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'Falcó' (2016)
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Rogorn
Capitán


Registrado: Feb 01, 2007
Mensajes: 13445

MensajePublicado: Sab Nov 05, 2016 11:04 am    Asunto: Responder citando

Jorge Fernández Díaz lee el inicio de 'Falcó'.
http://jorgefernandezdiaz.cienradios.com/una-apasionante-historia-de-espias-adelanto-exclusivo-de-falco/
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Rogorn
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Registrado: Feb 01, 2007
Mensajes: 13445

MensajePublicado: Dom Nov 06, 2016 9:35 am    Asunto: Responder citando

"La peor gente tiene también lados ambiguos"
Entrevista de Martín Rodríguez Yebra - lanacion.com.ar - 06/11/2016

Arturo Pérez-Reverte cada vez se contiene menos cuando le reclaman corrección política. Se declara harto de los "idiotas del buenismo ideológico" y de los "incultos" que no hacen otra cosa que alimentar fanatismos. 'Falcó', la novela que salió esta semana, funciona para él casi como una provocación. Por primera vez incursiona en el género del espionaje y sitúa la trama situada en la Guerra Civil Española, a la que aborda sin juicios de valor ni reivindicaciones políticas; un escenario poblado de valientes y cobardes, ya fueran fascistas, comunistas o simplemente cínicos. "Me gustaba el desafío de crear un héroe políticamente incorrecto, amoral, sin ideología y a la vez encantador, pero que sobre todo no participa del chantaje moral que hoy impregna hasta el aburrimiento la sociedad occidental", dice el autor de 'La tabla de Flandes' en una entrevista con 'La Nación'.

Lorenzo Falcó es un espía misógino, sin códigos, dispuesto a torturar o matar a sangre fría y sin más patria que sí mismo. El destino lo ubicó en el bando franquista. Su misión: rescatar de una cárcel republicana a José Antonio Primo de Rivera, el fundador de la Falange, el fascismo español. "Habrá quien diga: «¿cómo habla usted de falangistas con ideales o de nazis que no están matando gente en un campo de exterminio?» Me tiene sin cuidado. A mí me gusta ofrecer el material limpio, sin contaminarlo con mi opinión". Con 64 años y 25 novelas encima, Pérez-Reverte se siente un "profesional que maneja los trucos del oficio", aunque hay algo que cree mantener invariable desde sus comienzos: "Nunca fui un escritor inocente".

-¿Qué le atrajo de contar una historia de la Guerra Civil?
-Ojo, ésta no es una novela de la Guerra Civil. Es una novela de los años 30, y la guerra me daba un escenario práctico para lo que quería contar. Cada vez que se habla de la Guerra Civil surge la etiqueta: de derecha o de izquierda, comunistas buenos y fascistas malos o viceversa. Yo quería crear un personaje que no tuviera nada que ver con eso. El contraste entre una guerra tan ideologizada como ésa y un personaje que no lo era me pareció interesante para desarrollar la historia.

-Es un abordaje inusual en España: hablar de la guerra sin dejar huellas ideológicas.
-Yo he cubierto como reportero siete guerras civiles. Las guerras civiles no son como nos la cuentan. La guerra civil es una barbaridad en la que hay bandos ideologizados, pero en medio hay una masa de gente que se queda atrapada y por razones diversas tiene que tomar partido. Por supuesto, tengo clarísimo que un bando tenía la legitimidad, que era la República, y otro no lo tenía. Es una obviedad a la que no voy a dedicar una novela. Yo estoy en otro nivel: el de los seres humanos que estaban allí, matando o muriendo. Y entonces las cosas no están tan claras.

-¿Por qué le cuesta tanto a España lidiar con ese pasado 80 años después?
-España es un país profundamente inculto y la incultura favorece los fanatismos. Para un inculto es más fácil ponerse a pegar etiquetas que discutir los matices de cada bando.

-Se percibe en el libro una fascinación por la época. ¿Siente algo parecido a la nostalgia por ese mundo de los años 30?
-No. Era un mundo injusto y merecía desaparecer, pero era un mundo interesante. No existía la vulgaridad del teléfono móvil, que domina todo.

-Un espía de hoy da poco juego, ¿no?
-Sí, ahora es todo tecnología. Un espía ahora es de lo más vulgar.

-Falcó tiene muchos rasgos habituales de sus personajes, pero resulta más difícil encontrarle el corazón.
-Sí. Alatriste es también un héroe desengañado, pero era un hombre que había tenido fe y que todavía conservaba códigos. Falcó no. Quería contar un héroe sin principios. Quizá porque también era un desafío contar un héroe políticamente incorrecto y que a la vez pudiera generar empatía en el lector.

-¿Una provocación?
-Sí. Quería hacer un personaje que rompiera los principios morales al uso de la sociedad actual.

-Se cumplen 30 años de su primera novela. ¿Se siente un mejor escritor?
-Soy mejor porque soy un escritor veterano, conozco muy bien mi profesión. Yo soy los libros leídos, las experiencias vividas más las novelas escritas.

-¿No extraña nada de sus comienzos?
-No. Yo empecé a escribir tarde, después de ser reportero. Llegué a este oficio con las inocencias perdidas. Nunca he sido un escritor inocente.

-Supongo que el periodismo tampoco lo extraña.
-Extraño la juventud y la sensación de novedad. Pero eso ya lo viví, es otra época. El mundo del periodismo no es el mismo en el que yo me movía. En el periodismo que se hace ahora se exige todo el tiempo implicación emocional del periodista. Si hablas de refugiados en Siria tienes que llorar con ellos, conmoverte. No, el periodismo para mí era contar las cosas y que el lector fuera el conmovido.

-¿De cuánto le sirvió para el trabajo literario haber conocido esos personajes oscuros?
-Me sirvió mucho. Cuando hablo de torturar y matar sé de lo que estoy hablando. Y eso el lector lo percibe. La peor gente del mundo tiene también lados ambiguos. Cuando cubrí la Guerra de las Malvinas conocí torturadores de la ESMA, antes de saber lo que habían hecho, y te aseguro que no llevaban la T de torturador tatuada en la frente. Jamás hubiera sospechado que eran semejantes canallas. En Angola estuve tomando copas con un tipo que estaba torturando a otro. En un descanso se sentó conmigo y me contaba cómo eran sus técnicas, los cuidados que había que tener para que no se te muera, los vínculos afectivos entre torturadores y torturados.

-¿No se le planteó un dilema ético?
-Yo era un reportero. Lo que me estaba contando me interesaba, yo quería que me hablara. Después el lector sacará sus conclusiones. Yo les doy el material sin manipular, virgen, sin contaminarlo con mi opinión.
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Rogorn
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Registrado: Feb 01, 2007
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MensajePublicado: Lun Nov 07, 2016 7:04 pm    Asunto: Responder citando

«El tiempo y los clichés nos han dado una visión maniquea»
Entrevista de Gerardo Elorriaga - elcorreo.com - 07/11/2016

«Yo quiero que esta novela se lea en blanco y negro, como si se tratara de una vieja película, de ahí que existan en el libro tantas referencias para proporcionar el aroma y tono de los años treinta, cuando se hallaba en su apogeo la literatura negra americana», explica Arturo Pérez-Reverte. El autor de ‘Falcó’, hablará con el periodista César Coca de su última obra, un ‘thriller’ ambientado en los tiempos de la Guerra Civil, en un nuevo encuentro del Aula de 'El Correo' que tendrá lugar hoy, a partir de las ocho de la tarde, en la Sociedad Filarmónica de Bilbao. El acto, llevado a cabo con el apoyo de la editorial Alfaguara, cuenta con el patrocinio de la Obra Social La Caixa y la colaboración del Ayuntamiento de Bilbao.

La historia de un espía al servicio del bando franquista al que se le encomienda una operación trascendental respeta las características del género. «Tenía que ser canónico y original, respetar las convenciones y no repetir clichés dentro del escenario complejo del conflicto, lo que complicaba mucho el proyecto», señala el autor. El resultado es una narración entre dos ciudades, Salamanca y Cartagena, ejemplos de dos Españas radicalmente diferenciadas tras el Alzamiento. Frente a la sofisticación de la primera, destaca el caos de la levantina, acosada por la aviación nacional.

El autor niega que se trate de escenarios ficticios, como ha apuntado una parte de la crítica: «Yo he conocido esos ambientes porque nací en el 51 y crecí en la España que aún conservaba huellas de ese mundo. Existe la creencia de que todo es cutre, garbancero o santurrón, pero hubo lugares extremadamente glamourosos en los que se movían diplomáticos y espías». La proliferación de servicios secretos en el bando franquista es otra de las cuestiones que también resultan sorprendentes. «Puede extrañar a quien no conozca el momento histórico, pero fue la tónica al principio, mientras se hallaban en fase de unificación. Luego se implantó una disciplina que nunca llegó a la otra zona», apunta.

La narración muestra una atmósfera de represión donde la población civil era víctima constante del sectarismo. «Está claro que el bando legítimo era el republicano y el malo, el de los militares, pero cuando nos acercamos no resulta tan evidente», advierte el escritor, quien señala la existencia de héroes y canallas de todo tipo en ambos territorios. «El tiempo y los clichés han proporcionado una visión maniquea y elemental. En las retaguardia, donde se manifestó lo peor de la condición humana, hallabas asesinos milicianos, requetés o falangistas», indica. «Hubo 200.000 muertos que no perdieron la vida en las trincheras. La diferencia es que ese abuso se produjo, en un caso, durante tres años y, en otro, alrededor de cuarenta».

El protagonista es un sujeto ajeno a las pasiones políticas. «A Lorenzo Falcó los grandes ideales de patria, nación o bandera, le dan igual y prefiere el peligro, el lujo y las mujeres», advierte su creador. Ese sujeto guapo, elegante y simpático también posee su lado oscuro porque no duda en torturar o matar para conseguir sus objetivos. «Se trata de un personaje complejo y eso lo hace interesante, mucho más que los puramente monolíticos», señala.

La verosimilitud de este tipo de agentes y sus misiones puede parecer cuestionable tras saberse que la esposa de Garbo, el español que engañó a los nazis sobre el desembarco de Normandía, estuvo a punto de desvelar su identidad porque estaba harta de su vida doméstica en Inglaterra y quería volver a su país. «El espía habitual es un tipo gris que redacta informes en una oficina o la telefonista que escucha conversaciones, pero también hubo tipos como Sidney Reilly o Richard Sorge que se movían en ambientes exquisitos, o los asesinos de la Komintern».

El destino de Falcó parece la gran pantalla, pero el autor cree que aún no ha llegado la etapa propicia. «Me lo han planteado, pero es muy pronto», indica. «La película es la interpretación de una persona y si sale prematuramente puede tergiversar la imagen del individuo. Yo prefiero esperar que a que se consolide en el imaginario de los lectores».
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Rogorn
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Registrado: Feb 01, 2007
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MensajePublicado: Mar Nov 08, 2016 9:33 am    Asunto: Responder citando

‘Falcó’, un James Bond revertiano para la Guerra Civil española
David Yagüe - blogs.20minutos.es - 08/11/2016

Aparcado por un tiempo Alatriste, Arturo Pérez-Reverte nos ha presentado su nueva criatura literaria, que tiene pinta de quedarse varios libros con nosotros (no lo digo yo, lo dice el autor): Falcó. No voy a negar que era de los que tenía ganas de hincarle el diente al nuevo héroe de este autor. Falcó es un niño bien calavera, expulsado de la Armada, traficante de armas reclutado por el espionaje de la República española, que, al inicio de la Guerra Civil, se pasa al bando sublevado con su superior. No es un hombre de ideologías, es un superviviente. Es tan feroz como atractivo.

'Falcó' (Alfaguara, 2016) es una novela cien por cien reconocible. Primero, porque es una novela de género, de espías concretamente, con todos los recursos y elementos que se esperan: jefes que oscilan entre lo cabrón y lo leal, agentes dobles, tramas enrevesadas, misiones suicidas, etc. Segundo, porque es una obra donde el estilo, temática y universo de su autor es plenamente identificable. Avisados quedáis, de lo uno y lo otro. A los que no les guste ni lo uno, ni lo otro, abstenerse. Los demás, de cabeza.

