Entrevistas con Arturo

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Rogorn
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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Dom Dic 22, 2019 8:11 pm

«El optimismo español no resiste una lectura lúcida de nuestra historia»
Entrevista de Jesús García Calero - abc.es - 21/12/2019

Arturo Pérez-Reverte no es galdosiano pero mira la historia desde mil prismas, también desde el de don Benito Pérez Galdós. Visitó 'Cabo Trafalgar', donde nacieron los 'Episodios nacionales', y ha tejido 'Una Historia de España' en la prensa, como si fuera un folletín de aquellos tiempos del escritor canario, un libro que además convive hoy en librerías con otra historia nuestra: la del Cid, retratado en 'Sidi'.

—¿Es el suyo el retrato de España?
—Galdós no completa España. Para entender la España del XIX y la que entra en el XX hay que completarla con Baroja y Valle-Inclán. Son tres autores fundamentales y necesarios, que se complementan.

—¿Qué aporta Galdós entonces?
—Primero nos acerca a la épica y al desastre, nos pasea por esa España con sentido patriótico y lucidez. No se deja marear por las banderas. Es un patriota lúcido, no un patriota obcecado. Y sus 'Episodios nacionales' tiene una percepción que permite entender el XIX. Te lleva a otros libros, te estimula a leer más sobre los episodios que te está contando.

—¿Cómo lo juzga como escritor?
—No es un estilista extraordinario. Algunas obras son incluso aburridas para una lectura actual. Pero es cierto que, incluso en lo que ha quedado anticuado, siguen latiendo claves fundamentales sobre lo español, sobre la tragedia, la épica y el estrago de España. Es imposible acercarse al XIX sin pasar por Galdós. Es la puerta. Repito que no se deja cegar por las banderas ni por la patria, sino que aplica un ojo crítico.

—¿Pero su influencia sigue vigente?
—Aunque solo fuera por el retrato social que hace de la España de finales del XIX ya vale la pena. No puedes entender la España burguesa, la de la Restauración, la que entra en el XX no la puedes entender si no entiendes como soñaba, hablaba, comía, dormía, amaba, tertuliaba esa gente. Es como un notario: levanta acta de esa España burguesa que empieza a ser y no pudo ser. La industrial, progresista, donde el dinero hubiera llegado a quienes no lo tienen, puede verse en sus obras. Acercarte a él es estar escuchando esa España.

—¿Es pesimista esa visión?
—A mí esa me viene más del Siglo de Oro, de Quevedo, que de Galdós. Pero no es él el culpable. Bobos como Roca Barea atribuyen injustamente a los noventayochistas la crítica pesimista de lo español, olvidando que cuando lees a Mateo Alemán, a Cervantes mismo, a Duque de Estrada, ya está todo ahí. Ellos vuelven a llamar la atención sobre algo que ya se había advertido. Tenemos tendencia a atribuir nuestros males a una conspiración exterior. ¿Envidia contra el imperio? Creo que el mal es nuestro y ya estaba en los textos que digo.

—¿Qué personajes le fascinan más?
—Nos enseña a la castañera y a la portera, al gato del portal y al burgués que sube y baja. Pero también al mundo que hay detrás. La galería de personajes de Galdós es inigualable, no conozco una igual en toda la literatura. Solamente Clarín en 'La Regenta' se acerca tanto a la perfección del retrato galdosiano. A mí me han marcado sobre todo 'Misericordia' y 'Fortunata y Jacinta'. Las hay mejores, pero esas son mis novelas. Y 'Doña Perfecta'.

—¿Su visión se oscurece con los años?
—Empieza con el alarde patriótico de Trafalgar y acaba oscureciéndose, porque nadie que vea la Historia de España puede terminar siendo optimista. Te lleva forzosamente al pesimismo. El optimismo español no resiste una lectura lúcida de nuestra historia.

—¿Lo comparte con Galdós?
—Yo era más patriota en el buen sentido de la palabra hace 30 años que ahora. Era más inocente. Después de treinta años de leer y documentarme y de leer historia comprendes que España tiene una enfermedad histórica. Galdós con los años se hace consciente de que lo español es una enfermedad histórica, de que no es fruto de un rey, un mal gobierno una invasión francesa, una ilustración frustrada. Se da cuenta de que hay un mal que viene de mucho más atrás, una enfermedad que solo tiene cura con la cultura. Galdós sabe que no vamos a ser cultos nunca. Es mi visión.

—Su final es oscuro.
—No me interesa más que su obra. Ni su final ni sus amores con la Pardo Bazán. Cometemos cada vez más el error de juzgar la obra con la vida del autor. Lo hacemos con tanta naturalidad que no nos damos cuenta de que perturbamos la obra. Metemos al autor tanto en la obra que la perturba. Lo clave no es que el autor sea mejor o peor, sino que explica. Su lectura y su proceso de desencanto y lucidez es lo que me fascina. Y es que ser lúcido en España es muy triste.

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Rogorn
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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Jue Ene 09, 2020 11:37 am

"La nueva generación de narcos es capaz de arrasar con todo"
infobae.com - 03/01/2020

Hace más de dos décadas el escritor Arturo Pérez-Reverte viajó a Culiacán en Sinaloa, para conocer cómo se vivía en la llamada “capital del narco” en México. En la cabeza tenía ya escribir la historia de Teresa Mendoza, el personaje central de su novela 'La Reina del Sur', quien emergió de la pobreza para convertirse en una narcotraficante de talla internacional. Ahora, años después, Pérez Reverte aseguró que a principios de los noventa conoció narcotraficantes, quienes a diferencia de la nueva generación “tenían códigos, respetaban a los niños, a las mujeres.” Esa generación del viejo narco, afirmó, ya desapareció, la mayoría han muerto o está prisión.

En entrevista con la cadena Telemundo aseguró que los nuevos narcos no sólo no respetan códigos sino que han convertido todo en un caos a cambio de cualquier cantidad de dinero. “Llegó una generación de narcos diferentes que no tiene ningún valor, no respetan nada y cualquier cosa la arrasan con tal de ganar dos dólares y eso ha convertido el narco de algo que podría ser interesante de seguir, en algo desagradable”, expresó el escritor quien afirmó que en esta época, difícilmente podría acercarse psicológicamente a un cabecilla de la mafia.

Una vez que Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera fue sentenciado a cadena perpetua en Estados Unidos, se ha señalado que el único narcotraficante que queda de esa vieja guardia es Ismael “El Mayo” Zambada, actual cabecilla del cártel de Sinaloa, quien tendría 70 años, mientras que un representante de la crueldad del narco actual sería Nemesio Oseguera Cervantes “El Mencho”, del Cártel Nueva Generación (CJNG) a quien se ha catalogado como un personaje despiadado que es sumamente cruel con sus enemigos, a los que incluso cocina para que los integrantes de la organización criminal los coman.

Una muestra de los códigos del nuevo narco han sido los masacres provocadas por cárteles como el mismo CJNG y el del Noreste, quienes han ejecutado a familias completas, incluyendo bebés, en sus disputas por el territorio. Videos que circulan en redes sociales han mostrado cómo las organizaciones criminales también torturan a quienes los traicionan sin importar si son hombres y mujeres, algunos son descuartizados vivos o severamente golpeados.

Pérez Reverte también habló sobre el llamado “culiacanazo”, cuando el gobierno mexicano tuvo que liberar a Ovidio Guzmán, hijo de “El Chapo” luego que el cártel de Sinaloa sitiara la ciudad y desatara todo un caos que dejó más de una docena de muertos. Sobre este episodio aseguró que se podría escribir una nueva novela.

El escritor también fue cuestionado sobre el debate que ha despertado la aparición de las llamadas narcoseries, entre ellas, la que está basada en 'La Reina del Sur', por la supuesta apología que hacen del narcotráfico. Aseguró que mostrar la realidad no es hacer apología “el público debe sacar sus conclusiones, la cosa es no banalizar, es dar a conocer los mecanismos que detonan ese mal”. Pérez-Reverte quien llamó “imbécil” y “sinverguenza” al presidente de México Andrés Manuel López Obrador cuando exigió una disculpa a España por la Conquista, ahora se negó a opinar sobre el respaldo de su gobierno a Bolivia y la decisión de asilar temporalmente al ex mandatario de esa nación, Evo Morales.

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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Lun May 18, 2020 5:04 pm

“Soy un lector que accidentalmente escribe novelas”
Entrevista de Isabel García Cintas - letraurbana.com - 23/11/2019

El popular escritor español no necesita mucha introducción ya que parte de su producción literaria, además de haber vendido más de quince millones de ejemplares en todo el mundo, ha sido llevada a la televisión y al cine. Nació en 1951 en Cartagena, la antigua ciudad portuaria del sur de España, ubicada sobre las costas del Mediterráneo. Influido por sus lecturas, Pérez-Reverte estudió Ciencias Políticas y Periodismo. Trabajó por veintiún años como reportero de guerra; primero para la prensa escrita y luego para la Televisión Española. En los años 1980 comenzó a escribir ficción. Publicó su primera novela 'El húsar' en 1986 y luego 'El maestro de esgrima', en 1988, con un éxito tal que fue adaptada para la pantalla. De ahí en más su carrera como escritor de novelas ha sido prolífica. Ha recibido muchísimos premios y homenajes, y es miembro de la Real Academia Española. Aún así, con una actitud casi rebelde, se ha mantenido independiente en sus ideas y opiniones políticas y sociales.

En una hermosa tarde de noviembre nos encontramos con Pérez Reverte. Es un día antes de la presentación de su novela 'Sidi: Un relato de frontera', que daría cierre a la Trigésimo Sexta Feria Internacional del Libro de Miami. Sentados en un balcón con vista al río, el tono de la conversación introductoria es amable y luego de algunos comentarios y un par de fotos, disparo mi primera pregunta.

-¿Es verdad que usas sombrero cuando vas por la calle?
-Es cierto. Uso sombrero Panamá en verano y de fieltro en invierno. Y aquí no lo llevo porque vengo de Nueva York donde hace mucho frío y aquí no he tenido tiempo de comprar uno. Me gusta usar sombrero, desde hace algunos años. Cuando era joven no tenía sentido usar sombrero, pero ahora es una especie de protección del sol y del frío, que ya cuando tienes sesenta años, no es lo mismo que a los treinta. También el sombrero es muy útil para muchas cosas.

-¿Por ejemplo?
-Quitártelo delante de una señora, por ejemplo, o de un hombre respetable, o de un amigo. Saber cómo llevarlo en la mano es uno de esos ritos de la época de mi abuelo y que ahora, con los años, me gusta conservar. Es una cierta manera de ser, de actitud. Es como la chaqueta, yo nunca me quito la chaqueta en verano, la llevo porque sí, por nada. Una vez alguien me preguntó por qué llevo chaqueta si sin ella puedo estar más cómodo. Y yo le dije, ¿por qué quiero estar más cómodo? ¿En razón de qué? ¿Para andar en mangas de camisa? Yo estoy más cómodo con ella.

-Es una buena razón. Ahora, tú naciste en Cartagena de Murcia, en el sur de España, como el Capitán Alatriste [sic]. Cuéntame un poco de tus memorias cartageneras.
-Cartagena para mí es el mar y una biblioteca. Yo nací en una casa con una biblioteca grande, llena de libros, así que de muy pequeño los leía, miraba estampas y el mar. El mar para mí es decisivo y el puerto de Cartagena es fundamental. El mar nunca ha sido un obstáculo, sino un lugar por el que iban y venían las gentes. De pequeño me escapaba del colegio, me iba al puerto, a mirar los marineros que bajaban de barcos, las prostitutas que estaban en las puertas de los cabarés, los tatuajes de la gente en los bares. Era un mundo fascinante y me he dado cuenta de que eso era una puerta a otros mundos que yo no conocía y me interesaba conocer. Digamos que mi deseo de irme empieza en el puerto de Cartagena. Por eso es decisivo para mí haber nacido en un puerto.

-El Mediterráneo es un mar muy especial.
-Sí, es que es un mar muy singular. Todo viene de ahí: el latín, el griego, el olivo, el vino, las legiones romanas, los dioses, el mármol… Todo viene de ahí.

-¿Cuándo decidiste que querías escribir?
-Lo de escribir es una cosa tardía. Yo no quería ser escritor, yo soy un lector que accidentalmente escribe novelas. Y ese lector un día se fue de Cartagena a vivir cosas que había leído en los libros. Pasé más de veinte años en la guerra. Y al volver, como consecuencia natural, sentí la necesidad de que eso que había aprendido, que había ido echando en la mochila, utilizarlo para contar mis propias historias. Y empecé a escribir novelas. Como una forma de compensar, digamos, de reescribir los libros que había amado. Yo leí unos libros que he amado y luego salí a vivir. Luego, a la vuelta de esa vida, me puse a reescribir esos libros con la experiencia que ya tengo. A hacer mi Moby Dick, mi Talismán, mis Tres Mosqueteros, mi Conde de Montecristo. A customizar, a mi gusto, la literatura que había leído.

-¿Cuáles fueron las novelas o historias que te impresionaron en la adolescencia? Ya comentaste un poco de los autores del Siglo XIX.
-La gran novela, esa gran novela del siglo XIX, es fundamental. Empiezo con Alejandro Dumas, con Walter Scott y después pasando a la gran novela, Balzac, Dostoievski, Galdós, a todos los que fue introducido el lector de mi generación. Y esa novela me marcó. Y hay otra cosa: yo estudié ocho años de latín y cuatro años de griego en el colegio Marista. Eso significa estudiar a Homero, traducir a Jenofonte, a Cicerón, a Julio César, y eso te da una formación, una manera de ver el mundo. Mi cultura es muy Europea, muy mediterránea, muchísimo. Y aunque escriba lo que escriba, aun sobre el narco de Sinaloa en México, pues al final salen ese tipo de cosas.

-Hablemos un poco de tu último libro, 'Sidi: Un relato de frontera', acerca del legendario Ruy Díaz de Vivar, el Cid Campeador. ¿Qué hizo que eligieras ese personaje histórico, del que mucho de lo que conocemos es ficción?
-Justamente eso me daba la libertad, porque el Cid es un veinte por ciento de realidad y un ochenta por ciento de leyenda. Entonces, tengo derecho de apropiarme de la ficción también. Decidí apropiarme de la leyenda y hacer ficción novelesca. Quería hacer una novela sobre el liderazgo. Cómo se maneja a los seres humanos, cómo se les manipula, cómo se les lleva a la muerte o a la victoria... Y también al concepto de héroe quería rebajarlo a su dimensión exacta. En mis novelas no hay héroes. Hay seres humanos que se buscan la vida, la comida, salen a comer. En aquellos tiempos duros, toda la gente que se ha ido de un lugar ha sido para huir o bien para comer. Eso quería contar yo, por qué el ser humano se va y se enfrenta a peligros para conseguir un pedazo de pan. Y me interesaba por qué consigue que otros lo sigan. Hombres rudos, duros, crueles y violentos que te sean leales, que peleen y que mueran por ti. Yo lo aprendí en la guerra. Cuando veía levantarse a uno y correr hacia el enemigo, y los otros lo seguían, yo me decía: "¿Cómo consigue este hombre que los otros lo sigan a morir? ¿Qué pasa por sus cabezas?". Y bueno, me fijaba, preguntaba y miraba. Luego, con mi experiencia, eso iba saliendo en mis novelas. ¿Sabes qué pasa, y esto es una ventaja sobre otros escritores? No me hace mejor ni peor, pero me hace distinto: cuando hablo de violencia, muerte, tortura, eso no lo aprendí de la literatura ni el cine, lo he visto. Así que hay muchas vivencias personales en esos libros. De modo que 'Sidi' se beneficia de esa biografía personal.

-Eso se nota mucho en tu serie de novelas de Alatriste. Gente miserable que se buscaba la vida.
-Sí, que se buscaba la vida con su espada. Hay un viejo refrán español que dice: “Espada tengo, lo demás Dios lo remedie”. Y era verdad: si tenían una espada ya se buscarían la vida. Es simbólico, pero era así.

-Hay una escena de 'Sidi' en la que Mutamán, el rey moro, le dice a Ruy Díaz: “Eres uno de esos raros hombres fieles, no a una persona sino a una idea”. Y más adelante: “Hay quienes no se traicionan nunca, aunque se les hunda el mundo… No hay lealtad tan sólida como esa”. Pinta de cuerpo entero a tu versión del Cid.
-Es cierto. Fíjate, yo no creo en las ideas. Es decir, las ideas cambian, cambian las épocas. Una idea puede transformarse y los seres humanos pueden utilizarlas para mentir, pero el que es fiel a sí mismo es consecuente. Ya tenga o no razón, cree, lucha y lo defiende. Mi héroe es un héroe no por causas generales, sino por causas particulares, personales. Que por coherencia consigo mismo se mantiene vivo y pelea. Todos mis héroes son así, todos. Y el Cid es uno de ellos. Y no es fiel a España, o a la Cristiandad, es fiel a sí mismo, a una manera de comportarse. Cruel cuando tiene que ser cruel, duro cuando tiene que ser duro, compasivo si tiene que serlo. Es un hombre, es un ser humano, y eso me gusta. Me gusta la gente que es así. ¿Sabes que este libro se está utilizando en España en escuelas de comercio y empresas financieras como manual de liderazgo? Me han invitado a dar dos charlas. Lo que te dice que eso vale igual tanto en la Edad Media como ahora, el mecanismo es el mismo.

-Tienes una gran producción literaria, con personajes inolvidables. El Cid es un caballero y señor, aunque esté en la batalla; y tienes un personaje como Falcó, que es un individuo sin escrúpulos. ¿Con cuál de estos extremos te encuentras más a gusto al escribir, y por qué?
-Cada novela te exige un recorrido, un personaje, un todo. Una novela es un artefacto narrativo que hay que montar con eficacia. Y para eso hace falta que todo sea justo para el objetivo de esa novela. Con Falcó quería contar lo contrario: un hombre sin escrúpulos, al que le gustan las mujeres, el lujo y disfruta con la violencia y la aventura. Amoral por completo. No es que la vida le hiciera malo, es que ya era un hijo de su madre desde pequeñito. Y yo fui consecuente, y conseguí un personaje acorde con eso. Me siento cómodo cuando la historia es eficaz. Si quiero contar, por ejemplo, en 'La Reina del Sur', que es una de mis novelas más conocidas, cómo una joven analfabeta de Sinaloa llega a ser reina de un imperio, entonces toda la novela está orientada a explicarlo bien. Yo no quiero que mis novelas mejoren el mundo, o hagan bien a la humanidad o quiero que tú seas más feliz leyéndolas. Quiero contar buenas historias, y que saquen de ellas sus conclusiones, buenas o malas. Procuro ser eficaz. No quiero que mis novelas sean moralmente aconsejables o que los niños aspiren en el futuro a ser mejores ciudadanos. Eso se lo dejo para profesores, sacerdotes, políticos, sociólogos o moralistas, pero no a los novelistas. Yo cuento la historia de un hombre absolutamente deshonesto, y cuento una historia honesta que no me avergüenza en absoluto. Y Falcó lo es.

-'La Reina del Sur', una novela de tema contemporáneo, y más popular que otras tuyas, fue llevada a la pantalla chica, y resultó un gran éxito. ¿Tuviste algún reparo al hacer las concesiones necesarias para el lenguaje televisivo?
-No las hice yo. El lenguaje televisivo lo hicieron otros, pero yo lo acepté y no he renegado de ello. Porque ¿sabes qué pasa? Yo escribo novelas para lectores de novelas. Pero la versión televisiva de 'La Reina del Sur' es una telenovela, es para un público que a veces no lee. Hay públicos muy variados. Entonces, el lenguaje es distinto. No funciona el lenguaje de novela para un público que no lee novelas. La telenovela es un género convencional, que tiene sus reglas, tiene su tipo de lenguaje, de tratamiento, y lo acepto. Si cobro el dinero que me paga la productora para hacerlo, acepto que la novela va ser transformada para un público diferente al que yo dirijo la novela. Sería ridículo que vendiera un producto para la televisión y me negara a que esa televisión le haga cambios. Hay autores que no están de acuerdo. Pues entonces no lo vendas, mantenlo intocable en tu casa. Pero si aceptas el juego, juega con las reglas del juego. Y te digo, hay una ventaja: 'La Reina del Sur' habrá vendido en toda América un millón y medio de ejemplares. Pero la telenovela la han visto varios millones de espectadores, con lo cual la historia ha llegado a un público global, de millones.

-En tus más de 20 años de periodista de guerra estuviste en muchos lugares, y sin duda has visto horrores. Sin mayores detalles, ¿podrías comentarme sobre dos conflictos que te hayan impresionado por sobre los demás?
-Uno es Eritrea, en 1977 y el otro la guerra de los Balcanes, a fines de los noventa. En este último conflicto yo estaba en Vukovar, Croacia, y el grupo con el que estaba fue el último en partir. Fue terrible. He visto muchas luchas duras, pero esas dos guerras son las mas dramáticas que he visto.

-También estuviste en Argentina, cubriendo la Guerra de las Malvinas. ¿Qué memorias tienes de aquel Buenos Aires y de aquella etapa en mi país natal?
-Dejando aparte lo que fue la dictadura militar, hablando de la ciudad, yo tengo mucha nostalgia de ese Buenos Aires. Era un Buenos Aires lleno de librerías, en la calle Florida la gente se paraba a discutir, ¿te acuerdas? Era como el Foro Romano: la gente hacía corros hablando, discutiendo temas, y para mí fue una gran experiencia. Era un país maravilloso.

-Hace poco leí en un reportaje que te hicieron que dijiste: “Leer es un asunto perdido. La lectura está condenada a muerte”. ¿No es una contradicción, viniendo de un escritor tan prolífico?
-No, porque a mí eso no me va a pillar. Yo todavía vivo en la etapa buena. Pero cuando eso suceda no voy a estar aquí. Si yo fuera ahora un joven de veinte años que quisiera contar historias, elegiría hacer historias de televisión, o bien videojuegos. La lectura como tal, como la conocemos, está condenada a muerte. Mira, en los años noventa, de un libro mío o de cualquier autor conocido, se vendían un millón de ejemplares en el año, y ahora si vendemos doscientos cincuenta mil estamos muy contentos. ¿Sabes qué pasa? A la literatura la ha matado el teléfono móvil. Cuando estabas en el aeropuerto, la sala de espera de un dentista o en el autobús estabas leyendo un libro. Ahora estás mirando qué correos tienes, mandando mensajes por WhatsApp. La compañía que te hacía el libro ahora la sustituye el móvil. Lo terrible es que dentro del teléfono tienes tres mil años de cultura Occidental, y la gente lo usa para mandar mensajes de WhatsApp. El libro está sentenciado. Está ocurriendo, no de forma brutal, no violenta, sino silenciosa como un virus. Nosotros no lo vamos a ver, pero dentro de cincuenta años. Seguro, segurísimo. Seguirá habiendo gente que mantenga el libro como una religión, como una cofradía, pero será una elite minoritaria. Porque hasta los niños lectores de ahora viven en la cultura tecnológica. Es inevitable, hay que aceptar que es así. Todo se acaba en la vida, acabaron Roma, Bizancio…

-Hablando de lectores, te escuché comentar que piensas que las lectoras, las mujeres, somos intelectualmente más exigentes. Me gustó eso, ¿podrías elaborar?
-Es complejo de explicar, pero las mujeres por razones históricas, sociales, genéticas y biológicas incluso, tienen una gran curiosidad por el mundo exterior. El hombre ha pasado más tiempo guerreando, yendo al fútbol, haciendo ruido, demasiado ocupado en sí mismo y en sus rituales de tribu. La mujer ha estado callada junto al fuego, mirando, durante siglos, y se plantea preguntas que el hombre ignora. La mujer tiene una mirada del mundo que el hombre carece. La mujer mira con una curiosidad donde le va la supervivencia. Ha sido por tanto tiempo rehén del hombre, que ha desarrollado un montón de cosas. Ha compensado esa esclavitud con una inteligencia extrema a la hora de analizar las cosas. Nadie mira como una mujer, ningún hombre mira así. Una mirada de aprobación de una mujer, o una mirada de condenación de una mujer son abrumadoras.
En esa necesidad que tiene la mujer de nutrirse, de comprender, de mirar el mundo entra en literatura. Ella ha sido siempre más lectora que el hombre, y lo sigue siendo, porque tiene una necesidad mayor de comprender, de conocer. No tiene la autosatisfacción que tiene el hombre, no se resigna a la limitación intelectual que el hombre tiene. Yo voy a muchos clubs de lectores, y el noventa por ciento son mujeres. Dicen que es porque la mujer tiene más tiempo libre, pero eso no es verdad. Tiene más curiosidad, quiere aprender y sabe que cuánto más conocimiento tenga, podrá más combatir al hombre. Tienen que saber diez veces más y demostrarlo, como por ejemplo a nivel laboral.

-Además de escribir, que evidentemente es un placer para vos, cuáles son tus otros intereses, hobbies o pasatiempos que te ayuden al relax cuando lo necesitas?
-El mar, yo soy marino. Hace treinta años que navego en un velero. El mar es mi otra vida. El mar y los libros. En el barco llevo una biblioteca de unos trescientos libros que voy renovando.

-Después de haber visto de cerca todas esas muestras de lo mejor y lo peor de la naturaleza humana, ¿sigues siendo optimista con respecto al futuro?
-No. No lo soy. Soy pesimista. Tengo poca fe en el ser humano. Creo que la estupidez es más poderosa que la inteligencia, creo que cuando juntas a un malo con mil tontos tienes mil y un malos, y creo que el mundo es un lugar oscuro y peligroso, donde la inteligencia está penalizada y la estupidez está premiada. Y eso empieza en los colegios, así que no creo que estemos formando generaciones de líderes brillantes para el futuro. Pero no voy a estar allí. No les envidio a los jóvenes los líderes que van a tener dentro de un siglo. Mira la degradación que hay en todas partes, ¿dónde hay un Churchill, un Adenauer, un Kennedy?, ¿dónde hay un Balzac, un Homero, un Shakespeare, ¿dónde está Cervantes?

-Seguramente tienes un próximo libro en marcha. ¿Puedes anticiparnos de qué se trata y por qué ese tema te interesó?
-No. Hasta que un libro no está escrito, no existe. Y hablar de algo que no existe es absurdo.

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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Jue May 28, 2020 10:38 am

«El pasado bien digerido, sin rencor, enriquece el presente»
Entrevista de Jesús García Calero - abc.es - 28/05/2020

Hace casi veinte años que Arturo Pérez-Reverte publica cada domingo su artículo 'Patente de Corso'. No ha faltado ni un domingo desde 1991 a la cita con los lectores [no es cierto]. El escritor recuerda que cuando comenzó todavía viajaba como reportero de guerra y que antes de salir dejaba escritos diez o doce artículos para poder cumplir, porque desde su puesto de enviado especial no podía escribir este tipo de textos.

