Enemigos de APR

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Lun Oct 12, 2020 7:20 pm

El patetismo de algunos triunfadores: Pérez-Reverte y Gómez-Jurado
Adrián Massanet Chacón - ensayosmassanet.wordpress - 12/10/2020

Todos hemos conocido al típico ganador, al típico triunfador, que en el fondo nos da algo de pena. No me digan que no. Ya sabe el lector el tipo de ganador al que me refiero: ese en el que notamos que debajo de toneladas de supuesta confianza en sí mismo, detrás de ciento y una capas de cinismo, de dureza, de “todo me importa una mierda”, muy al fondo de todo eso, existe un pobre hombre (o pobre mujer… aunque ahora que lo pienso suelen ser pobres hombres…) que en realidad nos da más pena que envidia, nos enternece más de lo que nos irrita. Porque no es más que un niño, o un anciano, suplicando atención, adicto a las ovaciones, que precisamente no acepta críticas negativas ni preguntas de nadie porque si las aceptara colapsaría, él mismo se daría cuenta de la farsa que representa, de que no es más que un fraude, y su mente se rompería. Tal cual…

En una de las escenas más hermosas de la magnífica ‘El buscavidas’ (‘The Hustler’, 1961, Rossen), ella, Piper Laurie, le recrimina a él, Paul Newman, su forma de pensar. Según explica el personaje de Newman (el gran jugador de billar Eddie Felson), él se siente un perdedor y lo que quiere ser es un ganador, y eso significa tener mucho dinero, principalmente, y que nadie discuta su primacía, especialmente en el billar. Pero Laurie (dando vida a la, al mismo tiempo, frágil y dura Laurie) le insiste en que a muchos les gustaría sentir lo que él siente jugando al billar, que eso le convierte en ganador, que de hecho ya lo es. En realidad al personaje de Newman se pasan toda la película diciéndole unas cuantas verdades (algunas curativas, como esta de Laurie, otras muy dolorosas pero también certeras, como las que le espeta George C. Scott/Bert Gordon), hasta que por fin reacciona, aunque ya es demasiado tarde.

No es demasiado tarde, pese a todo, para muchos. No hace falta una Laurie para darnos cuenta de ciertas cosas. Basta un poco de sentido común para identificar a esos falsos triunfadores y para darnos cuenta de que en muchos casos nosotros somos los ganadores y ellos los perdedores. En realidad, es más fácil que nunca, en este mundo globalizado, hipercomunicado y pendiente a todas horas de las redes sociales. Porque en realidad todo esto de lo que estoy hablando no es ni siquiera un 2+2, sino uno 1+1: la lógica de lo sectario y de los que se protegen a sí mismos. Porque ayer, para mi sorpresa, el crítico literario de 'El País', Jordi Gracia, dijo de la última novela de Pérez-Reverte, ‘Línea de fuego’, lo siguiente: “ni es la gran novela sobre la guerra civil española que el autor quiso escribir ni es una novela sobre la batalla del Ebro”… y además le ha dedicado frases tales como “magnesia didáctica que lastra, a veces hasta el bochorno, su credibilidad y la de muchos de sus personajes”, “Pérez-Reverte ha acudido a recursos demasiado toscos para que cada cual responda al tipo que necesita su autor”, “En tantísimos de esos episodios y diálogos la novela desfallece, flaquea y pierde fuelle”.

Yo no sé cuánto tiempo falta hasta que despidan a este pobre muchacho de la nómina de 'El País' (pese a que su grupo ya no posee Alfaguara), pero he de decir que ayer Jordi Gracia me alegró el día, porque no contaba yo con leer una crítica negativa a un lanzamiento tan esperado, después de haber constatado que la crítica literaria en este país (como la cinematográfica) se ha borrado. Lo que sí sé y me esperaba han sido las reacciones al respecto, desde una buena ristra de comentarios (¿por qué no cierran los comentarios de una vez en 'El País' si quieren ser otra vez un periódico serio?) poniendo a parir al pobre crítico por hacer su trabajo, con expresiones tales como “no tienes ni puta idea”, “rojo”, etc… Y también me esperaba lo que por desgracia ha sucedido: la reprobación por Twitter de Juan Gómez-Jurado a ese mismo crítico, dejando muy clara su falta de clase.

