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'Falcó' (2016)
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Autor Mensaje
Rogorn
Capitán


Registrado: Feb 01, 2007
Mensajes: 13411

MensajePublicado: Mie Oct 19, 2016 11:17 am    Asunto: Responder citando

"Tengo clarísimo que el franquismo era malo. No dedicaré una novela a explicar esa obviedad"
Entrevista de Luis Alemany - elmundo.es - 19/10/2016

'Falcó', la nueva novela de Arturo Pérez-Reverte (Alfaguara), llega con todos los presagios de una serie. El personaje, el desenlace, los secundarios... Todo apunta a que los incondicionales del escritor están conociendo un paisaje nuevo al que volverán más de una vez. ¿Qué paisaje? La Guerra Civil, las dos retaguardias, por las que se mueve Lorenzo Falcó, un ex traficante de armas y, quizá, drogas, empleado por los rebeldes como espía. En su debut, le espera, nada menos, que el plan de liberar a José Antonio de la cárcel. Como ordena el género, nada ni nadie en la trama será lo que parece. Ni siquiera Falcó, el aparentemente inmoral. Su autor, Pérez-Reverte, recibe como un profesional impecable de la autopromoción: "A mí me lo dice Javier Marías: ahora tienes que acompañar un trecho al libro para que empiece a caminar".

-Oí a un colega suyo decir que Marías y usted cuidan su amistad porque juegan a ser una réplica de la pareja Fitzgerald-Hemingway.
-La diferencia es que entre nosotros no hay deslealtades. Hemingway era una mala persona que envidiaba a Fitzgerald y lo maltrataba, y Fitzgerald, como era un buen hombre, lo toleraba. Pero Marías y yo somos muy noblemente amigos, jamás nos haríamos las putadas que le hacía Hemingway a Fitzgerald.

-Cuando trae novela nueva, ¿usted sabe cuándo lleva buenas o malas cartas, está seguro de cuál es el valor de la mercancia que trae?
-No es esa la cuestión. Soy un escritor profesional, sé lo que he hecho y por qué lo he hecho cuando presento una novela. Una novela debe ser un artefacto que funcione. Para que funcione tienes que poner personajes, estructura, estilo... Lo que tú quieras para que funcione. Yo hago el mejor producto posible para que el lector lo reciba de la mejor manera posible. Un lector de 40 países, no sólo de España, lo que significa que hay elementos muy españoles que hay que diluir, llevar a un marco mucho más amplio. Yo no puedo ir contándole milongas sobre la Guerra Civil a un lector croata o ruso o japonés... O sea que el trabajo es un trabajo profesional, y procuro que sea lo mejor posible. Y lo dejo salir cuando creo que es el mejor que podía hacer. ¿Seguridad en cuanto al resultado? Nunca la tienes. Todavía no conocemos la fórmula del éxito. Está el factor imponderable que depende del lector.

-¿Y cambia la percepción de las novelas con el tiempo? Libros que en su momento pensó que no eran gran cosa y ahora los ve con buenos ojos. O al revés.
-Soy un escritor coherente, con un territorio propio, hecho con los libros leídos, con los viajes, con la vida que ha llevado. Una parte de mi vida ha sido intensa, pasé 21 años como reportero. Eso me da un territorio en el que me muevo. Cada novela es una parte más de ese territorio. Hay novelas mejores, peores, más o menos acabadas, breves o largas... Pero todas pertenecen a un ambiente familiar. En realidad, no estoy haciendo una novela cada vez, estoy haciendo una parte de un mundo narrativo, lo estoy desarrollando. 'Hombres buenos', la anterior novela, era compleja, larga, de ideas, de diálogos. En cambio, ésta es una novela seca y descarnada, breve, cortante, rápida... Pero las dos son parte de un todo. Cada novela te exige, según el canon de cada género, un tratamiento u otro.

-Vamos a los escenarios de Falcó. Cartagena, su ciudad... Se le nota el gozo de dedicar unas páginas a retratar Cartagena.
-Sí, hay gozo y hay guiños personales, pero, en realidad, la novela es la que exige las cosas. Yo no quería hacer una novela sobre la Guerra Civil. Eso lo ve cualquiera que la lee. Yo quería una novela sobre un personaje que es un espía, un golfo, elegante, simpático, aventurero, amoral, torturador, mujeriego, sin ideología, insolidario... y que, al mismo tiempo, intento que sea lo bastante fascinante como para que el lector lo acepte como compañía. Entonces, esa historia requería un tratamiento geográfico. Me puedo permitir ciertos guiños personales, pero todo lo que está en la novela es lo que la novela me ha exigido.

-El otro escenario de la novela: la Salamanca cortesana de los rebeldes. Esa mezcla de casino de provincias y República de Saló... Me imagino así la Banja Luka de los serbo-bosnios.
-Sí, podría ser Banja Luka. Pero no hay tanto vicio, tampoco Saló era lo que salía en la película de Pasolini. Yo he hecho siete guerras civiles y sé que la retaguardia es así siempre. El ambiente siempre es el mismo. La gente atrapada en el torbellino que cae en un bando u otro es la misma. En España, siempre quieren que lleves una etiqueta en la novela. ¿Va usted con los buenos? ¿Es usted como Agustín de Foxá o es como Cercas? Defínase. Pues no, un novelista no tiene por qué definirse. No existe esa obligación moral, la única obligación es contar una historia y que sea el lector el que saque sus conclusiones. El desafío aquí consistía en que el lector aceptara una novela sin buenos y malos. Una novela en la que el protagonista se mueve en esa zona gris y ambigua en la que se mueve la mayor parte de la gente en las guerras civiles que he conocido.

-Había una frase de Andrés Trapiello: "Hubo un bando que defendía la ilustración y otro que iba en contra. Eso al margen de que no todos los que apoyaron a la República fueran ilustrados ni todos los que apoyaron a los rebeldes fueran contra la cultura".
-En eso estoy de acuerdo. Hay una cosa indiscutible. Un bando tenía la razón y la legitimidad, que era la República, y otro no lo tenía, que era el de los rebeldes y los militares. Es tan indiscutible eso que ese nivel no me interesa. Yo estoy en otro nivel, el de los seres humanos. Los que estaban allí, matando o muriendo. Y allí las cosas no están tan claras.

-La vida es igual de vil en los dos lados.
-En Croacia yo sabía muy bien quiénes eran los malos: los serbios. Pero en la trinchera, eran los mismos desgraciados los que estaban dando tiros. En ese nivel se mueve esta novela.

-El reto del libro, intuyo, es coger a un personaje amoral y llevarlo hasta un límite en el que tiene que actuar con moralidad y ser noble.
-Eso también lo he visto, no me lo han contado: incluso los peores canallas, y he visto muchos, asesinos e hijos de la gran puta, cuando rascas y los miras a los ojos, resulta que tienen una madre, unos hijos, una infancia... Eso, para un novelista es oro puro. Los buenos y los malos compactos y redondos son aburridísimos, además de irreales.

-El lenguaje de Falcó es áspero, chulesco... ¿No le tentó tomar aquel español relamido y retórico del franquismo?
-Es que así sólo hablan los malos de cartón de las novelas de cartón.

-Pero el franquismo se expresaba así, con juegos florales.
-Públicamente. En los discursos hablaban así. En casa, hablaban como cualquier persona. Nunca vi un serbio hablar así: que si "la gran patria serbia milenaria de la que somos herederos por la batalla de Kosovo"... Sus frases eran: "Estos cabrones han matado a mi madre".

-Hay un momento en el que Falcó se burla un poco de los falangistas por líricos.
-Falcó se burla de la retórica de su bando. De las frases hechas. Es lo que me interesa de la Guerra Civil, que sea un fondo narrativo. Porque yo no quiero explicarla ni explicar el franquismo. Tengo clarísimo que el franquismo era malo y no dedicaría una novela a explicar esa obviedad. Es como si pretendemos que lo importante de Conrad es que cuenta las guerras napoleónicas en 'Los duelistas'. Bueno...

-Lo imagino el momento de componer la novela: "No hay valor para escribir una novela en la que los falangistas sean los buenos chicos, idealistas, ingenuos..."
-No son tan buenos chicos, son normales. Matan, torturan y mueren como todos los seres humanos en una guerra.

-Sí son idealistas.
-¿Quién podría negarles la condición de idealistas a los jóvenes falangistas? No puedes concederle la condición de idealista a un socialista o a un comunista y negársela a un falangista. Los jóvenes, digo, luego estaban los hijos de puta oportunistas... Como en todas partes. Puedes estar en desacuerdo con ese idealismo, pero idealistas eran.

-¿Qué opinión tiene de José Antonio Primo de Rivera?
-No tengo opinión. Aquí sólo veo en él material narrativo.

-¿La novela hubiese funcionado igual si Falcó hubiera estado a la orden de la República?
-Hubiera sido muy poco original, porque parece que se da por sentado que el protagonista tiene que ser republicano. Un espía a las órdenes de los franquistas me daba más posibilidades narrativas, más originales que al contrario. Era más intenso: un tipo sin ideología trabajando para los franquistas. Un tipo sin moral ni fe, en ese bando daba mucho juego.

-Si Dios le da cinco novelas más de Falcó. ¿Por dónde crecerá el personaje?
-Ésta iba a ser una novela que se terminara en sí misma. Pero me lo pasaba muy bien y, a medida que avazaba, pensaba: "No quiero terminar con este tipo, con este mundo, me quedan cosas que contar". Y le fui inventando un final cada vez más abierto. Otra más, como mínimo, habrá. Seguro.

-¿Cómo creció Alatriste, por ejemplo?
-No hay respuesta para eso. Creció naturalmente. Vas adentrándote, conoces más al personaje, se abren posibilidades...

-¿Le sirven estas novelas para estar menos loco?
-Para el escritor, una novela es también aclarar cosas, comprenderse a uno mismo. Yo no soy Falcó: yo tengo códigos y tengo reglas. Jamás torturaría a nadie. Pero compartimos una forma de ver el mundo. Cuando lo pongo mirando la tortura y la muerte, ordeno mi propia mirada. Cuando escribo sobre violencia y muerte, me estoy explicando a mí mismo. Es un acto personal higiénico. No es cuestión de locura, soy un tipo muy equilibrado. Pero llevo una mochila llena de recuerdos que me rondan por la noche y se empeñan en acompañarme. El ejercicio de escribir me ayuda a llevarme mejor con esos fantasmas.

-Pero usted quiso ir al encuentro de esos fantasmas.
-Yo no sabía que iban a ser fantasmas, pensaba que iban a ser recuerdos de aventuras. Pues no, se volvieron fantasmas. Veo Aleppo en la tele y veo la misma gente que siempre. O en Haití. Son los mismos. Si inventas unos personajes y les prestas tus recuerdos, todo es mucho más soportable. Por eso digo que, para mí, escribir novelas es un poco como tomar aspirinas.

Foto: http://www.elmundo.es/cultura/2016/10/19/58072587468aeb124e8b459c.html
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Rogorn
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Registrado: Feb 01, 2007
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MensajePublicado: Mie Oct 19, 2016 11:30 am    Asunto: Responder citando

Ada escribió:
¿Autor del texto?

Yo.
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Ada
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Registrado: Aug 17, 2007
Mensajes: 5715
Ubicación: Madrid

MensajePublicado: Mie Oct 19, 2016 12:27 pm    Asunto: Responder citando

«¿En qué se diferencia el falangista que mató a Lorca del miliciano que mató a Muñoz Seca? En nada»
Entrevista de Jesús García Calero - abc.es - 19/10/2016

Un espía español en tiempos especialmente revueltos, los primeros meses de la Guerra Civil Española, recibe una orden del jefe de inteligencia del bando franquista: preparar una operación para rescatar a José Antonio Primo de Rivera de la cárcel de Alicante. Su nombre es Falcó, Lorenzo Falcó, pero no toma martinis ni mezclados ni agitados, porque la vida que le ha dado el escritor y académico Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) ya lo es bastante. Pasa a zona republicana, se mueve como pez en el agua entre quintacolumnistas, se juega la vida en cada esquina y se la juega en un duro cuerpo a cuerpo con cada mujer hermosa que se pone a tiro. Ha visto mucho, solo cree en sí mismo, pero ni así puede adelantarse a todos los golpes que lo acechan, todas las traiciones que lo rodean.

Pérez-Reverte regresa a la novela con 'Falcó' (Alfaguara), una narración canónica del género que no quiere explicar, ni juzgar la guerra fratricida que estalló en 1936, una confrontación que en España nunca acabamos de sacudirnos del todo -tal vez en todos los sentidos-, pero que se convierte en el escenario perfecto para un hombre que, en palabras del autor, «es un aventurero, como los que yo he conocido. Es un tipo guapo, elegante, de buena familia, vividor, mujeriego, simpático, cruel, violento, resuelto… La adrenalina lo pone. Para él da igual el lado en el que estés, lo que importa es lo que haces en ese lugar». La novela es trepidante, veloz, furtiva y seca. Y acabada de leer (sin adelantar sus muchas sorpresas) una cosa queda clara. Tenemos Falcó para rato.

