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Arturo y Gibraltar

 
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Autor Mensaje
Rogorn
Capitán


Registrado: Feb 01, 2007
Mensajes: 13445

MensajePublicado: Mie Ago 07, 2013 12:19 pm    Asunto: Arturo y Gibraltar Responder citando

LA BREVA MADURA
23 de febrero de 1997

Miro una foto del ministro español de Asuntos Exteriores dándole sonriente la mano a su colega británico, y me pregunto de qué diablos sonríe don Abel Matutes. Habida cuenta, sobre todo, de que el inglés acaba de decirle que esa sugerencia de compartir la soberanía de Gibraltar durante cien años de cara a una futura devolución de la cosa, se la puede ir metiendo España por donde le quepa. Por su parte, el ministro guiri también sonríe, mirando a los fotógrafos como diciéndoles: no sé si habéis oído la propuesta de este soplagaitas. En cuanto a Matutes, parece que está mirando al inglés; pero en realidad también mira a los fotógrafos de reojo, consciente del papelón. Se trata de esa sonrisa fija, rictus conciliador y desesperado, que hizo famosa su antecesor don Javier Solana; y que parece la marca de fábrica de todo ministro español de Exteriores cuando acaban de sodomizarlo –perífrasis diplomática- los representantes de alguna potencia extranjera.

En cuanto a Gibraltar, pues bueno. Como individuo cuya memoria histórica pertenece a un lugar llamado España, me cabrean las circunstancias en que la pérfida Albión se apropió y repobló ese peñón que algunos idiotas de aquí, jugando el juego inglés hasta en esa chorrada, suelen llamar la Roca en los papeles. Me mortifica la mala fe británica, el cinismo y la poca vergüenza que en este asunto, como en tantos otros, ha utilizado Inglaterra como herramientas. Y se me cae la cara al pasar revista a la lamentable gestión de nuestra diplomacia, desde los mierdas con encajes que firmaron el tratado de Utrecht en 1713 a la mueca desolada de don Abel, sin olvidar el “ahora, a por Gibraltar” de don Francisco Franco, y aquella “breva madura” de la que hablaban sus más eximios ministros y generales.

Lo que pasa es que las cosas son como son. La diplomacia española fue torpe echándole el cerrojo a la frontera y torpe abriéndola, sin que en ninguno de los casos supiera sacar partido a la coyuntura. Y ahora, tal y como está el patio, cuando precisamente con un gobierno de derechas –tiene guasa la cosa- acabamos de descubrir que España no existe y que hemos vivido una sombra, una ficción, durante los últimos treinta siglos, cuando los hombres de hierro que rigen nuestros destinos sólo son capaces de ponerse gallitos con Cuba y asumen con alegría el papel de palanganeros de Estados Unidos y de la Otan, y cuando en Canarias van a mandar los militares norteamericanos, en Galicia el mando portugués, en el Estrecho Londres, en el Mediterráneo los italianos y en Madrid los alemanes del Cuarto Reich, no van a ser precisamente los sólidos compadres de don Abel los que recuperen Gibraltar así, por las bravas. De modo que, a estas alturas de tan lamentable feria, la pregunta que uno se hace es si no hay otras cosas más importantes en las que perder el tiempo.

Los gibraltareños, vayan y échenles un vistazo, viven como sultanes. Han colonizado el campo de Gibraltar y creado, con la complicidad indígena, una infraestructura llanito-británica cuya influencia llega hasta Málaga. Se pasan por el forro, impunemente, un mínimo de 50 normas de la Comunidad Europea. Querían que España aceptara sus pasaportes, y lo han conseguido. Quieren que se les acepte el DNI local, y se les aceptará. Quieren código telefónico propio, y lo tendrán. Y además no quieren ser españoles, cosa que me explico perfectamente en una Europa donde ser español es sinónimo de limosnear y poner el culo, mientras que ser inglés permite estar en misa y repicando. Conclusión: España tiene las mismas posibilidades de recuperar el Peñón que Isabel Gemio de ganar una beca Erasmus.

Pero, en fin. Con los gobiernos autonómicos imprimiendo para sus escolares libros de Historia, y de Lengua, y de Literatura, donde no sólo no figura Gibraltar, sino que ni siquiera figura el resto de España, ¿a quién carajo le importa un peñón más o menos? Así que es preferible que nuestra diplomacia emplee su tiempo en otros asuntos. Que en cuanto a peñones, colonias, plazas de soberanía o lo que sean, bastante ocupados vamos a estar dentro de poco entregando Ceuta y Melilla –gratis- a un Marruecos islámico, que en vez de pateras nos va a mandar muyaidines. Así, por mí, que Inglaterra, el Orejas y los llanitos se queden Gibraltar, y le pongan encima un anuncio luminoso de Winston y una foto de Lady Di. Que ya está bien de tanto hacer el gilipollas.

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TEMBLAD, LLANITOS
21 de marzo de 1999

Qué miedo. El ministro don Abel Matutes ha decidido que a Gibraltar le vamos a poner los pavos a la sombra. Cuando hace unas semanas Peter Caruana le jugó a don Abel la del chino, dejándolo con el culo al aire, el Palacio de Santa Cruz clamó venganza, cielos, venganza. La venganza de don Mendo.

Así que nuestra diplomacia quiere apretar las tuercas a ese nido de piratas que se chotea del señor Matutes y de sus antecesores desde que Franco era cabo. Incluso desde antes. El Gobierno de las Españas, que cuando se enfada es terrible, ha decidido chivarse a la CEE de lo malos y lo tramposos que son los de La Roca. Porque ésa es otra: la palabra ‘Peñón’ tiene connotaciones poco de centro, y ‘Roca’, traducción del inglés ‘Rock’ —como rock and roll—, es más políticamente correcto, más moderno, y así no piensan que Matutes y su ministerio son de derechas, por Dios.

Mis amigos gibraltareños, Silvia la morenaza guapa del bar, y el gran Eddie Campello, y el rubio Parodi, y los otros de allí, incluyendo los que iban y venían al moro en las Phantom con el helicóptero de mi compadre Javier Collado en la chepa, deben de estar acojonados. Imagino el diálogo: oye, qué preocupación, colega, que el ministro Matutes dice que nos va a poner a marcar el paso, pisha. A ver si la CEE, que no tiene otra cosa que hacer, se toma en serio esa lista de las treinta mil normativas que incumplimos y las cincuenta sociedades fantasma, o a lo mejor es al revés, shosho; y la OTAN nos bombardea, y nos viste a los monos de cascos azules. Ohú. Qué pánico. Incluso yo mismo estoy preocupado. Igual un día paso por allí con el curricán en el agua, y me sale una patrullera llanita a decirme oiga usté. Y yo, sabiéndome respaldado por un Gobierno bravo y con casta, me subo a la cruceta y les digo iros a hacer puñetas y esto para la reina, y ellos se ponen flamencos y me piden los papeles, y yo me abalanzo a la radio y digo mayday, mayday, a mí la Legión, y el ministro Matutes en persona manda a la corbeta ‘Vencedora’, que para eso están las corbetas, a defender mi derecho a echar el curricán donde me salga de los cojones. Pero entonces Lord Flanagan y su puta madre piden en el Parlamento que manden la ‘HMS Surprise’ y toda la flota de Su Majestad, y liamos la de Trafalgar en postmoderno. Así que ojo. Cuando se tienen jabatos como el ministro Matutes, estas cosas se sabe cómo empiezan, pero no cómo acaban.

Uno, en su modestia, recomendaría a Exteriores que, si de verdad quiere fastidiar a Caruana y su panda de golfos, en vez de registrarles los coches a los turistas y montar numeritos con los picoletos de la aduana y seguir haciendo públicamente el payaso, les diera un toque a los intereses británicos que, en suelo español y con la complicidad y el compadreo de empresarios españoles, controlan la Costa del Sol con urbanizaciones de lujo, campos de golf, puertos deportivos y demás: auténtico sistema neocolonial con oficina en Gibraltar y la vivienda y todas las ventajas y todo el lujazo en España, donde invierten su pasta, y tienen sus casas, y pasan el fin de semana los ministros y gobernantes gibraltareños, por el morro. Ésos sí que son intereses británicos de verdad, vulnerables porque donde está el dinero es donde duele. Apretar las tuercas ahí, y no a los infelices que cruzan la verja, sí que fastidiaría a mis primos del Peñón, y a los de Londres. Pero en ese puchero no sólo mojan ingleses, así que cuidadín. Cada cosa es cada cosa.

En cuanto a los intereses generales, a los que el ministro se refería para justificar las colas en la frontera y la pérdida de empleo de los trabajadores españoles, alguien debería recordar que los sucesivos gobiernos de España se han venido pasando los intereses de los habitantes de la zona por el forro de los huevos, convirtiendo La Línea y el campo de Gibraltar, después de mucha mojarra y mucho cinismo, en un lugar de abandono y miseria donde la gente ha tenido que montárselo como Dios o el contrabando le han dado a entender. Y que ahora la colonia británica, el turismo que genera, su actividad comercial y picaresca pirata y desprovista de vergüenza, son el único recurso económico solvente. Los españoles de allí no tienen otro remedio que vivir de Gibraltar, haciéndoles de camareros y de albañiles y de tenderos a los llanitos y a los ingleses. Así que van listos si son el ministro Matutes y su Gobierno los que ahora se comprometen a darles de comer. Como decía el chiste: Virgencita, Virgencita, que me quede como estoy.

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EL CAZADOR DE HACHÍS
3 de junio de 2001

Hace tiempo, teniendo en casa a un colega norteamericano que estuvo en Vietnam, me contaba éste lo chachis que eran los pilotos de helicóptero de aquella guerra. Unos virtuosos del molinillo, decía. Aterrizando y despegando y tal. Así que, harto de oírlo tirarse pegotes aeronáuticos, para cerrarle la boca le puse una cinta de vídeo rodada hace doce años a bordo del helicóptero del Servicio de Vigilancia Aduanera de Algeciras, persiguiendo a planeadoras contrabandistas de noche y a cinco palmos del agua. Tus pilotos, le dije al gringo, eran una puñetera mierda. Chaval. Este es un piloto.

Hace un par de días volví a ver a ese piloto. Entre otras cosas, porque lo veo de vez en cuando. Se llama Javier Collado, tiene cuarenta y pocos años, y es un hombre introvertido, modesto, silencioso, con nervios de acero templado en horchata. No bebe, ni fuma. Hasta es guapo todavía, el muy cabrón. Y de Cáceres. También tiene 11.000 horas de vuelo persiguiendo a traficantes en el estrecho de Gibraltar. Y es mi amigo. En realidad somos más que amigos, pues nos une cierta complicidad singular y fiel, fruto de antiguas aventuras. Por eso sé que si Javier vuela de día y de noche es porque le va la marcha: porque volar es su pasión y su vida. Porque es feliz allá arriba, lejos de una tierra firme que lo incomoda y en la que parece casi tímido. Sin embargo, cuando vuela se transforma en otro hombre, y hace con un helicóptero cosas que nadie hizo nunca. Ignoro si llegará a viejo; pero como él mismo dice, nadie lo sabe. Quizá por eso sube a jugársela a diario suspendido en el cielo, y sus tácticas personalísimas de rastreo y caza, combinadas con la actuación de los otros pilotos y las turbolanchas aduaneras del SVA, son pieza clave en la lucha contra el contrabando de droga en el Estrecho.

En aquel ambiente de tipos duros, tanto entre los teóricamente buenos como entre los teóricamente malos, Javier es leyenda viva: de los que entran en un bar donde hay contrabandistas y éstos dicen joder, y se dan con el codo, y alguno hasta le manda una copa que nunca se bebe. He visto a curtidos traficantes hablar con respeto de "eze hihoputa de ahí jarriba", y a un piloto de planeadoras al que apresó en una playa llamarlo Javi, en plan familiar, como si lo conociera de toda la vida. Alberto, un joven gibraltareño que después pasaría años de pesadilla en una cárcel marroquí, me contó una vez la impresión que sentía cuando a toda velocidad, en mitad del mar y la noche —«como un ghost», fueron sus palabras—, aparecía el helicóptero detrás de su planeadora. Javier localizaba las lanchas contrabandistas y se pegaba como una lapa, acosándolas y desconcertando a sus pilotos mientras las turbolanchas del SVA acudían para abordarlas antes de que se refugiaran en Gibraltar. Algunos de ustedes lo recordarán de la tele: persecuciones increíbles a ras del agua, a cuarenta y tantos nudos, a oscuras y con la única luz del foco oscilante, los rostros de los contrabandistas mirando atrás, los fardos arrojados por la borda, el aguaje de la planeadora cegando al helicóptero, la adrenalina, el miedo, la caza...

En fin. Ahora escribo novelas. Qué tiempos. Tengo en mi casa dos objetos preciosos, directamente relacionados con Javier. Uno es su casco de piloto, que me regaló la última vez que volamos juntos. La otra es un trozo de antena de una planeadora a la que perseguimos durante una noche negra de cojones, con Valentín —el cámara de TVE— filmando con medio cuerpo fuera del helicóptero, tan a flor de agua que la estela de la Phantom nos empapaba a todos. Aquella noche tocamos con un patín una ola, y estuvimos a punto de irnos todos a tomar por saco, y se disparó un flotador y todas las alarmas, y Javier nos subió de allí con una sangre fría que todavía hoy me deja patedefuá. La misma sangre fría que en otra ocasión —fuerte marejada, a oscuras y en mitad del Estrecho—, le permitió casi meter la panza del helicóptero en el mar mientras su observador de a bordo, de pie en un patín, sacaba del agua a los marroquíes de una patera naufragada —ya se había ahogado la mitad cuando los encontraron en plena noche— que al subir a bordo lo besaban, muá, muá. La misma sangre fría con la que otro día, dejando la palanca al copiloto, Javier se tiró al agua para salvar a un contrabandista cuya ancha había zozobrado, aunque ahí llegó tarde y al pobre lo sacó ya tieso. O la que le hizo aterrizar hace pocas semanas en una playa persiguiendo a otro traficante, varar el malo su lancha y salir zumbando entre las dunas, bajarse Javier del helicóptero, correr tras él y darse de hostias —esta vez ganó el bueno—, como quien deja un coche con las puertas abiertas en mitad de la calle. Así que ya lo saben. Ése es Javier, mi amigo. Y seguro que se mosqueará conmigo cuando publique esta página. Pero me da igual. A lo mejor, dentro de algunos años, alguien lee este recorte y dice: ése era mi papi.

