Alatriste en la canallesca

Comentarios y noticias sobre la saga de novelas ‘Las aventuras del capitán Alatriste’

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Rogorn
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Re: Alatriste en la canallesca

Mensaje por Rogorn » Jue Ago 03, 2017 9:10 am

The Art of the Long Sentence: Arturo Pérez-Reverte
Midori Snyder - midorisnyder.com - 02/07/2017

In the midst of reading 'The King's Gold', Arturo Pérez-Reverte's fourth volume in his swashbuckling series 'The Adventures of Captain Alatriste', I came across one of those brilliant, long, elegant, artfully constructed sentences that takes up almost the entire paragraph. I've read it over several times and just can't get over how gorgeous it is. My editors would kill me if I attempted so ambitious a sentence, mostly because I am completely comma-dysfunctional, though I try very hard. The novel, set in 1626 Cádiz, Spain, opens to the return of soldiers who have fought and survived the bloody siege of Breda, in Holland. It is a bustling port scene, with disembarked soldiers doing what they love best when finding themselves home and alive:

"When we said our goodbyes, Curro Garrote was already back on dry land, crouched beside a gaming table that guaranteed more tricks and surprises than spring itself, and playing cards as if his life depended on it, his doublet open and his one good hand resting, just in case, on the pommel of his dagger, while his other hand traveled back and forth between his mug of wine and his cards, which came and went accompanied by curses, oaths, and blasphemies, as he saw half the contents of his purse disappearing into someone else's."

There is so much happening here, and like the eye of a camera in an opening scene, it visually moves the reader from moment to moment in such a smooth, unbreakable line, so that we see both the details and the entire scene all together. And again, this time in 'The Pirates of the Levant', the latest novel of Captain Alatriste, Pérez-Reverte's narrator provides an observation on the harsh life aboard a galley sailing to battle that mid-way draws the reader in with the switch in viewpoint, from the "sailors" to "you" so that the reader must share personally in the discomfort.

"Years before, he had found it difficult to adjust to the harsh galley life: the lack of space and privacy, the worm-and-mouse-eaten, hard-as-iron ship's biscuits, the muddy brackish water, the cries of the sailors and the smell of the galley men, the itch and discomfort of clothes washed in salt water, the restless sleep on a hard board with a shield as pillow, your body always exposed to the sun, the heat, the rain, and the damp, cold nights at sea, which could leave you either with congestion or deafness."

Pérez-Reverte also marries such remarkable descriptive and gritty sentences with small inserts of poetry, written by some of the most famous poets of the age, visceral commentators on the excesses of their age, especially the seemingly never-ending wars. At the end of this detailed descriptive passage on military galleys, we are to be reminded by the 17th-century poet Francisco de Quevedo of those who have it worst on the ships, the galley slaves who live chained to their oars.

"I'm a scholar in a sardine school,
And good for nothing but to row;
From prison I did graduate,
That university most low."

*Kudos should also got to Margaret Jull Costa, the translator, who has enabled us to smoothly read such densely-packed sentences.

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Re: Alatriste en la canallesca

Mensaje por Rogorn » Mar Ago 08, 2017 11:12 am

Esto es un Tercio español
granadablogs.com - 06708/2017

Cuando era pequeño, en esa edad maravillosa que me gusta describir como la de Tom Sawyer y Huckleberry Finn, donde todo es aventura y emoción, pero es también cuando no conoces la pasión ni el amor, eso llegará, vaya que si lo hace, de un día para otro, pero no es el momento todavía... Decía que cuando era pequeño, justo antes de entrar en la adolescencia, lo que más me gustaba era el fútbol y el balonmano, el frontón y el tenis, todo lo que se podía hacer en la playa, desde palas a otra vez fútbol, nadar y bucear, saltar de los trampolines de la bahía, y correr por la arena. También adoraba leer a 'Los Tres Investigadores' y 'El Club de los Siete Secretos'. Y si me daba por imaginar, tenía tres planes en mi vida. Me imaginaba siendo un pirata del Caribe o a las órdenes de Sandokán en el Mar de China, con Yáñez y Giro Batol como compañeros de andanzas. Otra idea era ser Mosquetero del Rey. Lo del "Todos para Uno y Uno para Todos" me resultaba terriblemente atractivo. Y, además, los mosqueteros tenían mucho de pendencieros, de amantes del vino y la buena mesa y eran socarrones, lascivos y lujuriosos. Y tremendamente efectivos en eso de meterse en líos. Quedaba otra posibilidad. Maravillosa. Ser pistolero en el Salvaje Oeste. Manejar el Colt 45 o la escopeta con rapidez fulminante. Todo el universo del Far West estaba lleno de aventuras, amores y traiciones, de desiertos que atravesar y de bandadas de indios cherokis y apaches dispuestos a raparte la cabellera a la menor ocasión. Mataba yo, además, que no había probado todavía el alcohol, por entrar por las puertas del Saloon, acodarme en la barra y pedir un whiski doble.

Tengo que agradecer, eternamente, a Arturo Pérez-Reverte, que gracias a su cráneo, ahora, hoy, cualquier chaval pueda sumar a los piratas, mosqueteros y pistoleros la posibilidad de recorrer el mundo de la literatura y la historia de la mano del tercio Viejo de Cartagena, con el Capitán Alatriste y Sebastián Copons. Con toda la panda de soldados antiguos y nuevos que recorrieron el mundo llevando la Gloria de España por todo el Imperio en el que de tanto no ponerse el Sol se quedó en la Sombra. Pero ahí están, todas las aventuras que soñé de pequeño. Mezclados con la historia y los mundos, las naves y las tierras, la aventura, el honor, la vida. Os dejo con la escena final de la película Alatriste, la que cuenta la batalla de Rocroi. La puedo ver horas seguidas, magnífica secuencia que retrata al milímetro lo que fue, será, es, lo que pudo ser, lo que siempre es, también. Cuando los franceses les ofrecen una rendición con honor, Alatriste, tras dar medio paso al frente para acomodar la postura de combate, sujetar a Sebastián Copons que se cae por el peso de las heridas: “Decirle al señor Duque de Enghien que agradecemos sus palabras… Pero esto es un Tercio español“.

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Re: Alatriste en la canallesca

Mensaje por Rogorn » Mar Ago 08, 2017 11:15 am

Viggo Mortensen relata el día que fue agredido por varios Ultras Sur al ser confundido por un aficionado del Barça
cuatro.com - 06/08/2017

Se convirtió en una estrella de Hollywood tras interpretar al mítico Aragorn en la trilogía de ‘El Señor de los Anillos’. Más tarde, se ganó un hueco en el corazón de los españoles al dar vida al legendario capitán Alatriste, personaje de las obras homónimas de Arturo Pérez-Reverte. Viggo Mortensen, que pese a ser estadounidense habla un perfecto español tras haber pasado su infancia en Argentina y Venezuela, reveló una anécdota que tuvo lugar durante el rodaje de héroe medieval español en Madrid.

Reconocido en numerosas ocasiones como un gran aficionado al fútbol y loco por los colores de San Lorenzo, el actor sufrió un lamentable altercado con varios miembros ultras del Real Madrid en la céntrica Puerta del Sol de Madrid. Tal y como desveló, lucía una camiseta de su equipo, que viste con colores azulgrana, similares a los del Barça. Andaba por el centro de la capital española con varias botellas de vino, de camino a casa del director de la película para ver un partido de su equipo. Fue entonces cuando los miembros de Ultras Sur, que le confundieron con un aficionado del Barça, inexplicablemente comenzaron a agredirle. Sin pensárselo dos veces, Mortensen agarró una de las botellas y se la estampó en la cabeza a uno de ellos, lo que le diola suficiente ventaja para salir corriendo y coger un taxi.