Porque, para los que gusten de ambos elementos, Falcó es una novela endiabladamente entretenida que se lee en tres tragos. Su personaje es una especie de James Bond (pero el de de Daniel Craig, glamouroso, mujeriego y machote) en la España de los años 30. Es un héroe más vividor y menos triste que Alatriste al comienzo, aunque acabe siendo un héroe cansado puramente revertiano.

No desglosaré mucho el argumento pero el protagonista se verá en vuelto en una misión suicida para rescatar a Primo de Rivera de la cárcel de Alicante. El autor, afortunadamente la verdad, sitúa a su ‘héroe’ en el bando nacional, lo que puede provocar alguna reacción airada. No se sulfuren, en esta novela son todos unos hijos de perra, rojos y azules. Quizá los falangistas se lleven la imagen más beatífica, ya que aparecen retratados como una especie de violentos idealistas infantiles abocados al fracaso. Además, como comentara hace unos meses Ignacio del Valle en este blog, hace falta que la literatura experimente con el bando de los malos y abandone los clichés: “Era muy fácil ponerme en lado republicano: el reto era ponerse la máscara de Darth Vader”.

Literariamente, la novela parece el embrión que ha germinado de dos libros recientes del autor, 'El tango de la Guardia Vieja' y 'La Guerra Civil contada a los jóvenes'. En esas dos obras parecen estar las semillas de 'Falcó'. Por lo demás, no pasará a la historia por ser la mejor obra de Pérez-Reverte, ni creo que adelante a Alatriste como su personaje más emblemático, aunque quizá debamos esperar a las próximas novelas para juzgar ese extremo. No aporta nada nuevo, ni sorprenderá en exceso. Está bastante llena de lugares comunes de las novelas de espionaje y del universo Pérez-Reverte, pero está bien escrita y engancha. Y tiene gracia jugando con la historia, eso es innegable.

Se agradece al autor el intento juguetón de desacralizar la Guerra Civil como subgénero literario y pervertirlo con elementos de género puro y duro. Apuesta segura para ser una de las novelas más vendidas del año. Y vosotros, ¿la habéis leído? ¿Qué os ha parecido Falcó? ¡Buenas lecturas!
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Rogorn
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MensajePublicado: Mar Nov 08, 2016 4:27 pm    Asunto: Responder citando

'Falcó', noches entre falangistas y hupa-hupas
dorothycontacones.blogspot - 08/11/2016

Se acabó. Ya no hay más. No habrá más hupa-hupas en la penumbra de un bar de hotel. Ni más personalidades falsas. Ni más borsalinos medio caídos sobre un hombro. Ni más Players. Ni brasas protegidas en la oscuridad. Ni tiroteos a la orilla de la playa. Ni planes para rescatar falangistas de la prisión. Sólo han sido un par de noches, pero lo suficientemente emocionantes, divertidas y peligrosas como para saber que Lorenzo Falcó, ese mercenario de la convulsa España de los años 30 creado por Arturo Pérez-Reverte, se va a quedar conmigo para siempre.

Tuve entre mis manos su aventura varias noches. Soporté la tortura de cerrar varias veces un libro que me pedía a gritos que siguiera, hasta el final, de un tirón. Pero no. Desde las primeras frases supe que no debía ceder. Que debía abandonarlo de vez en cuando. Que no quería leérmelo de un trago y darme cuenta, días después, que no recordaba nada. Las resacas, incluso las librescas, tienen esos efectos y quien devora no degusta. Así que, noche tras noche, dejé a Lorenzo Falcó seduciendo mujeres. O matándolas. En el traqueteo de un tren. O en una playa a oscuras. Aguantando el tipo mientras enseña una documentación falsa. Con el cuerpo en tensión antes de enfrentarse a algo. Fingiéndose uno más cuando ya sabe que se quedará atrás. Conservando la sangre fría mientras tortura.

Así fui dejando al que es uno de los personajes más contundentes que he descubierto en los últimos años. Él es la historia. Él es la novela. Tengo la sensación de que da igual qué haga, quién le acompañe, cuál sea el escenario. Todo eso es necesario, imprescindible, para que la trama enganche, pero es él quien consigue que te quedes pegado a esa historia que no puedes evitar imaginar en blanco y negro. En la que la intriga, el suspense y las dudas sobre quién es quién en realidad y por dónde saldrán te mantienen alerta, desconfiada, con las pestañas aguzadas. Falcó no es un buen tipo. Es un cabrón de marca. De esos a los que es mejor no acercarse mucho, a los que no se debe confiar nada, porque nunca sabes si están en tu bando y porque puede cambiar de bando en cualquier momento. Es un personaje que lo tiene todo para caer mal al lector. Y sin embargo, no es así. Serán las escasas lealtades que muestra, la valentía, el orgullo, la seguridad, alguna debilidad, la ironía o las pocas normas que cumple. No lo sé. El caso es que ha acabado seduciéndome y dejándome con ganas de más.
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Rogorn
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MensajePublicado: Jue Nov 10, 2016 2:50 pm    Asunto: Responder citando

Falcó, el héroe más cipotudo de Pérez-Reverte
Lorena G Maldonado - elespanol.com - 10/11/2016

La prosa cipotuda es el rayo que no cesa y ha dejado su inconfundible estela en 'Falcó', la nueva novela de Arturo-Pérez Reverte, que arranca en el otoño español de 1936 pero bien podía haber comenzado en cualquier otro lugar y otro tiempo, porque, como dice el autor, no es una historia sobre la guerra civil, sino “un libro de personajes”. Su protagonista es un ex contrabandista de armas y mercenario reconvertido en espía al servicio del Movimiento Nacional, un canallita burgués expulsado de la Armada por “líos de faldas e indisciplina”. Ha sido contratado por los servicios de inteligencia franquistas para liberar al líder falangista José Antonio Primo de Rivera, prisionero de la República en la cárcel de Alicante.

A sus órdenes están los hermanos Montero y la fascinante e inasible Eva Rengel, que, a diferencia de Lorenzo Falcó -asalariado del proyecto que toque-, son personas con credos, con ideales, vástagos de una causa. Aquí la primera característica cipotuda y estructural de la novela: el extremocentrismo al que se refería Íñigo Lomana, la equidistancia como herramienta de insubordinación. "-¿En qué habría de creer? -Falcó emitió una risa desagradable-. ¿En unos generales llamados por Dios a salvar España de la horda marxista? ¿En una República proletaria, bondadosa y honrada que defiende su libertad…? Eso os lo dejo a vosotros. A los muchachos con fe." Pérez-Reverte ha preferido no posicionar a su protagonista en ningún bando: Falcó es el fin de las ideologías hecho carne, un tipo que, bajo la pátina de la amoralidad, lo mismo se hace compadre de los franquistas que se deja envolver por una espía rusa. Hoy está aquí y mañana allí. Su sistema de lealtades nada tiene que ver con la esfera política, sino con eso tan cipotudo del orgullo y la honra personal, la hombría, la caballerosidad, y -siempre-, “el instinto de protección de la hembra”. La fidelidad es, en realidad, un asunto de coraje. De pelotas.

El mercenario es un zorro viejo, endurecido y cínico, permeable sólo a los breves placeres de la violencia y el sexo. Por eso ya en las primeras páginas hay apasionadas descripciones armamentísticas, teniendo en cuenta que las pipas pueden ser “siniestramente bellas”: “Era su favorita, y desde julio de aquel año no solía alejarse de ella. Se trataba de una semiautomática Browning FN modelo 1910, fabricada en Bélgica, de triple seguro, acción simple y recarga activada por retroceso, con un cargador de seis cartuchos: un arma muy plana, manejable y ligera, capaz de enviar una bala de calibre 9 mm a la velocidad de 299 metros por segundo (…) Había dedicado un buen rato de la tarde a desmontarla, limpiar y aceitar cuidadosamente sus piezas principales”.

Y, por qué no -se repetirán constantemente a lo largo de la novela-, superficiales referencias femeninas: “La última ojeada la dedicó Falcó a sus piernas: eran bonitas, concluyó ecuánime (…) El rostro no era gran cosa y debía mucho al maquillaje”. No obstante, el primer gran diálogo cipotudo del libro -dentro de esa “semántica de la masculinidad”que requiere de “novias, bares y trincheras”- llega en la página 20, una hazaña precoz teniendo en cuenta que la novela se inaugura en la 9:

"-Me acuerdo, claro -la mueca del otro se convirtió en risa despectiva-. Una rubia grandota, con un escote en la espalda que le descubría hasta el culo. Tan puta como todas las alemanas… conociéndote, me extraña que no toreases en esa plaza.
Falcó sonrió evasivo, como si se disculpara.
-Triscaba en otros pastos, Almirante."

Un poco más adelante, la descripción de Falcó lo encuadra como un gran crápula sofisticado y cargadito de testosterona: “Olía a loción Varón Dandy y estaba peinado hacia atrás, con fijador y raya muy alta, mientras se colocaba pausadamente, ante el espejo de la habitación de hotel, el cuello y los puños postizos de la camisa de smoking. La pechera era inmaculada, y los tirantes negros sostenían los pantalones que caían con raya perfecta sobre los relucientes zapatos de charol”. El cipotudo sabe que lo es y se vanagloria de ello. No hay vergüenza ni humildades aquí: “Falcó permaneció inmóvil estudiando el reflejo, satisfecho con su aspecto: rasurado impecable a navaja, patillas recortadas en el punto exacto, los ojos grises que se contemplaban a sí mismos, como al resto del mundo, con tranquila e irónica melancolía”. Cipotudo desencantado, arrastrando su saco árido de aventuras. Y, cómo no, dejándose redondear por el comentario tierno de alguna fémina. “Una mujer los había definido [sus ojos] en cierta ocasión -siempre correspondía a las mujeres definir esa clase de detalles- como ojos de buen chico al que le fueron mal las cosas en el colegio”.

La vida era, para Falcó, “un coto de caza cuyo derecho a transitarlo estaba reservado a unos pocos audaces: a los dispuestos a correr el riesgo y pagar el precio, cuando tocara, sin rechistar. Dígame cuándo le debo, camarero. Y quédese con el cambio”. Ahí “un lobo en la sombra, ávido y peligroso”, pero, a la vez, “de sonrisa irresistible”. Decía Pérez-Reverte que su intención era que las lectoras quisieran meterlo en su cama y los lectores quisieran irse de copas con él. Deseo y alcohol: otros dos grandes requisitos de la prosa cipotuda. Empecemos por el primero.

Falcó nos hace ver constantemente que entiende de hembras. No por casualidad era un picaflor de aúpa. “Siempre resultaba instructivo, y útil, observar las reacciones de una mujer casada cuando se mencionaba al marido ausente”, reflexiona. Ellas son un gran trofeo, especímenes hermosos y susceptibles a la lubricación que capturar con audacia, por eso se refiere a algunas como “de caza mayor”. Otras están “por encima de la media”. También es cierto que“desde muy joven había aprendido, a costa de algunas rápidas desilusiones, una lección crucial: las mujeres se sentían atraídas por los caballeros, pero preferían irse a la cama con los canallas. Era matemático”. El protagonista lleva impreso en el cuerpo su decálogo de la seducción y lo aplica con solvencia. Conoce lo que rezan las cartas volcadas del adversario. “Una táctica muy femenina era la suave agresión defensiva: tanteo del enemigo y estudio de reacciones; nada nuevo en el añejo manual de la vida”. Es consciente de que “una mujer como es debido sabe cruzar las piernas, fumar y tener amantes con la elegancia adecuada: sin darle importancia” y de que “casi todas toman la precaución de enamorarse” antes de tener sexo. “¿Para protegernos?”, le pregunta una de ellas. “Para justificaros”, responde él, con descaro.

