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'Falcó' (2016)
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Autor Mensaje
Ada
Capitán


Registrado: Aug 17, 2007
Mensajes: 5699
Ubicación: Madrid

MensajePublicado: Jue Dic 22, 2016 6:01 pm    Asunto: Responder citando

“Quiero que el lector se pasee conmigo por 300 páginas de aventura y emoción”
Entrevista de Teresa Sala - postdata.elkar.eus - 21/12/2016

Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) presenta 'Falcó' (Alfaguara, 2016), una novela de espionaje ambientada en la convulsa Europa de los años 30. La protagoniza Lorenzo Falcó, un mercenario con clase, fascinante, amoral y mujeriego. Se trata de una historia con una trama sólida, en la que el glamour, la violencia, las luchas de poder y la intriga ocupan lugares importantes.

-¿De dónde surge un personaje tan sinvergüenza y carismático como Falcó?
-Cuando uno tiene 65 años, lleva 30 años escribiendo, y cuenta con una biografía más o menos densa, las cosas no surgen de pronto, evidentemente. Se van acumulando, viajan con uno. Y un día, por razones diversas, toman forma de historia, de novela o de lo que sea. En 'El tango de la guardia vieja' (Alfaguara, 2012) había una historia de espionaje en la Costa Azul de los años 30, de personajes que tenían que ver con el fascismo, con la España republicana… Eso quedó ahí, y con el tiempo vi que había otras posibilidades y más terreno por explorar. Un día, viendo una película antigua, me encontré con la historia, detuve la novela en la que estaba trabajando y me puse a ello. La cuestión era hacer una novela de espías canónica, en el marco clásico del género, y darle un carácter distinto. La idea fue crear un personaje completamente amoral, un bala perdida y un mujeriego que, al mismo tiempo, fuese lo bastante seductor como para que el lector lo acompañara durante las 300 páginas del libro. También lo he dotado de simpatía, carácter y demás.

-Ha escogido la Guerra Civil española como escenario de la trama.
-Es importante explicar que la novela no pretende explicar ni debatir, ni entrar en la polémica de la Guerra Civil. Es un libro de aventuras que, en realidad, transcurre en la convulsa Europa de los años 30, de la que España era una parte más. La II Guerra Mundial estaba a punto de empezar, la democracia se estaba yendo al diablo poquito a poco, estaban los fascismos, los comunismos… El escenario era el adecuado, ya que mi intención era dar con un marco en el cual el personaje se pudiera desarrollar con eficacia narrativa. Además, siempre se ha intentado etiquetar la Guerra Civil en dos bandos: los buenos y los malos. Y, precisamente, yo he querido crear un personaje transversal, un personaje lo suficientemente amoral como para lograr pasar completamente de la ideología de los bandos.

-¿Habla del pasado para que podamos entender mejor el presente?
-En otros libros he seguido la tendencia de utilizar la Historia como material. Pero esta vez no hay un afán didáctico. En la saga del Capitán Alatriste o en 'Hombres buenos' (Alfaguara, 2015), utilizo la historia como herramienta para entender el presente. Pero en otras novelas la utilizo como marco, como divertimento, herramienta, truco o pretexto narrativo. Esta vez no quiero explicar nada, no quiero hacer entender nada, no quiero que nadie comprenda nada. Esta vez quiero que el lector se pasee conmigo por 300 páginas de aventuras y de emoción, que cada cual saque sus lecturas paralelas, sus lecturas profundas o sus conclusiones generales, yo ahí no me meto.

-Se lo habrá pasado bien escribiéndola.
-Sí, y se nota. Hay libros que son más duros o más complejos. No digo que este no lo sea, porque la aparente sencillez es muchas veces más difícil que lo complicado. 'Hombres buenos', por ejemplo, requería un tratamiento intelectual mucho más agotador. Y eso me exigía unos esfuerzos muy intensos. Pero en 'Falcó' el gozo ha sido continuo. Ha sido como jugar a los espías, a los agentes secretos, y pasármelo bien jugando. Ha sido como volver a leer esas novelas de aventuras que yo leía cuando era jovencito. Yo soy lector de novelas de espionaje como de muchas otras novelas. He leído clásicos canónicos como John Le Carré, Frederick Forsyth, Graham Greene o Ian Fleming. Pero esta vez no me ha valido, porque yo necesitaba el espionaje de los años 30, que requiere otro clima, otras costumbres, otra manera de actuar. Así, me fui a novelas de la época, a nombres como William Somerset Maugham, o Eric Clifford Ambler. También a novelas que nada tienen que ver con el espionaje pero que me permitían recuperar ambientes de la época. Hasta a un libro de Agatha Christie le he echado un vistazo. Y esto me ha ayudado a conformar el ambiente y el aroma de la historia. Yo quería que el lector se paseara por la época, que no la viera desde aquí, si no desde allí. Quería llevármelo de viaje, crear una especie de Ministerio del Viaje Virtual, y para eso hacían falta un sinfín de trucos nobles del oficio, de detalles técnicos de descripción que hiciesen que el lector se empapara de la época.

-¿Habrá segunda parte?
-Al principio iba a ser una única novela, sólo una. Pero a medida que iba progresando, hacia la mitad más o menos, me lo estaba pasando tan bien que me di cuenta de que se iba a terminar en el plazo de tres meses o cuatro, y me dije: “no, no quiero que se termine, quiero que dure más”. Fui abriendo el final para que quedase abierto y poder seguir haciendo novelas. Y me alegro de haberlo hecho, porque la verdad es que me apetece. Segurísimo que haré una o dos más. Si el libro es un fracaso enorme, evidentemente no las haré, pero dudo que sea un fracaso enorme.
_________________
Consuela saber que nadie a quien amas se quema en lo que arde. http://adacaramelada.blogspot.com.es
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Rogorn
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Registrado: Feb 01, 2007
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MensajePublicado: Sab Dic 24, 2016 4:36 pm    Asunto: Responder citando

La nueva misión de Pérez-Reverte
Alejandro Duchini - lagaceta.com.ar - 23/12/2016

Arturo Pérez-Reverte es un atrapalectores serial: cuando uno empieza a leer sus textos -en este caso me voy a referir a su nueva novela, 'Falcó'- no puede soltarlos. Hay que seguir hasta el final. Primero se quiere saber cómo logrará Lorenzo Falcó su misión. Después se querrá conocer qué pasa con algunos personajes. Con los buenos y con los malos. Aunque en este relato nunca se sabe quiénes son los buenos y quiénes los malos.

Falcó es el típico protagonista que inventa Reverte: un canalla querible, seductor y valiente. Es una suerte de Han Solo de 'Star Wars', pero en los años 30 del siglo pasado y en la España que veía crecer el poder de Francisco Franco. En ese suelo no se sabía para qué lado jugaba cada uno. Pero Falcó tiene en claro que siempre debe jugar para sí mismo. A pesar de ese ombliguismo, se hace querer. Las mujeres lo persiguen, los hombres lo respetan y Eva se enamora de él. Eva es Eva Rengel, la gran presencia femenina de la historia. Valiente, compone el pequeño grupo con el que Falcó deberá llevar adelante una misión que, claro, será muy difícil. Pero entre tantas traiciones y desconfianza, Reverte logra que nada sea cantado: nadie sabe qué pasará con cada uno.

Falcó es un duro al que el corazón se le ablanda cuando conoce a Eva. “Hizo Falcó caso omiso. Al diablo todo, se decía. No sé cuánto tiempo más voy a vivir, y ella está aquí. A mi alcance. Es el trofeo de mis miedos y peligros. Mi premio por seguir vivo. Así que la estrechó contra él con más fuerza, haciéndole sentir la urgencia de su deseo. Ella se resistió por un momento y al fin cedió, de repente sumisa, abandonándose obediente”, es la escena que resume la relación entre ambos. Eva, sin embargo, no será quién parece, más allá de que también se ablande ante su galán. De un protagonista a lo Reverte el lector nunca esperará una traición. Sin embargo, con el correr de las páginas se acrecentará la duda respecto de si Falcó traicionará a sus compañeros. Hay un hombre, Fabián Estévez, valiente y derecho, del que se podría esperar más presencia en la novela. Sabe que su vida está en riesgo. A pesar de lo poco que aparece, no deja de ser querible. “Los hombres como aquel llevaban su última noche consigo a todas partes, como una mochila inseparable. Como una sentencia de muerte aplazada”, lo refiere el autor.

No queda otra que avanzar en la lectura. Y una vez resuelto este dilema, hay más. Reverte no da respiro y lo hace con cambios certeros y mucha acción. Se nota que conoce el oficio de escribir. Así que ahí siguen Eva y sus misterios y Falcó y sus objetivos. Nada los detendrá hasta un final impredecible en el que no faltan la derrota ni la sonrisa. Los lectores, agradecidos.
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Rogorn
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Registrado: Feb 01, 2007
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MensajePublicado: Sab Dic 24, 2016 4:46 pm    Asunto: Responder citando

"Falcó no está lejos de Ian Fleming, Frederick Forsyth o John Le Carré"
Yanet Aguilar Sosa - eluniversal.com.mx - 24/12/2016

Lorenzo Falcó, un ex contrabandista de armas, espía sin escrúpulos y agente del servicio de inteligencia, es el protagonista de la nueva novela del escritor español Arturo Pérez-Reverte. 'Falcó' (Alfaguara) es la novela de espías que el autor de 'La reina del sur' siempre quiso escribir, pudo imaginar un mundo que conoció a través de sus padres y de sus abuelos, y que a él le encanta. Su protagonista es un caballero que no es un caballero, rodeado de mujeres bellas, elegantes e inteligentes, mujeres fuertes que a él siempre le gustan. En entrevista, el escritor y miembro de la Real Academia de la Lengua habla de los años convulsos de la Europa de los años 30 y 40, de las novelas y el cine de espías, de una segunda aventura de 'Falcó' y, por supuesto, de mujeres.

-¿Es verdad que soñaba con hacer una novela de espías?
-Sí. Yo quería hacer una novela de espías, me apetecía escribir una novela con los elementos clásicos del género de espías, pero una novela de espías en la actualidad sería muy vulgar. Ahora todo se soluciona con drones o teléfonos móviles. Basta ver una película de Tom Cruise y uno ha visto una novela de espías moderna, y eso es una vulgaridad. Entonces decidí utilizar una época que fuera más interesante.

-¿Y allí estaban los años 30 y 40 en una Europa convulsa?
-Con los años 30 y 40 tenía una ventaja enorme, sobre todo los 30. Había por supuesto una Europa sórdida, pero también había transatlánticos, hoteles de lujo, mujeres que vestían elegantes, hombres que vestían muy elegantes, había un encanto. También había una Europa interesante, con la guerra de España allá, con la Segunda Guerra Mundial a punto de estallar, donde los fascismos, los comunismos, anarquismos están en ebullición. Digamos que había un fondo de aventura, de tensión, de peligro, de incertidumbre, que era muy adecuado para rodear de ambiente la historia. Por eso elegí los años 30 y descarté la época actual.