Un hecho completamente deleznable que, sin embargo, hoy recuerda con sentido del humor. Parece que las habilidades que adquirió con la espada en sus experiencias cinematográficas le sirvieron para salir ileso de una situación muy desagradable.

Vídeo: http://www.cuatro.com/blogs/weah/Vigo-M ... 15004.html

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Re: Alatriste en la canallesca

Mensaje por Rogorn » Mié Ene 03, 2018 2:00 pm

"La leyenda negra española se perpetúa porque declararse víctima es muy socorrido"
farodevigo.es - 03/01/2018

El ensayo histórico 'Imperofobia y leyenda negra' (Siruela, 2016) de la profesora Elvira Roca llega a la 18ª edición en poco más de un año y se ha convertido en uno de las obras más vendidas en España en los últimos años.

-Pone de ejemplo la saga de Alatriste de Pérez-Reverte como propagadora de los tópicos de la leyenda negra.
-Empecé a interesarme enormemente por ese asunto porque estaba en Inglaterra y veía cantidad de libros de Pérez-Reverte traducidos al inglés. Me leí el 'Alatriste' y entonces comprendí. Es muy curioso, pero no es nada rara esta actitud entre las élites españolas. Eso se asume con el cambio de dinastía, cuando llegan los afrancesados, y entonces cambia completamente el estilo de vida de la Corte. Cualquiera que no sea tonto se da cuenta de que para triunfar en el contexto de la Corte borbónica tiene que ir contra la tradición nacional o tendrá posibilidades de triunfo muy limitadas. Eso se ha perpetuado desde el siglo XVIII.

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Re: Alatriste en la canallesca

Mensaje por Rogorn » Mié Feb 21, 2018 11:29 am

Captain Alatriste by Arturo Pérez-Reverte
Nick Senger - nicksenger.com - 20/02/2018

"He was not the most honest or pious of men, but he was courageous".

I first read 'Captain Alatriste' by Arturo Pérez-Reverte twelve years ago, and it didn’t make much of an impact on me then. It was the third book in a row I had read by Pérez-Reverte, following 'The Club Dumas' and 'The Fencing Master', and I think I was anxious to move on to something else and didn’t give it a fair chance. So I was very happy to receive a paperback copy for Christmas as part of LibraryThing’s SantaThing program.

Described as “The Spanish Musketeer,” Captain Alatriste sounds exactly like my kind of book: "The first action-packed historical adventure in the internationally acclaimed Captain Alatriste series, featuring a Spanish soldier who lives as a swordsman-for-hire in 17th century Madrid. Needing gold to pay off his debts, Captain Alatriste and another hired blade are paid to ambush two travelers, stage a robbery, and give the travelers a fright. “No blood,” they are told. Then a mysterious stranger enters to clarify the job: he increases the pay, and tells Alatriste that, instead, he must murder the two travelers. When the attack unfolds, Alatriste realizes that these aren’t ordinary travelers, and what happens next is only the first in a riveting series of twists and turns, with implications that will reverberate throughout the courts of Europe…"

I did not remember anything about the characters or plot from the first time I read the book, so I came into the story fresh and excited for a swashbuckling adventure. And that it certainly was. I loved the historical setting, the descriptions of the sword fights, and the political intrigue. Narrated in first person by Captain Alatriste’s squire Íñigo Balboa y Aguirre, the story moves quickly from chapter to chapter.

Having recently finished 'Twenty Years After' by Alexandre Dumas, it was hard to resist comparing the two. Both stories take place in roughly the same era and feature swordsmen involved in political intrigue. However, there is an elegance in Dumas that is lacking in Captain Alatriste, and Pérez-Reverte writes a darker story with characters who are not as sympathetic. Neither the captain nor his squire are as personable as D’Artagnan or any of his fellow musketeers. And the plot of 'Captain Alatriste' is basically one of survival rather than any kind of active quest or mission.

The main problem for me besides its dark characters was that it seemed to be mostly concerned with setting up the rest of the series. There were a lot of digressions to explain Alatriste’s character, but the main plot of the novel was pretty sparse. Still, the story was entertaining, and it had some great moments. I’m not sure I would actively seek out the sequel, 'Purity of Blood', but if I ever saw it for a good price at a used bookstore or on discount as a Kindle edition, then I would probably pick it up.

One final note: Pérez-Reverte’s books are always beautifully designed, and Captain Alatriste is no exception. From the cover to the typeset, the physical characteristics of the book add to the reader’s experience, and I’m glad I read this book in paperback rather than on my Kindle.

Captain Alatriste by Arturo Pérez-Reverte
New York, Plume, 1996
Printed length: 304 pages

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Re: Alatriste en la canallesca

Mensaje por Rogorn » Mié Abr 18, 2018 10:43 am

'Limpieza de sangre', Arturo Pérez Reverte
bibliodiazcastro.blogspot - 18/04/2018

Pérez-Reverte es un escritor de novela histórica que utiliza el lenguaje de la época en la cual suceden sus obras. Esta novela está fechada en el siglo XV-XVI por lo que utiliza un lenguaje antiguo y, para mí, de difícil comprensión. Dejando esto de lado me ha parecido una trama muy simple y monótona, a pesar de que en los momentos de acción, como la pelea, se te pasan muy rápido pues son bastante emocionantes. Para mí, lo mejor de la novela, sin duda alguna, es el personaje Diego Alatriste. Es orgulloso y, en algunas ocasiones, compasivo. El libro no me gustó mucho por las razones anteriormente mencionadas, aunque he de admitir que a pesar de sus defectos también tiene muchas virtudes, como una gran ambientación en la época.

Manuel Lorenzo, 3ºB

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Re: Alatriste en la canallesca

Mensaje por Rogorn » Mié Jun 06, 2018 1:06 pm

Prosodia de Pérez Reverte
Antonio Gascó - elperiodicomediterraneo.com - 05/06/2018

He de confesar mi admiración por Pérez-Reverte, de quien he leído muchas de sus novelas y últimamente las siete que componen la saga del aventurero capitán Alatriste, que sin duda me apresuro a recomendar porque unen a un palmario entretenimiento un descriptivismo historicista que ayuda a comprender el tiempo de la decadente España de Felipe IV. En las tramas, de identidad intensa y apasionante, subyuga el lenguaje que ubica al lector, por su sintaxis, frases y modismos, en el habla del final de la monarquía de los Habsburgo; un motivo más de persuasión para el impenitente lector de novela histórica. A la fluidez narrativa aporta una ironía quevedesca que en ocasiones hace aflorar la sonrisa cuando no la carcajada. Las constantes alusiones a mis hijos y esposa sobre estos relatos, han conseguido que se contagien de mi devoción. De hecho, el otro día mi único varón, Toni, me preguntó por un término, el de «barrachel», que aparecía en la novela 'El sol de Breda'. Le expliqué que se trataba del capitán de alguaciles, que en el ejército perseguía los delitos penales que se podían llevar a cabo en los tercios. Sin duda una palabra contumaz que invita a indagar no solo en el significado, sino en el acento tónico, pues siendo aguda, parece incidir en las tres vocales. Hasta emerge la prosodia en los textos del escritor cartagenero. Una gran forma de hacer cultura.

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Re: Alatriste en la canallesca

Mensaje por Rogorn » Lun Jul 23, 2018 8:43 am

Vestir como un soldado de los tercios (mito y realidad)
David Nievas 'Targul' - lasdoscarasdelimperio.blogspot - 22/07/2018

Los tercios españoles son populares. Tanto es así que se está creando en torno a ellos una mitología contagiada por algunas incorrecciones o falacias que, cual pescadilla que se muerde la cola, se retroalimenta una y otra vez. ¿Los vikingos llevaban cuernos en el casco? Si te gusta el tema nórdico, posiblemente sepas a éstas alturas que no, que eso es un mito. Pero... ¿Y qué pasa con los tercios? Estamos dando por buenos una serie de mitos sobre quienes eran y como vestían que no se corresponden con la realidad. En ésta entrada vamos a centrarnos en la vestimenta, donde han cuajado una serie de mitos y lugares comunes que podrían condensarse en un artículo cómo éste. http://www.xn--elcaminoespaol-1nb.com/la-epoca/180-de-bisono-o-veterano-viste-como-un-soldado-de-los-tercios/

Hubo un tiempo en el que todos pensamos que Alatriste era el prototipo del soldado español de los Tercios. ¡Bendita nuestra ignorancia!