"-¿No le da un poco de fatiga ejercer siempre de seductor?
-¿No le duele a usted la cara de ser tan guapa?
(…)
-Esto se parece mucho al acoso y derribo, señor Falcó.
-El acoso acabo de hacerlo… ahora me falta el derribo."

Piensa que ser guapa e inteligente es compatible, pero, de no ser cierto esto último, reconoce que se queda con las guapas. Acostumbra a ir de crack, a olvidar pronto por no sé qué vieja rencilla amorosa que lo hizo espabilar.

"-Así es -Falcó hizo una pausa breve, muy calculada, para mirarle el escote con insolencia.- Y lo lamenté mucho.
-Creo recordar que la mujer que lo acompañaba era muy guapa… Griega o italiana, ¿no?
Sostuvo Falcó su mirada, impasible.
-No recuerdo a ninguna mujer.
-¿En Zagreb?
-En ninguna parte."

Eso sí: en las escenas de sexo esporádico se crece y saca la bestia que lleva dentro. “Le acarició los senos mientras ella deglutía cuanto era posible deglutir en una anatomía masculina”. Dice que una de las chicas tenía “los senos germánicos” y que “colgaban grandes y pesados”:“Sólo faltaba música de Wagner”. Asume, no sin gallardía, que el miembro no siempre retiene sus dulces líquidos fácilmente. Y menos ante una felación estratosférica.“Manejaba la lengua con una soltura sorprendente, disfrutando realmente de la tarea, y él se vio en apuros para conseguir que la cosa no acabara allí mismo, con una explosión de afecto prematura (…) Pensó con urgencia en el general Franco, en la misión que le esperaba, en los tres falangistas de hacía rato, y eso le enfrió algo el ánimo, devolviéndole el control de las circunstancias”. La tarea no era fácil, dado que su amante tenía un “cuerpazo colosal” con la carne “muy en su punto” -“libre, trémula y generosa, con pezones oscuros, enhiestos y de un tamaño notable (…) una valkiria con las uñas de los pies y de las manos pintadas”.

En otro affaire, Falcó se sobrepasa y la chica le pega un puñetazo que le hace sangrar. Pero todo queda envuelto en sábanas. Del golpe de la ofensa a la penetración en dos cómodos pasos. Ella le “besaba la sangre” mientras “respiraba ronca, entregada”, y, “de repente, pasiva”. “Entonces, Falcó le levantó la falda hasta las caderas, le arrancó las bragas, se despojó de la ropa y se clavó una y otra vez en aquel cuerpo espléndido, con urgencia y desesperación, tan hondo como si le fuera la vida en ello”. Prosa cipotuda con alcance de esófago.

Tras el deseo, el alcohol. Falcó goza de un garito americano, un templo estupefaciente en condiciones. Es el bar americano del Gran Hotel, donde nuestro protagonista “apoyaba el codo en el mostrador y un pie en la barra, y de vez en cuando cogía la copa que estaba junto al codo para beber un sorbo corto”. Un ecosistema mágico con fotos de artistas de cine enmarcadas en las paredes, “cómodos taburetes altos de cuero, decoración de madera y metal cromado”, una mezquita de silencios y conversaciones a donde ir a parar entre polvo y reyerta y conocer de buena mano el nombre del camarero -ese cómplice-, así como tomar sus recomendaciones en cuenta.

"-Creo que voy a pedirte otro hupa-hupa, Leandro.
-Yo esperaría un poco, Don Lorenzo… lleva usted dos y tarda en hacer efecto.
-No se hable más. Tú mandas."

¿Hupa-hupa? “Yo no bebo esas mariconadas”, gruñía el Almirante. “¿Bebe usted coñac?”, le preguntan a Falcó otro día. “Bebo lo que se tercie”. Así es él: un pozo resistente a todos los mohos. Si la cosa se pone chunga, saca la petaca y ofrece cigarrillos. No hay tutía. “Era bueno estar vivo, se dijo, fumando un habano y bebiendo coñac francés, y no tumbado sobre el mármol blanco del depósito con una ficha de cartón anudada al dedo gordo de pie”.

La novela pone en relieve la agotadora competición de la masculinidad bélica:

"-Y yo a ti te creía en el frente -respondió.
-De ahí vengo -el militar se indicó una sien, donde bajo el cabello alisado con brillantina se advertía el hematoma de una contusión-. Conmoción cerebral, dijeron.
-Vaya… ¿algo serio?
-No. Un rebote de metralla, que por suerte amortiguó la gorra. En Somosierra. Me dieron una semana para reponerme. Me reincorporo pasado mañana."

También Falcó era un superviviente a base de testiculario. Para definir al personaje de Fabián Estévez, Pérez-Reverte señala que “es joven y tiene fama de tenerlos bien puestos, no es de esos emboscados de retaguardia que acuden en socorro del vencedor”. “¿Te encuentras bien?”, preguntan en otra ocasión. “Me encuentro hasta los cojones”, y así. Los globos seminales como vara de medir el coraje, pero también como umbral del hastío.

Es complicado elegir un solo diálogo en Falcó que abrace toda la idiosincrasia de la prosa cipotuda, su rico mosaico de centrismo, heroicidad, canallismo, fervor por las mujeres, los socios y las tabernas; su colocar la mano derecha en el paquete y apretar bien fuerte. Tal vez el apropiado sea ese que se desarrolla en mitad de una tortura, cuando toman preso a Lorenzo y le apalean para que confiese. "Cuando empecéis -respondió Falcó tras toser y respirar muy hondo- puedes hacerlo chupándome la verga."
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Rogorn
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Registrado: Feb 01, 2007
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MensajePublicado: Jue Nov 10, 2016 2:58 pm    Asunto: Responder citando

"Si hubiese seguido de reportero estaría en Irak. Nunca me hubiese ocupado de Trump"
Gemma Malvido - laopinioncoruna.es - 09/11/2016

El escritor Arturo Pérez-Reverte inaugura hoy, en el auditorio del Ágora, el ciclo literario 'Encuentros con escritores', que organiza el Centro de Formación de Profesores de A Coruña. Hablará de 'Falcó', su nueva novela, a partir de las 19.00 horas. Las invitaciones para asistir al acto están agotadas.

-Viene a presentar 'Falcó', la historia de un aventurero de los años 30, ¿cómo fue el proceso de creación de este personaje?
-Yo escribo desde hace treinta años y soy un escritor profesional. Esta es una novela más de las que escribo y cada una me lleva entre un año y dos años de trabajo. Es un espía que se mueve en la Europa de los años 30 y, en este primer episodio, se mueve en el escenario de la guerra civil española. No es una novela sobre la guerra, no pretende ni explicarla ni debatirla sino que la utilizo como fondo para una novela de personajes, de espías.

-¿Por qué esa decisión de no profundizar en la guerra pero sí utilizarla como ambientación de la novela?
-Porque soy novelista, no un historiador. No tengo ninguna obligación de debatir ni de explicar nada. Yo cuento una historia y es el lector quien debe moverse por ella y sacar sus conclusiones. Yo no tengo ninguna misión apostólica ni educativa ni didáctica, solo narrativa.

-¿No hay una deuda histórica con ese periodo, no de los escritores de ficción en particular, pero sí de la sociedad española?
-Eso no es asunto mío. Yo no intento cubrir una necesidad de la sociedad ni intento cubrir un hueco. Cuento una historia nada más. Esa historia transcurre en un mundo y no tengo por qué explicarlo. No me mueve un afán didáctico ni social.

-¿Y cómo es Lorenzo Falcó para que decidiese cambiar la idea inicial de hacer solo una novela con él a convertirlo en el protagonista de una serie de libros?
-Es un tipo elegante, guapo, amoral, simpático, encantador, un canalla sin escrúpulos que, además de torturar y de matar, es un espía que trabaja para los servicios de inteligencia de los años 30. Lo he pasado muy bien con la historia, porque ha sido sumergirme en la ropa, en las costumbres, en la música... Lo he pasado tan bien que decidí hacer varias novelas porque quiero prolongar el placer de escribir sobre esa época.

-¿Y también ver cómo evoluciona con el paso de los años?
-Claro, porque ese periodo, el de los años 30 y 40 ofrece muchas posibilidades. Era una Europa muy convulsa, muy agitada, con los fascismos, los comunismos, los socialismos, el nazismo, la Guerra Mundial a punto de estallar, la española ya en marcha. Es un escenario tan rico de posibilidades, tan lleno de sucesos y episodios, que me pareció interesante dedicarle algunas novelas para mover a mi personaje.

-Para época convulsa está también la actual, Trump acaba de ganar las elecciones en Estados Unidos.
-Como ciudadano sí me interesa la época actual, pero ahora estoy puesto en modo novelista. Ahora el presente no existe para mí.

-¿Y cómo se puede abstraer de la realidad?
-Me abstraigo con disciplina y con mi trabajo, que es bastante absorbente e intenso. Cuando escribo no estoy pensando en Rajoy ni en Trump, pienso en mi novela.

-Pero es inevitable preguntarle hoy [por ayer] por este tema.
-Pero yo puedo evitar contestar. Usted cumple con su obligación y yo cumplo con la mía.

-Claro. ¿Está trabajando ya en la segunda parte de 'Falcó' o publicará otras obras antes de seguir con este personaje?
-No, ya la he empezado, estoy trabajando en ella y, en cuanto pase todo este periodo de entrevistas y de promoción, que es inevitable, porque se publica tanto, hay tanto ruido que ahora es necesario acompañar un trecho los libros para que lleguen al mayor número de gente posible.

-¿Le interrumpe en el proceso creativo hacer promoción de sus obras?
-Yo escribo todos los días. Esto es un trabajo, no es un arte. Yo soy un escritor artesano, no un artista. Cuento una historia y voy empleando días como el que va a una oficina o a un trabajo rutinario. Yo le dedico a escribir ocho horas de trabajo y, cuando no puedo más, voy a navegar y sigo. Cada día hago tres o cuatro páginas y poco a poco voy sumando. Yo me levanto para trabajar, no para hacer arte. Es un trabajo rutinario, muy satisfactorio, que me gusta mucho pero tiene una parte fundamental de disciplina. Siempre he dicho que a un novelista profesional las musas tienen que encontrarle trabajando, así son mucho más rentables y útiles.

-¿Las musas todavía existen?
-Sí, hay momentos dulces, de inspiración, en los que uno se da cuenta de que ha descubierto una buena historia, una buena peripecia o personaje, pero no es todo el tiempo. Contar una historia es un trabajo metódico y sistemático, no es un arrebato narrativo, es un esfuerzo de meses y, además, termina uno agotado.

-¿Es un vestigio de la práctica periodística eso de levantarse para escribir?
-Sí, pero yo siempre he dicho que, si detrás de una novela se ve a un periodista es una mala novela y, cuando se ve a un novelista en un artículo de prensa es un mal artículo. Son dos géneros diferentes y hay que mantenerlos lejos. Lo sé porque he practicado los dos. El periodismo me dio una ventaja, la capacidad de obtener información con rapidez, analizarla, documentarla. Esa fase previa de distinguir lo importante de lo que no lo es, de seleccionar materiales con eficacia se la debo al periodismo.

-En un medio digital le ponían como exponente de la "prosa cipotuda"...
-No leo periódicos digitales, estoy demasiado ocupado con mi trabajo. Tengo otras cosas que hacer que me importan mucho más.

-Y con 30.000 libros en su biblioteca supongo que tiene otro tipo de lecturas.
-Ahora habrá alguno más. A mi edad, una biblioteca es el resultado de una vida. Son libros heredados de mi familia, otros comprados por mí. Los tengo clasificados por materia. La mayor parte, unos dos tercios son libros de historia, clásicos griegos y latinos, que son los que más frecuento. Hay literatura moderna, pero muy poca. Es una biblioteca viva, me muevo en ella y cuando estoy escribiendo recurro mucho a los libros que tengo. Yo soy muy poco de internet, lo uso, pero de manera puntual, para cosas concretas, prefiero navegar por mi biblioteca que por internet. Prefiero el Espasa o la Enciclopedia Británica a la Wikipedia. Es más divertido.

