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Rogorn
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Re: Amigos de APR

Mensaje por Rogorn » Jue May 16, 2019 9:12 pm

Rafael de Cózar tiene una ‘calle’ literaria en Sevilla
Francisco Correal - diariodesevilla.es - 15/05/2019

LA Alameda era “el lugar de diversión nocturna de Sevilla, allí donde la nueva y católica España aún dejaba cierto margen a la vieja”. Así la describe Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) en 'Eva', la segunda de las tres entregas de la trilogía de Lorenzo Falcó, ese camaleón de Jerez, cuerpo de Bogart, alma de Peter Lorre. Mucho de lo que Pérez-Reverte sabe de la Alameda se lo contaron sus dos mosqueteros de su particular club Dumas: Juan Eslava Galán, que fue vecino de la calle Leonor Dávalos, en una casa que fue tugurio que dicen que llegó a frecuentar Queipo de Llano; y Rafael de Cózar, que lo fue en una doble condición: de alquiler en la calle Pascual de Gayangos, en su estreno como propietario de un pequeño apartamento en la calle Imaginero Castillo Lastrucci.

Rafael de Cózar (1951-2014) tiene calle en Sevilla. No la busquen en el callejero. Está en la página 69 de 'Eva', bautismo literario de una rusa trotamundos elegida por Pérez-Reverte como heraldo de su novela. “Esta tarde la pasaré en casa de mi amiga Luisa Sangrán, calle Rafael de Cózar, número 8. Quizá le apetezca tomar un té o un café sobre las seis”. Es de mala educación desvelar las tramas de las novelas. A Fito Cózar le divertiría saber que esa cita-trampa en la casa de una calle con su nombre casi acaba con los atribulados días de Lorenzo Falcó.

En la primera entrega, Falcó participa en un plan para intentar sin éxito liberar a José Antonio Primo de Rivera. En esta ocasión, Sevilla es escala entre Lisboa y Tánger para recuperar parte del oro de Moscú, el que no zarpó desde el puerto de Cartagena, la patria chica del autor. Cózar y Pérez-Reverte son de la misma quinta de 1951. A diferencia de Eslava Galán, ninguno ganó el Planeta. El autor de la saga de Alatriste introduce la novela con una cita literaria de Somerset Maugham, uno de los autores favoritos del editor José Manuel Lara, el que sacó del anonimato a Eslava Galán con su búsqueda del unicornio. Una aventura en la que le acompañó como finalista del Planeta el actor y dramaturgo Fernando Fernán-Gómez.

Falcó se aloja en el Andalucía Palace, nombre que la República le puso al hotel Alfonso XIII. El más caro de la ciudad, 120 pesetas la noche, porque con España todavía en plena guerra civil, en Sevilla no hay una sola habitación libre en el hotel “de Inglaterra” –Pérez-Reverte utiliza la inicial nomenclatura francesa–, en el Cristina ni el Biarritz.

Bulle de gente la calle Sierpes. Las razzias de Queipo de Llano en el barrio de Triana han rejuvenecido la legión de limpiabotas que menudean por el centro. El Círculo Mercantil es el lugar donde Falcó recibe el encargo del Almirante, un gallego de Betanzos, paisano del ferrolano que esos días está de visita en Sevilla.

El bar Tropical todavía existía en la Campana. En el Salón Imperial, doble sesión, Tango Bar, con Carlos Gardel, y Rumbo a El Cairo, con Miguel Ligero. Falcó y el Almrante piden dos copas de manzanilla de Sanlúcar en el Café de París, uno de los edificios que construyó Aníbal González que en esos meses cambió su nombre por el de Café Roma. El Andalucía Palace estaba lleno de oficiales de la Legión Cóndor y mandos de las tropas italianas.

Rafael de Cózar tiene calle en la novela de Pérez-Reverte y un parque en Bormujos, el pueblo donde murió intentado apagar el incendio de su biblioteca.

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Rogorn
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Re: Amigos de APR

Mensaje por Rogorn » Jue Jul 11, 2019 8:44 am

¿Políticos?
Antonio Camacho Gómez - ellitoral.com - 10/07/2019

Arturo Pérez-Reverte es, junto con Javier Marías, seguramente el más popular de los novelistas españoles, autor de obras muy difundidas como “El maestro de esgrima”, “Las de aventuras del capitán Alatriste”, sin contar las referidas, tan disímiles, a temas como el tango o los grafiteros, con los que vivió muchas horas peligrosas por su ilegalidad. Aunque en esto del peligro, ya tuvo dolorosas experiencias como corresponsal de guerra en Bosnia. Periodista cabal, hombre íntegro -se apartó como jurado del premio Planeta, el tercero más importante de España después del Cervantes y del Príncipe de Asturias por las presiones vergonzantes a las que se somete a sus miembros incluso desde los poderes públicos- y miembro de la Real Academia Española de la Lengua, sus opiniones tienen un valor que, compartidas o no, merecen exponerse. Como las emitidas contra los políticos, descalificándolos, y sobre la sociedad de su país y su refugio en la literatura ante tanta hipocresía, banalidad y materialismo circundantes. Algo que me remite al pensamiento del famoso narrador británico Martín Amis, autor de “La hoguera de las vanidades”, que abomina de una Inglaterra que ha perdido el rumbo histórico, sus mejores tradiciones, para sumergirse en la inmoralidad, la corrupción social, el chisme mediático, la frivolidad y los disvalores.

Pero volviendo a los políticos, lo rigurosamente cierto es que su prestigio, tanto en Europa como en América -sin obviar lo que acontece en Asia y África, mosaico de autoritarismos, embates populares, divisionismos religiosos que provocan miles de muertos y conflictos múltiples-, ha caído en proporciones alarmantes. Como el de los dirigentes sindicales, en mayor o en menor medida, según la nación. Ello dio lugar, en su momento, a que el disconformismo generalizado promoviese levantamientos como el de los llamados “indignados” en distintos lugares, mientras que en otros la conducta ética y moral de sus líderes causare un impacto alarmante en la población. ¿Es necesario que citemos lo acontecido en Francia, Italia, Alemania, Gran Bretaña, España, Suiza e incluso los Estados Unidos, con desempeños reprobables y renuncias, vindicta pública para ejemplificar lo antedicho? Y en Iberoamérica, ¿cómo andamos? La coima o “mordida”, como la llaman los mexicanos, la corrupción, la facilitación del narcotráfico por intereses poderosos ligados a fuerzas que deben reprimirlo; los juzgamientos espurios, el enriquecimiento ilícito -en Brasil, por citar un caso, varios ministros debieron dimitir, el ex presidente Lula está detenido-; las mentiras abiertas o solapadas en los altos niveles gubernativos y los abusivos sueldos de quienes integran los Congresos de donde salen leyes no siempre justas, son algunas de las muchas y criticables falencias observables en el ámbito político. Sin ignorar las influencias, con dádivas o presiones cualesquiera, en un periodismo que, aun con defectos, intenta mantener una postura independiente frente a otro sumiso al poder.

Naturalmente que hay políticos responsables, pero la realidad muestra, en general, gobierno tras gobierno, comportamientos de espaldas al pueblo que los votó, las promesas fallidas, los recursos malgastados, con exclusión social y reparto inequitativo de la riqueza, las faltas sin sanción a reuniones trascendentes, la demagogia y el individualismo que busca su propio provecho. Y pare usted de contar. Sí, la clase política, tan lejana de Tomás Moro, santo y canciller en la corte de Enrique VIII de Inglaterra, y hasta nuestro decente, maltratado y ejemplar Íllia -recordemos a la encarcelada ex presidenta de Corea del Sur- en latitudes cualesquiera está muy mal vista.

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Re: Amigos de APR

Mensaje por Rogorn » Sab Ago 31, 2019 4:54 pm

Juan Eslava Galán presenta su nuevo libro sobre la conquista de América junto con Pérez-Reverte
Javier Carrascosa - todoliteratura.es - 24/07/2019

El escritor Juan Eslava Galán (Arjona, Jaén, 1948), presentó nuevo libro junto a Arturo Pérez-Reverte el pasado lunes 22 de julio, a las 19.00, en Casa de América, en Madrid. Con título ‘La conquista de América contada para escépticos’, relata el descubrimiento del Nuevo Mundo y presenta a los personajes históricos más importantes que tomaron parte. Durante una hora ambos escritores estuvieron hablando sobre el libro y su contenido. Los lectores agradecen que cuando uno echa mano de las fuentes y de lo que se ha escrito lo haga con un cierto escepticismo porque esto te permite dar alguna nota de humor que siempre es conveniente a la hora de escribir.

Eslava advirtió que este libro no es para gente con prejuicios. Los lectores no se van a encontrar ni rosas ni negros a la hora de leer este libro que ya está por la tercera edición. El autor hace dudar de la versión oficial de la conquista de América. “La conquista de América es un momento de la historia que se ha sensibilizado por ignorancia. Cualquier proceso invasor de una potencia a otra implica que se abuse de los invadidos. Pensado como se hacia en la época, Castilla entendía que el Papa, máximo representante de Dios en la Tierra, les había concedido unas tierras a cambio de evangelizarlas. Bajo ese punto de vista, estaban haciendo lo correcto, que era lo que debía hacer cualquier buen cristiano. Como súbditos de Castilla, la Reina Isabel no consintió esclavizar a los indios y darles los mismos derechos que cualquiera de la península.

En el libro se habla de que a los indios se le trata como seres más atrasados. “Los españoles se casaron con ellas y tuvieron hijos con reconocimiento legal”, comentó Eslava Galán en la presentación ante el publico asistente a la sala. A lo largo de la historia de la conquista de América hay muchos mitos. El autor en el libro desmonta algunos de estos, como por ejemplo el de que no había sacrificios humanos, ni canibalismo y no se subyugaba unos pueblos a otros, Naturalmente es falso. El autor afirma que “la conquista al hicieron los indios y la independencia los españoles.

El autor trata de desmitificar a Cristóbal Colón, “un personaje que, cuando lo estudias, te das cuenta de que buena persona no era. Era ambicioso, bastante vanidoso y tuvo frecuentes encontronazos con los Reyes Católicos por esos motivos”, asegura. Pese a ello, el autor recalca que “tanto él como la tripulación que le acompaña son hombres de su época y no podemos juzgarles desde los criterios actuales”

Otra anécdota que nadie cuenta del descubrimiento de América es que por ejemplo que nosotros llevamos a América algunas enfermedades, como la viruela, pero también nos trajimos otras enfermedades que no conocíamos en Europa, como la sífilis.

Hernan Cortes contaba en sus filas unos 1.300 soldados que lucharon con miles de enemigos. Es innegable que no lucharon solos. Los pueblos mexicas oprimidos por los aztecas se unieron a Cortes para quitarse de encima la tiranía azteca. Luego serian los descendientes de los conquistadores y no de los indios, los que llevaron a cabo la independencia con España para evitar pagar impuestos a la península.

Otro mito que desmontó el historiador fue que España se enriqueció con la conquista de las Ameritas.” Todo el metal precioso que venia de la conquista los invertían los reyes de la dinastía de los Austrias directamente en sus compromisos militares. .

Fueron los banqueros genoveses y alemanes los que se beneficiaron de la conquista de América. Lo que sacaron un buena tajada fueron ellos y no los españoles.