Definamos para empezar la cronología. A pesar de lo que se ha vuelto común en series y películas, no es lo mismo un soldado vistiendo en 1560 que otro en 1640, ni tampoco tienen nada que ver con soldados de 1590 o 1520, aunque algún elemento de su vestimenta hubiera podido pervivir (con cambios). Vamos a centrarnos en lo que parece que es la "época canónica" de los tercios según los entusiastas (algo que yo no comparto), las décadas desde la primera batalla de Nieuport hasta Rocroi (primeras cuatro décadas del siglo XVII).

Primero, contestemos a las grandes preguntas:

¿Vestían con ropas cutres de color pardo e iban medio en pelotas? No, al menos no siempre. De hecho los soldados españoles eran conocidos por su afición a vestirse muy bien cuando podían permitírselo (y cuando no llevarían ropa cara, aunque vieja).

¿Vestían en jubón sin mangas y con mangas de camisa? No, a menos que estuvieran descansando en un sitio caliente y preferentemente bajo techado.

¿Llevaban todos botas altas de estilo mosquetero? Definitivamente no. Las botas de estilo francés (caña alta y ancha que cae en pliegue) no se popularizan hasta la década de 1630, y sobre todo entre oficiales y jinetes. No debemos confundirnos con un tipo de bota de caña alta que los jinetes y oficiales españoles usaban anteriormente, el borceguí, que era de cuero muy fino y ajustado a la pierna (ésta era una bota para ir a caballo, pues no soportaba los rigores de la marcha). La mayoría de los soldados llevaban zapatos. Si, si, zapatos. En Flandes, con el barro.

¿Tenían un uniforme? No. Solo algunos cuerpos muy concretos (guardias reales y jinetes en una cronología muy particular, usaban tabardos "de reglamento", antecesores del uniforme. La infantería normal y corriente no tenía uniforme alguno: se vestían como civiles que aspiraban a asemejarse a la clase alta en tipos de prenda y corte de las mismas, pero con telas más baratas).

¿Y el tema de las bandas rojas y las aspas cosidas al jubón? Las bandas cruzadas al pecho o usadas como fajín eran privativas, en principio, de los oficiales. Los españoles no eran los únicos en llevarlas, y parece que a pesar del mito no se sabe muy bien cual era el código de color (a veces vemos holandeses que también llevan bandas rojas). Los soldados de a pie no solían llevarlas, exceptuando los jinetes.

En el caso de las aspas, no era algo generalizado y varía en función de la época. Vemos cuadros con infantes de la época de la Batalla de Túnez (1535) que la llevan (curiosamente, en la espalda), mientras que en la década de 1620 o 1630 es casi imposible encontrarlas. Treinta años antes, en 1590, se puso de moda durante esa década que los jinetes llevaran tabardos con el aspa, pero esa moda desapareció a inicios del siglo XVII sin que sepamos muy bien por qué.

¿Llevaban un pañuelo en la cabeza debajo del casco o el sombrero? No. Al menos no el tipo de pañueño "pirata" que todos pensamos, ni mucho menos era algo extendido. Tras mucho buscar en documentación gráfica de la época, se puede constatar que el 99% de los soldados no llevaban pañuelo en la cabeza, y algún caso particular que si lo llevaba (un par de cuadros flamencos de un cuerpo de guardia) se trataba de un pañuelo "de capas" de color blanco que se solía usarse como sudario por parte de los enfermos (el famoso "hipocondriaco" de Moliere llevaba uno de éstos, y se usaban precisamente... para sudar más, creyendo la medicina de la época que de esa manera se "equilibraban los humores"). ¡Pero yo les he visto con pañuelos pirata! Si, sin duda. Lo has visto en ilustraciones, en la televisión, en el cine e incluso en las cabezas de algunos tipos vestidos de la época... esos que se llaman recreadores. Pero eso no quiere decir que lo llevaran.

¿Llevaban todos un sombrero de ala ancha cuando no usaban un casco? Sí y no. El sombrero era una prenda popular, y sin embargo no era como un sombrero moderno. Depende de la moda, el ala era más pequeña o no, se llevaba plegada o cosida por un lado... y siempre con la toca redondeada. ¿Y qué significa ésto? Un sombrero moderno tiene normalmente la toca apuntada, para que sea más fácil calarlo. Pero las tocas apuntadas no existen hasta el siglo XIX, y aunque un sombrero de ala ancha de una época y otra se parezcan desde lejos, de cerca veremos que sus tocas son muy diferentes. En aquel entonces, no causaba vergüenza que la toca fuera muy alta y redondeada. De hecho, los sombreros de los que evolucionaron éstos, aparecidos en las décadas de 1560 a 1580, tenían un ala muy corta y la toca muy alta. ¿Te suena el sombrero que lleva Felipe II en algunos cuadros? Voilá. Velázquez pintó a unos soldados españoles peleándose ante la embajada de su nación en Roma, 1630. ¡Van de colorines!

¿Usaban cazoletas y vizcaínas? La guarnición de espada "cazoleta" no aparece hasta la década de 1630, y costó una década más que llegar al mundo militar, donde tuvo una vida efímera. Los soldados preferían, de hecho, guarniciones mucho más simples y "anticuadas" para sus espadas de guerra (que no eran lo mismo que las roperas que se usaban en las ciudades como Madrid), además de diseños de tipo centroeuropeo, espadas de lazo, etc.

¿Y la vizcaína? Definamos primero "qué demonios es eso de vizcaína". En realidad, la voz se la inventa Reverte, posiblemente tras leer en algún documento que eran famosas las hojas de daga o espada de Vizcaya (las famosas Bilbo) y creería que designaría a un tipo de daga que... se conocía como "Daga de vela". Al igual que la ropera, que apenas salía de la ciudad, la daga de vela está especializada para éste tipo de duelos callejeros, por lo que los soldados preferían dagas de mano izquierda (que llevaban usándose desde el siglo anterior) con guardamanos mucho más simples y ligeros.

Hojas de daga de vela, mal llamada "vizcaína". Algunas tienen un dentado, que es para que resbale peor la hoja de la espada enemiga (y así atraparla). De hecho, la tercera desde arriba y la segunda desde abajo tienen dos sistemas diferentes para tratar de atrapar la fina hoja de una ropera enemiga y ganar unos segundos cruciales para meter al otro una estocada con la espada. Éstas hojas tan delicadas y especializadas apenas se veían en la guerra.

¿Te acabas de rallar? Bueno, no es para menos. Yo llevo años rallado con éste tema, y no soy el único. Cada vez más recreadores y entusiastas del periodo, con las fuentes documentales en la mano y comparando realidad y evocación, se llevan las manos a la cabeza y se terminan rascando sin entender muy bien por qué.

Sin embargo, uno que es perro viejo sabe exactamente donde y cómo se inició ésta "moda". Corría el año 2005 cuando en España apenas se recreaba a los tercios, ni tampoco se hablaba de ellos. Eran los años del Capitán Alatriste, y concretamente los años en que tras unas primeras ediciones con otro ilustrador de Alfaguara, la editorial contrató a Joan Mundet para iluminar las páginas de la obra de Reverte. Por aquel entonces, solo un grupo de recreadores históricos españoles se atrevían a representar el papel de los soldados de los tercios en el siglo XVII, y la mayoría de ellos todavía no tenían la rodadura suficiente como para saber que éste tipo de detalles chirriaban.