-Pero más lento.
-Yo no tengo prisa. A veces la rapidez es un enemigo de la cultura. A veces vamos a lo superficial porque es más rápido y no profundizamos y nos quedamos con clichés.

-¿En días como el de hoy [por ayer] no le pica el antiguo gusanillo del periodismo?
-Si hubiese seguido de reportero estaría en Irak, no en Washington. Cuando veo cosas en Alepo o en Siria, sí, pero nunca me hubiese ocupado de Trump.


Ultima edición por Rogorn el Vie Nov 11, 2016 5:31 pm, editado 1 vez
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MensajePublicado: Jue Nov 10, 2016 3:04 pm    Asunto: Responder citando

«Es una novela escrita en blanco y negro»
Rodri García - lavozdegalicia.es - 10/11/2016

Se llama Almirante y es de Betanzos. Es uno de los protagonistas de la última novela de Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951). El escritor presenta el libro hoy, a las 19.00 horas en el Ágora, en un acto organizado por el Centro de Formación e Recursos que coordina Javier Pintor. El académico decía ayer: «Estoy muy contento, porque a la gente le gusta mucho este personaje. Tengo muchos amigos que me han dicho que es de verdad un gallego de Betanzos, se le reconoce». Y lo reafirman algunas expresiones: «No, carallo. No puedes fumar», advierte Almirante a Lorenzo Falcó. No es el único guiño, ya que cuando, por la guerra, en una taberna no hay vodka es sustituto por orujo gallego.

-¿Cómo va la presentación en sociedad de su amigo Falcó?
-No me puedo quejar. Le va bien. Están ahora con la segunda edición. Eso significan unos 215.000 ejemplares en el mercado, así que estoy contento. Ha sido bien acogido.

-¿Le dio mucho trabajo?
-Toda novela es trabajo. Además yo no soy un escritor, soy un artista, soy artesano, soy un tipo que hace novelas. Me levanto cada mañana y le echo mis ocho horas, o siete. Y va uno sumando días y páginas. Cuando no puedo más me voy a navegar, vuelvo y sigo. La parte de inspiración, de arte, es mínima, el resto es de horas.

-¿En qué momento ve nacer a Lorenzo Falcó?
-Una novela nunca nace sola. Es una acumulación de cosas. Tengo 65 años, una cierta biografía a mis espaldas, las películas que he visto. Todo eso se va acumulando y un día toma forma por una idea, una palabra, una frase, un algo. Estaba viendo una película de los años 30 y alguien dijo de un personaje: «Es un caballero, pero no es un caballero». Lo decía Gloria Swanson a Melvyn Douglas y la película se llama 'Esta noche o nunca'. Esa frase desencadenó el mundo que todo novelista serio lleva consigo. La historia tomó cuerpo en torno a eso.

-Usted a Falcó le llama de todo: cruel, asesino, torturador, pero es un tipo refinado, ¿no?
-Ese era el desafío. Yo quería contar una historia de espías pero de verdad, del mundo auténtico, no de ficción. Una historia donde la vida real, la tortura, la muerte, la violencia, como en la vida real, se manifestaran con absoluta normalidad. La gente que hace el mal, que es violenta, que mata no dice: «qué malo soy»; «qué remordimiento tengo». Yo los he visto, no me lo han contado. Yo quería dotar a mi personaje del realismo de esa vida. Para que el lector aceptase un tipo como él, amoral, tramposo, mujeriego, que no respeta el no de una mujer, tenía que dotarlo de otras cualidades que lo hicieran atractivo y por eso es elegante, simpático, inteligente, tiene réplicas brillantes. Y después trabajé con los diálogos, con la historia, que, como toda novela de espías, es canónica.

-¿Algo que ver con Le Carré, Fleming o Frederick Forsyth?
-No, no. Ha pesado mucho más la literatura de los años 30, las primeras novelas de Graham Greene, el cine de Hitchcock o el de los años 30. Es una novela que está escrita en blanco y negro. Entonces tenía que utilizar fuentes del blanco y negro para que el lector lo viera así.

-En 'Nada y así sea' Oriana Fallaci visita a un asesino.
-Conozco bien ese libro. Lo leí con 15 años y es uno de los libros por los cuales me hice reportero. Es uno de los que más influyeron en mi vida.

-Fallaci habla con el general Loan, un abismo de maldad con flores en su despacho, que evoca a personajes de su novela.
-Somos una sociedad tan estúpida, la occidental, que creemos que el bien y el mal están definidos claramente y que todo el mundo lleva una etiqueta en la cabeza: el bueno, el malo. La vida no es así. Cuando uno es abogado criminalista, o médico en urgencias, o bombero, o policía está cerca de la vida real. Entonces lo de las etiquetas se diluye. Yo quería jugar con el factor humano del personaje, un tipo capaz de torturar y de matar también puede hacer cosas nobles y heroicas. De hecho los he visto actuar: a la misma gente hacer atrocidades y hacer cosas hermosas.

-¿Tiene mensaje su novela?
-No quiero debatir, ni aclarar, ni educar, ni ser didáctico. Yo cuento una historia y el lector que saque sus conclusiones. El novelista no tiene obligación moral de nada. Por eso me parece importante recuperar el relato objetivo de una novela y luego los malos y buenos los pone el lector. El novelista no tiene por qué etiquetar a sus personajes. Esto es el eje de la cuestión, esto es la médula de la novela y de la vida, de todo.

-La mítica frase de José Tojeiro «Me echaron droja en el Cola Cao» se la dijo a usted.
-[Risas]. Eso fue glorioso. La verdad es que 'Código 1' (programa de TVE) duró un mes. Me dije "esto es basura" y me fui otra vez a la guerra. Pero ese mes me lo pasé muy bien.
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MensajePublicado: Jue Nov 10, 2016 3:17 pm    Asunto: Responder citando

'Falcó', de Arturo Pérez-Reverte
Juan J Calvo Almeida - cantoriahipponensis.com - 09/11/2016

Parece ser que las intenciones del autor son las de escribir una serie de novelas con el mismo personaje, tal y como hiciera con El Capitán Alatriste, pero esta vez centrándonos en los años 30-40 del pasado siglo. El protagonista de la presente novela, Lorenzo Falcó, es un individuo que se mueve en los mejores ambientes aunque con una catadura moral de la más baja estofa. En el momento de su presentación cuenta ya con un amplio historial: contrabandista de armas, espía, agente de inteligencia, jugador… y siempre sacando tajada de allí donde ha metido la mano o la nariz.

En esta primera novela el escenario es nuestra guerra civil, pero no se asuste el lector pensando que en la novela se describen batallas, hechos de armas, actos heroicos, ambiente de trincheras, etc. Nada de eso. Nuestro hombre recibe una misión que, en caso de salir bien, puede cambiar el curso de los acontecimientos y, por ende, de la guerra y de la Historia. Así, pues, es en el mundo del espionaje, de los comandos, de la trastienda de la guerra, donde se desenvuelve la acción novelesca de 'Falcó'.

Y Pérez Reverte aprovecha la ocasión no para hablar de nuestra guerra civil en particular sino para hablar del perfil humano de quienes sufrieron los rigores de la guerra: los compañeros de Falcó y otros personajes secundarios, héroes anónimos, forman el núcleo duro de la crítica al ambiente militar de uno y otro bando. Fustiga sin piedad tanto a republicanos como a fascistas porque encuentra las mismas traiciones e idénticos vicios tanto en unos como en otros. En definitiva saca a la luz todo lo pútrido y hediondo que tiene la guerra sin necesidad de arrimar el ascua a ninguna sardina. La guerra de los Balcanes, que vivió en primera fila como reportero de guerra, le aporta la experiencia para hurgar en los entresijos de nuestra guerra civil.

Falcó no es un héroe al uso; más bien, un antihéroe. Es uno más de tantos con una doble moral que es capaz de justificar lo injustificable apoyándose en que “las órdenes son las órdenes”, aunque para él las órdenes vayan siempre acompañadas de un suculento beneficio porque él no actúa si no hay dinero de por medio. Claro que la misión que se le encomienda…

Tenga el posible lector la total seguridad que se va a ventilar la novela en pocas sesiones, en contaditas sesiones de lectura, y, además, como tiene una edición esmerada, con letra clara y espaciada, buen papel, interesante cubierta, etc. se convertirá en objeto de regalo para las próximas Navidades o Reyes. Seguro que le gustará, amigo lector.
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MensajePublicado: Vie Nov 11, 2016 5:37 pm    Asunto: Responder citando

10.11.2016 - Entrevista con Gregorio León en Onda Regional de Murcia
http://www.orm.es/servlet/rtrm.servlets.ServletLink2?METHOD=DETALLEALACARTA&serv=BlogPortal2&idBlog=8&ofs=0&orden=1&orden2=1&idCarta=12&sit=c,5,ofs2,0&mOd=39378&autostart=RADIO
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MensajePublicado: Dom Nov 13, 2016 4:22 pm    Asunto: Responder citando

"En los dos bandos hubo verdugos, canallas y héroes"
Entrevista de Francisco Correal - diariodesevilla.es - 13/11/2016

Vuelve a su ciudad natal en su última novela, 'Falcó'. Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) inscribe la historia en el contexto de una Europa de entreguerras en la que mercenarios y espías se mueven a sus anchas mientras elegantes caballeros y hermosas mujeres disfrutan de trasatlánticos y balnearios. 'Falcó' da un salto de siglos en la España de Alatriste. El autor está mañana en Sevilla (Teatro Central, 19:30) para conversar con Jesús Vigorra de esta historia que terminó de escribir en Estoril, en el mismo escenario donde se quita del primer plano Falcó. Pérez-Reverte ingresó en 2003 en la Academia de la Lengua.

-Usted le propuso a Eslava Galán el título de 'Una historia de la Guerra Civil que no le va a gustar a nadie'. ¿Va a gustar esta novela de la Guerra Civil?
-Falcó no es una novela de la Guerra Civil, es una novela de espías en la España de los años treinta. La Guerra Civil no pretendo ni contarla ni explicarla.

-Al principio aparece Curzio Malaparte, que termina su novela 'La piel' con la frase "es una vergüenza ganar la guerra".
-Hay guerras que es una vergüenza ganarlas y guerras que ganarlas es un honor. Ganarle la guerra a Hitler fue estupendo.

-Radio Sevilla es una constante en su trama, como en 'San Camilo 1936', de Camilo José Cela.
-Fue muy importante. El programa de radio más oído, primero el parte de Radio Nacional, después la alocución de Queipo. Una audiencia superior a la de las radionovelas o telenovelas que se oía en los dos bandos, el nacional y el republicano. Mi padre la oía cada noche y vivía en Cartagena, zona republicana.

-¿Es autobiográfico cuando Falcó cuenta que su motivación principal fue la visión de un barco o "puede que un libro de viajes o aventuras"?
-La novela es un artefacto narrativo. No desnudo mi alma en la novela. Falcó no tiene nada que ver conmigo. Es un ex contrabandista de armas golfo, simpático, sin escrúpulos, capaz de matar y torturar y de darle un no a una mujer.

-La misión del protagonista es sacar a José Antonio Primo de Rivera de la cárcel de Alicante. ¿Es políticamente incorrecto?
-La Historia no es correcta ni incorrecta. En este país somos muy dados a las etiquetas de nacionales y republicanos, buenos y malos. En los dos bandos hubo verdugos, canallas y héroes y Falcó pasaba transversalmente por los dos.

-Por lo visto, José Antonio le pidió un avión a la República para ir a Burgos y negociar con los rebeldes.
-Repito que es un libro de aventuras y espionaje con los elementos canónicos: diálogos cortos, suspense. No es un libro de historia, sobre la Guerra Civil o la figura de José Antonio. Quien busque eso debe irse a los libros de Historia.

-¿Y a los hispanistas ingleses? ¿Les da credibilidad?
-Claro que se la doy. Los he leído a todos antes de ponerme a escribir esta novela, pero le debe menos a Preston o a Hugh Thomas que a Somerset Maugham o el cine de Hitchcock.