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Re: Amigos de APR

Mensaje por Rogorn » Sab Ago 31, 2019 5:02 pm

A punto de clavarme una bayoneta
Javier Marías - elpais.com - 28/07/2019

Una vez más me disculpo por haber hablado de esto con anterioridad, no sé si aquí o en un sitio lejano. Vaya en mi descargo que esta es la última columna de la temporada, que todos llegamos sin gasolina a estas fechas y que los dejaré en paz todo el agosto y quién sabe si más. Lo cierto es que durante el periodo “límbico” del que hablé hace dos domingos (no han sido diez días, sino bastantes más), aún más mermado de facultades y defensas mentales de lo que suelo estarlo, me he visto expuesto a un fenómeno viejo como el mundo pero que cada año adquiere dimensiones mayores: la gente habla. Habla de manera incontenible y sin cesar. No toda la gente, claro, pero un elevado número de personas están poseídas por una verborrea irrefrenable y superior a su voluntad, con frecuencia sin propósito ni dirección. Si uno tiene un problema (y mi demorada estancia en un limbo indica que lo he tenido o lo tengo), sea la pérdida de alguien querido, el disgusto consiguiente a una decepción o traición, una cuestión de salud o una crisis laboral, tanto da…; tras la primera pregunta de rigor (“¿Qué te pasa?”), apenas empieza uno a responder tres palabras cuando toda esa gente bienintencionada decide no enterarse ni escuchar más y pasa, de inmediato, a contarle a uno lo que le sucedió años atrás (puede guardar cierta semejanza con lo que uno padece o en absoluto), o bien a una prima, o a una tía, o a un vecino. En modo alguno hay interés por conocer lo que a uno lo aqueja, en saber la índole de su desen­gaño o tristeza. Tras las tres palabras —en realidad preliminares—, esa gente “caza” la oportunidad al vuelo y se lanza a relatar vicisitudes remotas, es decir, su experiencia o la de algún conocido, y por supuesto a hacer recomendaciones de todo tipo: “Pues a mí lo que me funcionó fenomenal fue…”, o “A mi hermana la sacó del pozo pescar, o pintar…”, o “¿Y un psicólogo? ¿Y un nigromante muy bueno que conozco yo? ¿Y un gurú que te hace abstraerte de todo, de ti mismo y del mundo y del tiempo, qué tal eso? Te deja en un estado semivegetativo muy dulce, te vacía la mente, te hace sobrevolar la situación hasta que se pierde de vista y ya está”.

De nada sirve que uno, con su escasa voluntad, balbucee que no soporta a los psicólogos (en principio, y salvo a mi cuñada Marga), que no se fía un pelo de los nigromantes y detesta a los gurúes (a los que daría de tortas, siempre en principio y metafóricamente). Que ya tiene la mente medio vaciada por su actual malestar y no desea vaciarla más; ni abstraerse del mundo, ni quedar en estado semivegetativo ni semicanino siquiera; que odia volar y todavía más sobrevolar. Las personas insisten, y “No, gracias” es como si no se oyera. A uno lo van a convencer cueste lo que cueste. Me desconciertan los que sueltan: “No quiero ser pesado ni insistente, pero…” Pero “lo soy, porque sé lo mejor para ti”. Esto es sólo la primera parte. Una vez librada la agotadora escaramuza (lo que uno menos necesita), una vez derrotado en realidad, me encuentro a menudo con retahílas de historias, episodios, anécdotas, pormenores, a veces la vida completa, y mientras intercalo breves comentarios de cortesía (“Ya… Ya… Pues vaya… Qué raro… Pues no sé… Ya veo… Hay que ver… Qué cosa…”), me descubro pensando: “Pero ¿qué me están contando?” Y sobre todo: “¿Y por qué motivo?” Suelen ser historietas —ni siquiera desahogos de problemas— que ni me van ni me vienen, que no me atañen y sobre las que tampoco se me pide opinión ni consejo ni guía ni ayuda ni orientación. Uno procura esclarecer lo que se somete a su juicio, aconseja y desaconseja si es eso lo que se le solicita, emite una opinión sólo si se le pregunta. Pero nada de esto acostumbra a darse en la verborrea actual. Son discursos divagatorios o plagados de detalles irrelevantes y superfluos, o ametralladoras modelo Colau-Iglesias-Montero. Pocos van al grano. Muchos olvidan lo que empezaron a contar y se extravían por las bocacalles en las que se adentran, que a su vez los conducen a otras menores y menores hasta el infinito. En esas ocasiones hago educadas tentativas de “reconducir” el relato: “Ya, pero me estabas contando lo de tu mujer, no lo de la cuñada de ese vecino tan desagradable que sólo saluda a su caniche y que no sé por qué se ha colado en el cuento hace diez minutos…” Raramente tengo éxito, o es efímero. He estado a punto de clavarme en un brazo alguno de los puñales o bayonetas que puntualmente me regala Pérez-Reverte en Reyes o Navidad. Menos mal que sus armas de fuego son réplicas inofensivas, porque siempre es más fácil un tiro rápido que una hoja de acero, así que me he librado de la tentación. Ignoro a qué se debe el incremento de soliloquios y monólogos. Quizá mucha gente esté muy sola pese a sus pléyades de primos, cuñados, vecinos y colegas. Quizá sea una prueba más del narcisismo desatado por las redes sociales en nuestra época, del egocentrismo exacerbado que nos afecta a todos en mayor o menor grado, y a nuestros políticos memos en el máximo. Cuidado, porque en verano vemos a más personas y disponemos de más tiempo “libre”, que en seguida nos ocupan los incontinentes sin compasión. Inerme ahora, sólo sé que no veo el momento de recuperar mis paupérrimas facultades y defensas mentales, a ver si así logro que mis oídos y mi cabeza descansen. 

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Re: Amigos de APR

Mensaje por Rogorn » Mié Abr 21, 2021 9:23 am

Sale a la venta la edición de coleccionista de 'El pintor de batallas', de Augusto Ferrer-Dalmau
libertaddigital.com - 21/04/2021

Ediciones y Escultura Histórica y Libertad Digital te presentan un extraordinario libro en edición para coleccionistas: 'El pintor de batallas', de Augusto Ferrer-Dalmau. Se trata de un ejemplar de gran formato que incluye la más completa selección realizada hasta hoy de las obras del genial pintor catalán. El escritor y gran amigo del artista Arturo Pérez-Reverte ha sido el encargado de escribir el prólogo.

Además del ejemplar, los compradores recibirán un estuche porta libros forrado en Geltex color negro y un grabado litográfico de un trompeta de los Dragones de Almansa (25x30 cm). Se trata de una oportunidad única para conseguir la recopilación de las pinturas más impresionantes de Augusto Ferrer-Dalmau, considerado como "el nuevo Velázquez del siglo XXI", por sólo 290€. 250, si se es socio del Club Libertad Digital. Llame ya al 91 316 22 42 y reserve su ejemplar desde 50€ al mes sin intereses. Tamaño 26x33cm. Papel brillo 170 gr. Encuadernación en tapa dura con sobrecubierta. 472 páginas. Más de 500 imágenes.

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Re: Amigos de APR

Mensaje por Rogorn » Mié Abr 21, 2021 9:32 am

Jorge Fernández Díaz: «Deseaba que esta novela estallase en la cara de algunos»
Entrevista de Arturo Pérez-Reverte - zendalibros.com - 21/04/2021

Jorge Fernández Díaz es mi amigo desde hace veinticinco años, pero lo seguiría admirando con idéntica devoción si no lo fuera. El polémico periodista, el eficaz comunicador radiofónico, el académico, el escritor vivo más importante de la Argentina, cuyos libros se mantienen durante semanas y meses en las listas de más vendidos, publica ahora en España La traición, tercera novela de su personaje Remil. Se trata de un acontecimiento literario importante, último trabajo de un novelista imprescindible para comprender su país y a sus compatriotas. Desde el desaparecido y añorado Osvaldo Soriano, nadie ha radiografiado a la Argentina como el autor de Mamá, Fernández y la hasta ahora trilogía del agente secreto Remil. Esta entrevista que hoy publica Zenda es resultado de conversaciones entre dos amigos, retazos de declaraciones suyas a diversos medios y, sobre todo, mi declaración de afecto y el respeto hacia un novelista extraordinario, su claridad de ideas y su voz singular, honrada y valerosa.

—¿Qué es La traición?
—Es el tercer libro de Remil, aunque se puede leer de manera independiente de las dos novelas anteriores. Es una ficción basada en los negocios oscuros del poder. Digamos: una novela política de intriga. En la Argentina, los principales objetivos y actividades del espionaje no consisten en vigilar a países vecinos o a las superpotencias, sino en dar protección a sindicalistas, empresarios, funcionarios y dirigentes. O en su defecto, hundirlos y joderlos con “carpetazos”, denuncias y operaciones sucias.

—¿Por qué esta novela fue más difícil de escribir que las dos anteriores?
—Cuando escribía El puñal y luego La herida lo hacía sobre circuitos cerrados: una trataba de la narcopolítica y la otra de los feudos provinciales en la Argentina. En ambas novelas intenté contar cosas que los periodistas sabemos, intuimos, pero no podemos publicar de ninguna manera. Los periodistas podemos dar a conocer el 20% de lo que sabemos porque el resto es impublicable; sería irresponsable difundirlo sin tener las pruebas. Siempre me pareció que los fenómenos interesantes del lado oscuro de la política eran de algún modo indecibles, y cada vez que encontré en el periodismo una barrera para contarlos, logré saltarla con las nobles herramientas de la ficción. Remil es un agente de inteligencia que con sus peripecias echa luz sobre las oscuras bambalinas del poder. Ahora bien, La traición se mueve específicamente sobre la actualidad periodística y política de mi país. Aquí y ahora. La novela entrelaza los servicios de inteligencia con la nueva Santa Alianza: el pobrismo eclesiástico, el progresismo corrupto y el setentismo reciclado y alucinado que estamos viviendo en la Argentina. Sobre todo, después de una irresponsable glorificación setentista, término con el que se engloba la operación de reivindicar desde el Estado, los medios públicos, los colegios y las facultades los actos de aquella generación trágica y frívolamente revolucionaria de los años 70. Bajo ese influjo, durante el último gobierno no peronista, un grupo de gente se creyó que estaba en una nueva “resistencia” y que había una dictadura militar en el poder. Ese grupo, que vivió una especie de ficción insurreccional, jugó a la destitución del anterior gobierno y luego ganó el poder. Todos los días pasan cosas que confirman las hipótesis de mi novela.

—No hace mucho afirmabas en un artículo que hace más de una década no te hubieras animado a publicar La traición. Pero te conozco hace dos décadas y media, y siempre fuiste todo lo contrario de un cobarde. Me gustaría que aclarases ese punto.
—Hay combates que se deben librar cuando se pueden librar. Antes no estás preparado y después puede ser tarde. En este momento creo tener la edad, o más bien la mirada suficiente para que no me importe librar ciertos combates. A fin de cuentas soy hipertenso, tengo que hacer gimnasia siempre (ríe). Y ciertos riesgos son un modo de mantenerse en forma. En cualquier caso, todo arranca de una frustración. Cuando apenas empezaba la pandemia, había terminado un ensayo de mil páginas sobre el kirchnerismo: un buen tocho, como decís los españoles; pero me llamaron de la editorial y me dijeron: “En esta situación no lo podemos lanzar”. Era una revisión muy crítica, que entre otras cosas cuestionaba la moda del “setentismo” argentino y desmenuzaba sus ideas. Unas semanas después el mismo editor de Planeta, Ignacio Iraola, me dijo: “Es el momento de que regrese nuestro viejo amigo Remil”. Y estuve de acuerdo. Parte del libro es un destilado en forma de ficción de aquel ensayo inédito, el que tenía listo en marzo y que se remontaba incluso a las ideas que yo había profesado en mi juventud, como adherente a la izquierda nacional de un escritor trotskista: Jorge Abelardo Ramos. Escribí esta novela en plena cuarentena, encerrado en mi casa y con ayuda de amigos, que son especialistas y que siempre me socorrieron por teléfono. Fue una aventura fascinante.