-¿Ha nacido una estrella? ¿Tiene trazas de ser un nuevo Alatriste?
-Pues iba a ser una novela sola, pero me lo he pasado tan bien escribiéndola, he disfrutado tanto leyendo, imaginando situaciones, yendo a los sitios, que según me acercaba al final…

-¿No quería acabarla?
-Al ser una novela canónica de espías tiene unos límites espaciales y temporales que no puedes alterar. Ojo, que no es policiaca, es de espionaje. Me daba pena acabarla y decidí dejar un final abierto para continuar con otra, por lo menos.

-Pero el paisaje es muy distinto a Alatriste, no es la España imperial, sino el sangriento comienzo de la Guerra Civil.
-No es una novela de la Guerra Civil, digámoslo muy claramente. La guerra es un escenario narrativo que me era muy útil por muchos motivos, una cuestión de eficacia narrativa.

-¿Qué objetivo perseguía con 'Falcó'?
-Una novela es conseguir que el lector vea lo que tu ves. Básicamente es eso. La novela de espionaje no puede tener quinientas páginas, como algunas policiacas. Ni puede abusar de un lenguaje descriptivo. Tiene que ser seca, cortante, lúcida, fría y determinada. Con un diálogo sin mucho adorno, con una economía expresiva radical. Elegir una palabra o un gesto era importante. Tal vez ese ha sido el mayor esfuerzo. Puedo hacer con más soltura una descripción de medio folio, que tardo una hora, que limitarme, como aquí, a dos líneas que me llevan toda una mañana.

-Falcó describe muy bien el momento de la guerra, una visión de los dos bandos, con el caos que reina en el republicano, pero queda reflejado que en esos momentos el franquista no se ha definido aún. Vuelan los cuchillos.
-Pero en el bando nacional hay un mando único.

-Bajo ese mando es difícil el difícil equilibrio entre facciones, falangistas, ejército, Guardia Civil…
-Sí hay movimientos, pero en el segundo escalón, porque el mando único era Franco, que ya es generalísimo. En el fondo se ve cómo se quitan de en medio a falangistas incómodos… pero nadie discute la jefatura. En la República eso no pasa, todo se discutía. Llegaba una orden y se reunían para ver si la obedecían. Ese caos de retaguardia y de vanguardia. Unos eran criminalmente disciplinados y otros criminalmente desordenados.

-A Falcó le pone la adrenalina, más que la ideología, ¿verdad?
-Es que Falcó no tiene ideología.

-¿Cómo se define en la novela?
-Cuando el Almirante le cuenta que ha habido una rebelión militar, pregunta: "¿Estamos a favor o en contra?" Eso es definitorio, le define mejor que dos párrafos de digresión.

-Así puede cruzar las líneas, las del frente y otras más sutiles. El escenario se presta.
-Claro, se mueve en el bando franquista como en el republicano: con absoluto despego. Es de esos hombres, que yo he conocido, que nunca pertenecen al grupo al que parecen pertenecer. En bares, en instituciones, en la academia, los ves y no te encajan. Están allí por circunstancias.

-¿El resultado le gusta?
-El desafío era conseguir que el lector adoptara durante 300 páginas a un tío como Falcó, uno con el que los hombres querrían irse de copas y las mujeres querrían acostarse.

-Hasta qué punto comparte valores de Alatriste, o mejor dicho: ¿tiene más de sentido de libertad o de desencanto?
-De libertad, sin duda. Es interesante. Alatriste era un tío que ha tenido fe y la ha perdido y solo le quedan códigos que él ha buscado para sustituir a esa fe. Es un tipo honorable.

-Son primos de lealtad, al menos…
Eso sí. Comparten ese sentido. Pero Falcó es un tipo que cabalga la vida, ha nacido sin ideas, no tiene ese factor moral. Es menos respetable moralmente que Alatriste, pero es más encantador. Es de esos tíos que llegan, se ligan a la tía buena, al tío se lo meten en el bolsillo y encima se llevan el dinero con una sonrisa. Sinvergüenzas encantadores que todos hemos conocido, que si les pillan tampoco salen mal.

-Es interesante que las lealtades también cruzan frentes e ideologías en la novela.
-Es que no he conocido hombres buenos o malos compactos jamás.

-Un ejemplo.
-En Eritrea, en el 77, tuve disentería y me estaba muriendo. Los tíos que me cuidaban, combatientes, lo hacían como si fueran mis hermanos. Se jugaron la vida por mí, por traerme agua para no deshidratarme, pero una semana después los vi matar prisioneros y violar mujeres. Los mismos tíos, mis amigos, que me habían cuidado. El mismo ser humano es capaz de las dos cosas, casi a la vez. Adjudicarle etiquetas morales definidas es peligroso porque somos cambiantes. No hay nada hecho en el ser humano, así que sabiendo eso, ¿cómo vas a repartir etiquetas?

-Me da la impresión que España no vive de otra cosa que de poner etiquetas.
-Lo necesitamos por esa visceralidad, esa infame deformación. Foxá, fascista, luego ya no lo leo. Cercas, rojo, tampoco. Pero es una línea divisoria falsa siempre. No es verdad. En la Guerra Civil tantas virtudes hubo en un bando como en otro, y tanto canalla hubo en un bando como en otro. Lo que pasa es que un bando ganó y duró más… Pero si pensamos en individuos, ¿en qué se diferencia el falangista que dio el paseo a Lorca del miliciano que mató a Muñoz Seca? ¿O el legionario que luchaba en el frente en una trinchera del miliciano que defendía la Ciudad Universitaria? Si miramos los tiros, en nada. Esa es la cuestión, pero en España decirlo es inaceptable.

-Son debates que vuelven, fronteras que se vuelven a poner de actualidad. Tal vez lo cultivan aún nuestros líderes. ¿Por qué?
-Porque se lo ponemos muy fácil. Cualquier persona con un poco de cultura sabe hacer el razonamiento que acabamos de hacer nosotros. Pero es un país gozosamente inculto y no quiere ni sabe salir de la etiqueta ni analizar de una manera superior los conflictos de nuestra vida y nuestra cultura. La incultura necesita etiquetas para identificar los objetos, para poder moverse por la vida. Ya no tiene disculpa que seamos así. El político, que es tan inculto como el que más utiliza esos elementos, a veces con mala intención.

-La novela de espías permite ver bastante bien el mapa con esa mirada.
-Claro, porque ves el lado más sucio y el que tiene más conexiones. Pero no pretendo contar la Guerra Civil, repito, solo pretendo contar la vida de un hombre, de Falcó, que se mueve en ese mundo. Y el espionaje ayuda.

-Como escenario narrativo la guerra aparece también menos maniquea.
-A medida que te acercas a la realidad se complejiza. Pasa en toda guerra civil, la de Nicaragua, la de El Salvador, la de Colombia, los Balcanes, Angola, Mozambique… yo he hecho siete guerras. Desde lejos o desde fuera todo es fácil: buenos y malos, los serbios malos y los croatas buenos, los sandinistas, los nacionales y los republicanos dependiendo del lado que estés… Aquí está claro, unos militares rebeldes y una república legítima. Pero cuando te acercas todo se diluye.

-¿Por qué?
-Porque ahí hay seres humanos, no ideas. Somo seres humanos complejos, ambiguos, llenos de zonas grises. Ahí entran factores como: ¿Puede ser valiente un falangista, un miliciano anarquista? ¿Puede ser cobarde un republicano, un legionario? ¿Es igual de idealista un joven de 18 años comunista… o un falangista? Solamente cuando has estado en la situación real lo captas. Y ahí es donde se mueve esta novela.

-A pie de guerra.
-En esa realidad, no en las ideas que la inspiran. Es que a mí la Guerra Civil no me la han contado con dos tuits y cuatro lugares comunes de tercera mano en un mitin político. Me la han contado los testigos. Primero, yo he vivido siete guerras, que es algo. Pero es que nací en 1951, así que también me la han contado quienes la vivieron, de niño he visto edificios que aún tenían huellas de metralla. Mi padre la hace con los republicanos, siendo de buena familia; mi tío Lorenzo también, de la quinta del biberón, vuelve con 19 años, de sargento, herido en combate y habiendo peleado en los combates más duros. Mi suegro, que era de izquierdas, lucha con los nacionales y fue también herido. Eso es la guerra civil. Ibas a ver a la novia, te pillaba de viaje y caías en un bando o en otro. El drama es ese. Y luego está la época.

-La novela se entretiene en los detalles, la gestualidad, el lenguaje, los «complementos» que dibujan una época.
-Yo he visto a mis padres, era un estilo, vestirse de una manera, cruzar las piernas, atarse la corbata, saludar como mi abuelo levantando el sombrero. Toda esa manera de entender la vida la he presenciado de niño, aparte de las lecturas. Yo leía a la luz de un quinqué en casa de mi abuelo. 'Falcó' es una novela de primera mano.

-¿También se nota en la oscuridad, en todo lo que ocurre a oscuras en la novela, desde peleas a coitos?
-Claro. El ser humano actual está acostumbrado a dar al interruptor y que se encienda la luz. Pero eso no era así. En la guerra se vive en oscuridad y en oscuridad las relaciones humanas son diferentes. Hay matices, voces, gestos, situaciones y sensaciones que la oscuridad define. Quería rescatar esa oscuridad.

-¿También lo ha vivido en las guerras como reportero?
-Mira mi brazo izquierdo, tengo dos cicatrices en la muñeca que me hice en Mostar, durante un combate, corriendo de noche, con el cristal roto de una ventana. Sucedió a oscuras, me lo clavé, y notaba cómo corría la sangre y empapaba mi mano, una hemorragia que me taponó un soldado que estaba conmigo allí mismo. A él no lo vi, pero recuerdo su olor a sudor y grasa de armas, y su voz. El hombre evitó que me desangrara. Esa vivencia de guerra y oscuridad también es material de primera mano en esta novela.

-Esa mano empapada se la ha prestado a Falcó.
-Sin luz el hombre no se comporta igual.

-Por el sigilo.
--Por muchas cosas. Una agudeza de otros sentidos que no se da con la luz. La luz también nos ha hecho peores en algunas cosas.

-¿Algo le ha resultado difícil en especial?
-No, como digo hay mucha experiencia directa en los hechos de la novela, incluso lo más duro, la tortura, muerte, violación, peligro, sangre, incertidumbre… recurro a mi propia memoria. Llevo ya treinta años escribiendo, se cumplen ahora, así que tengo además una cierta práctica. Digamos que me he manejado con soltura en este terreno.

-Hablemos de las mujeres del libro. Hay una visión objetual de muchas de ellas, encuentros sexuales meramente físicos, pero también es cierto que la camaradería se cruza con las lealtades a algunas de las mujeres protagonistas de una manera sorprendente.
-Falcó tiene la visión del momento en el que vive y porque es un depredador de mujeres, un golfo y un mujeriego. Pero es capaz también de apreciar otra cosa: la mujer poderosa, intelectual y físicamente poderosa. Hay un respeto entonces que se basa en la camaradería hacia la mujer que él entiende como igual, que pelea o dispara como tú. Esa mujer está en todas mis novelas, mucho más capaz para enfrentarse al dolor, a la tortura y al fracaso, con más coraje moral, más energía y resistencia que los hombres. Aquí hay dos de ellas. Cuando Falcó está ante ellas cambia su concepción, surge un respeto de camarada y una lealtad que va más allá del sexo e incluso del amor. Reconoce a una de los suyos.

-¿Cambia las reglas?
-En el siguiente episodio se entenderá mejor.

-Los encuentros sexuales abundan y son de una urgencia casi de guerrilla.
-Son como tienen que ser entre el tipo de personajes que estamos hablando en esta novela. Y de la época. Esa alemana nos habla de la época, en la que, no se olvide, los totalitarismos tienen el prestigio, la palabra nazi lo tiene, como el fascismo. Nada es como ahora. Ni el sexo ni nada. No tiene sentido el feminismo como el que conocimos después o el que vemos ahora. Los nazis, por ejemplo, habían modernizado Alemania y no se sabía nada del Holocausto. La percepción de Falcó es la de 1936, que era muy distinta a la de 1946, cuando se destapó el tema de los campos de exterminio. Lo cuento todo desde esa mirada exactamente. Y lo mismo diríamos del comunismo, que compartía ese prestigio. Eran sistemas de referencia en su momento.