Fue en aquellos años, en el pueblo llamado "Mas de las Matas" (en Teruel) en los que éstos recreadores acudieron para ayudar en las jornadas llamadas "El regreso del comendador". Mundet acudió a las mismas para documentarse, de primera mano. ¿Por qué no iba a fiarse de los recreadores, como hacían pintores o directores de prestigio en Estados Unidos e Inglaterra? Así que, casi sin pretenderlo, el dibujante plasmó lo que vio y ahí es donde comenzó todo.

¿Y luego? Bueno, luego vino el mecanismo de la bola de nieve. La gente que empezaba a recrear, los directores de cine y televisión, veían éstas ilustraciones y copiaban el look. Luego, muy poco después, vino la película de Alatriste, que creó sus propios mitos en lo que a vestimenta se refiere, y algunos pasaron también a copiar ese look. Unos por otros, como suele decirse, se quedó la casa sin barrer. De hecho, tal fue la fruición con la que se acogieron éstos mitos que aún a día de hoy cuesta hacer entender a mucha gente que son eso, mitos, y que no tienen base de realidad.

¿Y cómo vestían entonces? Obviamente, no tenemos una máquina del tiempo para trasladarnos al Flandes del siglo XVII y comenzar a tomar fotografías en un campamento de españoles. Pero afortunadamente, si tenemos numerosísimos grabados y pinturas de artistas contemporáneos, españoles y flamencos, que pintaban lo que veían. Algunos de ellos, de hecho, eran vecinos con éstas guerras, que les pillaban a la puerta de su casa. Pintores costumbristas y muy realistas como Vrancx o Snayers, que reflejaron el horror de lo que no suele aparecer en las crónicas y que formaba el grueso de aquella Guerra de los Ochenta Años: saqueos, pillajes, ataques por sorpresa, sufrimiento de unos y otros, terror y muerte...

A través de sus pinturas, podemos conocer casi al milímetro como vestían y se armaban los soldados contemporáneos. Pero no nos limitaremos solo a los flamencos, si no a autores españoles como Vicente Carducho, que pintó con gran realismo una serie de cuadros sobre victorias españolas de las décadas de 1620 y 1630. Ellos solo son la cúspide de una gran pirámide, pues los autores de la época reflejaron su convulso siglo, lleno de guerras, con una cantidad apabullante de pinturas y grabados con la que podemos asomarnos a través de una ventana a aquella época. Y por si fuera poco, tenemos obras de investigación universitaria, totalmente nacionales, de renombre internacional como los libros de Carmen Bernís Madrazo, que su "El traje y los tipos sociales en el Quijote" hizo un maravilloso y transversal estudio de la vestimenta de los españoles de aquella época, desde labriegos hasta reyes. Siguiendo su estela, investigadores modernos como Consuelo Sanz, Amanda LaPorta o Francisco Martinez, Daniel Rosen o Mathew Gnagy (entre otros) han pasado en algunos casos de la teoría a la práctica para desempolvar viejos libros de sastrería y métodos ya desaparecidos para reconstruir las prendas de éste periodo.

¿Y si es tan fácil encontrar documentación de primera mano, por que seguimos copiando los mitos cuando los vemos por ahí? Pues por que es más fácil. Bucear en pinacotecas antiguas y gastar horas visitando museos o navegando por catálogos de internet es mucho más complicado que copiar el traje de Fulano o inspirarse en una lámina aparecida en tu libro o revista favorita.

Y así estamos, unos con las manos en la cabeza y otros con la casa sin barrer. ¿Seguirás pintando a los españoles con el pañuelo en la cabeza y el aspa en el pecho, o te sumergirás en todo un nuevo y fascinante mundo de variedad? Nuestros antepasados se merecen que los representemos bien...

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Re: Alatriste en la canallesca

Mensaje por Rogorn » Dom Dic 09, 2018 9:05 am

Un recorrido por el Madrid de Alatriste
Elena B Ortega – lyxplanet.com – 01/12/2018

http://www.lyxplanet.com/madrid-de-alatriste/

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Re: Alatriste en la canallesca

Mensaje por Rogorn » Mar Ene 08, 2019 11:35 pm

La segunda vida de los tercios
Vicente G Olaya - elpais.com - 06/01/2019

Los 1.800 soldados del tercio se levantaron el 5 de septiembre de 1634 con las primeras luces. Se vistieron con sus mejores ropas, de los más vivos colores, se ataron un lazo o una banda roja al brazo, se pusieron morriones o chambergos de plumas blancas y empuñaron las armas que les correspondían: picas, mosquetes, arcabuces, ballestas o espadas. Horas después, sobre la colina de Allbuch (Nördlingen, Alemania), el mariscal de campo Martín de Idiáquez tomó la decisión de no retroceder a pesar de las brutales cargas de los regimientos suecos. “Seis horas enteras sin perder pie, acometidos dieciséis veces, con furia y tesón no creíble; tanto, que decían los alemanes que los españoles peleaban como diablos y no como hombres”, relatan las crónicas de la época. Tras dos días de lucha, el ejército protestante se derrumbó.

Historias como esta alimentan un renovado interés por la peripecia del ejército que dominó Europa durante al menos 110 años, y cuyas hazañas (y derrotas) llenan conferencias y recreaciones a cielo abierto, levantan pasiones en las redes sociales, inspiran nuevos títulos y hasta la apertura de librerías especializadas en una unidad creada en 1536 y cuya presencia fue sinónimo de victoria hasta 1643.

Rafael Rodrigo, doctor en Historia y coordinador del Foro de Historia Militar Gran Capitán, explica que los seguidores de su asociación han pasado en pocos años de 3.000 a 30.000. “Las conferencias son multitudinarias. Convocas actos sin demasiada publicidad y se presentan 300 personas de toda España”. Rodrigo cree que las causas están relacionadas con las “recreaciones pictóricas de Augusto Ferrer-Dalmau, las novelas de Arturo Pérez-Reverte [Alatriste] y series televisivas como El Ministerio del Tiempo”. “Hay quien conecta este fenómeno con la política. Yo creo que no. Interesa a gente de todo tipo e ideología, pero puede que la existencia de movimientos independentistas haya incrementado el interés”, agrega.

Los tercios eran el ejército que los Austrias españoles usaban para dominar el mundo, un arma de guerra imposible de derrotar y que no se correspondía con ninguna anterior dentro del arte militar. Hunden sus raíces entre el final del siglo XV y el principio del XVI. Existen especialistas que los relacionan con las tropas de los Reyes Católicos y con las coronelías de Gonzalo Fernández de Córdoba. De todas formas, lo más aceptado por los historiadores es que no fue hasta las llamadas Ordenanzas de Génova de 1536 cuando por primera vez aparecen en un texto escrito.

Estaban formados, en el papel, por 3.000 hombres e, inicialmente, fueron cuatro tercios: Nápoles, Sicilia, Lombardía y Niza (también llamado Málaga). Carecían de denominación militar oficial y sus nombres procedían del lugar de nacimiento del maestre de campo que las comandaba. La presión bélica que sufría España en el continente hizo que su número aumentase y tuviesen que diferenciarse los antiguos (tercios viejos) de los de nueva creación (tercios nuevos). Todos, viejos y nuevos, mezclaban en sus filas soldados de experiencia y bisoños. Y todos disponían del mismo material militar.

José Alberto Rodrigo, uno de los cuatro socios de la librería Tercios Viejos (María Panés 4, Madrid), admite que la apertura de su negocio está relacionada con este incremento del interés por los tercios. “Hay una afición enorme, lo que hace que cada vez se publiquen más libros relacionados con este tema. 'De Pavía a Rocroi', de Julio Albi de la Cuesta, va ya por su quinta edición. Nosotros, por ejemplo, damos charlas en nuestro local y los llenos son absolutos. Cuando se convoca una recreación histórica, como la que se hizo en Riaza [Segovia] en mayo, el éxito está asegurado”.