—¿Cómo fuiste construyendo la trama de la novela?
—Me propuse establecer, desde la ficción, intrigas entre agentes secretos, mucha acción y sus gotitas de sexo, pero todo en un tiempo reciente. En la trama aparecen algunos hechos argentinos muy reconocibles, como el ataque al Congreso, en 2017, cuando se trató la reforma previsional, se intentó un golpe al Parlamento y se lanzaron catorce toneladas de piedra. La traición es una novela y como tal debe leerse, pero no negaré que los hechos reales me ayudaron mucho a construirla. Aunque, insisto, nunca debe olvidarse que se trata de literatura ficcional, no de ensayo ni de historia. Algo escrito con la libertad narrativa, que es el privilegio de cualquier novelista. Hay, para dar un solo ejemplo de cómo la realidad inspira a la ficción, un personaje de la telebasura que es usado por “los servicios”, a fuerza de escándalos, para sembrar información maliciosa. Pero el núcleo de la novela se desata cuando un emisario del Vaticano contrata, con fondos que aporta un sindicato, al coronel Leandro Cálgaris y a Remil, dos agentes de la Casita, para vigilar a un viejo guerrillero de los años 70 que se ha creído sus propias mentiras y espejismos, ha entrado en una suerte de alucinación prerrevolucionaria y está al borde de cometer una locura…

—¿Cuándo viste que era una historia por contar? ¿Cuál fue ese momento especial que seduce al novelista?
—En el aeropuerto de Orly, a punto de tomar un avión a Sevilla, imaginé la escena completa. Un sacerdote salesiano, amigo y antiguo colaborador del papa Francisco, contacta a dos agentes de Inteligencia y les cuenta su gran angustia y desvelo. En la Argentina reciente todos juegan irresponsablemente a la exaltación de los años 70, a la nueva “resistencia peronista” contra una dictadura imaginaria, y alguien se ha tomado la ficción demasiado en serio y está a punto de desatar una tragedia de grandes proporciones. Ese personaje es un exguerrillero devenido “referente social”, y ha sido varias veces recibido por el Santo Padre en Roma. Un intrigante amigo de Bergoglio teme que ese tipo cometa un atentado y termine manchándole la sotana al Papa. “A veces los grandes hombres deben ser protegidos de sí mismos”, dice refiriéndose al Santo Padre, que es proclive a tener compañías peligrosas, confraternizar con sospechosos y bendecirles rosarios a sujetos de dudosa moral…

—¿Te refieres al papa de tu ficción novelesca o de la vida real?
—A lo mejor no va tanto de uno a otro (ríe). En Europa se desconoce por completo las operaciones que Su Santidad hace diariamente en la política de su país. Pero ahora hablamos de la ficción. De la novela. El amigo de Bergoglio contrata entonces a estos espías, que actuarán “al servicio secreto de Su Santidad”, aunque nunca sabrán si quien ocupa el trono de Pedro está o no al tanto de la movida. Y esta enigmática misión sirve como punto de partida para narrar un mundo lleno de falsos progresistas, entregados a los negociados y a las ideologías autoritarias.

—Realmente fue una buena idea. Es una gran historia, y de lo más creíble.
—Bueno, me pareció una idea límpida y estimulante, y te la conté en la terraza de Las Teresas, el non plus ultra de las tabernas sevillanas. ¿Te acordás?

—Me acuerdo muy bien. Estábamos con Verónica Chiaravalli, tu mujer, bebiendo manzanilla de Sanlúcar y comiendo jamón y papas aliñadas.
—Sí, yo venía de Francia, donde viví dos meses becado por el Mozarteum Argentino con el objeto de buscar locaciones y tomar notas para una novela y un ensayo. Verónica y yo nos hospedábamos en un atelier de la Cité des Arts, frente al Sena; desayunaba cada día con ella en la Île Saint-Louis y llevaba un minucioso diario titulado París nunca se acaba, frase que por supuesto pertenece a Ernest Hemingway. Mientras esa provechosa experiencia transcurría, la Argentina acusaba su enésimo accidente macroeconómico, todo parecía estallar, kirchneristas destituyentes echaban leña al fuego y apostaban a que el presidente constitucional huiría en helicóptero y, a la distancia, el gobierno de coalición parecía correr el riesgo de repetir la tragedia de siempre: no acabar su mandato institucional y consagrar así para toda la eternidad el lugar común de que “solo el peronismo puede gobernar” la Argentina: la perversa y anhelada condena a vivir bajo el régimen de partido único.

—Recuerdo aquella conversación sevillana. Estabas entusiasmado con la novela que ibas a escribir, aunque todavía eran sólo ideas bullendo en tu cabeza.
—Por esos días me habías pedido que disertara, como escritor latinoamericano e hijo de inmigrantes asturianos, en el coloquio sobre España que organizabas en Sevilla, y al que asistían intelectuales y políticos de alto nivel. Así que volamos unos días a ese paraíso de callejuelas y edificios históricos, pasamos tres jornadas tomando apuntes en un patio andaluz y todas las noches cenamos contigo. Y recuerdo que te comenté dos cosas que me llamaban la atención: la poca influencia que ejercía en Europa la figura del papa Bergoglio, y la profunda ignorancia que la opinión pública y los medios de comunicación del Viejo Continente tenían acerca de la intensa actividad política que desarrollaba en el patio de atrás, en su patria.

—“Puerta de Hierro queda en Santa Marta”, dice Cálgaris, el jefe de Remil.
—Sí, aludiendo a las venenosas maniobras que también perpetraba el general Perón desde lejos, en su exilio franquista de Madrid. Y tú comprendiste que me entusiasmara volver a Remil, porque eres un seguidor confeso y entusiasta del personaje, como has dicho muchas veces.

—Lo soy, absolutamente. Y tuve el honor de ser de los primeros lectores del primer manuscrito, antes de que lo enviases a la editorial.
—Es cierto (ríe de nuevo). Habías leído en Buenos Aires el original de El puñal, y para que no cayera en manos enemigas ni fuera plagiado, un día antes de partir a Madrid lo mojaste en la bañera de tu cuarto del hotel Alvear, destrozaste las páginas hasta dejarlas irreconocibles y las hiciste desaparecer, siguiendo los procedimientos de los agentes secretos de la Guerra Fría.

—Te envidié esa novela. Tanto, que Lorenzo Falcó, el espía franquista de mis novelas, es primo hermano de Remil. En realidad le debe mucho, pues parte del personaje me lo inspiró el tuyo.
—Y según me dijiste, acabará sus días en ese mismo hotel porteño, el Alvear, desayunando cada día en una mesa soleada del cercano café La Biela…

—Sin embargo, a diferencia de Falcó, Remil, ex combatiente de Malvinas y brazo armado de un servicio de inteligencia argentino, se mueve en la trastienda de la política actual de tu país, y tú asumes conscientemente que sus andanzas están relacionadas con tu propia experiencia.
—En cierto modo es así. Me valgo de mi oficio de articulista en tiempos de batalla cultural: las novelas de Remil son el reverso de mi tarea como columnista. Al igual que otras veces cuento con ficción lo que no puedo narrar con los instrumentos del periodismo, y aunque todos los personajes y todas las situaciones son inventados, también es cierto que están hechos del material de la realidad pura e incomunicable. En La traición, ese procedimiento es llevado hasta sus últimas consecuencias. Esa vez Remil hace equilibrio directamente sobre el filo peligrosísimo de la actualidad.

—En tu última visita a España te sorprendió que allí hubiese tantos lectores entusiastas de las dos anteriores novelas de Remil.
—Es verdad. Regresamos a Europa al año siguiente para presentar La herida en España, contigo como afectuoso maestro de ceremonias, y tuve la agradable sorpresa de comprobar que había en la comunidad periodística española muchos fans de Remil: “Un espía tan infame como adorado”, tituló El País de Madrid.

—Pero no sólo en España, porque Remil también fue muy bien recibido en Francia.
—Sí, Verónica y yo fuimos a París a presentar Le gardien de la Joconde (El puñal), la primera novela de la serie, que resultó finalista del Gran Premio de Literatura Policial de Francia y del Festival Violeta Negra de Toulouse. Los críticos franceses suelen considerar la novela negra, de larga tradición en su país, un género mayor. Ellos entendieron profundamente, quizá mejor que otros, lo que significaba crear una saga policial con un criminal de Estado, en un país donde el propio Borges sugería que los detectives quijotescos, los comisarios abnegados, lamentablemente carecían de verosimilitud. El gran desafío, al desplegar las andanzas de Remil, siempre consistió en que el lector abominara de sus acciones y aun así se pusiera de su parte. “Remil es un héroe endiabladamente seductor”, sintetizó Karen Lajon, en Le Journal du Dimanche. A diferencia de las peripecias de otros espías de ficción, éstas se inscriben en el rubro “espionaje político”, en un país profundamente endogámico y corrompido como es la Argentina, donde las batallas no suelen darse entre buenos y malos, sino entre malos y peores.

—Me parece que de las tres novelas de Remil, ésta es la que ha tenido un parto más doloroso. Es la más corta, la más seca y sintética, la más equilibrada, y sin embargo esas cosas no salen solas. Hay que trabajarlas.
—Por supuesto. Mientras pasaba el tiempo, algo sin embargo no terminaba de cuajar en aquella ocurrencia que te había sintetizado en Sevilla. La historia sobre la que yo quería imprimir aquella misión vaticana se movía al compás de las terroríficas novedades de la coyuntura, y el Papa, el Bergoglio real, no el de mi novela, actuaba decididamente como el jefe e ideólogo de la oposición en sombras, a favor de unir al peronismo para que éste extirpara por fin el “mal” de la Argentina. Esa nueva santa alianza, que resultó triunfante y gobierna hoy nuestro país, no solo incluía a rancios peronistas que se odiaban entre sí, sino también a gremialistas corruptos, marginales de diverso pelaje, obispos con camiseta partidaria, y sobre todo a progresistas de doble moral y a setentistas que no se habían arrepentido de nada. Tardé, porque soy un poco lerdo, en comprender que La traición debía ampliar entonces la mira y mostrar dramáticamente esa galería de fenómenos y enajenaciones. Que la tercera novela debía ser un friso trepidante donde hubiera conjuras, crímenes, persecuciones, traiciones e hipocresía, con sotanas y libros rojos, y con dirigentes de centroizquierda que se han pasado años siendo adalides de la democracia y la transparencia, hasta que de pronto se pliegan a un proyecto conducido por corruptos y autoritarios.

—Con ex revolucionarios que, según tú, en su momento practicaron la metodología del crimen político y hoy obtienen tratamiento de héroes.
—Exacto. Celebran el Día del Montonero, se niegan a recordar en la Legislatura bonaerense a José Ignacio Rucci (ex líder de la CGT), a quien sus idolatrados “hermanos mayores” asesinaron; los guerrilleros son reivindicados por los organismos de derechos humanos y jamás les han pedido perdón a sus víctimas inocentes. El coronel Cálgaris lo dirá a su modo: “Los discursos públicos no son inocuos, calan en la gente: hace quince años que les hacen homenajes y documentales laudatorios, y que se les enseña a los pibes en las escuelas que la «juventud maravillosa» luchaba por la democracia —la risa le arranca flema y tose en un pañuelo—. La democracia, qué gracioso. Imaginate que los colegios españoles e italianos glorificaran la lucha de ETA o de las Brigadas Rojas, y batieran el parche y los blanquearan, y les dieran la razón. La razón histórica”.

—O sea, que te metiste en un verdadero jardín. En terreno complicado.
—No imaginas cuánto. Confieso que mientras avanzaba con la trama pesaban sobre ella mis frías relecturas de los pensadores marxistas y nacionalistas, y también las apasionantes crónicas revisionistas de los 70, que jóvenes y valientes historiadores vienen realizando a contracorriente: aquella trágica generación ha pretendido transformarse en nuestra gendarmería moral e ideológica, y ha logrado colonizar buena parte del llamado “progresismo” vernáculo, que sin rescatar la lucha armada, que sólo faltaría eso, defiende no obstante sus “ideales”, aun cuando ellos consistían en crear una “dictadura popular” y un consecuente baño de sangre en la Argentina.

—También leíste mucho, me contabas. Lecturas específicas, para ponerte en forma.
—Pues claro. Muchísimas.

—Yo también lo hago. Hay libros que, aunque en apariencia tengan poco que ver con el asunto, crean un estado de ánimo favorable cuando uno está con determinada novela.
—Sí, desde luego. Además de toda esa larga revisión de la historia ideológica de mi país, regresé intensamente a los libros más políticos de Stefan Zweig, porque necesitaba recordar que la estupidez, el malentendido, la codicia y la maldad forman una amalgama imbatible en las trastiendas del poder de todos los tiempos. Cuando llegó el Covid-19 y mi editor me indujo a aprovechar el encierro de la cuarentena más larga del mundo para traer de nuevo a Remil, no pude rechazar la propuesta. La literatura siempre fue un refugio ante las inclemencias de la vida, y yo necesitaba refugiarme. Así que puse manos a la obra. Convertí mi casa en un estudio de radio, en una redacción, en un gimnasio y también en un escritorio donde intentaría darle una vuelta de tuerca a la serie: pretendía una novela más concentrada y compacta, y que a la vez corriera por el mismísimo andarivel de las noticias candentes.

