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'Falcó' (2016)
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Birdy_Edwards
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Registrado: Feb 22, 2010
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Ubicación: Port Royal

MensajePublicado: Dom Oct 23, 2016 3:24 pm    Asunto: Responder citando

¿Cual será la novela que ha dejado aparcada, en estado avanzado, para escribir Falcó?.
¿La de intriga en el siglo XIX , de la cual comentó un pasaje de dos personajes hablando sobre un libro perdido?...
_________________
Duermo entre libros, sueño despierto
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Rogorn
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Registrado: Feb 01, 2007
Mensajes: 13445

MensajePublicado: Dom Oct 23, 2016 7:17 pm    Asunto: Responder citando

Carta a Pérez-Reverte: Para vender libros no todo vale
Mercedes Valdivia - xyzediciones.com - 22/10/2016

Dada la imposibilidad de contactar con usted, tengo que hacerlo a través de la prensa donde de forma muy profesional se mueve a sus anchas; sabe manejar a los medios de comunicación de forma admirable y tiene la fortuna de tener a muchos seguidores en este país, lo cual no es tarea fácil y le felicito por ello.

Siempre le he admirado como escritor y por ser una persona políticamente incorrecta; sin pelos en la lengua. Ahora bien, para vender libros, no todo vale. Siempre he dado por hecho, que aunque usted escriba novelas y en muchas ocasiones con un trasfondo histórico, siempre se ha documentado a la perfección como buen periodista que es. Estoy convencida de que está acostumbrado a que sus intervenciones y escritos generen polémica, no sé si de forma consciente o inconsciente. El resultado es desde luego que aumenta su popularidad y con ello la venta de libros. ¿Es quizás una técnica de marketing? Usted lo sabrá. De lo que estoy convencida es que hay líneas que no se pueden cruzar y antes de hacer cualquier tipo de declaraciones que pueden resultar hirientes y ofensivas, hay que estar muy documentado y seguro de lo que se dice.

En una entrevista que le han realizado en el diario 'ABC' el 19 de octubre del presente año, resaltan su entrevista con el titular: «¿En qué se diferencia el falangista que mató a Lorca del miliciano que mató a Muñoz Seca? En nada». Ante mi más absoluto asombro me doy cuenta que usted no conoce esta parte de la Historia de España tan sangrante e importante y me voy a permitir el lujo de responder yo a esa pregunta, ya que usted dice EN NADA. De esta forma la próxima vez que le pregunten sobre el tema tendrá más información y quizás tenga la humildad de retractarse.

A Lorca no le interesaba para nada la política, era un tema que obviaba. Era un ferviente republicano, pero se hizo y se sigue haciendo una apropiación indebida por parte de la izquierda de la figura de Lorca porque jamás militó en ningún partido político, ni de izquierdas ni de derechas. Sus amistades eran muy amplias, desde Falange hasta los partidos de izquierdas; es decir que Lorca para nada era político, ni le interesaba la política. El 14 de julio de 1936 llegó a casa de sus padres en Granada, donde también vivían los hermanos Rosales. El mayor, José, era fundador de Falange y Jefe Provincial; mientras que Luis Rosales era también falangista y poeta como Lorca. Conocido suyo desde 1930.

El 9 de agosto, irrumpió un grupo de gente armada, que eran sus propios primos Miguel y Horacio Roldán. Durante el registro fue maltratado el padre de García Lorca; es en este momento cuando los padres deciden que se esconda en casa de los hermanos falangistas Rosales con la idea que allí iba a estar seguro. Nadie se iba a atrever a ir a esa casa a detener a Lorca, algo erróneo porque aquel 16 de agosto del 36 se presenta Ruiz Alonso, Juan Luis Trescastro y Federico Martín Lago con la idea de detener a Lorca. Quien lleva el protagonismo es Ruiz Alonso, que no conocía las rencillas personales que mantenía la familia Roldán y deseosos de quitarles poder y prestigio a los hermanos falangistas Rosales. Estamos hablando de un crimen, de una vendetta en familia, pero quien sabía lo que había detrás era Juan Luis Trescastro. En su asesinato confluyen los deseos de venganza de los Roldan hacia sus parientes: la familia de García Lorca.

Un resumen de Luis E. Togores (Instituto CEU de Estudios Históricos), diciendo lo siguiente: en la actualidad sabemos con exactitud por qué fue asesinado Lorca en el verano de 1936. No fue asesinado por ser un poeta de izquierdas, ni por ser homosexual, lo fue por motivos de una vieja disputa familiar que se prolongaba por más de medio siglo. La Fundación Federico García Lorca, en el apartado “Biografía”, relata su asesinato de la siguiente forma: "La tarde del 16 de agosto de 1936, Lorca fue detenido en casa de los Rosales por Ramón Ruiz Alonso, un ex diputado de la CEDA, derechista fanático, que sentía un profundo odio por Fernando de los Ríos y por el poeta mismo. Según Ian Gibson, biógrafo de Federico, se sabe que esta detención “fue una operación de envergadura. Se rodeó de guardias y policías la manzana donde estaba ubicada la casa de los Rosales, y hasta se apostaron hombres armados en los tejados colindantes para impedir que por aquella vía tan inverosímil pudiera escaparse la víctima". ['Federico García Lorca', vol. II, p. 469] Puede usted encontrar más información en este diario, concretamente en los artículos escritos por una servidora denominados 'El asesinato de Lorca y los Falangistas' y el segundo 'Lorca y su amistad con José Antonio y Alberti'. Los García Lorca estaban enfrentados con sus primos los Roldán y los Alba, por temas económicos, familiares y de poder. La Guerra Civil fue el escenario perfecto para ocultar un asesinato que nada tenía que ver con lo que se estaba dilucidando en los campos de batalla de España.

Con respecto al asesinato de Muñoz Seca, le diré que puede informarse con un testimonio de primera mano en un artículo escrito en la Plataforma 2003 llamado '¿Quién mató a Muñoz Seca?' y otro artículo de 'ABC' (el mismo que le publica su entrevista) hay otro denominado '¿Por qué mataron a Muñoz Seca?', del que extraigo el siguiente párrafo: “Los milicianos hacen el resto. A Muñoz Seca lo cazan en Barcelona y lo trasladan como a un animal, a la Modelo de Madrid”: Podréis quitarme la cartera, podréis quitarme las monedas que llevo encima, podréis quitarme el reloj de mi muñeca y las llaves que llevo en el bolsillo, podéis quitarme hasta la vida; solo hay una cosa que no podréis quitarme, por mucho empeño que pongáis: el miedo que tengo. Ya en Paracuellos cambia de opinión y dice a sus asesinos: "Me equivoqué al ingresar en la prisión de Madrid y deciros lo que os dije; sois tan hábiles que me habéis quitado hasta el miedo".

Seguro que usted los sabe, pero intentaré refrescarle la memoria: a Muñoz Seca lo sacaron de la cárcel de San Antón el 28 de noviembre de 1936 junto con otros presos por los milicianos encargados de conducirlos a Paracuellos del Jarama. La orden de saca estaba firmada con anterioridad por el Delegado del Orden Público Serrano Poncela, miembro de las Juventudes Socialistas Unificadas, como su amigo Santiago Carrillo, que firmaba las órdenes en blanco, encargándose los jefes de milicias de poner la fecha y nombres de los ejecutados (hay testimonios de testigos que lo dejaron escrito). El final es espeluznante, pero le dejo a usted el trabajo de investigación, que dicho sea de paso no le costará mucho trabajo encontrar, ya que está al alcance de cualquiera en distintas páginas de internet.

No compare por favor un asesinato con otro, no diga usted que no hay diferencias. A Lorca intentaron ayudarle los falangistas, poniendo en riesgo su propia vida ocultándoles en su casa. Le sugiero que investigue porque hay un antes y un después en los asesinatos cometidos a partir de 1936. Le diré que la mayoría de los falangistas habían sido asesinados entre Madrid y Barcelona, eran unos pocos miles los afiliados y en su mayoría asesinados. ¿Sabe usted lo que son los denominados “conversos”?. Investigue si quiere, probablemente hasta se asombre del resultado.

¿Qué se cometieron atrocidades por ambas partes?. Por supuesto, como en todas las guerras civiles, pero ha ido usted a poner el peor de los ejemplos. Ni a posta le hubiera salido peor. Lorca tenía una gran relación de amistad con José Antonio Primo de Rivera que describe muy bien José Luis Cotta en su libro 'Rosas de Plomo'. Ya podría haber buscado usted otro ejemplo, pero quizás su libro no tendría tanta repercusión, mientras a mí al leer tal barbaridad (como diría Mercedes Fórmica), se me pudre la sangre. Que siga usted cosechando los éxitos que en realidad se merece.
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Rogorn
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MensajePublicado: Dom Oct 23, 2016 7:21 pm    Asunto: Responder citando

Falcó, Lorenzo Falcó. Al servicio del Caudillo (de momento)
Ernest Alós - elperiodico.com - 23/10/2016

Tras haber creado un personaje que alafelizmente ha protagonizado siete novelas de aventuras en los campos de batalla y las tabernas de la España ruinosamente imperial, Arturo Pérez-Reverte ha decidido construir una nueva figura con voluntad de contnuidad. Lorenzo Falcó, un señorito jerezano que se busca la vida, sin ningún tipo de escrúpulos, en el mundo del tráfico de armas y el espionaje durante el convulso periodo que va de los años 20 a los 40. Y en su primera aparición, titulada simplemente 'Falcó' (recordemos el fundacional 'El capitán Alatriste'), el canalla se presenta a las órdenes de los servicios secretos de Franco en otoño de 1936, con un historial que incluye negocios con el IRA, los revolucionarios mexicanos y los rusos blancos al que regresará en sus próximas novelas. Con el asesinato de una agente comunista camino de Barcelona como carta de presentación y un golpe mano en la retaguardia republicana como desafío, y las clásicas novelas de espías como género de referencia.

Habrá quien pueda pensar que Falcó puede ser un Alatriste sin pluma en el sombrero, pistola Luger en lugar de espada y gabardina en vez de jubón. Pero no. "Alatriste está amargado y desilusionado porque ha visto traicionados los ideales a los que servía. Falcó no comparte nada de eso. Mi desafío, mi provocación, era situar en esa Europa pasto de todo tipo de ideologías un personaje amoral, un sinvergüenza oportunista, criminal y torturador pero que resultase elegante, simpático y encantador", responde el creador de semejante perla.

Una escritora de 'best-sellers' históricos femeninos, Sarah Lark, psicóloga de formación, dice que aprovechó a fondo su tesis sobre las fantasías diurnas de las mujeres: cómo querrían ser, qué aventuras querrían vivir. ¿Ofrece 'Falcó' (Alfaguara), ese canalla ante el que caen rendidas, satisfacción a esas fantasías de muchos hombres? "De muchos hombres y de muchas mujeres. He visto en mi vida algunos Falcó, he visto cómo triunfan y eso me ha enseñado mucho sobre el género femenino", dice Pérez Reverte.