-En dos ocasiones repite la frase de Escipión el Africano: "En asuntos de guerra es vergonzoso decir: no lo había pensado".
-En la guerra y en la paz.

-¿También se lo podían aplicar los que han votado a Donald Trump?
-Supongo que sí.

-¿El nombre de Lorenzo Falcó?
-Cada vez que encuentro un nombre lo apunto y me lo guardo. He navegado mucho por el cabo Falcó, en las Baleares. Hay un Falcó en otra novela mía.

-¿Eva Rengel es una de esas mujeres que le gustaban a Rafael de Cózar?
-Pensé en él cuando estaba construyendo el personaje porque supongo que a Fito le habría gustado, después de su mujer, claro.

-El viernes cumplió 90 años Caballero Bonald, cervantino como usted. ¿Falcó es un personaje de la picaresca?
-Tiene muchas cosas.

-Ha muerto el académico Francisco Nieva. ¿Lo trató en la Academia?
-Estábamos en la comisión de Ciencias Humanas. Lo voy a echar de menos.

-¿Ha hecho el viaje de Salamanca a Alicante que hace Falcó?
-En todas mis novelas lo hago. Ya lo hice en 'La piel del tambor'. Voy a los sitios, tomo copas, paseo por las calles. El segundo libro de Falcó, porque he disfrutado bastante con él, empieza en Sevilla, en el hotel Alfonso XIII, que entonces se llama Andalucía Palace.

-El final es de John Le Carré.
-Los de Le Carré, Frederick Forsyth o Ian Fleming son espías más modernos. No me apetece nada una novela de espías modernos con drones y teléfonos móviles. Prefiero los más antiguos, con trenes internacionales y mujeres misteriosas.

-Aparece el coñac Fundador y los cigarrillos Ideales. ¿Parecen metáforas del líder de Falange?
-Ésas son asociaciones que hace el lector.

-¿Sigue siendo amigo de Javier Marías?
-Por supuesto. ¿Por qué?

-Él también mantiene que es muy difícil borrar las huellas de la sangre.
-He visto mucha en mi vida y es muy difícil de quitar, tanto física como metafóricamente. La sangre se queda en la ropa, en las uñas.

-El 20-N de 1975 estaba perdido en el desierto.
-La muerte de Franco me pilló con el Polisario.

-El cineasta francés Godard decía que le hubiera gustado tener veinte años en la guerra española.
-Yo me alegro de no haber estado. Mi padre los tuvo y estuvo. Mi tío los tuvo y estuvo. Prefiero las mías, mis guerras de reportero.

-Falcó es un jerezano ex contrabandista de armas que en la portada aparece bogartiano. ¿Lo ve así?
-Mis personajes no salen del cine ni de los libros. Yo he visto cómo se tortura y cómo se mata igual que lo cuento en la novela.
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Ada
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MensajePublicado: Lun Nov 14, 2016 1:58 pm    Asunto: Responder citando

“Los políticos son lo que tenemos de bueno y de malo”
Entrevista de Fernando García - Clarín - 13/11/2016

Arturo Pérez-Reverte retorna hoy a las librerías españolas (y llegará este mes a las argentinas) con nueva novela, 'Falcó', y nuevo personaje, que se llama igual. Falcó es un aventurero y un espía sin escrúpulos que en los primeros meses de la Guerra Civil asume una peligrosa e importante misión para el frente de los nacionales sin pertenecer a él… ni a nadie. En esta entrevista el exitoso escritor advierte contra las lecturas simplificadas, maximalistas y políticamente correctas de guerras pasadas o presentes que, vistas desde un confortable Occidente del siglo XXI, tienden a juzgar a los implicados con excesiva facilidad y a encasillarlos bajo etiquetas reduccionistas. También subraya Pérez-Reverte que, para bien y para mal, los políticos que nos gobiernan no son sino un fiel reflejo de nosotros mismos.

-El personaje de su nueva novela, Falcó, no tiene bando salvo el suyo propio, más algunas lealtades… que son muy pocas. ¿Diría que es un mercenario, o un aventurero que se adapta a los tiempos?
-La palabra "mercenario" no es correcta. Yo creo que es un aventurero; un tipo de buena familia, elegante, simpático y bala perdida. El típico que de más joven fue un tronado al que expulsaron de casa para que se buscara la vida. Le va la adrenalina y le va la marcha. Le gustan el lujo, las mujeres y el peligro.

-Y se hace espía.
-Sí. Porque hacerse espía es para él una puerta a la aventura, las mujeres y ese mundo que le gusta vivir.

-¿Hasta dónde llega su identificación con el personaje?
-Nadie pone lo que no tiene: ni en una novela ni en una película ni el amor ni en la vida. Ahora bien, yo soy un escritor profesional. Utilizo puntos de vista de mis personajes y es así como los creo. Falcó no soy yo ni de lejos. No tengo nada que ver. Lo que pasa es que hay una cierta mirada mía; una forma de ver el mundo, la violencia, el peligro y la incertidumbre, que sí se la presto yo.

-La mirada del mundo que vio en su época de corresponsal de guerra.
-Claro. Cuando hablo de violencia y de torturas no me lo estoy inventando ni lo he leído en libros; estoy recurriendo a mis recuerdos personales. Hay una parte de mi biografía que me facilita contar ese tipo de situaciones. Falcó se beneficia del conocimiento íntimo de ese tipo de situaciones por mi parte, pero no tengo nada que ver con él: yo sí tengo reglas morales, códigos e incluso ideologías.

-Esas torturas y ejecuciones se basan entonces en lo que usted ha visto.
-La sensación que te deja el haber presenciado la violencia te permite entender a los que la practican. Yo he visto a gente que practica la violencia. He tomado copas con ellos, he convivido con ellos y algunos son amigos míos. Esa experiencia directa me es utilísima a la hora de crear personajes; me da un plus de realismo y de rigor. Para un lector de 20 años, el mundo de Falcó es prehistórico, pero para alguien de mi generación es un mundo personal. Yo he conocido gente como él, que vestía, caminaba y fumaba como él. Y mujeres como las que salen en la novela. Hay una familiaridad, a través de fotos y recuerdos en primera persona, que me permite reconstruir esa época con mayor fidelidad.

-El protagonista de la novela no se implica ideológicamente: una opción inusual. ¿Es, también, una apuesta arriesgada en este país?
-Me da igual. Yo hago novelas para cuarenta países, no sólo para éste. No todos mis lectores tienen heridas de la Guerra Civil española. Además, no hay ninguna obligación de que los personajes tomen partido por un bando u otro. Tenemos efectivamente una mala costumbre en España, en el sentido de que todo personaje, incluso de ficción, debe tomar partido porque, si no lo hace, provoca rechazo a unos u otros.

-A eso me refería.
-Recordemos que en la Guerra Civil había una inmensa parte de la población que estaba atrapada entre unos y otros sin participar ni de éstos ni de aquéllos. Por otra parte, yo no quiero razonar ni debatir sobre la Guerra Civil. Cuento una historia que tiene en ella uno de los telones de fondo, pero no me pongo a explicarla y desarrollarla. Es como si Joseph Conrad se hubiera puesto a contar las guerras napoleónicas cuando escribió 'Los duelistas'.

-Lo de la gente atrapada entre dos fuegos ¿sigue ocurriendo?
-Claro. Continuamente. En la realidad, en la vida… No hablo sólo en España. Yo he visto siete guerras civiles. Y la mayoría está atrapada en medio. Mira ahora en Siria.

-Me refería a España ahora, en tiempos de paz.
-Sí, también. El problema está desde los extremos siempre se exigen etiquetas: ‘¿Usted qué piensa? ¿Es de los rojos o de los azules? ¿A quien vota?’ Pues mire usted: ¡es que yo puedo ser de ninguno! Con Falcó ocurre eso, que es su propio bando y punto.

-La acción de la novela transcurre alrededor de una traición. ¿Es sólo un motivo literario o también el espejo de nuestra Historia?
-Quiero insistir en que con esta novela no pretendo otra cosa que contar una historia (no la Historia). Ni pretendo que el lector comprenda la Guerra Civil ni hago un estudio del alma humana en los distintos bandos; ni siquiera busco trazar un fresco de la Europa de los años treinta. Son las aventuras de un personaje que me interesa mucho y procuro que resulte lo más apasionante posible para el lector. Utilizo los ingredientes que me convienen como narrador y no tengo ningún objetivo moral ni ético histórico ni ideológico ni social ni político.

-¿Tampoco quiso hacerlo con el capitán Alatriste?
-Ahí sí. Ahí pretendía explicar una España de antes para dar algunas claves de nuestra Historia y entender la España de ahora. Pero Falcó es una novela en el sentido puro de la palabra.

-De todas formas, ¿cuánto cree que queda, en la España de hoy, del conflicto que pone telón a la acción de Falcó?
-Yo creo que lo que queda es falso.

-¿En qué sentido?
-Los que sabían lo que fue la Guerra Civil han muerto o están muriendo. Ahora, a la Guerra Civil se la conoce de segunda mano. O de tercera. O por cuatro tuits. Los testigos directos están desapareciendo. Y eso es peligroso. Porque, cuando una generación que no tiene la conexión de relato oral ni de rigor documental sobre un conflicto como ése maneja un asunto tan serio como lo fue aquél, corre el riesgo de moverse a ciegas y, justamente, de caer en las etiquetas fáciles. La visión que hay ahora de la Guerra Civil adolece de la conexión oral que te daban los testigos.

-¿Hay indicios de falsificación?
-No es eso. Porque tampoco creo que haya mala fe; incluso hay buena fe, y éste es un matiz importante. Lo que hay es una distancia y unas lagunas narrativas, ideológicas y sociales, que han hecho perder en gran medida la perspectiva de lo real en lo que a la guerra se refiere.

-En la novela hay violencia, sexo y alcohol. Sin medias tintas, ¿no?
-No tiene complejos, no.

-Es deliberadamente extremo, entonces.
-Sí, porque la vida es extrema. Una cosa son las relaciones sociales de la gente en momentos normales. Pero en momentos de crisis, de aventura, de guerra y de caos, es decir de peligro, la corrección social y política se diluye. Palabras como ética, bondad, amor y solidaridad no tienen importancia. Priman otras como violencia, depredación, supervivencia, odio, rencor, ajuste de cuentas… En ese mundo, el matar, torturar, violar, mentir, depredar… es algo natural. Por eso en la novela estas acciones se cuentan con naturalidad.

-Es el esfuerzo por ponerse y situar al lector en el momento.
-Claro. Lo que no podemos hacer, y es un error muy frecuente en este confortable y mal acostumbrado Occidente, es juzgar con nuestros ojos políticamente correctos del siglo XXI, de aquí y ahora, los momentos de crisis, violencia y barbarie, sin darnos cuenta de que allí la mirada es diferente. No podemos aplicar nuestros criterios allí. Hay lugares donde por apoderarse de un vaso con dos dedos de agua te pueden cortar el cuello. Y es tan natural que nadie se pone a explicarlo o debatirlo. Gracias a que he estado allí, puedo con cierta facilidad plantearlo de esa manera natural que yo sé que es. Y así el lector lo ve con la mirada de allí, no de aquí.

-Cuando dice “allí” se refiere tanto a aquella España como a este Alepo, ¿verdad?
-Sí. Y yo estuve veintiún años en ese “allí”. Ayer estaba viendo en la tele a una mujer de Alepo o de Mosul, la verdad es que no estoy seguro, cuyo hijo había quedado ciego por una mina. Y pensaba: es la misma mujer, el mismo niño; son los mismos. Siempre es la misma historia. Estuve allí y no puedo ver ese vaso de agua como lo ve Paris Hilton, esa es la diferencia.

-Para un novelista es una ventaja, ¿no?
-Para ser el novelista que quise ser y soy, una gran ventaja sin duda. Paris Hilton se me escandalizaría porque ¡cómo va a matar nadie por un vaso de agua! Y yo le respondería que no entro en si es bueno o es malo, sino que constato que por ese vaso de agua sí que se mata.
Falcó es muy diferente de Alatriste… Porque Alatriste tiene códigos, y Falcó no tiene ninguno.