-¿Era un ambiente idóneo?
-Para mí sí, para mis gustos, para la novela que quería escribir. Además tenía la ventaja de que nací en el 51, y entonces aunque no viví ese mundo lo pude conocer de cerca a través de mis padres y mis abuelos. Tenía muchísima información directa, de primera mano, fotos familiares, historias, revistas de la época que tenían mis abuelos. Decidí utilizar todos esos recursos familiares. Además me nutrí, vi películas, leí libros. Digamos que mi novela 'Falcó' no está tan lejos de Ian Fleming, de Frederick Forsyth o de John Le Carré, como tampoco lo está de Eric Ambler o de William Somerset Maugham, de los novelistas de los 30, o de las películas primeras de Alfred Hitchcock. Ese es el tipo de mundo que me interesaba.

-¿Una época que le gustaría vivir?
-El lector se beneficia de eso. El escritor no es más que el intermediario para que el lector viva épocas que no vivió, vea cosas que no vio, sienta cosas que no sintió, se pasee por la historia y por la memoria de esa forma, viva vidas que nunca pudo vivir. Esa es la magia de la literatura. El escritor es un mago que si hace bien su trabajo consigue que el lector viva todas esas cosas.

-¿Es un hombre del presente pero fascinado por el pasado?
-No soy retrógrado, pero necesito el pasado para entender el presente. Yo camino por el presente como usted y como todos nosotros, pero sé que sin el pasado el presente no tiene sentido. Por eso en todas mis novelas está de una u otra forma la historia, el pasado, la memoria, como clave, no como recreación. Yo no quiero recrear la historia. Para eso uno se lee a Dickens o se lee a Dumas, o se lee a Dostoievski, a Tolstoi o a Galdós; yo no aporto nada. Pero sí es verdad que cuando hablo del conflicto del mundo de ahora utilizo el pasado para entenderlo. Siempre, hasta en mis novelas históricas, hablo del hombre moderno. Me gusta la historia como mecanismo o como clave, como tarjeta codificada que metida en el lector actual le permita entender mejor.

-Hay mujeres hermosas y fuertes.
-Yo a veces tengo bronca con las feministas. Hablo del feminismo ultrarradical, que es más folclórico que práctico, que dicen “ay, no hay que comer miel porque las abejas son explotadas, o no hay que comer carne porque las vacas son hembras explotadas”. Yo me río mucho de eso y ellas se enfadan y me dicen misógino. Yo les digo que no han leído mis novelas, porque en todas mis novelas mis mujeres son muy fuertes y poderosas. Son mujeres dueñas de su destino y son capaces de competir con los hombres en su propio terreno.

-¿Es un sueño cumplido?
-Lo pasé tan bien que conforme la iba terminando decía “no quiero que se acabe” y le dejé un final abierto para poder hacer una segunda novela que ya he comenzado. Creo que desde 'La reina del sur' no la pasaba tan bien escribiendo una novela.
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Rogorn
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MensajePublicado: Sab Dic 24, 2016 4:53 pm    Asunto: Responder citando

Conversación con Carlos Puig en México:
http://tv.milenio.com/en_15/Conversacion-Arturo-Perez-Reverte_3_871742829.html
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Rogorn
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Registrado: Feb 01, 2007
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MensajePublicado: Dom Dic 25, 2016 11:25 am    Asunto: Responder citando

Un novelista arrollador
Mariela Sagel - laestrella.com.pa - 25/12/2016

A pesar de no ser el único ‘rock star' de la última FIL, Arturo Pérez-Reverte tuvo la mejor presentación, más cálida y con muchas risas de los presentes que cualquiera que pretendiera pisarle los talones. El recinto estaba abarrotado y Pilar Reyes, su editora, con esa elegancia que la caracteriza, hizo una magistral introducción a la novela 'Falcó', empezando por decir que "Arturo Pérez Reverte le ha dado a la literatura una obra rica, ambiciosa y muy popular. Una obra que crea una complicidad gozosa entre la novela y el lector. Desde 'El Club Dumas', en 1993, se ha convertido en el escritor más leído en España, un escritor que desde entonces no ha dejado de escribir y de recibir el favor del público libro a libro. Arturo Pérez-Reverte le ha dado a la literatura algunos personajes que consiguen la curiosa hazaña de parecer seres reales. Es algo misterioso y que pocos autores logran, que un personaje de palabra tenga el mismo espesor que una persona de carne y hueso. Uno tiende a creer que Diego Alatriste es un personaje histórico, que lo ven en la Taberna del Turco sentado con Quevedo en el Madrid de los Austrias. O Teresa Mendoza, la formidable Reina del Sur, cuya versión reencarnada recientemente en una serie enamoró a más de uno. El poder de la ficción revertiana es tal que a su lado la realidad palidece. La novela que hoy presentamos es de esa estirpe y celebramos con su aparición no solo el acontecimiento literario que cada obra del autor supone sino la bienvenida a la inmortalidad de la ficción de su protagonista".

Su contertulio en esta gala de la palabra fue el escritor mexicano Élmer Mendoza, su carnal, según ambos conspiradores, a quien conoció cuando estaba investigando los vericuetos de los narcos en Culiacán, Sinaloa, y quien mejor ha entendido el mundo revertiano. Con apenas un par de semanas de haberse publicado, el libro era el más demandado en su momento. Era su regreso después de 'Hombres buenos', su novela anterior, que relataba la aventura de dos académicos tras una edición de la 'Encyclopédie' de D'Alembert y Diderot en el siglo XVIII.

Lorenzo Falcó es un personaje de los años 30 que, según el escritor, es muy típico de su territorio, poblado de espías, torturadores, malhechores e inescrupulosos. Contrario de Alatriste, el personaje de sus siete novelas que ahora han sido reunidas en 'Todo Alatriste', que es un mercenario, mata por dinero pero tiene principios, códigos éticos y morales, Falcó es un sinvergüenza desde pequeño. Es el típico tipo que te quita la novia, te roba el dinero, te engaña, te utiliza, pero al mismo tiempo es tan simpático que te cae bien. Todas las mujeres quisieran, por lo menos, irse a bailar con él y los hombres tomarse una copa. Es un asesino, un doble espía y doble agente, carente de escrúpulos, pero también es elegante, guapísimo, encantador.

Dice Pérez-Reverte que lo ubicó en los años 30 porque cuando escribió 'El tango de la guardia vieja' se le quedaron colgando un montón de flecos, temas de modas, de copas, de glamour, y como no quería escribir otra novela de espías –pues los de ahora son muy vulgares, tienen teléfonos celulares, drones, GPS – rescató aquellos ingredientes que en esos años todavía se usaban. En ella encontramos trenes lujosos, mujeres misteriosas, lugares sórdidos, fascismo, comunismo, socialismo, y una Europa entre guerras que presentaba el ambiente ideal para ubicar a su lobo en un territorio de caza, porque Falcó para su autor es un lobo de caza.

En la amena conversación que sostuvieron esos dos carnales delante de un público entusiasta, Mendoza recordó una frase en la que sugiere que a las mujeres les interesan los hombres guapos, pero prefieren irse a la cama con los canallas. Don Arturo, con esa simpatía que desborda, recordó que de joven era muy caballeroso con las chicas, les abría las puertas, les pedía permiso para besarlas y en el camino se dio cuenta que estaba equivocado. De allí que en cada personaje hay algo de cada autor, aunque lo nieguen.

Pérez-Reverte explicó que toda novela tiene una arquitectura: se quiere contar una historia y que la misma sea eficaz. Entonces busca los personajes, las escenas. Por eso situó 'Falcó' en Salamanca, que era el cuartel general de los franquistas, en Cartagena que estaba llena de republicanos y de paso se los llevó a Portugal. Recordó que la ventaja que tenemos los lectores –y en ese recinto todos lo éramos– es que vamos a un lugar y podemos ver allí a personajes de la historia. Eso brinda la lectura, el poder proyectar lo que has leído, es algo extraordinario.

Aunque ha reiterado una y otra vez que no es una novela de la Guerra civil española, está situada en ella y Falcó es un doble agente para la liberación de José Antonio Primo de Rivera, el fundador de la Falange. En todas las guerras hay gente de un lado y del otro, y quienes por hacer negocios están del lado que les convenga, del que les dé de comer. Aunque no vivió en esa época, tiene recuerdos de cómo su padre, en los años cincuenta encendía un cigarrillo, o cruzaba las piernas para que no se le estropeara la raya del pantalón. O su madre vistiéndose para salir, poniéndose esas medias que tenían una costura atrás, prendiéndose un broche. Todas esas actitudes lo marcaron. Así que tenía información muy valiosa, primaria, a la que había que agregarle el corpus, que también estuvo conformado por los viajes, los libros, las experiencias. En el caso de su familia, su padre era un joven de buena familia que luchó, junto a su hermano, del lado de los republicanos mientras que su suegro, que era de izquierda, defendía a Franco. La guerra civil fue un azar, una ruleta.

El autor de 'Falcó' la considera una novela policíaca canónica. Es seca, tiene diálogos muy cortos, es directa, sin muchas arandelas, ágil, rápida. No es como 'El tango de la guardia vieja'. El sombrero que usa Falcó y que aparece en la portada, es su sello y la forma en que lo lleva también lo distingue. Pérez-Reverte necesitaba sembrar en el lector ciertas cositas –en sus propias palabras— de forma inconsciente, que despertaran en su cabeza recuerdos, ecos, como por ejemplo, un piano, un pianista negro y un bar y seguro que se imaginaba 'Casablanca'. De allí el énfasis que hizo de la descripción de la ropa, del reloj de marca, de la colonia que usa Lorenzo Falcó.

Ambos carnales se enfrascaron en una explicación sobre los tipos de escritores que hay: el recolector, que tiene sus archivos y sus novelas giran en ese mundo. Eso ha dado cronistas buenos. Pero hay otro tipo de escritor, que es el cazador, a quien el territorio que conoce no le basta por razones genéticas y biológicas. Necesita más y va a por eso. Ese cazador sale de su territorio, a veces no vuelve pero cuando lo hace tiene cosas que contar y esas cosas todo el mundo quiere escucharlas. Él se considera un cazador, Élmer Mendoza una especie mixta. Cuando un novelista habla de violencia y la describe y no la ha vivido se le nota. Pero cuando la conoce y escribe sobre ella, también se nota.

Los ambientes en que se desenvuelve Falcó tienen mecanismos que los hacen facilitadores sociales, como el alcohol y el tabaco. Y Lorenzo Falcó lo sabe y los utiliza muy bien. Últimamente ha habido todo un debate, a veces controversial, en torno a si Pérez Reverte es un machista. Él resalta que en sus novelas siempre hay mujeres potentes, fuertes y en 'Falcó' no hay excepción. En la época en que la sitúa, la II República había liberado a la mujer, le había devuelto sus derechos, se había terminado la sumisión y colocado en el lugar que les correspondía. Y el franquismo las devolvió otra vez a la cocina, a la iglesia, el confesionario, a cuidar a los hijos y atender la casa. Eva Rengel, una de las protagonistas, encarna el tipo de mujer fuerte que a él le gusta y admira y a pesar de eso, tiene muchos rollos con las feministas radicales, esas que dicen que no se debe comer miel de abeja porque proviene de una mujer explotada. Para él, que tiene una hija mujer, las féminas tenemos una capacidad de soportar el dolor mayor que los hombres, el horror de la vida de manera más intensa y fuerte y nos respeta. El hombre es de impacto y la mujer más de fondo. Falcó en cambio, es un depredador, para quien las mujeres son hembras, él caza mujeres y por eso, cuando reconoce a una mujer igual de peligrosa o poderosa, cambia su actitud. Y en un mundo de corderos, como es éste, al final uno acaba teniendo simpatías por los lobos. Y enfatiza que hasta las mujeres tontas tienen una lucidez genética que ellas mismas no saben que la tienen.