Sí, estamos en un país en que un novelista se permite el lujo de cuestionar públicamente a un crítico para defender a otro novelista amigo suyo. Algunos verán en esto algo normal, lógico o hasta defendible. No lo es. Lo que debería hacer 'El País' es publicar un editorial para defender a su crítico y para lamentar la falta de respeto de la industria editorial hacia la crítica seria. Como no sé si lo va a hacer (y no creo que lo haga) ya me pongo yo con estas líneas que cada vez leen más personas al día. Porque según ese fraude editorial y literario que es Juan Gómez-Jurado “lo que al crítico de El País le jode es que la novela no sea un panfleto, tal y como deja muy claro el último párrafo. “La lucha del bien contra el mal”. A lo mejor los lectores ya son demasiado inteligentes como para creer según qué cuentos.” No miento ni cambio una coma.

Me gusta eso de que los lectores ya son demasiado inteligentes (debió escribir “son ya”). Ya volveré a eso luego. El caso es que Juan Gómez-Jurado, además de pésimo novelista es también crítico literario (según él, con matrícula de honor), y ha escrito una página en 'El Correo' titulada nada menos que “Reverte Eterno”, glosando las virtudes de lo que él considera una obra maestra, una catedral literaria, y cosas por el estilo. Ni una sola mención al cómo, sólo al qué (tal como me señalaba Javi Gallego), no solamente porque eso está lejos de las capacidades de este chaval, sino porque ahí está el quiz de la cuestión, como se suele decir. No da un sólo argumento en una “crítica” muy mal estructurada, por cierto.

En realidad son tres párrafos muy mal escritos que parecen algo importante así organizados. Sí, voy a criticar la crítica de un escritor que cuestiona a los críticos y luego escribe estupideces para los amigos. El primer párrafo sobre todo necesita de una revisión urgente, que habría hecho un verdadero periodista o crítico para no quedar como un inútil (como tantos otros que he conocido yo en blogs de cine). Porque en un mismo párrafo no se pueden meter tantas ideas juntas y tan mal armadas. Un párrafo es una cápsula, un conjunto cerrado en sí mismo, no una lata de sardinas. Y, por lo demás, esto no es una crítica, sino un comentario desaforado a un amigo venerado, y una protección de un status quo que por nada del mundo debe ser puesto en duda.

Lo más gracioso de todo es que Pérez-Reverte se lo ha agradecido, y le ha dicho que está en deuda con él. Por una “crítica” (o lo que sea) positiva a su libro. Es decir, para que nos entendamos todos: el escritor más vendido de este país le ha agradecido públicamente a otro escritor famoso que escribiera algo positivo sobre su trabajo, después de que el crítico de 'El País Babelia' dejara claro lo que muchos pensamos hace ya mucho tiempo. Después, ha añadido que “a Pozuelo Yvancos sí le ha gustado”. Claro, Pozuelo Yvancos lleva dos décadas diciendo que Pérez-Reverte es poco menos que Cervantes resucitado sin que se le caiga la cara de vergüenza.

Si esto no es el ejemplo perfecto del patetismo de algunos triunfadores, que alguien me diga lo que es. Si Pérez-Reverte fuera tan duro y tan grande como dicen y como él mismo proclama, le resbalaría una crítica negativa (y si fuera un tipo honesto y con clase, incluso la recibiría con deportividad y serenidad), del mismo modo que no se dejaría adular por críticas positivas. Pero resulta que no lo es. Que no es más que una criatura enternecedora. Lo que por estos lares se llama “un moñas”. Me lo imagino ahora mismo en su casa con las pantuflas y el vaso de leche. No me cuadra esa imagen con la del viejo veterano de dieciocho guerras, que ha llegado a afirmar de sí mismo que es “un hombre peligroso”. No me cuadra en absoluto. Tampoco con el Gómez-Jurado de escudero (hay que buscárselos con más empaque, Don Arturo). Pero supongo que ahora el empaque intelectual se ha visto sustituido por los cientos de miles de seguidores en Twitter, y a los críticos hay que hacerles callar a base de masajes verbales que acallen el ego desmedido del narcisista más patológico que ha conocido nuestra historia editorial.