Esa actitud de Falcó con las mujeres (más la violencia y la elección del bando franquista como campo de juego) es una de las aristas que puede dar de qué hablar, más allá de la pasión con la que se aborde la operación en la que se embarca. Falcó no entiende algo tan elemental hoy como que un 'no es un 'no'. "Alguien que tortura y mata no se detiene por un 'no'. Ni Falcó ni nadie en los años 40 veía a la mujer como se la veía hoy, hubiese sido estúpido y anacrónico por mi parte reflejar ese punto de vista en una época en que el feminismo estaba circunscrito y no era omnipresente como ahora", sostiene el novelista. Eso sí, la actitud de Falcó se troca en respeto y camaradería cambia cuando encuentra a una mujer "a la que reconoce como un igual, como un lobo en lugar de cordero".

Falcó, provisionalmente al menos, está en su primera novela a las ordes de un almirante, responsable de un ficticio servicio de contraespionaje en el cuartel general de Franco de Salamanca, que conduce operaciones encubiertas al margen de los servicios militares y de la Falange. Terreno minado. Especialmente cuando, estéticamente, la elegancia (esa elegancia de otra época, de pitillera de carey y reloj de oro que tanto seduce al novelista) parece inclinarse en la novela a favor de los personajes de este bando. "Por necesidades narrativas, Falcó pasa del cuartel general de un bando, de la retaguardia lujosa, a infiltrase en lugares sórdidos del bando republicano", aclara.

"La lectura que se hace en este país parte de etiquetas estúpidas, como corresponde a un país intensamente inculto. Si tu eres de derechas los rojos eran infames y si de izquierdas, los nacionales eran infames. Sabemos históricamente que los nacionales fueron mas infames, sencillamente porque duraron mucho más tiempo; si hubiesen ganado los comunistas quizá la infamia hubiese tenido otro color. La condición humana siempre trae implícita la infamia, independientemente de cualquier ideología. Es evidente, visto desde arriba, dónde estaba la razón y dónde no, la república era legítima, pero cuando te acercas a nivel de personajes las líneas claras se difuminan. ¿Era más idealista un miliciano de 18 años que un falangista de 18 años que luchaba en las trincheras? Yo no lo puedo responder, y dudo que ningún lector de buena fe. Lo que hago es mostrar esos turbulentos años con la mirada de la época, cuando había gente de buena fe que creía que ideologías que aún no habían mostrado sus lados oscuros eran soluciones para la humanidad".

Falcó se desenvolverá en este periodo de entreguerras, en que unos y otros esgrimían los conceptos de lucha directa, revolución o puños y pistolas frente a la decadente 'democracia liberal'. No es tan distinto del de hoy, responde Pérez-Reverte. "Lo que llamamos Occidente vive en un error gravísimo. Los conceptos de democracia, libertad y respeto a la vida humana no valen nada en muchos lugares. Yo me tomado copas en Angola con un tal Felipe, un portugués que paró la tortura para tomar una copa conmigo antes de seguir torturando. Me explicó cómo se hacía: procurar que no se vaya de las manos y se te muera, dejar reposar de vez en cuando, si es inteligente, dejarlo pensar, si es estúpdio tocarlo por otro lado, crear complicidad con un torturador bueno frente a otro malo... Después volvió a hacer su puerco oficio. Esa parte turbia y sucia del ser humano no la he aprendido en el cine, la he vivido, y mis novelas se benefician de esta experiencia personal. Hay gente para quien matar es natural, y en occidente no estamos preparados para hacerles frente. El lobo se nos echa encima y solo sabemos pedir que alguien haga algo. Por eso siempre ganan los malos".

Pérez-Reverte se ha visto envuelto en los últimos días en un duelo real, a través de varios artículos de prensa, con su colega de la Real Academia Española Francisco Rico, con reproches varios sobre la cobardía de uno al defender los criterios de la RAE sobre el género gramatical, las expresiones utilizadas por el otro para definir a los académicos discrepantes, el lucro obtenido merced a las ediciones del 'Quijote', la asistencia o no a las sesiones de la docta casa... "El asunto está resuelto", zanja.

¿Y qué sucederá con Alatriste? ¿Por qué ha quedado en barbecho tras siete novelas? "No sé muy bien cuánto voy a vivir ni en qué condiciones voy a envejecer. No sé cuantos libros me quedan por poder escribir, pero hay otras novelas que quiero escribir y no he escrito. Si vivo mucho volveré a Alatriste. Y si no, me habrá dado muchas satisfacciones". De hecho, la cronología de su capitán ya está escrita, y en el octavo volumen le tocaría participar en la guerra de Catalunya, de 1640 a 1642. Es decir, Alatriste y Els Segadors. El asesinato del virrey. La batalla de Montjuïc. ¿Quizá no sea este el mejor momento para meterse en estos berenjenales? Reverte responde: "Me conoces, así que sabes que eso no me detendría".
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Ada
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MensajePublicado: Lun Oct 24, 2016 8:45 am    Asunto: Responder citando

Birdy_Edwards escribió:
¿Cual será la novela que ha dejado aparcada, en estado avanzado, para escribir Falcó?.
¿La de intriga en el siglo XIX , de la cual comentó un pasaje de dos personajes hablando sobre un libro perdido?...

Supongo que esa será HOMBRES BUENOS
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Consuela saber que nadie a quien amas se quema en lo que arde. http://adacaramelada.blogspot.com.es
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Rogorn
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MensajePublicado: Lun Oct 24, 2016 11:21 am    Asunto: Responder citando

Reseña de 'Falcó', de Arturo Pérez-Reverte
J.L. Sánchez -galakia.com - 23/10/2016

Calificación: 2.0
Lo positivo: Logra despertar el interés por el período histórico.
Lo negativo: Nada resulta creíble.

Arturo Pérez-Reverte se ha buscado otro aventurero para sustituir a su celebérrimo Alatriste, pero ahora se trata de un espía de los años 30. Ya ha llegado a las librerías 'Falco', la nueva novela del ex reportero superventas.

Se lanza a bombo y platillo la nueva novela de Arturo Pérez-Reverte, hasta el punto de que parece parte de la promoción su trifulca con el también académico Francisco Rico, tras escribir en su columna el primero con su caballerosidad, profesionalismo y elegancia habitual, ya demostrada en los tiempos de 'Territorio comanche', que entre los académicos de la RAE existe “algún tonto del ciruelo y alguna talibancita tonta de la pepitilla”. ¡Qué nivelazo! Se podría incluso sospechar que la polémica ha sido fabricada de forma artificial, pues su teórico adversario fue tan amigo que hasta aparecía como personaje en su trabajo anterior, 'Hombres buenos'.

Alfaguara edita 'Falcó' en edición en tapa blanda, de 296 páginas, que sale a la venta al precio de 18,91 euros. También está disponible para descargar en versión para Kindle. Ha aparecido en las librerías con vistas para aquellos que se decantan por regalar libros en Navidad 2017.

1936, durante los primeros meses de la Guerra Civil en España. Años después de involucrarse en turbios negocios de tráfico de armas, Lorenzo Falcó se ha puesto al servicio del Almirante, oscuro personaje que realiza trabajos sucios para los sublevados. Instalado en la ciudad de Salamanca, donde se ha instalado el mando central de los rebeldes, Falcó recibe el encargo de viajar a Cartagena, en el interior de la zona republicana. Allí, deberá contactar con un grupo de falangistas, sin experiencia en combate, para organizar la liberación de un político afín, bastante conocido, José Antonio Primo de Rivera, que ha sido trasladado de Madrid a la cárcel de Alicante, y corre el peligro de ser fusilado.

Cuando las peripecias del Capitán Alatriste no han terminado (aún faltarían al menos dos libros), el autor le ha buscado un sustituto, otro mercenario cínico, aunque la diferencia es que esta vez se supone que carece por completo de escrúpulos, lo que no le impide suscitar la simpatía del lector, diríase que se trata de un ‘sinvergüenza simpático’. Como el personaje de su famosa saga histórica, sobrevive aceptando encargos en un período clave de la historia de España, en esta ocasión los años 30. De nuevo, se supone que estamos ante el arranque de una serie, y otra vez utiliza la trama como excusa para la divulgación, al mismo nivel básico, aunque en esta ocasión no ha esgrimido la excusa de que parte de un trabajo para el instituto de su hija.

De todas formas, sigue utilizando el mismo lenguaje sencillo dirigido a los estudiantes de la misma edad, marca estilística de la casa. Exhaustivamente documentado en la Wikipedia, el volumen está centrado en el valor de la amistad y de los principios mínimos que afloran incluso en las personas de vida turbia. Al igual que las piezas más reconocidas de otros genios de la literatura moderna, como Stephen King o John Grisham, el volumen parece concebido desde el primer momento para su adaptación al cine, con diálogos que no necesitarían demasiada reelaboración por parte de los guionistas. ¡Y eso que luego Arturo Pérez-Reverte abomina de casi todas las versiones fílmicas de sus obras! Se ve que los beneficios económicos que obtiene de las mismas no le suscita el mismo rechazo, lo que quizás explicaría que su nuevo soldado a sueldo esté tan logrado. Sin duda se trata de una creación bastante sentida.

Por supuesto, encantará a los incondicionales del autor cartaginés, pues no supone un cambio radical en su carrera ni mucho menos. También a los amantes de las aventuras y los comics de 'Roberto Alcázar y Pedrín'. El resto, ya se pueden imaginar lo que van a encontrarse.
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Rogorn
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MensajePublicado: Lun Oct 24, 2016 11:34 am    Asunto: Responder citando

24.10.2016 - Entrevista en 'Más de uno' de Onda Cero
http://www.ondacero.es/programas/mas-de-uno/audios-podcast/entrevistas/arturo-perez-reverte-como-en-la-guerra-civil-ahora-la-izquierda-es-incapaz-de-unirse-para-echar-a-la-derecha_20161024580dbd2e0cf2d6cc9cba2140.html
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Rogorn
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MensajePublicado: Lun Oct 24, 2016 12:09 pm    Asunto: Responder citando

'Falcó'
Santos Sanz Villanueva - elcultural.com - 21/10/2016

Un escritor de obra tan difundida como Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) no necesita que se diga cómo es la literatura que hace. Sobre todo porque, aparte ser conocida por muy numerosas personas (un milagro en un país tan refractario a las letras y a la cultura), responde toda ella, y ya es extensa, a unos criterios artísticos sólidos. Ha escrito obras anecdóticamente variadas, pero siempre se atienen a su peleón santo y seña seminal, un tipo de relato tradicional que gusta de contar una historia interesante. Ello va junto a una reflexión sobre la vida, a un testimonio de la realidad y a la más o menos patente construcción de un sistema de valores. De siempre ha hecho eso y así ha levantado uno de los corpus más homogéneos de nuestra novelística reciente. Bajo tal principio entran tanto esa obra maestra de la narrativa breve, 'El húsar', como la popular serie del espadachín Alatriste, la vibrante recreación del 1808 madrileño, 'Un día de cólera', o un relato de bastante enjundia especulativa, 'El tango de la Guardia Vieja'.