'La posada de Dickens', texto en el que compartía cerveza, confidencias y miradas al Támesis (presente o pasado) con Conrad y el capitán Marlow, ha merecido el premio Mariano de Cavia del centenario. En su página de 'XL Semanal' incluso ha nacido algún libro, como el exitoso 'Una historia de España'.

La llamada del jurado sorprendió ayer a Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) -porque nunca se presenta a premios- trabajando, como hace cada día con disciplina y horario. Que el galardón se le haya concedido por unanimidad de un jurado de directores de periódicos de líneas editoriales tan diversas le llena de orgullo. «Me siento realmente muy honrado y os lo agradezco mucho. Supongo que por generación ya me tocaba a mí (ríe). Pero un premio que viene de compañeros, de periodistas, de gente que pertenece al mundo en el que viví tantísimo tiempo es muy de agradecer».

-Después de dieciocho años, ¿percibe su propia evolución en esa página?
-En algún sentido sí. Yo tenía fe en muchas cosas cuando empecé a escribir estos artículos, de la que ahora carezco o se me ha ido templando. Los primeros eran más esperanzados. Para mí es muy triste mirarlos porque veo cosas que decía hace veinte años, por las que me hice en su momento muchos enemigos, sonaban fuertes y pesimistas, mientras que ahora es más frecuente oírlas y se repiten tanto que ahora prefiero no hablar yo de ellas. Se lo dejo a otros.

-Habla en el texto del pasado, de Londres, de la vida y los libros no con nostalgia. ¿Es más bien desencanto?
-Alguien que tenga mi biografía no puede tener una visión luminosa del mundo, es imposible. Nadie que se haya asomado a ciertos lugares puede ser optimista. Uno proyecta en el presente el pasado que conoce y si además ha leído libros, se completa el contexto. Pienso en Conrad, Joseph Kessel, Chaves Nogales... A ellos no se les puede pedir una visión optimista o luminosa de la vida. Precisamente porque conocen la vida. En mis artículos, supongo, se trasluce también eso.

-Pero no transmite nostalgia.
-Es evidente que no miro hacia atrás con nostalgia, miro hacia atrás y leo hacia atrás para tomar vitaminas, consuelos y alivios respecto a las partes del presente que no me gustan y las partes del futuro que me preocupan. Este artículo está muy bien elegido, sea quien sea quien lo ha elegido.

-No se presenta a premios...
-Nunca, a mí los premios me los dan a traición (ríe). Pero me gusta que eligieran este artículo porque simboliza muy bien que cuando leo y miro hacia atrás, la literatura es compañera del presente. No es lo mismo caminar por Madrid habiendo leído a Galdós que sin haberlo leído, o pasear junto al Támesis habiendo leído a Conrad. Sicilia y Lampedusa, Roma y Virgilio, Tito Livio, Suetonio… Este artículo es importante porque demuestra para mí que las lecturas, el pasado bien digerido, como compañía y no como nostalgia, menos como rencor, le dan al presente una riqueza extraordinaria.

-¿Suman capas invisibles al mundo?
-El lector lleva los libros en la cabeza y en la memoria. Y eso ayuda a encontrar sentido al mundo. Por eso me da tanta pena que alguien no lea. No estoy de acuerdo con obligar a leer, cada uno que haga lo que quiera, pero me da pena aquel que va por el mundo sin haber leído de los lugares que pisa. Ir a París sin Eiffel, a Roma sin saber de Trajano o de Nerón, a EE.UU. sin saber de George Washington o Buffalo Bill, es privarte de lo mejor de la vida, de la comprensión y el enriquecimiento. Por eso celebro tanto que hayan elegido el artículo.

-¿También es algo que sirve al periodismo, el hecho de tener un bagaje lector mejora al periodista?
-La mirada solo se educa de dos maneras, con vida y con lecturas. No hay otra forma. Como reportero, cuando fui a Beirut y la vi arder, estaba viendo Troya. En la guerra de Chipre, ver a los griegos despedirse de sus mujeres me trajo a la cabeza a Héctor. Cuando estoy en los Balcanes pienso en Tintín y en Syldavia. No es un gozo estético. Es una una interpretación y una intensa apropiación de los lugares en los que estás. Y en el artículo está todo eso.

-¿Interpretar el mundo correctamente, así, es el objetivo del periodismo?
-Que me perdone el jurado, pero para mí no es un artículo de un periodista, sino de alguien que, por haber sido periodista y lector, es lo que es ahora. Cuando era reportero de guerra, en aquellos días duros y malos, en Beirut, Sarajevo, donde fuera, el libro que llevaba en la mochila me ayudaba aponer todo en su sitio, a consolarme, a comprender. Si hubiera sido sólo periodista mi vida habría sido incompleta. Fui periodista y lector o lector y periodista… porque yo -le confieso- me hice periodista por culpa de los libros. Yo quería ser lo que los libros contaban y para eso me hice periodista, herramienta útil para serlo, (habla deprisa) espero que esté grabando...

-¿Y ya no se considera periodista...?
-Ya no soy un periodista. Yo era un reportero, una variedad concreta. Y no es que desprecie las otras, pero yo estaba pateando el mundo para mis lectores. Esa vida me dejó un montón de cosas. Cuando me sitúo hoy frente al ordenador para escribir no es el periodista el que está contando, el periodista hace mucho tiempo que se extinguió. El que escribe es el resultado del periodista más el lector, más el novelista. Todo eso.

-¿Se puede ser periodista sin lectura?
-No quiero dar titulares escandalosos, pero el periodista que no es lector rara vez llega a ser un periodista eficaz, y no te digo ya bueno. Sin formación, sin esa biblioteca que te acompaña no puedes ser buen periodista. ¿Qué periodista puede contar bien la guerra de Afganistán sin conocer el paso Khyber y la colonización inglesa, y la historia de los imperios coloniales, de la revuelta en la India y de los cipayos, o sin haber leído 'Las lluvias de Ranchipur'? ¡Al menos haber visto la película! Eso permite que el periodista sepa de qué está hablando. El turista tiene la necesidad de conocer los lugares que visita, pero el periodista tiene la obligación de documentarse, de saber de qué está hablando cuando habla de una cosa.

-Alma Guillermoprieto dijo que el periodismo es más necesario que nunca.
-Eso requeriría otra entrevista. Creo que a eso responderé en mi discurso del recepción del premio Mariano de Cavia.

-¿Sabe que Cavia, un republicano, no trabajó en 'ABC' y que Torcuato Luca de Tena puso su nombre al premio por la admiración que le profesaba?
-No lo sabía, qué bonita me parece esa historia.



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Rogorn
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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Mar Sep 15, 2020 9:49 pm

«É uma anomalia que Portugal e Espanha não sejam um mesmo Estado»
Entrevista de João Céu e Silva - Diário de Notícias - 15/09/2020

Não é preciso que a entrevista a propósito do seu mais recente livro em Portugal, 'Uma História de Espanha', avance muito para que Arturo Pérez-Reverte reafirme a sua posição enquanto iberista: "É uma anomalia que Portugal e Espanha não sejam um mesmo Estado." No entanto, considera que, em face da atual situação de Espanha, "essa separação é uma sorte para os portugueses porque estão distantes do desastre político, económico e social em que Espanha se converteu".

Pérez-Reverte foi o escritor mais lido em Espanha no último ano graças a esta 'Uma História de Espanha' e o romance 'Sidi', mas considera que não sente responsabilidade em ser o número um no seu país: "Eu tenho pouca responsabilidade porque é uma situação que não procurei. Escrevo e é bom ter muitos leitores desde que há trinta anos comecei a publicar livros. Apesar de serem cerca de três dezenas de títulos, sou um profissional e não existe um compromisso moral da minha parte em relação ao que faço, apenas no aspeto profissional."

Esta história de Espanha é muito pouco politicamente correta e Pérez-Reverte usa e abusa de considerandos que os fundamentalistas detestam pela certa e uma quantidade de palavrões inesperados impressos. Confessa que "também há momentos muito bonitos na história de Espanha", e que a "esses dedico palavras bonitas, mas existem outros momentos em que a situação é diferente e uso palavras más". Explica que o livro "tem um tom de conversa de amigos num café" e que o "sucesso deste livro foi o seu tom coloquial, direto e informal, que qualquer pessoa pode ler por ser tão direto".

Arturo Pérez-Reverte garante que "eu não falo assim na minha vida normal, é um estilo deliberado para o livro ganhar a eficácia própria deste tipo de relato". Na realidade, as expressões vernáculas abundam. Exemplos: "Um bom par de tomates" 22 vezes, expressões em torno da palavra "puta" 47 vezes, bem como nunca se referir aos franceses sem ser como "franciús", 26 vezes. Ou lamentos como "O Condestável Álvaro de Luna degolado no cadafalso; perderam-se costumes higiénicos".

—Teve boas críticas a este livro...
—Agradeço as boas críticas, mas quando me ponho a escrever a história de Espanha não sinto qualquer dever moral, político, histórico ou patriótico, apenas quero contar a minha visão muito pessoal, informal e subjetiva deste passado. Creio que é por isso que os leitores gostam, por estar ausente um tom académico e "sério" e não desejar dar uma visão melhorada de Espanha.

—O que quer?
—O que quis são duas coisas: ser feliz a escrever, porque gosto muita da minha profissão atual, e escrever histórias que agradem, divirtam e ensinem alguma coisa aos leitores. Não quero convencer ninguém com as minhas ideias ou mudar o que as pessoas pensam. Não sou um autor moral como era, por exemplo, José Saramago, que era um grande amigo meu, e tinha objetivos morais cada vez que escrevia. Ele queria fazer o mundo melhor, pretensão que eu não tenho, apenas contar a minha forma de ver o mundo.

—Os académicos não devem gostar muito este registo?
—Na Academia Real Espanhola, por exemplo, há uma dupla visão: os historiadores que são muito sérios e formais e que não gostam de que eu faça incursões no seu território. Estes estão equivocados porque eu não pretendo ser historiador, apenas dar a minha opinião, a de alguém que viajou e leu, que tem uma biblioteca com 32 mil livros, que tem 69 anos. Não os quero suplantar, apenas dar um livro alternativo e muito menos académico sobre a história de Espanha. Há outros historiadores que dizem bem e que aplaudiram e difundiram o livro.

—Este olhar sobre a história é o do repórter que já foi ou o do escritor que é?
—O que se escreve resulta de uma vida, e eu fui durante 21 anos repórter em cenários de guerra e levo trinta anos a escrever romances. É muito difícil encontrar divisórias na minha vida entre o olhar do leitor, o do repórter e o do homem adulto, e na minha idade tudo se combina. Não posso dizer que devo mais a uma parte da minha vida do que a outra, mas é certo que a vida que tive enquanto repórter a cobrir guerras influencia a forma de ver o mundo e a história. É com esse olhar e com o que li que estão condicionados os livros que escrevo.

—Tem um livro para sair em outubro que já está a dar polémica, 'Linha de Fogo', sobre a Guerra Civil Espanhola. O que se passa?
—Não é bem uma polémica, antes o que resulta de agora existir em Espanha uma tendência -igual à dos anos do franquismo- para uma interpretação maniqueísta da história: de um lado os bons, do outro os maus. O espanhol necessita sempre disso e é difícil que compreendam que nem sempre existe uma divisão assim tão clara. Quem fez a cobertura como eu de sete guerras civis, a de Angola e a de Moçambique, entre outras, sabe como é difícil dar razão a uma das partes em conflito. É mais fácil no nosso caso da Guerra Civil, onde o lado bom é o republicano e o mau o do Franco. Mas o meu livro passa-se nessa zona intermédia e ambígua, o que não agrada aos que vivem de traçar linhas divisórias e de dizer que "eu sou bom e aquele é mau". Por isso é que o romance ainda antes de ser publicado já está a criar polémica, o que me dá muito prazer porque irá ser recebido com mais expectativa.

—'Uma História de Espanha' começa com uma citação de um seu protagonista, o capitão Alatriste: "Desde sempre, ser lúcido e espanhol acarreta grande amargura e pouca esperança"...
—E ser lúcido e português também.

—É mais difícil ser lúcido e espanhol ou ser lúcido e português?
—Eu sou da linha iberista, nisso estou com José Saramago, e sempre disse que é uma anomalia que Portugal e Espanha não sejam um mesmo Estado ou que não formem um mesmo território político. Essa separação é uma sorte para os portugueses porque estão distantes do desastre político, económico e social em que a Espanha se converteu. Neste momento, fico feliz por os portugueses estarem a salvo! Mas, esquecendo o momento atual e certos determinismos históricos, creio que a fronteira entre Portugal e Espanha é uma fronteira artificial que somente a história traçou. Se Filipe II, durante os anos em que foi rei de Portugal, tivesse mudado a capital do mundo ibérico para Lisboa, teríamos feito todos, portugueses e espanhóis, uma Ibéria atlântica e não uma Espanha estupidamente sangrada na Europa, e seria sido muito diferente a nossa história e a do mundo. Sou profundamente iberista, tanto que me sinto em Portugal tão na minha casa como em Cartagena ou na Andaluzia. Conheço bem a história de Portugal, que também é amarga em muitos sentidos, mas os portugueses agora estão a salvo porque não existe uma confederação ibérica. Assim, tenho um lugar para me refugiar quando a Espanha se tornar insuportável.

—Saramago dizia, em 2007, que dentro de 50 anos existiria essa União Ibérica. Acha que ainda poderá acontecer?
—Não, agora creio que não. E lamento porque a Espanha está demasiado concentrada na sua própria desgraça e divisão, e não imagino os espanhóis a melhorar. O grande erro político, social e histórico dos espanhóis é que nunca tenham olhado para Portugal sem estarem de costas voltadas para ele. O nosso lugar natural é o Atlântico e a América, em vez de olharmos para a Europa de uma forma complexada e onde somos secundários. Isso é muito triste! Não acredito que essa união ibérica aconteça, mas é atrativo imaginar essa possibilidade porque há muitos portugueses e espanhóis que têm uma perspetiva clara dessas vantagens, e eu estou nessa linha. É uma utopia, provavelmente impossível, mas gosto de sonhar com ela.

—Se essa união viesse a acontecer a península deixava de ser periferia?
—Se houvesse uma federação Espanha-Portugal, esta contaria com a influência de Portugal no Brasil e em África e de Espanha na América, o que se fôssemos dirigidos por governantes inteligente e com sentido de história, de dignidade e de futuro, nos tornaria uma potência indiscutível.

—Este livro acaba no fim dos anos de 1970 com a transição de Juan Carlos, que tem direito a um lugar sem mácula. Será necessária uma continuação sobre a queda do ex-rei?
—Isso não irá acontecer pois não é um assunto que me interesse. Eu quis terminar esta história num bom momento e dar lhe um final feliz. Esse ano de 1978 era o melhor, quando a transição aconteceu e Espanha foi admirada pelo seu processo de mudança, em que o sonho de liberdade que Portugal nos tinha transmitido poucos anos antes se cumpriu. Esse momento feliz era fundamental para um livro tantas vezes triste e tão frequentemente trágico, mesmo que haja muito humor. Como não queria ter um final trágico, decidi terminar nesse momento em que Espanha era um lugar admirável, não quis contar como a situação se foi degradando desde então com os políticos sem escrúpulos e pouco solidários que temos.

—"Para que necessito de um rei?" Este foi o título devastador de um recente artigo seu. Quer lançar a bomba atómica sobre a monarquia espanhola?
—Não receio os efeitos do artigo porque sou um escritor livre e faço artigos muito duros sobre vários temas. Não tenho medo porque a minha idade põe-me a salvo de muitas coisas: tenho mais passado do que futuro, tenho leitores em 40 países que me dão liberdade para não necessitar de viver dos espanhóis. Esses milhares de leitores fazem-me livre, apesar de ser muito conhecido em Espanha, e muitos deles quando me veem na rua param-me e dizem "Don Arturo tem de continuar livre". E eu respondo que "sou livre porque o senhor me lê", pois são os leitores que me dão liberdade ao comprar os meus livros e dão a independência económica que me permite não depender do favor de governos, de ministros e de prémios. Sou independente e isso liberta-me de qualquer medo pois não tenho nada a perder. A única coisa que temo é uma morte pouco digna.

—O que quer dizer com isso?
—A vida é muito má e tem um sentido de humor muito macabro. Eu vi morrer muita gente na guerra e de muitas maneiras. A gritar, com as tripas fora, e há agonias e momentos finais que dão cabo de toda uma boa vida. Então, espero que morra com dignidade, e o meu único receio é que uma doença, o Alzheimer ou outras coisas me façam perder a minha forma de ver o mundo e o modo de ser que tentei ter durante toda a minha vida.

—Esse artigo terá feito as pessoas pensar se vale a pena manter a monarquia?
—Sim, o artigo teve muita repercussão e bastantes comentários. Eu conheço muitos filhos da puta que preferem ter um rei a um presidente. Eu sou republicano, mas o rei atual é um homem até agora incansável, e sabemos que é diferente dos políticos que existem em Espanha, onde ninguém oferece garantias de honestidade, de dignidade e de cultura. Isso obriga a ser monárquico. É terrível viver assim e eu sinto o mesmo que a maioria dos espanhóis. Juan Carlos fez muitas coisas boas por Espanha num certo momento, mas agora deu o maior golpe na monarquia. Felipe VI parece-se mais com a mãe do que com o pai; parece sério, não é mulherengo, é mais sóbrio do que o seu pai. Isso é bom porque a rainha Sofía foi uma senhora excelente e a minha esperança é que Felipe se mantenha mais Grécia do que Bourbon.

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Pérez-Reverte señala al culpable de que España y Portugal no sean un mismo país: “Es una anomalía”
cope.es - 15/09/2020

Arturo Pérez-Reverte es uno de los escritores más leídos en lengua española, además de formar parte de la Real Academia Española. Aun así, no rehúye un terreno poco fecundo en la presencia de figuras de nuestras letras como son las redes sociales. Desde su cuenta de Twitter, Reverte analiza algunos de los acontecimientos que la actualidad brinda a nuestro país y al mundo. Otras veces tan solo recuerda algunas de sus anécdotas que guarda con más cariño o comparte las nuevas que le van ocurriendo, como en los últimos días en los que, navegando, se hizo un sangriento corte en la mano.

Esta vez, Pérez-Reverte ha querido publicar la entrevista que un medio portugués, el periódico 'Diário de Notícias', le ha realizado. En esta, el escritor de Cartagena repasa algunos de los hitos más importantes de la relación entre España y Portugal y llega a conclusiones que no han dejado indiferentes a muchos de sus seguidores y detractores. El titular de la noticia no deja indiferente a nadie. No se presta al equívoco. Un tajante Reverte asegura que "É uma anomalia que Portugal e Espanha não sejam um mesmo Estado", o lo que es lo mismo: "Es una anomalía que Portugal y España no sean un mismo Estado". Así es como Reverte se manifiesta proclive a una suerte de unión política entre ambos países fronterizos. Una "Unión Ibérica" que compartía el también escritor José Saramago y que Reverte achaca a la poca voluntad del monarca hispánico Felipe II y su decisión de no determinar Lisboa como capital del Reino.

Pérez-Reverte considera que, de estar ambos países unidos bajo un solo Estado o bandera, "seríamos una potencia mundial". Una unión que sería beneficiosa para nuestros vecinos portugueses según lo que ha opinado Pérez-Reverte: "Esa separación es una suerte para los portugueses porque están lejos del desastre político, económico y social en el que se ha convertido España", ha sentenciado el escritor. No contento con afirmarlo en el interior de las páginas del diario luso, ha remarcado en sus redes sociales su opinión sobre lo que sería una unión política beneficiosa para España, pero negativa para Portugal: "Por fortuna, hoy, para los portugueses", se ha contestado a sí mismo Reverte que recordaba la "anomalía" que en sus palabras supone que los dos Estados peninsulares no conformen una única unidad político-social.

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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Mié Sep 16, 2020 3:54 pm

“A pandemia tornou-nos mais egoístas”
Entrevista de Maria João Costa - sapo.pt - 16/09/2020

Acaba de lançar em Portugal, pela Asa, o livro 'Uma História de Espanha', que espera ser “útil” para devolver às novas gerações a memória e o interesse pela História. O escritor espanhol diz-se “menos preocupado com a pandemia, do que com as suas consequências”. Defende que uma federação ibérica seria "uma ferramenta de poder e pressão política muito eficaz na Europa" e que o "erro grave" de Espanha foi quando Filipe II não instalou a capital da Ibéria em Lisboa.

Não queria falar da pandemia, mas já fora da gravação da entrevista com a 'Renascença', o escritor espanhol Arturo Pérez-Reverte quis saber como estava a situação em Portugal, e em particular em Lisboa, onde quer regressar. Sobre a escalada de casos positivos de Covid-19 em Espanha, o autor de 69 anos recusa comentar, mas diz estar muito preocupado com os efeitos sociais e económicos da pandemia. Teme mesmo convulsões sociais.

Numa altura em que está a lançar em Portugal o livro 'Uma História de Espanha', o escritor que já foi repórter denuncia que “os programas educativos estão a desmontar a memória histórica da Europa” e receia o regresso dos totalitarismos. Um dos autores mais lidos no país vizinho, diz que se Portugal e Espanha fossem uma “federação” teriam mais peso político na Europa e não seriam “desprezados” pelos países do norte.

-O que o motivou a escrever 'Uma História de Espanha'? É um livro alternativo e num tom pouco académico, sobre a História do seu país.
-Não pretende ser um livro académico. É um livro absolutamente subjetivo, informal e divertido. O que me motivou a escrever foi o facto de nos últimos tempos a História estar a desaparecer dos programas de educação, não só em Espanha e Portugal, mas em toda a Europa. Os programas educativos estão a desmontar a memória humanística e histórica da Europa. Entre os jovens há grandes lacunas e desconhecimento da História. Pensei que seria divertido para os jovens, e mesmo para os menos jovens, contar a História de uma forma amena e sobretudo sugerir-lhes que há muitos assuntos interessantes que podem encontrar em livros “sérios”, para que se interessem pela História.

-Ao longo do livro, fala da pulsão dos espanhóis para a guerra civil. Não há como mudar essa pulsão?
-Creio que é um impulso suicida, histórico e Ibérico. Não é só em Espanha. A questão é que Portugal teve a sorte de se manter um pouco à margem, pelo seu perfil Atlântico. Ficou livre desse impulso suicida. Nós temos! E as razões são complexas. Espanha é um lugar muito complicado, foi fronteira durante muito tempo entre duas civilizações, a muçulmana e a cristã. Depois é um país que teve muito azar politicamente. O peso da igreja e da inquisição foi terrível. Nunca houve uma revolução, como em França que limpasse as estruturas medievais e muitas delas subsistem até hoje, ao século XXI. Além disso é um país complicado em termos geográficos, muito compartimentado. Isso faz com que sejamos um país azarado, no entanto, a sua História é fascinante, com momentos bonitos, e terríveis, muitos dos quais partilhamos com Portugal. Pensei que isto era uma boa matéria, o problema é que o mundo atual perdeu a memória. Qualquer tentativa de devolver a memória, acho que é útil.

-Faz poucas referências a Portugal em 'Uma História de Espanha'. Portugal é irrelevante para a história de Espanha?
-Menciono Portugal várias vezes. Sobretudo, o que digo é que a História de Espanha, não é a História da Ibéria. É uma coisa que menciono no livro muitas vezes. Como sabe, eu, tal como o meu amigo Saramago, sou iberista. Acredito mesmo que a separação geográfica entre Espanha e Portugal é meramente acidental. Fazemos parte do mesmo espaço. Para mim, a zona ibérica é um espaço por onde passaram muitos povos, línguas, etnias muito variadas e tem uma História fascinante. Espanha e Portugal partilharam grande parte dessa História. O que digo sempre, é que o erro grave de Espanha foi quando Filipe II não instalou a capital da Ibéria junto ao Atlântico e deu uma projeção atlântica aos impérios português e espanhol, esquecendo a Europa com a qual não tínhamos nada a ver.

-Mas há um sentimento de inveja, que também considera muito típico dos espanhóis?
-Ainda hoje, no século XXI, penso que há um erro muito grande nas nossas relações. Creio que Espanha e Portugal não deveriam ter uma unidade política, mas terem uma federação e organismos que criassem maior coordenação entre ambos. Seriamos muito mais poderosos. A nossa voz na Europa seria ouvida de uma forma muito mais eficaz. Esse norte da Europa que despreza tanto o sul, pensaria melhor antes de nos desprezar como nos desprezam. Acho que Portugal e Espanha juntos seriam uma ferramenta de poder e pressão política muito eficaz na Europa. Não o aproveitamos, insisto, em grande parte por culpa dos espanhóis que se viraram de costas para Portugal, como se ele não existisse.

-O que representa para si Portugal, hoje?
-Portugal continua a ser um refúgio. Quando a Espanha for por água a abaixo, como está agora neste momento muito perturbado, gosto de pensar que tenho lugar em Portugal. Posso ir refugiar-me entre gente com quem me sinto bem. É um refugio de retaguarda. Dessa forma, alegro-me por Portugal não estar misturado com o caos social, político, económico e cultural em que vive a Espanha, neste momento.

-No livro desvaloriza várias vezes as identidades catalã e basca, que hoje em dia parecem tão acentuadas. Porquê?
-A questão é que Espanha nunca soube resolver o problema da herança medieval. Espanha, como todos os reinos medievais, surgiu com imensos condicionamentos regionais e privilégios feudais. Em França tudo isso, no século XVIII, com a Revolução Francesa, foi liquidado e criaram uma igualdade de direitos e obrigações para todos. Em Espanha, isso não aconteceu e por razões complexas, subsistiram todos esses focos medievais de privilégios. Esses problemas, nunca resolvidos, hoje em dia estão de novo a surgir e a complicar a já difícil situação política espanhola.

-Espanha vive de novo dias de tensão. É um ‘caldo’ para a guerra civil? Ou seja, o clima é de uma guerra civil não armada?
-Acho que não! Eu cobri muitas guerras civis como repórter e reconheço-as muito bem. O que há é o perigo de uma degradação económica e social e, se isso acontece, há distúrbios nas ruas, insegurança e problemas. O que se passa é que no final, tudo isso abre caminho aos totalitarismos. A mim, o que me dá medo não é a guerra civil. Tenho medo que a crise acabe por trazer de novo movimentos totalitários, porque as pessoas, depois do caos, dos conflitos na rua e da delinquência, querem segurança, ordem e paz. Isso, os regimes totalitários sabem vender como uma mercadoria fácil. Temo que isto nos leve, não agora, mas no espaço de uma geração a um regresso das formas autoritárias e à perda da liberdade que durante tanto tempo e com tanto sofrimento, os europeus e também os espanhóis, conseguimos.