-¿Qué querría que vean los lectores en la novela?
-Es una novela de aventuras, quiero que vean al personaje. No es una novela tipo Dashiell Hammett, Raymond Chandler, etcétera. Es más en un tono Somerset Maugham o Eric Ambler. Ni siquiera podemos pensar en Le Carré o Fleming, que son posteriores. Refleja un mundo injusto que tenía que desaparecer, y que de hecho desapareció muy justamente. Pero para un narrador ese mundo de totalitarismos es fascinante. Entiéndalo: trenes, mujeres misteriosas, fronteras, pasaportes falsos, conspiradores, lugares oscuros, hoteles glamurosos, muerte, esperanza, convulsiones políticas. Mover al lector ahí es el objetivo. Le digo: acompáñeme en una aventura por ese mundo. Espero haberlo conseguido.

-Las ruinas de es mundo vuelven a humear, y regresan ideologías por toda Europa de ese porte...
-No creo que sea un resurgimiento. Creo que la tentación totalitaria está ahí en la historia de los hombres, desde los textos de Homero, Suetonio o Tito Livio. Cuando todo se va al carajo la gente acaba mirando al que tiene la fuerza, al que va a poner orden. Ahora no vuelve el fascismo o el comunismo, no se repite solo el nazismo, sino fuerzas que ya estaban en la antigua Roma. En realidad, en la literatura y en la historia, todo ha ocurrido ya. Si lees el teatro griego ya estaba todo contado. Periódicamente durante la historia -nos ocurre también con Shakespeare, Dante, Virgilio…- se recuperan los viejos temas de siempre y se ponen a funcionar otra vez. Y eso ocurre tanto en cuanto a la literatura como en tanto a la historia. Y pasará más veces, dentro de dos o tres generaciones surgirán espartacos, césares, hítleres y chúrchiles.

-Hay una frase de Escipión sobre la vida militar que se repite en la novela ¿no cree que hay que extenderla hoy a la vida civil?
-Esa frase no está ahí por casualidad. En la novela sale dos veces. La hice mía cuando la leí hace cuarenta y cinco años. Es de las que ha guiado mi vida como reportero y como novelista: «En asuntos militares no tiene disculpa decir "no lo había pensado"». Como habrá entendido, cuando digo asuntos militares me refiero a asuntos de vida. Lo debemos aplicar. En asuntos importantes de vida no tiene justificación ninguna decir que algo no lo habíamos pensado.
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Consuela saber que nadie a quien amas se quema en lo que arde. http://adacaramelada.blogspot.com.es
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Rogorn
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Registrado: Feb 01, 2007
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MensajePublicado: Mie Oct 19, 2016 12:28 pm    Asunto: Responder citando

“Los políticos que nos gobiernan reflejan nuestras propias vilezas”
Entrevista de Fernando García - lavanguardia.com - 19/10/2016

Arturo Pérez-Reverte retorna hoy a las librerías con nueva novela y nuevo personaje. Es Falcó, un aventurero y un espía sin escrúpulos que en los primeros meses de la Guerra Civil asume una peligrosa e importante misión para el frente de los nacionales sin pertenecer a él… ni a nadie. En esta entrevista, el exitoso escritor advierte contra las lecturas simplificadas, maximalistas y políticamente correctas de guerras pasadas o presentes que, vistas desde un confortable Occidente del siglo XXI, tienden a juzgar a los implicados con excesiva facilidad y a encasillarlos bajo etiquetas reduccionistas. También subraya Pérez-Reverte que, para bien y para mal, los políticos que nos gobiernan no son sino un fiel reflejo de nosotros mismos.

-El personaje de su nueva novela, Lorenzo Falcó, no tiene bando salvo el suyo propio, más algunas lealtades…
-Que son muy pocas.

-¿Diría que es un mercenario, o un aventurero que se adapta a los tiempos?
-La palabra mercenario no es correcta. Yo creo que es un aventurero; un tipo de buena familia, elegante, simpático y bala perdida. El típico que de más joven fue un tronado al que expulsaron de casa para que se buscara la vida y no les metiera en jaleos. Le va la adrenalina y le va la marcha. Le gustan el lujo, las mujeres y el peligro.

-Y se hace espía.
-Sí. Porque hacerse espía es para él una puerta a la aventura, las mujeres y ese mundo que le gusta vivir.

-¿Hasta dónde llega su identificación con el personaje?
-Nadie pone lo que no tiene: ni en una novela ni en una película ni el amor ni en la vida. Ahora bien, yo soy un escritor profesional. Utilizo puntos de vista de mis personajes y es así como los creo. Falcó no soy yo ni de lejos. No tengo nada que ver. Lo que pasa es que hay una cierta mirada mía; una forma de ver el mundo, la violencia, el peligro y la incertidumbre, que sí se la presto yo.

-La mirada del mundo que vio en su época de corresponsal de guerra.
-Claro. Cuando hablo de violencia y de torturas no me lo estoy inventando ni lo he leído en libros; estoy recurriendo a mis recuerdos personales. Hay una parte de mi biografía que me facilita contar ese tipo de situaciones. Falcó se beneficia del conocimiento íntimo de ese tipo de situaciones por mi parte, pero no tengo nada que ver con él: yo sí tengo reglas morales, códigos e incluso ideologías.

-Esas torturas y ejecuciones se basan entonces en lo que usted ha visto
-La sensación que te deja el haber presenciado la violencia te permite entender a los que la practican. Yo he visto a gente que practica la violencia. He tomado copas con ellos, he convivido episodios con ellos y algunos son amigos míos. Esa experiencia directa me es utilísima a la hora de crear personajes; me da un plus de realismo y de rigor. Para un lector de 20 años, el mundo de Falcó es prehistórico, pero para alguien de mi generación es un mundo personal. Yo he conocido gente como él, que vestía, caminaba y fumaba como él. Y mujeres como las que salen en la novela. Hay una familiaridad, a través de fotos y recuerdos en primera persona, que me permite reconstruir esa época con mayor fidelidad.

-El protagonista de la novela no se implica ideológicamente: una opción inusual. ¿Es, también, una apuesta arriesgada en este país?
-Me da igual. Yo hago novelas para cuarenta países, no sólo para éste. No todos mis lectores tienen heridas de la Guerra Civil española. Además, no hay ninguna obligación de que los personajes tomen partido por un bando u otro. Tenemos efectivamente una mala costumbre en España, en el sentido de que todo personaje, incluso de ficción, debe tomar partido porque, si no lo hace, provoca rechazo a unos u otros.

-A eso me refería.
-Recordemos que en la Guerra Civil había una inmensa parte de la población que estaba atrapada entre unos y otros sin participar ni de éstos ni de aquéllos. Por otra parte, yo no quiero razonar ni debatir sobre la Guerra Civil. Cuento una historia que tiene en ella uno de los telones de fondo, pero no me pongo a explicarla y desarrollarla. Es como si Joseph Conrad se hubiera puesto a contar las guerras napoleónicas cuando escribió 'Los duelistas'.

-Lo de la gente atrapada entre dos fuegos ¿sigue ocurriendo?
-Claro. Continuamente. En la realidad, en la vida... No hablo sólo en España. Yo he visto siete guerras civiles. Y la mayoría siempre está atrapada en medio. Mira ahora en Siria.

-Me refería a España ahora, en tiempos de paz.
-Sí, también. El problema está desde los extremos siempre se exigen etiquetas: "¿Usted qué piensa? ¿Es de los rojos o de los azules? ¿A quien vota?". Pues mire usted: ¡es que yo puedo ser de ninguno! Con Falcó ocurre eso, que es su propio bando y punto.

-La acción de la novela transcurre alrededor de una traición cainita. ¿Es sólo un motivo literario o también el espejo de nuestra Historia?
-Quiero insistir en que con esta novela no pretendo otra cosa que contar una historia (no la Historia). Ni pretendo que el lector comprenda la Guerra Civil ni hago un estudio del alma humana en los distintos bandos; ni siquiera busco trazar un fresco de la Europa de los años treinta. Son las aventuras de un personaje que me interesa mucho y procuro que resulte lo más apasionante posible para el lector. Utilizo los ingredientes que me convienen como narrador y no tengo ningún objetivo moral ni ético histórico ni ideológico ni social ni político.

-¿Tampoco quiso hacerlo con el capitán Alatriste?
-Ahí sí. Ahí pretendía explicar una España de antes para dar algunas claves de nuestra Historia y entender la España de ahora. Pero Falcó es una novela en el sentido puro de la palabra.

-De todas formas, ¿cuánto cree que queda, en la España de hoy, del conflicto que pone telón a la acción de Falcó?
-Yo creo que lo que queda es falso.

-¿En qué sentido?
-Los que sabían lo que fue la Guerra Civil han muerto o están muriendo. Ahora, a la Guerra Civil se la conoce de segunda mano. O de tercera. O por cuatro tuits. Los testigos directos están desapareciendo. Y eso es peligroso. Porque, cuando una generación que no tiene la conexión de relato oral ni de rigor documental sobre un conflicto como ése maneja un asunto tan serio como lo fue aquél, corre el riesgo de moverse a ciegas y, justamente, de caer en las etiquetas fáciles. La visión que hay ahora de la Guerra Civil adolece de la conexión oral que te daban los testigos Y no es lo mismo que te la cuente Santiago Carrillo o que te la cuente Juan Carlos Monedero.

-¿Hay indicios de falsificación?
-No es eso. Porque tampoco creo que haya mala fe; incluso hay buena fe, y éste es un matiz importante. Lo que hay es una distancia y unas lagunas narrativas, ideológicas y sociales, que han hecho perder en gran medida la perspectiva de lo real en lo que a la guerra se refiere.

-En la novela hay violencia, sexo y alcohol a espuertas. Sin medias tintas, ¿no?
-No tiene complejos, no.

-Es deliberadamente extremo, entonces.
-Sí, porque la vida es extrema. Una cosa son las relaciones sociales de la gente en momentos normales. Pero en momentos de crisis, de aventura, de guerra y de caos, es decir de peligro, la corrección social y política se diluye. Palabras como ética, bondad, amor y solidaridad no tienen importancia. Priman otras como violencia, depredación, supervivencia, odio, rencor, ajuste de cuentas… En ese mundo, el matar, torturar, violar, mentir, depredar… es algo natural. Por eso en la novela estas acciones se cuentan con naturalidad.

-Es el esfuerzo por ponerse y situar al lector en el momento.
-Claro. Lo que no podemos hacer, y es un error muy frecuente en este confortable y mal acostumbrado Occidente, es juzgar con nuestros ojos políticamente correctos del siglo XXI, de aquí y ahora, los momentos de crisis, violencia y barbarie, sin darnos cuenta de que allí la mirada es diferente. No podemos aplicar nuestros criterios allí. Hay lugares donde por apoderarse de un vaso con dos dedos de agua te pueden cortar el cuello. Y es tan natural que nadie se pone a explicarlo o debatirlo. Gracias a que he estado allí, puedo con cierta facilidad plantearlo de esa manera natural que yo sé que es. Y así el lector lo ve con la mirada de allí, no de aquí.

-Cuando dice “allí” se refiere tanto a aquella España como a este Alepo, ¿verdad?
-Sí. Y yo estuve veintiún años en ese “allí”. Ayer estaba viendo en la tele a una mujer de Alepo o de Mosul, la verdad es que no estoy seguro, cuyo hijo había quedado ciego por una mina. Y pensaba: es la misma mujer, el mismo niño; son los mismos. Siempre es la misma historia. Estuve allí y no puedo ver ese vaso de agua como lo ve Paris Hilton, esa es la diferencia.

-Para un novelista es una ventaja, ¿no?
-Para ser el novelista que quise ser y soy, una gran ventaja sin duda. Paris Hilton se me escandalizaría porque ¡cómo va a matar nadie por un vaso de agua! Y yo le respondería que no entro en si es bueno o es malo, sino que constato que por ese vaso de agua sí que se mata.

-Falcó es muy diferente de Alatriste.
-Porque Alatriste tiene códigos, y Falcó no tiene ninguno.

-En todo caso, el capitán dio mucho de sí; para unas cuantas novelas. La pregunta es si también hay Falcó para rato.
-No sé. Dependerá de los lectores y de mis ganas. Me lo he pasado bien con esta novela. Tanto, que quiero hacer otra, por lo menos.

-Falcó también es cinematográfico.
-Sí, y ya me lo han pedido para una película y he dicho que no.

-¿Por el tipo de propuesta o por el hecho en sí? ¿Va a decir siempre que no?
-No sé. Con Alatriste tardé diez años en decir que sí… Con esta novela, le aseguro que de forma inminente ni hablar.