A estas alturas de su amplia trayectoria, no es esperable que Pérez-Reverte cambie de registro, y lo prueba 'Falcó', donde incorpora a la galería de sus personajes al conspirador cuyo nombre estampa en la cubierta del libro y a quien, barrunto, le aguardan nuevas salidas, porque pertenece a la familia del Gabriel Araceli galdosiano o el Aviraneta barojiano.

Lorenzo Falcó es, dicho sin rodeos, un canalla, un ser sin escrúpulos. Anduvo metido en turbios asuntos políticos y económicos en la Europa de entreguerras y en el presente de la acción novelesca, 1936, trabaja como mercenario de una unidad policial franquista. El jefe de la agencia secreta le encarga coordinar la operación del comando falangista que pretendía liberar a José Antonio Primo de Rivera, preso en Alicante. La anécdota tiene base real y fue uno de los varios fantasiosos planes pensados para la fuga del líder fascista. El autor resalta incógnitas (los intereses particulares del general Franco) y elementos ciertos (la participación alemana) del complot para trabar un sólido relato de acción e intriga.

Aunque la narrativa de Arturo Pérez-Reverte sea unitaria, cada libro suele aportar significativas variaciones. En este caso consisten en construir una muy estricta novela de aventuras. En ella encontramos engaños, traiciones, sorpresas, violencia, desprecio por la vida, fanatismo ideológico, almas nobles y abyectas, maquinaciones del poder, razones de Estado, embrollos de espías, amoríos... También el documento de las atrocidades cometidas en las dos Españas enfrentadas en implacable guerra civil. La acción tiene elementos de suspense de gran fuerza que se organizan en un relato lineal que, si bien parece fluir con espontánea naturalidad al hilo de los acontecimientos, está ligado con el rigor del exigente artesano. Y la acción se sustenta, según requisito de esta clase de literatura, en un protagonista que roba el corazón de la novela, el tal Falcó. El autor desnuda de esquematismos a este tipo tan detestable como fascinante, lo muestra con inquietante densidad psicológica y lo acompaña de un buen puñado de personajes decentes o encanallados.

Falcó arranca con un breve episodio sangriento que es como el señuelo de lo que sigue, un relato vertiginoso que sujeta la atención del lector de la primera a la última página. En el medio queda el espectáculo lamentable de unas vidas que representan la compleja sustancia de nuestra especie y hacen bueno el viejo dicho de que el hombre es un lobo para el hombre.
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Rogorn
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MensajePublicado: Lun Oct 24, 2016 3:56 pm    Asunto: Responder citando

Falcó, de Arturo Pérez-Reverte
MC Mendoza - reginairae.blogspot - 24/10/2016

Argumento: El espía Falcó recibe la encomienda de organizar una peligrosa misión en el territorio republicano durante la Guerra Civil española.

Comentario: La nueva novela de Pérez-Reverte podría encuadrarse en el género de aventuras en un marco histórico (en este caso, la Guerra Civil, España, en los años treinta del siglo XX). Al parecer, y según palabras del autor, esta sería la primera obra de una serie con el personaje que le da título, al estilo de Alatriste.

En consonancia con el carácter y género de la novela, la narrativa es ágil, la prosa ajustada, seca, concisa, sencilla, sin grandes adornos o descripciones, dando prioridad a la acción sobre la reflexión, lo cual le da un cierto aire de novela de kiosko. En ningún momento se me ha hecho aburrida, a pesar de que las historias de acción y tiros no sean de mis favoritas. No sobra casi nada (quizás alguna escena de sexo innecesaria).

La trama tampoco es que sea muy compleja, más bien lo contrario. Para colmo, la estructuración y estilo clásicos hacen que sea bastante previsible para quien esté familiarizado con los códigos del género y con las querencias del propio autor, que repite varios de sus clichés favoritos, tanto en personajes como en situaciones. El protagonista, Falcó, es demasiado tópico como para destacar. Recuerda mucho a James Bond en su actitud. Es el típico antihéroe duro, frío, sin afectos, mujeriego, con su própio código, su propia guerra... Pérez Reverte, además, lo dota de una actitud chulesca que agrava la sensación de estar delante de un cliché o un estereotipo. Se cargan mucho las tintas en su faceta de mujeriego, hasta el punto de que se acuesta con tres mujeres distintas en las escasas 200 páginas de la obra. Entiendo que se ponga una escena de seducción con una mujer aleatoria para que veamos cómo es (su frialdad de sentimientos, su actitud ante el sexo y el amor), pero dos mujeres aleatorias más el interés "romántico" ya son muchas para una sola novela tan corta, sobre todo porque, en apariencia, alguna de ellas no aporta nada a la trama (digo, en apariencia, porque quizás al tratarse de una serie, esos personajes sean recurrentes).

En general, los personajes no están muy trabajados, limitándose a ser meros esterotipos que cumplen su función pero sin profundidad. Apenas están descritos, de modo que sus psicologías son básicas y centradas en uno o dos rasgos. Los diálogos resultan impostados, en su insistencia de querer ser ingeniosos y cortantes. Pero casi todo en esta novela tiene carácter artificioso, como de cartón piedra, como esas películas de Garci que imitan el cine negro clásico y donde todos los personajes dicen cosas rebuscadas con un cigarillo en la mano y pose sofisticada. Las escenas de acción, por suerte, son cortas y ágiles, quizás demasiado rápidas en algunas ocasiones, y con la violencia en su dosis justa y realista.

Lo más destacable de la novela sin duda, es que el autor, quizás por un afán provocador, haya elegido que su protagonista milite en el bando franquista en lugar de en el Republicano (que es lo políticamente correcto). Es de admirar el tono neutro a la hora de describir a los bandos contendientes, sin tomar, en apariencia, partido por uno u otro, narrando con asepsia el sinsentido de la guerra y el fanatismo, dotando de ciertos valores a personajes que, en otras novelas o películas serían los malos malosos (falangistas, militares del régimen, etc). Sin embargo, la frialdad en la forma de narrar, también hace que ni siquiera nos moleste, importe o escandalice la amoralidad del personaje central (un asesino despiadado, a fin de cuentas). Todo es demasiado distante, como demasiado peliculero.

En resumen, una novela corta, rápida, que sigue los códigos y tópicos del género de aventuras y espías, algo acartonada, de trama muy simple, previsible, que deja algo indiferente, pero que al menos no irrita (a no ser que uno se tome mal el tema político...).
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Rogorn
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MensajePublicado: Lun Oct 24, 2016 7:48 pm    Asunto: Responder citando

A propósito de 'Falcó'
José Belmonte - cadenaser.com - 24/10/2016

La presencia en las librerías de la novela titulada 'Falcó', de la que es autor el cartagenero Arturo Pérez-Reverte, ha sido, sin duda alguna, la noticia cultural de la semana. Cada vez que uno de sus libros ve la luz, los medios de comunicación, incluso los más reacios a todo lo que tenga que ver con la cultura, que lo hay, se hacen eco de tal circunstancia. No en vano, se trata de un escritor que vende cientos de miles de ejemplares, y que cae bien casi a todo el mundo. A casi todos, digo. Porque los políticos temen su acerada pluma y saben que no se corta un pelo en sus artículos en donde pone, a los que lo merecen, que son casi todos, de vuelta y media.

'Falcó' va a ser -si no, al tiempo- una novela muy polémica. Y no sólo por la presencia de ese personaje, cuyo apellido le da título a la obra, tan duro y controvertido. La historia de este relato se desarrolla durante la guerra civil española. Y a ciertas personas les gusta que el autor se moje, que diga muy claramente quiénes fueron los malos y quiénes los buenos, tomando así partido por una de las dos tendencias.

A Pérez-Reverte no le cogió ningún bombardeo en los 23 conflictos armados en los que estuvo como reportero, de manera que nadie espere que sea ahora el momento de darle caza. Su personaje es un canalla –un canalla simpático y guapo si se quiere- y le importa un bledo en qué bando ha de llevar sus pesquisas como espía. Defiende, como el Cid en sus tiempos -que servía a moros y a cristianos, según se terciara-, a quien ponga más pasta encima de la mesa, sin reparar en ideologías.

Reverte sigue así la línea de uno de sus escritores más admirados: Chaves Nogales, quien inventó eso que se ha llamado la tercera vía. O lo que es lo mismo: pone sobre el tapete las miserias de uno y otro bando, pero sin decantarse por ninguno de ellos. Y deja bien claro, eso sí, que aquí, se quiera o no, existió un gobierno elegido democráticamente que era de signo republicano. Y que cierto general tomó el poder por la fuerza, formando posteriormente distintos gobiernos que jamás tuvieron legitimidad democrática alguna. Y lo demás son solo cuentos.
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Ada
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MensajePublicado: Mar Oct 25, 2016 8:23 am    Asunto: Responder citando

Un lobo en la sombra
José Belmonte - laverdad.es - 24/10/2016

Como Max Costa, el bailarín mundano de tan grato recuerdo, presente en 'El tango de la Guardia Vieja', Lorenzo Falcó también domina el arte de crear fuegos artificiales con las palabras y dibujar melancólicos paisajes con los silencios. Son cazadores tranquilos, por cuenta ajena, que esperan con enorme paciencia el momento propicio para cobrar su pieza. Ambos saben que en ciertas épocas la única garantía de supervivencia es ser lobo, lobo en la sombra, y defenderse, si es preciso, a dentelladas secas y calientes. Y saben, además, que el mundo es una fugaz aventura que no están dispuestos a perderse. Ambos comparten un pasado poco decoroso que procuran disimular con una cortina de humo. Son eternos huéspedes y se sienten como en su propia casa tanto en los ambientes sórdidos como en los más gratos y lujosos. Y un metro setenta y nueve: altura más que suficiente desde la que poder contemplar el mundo y sus pompas.

Pérez-Reverte vuelca toda su sabiduría y su ya larga experiencia de novelista en el nuevo personaje. De la solidez del mismo sabe que depende buena parte del éxito de su relato. El atractivo y pendenciero Falcó sabe escurrir el bulto como nadie y jugar al juego del despiste cuando durante el conflicto armado, entre ruiseñores que cantan encima de los fusiles y en medio de las batallas, se declara acérrimo militante del PHC, es decir, del Partido Hidráulico Contemplativo, y que tiene encomendada la difícil misión de ver correr el agua bajo los puentes.