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DÍA ‘D’ EN LA LÍNEA
10 de marzo de 2002

Ohú. Imagínense ustedes el cuadro, que a lo mejor hasta vieron parte en aquel vídeo de un aficionado que puso la tele. Yo mismo habría dado cualquier cosa por estar allí, mirando, mientras me tomaba una cerveza en un chiringuito con mi vecino el perro inglés. Ese domingo de Carnaval. Esa playa de La Línea de la Concepción, pegada a la verja de Gibraltar pero por el lado de aquí. Esa lancha británica arbolando pabellón de su Majestad la Queen. Esos feroces soldados de los Royal Marines haciendo maniobras con sus caras tiznadas en plan rambo y sus escopetas y sus morteros. Ese Peñón al fondo. Ese ejercicio de desembarco a media mañana, Inglaterra espera que cada uno cumpla con su deber y toda la parafernalia. Esa fiel infantería de marina británica dispuesta a mostrar una vez más su letal eficacia en las cosas de la guerra crué. Ese sargento chusquero Thomas Smith, o como se llamara, con un tatuaje de las Malvinas en un brazo y otro de su puta madre en el otro, que patronea la lancha de desembarco. Y que se equivoca de playa. Y que mete al teniente Mortimer y a sus veinte máquinas de matá en la playa española en vez de en la gibraltareña, o sea, por el lado de acá de la verja. Y ese desembarco impecablemente táctico, con muchas posturitas y mucho arrastrarse por la playa y mucho adelante, muchachos, a por ellos, cúbreme, Tommy, Bragueta. Seis a Zulú Cuatro, afirmativo, cambio, etcétera.

Ahora imagínense las caras de los de este lado. Los padres paseando a sus niños en los cochecitos. La gente de La Línea que andaba por allí con sus cañas de pescar. Los varillas aparcacoches, dame algo, colega. Y la guasa. Domingo de Carnaval, insisto. La playa asín de gente y los Royal Marines haciendo el gilipollas, a gatas por la orilla. Los pescadores en sus pateras, con las redes a medio sacar, gritándoles os habéis equivocao, hihoslagranputa, que esto no es Hibraltá sino España, Spain. This is Spain and yu mistaken, pishas. Y esos dos policias municipales de La Línea moviendo las manos, que no, tíos, que la verja está allí atrás y os habéis pasao unas yardas y varios pueblos. Y esos llanitos del otro lado, británicos y todo lo que quieran, pero que les va la coña marinera como al que más, que para eso son de allí y se apellidan Sánchez y Cohen y Parodi, agarrados a la verja y llorando de risa con los ingleses, no te lo pierdas, Johnny, la Navy no sólo navega sino que patina. Rule Britannia.

Y en ésas, el teniente Mortimer que se da cuenta del planchazo y se le caen los cojones al suelo y dice por la radio aquí Zulú Cuatro, retirada, retirada, Black Hawk down o lo que sea, y todos los rambos nasíos pa matá otra vez a gatas para la lancha a toda mecha, apuntando para aquí y para allá, antes de que al cabo primero Romerales, del puesto de la Guardia Civil, que lleva cuatro coñás esa mañana, se le crucen los cables y saque el nueve parabellum y se vaya derecho a la playa, cagüentós los muertos de los ingleses, y la líe. Y al día siguiente, ese ministerio español de Exteriores diciendo nada, hombre, chiquilladas bélicas sin importancia; y el portavoz del ministerio de Defensa inglés haciendo chistes, je, je, un fallo lo tiene cualquiera, pero somos aliados y pelillos a la mar, así que tranquis y a joderse, que para eso están ustedes en la OTAN.

Ahora imagínense que hubiera ocurrido lo contrario. Que en el curso de unas maniobras militares españolas, el teniente Arensibia y la sargenta caballera legionaria Vanesa, con cabra incluida, hubieran desembarcado por error en una playa de Gibraltar, no ya con escopetas, sino con el bocata de mortadela de media mañana. Si hace algún tiempo, cuando una lancha del Servicio de Vigilancia Aduanera español se despistó, metiéndose tras una planeadora contrabandista en el Peñón, ya montaron los llanitos y los ingleses la de Dios es Cristo, calculen la que hubiera caído con esto, y más si encima alguien lo filma en vídeo: violación de aguas y territorio británico, agresión a la colonia, afrenta irreparable a la bandera de Su Majestad. Esos llanitos poniendo el grito en el cielo. Ese Foreign Office mandando notas de protesta. Esos editoriales del Times y del Guardian dando caña. Esos hooligans ingleses rompiendo bares de Benidorm como represalia. Los tertulianos de las arradios españolas pidiendo que rueden cabezas, y acto seguido ese ministerio de Defensa destituyendo por si acaso a toda la cadena de mando, sargenta y cabra incluidas, y mandando al general jefe de la región militar destinado forzoso a Chafarinas, a enseñarle instrucción, un, dos, ep, aro, a la foca Peluso. Y ese ministerio nuestro de Asuntos Exteriores, pues ya saben. Arrastrándose, como suele, en busca de alguien a quien hacerle una mamada urgente -especialidad de la casa- para relajar la cosa. Y dando gracias al Cielo por que el teniente Arensibia y la cabra se hubieran equivocado desembarcando en Gibraltar, y no al otro lado de la verja de Melilla.

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EN LONDRES ESTÁN TEMBLANDO
20 de junio de 2004

Huy, qué miedo. Una enérgica protesta, nada menos. Temblando tienen que estar en Londres. Resulta que el Gobierno español ha protestado con extrema energía ante el británico, después de que dos militronchos de la Royal Navy, adscritos a los servicios secretos de Su Graciosa Majestad, fueran descubiertos en la Costa del Sol al volante de una furgoneta con matrícula de Gibraltar cargada con material militar. Sin pedirle permiso a nadie, claro. Por la cara, como suelen. Por lo visto, lo que mosqueó a los picoletos, o a los maderos, o a quienes los trincaron, fue que conducían sobrios. Y ya se sabe: dos ingleses sobrios en Málaga llaman mucho la atención.

El caso es que a los guiris los colocaron creyendo que se trataba de narcotraficantes; pero al darles el estáis servidos dijeron: no, oiga, somos agentes de la Queen y de su vástago el Orejas, ya saben, Cero Cero Siete al aparato. Esto es material secreto y lo llevamos a nuestra colonia colonial. Somos unos mandados, y las explicaciones las da el maestro armero. Así que las autoridades españolas se pusieron en contacto con el maestro armero, y éste dijo lo de siempre: sorry, my friend, very lamentable mistake, error, malentendido, cosas de la vida y del tráfico por carretera, etcétera. No ocurrirá never more, santo Tomás Moore. Pero no vayan a creer que las autoridades españolas, que en asuntos de soberanía nacional son siempre enérgicas y tenaces cual perros doberman, se dieron por satisfechas. No. Vía Ministerio de Exteriores, el Gobierno exigió a las autoridades británicas una explicación exhaustiva de lo ocurrido. Lo hizo, insisto, con tanta energía y firmeza, que estoy seguro de que a la hora de publicarse esta página —la tecleo con tres semanas de antelación— el Gobierno británico, acojonado, habrá aclarado el asunto con luz y taquígrafos. Faltaría más. Ni Blair —el amigo íntimo de Bush y del extinto José María Aznar, el Eje del Bien— ni sus ministros de la Pérfida Albión desean verse expuestos a las espantosas represalias que la audaz diplomacia española puede poner en marcha si no media satisfacción conveniente. Tiemble después de haber reído, míster. A ver si se creen esos fanfarrones arrogantes que porque, hace dos años y mandando el Pepé, el desembarco en pleno día de treinta comandos de marina británicos en una playa de La Línea no tuviera consecuencia ninguna —fue un error, dijeron también entonces, imperturbables—, nuestra Costa del Sol va a convertirse en el chichi de la Bernarda.

Uno, que tiene sus fuentes, ya ha recibido el soplo sobre la panoplia de represalias que el Gobierno español se dispone a aplicar si no se aclaran las cosas. Tampoco se trata, ojo, de que la sangre llegue al Estrecho. La chulería y el desprecio continuos de Londres, los barcos de la OTAN escoltados por naves británicas bandera al viento cuando cruzan la bahía de Algeciras, el contubernio portuario, el pasarse por el forro de los huevos las aguas territoriales españolas, el blanqueo de dinero, los treinta mil gibraltareños y su chollo vitalicio, beneficiándose al mismo tiempo de España, Gran Bretaña, la Unión Europea y el campo de Gibraltar, no van a secuestrar las grandes líneas de nuestra serena política exterior. Y menos ahora, cuando al fin volvemos a Europa, dicen, y tenemos a ésta —nada más hay que verla— comiéndonos alpiste en la mano.

O sea, que no hay que esperar gestos espectaculares, sino talante adobado de firmeza: mano de hierro en guante de terciopelo. Por eso las represalias que prepara el Gobierno español serán sutiles de forma, pero contundentes en cuanto al fondo. No les quepa duda. A mí, por lo menos, no me cabe. Entre ellas se contempla subir el precio de la litrona de cerveza, prohibir a los turistas ingleses rapados, tatuados y sin camiseta vomitar más de ocho veces seguidas en la vía pública, y hacer que al fin, con todo el peso de su autoridad, la Guardia Civil empiece a amonestar severamente con el dedo, o a mover la cabeza con aire reprobador, cada vez que vea pasar a esos hijoputas que viajan por España con el volante al otro lado y menos papeles que Farruquito, y que cuando se toman la decimosexta sangría ya no se acuerdan de circular por la derecha. Se van a enterar. No saben los ingleses con quién se juegan los cuartos. Hay Bambis que se revuelven en un palmo de terreno, oigan. Y se vuelven tigres.

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LA DELGADA LÍNEA GRIS
8 de mayo de 2005

Mientras el 21 de octubre se acerca despacio, con viento flojo del nornoroeste, te apoyas en la barra del bar de Lola, que hoy se llama La Gallinita de Cai y está en el barrio de la Viña, con el Atlántico y el Estrecho ahí mismo. Y en la barra, a tu lado, hay compadres que entran y salen, piden esto o lo otro, preguntan cuánto se debe y pagan como hombres cabales, de esos que puedes dejar tranquilamente a tu espalda sabiendo que por ahí nadie te la endiña. Y te miras en el espejo donde pone Coñac Fundador y piensas: qué suerte tienes, colega, de que esta tropa te llame amigo. El caso es que estás, como digo, con una manzanilla y una tapita de jamón, mientras Fito Cózar cuenta el chiste del burro y el león, y Juan Eslava sonríe guasón, leal, como un armario lleno de historias. Junto a ellos, el joven Fran, de Casas Viejas, se emociona recordando cómo Seisdedos y sus paisanos dijeron hasta aquí hemos llegado y se liaron a tiros con la Guardia Civil, Dani Heredia pone ojos de soñar con libros y con un mundo de gente que lea, y Óscar Lobato, el viejo zorro con memoria de linotipia y esa cara tallada por los siglos y por la vida, te cuenta la prosapia, con nombre y apellidos, de quien plantó la viña que alumbra la manzanilla que te bebes.

Siguen entrando, y cada uno paga una ronda. Mientras el fantasma entrañable de Carlos Cano le cuenta a Javier Collado, el piloto del Pájaro, la historia de María la Portuguesa, Antonio Marchena, el de la Caleta, viene de darse un remojón en el bajo de la Aceitera y cuenta, mirándote con ojos de bronce tartésico, que las cuadernas de los setenta y cuatro se distinguen todavía, a pesar de que los cabrones de los ingleses de Gibraltar lo han expoliado todo mientras aquí las autoridades se tocaban la minga. España, pisha. Etcétera. Y al rato entra Paco Molero, con veintiséis tacos y ese corazón que le salta en el pecho cuando mira hacia el mar y la historia, con la cabeza ocupada por el proyecto histórico-pedagógico-textil que tiene entre manos, esas camisetas conmemorativas de una batalla perdida para las que se ha entrampado hasta las cejas. Y mientras se toma un vino de Jerez, a su lado Miguel Galeote pone sobre la barra, para que la admiremos, la reproducción perfecta, a escala, del almirante Gravina. Que sólo le falta hablar.