-¿Por qué?
-Por muchos motivos. Si a un personaje el espectador le pone cara prematuramente, le quita su propia versión. Una película es la obra de un lector, en este caso el director, que hace su interpretación del personaje. Y esa interpretación puede no coincidir con la mía y la que que quiero que tenga el lector en general. Pero el cine y la televisión tienen mucha fuerza. Así que prefiero que el personaje esté asentado, como ocurrió con Alatriste, y cuando lo esté, si es que se asienta, ya veremos qué ocurre con él.

-Hace más de un año, usted declaró que en nuestro sistema los gobiernos y los políticos representan lo que somos. ¿Lo mantiene después de todos los escándalos y el lío que hemos presenciado y seguimos viviendo? ¿Tenemos lo que nos merecemos?
-Sí. Los políticos son nuestro reflejo, salen de nosotros. No son marcianos que han venido en un patillo volante. Los generamos nosotros y encarnan nuestras ambiciones, nuestras vilezas e infamias. También nuestras esperanzas y nuestras solidaridades. Lo que tenemos de bueno y malo lo encarnan ellos. Si no, no estarían ahí; los elegimos nosotros.
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Ada
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MensajePublicado: Mie Oct 19, 2016 4:24 pm    Asunto: Responder citando

"El mundo se ha hecho un lugar más vulgar"
Europa Press - 19/10/2016

Arturo Pérez-Reverte se pasa a la novela de espionaje con 'Falcó' (Alfaguara) y traslada al lector a los años 30 de una España convulsa amenazada por la Guerra Civil, una época que fascina al autor ante la "enorme vulgaridad" que campea, a su entender, en las sociedades actuales. "El mundo se ha hecho más vulgar, y no se trata de clases de elegancia ni de élites con dinero, sino de la dignidad humana. Hoy en día cuando viajo veo a gente con chanclas y calzoncillos, todos haciendo lo mismo con el teléfono, y lo único que le queda al novelista es revivir esos personajes que hicieron interesantes estos lugares", ha señalado en una entrevista con Europa Press el escritor.

Es por eso que Pérez-Reverte viaja hasta la España de los años de la Guerra Civil, invitado por un "escenario fascinante" que en ocasiones ha sido denigrado. "La gente siempre asocia el espía español a una cosa cutre y sórdida, pero aquí hubo espías que se movieron en ambientes elegantes internacionales. La palabra "español" no obliga a que todo sea cutre, casposo y garbancero", ha afirmado.

Falcó, un espía "amoral, mujeriego y cínico, pero también elegante y simpático", deberá adentrarse en la España republicana para ejecutar una misión que tendrá como principal objetivo la liberación de Primo de Rivera. Para ello, el protagonista se rodeará de tres infiltrados que le ayudarán a lograr su plan, en una historia en la que "casi todo transcurre en la penumbra". En cierta manera, Falcó podría verse como una continuación de uno de los personajes más emblemáticos creados por el autor, el capitán Alatriste, si bien matiza que entre ambos hay enormes diferencias. "Falcó es profundamente amoral, a diferencia de Alatriste, que es un héroe cansado con códigos morales", ha apostillado. La idea de Reverte ha sido la de no contar con un protagonista que representara las "etiquetas" de una determinada época. "España es un país profundamente inculto que necesita etiquetas para aclararse, pero yo quería mover a mi personaje por una zona ambigua. Este espía es un lobo en un mundo de corderos, y a mi no me interesan para nada los corderos", ha explicado.

En este sentido, ha reiterado la importancia de que en una guerra no se hable únicamente de buenos y malos. "Tengo una ventaja, y es que a mí las guerras civiles no me las han contado, porque he estado en siete. Cuando estás fuera de la guerra sí es posible decir eso de buenos y malos, pero cuando te acercas con la cámara, ya no está tan claro, porque te encuentras con seres humanos", ha añadido.

De nuevo en su novela aparecen personajes femeninos "muy revertianos", en los que la mujer parece mostrar más valentía que los hombres. "Con los años he descubierto que la mujer tiene un coraje superior a los hombres en situaciones de crisis o peligro. Aguantan mejor las tragedias, y son razones históricas, biológicas y genéticas: han sido muchos siglos siendo víctimas del hombre", ha lamentado.

Pérez-Reverte se confiesa como un lector "muy tradicional" en cuanto al gusto por la novela negra o de espionaje -cita a John Le Carré o Frederick Forsyth entre sus favoritos- y no está interesado en el actual 'boom' del género, gracias principalmente al impulso de la novela nórdica. De hecho, uno de los principales defectos que ve en las actuales novelas es el hecho de que la tecnología "lo resuelva todo" y deje únicamente "un papel casi testimonial" a los hombres. "Para eso me voy a ver una película de Tom Cruise o de la saga de Jason Bourne", ha comentado con humor.

El "placer" que ha sentido el autor a la hora de escribir esta novela le ha llevado a dejar un final más abierto y, por tanto, contar con que habrá más entregas del espía Falcó, seguramente ambientadas en otra época. De hecho, Pérez-Reverte ha reconocido que ya está trabajando en una segunda entrega, aunque sin fijarse plazos.
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Ada
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MensajePublicado: Mie Oct 19, 2016 4:54 pm    Asunto: Responder citando

"En España hay que etiquetar para comprender la realidad"
Carmen Sigüenza - Efe - 19/10/2016

"Estamos a favor o en contra". Esta frase que le dice el protagonista de 'Falcó', la última novela de Pérez-Reverte, a su jefe tras la sublevación militar del 36 en España, le sirve al escritor para provocar un debate sobre la necesidad que hay en España de "etiquetar para comprender la realidad". "He querido definir al personaje con esa frase porque en España estamos acostumbrados a que todo tenga una etiqueta, blanca o negra, y, por supuesto, se niega al otro bando cualquier virtud o defecto al propio. ¿Cómo puede ser que un comunista sea valiente o noble, o al revés? Y con esta novela he querido hacer lo contrario: moverme por la zona gris de la realidad de la vida", dice Pérez-Reverte en una entrevista con Efe. Y es que, tras meterse en la piel de espadachines, soldados, narcos, pintores o grafiteros, el escritor y académico da un paso más para ahondar en un lugar en el que no había estado, la Europa convulsa de los años 30 y 40 del siglo XX y la guerra civil española.

Una novela con espías, luchas de poder, traiciones, violencia y lado oscuro y para la que Pérez-Reverte (Cartagena, Murcia, 1951) ha creado un personaje fascinante y escurridizo, Falcó, con el que inicia una nueva saga de novela de aventuras. Lorenzo Falcó es la nueva creación del escritor y académico, un personaje "muy revertiano", extraficante y espía que trabaja para los servicios de información. Un tipo amoral sin ideología que mata y tortura sin complejos; guapo, elegante, al que le gustan las mujeres, simpático y con facilidad para moverse tanto por los ambientes lujosos como por los lugares más sórdidos y peligrosos. Un espía que en esta primera novela se mueve en las dos trincheras de la guerra civil española, aunque rápidamente Reverte aclara que "no es una novela sobre la guerra civil, sino de personajes". "Pretendo conseguir el lector adopte al protagonista, que los hombres lo quieran tener como amigo y las mujeres se quieran ir con él a la cama, y para ello he tenido que crear mecanismo que hicieran tragable al personaje", precisa.

Un personaje que se mueve entre mujeres inteligentes también muy revertianas y belicosas, en medio de la guerra y en una narración construida con los mimbres de la propia experiencia del autor, que fue corresponsal de guerra durante años y conoce el lado oscuro de la vida. "A mí las guerras civiles no me las han contado, he vivido siete de ellas, y mientras que desde una visión elevada o superior se ven con claridad las causas de los buenos y los malos -eso está claro, Hitler era malo, los serbios eran malos...-, cuando acercas poco a poco el foco a la realidad, a las personas, a los seres humanos, la claridad se difumina, porque ahí, al final, no hay nada más que seres humanos", argumenta el autor de 'El capitán Alatriste'. "¿En qué se diferencia un tío en las trincheras en la guerra civil española en un bando o en otro? ¿En qué se diferencian dos soldados, dos espías, dos agentes soviéticos o americanos en la Guerra Fría? O dicho de otra forma, ¿es menos idealista un falangista de 18 años que un comunista de 18 años?", se pregunta el escritor.

"En los años 30 aún no se sabía lo que había detrás del nazismo y el fascismo -continúa-, no habían aparecido los campos de concentración y exterminio, el lado oscuro. Europa se estaba yendo al diablo y todos los -ismos parecían soluciones, a unos les parecía una solución el fascismo y a otros el nazismo. Aún no habíamos asomado al ser humano a esos lados oscuros de esas posibles soluciones". Y en esta misma línea añade: "El mundo normalmente está en una gama de grises y no en blanco y negro, y por eso esta novela se mueve en ese mundo, en la realidad, o he intentado que así sea", concluye el escritor, al tiempo que asegura que no podría escribir una novela de espías en 2016. "No podría escribir una novela de espías con aparatos técnicos, con drones o móviles de última generación. Prefiero los años 30, hechos con tintas invisibles, con cuchillas de afeitar escondidas en la banda del sombrero; por eso he hecho esta novela", concluye.
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Rogorn
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MensajePublicado: Mie Oct 19, 2016 7:14 pm    Asunto: Responder citando

Arturo Pérez-Reverte les presenta a Lorenzo Falcó, un canalla seductor
Miguel Lorenci - Medios del grupo Vocento - 19/10/2016

Alicante y José Antonio son palabras clave en 'Falcó' (Alfaguara), la nueva novela de Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951). Estrena personaje, Lorenzo Falcó «un mercenario de sí mismo», un canalla, simpático y seductor. Espía sin escrúpulos, traficante de armas, agente a sueldo del mejor postor, listo como el hambre y con ciencia y eficiencia para matar.También estrena época: la Europa en llamas de los 30 y los 40 del siglo XX. En la primera aventura, –habrá más– Falcó cruza en el otoño de 1936 una España que se consume por el odio letal entre rojos y fascistas. Su patria es él mismo. Los bandos de su mundo él y lo demás.

Llega al lector horas después de que el también académico incendiara la RAE con un flamígero duelo a florete con Paco Rico del que no habla. «Lo dicho queda en los papeles». Y lo dicho es grueso y duro. Se han zurrado los académicos con la saña de Quevedo y Lope en una polémica que ahora tratan de enterrar. Escribió Pérez-Reverte a santo de la polémica por cuestiones de género y «su ridículo desdoblamiento» en las aulas que en la docta casa «hay de todo». «Académicos hombres y mujeres de altísimo nivel, y también, como en todas partes, algún tonto del ciruelo y alguna talibancita tonta de la pepitilla», dijo el titular del sillón T. Francisco Rico, titular del sillón p, le contestaba en un artículo en el que se refería a su colega y hasta hace nada parece que amigo como el «alatristemente célebre productor de 'best sellers'» acusándolo además de ser «penosamente sexista».

En su réplica calificó Pérez Reverte de «irrespetuoso y agresivo, venenoso» el texto de Rico y amagó con nuevo golpes. «Quizá en otro artículo, más adelante, si es que el profesor Rico me anima a ello, pueda extenderme con espantables y jamás imaginados detalles sobre el asunto». Ambos quieren ahorra echar tierra y apagarar el intenso fuego verbal al que Rico puso «punto final» con un texto titulado 'Soez insulto'.
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Rogorn
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MensajePublicado: Mie Oct 19, 2016 7:21 pm    Asunto: Responder citando

"Falcó pasea por el mundo donde la vida no vale nada"
cadenaser.com - 19/10/2016

Hoy sale a la venta la nueva novela del escritor y periodista Arturo Pérez-Reverte. Se titula 'Falcó' y cuenta la historia de Lorenzo Falcó, un espía sin escrúpulos, ex contrabandista de armas y agente de los servicios de inteligencia que se mueve con extrema habilidad en la Europa del siglo XX.

Arturo Pérez-Reverte se ha asomado a 'La Ventana' para hablarnos de la novela y los entresijos que esconde 'Falcó'. La historia está narrada en los años treinta y cuarenta porque "hoy en día Falcó no funcionaría". Su protagonista es "un sinvergüenza y un golfo, a quien le gusta la aventura y mata sin remordimiento". El periodista ha confesado que escribir una novela con un personaje como Lorenzo Falcó ha sido un desafío porque tenía que "conseguir hacer que el lector aceptara como compañero de viaje a un individuo como él". Pérez-Reverte ha explicado que la novela “no transcurre en ideologías” y que su intención ha sido “traer a nuestro mundo educado el mundo en el que la vida no vale nada”. Poder transmitir todos los aspectos de esa historia de una manera “tan natural que no quite el sueño”. Lorenzo Falcó tendrá una segunda novela en la que Pérez-Reverte ya se encuentra trabajando. El escritor ha declarado que antes de terminar ‘Falcó’ ya sabía que iba a ser una saga: "Me ha puesto muy caliente" ha confesado en 'La Ventana'.