-Considera a ideia de Espanha anterior às identidades autonómicas? É ainda um fator de união?
-Espanha já não pode unir-se. O momento de unir a Espanha, foi no século XVIII com a Revolução Francesa. Foi o último momento em que Espanha poderia ter tentado essa unidade política, sempre tentada e nunca conseguida. Perdida essa oportunidade, já não se pode aplicar os métodos dos séculos XVIII e XIX. É impossível, não se pode voltar atrás. Não se pode retirar às autonomias espanholas, o poder que lhes deste. A insularidade e a divisão em dezassete Espanhas políticas, já não pode voltar atrás. Acho difícil essa unidade. Nem sei se seria boa, porque são poucos os que pedem essa unidade. Espanha chegou a um lugar muito difícil e muito complicado. O que acontece é que fomos demolindo e destruindo o processo de transição que foi admirável e exemplar. Estamos a destruir um sistema que era útil e não temos nada melhor. Estamos de mãos vazias e isso torna-me pessimista. Como tenho 69 anos, já não me preocupo, mas fico apreensivo pelas novas gerações.

-Faz várias referencias aos livros da escola do franquismo por onde aprendeu História. Hoje os jovens espanhóis aprendem uma história menos ‘inquinada’?
-Agora, em Espanha, tudo se transformou numa armada política. E há uma coisa muito grave. Na minha juventude, há 30 ou 40 anos, as universidades eram lugares de debate político. Debatias com o adversário, gente de quem discordavas, sentavas-te e discutias. Havia um debate intelectual do qual saiam luzes, inteligência e conclusões úteis para a convivência comum. Agora, não. Agora, por razões diversas queremos o adversário silenciado. Não queremos ouvir os que não pensam como nós. Queremos que não fale, que se cale!

-As redes sociais agravam essa falta de debate?
-As redes sociais são uma ferramenta terrível para calar e silenciar. As redes sociais não proporcionam o debate. Agora não queremos o adversário convencido, queremo-lo exterminado. Isto é terrível, porque substituímos o debate político, pelas considerações fáceis e temos as considerações históricas nas mãos de demagogos que manipulam as redes sociais com quatro "tweets" e as pessoas são iludidas e seguem estes falsos profetas. Encontramos um mundo de analfabetos conduzido por analfabetos. Isto é muito perigoso e dá-me medo.

-Qual a saída?
-Acho que só há uma solução para isto: Educação e Cultura! Criar novas gerações lúcidas, críticas e preparadas intelectualmente para poder debater e distinguir o que é, ou não, sério. Mas os livros de estudo fomentados por estes analfabetos de Bruxelas, estes políticos que estão longe da realidade e que estão a moldar a educação e a cultura na Europa e em Espanha, estão a causar danos. Em Espanha estão a crescer gerações de jovens desorientados, órfãos à mercê do primeiro que chegue e diga que é seu pai!

-Como estão a ser os dias de pandemia em Espanha, os números não param de subir. Como vê a atual situação?
-Eu prometi não falar da pandemia. Quando isto começou há uns meses, disse para mim mesmo, não vou falar disto! E não o quero fazer, porque já se fala muito e eu não quero somar a minha voz ao coro. Mas há uma coisa que posso dizer. Preocupa-me menos a pandemia do que as suas consequências.

-Porquê?
-Morrer, todos vamos morrer. Ficar doente, todos vamos ficar doentes. Sempre houve epidemias e mortes. Passei a minha vida como repórter a ver gente a morrer de várias maneiras. Isso não me preocupa muito. Faz parte da vida. O que me preocupa são os resultados posteriores. A crise, a economia, o desemprego, a tristeza de uma sociedade completamente manchada pela incompetência dos políticos que agravam os danos desta pandemia. Isso sim, preocupa-me muito.

-Que repercussões podem ter as consequências?
-Preocupa-me que o mundo, e Espanha, estejam a perder a capacidade de viver com normalidade. Isso significa que vão acontecer grandes convulsões nas próximas gerações. Os miúdos não serão iguais, vão viver de uma forma pouco solidária. A pandemia, em vez de gerar o mais nobre do ser humano, e dos espanhóis, neste caso, está a criar o menos nobre, o egoísmo, a não solidariedade. Não gosto disso! Preocupa-me as consequências.

-As novas gerações sofrerão as marcadas do isolamento.
-Sim, repare, a guerra civil fez melhor aos espanhóis, porque os fez sofrer. É como aconteceu em Portugal, com a ditadura. Que bonito que foi abril! As pessoas tinham sofrido e descobriram o valor da liberdade, do diálogo, da alegria, da vida, de se abraçarem na rua, unir-se numa causa comum. As pessoas estavam felizes e não queriam repetir a ditadura. Em Espanha foi igual. As pessoas que sofreram, são boas porque sofreram coletivamente. Na pandemia as pessoas sofrem individualmente. A pandemia faz-nos sofrer cada um em sua casa, encerrados, longe dos outros. Isso faz com que o sofrimento não seja socialmente produtivo e bom. Afastou-nos dos outros, em vez de nos aproximar. A compaixão e caridade que antes sentia um homem que passou a guerra civil, a ditadura, ou a guerra colonial em Moçambique ou em Angola, esse sentimento de humanidade que cria dor quando não estás com os teus, a pandemia tornou-os mais egoístas. Nesse sentido, é um sentimento muito negativo do qual pouco ou nada de positivo podemos retirar.

-Está já a trabalhar num novo livro, 'Linha de Fogo' sobre a guerra civil espanhola?
-Sairá no final de outubro. É um livro muito duro de 680 páginas. É um romance que escrevi porque as pessoas que viveram a guerra civil, que sofreram, já morreram e agora há gerações de políticos que estão a manipular a guerra civil como arma política. Como os jovens perderam a memória direta da guerra civil, não sabem o que foi, acreditam em tudo o que os políticos dizem. Eu quis recuperar um relato feito com os testemunhos daqueles que estiveram na luta, recupero memórias familiares, documentais e pessoais para devolver às novas gerações esses relatos que estão a ser manipulados.

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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Dom Sep 20, 2020 11:18 am

Filipe II cometeu “erro histórico” de não ter feito de Lisboa capital Espanha – Pérez-Reverte
mundoportugues.pt - 19/09/2020

O escritor espanhol Arturo Pérez-Reverte publicou a tradução portuguesa de 'Uma História de Espanha', onde defende ter sido um “erro histórico” Filipe II não ter levado a capital de Espanha para Lisboa, e unido os dois países. Em declarações à agência Lusa, em Madrid, o autor confessa que este “não é o livro de um historiador”, e que pretende “aproximar a História do cidadão comum com humor e de uma forma informal”.

Arturo Pérez-Reverte afirma estar “muito satisfeito” com a tradução da sua obra para português, e sublinha que a Ibéria devia ser um espaço único, em vez de haver dois países de costas voltadas”. “A Espanha do século XVI devia ter instalado a capital em Lisboa, para que os dois impérios fossem um só”, insistiu o ex-jornalista, repórter de guerra, de 67 anos, que, desde finais dos anos 80 do século passado, se dedica exclusivamente à escrita de novelas. No seu livro, Pérez-Reverte escreve que “Filipe II cometeu […] um dos maiores erros” e, em vez de “levar a capital para Lisboa – antiga e senhorial – e se dedicar a cantar fados a olhar para o Atlântico e para as possessões da América, […] entrincheirou-se no centro da península [Ibérica], no seu mosteiro-residência do Escorial, a gastar o dinheirão que vinha das possessões ultramarinas luso-espanholas”. “Mesmo agora, é muito triste que não atuemos de uma forma federada”, como se fossemos uma “federação igualitária e solidária”, capaz de enfrentar “melhor” os países do norte da Europa, lamenta o autor.

Num outro capítulo, Pérez-Reverte escreve que “João I de Castela, casado com uma princesa portuguesa herdeira do trono, esteve prestes a dar o golpe ibérico e unir os dois reinos”, mas “os avós de Pessoa e Saramago deram-lhe uma boa carga de porrada na batalha de Aljubarrota”. O autor critica que, a pouco e pouco, a disciplina de História vá desaparecendo dos planos escolares, o que está a levar a juventude a “converter-se numa presa fácil para os políticos sem escrúpulos, os demagógicos e os canalhas”.

O escritor espanhol afirma que mais de 20 anos a trabalhar em países em guerra deram-lhe “uma experiência da vida” que agora tenta transmitir nas suas novelas. “Não tenho ideologia política, o que tenho é a minha biblioteca. Essa biblioteca é a minha ideologia política”, conclui Arturo Pérez-Reverte. A editora LeYa/ASA considera que 'Uma História de Espanha', traduzida por Cristina Rodriguez e Artur Guerra, é “um relato pessoal e pouco ortodoxo da acidentada história do nosso país vizinho através dos séculos”.

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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Lun Sep 21, 2020 12:10 pm

"Quando o político perde o medo à imprensa, a sociedade torna-se escrava"
Entrevista de Ricardo Alexandre - tsf.pt - 19/09/2020

Um romancista que foi jornalista mas já não se vê nessa pele. Amante da História, Arturo Pérez-Reverte escreveu uma sobre Espanha, com linguagem desbragada, contundente, divertida. E deu uma entrevista sem papas na língua.

-Numa entrevista ao 'El País' esta semana, o ensaísta, tradutor e hispanista Cees Nooteboom dizia que a Espanha é um país que não se reconciliou. Quando escreve um livro sobre 'Uma História de Espanha' é também isto que conclui?
-Espanha é um país que se construiu de forma imperfeita, é um país que perdeu várias ocasiões de se normalizar territorialmente e isso criou uma série de disfunções que agora se manifestam de novo, com muita intensidade. Evidentemente que é um país que existe, que se fez, mas que se fez mal ou não se fez completamente.

-Porque é que diz que "ser lúcido em Espanha aparelhou sempre muita amargura, muita solidão e muita desesperança"?
-A História de Espanha é triste porque é uma história de uma sucessão de ocasiões perdidas, é uma sucessão de belos momentos, de grandes momentos históricos e grandes empreitadas muitas vezes com êxito, mas também de grandes deceções e grandes desastres. É a combinação de ambos. Mas Espanha é um país que aprendeu muito pouco com os seus erros, pelo que ler e conhecer bem a História de Espanha, como eu conheço, produz grande amargura, porque uma pessoa dá-se conta das muitas ocasiões perdidas, tristemente perdidas.

-Sendo um homem que sempre foi abertamente contra o discurso dos vários nacionalismos dentro do estado espanhol, porque é que começa a sua frase sobre Espanha no final do prólogo com estas palavras: "Esse lugar impreciso"... impreciso porquê?
-Impreciso porque cada espanhol tem uma ideia de Espanha diferente, é sobretudo um problema de educação. Em Espanha o que falhou fundamentalmente foi o sistema de educação e de cultura escolar. Os jovens cresceram durante muito tempo sem uma certeza daquilo que é Espanha como lugar. Para uns era um lugar que devia ser unitário e férreo, monolítico. Para outros, era um lugar fragmentado, fracionado, independente e diverso, mas nunca houve um discurso homogeneizador no sentido intelectual da palavra. Nunca houve um treino de patriotismo bem entendido, não uma coisa nacionalista e ultrapatriótica, mas sim o nacionalismo como solidariedade e como memória, como companheirismo e como irmandade, isso nunca houve. Essas falhas na educação e no sistema cultural espanhol produziram grandes desorientações; o espanhol hoje é uma pessoa que se sente desorientada na sua identidade.

-Sente-se mais um espanholista ou um iberista?
-Eu não sou espanholista, eu sou iberista. Para mim a Ibéria é o lugar que tirou a Espanha dos romanos, é um lugar no qual aconteceram muitas coisas, por aqui passaram muitos povos, muitas línguas, muitas histórias diferentes; é um lugar de fronteira, apaixonante, fascinante; extraordinariamente rico em história e muito complexo em muitas coisas. Para mim, enquanto pátria Espanha não existe, existe a Ibéria e por isso incorporo sempre Portugal. Portugal viveu uma boa parte desse caminho com os outros povos que fizeram Espanha. Hoje é impossível, já não pode haver uma união política, é impossível, seria uma utopia. Mas continuo a acreditar que Espanha e Portugal deveriam manter uma espécie de irmandade federada, uma atuação comum, uma solidariedade territorial e social, que lhes permitiria ter muito mais voz, muito mais força na Europa e serem muito mais respeitados do que são.

-Já não vale a pena acreditar em utopias?
-Não. Devemos educar as gerações jovens para a possibilidade e não para a utopia. As utopias fazem sonhar mas desviam dos objetivos reais e práticos. É preciso educar os jovens na certeza de que este é um lugar difícil, complexo, perigoso, um lugar com muitos problemas. Contar-lhes a verdade. Não é contar-lhes histórias da Disneylândia; educa-los na certeza do que são, naquilo que Espanha sofreu e na necessidade da solidariedade e da cultura como fermento que une os seres humanos. Sou pessimista porque creio que a educação e a cultura se perderam. Não é só em Espanha, sejamos justos. É naquilo que chamamos de ocidente na Europa. A educação das jovens gerações está a ser demolida por uns analfabetos que em Bruxelas traçam planos gerais de educação sem ter um mínimo de noção da realidade. A desvalorização do humanismo e das disciplinas espirituais da filosofia e da história estão a produzir gerações de jovens sem o mínimo de certeza daquilo que são. Em todos os lugares e também em Portugal, mas em Portugal, por sorte, esse processo vai chegar mais tarde mas também chegará. E isso faz-me ser pessimista e entristece-me muito.

-Essa referência a Bruxelas faz-me perguntar-lhe se é um descrente no projeto europeu... é um eurocético?
-Não, não, Portugal e Espanha somos Europa, não sou eurocético, o que sou é cético em relação a certa ideia de Europa que nos pretendem impor. Eu acredito numa Europa igualitária, na qual a cultura e a memória, o passado comum e as relações de respeito são mútuas e iguais. Mas não acredito nessa Europa que nos impõem de um norte e um sul. Um norte que despreza o sul, que o vê como um sul atrasado e quase africano, e que tenta manter a distância. Nessa Europa não acredito. Acredito na Europa de Platão e de Aristóteles, de Homero, da Revolução Francesa, dos Direitos Humanos, na Europa de Montesquieu e de Montagne, na Europa de Camões e de Cervantes. É nessa Europa que acredito, na verdade. Mas essa é uma Europa que está muito longe da Europa atual.

-Procurou fazer um livro com linguagem muito cáustica, divertida. Na página 21, na edição em português, escreve: "foram os Fenícios que inventaram abolha imobiliária, adquirindo propriedades na costa, antecipando-se aos reformados anglo-saxões e aos simpáticos mafiosos russos que hoje dançam a canção dos passarinhos em Benidorm". O que quis fazer foi um livro tipo conversa de café, como dizemos aqui em Portugal?
-Sim, isso. É um livro como eu sou. Um livro informal, não sectário, divertido, ameno, um livro que permite, a quem o leia, que não o veja como uma construção dogmática, mas sim como um estímulo para que as pessoas vejam que a História é divertida, e, além de ser divertida, ensina muito sobre o presente. Queria fazer um livro para estimular o leitor a ler coisas sérias e a conhecer melhor a História. Porque estou convencido que o povo que ignora a história está condenado à morte. A História é o que nos mantém lúcidos, sem História as gerações jovens fica, órfãs e não sabem de onde vêm e um órfão segue como um patinho quem quer que diga que é seu pai. E isso é muito triste e muito perigoso. A minha preocupação é que os jovens estão a crescer órfãos de história, de memória e de cultura. Este é um livro que está a ser usado muito nas escolas, quero que estudem a História se divirtam e debatam. No livro uso palavras sonantes, outras mais coloquiais e creio que isso com os jovens funciona muito bem. A minha ideia era essa. Fazer uma História acessível e divertida, mas que ao mesmo tempo, faça refletir e sobretudo estimular a que se leia, a que se conheça. Somente recordando o que fomos conseguimos compreender o que somos.

-Esse facto de o livro estar a ser usado nas escolas em Espanha, deve ser para si bastante gratificante, até porque este tipo de linguagem que usa no livro deve ter provocado alguma rejeição em certos círculos da academia, não?
-Sim, sim. Há gente que se chateou muito com o livro, em primeiro lugar porque o problema é que em Espanha, há muito tempo, existe a tendência para se escrever livros desde uma ótica política. É muito raro em Espanha encontrar livros contados de forma imparcial. São livros que tomam tudo a sério ou tomam tudo a brincar. Tomam-se a sério a si e a brincar aos outros ou vice-versa. Infelizmente em Espanha, nos últimos anos, derivou-se muito para o sectarismo. Então aquele que não encontra naquilo que lê tudo aquilo com o qual concorda, aborrece-se. O grande problema em Espanha e que parece ter voltado com intensidade é que nunca se acredita no opositor, no adversário, não se quer o adversário convencido mas sim vencido, exterminado, aniquilado, emudecido, tapando a boca. Essa maldade contra o inimigo, "ou estás comigo ou estás contra mim", tudo isso é muito espanhol, muito frequente e desgraçadamente, voltou outra vez. Claro que este livro iria incomodar aqueles para quem o mundo se divide entre branco e negro e ignoram a existência de zonas cinzentas.

-Precisamente isso. Recordo-me do seu livro 'Território Comanche' sobre a guerra na Bósnia... os conflitos e a forma de os cobrir jornalisticamente mudaram muito. Se voltasse a cobrir uma guerra, já pensou em que tipo de livro escreveria?
-Quando uma pessoa pode viver a História pessoalmente como eu vivi, que cobri sete guerras civis e umas dezoito guerras no total, a distinção entre bons e maus é muito relativa e é impossível. Ninguém que seja lúcido pode acreditar em bons e maus. Inclusivamente na causa mais nobre ou mais admirável do mundo, há sempre canalhas e filhos da puta. E na causa menos nobre e mais abjeta, podemos sempre encontrar gente normal, que está nessa causa por condições muito diferentes, porque não tinha outro remédio ou até se pode encontrar gente boa. O mundo está muito misturado, então eu nunca poderia escrever um livro de bons e maus. Vi demasiadas coisas para perceber que não há bons e maus, que as pessoas podem ser boas e más ao mesmo tempo e até boas e más no mesmo dia. Por isso tudo, alegra-me ter saído do jornalismo, porque percebi que estava a mudar. Eu era um repórter, cobria guerras e contava-as, era um repórter objetivo, não analisava, isso não era comigo. Contava factos. Agora já não é assim. Todo o jornalismo está impregnado de opinião, de conteúdos pessoais, subjetivos e o jornalismo mais objetivo desapareceu. Assim, fico muito contente de estar longe desse trabalho, apesar de ter sido muito feliz nele e ter trabalhado com muito gosto, mas agora já não seria capaz, já não poderia voltar a ser jornalista.

-Mas na sua abordagem à guerra dos Balcãs não havia também isso, os bons e os maus... sendo, no caso, os sérvios os maus?
-Sim, evidentemente. Quando eu estava em Sarajevo e via as bombas a cair e a matar crianças e mulheres, os sérvios eram os maus. Mas quando eu saía de Sarajevo, sabia que havia locais onde os bósnios e os croatas que matavam os sérvios. Repara, no Médio Oriente fiz muitas vezes a guerra do Líbano: com os palestinianos, com os cristãos, com os sírios, com os israelitas, com o Hezbollah, com os drusos, com todos os grupos. E todos cometiam atrocidades e todos tinham razão nalguma coisa, outros tinham razão noutra. A vida levou-me a isso. Também há causas evidentes e claríssimas. Se uma pessoa pensar na Guerra Civil espanhola, está claro que havia um grupo bom que era o lado republicano e havia um grupo mau que era o franquista, mas se uma pessoa se aproxima vê que já não está tudo tão claro. Já há vítimas e verdugos nos dois grupos, é mais complicado! Um caso onde estava claro onde estava o bem e o mal foi Portugal. A revolução de Abril é um caso onde estava claro o que era o bem e o que era o mal, sem qualquer dúvida. E mesmo assim, havia gente honrada que pensava que Salazar tinha razão. No mundo nunca está clara a linha que divide o bem e o mal nem essa linha é igual para toda a gente. Por isso é que é importante ter a prudência e a tolerância, bem como a inteligência de se aproximar com muita cautela e precaução, quando se fala de ideologias. As ideologias são um tipo de material muito volátil, muito instável e perigoso.

-São essas linhas que dividem os países e os conflitos entre bons e maus que procura esbater no seu próximo livro sobre a Guerra Civil em Espanha, o 'Linha de fogo'?
-Sim, precisamente. O livro que vai sair dentro de algumas semanas chama-se 'Linha de fogo', tem 680 páginas e no qual há oito personagens dos dois lados: nacionalistas e republicanos. Eu procuro precisamente isso. Procuro a memória dos avós. Todos temos avós dos dois lados. O meu pai era uma criança, a guerra é muito complexa. O mau pai, que era um menino de boas famílias, e o meu tio eram republicanos enquanto o meu sogro , que era um jovem de esquerda, lutou pelos nacionalistas. Lutavam onde caíam, podiam e onde eram recrutados. A guerra foi muito complexa e foram cometidas muitas atrocidades. Agora, em Espanha, vende-se a ideia de que a guerra foi um conflito maniqueísta, branco e preto. E não foi assim. O meu livro quer recuperar as memorias do avós. O que nos contavam, o que aconteceu de verdade. Mostrar às gerações mais novas que nunca é claro quem são os bons e os maus... nunca é claro; e na guerra de Espanha muito menos. Há sobretudo um problema para as gerações jovens: é que as pessoas que viveram a guerra já morreram e há jovens que estão a crescer com um discurso sobre a guerra civil a qual não conheceram, não entenderam e que lhes interessa manipular por interesses políticos. Há muito interesse pela guerra civil e eu quis devolver a realidade dessa guerra às gerações que não a conhecem.

-Como é que acha que isso pode ser entendido? Isso não pode ser considerado um revisionismo em relação ao franquismo, quando não estabelece uma linha clara entre os bons e os maus?
-Não sei se essa é a linha por onde vou. Quero dizer que na guerra civil parecia claro onde estavam os bons e os maus... república boa e franquismo mau.... ideologicamente falando. No entanto, quando aproximamos a câmara dos rostos das pessoas, encontramos rapazes de 18 anos, jovens, que lutavam por razões muito diversas e complexas. Mulheres, homens que matavam e morriam e isso não é tão claro. Veja: é melhor um rapaz de 15 anos falangista ou um rapaz de 15 anos comunista? Ou de 15 anos anarquista? Há muita diferença? O impulso juvenil canalizado, porque um era de esquerda outro de direita, depende da família, dos amigos, das circunstancias. Tudo era muito complexo. Fico indignado e muito aborrecido que agora se resuma tudo a quatro generais, quatro padres e a uma questão de banqueiros contra o povo. Não é verdade. Não é assim. O crime está nos dois lados. É verdade que um lado ganhou e esteve quarenta anos a governar Espanha. Mas os três anos da guerra civil foram selvagens: comunistas e anarquistas matando-se uns aos outros, falangistas matando republicanos e o contrário também. Ou seja, foi um horror muito complexo do qual muitos espanhóis de ambos os lados foram responsáveis e muitos de ambos os grupos foram vítimas. Isto é o que quero deixar claro com o meu próximo romance.

-Quando se lê sobre o 23 de fevereiro de 81, o golpe de António Tejero e o parlamento sequestrado e vemos a atuação de homens como Adolfo Suarez ou Santiago Carrillo, que comparações lhe permite quando olha para as cortes espanholas hoje em dia e vê Pedro Sánchez, Pablo Iglésias, Pablo Casado, Santiago Abascal...?
-Bom, não quero citar nomes, não quero fazer isso, lamento mas não vou responder a essa pergunta. O que lhe posso dizer é que a dimensão dos políticos atuais é infinitamente inferior da de há uma ou duas gerações. E isso nota-se muito em Espanha. Há uma grande baixa de qualidade intelectual e política nas classes dirigentes espanholas e isso é uma das grandes causas dos problemas que Espanha tem neste momento. A falta de dimensão dos políticos é um dos maiores problemas.

-Porque é que acaba o seu livro em 1982? Porque é que decidiu não chegar aos anos mais recentes? Algum prurido em tratar os políticos atuais com o mesmo tipo de linguagem que utiliza para os governantes ao longo dos séculos?
-Bem, aos políticos de hoje trato-os com uma linguagem muito dura nos meus artigos semanais. Todas as semanas publico um artigo que sai em mais de vinte jornais espanhóis e aí já os trato bastante duramente. Não é que me cale, unicamente digo-o noutro lugar. Mas eu queria terminar este livro, como é sobretudo dedicado aos jovens, com esperança. Senão um final feliz, pelo menos um final de esperança. Por isso, queria terminar o livro num momento bom, num momento no qual Espanha, como foi Portugal um pouco antes, conseguiu admiração do mundo. Foi para o mundo um exemplo de convivência, de inteligência, de tolerância, de solidariedade política e social. Queria terminar num momento doce e bom, alto, grande, um momento bonito. Dar-lhe um final feliz, de esperança. Se o tivesse continuado, teria um final triste, porque mais uma vez a Espanha perdeu a oportunidade. Daí a opção. Mas reservo a crítica, diariamente, para o twitter e para os meus artigos. Este livro quis terminá-lo assim.

-"Para que necessito de um rei?"... foi um artigo seu que causou muita polémica recentemente. Na sua opinião a monarquia enquanto instituição em Espanha, deve ser posta em causa? Os espanhóis deveriam ter o direito de referendar a monarquia?
-Não, não creio. Já o fizeram há muito tempo e aprovaram uma Constituição que incluía a monarquia. Fez-se no ano de 1978 e a Espanha aprovou uma constituição que era monárquica; isso já está aprovado historicamente. O que foi imposto por Franco foi referendado pelo povo espanhol, nas urnas, uns anos depois, pelo qual a monarquia não é, absolutamente, ilegítima. Dito isto, digo outra coisa: eu sou republicano, por natureza cultural. Quem conhece a História do mundo tem de ser, por natureza, republicano. Mas sou republicano espanhol e isso causa-me um problema: um regime republicano requer um presidente da república digno e respeitado por todos, equânime, capaz de se manter acima do barro político para ser esse árbitro prestigioso e supremo, que um país necessita. Equânime, sereno e sábio. E eu não vejo ninguém em Espanha que não esteja envenenado pela luta política partidária. Não vejo nenhuma figura com bastante prestígio para ocupar esse posto tão digno e tão importante e tão respeitável. Então, por exclusão de partes, tenho de me contentar com o Rei -Felipe VI, não o pai- que é um jovem com boa formação, respeitável, boa pessoa, que não é ambicioso e que tem um comportamento até agora inatacável. Assim sendo, obrigam-me a ser monárquico por necessidade, ainda que eu seja republicano. Mas infelizmente, Espanha é um país muito complicado e complexo, bem como bastante ignorante em muitas coisas. Por isso, a minha desconfiança para com a classe política pró-monárquico ainda que eu defenda uma república.