-En todo caso, el capitán dio mucho de sí; para unas cuantas novelas. La pregunta es si también hay Falcó para rato.
-No sé. Dependerá de los lectores y de mis ganas. Me lo he pasado bien con esta novela. Tanto, que quiero hacer otra, por lo menos.

-Falcó también es cinematográfico.
-Sí, y ya me lo han pedido para una película y he dicho que no.

-¿Por el tipo de propuesta o por el hecho en sí? ¿Va a decir siempre que no?
-No sé. Con Alatriste tardé diez años en decir que sí… Con esta novela, le aseguro que de forma inminente ni hablar.

-¿Por qué?
-Por muchos motivos. Si a un personaje el espectador le pone cara prematuramente, le quita su propia versión. Una película es la obra de un lector, en este caso el director, que hace su interpretación del personaje. Y esa interpretación puede no coincidir con la mía y la que quiero que tenga el lector en general. Pero el cine y la televisión tienen mucha fuerza. Así que prefiero que el personaje esté asentado, como ocurrió con Alatriste, y cuando lo esté, si es que se asienta, ya veremos qué ocurre con él.

-Hace más de un año, usted declaró que en nuestro sistema los gobiernos y los políticos representan lo que somos. ¿Lo mantiene después de todos los escándalos y el lío que hemos presenciado y seguimos viviendo? ¿Tenemos lo que nos merecemos?
-Sí. Los políticos son nuestro reflejo, salen de nosotros. No son marcianos que han venido en un platillo volante. Los generamos nosotros y encarnan nuestras ambiciones, nuestras vilezas e infamias. También nuestras esperanzas y nuestras solidaridades. Lo que tenemos de bueno y malo lo encarnan ellos. Si no, no estarían ahí; los elegimos nosotros.
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MensajePublicado: Lun Nov 14, 2016 6:03 pm    Asunto: Responder citando

Pérez-Reverte espía la guerra civil española
larepublica.pe - 13/11/2016

En el fondo, la nueva novela de Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) es un gran alegato contra los nacionalistas de Franco y su corte, en medio de la Guerra Civil Española. Y crea un nuevo arquetipo literario: el peninsular al que no le interesó la contienda y tomó bando según sus conveniencias o la mala suerte de residir en el lugar equivocado cuando la ruleta de la vida le metió al conflicto. Tampoco se piense que es una alabanza de la facción republicana. De ella también se dice vela verde por sus oscuros tejemanejes.

Además, 'Falcó' (Madrid, Alfaguara, 2016, 291 pp.) es la certificación de la maestría del literato, en el arte de la escritura, vislumbrada desde hace tiempo y se confirma con esta novela –la número 24–, recién salida de su pluma. “Falcó es enteramente español y responde a mi deseo de crear un aventurero golfo, simpático, vividor, mujeriego y políticamente incorrecto, que lo mismo se mete cocaína que fuma; un tipo amoral y sin ideología que atraviesa este mundo dominado por las ideologías”, confesó el autor a 'El Semanal'. Pero, el personaje también es torturador, asesino, machista, mujeriego, ha sido contrabandista y fue alistado por el Servicio Nacional de Información y Operaciones, o sea, espía, delator y mercenario reclutado por el franquismo.

Su jefe le encarga una misión, y casi inverosímil: rescatar a José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange, cautivo de “los rojos” en la cárcel de Alicante. Deberá cruzar las líneas enemigas, y desde Cartagena, ayudado por otros nacionalistas y el apoyo de una patrulla alemana, cumplir su cometido. Conoce a Eva Rengel, de la que medio se enamora por su audacia, serenidad y facilidad para apretar el gatillo, y asesinar a un supuesto traidor. Una contraorden, dictada por los mismísimos hermanos Franco, convierte el fallido rescate en una carnicería y no queda más remedio que huir. “Que Falcó estaba allí, aun sin saberlo todavía, para entorpecer la operación; y que nadie quería realmente a José Antonio fuera de la cárcel, salvo algunos ingenuos. El Caudillo y su hermano Nicolás habían dado hilo a la cometa, pero sabiendo desde el principio que no iba a funcionar”. (p.245) El prisionero fue fusilado al día siguiente.

Los capítulos finales son dignos del mejor thriller político y quedan abiertos como una invitación a seguir disfrutando de las aventuras de Falcó. Pérez-Reverte ha confirmado esta sospecha. O quizás una serie, porque tanto la Guerra Civil Española como las contiendas europeas de los años 40 dan para mucho, como los 7 volúmenes de las aventuras del Capitán Alatriste del autor.

La novela subordina la ideología a la condición personal -humana- de los actantes. De los republicanos de izquierda se afirma: “…lo que había por parte de la República era un disparate de improvisación, oportunismo y demagogia, con las cárceles abiertas el 18 de julio arrojando chusma a las calles –convertida en milicianos que gastaban en juergas y mujeres lo que robaban asesinando a mansalva–, y un pueblo armado, soberano en el caos, ajustando cuentas; un odio homicida no solo hacia el ejército de Franco, sino también hacia los miembros del propio bando, partidos y facciones enfrentadas entre sí.” (p.133) Por su parte, el franquismo desarrollaba: “Una planificada represión bajo mando único, un exterminio sistemático de cuanto oliese a democracia, libertad y ateísmo con la idea de una nación unida, religiosa y fuerte por encima de todo. (ibidem)

Lineal, narrada en tercera persona; localizada en Salamanca, Cartagena y Alicante, 'Falcó' es una novela sin recovecos, transparente, sabiamente adictiva, mantiene el suspenso a flor de piel, entrelazando con maestría realidad y ficción.
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MensajePublicado: Lun Nov 14, 2016 6:14 pm    Asunto: Responder citando

'Falcó', Arturo Pérez-Reverte
Laura Gomara - librosyliteratura.com - 14/11/2016

Arturo Pérez-Reverte se ha marcado una novela de espías. 'Falcó' se sitúa en la España de 1936, en los primeros meses de la Guerra Civil y, como ya ha dicho su propio autor, será una saga. Parece ser que Pérez-Reverte ha encontrado un nuevo personaje con el que se lo pasa tan bien escribiendo que incluso ha interrumpido otra novela –una sobre ajedrez– para dedicarle su plena atención. En una entrevista dijo que el personaje de Lorenzo Falcó surgió de una frase de Gloria Swanson en la película de 1931 'Esta noche o nunca'. Después de pasar la noche –estamos en el Hollywood anterior a la censura– con Melvyn Douglas, Swanson le dice a una amiga que el señor en cuestión “es un caballero, pero no es un caballero”. Y en la mente del padre de Alatriste prendió la mecha. ¿Por qué no crear a ese personaje?

Lorenzo Falcó es un jerezano de buena familia que se desvió del camino que habían marcado para él y, tras ser expulsado de la Academia Naval, empezó una vida errante que le llevó a convertirse en contrabandista de armas y, finalmente, en espía. Tengo que adelantaros que Falcó no está hecho para caer bien. Hablando en plata, es un h… Y, de hecho, eso es algo que le dice un personaje de la novela y a lo que él responde dándole la razón. Al menos en ese sentido es honesto. Falcó es un tipo al que solo le importa él mismo y pasa por encima de quien haga falta para conseguir lo que quiere. Es un oportunista, un torturador, un canalla, un hombre sin escrúpulos. Y, sí, semejante joya es el protagonista de la novela. Me sorprendió que, en un momento en el que lo está pasando bastante mal, llegué a pensar “mira, chaval, te lo mereces y, si la palmas, casi mejor”. Aunque eso dice más de mí que del personaje, por supuesto.

Pero, si Lorenzo Falcó fuera totalmente negativo, no tendría gracia. El mundo está lleno de malas personas sin carisma, solo tenemos que levantar la vista para comprobarlo. Por eso también hay momentos en los que Falcó sabe ser encantador. Consigue que te olvides de que vendería a su madre si se le presentara la oportunidad y que te rías con él, incluso que le desees una muerte rápida. Pero son solo momentos. Lee un par de páginas más y verás que el tipo se encarga de demostrarte que se merece lo que le toque y que, quien las da, las toma. Esa contradicción es, en gran parte, la gracia de la novela, y del personaje de Falcó.

'Falcó' me ha recordado a 'La máscara de Dimitrios', de Eric Ambler. En esta novela de 1939, el escritor Charles Latimer conoce en Estambul la historia de Dimitrios Makropoulos, un contrabandista, criminal y espía internacional, cuando encuentran su cadáver flotando en el puerto. Latimer siente una curiosidad, fascinación, diría yo, por Dimitrios que le lleva a investigar su pasado y las causas de su muerte. Así descubre que el personaje es incluso peor de lo que esperaba, pero al mismo tiempo no puede sustraerse de la atracción que le provoca su mundo. 'La máscara de Dimitrios' es una novela que he releído varias veces y en muchas ocasiones me he preguntado, ¿qué pasaría si viéramos la historia desde la perspectiva de Dimitrios? Pues que tendríamos algo similar a Falcó. Y nos libraríamos de Latimer, que a ojos del lector actual es un poco mojigato.

La trama de la primera entrega de esta saga es aparentemente sencilla. Lorenzo Falcó trabaja para el SNIO, el Servicio Nacional de Información y Operaciones, uno de los muchos servicios de inteligencia de la España de la época. Estos se han pasado a los golpistas y el Almirante, su jefe directo, le encarga una misión de suma importancia: liberar a un preso de la cárcel en la que lo tienen retenido, en la parte republicana. Y Falcó, sin despeinarse, se dispone a hacer su trabajo. A partir de ahí, como podéis imaginar, las cosas se tuercen, surgen imprevistos, intereses cruzados, aparecen mujeres con secretos, ejecuciones, asaltos nocturnos, bombardeos, masacres, torturas, persecuciones… Vamos, la cosa se anima.

No quería irme sin deciros que lo que más me ha gustado de esta novela han sido los diálogos. Muchos de ellos son como los de las películas antiguas, esas en las que Orson Welles se marca un discurso sobre los relojes de cuco o Lauren Bacall le pregunta a Humphrey Bogart si sabe silbar. Diálogos que, por supuesto, no suceden en la vida real, y por eso tenemos que recurrir a las novelas y al cine para vivirlos.

En otra entrevista, Pérez-Reverte dijo que ha creado a Falcó con la idea de que los hombres quieran irse de copas con él y las mujeres llevárselo a la cama. Después de ver al tipo en acción, puedo aseguraros que acostarme con Lorenzo Falcó es lo último que se me pasaría por la cabeza. Pero tal vez una copa, apuntándole con una Luger por debajo del abrigo, me la tomaría.
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MensajePublicado: Lun Nov 14, 2016 6:17 pm    Asunto: Responder citando

"A menos cultura, más necesidad de etiquetas"
Efe - 14/11/2016

El escritor Arturo Pérez-Reverte ha dicho sobre la necesidad -que ha considerado tan española- de clasificar tanto a las personas como a los libros que "a menos cultura, a menos conocimiento, más necesidad de etiquetas". "Quien exige etiquetas carece de la posibilidad de hacer un análisis crítico", ha explicado el autor para añadir que "hace falta ser valiente para no ponerse etiquetas, para no plegarse al aplauso fácil".

Pérez-Reverte, en un encuentro con periodistas sobre su última novela, 'Falcó' (Alfaguara), ha asegurado que contra esa exigencia de las "etiquetas previas" ha concebido a su último protagonista, un espía amoral, asesino y torturador, pero también elegante y simpático. Lo ha concebido contra las etiquetas y contra esa manía tan extendida de que "todo en España tiene que ser casposo, cutre y garbancero", cuando en España "también hubo gente elegante, que viajaba y que hablaba idiomas", en alusión a los años treinta, en los que transcurre la obra. Sobre la costumbre de clasificar en buenos y malos, también ha dicho que "las etiquetas vienen cuando se pierde la perspectiva; cuando la realidad se pierde de vista, aparece la etiqueta", y ha añadido que "cuando uno es lúcido, aunque sea partidista, le da vergüenza manejar etiquetas".