Como en sus anteriores novelas, Pérez-Reverte crea tres o cuatro recios personajes, que dejan un regusto parecido al de los mejores vinos finalizada la lectura. Es el caso de Lorenzo Falcó, que ha venido para quedarse, y del Almirante, con su ojo de cristal, al que define con un par de certeras pinceladas (gallego de Betanzos, extremada inteligencia, flaco, menudo, con espeso pelo gris, mostacho amarillento de nicotina, nariz grande, cejas hirsutas y un ojo derecho muy negro, severo y vivo); o el escurridizo y gelatinoso Paquito Araña. Y también Eva Rengel, una de esas damas, como diría el Cortázar de 'Rayuela', que huelen despacio y dulcemente a perfume y a piel y a calor, de la que Reverte ofrece valiosos detalles de su pasado y con cuyas palabras se resume la filosofía implícita en la obra, que conecta así con 'El pintor de batallas': «Nadie es inocente. Acaso los niños y los perros. Y de los niños no estoy segura. Siempre acaban creciendo».

No es una novela de guerra. Ni siquiera una novela sobre la Guerra Civil española, cuya existencia ya se nos insinuaba, desde la distancia del exilio, en ciertas y sutiles páginas de 'La guardia del Tango Viejo'. El conflicto armado es un telón de fondo, la música que suena. Y sirve para que todos los personajes, azuzados por la atmósfera tensa en la que viven, cuando ofenden más los silencios que las palabras, afinen el ingenio y la inteligencia. Pérez-Reverte es el señor de los detalles. Parece empeñado en no describir nada que no haya pasado antes por sus propias manos: una estilográfica, una joya, un sombrero, un perfume o un determinado modelo de fusil ametrallador. Solo así un relato resulta creíble, verosímil. No se detiene demasiado en los lugares por donde transcurre la acción, sólo lo justo. Pero Salamanca, Cartagena y Alicante están descritos impecablemente, sin necesidad de recurrir a la cartografía oficial, sino a la intuición personal, a la geografía del alma.

Después de un soberbio primer capítulo, en donde el novelista cartagenero pone toda la carne en el asador y ofrece en su escaparate lo mejor del género que guarda celosamente en el arca, con uno de esos espléndidos comienzos a los que ya nos tiene habituados («La mujer que iba a morir hablaba desde hacía diez minutos en el vagón de primera clase»), logra mantener el elevado y vertiginoso ritmo de la narración durante el resto de la novela. Como un buen estratega en el campo de batalla, va abriendo flancos con los que seducir al lector. Es uno de los relatos en donde menos se percibe el tono lírico, porque no hay lugar para ello. Pero, a cambio, asoman esas frases lapidarias, de origen popular, que Reverte sabe utilizar en el momento preciso y en el lugar adecuado: «Las mujeres se sentían atraídas por los caballeros, pero preferían irse a la cama con los canallas».

No es la voz de Reverte, que ya escuchamos en su 'Guerra Civil contada a los jóvenes', sino la de Falcó, quien, después de observar y calibrar lo que hay a su alrededor, tiene claro de qué parte se va a inclinar la balanza: mientras los republicanos son incapaces de coordinar un esfuerzo común, los 'fachistas' carecen de escrúpulos democráticos y son los más criminalmente disciplinados. Blanco y en botella.

'Falcó' -la novela, y también el personaje- es un depurado producto revertiano. Con su correspondiente sello de origen. Mientras crepitan los fusiles, hay tiempo de sobra para platicar de cine, de música, de literatura. De la vida misma. Y de mujeres. Con vigorosos y ocurrentes diálogos. Con una prosa sugerente, vigorosa e impecable. Y su conocida fórmula: sujeto, verbo, predicado. Y las comas en su sitio. Lo de siempre. Y cada vez distinto.
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Ada
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MensajePublicado: Mar Oct 25, 2016 8:25 am    Asunto: Responder citando

A esta reseñadora le dan "pal pelo" en los comentarios:
http://reginairae.blogspot.com.es/2016/10/falco-de-arturo-perez-reverte.html
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Rogorn
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MensajePublicado: Mar Oct 25, 2016 8:59 am    Asunto: Responder citando

“Mi compromiso es con la narrativa, no con el lector”
Entrevista de Juan Cruz - elpais.com - 24/10/2016

A Arturo Pérez-Reverte, el autor de 'La piel del tambor' o 'La reina del sur', le gusta el calificativo "revertiano" para referirse a obras como esas, donde la intriga novelística está mezclada con el espionaje, de cualquier tipo, o la violencia, sea ésta callejera, religiosa o mafiosa. A veces se ha escapado de ese adjetivo y de ese tono, que también subyace en su famosa saga de 'El capitán Alatriste', como en la muy melancólica 'El pintor de batallas' o en 'El tango de la Guardia Vieja' y 'Hombres buenos', en las que asume una voz más madura, más distante de aquellas trifulcas marineras o religiosas de algunas de sus novelas más famosas, y escribe como si estuviera navegando, pausadamente. Esta vez ha escrito una novela de intriga y acción, que sucede en un periodo muy difícil de convertir en ficción, el inicio de la guerra civil española, cuando Franco aspiraba a tener el poder él solo y persistía encarcelada en Alicante la sombra de José Antonio Primo de Rivera. Esa presencia-ausencia del líder de Falange y la posibilidad (que él recrea como ficción pero que en la realidad se vivió) de que fuera finalmente liberado el líder de Falange no resulta tan decisiva en el libro como el cinismo que domina la acción de los intervinientes en la trama.

Esta novela última, 'Falcó', tiene el aire de convertirse en el principio de otra saga; el espía todoterreno que la protagoniza, que se llama así, Falcó, es mucho menos humano que Alatriste. Falcó es un amoral, cayó en el lado de Franco, pero pudo haber caído de cualquier lado. Ese sitio amoral de las guerras es un terreno que acoge a Falcó con los brazos abiertos. Y de ese recodo oscuro de aquellos caminos bélicos trata la ficción revertiana. De ella habla Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951), que fue periodista de acción y que ahora libra en la Real Academia batallas que ya son públicas. Al final de la conversación le preguntamos si quería referirse a ellas. “Eso no viene a cuento aquí. Yo respeto muchísimo la Academia”.

-Parece el principio de una saga…
-Lo parece. En 'El tango de la Guardia Vieja' me quedaron en la cabeza flecos por resolver, me dije que había una novela y me puse a trabajar en ella. Vi que había un canon que la definía, un tipo de diálogos; que no era como las otras. Y mientras escribía me di cuenta de que disfrutaba con este modelo de escritura, y era una pena cerrarlo. Así que hay puertas abiertas para poder seguir con Falcó.

-Tanto en 'El pintor de batallas' como en 'El tango de la Guardia Vieja' hay un aliento emocional que aquí desaparece…
-Cada novela tiene sus exigencias. No puedes escribir 'El duelo' de Conrad como si escribieras 'Guerra y paz', de Tolstói. Una novela de espionaje, de acción, de violencia, de pasiones no puede tener un desarrollo muy lento, porque aburre al lector y lo saca del tema. Esta novela me exigía contención, limpieza, descripciones mínimas y eficaces, diálogos mucho más cortados y picados, y una velocidad narrativa muy superior a las de otras novelas.

-¿Y cómo afecta eso a la vocación literaria que subyacía, por ejemplo, en 'El pintor de batallas'?
-No le afecta porque soy un escritor profesional, llevo 20 años en este oficio, mi trabajo lo conozco razonablemente bien. Cuando me planteo un libro, antes veo cómo lo voy a contar. Cuando se me ocurre 'Hombres buenos', 'El pintor de batallas' o esta novela no me digo: “Voy a ver cómo me sale el impulso creativo, qué bien, qué emoción”. No, no. Durante meses reflexiono serenamente lo más que puedo, fríamente, estructuro la historia para contar eficazmente la novela. Cada novela tiene un canon. Puedes ser el más chulo del mundo, pero hay algo que se llama humildad profesional. Cuando trabajas no eres tú quien se pone en la novela, es la novela la que te dice cómo quiere que la escribas.

-¿A qué obliga hoy una novela que ocurre en la Guerra Civil?
-Una precisión importante: no es una novela sobre la Guerra Civil. Está de fondo. Es una novela de espías, de personajes. Mi objetivo no es explicar la Guerra Civil, ni juzgarla, ni enjuiciarla. Describo un telón de fondo para mover a mis personajes. Como España es un país conflictivo parece que haya que abordarlo siempre con un compromiso moral previo: esto es bueno, esto es malo. Pero esta novela no tiene ese objeto. Yo no quiero contar la Guerra Civil, yo no quiero que el lector la entienda, mi compromiso es con la narrativa, no con el lector.

-Pero ahí está el conflicto: una guerra de la que aún hay rescoldos.
-Hay muchas formas de abordar una guerra civil. Una es la ideológica, los buenos y los malos. En esta guerra es evidente quiénes son los buenos, los republicanos, y los malos son los rebeldes, nadie lo discute. Pero en el ámbito de trinchera, de individuo, el azar, la vida, los intereses, las ambiciones aparecen mucho más grises. Y otra cosa importantísima: a mí no me han contado la Guerra Civil. Yo he vivido siete guerras civiles, las he visto, no las conozco por los libros o por los telediarios. Las conozco porque yo hacía los telediarios. Sé que cuando te acercas al paisaje todo es mucho más difuso. Sabes de antemano quiénes son los buenos y los malos, pero cuando los ves de cerca hay mil matices, mil ideas.

-¿Y quién es Falcó?
-Es un tipo amoral, sin escrúpulos, sin ideología; es un mercenario de sí mismo, un golfo, un vividor, un mujeriego, un asesino. También encantador, guapo, simpático, elegante. Me permito el lujo de no darle una ideología, de hacerlo un oportunista.

-Quizá por eso es el espía que vino de fuera…
-Sí, vino de Suiza para no contaminarlo con la cutrez de buenos y malos, de la vieja barricada española. Un hombre viajado, de mundo; no es un cateto marcado por ideologías brutales o por ideologías radicales, que lo presentaría como un personaje que toma posturas violentas frente a las cosas. Y no se deja engañar por el discurso dominante de la época, ni por los nacionales ni por los republicanos.

-Su jefe le dice que se han salvado unos militares de su bando, y Falcó pregunta: “¿Y estamos a favor o en contra?”.
-Eso define perfectamente al personaje. Pero no es un invento literario, hay mucha gente así. Creemos que cuando hay guerras civiles y grandes conflictos la gente toma partido ideológico. Pero son muy pocos. La mayor parte está ahí porque su familia está ahí, porque su hermano ha sido fusilado, porque han caído en ese bando, por simpatía, por amor… A la gente no la mueve sólo las ideologías.

-¿Qué la mueve?
-En España, este país enfermo históricamente, creemos que las ideologías lo determinan todo, y es mentira. Fue republicano, pero no sabemos por qué lo fue. A lo mejor no fue por la ideología. O se dice que un abuelo fue nacional, o falangista, pues a lo mejor fue porque cayó en ese bando. O a lo mejor tu abuelo, héroe nacional o héroe republicano, al que tanto admiras, no estuvo en el frente, a lo mejor estuvo fusilando gente y robando. Porque alguien tuvo que hacerlo. ¿O es que todos eran héroes?