El caso, como digo, es que estás entre ellos y dices: son mis compadres y la siguiente andanada de a 36 libras la pago yo. Entonces ves al final de la barra un periódico con los titulares llenos de esa otra España virtual, divorciada de la real. De ese zoco moruno de golfos encorbatados y sin encorbatar que te agría la leche, quieras o no quieras, a cada paso que das en este país desgraciado que tan mala suerte tiene. Y piensas: hay que ver. Tanto sinvergüenza donde siempre, que para eso no pasa el tiempo. Tanto oportunista, tanto demagogo, tanto cretino arrogante, tanto analfabeto, tanto insolidario, tanto irresponsable gobernando u oponiéndose, turnándose en la infamia desde hace siglos. Devolviéndonos al pozo cada vez que estamos a punto de sacar dignamente la cabeza, y lavándose luego las manos diciendo yo no sabía, no era mi intención, yo sólo pasaba por ahí. Entiéndaselas con el almirante francés, o con el maestro armero. Siempre salió barato hacer el destrozo y escurrir luego el bulto en este país con tan mala memoria, donde ningún culpable paga los tiestos rotos. Y sin embargo, pese a todo, tan siniestros fulanos no consiguieron acabar nunca con los Nicolás Marrajo que estaban de turno, con la delgada línea gris que todavía vertebra lo que nos queda. Con la gente que apechugó junto a la Aceitera, o donde fuera, y que hoy aguanta cada día en el trabajo, en la vida, en los sueños que ni siquiera nuestra nauseabunda clase política ha podido truncar. Tataranietos, nietos, hijos de aquellos pobres héroes sacados de hospitales, cárceles y tabernas, que pagaron, como siempre, por los que no pagan nunca. Reflexionar sobre todo eso cabrea mucho, claro. Pero también salva un poquito. O un muchito. De pronto echas un vistazo alrededor, miras los caretos honrados que tienes cerca, te asomas la calle y piensas, bueno. Menos mal que existe el bar de Lola, y ahí se te quita el frío. Si uno se fija, aún queda gente, y ganas. Y dignidad. Quizá, después de todo, esos hijos de puta no puedan con nosotros. Y esta vez no me refiero a los ingleses.

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GIBRALTAR INGLÉS
13 de diciembre de 2009

Los guardias civiles son inocentes como criaturas. Tanto golpe de tricornio y bigotazo clásico, y luego salen pardillos vestidos de verde. A quién se le ocurre pedir instrucciones concretas al Gobierno español sobre cómo actuar en aguas próximas a Gibraltar, donde la Marina Real británica lleva tiempo acosándolos cuando sus Heineken se acercan a menos de tres millas del pedrusco, pese a que la colonia no tiene aguas jurisdiccionales. Cada vez que una lancha picolina anda por allí persiguiendo a narcotraficantes y demás gentuza, los de la Navy salen en plan flamenco a decirle que o ahueca el ala o se monta un desparrame, mientras la embajada británica denuncia «inaceptable violación de soberanía». Para más choteo, la marina de Su Graciosa usa boyas con la bandera española en sus prácticas de tiro, a fin de motivarse. Cada vez, nuestros sufridos guardias, «para evitar males mayores y siguiendo instrucciones», no tienen otra que dar media vuelta y enseñar la popa. Y claro. Como el papel es poco gallardo, algunas asociaciones profesionales de Picolandia piden que esas instrucciones se den de forma clara, para saber a qué atenerse. Porque hasta ahora, la única recibida de sus mandos es la de «seguir patrullando por las mismas aguas, pero evitar conflictos mayores». O sea, largarse de allí cada vez que los ingleses lo exijan. Que es cuando a éstos les sale del pitorro.

La verdad. No he hablado últimamente con el ministro Moratinos, ni con el ministro Pérez Rubalcaba. Ni últimamente, ni en mi puta vida. Pero eso no es obstáculo, u óbice, para que desde esta página me sienta cualificado –como cualquiera de ustedes– para despejar la incógnita que atormenta a nuestros picolinos náuticos. ¿Cuándo el ministerio español de Exteriores va a dar un puñetazo en la mesa?, preguntan. Y la respuesta es elemental, querido Watson. Nunca. Suponer a un ministro español dando puñetazos en una mesa inglesa, o somalí, requiere imaginación excesiva. Las instrucciones a la Guardia Civil puedo darlas yo mismo: obedecer toda intimación británica y no buscarle problemas al Gobierno, a riesgo de que los guardias chulitos acaben destinados forzosos en Bermeo, o por allí. Porque si insisten, y los detienen los ingleses, y se les ocurre resistirse a la detención, para qué le voy a contar, cabo Sánchez. Sujétese la teresiana. La instrucción, que ya regía en pleno esplendor cuando gobernaba el Pepé –a ése también se la endiñaban bien–, vale para todo incidente imaginable: desde ametrallamiento de bandera, a copita y puro de la Navy con las zódiacs de los narcos, pasando por submarinos nucleares con tubo de escape chungo y paradas navales con banda de música y majorettes. Por el mismo precio también incluye la opción de desembarco de los Royal Marines de maniobras en las playas de La Línea, como ocurrió hace unos años, y la sodomización sistemática de los agentes del servicio marítimo de la Guardia Civil o de Vigilancia Aduanera a quienes la marina inglesa, al mirarlos con prismáticos, encuentre atractivos. Todo sea por evitar conflictos mayores.

Y ahora, una vez claras las instrucciones –luego no digan que no son concretas–, una sugerencia: podríamos dejarnos ya de mascaradas. De teatro estúpido que ofende la inteligencia del personal, guardias civiles incluidos. Gibraltar no va a ser devuelto a España jamás, y ninguno de los gobiernos pasados, presentes ni futuros de este país miserable, con el Estado sometido a demolición sistemática y los ciudadanos en absoluta indefensión, está capacitado para sostener reivindicación ninguna, ni en Gibraltar ni en Móstoles. Y no es ya que los gibraltareños abominen de ser españoles. En esta España incierta y analfabeta, desgobernada desde hace siglos por sinvergüenzas que han hecho de ella su puerco negocio, lo que desearíamos algunos es ser gibraltareños, o franceses, o ingleses. Lo que sea, con tal de escapar de esta trampa. Huir de tanta impotencia, tanta ineptitud, tanta demagogia, tanto oportunismo y tanta mierda. Largarnos a cualquier sitio normal, donde no se te caiga la cara de vergüenza cuando ves el telediario. Lejos de esta sociedad apática, acrítica, suicida, históricamente enferma.

Podrían dejarse de cuentos chinos. Reconocer que España es el payaso de Europa, y que Gibraltar pertenece a quienes desde hace tres siglos lo defienden con eficacia, en buena parte porque nadie ha sabido disputárselo. Y porque la Costa del Sol, donde los gibraltareños y sus compadres británicos tienen las casas, el dinero y los negocios, se nutre de la colonia; y sin ésta esa tierra sería un escenario más, como tantos, de paro y miseria. Así que declaremos Gibraltar inglés de una maldita vez. Acabemos con este sainete imbécil, asumiendo los hechos. La Historia demuestra que la razón es de quien tiene el coraje de sostenerla. Nunca de las ratas cobardes, escondidas en su albañal mientras otros tiran de la cadena.

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CAGADAS DE RATA EN LA PAELLA
7 de noviembre de 2010

Tiene guasa, Tomasa. El Gobierno británico de Su Graciosa Majestad -aunque, gracia de verdad, la que tiene su vástago el Orejas- anunció que no desplegará más efectivos de su Armada en Gibraltar, pese a la petición del ministro de la colonia, Peter Caruana. La Royal Navy ya está presente de sobra en el pedrusco, declaró un portavoz del Foreign Office; así que mandar más barcos está de plus. Punto. Así quedó la cosa. Pero medios del ministerio español de Exteriores manifestaron acto seguido su satisfacción, alabando la prudencia británica. Su buen rollito de compis. Al amigo Caruana, vinieron a decir, le hemos dado en el cielo de la boca. Otro éxito. Eso ocurrió días antes de que al ministro Moratinos se lo fumigara la última remodelación ministerial; que, por cierto, confirmó otra vez que los políticos españoles se van siempre de rositas, sin que nadie les pida cuentas por el desparrame que dejan atrás. Moratinos, cruce de osito Mimosín y abeja Maya, es un ejemplo perfecto, pues ha sido el responsable de Exteriores más claudicatorio y nefasto desde Gómez Labrador, aquel torpe con quien nos la endiñaron hasta las amígdalas en el congreso de Viena. Pero el otro día, cuando lo cesaron, oí decir a Moratinos que se iba «muy satisfecho» de su gestión. Y encima se puso a llorar. Con lagrimones. Se fue tal cual ejerció de ministro: claudicante y blandito.

Por lo demás, y volviendo a Gibraltar, sobre la sucesora de Moratinos, doña Trinidad Jiménez, todavía no tengo juicio formado. Igual resulta una fiera implacable que, por ejemplo, le introduce al cantamañanas del embajador venezolano en España el código de urbanidad diplomática por el ojete. Pero no creo. Lo que sí me pregunto -y le pregunto a ella, de paso, ahora que se estrena como canciller- es para qué diablos quiere Peter Caruana más barcos de la Navy en Gibraltar. Como se viene demostrando desde hace tiempo, a la policía gibraltareña le bastan un par de modestas lanchas para defender sus aguas territoriales con extrema eficacia. Digo sus aguas territoriales, no porque crea que deban serlo, sino porque en la práctica lo son. Y es así porque los gibraltareños se las han ganado a pulso, aprovechándose con inteligencia y oportuna chulería de los trenes baratos y de las cagadas de rata en la paella. Es simple verdad histórica que las cosas, las tierras, las aguas, las fronteras, son de quienes se las apropian y luego las defienden como gato panza arriba. Por eso sugería hace unos meses en esta misma página -'Gibraltar inglés', tal vez recuerden el artículo- dejarnos de adornos y reconocer que España, con o sin Moratinos, que era un mandado, es ahora más que nunca el payaso de Europa; y que el Estado, sometido a demolición sistemática, con sus ciudadanos en perpetua indefensión, no está capacitado para reivindicar ni defender un carajo de nada, léase Gibraltar, Ceuta, Melilla, Córdoba o Matalascañas.

Y que por eso, entre otras muchas cosas, el Peñón pertenece a quienes desde hace tres siglos lo defienden con tesón y eficacia: los llanitos y sus cínicos compadres, los ingleses. Lo demás son milongas. Por supuesto que Gibraltar tiene aguas territoriales: las que se ha ido atribuyendo con la complicidad infame de las autoridades españolas y la cobarde inhibición de los ministerios de Exteriores y de Interior, que llevan toda la puta vida -también en tiempos del Pepé y el amigo Ánsar, cuando no todo el monte fue perejil- permitiendo sin mover un dedo que la Guardia Civil y el Servicio de Vigilancia Aduanera sean acosados, vejados y expulsados de aquellas aguas. Tragando día tras día, poniendo buena cara y sonrisa estúpida a un rosario de humillaciones y desplantes que llegan ya a la violencia física y los golpes entre embarcaciones. Y cada vez, cuando los desamparados agentes españoles solicitan instrucciones para actuar, la respuesta -cuando llega, porque muchas veces hay silencio- es siempre la misma: retirarse, evitar incidentes, dejar el campo libre. Y de la marina de guerra española -dicho sea lo de guerra sin connotación bélica, naturalmente, sino afectuosa y humanitaria en plan Heidi-, ni hablamos. Ocupadísima en el Índico, o en el quinto carajo, con ese portaaviones que acabamos de botar, el 'Juan Carlos Primero' o como se llame. ¿Se la imaginan en la bahía de Algeciras o frente a Punta Europa, afirmando el pabellón? A ésa, ni está ni se la espera. Así que díganme para qué necesita Gibraltar más Armada Real. A los llanitos les basta una zódiac de goma con parches como las que usan los contrabandistas, un walkie-talkie y una bandera inglesa para dar por saco de Sotogrande a Tarifa. Porque pueden. Porque saben. Porque, con Moratinos o sin él, hace trescientos años que le tienen tomado el pulso a esta España acomplejada y llorona.

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EL DÍA QUE INVADIMOS GIBRALTAR
8 de julio de 2012

Me encanta. Para qué les digo que no, si es que sí. La cosa patriótica me trae al pairo a estas alturas de nuestra torpe Historia; y en lo que se refiere a Gibraltar, las declaraciones oficiales españolas suelen darme una risa que me saltan los empastes. Algunos de ustedes saben que llevo veinte años sugiriendo entregar el Peñón -con aguas y territorios adyacentes incluidos- a quienes saben defenderlo, y que dejemos de hacer el payaso sin fronteras de una puñetera vez. Ya vale de patrullar Somalia y Afganistán mientras hacemos el ridículo en Algeciras, donde la Armada española ni está nunca, ni se la espera en las próximas décadas. Pero eso no es obstáculo, u óbice para que la mala leche hispana me gotee por el complacido colmillo ante ciertos episodios. Al final, quieras o no, siempre tiran los viejos instintos, el espíritu tribal y la negra honrilla. Porque a ver. Si prestigiosos escritores como mi compadre Javier Marías se calientan con el Real Madrid, a ver por qué no puedo yo ser forofo de los contrabandistas de La Línea, provincia de Cádiz, que me entretienen más y frecuentamos los mismos bares.

Así que imaginen. Verja de Gibraltar, con un agujero por donde suele colarse la peña para pasar el tabaco que, almacenado en depósitos del puerto con toda la desvergüenza del mundo, venden los llanitos a los españoles y a cualquiera que pague, desde que el cabo Tres Forcas era soldado raso, o desde antes. Es pura rutina: centenares de familias viven de eso en La Línea, donde ocho de cada diez habitantes está oficialmente en el paro. El caso es que, colándose por el boquete de la verja, como cada noche, ésta que cuento se mete en busca de su alijo media docena de matuteros linenses de pata negra: morenos, chupaíllos, tatuajes, cadenas gordas de oro con medallas de la Virgen del Carmen, el Porsche Cayenne tuneado cerca de la verja con los colegas esperando al volante, la radio haciendo pumba-pumba y el maletero abierto. Y en ésas, sea porque hoy toca estadística de rigor aduanero para que en Londres y Bruselas dispongan de papel higiénico, o porque al funcionario policial gibraltareño que está de guardia no le han engrasado bastante los ejes de la carreta, los aduaneros llanitos, haciéndose de nuevas a estas alturas de la feria, les dicen «¿Aónde yu going, quillo?» a los contrabandistas y les caen encima de sopetón, apresando a dos de ellos por la cara. O sea, by the feis.