Pérez Reverte también ha estado trabajando en 'Bienvenido a la vida peligrosa', una audioserie de Podium Podcast que verá la luz en los próximos meses y que está ambientada en el mundo del narco.

Audio: http://cadenaser.com/programa/2016/10/19/la_ventana/1476858509_700110.html
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MensajePublicado: Mie Oct 19, 2016 9:39 pm    Asunto: Responder citando

Entrevista en la COPE: http://www.cope.es/player/nombre=entrevista-a-arturo-perez--reverte-miercoles-19-de-octubre-de-2016&id=2016101922010001&activo=10
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Rogorn
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MensajePublicado: Mie Oct 19, 2016 11:07 pm    Asunto: Responder citando

‘Falcó’, de Pérez-Reverte: una novela de espías no apta para dogmáticos
Jesús F Úbeda - acordesmodernos.com - 19/10/2016

Con las novelas de Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) da gusto romper el discurso musical cuasi absolutista de 'Acordes Modernos' –pese a que, cuando nos brindan opciones, hacemos hueco a la Literatura-. El escritor publica 'Falcó' (Alfaguara, 2016), obra que orbita en torno a un espía jerezano, canalla y sin más escrúpulos que los que conciernen a su supervivencia, al que se le encarga la -aparente- misión de rescatar a José Antonio Primo de Rivera de la cárcel de Alicante.
Pérez-Reverte pretendía perfilar a un canalla de los que caen bien, y el lector que se sumerja en la novela comprobará, con avidez, que al autor le ha salido la jugada de lujo.

Falcó es un hijo de puta que encuentra el “clímax perfecto” en los paisajes hostiles, desolados “como la vida misma”, “sin pasado ni futuro”. Cumple con su trabajo, no cree en las causas, folla más que Charlie Sheen. Reclutado por un -el- Almirante, cambia Salamanca -zona nacional- por Vélez-Málaga -zona roja- para ejecutar la liberación del jefe de Falange junto a dos devotos del ideario, los hermanos Montero, más la enigmática Eva Rengel. Desvelar si los personajes consiguen o no su misión… no es tarea mía: acudan al libro.

Prima hermana de sus últimas obras -sobre todo, de 'El tango de la guardia vieja' (Alfaguara, 2012) y de 'La Guerra Civil contada a los jóvenes' (Alfaguara, 2015)-, 'Falcó' ofrece un paisaje visceral y seco de los primeros meses del último conflicto bélico nuestro. Pérez-Reverte se ubica en un -tan añorado en la política y en el periodismo, ay- punto crítico, huye del dogma, de la nostalgia falsa y del sentimentalismo. En 'Falcó', la ideología no entiende de dinero, de traidores o de asesinos. “He hecho muchas guerras civiles, y ahí, lo que hay, es condición humana. En las guerras de verdad puede haber ideas buenas, por ejemplo, los nazis contra los aliados, pero, en la vida personal, el ser humano es siempre igual”, me dijo en la presentación de su último libro.
Así, por un lado, distingue entre las “centurias falangistas que combatían de verdad” y los “patriotas de ocasión” que se afiliaban al Movimiento Nacional para ajustar cuentas; por otro, entre los republicanos “decentes” que “están en la línea de fuego” y entre los que “nunca dieron la cara”, quienes “asaltan las casas con el pretexto de buscar fascistas y arramblan con todo lo de valor que encuentran”. Va otro ejemplo de posicionamiento crítico: si en el bando nacional se produjo “un exterminio sistemático de cuanto oliese a democracia, libertad y ateísmo, con la idea de una nación unida, religiosa y fuerte por encima de todo”, por parte de la República hubo un “disparate de improvisación, oportunismo y demagogia, con las cárceles abiertas el 18 de julio arrojando chusma a las calles (…) y el pueblo armado, soberano en el caos, ajustando cuentas”.

'Falcó' disgustará a radicales diestros y siniestros y sorprenderá -esto no es nuevo; ahí está su bibliografía- a la horda talibana feminista que convierte al escritor en Trending Topic, pero también gustará al lector fiel, al ocasional, al amante de la novela negra y -aunque no lo es- al de la novela política. El libro es de los que imantan, se lee con agilidad, genera nervio y alimenta la duda histórica -¿quería Franco a José Antonio muerto?-. Devórenlo, que leer no duele y es barato.
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Ada
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MensajePublicado: Jue Oct 20, 2016 8:37 am    Asunto: Responder citando

«Las grandes palabras y las banderas me producen suspicacia»
Javier Ors - larazon.es - 20/10/2016

Un tipo duro, un aventurero construido con las fuertes aristas del desencanto y la desilusión, de los que encajan con ironía el balazo definitivo o sonríen con pesar al ver pasar su destino subido a unos zapatos de tacón. Arturo Pérez-Reverte se ha sacado de la chistera de la imaginación un personaje sin ataduras morales ni escrúpulos, un vividor sin más lealtades que él mismo ni más propósito en el horizonte que llegar vivo a la mañana siguiente. Un ángel caído de la burguesía y de las familias con pasta, uno de esos muchachos que han aprendido a domesticar el miedo en el yunque del peligro y los riesgos; un espía, un contrabandista de armas, un golfo simpático que emerge de esa marea de recuerdos y fantasmas que han dejado los conflictos armados en la conciencia del novelista, de todas esas imágenes que aún sobreviven en la confusa retina de su memoria. Su nombre es Falcó, un héroe del siglo XX para el siglo XXI, que el escritor ha arrojado sin compasión a las brasas de la Guerra Civil española, a un conflicto donde los hombres aprendieron a pelear como bestias contra sus propios hermanos.

–Un nuevo héroe.
–Mis novelas son siempre de héroes. Lo que sucede es que evolucionan a medida que yo envejezco y, por eso, estos héroes cambian su punto de vista, sus circunstancias, el entorno en el que se desenvuelven y hasta sus actitudes. Mis héroes arrancan de los libros que leí de joven, pero pasados por la experiencia de reportero de guerra, que filtró al héroe ingenuo de mi infancia, le quitó su inocencia y lo convirtió en uno realista.

–¿Cuál es la diferencia entre Falcó y Alatriste?
–Alatriste tiene aún una moral porque ha tenido fe en palabras como honor, patria y bandera que, después, la vida le ha ido quitando. Alatriste se aferra a los restos del naufragio de sus ideas. Pero Falcó nace totalmente amoral. Es un espía, un aventurero al que le gustan las mujeres, un hombre sin escrúpulos.

–¿Ninguno?
–En apariencia. Esa actitud no moral, y no digo «inmoral» ese desapego de los ideales y las causas caracteriza a Falcó. A diferencia de Alatriste, Falcó no fue inocente ni cuando era pequeño.

–¿Cómo son los héroes de hoy?
–Como los de mis novelas. El héroe ha perdido su inocencia y el lector con él. Las palabras que antes se escribían con mayúsculas ahora se redactan sin ellas. Los héroes de antes movían masas; ahora a nadie. Pero el héroe y el heroísmo seguirán existiendo mientras existan el valor, la dignidad y la coherencia.

–¿Cuándo las palabras perdieron la mayúsculas para usted?
–Mis 21 años como periodista en conflictos bélicos hicieron una saludable poda de las palabras con mayúscula. Perdí la inocencia en la guerra respecto a mí y los demás. La guerra me hizo madurar, me afiló la mirada y con esta mirada escribo novelas.

–¿Y la consecuencia de todo eso ha sido...?
–Cuando uno deja de creer en el hombre, de forma colectiva, no de manera individual, necesita otras cosas en las que creer. Yo creo en los libros, los amigos y los perros y en los niños... hasta que empiezan a crecer.

–La guerra, ¿un buen tiempo para la mala gente?
–La guerra proporciona impunidad; la guerra, para los oportunistas, los demagogos, los cobardes, para los que corren a arrimarse al bando del vencedor, que son centenares, ofrece impunidad. La guerra es un buen momento para, sobre las ideologías y las causas, ajustar cuentas con el que odias: el juez, el sastre, el adversario, el enemigo, el vecino. Lo he visto, no me lo han contado. He presenciado ajustes de cuentas implacables en los Balcanes, en El Salvador, en Nicaragua, en Rumanía. En la guerra aflora lo que la sociedad convencional, la educación, la cultura y el miedo al castigo mantienen a raya.

–No se casa con nadie en esta novela.
–Cuando vives una guerra de cerca, te das cuenta de que el discurso de alto nivel puede ser ideológico. Ahí sí intervienen las ideologías. Pero cuando bajas a las trincheras, no hay más que seres humanos. Jamás he visto a nadie morir por la patria o la bandera; los he visto morir por el compañero, por dignidad, miedo, sobrevivir, vergüenza. En la trinchera son todos iguales, no hay buenos ni malos. Este contacto con la trinchera, con la vida real, me dio escepticismo respecto a las grandes causas. Las grandes palabras y las banderas me producen una saludable sospecha, suspicacia. Falcó es el fruto de esto. Falcó no cree en las causas, se mueve al nivel de los seres humanos, siendo él parte del horror.

–Sin códigos...
–Bueno, aunque es amoral, mis héroes siempre tienen un código al que atenerse más tarde o más temprano. Es lo que los redime, sino serían desalmados. Y Falcó, que es más oscuro y áspero que el resto, tiene algo de esto.

–¿Qué le duele más de un conflicto bélico?
–Los ancianos y los niños, pero con una diferencia: los ancianos me daban menos pena. Ellos han vivido y en buena parte son responsables de su destino, mientras que los niños no tienen culpa de nada. Algunos ancianos, además, son culpables de la guerra. Por eso me producen más compasión los niños. Fuera de la guerra, lo único que me enternece de verdad son los niños y los perros.

–Da una visión imparcial de la contienda del 36.
–Tengo una ventaja, no la he leído, me la han contado los testigos. Mi padre hizo la guerra, mi tío y mi suegro, también. Tengo una versión de primera mano. No es una versión ideológica de tercera mano completada con dos tuits y dos lugares comunes de unos o de otros; es una versión directa, completada con mi experiencia de la guerra; no soy un teórico. Cuando hablo de la guerra sé de qué hablo, tanto de la Guerra Civil española como de otras. Cuando nací, todo estaba allí. Las huellas de la metralla, las pintadas, los refugios antiaéreos. En un solar podía leer: «Viva Largo Caballero».

–¿Y cómo definiría la Guerra Civil española?
–La palabra lo dice: «española»; la palabra «español» implica envidia, vileza, infamia, insolidaridad, brutalidad e incultura. Eso fue la Guerra Civil. La palabra «española» la define perfectamente.

–Demasiadas venganzas.
–En los dos bandos hubo oportunistas que no fueron al frente y se quedaron en la retaguardia. Hay un montón de gente con la camisa azul y el mono miliciano que aprovecharon para ajustar cuentas, matar, robar y violar. El bando de Franco ganó y por eso lo hizo por más tiempo. En Nicaragua o el Líbano he visto personas con uniformes que en el nombre de la revolución o del Gobierno mataron, robaron y saquearon.

–También hubo buenos actos.
–Pero no se dice. Lo de adjudicar virtudes a un bando y quitárselos totalmente al otro me parece una barbaridad. Los franquistas negaban toda virtud a los rojos y cuando llegó la democracia, los del bando nacional eran todos criminales ajenos a cualquier virtud. Y no era así. No es verdad. En los dos lados hubo héroes y canallas. Es muy español negar al otro hasta el valor. Esta estupidez es lo que más daño hace.

–¿Qué opina hoy de las ideologías?
–Son necesarias. Otro asunto es que la ideología te ciegue y te impida el diálogo con el que tiene una idea diferente. Las ideas no son malas, es malo el fanatismo, que impide intercambiar ideas con normalidad. Estoy contra la estupidez y el fanatismo. Junto la incultura, son los tres factores esenciales que hay en todas las guerras. A eso hay que añadir la crueldad intrínseca del hombre.

–¿Todavía está presente la Guerra Civil en nuestra sociedad?
–Lo que está presente es una estúpida parodia de buenos y malos que el fanatismo, la incultura y la demagogia presentan como tal.