-¿Le ha preocupado esa dicotomía de buenos y malos a lo largo de la escritura?
-No. Tengo una ventaja moral, personal: la violencia, el dolor, el horror, la soledad, las noches oscuras, los cruces de fronteras no me los han contado, los he vivido. Cuando tienes en la mochila todo eso te importa un carajo la interpretación. Que lean mejor, que se fijen cuando lean. No me preocupa… En esta novela todo ocurre en la oscuridad o en la penumbra. Y es que no era lo mismo 1936 que 2016. Entonces no había luz, ahora das a un interruptor y se enciende. He querido que el lector vea el mundo en esa penumbra, de claroscuros.

-En un momento de la novela se acata una condena por traición. Esa violencia entre iguales o afectos es mucho más dura que entre los enemigos…
-No pretendo explicarlo, pero esa es la condición humana.

-De todos modos, hay un punto de partida, el 18 de julio de 1936 y lo que pasa enseguida…
-Indiscutiblemente. Existe una asociación de militares contra la República y una barbaridad, la de los nacionales que con el terror y la violencia quieren aplastar la resistencia. Y la de los otros, que por miedo a los nacionales, por necesidad de limpieza interior, por rencor y porque la condición humana es infame, también se entregan a barbaridades. Solamente que en un bando la barbaridad dura tres años y en el otro dura cuarenta. Evidentemente los daños fueron enormes, mucho más de un bando que de otro. Y las consecuencias, claro.

-¿En qué se notan las consecuencias, aún hoy?
-En “el que no está conmigo está contra mí”, en esa especie de vileza que supone querer al enemigo vencido, exterminado. Y eso es la Guerra Civil; parece que lo inventó Franco en 1936, y está ahí desde el Concilio de Trento y aún antes.

-El personaje es un cínico en un mundo de cínicos. ¿Hay flores en las grietas, se salva algún sentimiento en esa dicotomía? ¿Todo es cinismo en una guerra?
-No. Hay dignidad. Y justamente en esta novela hay gente con dignidad, en los dos bandos. La dignidad no conoce bandos. La dignidad personal no es ideológica.

-¿Y el perdón tampoco?
-Todo. Las virtudes son personales, no hay virtudes colectivas. Es algo de la civilización cristiana que inventaron los curas.

-José Antonio es un fantasma en la novela, pero tiene encarnadura en la guerra. ¿Qué protagoniza él?
-No protagoniza nada, al contrario…Es su ausencia, paradójicamente, lo que cuenta, no su presencia. Esa ausencia condiciona la Guerra Civil. Este es el detalle interesante, pero en la novela, como personaje, José Antonio me importa un pimiento… Y lo que me ha importado es lo bien que me lo he pasado escribiendo 'Falcó'.

-Tampoco triunfa mucho Franco en su novela como personaje…
-Franco era una mala presencia, traiciona a todo el mundo. Su hermano Nicolás sí está; era el que llevaba los servicios de información, el jefe último de Falcó.

-¿Cuáles son las diferencias entre Falcó y Alatriste?
-Alatriste ha tenido fe y la vida se la ha quitado, pero tiene códigos, lealtades, un canon por el que se guía. Falcó es amoral, carece de códigos. Es un jeta. Alatriste es moralmente salvable, Falcó no. Con Alatriste un profesor enseñó ética durante un año. Con Falcó sería imposible. Yo me iría de copas con Falcó, seríamos amigos; pero si tengo que confiar en alguien la vida de mi gente, ese sería el capitán Alatriste.
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Rogorn
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MensajePublicado: Mar Oct 25, 2016 9:04 am    Asunto: Responder citando

Un agente secreto contra todos
Justo Navarro - elpais.com - 24/10/2016

A Lorenzo Falcó, de 37 años, supuesto hombre de negocios para unos y teniente de la Armada para otros, su jefe en los servicios secretos franquistas lo define como “hampón elegante”. El héroe de 'Falcó', nacido en una familia de vinateros andaluces, tiene cara de feliz ídolo de película, aunque “un rictus de dureza cruel” le enturbie a veces el gesto. Se ha curtido en “años de tensión, mentiras y violencia” que le han dejado cicatrices de cuchillo y metralla, la fisiognomía fantástica de los héroes de la imaginación popular. No le faltan méritos: en su juventud fue expulsado con deshonor de la Academia Naval por un escándalo con la esposa de un mando, y por un asunto parecido echaron de Eton a James Bond, que luego también serviría en la Marina. Es el nuevo personaje de Arturo Pérez-Reverte.

Traficante de armas internacional, captado en Estambul por la Inteligencia de la República Española, en 'Falcó' lo encontramos en el franquista SNIO, Servicio Nacional de Información y Operaciones, especializado en infiltración, sabotaje y asesinatos. Estamos en el otoño de 1936. Falcó recibe la misión de introducirse en la zona roja, preparar desde Cartagena el asalto a una fortaleza, la cárcel de Alicante, y liberar a un ilustre prisionero, José Antonio Primo de Rivera. Parece una novela de Alistair MacLean. El cañoneo del puerto por el acorazado 'Deutchsland' cubrirá el desembarco del comando falangista que ejecutará el golpe de mano antes de huir en otro de los barcos de Hitler. El plan es perfecto. Pérez-Reverte avisa en la primera página de que la trama es imaginaria, “aunque documentada en hechos reales”.

'Falcó' tiene el gusto del reencuentro con grandes arquetipos de la ficción literaria y cinematográfica, de los tebeos y los videojuegos: la misión imposible, los espías, el héroe brutal y encantador; la heroína exótica, que, mientras la aviación nacional bombardea Cartagena, dice: “La guerra es todo un espectáculo”. Quizá el público lector adivine el desenlace de alguno de los episodios de la historia, el del traidor infiltrado en el comando, por ejemplo, pero no creo que a Pérez-Reverte le preocupe esa posibilidad, que forma parte del disfrute de un público ávido de saber qué le reserva la página siguiente. Falcó es literatura pop: asimila lo esperado y lo inesperado, marcas de colonias y de pistolas, sexo y tortura, personalidades históricas y criaturas de fábula, todas a merced de un caudillo omnipotente en su cuartel general del palacio episcopal de Salamanca. “El cine de gángsteres de Hollywood daba buenas ideas”, medita el narrador ante el escenario de un interrogatorio. El propio mundo mitológico y moral de Arturo Pérez-Reverte participa como pieza, ya canónica, reciclada en la construcción de 'Falcó'.

Víctima de migrañas feroces, adicto a la cafiaspirina como Bond combinaba anfetamina y barbitúricos, Falcó no se separa de una cápsula de cianuro, por si hay que quitarse de en medio urgentemente. Su humor, como el de otros héroes oscuros de novela criminal, mezcla deses­peración fatalista y placer de vivir. El rasgo más personal de su carácter es ético: divide a los individuos en valientes y cobardes, más allá de otras distinciones morales. “El valor hermana a la gente por encima de ideologías”, dice un falangista, clandestino entre republicanos, mientras juega con Falcó al billar bajo las bombas, sin inmutarse. Pero en la guerra de Falcó “los bandos estaban perfectamente claros: de una parte él, y de la otra todos los demás”. Falcó pelea contra rojos y contra azules, según se tercie o le demanden sus principios, estrictamente suyos, y mata por igual a valientes y a cobardes. Héroe en tiempos pasados, es muy de hoy. Volverá.
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Rogorn
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MensajePublicado: Mie Oct 26, 2016 10:32 am    Asunto: Responder citando

'Falcó'
elbuhoentrelibros.blogspot - 25/10/2016

No puede ser más breve la biografía que de Arturo Pérez-Reverte nos ofrece la editorial, tanto en la solapa del libro como en su página web: "Arturo Pérez-Reverte nació en Cartagena, España, en 1951. Fue reportero de guerra durante veintiún años. Con más de veinte millones de lectores en todo el mundo, muchas de sus novelas han sido llevadas al cine y a la televisión. Hoy comparte su vida entre la literatura, el mar y la navegación. Es miembro de la Real Academia Española." Son tantos los libros que ha escrito, que me llevaría una página entera el poder enumerarlos. Por eso, aquí simplemente y por orden alfabético os voy a dejar los que tengo reseñados en este blog, que son unos cuantos, incluyendo su famosa serie Alatriste:

(etc)

«Solo dispongo de una vida, dijo. Un breve momento entre dos noches. Y el mundo es una aventura formidable que no estoy dispuesto a perderme». (Página 88)

Esta es la historia y la aventura de Lorenzo Falcó, agente del SNIO (Servicio Nacional de Información y Operaciones). Su misión era la de «infiltración, sabotajes y asesinatos de elementos enemigos, tanto en zona republicana como en el extranjero» (Página 19). Todo ello dentro de un equipo de élite que era conocido por los servicios secretos locales como Grupo de Asuntos Sucios. A la vuelta de una misión en el extranjero, su jefe le está esperando para una misión muy especial. «Son órdenes directas del Generalísimo… Esta vez vamos coordinados con los falangistas, y eso no es todo: también mojan los alemanes, y ruego a Dios que no intervengan los italianos» (Página 18). Se trata nada más y nada menos de liberar de su prisión alicantina a Jose Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange.

En esta ocasión, Arturo Pérez-Reverte ha decidido llevarnos a un territorio aparentemente muy trillado como es el de la Guerra Civil, y sin embargo, nos va a permitir en su novela visitar espacios nunca anteriormente contemplados a través de un personaje, Lorenzo Falcó, que difícilmente dejará indiferente a los lectores. Ya anticipo, que a mí personalmente me ha cautivado. Y lo hace con una narración imposible de circunscribir a un género determinado, porque si bien se ciñe a un periodo muy concreto de nuestra historia como es el de la Guerra Civil, está muy lejos de ser una novela histórica. Tampoco es una novela negra, por más que tenga muchos elementos de la misma, como ese espíritu crítico con el que observa esa España en la que sitúa la acción, o un lenguaje seco, cortante, directo y un personaje de una apariencia un tanto cínica que no puede menos que recordar algunos clásicos americanos del género negro.
Y tampoco es exactamente un thriller, por más que muchos de sus elementos y el ritmo de la narración sean de dicho género. Un ritmo y una narración muy cinematográfica, aunque ya sabemos que las adaptaciones a la pantalla de las novelas de Pérez-Reverte nunca han sido muy afortunadas. Podríamos hablar de una novela de espías. El problema es que decir eso, es quedarnos muy cortos en una novela que es mucho más que eso, por más que también me haya hecho presente al maestro de ese género como es John Le Carré, y no solo por un pesimismo que ambos autores parecen compartir.