Para reconstruir toda la trama de las claves de inteligencia y espionaje tuvo que leer mucho, investigar otro montón. Con eso no pretende contar la guerra civil, es simplemente un escenario donde ha puesto su novela. Una época donde los términos nazismo, socialismo, comunismo, anarquismo no tenían la mala prensa que hoy tienen y que había gente honrada que pensaba que algunos de esos términos eran la solución a los problemas. No se habían conocido los Gulags, ni Auschwitz o Treblinka, nada de esos horrores. Había esperanzas, gente que luchaba, que moría, que mataba, que se sacrificaba pensando que iba a cambiar el mundo para bien. Ahora no hay esperanzas.

Como la trama de la novela gira alrededor de liberar a Primo de Rivera, reitera que son detalles de fondo, sin profundizar en ellos. Contrario a Franco, a Hitler que era un sicópata y un gánster, a Mussolini que era un payaso, José Antonio era ilustrado, culto, abogado, hablaba idiomas y a veces Pérez-Reverte se pregunta qué hubiera pasado si ese tipo de fascismo hubiera llegado a desplegarse en Europa. Falcó, por el contrario, es un aventurero, un hombre al que le disparan pero que no lo matan, le gusta la adrenalina, esa sensación de soledad, de caminar por la vida sin compromisos. Solamente anda con su tubo de aspirinas (sufría de dolores de cabeza permanentes), su cápsula de cianuro, un tipo de héroe despojado de todas las ataduras. Todos sus personajes tienen ataduras morales, ideológicas y a éste le ha gustado plantearlo así. Dice que se lo ha pasado tan bien que ya va por el segundo libro de 'Falcó', llevándolo a Sevilla y a Tánger. Por eso dejó el final abierto.

Pérez-Reverte, escritor, periodista de guerra, lector, no desaprovechó su estreno en la FIL para reiterar que el que ahora es inculto es porque quiere, ya que tanta tecnología a la que uno puede acceder pone la información sobre la mesa. Y no se imagina a alguien que no lea, que no esté rodeado de libros. Para él, un académico de la RAE, la lengua es una patria formidable, y en el caso del castellano es un vínculo que hermana y une. Al referirse a su libro dijo: "Cuando veo el producto de la eficacia narrativa, resumido en tinta y papel y una excelente editora, me siento satisfecho. No es un arte, es un oficio, una artesanía, muy noble, pero es oficio. Lo que el escritor debe hacer es transmitir lo que lleva en la cabeza, situarlo en la escena que está narrando. Vivir con él vidas que jamás pudiera tener si no te leyera. Ayudarlo a que entienda más el mundo, que entienda mejor la vida. Y me pregunto muchas veces, cómo hacen los imbéciles que no leen para soportar el dolor, la soledad, el fracaso, la muerte, los reveses de la vida. La pérdida de seres queridos. Cómo hacen, con qué se consuelan, con qué interpretan el mundo, qué mecanismo utilizan para sobrevivir sin leer. Porque cuando he tenido momentos difíciles, no hubiera podido sobreponerme sin tener libros a mi lado, me suicidaría o saldría a la calle a matar gentes. El libro es todo, es consuelo".

'Falcó', la última novela de Arturo Pérez-Reverte es impecable literariamente y es un disfrute leerla.
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Rogorn
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Registrado: Feb 01, 2007
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MensajePublicado: Dom Dic 25, 2016 1:58 pm    Asunto: Responder citando

Ruiz Zafón, Dolores Redondo y Pérez-Reverte, los libros más vendidos de Navidad
Karina Sainz Borgo - vozpopuli.com -25/12/2016

La carrera está reñida entre los libros más vendidos de la campaña navideña. Lidera el podio 'El laberinto de los espíritus', de Carlos Ruiz Zafón y le sigue muy de cerca, en un segundo lugar, Dolores Redondo. Los dos autores de Planeta han conseguido dejar atrás al fenómeno J.K. Rowling, quien ocupa un curioso tercer puesto con su 'Harry Potter y el legado maldito' (Salamandra), un puesto rezagado si se compara con el éxito de antaño. Arturo Pérez-Reverte se planta en el cuarto lugar con 'Falcó' (Alfaguara), la entrega de una nueva serie histórica que se desarrolla en un mundo de entre guerras, protagonizada por Lorenzo Falcó, un personaje a mitad de camino entre la amoralidad y el dandismo que parece llamado a sustituir al tan aclamado Capitán Alatriste.

El asunto era previsible, todo sea dicho. En menos de dos meses, las editoriales sacaron a la calle a sus autores insignia, esos que arrastran lectores como lo haría un imán con un puñado de tornillos. Lidera la lista de ventas el más reciente y agresivo de los lanzamientos editoriales: 'El laberinto de los espíritus' (Planeta), del inefable y popular Ruiz Zafón, quien con 'El cementerio de los libros olvidados' cierra la saga de misterio que se inició con 'La sombra del viento', continuó con 'El juego del ángel' y 'El prisionero del cielo'. La tirada inicial fue de 700.000 ejemplares, que llegaron a las librerías acompañados de reediciones de los primeros tres volúmenes.

A su éxito inicial con la 'Trilogía del Baztán', Dolores Redondo añade una legión de fieles lectores que han buscado su nuevo libro y a los que se añaden los nuevos lectores que han picado el anzuelo del Premio Planeta, por antonomasia el regalo tipo de Navidad -y reclamo de ventas-, que ha conseguido remontar vuelo con la donostiarra y su 'Todo esto te daré', un libro que se vale del mecanismo del 'noir' pero con unos inesperados golpes de timón hacia lo fantástico que no han defraudado a sus antiguos lectores, a la vez que ha conseguido mantener a los iniciados. Redondo ha dejado atrás a una autora que se vendía sola, la británica J.K Rowling parece pinchar este año.

Rowling cometió el error de no matar a Harry Potter a tiempo y la más reciente entrega lo confirma. Se trata del guión de la obra estrenada en Londres el pasado 30 de julio y que está basada en una idea original de J.K. Rowling, Jack Thorne y John Tiffany. En esta entrega, titulada 'Harry Potter y el legado maldito' (Salamandra), el niño mago es relevado. Sí. Harry se hace mayor. Será justamente su hijo, Albus Severus, quien se alzará como el verdadero protagonista de la historia, mientras él tiende al hundimiento. Su hijo descubre, se inicia en la vida mientras el otrora joven Harry ocupa su cargo en el Ministerio de la Magia. Será Albus, como su padre al comenzar la saga, el encargado de robar el aliento a los espectadores al vivir sus primeros años de colegio en Hogwarts, donde librará sus primeras batallas y descubrirá sus propios conflictos.

El primero de los tres autores españoles en llegar a las librerías, que fue Arturo Pérez-Reverte con 'Falcó' (Alfaguara), se mantiene firme, sólido, sin excesiva promoción. Más sofisticado en los mecanismos de ficción por el que sus lectores le siguen y prácticamente idolatran, Pérez-Reverte ha apelado a su lado más fuerte, pero renovado: una novela de personaje, una historia detectivesca ambientada en la Europa de los años 30 y con el que el académico y escritor entrega a sus lectores un héroe que puede tutearse perfectamente con el Capitán Alatriste pero que se mueve como pez en el agua entre espías y canallas en la Europa del siglo XX. Es el perfume Reverte, que atrapa a lector adulto promedio.
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Rogorn
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MensajePublicado: Jue Dic 29, 2016 3:49 pm    Asunto: Responder citando

Reseña: 'Falcó', de Arturo Pérez-Reverte
Teresa Suárez - revistacalibre38.com - 29/12/2016

Esta es una reseña que no empieza con la novela de la que habla, sino mucho antes…

Solía comprar 'El País' los domingos. Periódico aparte, el suplemento dominical me atraía como la miel a las moscas. El colorido de sus páginas, las cartas de los lectores, los maravillosos reportajes y los columnistas encabezados por Maruja Torres y su sección de opinión 'Perdonen que no me levante', mi favorita, desde la cual lo mismo me trasladaba al maravilloso Hollywood y los grandes divos y divas del cine, que me hacía partirme de risa con esa facilidad tan suya para encontrar epítetos incuestionables a personajes públicos de todo pelaje, especialmente del mundo de la política que siempre te lo ponen fácil, y narrar episodios cotidianos con esa brutal sinceridad que entre la hipocresía imperante en este nuestro país siempre es de agradecer. Eran otros tiempos. Ella fue despedida, 'El País' no es lo que era y yo, aunque aún suelo hojearlo en Internet, hace tiempo que dejé de comprarlo.

Pero siempre recordaré dos cosas. La primera, aquel apartado denominado Léxico-Séxico, una particular academia de la lengua que se publicaba los viernes, en el que un lector proponía una palabra (mezcla de un término corriente y otro de carácter sexual) y el resto, de una semana para otra, enviaba definiciones para dicho vocablo. Participe varias veces porque me parecía una forma graciosa y original de poner a prueba el ingenio de los lectores. Mi definición de PENELIZACIÓN (para otros un castigo largo y duro, gatillazo o castigo al pene por capullo), nueve meses fuera de juego por la primera falta, me permitió convertirme en la mejor de la semana. ¡Cuánta ilusión me hizo! La segunda, las fotografías de dos personas que despertaron en mí emociones parecidas: Carlos Castilla del Pino y Arturo Pérez-Reverte.

En una entrevista, publicada en 'El País Semanal' en septiembre de 2002, Arcadi Espada pregunta (en relación a la muerte de varios de sus hijos) al célebre neurólogo y psiquiatra: “¿Cómo soportó eso? Da la sensación de que usted, ante el máximo dolor de su vida, se hubiera puesto una…” Sin dejarle terminar la pregunta, Castilla del Pino respondió: “No. No ha sido el máximo dolor de mi vida, ya que estamos hablando con claridad [Se lo repito, ha sido otra forma de gran dolor] Usted habla de dolor… Pero si yo le digo que determinados fracasos me han afectado más… Es decir, a mi me ha afectado más, mucho más en mi vida, el no haber obtenido la cátedra de psiquiatría en el año 1960, que la circunstancia de la muerte del hijo”. La valentía o temeridad de la que hizo gala para expresar en voz alta esos sentimientos, tan contrarios a la sagrada y única idea de familia enarbolada por la conservadora sociedad española, me sobrecogió.