Porque, en efecto, los lectores “son ya” demasiado inteligentes como para creerse este cuento. No todos, claro. Pero tiempo al tiempo. La tontería se cura, pero el cinismo no. Y hay que ser muy cínico para creer que en la Guerra Civil todos eran iguales. Ese discurso que consiste en poner en el mismo saco a víctimas y verdugos participa de una ideología perversa que pretende, de manera sutil, blanquear un Golpe de Estado y una dictadura sangrienta. No hay término medio, como no lo hay entre un agresor machista y su pareja. Una panda de generales se levantó en armas contra un gobierno imperfecto (como todos) pero legítimo. Y lo que tuvo lugar después fue un genocidio (aniquilación o exterminio sistemático y deliberado de un grupo social por motivos raciales, políticos o religiosos). Así de claro. Defenderse de esta gente, matar a todos los que se pudiera, era un acto legítimo (este sí). Y si hubiéramos tenido suerte, tendrían que haber matado a todos los fascistas, sin dejar a ninguno vivo, y nos habríamos ahorrado cuarenta años de represión y otros cuarenta años de una democracia de muy baja calidad, en la que los hijos y los nietos de esos fascistas siguen en la misma sociedad envenenándola y deseando volver al franquismo o a algo similar, mientras claman palabras que les quedan demasiado grandes, como libertad o democracia.

Si este fuera un país con un poco de decencia, todos esos fascistas serían acallados, multados, encarcelados o expulsados, los partidos políticos que los defienden y de los que extraen votos (PP, Ciudadanos y Vox) serían disueltos y se les obligaría a entregar sus actas, y a los que les blanquean (Pérez-Reverte, Gómez-Jurado) no se les comprarían sus libros ni se les enriquecería de ninguna otra manera, porque son cómplices intelectuales de un golpe de estado y de un genocidio. Pero no somos ese país. Y al final es posible, quién sabe, que volvamos a las trincheras. Y, ¿saben lo que les digo?, que ojalá no volvamos a ellas, pero si volvemos tendremos una segunda oportunidad de acabar con ellos, con todos, de una puta vez.

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Rogorn
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Re: Enemigos de APR

Mensaje por Rogorn » Jue Oct 15, 2020 10:18 am

España y el «dios» equivocado
Eduardo Gómez - religionenlibertad.com - 15/10/2020

El día de la Hispanidad no era un día cualquiera, quizá propicio para los juicios teológicos a una nación. Hace semanas corría como la pólvora en las redes sociales una entrevista pretérita al novelista Pérez-Reverte, por uno de esos santones de las ondas progresistas. El periodista, en su rol de turiferario, le preguntaba por la situación de España: "¿Qué le ha pasado a este país?”, clamaba el turiferario en busca de una exégesis histórica. A lo que el escritor respondía que España se había equivocado de dios en Trento al no apostar por el dios luterano de la Reforma, y eso le había hecho perder el tren de la Historia. Para los especuladores de la realidad, un especulador de la historia que pone nombre y apellidos a las tragedias nacionales es todo un negociazo. Curiosamente, hasta en la conciencia de un novelista ateo emerge en el devenir la cuestión teológica, y no era una cuestión cualquiera la de elegir al Dios verdadero. El único capaz de blandir valores eternos, de explicar, sostener, y redimir la tragedia humana.

Un pueblo de tradición espiritual se ve abocado a procesos de autodestrucción cuando se entrega a elementos que no son del espíritu. Elementos que han sido eficaces en la mundanización del espíritu de los españoles, un pueblo que ha pasado a ocupar el lado grotesco de la Historia: de imperio evangelizador a chico de los recados del globalismo. Tamaño vaivén ha coincidido con un giro copernicano en la veneración. Pueblo que cambia de teología es pueblo que cambia de dirección en el resto de órdenes subsecuentes. España abandonó al Dios católico, pensando que era más pragmático encomendarse a los santones de moda; nada menos pragmático que una teoría equivocada. A la larga, el desastre persigue a los pueblos que persiguen el desastre.