—Y eso te llevó de nuevo a leer a Simenon, entre otros.
—Leí ocho de sus novelas para estudiar el misterio de su brevedad y densidad dramática. Recordamos las historias de Maigret como novelas medianas, y sin embargo se trata de historias relativamente cortas. ¿Cómo consigue eso? Yo quería una novela mediana que tuviera la intensidad de una novela extensa. ¿Lo conseguiría? Paralelamente, debía mantener la tensión, la acción violenta, las conspiraciones, las pesquisas y una serie de sorpresivas vueltas de tuerca que suelen funcionar cuando se las ubica en lugares lejanos o recónditos, pero que esta vez debían aplicarse a un terreno abierto, casi público, con lo que se hacía muy difícil congeniar espectacularidad y emoción con realismo seco. Esa tensión me quitó el sueño muchas veces… Sabes lo que es eso, ¿verdad?

—Absolutamente. Y a veces preferiría no saberlo.
—A las dos de la mañana me tiraba de la cama y modificaba el guion original para hacerlo más creíble, reescribía febrilmente algunas partes, y no menos de cuatro veces salí de mi cuarto y, completamente derrotado, le dije a mi mujer, Verónica, que el argumento fallaba y que la novela entera era un naufragio. Ella, lectora erudita y voraz, y alguna vez cultora entusiasta de los astutos argumentos de Poirot y Marple, se las ingenió para calmarme y para discutir conmigo los puntos irresolubles, y para ofrecerme salidas al laberinto policial en el que yo mismo me había metido. El doctor Daniel López Rosetti, un gran médico argentino, me sacó de otros apuros: recogió con simpatía mis insólitos pedidos, los estudió y me dio ideas médicas sobre balazos y venenos. Yo lo volvía loco: cada vez que veía mi número en el móvil se agarraba la cabeza, porque le pedía historias clínicas, asesoría en toxicología, y le contaba sucesos muy extraños (risas). El historiador Diego Arguindegui corrigió errores técnicos y buscó contradicciones como si se tratara directamente de un libro de historia. Un especialista en Seguridad y Defensa discutió conmigo algunos puntos esenciales y sobre todo su principal hipótesis de conflicto, que se parece a un hecho real sangriento ocurrido en la Argentina durante los años 80, cuando un ex miembro del Ejercito Revolucionario del Pueblo (Enrique Gorriarán Merlo) convence a un grupo de alucinados de que, para evitar un presunto golpe militar, debían tomar un cuartel a tiro limpio. Una vez hecho, el pueblo acudiría a ovacionarlos y ellos dirigirían a las masas hasta la Casa Rosada, la tomarían y harían por fin la revolución. Un delirio que terminó en tragedia, y que forma parte de nuestra increíble historia contemporánea. También consulté a un profesor de la escuela de Inteligencia, que se leyó el original en una noche, y me dijo que hasta para un experto en la materia todo lo que sucedía en La traición era plausible. Casi no pude dormir esa noche esperando su veredicto…

—Como viejo lector tuyo, doy fe de que es plausible. Y es difícil trazar una línea nítida que separe lo real de lo imaginado. La novela atrapa y estremece.
—Que vos lo digas, para mí es un enorme orgullo. Nadie conoce mejor la carpintería interna de esta clase de novelas. La traición está llena de acción y tensión, de mujeres brillantes e inasibles, y aspira al suspenso electrizante, pero no elude, como has visto, la polémica política. Se mete con algunas “vacas sagradas” y como te he dicho antes, yo mismo no me hubiera atrevido a escribirla hace quince o veinte años, cuando todavía no era un escritor político y pesaba sobre mí una serie de supersticiones ideológicas, que tienen colonizada todavía la mente de muchos mis colegas. Mi representante literaria, María Lynch, que vive en Barcelona, la devoró también en dos noches, y me dijo: “Levantará ampollas”. Tal vez sea inevitable y necesario que así ocurra.

—¿Cómo es el vínculo de los lectores con Remil?
—El otro día me escribía una lectora: “Remil tiene todo para que yo lo odie: es un asesino, un corrupto, carece de escrúpulos… y sin embargo lo quiero”. Esta sensación empática es lo que más trabajo en estas novelas. A pesar de todas las salvajadas que haga, vos tomás parte por él. Quisieras ser su amigo y tomarte unas cervezas cada tanto.

—Me gusta mucho su resignada frialdad. Lo peligroso que es y la calma con que se toma las traiciones de otros, e incluso sus propios remordimientos.
—Sí, ya va teniendo unos 58 años. Después de la Guerra de Malvinas, entró a los servicios de inteligencia en 1983, así que imagínate, vivió de todo. Sigue teniendo la lógica de un viejo soldado. De un soldado veterano, para el cual la única patria es su padre putativo, Leandro Cálgaris, su jefe, y acá tiene un conflicto emocional. Porque aparece la Señora 5 (así se denomina en la jerga a la jefa del servicio secreto), que en la novela es a la vez jefa de ambos, y un personaje que ya estaba en La herida (Beatriz Belda). Ella se disputa con Cálgaris la fidelidad de Remil: son una especie de padre y madre, y hay un conflicto mayor porque uno y otro están peleados entre sí. Es una pelea entre dos personas de armas tomar. Una batalla muy peligrosa.

—¿Cómo te imaginas al lector español de esta novela? ¿Cómo la va a recibir?
—Español, francés o argentino, yo siempre fantaseo con que te la puedas leer en una noche, que es lo que más me gusta a mí cuando me atrapa un libro. Ese es el primer asunto, que te lo creas tanto y que te apasiones. Que te lo leas de un saque. Que puedas leerlo como una simple novela de espías, pero que a la vez te sorprenda porque te mete en un mundo real narrado de un modo políticamente incorrecto. No es un producto que está armado para un público gigantesco. Es una novela que no es una novela de espías más, aunque yo intente atraparte como si sólo lo fuera.

—¿Por qué dices que no está armada para un público gigantesco?… En Argentina tus ventas son masivas. Has sido el número uno durante semanas y meses.
—Y soy el primero en asombrarse de eso. Me refiero a que no está armada como una novela popular tradicional, sino que, aparte de la forma narrativa más o menos eficaz, en el fondo es una novela sobre la ideología y el poder. El thriller político no tiene gran tradición en la Argentina, hay algunos ejemplos sueltos, y más bien accidentales. ¿Cómo hacer un thriller político en un país donde ocurre todo lo que ocurre? También la novela responde a esa pregunta. En otras latitudes, las luchas son de países contra países, cosas por el estilo, acá luchamos contra nosotros mismos y todo el tiempo nos derrotamos. Yo no quería hacer un Jack Reacher o un Jason Bourne, que son personajes mainstream del género. Pretendía hacer algo realmente latinoamericano. Y que no se hubiera hecho nunca antes. Es una novela popular de espías, pero es una novela política espinosa al mismo tiempo. Me preguntas por el lector español: tal vez vea en este excesivo laboratorio argentino muchas de los problemas que comienzan a aparecer en España. Quizá los pecados mortales de la Argentina sean, lamentablemente, un espejo que adelanta. Ojalá me equivoque…

—¿Qué te decidió a elegir para el arranque a Sebastián Bonet, y no ir directamente al Vaticano?
—La novela en lugar de empezar donde debería, que es cuando los agentes son contratados por el Vaticano, comienza contando la historia de doble faz y doble vida de un progresista, que fue una figura notable y hasta bienhechora, porque hizo cosas muy positivas, pero que también cometió actos deleznables en el pasado, cosa que ha sabido astutamente ocultar. Supongo que esa historia, que incluye un drama de infidelidades y de delaciones, me agradó mucho porque fue un comienzo distinto de lo que se podría prever. Es la historia de alguien que ayudó muchísimo, que permitió meter en la cárcel a genocidas importantísimos, pero que a la vez presionaba a jueces, que tenía una idea de corromperse y que, revisando su pasado, resulta que tampoco había sido tan heroico. El personaje de Sebastián Bonet sigue siendo un héroe civil, pero un héroe tremendamente imperfecto y oscuro. Comienzo por él porque resume lo que quiero demostrar, y además porque me gusta innovar las estructuras de la novela popular, eludir los clichés.

—Remil tiene algo tuyo también.
—¿Tú crees?

—Nadie pone lo que no tiene. Ni en la literatura ni en la vida.
—Bueno, Remil es un asesino (ríe otra vez), y yo no puedo matar a una mosca.

—Nunca digas esta mosca no mataré.
—Digamos, entonces, que no creo poder matarla (ríe de nuevo). Pero quizá Remil sí tenga esa mirada escéptica, dura en ocasiones, de quien ha visto muchas veces la trastienda: cuando alguien entra y ve la cocina de un restorán, ya no come en el salón con la misma ingenuidad. Y yo vi cómo se “cocinaban” muchas veces los platos de la política y eso te deja una mirada lúcida, pero helada y escéptica. También la vida endurece. Es esa cosa también del viejo soldado del periodismo, del cazador duro que uno pudo ser en otro tiempo. Todo eso se lo he trasladado a Remil.

—Como dice nuestro común amigo Hugo Alconada Mon: “Remil es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”.
—Exacto. Hugo Alconada es uno de los mejores y más premiados periodistas de investigación de América Latina. Y resumió así esta operación literaria que yo hago: mostrar a un tipo malo, pero con la intención de que el lector adopte un poco su punto de vista, porque los otros son igual de malos o peores. En la primera novela le metí la desesperación amorosa; en la segunda, el hecho doloroso de que tu padre te da por perdido, que son dos cosas que viví en carne propia, y en ésta le meto la pelea desalmada entre mamá y papá, algo que también viví en mi casa. Es muy perturbador ponerle esos sentimientos míos a un espía huérfano y temible. Y los lectores han respondido: la serie va ya por los 300.000 ejemplares. ¿Qué más puede pedir un novelista?

—Volvamos al Papa Francisco…
—Es un fantasma en la novela. Lejano. Pero sus acciones políticas y su larga mano se muestran descarnadamente. A Bergoglio, en lugar de jugar al Nintendo o al dominó por las tardes, le encanta jugar a la política doméstica, ser el Perón de Santa Marta y mover las fichas en la Argentina desde hace varios años. Porque él realmente no quería ser Papa. Él quería ser un Juan Domingo Perón. Esa era su gran sueño. Y sigue tratando de serlo…

—¿Cómo funciona en la Argentina esa especie de enajenación izquierdista que describes?
—En mi país no hay una lucha entre izquierdas y derechas, sino entre populistas y republicanos a la manera española. Los populistas son señores feudales con discurso progre. Y han activado un neosetentismo, una especie de juego virtual: “estoy en una revolución”. Aunque es una “revolución en paz”, ¿no? Ya sabemos que felizmente no hay espacio para un golpe militar ni para una insurrección armada, pero ahora las democracias se destruyen desde adentro: entran por el voto, erosionan las instituciones, cancelan los contrapesos y se quedan con todo y para siempre. Esta idea está adornada con los “ideales” setentistas. Esos ideales ya no son acompañados, como antes, por el crimen político. Pero siguen siendo ideales totalitarios, que hacen perfectamente juego con las ansias y la praxis de los señores feudales. Al gobierno anterior, que tenía un buen rumbo pero que cometió muchísimos errores, lo caracterizaron de inmediato como una “dictadura”. Por lo tanto, pasaron a jugar a la nueva “resistencia peronista”, a decir que los corruptos detenidos eran perseguidos arbitrariamente como durante la Revolución Libertadora (golpe que destituyó a Perón en el 55). Todo era un juego del Palermo Pijo, porque no tenían consecuencias. En realidad, no tenían consecuencias para los que jugaban, pero sí para el sistema democrático. Que es lo único que a mí me importa. En fin, toda esta idea era inquietante y me pareció que había una novela ahí. Y veía cómo se manejaba en la calle esta nueva alianza formada por pobristas de la Iglesia, setentistas redivivos y progresistas que durante toda su vida vivieron denunciando la corrupción y de repente se plegaron al autoritarismo y a la venalidad sin despeinarse. Me pareció que todos estos personajes tenían que estar en la novela porque formaban parte del asunto que quería tratar.