Pero fueron sus ojos, al igual que me ocurrió con Pérez-Reverte, lo que más me impactó. Ambos, cargados con una tristeza pesada y profunda, miraban desde un lugar de acceso reservado: una lucidez descarnada que la mayoría no podríamos soportar. Parecía que los dos, uno desde el estudio y la práctica clínica y el otro desde su labor como reportero de guerra a lo largo de 21 años, habían llegado al mismo punto: un fatalismo sobre la naturaleza de la condición humana que producía unas irrefrenables ganas de llorar.

Aquello me llevó a leer 'Pretérito Imperfecto' y 'Casa del Olivo', los dos libros de memorias de Castilla del Pino, y a sumergirme en la obra de Pérez-Reverte. Castilla del Pino fue lo que esperaba, incluso mucho más. Su ensayo 'Teoría de los sentimientos', de momento fuera de mi alcance, reposa sobre la estantería a la espera de una capacidad de comprensión y análisis que tal vez nunca llegue a adquirir. Arturo, sin embargo, me defraudó. En la crítica que escribí sobre la obra de teatro 'El pintor de batallas', basada en la novela del mismo título y dirigida por Antonio Álamo, lo explicaba así: “Con la obra de teatro me ha ocurrido exactamente lo mismo que con la novela: me ha dejado completamente fría. ¿Esto es malo? Cuando lo que estás contando son las atrocidades de las que es capaz el ser humano desprovisto de un sistema de reglas que sujete su condición de monstruo por naturaleza, y tratando de plantear dilemas morales que hagan tambalear tu conciencia, entiendo que sí, que esa ausencia de emoción es mala, es muy mala”. Aunque no fuera consciente de ello (y si lo hubiera sido probablemente le habría importado un carajo), por esa decepción Arturo me debía una.

Y cuando ya había perdido toda esperanza de cobrar mi deuda, llegó él… “La mujer que iba a morir hablaba desde hacía diez minutos en el vagón de primera clase”. ¡Contundente comienzo!

Durante el otoño de 1936, Lorenzo Falcó, agente del Grupo Lucero, operaciones especiales, del Servicio Nacional de Información y Operaciones (SNIO), debe llegar hasta Alicante, zona roja, para llevar a cabo una misión que puede cambiar el curso de la historia en España. La atmosfera derrotista, un antihéroe como protagonista, la borrosa frontera entre buenos y malos, mujeres fatales que solo ejercen como tales de puertas adentro y una sociedad convulsa que, entre la lucha cuerpo a cuerpo y la delación, camina hacia la destrucción del orden social conocido… ¿Género? Bélico, de aventuras o de espionaje, como prefieran, pero se encuadre en el que se encuadre, deberá llevar bien visible una merecedora etiqueta negra.

Una novela reposada en barrica de roble, con un toque distintivo y personal, cuyo complejo sabor (dulce en ocasiones, ácido en otras y la mayoría amargo) hará las delicias de los amantes de lo criminal. Desde la primera página, 'Falcó' desprende aroma a clásico. Este agente patrio de treinta y siete años, rostro anguloso y pícara sonrisa, que huele a Varón Dandy, viste smoking cuando la ocasión lo requiere y, en cumplimiento de su labor de borrador de objetos, hechos y personas, recorre el mundo desde los lugares más infernales a los más elegantes, recuerda mucho a 007, el espía más famoso al servicio de Su Graciosa Majestad y, al igual que James, enamora. Los dos gozan de gran éxito entre las mujeres e incluso beben lo mismo, vodka y martini, solo que Bond lo toma agitado no mezclado y Falcó lo prefiere con un chorro de vermut y unas gotas de naranja, aunque “desde el Alzamiento Nacional, por razones patrióticas o simple prudencia, el orujo gallego sustituye al vodka como ingrediente” (¡que no se diga, coño!).

Uniformes, correajes, pistolas al cinto, conspiraciones, mentiras, traiciones, sexo como forma de aferrarte a la vida cuando la muerte te rodea, y sangre. Sangre que “resultaba pegajosa y se adhería a los dedos y a la memoria (…) No era fácil internarse en el crimen (…), había que ser de una pasta adecuada. Aunque era mucho lo que podía lograrse con motivaciones, hábito y paciencia, no todos los seres humanos nacían asesinos”.

Falcó, puro entretenimiento, también es, en su cara oculta, un Cuento de guerra. Bajo la apariencia de espía descreído al servicio de sí mismo (ni Dios, ni Patria ni Rey, solo una vida para vivirla de la mejor manera posible), Falcó (Reverte) es el fantasma de las guerras pasadas, presentes y futuras, que se cuela en nuestros hogares y nuestras apacibles vidas para mostrarnos cómo la barbarie, la crueldad y la sinrazón son comunes a todos los conflictos bélicos, los hermanan.

Nos obliga a mirar de frente a la guerra y a sus protagonistas: los que ordenan matar, los que matan, los que denuncian, los que huyen, los que callan y las víctimas inocentes. ¡Llanto por toda una generación perdida! Arturo, estamos en paz.
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MensajePublicado: Mie Ene 04, 2017 4:29 pm    Asunto: Responder citando

FALCÓ, INTRIGA DURANTE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA
DANIELA BARRANCO CIUDAD 04/01/2017

Arturo Pérez Reverte, uno de los escritores más leídos, regresa con una historia de aventuras e intriga durante la Guerra Civil Española, en la que las traiciones están a la orden del día y la ética no es impedimento para que los personajes cumplan sus misiones

Una novela histórica que parece un thriller, así es Falcó, el nuevo libro del escritor español Arturo Pérez Reverte —quien ha publicado libros como El Club Dumas, La reina del sur, Cuando éramos honrados mercenarios—.

Lorenzo Falcó — protagonista de la historia— es un traficante de armas, espía de los rebeldes y agente de los servicios de inteligencia de España durante los años treinta. Tiene una misión importante: liberar a José Antonio Primo de Rivera, quien está preso en la cárcel de Alicante, con ayuda de Eva Rangel y de los hermanos Montero.

De acuerdo con Pérez Reverte, la historia es una ficción, pero está basada en hechos reales. Lorenzo Falcó y los demás personajes viven durante la Guerra Civil y ninguno está seguro de que sus compañeros sean personas leales. Todo lo que ocurre mientras Falcó intenta cumplir su misión mantiene al lector enganchado en cada uno de los capítulos, además su narrativa es entretenida y está llena de acción. Arturo Pérez Reverte dijo que esta es la primera entrega de una serie de libros centrados en este personaje.
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MensajePublicado: Jue Ene 05, 2017 12:26 pm    Asunto: Responder citando

“Falcó”

Redacción El Sol de México
5 de enero de 2017


POR ROBERTO RONDERO

Siempre que se publica la más reciente novela del escritor y licenciado en periodismo español Arturo Pérez-Reverte (“El capitán Alatriste”, “La reina del sur”, “Cabo Trafalgar”, “Un día de cólera”, “La piel del tambor”, “El maestro de esgrima”, “La sombra del águila”, “Ojos azules”, “Perros e hijos de perra”, “Hombres buenos”, entre otras), los críticos y seguidores por todo el mundo, esperan que sea la mejor.

“Falcó” (Editorial Alfaguara, 291 páginas) no es la excepción en la producción literaria de Pérez-Reverte, una intensa historia protagonizada por un nuevo y fascinante personaje, comparable a los más destacados espías y aventureros de la literatura.
UN ESPÍA SIN LÍMITES

En “Falcó” se entrelaza la realidad y la ficción y lo hacen uniendo la violencia, tramas de poder, suspense, lealtad y pasión, en síntesis una novela que provoca una lectura adictiva.

La Europa turbulenta de los años 30 y 40 del siglo XX, es el escenario idóneo de las andanzas de Lorenzo Falcó, excontrabandista de armas, espía sin escrúpulos, agente de los servicios de inteligencia, que campea en los sitios donde la muerte acecha y la traición no perdona. Durante el otoño de 1936, mientras la frontera entre amigos y enemigos se reduce a una línea imprecisa y peligrosa, Falcó recibe el encargo de infiltrarse en una difícil misión que podría cambiar el curso de la historia de España. Un hombre y dos mujeres –los hermanos Montero y Eva Rengel- serán sus compañeros de aventura y tal vez sus víctimas, en un tiempo en el que la vida se escribe a golpe de traiciones y nada es lo que parece…” Madrid resiste la furiosa ofensiva fascista, que era el titular principal de El Noticiero. Y más abajo, a dos columnas: En Cartagen siguen los bombardeos criminales sobre la población civil. Apoyado en la pared junto a la barra del Americano, Lorenzo Falcó dobló el periódico y lo puso sobre el mostrador, junto al vaso de cerveza. Se había comprado una gorra de pichi y puesto en la solapa de la cazadora, una insignia del Partido Comunista: una hoz y matillo de metal dorado y rojo que había comprado en una tienda cercana, y que contribuía –al menos ésa era la intención-
a mimetizarlo más con el paisaje”.

De “Falcó”, “The New York Times Book Review, ha reseñado: “Arturo Pérez-Reverte sabe cómo retener al lector a cada vuelta de página”.

…”Pensó Falcó en eso. En su experiencia personal. Sus recuerdos. Había matado a hombres por culpa, o a causa, de mujeres. Ellas facilitaban esa clase de cosas. No importaba lo enteras o decididas que fuesen, o que supieran valerse por sí mismas. Eran los viejos instinto los que siempre, por encima de toda razón, acaban interfiriendo de modo peligroso.

“Daba igual que el móvil masculino fuese la vanidad, el impulso dominador o protector, o incluso sentimientos más nobles, como el afecto, la humanidad o el amor.
Puestos en situaciones extremas junto a mujeres, la mayor parte de los hombres no era capaz de sustraerse al impulso básico de protegerlas, Y eso los volvía descuidados. Vulnerables. A ellos, e primer lugar, y a ellas como consecuencia. A todos”.
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Rogorn
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MensajePublicado: Dom Ene 08, 2017 12:13 pm    Asunto: Responder citando

"Los yihadistas van a ganar. Ellos tienen cojones"
Entrevista de Marta Caballero - elmundo.es - 08/01/2017

Paseamos del brazo por Sevilla con nuestro novelista más popular (y deslenguado).Aquí habla de los "niñatos" tuiteros, de su "felicidad" al alcanzar la edad de jubilación... y de su pánico por el futuro de Occidente ante los "lobos" islamistas: "Europa es vieja, cobarde, caduca y no se atreve a defenderse".

Dos colores, el blanco y el rojo, asedian al visitante al cruzar la puerta de entrada y subir por las escaleras que conducen al hall. Sobre este espacio circular, la sublime cúpula modernista de 1929 habla de la solera del edificio, redecorado en esta década hacia una modernidad algo chillona. «Una horterada, vamos», concluye Arturo Pérez Reverte cuando baja de su habitación, los ojos encendidos, agilizando trámites para el día de aúpa que le aguarda, como siempre sucede en las promociones del Mick Jagger de nuestra literatura. Algo tiene de campaña política este frenesí promocional suyo. Estará con 'Papel' unas horas, acudirá entre medias al estudio de su amigo Carlos Herrera para otra entrevista, charlará luego con la prensa local, tratará de almorzar -si le dejan- con los compadres de YouTube, los creadores de 'El mundo es nuestro', que también son amigos suyos, como lo es Edu Galán (sí, el tipo de la revista satírica 'Mongolia') y mucha otra gente inesperada. A última hora de la tarde, presentará su nueva novela en uno de los principales teatros de la ciudad. 600 espectadores.