Cada tercio estaba formado por 10 unidades o compañías que incluían tres tipos de soldados: piqueros, arcabuceros y rodeleros. Cada maestre de campo, el máximo responsable del tercio, contaba con una decena de capitanes, de los que dependían sargentos, alféreces, sargentos mayores, capellanes (jesuitas), barberos… Los soldados, si no confiaban en su capitán, podían cambiar de compañía sin ningún problema. Los asuntos internos nunca se resolvían a golpes. Solo había una solución ante cualquier insubordinación: la espada.

El historiador militar Agustín Rodríguez cree que el resurgimiento del interés por los tercios procede de países anglosajones donde es habitual estudiar y recrear batallas. “Hemos perdido esa vergüenza, y la pasión por nuestra historia ha dejado de ser particular. Poca gente sabe que Cervantes, Lope de Vega o Calderón estuvieron en los tercios. Lo están descubriendo ahora. Eran como nuestros mosqueteros particulares”.

Los tercios españoles solo podían ser comandados por soldados que hablasen castellano, catalán, portugués o sardo. Cualquier otro tenía vedado su ascenso, por eso los italianos que chapurreaban español se hacían pasar por valencianos para intentar su promoción. “Era algo así como que los ejércitos del Rey que dominaban Europa solo los podía dirigir un español”, indica Rafael Rodrigo.

El ingreso se llevaba a cabo mediante el llamado documento de firma, que incluía un anticipo de la paga (el resto de abonos se hacían de rogar) y no conllevaba ningún juramento. El contrato era de por vida y solo se podía abandonar con una dispensa del virrey o del maestre.

Se mantuvieron invictos hasta Rocroi (1643), aunque siguieron peleando hasta 1659 con la Paz de los Pirineos. Su última gran victoria fue en Valenciennes (Francia) en 1656. Felipe V los eliminó para crear los regimientos, de origen francés, y que perviven desde entonces, aunque los tercios han vuelto ahora.

El escritor Arturo Pérez-Reverte, al que todos identifican como uno de los pilares de este fenómeno, se queja de que haya quien relacione la historia de los tercios con el franquismo. “Es verdad que el Régimen lo utilizó, pero no tiene nada que ver. Nuestra historia está escrita por desesperados y muertos de hambre que dominaron el mundo. Los tercios eran los marines del XVI, y hay avidez por conocer nuestro pasado”, señala. “Los planes de estudios de los que se ha eliminado esta parte de nuestra historia nos han dejado huérfanos y hay un gran deseo por aprender algo fascinante”.

Pérez-Reverte admite que en 1996, cuando publicó la primera novela de Alatriste, abrió un camino, porque “los tercios estaban olvidados. Nadie hablaba de ellos. Nadie se atrevía a contarlo. Rescaté su recuerdo contando la parte oscura de aquellos hombres”. Cree que la pintura de Augusto Ferrer-Dalmau 'El último tercio', en la que se describe la derrota en Rocroi, “de soledad y abandono, con una infantería destrozada”, fue un hito porque recreó la “imagen física” de aquellos ejércitos. “Europa se formó luchando contra aquellos hombres que se llamaban Paco o Manolo”. El escritor destaca el libro 'De Pavía a Rocroi', de Julio Albi, para entender el interés por este arma. “Yo creé un personaje. Albi lo convirtió en historia. No se puede entender nada sin leerlo”.

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Los tercios de Vox
Enric Vila - elnacional.cat - 08/01/2019


El escritor Arturo Pérez-Reverte retuiteó este domingo un artículo de El País sobre los tercios hispánicos que recogía el espíritu imperialista que Vox intenta resucitar a través de su propaganda política. El artículo aseguraba que el independentismo ha hecho crecer el interés por el pasado y recogía libros, conferencias y recreaciones al aire libre que, según el diario, son prueba de la afición renovada que despiertan las “unidades militares” de los Austrias.

El periodista explicaba que los temibles tercios dominaron Europa durante más de 100 años. También recordaba que sus compañías solo podían ser dirigidas por oficiales que hablaran en castellano, catalán, sardo o portugués. En una cabriola típica de los diarios de Madrid, añadía que los italianos que “chapurreaban el español” miraban de hacerse pasar “por valencianos” para no quedar excluidos de los ascensos y de los lugares de mando.

Enseguida pensé en un artículo aparecido hace un par de años en el Abc. El diario informaba que se había localizado una de las pocas firmas originales de Cervantes que se conocen en un juicio celebrado en la ciudad de València. Naturalmente, las actas del juicio estaban escritas en el más bello catalán. Como si se hubiera encontrado también un audio de la vista, el diario corría a añadir, sin ninguna prueba, que la declaración judicial del mejor escritor del Siglo de Oro había sido traducida directamente del castellano por el funcionario valenciano de turno.

Igual que la información del Abc, el artículo de El País intentaba disimular el papel que la nación catalana tuvo en el ascenso y en la caída del imperio hispánico. La primera derrota importante de los tercios, por ejemplo, no fue en Rocroi, como dice El País, sino que fue en la batalla de Montjuïc, que acabó con las unidades castellanas retirándose en desbandada, mientras las mujeres barcelonesas cortaban las narices y las orejas de los soldados heridos y rezagados.

El texto de El País también pasaba por alto que el héroe de la batalla de Pavia, la primera gran gesta militar de los tercios mencionada por el articulista, fue el caballero tortosino Joan d'Aldana, que tiene una calle en Barcelona porque hizo prisionero al rey Francisco I de Francia en medio de la carnicería. Con los años, se verá que el acomplejamiento del nacionalismo español que los diarios de Madrid denuncian cada día es el resultado de los intentos fallidos que el Estado ha hecho de borrar la nación catalana de la historia.

La épica imperialista esparcida por Vox servía para vestir una imagen unitaria de España en tiempo de Espartero o de Franco, cuando la violencia permitía al Estado prohibir el catalán, dominar los estudios académicos, y frenar por la fuerza las pulsiones separatistas de Barcelona. Ahora, esta misma épica servirá para desenredar el lío que Fernando el Católico montó hace más de 500 años intentando utilizar a los castellanos de carne de cañón de las conquistas catalanas.

Engañados por el victimismo de los partidos procesistas, y por su propio quijotismo, los españoles no son todavía conscientes del momento histórico que vivimos. La democracia pretendía dormir Catalunya para acabar de asimilarla y ha hecho posible plantear el derecho a la autodeterminación. No hay que tener mucha imaginación para ver qué efecto disolvente puede tener el discurso imperialista de Vox posado sobre el lienzo de la globalización y de la revolución tecnológica.

Como ya expliqué en otro artículo, en la Europa de hoy la independencia de Catalunya es la única posibilidad de volver a los buenos tiempos del imperio hispánico, y la mejor manera de conseguir que la relación entre Madrid y Barcelona sea creativa por una vez en la historia. Incluso resulta premonitorio que el artículo de El País acabe recordando que los tercios desaparecieron cuando Felipe V llegó a España y los disolvió en una organización militar calcada a la francesa.

La unidad de España tenía sentido cuando la oligarquía castellana hacía ver que mandaba un gran imperio a cambio de dejar que las élites catalanas robaran y se corrompieran a lo grande. Sin la carta blanca que el ejército español ha tenido los últimos tres siglos, los discursos de Vox acabarán por hacer emerger el imperialismo mercantil de Feliu de la Peña, Víctor Balaguer y Eugeni de Ors y convertirán la independencia de Catalunya no solo en una necesidad de Barcelona, sino también de Madrid.