Y ahí viene lo bonito. Alertados por los gritos de sus colegas -«¡Que ze nos yevan, ohú!»-, a los que arrastran Peñón adentro con el millar de cajetillas de Winston que les encuentran encima, los matuteros que están en el lado español, que son una quincena, se rebotan a su manera. Y entonces, colándose muy cabreados y en tropel por el agujero de la verja, se meten todos en Gibraltar blasfemando en arameo, «¡Hihoslagranputa! -gritan-. ¡Zoltar al Zeisdedos y al Mediopeo, que zon padres de farmilia numeroza!». Y para reforzar el argumento, se lían a palos, y a los aduaneros llanitos les dan de hostias hasta en el carnet del bingo. Con lo que se monta allí una pajarraca de las históricas, primero a base de leña manual; y luego, cuando por el agujero de la verja llegan algunos más de La Línea para echar una mano, y del otro lado acuden refuerzos de la policía gibraltareña con el pirulo y la sirena haciendo pi-po, pi-po, los nuestros -a esas horas del pifostio, perdóneme Dios, ya son los nuestros- reciben a los bobis a pedrada limpia. Hasta que al fin, tras un cuarto de hora de invasión matutera, los linenses se repliegan victoriosos por el mismo agujero, con los dos consortes liberados por su impecable acción de comando, dejando atrás a un aduanero llanito hecho un Eccehomo y un coche de la Gibraltar Police, o como se llame, con más abolladuras que los de Zapatero o Rajoy si pasaran despacio junto a la cola de una oficina del paro.

Así que no me digan que no mola. El desparrame. Sólo otra vez en estos tres siglos y pico puso España pie en Gibraltar: cuando en 1704, como avanzadilla de un ataque general, un grupo de pobres soldaditos escaló de noche el acantilado, degolló a la guarnición de arriba, y luego, abandonados por sus jefes y compañeros -naturalmente, el ataque previsto no se produjo-, vendieron caro el pellejo hasta ser exterminados por los ingleses. Desde entonces, que yo sepa, sólo la incursión matutera del otro día ha hecho posible que una fuerza armada española -con piedras y alguna navaja, supongo, pero menos da un boniato- vuelva a pisar gloriosamente el suelo de la perversa colonia. Dudo que al Seisdedos, al Mediopeo y a sus colegas los proponga nadie para la Laureada, la verdad. Tampoco es eso. Pero cuando me los tope en Casa Bernal, tapeando, les pago unas cañas.
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Alférez


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MensajePublicado: Mie Ago 07, 2013 12:27 pm    Asunto: Responder citando

Cita:
Uno, en su modestia, recomendaría a Exteriores que, si de verdad quiere fastidiar a Caruana y su panda de golfos, en vez de registrarles los coches a los turistas y montar numeritos con los picoletos de la aduana y seguir haciendo públicamente el payaso, les diera un toque a los intereses británicos que, en suelo español y con la complicidad y el compadreo de empresarios españoles, controlan la Costa del Sol con urbanizaciones de lujo, campos de golf, puertos deportivos y demás: auténtico sistema neocolonial con oficina en Gibraltar y la vivienda y todas las ventajas y todo el lujazo en España, donde invierten su pasta, y tienen sus casas, y pasan el fin de semana los ministros y gobernantes gibraltareños, por el morro.


Por ejemplo.
Para que luego (algunos gilipollas) digan que no se moja.
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"Son Españoles los que no pueden ser otra cosa". (Cánovas)
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Rogorn
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MensajePublicado: Mie Ago 07, 2013 12:49 pm    Asunto: Responder citando

En Twitter:

-marchenaJ: ¿Has visto la película 'Elizabeth'? Nos ponen los ingleses de feos, tontos e inútiles. Al menos los 20 minutos que soporté.
-¿Ha visto usted alguna película española donde hagamos lo mismo con ellos?... Esa es la diferencia. Por eso tienen Gibraltar.

-soysevillano: Aquí uno del Campo de Gibraltar. Sé de su singular relación con esta zona. ¿Ha visto usted, por ahí, tanta "cosa rara" junta?
-No. Reconozco que no.

-cabezacocoo: ¿Puede entrar en Gibraltar?
-Incluso puedo salir. La última vez lo hice.

-xavielzurdo: 307 años con el Peñón ocupado, y lo que te rondaré morena. Ni nos acordamos de los triunfos, como para recordar las derrotas.
-¿Qué más da el Peñón. ¿Por qué ha de ser español? España no lo merece. Gibraltar es de quienes supieron apropiárselo y defenderlo.

-KakarotoVolador: Gibraltar-Malvinas. Opino casi lo mismo, pero aun así a veces dan ganas de empujarlos al agua.
-Éso ya es otra cosa. Me encantaría tripular el bulldozer.

Eso de subarrendar defensa a lo privado no es ninguna tontería o exageración. Los vigilantes de los cuarteles, por ejemplo, ya son seguratas. Esperas que te dé el alto un mílite aguerrido y sale uno de Prosecuritas con walkie talkie sin pilas y contrato temporal de seis meses. La verdad es que no nos invade el enemigo porque entre unos y otros ya nos han dejado poco que invadir. Estaría bien eso: contratar a los ingleses para que se ocupen de la defensa. En Gibraltar lo hacen de maravilla desde hace tres siglos. También podríamos contratar, ahora que lo pienso, al ministro de hacienda alemán. Seguro que nos costaba menos que algunos futbolistas. La idea no es mala, diablos. Ahora que hay elecciones, podríamos votar que contraten a gente de afuera. A números uno. Angela Merkel, por ejemplo. Se le ofrece una pasta, y que venga. Ni Rajoy, ni Rubalcaba, ni leches. Un ministro de cultura francés. Uno de deportes ruso. Uno de fiestas y festejos italiano. Uno del interior inglés. Una de igualdad sueca. Ponme otra caña, Lola, que me voy calentando. ( tinyurl.com/patente532 )

Me encuentro a Chuck Norris esperando a que abra el bar de Lola. Chuck Norris, en plena intoxicación etílica y tras mirarle el escote a Lola, adoptó la nacionalidad española. Hace falta ser imbécil. Le pregunto a Chuck a cuántos responsables de Bankia y del banco de España ha colgado ya la peña de unas farolas. O, por lo menos, a cuántos han silbado y abucheado al salir de su casa o entrar al trabajo. Me responde: "A ninguno. Estábamos ocupados con lo del silbo y abucheo del himno nacional en el partido del viernes". "También estábamos ocupados -añade Chuck Norris- siguiendo atentos la crisis con Gibraltar". Pero le digo: "Estás equivocado, idiota. Gibraltar es inglés. Y sus aguas. Las cosas son de quienes saben conquistarlas y defenderlas. Llevamos trescientos años regalando Gibraltar a ingleses y llanitos con nuestra abulia, cobardía, indecisión, incompetencia y chapucería". Le digo a Chuck, que no se entera. El trabajo no lo han hecho ellos. Lo han hecho nuestros sucesivos gobernantes. Sin distinción de época ni ideología. La vacua chulería estéril del gobierno Aznar. Ese Trillo estúpidamente feroz. Los abyectos lametones claudicantes de Moratinos el Húmedo. La Navy y la policía llanita riéndose en la cara de Picolandia, con Interior, Exteriores y Defensa mirando siempre hacia otro lado.

Me dice Chuck que siga con Gibraltar. Que leña al mono. Gibraltar ha comprado toda la costa. Viven de él bancos, restaurantes, inmobiliarias. Si allí no hay más paro y miseria es gracias a ellos. Gibraltar: 28.000 habitantes y 75.000 sociedades anónimas. Con toda la costa del Sol viviendo de la colonia. Calculen quién va a osar molestarlos de verdad desde España. Quién va a cortarles la luz, el agua o el teléfono. O (ésa es la mejor propuesta de todas, me parto) mandarles la Armada a infundir allí respeto. Imaginen la escena épica. Si a un marino español que le dispara a un pirata somalí lo crucifican, imaginen frente a Gibraltar. Lo pilla Gila y se forra. Con Gibraltar, España tragará lo que haga falta. Y lo que no haga falta, también se lo tragará. Con tal de no mancharse el pelo. Gibraltar es negocio para ellos, pero también aquí. Hasta la tierra para ganar terreno al mar se la llevamos (vendemos, supongo) desde España. Me parto oyendo al ministro de ahora, prometiendo firmeza con Gibraltar. A los picoletos de la Menetérica pidiendo instrucciones concretas. Desde hace siglos, pedir instrucciones concretas a un ministro de Exteriores o del Interior español es no tener ni puta idea de dónde vives. El día que haya un incidente, la firmeza española será machacar al pobre guardia civil que se haya visto implicado en la desgracia. Así que no me vengan los ministros españoles sacando pecho en plan machote, que me parto la caja. Temblando estarán en Londres, oyéndolos. Gibraltar es de quien lo sabe defender. Y ésa no es España, que siempre fue con el Peñón acomplejada, indolente y cobarde. Acabemos con este sainete hipócrita. Gibraltar es inglés. Punto. Reconozcámoslo y acabemos de hacer el payaso. Y dejen de agitarme la bandera española delante de los ojos. Según en qué manos ondean, en primavera las banderas me dan alergia. Me dice Chuck que Lola ha abierto el bar. Demos un abrazo a los amigos.

-Jonamigob: ¿Y Ceuta y Melilla?
-Ceuta y Melilla, que se defiendan con inteligencia, sentido común y previsión a largo plazo. Si no, merecerán otro destino.

-JoseGlezMartin: Esa pose impostada que ha tomado tanto este ministro como los anteriores es patética. No sé cómo piensan que nos la creemos.
-Porque ponemos cara de creérnoslo. Siempre. En el fondo nos da igual. Los ministros sólo cumplen el trámite de las apariencias.

-jdoniscatala: Se admiten apuestas. Mañana, todos los cretinos cual vírgenes ofendidas: "Pérez-Reverte vuelve a liarla en tuiter".
-No le quepa. "Reverte quiere ser inglés". Lo grave es que sí. Que a veces, para ciertas cosas, me gustaría. Mucho.

-adrihernanz: Pues vete a la puta isla esa de mierda a beber té y a hablar y escribir en inglés. Payasos como tú sobran en este país.
-Es usted, querido señor, un ejemplo de fino patriotismo. Por lo que íbamos diciendo.

-jmz__: ¿Qué propone usted? ¿Otros Tercios de Flandes con Alatriste en ellos? Eso sí, usted a escribir las hazañas y forrarse, claro.
-Júreme que no es usted tan limitado como parece por su tuit, amigo mío. Estoy seguro de que no. Que es sólo una percepción falsa mía.

-quinfernandezz: "Con toda la costa del Sol viviendo de la colonia". Oiga, don Arturo, usted no debería poder llevarse su propio premio.
-Háganos un favor a usted y a mí. Busque en el diccionario la palabra "hipérbole", estimado señor. Ande.

-quinfernandezz: Me hago el favor de leer sus libros, que me gustan hiperbólicamente más que sus tuits.
-Vale. Se lo agradezco. Pero busque "hipérbole", en serio. Por lo de la Costa. Un abrazo.

-markel_eus: Su sesión de tuiter dominical debería llamarse 'El domingo de la marmota'. La misma gente se indigna siempre por lo mismo.
-También yo me indigno siempre por lo mismo. España, a fin de cuentas.

-marcocui: ¿Y si al final nos hiciéramos con Gibraltar, con qué nos acomplejaríamos entonces?
-Ya se nos ocurriría algo. No le quepa duda. Un español sin complejos y con humor parecería italiano.

-DonJoseCadalso: Reverte, ¿estás diciendo que España no puede reclamar Gibraltar porque es una mierda de país, como Picardo?
-Es exactamente eso lo que he dicho. Celebro que su comprensión lectora sea excelente, querido amigo.

-DonJoseCadalso: Y pensar que me dejé la vida por una bala inglesa ante el Peñón, para que este mal escritor orine encima de mi tumba...
-Se equivoca, don José. Cada vez que voy a San Roque le dejo un ramo de flores imaginario.

-Rodrigo1299: Venga, hombre. Pensé que era usted más patriota. Por lo menos hay que intentarlo. Si no se hace nada, seguro que no lo recuperamos.
-Yo no soy un patriota. Soy un español que leyó y que viajó un poco. Que respeta lo respetable y desprecia lo despreciable.

-siguerascando: Lo tengo decidido: me voy a hacer llanito. Puedo probar que tengo un antepasado gibraltareño cuando era español. ¿Contará algo?
-Avíseme si funciona, porque igual me apunto. Como dejen, no vamos a caber en Gibraltar. Por lo menos allí tienen claro lo que son y lo que no son.

-siguerascando: Por cierto, viene el Rey a mi Algeciras Mare, por lo de la provocación inglesa. A los llanitos les costará reponerse de tal golpe.
-¿El rey a Algeciras, de visita? Estarán temblando en Gibraltar. De miedo. A por ellos, oé.

-diego360_: Y tenemos escritores que dicen: "Gibraltar es inglés. Punto. Reconozcámoslo y acabemos de hacer el payaso".
-Sí señor. La frase es mía. Y la sostengo. Gibraltar lo merecen quienes supieron ganarlo y conservarlo. Lo demás es farfolla facilona y patriotera. Es como Cataluña, por ejemplo. Si un día es independiente, será que quienes allí quieren serlo lo habrán luchado y merecido.

-Chatyeux: ¿Sabe si se trabaja bien en Gibraltar? Porque me han ofrecido dos veces empleo, y me lo estoy pensando.
-Pues yo de usted no me lo pensaría.