-Qué quiere que le diga, he tenido suerte. Soy un escritor feliz.

Reverte conoce el hotel desde hace tres décadas y añora el sabor clásico que se perdió con la reforma. A los mozos les llama por su nombre y ellos a él don Arturo. Les ha visto entrar, salir, casarse, jubilarse: «Estamos en mi barrio, esta es mi residencia en Sevilla». Bajo ese mismo techo se hospedaron Ava Gardner y Ernest Hemingway. Y una tiene la sospecha de que, en una entrevista futura a un narrador aún no nacido, alguien reseñará que el Colón era el alojamiento predilecto de Pérez-Reverte en sus visitas a la capital andaluza. Hasta la guerra se le conoció como el Majestic, el primero en Andalucía con cuartos de baño en cada habitación, calefacción y ascensor. En aquel tiempo tembloroso, pero de reductos para un glamour de época, tanto en Sevilla como en otros muchos escenarios, transcurre 'Falcó', la última novela del escritor. La trama gira alrededor de un elegante caradura al que le gusta matar y le gustan las mujeres. Las guapas en concreto. Falcó es un detective que cumple canónicamente, como un bendito, con todos los códigos del género pero que no deja de ser completamente español. Lo presentó ya cubierto con un manto de serie, como si estuviera llamado a ser el sustituto de Alatriste. Pero mientras aquel tenía ciertos códigos morales, el nuevo le ha salido rufián. Se mueve con la misma soltura por los ambientes más sórdidos y por los más elegantes. Para dejarlo claro, Reverte confiaría su hija al capitán pero se iría de farra con su nueva criatura literaria, con el que lo ha pasado estupendamente en la primera entrega y sigue disfrutando en la segunda, que ya prepara.

La cuestión es que durante años el escritor ha condenado el uso que la ficción ha venido haciendo de la guerra. Y en sus entrevistas, en sus artículos, la memoria histórica quedaba ridiculizada por la estulticia de «los catetos con coche oficial». ¿Por qué escribir ahora una novela ambientada en el periodo? Arturo mira de frente, los pies bien plantados en el suelo. Me coge del brazo si tiene que enfatizar y, en el tema español, vaya si enfatiza.

-La guerra es casi un subgénero. ¿Quería desmarcarse de lo que se ha escrito y rodado estos últimos años?
-No, porque yo ya estoy desmarcado. Quería decir que mi actitud respecto a la guerra es la que tengo ante todos los conflictos armados. Lo de los buenos y malos no me lo creo porque yo he hecho como 20 guerras como reportero y lo he visto. Desde lejos está claro que dices que los malos son los franquistas, los estalininstas, Hitler... Pero de cerca, cuando estás con la gente, la cosa no es tan simple. Una guerra no es una elección ideológica, es una tragedia. Al final siempre hay un chaval de 18 años que está ahí y al que le da igual la bandera. ¿Es más idealista un falangista de 18 años o un comunista de 18 años?

-Lo que describe se ha venido traduciendo como equidistancia. ¿Ha menguado el uso de esta palabra como insulto?
-Es que no es la adecuada. Uno puede estar cerca de un bando o de otro sin duda, lo que no implica que no pueda tener las luces suficientes para ver que los seres humanos son los mismos en todas partes y que en todas hay héroes, verdugos, canallas, oportunistas, sinvergüenzas, criminales... El problema es que en España nunca reconocemos en el adversario ninguna virtud, todo son defectos. Es decir, el enemigo nunca puede ser valiente, honrado o digno, siempre ha de ser cobarde, despreciable y vil. Yo no soy equidistante, trato de ser ecuánime. Mi actitud no es la misma ante el bando fascista que ante el republicano, del que me siento más cerca, pero los veo con ecuanimidad.

-Repito entonces la pregunta. Si el adjetivo es "ecuánime", como acaba de puntualizar, ¿ha avanzado España en ecuanimidad?
-No. Se está peor que antes, porque los testigos se están muriendo. Hay unas generaciones nuevas que no tienen fuentes directas y que se están guiando por cuatro tuits. La visión es paradójicamente más parcial y maniquea que hace 30 o 40 años, cuando los testigos aún estaban vivos. Aún quedan, pero ya no se les escucha. He visto a niñatos de 20 años dando lecciones de historia en Twitter a gente que hizo la guerra o a sus hijos. Vivimos en un mundo de etiquetas fáciles donde 140 caracteres son más importantes que un libro, donde no se habla de un argumento sino de lo que un tuit dice sobre ese argumento. Si yo escribo sobre la guerra, la mayoría no hablará de mi libro sino de lo que dicen otros sobre mi libro.

-El crítico Alberto Olmos apuntaba que, en 'Soldados de Salamina', Cercas se empeñó en encontrar buenos y malos en ambos bandos, mientras que a usted le ha salido una obra con empate a hijos de puta.
-No le quito valor al libro de Cercas, a quien respeto y aprecio. Pero yo he estado allí, para mí la gente de la guerra tiene nombres y apellidos. La nuestra me la contaron quienes la habían vivido. No necesito acudir a los libros y a las películas, tengo mi propio criterio y sé que junto a idealistas y gente noble y digna había muchísimo sinvergüenza. Hubo 200.000 muertos en el frente, pero hubo 200.000 en la retaguardia. Fusilados, torturados, violados, asesinados, robados, sañados, expoliados y encarcelados. Alguien tuvo que matarlos, en los dos bandos. ¿Es que todos nuestros abuelos fueron héroes que defendieron la República o a Cristo Rey en el frente? No, alguno fue un hijo de puta con camisa azul o con mono de miliciano que estuvo sacando a la gente de la casa para darle un tiro en la cuneta. Porque hubo cunetas en los dos bandos. Recalca esto: cuidado con los abuelos, porque muchos estuvieron matando gente, porque no todos fueron héroes.

Tengo delante a un señor que va camino de los dos millones de seguidores en Twitter. Él sigue a menos de 900 personas en esta red. Últimamente, a una cuenta titulada Reverte Enfurecido (@revertefurioso), donde hacen parodia con sus niveles de hombría. Le superan otros tuitstars nacionales, sólo que él habla de libros. Y de animales. También se apunta a polémicas, como la que ha mantenido con el también académico Francisco Rico o la que tuvo con el diputado de ERC Gabriel Rufián, que le llamó «cuñado». «No me acuerdo de nada, lo que tengo que decir sobre estas cosas, lo he dicho», replica. Es cierto lo que apuntaba sobre las etiquetas fáciles y un mundo que se interpreta a golpe de tuit. A él no dejan de treparle los voceros, gente que deforma sus intervenciones y adultera sus pasajes. En la red le surgen textos apócrifos, a los que resta importancia: «Eso es folclore», pronuncia antes de pedir una aspirina con medio vaso de agua: «Sólo medio». No se asoma demasiado a los incendios digitales aunque sea un tuitero aplicado: «Son importantes las redes pero no filtran. Tanta importancia tiene lo que diga un historiador serio que un niñato sin conocimiento. Si el receptor no está educado y no tiene criterio para discernir qué es importante, se pierde en esa maraña. Ese es el peligro, no permiten distinguir el oro de la basura. Y mucha gente en internet se guía no por la fuente sólida sino el tuit efectista o el titular facilón. Es gravísimo».

-¿Cómo lleva trabajar durante dos años en un libro y que pueda ser interpretado desde la superficialidad?
-No me puedo quejar, mis lectores me tratan bien. La novela se empezó a leer nada más salir. Tengo la suerte de que antes de que empiece el ruido ya la ha leído mucha gente. La versión de 'Falcó' ha sido realista. Mis lectores no leen la novela por la portada o por el título sino porque es mi siguiente novela. La mía, la de Javier Marías, la de Gómez Jurado o la de Dolores Redondo. Si no te equivocas mucho, te leen. Eso te garantiza un público de amigos a los que puede gustarle más esta o la anterior, pero son tus lectores. Luego hay novelas más abiertas que otras. 'El pintor de batallas' era muy hermética. 'Hombres buenos' hablaba de eruditos del siglo XVIII, pero 'Falcó' es canónica. Tiene acción, aventura, un personaje interesante... Y mis lectores son transversales. A mí no me leen ni las mujeres, ni los jóvenes... tengo un público de todos los segmentos.

Le suena el móvil, un aparato pequeño que es sólo phone, sin el smart. Llama un tal Pepe. «Diré que te reserven sitio esta noche». Resuelve rápido y vuelve al tema: que ha disfrutado con este libro, que hay novelas más desagradables en cuanto a técnica pero que 'Falcó' ha sido un gozo continuo. Mientras lo preparaba, acudía a revistas de la época, veía películas, viajaba. Un año de dicha que hizo que decidiera continuarla. «Era un mundo de fascismos, comunismos y un montón de "ismos" desagradables. De hambre, miseria, violencia... pero también de glamour. Tenemos la creencia de que en España todo ha sido siempre cutre, garbancero y casposo, y no es verdad. Ha habido gente interesante, elegante, que ha viajado y que hablaba idiomas. Quería un personaje muy español pero al mismo tiempo cosmopolita. Falcó ha estado en los Balcanes, Estados Unidos... se viste con sastres ingleses. Me lo he pasado muy bien con él conociendo tíos peligrosos y chicas guapas».

Hemos pinchado en hueso. Ha salido el tema de la mujer. Mientras se escribía esta entrevista, un grupo de feministas recogía firmas para que Reverte no visitara el Centro Niemeyer de Avilés (Asturias). Y todavía estaba candente un polémico artículo en el que un lector se refería a él y a otros columnistas como "cipotudos" por su prosa subida de testosterona. De antemano, sepa la policía del feminismo que acudí sin temor alguno a que mi integridad como mujer quedase herida esa mañana. «Eres insaciable», me dijo en un momento dado a modo de broma, ante otras personas. Me pareció bien.

-Ahora que dice lo de mujeriego... No hay una sola mención femenina en la novela que no venga acompañada de una descripción física. ¿Le han reñido ya?
-Una periodista me dijo que Falcó era un machista. Hombre, ¿en los años 30? ¿Un tipo que tortura y que mata? ¿Ese tipo luego respeta a una mujer? Le gustan las mujeres guapas, es un rasgo suyo. Como también es violento, cruel, sin escrúpulos... él lo es, no yo. La gente anda queriendo buscar en el autor esos rasgos pero no. No he querido provocar, la época era así.