Vicenç Vives ya dijo, a su sutil manera, que tan bien le iba para esquivar la censura española, que la cuestión era conseguir que el Estado funcionara para que los castellanos dejaran Catalunya en paz de una vez. Cuando los chicos de Vox se den cuenta de que Madrid va como una seda y que no necesita catalanes que le pongan palos a las ruedas y se dediquen a hundir el prestigio de la nación española, querrán la independencia de Catalunya igual que antes querían exterminarla.

Quizás sí que una parte de Europa se hizo "luchando contra pacos y manolos", como dice Pérez-Reverte. El creador de Alatriste todavía está en la fase de pensamiento neofalangista, igual que le pasa a Vox y al conjunto de la derecha madrileña. Pero Europa también se hizo, por suerte, con las aportaciones catalanas, que curiosamente son las que han acabado por prevalecer. Por eso Salvador Dalí decía que el centro del mundo está en la estación de Perpinyà, ciudad que La Vanguardia cada día cita con menos manías, utilizando la ortografia catalana.


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Re: Alatriste en la canallesca

Mensaje por Rogorn » Mar Sep 17, 2019 11:47 am

Revive la España de los Austrias de la mano de Diego Alatriste y Tenorio
abc.es - 12/09/2019

«No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente.» Así comienza la vibrante saga de 'El capitán Alatriste', siete libros que narran la historia de un veterano de los tercios de Flandes que malvive como espadachín a sueldo en el Madrid de los Austria. Arturo Pérez-Reverte nos traslada a través de esta obra de literatura al siglo XVII, donde refleja como ningún otro escritor el ocaso del imperio español en Europa así como el esplendor cultural a través de los sonetos de Quevedo y las obras de Lope de Vega.

Para ello hemos preparado un concuso donde revivimos a este veterano de guerra y en el que ponemos a prueba tus conocimientos sobre la saga literaria. ¡Solo con participar entrarás en el sorteo de la colección completa de Diego Alatriste!

https://www.abc.es/cultura/abci-revive- ... ticia.html


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Re: Alatriste en la canallesca

Mensaje por Rogorn » Dom Feb 23, 2020 3:47 pm

Alatriste, un héroe del Siglo de Oro español
Andrés Villa - laestrella.com.pa (Panamá) - 16/02/2020

'Las Aventuras del Capitán Alatriste', una serie de libros del escritor Arturo Pérez Reverte, ha conmocionado en los últimos 15 años la literatura española. Cosa rara que un tema olvidado, el de los espadachines del siglo XVII, domine la escena editorial, del cine y hasta de series de televisión. Diego Alatriste, un héroe muy de carne y hueso, está extrañamente extraído de los sonetos y las décimas de la época y de las memorias de un tal Íñigo Balboa, que también es protagonista principal de estas novelas, que son hasta siete. Las obras son excitantes, pues su intrincada trama cautiva al lector desde un principio, llenando de suspenso y emociones cada página. Enseguida se simpatiza con los personajes, pues el autor utiliza los recursos literarios de dos narradores. Uno es Balboa, que cuenta todo lo que vivió, en primera persona, y el otro es un narrador omnisciente que le da las licencias al escritor de opinar y contar en cada una de las obras. Los escenarios en que se mueve Alatriste son varios, pero destaca el Madrid imperial con su Calle Mayor, su Paseo del Prado, sus iglesias, su calle Alcalá y el Palacio Real. Sus coches, mujerzuelas, artesanos, corridas de toros y galanteos. El capitán que no lo es tal, es más un sicario, que ha demostrado su valor y su don de mando en las guerras de la Flandes, muestra una serie de defectos pero también virtudes universales, como lealtad a los amigos, a su rey, a su fe y un reconocimiento al valor de los demás. Esa forma de ser lo salva en numerosas ocasiones de los líos en los que se mete.

Pérez-Reverte, que fue corresponsal de guerra en los Balcanes, vierte en sus novelas muchos sentimientos humanos que vio en esas experiencias de finales del siglo XX. Es un ejemplo de cómo los periodistas pueden convertirse en grandes escritores. Además de las relacionadas con Alatriste, tiene numerosas obras y es uno de los escritores más vendidos del momento. Ha hecho de la historia su bandera literaria.

En la primera novela, Alatriste es contratado para asesinar al príncipe de Buckingham, que visita Madrid de incógnito, un riesgo que corre con tal de conocer y casarse con la infanta española. Las diferencias entre anglicanos y católicos resultan un muro insalvable. Nuestro héroe se arrepiente, pues su instinto le revela que algo no está bien y en el último momento lo salva de sus agresores, lo que lo enemista con la terrible inquisición española y con un fraile fanático. Esta especie de D'Artagnan madrileño hace enemigos muy fácilmente, pero también, ya lo hemos dicho, tiene poderosos aliados que reconocen sus servicios a España e interceden por él. Además es muy singular la relación con Caridad la Lebrijana, una guapa mujer, no tan joven, que está de él enamorada y regenta un hostal. Gracias a esa relación conocemos los vinos y la gastronomía de aquellos momentos.

Los temas de las novelas nos llevan por el Camino Español con los tercios españoles a Flandes, al sitio de Breda, a problemas de limpieza de sangre de judíos conversos, a las galeras españolas del Mediterráneo contra los turcos, a disputar el oro de contrabando de la llegada de la flota de las Indias, en Cádiz y Sevilla, o a una increíble aventura en Venecia. Al leerlas nos enteramos de que la España de Felipe IV, un imperio donde no se ponía el sol, era una complicada red de intrigas producto de la pasada lucha contra los moros, la expulsión de los judíos y de las disputas entre funcionarios ambiciosos y sacerdotes corruptos. Francisco Quevedo, sí, el picaresco y famoso escritor, es el compañero de muchas de las aventuras de Alatriste. El poeta cojo nos muestra su dolor por una España que va perdiendo protagonismo y brillo gobernada por un rey que no es ni la sombra de sus antecesores. Y que a punta de versos critica todas las situaciones de las novelas. Pero es Íñigo Balboa, un joven que crece a medida que van apareciendo las novelas y lo vemos convertirse en un héroe que deja atrás la daga para empuñar la espada, el que dota a esta serie de brillo e interés. En toda novela hay villanos y en esta hay muchos. Un secretario real muy poderoso, Luis de Alquézar, y su sobrina Angélica, que es sacada del cuadro 'Las Meninas' de Diego Velázquez, de la que Balboa está perdidamente enamorado. Y un espadachín italiano, Gualterio Malatesta, que aparece en una y otra de las obras.

El idioma que utiliza el escritor se acomoda a los tiempos y es producto de un exhaustivo estudio de cientos de documentos antiguos cuando surgía el castellano. Diría que el idioma es otro de los protagonistas de estas aventuras. En la narrativa se suceden las estrofas de la poesía de Calderón de la Barca, Góngora, Cervantes, Lope de Vega, Pedro de Alarcón, y otros. Se destaca el amor por el teatro del pueblo de Madrid, se menciona al 'Don Quijote de la Mancha', cuando la novela no era tan importante como después lo fue. Todos los protagonistas de las aventuras de Alatriste leen y escriben, y se destaca el afán del capitán por que su pupilo Balboa lea buenas obras y aprenda latín.

Las aventuras de Alatriste nos prometen dos capítulos más, que no se han publicado y que sus aficionados esperan con ansias. ¿Quién lo iba a decir? Por mi parte creí que los espadachines habían muerto con los mosqueteros de Alejandro Dumas. Pues no, los trae a la actualidad este personaje, cruel, despiadado y humano que resulta otro adorno del Siglo de Oro español, un periodo histórico en que florecieron el arte y las letras, y que coincidió con el auge político y militar del imperio español y de la dinastía de los Austrias. Es el tiempo en el que vivió Diego Alatriste que regresa del pasado, desenvaina su espada, empuña su daga para ayudar al autor Pérez-Reverte a encumbrarse entre los miembros de la Real Academia Española.