Para Donoso Cortés, el pueblo era “el resultado de las nociones de asociación y fraternidad”. A tenor de dicho criterio, aseguraba que no podía existir el pueblo sino “en las sociedades depositarias de la idea de fraternidad revelada por Dios a la gente hebrea y por Cristo a todas las gentes“. Añadía que la raza española, cuando no ha estado dividida, ha sido “raza reinante“ y que “su servidumbre ha sido siempre el castigo de sus discordias“. En España, el paso de raza reinante a chico de los recados del globalismo coronavírico ha transitado por el rechazo a la fe católica, el abandono del Dios verdadero, el bautismo europeísta, la vindicación de las filosofías del progreso, la anglofilia de nuestras costumbres, las fraternidades de consenso (principio de acuerdo sin principios), y las asociaciones sectarias. Y como no hay pueblo que no pague por sus delaciones y por tan abominables nociones de asociación y fraternidad, impuesta queda la penitencia de apencar con la discordia nacional y el envenenamiento intelectual de la sociedad española.

Después de todo, circulaban un par de verdades en aquella entrevista al escritor: la misteriosa omnipresencia de la Teología en la Historia, como ciencia superior, y el libre albedrío de los pueblos. Aunque Pérez-Reverte imaginó un dios de la Reforma, inexistente más allá del imaginario novelesco, a su manera el escritor tenía razón: España, haciendo uso del libre albedrío de los pueblos, sucumbió a las tentaciones de cambiar de señor y se quedó con el dios equivocado; perdió el tren de la eternidad porque se dejó seducir por el tren de la historia. Se podía sondear en la atmósfera de la entrevista lo que turbaba al periodista turiferario: ¿qué hemos hecho para merecer el país que tenemos actualmente? Fue un escritor ateo quien acercó al periodista al sino de la teología. Lo hizo escribiendo torcido en renglones rectos, pero con un aforismo sin par: a dios equivocado, pueblo desgraciado.

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Re: Enemigos de APR

Mensaje por Rogorn » Lun Oct 19, 2020 3:22 pm

¡Vete al carajo, Pérez Reverte! Pone al mismo nivel a Espinosa de los Monteros que a Echenique en La Sexta
Luis Balcarce - periodistadigital.com - 19/10/2020

A mí me caía simpático. Arturo Pérez Reverte, digo. Fui un lector entregado de sus libros de columnas, que releo siempre que puedo para admirar una y otra vez ese estilo de macarra de bar que suelta argumentos como puñetazos. Sin haber leído todas sus novelas, lo intenté con algunas pero se me caían de las manos por el aburrimiento, yo seguía entregado a ese columnista portentoso.

Hasta que un día de 2015 asistí a la presentación de un libro suyo sobre la Guerra Civil en el museo ABC de Madrid. 'La Guerra Civil contada para los jóvenes' era un breve texto con magníficas ilustraciones de Fernando Vicente. Uno de esos típicos singles que sacan los escritores de éxito para pagarse unas buenas vacaciones. «Quise escribir sobre la Guerra Civil como Manuel Chaves Nogales se la hubiera contado a sus hijos», comenzó Reverte. Bueno, vale. Manuel Chaves Nogales —uno de mis periodistas más admirados— es el comodín que tiene Reverte para ser ecuánime, como le gusta decir, y que no lo tilden de equidistante. Chaves Nogales y Pérez Reverte como la representación de esa Tercera España que no quería luchar para ninguno de los dos bandos. Pero la cosa empezó a torcerse cuando le escuché explicar así el origen de la Guerra Civil: «Hay un golpe de Estado ilegítimo contra un gobierno legítimo con la intención de cargarse la República. A partir de ahí comienza una Guerra Civil sangrienta donde se cometen atrocidades en todas partes. Hay cunetas en los dos bandos, aunque hay más en uno de ellos, que, además, prolongó la represión durante 40 años»