-josecarguti: Una España, @perezreverte, que es la cuarta potencia mundial de turismo, y aún así se deja robar Iberia, su compañía aérea más emblemática.
-Ni siquiera robar, amigo. La entrega por cuatro duros a los ingleses, atada de pies y manos. Y mientras, reclama Gibraltar.

Esperando a que Lola abra el bar. Con el ministro de Exteriores asaltándome, firme, rotundo, desde diarios y telediarios. Cuánta energía, rediós. Cuánta serena energía española ante ingleses y gibraltareños. Después de décadas pagando hasta el bidé y la cama. Pero este ministro lo va a cambiar todo en dos o tres días: las claudicaciones infames, los lametones, la abyección, el sírvase usted mismo.

-zurita1969: está usted confundiendo a los patos! Estos tuits acercarán unos que saldrán corriendo cuando descubran sus intenciones!
-Retwitteado por Arturo Pérez-Reverte

Ahora resulta que la culpa de la chulería gibraltareña sólo la tuvo Moratinos. Que fue un flojo y un pastelero, cierto. Pero sólo uno más. Mala memoria: antes de las dos legislaturas del Pesoe hubo otras del Pepé. Con el tigre Ansar. Y se tragó exactamente lo mismo. O casi. Pero este ministro lo va a cambiar todo en dos o tres días: las claudicaciones infames, los lametones, la abyección, el sírvase usted mismo. Gibrakltar es la historia de un tragar. Se tragó con permitir que los llanitos comprasen el campo de Gibraltar y media Costa del sol.

‏-joseareina: bueno bueno. ¿Media costa del sol?
-Vale, rectifico. Toda la Costa del Sol.

Se tragó con que se ampliara impunemente el suelo del Peñón, y las aguas, con material de relleno enviado desde España. Se tragó en que 7.000 llanitos vivan como señores en España pero tributen en Gibraltar. Se tragó con que Gibraltar siga siendo la mayor base contrabandista y de negocios turbios de la zona. Se tragó y se traga con 60.000 líneas telefónicas (ése fue Moratinos) que van de España a Gibraltar y ahí las disfrutan por la cara. Se tragó con que sea fondeadero libre británico, y que petroleros de allí den combustible (y lo cobren) a otros barcos en aguas españolas. Se tragó con que los pescadores españoles sean acosados en aguas españolas con total impunidad. Se tragó en que las patrulleras gibraltareñas y británicas lleven décadas mofándose impunemente de la Guardia Civil. Se tragó en que el aeropuerto de Gibraltar y sus ampliaciones estén en aguas españolas. Se tragó con que la marina y el ejército británico hicieran maniobras que incluían hasta desembarcos en playas españolas. Desembarcos de los royal marines en La Línea en tiempos del ministro Trillo (hoy tigre feroz de la legación española en Londres). España lleva treinta años tragando de todo con Gibraltar. Los tiene acostumbrados a la impunidad absoluta. Impunidad que produjo prosperidad. Con esas facilidades, los gibraltareños son amos de la zona. Dan trabajo. Sin ellos, sin la colonia, la comarca sería paro y miseria. Gibraltar y lo que es (lo que ha llegado a ser gracias a la desidia española) significa la única fuente fiable de ingresos para la comarca. Y ahora el ministro Margallo dice que apretará tuercas. Que fastidiando algunos días en la frontera doblegará a los malvados. Que les va a echar encima a Hacienda, nada menos. Y que pagarán tasas fronterizas y tal. Que España se va a poner dura. Y eso ni me lo creo yo, ni se lo creen ustedes. Y el ministro Margallo no se lo cree ni harto de ginebra Larios. Imagínen. Los llanitos temblando hoy por si sale en sus telediarios el ministro Montoro. Y la Royal Navy, acojonada con la Armada Española.

-mgiribarren: No se si la Royal Navy estará acojonada, pero nuestra Armada no lo está. Este tt me jode D. Arturo.
-Usted sabe de qué hablamos, querido amigo. Dónde está el problema y dónde no. Un saludo.

Así que, si Moratinos con Gibraltar (y con otras cosas) fue un pobre hombre, lo de ahora suena a bravata de charlatanes bocazas y fantasmas. España debería dejar de hacer el payaso de una vez con Gibraltar. Asumir el resultado de treinta años de vileza, claudicación y cobardía. Allí llevan décadas demostrando tener lo que aquí nos falta: constancia, inteligencia, coraje y dignidad. Han ganado su derecho. Y los primeros que quieren un Gibraltar inglés son los españoles de La Línea, que sin ese Gibraltar estarían tiesos como la mojama. Es más. Si los dejaran, la mayor parte de los linenses se harían gibraltareños. Hasta yo me haría. Gibraltar no volverá a ser español,ni cosa parecida, en la maldita vida. Afirmar lo contrario es mentir a sabiendas. Echar cortinas de humo. Sería mejor aceptar la independencia de la colonia a cambio de cuanto se pudiera lograr, y dejar de hacer el ridículo. Demasiado será, ya, si estos inútiles logran que el resto España siga siendo España algún tiempo más. Que hasta eso dudo. Así que el ministro Margallo puede ir a contarle milongas de firmeza tardía a su tía la de Cuenca. O de donde sea su tía. España y su ministro de Exteriores no están en condiciones de apretarle las tuercas ni al chófer del embajador de Guinea Ecuatorial. Lola ha abierto. El bar.Charlemos un rato con los amigos.

-alvarocadiz95: Hong Kong fue devuelta a China
-¿Está Vd. comparando (ingenuamente, supongo, querido amigo) China-Hong Kong con España-Gibraltar? ¿Es ingenuo o se lo hace?

-bebeisisnono: gibraltar no volvera a ser español,pero podemos empezar a joderlos,despues de tantos años,jodiendo ellos
-Vale. Entonces, hágase. De verdad. Asumiendo hasta el final las consecuencias. No con la puntita nada más.

-josecaracharda: Los gibraltareños no quieren ser españoles y punto.Por qué no devolvemos Ceuta y Melilla que son de Marruecos y no españoles?
-¿Pero Vd, duda de que Ceuta y Melilla serían entregadas o devueltas a la primera crisis? Otra cosa es que a Marruecos le interesen como están por ahora. Pero dele tiempo. A un Marruecos islámico, por ejemplo. ¿Imagina Vd. a Rajoy, Zapatero, Cayo Lara, Rosa Díez, o quien sea, defendiendo Geuta y Melilla como gatos panza arriba?

-Untalfer: es cierto que hemos tenido que tragar mucho con los británicos pero nosotros les hemos colado a Federico Trillo. Que se jodan
-Retwitteado por Arturo Pérez-Reverte

-jesusvalbuena: 30 años o 300?
-300. Tiene Vd. razón. Uno puesto detrás del otro.

-Er_Richal: ese Gibraltar sin ERES donde meter mano
-Retwitteado por Arturo Pérez-Reverte

Ésta de Jose Luis y su guitarra se la dedico al ministro Margallo. Con afecto y tal http://www.youtube.com/watch?v=QGxRDA8MFNY @oneto_p Disfrútala también tú, maestro. Un abrazo.

-fcantero: D. Arturo, me ha traumatizado Vd. con este video, creo que tardaré en reponerme del bochorno
-Aquí hay bochorno colectivo para todos, amigo mío. No iba Vd. a irse de rositas. Disfrute su parte. Un abrazo.

-SanchezAlaminos: El ultimo intento serio, desde los tiempos de Utrech, de recuperar Gibraltar lo protagonizo Torrente.
-Retwitteado por Arturo Pérez-Reverte

-Errol_Black: Y si el PP quiere guerra de verdad. Que entre sus medidas se encuentre la de poner el tabaco al precio de Gibraltar.
-Retwitteado por Arturo Pérez-Reverte

-Er_Richal: ¿son españoles los que cada día pasan tabaco y quienes compran ese tabaco? A ver quién es mas pirata
-Los que pasan el tabaco y lo compran son españoles, no le quepa. A piratas, una vez puestos, tampoco nos gana nadie.

-javi_bigbang95p: hoy el dominguero de @perezreverte ,nos incita ha recuperar el peñon....
-¿Es usted igual de inteligente para leer otras cosas, o sólo es retrasado en comprensión lectora con textos míos? Me pilla en buen momento, criatura. Acaba de ganar el Premio Reverte Malegra Verte al tonto de la semana. Congratulations.

-JMLCaballero: Comprensión lectora? Los candidatos a su premio semanal empieza a tomar posiciones
-Patos. Pan. Ya sabe.

-Geles31: Según ABC Londres muestra preocupación por las palabras de Margallo.
-Sí. Tras escuchar a Margallo, en Londres están acojonados. Se sabe de buena tinta de calamar.

-JuanCAM_RBb: se empieza reclamando una colonia y se termina cediendo Ibiza.
-La Historia de España está llena de casos similares. se empieza reclamando una colonia y se acaba cediendo Ibiza.

-ElCuartelillo: entonces Gibraltar es a Cádiz lo que Eurovegas a Madrid?
-Me lo ha quitado usted de la boca.

-Amberes1920: Diga, si se atreve, que Gibraltar debería ser español.
-Pues claro que me atrevo. Debería. Pero no lo merecemos. Luego no es. Fin de la autocita.

-fdiaz_p: Sr. Reverte, aunque le pese #GibraltarEspañol.
-No me pesa. Me gustaría. Pero, como dijo aquél, lo que no puede ser no puede ser, y además es imposible.

-Anllafer: Muy cierto querido amigo, al igual que los ingleses de Gibraltar ¿te lo imaginas dependiendo de la Junta de Andalucía? Ozú
-Imaginar Gibraltar dependiendo de la Junta de Andalucía me hace temblar las carnes. Y la cartera a los llanitos, supongo.

-Lacabrazombi: tardarian dos dias en crear el observatorio del Peñon y la agencia conservadora del mono gibraltareño."
-¿La Junta de Andalucía gobernando Gibraltar? EREs aparte, crearía el Instituto de Observación de Género de Monas y Monos.

-buchon109: No le entiendo si tanto se ha tragado y se sigue tragando no habria que rectificar tomando medidas
-¿De verdad cree que, aparte declaraciones oportunistas y un par de titulares para telediario, alguien tomará medidas en algo?

Lola me dice que no la deje así, con esta bajada de patriotismo vespertino. Así que le desempolvo otro: 'El vasco que humilló a los ingleses': http://www.capitan-alatriste.com/modules.php?name=Forums&file=viewtopic&t=3824

Fue un placer que me acompañaran en el desahogo. Un saludo y gracias por acompañarme en la barra del bar. Clic. En gibraltareño, clí.
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Rogorn
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MensajePublicado: Mie Ago 07, 2013 1:01 pm    Asunto: Responder citando

"Estoy sorprendido de cómo está La Línea"
José Manuel Fernandez - Europa Sur - 10/05/2002

Recordando viejos tiempos, el escritor Arturo Pérez-Reverte estuvo el miércoles en La Línea, adonde ha venido con mucha frecuencia. El ex reportero llegó a La Bodeguiya con un grupo de amigos y levantó cierta expectación.

-¿A qué se debe su presencia en La Línea?
-Dentro de veinte días sale una novela mía y una parte de ella transcurre en México y otra en España, en concreto en la zona de Marbella, Gibraltar y por aquí. Ahora estoy dando los últimos repasos a las galeradas, a las pruebas de imprenta y siempre hay un detalle del lugar, del paisaje, del sitio tal o cual que conviene verlo antes de corregir. Estoy dándole el último hervor, digamos, a una rovela de quinientas páginas en la que llevo trabajando dos años y medio.

-Siempre has venido con frecuencia a La Línea.
-Llevo viniendo a La Línea desde hace unos dieciocho años. Es que me gusta mucho esto. Yo empecé a venir al principio cuando aquella historia de las planeadoras, de Gibraltar, toda aquella movida. Me andaron aquí a hacer reporajes y me encantó la zona, me lo pasé muy bien. Me acostumbré a La Línea y aquí hice muchas amistades. Desde entonces vengo con frecuencia a verlos, a tomarme copas con ellos... Vengo a Casa Bernal, a ver a Cuqui y a tomar algo con él; a cenar al Linares; vengo a La Bodeguiya y doy una vuelta para ver a la gente que quiero. Para mí todo esto es un gustazo, porque esta tierra me quedó metida muy dentro por muchas razones, y sigo viniendo siempre que puedo.

-¿Has notado algún cambio en La Línea respecto a aquellas primeras visitas?
-Lo he comentado con mis amigos. Está absolutamente desconocida. La luz de los sitios, las tiendas... No sé a qué se debe, porque he venido de paso y no he profundizado mucho, pero realmente ha cambiado una barbaridad y para bien, por supuesto. Está todo muy relajado, muy bien. Estoy encantado y asombrado porque no me esperaba encontrarme La Línea así.

-No vas a estar mucho tiempo por aquí, supongo.
-No, he venido de paso; sólo un par de días para ver a los amigos y me vuelvo enseguida a Madrid porque tengo que terminar las pruebas de la novela y preparar la promoción, porque el libro sale en junio y todo esto supone un trajín tremendo.

-Háblanos de tu nuevo libro.
-El título es 'La Reina del Sur' y cuenta la historia de una mejicana que se instala en esta zona. Es una historia de aventuras como las que hago yo. No sé si es mi mejor obra. Llevo dos años viviendo con esta obra y no tengo perspectiva para decir nada. Supongo que mis lectores me seguirán leyendo igual.