Toda la narración gira en torno a un personaje que figura a mi gusto entre lo mejor que haya logrado Arturo Pérez Reverte: Lorenzo Falcó. No es Falcó el narrador de la novela, sin embargo, el lector solo verá lo que el vea, lo que él piense, lo que el oiga o aquellas conversaciones en las que participe. Es Lorenzo Falcó un hombre de treinta y siete años que trabaja para los servicios secretos del bando nacional. Así nos lo describe el autor: «Ni siquiera ahora, relajado por el sueño creciente, su rostro anguloso y atractivo, en el que empezaba a despuntar la barba tras varias horas sin afeitar llegaba a perder su expresión habitual, que solía ser divertida, simpática, aunque con un rictus de dureza cruel que podía enturbiarla de modo inquietante; como si su propietario estuviese en presencia continua de una broma tragicómica, universal, de la que el mismo formara parte» (Página 149).

No va a seguir en esta novela el autor el esquema de su célebre 'Capitán Alatriste'. No es Falcó alguien que lucha por honor en aras de un país y unos mandos militares que no están a la altura de los hombres que mandan a morir y a matar. No, Falcó tiene su propio bando, que no es otro que él mismo: "No era asunto suyo, se dijo. Allá quien matara o muriera, y sus razones para hacerlo. Su idiotez, maldad o motivos nobles. La guerra de Lorenzo Falcó era otra, y en ella los bandos estaban perfectamente claros: de una parte él y de otra todos los demás» (Página 101). Un hombre que tiene muy clara, en una época en que el país estaba dividido en función de la causa por la que uno luchara o tuviera que luchar, cuál era la suya: «-¿Simpatiza usted con la causa falangista? -Yo simpatizo con varias causas. -Según tengo entendido, sobre todo con la suya propia… Su causa, sea ésta la que sea. -Principalmente» (Página 48).

Lo suyo no son las grandes palabras, esas que se escriben con mayúscula: «Para Falcó, palabras como patria, amor o futuro no tenían ningún sentido. Era un hombre del momento, entrenado para serlo, Un lobo en la sombra. Ávido y peligroso». (Página 22). Un hombre que parece pasar de todo, incluso del amor: «-Creo recordar que la mujer que lo acompañaba era muy guapa… Griega o italiana, ¿no?-No recuerdo a ninguna mujer.-¿En Zagreb?-En ningún sitio». (Página 36). Alguien que todos parecen tener muy claro cómo es, por más que el fondo de Falcó tal vez lo conozca sólo el mismo: «-El buen Jaime… ¿Qué le dijo de mí?-Que es usted un bala perdida, en resumen.-¿Y en detalle?-Que es de buena familia. Que es descarado y mujeriego, Que lo expulsaron de todos los colegios en instituciones donde estuvo. Que sus padres lo mandaron al extranjero para quitárselo de encima, y que luego se le perdió la pista en cuanto a actividades, aunque se suponen dudosas». (Página 58). Al mismo tiempo, tiene también un toque cínico que no puede menos que recordarme al lenguaje del detective Marlowe: «-¿Siempre es usted así?-¿Cómo es así? –sonrió Falcó.-Tan engreído. Tan seguro de sí mismo. Tan seguro de todo.-Va por días». (Página 58). Muy dado a tirar del sarcasmo y la ironía cuando le apetece: «-¿A qué te dedicabas antes del Alzamiento? ¿Militabas en algún partido o sindicato?-En el PHC.-¿Y cuál era ese?-Partido Hidráulico Contemplativo.-No fastidies.-Sí, miraba correr el agua bajo los puentes». (Página 110)

Aventuras aparte, el tema que aborda Arturo Pérez-Reverte en Falcó es el de la Guerra Cvil española. Y lo hace destacando lo iguales que eran ambos bandos. Porque por encima de los bandos, las diferencias no eran la de militares sublevados frente a los defensores de la República. De hecho, Pérez-Reverte muestra un gran respeto por aquellos, que movidos por sus ideales se mataban entre si en el frente. «Paradójicamente, eso los aproximaba a sus adversarios, o a algunos de ellos, los mejores del otro bando. Falcó los había visto en tiempos inmediatos al Alzamiento, enfrentados a tiros en las calles: falangistas, socialistas, comunistas, anarquistas, matándose entre ellos con admirable tenacidad. Jóvenes valientes y decididos, unos y otros». (Página 100). No es esa la diferencia que encuentra el autor, sino la de aquellos que amparados en unas siglas o en un carnet, lejos de luchar en el frente por defenderlas, quedaban ocultos en la retaguardia para luchar no por unos ideales sino por su propio interés. Aquellos que se quedaban en retaguardia para ejercer una autoridad que en un lugar de lucha su propia ineptitud les negaba. Gente que salió de las cárceles y se dedicó a sembrar el terror robando y asesinando de un modo legal en zona republicana. Canallas que perseguían a sus antiguos enemigos atribuyéndole la pertenencia o la defensa de los antiguos ideales republicanos para quitárselos de en medio o apropiarse de sus bienes: «Un tono en cierto modo ingenuo, pensó Falcó, hecho de lealtades y de camisas bordadas con el yugo y las flechas en tiempos pretéritos, o en raros lugares donde ser falangista no era todavía un medio de medrar y ajustar cuentas, sino un azar clandestino y peligros, Un ritual de elegidos y creyentes, camisas viejas que se soñaban héroes un minuto antes de ser engullidos por los oportunistas y los canallas». (Página 69). No hay así diferencias en las retaguardias de ninguno de los dos bandos: «Veinte mil pesetas tuve que pagar a los de la CNT para que pusieran en libertad a mi cuñado, al que querían dar el paseo por ser hermano mayor de una cofradía de Semana Santa… ¿También funciona así en el otro lado?-Más o menos… Allí pueden fusilarte por ser maestro de escuela; pero, detalles aparte, las tarifas son las mismas». (Página 105).

No es por supuesto una visión agradable de una guerra en la que se levantó hermano contra hermano, en el que la muerte se convirtió en el pan nuestro de cada día: «Matar no es difícil, pensó Lorenzo Falcó. Lo difícil era elegir el momento y la manera. Matar a un hombre se parecía a jugar a las siete y media, pues una carta de más o de menos podía dar al traste con todo». (Página 81). Un mundo aparentemente sin otra regla que la de la muerte. Aunque no es esa la visión de Falcó, ese hombre sin otro credo que sí mismo, que parece vivir en un mundo de anarquía, en el que sin embargo, el encuentra unas reglas propias que son las que le permiten seguir adelante: «Este trabajo sería insoportable si no hubiera en él ciertas retorcidas reglas. Quizás no sean reglas convencionales, ni siquiera dignas, pero son las nuestras. Aunque la principal de todas sea, precisamente, la aparente ausencia de reglas. (…) Que entre nosotros, es una regla tan buena como otra cualquiera». (Página 260).

La acción transcurre por una parte en Salamanca, donde está el cuartel general de los servicios de información y por otra en Alicante, hasta donde se traslada Falcó para poder llevar a cabo la misión que le ha sido encomendada.

Me ha encantado Falcó. Porque aunque parezca que gira en torno a un personaje que me ha dejado fascinado, del que te quedas con ganas de seguir leyendo mucho más, no es el único de la novela, sino que viene acompañado de todo un mundo de personajes a cual más fascinante, comenzando por Eva Rengel, la falangista que le acompañará en su misión de liberar a José Antonio Primo de Rivera, continuando por el Almirante, el jefe de Falcó, o cualquiera de los otros componentes de la misión. Una novela que, a pesar de sus trescientas páginas se hace muy corta. Creo que no hay nada mejor que esa sensación que te deja una novela que, cuando se acaba, te deja con una gran pena porque no continúe, por no seguir disfrutando con los personajes que en ella has encontrado, y eso es lo que he sentido con Falcó.

A ello contribuye sin duda no solo lo acertado de los personajes, sino el estilo con el que está escrito la novela, porque al estar visto desde el prisma de Falcó, un personaje directo, en cierto modo parco en palabras, no tiene el freno que puedes encontrar en otras novelas de Arturo Pérez-Reverte en el que a través de sus personajes el autor parece querernos transmitir sus muchos conocimientos, con largas citas que como en el caso de la serie Alatriste nos trasladan a la literatura y a la poesía del Siglo de Oro, pero que en muchas ocasiones frenan el ritmo de la novela. Ese lastre no existe en Falcó, de ahí que el ritmo sea tan vertiginoso, sin nada que nos distraiga del personaje o de la misión en la que está inmerso.

El único “pero” es que parte de la trama es previsible. Por una parte hay cosas que son inamovibles como la Historia y todos sabemos que José Antonio Primo de Rivera fue fusilado. Por otra, los que hemos leído muchos libros de este autor, como me pasaba en su día con las tramas de Agatha Christie, podemos vislumbrar parte del destino de alguno de sus personajes como aquí me ocurrió. 'Falcó' es una novela que tiene una virtud: creo que es capaz de gustar hasta aquellos que tienen a Arturo Pérez-Reverte en su lista negra. ¿Qué esta es una opinión totalmente subjetiva? Por supuesto, es la mía. Lo cierto es que nadie podrá quitarme lo que he disfrutado leyendo 'Falcó'.
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MensajePublicado: Mie Oct 26, 2016 10:52 am    Asunto: Responder citando

'Falcó', una novela más sobre nuestra guerra
Andrés Amorós - libertaddigital.com - 25/10/2016

Según un reciente informe, el escritor español actual más leído, ahora mismo, en el mundo entero, es Arturo Pérez-Reverte. A ello han contribuido decisivamente, sin duda, sus novelas de la serie del capitán Alatriste, también llevadas al cine: una especie de 'Episodios nacionales' que han servido para que muchos jóvenes españoles, víctimas de la actual pedagogía, se familiaricen con la España del Siglo de Oro. Esta serie comprende ya siete títulos. No se ha cerrado, supongo que se publicará alguno más, pero no es de extrañar que al autor le apetezca entrar en otros mundos: así ha nacido la serie dedicada a Lorenzo Falcó, cuyo primer título ha aparecido el 19 de octubre.

Ha aclarado Pérez-Reverte sus intenciones: una serie de espías, centrada en este personaje, en la Europa de los años 1920-1930: trenes y hoteles de lujo, mujeres fatales, intrigas… Eso nos sitúa en un mundo cercano al de muchas películas en blanco y negro (Hitchcock) y novelas cosmopolitas (Somerset Maugham). El estilo no es el de la novela negra, seco y conciso, sino que admite más adornos sentimentales.

Para la primera novela publicada (no tengo dudas de que habrá precuelas, sobre la vida anterior del personaje) ha elegido situarla en España, en noviembre de 1936. Falcó dirige un grupo del bando nacional, que intenta liberar a José Antonio, preso en la cárcel de Alicante. La acción se centra en Cartagena (la ciudad natal del escritor, que tan bien conoce) y en la compleja y muy interesante Salamanca de los primeros años de la guerra, poco antes de que muera Miguel de Unamuno, en la que suenan 'Suspiros de España', 'La bien pagá' y 'Ojos verdes', en la voz de Miguel de Molina.