-Es que pareciera que en nombre de la corrección política ya no se puede decir que una mujer es guapa. Lo menciono por una riña reciente, quizás menor pero significativa, en la que a un periodista de la competencia se le acribilló por haberse referido al aspecto físico de una escritora en una entrevista.
-El periodista del que hablas, Jacinto Antón, es como mi hermano. Conozco el debate y yo pienso seguir diciendo que una mujer es guapa. O un hombre. Luego es que la novela transcurre en los 30. Es muy peligroso y hasta estúpido querer ver cosas del pasado con ojos del presente. No puedes juzgar a Hernán Cortés con criterios de ONG del siglo XXI, son mundos distintos. No he querido llevar la mirada actual a los 30 sino que el lector de este tiempo vea el mundo de Falcó como lo veía él. Sería tan anacrónico como poner a una feminista en las cruzadas. Es ridículo.

Arturo Pérez Reverte no es un hombre que vaya a pasar a la historia por su belleza, aunque la edad ha sido amable con su rostro ciertamente ordenado. No hace mucho, quizás antes de venir a Sevilla, se ha rapado el pelo. Tiene 65 años, su cara es afilada, sus dientes están bien alineados y sus orejas muy pegadas a la cabeza. Viste sobrio, tiene un bonito reloj. Cuando posa, se tira de los puños de la camisa y entorna un poco los ojos. A cierto sector del feminismo le cae muy mal.

-Es recurrente que le tilden de machista. ¿Cómo lo lleva?
-Sucede porque cuando me burlo de algo es fácil decir: «Mira Reverte, qué machista». Leed mis textos, idiotas. ¿Me he burlado alguna vez de forma cruel? Sí, cierto. ¿Y qué? Reivindico la libertad de expresarme como me dé la gana porque sé muy bien en qué posición estoy respecto a este tema.

-¿Y cuál es?
-Tengo una hija, Carlota, que tiene 32 años. El primero que quiere que viva en un mundo en el que se reconozcan sus derechos y sus deberes y que esté en un plano de igualdad con los hombres o, si es inteligente, por encima de los hombres que no lo son, soy yo. Por eso sé que el feminismo es necesario y deseo que las injusticias que llevan muchos siglos perpetrándose desaparezcan. Eso hasta ahí. Luego en mis novelas lo he demostrado docenas de veces con mis personajes femeninos, que con frecuencia son duros, potentes... y cuando son malas, son mucho más peligrosas que los hombres. A mí no tiene que darme nadie lecciones de cómo tratar a los hombres y a las mujeres. No acepto el folclorismo estúpido, ultrarradical, fanático y analfabeto de algunos sectores que se dicen feministas y que lo que hacen es empañar el verdadero feminismo. Ese, el intelectualmente respetable, cuenta con mi respeto, porque me interesa que mi hija se beneficie de él. Pero del feminismo de la estupidez, el que perjudica no sólo a mi hija sino a todas las mujeres, de ese "estoy contra" me burlo. Esa es la cuestión.

-Le han llamado "cipotudo" recientemente...
-No he seguido mucho esta historia. Me han dicho que encabezo una lista en la que también están los columnistas Manuel Jabois y Antonio Lucas. Pues son muy amigos míos y estoy muy orgulloso de estar con ellos. Me da igual, yo estoy muy bien donde estoy. Jabois, Lucas, están muy por encima de esa definición, son dos de los periodistas más brillantes del país, sobrepasan cualquier encasillamiento.

-¿La corrección política es un invento de los movimientos de izquierda?
-Hay gente que se ve obligada a ser correcta por su trabajo o su posición. Yo no tengo esas limitaciones, no he de plegarme, mi libertad me la dan mis lectores. Pero no creo que sea justo colocar este problema en la izquierda, la derecha también se aprovecha. Simplemente, nace de la estupidez y de la ignorancia. Todos somos cómplices, con nuestra falta de lucidez crítica, de que los golfos se aprovechen.

Hora de acudir al estudio de Carlos Herrera. Iremos caminando, queda cerca. «¿Te importa que te coja del brazo?». He entrevistado a decenas de escritores. En una ocasión caminé junto a Umbral por la calle Preciados. Pero pasear con Reverte es como ir del brazo de una estrella de cine. Le saludan los taxistas, los vendedores de castañas, los quiosqueros, las señoras, los jóvenes. Todo el mundo se gira mientras él sigue hablando de feminismos, tan tranquilo. «No sé quién dijo el otro día la palabra "nenaza" y, hala, ¡machista! Nadie se atreve a decir nada. En fin, cuidado con cómo lo pones, que luego llegan los tuits». Herrera sale a recibirle a la antesala de la emisora. Se abrazan con palmadas en la espalda, cipotudamente, se diría. Los presentes toman fotos, le piden que les dediquen ejemplares. La entrevista transcurre fluida, en confianza. «¿Te ha gustado cómo ha quedado?», pregunta al salir.

-Sí.
-Hace mucho que nos conocemos Carlos y yo.

-Se nota. Quería, Arturo, retomar el tema de los buenos y los malos. ¿Qué me dice de Donald Trump?
-¿Estás grabando? Te cojo del brazo otra vez. A ver, hay una conclusión a la que he llegado, y es que los pueblos tienen lo que se merecen. Los americanos tienen a Trump porque quieren tenerlo, igual que nuestra clase política es el resultado de nosotros mismos. No han venido unos marcianos en un platillo para adueñarse del poder. Han salido de nuestras casas, de nuestros dormitorios. Somos tan culpables de lo que hace un político español como el propio político. ¿No nos representan? ¡Pues claro que nos representan! Igual a ti no pero sí al sentir general, a la mediocre catadura moral que a veces los españoles tenemos frente a los grandes desafíos. Ese oportunismo, esa vileza de los políticos es nuestra también.

-¿Le ve apaño?
-No tiene todo solución en la vida. Que uno detecte el problema no significa que sepa cómo solucionarlo. No soy médico, pero hablo de dolores, lo más que hago es tomar aspirinas. Los libros y la inteligencia nos ayudan a soportar el mal. Por eso es tan importante la cultura, porque te da espíritu crítico y al menos te ayuda a comprender las causas y el foco del problema. Por eso me desconsuela lo que ha hecho el PP con ella. Es infame. Me preocupa que estén dejando a los jóvenes sin mecanismos de solución, sin analgésicos, sin análisis crítico.

-¿Qué opina de la gestión cultural de las últimas legislaturas?
-Pues pienso que el PP no es que haya despreciado la cultura, es que la ha agredido directamente y con mala intención durante ocho años. Estamos pagando ese precio y lo vamos a pagar mucho más. Es una agresión que no tiene precedentes. He visto ocho años ya. Supongo que nos queda más de lo mismo.

-¿Es un pesimista?
-Lo soy. Las ideas que la Revolución Francesa y la Ilustración trajeron a Europa la hubieran mejorado y probablemente también al mundo. Pero la condición humana se metió en ellas y las estropeó. La Ilustración quedó en muy poco, se perdió.

-¿En qué lugares cabe tener una actitud optimista?
-En los maestros. El lugar donde se ha refugiado la esperanza es en los niños, por eso un maestro es tan importante. Deberían ser seleccionados con un rigor extremo y, una vez pasaran las oposiciones, tendría que ser un cuerpo privilegiado, mimado por la sociedad, pagado de maravilla. Los padres ya no educan en casa, salvo excepciones. Y el colegio, que era el último reducto, está en manos de los demagogos, de los psicopedagogos y de los irresponsables. La enseñanza está hecha para machacar a un niño, para que no brille, porque si lo hace es que está dejando atrás a los mediocres. Nos estamos cargando las élites del futuro, estamos impidiendo que los realmente buenos prosperen, con lo cual nos condenamos a la mediocridad. Tenemos que tener las mismas oportunidades, por supuesto, pero una vez dentro de la institución, el brillante tiene derecho a ser respaldado. Ese será el político, el cineasta, el escritor, la gente que tire de la sociedad. Pero que suceda esto es imposible.

-Por sus artículos, lo que ve más negro es la amenaza del terrorismo islámico.
-Es que van a ganar. Los derrotarán en Irak o en Siria pero van a triunfar, porque son jóvenes, tienen hambre, un rencor histórico acumulado y absolutamente comprensible, cuentas que ajustar, desesperación, cojones, fuerza demográfica... Occidente y Europa en cambio son viejos, cobardes, caducos y no se atreven a defenderse. Cuando hay lobos y hay ovejas no hay duda de quién va a ganar. Estamos teniendo el resultado de nuestra pasividad, de nuestro confort, de nuestra demagogia. Ellos no tienen esos obstáculos. Como dijo uno de los imanes, «usaremos vuestra democracia para destruir vuestra democracia». Está perfectamente definido. Europa es vieja e indefensa.

Entramos en un bar para charlar un rato más. Pide una manzanilla. No la infusión, por supuesto. Nos sentamos en una mesa bajo un cartel de Bogart. Regreso al libro. Su Falcó tiene la mitad de años que los que él ahora («no lo había pensado») y lleva una vida a su manera igual de intensa que la que él llevó en la treintena.

-¿Tiene nostalgia de aquel tiempo trepidante?
-No, yo fui un reportero muy feliz y soy un novelista muy feliz. Soy dueño de mi vida, tengo mi velero y navego. Mi vida ha sido feliz pero ha tenido momentos muy duros. Con 65 años no apetece pasar por las cosas que pasaste con 30, no sobreviviría y eso ya basta para eliminar la nostalgia.

-¿Y qué sí le apetece?
-Sobre todo, navegar, leer y escribir. Envejezco con serenidad razonable, tengo lectores, tengo mi biblioteca para refugiarme cuando quiera. Leo historia, clásicos, muy poca novela moderna, salvo a mis amigos y alguna cosa especial de vez en cuando. A esta edad apetecen más las explicaciones que la imaginación, para eso tengo ya la mía. Pero los clásicos, la historia, todo eso es tranquilizante, es una terapia intelectual. Y yo no escribo para vivir, mi vida está resuelta. Lo hago porque me gusta y para lectores de 40 países, eso me permite ser más independiente. Soy un tipo afortunado, nadie me ha regalado nada, sí, pero agradezco las cosas: tengo una deuda con la suerte y lo reconozco cada vez que puedo. Hay gente más brillante que no logró que sus libros se vendieran y gente más valiente a la que mataron en Afganistán.
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MensajePublicado: Dom Ene 08, 2017 2:34 pm    Asunto: Responder citando

Reseña: 'Falcó', de Arturo Pérez-Reverte
Juan Cruz - lanacion.com.ar - 08/01/2017

Falcó, espía y contraespía cínico y cabrón, conquistador huidizo, es una nueva pieza en el universo de Arturo Pérez-Reverte. La literatura de este español que vio de cerca la sangre en las guerras europeas de los años 90, ha viajado por muchos y diversos universos, algunos de ellos extremadamente violentos. Todos vienen de su imaginación, que se encendió en los libros de su abuelo y se recalentó hasta la incandescencia en esas guerras grandes o chicas que cubrió como periodista. De esos lances nacieron, sucesivamente, novelas como 'El húsar', 'El maestro de esgrima', 'El Club Dumas', 'La piel del tambor', la serie de 'Alatriste' e incluso 'El pintor de batallas', la más melancólica de sus creaciones.

