mercedes acabó bien para Stapells y para los intereses del Gobierno español, que defendió a capa y espada el retorno del tesoro. Odyssey fue la perdedora. Sus esperanzas de salir a buscar otros tesoros españoles son harto escasas y, después de las decisiones judiciales, gran parte de su negocio está en cuestión. “Espero que ellos también hayan aprendido y que si quieren seguir buscando tesoros lo hagan con el acuerdo de los Gobiernos que perdieron sus barcos”, concluye Stapells.
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grognard
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MensajePublicado: Mie Jul 18, 2012 9:35 pm    Asunto: Responder citando

VI. Sobre caballeros y escuderos.
(...)Y era evidente que Palermo resollaba tras una pista fresca.
Se quedó callado, mirando el pez que se debatía al extremo del sedal. Una morraja. El pescador, un tipo flaco de grandes patillas y camiseta blanca de tirantes, la desprendió delicadamente del anzuelo para echarla en un cubo, donde quedó agitándose con débiles coletazos entre otros reflejos de plata.
-Así que cuando Palermo mencionó el 'Dei Gloria', até cabos(...)


No sé si ya habéis hablado de esto aquí...
Curiosa e interesante (en un planosecuencia) de convertir a Palermo en un marrajo.
Y más curiosa (o a lo mejor sólo son imaginaciones mías) manera de introducir al protagonista de una futura novela.
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