-Espanha cumpre hoje aquilo que cita de Juan Pablo Fusi, um estado social e democrático de direito, uma democracia plena e avançada?
-Atualmente o problema a não é a constituição. Em Espanha o problema é a classe política. Este país tem todos os instrumentos democráticos necessários para funcionar perfeitamente. Espanha tem uns mecanismos democráticos excelentes e aprovados há já muito tempo, o problema está que há uma classe política que demonstra um egoísmo extremo, que quer demolir esse sistema de pesos e medidas políticas e sociais para fazer as suas pequenas parcelas. Os seus pequenos negócios. Os seus pequenos jogos locais. O problema em Espanha não é a democracia. São os políticos. Há uma geração de políticos incultos, ignorantes, sem escrúpulos, sem qualquer grandeza intelectual, que escondem a sua fraqueza de pensamento com ataques diretos a um sistema e que querem destruir para sobre as ruínas desse sistema fazer as suas negociatas. Esse é o problema. São os políticos. Esta é uma democracia que funcionaria perfeitamente se a deixassem. Se permitissem que funcionasse.

-Escreve na página 237 que Espanha, como nação, como país, como conjunto histórico de nações e povos, (...) perdeu o controlo da educação escolar e da cultura". É uma perda irreparável, na sua opinião?
-Sim, na minha opinião, sim. Para mim, Espanha perdeu... ou melhor, vou responder de outra forma: penso que sem educação, sem cultura, não há futuro algum. Não há solidariedade. Não há possibilidade de uma vida política e social nem econômica razoáveis. E Espanha perdeu, como perdeu a Europa (isto não foi só a Espanha) mas a Espanha vai muito mais avançada, digamos, nesse caminho tão sombrio... Espanha perdeu o controlo da educação e da cultura. Fragmentou-se em 17 comunidades diferentes, cada uma educa segundo os seus interesses locais, a palavra solidariedade espanhola desapareceu por completo. Há uma divisão, uma separação absolutamente suicida e os jovens estão a crescer num sistema educativo que não lhes dá nenhuma ferramenta de memória, de humanismo ou de cultura. A cultura está a ser arrasada dos planos de estudo em troca pela tecnologia. Isso é terrível porque está a criar jovens sem nenhum tipo de solidez cultural. E esses jovens são quem amanhã vai governar. E isso mete-me muito medo. De facto, eles até já aí estão. Já chegaram ao governo. Esses jovens analfabetos, digamos, não literalmente.... mas analfabetos culturais... já chegaram ao governo. Já governam. Já lá estão e isso nota-se muito. Nota-se o mal que essa falta de cultura, de memória histórica, de solidariedade, de fraternidade entre um povo que tanto sofreu durante tantos séculos. O mal que essa falta faz, nota-se agora.

-Como olha para o jornalismo hoje, Arturo Pérez-Reverte?
-Vejo-o bem, vejo-o necessário. É uma das poucas ferramentas de controlo que restam à sociedade. Um país sem imprensa livre é um país submetido à manipulação da classe política e das classes que pretendem fazer negócio com o mundo e com a vida. Então, o jornalismo é fundamental. O jornalismo livre é a nossa única garantia. Uma sociedade que permite que os seus jornalistas sejam amordaçados é uma sociedade que se converte em escrava e se suicida. Daí ser tão importante defender a imprensa. Eu em Espanha tenho intervindo muitas vezes na defesa de jornalistas que foram atacados por políticos que querem calar as vozes críticas, massacram-nas e perseguem-nas. A imprensa é a nossa única defesa neste momento, é a nossa ténue linha vermelha. Necessitamos de uma imprensa livre. Tanto em Portugal, como em Espanha. Precisamos dela, mesmo com os seus erros, os seus defeitos, porque os jornalistas são humanos. Mas mesmo considerando todos os problemas, a imprensa é a nossa única garantia de controlo. Quando o político perde o medo à imprensa, a sociedade torna-se escrava.

-Como é que tem vivido estes tempos de pandemia, de Covid e confinamento?
-Bem, trabalhando. Permitiu-me terminar um romance que tinha de terminar; pensei que o ia terminar só no próximo ano e terminei antes. Pude dedicar-me e concentrar-me mais. Quando tens 69 anos e uma biblioteca com trinta mil livros, e podes trabalhar em casa... a pandemia para mim foi leve, a trabalhar muito e entre os meus livros. Nesse sentido, não foi intolerável. Há gente que passou muito mal, mas eu não passei assim tão mal.


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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Dom Oct 18, 2020 11:11 am

Pérez-Reverte, sobre Sánchez: “Es un ‘killer’, los ha matado a todos, y a los que no ha matado los va a matar”
elplural.com - 18/10/2020

Con motivo de su último libro, 'Línea de fuego', Arturo Pérez-Reverte estuvo este sábado en ‘La Sexta Noche’. En el espacio que presenta y coordina Iñaki López, además de hablar de su obra, el escritor repasó algunos de los temas de actualidad del momento. En este sentido, se mostró “fascinado” con la figura del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a quien ha calificado como “un personaje tácito” propio de los “políticos renacentistas”. “Es asombroso, no me pierdo una intervención suya. No es la táctica del perro loco, es que realmente no le importa nada, le importa un huevo de pato, es inmune a la hemeroteca, es ambicioso, sin escrúpulos, valiente, es un 'killer', los ha matado a todos, y a los que no ha matado los va a matar", ha señalado Reverte. “Mató a Rajoy, mató a Felipe González, mató a Alfonso Guerra y matará al rey si puede”, ha añadido.

Asimismo, sobre el vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, ha señalado que “no lo ha matado porque lo necesita”, pero que “cuando llegue el momento lo matará”. “Cada vez que le abraza está buscando el lugar de la costilla donde le meterá la navaja”, ha apuntado. De esta manera, Reverte ha calificado al presidente de “personaje maravilloso” y que “para un novelista es un personaje extraordinario”. “Soy un fan, en este país de políticos moñas y mediocres por lo menos este tío tiene agallas, va donde va y le importa un carajo todo. Soy fan de la Guardia Civil, de Leo Harlem y de Pedro Sánchez", ha sentenciado.

Por otra parte, Reverte también se ha mojado sobre la Monarquía y en especial sobre el Rey Felipe VI: “Estamos en un proceso de demolición de un Estado y sus instituciones”. Asimismo, ha advertido que él se define como “republicano”, pero que “hay mucha gente que ignora que hay republicanos de izquierdas y de derechas”. En este sentido, el polémico escritor se ha preguntado qué pasaría si se demoliera el Estado y “echáramos al Rey”: “¿Quién me va a reconstruir ese imperfecto estado? ¿Rufián? ¿Echenique? ¿Espinosa de los Monteros? ¿Ortega Smith? ¿Esos son los que me van a construir el futuro? ¿Los que van a hacer una España futura estable y convivible? ¿Esos son los que van a hacer una constitución? ¡Váyase usted al carajo!”. Así, ha calificado la situación actual de “putiferio político en el que estamos inmersos de una manera cada vez más disparatada”.

“Felipe VI a mí me parece una buena persona y nadie que lo haya tratado dirá que no es buena persona. Ama a España, hace lo que puede, me parece un buen referente. ¿Te imaginas una república con un presidente que fuese Sánchez y un presidente del Gobierno que fuera Casado? ¿Te imaginas una república en manos de la gentuza que todos los días nos está disparatando la convivencia en España?", ha reflexionado. De esta manera, ha sentenciado el asunto apuntando que a él el monarca “le sirve”: “No es mi figura ideal en un plano político ideal, pero me parece un buen hombre y está fuera de toda esta basura. Lo necesito en defensa propia. ¿Te imaginas un país rehecho por la gente que vemos en el parlamento? Por el amor de dios”.

Por último, Reverte también ha criticado duramente a los dirigentes españoles, a los que ha calificado de “analfabetos políticos”, asegurando que en la actualidad “hay una irresponsabilidad enorme en la política española”. “Cuando no existen doctrinas políticas sólidas, lecturas y conocimientos del mundo, los políticos van a los fácil. La Guerra Civil es perfecta contada como buenos y malos: Franco malo, rojos buenos. República buena, perfecta, impecable, era un paraíso. Franquismo malvado y perverso”, ha añadido. Por todo ello, ha denunciado que los políticos “están manejando con una alegría enorme conceptos muy peligros” y “complejos” para “un público que por otra parta no está preparado”. “Eso es lo terrible, porque la educación en España ha desaparecido, no estamos creando ciudadanos lúcidos y críticos, estamos creando otra cosa”, ha zanjado.

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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Mié Oct 28, 2020 9:44 am

“Escribo sobre lo que me sale de los cojones”
Xavi Ayén - lavanguardia.com - 28/10/2020

El escritor Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) se subió ayer al escenario del Arts Santa Mònica, en la inauguración de la feria Liber, para recoger el premio al fomento de la lectura en medios por su portal digital ‘Zenda’, revista literaria que cuenta con un millón de lectores mensuales. En el mismo acto, la consellera de Cultura, Àngels Ponsa, afirmó que “lo único bueno” que nos ha dejado el coronavirus es el espectacular aumento de los índices de lectura, “la mejor campaña que jamás se ha hecho”.

Previamente, Pérez-Reverte contó a este diario por qué, hace cuatro años, fundó ‘Zenda’: “Yo era un escritor afortunado, me dedican páginas en todos los periódicos, pero muchos autores interesantes nunca salen, porque no son de un grupo o de otro. Si no tienes amigos, mal. Si eres de izquierdas, sales en ‘El País’ y en eldiario.es pero no en ‘ABC’. Así que me dije: ¿por qué no crear una legión extranjera? Donde salga cualquier tipo que publique y esté bien. Que no seamos tan gilipollas como algunos suplementos (no todos, eh, por citar solo dos ejemplos los de ‘La Vanguardia’ y ‘ABC’ todavía prescriben). Que si Paco Martínez publica un libro sobre los moriscos expulsados en Alicante, se dé a conocer. Se metieron a ayudar Javier Marías, Luis Mateo Díez, Enrique Vila-Matas (con lo raro que es, el cabrón), José-Carlos Llop... Resultado: somos la revista digital literaria más influyente. Trabajan cinco personas, hay más de veinte colaboradores y yo ayudo a que, por ejemplo, Vargas Llosa se ponga, utilizo mis contactos”. No pierden dinero, “nos autofinanciamos, nadie gana un duro y se paga una miseria, somos como una cooperativa de ayuda”.

Pérez-Reverte está contento de estar en Barcelona (“Catalunya es el lugar en que más vendo de España, el 30%”), y aprovecha para hablar de su nueva novela, ‘Línea de fuego’ (Alfaguara), que narra diez días de intensos combates en primera línea de frente en la guerra civil española. una obra en la que ha usado “tres fuentes fundamentales: primera, los testimonios orales de aquellos que hicieron la guerra y me la contaron. Segunda, los libros, memorias de requetés, republicanos... Y, tercera, yo he vivido en la guerra, como corresponsal, durante 21 años, sé cómo es una, el olor, el ruido, las bengalas, el sudor, el hambre, la sed, todo eso es mío, autobiográfico”.

De familia que luchó en el bando republicano, “a mi abuelo, que estuvo en el arsenal de Marina de Cartagena, lo depuraron: lo metieron en la cárcel y lo echaron de la Marina, luego otras familias católicas de bien, de orden, lo avalaron, y pudo salir de prisión. Mi padre combatió y luego hizo tres años de mili con los nacionales en Logroño. Mi tío fue herido en combate dos veces. Los tres eran de una familia de la burguesía acomodada, republicanos viajados, leídos, no viscerales. Mi suegro, un joven izquierdista del Pirineo de Huesca, luchó en cambio con los nacionales. Los subían al camión y a luchar, era el bando que te tocaba”.

Comenta que “empezaron a criticar mi libro antes de que saliera: dijeron la barbaridad de que ‘blanquea el franquismo’. Gracias a esos tontos, he vendido 30.000 ejemplares en una semana. Hay muy pocas novelas sobre el frente de combate. Me dicen: ‘¿Y por qué no habla usted de esto otro?’ Oiga, yo hablo de lo que me sale de los cojones. Me dicen: ‘Tiene usted que hablar de las cunetas’. Pero ¿por qué? Ya lo sé, que había cunetas, pero en el frente no, en el frente había fosas comunes de soldados. Murió más gente en el frente combatiendo que en la retaguardia, pero solo hablamos de la retaguardia. Ideológicamente, que quede clarísimo: la República era legítima; y los franquistas, ilegítimos. Una era la causa justa. Pero, si te acercas a los seres humanos, a un crío de 17 años, navarro, requeté, o un chico de la Quinta del Biberón ¿me está usted diciendo que uno es bueno y el otro es malo? No, no, por favor”.

Un papel destacado en esta novela coral lo tienen los catalanes del Tercio de Montserrat. “Hablaban en catalán con orgullo”, cantaban el ‘Virolai’ y luchaban por Franco. “No agrada recordarlo, eran catalanes católicos de derechas, muy machacados por los escamots. Tenían que demostrar que eran tan españoles como el que más y lograron gestas prodigiosas, hubo muchísimas bajas entre ellos. Una vez, tras una resistencia heroica en una batalla, solo quedaron 40 vivos... y al llegar los rojos, los dejaron irse”.

Pérez-Reverte imagina un grupo de mujeres en el frente, encargadas de las telecomunicaciones entre las líneas, que deben moverse en un entorno viril y machista, que no es el punto de vista de la novela. “Eso es muy español, algunos estúpidos que no me han leído me llaman ‘machista’. Tenemos la etiqueta siempre lista para silenciar a al que no es como nosotros, el español no escucha al adversario, quiere que se calle, eso es algo muy peligroso y nos ha llevado a sitios muy oscuros, queremos cerrar la boca al rival, se da hoy mucho también. Y no es eso: que mañana venga aquí y se siente en un acto en la universidad Mussolini, que se sienten Himmler, Stalin, el Che Guevara, Fidel Castro… yo quiero oírlos, después, cuando los haya escuchado, los condenaré, les escupiré, les haré un juicio de Nuremberg, les pegaré un tiro o les daré un abrazo. Pero primero déjeme usted oírlos. Oiga, don Adolfo, ¿cómo hizo usted para matar a seis millones de judíos? ¿Quién no querría oír eso? ¿Usted no querría entrevistar a Adolfo Hitler? ¿A Stalin?”

-Yo sí.

-Es que, si usted los entrevista, le dirán que ‘La Vanguardia’ está blanqueando el nazismo. Es un proceso de estupidez permanente, que se basa en una incultura enorme y un sectarismo visceral, te sacan los clichés facilotes, no hay un debate razonado, es muy triste pero es así.¿Sabe de dónde viene lo del machismo? Porque me he opuesto al lenguaje inclusivo. ¿Sabe qué pasa? Tengo una ventaja: tengo 69 años, lectores en 45 países y la vida resuelta. No dependo de lo que diga mañana un tuit, mis lectores me conocen desde hace 35 años.

¿Por qué se va alguien a cubrir una guerra como periodista? “Te digan lo que te digan, porque después viene el adorno, el impulso es la aventura, cuando vas a una guerra con 20 años. Yo iba para ver cómo es una guerra pero, una vez allí, descubres cosas. Una guerra es una escuela estupenda de todo, peligrosa y acelerada, allí el ser humano se manifiesta tal como es, al no tener las cortapisas sociales de la paz, es decir, bestial, brutal, generoso... Ves en unos días lo que tardarías diez años en ver. aprendes a ser austero y a valorar lo que tenemos aquí, que salga agua del grifo y los coches tengan gasolina”. Llegados a este punto, enseña sus cicatrices de Mostar: “Iba corriendo, disparaban, entré a una casa sin luz y me corté con un vidrio, me estaba desangrando, se me acercó un tío, me puso una venda y se fue. Solo recuerdo su olor a sudor, aceite de armas y tabaco. Ese tío a lo mejor salvó mi vida y nunca supe quién era”.

Por cierto, en la Barcelona del toque de queda, ¿cómo son sus noches? “Ayer fui al Corte Inglés, me compré salmón ahumado, foie gras y vino y me volví al hotel a comérmelo viendo una película. Una cena particular”.

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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Mié Oct 28, 2020 11:11 pm

«Este país se vuelve más miserable conforme se niega el diálogo al adversario»
Belén Martínez-Zaporta - larioja.com - 28/10/2020

El escritor, que acaba de publicar 'Línea de fuego', inaugura las jornadas Futuro en Español en un diálogo con la editora Pilar Reyes trufado de libros, personajes, objetividad y su visión de la sociedad Las jornadas Futuro en Español organizadas por Vocento y Diario 'La Rioja', que cumplen este año su décima edición, han quedado inauguradas este miércoles apertura de la X edición de Futuro en Español con una conversación entre el escritor, y durante 21 años reportero de guerra, Arturo Pérez-Reverte, y la editora Pilar Reyes, de Alfaguara.

Pilar Reyes presentaba a su interlocutor recordando que ha sido «el escritor más leído en castellano» en el 2019. Acumulador de libros, por lo que significan, el autor ha confesado, según arrancaba el diálogo, que en su biblioteca «vive en una trinchera vital». Entiende «el libro como analgésico, como límite, frontera... soy un bibliófilo apasionado», ha afirmado, intentando hacer entender que no los vive como un objeto. «Sin libros la guerra me hubiera arrastrado», añadía recordando su valor en sus 21 años de corresponsal. «Yo siempre estaba fuera». «Nunca fui un periodista vocacional, era una coartada para largarme, una vía de escape. Yo era un chico en busca de aventuras», recordaba. «Fui a la guerra como aventura, pero una vez pasa eso, te das cuenta de que la guerra es una escuela de lucidez extraordinaria, aprendes lo que no aprenderías en años». «Aprendí a no escandalizarne ante el horror y a no gritar de alegría», ádmitía. «Digamos que mi mirada está condicionada por la vida que llevé. Nunca ves el mundo igual, mi mirada me la hizo la guerra».

Pilar Reyes ha preguntado al escritor, hablando de sus obras, sobre papel de las mujeres en ellas. «Quien dice que yo soy machista ha leído poco de lo que he escrito», ha explicado el autor. «Quiero que se entienda bien», decía como disculpa por si su explicación «no era la mejor», la más clara. «La mujer ha desarrollado una lucidez que la hace mucho más constante, decidida...», respondía, apuntando a que «el hombre y la mujer son muy diferentes. Él ha sido mucho más lineal, guerra, caza, guerra, caza... estoy generalizando. La mujer al ser rehén del hombre para muchas cosas, ha vivido mucho más atenta a la realidad social inmediata».

Pero Pérez Reverte tiene otra facera muy conocida (y querida: la de columnista en 'XL Semanal' desde hace 30 años). ¿Condiciona la opinión su forma de narrar? «Soy novelista, pretendo ser riguroso y lo más ecuánime que pueda, pero tengo libertad». aunque, admitía, no puede evitar que su columna se «mezcle su mirada». «En esa libertad opino, y opino que no me gusta en el lugar en el que estoy, pero es el mío. España es un lugar muy desafortunado históricamente», ha dicho. Un lugar con demasiada vileza: «Esa pregunta de «¿en qué bando estás?, es peligrosísimo». «Como no leemos historia y ha desaparecido de los planes de estudio... yo soy muy pesimista, porque hemos llegado a un punto en el que no se escucha al adversario, queremos que se calle». «Creemos no necesitar lo que opina el otro». Como ejemplo, ha destacado lo visto a veces en las universidades donde se «ha boicoteado algunas charlas, escuchar el mal o el bien es fundamental, sin escuchar al adversario no entendemos nada y este país se vuelve más miserable conforme se niega el diálogo al adversario, estamos creando malas personas». Ha habido en esta conversación un espacio para las generaciones jóvenes. Pérez-Reverte cree que parte de ellas se mueven a base de tweets sin debate, y ha hecho referencia a las redes sociales, «son perfectas para determinados políticos». «Cualquier tonto está dispuesto a ponerse al frente de esos movimientos, esa ausencia de debate intelectual es desoladora», ha resumido.

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Las cifras de las letras
Miguel Martínez Nafarrate - larioja.com - 29/10/2020

Una editora y un escritor. La cosa va de letras, pero también se puede conceder un espacio a las cifras. A fin de cuentas, Arturo Pérez-Reverte pasa por ser el escritor vivo en este país que mejores cifras tiene en las ventas, unas cuentas que aplaude su editora Pilar Reyes, de Alfaguara. En el espacio que ambos ocuparon se desgranaron otros números que pueden servir como guía a los temas que abordó el autor de 'El capitán Alatriste' y que pueden servir para conocerle mejor.

Empezamos por el 1. Pablo Hermoso de Mendoza, alcalde de Logroño, extrajo de 'Hombres buenos' que una lectura diaria de una hora era más que recomendable. El 2 es fácil. Para empezar, porque en el escenario estaban dos. Entrevistadora y entrevistado, pero no olvidemos que Pérez-Reverte mamó su gusto por las letras gracias a las dos biblotecas que tuvo en casa, la de la familia paterna y la de la materna. Ojo con el 3. Viene triple. En tres semanas cumplirá 69 años, la inspiración que le produjo 'Los tres mosqueteros' o las tres últimas palabras que firmó al término de su intervención. Damos un salto al 5, que son los años que lleva imprimiéndose la revista literaria 'Zenda', de la que es promotor y en la que colabora todo tipo de firmas con todo tipo de ideologías y que acaba de recibir un reconocimiento por su trabajo de impulso a la lectura. Bajo las siete lámparas del salón del Círculo logroñés y rodeados por sus ocho ventanales se desarrolló la charla de Futuro en Español, que este año alcanzaba su décima edición. La de este año la más complicada y levantada con el esfuerzo y el compromiso de los protagonistas de este nuevo encuentro que impulsa y cose los lazos afectivos de un idioma que une a más de 550 millones de personas.

La idea que un día alumbró 'Diario La Rioja' y que cuenta con el apoyo de la UNIR, el Ayuntamiento de Logroño y del Gobierno de La Rioja continúa siendo un espacio para la reflexión intelectual, instrumento para el apoyo empresarial y la quilla del barco que une España y América a través del idioma. El rector de la UNIR, José María Vázquez, avanzó que nuestra lengua se encuentra entre las tres que más se emplean en el planeta en un recuento que ronda las 6.500 lenguas, aunque los libros de Pérez-Reverte 'solo' se han traducido a 40 idiomas. Conoce bien Vázquez dichas cifras, dado que la universidad que dirige cuenta con unos 50.000 alumnos.

Pérez-Reverte relató sus 21 años como periodista de guerra. Relató su paso por Líbano, Angola o Eritrea, allí donde terminó de coser lo extremadamente duro y las escenas más atroces con pasajes divertidos y enternecedores en un vaivén emocional que pudo digerir gracias a los libros, tantos como los que atesora en su biblioteca, donde caben 34.000 ejemplares.

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Ultramarinos, dignidad, lealtad
Pío García - larioja.com - 28/10/2020

Hay algo delicadamente decimonónico, casi austrohúngaro, en el salón principal del Círculo Logroñés, con sus medallones rococó y sus lamparas de araña. El ambiente invita a extremar las cortesías y los refinamientos, a prodigar las reverencias, a tratar de usía a la gente. Sin embargo, en estos tiempos víricos, incluso este escenario tan venerable adquiere una consistencia irreal: los sillones del auditorio están separados, como si cada espectador formara una isla sin comunicación posible con el resto del archipiélago, y las palabras de los ponentes llegan tamizadas por el cedazo textil de las mascarillas.

Pero también hay algo de victoria, de resistencia heroica, en la celebración de la X edición de Futuro en Español, que –pese a todo– este miércoles se abrió en Logroño con una conversación entre el novelista Arturo Pérez-Reverte y la directora editorial de Alfaguara, Pilar Reyes. En su intervención preliminar, el alcalde, Pablo Hermoso de Mendoza, les invitó a recuperar la tradición clásica del diálogo: «No se trata solo de hablar, sino de construir algo entre dos personas por medio de la palabra». Y la palabra fue protagonista de una velada en la que Pérez-Reverte fue conduciendo al auditorio por el confortable refugio de su biblioteca, por trincheras infernales, por algunos mares, por la batalla cotidiana en busca de la palabra exacta, por el inquietante futuro de una nación cainita.

En el principio, como siempre, fue el verbo. Miles de verbos. Todos los verbos que cabían en una doble biblioteca: la de su familia paterna, dedicada a los grandes clásicos (Balzac, Dickens); la de su familia materna, más atenta a la novela contemporánea, a los best sellers de la época (Somerset Maugham, Blasco Ibáñez). Aquellas historias electrizantes levantaron un deseo ferviente en el joven Pérez-Reverte: «Pensaba que todos esos mundos existían en algún lugar. Mujeres hermosas, amigos leales, enemigos peligrosos. Eso quería vivirlo yo, no solamente leerlo».

Para Pérez-Reverte, el periodismo no constituyó tanto una vocación como una coartada: «Fue mi manera de marcharme, mi vía de escape. No me veía en el ejército, tampoco en la marina, con tanta gente mandándome, así que Tintín salió en mi ayuda. Al principio, no era más que un chico en busca de aventuras». Empezó a ir a las guerras, una tras otra, a visitar los lugares más remotos y peligrosos del planeta. «Yo no era un periodista de redacción. Yo era un reportero». Aquella experiencia de la guerra modeló su mirada; la mirada que ahora vuelca en sus novelas y en sus artículos. «La guerra –dijo ayer– es una escuela de lucidez extraordinaria. En una semana ves cosas que tardarías toda una vida en aprender. Y conoces la naturaleza humana: ves a tipos que por la mañana son héroes y por la noche se convierten en violadores y saqueadores». De la guerra extrajo Pérez-Reverte lecciones de escepticismo: «Aprendí a no escandalizarme ante el horror y a no gritar de alegría ante la gloria, si acaso la hay».