Sencillamente, la historia de un espía. Hace hincapié, pide que se subraye que esto no es un libro sobre la contienda del 36, que su propósito sólo es «contar la historia de un espía», una novela que «enganche al lector para que lo pase bien. No quiero explicar la Guerra Civil a nadie». Pero Arturo Pérez-Reverte, sincero, claro, admite que discrepa de la versión que los políticos dan de este enfrentamiento: «No me gusta, me parece despreciable; costó mucho trabajo, y buena voluntad, sentar enfrente a adversarios de la Guerra Civil. Que Carrillo estuviera sentado con Fraga fue una hazaña democrática admirable, y que eso ahora se olvide y se desprecie es irresponsable y suicida». Luego añade una aclaración sobre la ideología de su personaje: «Él está de su lado. Cuando su jefe le dice que se han sublevado los militares, Falcó responde: “¿Estamos a favor o en contra?”. Eso sitúa su ideología. Mi suegro, que era de izquierdas, luchó con los nacionales y fue héroe de guerra; mi padre y mi tío, que eran de buena familia, con los republicanos. Eso que cuentan de que fue el pueblo contra los señoritos, ricos contra pobres, no está claro». Pérez-Reverte, no obstante, está preparado para que le critiquen de un lado y otro: «Sé que va a ocurrir. Lo tengo previsto y lo espero con una divertida expectación».

¿Por qué libros de aventuras? El autor de 'El club Dumas' no recurre a argumentos ni teorías meditadas con antelación. Él prefiere ser directo y no andarse por las ramas: «No sé si son necesarios para la humanidad. Pero para mí, y los que son como yo, sí. Necesitamos esa incertidumbre que te lleva a pasar la página, ver a los compañeros que sigues adentrarse en territorio hostil; no conocer lo que va a suceder, si esa empresa va a terminar en victoria o en fracaso. Nunca he pretendido hacer mejor a la humanidad escribiendo novelas. Sólo quiero hacer la vida de los demás más agradable. Pero eso sí, intento escribir novelas de aventuras complejas, con muchas derivaciones».
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Ada
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MensajePublicado: Jue Oct 20, 2016 8:47 am    Asunto: Responder citando

«Ni escribo ni hago novelas sobre corderos. Siempre sobre lobos»
Entrevista de Miguel Lorenci - Colpisa - 20/10/2016

Alicante y José Antonio son palabras clave en 'Falcó' (Alfaguara), la nueva novela de Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951). Estrena personaje, Lorenzo Falcó, «un mercenario de sí mismo», canalla y seductor. Espía sin escrúpulos, traficante de armas, agente a sueldo del mejor postor, listo como el hambre y con ciencia y eficiencia para matar. También estrena época: la Europa en llamas de los 30 y los 40 del siglo XX. En su primera aventura, -habrá más- Falcó cruza en el otoño de 1936 una España que se consume por el odio letal entre rojos y fascistas. Su patria es él mismo. Los bandos de su mundo: él y los demás. La entrevista se produce horas después de que el también académico incendiara la RAE con un flamígero duelo a florete con Francisco Rico del que no habla. «Lo dicho queda en los papeles».

-¿Quién es Lorenzo Falcó?
-Es un lobo. Solo toma partido por sí mismo. Matar, morir, engañar, mentir o seducir son sus herramientas naturales de supervivencia. Ni escribo ni hago novelas sobre corderos. Siempre sobre lobos. Es cruel, asesino, torturador, sin ideología, misógino, desalmado, canalla, sin escrúpulos, amoral y mujeriego. Vivimos en un mundo buenista de amables ovejas y olvidamos que los lobos acechan. Que la vida no vale nada en la mayor parte del mundo.

-Falcó es su propia patria. ¿Cuál es la de Pérez- Reverte?
-Los libros. Mi biblioteca, esos quizá 30.000 libros que encierran todas las claves. La memoria, el origen, la explicación, el consuelo, la felicidad, la compañía. La biblioteca me reconcilia con el mundo. Shakespeare, Virgilio, Conan Doyle, Dumas, Stendhal o Mata Hari me ofrecen mundos alternativos y con sentido. ¿Cómo hacen quienes no leen para sobrevivir en la vulgaridad en la que vivimos?

-Cuánto más retorcido tiene el colmillo sus lobos, ¿más disfruta?
-Sí. 'Falcó' iba a ser una única novela. A medida que llegaba el final me lo estaba pasando tan bien que decidí seguir con este tipo. Dejé el final abierto para seguir con dos o tres más.

-¿Es un Alatriste del siglo XX?
-Alatriste tuvo fe y se la quitó la vida. Le quedan códigos. Falcó no tiene códigos. Es amoral. Una bala perdida, un chico bien, golfo, guapo y elegante que se busca la vida como un aventurero. Para Alatriste la aventura es una consecuencia obligada. Para Falcó una elección. Como dice John Dos Passos, Falcó ve en el infierno un poderoso estimulante. Es un mercenario de sí mismo. Cuando su jefe le dice que se han sublevado los militares, él pregunta: "¿estamos a favor o en contra?".

-¿Le ha regalado alguna de las cualidades de Pérez-Reverte?
-Ni cualidades ni defectos. No soy Falcó. No soy cruel ni tengo su actitud ante las mujeres ni ante de la vida. Hay cosas en las que creo. Tengo escrúpulos, códigos y lealtades. Él no. Sí le he dado una forma de mirar el mundo. Su escepticismo ante la grandilocuencia, las grandes frases y la demagogia. Esa es mí mirada.

-Es más ágil y directa que sus otras novelas.
-Es una novela de espías canónica. No es negra. No caben digresiones. Requería brevedad, concisión, diálogos cortantes, secos y rápidos. Pero por debajo hay muchas ideas. No es Hammett, ni Chandler, ni Ian Fleming, ni Le Carré, ni Forsyth. Acaso Eric Ambler, Somerset Maugham o el primer Graham Greene.

-De no haber visto a la muerte de cara y lo peor del ser humano, ¿escribiría novelas?
-Desde luego que no. Escribo con la mirada y la lucidez amarga que aquella vida me dejó. Con unas pocas palabras nobles y que aún respeto, como dignidad, lealtad, honradez, coraje, valor, amor. Perdí el respeto por palabras como patria, Dios o bandera. La vida las ha triturado. Con esos restos del naufragio amueblo mis novelas y mis personajes.

-Escribir le ha serenado, dice. ¿De no ser escritor...?
-Estaría navegando. O en un burdel de Bangkok o de Beirut dando la matraca y contándole mi vida a un joven reportero como el que fui. No quise acabar así y por eso me dediqué a escribir. Las novelas no fueron una vocación. Fueron una solución. Me salvaron. Me libraron de un destino ineludible.

-Además de buenos enemigos, que ya los tiene, ¿qué le pide a la vida?
-En la guerra aprendí que las largas agonías hacen perder la compostura. Solo me inquieta que la edad, la merma de facultades o la enfermedad me hagan perder la compostura. Me da miedo. Fuera de eso no me preocupa nada. Me he hecho mis enemigos minuciosamente. Te ayudan a mantenerte despierto y alerta. Como navegar. Pero tengo amigos leales hasta la muerte que darían la vida por mí. Y tener sus amigos también te hacen sentirte muy bien.

-Insiste mucho en que no es una novela sobre la Guerra Civil.
-La Guerra Civil es el fondo. El decorado son los años 30. Ni etiqueto, ni debato ni explicó la guerra. Falcó se pasea por la guerra española como se pasea por la Europa de los fascismos, el nazismo el comunismo o el socialismo. Un mundo que cruje y se desmorona. España es una parte de la Europa y aparece en la novela.

-¿Se distancia de la guerra y se aproxima a sus actores?
-Cuando ves los grandes conflictos desde arriba entiendes claramente. Los franquistas, rebeldes. La República, legítima. Hitler, malo. Churchill, bueno. Stalin, bueno entonces, malo después. Pero cuando te acercas ves seres humanos. No hay etiquetas que valgan. ¿Es más idealista un joven de 18 años comunista que uno falangista?. Si están pegando tiros en un trinchera, uno con camisa azul y otro con gorrita de miliciano, ¿es uno más respetable que el otro? Solo lo ves cuando te alejas. Aquí no hay buenos ni malos. Todo el mundo mata y tortura.
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Rogorn
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MensajePublicado: Jue Oct 20, 2016 9:36 am    Asunto: Responder citando

Pérez Reverte equipara a las victimas del fascismo con las del antifascismo
cuestionatelotodo.blogspot - 20/10/2016

Arturo Pérez-Reverte, protegido y archipublicitado por los medios de propaganda del capital a cambio de defender el sistema engendrado por el franquismo en el largo y sangriento parto de la Transición, ha vuelto a demostrar su sumisión a quienes le hacen vender libros o vivir de los suculentos beneficios de poner el culo sobre una letra del castellano en la Real Academia, equiparando, en su última entrevista sobre su último bodrio literario -folletín que se desarrolla durante la agresión nazi-fascista a la República Española de 1936 a 1939-, a las víctimas del fascismo con las del antifascismo:

"En la Guerra Civil tantas virtudes hubo en un bando como en otro, y tanto canalla hubo en un bando como en otro. Lo que pasa es que un bando ganó y duró más… Pero si pensamos en individuos, ¿en qué se diferencia el falangista que dio el paseo a Lorca del miliciano que mató a Muñoz Seca? ¿O el legionario que luchaba en el frente en una trinchera del miliciano que defendía la Ciudad Universitaria? Si miramos los tiros, en nada. Esa es la cuestión, pero en España decirlo es inaceptable".

El fascista vergonzante y plumista atrabiliario Pérez-Reverte dice, además, que "en España es inaceptable" un discurso como el suyo, aireado a los cuatro vientos, eso sí, en la prensa empresarial. Miente. Un discurso como el suyo es inaceptable en Alemania o en Austria, donde la equiparación artera y falaz de fascismo y antifascismo le habría llevado directamente al banquillo de los acusados. Y si él, en España, puede decir semejante cosa es porque la clase social que alentó y apoyó el golpe fascista del 36 es la misma que a él le ha metido en la Academia de la Lengua y le paga sus artículos.

¡Pérez Reverte, fascista!
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MensajePublicado: Jue Oct 20, 2016 2:38 pm    Asunto: Responder citando

"Un niño con un machete es lo más peligroso del mundo"
Jesús Fernández Úbeda - libertaddigital.com - 20/10/2016

Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) nos cuenta, con una especie de entusiasmo juvenil, que su última novela, 'Falcó' (Alfaguara, 2016), fue concebida mientras veía 'Esta noche o nunca', "una obra maestra, con Gloria Swanson, cuando todavía estaba guapa, y Melvyn Douglas". "En un momento –explica–, el personaje de Swanson le dice a su amiga: 'Es un caballero, pero no es un caballero'. Y pensé: '¡Diablos! Esa es la novela que voy a escribir'".

El escritor se lo pasó "muy bien" con esa parte de 'El tango de la guardia vieja' "en que aparecen espías fascistas, el glamour…" y, aprovechando la publicación más reciente de 'La Guerra Civil contada a los jóvenes', apartó otra obra "que tiene que ver con el ajedrez" y parió una novela de personaje, una especie de anti-Alatriste que dará para saga: "Alatriste es un hijo de puta moral. Es decir, la vida le ha quitado grandes palabras, ilusiones, devociones, y lo ha dejado en un mercenario espadachín que, sin embargo, conserva una actitud moral ante la vida, una dignidad personal. Falcó es un sinvergüenza desde que era pequeño, no hay moral en él. Es un tipo simpático, golfo, sin escrúpulos, se te mete en la cama, te vende la torre Eiffel".

El gran desafío: conseguir que el lector aceptara al personaje, "que el hombre quisiera irse de copas con él a lo largo de 300 páginas, y la mujer meterse con él en la cama". Para eso, Pérez-Reverte aplica lo que él llama la "etiqueta R": "A mí, la vida me ha quitado muchas palabras, pero me ha dejado cuatro o cinco: valor, dignidad, lealtad, solidaridad y, a lo mejor, amor. Según. Con eso hago las novelas. A Falcó le he dado algunos de ellos para rehabilitarlo moralmente, para darle una proyección ética que permita que ese hijo de puta sea soportable".

La acción transcurre en la España de 1936, en los cuatro meses que siguen al levantamiento del 18 de julio perpetrado por el bando nacional. Al comienzo de la novela, nos sorprende un detalle:

-En la página 13, escribe "Generalidad catalana". ¿Es un detalle políticamente incorrecto? Ahora, lo que se lleva en los medios patrios es escribir Palau, Girona, etc.
-No, es un detalle real. No puedo aplicar la mirada del siglo XXI a cosas de los años treinta del siglo pasado. No puedo forzar la Historia ni la terminología. Es como poner un guardia civil en Cataluña en los años cuarenta y que se llame Jordi. No había ni uno. Si todo el mundo la llamaba "Generalidad", no la voy a llamar "Generalitat". Hay un rigor obligatorio en las cosas. Era consciente de que el mundo de esta novela es muy distante de este: los valores, los puntos de vista… hasta el feminismo. No podía falsear. Lo que he hecho ha sido traer a mis lectores de ahora la mirada de aquel mundo.