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Re: Alatriste en la canallesca

Mensaje por Rogorn » Jue Feb 27, 2020 11:28 am

Henri Kamen: "La historia de España es una sucesión de 'fake news"
Marta García Aller - elconfidencial.com - 24/02/2020

- (...) Cuenta en su libro que los españoles a menudo hemos preferido acercarnos a la imagen del pasado del país a través de las novelas. ¿Nos importa dónde acaba la realidad y dónde empieza la ficción?
-Las obras de ficción también tienen ideología y, por tanto, también tergiversan el pasado. Son parte de la idea que una nación se hace de sí misma. A veces, los novelistas gustan más a los lectores que los historiadores. Y si los historiadores somos aburridos y la gente no nos lee, es nuestra culpa. Pero a veces los novelistas tienen tanto éxito que la imagen distorsionada del pasado que proyectan se queda para siempre en las mentes. Hay historiadores que admiran a Arturo Pérez-Reverte. Y eso está muy bien, pero el problema es que su imagen de las guerras de Flandes se acepta como verdad histórica y no es así. Él escribe ficción, con mucho éxito, pero ficción. Los historiadores, sin embargo, tenemos una obligación de investigar de forma fiable lo que ha pasado, los novelistas no. Y después de las novelas de Pérez-Reverte, muchos españoles tienen la idea de que Flandes estuvo en rebelión contra España. No es cierto. Los Países Bajos tuvieron problemas con la administración del rey de España, pero no por ser rey de España, sino por ser rey de Flandes. No fue una revuelta contra los españoles, fue una rebelión contra Felipe II, porque era su rey en ese momento. Flandes luchaba contra su propio régimen. En la Corte de Madrid había ministros que le decían al rey que Flandes tenía razón en sus reivindicaciones. Hay textos que muestran la simpatía con los rebeldes de Flandes. Eso no lo capta Pérez-Reverte. Tiene todo el derecho de no hacerlo porque él es novelista, y le deseo que tenga mucho éxito, pero la gente debe saber que no transmite una imagen histórica real.

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Re: Alatriste en la canallesca

Mensaje por Rogorn » Lun Abr 13, 2020 11:28 am

Arturo Pérez-Reverte, el creador de Alatriste
Benito Ordóñez - lavozdegalicia.es - 11/04/2020

Entre todos los grandes personajes que ha sabido crear Arturo Pérez-Reverte, el Capitán Alatriste brilla con luz propia. Hay mucho de cervantino en ese capitán que en realidad no lo es, pero que es visto como tal por todos cuantos, para mal o para bien, se han cruzado en su camino. El escritor y académico nacido en Cartagena ha sabido recrear magistralmente la atmósfera, profundamente épica, del Siglo de Oro. Épica y, naturalmente, literaria. Alatriste, que maneja como nadie la espada, es muy aficionado a recitar versos de los grandes poetas de su tiempo. Y gran amigo, por cierto, de don Francisco de Quevedo, príncipe de las letras que tanto pretendió aquel derecho a ostentar ese Señorío de la Torre de Juan Abad que no querían reconocerle los vecinos. Lean las aventuras de Alatriste, si aceptan esta sugerencia. Leerlas es una delicia siempre. Y, si las leen, sin moverse de donde están, con el libro entre las manos, irán muy lejos: al país y al tiempo en el que el honor y la palabra dada se tenían en más alta estima que la propia vida, y en el que el valor y la lealtad permanecían izados, día y noche, entre las más altas banderas.

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Re: Alatriste en la canallesca

Mensaje por Rogorn » Mar Jun 16, 2020 9:46 am

Alatriste: la punta de su espada
Carlos Alberto Gómez Fajardo - elmundo.com (Colombia) - 16/06/2020

El capitán Alatriste es un héroe de verdad: es tal vez el personaje más característico de su creador, Pérez Reverte. El autor, con un excelente dominio del castellano y con una ubicación histórica privilegiada y verosímil, en el escenario de las primeras décadas del siglo XVII, nos regala las narraciones del valiente veterano de Flandes, aventurero, único en el dominio de la espada, y asistido -siempre de modo discreto pero salvador- por su escudero, el joven Íñigo de Balboa. Diego Alatriste es un héroe con claros y con oscuros, lleno de humanidad. Cauteloso, siempre vigilante, de pocas palabras. Él sabe, como muy pocos lo suelen saber, que en su pasado si bien hay acciones heroicas y singulares, hay también asuntos sobre los que es mejor no hablar. Tiene muchas experiencias y muchas heridas ya cicatrizadas; su vida siempre ha pendido de un hilo, y de la capacidad de manejar su espada y su daga para defenderla. También supera, con creces, circunstancias ante poderosos y abogados, en las que lo único es el ingenio en el diálogo y la sensatez: “… de modo instintivo, el capitán llevó la mano a la empuñadura de la espada que no llevaba. -¿Dónde está la trampa, voto a Dios?”. Encarna una humanidad, generosa, capaz de grandes acciones y sacrificios, pero también astuta y enfrentada a la realidad cruel de desenvolverse en un mundo en el cual -con mayor frecuencia de la debida- el prójimo trata de aniquilar y aplastar al prójimo. Los lectores de Alatriste conocen de las argucias y habilidades casi diabólicas de uno que es -también por excelencia- antihéroe: Gualterio Malatesta, sicario, genial esgrimista, malandrín de alto vuelo, criminal con sus escrúpulos a sueldo.

Pérez Reverte nos dibuja magistralmente no solo el carácter de Alatriste, espadachín insuperable, amigo de Quevedo y de Lope, contertulio de Velásquez, fiel servidor de los Austrias entonces gobernantes de las Españas. Nos invita a recrear el espíritu de Madrid al inicio del reinado de Felipe IV; al hacerlo, nos presenta una radiografía de toda la hispanidad que conoció mejores momentos. Sobre el siglo de oro, reflexiona el autor de Alatriste en este párrafo a través de uno de sus protagonistas: “…Singular carácter el nuestro. Como alguien escribiría más tarde, afrontar peligros, batirse, desafiar a la autoridad, exponer la vida o la libertad, son cosas que se hicieron siempre en cualquier rincón del mundo por hambre, ambición, odio, lujuria, honor o patriotismo. Pero meter mano a la blanca y darse de cuchilladas por asistir a una representación teatral era algo reservado a aquella España de los Austrias que para lo bueno, que fue algo, y lo malo que fue más, viví en mi juventud: la de las hazañas quijotescas y estériles, que cifró siempre su razón y su derecho en la orgullosa punta de su espada…”.

Lo que enseña y divierte la lectura de Pérez Reverte no se paga con dinero común. Es novela de aventuras, es creación estética y artística, pero es también repaso de la historia de España, visión de uno de los momentos más importantes de su papel del escenario mundial, el renacimiento y el barroco, y es psicología, descripción profunda y precisa de lo amargo y de lo dulce del ser humano. Y es, cómo no decirlo, una magnífica y oportuna lección del buen manejo del idioma castellano que nos lleva a querer recordar unos versos de Cervantes, inmortales y fotográficos: “Esto oyó un valentón, y dijo: -Es cierto / cuanto dice voacé, seor soldado. / Y el que dijere lo contrario miente. / Y luego, incontinente, / caló el chapeo, requirió la espada, / miró al soslayo, fuese, y no hubo nada”.