Una cosa es intentar llegar a los jóvenes con un lenguaje llano y sencillo y otro mentirles de forma descarada con un cuento infantil al que se le saltan todas las costuras. Reverte dice querer huir de esos clichés de la trinchera pero amigo, en un solo párrafo ya has cavado la tuya. Reverte reducía las causas de la guerra a que «había mucha pobreza, incultura y desigualdades con clases dirigentes acomodadas y grandes masas necesitadas». Menuda pincelada marxista de brocha gorda. Se lo eché en cara en la rueda de prensa y me respondió: «No podía entrar en todos esos temas. Lo difícil de este reto es que quien lea esto pueda entender la guerra y el contexto sin mencionar la larga sucesión de hechos».

Me sorprendía porque Reverte conoce perfectamente la guerra civil. Reverte sabe perfectamente que los crímenes de Casas Viejas a manos de la Guardia de Asalto de Azaña, el sangriento octubre de 1934 en Asturias, la quema de iglesias o el asesinato de Calvo Sotelo no se entiende el hundimiento de la República y la sublevación de Franco. Que esto no iba de ricos contra pobres. No haber mencionado ninguno de esos hechos sitúa a este libro más cerca de la literatura infantil que de la historia.

Cuando le preguntan sobre si se deberían localizar y exhumar las fosas comunes que albergan los cuerpos de miles de republicanos desde la Guerra Civil responde al periodista de 'Público' que «los dos bandos tuvieron cunetas, aunque uno más que otro. Los que ganaron sacaron a sus muertos en el 39 y los otros deberían poder sacarlos. No es por memoria histórica, es por sentido común». Es decir, no ataca a la Memoria Histórica pero tampoco le dora la píldora a la izquierda.

Husmeando en la hemeroteca encontré que en 2006, en plena ofensiva guerracivilista de Zapatero, decía casi lo contrario: «Tengo verdaderas ganas de oír, en boca de estos cantamañanas aficionados no a desenterrar muertos, sino rencores, que el franquismo sometió a España a una represión brutal, cierto; pero que, de haber ganado la República, sus fosas comunes también habrían sido numerosas». Detesta España: «Me iría si tuviera 30 años, siempre los mismos errores» pero no deja de hablar de ella.

Ahí descubrí algo que me sorprendió de Reverte. Nunca se moja. Siempre queda bien con todo el mundo. Y al volver a oírle en la entrevista que le hizo La Sexta con motivo del lanzamiento de ‘Línea de Fuego’ volví a comprobarlo. Es un republicano que defiende al rey Felipe VI. Dice que la clase política es «gentuza» pero se confiesa fan de Pedro Sánchez al que pone al mismo nivel de la Guardia Civil y Leo Harlem. Se la pasa jaleando la leyenda negra antiespañola —»España ha sido un país sometido a reyes malvados, curas fanáticos y ministros corruptos»— y ha atacado con saña a Elvira Roca Barea por reivindicar «lo mejor de nuestra historia a costa de ocultar estragos y sombras» pero tiene debilidad por aquellos como aquellos artistas que la han combatido, como el pintor Augusto Ferrer-Dalmau, que inmortaliza las mayores gestas militares españolas.

Como dijo Pedro Fernández Barbadillo: «Pérez Reverte es una sacerdotisa ‘progre’ al que le encanta la leyenda negra española». Le encanta a la izquierda porque le susurra al oído cuánto detesta al franquismo por apoderarse de El Cid y lo contamina de patrioterismo pero al mismo tiempo encandila a la derecha al decir de Sánchez que «no tiene escrúpulos, sabe que los españoles no tenemos memoria y miente sin ningún complejo». Y en ese ejercicio de equidistancia intolerable Reverte se escandaliza: «¿Quién me va a reconstruir ese imperfecto estado? ¿Rufián? ¿Echenique? ¿Espinosa de los Monteros? ¿Ortega Smith? ¿Esos son los que me van a construir el futuro? ¿Los que van a hacer una España futura estable y convivible? ¿Esos son los que van a hacer una constitución? ¡Váyase usted al carajo!», ha lanzado. Hay que tenerlos cuadrados para poner a Echenique al mismo nivel que Espinosa de los Monteros. Uno defiende la Constitución y el otro solo piensa en dinamitarla junto a sus amigos etarras. Uno ha sido perseguido por los batasunos en campaña electoral, el otro no solo no lo ha condenado sino que incluso dijo que se ponían ketchup en la cara para simular las agresiones. Uno es político que defiende España, el otro es un miserable que solo ha venido a aprovecharse de su sistema de salud. Uno es un ciudadano al día con sus impuestos, el otro es un defraudador de la seguridad social. Ya está bien de tanta equidistancia. Si a Reverte le molestara de verdad la «gentuza» que nos gobierna no iría a la cadena que la jalea y la protege a soltar sus soflamas contra el sistema.