«El mundo es un lugar cruel y hostil –explicó–. La naturaleza lo es. Hay una crueldad en el cosmos de la que el ser humano occidental no es hoy consciente. El que vive en una favela o en Angola sí tiene esa intuición, pero aquí la hemos perdido». En esta parte del mundo, el ser humano ha ido creando una serie de estructuras que permiten controlar, alejar o incluso olvidar la crueldad, pero a veces la realidad se rebela: «De pronto llega un virus o llega Saddam Hussein o un fantoche como Trump y la guerra asalta al ser humano en una de sus múltiples formas». «Yo tengo la conciencia de vivir siempre en el filo de la navaja –confesó Pérez-Reverte–, y eso no me hace pesimista, pero sí estoico». De la guerra extrajo además una conclusión lapidaria: «Lo peor no es el malo; es el estúpido. Me he pasado la vida escuchando a malos, pero a malos de verdad. A los malos hay que escucharles porque de ellos aprendes los mecanismos del mal. Pero de los tontos no se aprende nada. Creo que los grandes males de la humanidad arrancan de la falta de lucidez, de la ignorancia. Por eso siento una profunda indignación ante lo que considero una estupidez».

La conversación con Pilar Reyes fue discurriendo por veredas amables hasta que la editora le aguijoneó preguntándole por España; una presencia –una preocupación– constante en la obra literaria y periodística de Pérez-Reverte. «No me gusta el lugar en el que estoy; pero es el mío. España es un lugar muy desafortunado históricamente. Un país en el que siempre han mandado los mismos reyes incapaces, los mismos ministros corruptos, los mismos curas fanáticos... Hemos tenido muy mala suerte». Reverte advierte que este funesto legado ha ido regando la terrible semilla de la vileza y del rencor, de la insolidaridad, de la agresividad, de la obligación de elegir bando: «Eso es peligrosísmo y se ha manifestado en muchas ocasiones en nuestra historia..., pero como no leemos historia, solo nos queda la memoria de los agravios». Reverte no ocultó su pesimismo: «Hemos llegado a un punto en el que no se escucha al adversario. No queremos debatir con el adversario, queremos que se calle, que se borre, que desaparezca su simiente de aquí. Creemos no necesitar lo que opina el otro». Pérez-Reverte se espantó del hecho de que en las universidades se haya llegado a boicotear a conferenciantes que no agradan: «Escuchar al adversario es fundamental. Este país se vuelve cada vez más miserable a medida que va negando el diálogo con el adversario». El novelista advirtió de que este peligro se ha vuelto acuciante con las redes sociales: «Estamos creando malas personas. En las redes sociales no se tolera ningún tipo de oposición. Hay jóvenes que se mueven a base de tuits o de consignas sin que haya debate intelectual. Eso, para un político, es maravilloso: cualquier analfabeto puede ponerse al frente de un movimiento con dos chistes en Twitter. Esa mediocridad me resulta desoladora».

Quizá para no acabar la noche con negros presentimientos, Pilar Reyes propuso al académico Pérez-Reverte elegir tres palabras castellanas caídas en desuso a las que le gustaría insuflar nueva vida. Con la primera no dudó un instante: 'ultramarinos'. «Lo tiene todo –aclaró–: el mar, América, el latín, incluso ese aroma a especias que aún podemos oler los de mi generación». Las otras dos se las pensó algo más. Escogió 'dignidad' («suena como un disparo de orgullo») y 'lealtad' («tan seca, tan sobria, tan de verdad»). Una tríada extraña, nostálgica, reivindicativa. «Son tres buenas palabras para cerrar esta conversación», concluyó Pérez-Reverte.

Todos los participantes en la sesión de este miércoles subrayaron la importancia de la lengua española. El alcalde, Pablo Hermoso de Mendoza, recuperó una cita de Arturo Pérez-Reverte («Nadie puede ser un sabio sin haber leído al menos una hora al día») y la editora Pilar Reyes recordó la búsqueda infatigable del autor para encontrar la palabra exacta. El rector de la UNIR, José María Vázquez, subrayó la frontera que debe superar el idioma: «Si las máquinas se comunican en algún idioma es en inglés. El reto que tenemos por delante es que las máquinas vayan aprendiendo y utilizando el español para cada vez más tareas, especialmente en la ciencia de datos». Hermoso de Mendoza recordó que en Logroño nacieron empresas que han sabido unir lengua y nuevas tecnologías (Dialnet, Arsys, UNIR): «España es mucho más que Madrid –advirtió–. Hay cosas que suceden y momentos que conectan cosas, aquí, en Logroño».


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Rogorn
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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Dom Dic 13, 2020 4:35 pm

Conversando con Arturo Pérez-Reverte
Entrevista de Guillermo Mendoza Gutiérrez - Bibliotek@ (Revista de la Biblioteca escolar “Dulce Chacón” del IES Cristo del Rosario, Zafra) - 10/01/2020

-Antes que nada agradecerle que se preste para esta entrevista para la Revista Bibliotek@ del IES Cristo del Rosario de Zafra, que nació con el objetivo de fomentar la lectura en los alumnos y como medio para que publiquen sus relatos, poemas, críticas…
-Si puedo ser útil, lo haré con mucho gusto.

-Quería preguntarle cuáles fueron las vivencias más impactantes que usted vivió como cronista de guerra y si usted de la guerra pudo aprender algo.
-Fueron 21 años, y 21 años dan mucho de sí. Hay muchas cosas que ocurren y evidentemente hubo muchas cosas impactantes. Pero tenía una ventaja: yo era lector. Había leído mucho, crecí en una casa con biblioteca, era donde leía de niño y entonces fui a la guerra con muchas lecturas; entonces esas lecturas me permitieron digerir mejor, aprovechar mejor, sacar enseñanzas y sacar conclusiones, digamos, más interesantes. Al estar preparado por lecturas previas, la guerra tuvo una parte intelectualmente nutritiva sobre la condición humana. Aprendí mucho debido a que esas lecturas me habían preparado para aprender.

-Y su faceta como cronista de guerra o como periodista ha influido, seguramente, en su obra
literaria.
-Claro. Un escritor es lo que imagina, más lo que ha leído, más lo que ha vivido, evidentemente. Y en mi caso, mi vida como reportero, mis lecturas y mi vida en la guerra 21 años me dieron una forma de ver el mundo, una mirada, unas ideas, sobre todo, una mirada, y con esa mirada escribo novelas. Si un escritor es el punto de vista que tiene, mi punto de vista me lo condicionó la guerra. Yo, evidentemente, no sería el mismo, ni mis personajes, ni mis conclusiones serían las mismas sin la vida que llevé. Tengo una novela que se llama 'El pintor de batallas', que justamente la escribí para contar cómo toda esa vida me marcó la mirada.

-Le quería también preguntar qué representa para un autor de éxito como usted pertenecer a la Real Academia Española, quiero decir si supone alguna cortapisa a la hora de escribir o alguna obligación…
-No, en absoluto. Yo en principio no quería ser académico; no me veía en la Academia. No me veía como académico. Yo era un hombre de acción, no un académico ni un teórico de la lengua. Me convencieron varios amigos académicos de aceptarlo, y lo acepté con mucho gusto, y llevo ya desde el año 2003, ya soy un veterano allí, y realmente es un honor el estar trabajando en la medida en que uno puede para una lengua que no es solamente española -ese es el error en el que cae la gente-, sino que es una lengua hispanoamericana y española que la hablan 570 millones de personas. Trabajar para que esa lengua sea hablada con la misma ortografía, el mismo diccionario y la misma gramática por todos estos países es un honor y es un orgullo, y estoy muy contento de eso. Tengo mis discrepancias, tengo mis ideas propias; hay cosas de la Academia que me gustan más, otras me gustan menos, pero el trabajo que hace es espectacularmente importante y estoy muy orgulloso de pertenecer a ella.

-En relación con nuestro trabajo como profesores y como miembro de la Real Academia de la Lengua, ¿diría que hay que aplicar con férrea rigidez su lema “limpia, brilla y da esplendor”, o por el contrario tendríamos que dejar que la lengua, como instrumento vivo de comunicación, vaya evolucionando al ritmo vertiginoso que van marcando los nuevos tiempos?
-Ahí hay dos aspectos que creo que son compatibles. Por una parte, la lengua debe evolucionar (si no, todavía hablaríamos latín), y es evidente que los tiempos cambian, las costumbres sociales cambian, la visión del ser humano cambia, y adaptarse a esos cambios es importantísimo. La lengua no puede convertirse en un elemento anquilosado, antiguo y arcaico. Lo que pasa es que esos cambios deben producirse de una manera gradual y razonable, no forzados por razones no lingüísticas. Que la política, las modas pasajeras, no influyan negativamente en esa evolución. La evolución debe ser natural y debe hacerse según unas normas lógicas. No podemos de un día para otro cambiar las reglas y convertir la lengua, que es clara, eficaz, diáfana y limpia para expresarnos, en una especie de mercadeo confuso de política, de tendencias sociales, de intereses oportunistas, de intereses particulares, de modas pasajeras. La lengua es una cosa que es muy seria, se asienta con el paso de los años y de los siglos, y por eso tiene una evolución que debe estar de acuerdo siempre con algo que se llama sentido común. Todo aquello que hace a la lengua eficaz es bueno, todo aquello que la confunde, la perturba y la hace babélica es malo.

-Y en cuanto a su relación con la lengua, pero en otro sentido, en alguna ocasión ha recibido críticas por el registro lingüístico que emplea en algunos de sus artículos de opinión, y muchas veces su transparencia en lo referente a su posicionamiento en temas políticos y sociales.
-Son dos cosas distintas, una es la lingüística y otra es el aspecto político y social. Dígame por cuál me está preguntando, por el aspecto lingüístico o por el político-social.

-Quería preguntar cómo recibe esas críticas siendo considerado por algunos como alguien “políticamente incorrecto”.
-Bueno, recibo críticas y recibo apoyos. No solamente son críticas. Hay gente a la que no le gusta lo que yo digo o cómo lo digo y gente a la que le gusta mucho. También hay gente que me lee, y en Twitter tengo más de dos millones de seguidores, no sólo en España sino en cuarenta países, lo que significa que aunque hay gente a la que no le guste, hay otra a la que sí le gusto. Esta es la situación general. Dicho lo cual, yo tengo mis novelas, mis ideas como ciudadano y, sobre todo, lo que tengo es una cosa muy importante, y es que tengo libertad. Mis lectores me hacen libres. Yo no dependo de ningún sueldo oficial, yo no soy funcionario de nada, con todo respeto lo digo, y tengo la suerte de ser independiente porque mis lectores justamente me hacen libre, no solamente los españoles, sino también mis lectores americanos, rusos, israelíes, polacos, chinos, japoneses me hacen libre. Esa libertad me permite decir lo que pienso. Puedo estar equivocado, pueden ser consideradas como opiniones personales, pueden ser artículos a veces viscerales o agresivos, y a veces no lo son, depende del momento. Todo lo hago en un ejercicio de libertad que me permiten mis lectores. Esa libertad la obtengo de ahí porque vivo de mis lectores, que me permiten ser independiente económicamente y personalmente.

-En relación con la cuestión de la libertad y la cultura, y en especial por el contexto de esta revista, que leerán los alumnos, ¿qué piensa de la educación en España?
-La educación en España tiene un problema fundamental: ha sido troceada en 17
educaciones distintas. Falta, digamos, un sentido de la unidad, un sentido de lo común. Este es un país que ha sufrido mucho, y lo único que nos une a veces es el sufrimiento. Parcelar el sufrimiento, diferenciar un sufrimiento histórico de otro, nos hace insolidarios. Yo creo que es necesario justamente recordar el sufrimiento de haber sido españoles en toda esta historia pero, al mismo tiempo, hay que recordar lo bueno, todo aquello que nos ha hecho estar remando juntos en la galera, para lo bueno y para lo malo. Y justamente creo que la educación, aparte de enseñar al alumno los ríos, la orografía, la aritmética, la filosofía, debe contribuir a enseñar una idea de solidaridad. Por eso creo que los maestros y los profesores son los grandes héroes del siglo XXI en este momento en España.

-Le agradezco mucho.
-Es verdad. De ellos depende todo. Los padres ya hace tiempo que han renunciado a la educación de los hijos. Eso está claro. El Estado también ha renunciado a la educación de los hijos. La sociedad ha renunciado a la educación de los hijos. Evidentemente, los maestros son la delgada línea roja, son los 300 de las Termópilas que están ahí luchando por que la barbarie no gane la batalla. Por eso mi admiración a los profesores, y lo he expresado en muchos de mis artículos. Porque la batalla más digna y más noble es la que ellos están librando. Si ellos flaquean, si ellos son mezquinos y se rinden, será un desastre. El cemento que mantiene unido la solidaridad, el sentido común, la educación y la responsabilidad son los maestros.

-Partiendo del nuevo contexto socio-tecnológico en el que están nuestros alumnos -son “nativos
digitales”- ¿qué propondría para conseguir que estas nuevas generaciones que nosotros educamos o instruimos accedan a la literatura y consigan despertar el gusto por todo lo que el mundo literario les puede ofrecer?
-No lo sé. Yo no soy un sociólogo ni soy un educador. Soy un tipo que cuenta historias e intenta contarlas de una forma eficaz, que sean buenas y que a la gente les guste y las siga. No soy un teórico, ni tengo soluciones ni pretendo tenerlas. No tengo la verdad, me equivoco muchísimo continuamente. Pero hay una cosa que está clara: cuando a un chico joven se le da material que le interesa se lanza felizmente tras ese material. De lo que se trata es de ingeniarse para ser lo bastante hábil para enseñarles que, junto a la tecnología o al ordenador, junto al teléfono o a los videojuegos, junto a todo lo que es el aparato tecnológico, tan necesario por otra parte, en el mundo actual es importante también mantener los anclajes, las raíces de donde viene todo eso. Le pongo un ejemplo: los videojuegos ahora están llenos de referencias clásicas: héroes, monstruos, argonautas... Si al alumno le enseñas que eso tiene un origen en alguien llamado Homero y que escribió la 'Odisea', y establecemos el vínculo y mantenemos el vínculo cultural para que el alumno sepa que ese videojuego, que esa historia, no ha nacido de la nada sino que tiene una larga tradición de 9000 años de memoria en la historia de la humanidad, si mantenemos ese vínculo entre el pasado cultural y el presente tecnológico, el alumno será moderno pero culto al mismo tiempo, estará educado para lo nuevo pero al mismo tiempo mantendrá unas raíces que le impedirán ser huérfano. Lo peor culturalmente es la orfandad, porque cuando uno es huérfano cualquiera le dice que es su padre. La cultural, la educación, la memoria hacen que el alumno sepa que no es huérfano. Creo que una parte importante de la labor del profesor es mantener ese vínculo con la literatura, con los clásicos. “Mira: hay una película, pues esa película viene de un libro”. Mantener esos vínculos, esos lazos, esos anclajes que hacen que la modernidad no sea huérfana, sino que sea una modernidad rica y que sabe muy bien de dónde viene. Eso es el profesor el que tiene que hacerlo.

-Y en relación con la cuestión de animarlos a la lectura, usted ha publicado…
-Ah, y le quería añadir una cosa. Lo que no se puede hacer es decirle a un niño que se lea 'La Celestina' o que se lea el 'Quijote'. Eso es una atrocidad. Hay que irles poniendo los libros que sabes que funcionan con ellos. El libro de 'La isla del tesoro' en su momento, hablarles de 'Moby Dick', es decir, irles creando con paciencia, con inteligencia, con sentido común vínculos literarios que los seduzcan, pero no someterlos a esos estúpidos programas literarios y culturales que editan los ministerios a veces, que no tienen nada que ver con los intereses literarios de los niños.

-Y que no les pueden aportar nada, porque son ajenos a su vida.
-Claro. Le doy un ejemplo. Más lector hace a un niño de doce, trece o catorce años 'La isla del tesoro', 'El señor de las moscas' o 'El guardián entre el centeno' que 'La Celestina', el 'Quijote' o 'Marianela'.

-Y justamente en relación con esto, sobre su última novela sobre El Cid, ¿qué valores podría
transmitir la historia y el personaje a los alumnos?
-El alumno necesita referencias y héroes, en el sentido positivo. El héroe tiene dos vertientes: la negativa y la positiva. El héroe irracional, el héroe patriotero de fanfarria y banderola es un héroe negativo, porque es un héroe que aliena la inteligencia. Pero el héroe lúcido, el héroe a abordar es… Le pongo un ejemplo, si yo planteo un espadachín, Alatriste, que es un libro que está en muchos colegios (me refiero a él por eso)...

-Sí, en nuestra biblioteca tenemos los Alatriste, y también su novela sobre El Cid.
-Sé que en muchos colegios Alatriste se lo hacen leer a los chicos. En Alatriste yo podría haber hecho un héroe imperial, español estupendo, maravilloso y heroico, pero no lo hice. Junto a eso enseñé lo oscuro, la parte oscura de esa España que no siempre era buena, la España de ese siglo es la España de la corrupción, es la España de la violencia, esa España oscura que también es la nuestra. Lo que quiero decir con esto es que conviene acercarles a los alumnos al héroe real en lo bueno y en lo malo; que sepan que el ser humano es bueno y malo al mismo tiempo y que, justamente, la educación y la cultura lo hacen mejor; no engañarlos con lo oscuro, ni volverlos locos con lo luminoso.

-La última pregunta que quería hacerle y ya no lo molesto más.
-No molesta en absoluto.

-Teniendo en cuenta el grave problema que tiene Extremadura de despoblación, ¿qué consejos le daría a nuestros alumnos de segundo de Bachillerato que abandonan Zafra para estudiar por primera vez fuera de su casa? Se van a la universidad a Sevilla o a Madrid o Badajoz.
-Yo consejos nunca doy. Yo doy opiniones. No soy lo bastante sabio como para dar consejos. Mi única opinión es que el ser humano no debe perder sus raíces. Uno puede viajar adonde quiera, uno puede moverse por el mundo. De hecho, debe moverse por el mundo y viajar y hablar idiomas y quizás no volver nunca a la tierra en la que nació porque la vida puede llevarlo lejos, pero nunca olvidar de dónde viene. Justamente por lo que decía antes. Hay que mantener siempre el vínculo, mantener siempre la memoria. Lo peor es la orfandad, el desarraigo. Los humanos necesitan tener arraigo. Ni decir "mi patria y mi tierra es lo mejor del mundo" ni decir "mi pueblo es una mierda". Uno debe reconocerlo todo y no olvidar. Porque al fin y al cabo somos de donde uno crece, de donde uno se desarrolla, de donde uno pace (como dice el refrán). Lo que es verdad es que si perdemos la memoria cultural, los abuelos, el origen, el saber de dónde venimos, el saber lo duro que ha sido el camino lleno de obstáculos para llegar hasta aquí nos quedaremos huérfanos y faltos de algo. La memoria en el sentido noble, no en el sentido del agravio sino de lo positivo, hay que mantenerla siempre. Yo creo que los chicos deben recordar eso siempre. Vayan donde vayan, que nunca olviden que son lo que son porque sus padres y abuelos fueron lo que fueron.

-Señor Pérez-Reverte, le agradezco mucho su tiempo.
-No tiene nada que agradecer, ha sido un placer. Espero que os vaya todo muy bien. Y si he sido útil en algo, lo celebro mucho. Un saludo atento a todos.


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Rogorn
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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Mié Mar 03, 2021 12:17 am

Arturo Pérez-Reverte y la guerra
Entrevista de Jorge Fernández Díaz - penguinlibros.com - 02/03/2021

Con 18 guerras cubiertas como corresponsal y una decena de novelas atravesadas por los más diversos escenarios bélicos, Arturo Pérez-Reverte ha dedicado su obra y su vida a entender la naturaleza humana en las situaciones más extremas. «Así como hay gente que se hace en la abogacía, en el sacerdocio, en el mar, en el periodismo, yo me hice en la guerra», dice. En 'Línea de fuego', su más reciente novela, vuelve a ese conflicto en el que no estuvo, pero entre cuyas consecuencias todavía vive: la Guerra Civil española. En este diálogo con su hermano de pluma, el periodista y escritor argentino Jorge Fernández Díaz, recorre los aprendizajes que tantos años de guerra le procuraron para la creación de sus ficciones.

Empecemos por despejar dudas: 'Línea de fuego' es una obra maestra. Un impresionante ejemplo de ingeniería literaria; su carpintería debería estudiarse en los talleres de escritura creativa. La novela se arma de tal modo que uno vive y sufre la batalla de una manera casi claustrofóbica -está narrada desde abajo y desde adentro-, y conforma un verdadero laboratorio humano cerrado, que parece transcurrir en otra dimensión, donde se cruzan todos los puntos de vista, con su enorme complejidad, y se utiliza muchísimo el diálogo, de la forma en que Hemingway lo hacía, sobre todo en 'Adiós a las armas' y 'Por quién doblan las campanas'. Son diálogos vivaces, rápidos, sugerentes, reveladores, enigmáticos, sutiles, y ayudan a que avance la trama, a la manera de los más excelsos guiones cinematográficos. Es quizá la novela más dialogada de toda la extensa y nutritiva Biblioteca Arturo Pérez-Reverte, y eso no impide ni entorpece una trama trepidante y explosiva. Pero esa conversación intensa y coral de trinchera construye y deconstruye todo un mundo; se traslucen allí posturas ideológicas, sentimentales, existenciales, éticas, y no solo del pasado, sino también del presente. No recuerdo que se haya narrado una batalla inventada con esta amplitud y minuciosidad. La documentación que uno adivina detrás es alucinante; parece como si fuera el producto de un especialista que dedicó toda su carrera a este único tema. Como si el autor hubiera pasado toda su vida estudiando únicamente la Guerra Civil española. Uno esperaría encontrar en su biografía varias aproximaciones a ella: libros previos de Historia y de crónicas y testimonios sobre ese conflicto bélico, antes de llegar a su obra cumbre: esta batalla de ficción. Pero resulta que apenas se trata del trabajo de un lector, y que esas lecturas, aunque existieron siempre, fueron ahora cuidadosamente seleccionadas como materiales preciosos, y compiladas en una investigación veloz y efectiva. Se necesita un oficio descomunal para montar una novela histórica de semejante pericia y realismo en solo diez meses. Toda una proeza.

Esa historia de casi 700 páginas se transforma en un organismo vivo e intenso. Es por fuera una novela política y social, pero envuelve una novela de aventuras y una película bélica de gran acción a la manera de las que se rodaban en los años 60. Puede ser leída como dos géneros al mismo tiempo. Dos asuntos que no calzan bien, dos cosas que habitualmente son contradictorias y que aquí funcionan combinadas. Hay quienes dicen que el éxito suele ser esquizofrénico, porque está formado de dos materias antitéticas que sin embargo marchan perfectamente juntas: la política y la épica. 'Línea de fuego' es el ejemplo acabado de ese prodigio. Y las reflexiones sobre la guerra y sobre la ideología, también sobre la naturaleza humana, son sabias y depuradas: «Ni siquiera es heroísmo, camarada Patricia. La misma persona puede luchar como una fiera y media hora después correr despavorida como una liebre. Los héroes no existen. Solo las circunstancias». No sorprende en Arturo su conocimiento profundo acerca de estas crueles contiendas, dada su larga experiencia como corresponsal en «territorio comanche». Pero sí asombra el modo en que alcanzan hondura temas como la ideología, las creencias, las imposturas, los malentendidos, los rencores personales. Un pensador argentino llamado Carlos Altamirano sostiene que cuando los nacionalpopulismos de izquierda o de derecha (herederos de los viejos fascismos) entran en las sociedades las parten en dos, las fragmentan, rompen el sistema de acuerdos centristas porque una parte quiere someter a la otra, y atizan por ese camino los rencores sociales. Y que se produce entonces (Altamirano lo dice textual) una «guerra civil de los espíritus». Eso es lo que flota en el aire del siglo XXI. Y este libro viene a contar lo que significa pasar de la retórica cainita a las armas concretas. Los odios vanos, las estupideces, los dogmas, la miserabilidad, el salvajismo que produce una guerra verdadera que ha comenzado en realidad con una guerra retórica. Esta novela puede ser leída entonces como una severa advertencia universal: cuidado con jugar con fuego, con odios, con cosas que luego se rompen y no tienen remedio. Yo les mostraré el infierno con el que ustedes flirtean, parece susurrarnos su autor de una manera escalofriante.

Arturo Pérez-Reverte es uno de los narradores más importantes de la lengua y sin dudas el escritor de aventuras más extraordinario que tuvo Iberoamérica. Alguien que estuvo veintiún años en guerras, que es cultor de la novela histórica además de haber sido uno de los grandes reporteros, y que ha escrito más de cuarenta libros de peripecias en los últimos treinta años. Tiene veinte millones de lectores en todo el mundo, ha sido traducido a cuarenta idiomas, muchas de sus novelas han sido llevadas al cine y a la televisión, es miembro de la Real Academia Española, y es para mí una especie de hermano mayor.

—'Línea de fuego', como dije, es una novela extraordinaria, Arturo. Pensé que nunca ibas a meterte en ese jardín. A pesar de que te habías metido en otras guerras, creí realmente que nunca ibas a llegar a aquella, que es un conflicto armado muy lacerante, muy inquietante, cercano y doloroso. Mis dos abuelos pelearon en esa guerra, y uno de ellos murió allí. Por eso, lo primero que quiero preguntarte es: ¿por qué esa guerra y por qué ahora?
—Pues porque como ocurre con todos los políticos que carecen de una base intelectual sólida –y los de España son de ese tipo de políticos–, la mayor parte están muy desconectados de la palabra «cultura» y de la palabra «lectura». Se mueven a base de consignas fáciles, de tweets y de frases elementales. El mundo está yendo hacia lugares que no me hacen muy feliz, pero a mi edad para mí ya no es tan importante. Con ese egoísmo de los años, uno empieza a ver las cosas con una especie de serenidad fría, incluso con un cierto interés lúdico –aunque la palabra suene terrible para los hijos– por ver de qué son capaces, a ver hasta dónde llega la estupidez, la vileza, el fanatismo, la incomprensión y el analfabetismo, la soberbia de los políticos y de los que se dejan manipular por ellos. El problema es que ahí se está destituyendo el debate intelectual y las ideas serias, y cuando no hay una base intelectual sólida y no hay un debate político adecuado, se recurre a lugares comunes y a trazos de brocha gorda, y la Guerra Civil es perfecta para ello. Hay buenos y malos. Son buenos los rojos y malos los azules, o al revés. Entonces, en los últimos tiempos han comenzado a arrojarse la Guerra Civil unos a otros, resucitando los fantasmas más siniestros de la guerra como elementos que sustituyen un debate político que no se da. El asunto es que los testigos que la vivieron de verdad no están para contradecir nada, los abuelos y los padres ya han muerto, y entonces el discurso político de la Guerra Civil ha quedado en un terreno ideológico solamente. En manos de generaciones de políticos de treinta o cuarenta años que no conocieron la Guerra Civil en directo ni tienen el conocimiento intelectual ni narrativo ni histórico suficiente. Entonces dije: "Pues la voy a contar". Porque, por la edad que tengo, tuve contacto con los protagonistas y también tengo una biblioteca razonable en la cual hay una buena parte dedicada a la Guerra Civil española, y además porque, como reportero, siete de mis dieciocho guerras profesionales fueron guerras civiles. "Pues voy a contar esa guerra civil". No la de las cunetas, no la de las retaguardias, que es muy conocida e indiscutible, sino la del frente, la que se está olvidando, la de los combatientes, la de los chicos de diecisiete años; de los padres de familia que se vieron envueltos en aquella barbarie y que realmente murieron más allí, en las trincheras, que en las retaguardias. Quise devolver la guerra a las trincheras, contarla desde allí. Este es un punto importante para mí, y espero que se entienda: cuando uno la ve desde fuera, desde lejos, con perspectiva histórica, la Guerra Civil está muy clara. Hay un bando republicano legítimo y un bando rebelde ilegítimo. Eso está claro, pero cuando te acercas al frente de batalla, a la zona del combate, solamente ves seres humanos: personas, chicos, padres de familia, gente llevada allí por el vendaval de la guerra, algunos de ellos por ideología, pero la mayor parte forzados, y entonces esa mirada ya no está tan clara. Ya no está limpiamente clara en lo ideológico como en las retaguardias, y yo quería moverme por ahí, decirle al lector: ven conmigo, vamos a ver cómo el abuelo, el bisabuelo, el tío Manolo, cómo ellos vivían en las trincheras, en la zona de fuego. Eso ha sido la guerra, por eso decidí hacer lo que no quería haber hecho.