Pero nada tiene tanto que ver con su literatura como esa autobiografía de combatiente periodista: a él no hace falta contarle la guerra, ni que se la cuenten los escritos de otros. Esa sabiduría hallada en el mundo real es la que le ha servido, también en esta ocasión, para retratar en 'Falcó' esa pieza que le faltaba a su obra. Lorenzo Falcó, el protagonista de esta trama, aparece en la España de Franco, en plena guerra civil, para ayudar a los nacionales a ganar la contienda, con igual eficacia y dedicación con que hubiera actuado para hacer que la ganaran los republicanos.

Ese cinismo básico del contraespía profesional, esa maldad con la que adorna perversamente su elegancia, viene de algo que quien conoce las guerras, incluso como periodista, percibe muy fácilmente, y muy dramáticamente: dentro de todo hombre habita su contrario. No hay buenos y malos: en esas circunstancias el malo y el bueno se intercambian. Esa maldad concéntrica de las guerras, ese cinismo con el que actúan los que aspiran a héroes y son en realidad villanos, domina en Falcó como si fuera una medalla de cianuro que guardan los malos y los buenos para cuando conviene desaparecer.

Falcó es el que no desaparece, él es el superviviente; sobrevive a amores violentos, sobrevive burlándose de sus enemigos y de sus jefes. En 'El puñal', el argentino Jorge Fernández Díaz también ha dibujado seres así, con la pistola escondida en el alma y con la capacidad de amor en la punta de la lengua. Aquí, en Pérez-Reverte, lo que florece también es el diálogo que acerca al lector a las sombras eficaces, casi diamantinas, de Ernest Hemingway o de John Dos Passos. Reverte no escribe tan sólo para que le lean las palabras, sino para que los lectores escuchen el sonido de la metralla, de los bofetones o de los coitos. Hasta la música que no se toca sobresale en esta novela de sensaciones.

Una novela de este género necesita la distancia del narrador que, como un pistolero más, aguarda su turno, pero deja hacer. De modo que los personajes se van haciendo su sitio hasta que se adueñan de la acción y de la historia. Lo que no ha hecho Pérez-Reverte es tomar partido en la guerra que cuenta, en primer lugar porque no tendría sentido en una novela; pero además porque cuenta precisamente la historia de un tipo que no toma partido ni siquiera por el lado que ha elegido para acometer las hazañas bélicas de un contraespía.

Como no es bueno adelantar acontecimientos, baste decir que la historia de amor que sucede y que cruza la novela, con la eficacia de un guión de Clint Eastwood, es la metáfora mayor de ese desapego moral que exhibe Falcó no sólo como personaje sino como paradigma del hombre en guerra. El viento puede soplar oscuro haga lo que haga, y Falcó sabe, como Pérez-Reverte, que quien más quiere más hará llorar. Él no llora. Cómo va a llorar Falcó. Es de acero, y será inmortal hasta que el novelista Pérez-Reverte quiera, porque el aliento del libro parece adelantar que aquí hay tela para rato.
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MensajePublicado: Mie Ene 11, 2017 11:02 am    Asunto: Responder citando

Un apolítico código de honor
Miquel Escudero - catalunyapress.es - 10/01/2017

En español, un ser iletrado es un analfabeto y un ser irreligioso es alguien que se opone al espíritu de la religión o que está falto de ella. No existe, en cambio, el término ‘ipolítico’ pero sí el de apolítico: es el ajeno a la política o quien se desentiende de ella. Durante la dictadura de Franco, no pocos decían ser apolíticos; no se ‘metían en política’ y se encogían de hombros ante lo que se daba como ‘inevitable’.

Hoy bajo el pretexto de la corrupción, algunos alardean de antipolíticos o de antisistema. No comparto esta actitud, aunque desdeño en particular el definirme políticamente con una sola etiqueta o con unas solas siglas; el motivo es que no son pocos quienes pretenden deducir lo que no pueden y no corresponde -un grado de adhesión impropio-, puesto que leen con un extraño y desorbitado prejuicio, que todo lo corroe. Creo que no hay que facilitar las cosas a los cautivos del sectarismo.

Leo con gusto e interés la última novela de Arturo Pérez-Reverte 'Falcó' (Alfaguara), con la que inicia un nuevo ciclo de relatos. Su protagonista es Lorenzo Falcó, un espía próximo a los 40 años de edad: un hombre del momento que en esta entrega interviene en un proyecto de liberación de José Antonio, en la cárcel de Alicante. Confiesa simpatizar ‘con varias causas’, pero lo cierto es que actúa como un mercenario. Acostumbrado al olor del miedo, que afronta con serenidad e irónica melancolía, el talante de Falcó es ácido y un punto macabro. “Los hombres como aquél llevaban su última noche consigo a todas partes, como una mochila inseparable. Como una sentencia de muerte aplazada”.

Un rostro curtido por años de tensión, mentiras y violencia. Un mundo donde palabras como patria, amor y futuro carecen de sentido. ¿En qué habría de creer?, se pregunta: “¿En unos generales llamados por Dios a salvar España de la horda marxista? ¿En una República proletaria, bondadosa y honrada que defiende su libertad?... Eso os lo dejo a vosotros. A los muchachos con fe”. Al protagonista le repelen esas retóricas y ha experimentado lo que es ser un mero peón en el juego de otros. La cuestión es que nada es lo que parece. Endurecido al constatarlo, desarrolla un cinismo realista que no permite llegar a soluciones pero sí tener a raya ciertas posturas. Ante una aparente ausencia de reglas, el largo pasillo de una antigua y olvidada conciencia puede registrar un singular rapto de honor.
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MensajePublicado: Jue Ene 12, 2017 8:17 pm    Asunto: Responder citando

Entrevista en Radio Euskadi (a partir del minuto 35)
http://audios.ak.cdn.eitb.com/multimedia/audios/2017/01/11/2088736/20170111_19191623_0009569419_002_001_POMPAS_08_01.mp3
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MensajePublicado: Jue Ene 12, 2017 9:04 pm    Asunto: Responder citando

Entrevista en Azteca 13 de México:
http://www.aztecatrece.com/la-entrevista-con-sarmiento/notas/capitulos/libro-falco/361750
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MensajePublicado: Vie Ene 13, 2017 6:19 pm    Asunto: Responder citando

'Falcó' - Arturo Pérez-Reverte
Ariodante - hislibris.com - 13/01/2017

En esta nueva novela, el prolífico escritor cartagenero crea un personaje que podría ser el sustituto de Alatriste, aunque aquí no hay capa y espada. Como mucho, una navaja automática bien afilada, además de la Browning 9mm. y una cuchilla de afeitar Gillette bien escondida. No hay capa y espada, en efecto, porque la novela está situada en otoño de 1936, en España, recién comenzada la guerra civil.

“¿Una novela más sobre la guerra civil?” se dirán ustedes. No; no es sobre la guerra civil. Es una novela de intriga, de espionaje, de acción: un thriller, ambientado en la España del 36, recién iniciada la contienda. Y el protagonista, un conflictivo y políticamente incorrecto mercenario, ex traficante de armas, además de otras muchas actividades poco convencionales, ahora miembro del SNIO (Servicio Nacional de Información y Operaciones) dirigido como el resto de servicios de inteligencia por Nicolás Franco, en la trastienda del cuartel general del Caudillo, a la sazón en Salamanca. Aunque estaba expulsado de la Armada por un asunto de faldas, su jefe le había conseguido una graduación provisional de teniente de navío de la Armada, a fin de facilitar su trabajo, “porque a los falangistas les impresionan los uniformes”.

"—Te sienta bien el uniforme —comentó el Almirante mientras Lorenzo Falcó y él subían por la escalera—. Deberías usarlo más a menudo.
—Soy alérgico a los uniformes. —Falcó se pasaba un dedo por el cuello de la camisa blanca, cerrado con impecable corbata negra—. Me salen granitos."

La trama en su eje central trata de un difícil proyecto: la Falange quiere rescatar a José Antonio Primo de Rivera, a la sazón prisionero en la cárcel de Alicante. Falcó debe dirigir la operación, que se realizará principalmente por fuerzas de asalto falangistas y con el apoyo de la Kriegsmarine alemana. Obviamente conocemos el final: José Antonio fue fusilado en Alicante el 20 de noviembre de 1936, por tanto la novela imagina un intento de salvamento que podría haber sido… pero que no fue. Sin embargo, lo que interesa al escritor de Cartagena no es reescribir la Historia, sino ambientar históricamente a un nuevo personaje: Lorenzo Falcó; personaje que no se casa con nadie, pero que tiene sus principios: “los bandos estaban perfectamente claros: de una parte él, y de la otra todos los demás”. Falcó trabaja para el bando Nacional, efectivamente; y este es justamente el carácter novedoso de la narración, por otra parte convencional del género. La abrumadora mayoría de las novelas ambientadas en la guerra civil española toman partido por el lado republicano (una excepción sería la trilogía de 'Buena gente en una mala guerra' de Miguel Aceytuno).

En este caso, aunque Falcó se desplace por la geografía española y salte las fronteras de la guerra, su trabajo es para los nacionales. Pero el autor cartagenero no toma partido, salvo por su ambiguo protagonista. Pérez Reverte quiere mostrar que tanto en un lado como en otro cocían habas. En ambos frentes había carniceros y sanguinarios asesinos, pero también jóvenes idealistas que luchaban por unos principios; en ambos bandos ocurrían atrocidades pero también se daban la mano los amigos, y existían lealtades y personas de fiar. El tema de la lealtad y la amistad, a pesar de pertenecer a bandos opuestos, es una idea que sobrevuela a lo largo de la acción.

Falcó es un personaje que no duda en matar cuando ha de hacerlo; matar a sangre fría, es su trabajo. Claro que también corre el riesgo de que otros quieran hacerle lo mismo. Incluso a veces peor, porque la tortura se practica con color rojo o con azul con total impunidad. Lorenzo Falcó es un tipo duro, poco escrupuloso, como es de rigor en el género, con sus tics y sus modos de funcionar, a base de cafiaspirinas (un medicamento muy de la época) y whisky. Mujeriego, mira siempre a las mujeres como objetos sexuales, aunque distingue entre unas y otras. Y a veces, algunas no son lo que parecen.

"—¿Simpatiza usted con la causa falangista?
Le sostuvo Falcó la mirada, impasible.
—Yo simpatizo con varias causas.
El otro dirigió una breve ojeada a la carpeta del expediente. Después apoyó un dedo en ella.
—Según tengo entendido, sobre todo con la suya propia… Su causa, sea ésta la que sea.
—Principalmente."

En suma, Pérez-Reverte nos presenta una novela escrita con su sello, interesante, ágil, con tensión y una complicada trama del espionaje. Y a la vez recorre ambos bandos con mirada fría, sin comprometerse con ningún color. En todo caso, mostrando las semejanzas y divergencias de procedimientos y modos de dos bandos compuestos, como toda guerra civil, por familias partidas. Todos tienen parientes o amigos a un lado y otro de la dividida España. Mostrando el dramatismo de una guerra civil a la vez que la vida cotidiana en ambos lados y dando a su personaje el carácter el anti-héroe que tanto gusta hoy en día. Anti-héroe que, a pesar de tener una tarea para la que se le ha contratado, se impone otras para cumplir con su concepto del agradecimiento y la correspondencia con quienes se portan honradamente con él. Sabe pagar sus deudas, vamos.