El paisaje que muestra Falcó ha sido retratado desde una posición crítica, lejos de dogmas, nostalgias de cartón y sentimentalismos populistas. Del mismo modo, por ejemplo, que se refiere a las "centurias falangistas que combatían de verdad", también habla de "patriotas de ocasión" que se afiliaban al Movimiento Nacional para ajustar cuentas. En el otro bando, también encontramos comparaciones similares: si bien hubo republicanos "decentes" que "están en la línea de fuego", también existieron los que "nunca dieron la cara" y asaltaron "las casas con el pretexto de buscar fascistas y arramblan con todo lo de valor que encuentran". La condición humana no entiende de sexos o ideologías:

-El personaje de Sánchez-Kopenick dice que todo se arregla con dinero, que en cuanto "oyen sonar un duro todos gritan ¡mío!… Parece mentira lo rápido que comunistas y libertarios le han cogido el gusto al vil metal". Eso se puede extender a todos.
-Eso no es de ahora, ni de España. Eso es la condición humana. Tampoco podemos ser injustos y atribuir a España lo que es un rasgo característico del ser humano, desde que tuvo el primer fuego en la caverna o el primer botín que repartir con su tribu. Es antiguo, es viejo. No es el panorama español lo que ha hecho surgir 'Falcó'.

En 'Falcó', Pérez-Reverte reivindica a la mujer de la época –"Es un momento en que, aún, el nazismo y el fascismo no tenían mala prensa. Había gente honrada que creía que eran soluciones para un mundo caótico"–. El autor recuerda que hubo "mujeres comunistas y falangistas y requetés que tuvieron un papel muy destacado". "En momentos de crisis, catástrofes y grandes tragedias, y eso no me lo han contado, la mujer tiene unas reservas de coraje muy superiores a las del hombre. El hombre corre al esprint; la mujer, la maratón", añade.

-¿Puede un ser humano encontrar el "clímax perfecto" en un paisaje hostil, "desolado como la vida misma", "sin pasado ni futuro" y liberado "hasta la pulcritud absoluta de cuanto no era útil para la inmediata supervivencia"?
-Hay gente que sí. Por eso incluyo la cita al principio de Dos Passos: "El infierno, en realidad, es un poderoso estimulante". Hay seres humanos que se quedan quietos y otros que se mueven. Hay hombres y mujeres a los que la aventura y el peligro les pone calientes. Falcó es de esos. Un tío que sigue jugando. Hay hombres para los que jugar es importante. Yo sigo jugando. Escribir novelas es como seguir jugando: ser pirata, ballenero, cowboy… Javier Marías, en otra manera de escribir, hace lo mismo. Para Falcó, la aventura es un estimulante. Le pone el peligro. Yo sé lo que es eso. Llegar al hotel por la noche y decir "nos han dado bien, pero aquí estamos". Sentirse así es muy singular. Falcó comparte esa manera de ver la vida.

En este ecosistema, Pérez-Reverte sitúa a una figura muy interesante:

-Escribe que los "verdugos inocentes" son los más peligrosos.
-También los he conocido. Un niño con un machete en África es lo más peligroso del mundo. La inocencia te lleva a la crueldad. Yo hablo de allí, no de aquí. Vivimos en un lugar falso, con un confort ideal. Esto es una ficción. Cualquier momento vienen las Torres Gemelas, terroristas, un tsunami o una gripe asiática, y nos demuestran que estamos equivocados. Allí, que es donde el mundo real transcurre, y Falcó lo sabe, un verdugo inocente es mucho más peligroso. Es el que hace el mal sin ser consciente de que lo hace o pensando que lo hace por un bien, por una idea noble. Y los he visto tantas veces. Todos los inocentes son crueles en su inocencia. ¿No os habéis fijado que los niños son los animales más crueles del mundo? ¡La vida los va llevando a lugares razonables, pero los mecanismos intelectuales psicológicos de un niño son de una crueldad y una honradez! El problema está en que el honrado puede ser muy cruel. La honradez te hace ser cruel e implacablemente objetivo. El niño es muy honrado intelectualmente. Con esa lógica que tienen, los cabroncetes, te van a desmontar los argumentos…

En este sentido, Pérez-Reverte dice que Falcó "no es un hijo de puta al cien por cien" y destaca el "orgullo" del personaje: "El orgullo es una virtud; la soberbia es un defecto. La gente con orgullo, que equivale con dignidad, se levanta y pelea. Insisto: los he visto, no me lo han contado. Falcó, por no hacer, como decís ahora, spoilers, no actúa por ideas". "Es el héroe que a mí me gusta. Los otros no me los creo, no puedo. Los héroes que actúan por grandes palabras, por patrias e ideas, no me los creo. He visto siete guerras civiles y una docena más de las normales, y nunca he visto a una sola persona morir o combatir por la patria, la bandera o una idea", agrega.

Cuando quedan cinco minutos para que termine el encuentro, el autor vuelve al argumento del mundo ficción: "Sé que esto es falso, un decorado, que es Venecia. En cualquier momento, un tío puede decir 'Allahu Akbar' y volarse. Sé que la tragedia, la cruel simetría implacable de la naturaleza está aquí. Yo, de momento, estoy bien, pero sé que no puedo estarlo. Esa certeza se resume en una cosa. El día que descubrí que me iba a morir, con 20 años, en una guerra, cambió mi vida. La Humanidad sigue en dos grupos: los que saben que van a morir y los que no lo creen".

Finalmente, evita una pregunta sobre la polémica con Francisco Rico –"No sé de qué me hablas. ¿Qué es eso?"–, y sí que se moja a la hora de mezclar literatura y música con un nombre concreto:

-¡La que se ha montado con el Nobel a Dylan! Usted escribió en un artículo que le gustaría nombrar a Joaquín Sabina académico. ¿Lo mantiene?
-Llevo años queriendo meter a Sabina en la Academia. Lo mantengo.
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MensajePublicado: Vie Oct 21, 2016 8:43 am    Asunto: Responder citando

"No me creo a los héroes de grandes banderas. Son milongas"
Karina Sainz Borgo - vozpopuli.com - 20/10/2016

Arturo Pérez-Reverte regresa al siglo XX. Acaso mordido por el encanto que ya asomó en 'El tango de la Guardia Vieja', el escritor y académico de la RAE retoma aquel mundo de entreguerras, aquel lugar cruzado por fascistas, nazis, bolcheviques, espías y contraespías. Ese mundo en el que elegantes hombres y mujeres beben una copa en un trasatlántico de lujo mientras, en los sótanos de algún calabozo, alguien defiende su derecho a no recibir un balazo en la cabeza. Eso es 'Falcó' (Alfaguara), la nueva novela de Arturo Pérez-Reverte, un libro que coloca en los hombros de un personaje una historia de aventura y espionaje en la Europa de los años 1930 y 1940. Sus lectores pueden estar seguros: Lorenzo Falcó ha llegado para quedarse. Sólo hay que escuchar a Pérez-Reverte hablar de él para darse cuenta de que no va a dejarlo escapar y que hará de él una serie, una de la que ya prepara -por cierto- segunda entrega.

Ex traficante de armas y mercenario, Lorenzo Falcó -un hombre elegante, mujeriego, canalla y aventurero- será contratado como espía para cumplir una misión que puede cambiar por completo la España en guerra del 18 de julio de 1936. Pero ésta, aclara Pérez-Reverte, no es una historia sobre la Guerra Civil Española. "Es una novela de personaje", dice en una entrevista concedida durante la promoción de la novela, que acaba de llegar a las librerías. Lorenzo Falcó podría perfectamente disputar a Alatriste el trono de los héroes revertianos: hombres y mujeres que, como Ulises, vencen en el escarmiento y vuelven a casa con sangre bajo las uñas. El jerezano protagonista de esta entrega comparte un aire de familia con las otras criaturas ideadas por Pérez-Reverte. Ya sea el Diego Alatriste de los tercios de Flandes; el Jaime Astarloa de 'El maestro de esgrima' o Coy, el marinero sin barco de 'La carta esférica', a todos los une cierta continuidad: los redime en esa lucha que libran contra el mundo y contra sí mismos.

En Falcó todo es combate, hasta las escenas de amor. Sin embargo, y a pesar de la dureza de su mercenario y mujeriego espía, Pérez-Reverte le ha dado a Falcó aquello que la vida le ha dejado a él después de años de cubrir guerras, más de veinte en total. "Falcó está dotado lo que casi todos mis personajes, un complejo y retorcido sistema de lealtades (…) La vida me ha quitado muchísimas palabras, pero me ha dejado cuatro o cinco: valor, dignidad, lealtad, solidaridad y amor, y con esas hago novelas. De esas cinco que me quedan le he dado algunas para rehabilitarlo moralmente y hacerlo soportable".

Sobre la naturaleza quebrada de sus personajes, y acaso sobre las razones de esta novela que promete convertirse en serie, habla Arturo Pérez Reverte. Lo hace sentado en un amplio sofá neoclásico, de espaldas a un ventanal con vistas a la plaza de Neptuno. Afuera, llueve a cántaros. Lo cierto es que el escritor y académico, artillado con esa lengua que ametralla, habla de este libro así como de los combates que libra, o de casi todos, porque sobre su intercambio de palabras con el académico Francisco Rico, de eso: ni una palabra. "No sé a qué se refiere. ¿Qué intercambio de textos? ¿Qué discusión?", responde, sobreactuando, para salirse con la suya.

-Pasamos de los 'Hombres buenos' a este mercenario y ex traficante. ¿Qué significa la irrupción de Falcó? ¿Es una versión siglo XX de Alatriste?
-Alatriste es un hijo de puta moral. La vida le ha quitado grandes palabras e ilusiones. Y lo ha convertido en un mercenario espadachín que sin embargo conserva una actitud, una ética y una dignidad personal. Falcó no. Él es un sinvergüenza, desde pequeño. No lo mueve la patria, sino las aventuras, las mujeres (que le gustan mucho, evidentemente), el dinero, el glamour, el ir y venir. Las de Falcó son lealtades sin ética, porque él es un amoral.

-Sin embargo, en un momento en el que todos pelean su propia guerra, alguna entereza y hasta nobleza posee.
-Falcó está dotado con lo que casi todos mis personajes: un complejo y retorcido sistema de lealtades. Si algo caracteriza a mis personajes y cualquier lector de mis novelas es capaz de reconocerlos, de ver esa etiqueta, la R de Reverte. La vida me ha quitado muchísimas palabras, pero me ha dejado cinco: valor, dignidad, lealtad, solidaridad y amor, y con eso hago novelas. De esas cinco que me quedan le he dado algunas para rehabilitarlo moralmente y hacerlo soportable.

-Siendo un personaje de los años 1930 , Falcó está en sintonía con este momento mercenario que vivimos.
-No lo había pensado, y si así es. No ha sido deliberado. A ver, Falcó me importaba como personaje. No se trata de la Guerra Civil, que es un telón de fondo, porque esta historia pudo comenzar en cualquier sitio y Falcó podría haber tenido cualquier otra nacionalidad. Desde que escribí 'El tango de la Guardia Vieja' me había quedado con un montón de historias, desde aquella Europa fascista, pasando por el glamour, la Costa Azul... Me habría gustado dedicarle más tiempo en aquella novela a aquel contexto, pero por economía narrativa no pude. Y ahora es el momento.

La acción se desencadena en la España de 1936, justamente durante los cuatro meses que siguen al alzamiento del 18 de julio perpetrado por el bando Nacional -comandado por Francisco Franco- contra la República; los días más sangrientos de aquella contienda. Contratado por la Falange, Lorenzo Falcó debe cumplir una misión en territorio enemigo: liberar al líder falangista José Antonio Primo de Rivera, prisionero de la República en la cárcel de Alicante. Tres personajes lo acompañarán en esta tarea: los hermanos falangistas Ginés y Caridad Montero y una enigmática mujer: Eva Rengel. Más que una pieza en esta historia, ella es un peso en la balanza, un personaje decisivo que, según explica el propio Pérez-Reverte, resume el espíritu de una "mujer de la época", una mujer con tanta sangre fría y arrojo como Falcó, un hombre que no ha venido a esa España a tomar posición, aunque todos se la reclamen.

Repartidos en ambos bandos, a los ingenuos y a los canallas; a los que medran y trafican; a los que se redimen en una trinchera y los que se aprovechan en la retaguardia, a todos esos, Falcó ya los ha visto, ya los conoce. Por eso algo distinto recorre las páginas esta historia, una novela en la que Arturo Pérez-Reverte retoma sus temas principales -el combate, la valentía, el arrojo, la mezquindad, la redención- en una versión todavía más fibrosa de sí y más concentrada de sí mismo.