Falcó tiene 37 años, mide 1’87 [sic], usa gabardina y sombrero, con el ala cuidadosamente inclinada, como cualquier galán de cine. Es un mercenario, frío como un témpano, guapo, que seduce fácilmente a toda clase de mujeres; no tiene moral, ni ideología, ni sentimientos. Su valor fundamental es la eficacia; su obsesión, no dejar cabos sueltos; su único punto débil, los dolores de cabeza. Utiliza sexualmente a las mujeres pero admira a alguna, si es tan fuerte como él.

Aunque Pérez-Reverte se empeñe en negarlo, ésta resulta ser, también, una novela más sobre nuestra guerra. La visión del autor es bien conocida, por sus artículos y su libro 'La guerra civil contada a los jóvenes': en las trincheras, combate "la mejor infantería del mundo contra la mejor infantería del mundo" (p. 64); en la retaguardia, hay jóvenes idealistas, "que se soñaban héroes un minuto antes de ser engullidos por los oportunistas y los canallas. Algo tan viejo como el mundo" (p. 69). Los rojos se diferencian de los nacionales por su caos, frente a la disciplina, nada más. Me temo que esta visión no agradará a los que creen en la bondad de uno u otro bando.

Como siempre, Pérez-Reverte se ha documentado ampliamente: los protagonistas usan loción Varón Dandy y gorra de pichi (como la canción de Celia Gámez); se hacen la raya con fijador; beben coñac con sifón; en la radio galena escuchan anuncios de Hipofosfitos Salud; ven las películas 'La madre' y 'La carga de la brigada ligera'… (su costumbrismo no puede competir, por ejemplo, con 'Madrid, de corte a checa', de Foxá). En este ambiente de guerra y penuria, encajan peor las referencias al mundo lujoso de los espías. Se complace el autor en mencionar marcas caras: relojes Patek Philippe, plumas Sheaffer; las mujeres usan maquillaje de Elizabeth Arden; los hombres fuman cigarrillos Players o puros Partagás, beben coñac Courvoisier, recuerdan haber dormido en el Hotel Pera Palace de Estambul (donde Agatha Christie escribió 'Asesinato en el Orient Express'). Todo este atrezzo encajará mejor en las siguientes novelas: el glamour chirría en la Salamanca de 1936.

Ésta es una obra de género, con el atractivo y las limitaciones que eso supone. Sigue fiel Pérez-Reverte a la línea del bestseller "de calidad", inspirado en modelos clásicos (Dumas, por ejemplo), cercano a Umberto Eco y no al lamentable Dan Brown, con el que polemizó, en una Feria de Frankfurt [sic, fue con Ken Follett]. Evidentemente, su nivel literario es superior pero está condicionado por los límites del género: personajes de una pieza, previsibilidad, retórica sentimental compensada por crudas escenas de erotismo y tortura. Se lee con facilidad, desde luego, pero no parece que dé ganas de releerlo.

Y un problema básico en el nuevo protagonista: es mucho más difícil simpatizar con Falcó que con Alatriste, por mucho éxito que tenga con las mujeres. Sólo en la aventura final le mueven algunos sentimientos no puramente egoístas, que lo humanizan. Supongo que, en los siguientes episodios, lejos ya de nuestra guerra civil, su perfil encaje mejor con el paisaje.
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MensajePublicado: Mie Oct 26, 2016 10:57 am    Asunto: Responder citando

Programa en esradio:
http://esradio.libertaddigital.com/fonoteca/2016-10-25/los-libros-falco-lo-nuevo-de-perez-reverte-106463.html
https://www.youtube.com/watch?v=sthvzSsgjXw
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MensajePublicado: Mie Oct 26, 2016 10:59 am    Asunto: Responder citando

El lobo Falcó, la última criatura de Pérez-Reverte, se presenta al público
Jesús Ruiz Mantilla - elpais.com - 25/10/2016

Quienes entraron ayer a la sala de columnas del Círculo de Bellas Artes, en Madrid, miraban alrededor por si la sombra de Falcó se les aparecía con sombrero, gabardina y pitillo en mano. Y es que, como dijo el periodista de 'El País' Jacinto Antón, la presentación de la nueva novela de Arturo Pérez-Reverte, editada por Alfaguara, con el título del nombre de su personaje, supone el nacimiento de un héroe. Un lobo oscuro, amoral, solitario, que se ha escapado vivo de la primera entrega tratando de liberar a José Antonio Primo de Rivera, y anda por ahí, entre la penumbra.

“A mí me gustan más los lobos que los corderos, lo siento pero es así”, asegura el autor. “Responden más a las reglas de la naturaleza. El mundo real es de los lobos y yo me identifico más con ellos. Procuro ser más lobo que cordero. Falcó es de estos: mata, miente, se manejaría mejor en este mundo donde, no nos engañemos, hoy, en Haití o en África, no te asesinan por un Martini, sino por dos dedos de agua”.

En los tiempos de la Guerra Civil, donde está ambientada la novela, también se respiraba esa crueldad. Quizás haya pasado a la historia como una carnicería más ideologizada, pero la coartada de la supervivencia, vaya que si influía. “Me atraía llevar la historia a esa época para colocar en medio de un escenario tan etiquetado de buenos y malos a un personaje amoral. Pero esta no es una obra sobre el conflicto; este es solo un pretexto, un buen espectáculo donde este tipo opera de forma transversal”, indica el novelista. Porque Falcó no ha sido llevado a su extremo más cruel por unas deudas trágicas pendientes. Este señorito andaluz, expulsado de la Marina por conducta indecorosa, está ahí por elección propia. “Podía haber caído en otro bando; en realidad, él busca la aventura, la adrenalina…”, detalla el escritor. Nada que pueda ser confundido ni por asomo con la nobleza.
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MensajePublicado: Mie Oct 26, 2016 11:02 am    Asunto: Responder citando

Una visión desencantada de la Guerra Civil
Ángel Vivas - elmundo.es - 25/10/2016

Los lectores de Arturo Pérez-Reverte están de enhorabuena. En su novela más reciente -Falcó (Alfaguara)- se muestra fiel a los postulados que le han ganado precisamente esos muchos miles de lectores. Falcó, el espía que da título al libro, no está muy lejos (aparte los tres siglos de diferencia) de Alatriste. Si acaso -mejor todavía- es más amoral. "Es un sinvergüenza desde niño, un tipo sin escrúpulos, para él pesa más la aventura, la adrenalina, el estar en territorio hostil, que cualquier idea". Puro Pérez-Reverte, como se ve.

El territorio hostil en el que se mueve el espía Falcó -como Alatriste por Flandes o el propio Pérez-Reverte por "quince o veinte guerras" cuando era reportero- es el de la España de la Guerra Civil. ¿La Guerra Civil, eh? ¿Y en qué bando? Se preguntarán los lectores menos avisados. ¿Bandos? "Para Falcó sólo hay dos bandos: de un lado, él; del otro, todos los demás". Si el nombre del protagonista remite a un halcón, a un depredador, Falcó cuenta también con otros dos animales tutelares: el escorpión que pica y se va, como hacen las fuerzas especiales, y el lobo solitario. Y aquí, el novelista explica su preferencia por el hermano lobo frente al (¿primo?) cordero. "A veces, el cordero casi se merece la suerte que tiene. El lobo responde más a las reglas de la naturaleza. El mundo real es el de los lobos, no el de los corderos. Tengo simpatía por el lobo y procuro ser más lobo que cordero en la vida", dijo, en diálogo con el periodista Jacinto Antón en el Círculo de Bellas Artes.

"Falcó es alguien que sabe. Mentir, matar", dijo, en referencia a algunos comportamientos habituales de su personaje, "son mecanismos elementales de supervivencia. Esa manera de ver la vida que no excluye la crueldad ayuda a sobrevivir". Pero estamos hablando de la guerra. "Yo quería mover a mi personaje por los años 30 y 40. La Guerra Civil es un mero pretexto, es un buen espectáculo", dice Pérez-Reverte. "Me gustaba lo que hay de provocación en poner a un personaje amoral como él moviéndose de modo transversal por una guerra que ha sido tan etiquetada". El escritor no sólo no tiene una idea maniquea de la guerra española (en la que había "canallas e idealistas en los dos bandos, y oportunistas, delincuentes y gentuza"), sino que su experiencia de reportero de guerra le ha enseñado que "cuando te acercas a la gente, a los soldados, las líneas de buenos y malos se diluyen". Además de que es "una estupidez ver todo el pasado con los ojos del siglo XXI, como los cantamañanas que ahora quieren hacerlo todo moral, aplicar los criterios políticamente correctos actuales es falsear la novela".

"Mi afán no es didáctico, no quiero educar al lector ni hacerlo mejor", explica Pérez-Reverte, distanciándose de los cantamañanas, "sólo quiero contar una historia con la que yo me lo he pasado muy bien escribiéndola, mover al personaje por una Guerra Civil real". Falcó, pues, con su amoralidad, su dureza, su respeto por los adversarios valerosos, sus códigos de honor, podrá despertar la simpatía o el rechazo del lector. Probablemente, las dos cosas alternativamente. "Ese vaivén es deliberado. Yo soy escritor desde hace treinta años, y, con el tiempo, hasta el más tonto aprende; yo he aplicado esos trucos de escritura, he jugado con eso".

Con esos mimbres, la novela tiene inevitablemente momentos duros y desagradables, pero también -dijo Jacinto Antón- una cierta tonalidad romántica. Y lo que tiene Falcó es cuerda para algún título más; así lo asegura Pérez-Reverte.
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MensajePublicado: Mie Oct 26, 2016 11:07 am    Asunto: Responder citando

'Falcó', Pérez-Reverte en su mejor momento
José María Pozuelo Yvancos - ABC.es - 26/10/2016

Cuando esta novela se convierta en película (lo piden a gritos), deberá hacerse en blanco y negro, y habrá que elegir muy bien al actor que la represente, puesto que Falcó, su protagonista, es todo un personaje. Situada en distintos escenarios (Salamanca, Cartagena, Alicante) durante los primeros meses de la Guerra Civil, exhibe la proverbial maestría de Arturo Pérez-Reverte en el cuidado de las atmósferas y situaciones, pero tiene su almendra en la personalidad de Lorenzo Falcó, un agente al servicio (por ahora) de los insurrectos franquistas cuya misión es liberar a José Antonio Primo de Rivera, preso en la cárcel de Alicante, zona roja (republicana).