—Esta novela no trata sobre la dictadura de Franco, que es posterior. No trata acerca de cómo el fascismo estuvo décadas dominando España. Tampoco es una novela política. Se trata básicamente de reconstruir desde abajo cómo los dos bandos —todos con supuestas buenas intenciones—, fueron malvados y a la vez heroicos, despiadados y a la vez misericordiosos. Y fueron lúcidos y fueron tontos. De cómo, a un mismo tiempo, a lo largo de un día, cualquiera de ellos pudo haber adoptado estas distintas posiciones. Nos lleva a la trinchera pura y dura, a recordar el frío, el hambre, la muerte, el miedo. Es de un realismo muy fuerte, que a mí me ha impactado muchísimo. Y una segunda advertencia para los lectores es que, tanto en España como en la Argentina, aunque con otras características, se juega a la política con muertos. Se crean relatos políticos modernos basándose en tirarse muertos por la cabeza y en utilizar falsas épicas del pasado. Me parece que es una constante del neopopulismo, y vos salís al cruce de esa operación al decir: «Todos éramos esto que ven, y no lo que nos venden». No es que se igualen de un modo político, moral, institucional, sino que realmente los dos bandos estaban formados a su vez por múltiples emocionalidades, intereses y facciones. Tanto era así que, por momentos, ambos bandos parecían balcanizados.
—No es una novela sobre la Guerra Civil que pretende explicar la Guerra Civil. Es una novela sobre los que combatieron en la Guerra Civil, los que lucharon en ella, y cuando estás luchando, cuando estás a cincuenta metros del enemigo, las cosas cambian. Ya no se trata tanto de ideas, de honor, de patria, de banderas, sino de sobrevivir. Del cigarrillo, del agua, de seguir vivo bajo el bombardeo, de ayudar al compañero. La crueldad y la generosidad mezcladas, ternura y violencia, todo lo que es el ser humano. Es una novela sobre los seres humanos en la Guerra Civil, porque de la otra se ha escrito mucho. La novela de retaguardias, de las cunetas y las matanzas se ha hecho mucho ya, y además hay novelas muy buenas, pero sobre el frente y el combatiente, desde los dos bandos al mismo tiempo, eso no se había hecho. Por eso pensé que yo quizá podía abrir allí una puerta, echar una pequeña luz para dar una visión diferente de la que se ha dado de la Guerra Civil.

—Hablemos de dos experiencias personales que me parece que influyeron, más allá de las lecturas: tu propia familia, o lo que ese conflicto implicó para tu propia familia, y tu experiencia en guerras civiles.
—La Guerra Civil en mi ámbito familiar es un ejemplo de lo que fue esta guerra. Mi familia paterna era una familia de la burguesía mediterránea, bien situada, económicamente acomodada, y sin embargo eran republicanos. Mi abuelo era republicano y se mantuvo fiel a la República. Mi padre estuvo movilizado por los republicanos y mi tío Lorenzo fue voluntario de los republicanos, y eso que eran de una familia no proletaria, de las que teóricamente habrían estado en el otro bando. Al revés, mi suegro, el padre de mi mujer, que era un joven de izquierda, fue movilizado por los nacionales y combatió con los franquistas, el bando que no le hubiera correspondido por sus ideas. La guerra fue eso. Entonces, trazar líneas de buenos y malos es simple visto desde afuera, son buenos y malos según donde estés, pero cuando te acercas al ser humano, la guerra fue complejísima, hubo retaguardias y pequeñas guerras entre los propios republicanos. Por eso, he querido llevar al lector esa visión más poliédrica, más real, más confusa de lo que fue realmente la guerra. En cuanto a mi experiencia profesional, siete de las dieciocho guerras que he cubierto fueron guerras civiles, y siempre la guerra civil es muy compleja. He hecho, por ejemplo, guerras civiles en Angola con los dos bandos; en el Líbano la hice con todos los bandos, que son como seis o siete, y allí todo el mundo tiene razones para hacer lo que hace. Desde lejos parece que todo está muy claro, pero cuando te acercas, palestinos, sirios, cristianos, drusos, menonitas, israelíes, el que salpica tu sangre, el que te da un cigarrillo, el que te enseña la foto de su mujer y sus hijos, todo el mundo tiene razones para hacer lo que hace. Por eso fui al ser humano. Evidentemente, la ideología está de fondo y la realidad está de fondo, pero la idea era «ven, quiero que pases el frío de tu abuelo, que te peguen los tiros, que oigas pasar las balas, que pases hambre, que tengas miedo, que corras asustado, que el mismo día seas por la mañana héroe y por la tarde villano, o al revés. Que seas humano». Porque la novela del ser humano en la Guerra Civil, esa novela sobre los dos bandos al mismo tiempo, no se había contado antes, y ese fue mi intento.

—¿Por qué utilizaste tan poco como telón de fondo de tus novelas aquellas guerras que has cubierto como periodista?
—Las utilicé de fondo solamente, porque me parecen guerras sucias, desagradables, y cuando hago una novela, me gusta moverme por lugares que por un año o dos me garanticen lecturas agradables, viajes, imaginación, personajes. Con la Guerra Civil española tengo una memoria directa y no quiero que se pierda, porque ese recuerdo del horror de ambos lados, de la desolación, la muerte, la tristeza, la grisura que yo vi de pequeño, y de la que tuve testimonio directo de mi familia, no era un mundo agradable para morar durante uno o dos años mientras escribía, pero la realidad española, los políticos, me han obligado a escribir esta novela. Se la debo a ellos. Nunca la hubiera escrito de no ser porque en España la Guerra Civil se ha vuelto lo que se ha vuelto: un caos de acusaciones y de fantasmas desenterrados de mala manera y con mala intención. Es normal que familias que tuvieron sus muertos desaparecidos en las cunetas los busquen, por supuesto, pero de ahí a decir que el rey es heredero de Franco, que los comunistas de entonces están en guerra todavía y que quieren volver, todo ese discurso estúpido, simple, analfabeto que está manejando la política española ahora es tan desagradable, tan embustero, tan falso que dije: "Diablos, voy a escribir una novela sobre la Guerra Civil". Por lo menos voy a decir cómo la veo yo, cómo me la contaron a mí, cómo la recuerdo desde mi propia experiencia. Allí nace 'Línea de fuego'.

—Voy a citar dos escritores. Primero, de nuevo Ernest Hemingway, que no quiso contar la parte oscura de los republicanos —que la hubo, como en todos— porque decía que eso era ser funcional a los fascistas, y en segundo término, Manuel Chaves Nogales, que no es muy conocido en América Latina, pero que fue un gran periodista narrativo y un gran escritor que tuvo que irse de España porque querían fusilarlo de un lado y del otro —eso mostraba lo bien que había hecho su trabajo de periodista—, y además porque tenía la idea de que quien ganara iba a ser un dictador.
—Lo veía venir. Era un hombre de izquierda, un hombre republicano que estuvo trabajando para la prensa republicana, pero al final estaba tan horrorizado que dijo que le daban tanto miedo los asesinos de Franco como los milicianos analfabetos de su propio bando, y horrorizado de aquella sangría, sabiendo que eso iba a terminar en manos de un dictador, fuese comunista o fascista, se fue de España y murió al poco tiempo en Inglaterra. Escribía de maravilla, y el prólogo a su libro 'A sangre y fuego' debería ser estudiado en los colegios, porque es un ejemplo de clarividencia, de ecuanimidad y de honradez política e intelectual. Una honradez que, en ese sentido, Hemingway no tenía. Hemingway era un novelista inmenso y un periodista formidable. Me gusta mucho y le debo mucho a Hemingway, como tú y como tantos escritores, pero en la Guerra Civil española no fue honrado. Él era pro republicano y era consciente de que había salvajadas y matanzas en ese bando, pero creía que eso debía ocultarse para no favorecer al bando enemigo. Por eso se peleó con Dos Passos. Hemingway calló cosas que sabía y eso, en un periodista honrado, aunque fuese en aquel momento, no es muy de alabar.

—A mí me gusta mucho que 'Línea de fuego' sea una novela coral, escrita en un presente casi periodístico, de crónica, donde se van contando diez días de un combate imaginario dentro de la gran batalla, la más sangrienta, que fue la del Ebro, y me encanta cuando esos personajes practican la ternura, algo muy difícil de hacer para un escritor épico. Y me fascina cuando hay treguas entre ellos, como en esa escena, para mí antológica, de 'Eva' (2017), la segunda entrega de 'Falcó' (2016), cuando franquistas o fascistas, y republicanos, se unen en una pelea de taberna contra los ingleses. Es un momento hilarante y tierno; de esa ternura viril tan difícil de hacer en la literatura. Y en 'Línea de fuego' me llamó la atención una mujer, Pato Monzón. ¿Por qué decís que la mujer ahí se estaba jugando todo? No solamente esa mujer, sino la mujer en general.
—Hubo mujeres enfermeras en la batalla, pero ninguna combatiendo en la línea de frente, en el Ebro, por parte republicana, pero yo necesitaba mujeres en la novela por varias razones. Una de ellas es que la mujer en esa guerra se jugaba mucho, porque en tres años perdió cien años de progreso y volvió a ser esposa sumisa, madre de familia, sometida a confesores y a normas sociales. Fue una gran pérdida. Mis dos abuelas, que fueron mujeres muy avanzadas y dueñas de su vida, nunca hubieran podido serlo de haber nacido en el primer franquismo, y aparte de eso, la imagen que se tenía de la mujer en la Guerra Civil republicana era la imagen folclórica y falsa de la miliciana. Yo quería mujeres serias, técnicas formadas en escuelas soviéticas y en escuelas de Madrid, mujeres con una ideología sólida, no milicianas de folclore, sino comunistas convencidas y formadas, y de esa manera explicar cómo eran conscientes de que si perdían esa guerra perderían esos cien años de progreso. Hay también ahí una relación de amor como es posible en la guerra, una relación superficial, de conversaciones, de contacto, de miradas, que la guerra no permite que vaya a más, pero yo quería introducir ese factor vagamente sentimental, esa tensión sexual no resuelta de alguna forma, y que quedase en el aire, como tantas cosas quedan en el aire, sin concluir, en la guerra, para que el lector también viviera eso. Que hubiese sentimientos aparte de la lealtad, la amistad, la dignidad, el coraje, la cobardía. Que también estuviera el amor, o por lo menos la sombra del amor.

—Me impresiona también la idea de que la guerra haya sido una gran escuela de lucidez para vos. Porque la guerra siempre parece un lugar de brochazo grueso, no de sutilezas. Sin embargo, a vos, que viviste tantas guerras, te han enseñado mucho.
—Yo pasé en la guerra veintiún años. La guerra es un lugar horroroso, pero lo que pasa cuando vas a ella como iba yo, como un periodista, es que te permite mantenerte un poco fuera. Además, te permite marcharte cuando tienes que marcharte, tienes un billete de avión en el bolsillo, una ducha caliente, permaneces en la retaguardia, entonces tienes la cabeza capacitada para darle otros enfoques, la ves un poco más desde afuera. Yo fui a la guerra habiendo leído mucho ya, y seguí leyendo en la guerra, y al leer, relacionas. Ya no es el horror puro, simple y absurdo, sino que estás viendo 'La Ilíada', 'La Eneida', Aristóteles, Platón, Dante, Shakespeare, estás viendo todo lo que has leído, y lo que has leído te permite interpretar lo que estás viendo. Entonces, con la libertad física del periodista de poder moverte, no teniendo que estar sometido como un soldado al horror de la disciplina jerárquica y estar atado a una trinchera y, por otra parte, con la formación intelectual que te permite interpretar lo que ves, la guerra es una escuela de lucidez extraordinaria. En una semana de combates en Beirut, o en Angola, o en Mozambique, o en El Salvador, o donde fuera, descubres cosas del ser humano que a lo mejor tardarías años o décadas en conocer de otro modo, porque la guerra hace que al ser humano le salten los controles sociales, los barnices sociales, que se muestre en lo bueno y en lo malo. La crueldad, la violencia, matar, violar, degollar, robar, saquear se manifiestan porque la guerra da impunidad, pero también se manifiesta el ser humano que tiene valores, que tiene nobleza de espíritu. Se manifiestan palabras como generosidad, compasión, lealtad, solidaridad, dignidad. Entonces, un periodista que es capaz por su oficio puede observar y no estar metido hasta el cuello en la trinchera, puede ir y venir y ver al ser humano haciendo eso todo el tiempo, a veces incluso la misma persona el mismo día y en el mismo sitio, y eso es fascinante, porque es un aprendizaje extraordinario. A mí la guerra me dio esa mirada, que no sé si es buena o mala, pero es una mirada que está llena de cosas con las que ahora miro la vida y escribo novelas. Por eso digo que yo me hice en la guerra. Así como hay gente que se hace en la abogacía, en el sacerdocio, en el mar, en el periodismo, yo me hice en la guerra. Me formé allí y eso me dejó hábitos, me dejó fantasmas, me dejó cosas malas y me dejó cosas buenas, y con todas ellas convivo ahora.

—Ese amor por la épica —por el culto al coraje, diría Borges— cruza las líneas profundas de tu literatura, pero se une con la documentación. Y aquí la documentación ha sido exhaustiva. Es impresionante la cantidad de detalles que le dan verosimilitud. De hecho, temo que dentro de cien años tomen este libro como un libro de historia y crean que esta batalla ocurrió, a causa de la intensa, detallada, minuciosa verosimilitud que tiene. Realmente parece una crónica periodística. Parece mucho más documentada y vivaz y verdadera que un libro de Antony Beevor. Es realmente un trabajo apabullante.
—Yo siempre recuerdo que es una novela, y un novelista tiene libertad incluso para cambiar la Historia. Un novelista es alguien que puede hacer distopías e inventar lo que sea. Por eso escribo novelas y no historia. No hay que pedirle rigor al novelista, sino credibilidad, que es distinto. En mi biblioteca debe haber unos trescientos o cuatrocientos libros sobre la Guerra Civil, y he utilizado más de la mitad para esta novela, es decir, he tomado datos, anécdotas, testimonios, recuerdos mezclados con mis propios recuerdos y mezclados con las historias que me contaron mis padres, mis abuelos, mis suegros, gente que conocí. Con eso cuento la historia. No me invento nada. Todo lo que hay en la novela es verdad, o pudo serlo, porque está filtrado por la literatura, pero lo que busco es la credibilidad. No hay que olvidar nunca que esto es literatura, esto es una novela, y yo escribo con el privilegio de libertad que me da ser novelista y no historiador.

—Cuando estabas escribiendo Falcó te compraste su pistola; cuando hacías los Alatriste fuiste coleccionando sables, y ahora, ¿qué adquiriste para familiarizarte con esta novela?
—En una novela de guerra, el armamento es fundamental. Para quien no sabe porque le da realismo, y para quien sabe porque comprende que quien escribe también sabe de qué está hablando. Además, no es lo mismo disparar con un fusil, con un subfusil, con un mortero, con un cañón que con una granada ofensivo-defensiva. La guerra se condiciona por el arma que se utiliza. Hay cosas que yo sabía por mi experiencia personal como reportero, pero otras las ignoraba porque yo había hecho guerras modernas, y en el año 38 todavía había un material que ahora no existiría y que no conocí nunca. Entonces, acudí a amigos coleccionistas con armas antiguas, con fusiles de la época, para que me prestaran unos días y poder hacerme con ese tipo de armamentos y ver cómo manejarlos, cómo funcionan, cómo suenan, cuánto pesan, porque no es lo mismo correr con un arma que pesa tres kilos y medio, cargado con cargador que pesa otros dos kilos, que correr con zapatillas de deporte. Familiarizarme con el material fue importante para mí, y todo ese período tuve en casa esas armas de coleccionistas, fuera de uso, para sentir lo que sentían mis personajes porque, para mí, una novela es depararme un año o dos de felicidad, leer sobre eso, vivir con eso en la cabeza e ir por ese mundo. Comer, caminar, viajar a los lugares, tomar notas, sumergirme en un mundo que me encanta, donde me lo paso muy bien. Me busco diferentes historias para poder vivir diferentes mundos, para hacer mi vida más rica, para multiplicar mi vida normal por todas las vidas que leo o escribo. Puedo ser como Falcó y romperle un cuadro a Picasso, puedo cruzar el Ebro con los republicanos, puedo irme a cabalgar con el Cid por Castilla o por Aragón, puedo irme con los tercios a Flandes o al Mediterráneo, y eso es maravilloso, es un privilegio. Eso es asegurarme mundos estupendos y a medida que se van agotando, voy buscando nuevos lugares donde ser feliz, porque yo soy un escritor feliz. Eso del sufrimiento, la página en blanco, el dolor creativo, yo no sé lo que es, afortunadamente. Si sufres, cambia de profesión, porque esto no es para sufrir, esto es para ser feliz. Busco felicidad leyendo y escribiendo. Ese es el único secreto.

—Vayamos entonces a tus primeras novelas. 'El húsar' (1986) y 'El maestro de esgrima' (1988) tuvieron un éxito moderado, y aunque 'El maestro...' fue llevada al cine y fue una buena película, vos seguías trabajando de periodista. De repente te interesas por la restauración de pinturas, por la pintura como el origen de un misterio, en la novela 'La tabla de Flandes' (1990). ¿Cómo fue eso?
—Esa fue mi tercera novela, y el éxito llegó con ella. Se publicó en un montón de países, y a partir de ella mi vida cambió porque me dio la posibilidad de vivir de la literatura. Aunque seguí siendo periodista durante mucho tiempo, podía abandonar el periodismo cuando quisiera. Y la pintura siempre estuvo muy presente en mi vida. Mi madre es una pintora muy buena, y en mi casa había muchos cuadros. Me acuerdo siempre de un cuadro que tenía mi abuelo en su despacho, 'El triunfo de la muerte', de Brueghel, que es una imagen terrible sobre el fin del mundo, donde los esqueletos salen de la tierra para ajustar cuentas con los humanos y se los van llevando, y al fondo hay un paisaje rojo, de incendios, de guerra, de desastre. Es un cuadro estremecedor, pero muy bonito. Yo era un chico curioso, lo miraba y decía: quiero un día viajar al paisaje de ese cuadro. O cuando veía esas madonnas flamencas tan voluptuosas, tan carnales, tan humanas, con esos ojos tan fríos, pensaba qué historia habría detrás. Los cuadros siempre me llevaban a preguntar qué había detrás. Querer meterse en el fondo del cuadro ha sido una constante en mi vida, y por eso hice 'La tabla de Flandes'.

—Allí hay una gran investigación, una gran documentación sobre la pintura flamenca, porque la protagonista es una restauradora, y también aparece por primera vez el ajedrez de manera contundente.
—Mi padre era un gran jugador de ajedrez. Yo soy un jugador más mediocre, no soy lo bastante paciente. Si una jugada me parece brillante o divertida, prefiero perder la partida. Sin embargo, siempre me fascinó, sobre todo porque desde niño, de tanto mirar a mi padre, me di cuenta de que el ajedrez era más que un juego. Para mí, el ajedrez empezó a simbolizar cosas: la vida, la muerte, leyes, el rey que es rey pero resulta que no tiene poder ninguno, la reina que es mujer y es la más poderosa del tablero, el peón que se sacrifica...

—Entonces llega el éxito más grande de todos, que es 'El club Dumas' (1993), a la vez una novela de intriga y una declaración estética: las novelas de aventuras también son importantes. Vos contribuiste mucho, Umberto Eco también, a que la novela de aventura moderna, de enigma, de misterio, popular, noble, avanzara cuando la vanguardia literaria tenía acojonados a los narradores de historias.
—Sí, fue a finales de los años ochenta, principios de los noventa, que la literatura en los suplementos culturales y en las cátedras estaba secuestrada por una literatura que no contaba historias. Las historias eran sospechosas. Ahora esto ya ha cambiado, pero entonces los autores que contaban historias eran despreciados. Había que ser como el 'Ulises' de Joyce, o más para arriba. Todo tenía que ser novela hermética, experimental, y contar historias era automáticamente puesto en el saco de lo deleznable. Yo era lector y a fines de los ochenta estaba releyendo por décima vez 'Los tres mosqueteros' cuando me fui a la Guerra del Golfo, me llevé el libro y en los ratos libres pensaba en el libro que iba a escribir, y entonces decidí que fuese una novela que reivindicara la novela a la vieja usanza. Umberto Eco ya había escrito 'El nombre de la rosa', y eso me hizo sentir que había gente inteligente a la que le parecía que la novela tradicional era valiosa. Hizo que no me sintiera solo, que no me sintiera huérfano. En ese momento no se hacía esa literatura. Llegué en el momento adecuado y me beneficié de ese vacío, quizás por eso tuvieron éxito 'La tabla de Flandes' y 'El club Dumas'.

—Después, entre otros libros, viene 'La piel del tambor' (1995), donde hay una Iglesia de Sevilla que mata para defenderse de los especuladores. Sé que estuviste estudiando mucho esas iglesias y esas historias.
—Viví en Sevilla bastante tiempo, pues iba allí para documentarme. Es una novela cerrada, de misterio, una historia sombría de claustros, gótica, casi, y es la única novela que se me ha ido de las manos. Fui a Sevilla para documentar, y ese fue mi error, porque la ciudad pudo conmigo. Me enamoré de Sevilla, de las calles, los bares, las tabernas, la música, los lugares, las noches, los jazmines, y la ciudad se fue metiendo en la novela. Entonces, la trama básica de la iglesia quedó como parte de una trama más compleja en la cual entraban elementos de la ciudad. Se sevillanizó la historia, y eso no es malo ni bueno, pero es una novela diferente de la que yo pensaba escribir. Fue la única vez que eso me ha ocurrido, pero bueno, Sevilla es una de las ciudades más hermosas del mundo. Es un ambiente que cautiva, y a mí también me pasó.

—De 'La carta esférica' (2000) solo digamos que es tu búsqueda del tesoro. Uno lee esa novela sabiendo que conocías el oficio bastante bien, porque te habrás documentado, pero también porque tu hija se dedica a la protección de tesoros subacuáticos.
—Mi hija es arqueóloga submarina, sí, y quizás esa novela tenga que ver con su vocación. Me apetecía una novela mediterránea. El Mediterráneo es mi patria. Todos venimos de ahí, del Mediterráneo, de Homero, de la Biblia y el Corán y el Talmud, de Roma y Cartago, de los piratas berberiscos y los turcos. Es mi mar, navego por él, ahí me críe, ahí crecí. De pequeño sacaba ánforas del fondo del mar, y después, cuando fui un poco mayor, bajábamos con equipo de buceo y regalábamos a nuestras novias y a nuestras amigas un trozo de ánfora. Para mí, la arqueología y el buceo y la vida y la juventud están muy vinculadas, y yo tenía en la cabeza esa idea del Mediterráneo, del tesoro, del barco hundido, y como hombre de familia de marinos que soy, como lector de libros del mar, se juntó todo y decidí contar la historia de un marino sin barco al que una mujer misteriosa lo embarca en la búsqueda de un tesoro. Es una historia absolutamente clásica, pero quise hacerla original y desarrollé un montón de estrategias narrativas que me llevaron adonde me llevaron.

—Es notable cómo todo tiene que ver con tu vida, con tu familia, con las costumbres familiares. Es una literatura profundamente íntima y personal.
—¡Pues mira quién lo dice! Pero es que nadie pone lo que no tiene, y un novelista lo tiene o lo roba. Después lo adobas, lo completas, lo rellenas, metes literatura, libros leídos, pero en mi caso, y en el tuyo también, hay una parte que tiene que ver con algo de tu vida. Mis novelas son biográficas, pero están tratadas literariamente, porque en todas ellas hay un recuerdo de infancia, o la mirada que la vida me dejó, o el despojo que la vida me hizo, y eso siempre está ahí, siempre aparece. En las primeras novelas es mucho más evidente la presencia de la infancia y del Mediterráneo. Para mí, el Mediterráneo fue decisivo. Yo estudié latín y griego, y traducía a Homero, y escribía junto a una ventana que daba al mar, y cuando el sol se ponía, por la noche, veía el mar rojo, y era el mismo mar que yo estaba traduciendo, ese mar de color de vino. Todavía hay frases de 'La Ilíada' y de 'La Eneida' y de 'La Odisea' que están en mi cabeza y que utilizo. Estoy muy orgulloso de mi estirpe mediterránea, una estirpe mestiza tan vieja, hecha de tantas sangres, tantas guerras, tantas piraterías, tantas lenguas, tantas culturas, que La carta esférica es mi homenaje a aquel mundo del que vengo.

—También 'El pintor de batallas' (2006) tiene mucho que ver con eso…
—Ese es un libro especial. Es mi única novela autobiográfica, es el balance de una vida, no siempre amable, no siempre dulce. Es mi libro más cruel, más duro, más descarnado, más honrado. Me refiero a que hay poca invención, hay mucha adaptación de hechos reales. Ese libro fue mi terapia, porque yo tenía mis fantasmas, tenía mis recuerdos, mis remordimientos porque hubo cosas de las que no estoy orgulloso, mi álbum de fotos en la cabeza de esos veintiún años que pasé en territorios complejos. Tenía esa mochila que me pesaba un poco, no demasiado, y con ese libro pensé que podía calmar los fantasmas. No calmó muchos, pero al menos fue un intento honrado para conseguirlo.