--

Entrevista con Carlos Herrera - 'Herrera y punto' (Onda Cero) - 04/06/2002

-Arturo Pérez-Reverte nos presenta su nueva novela, 'La Reina del Sur'. Esa protagonista de tu historia, Teresa Mendoza, después de ver cómo su novio fallece en un accidente de avioneta -en fin, su novio tampoco era un angelito, precisamente-, decide venirse a una tierra en la que también el tráfico de estupefacientes lo hemos vivido. Fíjate en la información que hablaba de Sanlúcar de Barrameda, que es el estrecho de Gibraltar. ¿Y ese estrecho también te lo has pateado para conocer cuál es el misterio que entraña toda esa historia?
-Sí, y además ha sido una experiencia muy singular, porque yo lo pateé mucho hace ya quince años. Tú estabas en la tele también, ¿te acuerdas?... Y me iba para allá a hacer reportajes, a la vuelta entre guerra y guerra. Y ahora ha sido volver a los viejos lugares y a por comida diferente. Ya no soy reportero, ahora veo el mundo de otra manera, y tengo 50 años. Entonces, ver ese mundo otra vez, con esa mirada, con esa lucidez que te dan los años, es una experiencia muy interesante, volver a recorrer los viejos caminos aquellos.

-En el platillo de las intensidades, ¿cuál puede más, las historias en torno al narcotrafíco y al trafico no solo de estupefacientes sino a veces humano, en México, o en Gibraltar?
-Son dos mundos diferentes. Aquí esto es Europa. Aunque está Marruecos cerca, en donde no hay reglas, digamos que la presencia europea hace que esto sea mucho más digamos entre comillas "civilizado". Hay jueces que no son corruptos, o al menos no todos lo son, hay policías que no son corruptos, o al menos notodos los son... Digamos que hay una serie de normas que están ahí de referencia. En México todo vale. En México el dinero lo compra todo, como en Marruecos también, claro. En el contraste de esos mundos era muy interesante moverse por esa frontera mostrando los dos lados de ese mundo.

--

Cazando a la 'Reina del Sur' por el Estrecho
Óscar Lobato - Diario de Cádiz - 09/06/2002

Dato para revertólogos. Fue sentado a la terraza del Cafe-Bar Andalucía en Cádiz, la primera vez que Arturo Pérez-Reverte habló de escribir una novela sobre narcotráfico. En aras de la precisión total, eran las tres y media de la tarde del 25 de enero de 1996, y el escritor estaba en la ciudad para presentar su por entonces último libro, 'La piel del tambor'.

En las distancias cortas, Reverte es aún más peligroso que por la tele. Conversa ameno, fluido, y cautiva al oyente. Es culto, peligrosamente culto. Sus reflexiones delatan largas horas de estudio, vida intensa y aventuras peculiares. No era pues raro que "El Bulto" -un ex púgil medio sonado y quien inspiró al escritor el personaje de "El Potro del Mantelete"- le escuchara arrobado. Reverte platicaba sobre Los Tigres del Norte, un grupo de ex mariachis especializado en corridos sobre narcotraficantes. Con voz suave, el escritor apuntó la primera estrofa de 'La banda del carro rojo', uno de sus temas más populares: "Dicen que venían del Sur / en un carro colorado. / Traían cien kilos de coca. / Iban con rumbo a Chicago...". Calló Reverte, de pronto. Miró al vacío; luego al "Bulto" (lo que venía a ser casi lo mismo) y musitó: "Tal vez alguien debería escribir una novela sobre el tráfico de drogas, aquí, en el Estrecho de Gibraltar. Contar cómo se preparan los alijos, cómo se pasan, las persecuciones, el flujo de dinero negro, los ajustes de cuentas....". El antiguo boxeador asintió en silencio. Le resultaba bastante más fácil asentir que hablar, y el tema le parecía atractivo y cercano. La idea inicial de Pérez-Reverte era interconectar ambos lados del contrabando de drogas. Una narración en la cual el lector viviese la tensión, el miedo, la fatiga y el flujo salvaje de adrenalina, tanto a bordo de las planeadoras de los contrabandistas, como de las turbos y los helicópteros aduaneros. El antes, el durante y el después de un pase de drogas. "Don Arturo, si usté escribe deso, me pienso yo que le va gustá más al personal que lo de 'Los Papeles del Clús Demús' y 'La Tabla del Planche'", alentó "El Bulto" entusiasmado, demostrando vastos (y bien bastos) conocimientos literario sobre la obra del escritor.

Pasarían tres años, empero, antes que Reverte pusiera manos a la obra. La idea inicial ya había experimentado un cambio radical. La protagonista era una mujer: Teresa Mendoza Chávez, "La Mexicana". La hembra más dura y que brilló con luz propia, a ambos lados del Atlántico, en el machista y torvo mundo de los narcos. En julio del 2000, varios amigos de Pérez-Reverte dedicados a singulares menesteres a ambas orillas del Estrecho recibieron llamadas del escritor. El teléfono celular del autor de estas líneas figuraba entre los comunicados.

-Chaval, una pregunta: ¿cómo era la copla que cantaba Juanita Reina haciendo de Lola la Piconera, en la peli de Luis Lucía?
-Arturo, deberías dejar el peyote. Apenas son las nueve de la mañana -fue la respuesta inicial.
-No, sin coñas. Es para la nueva novela. Por cierto, voy a meter a Javier Collado como personaje.

Solté una carcajada malévola y me descangallé sobre el escalón de un portal de la calle Rey de los Niños, de la Barriada del Mar, de Barbate. A Javi -tímido hasta los solenoides- iba a gustarle tanto la idea, como a Bin Laden un ciclo monográfico sobre Doris Day.

Acordamos una cita para cuatro semanas después, que desbarató el éxito arrollador que alcanzaron sus novelas en EE.UU. La pesquisas de Reverte sobre la Reina del Sur toparon de salida con una férrea oposición: la desconfianza de los "narcos" sinaloenses. El escritor refiere en la novela como se las apañó para allanarlas. Omite un detalle. El traficante que le introdujo ante sus colegas de Culiacán le explicó muy gráficamente lo que pasaría si se las daba de listo: "Mírele don, y pues le provoca nuestra música, le digo. ¿Conoce el corrido 'Setenta plomos de a siete'?... Pues se andarán escasos con los que les van a meter a usted y a mí, si chinga a mis cuates".

En junio del 2001, Reverte convocó al "clan del Sur" en Algeciras. Pedía asesoría con los pasajes del libro que se desarrollaban en el Campo de Gibraltar y en Cádiz. Trabajador incansable, llegó con los deberes ya hechos. Traía una ruta preparada sobre la persecución de los de Aduanas a Santi Fisterra y Teresa Mendoza. Comenzó a relatarla. Era perfecta. Alguien le interrumpió, curioso: "¿Tú no andarás pasando drogas en tus ratos libres?"... Chema Beceiro y su dotación de la "hachejota" aduanera de Algeciras le brindaron la experiencia de las persecuciones navales a tumba abierta y los secretos a alta velocidad. Javier Collado y las huestes del 'Argos' le llevaron de caza nocturna en el helicóptero. José Luis Domínguez, el observador naval de la aeronave, le mostró cómo se salta del "molinillo" a una planeadora a 50 nudos de velocidad. Tras cada misión nocturna, Arturo permanecía luego varias horas escribiendo en la habitación del hotel. Cuando pidió, humilde, una revisión técnica de lo escrito, sólo había un fallo: la posición de las palanca del acelerador no era la correcta en una "phantom". Se percató Javier Collado, quien además de helicópteros pilota lanchas de alta velocidad y fue campeón de España de ultraligeros (voló 100 kilómetros con toda la gasolina que cabía en un vaso de duralex como único combustible). Arturo recibió entonces una sesión técnica especial por parte de los mecánicos navales de Aduanas y del propio Collado. Las secuencias de la persecución han quedado estremecedoras, técnicamente impecables y absolutamente reales.

Con la reciente publicación de la novela han aflorado los primeros y encendidos debates sobre si Teresa Mendoza existe o es invención de Reverte total o parcial. En noviembre del 2001, este reportero leyó los capítulos entonces escritos de la novela y le planteó directamente esa cuestión. Arturo sonrió. Estaba sentado en esa misma tumbona desde la cual mira, con serena ironía, a los lectores de su página en 'El Semanal' y que se ubica en el jardín posterior de su vivienda. "Chaval, si te fijas bien, tú mismo encontrarás respuesta a esa pregunta, en cuanto tengas el libro en tus manos". Pude hacerme con la novela el jueves. Me quedé petrificado, y quienes aguardaban para comprarla debieron darme por lelo completo. La cubierta muestra un velador con una botella de tequila, dos bolsas de perico, una cuchilla de afeitar y dos "tiros" de farlopa, listos para el consumo. También hay una pistola y una fotografía rota. El arma no es ni la Colt Doble Águila del Güero Dávila, ni la Sig-Sauer que Arturo atribuye a "La Mexicana". Reconocí la pistola y a la mujer de la foto. Me estremecí. Entonces "sonó el teléfono y supo que la iba a matar".

"No habéis reportado el sobrevuelo de Punto Pingüino", advierte una voz en la oscuridad de la cabina del helicóptero. Los pilotos callan, tensos. El observador naval permanece extrañamente atento a la pantalla de la cámara de visión termográfica. Arturo Pérez-Reverte enarca las cejas. Su instinto le dice que esa extraña denominación oculta algo.
-¿Qué es Punto Pingüino?, pregunta el escritor.
Los ocupantes del 'Argos' continuan silenciosos y esquivos. Punto Pingüino es un teórico vórtice epicentral del Estrecho. Su posición fue establecida por uno de los pilotos aduaneros, José Luis Cifuentes, "Cifu", y en cada misión nocturna, al más novato de los helicopteristas le compete reportar de inmediato al control, cada vez que se sobrevuela. Reverte se dispone anotar el dato, y suena una carcajada general. Punto Pingüino es una novatada. El nervioso copiloto que se pasa toda la noche informando al control de tales sobrevuelos, acabará por escuchar un impío:
-Cállate ya, pringao. Ya nos ha quedado bien claro que eres el pardillo del turno.
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Rogorn
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MensajePublicado: Mie Ago 07, 2013 1:03 pm    Asunto: Responder citando

A LA CAZA DEL NARCO

[Una mujer sale de la nada en México y llega a reina del narcotráfico en Gibraltar. En medio, 12 años de infarto. Ésta es la trama de ‘La Reina del Sur’, la nueva novela de Pérez-Reverte. Un “corrido de 500 páginas” cuyo origen rememora el autor durante una 'noche de caza' con el Servicio de Vigilancia Aduanera.]

Resulta extraño cómo pueden coincidir a veces la realidad y la ficción. José Luis Domínguez, el observador del pájaro, está atento a la pantalla del visor térmico de 'Argos', la nave del cielo que lleva un gran ojo nocturno en la proa. “Todavía no nos han visto”, dice. En la pantalla, mientras el helicóptero de Vigilancia Aduanera vuela en la noche, acercándose a la playa desde el mar, la goma es una mancha alargada en la orilla, y los malos una docena de siluetas que se mueven alrededor acarreando fardos de treinta kilos de hachís. La semirrígida de nueve metros a la que seguimos el rastro ha ido a varar en una playa oscura de Guadalmina Baja, a poniente de Marbella. Y mientras Javier Collado, el piloto, lanza el pájaro sobre ellos a ciento cincuenta nudos de velocidad, no puedo evitar una risa incrédula. Esos tíos están alijando el hachís a pocos metros de la casa de Teresa Mendoza, alias la Mejicana, compruebo asombrado. Ni a propósito. Cualquiera diría que acaban de leerse la maldita novela, o que salen de ella.

Veintinueve meses de trabajo concluyen esta noche, aquí mismo, sobre la playa. Quinientas cincuenta páginas que he querido rematar en uno de los escenarios de la historia, para recordar los últimos detalles –estoy a tiempo de corregir las galeradas– y también como excusa para salir una noche más de caza con los viejos amigos, ahora que la realidad se mezcla en mi cabeza con la ficción hasta el punto de que resulta imposible separar una de otra. En realidad, nadie pone en una novela lo que no tiene. Ni harto de whisky. Yo, por lo menos, las construyo con lo que he leído, con lo que he vivido y con lo que imagino. Como cualquiera, supongo. Como cualquiera, naturalmente, que haya leído, que haya vivido y que sea capaz de imaginar juntando letras y palabras mientras lo hace. Cada uno es cada uno.

En cuanto a la escena que vivo esta noche, suspendido entre cielo y mar en la cabina del BO-105 de Vigilancia Aduanera, ya la viví muchas veces como reportero, en otro tiempo, cuando entre viaje y viaje de la cosa bélica venía de caza al Estrecho; porque Gibraltar era la principal base contrabandista del Mediterráneo Occidental y las imágenes eran rentables y espectaculares, y había adrenalina a chorros, y encima abríamos con esas imágenes los telediarios y nos lo pasábamos –Márquez, Valentín, los viejos colegas de la Betacam– de cojón de pato. Pero de eso hace la tira. Desde entonces han cambiado las cosas; y además, esta noche, lo que hago no tiene fronteras claras entre lo imaginado y lo vivido. Gracias a los viejos amigos de Aduanas –la agenda de un antiguo reportero contiene de todo–, ahora no vuelo para la tele, como cuando era un mercenario más o menos honesto, sino que vuelo para mí. Para la novela en la que trabajo desde hace veintinueve meses: la joven mejicana que huye a España y tras un largo y accidentado camino de doce años se convierte en la reina del narcotráfico en el Estrecho de Gibraltar. Y lo paradójico es que, en la historia que se cierra esta misma noche, el escenario que elegí hace mucho tiempo para la imaginaria residencia española de la protagonista, Teresa Mendoza, la Reina del Sur, está a menos de quinientos metros de la playa donde ahora el helicóptero de Vigilancia Aduanera cae del cielo sobre la planeadora contrabandista. Lo que tiene mucha guasa, o al menos la tiene para mí. Y lo más curioso es que ni los hombres que están en tierra ni los que se encuentran en la cabina aquí arriba saben nada de eso. Ya ves, me digo. Chaval. Qué extrañas son las coincidencias y las bromas de la vida.