El escritor y académico ha asegurado que él ha estado en veinte guerras, de las que siete fueron civiles -"y ahí sólo hay seres humanos y las etiquetas se diluyen"-, y que aún no sabe si en alguna de ellas había un bando bueno y uno malo: "Uno puede ser un perfecto hijo de puta y ser de izquierdas o de derechas". "Quién tiene razón lo marca el tiempo y la historia, y no siempre está claro", ha señalado tras recordar que en la Guerra Civil española hubo 200.000 muertos en la retaguardia, lo que significa que tanto un bando como otro se dedicó intensivamente al asesinato y la violación y que "alguien tuvo que hacerlo", de modo que, puestos a hacer evocaciones sobre el asunto, ha advertido: "Cuidado con los abuelos".

El escritor ha efectuado estas precisiones porque su última novela tiene la Guerra Civil de trasfondo, y ha considerado que en el caso de España, y más sobre aquel conflicto, se tiende a la clasificación fácil, de ahí que haya dibujado un protagonista inclasificable. Ha anunciado que la segunda novela que protagonice su 'Falcó' transcurrirá en Sevilla de 1937, en plena Guerra Civil, bajo el dominio del general Gonzalo Queipo de Llano. Su búsqueda de escenarios en esta ciudad para su próxima narración le ha llevado a expresar su pena por la gente que no lee: "Los que leemos tenemos una ventaja, que podemos reconstruir las cosas; la pobre gente que no lee cuando llega a Roma, Nueva York o Sevilla no ven más que lo que hay, no tienen ese mundo en la cabeza, la gente que no lee se priva de lo mejor".

Vídeo: http://www.canalsur.es/noticias/perez-reverte-en-andalucia-television-en-el-mundo-real-matar-es-muy-facil/1114493.html
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MensajePublicado: Mar Nov 15, 2016 11:45 am    Asunto: Responder citando

«En mi próxima novela, la Sevilla de Queipo»
Alejandro Luque - elcorreoweb.es - 15/11/2016

A la hora de abordar su última novela, 'Falcó' (Alfaguara), Arturo Pérez-Reverte lo tenía claro: «El desafío era, en una España tan necesitada de etiquetas, donde todo se etiqueta con los 140 caracteres de Twitter y la distinción entre buenos y malos, dar vida a un personaje transversal».

Ese personaje es Lorenzo Falcó, definido por el autor como «un oportunista, un jeta, un golfo, un mujeriego, alguien amoral, y a la vez alguien elegante, guapo, inteligente. Un personaje lleno de luces y sombras, al que quise mover por un mundo ideologizado al máximo», apunta. Sin embargo, quiso evitar «debatir o explicar la Guerra Civil, y desde luego etiquetar. A menos cultura o conocimiento, más etiquetas. Es un síntoma grave de nuestros tiempos, especialmente de quien no tiene capacidad para hacer un análisis crítico».

«Yo tengo una biografía larga ya, he leído, he visto cosas», prosigue. «Cuando ves la realidad desde lejos, a Trump por ejemplo, ves a un animal, claro, eso nadie lo discute. Y en la Guerra Civil vemos a Franco como el lado negativo, y la República en el lado bueno. Pero cuando tocas a la gente de verdad, y hablas con ella, solo ves seres humanos, con sus grandezas y sus miserias. Y aprendes que uno puede ser un hijo de puta de izquierdas y de derechas. Es algo que no me han contado, es empírico, nada de teoría de tuits, llevo veinte guerras, siete de ellas civiles, y todo es más confuso y más ambiguo de lo que parece».

Para apoyar su idea afirma que en la Guerra Civil española «hubo 200.000 muertos en el campo de batalla y 200.000 en la retaguardia, en ambos bandos, tanto con la camisa azul como con el mono de miliciano. Alguien tuvo que hacerlo. Cuando la gente habla de que su abuelo estuvo en la guerra, no sabe si a lo mejor estuvo torturando a alguien, en una checa o si mató a García Lorca. Cuidado con los abuelos».

Durante el proceso de escritura de esta novela, Artura Pérez-Reverte asegura haber sentido «un goce personal inmenso. Escribo de lo que me interesa, leo, estudio, juego como cuando era pequeño. Con 'Falcó' soy un escritor feliz, y el lector se da cuenta de ello», agrega. «Ahora, aquí mismo, puedo imaginarme a Falcó caminando, a la mujer envuelta en el abrigo de visón, al falangista cruzando por allí... Gracias a la literatura podemos proyectar nuestro mundo interior sobre la realidad. Por eso me parece triste la pobre gente que no lee. Pueden ir a una ciudad como Roma, o como París, y no ver más que lo que hay. Se pierde la posibilidad de reamueblar el mundo», agrega.

De este modo, el autor de la saga 'Alatriste' y de éxitos como 'El maestro de esgrima', 'La tabla de Flandes' o 'La piel del tambor' anuncia que 'Falcó' «dará al menos para tres novelas, y ya he empezado la segunda, que transcurre en la Sevilla del 37, la de Queipo y demás». Eso le está permitiendo recorrer con mirada retrospectiva, «el centro de la ciudad, el hotel Andalucía Palace, que hoy es el Alfonso XIII, el Cristina que estaba junto a la Torre del Oro, el aeropuerto de Tablada... Y si se me antoja, meto Las Teresas, aunque no existía entonces, y no pasa nada».

Por otro lado, el autor asegura que prefiere los espías de antaño a los de las películas actuales, como la última de Tom Cruise. «Un espía tiene que ser alguien que busca un teléfono para transmitir. Antes al menos eran así, ahora son funcionarios delante de un ordenador», lamenta. Tal vez por eso ha eludido recurrir a las novelas de John Le Carré, Frederic Forsyth o Ian Fleming como modelo, y se haya decantado más por las de Somerset Maugham, Eric Ambler «o las primeras películas de Alfred Hitchcock», apunta.

Confiado en que su público le sigue siendo fiel, Pérez-Reverte se alegra de que gracias a las redes «hay un criterio independiente, y los escritores ya no dependemos de las críticas de los periódicos». También celebra la respuesta de su libro sobre la Guerra Civil explicada a los jóvenes, «que ha vendido 80.000 ejemplares. Ahí quise brindar una introducción a los chavales, un puente para que pregunten. Pero esto de ahora es muy distinto, es una novela. No explica, no debate, es una aventura en la que habla mi personaje, no yo. A veces, en las novelas, el lector busca la voz del autor. Pero una novela es un artefacto narrativo. El lector tiene que ver en ella una historia, y punto», apostilla.
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MensajePublicado: Mar Nov 15, 2016 11:48 am    Asunto: Responder citando

'Falcó'
loslibrosdelpintorciego.blogspot - 15/11/2016

Y llega la última novela de Arturo Pérez-Reverte a mis manos, dos días me ha durado, dos y quiero más, necesito más, este tipo canalla con un toque romántico a la vieja usanza y de película en blanco y negro al estilo de Rick en 'Casablanca' me ha fundido los plomos.

Antes de nada, que nadie considere este libro un libro de historia, que nadie vea a la república como la pobrecita de la historia, que nadie vea a los falangistas como los románticos héroes que no eran, porque nada de eso se muestra en el libro, y estoy seguro que algún crítico del académico va a ver fantasmas donde nos los hay, porque puestos a leer torcidos somos capaces de todo, y eso lo llevamos en el ADN bien amachihembrado. Situada la trama en los comienzos de la canalla guerra civil nuestra, nadie sale bien parado, y quizás solo Falcó puede librarse de ello. Siendo un personaje típico de la pluma de Pérez-Reverte, su falta de principios es ya un principio, y que no es otro que el de sobrevivir. Ya se ha cuidado mucho el autor de decir que basado en nuestra historia esto no es más que una novela de ficción que bien podía haber pasado y a tenor de como se desarrolló el juicio de Primo de Rivera y su "no" cambio por otros presos, bien pudo pasar, y si a eso le sumas los nubarrones negros que se ven en la muerte de Mola, pues tampoco es descabellada la idea de esta historia.

La lectura de esta novela me recordó la biografía que leí sobre el general Rojo -'El general que humilló a Franco'- y que si quieres hacerte una idea del guirigay al que sumieron los poderes de la izquierda en la guerra este libro es muy esclarecedor. La novela es corta, y es que ya está bien de libros de seiscientas páginas. ¿Es qué nadie se ha dado cuenta que para escribir una fabulosa trama no es necesario escribir tantas páginas como las páginas amarillas? Y no lo digo o pienso yo solo, ya lo ha dicho Petros Markaris en el pasado y estoy seguro que lo piensa Camilleri; arranca en los comienzos de la guerra civil, los aliados alemanes aún no se han sumado a las fuerzas de Franco, o no de forma oficial, y Primo de Rivera, el fundador de la Falange, está preso en la cárcel de Alicante; los sublevados se plantean y traman un plan para liberarlo; con un comando de pocos hombres y ayudados por los alemanes, pretenden infiltrarse en las líneas republicanas y con ayuda de quintacolumnistas liberarlo, los hermanos Montero y Eva, es Falcó un agente encubierto de la armada el que unirá ambos equipos y preparando el asalto y liberación del preso.

Como cosa curiosa, una de las personas más famosas que ha dado la localidad de Valdemorillo se llamaba Juan Falcó, el mismo apellido, aunque este se dedicara a cosas más "normales". Lorenzo Falcó es un canalla, un tipo de una caída de ojos encantadora para las mujeres pero un escorpión para sus enemigos, hijo de una buena familia española, es expulsado de la escuela naval por un oscuro hecho y ahí es donde comienza su verdadera historia; reclutado pon un almirante es cuando comienza su verdadera "carrera" como agente y espía. Es un tipo que es imposible que no caiga bien, es más, seguro que los que no le caen bien a Falcó no pueden caernos bien a nosotros, Queralt por ejemplo. Además es un personaje de los años 30, tabaco, sombreros estilo pelicula de gangster que apenas dejan ver un ojo porque te están haciendo mil y una radiografías y un conquistador nato, vamos que es un tipo seductor a todos ojos vista y si a eso le sumas que la historia se sostiene muy bien, que el ritmo es muy vivo, crudo sin caer en lo perverso y malsano pues sale una novela deliciosa, perfecta y que te tiene pegado al papel hasta el final.

Estoy seguro que alguno la tachará de machista, cosa que no entiendo, el éxito del novelista es que te sitúes en esa época y en que veas las reacciones de la gente como te imaginas que serían; otros dirán que es tendenciosa, estos si me asustan porque ver la historia de España con un sólo ojo es muy preocupante e ignorarlo como si no hubiese existido es algo a tratar en el "médico", otros dirán que es literatura de consumo rápido, pues tampoco pues a poco interés que tengas querrás saber qué hay de verdad o no en los hechos que pudieron inspirar a Pérez-Reverte a escribir y otros a que se repite; pues que queréis que os diga, a mi me gusta que se repita porque todo me parece nuevo, te muevas robando, siendo profesor de tango o siendo un soldado en las pantanosas tierras de Flandes; Pérez-Reverte construye personajes que me hacen viajar, en el espacio, en el tiempo, personajes que me hacen soñar y sinceramente, no hay muchas lecturas que me hagan disfrutar tanto.