—El libro tiene un ritmo endiablado que deja sin aliento y elementos abrumadores de la realidad. Aunque sabes que es ficción, la realidad no puedes quitártela de la cabeza.
—Supongo que la palabra anhelada fue “credibilidad”. Cuando iba escribiendo me decía: “Esto no es creíble”, y lo tiraba, volvía para atrás o pensaba que no iba a funcionar, que nadie lo iba a creer. Es la primera vez que tuve que modificar mucho el plan de la novela mientras se iba escribiendo. A veces rozaba la pesadilla. Hice un guión y lo cambié cuatro o cinco veces, incluso también cambié completamente el destino de tres personajes. Me daba cuenta de que esta novela no podía ser espectacular como una película, tenían que pasar cosas creíbles. Lo verosímil era aquí más exigente que en otras novelas. Fue el libro que más me hizo sufrir.

—Pues valió la pena que sufrieras. Está maravillosamente escrita, es dura, creíble y realista.
—Muy realista, desde luego. Sabes, me indigna que los kirchneristas estén haciendo pedagogía con los chicos y los más jóvenes. Les hablan de los ideales de aquella generación. Y los propios Montoneros decían que iban a matar a un millón de personas: “Y sí, una revolución es así”. En los colegios, en las facultades o en los medios públicos, a los chicos les cuentan una mentira infame: que aquellos jóvenes querían la democracia. No es verdad, querían una dictadura popular o una dictadura del proletariado, dependiendo las distintas fases y las distintas facciones. Aquello de democracia no tenía nada.

—Aparece en la novela, o se desprende de ella, una impugnación muy seria a los sectores del progresismo argentino… ¿Crees que alguien puede decir que es una historia contada desde una mirada argentina de derechas?
—Vos me conocés, Arturo. Soy hijo de dos republicanos españoles que lucharon contra el fascismo, y siento que les sigo haciendo honores cada día. En mi país, el fascismo derivó en un nacionalpopulismo argento y los Montoneros eran (sabrás disculpar el oxímoron argentino) “fascistas de izquierda”. En verdad, no hay nada más de derecha que la derecha feudal, y no puede haber un progresismo que sospecha del progreso, que relativiza la corrupción en masa y que se dedica a hacer clientelismo social con el sello del peronismo. Si quieren ubicarme en un lugar, pueden leer la autodefinición ideológica que hace de sí mismo Chaves Nogales en ese prólogo de A sangre y fuego que tú y yo admiramos tanto. Ahora bien, la mayor parte del mundo de los escritores argentinos nada en la pecera progre, que está desactualizada y llena de clichés, y donde sigue vigente la idea de Aron: el opio de los intelectuales es el autoritarismo. ¡Cómo les encantan los regímenes de partido único y las autocracias! No hay nada más reaccionario.

—Tu novela va a contrapelo de todo eso. Y es necesario mucho temple para mantenerse ahí, bajo el fuego. A fin de cuentas, como dijo no sé quién, el valor es la elegancia bajo presión.
—Yo no me considero una persona de derechas. Me considero heredero de los valores de la vieja clase media argentina, hijo y nieto de inmigrantes. Mis padres eran camareros y me educaron en el esfuerzo y la excelencia, cosas que son consideradas “neoliberales” por el kirchnerismo ilustrado. De joven también yo fui peronista, como sabes. Pero creo que el peronismo se convirtió en lo que combatía: una nueva oligarquía estatal, el statu quo que nos sumió en la decadencia. Y no tengo ningún problema en criticarlo. No me interesan las etiquetas, sí me interesa que haya una voz contracultural, porque todo está uniformado. Hay un relato construido en la cultura, un pensamiento automático sobre cómo se ve la historia y el progresismo no da cuenta en la Argentina de su responsabilidad. También hay progresistas fuera de eso, claro, y peronistas republicanos, aunque parezca una contradicción, porque el peronismo fue creado contra la democracia liberal. De manera que yo no tengo complejos. Quería hacer una novela de espías, pero en la que también te encontraras con algo espinoso. Deseaba que estallase en la cara de algunos.

—Y estalla, desde luego. En la novela, por boca de alguno de los personajes, eres muy duro con ciertos ex revolucionarios que no hicieron autocrítica ni pidieron perdón por los crímenes que también cometieron.
—Los dirigentes guerrilleros de entonces prácticamente nunca han pedido perdón a sus víctimas inocentes. La idea de la izquierda y la derecha en el peronismo como linajes enfrentados sigue estando. Durante todo un tiempo dijeron que habían sido errores de juventud, momentos de la historia y nada más. Pero además, todo esto se entronca con el chavismo, que consiste en tratar de conciliar a Perón con Fidel Castro. Como en los 70. Chávez congeniaba con esa idea, y es por eso que a los kirchneristas les gusta tanto el régimen bolivariano y están tan comprometidos ideológicamente con ese verdadero desastre humanitario, político y económico que es el chavismo.

—Estás realmente molesto con eso.
—La asociación íntima de los Kirchner con el régimen de Caracas más que molestia me da miedo, Arturo. Mucho miedo. Lo que no comprendo es cómo no le da miedo a otros.

—Cada vez se ven más todos esos sentimientos en tus muy leídos artículos de La Nación, en tus popularísimos programas de radio y en tus novelas.
—La inseguridad jurídica más la inseguridad política y social, los ataques a la propiedad privada y a la libertad de expresión, son totalmente contradictorios con la idea de tratar de salir de alguna manera de la recesión, que en la Argentina es infinitamente más dramática que en España. Ese es el problema de un gobierno que se anula a sí mismo, porque fue creado con un solo objetivo: destruir al gobierno anterior, que no vuelva más, tomar el poder y liberar de todas las causas judiciales al estado mayor kirchnerista. Lo que ellos querían era una democracia apócrifa, como la que impera en las provincias de San Luis, Formosa y Santa Cruz. Apropiarse de la Justicia, reformar tarde o temprano la Constitución, reformar el sistema electoral, fragmentar a la oposición para que sean meros sparrings y no verdaderos contrincantes a la hora de una elección, quedarse en el poder para siempre. Que parezca, vista desde lejos, más o menos una democracia, no un régimen militarizado, por supuesto, y en eso están. Ese es el proyecto verdadero.

—Remil hereda algo de esa visión de la política, pero tú aún mantienes un hilo de ilusión con la Argentina.
—Sí, yo no soy un cínico. Yo llegué a tener la enfermedad de no creer en nada. Fue un momento en que me tomó una gran desilusión por la política, y me duró un tiempo y no lo pasé bien; era un salirte de la vida. Hay muchos trucos para sobrevivir a la realidad política: estoy por afuera de todo, o por arriba de las grandes pasiones humanas. Es genial ser anarquista pacífico; «todo está mal y yo no tengo nada que ver con nada», dices. Y a dormir. Otra es entender que hay que dar batallas por lo que uno cree, aunque la pregunta es en qué cree uno después de haber creído y haberse desilusionado.

—Bueno, pelear ya es una forma de creer, ¿no? Uno puede no creer en la victoria de la causa pero sí en la necesidad de la pelea, así que se limita a ser consecuente. Recuerda lo que decía el mosquetero Porthos: “Yo me bato porque me bato”.
—No es un mal argumento (ríe). Pero fíjate: ahora, en los últimos años de estudio, creo en algo: estamos para agitar el debate, no para conducir los relatos ni salvar a la Argentina ni mucho menos. Tengo consciencia plena de que mi novela también es un aporte picante al debate, y de que somos, a lo sumo, agitadores culturales, ideológicos. Para promover la discusión y pensar, analizar con ecuanimidad nuestro presente y nuestra historia.

—¿Crees que aún queda esperanza para la Argentina?
—Hay un cuento muy famoso de Julio Cortázar. Se llama “Casa tomada”. Borges fue el primero en publicarlo. Es un cuento fantástico de tres páginas. Dos hermanos mayores notan que fuerzas extrañas y fantasmales van tomando su casa, cuarto por cuarto, hasta que los desalojan. Los escritores del nacionalismo de izquierda intentaron durante años explicar que Cortázar expresaba allí el horror de la “invasión de las masas peronistas”. Intentaban degradar así a un escritor que, harto de Perón, había huido para siempre a París. En fin, ese cuento para mí contiene una nueva alegoría: el peronismo quiere quedarse con todo y que al final te resignes, te entregues o hagas como los dos hermanos, que recogen sus cosas, salen a la calle y arrojan las llaves a la alcantarilla. Puedo vivir alguna vez en otro país, pero yo nunca voy a salir de la casa tomada. No me van a echar a la calle, no me voy a resignar. No va a ser tan fácil.

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Mensaje por Rogorn » Sab Abr 24, 2021 1:07 pm

Manuel Vicent gana el VI Premio de Periodismo de Opinión Raúl del Pozo
EFE - 20/04/2021

El periodista y escritor Manuel Vicent ha sido galardonado este martes con el VI Premio de Periodismo de Opinión Raúl del Pozo, un galardón destinado a premiar a periodistas y escritores "con peso e influencia" que contribuyen con su trabajo a sustentar la prensa democrática y la opinión libre. Así lo ha indicado a Efe el también periodista y escritor Arturo Pérez-Reverte, que forma parte del jurado que integran también Raúl del Pozo, Antonio Lucas, Karina Sainz Borgo, Manuel Jabois, Edu Galán e Ignacio Camacho y en el que figura asimismo el fallecido David Gistau como presidente de honor como homenaje de sus compañeros. El premio se concede anualmente por estas fechas y está destinado a periodistas de opinión que han destacado en el año anterior por su labor.

Manuel Vicent (Villavieja, Castellón, 1936) es licenciado en Derecho y Filosofía por la Universidad de Valencia. En Madrid cursó estudios de Periodismo en la Escuela Oficial y comenzó a colaborar en revistas como 'Hermano lobo' y 'Triunfo'. Sus primeros artículos de índole política se publicaron en el desaparecido diario 'Madrid'. Más tarde comienza a escribir en 'El País', diario en el que trabaja actualmente. Su labor periodística se ha visto recompensada con el Premio González Ruano (1979) o el Francisco Cerecedo (1994), creado por la Asociación de Periodistas Europeos. Como escritor, es autor de novelas, relatos, biografías y libros de viajes, que han obtenido galardones como el Premio Alfaguara de Novela 1966 y el premio Nadal 1987.

La distinción otorgada este martes a Vicent, que no tiene dotación económica, ha recaído en anteriores ediciones en Carlos Alsina, Pedro García Cuartango, Soledad Gallego-Díaz, Enric González y Esther Palomera.

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Manuel Vicent: "Acepto el premio con honor y lo llevaré como una laureada"
ondacero.es - 22/04/2021

El pasado martes el jurado del Premio de Periodismo de Opinión Raúl del Pozo, uno de los más prestigiosos del gremio, decidió por unanimidad entregar la VI edición de este premio al escritor Manuel Vicent, del que quisieron destacar su “maestría en los distintos géneros periodísticos, desde la columna de opinión a la crónica o la entrevista, siendo uno de los referentes de la mejor escritura en prensa escrita del último medio siglo en España”. Los miembros del tribunal, entre los que están Arturo Pérez-Reverte, Antonio Lucas, Karina Sainz Borgo, Edu Galán, Manuel Jabois, la editora Pilar Reyes y, por supuesto, el propio Raúl del Pozo, se reunieron en el restaurante café Varela de Madrid, café que cuenta con gran prestigio literario, pues allí acudían los hermanos Machado, Unamuno y demás escritores.