Pérez-Reverte usa un lenguaje que incluye expresiones muy años treinta, aludiendo a objetos, ropas o productos habituales en la España de esos años, lo cual contribuye a sumergir al lector en el momento histórico sin dar demasiadas explicaciones. Pasodobles, coñac Fundador, los ceniceros triangulares de Cinzano, el orujo gallego, las cafiaspirinas, etc.

El personaje, Falcó, tiene todos los indicios de tener continuación en sucesivas novelas, por lo que los amantes del género y seguidores de Pérez-Reverte podrán disfrutar nuevamente, si esto se confirma.
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MensajePublicado: Sab Ene 14, 2017 7:23 pm    Asunto: Responder citando

'Falcó', de Arturo Pérez-Reverte
lectoraporelmundo.blogspot - 14/01/2017

Siguiendo con la editorial Alfaguara, esta vez he ido sobre seguro. No había posibilidad de fallar. Fue fruto de un comentario de José, periodista de la SER con quien colaboro de vez en cuando, que me decidiera a poner entre mis ansiosas manos lectoras el último libro de Arturo Pérez-Reverte. De antemano, ya confieso que estoy muy contento con los dos primeros libros que he leído de esta editorial, primero fue 'Piscinas Vacías', unos cuentos interesantes y emocionales que no me dejaron indiferente. Ahora, tocaba subir un escalón para acercarse a la obra de un escritor consagradísimo. Como ya he dicho, no había posibilidad de fallar.

Arturo Pérez-Reverte, qué decir: Premio Goya al mejor guion adaptado, Premio Asturias de Periodismo, Premio Ondas, premios importantes en Francia, Suecia o Dinamarca, Miembro de la Real Academia Española, Gran Cruz del Mérito Naval, Medalla de oro de San Telmo de la Fundación Letras del Mar, etc. Fue reportero de prensa, radio y televisión: además, lo fue como especialista en conflictos armados. Ha cubierto más guerras que un soldado. Escribe como columnista en 'XLSemanal'. 'El maestro de esgrima', 'La tabla de Flandes', 'El club Dumas', 'Territorio Comanche', 'Patente de Corso', destacan entre otros muchos títulos. Especial mención merecen 'Las aventuras del capitán Alatriste', iniciadas en 1996, y que ya acumula siete novelas de la saga, además de la película.

Ahora, hablemos de 'Falcó'. Obra situada en la Guerra Civil Española, época complicada y retorcida que parece que nuestra propia historia no quiere estudiar, sino ocultar, pero a la que gracias a algunos periodistas, investigadores y escritores podemos acercarnos y entender un poquito más qué demonios pasó. 'Falcó' es una interesantísima novela de espionaje mezclada con novela negra. Una obra escrita con lenguaje conciso pero intenso, donde se percibe la personalidad y temperamento de Pérez-Reverte detrás, sintiendo cada palabra que escribe. Peca, a mi gusto, de un ligero exceso de diálogo. Manías personales. Pero no tiene por qué desanimar a nadie.

El protagonista, que da nombre al título, un espía al servicio de los sublevados, tendrá que enfrentarse a una compleja misión y también a su propia integridad y a sus emociones. ¿Puede la frialdad sostenerse donde hay amor? ¿Puede la indiferencia superar al bello romanticismo de las creencias, de la fe? Respuestas que no dan de lado a la acción, sino que van de la mano, propuestas para quien las quiera ver y entender. Mención especial merece el jefe de Falcó, un personaje duro pero, en el fondo, entrañable y humano. Superviviente en un cargo importante entre gente perversa y retorcida y que actúa con Falcó casi de forma paternal. Recuerda al jefe de James Bond, como Falcó recuerda a las películas clásicas y detectivescas protagonizadas por Humphrey Bogart.

Si bien reconozco que la obra me ha gustado más en su primer tercio, quizás porque adiviné parte del final —y eso le quita gracia al asunto—, nunca perdí el interés. Creo que es una novela que gustará a muchos, igual que a otros no, pero que no dejará lectores indiferentes. Por mi parte, no puedo dejar de calificarla como un buen libro y recomendarla a los seguidores de Pérez-Reverte, a los amantes de la novela policíaca o de espías, a los que quieran saber más sobre la guerra civil y a aquellos que les llama la novela negra. Sin duda, les gustará. Disfruta de la lectura.
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MensajePublicado: Dom Ene 15, 2017 11:36 pm    Asunto: Responder citando

El Alicante de 'Falcó':

http://www.comunicacionalicante.es/2017/01/15/alicante-falco-novela-perez-reverte/
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MensajePublicado: Lun Ene 16, 2017 12:21 pm    Asunto: Responder citando

La novela ‘Falcó’ de Pérez Reverte centra la próxima sesión del Club de Lectura del Cervantes de Bruselas


La próxima sesión del Club de Lectura del Instituto Cervantes de Bruselas será el próximo lunes 30 de enero, a las 19,00 horas, y se centrará en ‘Falcó’, la última novela de Arturo Pérez Reverte, que se sitúa en Europa en los convulsos años treinta y cuarenta del siglo XX.
Este es el escenario de las andanzas de Lorenzo Falcó, excontrabandista de armas, espía sin escrúpulos, y agente de los servicios de inteligencia. Según algunas reseñas, Falcó es el mejor personaje creado por Pérez Reverte desde el capitán Alatriste.
Tras el éxito de su última novela, ‘Hombres buenos’, en la que el autor trasladaba a los lectores a la Francia de la Enciclopedia, y que ya fue compartido en el Club de Lectura, Pérez Reverte regresa con la fuerza de los narradores que saben combinar a la perfección intriga, realidad y ficción. La crítica ha dicho: “Un relato vertiginoso que sujeta la atención del lector de la primera a la última página”, Santos Sanz Villanueva, ‘El Cultural’; “Un ‘thriller’ cortante, de diálogos afilados. Su obra más trepidante y despiadada”, Carles Barba, ‘La Vanguardia’.
Arturo Pérez Reverte nació en Cartagena (España), en 1951. Fue reportero de guerra durante 21 años. Con más de 15 millones de ejemplares vendidos en todo el mundo, muchas de sus novelas han sido llevadas al cine y a la televisión. Es miembro de la Real Academia Española de la Lengua. Entre sus obras destacan ‘El club Dumas’, ‘El maestro de esgrima’, ‘La reina del Sur’, ‘Hombres buenos’, o la serie de ‘El capitán Alatriste’.
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MensajePublicado: Mie Ene 18, 2017 2:21 pm    Asunto: Responder citando

En la web RutaRock

Tramas de poder, violencia y suspenso en Falcó, la nueva novela de Arturo Pérez Reverte
Ene 17, 2017


Lorenzo Falcó, un detective canalla, ex contrabandista de armas y espía sin escrúpulos, es el protagonista de la más reciente novela del destacado escritor español
La novela es publicada por Alfaguara y ya está disponible en librerías
Ex contrabandista de armas, espía sin escrúpulos, agente de los servicios de inteligencia, un canalla elegante, es Lorenzo Falcó, el protagonista de la más reciente novela de Arturo Pérez Reverte publicada por Alfaguara.

Durante el otoño de 1936, mientras la frontera entre amigos y enemigos se reduce a una línea imprecisa y peligrosa, Falcó recibe el encargo de infiltrarse en una difícil misión que podría cambiar el curso de la historia de España. Una aventura en la que lo acompañarán un hombre y dos mujeres -los hermanos Montero y Eva Rengel- en un tiempo en el que la vida se escribe a golpe de traiciones y nada es lo que parece.

En Falcó, Arturo Pérez Reverte nos sitúa en la España y Europa convulsa de los años 30 y 40 del siglo XX con tramas de poder, traiciones y violencia, entrelazando magistralmente realidad y ficción en esta historia protagonizada por un nuevo y fascinante personaje, comparable a los más destacados espías y aventureros de la literatura.

Tal como ha señalado la crítica Falcó es “un juego inteligente entre historia y ficción” (The Times).

La novela es publicada por Alfaguara y ya se encuentra disponible en librerías.

Arturo Pérez Reverte fue reportero de guerra durante veintiún años. Muchas de sus novelas han sido llevadas al cine y a la televisión. Hoy comparte su vida entre la literatura, el mar y la navegación. Es miembro de la Real Academia Española.
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Consuela saber que nadie a quien amas se quema en lo que arde. http://adacaramelada.blogspot.com.es
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MensajePublicado: Mie Ene 18, 2017 10:08 pm    Asunto: Responder citando

Mercenario de principios
athestyleguide.com - 18/01/2017

España, otoño de 1936. La guerra estalló hace unos meses y se instaló ya en el ánimo de la gente, más sombrío cada vez. Ahora que todos son traidores en potencia, sólo se comparte el miedo. En este sitio hostil, pleno de granujas y lealtades retorcidas, trabaja Lorenzo Falcó. Un exmilitar con aspiraciones de bon vivant que ante las convulsiones ridículas de su época, se convierte en mercenario. Nunca toma partido, y fuera del tabaco, el trago y las mujeres, vive en pos de la adrenalina. Hay en él una mezcla hipnótica de sensatez y ruindad que lo hace infalible, casi necesario. Por eso su jefe, el Almirante de media mirada turbia, le encomienda a Falcó una tarea que, de cumplirse, modificará para siempre el destino de la “nueva” España: debe asegurar la exitosa fuga de José Antonio Primo de Rivera. Nada menos que el líder de todos los falangistas. A Falcó le parece aquello un total disparate, pero ni hablar, en tiempos de guerra incluso él debe obedecer.

Así empieza la nueva novela de Arturo Pérez-Reverte ('Falcó', 2016), dándole vida a un personaje de certezas firmes en un mundo de farsantes. El ritmo álgido jamás se detiene y la narración es tan divertida como puntual. Al más puro estilo de Dashiell Hammett, Pérez-Reverte hace su magia y nos lleva a la trémula Europa de esas décadas desquiciadas y sangrientas. Uno está ahí, junto a Lorenzo, Eva Rengel, Cari y Ginés Montero, planeándolo todo para devolverle su libertad a José Antonio. De ser posible sin muertes ni sentimientos involucrados. Pero nada se controla aquí. Con la inmensa cantidad de altos mandos y la locura natural del fanatismo, lo único que importa es huirle al panteón a como dé lugar.

Falcó hace de tripas corazón y enfrenta indeciso su nueva misión, pues la vida es para él “un territorio fascinante; un coto de caza mayor cuyo derecho a transitarlo estaba reservado a unos pocos audaces: a los dispuestos a correr el riesgo y pagar el precio, cuando tocara, sin rechistar.” Más que libros, los de Pérez-Reverte son aventuras de ácida y trepidante narración. No tiene empacho en mostrarnos la realidad tal cual es: cruda y atiborrada de canallas, los que habitan sus filosas páginas. No queda otro remedio que ser cómplice y alcahuete de tan peculiar protagonista. Sigamos pues a Falcó, que con algo de suerte, el cigarro encendido y la pistola cargada, mañana seguiremos vivos.
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