—Antes habías ido a México y descubriste la narcocultura, el narcocorrido, y escribiste 'La Reina del Sur' (2002). ¿Cómo fue eso?
—Estaba en una cantina en México, de esas viejas cantinas con los asientos rotos a cuchilladas, con unos tipos bigotudos siniestros en la barra, una rocola con música vieja, y entonces un tipo que estaba allí bebiendo puso una canción sobre el narcotráfico, un narcocorrido, sobre leyendas de hombres muertos a balazos, y mi instinto de lector me hizo pensar: "Esto me interesa". Entonces me di cuenta de que el narcocorrido en realidad es la jácara de Quevedo, la jácara de germanía del siglo XVII español, la canción del bandido siciliano llevada a México. Es cantar los hechos del delincuente, cantar los hechos del marginal convertido en leyenda. Eso me sedujo, y me di cuenta de que había un mundo ahí, y entonces empecé a oír los corridos, y me fui a Sinaloa, al norte, a la frontera. Como viejo reportero que era, sabía cómo entrarle a la gente, cómo conseguir que la gente confiase en mí, y resultó que la mujer de un narco importante, que era maestra en un colegio, era lectora de mis novelas, entonces me recibió, hizo una fiesta en su casa y me presentó un montón de narcos bien machistas, bigotudos. Era otro narco, muy distinto al de ahora, porque todavía había reglas. Con ellos me fui de copas a bares de mala muerte, a restoranes caros, y me contaron sus cosas, y confiaron en mí. A veces invitaba yo, y esas noches la tarjeta Visa saltaba hecha confeti porque se gastaban fortunas. Una noche les dije: «Pinches cabrones, gastan en una noche lo que yo no gano en un mes». «Pues ganas muy poco, güey», me dijeron, «deberías cambiar de profesión». Con ellos hice 'La Reina del Sur', y cuando la presenté en Sinaloa, en Culiacán, estaban todos los bigotudos ahí sentados, con sus mujeres con pantalones leopardo, y sus guardaespaldas, y fue bien acogida. Yo amé mucho a México, casi tanto como a la Argentina, lo que pasa que mi México es el México violento y tierno del norte, de esos narcos que eran amigos míos, y eso ya ha cambiado. Se ha vuelto más duro, más sucio, más cruel. Antes a los niños se los respetaba, a las mujeres no las tocaban. Ahora los matan, los degüellan. Digamos que ese México al que yo iba antes con tanta alegría se ha vuelto sombrío, y ya no me apetece tanto, pero 'La Reina del Sur' es una novela que me ha dado muchas satisfacciones, quizá sea la novela en la cual más feliz he sido trabajando.

—Muchas veces me dijiste a lo largo de estos años que querías quedarte en tu biblioteca y leer solo libros históricos, que ya no querías siquiera leer novelas, salvo las de algunos amigos. Y que la historia para vos era un analgésico para soportar el mundo. 'El asedio' (2010) es un libro monumental, el propio Alatriste, que es un solo libro en varias entregas, es otra obra gigantesca, y sin embargo después empiezan a adelgazar de nuevo tus libros. ¿Por qué?
—Hay novelistas que repiten una forma todo el tiempo y les va bien y están contentos con ello, pero yo sigo vivo, y para mí cada novela sigue siendo un desafío nuevo. Entonces, después de haber hecho novelas largas, complejas, como 'El tango de la Guardia Vieja' (2012), como 'Hombres buenos' (2015), me empezó a atraer mucho el formato corto, breve, seco. Yo empecé escribiendo novelas así, después me fui complejizando, y ahora vuelvo a ese tipo de relato más corto, más escueto, más económico en lo narrativo, pero vuelvo con la experiencia de los treinta años que llevo como novelista. Por eso ahí está 'Falcó', está 'Eva', está 'Los perros duros no bailan' (2018), que es una novela policíaca de perros que me ha salido en un mes. Es la búsqueda que encara un perro negro, viejo luchador de pelea de perros, con cicatrices en la piel y en la memoria, para encontrar a dos amigos suyos que han desaparecido. Y en esa búsqueda aparecen perros narcotraficantes, perros policías, perros neonazis, perras feministas, una perra argentina, Margot la porteña. Es una fábula. Es el mundo de los humanos llevado al mundo de los perros, pero los perros no son políticamente correctos y eso me ha llevado a situaciones dramáticas y divertidas.

—No es para Disney.
—No, no es para Disney. Es un policial clásico, canónico, pero con perros en vez de humanos. Los humanos se ven siempre desde abajo y siempre lejanos, distantes, y por supuesto es una novela de lealtades, porque si hay algo que yo admiro en el mundo es la lealtad y el valor. Es lo que me ha quedado como restos del naufragio, y con eso me he construido la balsa para flotar. Los perros tienen valor y tienen lealtad, virtudes que yo quisiera ver en los humanos, por eso he dicho muchas veces que ojalá tuviesen los humanos las virtudes de los buenos perros y he dicho también alguna vez que he visto morir a muchos seres humanos, algunos eran pérdidas para la humanidad y otros eran alivios para la humanidad, pero cuando muere un buen perro, el mundo se vuelve un poco más oscuro y más triste. Yo no soy blando, no soy de lágrima fácil. De hecho, cuando murió mi padre no lloré, aunque lo quería muchísimo, y no porque sea muy machote. No lloré porque no me salían lágrimas, porque mis sentimientos, quizás por la vida que llevé, han sido amortiguados en cuanto a su expresión, pero he sacrificado a cuatro de mis perros ya, y con todos lloré. Los perros saben cuándo eso ocurre, y a todos les puse la cara cerca para que miraran y se llevaran mi cara adonde fueran. Con todos la veterinaria me ha dicho: "Nunca imaginé que tú pudieras llorar". Mi amor por los perros es tal que esta novela es un homenaje a todos ellos. Está dedicada a los perros que tengo y que tuve. Y a la amistad.

—Perros, y amistad, y sables, y libros. 'Una historia de España' (2019), que fue otro gran éxito, producto de meter entre tus artículos periodísticos artículos de Historia, que muchos lectores tuyos fueron leyendo por entregas. Voy a confesar algo: hubo un momento en que supe que ibas a dar la historia entera y abandoné los artículos, porque quería leerla de una sentada en un libro, y cuando lo hice encontré una crónica espectacular contada de manera irreverente y muy instructiva. ¿Cómo fue ese proceso?
—Yo soy un gran lector de historia. Casi dos tercios de mi biblioteca son libros de historia, posiblemente. De unos treinta mil libros, casi dos mil son libros de historia, desde historia antigua hasta historia contemporánea, y como español hay allí un montón de cosas que se cruzan, porque la historia de España es una historia fascinante en lo bueno y en lo malo. Es una historia llena de luces y de sombras, de oscuridades y de claridades, de hazañas y de vilezas, de incapacidades y de gloria. España es un país tan de blanco y negro que aquí o se hablaba de la historia de España como algo maravilloso, ariete de la cristiandad, espada de Occidente, evangelizadora del mundo, o bien de España como un lugar ruin, de dictadores, de curas, de gobiernos de inquisición, destructora de imperios y de civilizaciones. Entonces pensé: voy a hacer unos artículos contando mi visión de la historia de España, con humor, con mala leche, con rigor también, pero de un modo muy informal, desde los primeros pobladores hasta ahora, y empecé a escribirlos como un juego, en plan divertido, en plan de pasarlo bien. Cada domingo hacía un capítulo, y me di cuenta de que los lectores los agradecían mucho. Los iban guardando, los iban recopilando, los encuadernaban durante los dos o tres años que duró la salida de esos artículos, y dije: "Pues diablo, voy a hacer un libro". Y para mi sorpresa, el libro funcionó muy bien. Es una visión que no pretende ser de historiador, por supuesto. Es una visión subjetiva. Soy una persona que ha viajado, que ha leído historia, y cuento la historia de esa manera. ¿Para qué? Para que, si les interesa, lean libros de historia serios y se documenten. Digamos que es un aperitivo para abrir las ganas.

—Y entonces llegamos de regreso a estos últimos años y a 'Sidi' (2019), una precuela del Cid Campeador.
—Pues a mí no me interesaba el Cid famoso, el Cid que es leyenda. Yo quería saber cómo un hombre consigue la lealtad de otros veinte o treinta tipos duros, crueles, medievales, que se buscan la vida en un mundo brutal y hostil. Cómo ese hombre ejerce el mando, cómo hace para que lo sigan en la vida y en la muerte, cómo la astucia, la inteligencia, la honradez, la lealtad y el valor pueden crear liderazgo. La leyenda no me interesaba, me interesaba el nacimiento de ese líder, y por eso decidí escribir sobre el Cid cuando empieza, cuando no es más que un mercenario con un pequeño grupo de hombres que se venden al mejor postor, como realmente ocurrió, y cómo poco a poco va generando esas lealtades. A mí la vida me ha quitado muchas palabras y otras me las ha reforzado, y la palabra lealtad me la ha reforzado. Yo creo que por el tipo de hombre que soy, y que también eres tú porque nos conocemos, la palabra que buscamos es «lealtad». Lo que más me enternece, lo que más fuerza me da frente al dolor, al desastre, a la incertidumbre, a los lugares oscuros de la vida es la lealtad de gente noble, y a lo mejor esa gente puede ser poco recomendable. Pueden ser asesinos, delincuentes, marginales, pero la lealtad es fundamental. La lealtad es la prueba final, porque sin lealtad el hombre está solo de verdad. Recuerdo una vez en Angola, hace ya muchos años, que un mercenario portugués, un tipo muy poco recomendable, tenía que huir de ahí ante una ofensiva enorme del gobierno angoleño, pero dijo: «No, yo me quedo, me quedo con mis "pretos", porque son los míos». No era su guerra, pero eran sus "pretos" [sus negros, en portugués]. Y se quedó. Esa es una virtud que a mí realmente me conmueve. Yo soy un tipo más bien duro, no soy fácil de conmover, pero eso me toca las fibras sensibles, y Sidi es eso, un tratado sobre la lealtad y sobre el liderazgo. Un tratado sobre el liderazgo que a la vez es un western.

—Parece 'La venganza de Ulzana', de Robert Aldrich, o 'Centauros del desierto', de John Ford.
—Es una novela fordiana, sí. Hay algo de eso porque lo que me animó a escribirla fue pensar que los americanos hicieron una épica de su western, pero nosotros también tuvimos nuestra frontera, que es la frontera del Duero: al norte, cristianos; al sur, musulmanes, y en medio, una zona intermedia. Esa gente sí se arriesgaba. No tenían nada y había que defenderse como podían. Era exactamente igual que en el oeste. Ese fue nuestro Far West, entonces dije: "¿Por qué no? Voy a ver si puedo escribir el western español, esa novela de frontera que no se había escrito nunca tampoco". Además, yo escribo de esa forma imprecisa, donde no hay ni buenos ni malos, donde hoy el musulmán es amigo y mañana es enemigo, o al revés, donde el cristiano siempre es aliado, donde el ser humano está sometido a sus pasiones y a sus crueldades, a sus impulsos violentos y a sus impulsos de nobleza y camaradería. Jugar con todas esas ambigüedades es una zona peligrosa que me apetece mucho, y ahí es donde nació 'Sidi'. Realmente estoy muy orgulloso de esa novela, porque conté lo que quería. No sé si es bueno o malo, pero es lo que he querido hacer. No me he vendido a lo fácil. Hay una especie de lealtad contigo mismo al hacer lo que quieres hacer, y 'Sidi' y 'Línea de fuego' me han dejado por ello una sensación de serenidad, de confirmación de que he sido un buen escritor, de que he cumplido, de que he hecho bien mi trabajo.

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Rogorn
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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Sab Mar 27, 2021 3:27 pm

«O ser humano é um animal muito perigoso»
Entrevista de Luciana Leiderfarb - expreso.pt - 27/03/2021

Está em Las Matas, a 20 quilómetros de Madrid, no seu refúgio nestes dias de pandemia. Numa situação normal, Arturo Pérez-Reverte não estaria aqui, mas a navegar no veleiro que representa a sua “outra vida”, a vida que escolhe viver quando se sente demasiado aburguesado por 35 anos de escrita literária. O barco, tal como a literatura, veio substituir mais de duas décadas de reportagem de guerra, de morte iminente, de uma vida inteira a acumular “últimas vezes”, de saídas de mochila às costas nas “horas cinzentas” da primeira aurora, de aventuras que o levaram a viajar pelo mundo todo, a pertencer a dois grupos de pessoas: os caçadores, os que saem e depois contam o que viram; e os que sabem que vão morrer.

Com a fotografia de Joseph Conrad à frente, o seu eterno companheiro (evocando em surdina a intrigante novela 'O companheiro clandestino' daquele autor), e sentado na sua biblioteca que hoje conta com 30 mil volumes, o autor espanhol, nascido em Cartagena, em 1951, não tem ilusões. O seu extenso catálogo de 30 livros publicados em 43 países não lhe sobreviverá, a posteridade é-lhe indiferente. Escreve para ser feliz, e no fim de um livro existe sempre outro, e mais outro, e estes impedem-no de estar encerrado “numa carapaça de idade e de velhice”. Aos quase 70 anos, o presente não lhe interessa. Habita os clássicos. Diz que um homem bom é aquele que, vendo o
mundo como um lugar hostil, não perde a lealdade e a compaixão. Como um cão. É no lugar de um cão que se coloca no seu último livro, 'Cães maus não dançam', publicado em Espanha em 2018 e com lançamento agendado em Portugal para inícios de março, sob a chancela da Asa.

Arturo Pérez-Reverte ainda é um homem bom. Ainda sofre ao ver a dor dos outros. Porém, gostaria de se rindiferente e que a estupidez humana o tivesse “vacinado contra a compaixão”. Esse é o seu sonho, e talvez, talvez, ainda o consiga realizar. Nós esperamos que não.

—Disse que não é o mesmo caminhar com livros na memória do que sem eles. Porque caminhar com livros é játer uma memória dos lugares.
—Para mim, o ser humano é a soma daquilo que viveu e do que leu. E o que lemos ajuda-nos a compreender o que vivemos. É uma espécie de enzima, de levedura, que faz com que o que vivemos fermente. Fui repórter de guerra muito novo e fiz isso durante 20 anos. Ter lido a 'Ilíada' ou a 'Odisseia' ajudou-me a entender melhor o que ia vendo. Os livros à mistura com a memória produzem uma fermentação, que é algo pessoal. É impossível digerir bem o resultado da vida se não houver livros que o permitam.

—Digo-lhe isto porque, depois de ler o seu romance, nunca mais vou olhar para os cães da mesma forma.
—Essa era a minha intenção. Amo muito os cães. Sempre tive um ou vários, pelo menos desde que, há 30 anos, a minha vida estabilizou e passei a ter uma casa —antes era um vagabundo, um nómada—. Neste momento, tenho quatro cães, dois da minha filha. O cão tem virtudes que gostaria de ver nos seres humanos. A vida endureceu-me em muitos aspetos, mas continuo a sofrer com o sofrimento de um cão. Indigna-me. Digo-lhe mais: mataria por muito poucas coisas, mas mataria quem fizesse mal a um cão. Sem qualquer remorso, com as minhas próprias mãos. E depois dormiria com absoluta tranquilidade. A sensibilidade, a lealdade e o valor de um cão merecem melhor sorte do que aquela que os humanos lhe reservam. Dito isto, não sou vegetariano nem um animalista fanático. Como perfeitamente um peixe ou um bife de novilho.

—O que é que este livro representa?
—Era uma dívida pendente com os meus cães —os que morreram e os que tenho—. A vida como repórter tirou-me ou diminuiu muitas palavras que antes eram importantes, como pátria, religião, Deus. Deixou-me poucas palavras, e entre elas está dignidade, respeito, honra, lealdade. Os cães são isso tudo, sobretudo leais. E a maior virtude do ser humano é a lealdade. Por isso, os cães comovem-me, comove-me que sejam fiéis aos seus donos, que lutem e morram por eles, que os sigam. Escrevi este romance para que o ser humano pudesse ver os cães por dentro. Não com o olhar compassivo de um ser superior, que olha para o cão de cima, mas com a vontade de que o

—O livro é um olhar sobre o cão, mas também sobre o homem. Concorda?
—Sim, sem dúvida. É o ser humano visto pelos cães, como eles nos veem, com a sua admiração e as suas deceções.

—Não é mais sobre as deceções? O romance fala da pouca humanidade dos humanos, mais difícil de entender do que a bestialidade das bestas.
—Os animais fazem as coisas por alguma razão. A crueldade, a fúria das bestas tem sempre a ver com a sobrevivência. Os animais tornam-se bestas para lutar, para sobreviver, tornar-se chefe da manada, conseguir a fêmea, conseguir alimento —por isso lutam e por isso matam—. Numa luta entre cães, por exemplo, quando um deles se rende, oferece o pescoço ao vencedor e este deixao viver. Se o venceu, não o mata. O ser humano é o único que mata aquele que se rendeu. Isso vi-o com os meus olhos, ninguém me contou.

—Teve a intenção de fazer uma crítica social? No livro diz: “Neste mundo, nem sequer aos cães somos leais.”
—A lealdade é a palavra principal do livro. É uma defesa do cão e um ataque ao homem. E quando, no fim, os cães exercem a sua vingança contra os homens, estou do lado dos cães. Percebo os cães explorados, maltratados, assassinados.

—Divide os cães entre sparrings (cães que servem para treinar os que lutam) e lutadores: os que são carne para canhão.
—Se olhar bem, o assassino pode estar justificado. Mas quem se serve disso é imperdoável: o político que usa os seres humanos para estes se matarem, aquele que manipula os fios da desgraça dos outros, sejam humanos ou cães. Esta é a crítica principal do livro. Trata-se de uma parábola sobre o mundo animal e também humano, sobre a crueldade e sobre a violência.

—Há uma personagem, a de Teo, que se transforma: é um cão comum em- purrado a ser um assassino. Empurrado pelo homem, atenção.
—Mas o homem empurra outros homens a serem assassinos, certo? Quis abordar este tema? Sim, sim. Podem-se trocar os cães por homens e chegar à mesma tragédia, à mesma história.

—O que é que converte um homem pacífico numa máquina de matar? E essa máquina de matar pode ser, ao mesmo tempo, um herói.
—Nos meus romances e na minha vida, as palavras ‘herói’ e ‘assassino’ nem sempre são palavras antagónicas. No ano 1977, no Líbano, vi as mesmas pessoas, no mesmo dia, fazerem coisas bonitas e coisas atrozes. Vi homens que foram heróis de manhã e que, de noite, se transformaram em violadores e assassinos. A violência é poliédrica e contraditória. E não há uma linha a separar o bem do mal. Você, eu, em circunstâncias determinadas, devidamente manipulados, podemos ser heróis ou vilões no mesmo dia, com poucas horas de diferença. A fronteira entre o bem e o mal é artificial, relativa e falsa. É um desenho social que o ser humano fez como grelha para olhar para o mundo e compreendêlo, mas não é real. Um assassino pode ser mais nobre e mais digno do que uma pessoa supostamente honrada. Do mesmo modo, por vezes, aquele que não suja as mãos não o faz por questões morais, mas por medo, cobardia ou indecisão. E aquele que suja as mãos talvez o faça por valor, por coragem, por necessidade ou desespero. A violência não é uma etiqueta que distingue os bons dos maus: há bons que exercem a violência e maus que não a exercem. Negro (o protagonista) é uma personagem situada nesta encruzilhada. É um assassino profissional, mas é também um herói.

—O "cão livre" é aquele que volta a ser lobo. O que é um homem livre?
—Hoje não há homens livres. Isso já não existe.

—Alguma vez existiu?
—Houve um tempo em que havia homens livres. Havia desertos, estepes, bosques, campos, lugares onde o ser humano podia ser dono de si mesmo. Hoje, a televisão por satélite, o telemóvel, as telecomunicações, a internet, mataram o homem livre.

—É a tecnologia a culpada?
—Sem dúvida. Porque a tecnologia cria uma armadilha. Não mata o homem, mas encerrao. Meteo num campo de concentração tecnológico levando-o a acreditar que é livre quando não o é. O homem perdeu a liberdade no momento em que o mundo se converteu num lugar controlável tecnologicamente. Por isso recorro à parábola do cão: os cães que rompem as regras e se reúnem na natureza, os cães marginalizados e traídos pelo homem, abandonados. Ver um cão abandonado estremece-me a alma, apetece-me acolhê-los a todos. Um cão que cresceu num lar, numa casa, e de repente se vê na rua perdido, afastado, à procura dos donos, sabe o que é isso? Uma vez, numa bomba de gasolina, vi uma cadela abandonada que, de cada vez que vinha um carro, se aproximava para ver se ali estavam os donos. Fez isto durante cinco anos. O cão tem sentimentos extremamente refinados, elevados. É sensível ao amor, ao calor, à companhia, à bondade, à maldade. Não há cães maus, há homens maus.

—Os homens abandonam os cães, mas também abandonam os filhos.
—O filho, um dia, vai crescer e saber que o pai o abandonou. Compreenderá que o pai é um filho da puta. Mas um cão morre sem o compreender. Se traíres ou abandonares um ser humano, mais tarde ou mais cedo ele percebe as razões terríveis, humanas, ideológicas, sociais, políticas, por que foi deixado. O cão nunca explicará isso a si próprio, ficará à espera e à procura para sempre. Há cães que encontram os donos cinco anos depois e ficam loucos de alegria. A tragédia é não poder compreender a dor, o sofrimento.

—No livro, há uma guerra desigual entre cães e humanos. Não é também aquela que o homem trava contra a natureza, contra os seus próprios instintos destrutivos?
—Se houvesse uma moral, se eu fosse religioso (o que não sou), diria que o homem peca contra a natureza. Estamos continuamente a cometer pecados contra ela. Se existisse uma moral cósmica, estaríamos em pecado mortal, porque usamos a natureza e a abandonamos. Usamo-la como usamos os cães. A Humanidade vive em pecado mortal há muitos séculos. O que acontece é que, à medida que o progresso avança, que a tecnologia se torna mais intensa, que as redes de comunicação funcionam com maior eficácia, o pecado é cada vez maior, mais rápido e mais destrutivo.

—Mas que explicação podemos dar para essa destrutividade?
—Não sou sociólogo nem psicólogo, sou um repórter e um romancista. Não tenho dogmas ou soluções, apenas intuições, perceções, recordações. Porém, no meio da minha parcialidade, acho que o ser humano é um animal muito perigoso. Há um romance meu, 'O pintor de batalhas', onde falo disto. O homem faz o que faz porque a sua natureza é malvada, porque não se contenta com o que tem, porque precisa daquilo que ambiciona. Se o consegue, torna-se prepotente; se não, torna-se rancoroso e frustrado. Ambas as hipóteses são negativas: uma leva à soberba, à tirania, à arrogância; a outra leva ao rancor, à agressão, à violência ou à vingança. Portanto, paradoxalmente, tanto o êxito como o fracasso tornam o homem um ser desprezível. Isto não é uma teoria: passei toda a minha vida a ver gente a matar-se. Vi pessoas a matarem por um gole de água, por um maço de cigarros, por violar uma mulher, por mil razões. Agora, ter visto não me esclarece quanto ao porquê.

—Como encontrou o tom do romance?
—Não tenho problemas em afirmar que sou um escritor profissional, levo 35 anos a escrever romances. E cada um teve o seu caminho. O tom adequado de um romance requer uma solução específica só para ele. Não há fórmulas. Neste livro, coloquei-me no lugar do cão. Pus-me a ser cão, sem deixar de ser homem.

—Mas há uma mudança de tom: o que começa como algo leve e distendido, termina de um modo amargo e cruel.
—Assim tinha de ser, não sei dizer porquê. Um começo suave, divertido, que prendesse o leitor e a mim mesmo, e que, a pouco e pouco, fosse transformando o sorriso num gesto de horror. Há romances que escrevemos para nos divertirmos, para divertir o leitor, para viver uma aventura, para sonhar a viagem que se fez ou não fez. Não sou de escrever com objetivos, não acho que um escritor tenha a obrigação de ser moral ou de mudar o mundo. Um escritor tem de fazer o que lhe apetece. Mas, neste romance, queria sacudir, estremecer o leitor. Dizer-lhe: imbecil, dás-te conta do que andamos a fazer? Quando vires um cão, olha para ele, olha mesmo para ele.

—O que é um bom dono?
—Há bons donos que são péssimas pessoas. Uma má pessoa pode ser um excelente dono. E uma boa pessoa pode ser um dono mau. Para ser um bom dono, é preciso compreender o cão e assumi-lo como parte da família. Um cão não é um apêndice, é como um filho, um irmão.

—E que é hoje um homem bom?
—Para mim, um homem bom é aquele que, vivendo no mundo real, não perde a compaixão, a caridade, a lealdade e a dignidade. Isto requer uma explicação. O homem que acredita que o mundo é um lugar bom e que somos todos irmãos é um imbecil. Não é bom, é um idiota, um ingénuo. Isso não é uma virtude nem merece admiração. A ignorância não merece admiração. Agora, o ser humano que sabe que o mundo é um lugar perigoso e hostil, onde o mal é frequente, onde a ambição, a luxúria e a crueldade são constantes e por vezes não são só características humanas, mas regras cósmicas —porque também o cosmos é cruel, aí estão os tsunamis, os terramotos, as inundações—; o ser humano que compreende que é um animal perigoso e, estando consciente disso, vive com dignidade, com decoro, com lealdade, com honra, com compaixão para com os outros, esse é um homem bom. Para ser bom há que ser lúcido, sem lucidez não há bondade.

—O que é que na vida lhe parece intolerável?
—Quando era jovem, achava que era a maldade. Mas com os anos percebi que o pior de tudo é a estupidez, sobretudo se aliada à ignorância. Há uma frase que uso há muito tempo: se juntas um malvado com mil estúpidos, terás mil e um malvados. O mal é contagioso, mas, se não houvesse tantos estúpidos, os malvados não teriam tanto poder. É o estúpido que leva o malvado a triunfar. Por isso, é o que mais me irrita na política, na vida, na sociedade, na língua. O mal faz parte da natureza, é aquilo de que todos somos capazes se devidamente condicionados. Mas o estúpido é aquele que faz mal sem se dar conta ou acreditando fazer o bem.

—Um amigo seu, o escritor Javier Marías, disse que a literatura está demasiado vigiada pelo «politicamente correto». Concorda?

—Concordo. Mas só é vigiado quem se deixa vigiar. Há escritores —não vou dizer cobardes— mais cautelosos, que procuram não complicar a sua vida, evitando os terrenos nos quais podem suscitar uma resposta social mais dura. Outros escritores, entre os quais me incluo, porque temos mais idade, porque os leitores já nos conhecem ou porque talvez sejamos mais corajosos, não nos importamos com isso. É verdade que hoje em dia todo o escritor, desde o maior génio da literatura ao medíocre junta-letras, tem sobre si a guilhotina terrível da estupidez de que antes falávamos. Porém, não há razões para baixar os braços.