En Más de uno hemos juntado al creador de este premio, Raúl del Pozo, y al escritor premiado, Manuel Vicent, quien sucede a la periodista Esther Palomera, que fue la reconocida el año pasado, y se une a la nómina de escritores y periodistas ya premiados como Pedro García Cuartango, Soledad Gallego-Díaz y Enric González. Raúl del Pozo bromea diciendo que lo único malo que tiene el premio "es que lleva mi nombre" y añade que lo mejor de hacer las reuniones en el café Varela es que, aunque no tiene premio, Arturo Pérez-Reverte es quien paga todo. Los dos escritores, y vecinos, muestran su afecto entre risas. En concreto, Raúl del Pozo le reprocha bromeando a Manuel Vicent que se equivocara al decir: "Hemos nacido en un bombardeo y vamos a morir en una pandemia" porque no ha sido así y los dos están ahora vacunados.

Manuel Vicent se muestra muy contento tras recibir el permio; un galardón que acepta "con honor y lo llevaré casi como una laureada". Además, añade el premiado: "quién me iba a decir a mí que aquel amigo del año 60 del café Gijón, con el que he pasado muchas batallas y aventuras nocturnas, me iba a dar un premio como este". Por su parte, Del Pozo comenta que no le habían premiado antes porque pensaba que Vicent no lo aceptaría y, humildemente, le resta importancia al galardón diciendo: "El premio no tiene tanta importancia, es algo que se da de amigos a amigos". Vicent cita a Borges, que decía que "todos caminamos hacia el anonimato, sólo que los mediocre llegan un poco antes", para contar que nunca ha tenido un especial interés en obtener la fama eterna.

En el madrileño café Varela también acudían en los años 60 los poetas más bohemios de la época. Del Pozo cuenta que el dueño del café, permitía que los poetas fuesen allí con sus máquinas de escribir para trabajar sin necesidad de consumir obligatoriamente. Al otorgarse en ese café, el premio Raúl del Pozo "recibe todos los sueños en suspensión, todas las famélicas esperanzas de triunfo y de gloria que están solidificadas en ese aire". Manuel Vicent sostiene que es una suerte que ambos puedan seguir escribiendo a pesar de su edad, y añade que "ser joven no es más que tener una salud aceptable y proyectos".

Sobre el clima político actual, Vicent apela al entendimiento entre las distintas fuerzas políticas y añade que: "los políticos no están para enfrentarse entre ellos". Así mismo, sostiene que la clase política vive muy alejada de lo que sucede en la calle y reprocha que la política se haya convertido en "un espectáculo casi pornográfico porque muchas sesiones del Congreso tendrían que emitirlas a las tres de la madrugada solamente para viciosos". Del Pozo coincide con su amigo y añade que "vale más el espectáculo que la dialéctica" y pone el ejemplo de la líder de Más Madrid, Mónica García, que ha sido conocida por su baile perreando en el programa 'Buenismo Bien' de la Cadena SER.

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Re: Amigos de APR

Mensaje por Rogorn » Sab Abr 24, 2021 1:16 pm

Javier Marías: “Creemos que no mataríamos nunca a nadie, pero ¿es seguro?”
Entrevista de Xavi Ayén - lavanguardia.com (extracto)

-¿Ha realizado mucha investigación?
-¿Quién, yo? ¡No! Nada gordo... A diferencia de mi amigo Arturo Pérez-Reverte, quien dice pasarse un año documentándose antes de escribir una novela, se pone a leer un montón de revistas y libros y a ver películas de esos años. Yo no. Busco el dato que necesito en cada momento. A Arturo le encanta, pero a mí me aburriría enormemente tener que ponerme a estudiar para hacer una novela, ¡para eso me habría hecho historiador! Trato de que las cosas estén cuidadas, claro, y en el funcionamiento del MI6 tengo la suerte de haber conocido gente que estuvo ahí.

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Re: Amigos de APR

Mensaje por Rogorn » Sab Abr 24, 2021 1:20 pm

“El Zurdo” Mendieta, un personaje entrañable, asegura su autor, Élmer Mendoza
elcomentario.ucol.mx - 20/04/2021 (extracto)

Apenas se habían publicado 'Balas de plata' y 'La prueba del ácido', las dos primeras novelas en las que aparece Édgar El Zurdo Mendieta, cuando Élmer Mendoza ya pensaba en hacer a un lado al personaje, pero durante una cena con Xavier Velasco y Arturo Pérez-Reverte, aquella idea se transformó. “Cuando bajaba de las presentaciones, la gente solía decirme que no fuera a acabar con El Zurdo, y eso es muy estimulante, porque quizá soy de los autores que necesitan de esos empujones, como palmadas… soy sensible a eso. No puedo olvidar una cena con Pérez-Reverte y Xavier Velasco: en algún momento les dije que no pensaba hacer otra novela y su reacción fue instantánea: ‘¿No te das cuenta?, acabas de crear un personaje y eso es muy difícil, piénsalo’, me dijo Pérez-Reverte. Y lo pensé bastante”.

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Dom May 09, 2021 9:38 am

El referente europeo del modelismo trabaja en el Casco Antiguo
Lydia Sánchez - La Crónica de Badajoz - 09/05/2021

«No tengo tiempo». Esa puede ser la frase que más veces repita Curro Agudo Mangas en su día a día. Hace ya una década que este pacense de 53 años decidió dejar su empleo como electricista y dedicarse íntegramente al modelismo de todo tipo, bélico y civil: «Yo empecé como todo el mundo, montando avioncitos, tanquecitos, barquitos… porque me gustaba el tema. Alcancé un nivel en el que me empezaron a encargar cosas, y llega un momento en el que tengo tanto trabajo, que lo dejo todo para pasarme a esto profesionalmente», cuenta. Gracias a Internet, hoy puede presumir de dedicarse a lo que más le gusta y de tener una larguísima lista de espera de clientes deseosos de que Curro les haga su maqueta. «Si ahora mismo dejase de coger pedidos, tendría trabajo para tres años», dice. Fue a través de Facebook como se empezó a dar a conocer. A cada foto que sube a su perfil le acompañan varios comentarios, bien de admiración, bien de interés por lo que sus manos hacen.

Entre la cartera de clientes que esta red social le ha brindado se encuentran algunos tan célebres como el escritor Arturo Pérez-Reverte. En 2019 le hizo una sección de un barco del siglo XVIII. «Fue una experiencia muy buena», cuenta en referencia no solo a lo que supuso trabajar para este particular tan especial, sino por la visita a su casa que le conllevó este encargo y que le hizo admirar en persona su amplia biblioteca. Porque Curro no solo crea, sino que también transporta. A veces confía en que las empresas trasladen sus trabajos hasta la casa de sus clientes, pero en otras ocasiones es más complicado y tiene que ser él quien vaya en persona. Es lo que le va a pasar con un museo alemán que está en plena construcción y que «prácticamente lo voy a hacer yo», señala entre risas. Esta entidad fue la que adquirió el diorama de la batalla de Trafalgar que hizo hace 11 años, el más grande que jamás se ha realizado y el que le dio el impulso final que necesitaba. El tamaño de las maquetas que le van a encargar próximamente le obliga a tener que realizarlas por partes, enviarlas por separado y acudir él mismo a Alemania a montarlas.

Algunas alcanzan los 20 metros cuadrados, por lo que a este pacense no le va a quedar otra que cambiar por un tiempo su querido taller ubicado en pleno Casco Antiguo. A pesar de la tremenda cantidad de trabajo con la que cuenta, no se plantea mudarse a un espacio más grande. Prefiere alquilar un local y luego volver a trabajar en su lugar habitual, justo debajo de casa. Tampoco tiene en mente contratar a nadie. Tan solo su cuñado le echa una mano de vez en cuando, aunque no se tira allí las nueve horas diarias que Curro puede llegar a dedicar a la faena, incluyendo a veces fines de semana.

Sus maquetas pueden presumir de viajar por todo el mundo, sobre todo Europa. No es políglota y tampoco se maneja demasiado con el inglés, «pero con el traductor de Google puedes hacer maravillas», cuenta divertido. El idioma no parece ser, por tanto, una barrera, porque muchos clientes incluso repiten.

Augusto Ferrer-Dalmau es uno de ellos. Con él precisamente acaba de colaborar en una iniciativa solidaria. Con el fin de recaudar fondos para el neuroblastoma infantil, la asociación NEN sortea un cuadro del famoso pintor de batallas donde aparece el navío español Glorioso del que Curro ha hecho un diorama. Es de los pocos encargos ajenos al trabajo que puede permitirse. Muchas veces, el problema no está tanto en la cantidad de encargos, que también, sino en la fecha de entrega de los mismos cuando van destinados a museos o exposiciones: «Voy apretado siempre. Es bueno, pero el problema de estas cosas es que con prisas no se pueden hacer porque son muy delicadas, tienes que prestarles mucha atención», dice poco antes de matizar que trabajar en lo que a uno le gusta no está pagado: «Sarna con gusto no pica».

A pesar del tremendo nivel de profundidad al que ha llegado en su campo, nunca se ha planteado subir vídeos ilustrativos a las redes sociales o escribir un libro con los conocimientos que ha adquirido a lo largo de prácticamente toda su vida, porque empezó en esto cuando ni siquiera había alcanzado la mayoría de edad. El motivo está claro: «No tengo tiempo».

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Mensaje por Rogorn » Lun Jun 14, 2021 5:58 pm

El alcohol y la lengua de Edu Galán no mezclan bien
Antonio Contreras - infolibre.es - 13/06/2021

No es fácil definir la profesión de Edu Galán (Oviedo, 1980). Aunque estudió Psicología en la universidad, su actividad profesional ha estado vinculada fundamentalmente al mundo del periodismo, del cine, de la cultura en general y, finalmente, de la pura sátira a través de 'Mongolia', el proyecto que lidera junto a otros colegas. Una de las habilidades más reconocidas de Galán es su capacidad para tener buenos amigos y conseguir interrelacionarlos. Es difícil encontrar a alguien que se mueva en el mundo de los medios y de la cultura que no lo conozca y que no se considere su amigo. Una pena que no cobre por tener amigos. Sería millonario. (...)

-Estás habituado a recorrer España con vuestros espectáculos de Mongolia. ¿Crees que existe algo que caracterice el humor español?
-Yo creo que lo español se basa mucho en el odio al otro, en el putear al otro. Por eso nos gusta hasta putearnos en broma. Solo hay una cosa que le guste más al pueblo español que putearnos entre nosotros, que es putear al extranjero. Eso lo decía Berlanga en 'París-Tombuctú' cuando hay una escena en un prostíbulo lleno de militares. Es el día de Nochebuena cuando llega Michel Piccoli desde París. Entonces, uno de los militares, con todas las prostitutas, dice: "¡Todos de pie, que es el rey!". Entonces, se ponen todos de pie y el imitador del rey dice: "¡La principal misión de los españoles es putear al extranjero!". Me parece una escena absolutamente extraordinaria. Nadie ha entendido mejor al español, incluso en una de sus peores películas, que Berlanga.

-¿Ves ese gusto por el puteo en la vida cotidiana?
-Recuerdo que hay un bar en Albacete que se llama Nuestro bar. Un día fuimos a comer allí y salí a la puerta a fumar un cigarro. En la puerta había unas plantas del restaurante. Me llamó la atención un punto lejano en una rotonda. Y veo que el punto atraviesa por el centro de la rotonda y resulta que es un tipo que se acerca corriendo con una botella de agua de litro y medio llena. Creía que venía hacia mí, pero venía hacia la planta. Cuando llega, vacía la botella de litro y medio en la maceta como si estuviese teniendo un orgasmo, realmente feliz. Entonces yo, que no entiendo nada, le miro y el tío me suelta: "¡Para que se jodan!". Y echa a correr en dirección contraria. Debía ser un cliente descontento que lo que quería era joderles las plantas. Entonces esos son el paisanaje que te encuentras en Albacete y en otros tantos sitios de España.

-Tú te dedicas en gran medida al humor político. ¿Cómo llevas todo esto de la polarización y del enfrentamiento social?
-Creo que las relaciones entre españoles han sido siempre de enfrentamiento. Mi amigo Pepe García Sánchez, el director de cine, dice que lo único que une a los españoles son los bares, que es lo mejor que tenemos en España. Que una ardilla puede cruzar la península sin pisar suelo que no sea bar. La victoria de Ayuso ha demostrado que el principal valor español es el bar. El bar y todo lo que significa. Yo creo que por encima de un país católico, que lo somos también, creo que somos un país barero y un país, eso sí, destinado a pedir otra copa cuando ya llevamos demasiadas.