Todo empezó hace tiempo, en una cantina mejicana. Estaba con mis carnales de allá, dándole al tequila, y alguien puso en la rockola el corrido de Camelia la Tejana. Narcocorrido, para ser exactos. Nueva épica de esa frontera que sigue estando, como dijo no sé quién, tan lejos de Dios y tan cerca de los pinches Estados Unidos. Allí, las canciones populares hablaban antes de Pancho Villa, de la Cucaracha y de Adelita; ahora hablan de avionetas Cessna y cuernos de chivo, de perico y de mota, de cargas de la fina en llantas de coches rumbo a la Unión Americana. “Veinte mujeres de negro al panteón van a llegar”, dice una canción. “La lealtad de un pistolero se respeta y se le admira”, dice otra. Aquello es un mundo fascinante y terrible: el México duro, la violencia, la raya del Bravo, la mariguana de la sierra y todo eso. Tipos bigotudos con botas de iguana, con pistolas fajadas a la cintura y con escapularios del santo Malverde, el patrón de los narcos. Tijuana. Sinaloa. Dólares. Lugares donde morir de forma violenta es morir de muerte natural. Y mientras sigues vivo, compadre, pues lo disfrutas para cuando te den picarrón y todo te falte: buenos coches, vino, lujo, música y mujeres. Porque más vale vivir cinco años como rey, me dijo en Culiacán, Sinaloa, el Batman Güemes, con un plato de carne demasiado hecha en una mano y una cerveza Pacífico en la otra, mirándome muy fijo. Más valen cinco años como rey, repitió, que cincuenta como buey. Chale.

Y eso es el narcocorrido, ni más ni menos. Vas por la calle y, aunque está prohibida su difusión, lo oyes todo el tiempo en las tiendas, en las cantinas, en las radios de los coches. 'Pacas de a kilo'. 'Carga ladeada'. 'La muerte de un federal'. 'También las mujeres pueden'. 'La banda del carro rojo'. Todo real como la vida misma. Tres minutos de música y palabras con las que los grupos norteños, que salen en las cubiertas de los cedés con avionetas al fondo y pistolas del 45 en el cinto, cuentan historias estremecedoras y fascinantes de contrabandos, pases de frontera, leyendas de hombres y mujeres muertos o que van a morir.

Ese mundo me quedó ahí, en la cabeza. Archivado a la espera de quién sabe qué. A fin de cuentas, la trastienda de un novelista es una mochila donde vas echando cosas, y un día las sacas y las ordenas y las mezclas con otras y te sale una historia. O varias. El día que oí el corrido de Camelia la Tejana sentí la necesidad de escribir yo mismo la letra de una de aquellas canciones. Pero no tengo ni idea de música, ni sé resumir en pocas palabras historias perfectas como las que esa raza cuenta. Carezco del talento de los Tigres del Norte o los Tucanes de Tijuana, o de Chalino Sánchez, que era compositor, vocalista y gatillero de las mafias, y lo abrasaron a tiros, todo exquisitamente canónico, al salir de una cantina, en Sinaloa, por el narco o por una hembra. O por las dos cosas. Así que, tras darle muchas vueltas al asunto, decidí escribir un corrido de quinientas páginas y mezclar en él dos mundos, dos fronteras, dos tráficos. El estrecho de Gibraltar y el norte de México. Recordar cosas viejas, aprender cosas nuevas. Mezclar lo vivido con lo leído y lo imaginado. Vivir de nuevo y vivir más. Ser por fin uno mismo quien, frente a la hoja en blanco, escribe la letra de su propia canción. Eso es agradable, y hasta útil, cuando a partir de cierta edad comprendes que hay más camino recorrido que por recorrer. Te permite encarar viejos fantasmas, serenar recuerdos y remordimientos. Comprender. En realidad es para eso para lo que uno lee, o escribe. Por lo menos es para lo que leo o escribo yo.

“Vamos allá”, dice el piloto. Abajo, en la playa, los malos no nos ven hasta que tienen el pájaro encima, cuando la sombra negra parece salir del mar y Javier les mete el foco en los ojos, y corren en desbandada, arrojando los fardos. Maricón el último. Los hemos pillado justo en el momento: demasiado pronto tiran el hachís al mar, demasiado tarde se largan por tierra y se escapan a bordo de la planeadora vacía. Las palas volando a dos metros del suelo levantan torbellinos de arena, y entre ellos se tira José Luis Domínguez, blandiendo la linterna a modo de arma mientras grita, alto, Aduanas, alto, mientras los malos, que no le hacen por supuesto ni puto caso, corren como conejos y el oleaje atraviesa la goma abandonada en la playa. Hasta hay un cojo, lo juro, que deja la muleta en la playa y sale zumbando a saltos sobre la pierna sana. Pero lo que interesa es asegurar el hachís: esta noche sólo somos cuatro porque todo fue rápido y no hubo tiempo de avisar a nadie en tierra, y ya me dirán cómo se para a once o doce tíos alumbrándolos con una linterna. Además, si aparece ahora la Guardia Civil, teme José Luis, y te pillan descuidado, le echan mano a los fardos y se apuntan el servicio. “Que para eso los picos madrugan que te cagas, oye”. Y Jesucristo dijo hermanos y tal, pero nadie dijo primos. Así que los pilotos maniobran el pájaro acercándolo más a la playa, José Luis le pone un pirulo con destellos azules al hachís, y los malos, qué remedio, se piran por esta noche, porque lo que es yo no voy a ponerme a perseguir a nadie. Ni siquiera al cojo, que a estas alturas, salta que te salta, debe de andar ya por Estepona. El que suscribe es novelista y sólo ha venido a mirar. Además, qué carajo. También los malos me son familiares, pienso mientras salto a mi vez del helicóptero y me acerco a la planeadora para observarla de cerca. Varias de las escenas de la novela que acabo de terminar transcurren a bordo de lanchas de goma como ésta, con cargas similares a la que transporta. En otro tiempo mantuve también estrechas relaciones con los del otro lado de esa frontera, a veces difusa, que solemos definir como la de el delito y la Ley. Eso me ha permitido contar la historia de Teresa Mendoza precisamente desde ese lado: recrear las persecuciones nocturnas, la costa marroquí, las luces de los faros españoles entrevistas en la marejada, cuando aún no había GPS y se navegaba a ojo, a puros huevos, del economato de Al Marsa derecho al norte, por ejemplo; o rumbo sesenta desde Ceuta, y al perder de vista el faro, rumbo norte, entre las farolas de Estepona y de Marbella. Narrar la forma de vida de los narcos del Estrecho, tal y como los conocí hace quince o veinte años. Algunos de los viejos amigos de ese otro lado de la noche –entonces eran jóvenes, y las planeadoras, el tabaco, el hachís y el mar suponían para ellos una gozosa y rentable aventura– ya no están. Se han jubilado. Hola, adiós. Cómo pasa el tiempo, colega. Otros están muertos: completamente RIP. Y a algunos, varios años en cárceles marroquíes los han vuelto casi irreconocibles, amargos y malos de verdad. En fin.

Buenos y malos. No mames, que diría Teresa Mendoza. En realidad es difícil hacer esa distinción a estas alturas de la novela y de la vida. Lo cierto es que ahora digo bueno o digo malos como referencia, porque de algún modo tienes que llamar a la gente cuando te mueves entre ella. Pero la historia que acabo de rematar no juzga, ni define, ni nada de nada. No es una historia moral, entre otras cosas porque fui reportero durante veintiún años, y si algo aprendí es a desconfiar de quienes dicen tener claro donde está el bien y el mal, y de las historias con fondo moral. Todo el mundo tiene razones para hacer lo que hace; y si uno se calla y mira intentando comprender, a veces comprende. En la historia de mi Reina del Sur imaginaria pero no tanto, el mundo del narco mejicano y español es el escenario: el lugar donde transcurre la acción y por donde se mueven los personajes. Eso está ahí, y cada cual puede sacar sus conclusiones. Yo me he limitado a contar la historia de una mujer. De una pava un poquito cabrona que al principio no sabe que lo es, o que puede serlo, y luego sí. Doce años de una vida sin ambición y sin objetivos en la que, paradójicamente, cada golpe, cada desgracia, puede empujarte hacia arriba. Qué cosas, ¿no? Convertirte en leyenda.

También ellos son leyenda aunque no lo sepan, pienso mientras observo moverse por la playa a los tripulantes del pájaro. Y también son cazadores natos, decido una vez más. Nadie se mete en una planeadora sólo por dinero. Ni loco. Nadie los persigue jugándose la vida sólo por sentido del deber. Ni borracho. Hay algo personal en todo esto. Reglas propias, códigos íntimos de cada cual. Hace muchísimo tiempo que conozco a algunos de ellos, tanto dotaciones de helicópteros como de turbolanchas HJ, y estos tíos siguen asombrándome. Vuelan de noche a ras del mar, empapados por el aguaje de las lanchas contrabandistas, se tiran en la oscuridad sobre planeadoras que huyen entre pantocazos a cincuenta nudos, aterrizan en playas estrechas y lugares imposibles, abordan mercantes cargados de cocaína en mitad del Atlántico. Tengo un montón de cintas de vídeo hechas con ellos en los viejos tiempos: persecuciones increíbles en Galicia, en el Estrecho, a bordo del pájaro o planeando a cincuenta nudos en palmos de agua por la orilla, o entre las bateas mejilloneras, a oscuras y con la única luz del foco oscilante, los rostros de los contrabandistas mirando atrás, los fardos arrojados por la borda, el aguaje de la planeadora cegando al helicóptero, la adrenalina, el miedo, la caza. Chíngale.

La caza. Esa palabra acude constantemente a mi cabeza esta noche, y tal vez sea porque lo resume todo: lo que ellos hacen, lo que yo hago aquí; la novela que he escrito y de la que por fin, de esta forma casi simbólica y frente a tonelada y pico de chocolate fresco, acabo de librarme. A media historia, capítulo seis, necesité algo concreto. Imaginar sobre el terreno, o más bien sobre el mar, el itinerario de una persecución a lo largo de la costa española, desde Punta Castor, cerca de Estepona –un sitio cojonudo para alijar hachís, dicho sea de paso–, hasta un lugar conocido como la Piedra de León. Anduve por la zona dándole vueltas, sin terminar de verlo del todo, hasta que la gente de Vigilancia Aduanera me sacó del apuro. Chema Beceiro, el patrón de una HJ, me llevó de patrulla nocturna al mar, como en los viejos tiempos, y a bordo de esa embarcación pude establecer, milla a milla, el itinerario que Santiago Fisterra alias el Gallego, el patrón de la planeadora Phantom en la que navega Teresa Mendoza, sigue a lo largo de la costa en una escena de cacería nocturna donde sólo los nombres de los personajes son del todo ficción. Roooar. Como la vida misma.

“Estoy sangrando como un jalufo”. José Luis, el observador del helicóptero, se ha cortado profundamente las manos con los cristales de una tapia al perseguir a los malos. Tajos muy feos y sucios, así que se enjuaga los cortes en el agua de la orilla antes de revisar el botín de hoy. Por las infecciones, dice. El yodo y la sal y todo eso. Tan tranquilo. Hace un par de horas se tiró de noche en medio del Estrecho para revisar un pesquerillo sospechoso que se acercaba a la costa sin luces, y luego salió de allí agarrado al patín, en medio de una marejada que me hizo temer que terminara en el agua. Apenas subió a bordo le pregunté cuánto cobraba por aquello, lo dijo, y todavía me estoy partiendo de risa. Atravesada, pero risa. Lo conozco hace mucho tiempo. Lo he visto tirarse a las gomas a oscuras, volando a cincuenta nudos sobre el mar, y liarse a hostias con los malos hasta que paraban, o sacar a emigrantes de una patera volcada que se estaban ahogando, y hacerlo con una mar infernal, en la oscuridad. También cuenta unos chistes estupendos cuando tomamos copas o tapeamos por Algeciras, La Línea o donde Kuki, en Campamento.

Ahora José Luis se pasea feliz entre los fardos capturados, revisa lo que han dejado atrás los malos al poner pies en polvorosa. Ropa, comida. Me enseña un permiso de residencia español a nombre de un marroquí, que en la foto parece joven y guapo. “Mira este espabilao: foto de novia rubia española, que por cierto está buenísima, y dentro, escondida entre una oración del Corán, foto de la novia seria que tiene en Marruecos, esta última para casarse”... El foco del helicóptero, que parece un monstruo detenido sobre la estrecha franja de arena, con las palas girando a dos metros escasos de las tapias y los árboles, alumbra los fardos de hachís. Mil doscientos kilos, calcula el veterano observador con un vistazo de experto. Pastillas de jabón, o sea aceite. Alta calidad. Un tercio en la playa, el resto aún a bordo de la planeadora. Subimos a bordo de la goma, a echar una ojeada cerca. El GPS de los malos todavía está encendido, con la ruta marcada: de Cabo Negro, Marruecos, sur de Ceuta, en línea recta a la playa de Guadalmina Baja. Ahí lo tienes bien clarito, colega. Con waypoints y con su puta madre. El bulevar del hachís.