—É como se as normas morais da realidade tivessem invadido a literatura.
—Há um momento em que isso passa a ser secundário, em que estás mais resguardado. Os leitores conhecem-me, publico em 43 países, as críticas costumam ser positivas. Quando surge uma crítica negativa, em geral é um comentário ideológico e não literário. Porém, um escritor mais jovem está de facto mais vulnerável e isso pode prejudicá-lo.

—Numa entrevista, contava que Joseph Conrad é o único escritor de quem tem uma fotografia na estante. Porquê? Neste momento estou a olhar para ela.
—Tenho em casa uns 30 mil livros, leio-os desde os sete anos, desde que comecei a ler. Há escritores que foram muito importantes na minha vida, como Thomas Mann, Stendhal, Homero. Os gregos e os latinos continuam a sê-lo —todos os dias ponho um tweet cintando um autor clássico grego ou romano—. O que quero dizer é que há autores que li, que foram importantes, mas não encontro neles nada de novo. Se eu hoje ler 'Guerra e paz', de Tolstoi, ou 'O Leopardo', de Lampedusa, sei que me deram tudo o que me podiam dar. São como os bons professores, de quem te recordas com carinho quando já saíste da escola e és adulto. Porém, li Conrad 20 mil vezes e em cada leitura encontro algo de novo. Conrad ainda me surpreende, emociona e comove. Enquanto Agatha Christie, Dostoievski ou Eça de Queirós me são úteis tecnicamente —como a mestres a quem perguntas: “Como fizeste isto?”—, Conrad estimula-me, faz-me pensar, é um companheiro, não ficou para trás. Continua presente na minha vida, não me abandonou e espero que não o faça enquanto eu estiver vivo.

—Há qualquer coisa de errante em Conrad, assim como em Pérez-Reverte.
—Encontro paralelismos, sim. Ele andou a navegar, eu estive na guerra. Hoje tenho um barco. E, segundo uma leitora, parece que tenho os olhos como os dele, com as pálpebras descaídas.

—O que gostava de ser no futuro para os seus leitores? O companheiro ou o professor?
—Não há futuro. Quando eu morrer, os meus livros desaparecerão. Hoje o mundo vai demasiado depressa. Os grandes clássicos estão aí, onde merecem estar. Mas eu não sou um clássico, sou um tipo que conta histórias de uma forma razoável. Quando morrer, os meus livros vão vender bem durante um ano ou dois, e depois as pessoas vão esquecer-me, como é normal que ocorra. A posteridade é-me indiferente. Tive uma vida agradável, interessante, aconteceram-me muitas coisas, boas e más. Vivi intensamente, viajei muito, conheci mulheres, países, guerras, aventuras, bebedeiras, amigos; naveguei, voei e tive muita sorte, tive leitores e contei histórias. Já está. A posteridade não entra nos meus cálculos. Tenho a experiência e a lucidez suficientes para saber que as coisas não duram.

—Se não escreve para o futuro, para que escreve?
—Faço-o por duas razões: primeiro, porque sou feliz a escrever. Porque ao escrever recordo a minha vida, e cada dia levanto-me de manhã com mil histórias na cabeça para contar. Isso dá-me motivos para viver. Agora estou confinado e a escrever, e isso obriga-me a ler livros sobre os temas que estou a abordar, faz-me olhar para fora e impede-me de estar fechado numa carapaça de anos e de velhice. A escrever ainda posso ser jovem, seduzir mulheres, lutar contra inimigos, bater-me em duelo, viver guerras. Acordo com a ilusão de ser capaz de contar bem aquilo que estou a contar. É um motivo excelente para viver e para en- velhecer com dignidade.

—E a outra razão?
—É que ser um escritor profissional me deu meios e conforto para viver. Vendo livros, sou lido, ganho dinheiro e obtenho independência. Não dependo de governos, de conferências ou de editoras, posso mandar à merda quem quiser e dizer o que me vai na alma. Posso enfrentar as ultrafeministas radicais e dizer-lhes que sou tão feminista como elas, mas que não consinto que a língua seja manipulada porque é a minha ferramenta de trabalho… Dentro da prisão do mundo tecnológico de que falávamos, isto oferece-me uma aparência de liberdade.

—E ainda por cima é feliz.
—Sim. Javier Marías é um escritor dramático, trágico. Para ele, um romance é um ato criativo duro, um combate contra o ‘eu’, um confronto constante. Acorda diariamente a lutar consigo mesmo. Eu não, eu sou um escritor feliz. Não sofro. Acabo um romance e já tenho outro preparado para começar. Não tenho vazios criativos nem angústias, não tenho páginas em branco.

—Várias vezes disse que o que escreve resulta da sua vida. Que visão do ser humano tem alguém que foi repórter de guerra durante duas décadas?
—Muito negativa, claro. O ser humano é um filho da puta, e além disso é facilmente controlável. É uma ferramenta muito perigosa, como o demonstram os 3 mil anos que temos de memória escrita.

—E que visão da morte lhe deu a vida que levou?
—A morte é o fim, a data de caducidade. Está aí, não é algo terrível. O ser humano morre há milhões de anos, é o normal.

—Sempre pensou assim? Para ser repórter de guerra é preciso um certo despojamento em relação à morte. Para ser o repórter que eu era, sim.
—Assumi a morte muito cedo. Quando cobri a minha primeira guerra, em 1974, assumi que a morte fazia parte das regras e que podia calhar-me. E sempre vivi a pensar que a morte podia chegar em qualquer momento. Se tivesse que dividir o mundo em dois grandes núcleos de pessoas, não seria entre bons e maus. Seria entre os que sabem que vão morrer e os que não o sabem. As pessoas que sabem que vão morrer são melhores, até nas suas crueldades e nas suas violências —são realmente humanas—. Os que acreditam que não vão morrer são estupidamente irresponsáveis, só prejudicam a humanidade, e a atualidade demonstra-o claramente. Saber que vou morrer talvez tenha sido o que, paradoxalmente, me manteve vivo.

—Uma vez referiu uma outra divisão: os sedentários e os caçadores. Disse que sempre se considerou um caçador.
—Sedentário é aquele que vive num sítio, gosta de lá estar, senta-se, tem filhos, tem cães, tem porcos, tem restaurantes e está bem. O caçador é aquele que tem de ir para longe a fim de procurar a comida. Vai e por vezes não volta. O mamute mata-o ou o leão devora-o. Quando o caçador consegue regressar e se senta ao pé da fogueira, é aquele que conta a história de tudo o que lhe aconteceu. É o que se converte em narrador. Sem desprezar o sedentário, o caçador tem a superioridade intelectual de quem saiu, viajou para longe e voltou com novas experiências. Voltar é muito importante.

—Pensou sempre em regressar?
—Não, não. Há uma coisa de que não gosto: a primeira aurora, a que eu chamo "hora cinzenta". Aquele intervalo entre as quatro e as seis da manhã. A essa hora, quando era jovem, costumava fazer a mochila e ir para o aeroporto, rumo a alguma guerra. Talvez estivesse com alguma rapariga, ou sozinho, e a essa hora despedia-me dela, saía para a rua e apanhava um táxi. Os voos costumavam ser de madrugada. Essa associação do amanhecer cinzento com a incerteza de não saber se vou regressar é muito frequente na minha vida. E ainda hoje, embora não corra esses perigos, não gosto do amanhecer. A sensação de que não ia voltar, de que quiçá fosse a última vez —a última vez que estou com uma mulher, que tomo um copo de vinho, que vejo um amigo, a minha casa ou esta rua— acompanhou-me sempre. Vivi uma vida inteira a acumular possíveis últimas vezes. Isso deu-me uma forma de olhar o mundo que não pode ser igual à de uma pessoa que não teve esse tipo de experiência. Não é uma queixa: gosto dessa espécie de melancolia, de me sentir incerto. Gosto de ter 70 anos (vou fazer este ano) e continuar a acreditar que no fim da madrugada cinzenta pode não haver nada, pode não haver outra noite. Desse modo vivo organizado, tenho tudo preparado.

—Como sente este momento histórico que estamos a viver? A pandemia é uma guerra diferente?
—Mentira dizer que sinto indiferença. Gostaria de ser indiferente, de não me importar. Gostaria que a estupidez da Humanidade me tivesse vacinado contra a compaixão. Repito: gostaria que a estupidez da Humanidade me tivesse vacinado contra a compaixão. Não o consegui, pois sofro ao ver a dor dos outros. No entanto, olho para tudo isto com algum distanciamento. Quando estás a ler Tácito, Tito Lívio, Homero, Virgílio, Catulo, Xenofonte e Sófocles, isso ajuda-te a aceitar as regras terríveis do cosmos e do mundo. Ajuda-te a arrefecer, a serenar. Não te tira a compaixão: permitete olhar com objetividade. Se morrer disto, vou morrer, não é que seja indiferente, mas estou um pouco de fora, não sei por que razão gritam tanto.

—Pensa que se está a exagerar?
—É que não é o fim do mundo. Não somos os bizantinos nas mãos dos turcos. Pior foi a batalha de Waterloo, ou ter a peste negra na Idade Média, ou a varíola numa tribo indígena. A Humanidade passou por momentos piores do que este. As pessoas esqueceram-se disso.

—Vivemos numa época egocêntrica?
—Esquecemos que as coisas podem acontecer. É como a história do Titanic: um barco indestrutível, que navega a 25 nós, nada pode acontecer. Depois o navio naufraga e toda a gente fica chocada, mas os barcos naufragam desde sempre. Há acidentes, há meteoritos, há vírus. Quem se esqueceu tem de o lembrar, não pode é dizer que está a acontecer um impossível. Assim é a realidade, assim é a puta vida real. Isto não é um horror: é a vida, que tem momentos maravilhosos e momentos duros. Agora, tocou-nos um dos duros.

—Como vê o jornalismo que se faz hoje?
—Não sei, não preciso do jornalismo. O meu trabalho intelectual é com os romances, conto histórias que têm a ver com o passado e não com o presente, porque o presente é vulgar, não me interessa. O mundo atual interessa-me muito pouco. Digamos que já o li. Portanto, vejo filmes, leio livros, muito raramente me chama a atenção algum assunto, como hoje, que houve uma explosão de gás em Madrid com vários mortos. O que no Líbano é quotidiano, aqui aconteceu hoje.

—Pelo seu passado como repórter, pensei que a sua resposta seria diferente.
—Tenho 70 anos. Acha que na minha idade posso ter uma febre informativa? O que me resta é o meu veleiro, navegar, livros e serenidade. O meu barco é a minha outra vida, troquei a guerra pelo mar. Quando me sinto demasiado aburguesado, navego. Ouça, tenho 70 anos. A vida já não me vai dar mais surpresas. Olho para o mundo com a curiosidade do observador. Isso não é animador, nem otimista, nem bonito, mas é interessante. Pode ser que, se continuar assim, perca finalmente a compaixão. O meu sonho é perder a compaixão. Nesse dia, já nada me irá incomodar. Talvez o consiga.

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Rogorn
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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Jue Abr 22, 2021 10:22 pm

«Hasta el peor libro te enseñará algo»
RC - Vocento - 22/04/2021

«Soy un cazador de libros. Los libros me ha hecho y me han formateado», dice Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 69 años) que repasó su vida azarosa libresca, sus libros y su biblioteca, sus filias y sus fobias, la en una entrevista con el periodista Fernando Goitia, jefe de sección de 'XL Semanal', emitida en directo por la web de este periódico y que ha contado con la colaboración de Ámbito Cultural.

«Nunca quise ser escritor, soy un escritor accidental» confió el narrador, que empezó su carrera con 'El húsar' y que desde 'Territorio comanche' y 'La tabla de Flandes' no ha dejado de encadenar bombazos. «No soy un artista, soy un escritor profesional que no sabe quién es la musa. Me gano el pan con este trabajo que hago lo mejor que puedo», dijo el novelista, académico de la RAE y articulista del 'XL Semanal', donde desde hace 30 años escribe un artículo que cada domingo siguen 1.224.000 lectores a través de 25 diarios. «Un libro es una puerta a un mudo que multiplica tu vida y la amplifica. Puede que jamás asesines a nadie, pero puedes ser un asesino, un cazador de ballenas o un expedicionario en el desierto en un libro, que te permite ser todo eso y ser tú mismo», dijo el dueño de 30.000 volúmenes y rendido admirador de Dumas y Conrad.

«El libro debe ser muchos libros. El libro único es lo que más daño ha hecho a la humanidad, sea al Corán el 'Mein Kampf' o la Biblia. El fanático de un solo libro es el más peligroso, ya que excluye a los demás», denuncia Pérez-Reverte. Lector de Corán y la Biblia, «que te permiten entender al otro», cree que el peligro «surge cuando llega el intermediario, el cura o el imán, de quienes hay que desconfiar». En su enorme biblioteca atesora clásicos y autores populares de todas las épocas. «Sin esos libros, el mundo violento, brutal y cruel que conocí en las guerras me habría trastocado», confesó. Siempre estará agradecido a los libros «que me han permitido interpretar el mundo», dice Pérez-Reverte que ha leído a Plutarco y a Stendhal en Sarajevo «como vacuna y analgésico para diluir el horror. «'La Eneida' y 'La IIiada' son los libros con los que más he viajado, un bálsamo y un espejo de lo que pasaba en Angola, El Líbano o Sarajevo, donde vi arder la biblioteca» rememora.

«Hoy las nuevas hogueras de libros se dan en las redes sociales» lamentó. «Destruir un libro es destruir pensamiento, futuro y memoria. Es una fuente en la que se abrevan muchas cosas y muchas vidas. Malo es ver morir a la gente, pero ver arder un libro es desgarrador y tristísimo. Con él mueren todas las vidas que encierra y sus enseñanzas», sostuvo. «Ese impulso que destruye los libros que se odian y detestan existe desde siempre, es tan viejo como la humanidad Quizá ardan ahora menos bibliotecas, pero el impulso de destruir al otro lo multiplican las redes sociales, que amplifica la ganas de acabar con él. Ahora quemamos libros por otros medios», lamenta.

«Soy un cazador de libros. Los libros me ha hecho y me han formateado. Mi deuda con ellos es tal que no puedo ser imparcial» dice en dueño de una inmensa biblioteca «que debe tener orden y armonía para que un libro te lleve a otro». Para Pérez- Reverte «un libro es un artículo de primera necesidad, como aprendí de mis padres, además de una herramienta de trabajo y un objeto tan cotidiano como los zapatos, la cartera o el reloj».

Cree que no hay libro malo por horrible que parezca. «No hay libro que no encierre algo bueno, como nos enseñó Cervantes. Y hasta el libro más cutre suscita curiosidad, e incluso las peores y más infames novelas enseñan algo. Puede hacerte soñar y vivir otras vidas y llevarte a otros libros a otros mundos en una cadena fantástica y maravillosa. Esa cadena puede empezar con una mala novela de oeste. Ni hay que despreciar ningún libro».

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"El fanático de un solo libro es el elemento más peligroso de la humanidad"
xlsemanal.com - 23/04/2021

Fue poco más de una hora, pero la conversación bien pudiera haberse alargado toda una tarde. Hablar sobre libros y bibliotecas implica, al fin y al cabo, tocar una de las fibras más sensibles de Arturo Pérez-Reverte. Más allá de su extensa obra, tan precisa a la hora de trasladarnos a épocas pasadas gracias, en gran medida, a su propia biblioteca, con más de 32.000 volúmenes, su vida entera ha estado marcada por esta pasión. Rezuma por todos sus poros en la charla que, para celebrar el Día del libro, ha mantenido con Fernando Goitia, Jefe de Sección de 'XL Semanal' y escritor en ciernes, autor de 'La sacudida'.

Desde el minuto inicial, el escritor y académico, que este año cumple tres décadas como columnista de nuestra revista, defendió la importancia capital de libros y bibliotecas –de la cultura–, al hablar de una práctica tan nefasta como extendida en la historia de la humanidad: quemar libros. Implica, dijo Pérez-Reverte, «destruir memoria. Cuando desaparecen le están cortando senderos a la humanidad». Por eso, la biblioteca de Sarajevo en llamas, desastre del que fue testigo en 1992, es una imagen que persiste con fuerza en su memoria. «Uno de los días más tristes de mi vida como reportero –confesó–. No solo la incendiaron, es que no querían que se apagara». Francotiradores serbios disparaban a los bomberos y a todo el que se acercara al edificio, recordó Pérez-Reverte, sintetizando lo ocurrido con una sentencia: «El libro es la memoria del enemigo». Y por eso los intenta destruir. Aunque sea, muchas veces, de forma metafórica, como ocurre con excesiva frecuencia hoy en las redes sociales. «Hay algo turbio en el ser humano que quiere destruir lo que no comprende –le dijo a Goitia Pérez-Reverte–. Un impulso que ha crecido con las redes sociales para acallar a los que no piensan como tú. Pasearte con la tea y las cerillas en la mano es algo muy actual. Las hogueras atraen mucho a la gente».

Entre recuerdos de guerra y reflexiones, el escritor evocó la impresión causada al leer, con 13 o 14 años, 'Fahrenheit 451', la gran advertencia literaria de Ray Bradbury sobre las consecuencias del control de las masas a través de la quema y destrucción de libros. Leyó aquel libro en la biblioteca de su abuelo, imaginándola convertida en llamas. «Que todo esto arda», se decía impresionado. Aprovechó entonces para lanzar su propia advertencia. «El libro único es lo que más daño ha hecho a la historia de la humanidad –señaló–. Sea 'Mein Kampf', la Biblia, el Corán, el Talmud o el que sea. El fanático de un solo libro es el elemento más peligroso de la humanidad».

Cazador de libros, como él mismo se ha definido en repetidas ocasiones, Pérez-Reverte habló con Goitia también sobre los orígenes de su pasión. «Yo tenía dos bibliotecas: la de la familia paterna, llena de clásicos, y la materna, mucho más moderna, con novelas de Agatha Christie, Raymond Chandler, Joseph Conrad… Fui un lector muy voraz». Inició así una larga evocación de infantiles y juveniles, toda una cadena de recuerdos asociados a la lectura que determinaron en buena medida el hombre, el periodista y, finalmente, el escritor que estaba llamado a ser.

«Cuando trabajé de reportero y vi al ser humano haciendo lo bueno y lo malo el mismo día, el haber leído me permitió comprender ese mundo cruel y brutal», contó Pérez-Reverte. Más aún, la lectura fue en aquellos días para él una compañera de aventuras, un analgésico para diluir el horror. «Era evasión y también interpretación –reveló–. Los libros que más he llevado en la mochila fueron la 'Odisea' y la 'Ilíada'. Yo veía por la mañana escenas de guerra en Beirut que acababa de leer la noche anterior».

Estuviera donde estuviera, colegio –«me echaron de los Maristas porque un hermano al que le gustaba mucho la violencia se encontró con violencia»–, instituto, universidad o campos de batalla, el entonces futuro escritor siguió cazando libros. De todo tipo. «Hasta los libros malos tienen algo bueno, lo decía Cervantes –señaló–. Un lector lee un mal libro de historia, y aunque sea malo, éste invita al lector a buscar otro. Todo libro abre la puerta al lector a otros. Es una cadena maravillosa llena de azares sin reglas. No hay que despreciar. La literatura es un territorio inmenso donde el lector entra como un pirata en un barco y se lleva lo que quiere».

Orgulloso de su propia biblioteca, el escritor reveló algunas claves sobre cómo la fue construyendo, qué tesoros guarda en ella, el modo en que la organiza, el viaje que hacen los libros específicos que le acompañan con cada novela. Tres de ellas surgieron en la conversación: 'El pintor de batallas', «sobre la geometría del caos, las reglas de la guerra», 'Línea de fuego', la última, precisa como pocas en la descripción y narración de una batalla, y 'Territorio comanche', la crónica de sus días en Sarajevo. Obras, las dos primeras, en cuya construcción jugó la biblioteca, la documentación obsesiva, un papel trascendente. Todo lo contrario de la tercera, su única novela en la que apenas precisó de ella. Estaba todo en su cabeza. Lo había vivido. «La escribí en quince días», admitió.

Prosiguió la charla por diversos caminos, hablando de las bibliotecas y las lecturas como una incitación a la aventura; de su admiración hacia Dumas y la importancia de Los tres mosqueteros como libro que marcó, antes que ninguno, su inclinación hacia la literatura. «Era el libro mítico de mi familia –le reveló a Goitia–. Hacíamos una especie de Trivial sobre él. Es el primer libro con el que me asomé a la amistad, a la lealtad. Yo vibré como lector, me sentí D’Artagnan. Ese libro fue el primero que me dejó una huella, como lector y como ser humano».

Contó también su singular aproximación a la escritura de novelas, por accidente. «Nunca quise ser escritor. Quería viajar por el mundo, conocer chicas guapas, meterme en peleas… Y lo hice durante 21 años. Volví de una guerra que me dejó un poco raro y decidí escribir. No tenía intención de publicarla. Y entre guerra y guerra seguí haciéndolo hasta el best-seller internacional que fue 'La tabla de Flandes'. Fue una salida, un futuro. A partir de 'El club Dumas' me lo planteé de una forma profesional. Yo no soy un artista. A mí la musa no me visita, yo salgo a trabajar cada día». Apenas una pequeña parte, en todo caso, de lo que dio de sí esta charla, plagada de anécdotas, reflexiones y recuerdos, que te ofrecemos de forma íntegra aquí: https://www.xlsemanal.com/personajes/20 ... ibros.html

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«El fanático de un solo libro es el elemento más peligroso de la humanidad»
Bruno Pardo Porto - abc.es - 23/04/2021

Uno de los días más tristes del Arturo Pérez-Reverte reportero (hay otro académico y otro escritor, al menos) fue el 25 de agosto de 1992. Ese día, en Sarajevo, las bombas de fósforo serbias destruyeron la biblioteca de la ciudad. Ardieron miles de libros. Manuscritos, incunables, rarezas bibliográficas, también ejemplares comunes, llenos de historias. Él contó la noticia, y luego entró en el edificio a rescatar lo que pudo, como tantos otros. Mientras tanto, los francotiradores trataban de impedir con sus balas que alguien parase el incendio: querían que el fuego lo devorase todo, esa crueldad. «Ver arder libros siempre es muy triste, es una gran desolación para quien los ama, como yo. Destruir libros es destruir inteligencia, destruir pensamiento, destruir memoria, destruir futuro», recordó ayer el novelista durante una entrevista con Fernando Goitia, jefe de sección de ‘XL Semanal’, que fue retransmitida por ‘streaming’.

La excusa de la charla, patrocinada por Ámbito Cultural, era la víspera del Día del Libro (que es hoy, pero que lleva celebrándose toda la semana), y el motivo, las bibliotecas. La conversación, eso sí, comenzó con una tragedia cultural, porque aún está reciente en la retina la noticia de la pérdida de la Biblioteca Jagger, en Ciudad del Cabo (Sudáfrica): 65.000 volúmenes, convertidos en ceniza. Pérez-Reverte aprovechó la excusa para recordar las destrucciones programadas de conocimiento, tan comunes en el pasado, y que hoy aún existen, pero de otra forma. «Es un impulso tan viejo como la humanidad: destruir lo que no comprende. Es un mal muy actual, también. Ahora arden menos bibliotecas, pero el impulso de destruir es incluso mayor porque las redes lo acrecientan. Se busca acallar al otro, no dejarlo hablar, taparle la boca. Ahora se llevan a cabo otras quemas», aseveró. Por cierto: él a la guerra se llevaba tomos gruesos de algún clásico, textos largos que ocupasen poco. En Eritrea leyó las ‘Vidas paralelas’ de Plutarco, aunque sus obras favoritas para viajar eran la ‘Eneida’ y la ‘Iliada’.

Reverte no tardó en evocar la biblioteca de su abuelo, que fue el lugar donde se fundó como ser curioso, es decir, como persona. Los libros, relató, estaban por todas partes. Con ellos construía edificios para jugar con sus soldaditos: ese era el nivel de abundancia. El crío, claro, no tardó en entregarse a la lectura: nadie le recomendaba nada, aunque siempre le regalaban literatura, y además tenía muchas joyas a mano. Su abuelo era rico en clásicos; su abuela, en cambio, prefería la novela moderna, policiaca o de aventuras: Conan Doyle, Dashiell Hammett, Agatha Christie… Allí empezó a ver otros mundos, a explorar, y cuando creció se echó la mochila al hombro para ver si tales cosas existían de verdad. « Todos mis caminos empezaron en la biblioteca», sentenció.

Su gusto se formó a base de capricho, que es como se fundan las pasiones. Por eso descree Pérez-Reverte de los cánones rígidos, de esa taxonomía ya caduca de la alta y la baja cultura. Tampoco le gusta dar consejos: prefiere facilitar, ayudar. Cuando va a un colegio (rara vez) y le piden que espolee a los niños y les invite a la lectura, acude a una imagen sencilla y efectiva: los libros son puertas que te llevan a lugares en los que puedes ser cualquier cosa. «Hasta los libros malos tienen cosas buenas… La literatura es un territorio inmenso, donde el lector entra como un pirata en un barco lleno de tesoros, a saquear», proclamó. Ese es el objetivo: hacerse con un buen botín, diverso y rico. Porque hay algo peor que no leer: leer un solo libro. «El fanático de un solo libro es el elemento más peligroso de la humanidad. Porque ese libro excluye a todos los demás», alertó.

Con el paso de los años, el creador de Falcó y Alatriste ha ido conformando una biblioteca envidiable que tiene más de 32.000 ejemplares. Recalcó su gusto por las librerías de viejo, y recomendó la Cuesta de Moyano como un paraíso en la tierra. Sin embargo, hizo una precisión sobre este afán acumulador: «Yo no soy coleccionista de libros, ni siquiera bibliófilo. Soy lector». Sus libros están organizados por zonas, muy bien pensadas, porque para él los libros son «instrumentos de trabajo». Ahí está el sustento de sus historias: antes de escribir bucea mucho en el papel. «A mí la musa no me visita, no la conozco», bromeó.

Le preguntó Goitia, poco antes de terminar, si internet era una gran biblioteca, y Pérez-Reverte respondió que sí, aunque él sigue prefiriendo lo analógico, ya que es el medio en el que se ha criado. Reivindicó su educación previa a la universidad, ese privilegio, y lamentó que hoy no se aprovechen las oportunidades que ofrece la tecnología: nos dan una herramienta cargada de conocimiento y la utilizamos para perder el tiempo. «El que es analfabeto ahora es porque quiere», remató.

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