-¿Cómo te sueles relacionar con el exceso de alcohol?
-Yo tengo desde hace años una cena con muy buenos amigos como Raúl del Pozo, Pérez Reverte, Antonio Lucas y el fallecido Gistau. En una ocasión, teníamos la cena en Lucio y estaba también Manuel Jabois. Habíamos quedado a las nueve y yo antes tenía un acto con Irene Montero y veníamos también de una comida en la que yo ya había bebido algo. En lo de Irene Montero bebí más para aguantarla, porque es una persona absolutamente insoportable, a pesar de que ese día estuvo divertida, por lo menos. Yo me tomé, en mi línea de antaño, tres o cuatro whiskies sin ningún tipo de problema. Entonces llegué como un piojo a la cena y era una cena en la que estábamos, pues lo típico, puteándonos.

-¿Y te viniste arriba?
-Se me ocurrió decirle a Raúl del Pozo que estaba viejo: "Venga, no te preocupes que siempre tendrás un geriátrico para ti". A mí también me estaban diciendo de todo, aunque lo niegan cuando lo recordamos. Él lo aguantaba estoicamente hasta que le dije: "Bueno, ¿y qué más te da? Si tú escribes barroco". No hay cosa que más le toque los huevos a un columnista que califiquen su escritura. Yo me fui de allí. Raúl, que es una de las más bellas personas que conozco, reacciona tarde cuando lo insultan. Parece ser que Raúl a la mañana siguiente se despertó y pensó: "Pues me voy a cagar en la puta madre de este Galán. Me cago en su puta madre". Entonces llamó a Antonio Lucas y dijo: "Me cago en la puta madre de Edu Galán. Que a mí puede llamarme viejo, pero mi escritura no me la critica ni Dios".

-¿Y qué hizo Lucas?
-A los dos días me llama Antonio Lucas. Me lo explica y yo: "Me cago en... La he liado parda". Justamente, teníamos esa noche el estreno de una obra basada en una novela de Reverte. Yo estaba hablando con la mujer de Arturo y veo que aparece Del Pozo, que en ese tiempo igual tenía ya ochenta años, pero aparece como un chaval con mano al bolsillo, que yo siempre, por costumbres de la noche, pienso que tiene llaves para darte una hostia. Entonces dije: "Me cago en la puta". Se acerca y, sin mediar palabra, con la mujer de Arturo delante, que no sabía nada, dice: "Me voy a cagar en tu puta madre. A mí, mi escritura no me la toca ni Dios. Por menos de esto, en el Madrid de mi época, te daban tres navajazos".

-¿Cómo se reacciona en una situación así?
-Yo me quedé ahí pidiendo disculpas. Pero la mejor fue la mujer de Arturo, que me cogió las gafas, me las quitó y le dijo a Raúl: "Dale, que quiero verlo". Y entonces, ahí se paró. Es una historia en la que el borracho, una vez más, era yo. Del Pozo y yo somos muy, muy, muy, muy amigos. Aprovecho para recomendar la autobiografía no autorizada que ha hecho, con Jesús Úbeda y Julio Valdeón. Es divertidísima. Del Pozo es casi un personaje secundario. Se titula 'No le des más whisky a la perrita' porque, en una ocasión, Jesús Úbeda le estaba entrevistando y Del Pozo tiene una perrita. Y entonces la perrita debía estar en celo y se le acercaba a Úbeda. Y entonces, Del Pozo, en otro de sus momentos, porque es un genio total, le dijo: "No le des más whisky a la perrita que vais a acabar follando". Entonces dice Úbeda: "Pues me parece un titulazo. No le des más whisky a la perrita. Vida, obra y milagros de Raúl del Pozo".

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Mensaje por Rogorn » Dom Jul 11, 2021 11:12 am

Arturo Pérez-Reverte: "Pueblo fue la mejor escuela de periodismo de España”
Julio Merino - elcorreodeespana.com - 11/07/2021

"En aquella prodigiosa redacción de 'Pueblo' estaba lo peor de cada casa, éramos unos golfos y unos bohemios, allí he conocido a los mejores, nada que ver con las redacciones actuales. Aquello era un garito, pero con una pasión por buscar la noticia que se mataba". Pues estas palabras de mi amigo Raúl del Pozo, vertidas en el libro que Jesús F Úbeda y Julio Valdeón han escrito sobre él y que yo recojo de las páginas de 'La Razón', han abierto de par en par mi "baúl de los recuerdos". Porque da la casualidad que yo estaba allí y durante esos años, los más triunfales de aquel gran periódico que dirigía Emilio Romero, yo fui subdirector. O sea el "baranda" que tenía que lidiar con aquella pléyade de genios y figuras insustituibles, únicas.

Hoy, por ello, me van a permitir que les cuente algunas anécdotas que definen muy bien lo que fue aquel "garito" del que habla Raúl. Son cuatro anécdotas con nombres y apellidos, que no he olvidado, ni podré olvidar mientras viva. La primera va unida al nombre de "Yale" (Felipe Navarro), el periodista cordobés, increíble reportero, único, como lo demuestra lo que hoy quiero recordar para completar lo que dice Raúl de que en aquel 'Pueblo' se mataba por una noticia. Un día se presentó en la Redacción, y por tanto en mi despacho, con un reportaje asombroso: una familia, padre, madre, y cuatro hijos que vivían en un árbol, en el que se habían fabricado su propia vivienda con cuatro tablas y cuatro pieles de cabra. Increíble, pero cierto. Naturalmente aquella foto fue la portada de aquel día... y les juro que hoy me gustaría reproducir el texto que escribió (y además, el cabrón era el único que me ganaba al ajedrez en aquella redacción de grandes jugadores). La segunda me saca del baúl a otro golfo, Felipe Mellizo, aquel corresponsal de 'Pueblo' en Londres que escribía sus crónicas, las mejores que se publicaban en aquellas fechas en la prensa de Madrid, desde Villalba, el pueblo de la sierra de Madrid donde tenía una pequeña casa... y el "affaire" se descubrió porque un día un ciudadano de la localidad se presentó en mi despacho asombrado y me hizo partícipe de su asombro, ya que suscriptor y lector de 'Pueblo' se extrañaba que Don Felipe escribiese crónicas tan bonitas y reales de Londres estando en Villalba. ¡Dios y lo más gracioso es que yo mismo le felicité más de una vez y hasta don Emilio por la "realidad" de la capital inglesa que reflejaba desde lejos! Y no sigo, porque de Felipe Mellizo podría contar algunas más.

La tercera corresponde a otro famoso, el asturiano José Luis Balbín, aquel que se hizo después de su paso por 'Pueblo' superfamoso con 'La clave' en Televisión Española. Estaba de corresponsal en Bonn (todavía la capital de la Alemania Federal) y, ciertamente, sus crónicas encantaban en España y muy en especial al gran jefe don Emilio. Pero un día estalló un escándalo en el Gobierno, en plenas elecciones (las ganaría Willy Brandt) y de pronto, dejaron de llegar sus crónicas, y don Emilio dio órdenes de que se le buscara por las buenas o por las malas por tierra, mar y aire... lo que resultó más difícil que localizar al soldado Ryan, ya que, así era José Luis, se había olvidado hasta de las elecciones y se había ido a Budapest, que todavía estaba tras el telón de acero y naturalmente no había modo de localizarlo. Ojo, que aquel gran Balbín no se había ido de turista, sino, siendo como era un verdadero especialista en la política y situación de los estados satélites de Moscú, a estudiar una posible rebelión contra Moscú... y a pesar del cabreo del jefe se lo reconquistó, y nos reconquistó a todos, con el genial informe que hizo a su vuelta de la Alemania de Brandt.

Y la cuarta, quizá la más llamativa y graciosa, fue la que vivimos con Raúl del Pozo, (aprovecho para decir que yo tuve en 'Pueblo' tres debilidades: José María García, Raúl del Pozo y Carmen Rigalt), cuando lo enviamos de corresponsal a Moscú (y en este caso digo, "enviamos", porque recuerdo que una noche don Emilio me adelantó que quería enviar a Rusia a un corresponsal y que estaba dudando a quién podía designar, teniendo en cuenta que tenía que prestarle más atención a describir la Rusia de ese momento que al sistema político y al Gobierno... y los dos sin dudarlo soltamos el nombre de Raúl del Pozo), quizá también porque por aquellas fechas Raúl era el más comunista de la Redacción (bueno, de puertas afuera) y allá que se fue lleno de ilusión, eso es verdad, el bohemio a Moscú. Y en Moscú pasó algunos meses, pocos, pues al poco de llegar ya estaba mandándome recados angustiosos por el telex: "Merino, sácame de aquí, no aguanto más". Y mis respuestas, por indicación del propio don Emilio, eran simples: "Enhorabuena, cabrón, el jefe dice que eres el mejor ¡y que sigas ahí!"... Y es que al margen de sus ideas, de sus genialidades, de la belleza de sus escritos, Raúl del Pozo, mi amigo, mi admirado, era tan comunista como Picasso y le ha gustado siempre vivir bien.

Y me quedan para otro día otras figuras que pasaron por aquel 'Pueblo' de genios, el hoy gran escritor y gran periodista y Académico de la Lengua, Arturo Pérez Reverte, Julio Camarero y Vicente Talón. No se me olvidará nunca el día que don Emilio me "entregó" a Arturo con estas palabras: "Merino, este joven que nos viene de Cartagena, de la mano de nuestra amiga Luisa María, quiere ser periodista. En tus manos lo dejo". Hoy aquel Arturito que enseguida conquistó a las fieras que había en la Redacción dice cuando le preguntan por sus inicios periodísticos: "'Pueblo' fue la mejor escuela de periodismo de España".

Hace años yo los describí así en mi obra 'Mi vida en versos: Testamento espiritual':

En 1969 llegó el hombre
a la Luna
y yo desembarqué en 'Pueblo'.
En aquel 'Pueblo'
de Emilio Romero
donde aprendí,
rodeado de divos y genios,
que por conseguir una noticia
es legítimo arriesgarse
hasta ¡morir!.

Allí estaban, por entonces,
Raúl del Pozo, “el rebelde”,
Yale, “el pícaro”,
Tico Medina, “el periodista global”,
José María García, “el exclusivo”,
Vicente Talón, “la guerra”,
Julio Camarero, “el profesor”,
Marlasca, “el rata”,
Carmen Rigalt, “la pluma”,
Julia Navarro, “la colibrí”,
Miguel Ors, “la razón”,
Antonio D. Olano, “el todoterreno”,
Navas, “el pesao”,
Antonio Aradillas, “el páter”,
Pla, “el monigotes”
y más, muchos más, cuyos nombres
debieran estar hasta en el 'Quijote'.

Pero, por encima de todos
estaba Don Emilio,
el gran patrón,
con sus “gallos” y sus “espolones”
¡el patrón del barco!

Pero, por si fuera poco allí estaban también mis mujeres. Creo que hoy o ayer, o mañana, se celebra el "Día Internacional de la Mujer Escritora" y eso, en lugar de sacar de mi baúl a mis mujeres escritoras preferidas (las primeras Pearl S. Buck, Teresa de Jesús, Virginia Woolf, Rosalía de Castro, Agatha Christie, Jane Austen, Carmen Llorca), ha hecho que salgan las mujeres, periodistas o no, que había, que conocí, que traté, que admiré, que envidié, en mi 'Pueblo' (es decir, en el 'Pueblo' de Emilio Romero, en el que primero fui redactor jefe y luego, pronto, subdirector) entre los años 1969 y 1978 y que fueron estas, sin orden: Cristina (la poderosa secretaria de don Emilio), Dalia (la que nos pagaba cada mes in situ, es decir que pasaba por la Redacción con el sobre de cada quisque), Pilar Narvión (la eterna corresponsal en París, sin duda la mejor), Rosana (para los lectores "Soraya", nuestra experta en Moda), Carmen Rigalt, Julita Navarro, Rosario Villacastín y a veces Rosa Montero (las cuatro acabarían imponiéndose y triunfando), Juana Biarnés (la mejor fotógrafa de España), Cristina Peña (la increíble abogada que nos conquistó a todos por su inteligencia y su belleza), Mariví Romero (la hija del Jefe y triunfadora crítica de toros), Elvira Daudet (más escritora que periodista), Julia Ampuero (siempre triste y guapa), Rosa de Federico, Conchita Guerrero, Luisa María y su hermana (las guapas de Administración) y la Queca (que llegó a triunfar como fotógrafa con el PSOE)... y Luisa María Payán, la gran actriz y rapsoda, compañera inseparable de Rosana, y amiga de todos, que tenía 'Pueblo' como su segunda casa.