La verdad es la contraria: va a La Sexta porque lo único que le importa es vender libros. Y para ello lo mejor es no mojarse, por eso no se atreve a hablar de la pandemia que ha matado a 55.000 españoles. «Yo de eso me he comprometido a no hablar». Porque eso le haría perder lectores. Pero si hablas te declaras fan de Sánchez. En fin…

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El inefable Pérez Reverte
Juan Cáspar - exabruptospoliticos.wordpress - 19/10/2020

Recuerdo una parodia de Joaquín Reyes, en la sección 'Celebrities' de aquel gran programa de humor 'Muchachada Nui', dedicada al indescriptible juntador de palabras Arturo Pérez-Reverte, donde de manera efectiva, más sutil de lo que puede parecer, ponía en su sitio al egocéntrico fulano. Disfrutadla, seguro que puede encontrarse fácilmente en Youtube o en la web de RTVE. Sin embargo, el cuestionable creador de best sellers, como tantos otros personajes inefables de este bendito país, supera con creces a cualquier caricatura que nos esforcemos en realizar. Así, me entero hoy que en la promoción de su último libro situado en la Guerra Civil Española, y ahí debe de estar la clave de sus mezquinos comentarios, se ha despachado a gusto contra la llamada Ley de Memoria Democrática, y no precisamente denunciando sus carencias para impartir de una vez por todas justicia histórica. Lo más grave e insultante, ha llegado a calificar de resentidos a las víctimas del fascismo. Creo que más iniquidad y mala baba, muy probablemente perfectamente estudiadas, no caben en las manifestaciones de este ser.

Hace muchos años que dejé de prestar la mínima atención a la obra escrita de semejante personaje, que causa un furor mediático en cierto público, que me es totalmente ajeno. Ya hace tiempo, publicó un libro de intención didáctica, pero plagado de clichés y simplificaciones, tal y como indica su inconfundible título: 'La Guerra Civil contada a los jóvenes'. Cuando alguien se describe como neutral o equidistante, especialmente en la lucha contra el fascismo, hay que echarse a temblar. Y, por supuesto, el conflicto español fue de una complejidad extrema, tal y como han mostrado infinidad de libros publicados, tal vez la guerra que más literatura ha generado y, también, que más distorsiones y basura literaria ha producido. A pesar de ello, señor Pérez-Reverte, no le quepa ninguna duda de en qué lado de la barricada nos encontramos la gente decente. Sus lamentables argumentaciones, sobre maniqueísmo y sandeces habituales, no se aplican a una guerra contra la tiranía, tal y como fue también la Segunda Guerra Mundial. Dejemos también a un lado los usuales tópicos anticomunistas.

Otra argumento habitual de este tipo, así como de tantos otros personajes de este indescriptible país, es que la guerra española fue un conflicto “entre hermanos”. La supuesta “objetividad”, o “neutralidad”, que rezuma Pérez Reverte, ya resulta muy sospechosa en el caso que nos ocupa, pero es que dichas intenciones no son más que una mistificación que oculta demasiadas verdades y distorsiona otras. La GCE no fue simplemente un conflicto fraticida, como tampoco una especie de terrible fenómeno natural inevitable, existen complejas causas sociales y políticas que explican una guerra, no olvidemos, provocada por generales golpistas en lo que se llamó el “bando nacional”. Nadie niega las terribles acciones que desencadena un conflicto bélico, siempre condenables vengan de donde vengan, pero no olvidemos quiénes lo provocaron, matarifes profesionales uniformados. Estos asesinos, mediante un plan perfectamente calculado, dirigieron una represión iniciada en un golpe de Estado y extendida luego a cuatro décadas de cruel dictadura. Después, de una u otra manera, el generalísimo dictador lo dejó todo “atado y bien atado”. Cuesta mucho, demasiado, mostrar una y otra vez lo evidente. Aterra que alguien como Pérez-Reverte pase por un intelectual e, incluso, una persona honesta.