Javier Collado deja a Juan, el copiloto, vigilando el helicóptero, y viene a reunirse con nosotros. Javier es mi amigo desde hace quince años: desde aquella primera noche en que salimos juntos a cazar planeadoras gibraltareñas, él para Vigilancia Aduanera y yo para los telediarios, o para 'Informe Semanal', o para algo de la tele, ya no me acuerdo bien, y nos quedamos el uno con el otro para siempre. Durante mi vida como reportero volé muchas veces en helicóptero, en paz y en guerra, con pilotos militares y civiles, y jamás encontré uno como él. He tenido a pilotos españoles, gringos y franceses en casa, viendo los vídeos de sus cacerías nocturnas, y juro por mis muertos más frescos que los he visto ponerse pálidos. Volando, Javier es frío como el hielo. Y doy fe con mi propio pellejo intacto. Como aquella vez que en plena noche, cegados por el aguaje de una Phantom gibraltareña, pegados a su cabezón Yamaha de 250 caballos y al mar, Javier le partió la antena con el patín a la planeadora para incomunicarla de quienes la estaban guiando por radio con unos prismáticos nocturnos y un walki desde lo alto del Peñón. Cirugía náutica, se llama eso. O como aquella otra noche que, en plena persecución, con mala mar, los malos nos hicieron una pirula muy perra, tocamos con un patín una ola, estuvimos a punto de irnos todos a tomar por saco, se disparó un flotador y todas las alarmas, y Javier nos subió de allí con una sangre fría que todavía hoy me deja patedefuá. La misma sangre fría que en otra ocasión –fuerte marejada, a oscuras y en mitad del Estrecho–, le permitió casi meter la panza del helicóptero en el mar mientras José Luis, de pie en un patín, sacaba del agua a los marroquíes de una patera naufragada –ya se había ahogado la mitad cuando los encontraron en plena noche– que al subir a bordo lo besaban, muá, muá, y José Luis se rebotaba porque para eso de los besos morunos es muy tímido. La misma sangre fría con la que hace un año, dejando la palanca al copiloto, Javier se tiró al agua para salvar a un contrabandista cuya lancha había zozobrado, y se ahogaba. O la que le hizo aterrizar hace unos meses en una playa persiguiendo a otro traficante, varar el malo su lancha y salir zumbando entre las dunas, bajarse Javier del helicóptero, correr tras él y darse una estiba de órdago –esta vez ganó el bueno–, como quien deja un coche con las puertas abiertas en mitad de la calle. Tal cual.

De las doce mil horas de vuelo que acaba de cumplir, las cuatro quintas partes las ha hecho volando de noche. Es leyenda viva, y yo he visto a los contrabandistas, al reconocerlo, darse con el codo y mirarlo con respeto. Ahí va ese hijoputa. Fíjate, oye. El piloto del pájaro. Y quiero tanto a este cacereño volador que hasta lo he metido en la novela, con nombre y apellidos. De personaje. Me lo prohibió, claro, porque todo lo agresivo que resulta cuando está allá arriba lo es de tímido en tierra firme, donde no habla por no molestar. Pero me importa un pito. Los amigos están para joderlos, le he dicho. Y para compensar el mal trago de verse como personaje de ficción, acabo de regalarle un dibujo de Joan Mundet, el ilustrador del capitán Alatriste, para las dotaciones de los helicópteros Argos de Aduanas: el Jalufo. Un cerdo con casco de piloto y bufanda de Snoopy bajo un cielo estrellado, con la leyenda "Venor Noctu: Cazo de noche".

Con dos cojones. Así que ya ven: cazadores y presas, narcocorridos, cocaína, hachís, Sinaloa, Gibraltar. Una mujer que juega en un mundo de hombres, con reglas que ella no eligió; y que sin pretenderlo, escribiendo la letra de su propia vida, sale de la nada para convertirse en leyenda… ¿Cómo no iba a escribir sobre eso una novela?

El País Semanal, 2 de junio de 2002

Re-publicado (en una versión más corta) el 27 de noviembre de 2011, con motivo del 60º cumpleaños de Pérez-Reverte
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El_Curioso_Impertinente
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MensajePublicado: Mie Ago 07, 2013 1:17 pm    Asunto: Responder citando

aik escribió:
Reverte escribió:
Uno, en su modestia, recomendaría a Exteriores que, si de verdad quiere fastidiar a Caruana y su panda de golfos, en vez de registrarles los coches a los turistas y montar numeritos con los picoletos de la aduana y seguir haciendo públicamente el payaso, les diera un toque a los intereses británicos que, en suelo español y con la complicidad y el compadreo de empresarios españoles, controlan la Costa del Sol con urbanizaciones de lujo, campos de golf, puertos deportivos y demás: auténtico sistema neocolonial con oficina en Gibraltar y la vivienda y todas las ventajas y todo el lujazo en España, donde invierten su pasta, y tienen sus casas, y pasan el fin de semana los ministros y gobernantes gibraltareños, por el morro.


Por ejemplo.
Para que luego (algunos gilipollas) digan que no se moja.


Me lo has quitado de la tecla. Yo sigo creyendo que el día que Gibraltar sea español sólo se alegrarán dos: José Luis... y su guitarra Risa

http://www.youtube.com/watch?v=QGxRDA8MFNY
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Ultima edición por El_Curioso_Impertinente el Mie Ago 07, 2013 9:33 pm, editado 1 vez
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mastelerillo
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MensajePublicado: Mie Ago 07, 2013 6:58 pm    Asunto: Responder citando

Recomiendo buscar un buen documental ( yo lo tengo pero no se ponerlo en circulación )que trata de las relaciones entre los gibraltareños y los privilegiados de la España de aquella época y como toda esa confianza se perdió ,perdimos los campogibraltareños...
Vean el tráiler el Documental completo lo ví en su estreno en San Roque y debiera ser visto por todos los españoles que no tienen ni idea al hablar del tema de Gibraltar.

http://www.filmin.es/pelicula/la-roca
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Rogorn
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MensajePublicado: Jue Ago 08, 2013 11:15 pm    Asunto: Responder citando

-M_MotaNavas: Tal y como anticipó @perezreverte, el gobierno empieza a suavizar lo de Gibraltar. Como mucho han conseguido hacer reir a los ingleses

-mjdelrio: Tranquilos, Perez Reverte ya va camino de Gibraltar

-eztabai: Pues ya está todo arreglado... o va a peor, que con esa lengua...

-malaperzona: Pérez Reverte está ya cargando los cañones en su velero. RESPECT.

-carlosclavijo22: Cameron nos manda a su Armada. Qué insensato! No sabe que Rajoy lo hunde todo?

-GeekIndignado: En estos momentos @perezreverte está a dos lingotazos de refundar los tercios de Flandes para reconquistar Gibraltar

-irnbrusugarfree: Yo sólo iría a luchar por la soberanía de Gibraltar si fuera hombro con hombro con Pérez-Reverte.

-Entity_M: Pérez Reverte tiene que estar frotandose las manos ( sin acritud, maestro)

-GeneralNarvaez: le veo escribiendo Cabo Trafalgar II.

-lolabrull: Veamos la parte buena: Faena para Alatriste y unos pocos mas.

-quinfernandezz: Esto le da para otro libro a Pérez-Reverte

-cachondina: Pérez Reverte, en mitad de Benidorm, vizcaína en mano, degollando a cualquiera que ve con pinta de inglés, al grito de ¡PÉRFIDO INFIEL!

-Missnegurochka: ¿Está yendo ya Pérez-Reverte?

-robersestao: ¿Han herido ya a Pérez Reverte?

-perealvaro: Me imagino que con todo el tema éste de Gibraltar Pérez Reverte ha de estar muerto a pajas.

-AlvaroSeco: Enviemos una escuadra con el Fortuna, el Bribon y el Pitina III de Florentino. Y @perezreverte de almirante.

-martillaco: Ahora mismo @PerezReverte todo excitado, cogiendo sombrero y espada y corriendo pal Peñón. #guerrafria”

-rafamorgue: @perezreverte debe estar muy excitado con todo este asunto de la Guerra Fría contra los ingleses.

-Danielocke: Don Froilán pone al mando de los ejercitos de la nación a Don Arturo Pérez-Reverte, quien parte presto al frente de Gibraltar.

-Kirilovich420: Los ingleses han traído su buque de guerra, los españoles tenemos a Pérez Reverte.

-laquintacolumna: Arturo Perez Reverte ya ha pedido la nacionalidad francesa porsiaca.

-diegoebarros: Si nos invaden pasará lo de siempre: Pérez Reverte escribirá una novela y Madrid podrá celebrar otro día nacional.

-bonhamled: Perez Reverte está afilando su sable para acudir a luchar contra el enemigo inglés y protestante.

-Guerraeterna: ¿Ya ha anunciado Pérez Reverte a qué hora comienzan las hostilidades y cuál es la uniformidad adecuada? #WarisHell

-radamantou: Esto sólo lo soluciona @perezreverte

-robersestao: Imagino que estará @perezreverte en Gibraltar defendiendo en primera línea los intereses patrios.

-cromaticom: Ante la llegada de la flota inglesa, propongo construir una muralla en toda nuestra costa con los libros de Pérez- Reverte. Que son cienes.

-PabloAlbarreal: Lo peor de toda esta cortina de humo de Gibraltar es que Pérez Reverte ya tiene para otro libro.

-Juliowiter: Pues saquemos nosotros la Armada Invencible y con ella a Arturo Pérez Reverte al mando que ese sabe de navíos.

-Feraru92: Si vamos a la guerra contra Gran Bretaña, los discursos los tiene que dar por la radio Perez-Reverte.

-RafaBlancaEFN: British navy en el estrecho,y la armada?? Marchando babero,tenedor y cuchillo de oro para el gran @perezreverte

-gerardotc: Lo que más me jode de la mierda esta de Gibraltar, es que Pérez Reverte se la va a contar como guerra en la que ha estado.

-JavierGorio: vamos a ser las Malvinas de David Camerón, seguro que hay algún apellido Nelson en los navíos ingleses #Gibraltarespanyol

-joaquinhidgar: Cameron ha entregado "la patente de corso" a la Royal Navy.Un gran conocedor del tema @perezreverte,

-valladolor: Vamos a mandar "La Leyenda del Pisuerga" capitaneada por Pérez-Reverte a Gibraltar para repeler a las fragatas británicas

-9jsg: Los buques de la Armada Británica se acercan a nuestras costas. El gobierno debería llamar a @perezreverte para asesorarse.
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El_Curioso_Impertinente
Capitán


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MensajePublicado: Sab Ago 10, 2013 4:41 pm    Asunto: Responder citando

En Twitter, alguien escribió:
-9jsg: Los buques de la Armada Británica se acercan a nuestras costas. El gobierno debería llamar a @perezreverte para asesorarse.


Si supiéramos a quién va a llamar el gobierno para asesorarse y teniendo en cuenta el nivelazo de muchos que asesoran al Gobierno, no veo el chiste por ningún sitio Ojos Movidos
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Adeletheresa61
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MensajePublicado: Sab Ago 10, 2013 8:37 pm    Asunto: Responder citando

El gobierno de España debe mantenerse firme y no dejarse ser intimidado. Las esperas en la frontera y la lentitud deben ser solo un principio. Estoy totalmente en favor de lo de darles una patada en el bosillo donde más duele. 50 euros al salir y entrar del Peñon. Y si no se quiten sus bloques de hormigón, más medidas todavía. Me refiero a darles con dinamita para dejarles en pedazos. (Por el momento el hormigón). Basta ya con su soberbia y prepotencia.

Saludos
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mastelerillo
Bravo


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MensajePublicado: Sab Ago 10, 2013 9:01 pm    Asunto: Responder citando

A ver como lo explico para que lo entienda todo el mundo .......... Al entrar y sobre todo al salir...., las colas las origina la Guardia Civil y la Policia nacional para presionar (también para controlar el desmedido tráfico de tabaco y otras drogas).
La policía gibraltareña solo se limita a ver que llevas el dni o el pasaporte y nada mas.

La información que se dá en las noticias es falsa y partidista.... ? Quien se beneficia ¿ La respuesta es claramente el gobierno central para distraer los cada vez mas escandalosos casos de corrupción y podredumbre política y el gobierno de la Junta de Andalucia que también se las trae. Si sentís indignación,dirigidla contra los políticos corruptos y las bancas que se arriesgan financieramente y pagamos todos. Ellos nos han dejado en pelotas y nó los gibraltareños.
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El_Curioso_Impertinente
Capitán


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MensajePublicado: Dom Ago 11, 2013 4:59 pm    Asunto: Responder citando

mastelerillo escribió:
(...)Si sentís indignación,dirigidla contra los políticos corruptos y las bancas que se arriesgan financieramente y pagamos todos. Ellos nos han dejado en pelotas y nó los gibraltareños.


Completamente de acuerdo. El gobierno debió de dar saltos de alegría cuando los gibraltareños empezaron a tirar bloques de hormigón con pinchos al mar. Entre la catástrofe del tren y ahora esto, llevamos dos semanas sin acordarnos de Bárcenas y compañía.

En cuanto a Gibraltar... bueno, por mucho que cante el inane José Luis, el de su guitarra, si fuera devuelto a España más de uno y mas de cincuenta se llevarían un disgusto de tres pares. Tener un paraíso fiscal a la vuelta de la esquina, donde puedes crear sociedades buzón desde las que dirigir tus negocios en la costa sur de España y blanquear dinerito digamos "feo" es un auténtico chollo. Así que todo lo que harán sobre Gibraltar será toreo de salón, figuritas de esgrima, amagar y no dar y que me quede como estoy.
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Rogorn
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MensajePublicado: Dom Abr 02, 2017 6:18 pm    Asunto: Responder citando

'Gibraltar, tan cerca y tan lejos' (artículo para 'Pueblo', 1980):
http://capitan-alatriste.com/modules.php?name=Forums&file=viewtopic&t=4749
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