Pero no acaban aquí mis mujeres de 'Pueblo', porque luego saltan también de mi baúl las que conocí, y de algunas me hice buen amigo, en la "whiskería" que Don Emilio se construyó en los bajos del periódico como lugar de encuentro de famosos y famosas... ¡Dios, qué tertulias ya de madrugada!, por donde pasaban todos los actores y actrices al finalizar las funciones de la noche. Pues, allí pude conocer a Concha Velasco, Emma Penella (fija noche tras noche), Carmen Sevilla, Sara Montiel, las Cabas (Julia e Irene), Lina Morgan, Concha Piquer (Conchita), Sara Lezana (de la que tendré que hablar otro día) y cómo no, Lola Flores (con la que tuve años después la oportunidad de trabajar en un programa, yo como guionista y ella como entrevistadora estrella, en Radio Intercontinental).

Y por hoy nada más. Al oxígeno. De todos, de los que están todavía y de los que ya se fueron (muchos, desgraciadamente) guardaré mientras viva mis mejores recuerdos.

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Mensaje por Rogorn » Lun Jul 26, 2021 1:19 pm

Ferrer-Dalmau, la noble tarea de enseñar la historia con pinceles
María Fidalgo Casares - mundiario.com - 26/07/2021

Augusto Ferrer-Dalmau (Barcelona, 1964) se ha consolidado como una de las referencias mundiales de la pintura histórico-militar. Y en España se ha erigido como el artista más importante en este género. En tres lustros de carrera ha creado lienzos de tal importancia y difusión que se han convertido en las iconografías clásicas de distintos episodios históricos. Esta última década ha tenido que rechazar algún encargo con gran pesar, porque de haberlos aceptado “le hubiera hecho falta vivir 30 vidas para poder pintarlos”. Y es que lamentablemente, su labor tan apreciada en el mundo de la difusión histórica ha sido un proyecto solitario e independiente con visos de terminar cuando él falte. Su gran logro fue el conseguir revitalizar una tradición pictórica olvidada, y partiendo del academicismo ofrecer una mirada moderna sobre la Historia de España. Este hecho le dio la categoría de ser creador de una corriente artística, pero el gran problema es que no tenía perspectivas de continuidad.

En esta tesitura, desde distintos ámbitos surgió la idea de crear la Fundación Arte e Historia Ferrer-Dalmau, un proyecto que nace con una eminente vocación cultural y cuyo fin principal será promover la divulgación y puesta en valor de los recursos históricos, artísticos y culturales de todos los territorios de España. Y nadie mejor para hablar de ello que el propio pintor. 'Mundiario' ha seguido desde hace una década su trayectoria paso a paso. Por ello, el autor ha querido darle una extensa entrevista en la que desgrana los pormenores de la Fundación.

—Felicidades, maestro. Ha sido un placer y un honor haber seguido su carrera en primera fila.
—Gracias a vosotros por haber informado con tanto rigor sobre lo que ha sido mi trayectoria en estos años.

—Por fin parece que habrá continuidad en su labor.
—Sí, ya está erigida la Fundación Arte e Historia Ferrer-Dalmau y estamos terminando de desarrollar el máster de Pintura Histórica con la Universidad Nebrija con la intención de crear una escuela, una escuela de artistas dedicados específicamente a esta temática para que puedan participar en futuros proyectos. Para ello pasarán por un aprendizaje o adaptación que se hará a través del Máster. Tenemos ya en marcha la primera edición para el curso 2022-2023.

—¿Dónde se ubicará esta escuela?
—En Madrid. Está previsto comenzar las clases a primeros de año. Nos encontramos en pleno proceso de definición de las asignaturas, selección del profesorado y el espacio donde impartir las clases.

—¿Os habéis inspirado en algún proyecto similar?
—En España no existe nada parecido. El espejo de Rusia, en concreto el taller Grekov en Moscú, ha sido fundamental en este proyecto. Allí nació la inspiración. Hace tres años visité con Pérez-Reverte el legendario taller, toda una “catedral de la pintura histórica" y fue él quien me animó a que intentara hacer algo parecido en España. Ha sido el modelo para que visualicemos y conozcamos el método de trabajo y el tipo de maestros con los que trabajan y que en cierta manera nos gustaría emular. Una de las actividades que plantearemos será la visita de alumnos españoles a Moscú e incluso que los artistas rusos puedan visitarnos y dar conferencias en España.

—¿Se exigirá la Licenciatura en Bellas Artes para acceder?
—En absoluto. De hecho, yo soy el menos indicado para pedirlo, por mi formación autodidacta (sonríe)… Es un máster para artistas que tengan un cierto nivel o facilidad con la pintura. Incluso no habrá edad determinada. Por supuesto que los licenciados tendrán parte del camino hecho. Todos los alumnos tendrán que terminar el año dominando todas las modalidades, lo que supondrá muchas horas de pintura y dibujo. No será nada fácil, se exigirá una dedicación absoluta. También iremos exponiendo los trabajos de los artistas para que el público pueda ver su evolución.

—Sabemos que en su proceso creativo la investigación es una de sus premisas básicas. ¿Cómo solventará este problema con el alumnado?
—La asociación de Escritores para la Historia que preside Antonio Henares forma parte del patronato de la Fundación. Contamos con ellos para que den conferencias a los alumnos, porque el proceso de investigación para una novela histórica, en cierto modo, es el mismo que puede tener un cuadro. Su experiencia será de gran ayuda a los alumnos.

—Un curso de posgrado hoy en día no está al alcance de cualquiera.
—Sinceramente, no conozco el coste del Máster, ni del profesorado ni el material, ni las instalaciones. Esto lo gestiona la Universidad de Nebrija, pero sé que habrá becas patrocinadas para ayudar a los alumnos y costear el año de aprendizaje. Estamos en conversaciones con empresas y entidades que quieran apadrinar a alumnos. En otoño saldrán todos los requisitos y detalles del máster para que se puedan apuntar y pasar la selección. Este año el grupo no creo que exceda de 15 alumnos. Está por concretar, pero queremos que los alumnos tengan todas las atenciones.

—¿Qué diferenciará este Máster de otro tipo de enseñanzas pictóricas?
—Al margen de la especificidad en el conocimiento de la pintura histórica, quiero que los alumnos puedan hacer dibujos y apuntes al natural para que luego los puedan desarrollar en el taller, y para ello irán a eventos de índole militar y social. Incluso los más avanzados podrán participar en proyectos de gran envergadura en equipo, es decir, donde cada uno tenga asignado una tarea en el lienzo, un cuadro coral como si se tratara de una orquesta o los talleres de los pintores del barroco cuando afrontaban grandes encargos de los conventos españoles e hispanoamericanos. Al final del curso se expondrán y publicarán los trabajos de los alumnos; los más avanzados podrán seguir en la Fundación pintando historia en un taller específico para ello.

—¿Puede avanzarnos algo al respecto de las enseñanzas que se impartirán?
—Habrá muchas asignaturas importantes, como el estudio y pintura del caballo, paisaje, figuración, escenografía, bagaje e impedimenta, etc. Aparte del Máster, la Fundación también tiene previsto proyectar breves cursos de pintura y dibujo para noveles. Queremos fomentar el arte a todos los niveles y a lo largo del año irán saliendo diversos cursos de distintas temáticas donde se podrá apuntar el que quiera.

—¿Y el profesorado?
—Vamos a contar con profesores y especialistas muy cualificados. Yo supervisaré el máster y daré una asignatura que me apetece mucho, aunque no sé ni qué nombre le pondré... “cómo plantear un cuadro partiendo de cero” (vuelve a sonreír). Por ejemplo, tendremos el inmenso lujo de contar con Arturo Pérez-Reverte que impartirá la asignatura Naval. Su conocimiento sobre la navegación y la pintura naval es crucial a la hora de plantear un cuadro de esta temática. De hecho, ha sido fundamental en mis cuadros navales y ha sido “el autor intelectual” de muchos de ellos. Además he tenido la suerte de rodearme a lo largo de mi carrera con “los mejores de los mejores” a la hora de asesorarme, y pondré a disposición de los alumnos a estos especialistas, como David Nievas, que dará la asignatura de Investigación y Documentacion. También estarán prestigiosos artistas como Ricardo Sanz o Salvador Amaya. Algo singular es que contaremos con la colaboración de pesos pesados del arte, la historia y la comunicación, que tal vez por sus obligaciones profesionales no puedan vincularse de forma permanente a los cursos pero sí darán intermitentemente clases magistrales. La verdad, es un proyecto en el que todos los que participamos de una u otra manera estamos muy ilusionados.

—En un principio parece que la pintura de Historia es algo “masculina”.
—Tienes razón, y por ello me gustaría que en el alumnado la presencia femenina fuera muy relevante. Me gusta su disciplina de trabajo y la sensibilidad que trasmiten en la pintura. He conocido a pintoras con mucho talento que no han desarrollado su carrera artística por circunstancias sociales o familiares. Esto lo podré solventar en el taller. De hecho, animaré a alumnas de cierta edad que siempre han pintado, pero que han sentido cierto bloqueo social, a que se integren en el proyecto. Estoy seguro de que habrá grandes sorpresas. Por otro lado, la presencia femenina entre los docentes está garantizada. La directora del Master será Laura Soto, licenciada en Bellas Artes, y Humanidades y Antropología a cargo de Pablo Álvarez de Toledo, Director de Arte de la universidad Nebrija; también contaremos con María José Solano, licenciada en Bellas Artes o la académica María Fidalgo Casares, vuestra crítica de arte de 'Mundiario', entre otras.

—Pero la Fundación no sólo se centrará en la Escuela de pintura, ¿no?
—La Fundación, al ser sin ánimo de lucro, nos permite dedicar todos los recursos y aportaciones para fomentar el arte y la historia, esa es la finalidad. Para ello estamos dedicando mucho esfuerzo en conseguir patrocinios de empresas y entidades. De momento, estamos teniendo suerte y hay personalidades y empresas de solvencia que han manifestado su voluntad de apoyarnos. Entre los patronos contamos con la Universidad Nebrija, que creará este Máster de Pintura Histórica. También dentro del contexto de formación contará con el instituto Oviedo de México, un puente importante con Hispanoamérica, que no olvidemos es parte inherente de nuestra historia y España de la suya. Y es que la Fundación, aparte de la enseñanza, es un proyecto de largo y amplio alcance. Queremos participar en toda clase de actividades artísticas y culturales relacionadas con la historia, exposiciones, conferencias, documentales, etc. Junto a ello, queremos editar libros didácticos al alcance de todos y colaborar con organizaciones afines.

—Seguro que a sus seguidores no les hará mucha gracia que se aparte de la pintura…

—Seguiré pintando, pero sé que este proyecto me quitará una parte de tiempo, aunque si con ello conseguimos que más artistas puedan dedicarse a esta noble tarea de enseñar la historia con los pinceles, creo sin dudas que habrá valido la pena.

—Para finalizar... para Ferrer-Dalmau, “el pintor de batallas”, ¿cuál sería el fin ideal del proyecto?
—Hay muchas historias de victorias y derrotas, pero no solo batallas, también acontecimientos históricos en nuestro devenir como nación que merecerían pintarse como recuerdo u homenaje. A mí no me dará tiempo de pintarlas, los años pasan muy deprisa y tengo fecha de caducidad, de ahí mi “obsesión” con este taller de artistas, para que continúen ellos. Intentaré trasmitirles todo lo que he aprendido estos años, para que puedan partir con esa base y seguir evolucionando. Mi legado soñado sería que España fuera un referente en el arte histórico.

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