El modo como Pérez-Reverte demuestra ser artista en su mejor momento está en haber salvado una dificultad inherente a su personaje en relación con la sensibilidad de los lectores. ¿Cómo pueden estos ponerse del lado de un espía a las órdenes de Franco que además parece un cínico guiado por su propio interés y que actúa a menudo con cruel desaprensión? Pues ocurre. Al final, tras una trepidante intriga, descubrimos que Falcó no es un desalmado; antes al contrario, es leal a un código de honor que le guía por encima de su interés hasta poner en riesgo su vida. Lo que no habían logrado los ideales (falangistas o marxistas) por los que dicen batallar los otros en bandos enfrentados, lo logra una mujer con quien Falcó contrae una deuda personal. El héroe no está dispuesto a ser de nadie; sabe que a las guerras sólo sobrevive quien pueda quererse a sí mismo por encima de todos.

Otra dificultad salvada por esta novela es haberse metido en la Guerra Civil española con una mirada muy distinta a la que estamos acostumbrados, si bien Javier Marías en 'Tu rostro mañana' había hecho que Jaime Deza supiese del horror de los asesinatos falangistas y la crueldad no menor de ciertos milicianos, como también hiciera años antes Chaves Nogales. Un novelista que sea artista (pocos lo son con tal grado de compromiso como el creador de 'Falcó'), se la juega en la que es su condición primigenia, la mirada, logrando una perspectiva, un modo de contar que consigue no verse contaminado por la ideología. El narrador de la novela, pese a estar relatada en tercera persona, adopta la racionalidad a la que su personaje somete cuantas cosas ve, precisamente porque es un descreído, o porque lo han hecho ser así las guerras anteriores a las que ha asistido (sea en Crimea o en Estambul). Esta perspectiva que sobrepasa la de los demás me ha recordado a los espías de Le Carré, que vienen de vuelta de palabras grandilocuentes. Es la grandilocuencia la que justifica toda guerra, santa para los que militan en cada bando; pero no puede serlo para Falcó, quien no ahorra palabras de desprecio hacia la sórdida falsedad de los falangistas a cuyo servicio está (por el momento).

Finalmente, la sonrisa y mueca del policía franquista Lisardo Queralt solivianta por encima de cualquier otra cosa a Falcó, un Falcó que se había apiadado de los ingenuos jóvenes que estaban dispuestos a dar su vida por José Antonio. Comparte Falcó privilegio de protagonista con Eva Rengel, personaje redondo (como suelen serlo las mujeres de Pérez-Reverte), y con el Almirante, quien sabe que Franco no podía dejar que José Antonio saliese vivo de la cárcel, según tiene probado la historiografía más exigente.

Estoy convencido de que el nido de esta novela se encuentra en un momento y un lugar de 'El tango de la Guardia Vieja', cuando Max Costa, en una terraza frente al casino de Montecarlo, se entrevista con dos espías de Mussolini y no sabe qué baza están jugando. Recuerdo esto por una condición que quiero destacar en la narrativa de Pérez-Reverte: sus novelas trazan lazos de unión unas con otras, hasta formar una urdimbre que es lo que los clásicos llamaban estilo, y los modernos, mundo. El estilo es desde luego acción de lenguaje preciso y terso, donde se liga lo exterior y lo interior en una imagen antes no dicha. Pero llamo estilo también a esa manera de mirar los personajes en sus espacios; porque el espacio, sobre todo el de las ciudades, es en Pérez-Reverte tan fundamental como los objetos, o esa atmósfera de neblina y de lluvia que comunica una sensación, un momento que el lector siente como si estuviera ahí.
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MensajePublicado: Mie Oct 26, 2016 11:15 am    Asunto: Responder citando

'Falcó', un 'best seller' de Pérez-Reverte impecable e inaceptable para la izquierda
Alberto Olmos - elconfidencial.com - 26/10/2016

Se ha recrudecido en los últimos años la división entre novela de género o best seller y "novela sin adjetivos", como la llamaba Cela. Ahora esa novela desadjetivada tiene un adjetivo redundante: "literaria". Ha cuajado de tal forma esta denominación desconcertante, que en la web de algunos grandes grupos editoriales ya se usa el calificativo “novela literaria” para prevenir a los lectores sobre las características -entendemos que arduas- de determinados libros. La etiqueta procede, cómo no, del inglés: “literary fiction”, y habría mucho que decir sobre la diferencia entre la “literary fiction” y la ficción comercial, pero sólo me detendré en algunas consideraciones más bien genéricas.

El best seller es, por principio, un libro escrito para los lectores, para tener muchos lectores. La novela literaria, sin embargo, se escribe para la Historia, esto es, para pasar a la Historia de la literatura. Seguramente no encuentren muchos autores “literarios” que les reconozcan esta ambición delirante, pero, como decían en 'En el nombre del padre', sucede que es la verdad. Obviamente, para pasar a la Historia, el autor literario tiene que gustar a otros escritores literarios, a los críticos, a los profesores de universidad, a los académicos y un poco a los lectores, en concreto a ese puñado de miles de lectores que hay en España que pueden distinguir una página de Benet de una página de Baroja.

Son muy interesantes, para entrar ya en el asunto (el best seller), unas declaraciones que Matilde Asensi hizo una vez. Decía la autora de 'El último Catón' que existen dos tipos de literatura: la literatura de los lectores (léase: si vendo 100.000 ejemplares me importa un huevo lo que diga un crítico de 'El Confidencial' sobre mi novela) y la literatura de los premios, “que todos sabemos cómo funcionan” (léase: camarillas y mafias enfrentadas por conseguir el premio Cervantes o el premio Príncipe de Asturias para autores cuyos libros nadie lee). Otro autor de best sellers, Juan Gómez Jurado, afirmó en defensa propia que, si bien él no podía escribir un libro a la manera de Enrique Vila-Matas, Vila-Matas tampoco podía escribir un libro como 'El espía de Dios'.

Los autores de best sellers -es justo reconocerlo- viven una gloria incómoda, pues cuentan con el favor del público pero son sistemáticamente ninguneados por los suplementos literarios, por los premios nacionales, por las instituciones y por el premio Nobel (pienso que lo verdaderamente rompedor para el galardón sueco habría sido dárselo este año, no a Bob Dylan, sino a Dan Brown).

Como supondrán, no soy lector de best sellers y si me he leído la última novela de Arturo Pérez-Reverte ha sido porque me ha obligado mi jefe. Yo leo exclusivamente novela literaria, que, si me apuran, es la única cosa que considero literatura. Para mí leer un best seller es como tomar heroína. Esto es así porque lo que pasa con los lectores superiores -como es mi caso-, que leemos novelas muy complejas que no entendemos, es que, cuando leemos una novela simple, tampoco la entendemos. Estamos buscando siempre el estímulo de no entender, el desconcierto, esa musculación de la mente. En fin, que me puse a leer 'Falcó' a ver si la entendía. También me puse con ganas de que me gustara, porque sólo un imbécil decide que las próximas horas de su vida tirado en un sofá de Ikea mirando palabras sobre un papel deban ser un suplicio. 'Falcó', la verdad, me ha gustado mucho.

Trata del susodicho, mercenario/matón/sicario/intermediario, en plena Guerra Civil Española aceptando un “trabajo” para los falangistas: “liberar” a Jose Antonio Primo de Rivera de la cárcel donde lo mantienen los republicanos. La misión será violenta y el operativo, de aúpa. La trama me llevó a pensar en la película 'Valkyria', ese filme de Tom Cruise que iba de matar a Hitler y del que muchos se rieron porque los libros de historia proponían el spoiler definitivo: nadie mató a Hitler. Bien, nadie liberó a Jose Antonio Primo de Rivera, pero la ficción funciona justamente cuando hace verosímil lo inverosímil, ya sea convertir a un hombre en un escarabajo, ya (pongamos) ver a Primo de Rivera quitando la pancarta del “No pasarán” de las calles de Madrid.

Arturo Pérez-Reverte lo hace muy bien en esta novela con cuatro cosas: el clásico narrador omnisciente focalizado en la mente de Falcó, mente cuyas entretelas vemos por el uso del estilo indirecto libre y, en contadas ocasiones, por eso tan antiguo -Stendhal en 'La cartuja de Parma'- de poner abiertamente “el personaje pensaba esto:”; las habituales descripciones impostergables de todos los personajes y de todos los espacios; los diálogos que aligeran la lectura; y la ralentización de los desenlaces. Ya está. ¿Fluir de conciencia, puntos de vista, fragmentariedad, anti-novela, metaliteratura, autoficción...? ¡Qué les den morcilla! Pérez-Reverte es como el punk: con tres acordes te ha hecho una canción pegadiza.

La lectura política obligada de esta novela nos la avecinda con 'Soldados de Salamina', pero dando el negativo de la contienda. Si en 'Soldados de Salamina' había igualdad de bondades en ambos bandos, en 'Falcó' hay el mismo número exacto de hijos de puta: entre los falangistas hay siete hijos de puta y entre los comunistas hay siete hijos de puta. Estos matan a 1 profesor y aquellos matan a 1 cura. Estos violan a 1 monja y aquellos violan a 1 maestra. Según Pérez-Reverte, la Guerra Civil Española acabó con empate a hijos de puta. Esta revisión lost-lost post-Transición molesta mucho entre mis amigos más a la izquierda, y obviamente a Pérez-Reverte le van a caer todos los palos del mundo por sumarse a ella.

Palos más merecidos puede recibir de las feministas. No hay un sólo personaje-mujer -a pesar de que Eva Rengel sea un carácter fuerte y conseguido- del que no se diga inmediatamente si está buena. El autor ha decidido que casi todas sean bastante atractivas, dado que su Falcó, amén de recordar mucho a Jason Bourne, tiene también lo suyo del Marqués de Bradomín, y le gusta acumular amantes. Ojo a esto: Falcó considera que llevar mujeres a acciones de riesgo es desaconsejable porque los hombres, “instintivamente”, siempre quieren proteger a las mujeres, y bajan la guardia.

La prosa de Reverte, por otra parte, es casi impecable, pero apenas se puede subrayar. Nadie va a perder el hilo de las aventuras de 'Falcó' por una buena metáfora. En definitiva, 'Falcó' consigue lo que quiere: gustar. Es un best seller muy bien hecho, y como tal alienta una literatura detenida en su éxito, en la reiteración de aquellos recursos que funcionan, mientras que la novela literaria trata siempre de innovar y dejar atrás y persigue el riesgo de lo nuevo: crea sus propios lectores, como decía Valle-Inclán. Así, como la narrativa que mejor funciona (que mejor se lee) de toda la Historia de la literatura es la novela del siglo XIX, hay que asumir la brutalidad de que la ficción comercial de hoy es su heredera y continuadora, bien sea que por la vía barata. Obras como 'El tiempo entre costuras' vienen directamente de Flaubert, mientras que quien quiere ser un gran escritor en el siglo XXI nunca imitará a Flaubert, autor que, por un proceso de fosilización cultural, se ha convertido en un cliché, que es exactamente de lo que va esto de escribir best sellers.
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