-A Falcó, por muy mercenario que sea, la inmolación de los Ginés o el valor de Eva lo conmueven. Por mucho que no tenga moral.
-Sí, Falcó tiene rasgos de compasión. Su cinismo y su actitud dura ante la vida reconoce ciertas cosas. Porque el punto es que él no es una mala persona. La vida lo ha endurecido, pero eso no quiere decir que no sea sensible a ciertos sentimientos como la ingenuidad, el valor… Son cosas que lo conmueven. No es un hijo de puta al 100% y eso se va demostrando en la novela.

-Falcó ve con escepticismo a aquellos que no combaten, porque los consideran aprovechados. Incluso, cuando tiene un gesto heroico lo mueve más el orgullo.
-Yo a esos héroes que se mueven y que actúan por grandes palabras, por banderas… ¡no me los creo! Yo he visto siete guerras civiles y una docena de las normales y nunca he visto a una persona morir o combatir por la patria o por la bandera, jamás. Los he visto combatir por el compañero, por orgullo, por supervivencia, porque la vida te ha puesto ahí y tienes que pelear. Eso de "Viva Nicaragua" lo dicen los que van en la retaguardia, pero el que está en la trinchera pelea por la lealtad de grupo. Lo demás son milongas.
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MensajePublicado: Vie Oct 21, 2016 8:52 am    Asunto: Responder citando

"El presente es vulgar"
Jerónimo Andreu - eluniversal.com.mx - 21/10/2016

Arturo Pérez-Reverte pone cara de decepción: “El presente a menudo es vulgar. Por eso no hago muchas novelas actuales. Hasta los malos son vulgares. Los ricos son vulgares, los pobres son vulgares”. Por eso el autor español regresa con 'Falcó', su último bestseller (Alfaguara), a un pasado de perfume romántico. En ocasiones anteriores han sido los espadachines del Siglo de Oro o los soldados que lucharon contra Napoleón; en ésta, su vehículo para saltar atrás en el tiempo es Lorenzo Falcó, un antiguo traficante de armas convertido en espía para el bando franquista durante la guerra civil española (1936-1939). Un aventurero que no conoce los dilemas morales o “un auténtico hijo de puta”, como lo describe Reverte, “pero con el carisma de esos sinvergüenzas con los que todos los hombres quieren irse de copas y las mujeres a la cama”.

Reverte presenta el libro en el hotel Palace de Madrid ante corresponsales internacionales. “Nos estamos todos homogeneizando en la vulgaridad”, protesta: “Mis novelas son una oportunidad para refugiarme un par de años en un mundo que me interese. Por eso quiero escribir sobre sitios en los que pueda estar a gusto”. Su querencia por la historia clásica de aventuras lo desanima ante las posibilidades literarias que ofrece el presente del espionaje. “Ahora son todo telefonitos, drones: eso es una gilipollez; para eso me voy a ver una película de Tom Cruise”, rezonga. Frente a la aridez del presente, el paisaje por el que pasea Falcó es el de los trenes nocturnos, las mujeres fatales, los barman de hotel, “la tinta invisible, las cuchillas ocultas en la banda de un sombrero, los pasaportes falsos...” Elementos capaces de arropar el tipo de conflicto que interesa a su autor, emparentado con los cinco valores que él considera capitales: “Dignidad, valor, lealtad, solidaridad y amor”.

“Yo no diría que "clichés" sea el término más adecuado”, responde a las preguntas de 'El Universal' sobre los ingredientes con que cocina su nueva obra: “Quería hacer una novela canónica: una novela de espías como marcan los cánones. Existen unas normas: descripciones breves, dureza... Es un trabajo muy bonito cuando te pones condiciones. Pero nunca se había escrito de un espía español ni tan desalmado, poco vinculado a una causa”. La inspiración le llegó al ver la cinta 'Esta noche o nunca' (1931): “Cuando Gloria Swanson, tras pasar una noche con un hombre, dice "es un caballero, pero no es un caballero", empecé a pensar en un espía que entrara en esa definición”. Falcó es el resultado, y en torno a él se construye un elenco perfecto para mostrar los dobleces de su carácter: un jefe duro, una mujer aún más dura, algún villano y la misión de rescatar de una cárcel de la República a José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange española.

Tan a gusto está Reverte en ese territorio que el mecanismo de la novela hace presagiar una saga que compita con la multimillonaria Alatriste. Los personajes y el desenlace parecen dispuestos a la continuación. El autor lo confirma: “No sé si Falcó tendrá tanto recorrido como Alatriste, pero habrá una novela o dos más. Una segunda, seguro, porque la he empezado ya”.

No son sus únicos proyectos lanzados en 2016, en el que cumple 30 años de carrera como novelista. También tiene en cartera una radionovela escrita a cuatro manos con Guillermo Arriaga a partir de una de sus novelas más exitosas, 'La Reina del Sur', ésta sí es una historia contemporánea, de violencia y pasión. Como las de antes.
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MensajePublicado: Vie Oct 21, 2016 3:40 pm    Asunto: Responder citando

"Una novela no está para educar"
Carlos Rubio Rosell - milenio.com - 21/10/2016

Dignidad, lealtad, valor, solidaridad y amor son los elementos fundamentales con los que Arturo Pérez-Reverte ha escrito su obra narrativa. “Es el aire de familia de mis novelas”, afirma, “los elementos con los que yo trabajo. Y virtudes que no se pueden comprar”.

El escritor español dice a 'Milenio' que con eso ha tejido su nueva novela, 'Falcó', historia protagonizada por un ex contrabandista de armas, un hombre “amoral sin patria ni principios, un torturador, un asesino, un mujeriego y un tipo sin escrúpulos”, que se mueve en una geografía de intereses cruzados: la Europa de los años treinta y cuarenta del siglo pasado, donde se enfrentaban ideologías y bloques geopolíticos. Allí Pérez-Reverte introduce a un espía sui géneris: Lorenzo Falcó, un hombre que, dice, “no sigue ese juego; no tiene ideología y se mueve transversalmente en ese mundo”.

El desafío era, por tanto, “conseguir que los lectores quieran seguir al personaje en sus aventuras por ese mundo, algo que trato de que ocurra mediante el contrapunto de él, que es también simpático, encantador, guapo, elegante, con un sonrisa devastadora”, porque hacer un espía con una ideología sólida, agrega, “es algo que ya se ha hecho mucho en la literatura. Ésta es una novela lúdica, que no pretende debatir ni intelectualizar la escena histórica, sino pasear al personaje por un escenario de fondo convulso para que el lector viva una aventura apasionante donde haya emociones, suspense, intrigas y lances”. El literato explica: “Una novela no está para educar, debatir ni tomar compromisos morales, aunque hay autores que lo hacen perfectamente si quieren, y yo los respeto. Yo tengo compromisos morales en algunas de mis novelas, como en 'Hombres buenos', pero en 'Falcó' no ocurre lo mismo y no suscribo lo que dicen mis personajes, aunque sí comparto una mirada escéptica sobre el mundo y la condición humana, sobre el mundo como lugar cruel, la vida como lugar hostil, y la muerte y la violencia como cosas naturales al hombre”. Dice el literato: “Yo he conocido gente de muchos tipos, encantadora y malvada, y la que es las dos cosas a la vez. He visto torturar, matar y ese tipo de cosas. En mi álbum de fotos personal existen esas memorias. Y a eso he recurrido, así como a la literatura, porque no escribo solo con documentación, sino también con experiencia personal. Y hay otro factor: yo nací en 1951, y llegué al final de esa fiesta trágica y luminosa que fue la Europa que desapareció con la Segunda Guerra Mundial. Esta novela se nutre de esas fuentes primarias”.

El autor revela que, tras la escritura de 'El tango de la guardia vieja', se dio cuenta de que había aún muchas cosas que narrar sobre aquellos años. “Y un día, viendo una película de los años treinta titulada 'Tonight or Never', Gloria Swanson dice: ‘Es un caballero, pero no es un caballero’, y sonríe. Y de pronto, al oír esa frase, se me apareció Falcó y empecé a pensar en un espía que encajase en esa definición”. Por esa razón, el detalle que define a Falcó en esta novela, señala Pérez-Reverte, “tiene lugar cuando el jefe de los servicios de información le dice: ‘Se han sublevado los militares’. Y Falcó dice: ‘¿Estamos a favor o en contra?’. Eso define perfectamente al personaje, porque a él no le importa la idea que mueve la aventura, sino la propia aventura que está por venir”.

Hay un personaje que equilibra la presencia de Falcó: Eva Rangel. “Es una mujer capaz de pelear como los hombres, de medirse en igualdad con ellos. Falcó la reconoce y, por tanto, la respeta. Es muy característica de algunas de mis novelas, porque yo parto del principio de que donde los hombres se derrumban las mujeres aguantan. Y es que para mí la mujer, por razones biológicas, sociales e históricas, tiene un coraje, una inteligencia y una tenacidad frente al desastre, muy superiores a las de los hombres”.

El escritor comenta que se ha atenido al canon de la novela de espías, aunque “modifica, manipula y trafica con otros elementos fuera de él. Pero en cuanto a la extensión, el ritmo narrativo, los diálogos cortantes, las disquisiciones breves y precisas, era necesario atenerme a las normas del canon, pensando en autores como Dashiell Hammett, Eric Ambler, Somerset Maugham o Graham Greene, y dejando de lado a otros como Ian Fleming, John Le Carré o Frederik Forsyth, más que nada por el ambiente que se respira en mis autores canónicos”. El ambiente de esa época es lo que más ha disfrutado, pues “hacer una novela de espías de hoy es una vulgaridad, y para eso es mejor ver una película de Tom Cruise porque ahora todo se hace con la mierda de los telefonitos móviles, los drones, las computadoras, los satélites, etc. Pero en los tiempos que describo había tintas invisibles, mujeres que llevaban en el liguero una daga, sombreros con cuchillas de afeitar para degollar al enemigo, falsos pasaportes, y encontrar un teléfono era una aventura en sí. Ese ambiente era el que quería proponer al lector y en el que quise vivir los doce meses durante los que la escribí”, concluye.
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MensajePublicado: Vie Oct 21, 2016 3:42 pm    Asunto: Responder citando

Dossier oficial de prensa de Alfaguara en pdf:

http://www.icorso.com/FALCO/PRENSA/DOSSIER%20ALFAGUARA%20FALCO.pdf
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MensajePublicado: Sab Oct 22, 2016 9:24 am    Asunto: Responder citando

'Falcó', de Arturo Pérez-Reverte
César Coca - elcorreo.com - 22/10/2016

La serie 'Alatriste' aún no ha terminado. Van siete entregas y, si hacemos caso a la relación de títulos que figuraba en la primera entrega, faltarían al menos dos más. Antes de que el falso capitán muera en Rocroi, en el último volumen de la serie, Arturo Pérez-Reverte ha creado un nuevo personaje: Falcó. Lorenzo Falcó. Un espía que trabaja para los servicios de inteligencia de Franco en los primeros meses de la Guerra Civil, pero que antes traficó con armas, sirvió a la República y vivió algunas experiencias al límite en escenarios conflictivos de la vieja Europa.

Falcó comparece ante el lector como un cínico con una elemental tabla de valores: primero, él; después, él; y si aún le queda espacio libre para ocuparse de otros asuntos, indagará en sí mismo para ver si es posible hacer algo más por Falcó. Su jefe es el Almirante, que lo reclutó ya hace unos años tras debatirse entre si debía hacer que lo mataran o contratarlo para que hiciera para él determinados trabajos. Sucios, por supuesto.

En esta primera aventura debe encaminarse de Salamanca, donde está el mando central de los rebeldes, a Cartagena, zona republicana. Allí, junto a un grupo de falangistas movidos por sus ideales pero con poca experiencia de combate, ha de organizar la liberación de un famoso político que está preso en la cárcel de Alicante. Y no hace falta dar más datos porque ustedes ya saben de quién se trata.

El personaje evoluciona a lo largo de la novela y el lector descubre que tras el tipo duro y sin escrúpulos hay algo más, un espíritu "revertiano" que aflora en algunos momentos de manera muy evidente. 'Falcó' es una novela de aventuras con diálogos cortantes al mejor estilo de las películas de Humphrey Bogart, que termina conteniendo algunas reflexiones sobre la amistad, el poder y el valor de ciertas reglas, por pocas que sean. Un Reverte en estado puro, identificable en cada página de la novela, que gustará a sus muchos lectores. Y que no tardaremos en ver llevado al cine.
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MensajePublicado: Sab Oct 22, 2016 12:40 pm    Asunto: Responder citando

22.10.2016 - Entrevista en RNE (audio, 28 minutos)
http://www.rtve.es/alacarta/audios/no-es-un-dia-cualquiera/no-dia-cualquiera-arturo-perez-reverteel-remordimiento-rarisimo-ser-humano/3767178/
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