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Re: Enemigos de APR

Mensaje por Rogorn » Jue Jun 17, 2021 4:10 pm

Por fin llegan los autores de verdad a la literatura infantil, asegura Pérez-Reverte
El Hematocrítico - revistagq.com - 16/06/2021

Un importante periódico nacional anuncia esta semana una colección de álbumes ilustrados para niños. ¿Su título? "Mi primer autor". Y en un artículo la anuncian así: “Los mejores escritores se alían por los niños”.

Confieso que me dio miedo ya esta manera de empezar a mostrar lo que tenían… ¿Quiénes son esos “mejores escritores”? ¿Los premios nacionales de Literatura Infantil y Juvenil? ¿Los ganadores del Cervantes Chico? ¿Los superventas españoles adorados por las niñas y los niños de este país, como Pedro Mañas, Ledicia Costas, Diego Arboleda o Begoña Oro? Pues no. Son autores de literatura para adultos que tienen a bien regalarnos a los fans de los libros infantiles lo que describen como, y cito literalmente, “una orquesta de quince joyas literarias que despertará las ganas de leer de los más pequeños”. La lista de invitados llamados a incitar el don de la lectura en la infancia de este país son gente como Arturo Pérez-Reverte (coordinador del proyecto), Rosa Montero, Eduardo Mendoza, Vargas Llosa, Almudena Grandes, Javier Marías…

Muy pocas de estas superestrellas son verdaderos autores de infantil. Bernardo Atxaga, por ejemplo, sí que lo es, y además muy bueno. Juan Gómez-Jurado, además de una fábrica de best sellers para adultos, tiene otra de petardazos para peques, igualmente adictivos (y super-queridos en mi colegio). Además, lo hace con naturalidad. Escribe para unos y para otros. No se siente un salvador de las esencias literarias por bajar al fango de los libros infantiles. No va, en suma, de mesías redentor. Pero… ¿qué sucede con el resto? ¿Qué saben de literatura infantil algunos autores que no la han ejercido en su vida? ¿Qué saben de escribir para los ojos pequeños del siglo XXI?

En la presentación de su cuento, Aramburu afirma que es necesario aplicar un filtro moral, a no ser que el autor desee “propagar un gusto por el odio, el crimen, la maldad “. Vargas Llosa, en cambio, nos presenta la increíble historia de Fonchito, un tierno protagonista que manipula a una chica para conseguir un beso que no le puede (ni quiere) dar. ¡Super-educativo y sensible! ¡Muy con los tiempos!

Como autor de literatura infantil, más que indignarme, esto me produce un poco de risa, la verdad. Me da pena lo que subyace detrás. La invisibilidad de los autores de infantil en nuestro país es exactamente esto. Todo lo que los peques han leído de nosotros, los autores de infantil, no tiene valor ni calidad. Ahora sí. Ellos son LOS PRIMEROS AUTORES. Los que escriben las cosas de verdad consideran que ahora nos merecemos una dosis de ambrosía literaria de la güena.

Supongo que, bajo este punto de vista mi trabajo, el de las autoras que mencioné antes y el de, no sé, Gloria Fuertes, Janosch, Roald Dahl, Arnold Lobel, Dr. Seuss y un largo etcétera pertenece a la segunda división. Somos como unos simpaticotes que escribimos cosas majetas, pero nunca literatura. Nos falta su punto de vista de literato de verdad para conseguir ese toque mágico. Enhorabuena niñas y niños. Al fin vais a poder saber lo que es un libro de verdad. Por fin llegan los autores a la sección de infantil.

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