Pues lo dicho, sé que esto no llegará a los oídos y ojos del académico pero gracias por brindarme este rato de lectura tan apasionante.
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MensajePublicado: Mar Nov 15, 2016 6:37 pm    Asunto: Responder citando

Noticias para los amigos de Arturo
Élmer Mendoza - eluniversal.com.mx - 15/11/2016

Señoras y señores, pues nada, les cuento que en librerías ya se encuentra 'Falcó', la más reciente novela de Arturo Pérez-Reverte, publicada en España y México por Alfaguara en octubre de 2016, y es un trabajo impecable, lleno de acción, emoción y misterio, donde los compases de espera juegan a ganar y las mujeres hermosas confían en la belleza de sus piernas largas, chicas que “se sentían atraídas por los caballeros, pero preferían irse a la cama con los canallas.” Ocurre en los años 30 durante la guerra civil española y lo primero que ofrece es un rasgo de caballerosidad del autor que nos informa: “Aunque documentada con hechos reales, Falcó es una novela cuya trama y personajes son imaginarios.” Y vaya que la imaginación está presente y cómo se esconde bajo el sombrero del personaje principal

La novela empieza en un punto álgido, necesario para establecer el perfil de Lorenzo Falcó, de sus adláteres y del nivel en que la historia transcurrirá. Falcó, que ha tenido una vida altamente delictiva, pertenece ahora al Servicio de inteligencia, al “Grupo de Asuntos Sucios”, a las órdenes del Almirante, un jefe duro, con un ojo de vidrio, un bastón y algo paternal. Operan en una Salamanca convulsa, llena de milicianos, militares y mujeres hermosas, donde hay un Gran Hotel y un bar donde Leandro, el barman, prepara un coctel, el hupa-hupa, que a Lorenzo lo trae prendido de placer. Como usted bien sabe, los cocteles son uno de los indicadores más seguros del grado de civilización de una sociedad, así que si no ha salido del margarita, preocúpese. Pues es 1936, los falangistas del generalísimo Franco controlan parte de España y deciden liberar a José Antonio Primo de Rivera, un abogado fundador de la Falange, preso en Alicante, donde pronto será juzgado y condenado a muerte. Ya saben: las guerras civiles son las más cruentas. Lorenzo Falcó queda al mando de la operación, por lo que se traslada a Cartagena, nada menos que la tierra de Arturo Pérez-Reverte, que nació en 1951 y ama el mar como a sí mismo.

Son “tiempos de caos, de ruido y de furia”, señala el autor, una realidad que permanece y se enseñorea en gran parte del mundo contemporáneo. En Cartagena, Falcó encuentra a los hermanos Montero, a Eva Rengel y a otros falangistas que participarán en el rescate y que son apasionados defensores de los principios de la facción a la que pertenecen. El cónsul alemán juega un papel importante antes de abandonar la plaza. Con ellos y con Fabián Estévez, cabeza de un comando, el plan tomará curso. Lorenzo no tiene filiación política, eso provocará escozor entre los falangistas que no se explican cómo alguien puede ir por la vida sin un asidero ideológico. Ginés Montero le exige una explicación y le hace ver que no confía en él para una operación en la que el futuro de su líder está en juego. Falcó defenderá su postura con acritud e impone el principio de que es el jefe. Al final, la lluvia mojará un operativo que ya estaba húmedo y la vida continuará siendo, “una sucesión de fotos absurdas”, en que el lugar privilegiado siempre estará destinado para los más oportunistas, y los demás tendrán derecho a ejercer, “Un tranquilo rencor” y controlar su temblor de labios.

Pérez-Reverte es uno de los autores que lo hacen a uno concebir la lectura como una actividad eterna. Nadie quiere detenerse mientras lee sus libros. Un hecho mágico que une personas en muchos idiomas que lo menos que intercambian son sonrisas. Una señora de ojos grandes, en un elevador, vio la portada de mi ejemplar de 'Falcó', que es magnífica, y me preguntó qué libro era ese de Pérez-Reverte. Le conté la aventura de un traficante de armas y de cómo le hace el amor a una mujer de cuerpo impecable mientras estallan bombas a su alrededor. Luego, aunque su sala se hallaba a la izquierda, tomó hacia la derecha donde estaba la librería.

Falcó es un personaje duro, amoral, amoroso con las mujeres imposibles. Tiene pasta de héroe y de asesino despiadado, pero le gusta apegarse a las reglas, asunto que lo obliga a lealtades que lo inmiscuyen en situaciones inesperadas. Con ese vaivén narrativo típico de Pérez-Reverte en que avanza y retrocede, nos pone ante un personaje que siempre parece estar solo contra el mundo y sus migrañas. Ustedes constatarán que 'Falcó' es una de las mejores novelas de un autor que es voz potente en la literatura española contemporánea, ya me contarán.
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MensajePublicado: Mie Nov 16, 2016 5:38 pm    Asunto: Responder citando

Tres autocares y un teatro lleno para oír a un escritor
Francisco Correal - diariodesevilla.es - 16/11/2016

El 25 de noviembre cumple 65 años, pero Arturo Pérez-Reverte no tiene entre sus previsiones la de jubilarse. Tiene pendientes dos entregas más de 'Falcó' (Alfaguara), pero aunque quisiera jubilarse no lo iban a dejar. Tres autobuses aparcaron en el parking del Teatro Central. Eran de los clubes de lectores de La Algaba, Guillena y Castilleja de la Cuesta.

Lo suyo es puro teatro. Domina las tablas como el primero. Y se ha familiarizado con ese medio. Los Compadres (Alfonso Sánchez y Alberto López) llevaron al teatro una selección de sus artículos de 'Patente de Corso'. Antonio Álamo, que estaba entre el público, ha dirigido una adaptación teatral de 'El pintor de batallas'. Para escribir 'Falcó', Pérez-Reverte se ha leído todas las obras y discursos de José Antonio Primo de Rivera y ha visto varias veces la película de Hitchcock '39 escalones'. Jesús Vigorra, que condujo el encuentro en el escenario del Teatro Central, metió el monosílabo de moda, Trump, Donald Trump. Le preguntó qué llevaría a dos de sus personajes, Alatriste y Falcó, a presentarse mercenarios del nuevo presidente de los Estados Unidos. "Alatriste lo haría por dinero y Falcó por la mujer de Trump".

Pérez-Reverte fue por calle Rioja a los estudios de la cadena COPE, donde lo entrevistó Carlos Herrera. Hablaron de la Europa que se consume: "Hemos vivido los mejores cincuenta años de la historia de Europa, pero estamos entrando en una noche oscura". La autodestrucción de la Europa que aparece en las memorias de Stefan Zweig, El mundo de ayer, y en las novelas de Sandor Marai. Dos suicidas como metáfora del suicidio de Europa. Para Arturo, Sartre era "un cantamañanas" y Hemingway "un fantasma". En su altar particular están Albert Camus y Saint-Exupery, y no precisamente por 'El Principito'.

Sólo le emocionan los niños y los perros. De su relación con los segundos habla un hermoso poema que sin conocerlo le dedicó Luis Eduardo Aute en su último libro de poemas a esa faceta poco conocida de Arturo Pérez-Reverte. La necesidad le obligó a cambiar el formato de sus encuentros en Sevilla. Era infalible la fórmula de los tres mosqueteros con sus amigos Rafael de Cózar y Juan Eslava Galán, sus cómplices de los cenáculos de Becerra y paseos por la Sevilla alejada de las postales. Pero como Cózar se marchó de Bormujos a Chinatown en uno de sus libros y Eslava Galán se fue a Madrid pasando por Barcelona, esa escala que conocen Boadella o Félix de Azúa, Arturo ha tenido que reinventarse la puesta en escena. En sus dos últimas apariciones en Sevilla contó con otro espadachín, Jesús Vigorra, que forma parte de lo que llama su "recurso de supervivencia": una biblioteca, una escopeta, buenos vinos y cuatro amigos.

Llenó el Teatro Central para hablar de una novela. No escurrió el bulto en lo manido, "ojo con los abuelos", se considera anticlerical "pero si no se enseña Religión en los colegios de un país de tradición cristiana los niños no entenderán el cuadro de 'Judith y Holofernes' de Zurbarán o 'Las hilanderas' de Velázquez". El único consuelo, porca miseria, sería "que a veces el conocimiento te hace más infeliz que la estupidez". En el escenario sólo estaban Arturo y Vigorra. De pronto, se llenó con gente que le llevaba los libros para la firma. En la cola, Natalia Turrión, la viuda de Cózar, el amigo del alma de Arturo. Nunca faltan a la cita dos arturófilos de postín, Rafa Pineda y Víctor Fernández, que ejercen el periodismo deportivo y se conocen toda la obra del cartagenero.

Llegó a Sevilla el domingo y ese día Arturo, nombre futbolístico de su sobrino Arturo Juan Rodríguez Pérez-Reverte, le marcó el segundo gol del Cartagena al Sanluqueño. Juega de delantero y nació en 1989, el año que el cronista coincidió con su tío cubriendo el juicio en la Corte de Gibraltar del alcalde de Benalmádena Enrique Bolín. El sobrino futbolista es el auténtico Alatriste: empezó jugando en El Bala Azul, de Mazarrón, y fue un nómada que peleó contra defensas contrarias en un Rocroi de equipos como Caravaca, Alcorcón, Córdoba, Getafe, Llagostera o el escocés Dundee United. Sus días de gloria, máximo goleador de la categoría, los vivió en La Roda, equipo de Albacete contra el que se sentó por última vez en el banquillo del filial Zidane antes de entrenar al Madrid.

Falcó y José Antonio eran de Jerez. Al segundo lo fusilaron. El primero se prepara en el hotel Alfonso XIII para volver a las librerías. Arturo es académico de la Lengua, institución en la que su paisana Carmen Conde fue la primera mujer que rompió el techo de cristal de las palabras.
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MensajePublicado: Vie Nov 18, 2016 1:43 pm    Asunto: Responder citando

A propósito de Pérez-Reverte
Rafael Álvarez Gil - canarias7.es - 18/11/2016

Acabo de terminar el último libro de Arturo Pérez-Reverte, 'Falcó' (Editorial Alfaguara, 2016). Es un autor que me gusta mucho por cómo escribe y la capacidad de crear personajes que me fascinan: rebuscados, dominantes, inteligentes, descreídos con la vida, con un código de conducta diferente al resto, que cargan con el sentido del honor, sabedores de las entrelíneas y descaradamente seductores. No es fácil desenvolverse en la grisura, donde lo bueno y lo malo no es tan evidente; y en ello Pérez-Reverte es un genio. Por lo que no me queda otra que ser un fan del capitán Alatriste, del que leído cada una de sus aventuras.

Ahora Pérez-Reverte ha dejado aparcado al espadachín de los Tercios de Flandes y ha optado por un espía, extraficante de armas y mercenario sin escrúpulos ni ideales en medio de la Guerra Civil. El resultado es positivo, pero aún no consigo sacarle al personaje el mismo tirón y garra que a mi héroe, el capitán Alatriste. Pérez-Reverte dice estar cansado de él y que, a estas alturas, prefiere aprovechar el tiempo para escribir otras historias. Su deseo es hacer una serie con Lorenzo Falcó del que nos esperan sucesivas andanzas en una Europa convulsa. Por ahora, está bien y habrá que darle más oportunidades al recién estrenado personaje ideado por Pérez-Reverte. De hecho, ambientar novelas en la Guerra Civil no es fácil (todavía) por alguna extraña razón en nuestro país que no ha digerido del todo el conflicto bélico y sus alargadas consecuencias.

Por otro lado, Pérez-Reverte es un autor que no resulta indiferente, y en más de una ocasión su opinión ha generado debate y rechazo por igual en las redes sociales. Él no duda en desplantar, cuando se tercia, al lenguaje políticamente correcto. Un ejercicio muy necesario que conlleva un precio a saldar ante una opinión pública voluble y presta a la caprichosa moda. A buen seguro, para entender cómo es posible que a Pérez-Reverte tantas cosas le resbalen habría que conocer su trayectoria y, ya de paso, no dejar escapar su libro 'Territorio comanche' (Editorial Círculo de Lectores, 1995) ambientado en el conflicto de la antigua Yugoslavia y claramente autobiográfico. Una joya de lectura sobre una versión aguerrida del periodismo (la tan mitificada y romántica labor del corresponsal de guerra) cuya versión exportada al cine, como suele ocurrir, tan solo es pasable.

En fin, que bienvenido sea Lorenzo Falcó pero (voto a Dios) que no olvide a nuestro capitán Alatriste. Un servidor espera deseoso seguir con la saga de un remendado combatiente cuya leyenda comienza advirtiendo que "no era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente".
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