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Re: Alatriste en la canallesca

Mensaje por Rogorn » Dom Ene 17, 2021 8:20 am

Encuentros Zenda: ¿Es posible una IA que escriba como un autor de novelas?
zendalibros.com - 17/01/2021

¿Puede la inteligencia artificial escribir como Arturo Pérez-Reverte? ¿O como Karina Sainz Borgo? Fundación Telefónica celebra en su auditorio este Encuentro Zenda donde se presentará el «Proyecto Maquet, o cómo una Inteligencia Artificial puede copiar el estilo de un escritor», un diálogo en el que los escritores de Zenda Libros y periodistas Karina Sainz Borgo y Arturo Pérez-Reverte conversarán con Chema Alonso, Chief Digital Consumer Officer de Telefónica, y juntos hablarán del proyecto Maquet, explicando cómo por medio de una IA un escritor puede copiar, reproducir, o suplantar el estilo de otro autor. Para hacer este experimento, el equipo de Ideas Locas de Chema Alonso ha entrenado una Inteligencia Artificial utilizando los servicios de Google Cloud con los textos de 'El Capitán Alatriste' y ha escrito un pasaje con Íñigo Balboa y el espadachín Malatesta que intenta copiar el estilo del propio Arturo Pérez-Reverte.

¿Se puede? ¿Qué debates abre para el futuro? Para dar más belleza a este trabajo que mezcla arte y tecnología, el genial dibujante Salvador Larroca ha hecho unos grabados que acompañarán la publicación final del trabajo y que podremos ver en este evento, donde también nos acompañará Isaac Hernández, responsable de Google Cloud Iberia. Para asistir, puedes reservar tu entrada gratuita a partir del miércoles 27 de enero en su web. No olvides consultar las nuevas normas de acceso. Este evento se podrá seguir en streaming en su página y en redes con el hashtag #UnaIAEscritora.

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Re: Alatriste en la canallesca

Mensaje por Rogorn » Dom Ene 31, 2021 2:08 pm

La inteligencia artificial que escribe como tu autor favorito
elmatinal.com - 31/01/2021

En la década de los cincuenta, el matemático Théo Lutz y el lingüista Max Bense lograron que un ordenador pergeñara unos cuantos versos en alemán con el vocabulario sacado de 'El castillo', de Kafka. Aquel experimento pasó a la posteridad como el primer poema computacional, y desde entonces hasta hoy las relaciones entre creación literaria y programación no han hecho más que crecer y extenderse en varias direcciones. Ya en su día el mismísimo Antonio Machado imaginó la posibilidad de que una «máquina de trovar» saciara el apetito lírico de las masas, un cachivache que ya no suena a locura, sino más bien lo contrario. Sueño para unos, pesadilla para otros, en el horizonte está la certeza de que algún día los robots sabrán escribir literatura. Si lo harán mejor que nosotros, esa es otra historia.

Aunque aún estamos lejos de esa arcadia tecnológica, cada vez tenemos más instrumentos que desafían los límites de la escritura y nos obligan a plantearnos cuánto hay de inimitable en el arte humano. Qué no podrá igualar la informática nunca. Para el caso, el último hito del hacker Chema Alonso, que ha creado un sistema de inteligencia artificial (IA) capaz de copiar el estilo de cualquier autor. Según explica el informático al otro lado de la pantalla, la idea es que el programa coge cualquier texto y lo modifica atendiendo al registro léxico y a las construcciones gramaticales que usa una firma concreta. De momento, su modelo es el Arturo Pérez-Reverte de 'Alatriste', aunque esta herramienta, subraya, puede adaptarse a cualquier voz. Al invento lo ha bautizado como Proyecto Maquet.

Todo empezó, tal y como cuenta el ingeniero, en septiembre de 2020, cuando empezó a coquetear con este tipo de artilugios. Entonces, se le ocurrió que sería interesante generar un sistema para adaptar textos «al estilo de», y decidió empezar por una de sus sagas favoritas. «Llamé a Pérez-Reverte y me dijo que adelante», recuerda. Después de aquello se lanzó a programar, y entrenó la IA con el vocabulario de las novelas protagonizadas por Diego Alatriste y Tenorio. Lo siguiente que hizo fue escribir un cuento con Íñigo Balboa y el espadachín Malatesta como personajes centrales, y pasarlo luego por este singular filtro para «revertizarlo», por usar la jerga del experto.

Ahí va una muestra de las capacidades de este algoritmo. La narración original arrancaba así: «Las callejuelas de Madrid no son lugar para perderse a según qué horas. Maleantes, viejos soldados saliendo de las mancebías y cuchilleros a sueldo con muchas damajuanas a cuestas y pocas mujeres que los hayan calmado dispuestos a hacer un trabajo gratis por mantenerse en el negocio…». Esta es la versión de la máquina: «Las callejuelas de Madrid no son lugar para acuchillarse a según qué horas. Maleantes, soldados de acero abrochándose y saliendo de las mancebías y cuchilleros a sueldo con muchas damajuanas a cuestas y pocas mujeres que los hayan sosegado que quieren hacerlo gratis por benevolencia con el negocio…». Y así con el resto. Alonso dice que cuando se lo enseñó al académico este se quedó sorprendido por la similitud con su verbo. Además de con las gestas de Alatriste, también enriqueció la IA con 'Cabo Trafalgar' y 'La sombra del águila'. Y con el 'Quijote', que por su diversidad léxica no podía faltar en esta ecuación.

Aunque por ahora solo puede «revertizar» relatos, el ingenio se podrá utilizar de muchas formas. Por ejemplo, si se alimenta con el vocabulario de una época concreta facilitaría la ambientación histórica, el realismo, y ahorraría un montón de horas de trabajo. También existe la posibilidad de entrenarlo con la forma de hablar de un personaje, algo que ayudaría en la construcción de diálogos. Son solo algunas ideas. Hay más. «Puede ser fundamental para las franquicias, para pulir el tono de los libros de 'Star Wars'. Abarataría los costes», afirma Alonso.

Este «doping tecnológico» abre una gran cantidad de debates, que los dos implicados en este asunto debatirán en la Fundación Telefónica el próximo miércoles 3 de febrero. ¿Se podrá patentar el estilo literario? ¿Existirá la posibilidad de vender la licencia de un estilo para que la utilicen otros autores, igual que se venden los derechos de adaptación de una obra al cine? ¿Podrá exigir el lector que las novelas que han utilizado la inteligencia artificial se marquen con algún tipo de sello o etiqueta? ¿Llegará un momento en el que el público demande esto, como demandan los efectos especiales en el cine? ¿Vencerá el ordenador al hombre en el terreno literario, del mismo modo Deeper Blue se convirtió en un ajedrecista imbatible? En esas cuestiones se dirime el futuro del oficio.

Alonso, por su parte, no duda de que las máquinas llegarán a firmar novelas: «Se está trabajando en el texto automático desde hace muchos años. Ya se ha alcanzado la paridad humana (que la inteligencia artificial haga su trabajo igual o mejor que la media de los humanos) a la hora de hacer resúmenes de encuentros deportivos e incluso traducciones. Pero quedan unos años para la escritura de textos literarios».

Cosa distinta es que la IA no disponga de esa intuición que tienen algunos talentos, capaces de cambiar el rumbo de la literatura universal con sus palabras. Quién sabe, quizás vivamos una batalla similar a la que se produjo entre la fotografía y la pintura, o entre el cine y el teatro, y al final acabemos distinguiendo la escritura humana de la artificial como dos artes completamente diferentes. Eso ya lo vaticinó Machado, que creía que aquella «máquina de trovar» iba a convivir con los poetas, pero que eran estos los únicos capaces de alcanzar ciertas cimas estéticas. Los únicos capaces de fundar una nueva sensibilidad. De alumbrar algo que antes ni siquiera existía.

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Re: Alatriste en la canallesca

Mensaje por Rogorn » Mié Feb 17, 2021 12:12 pm

Quienquiera que sea Avellaneda
Karina Sainz Borgo - zendalibros.com - 13/02/2021

Un hacker, dice Chema Alonso, es aquel que emprende todo cuanto no está hecho aún. Y ese es el caso del director de CDCO de Telefónica, quien decidió dar un paso al frente con el Proyecto Maquet. El nombre, elegido por Arturo Pérez-Reverte, alude al apellido de Auguste Maquet, colaborador y ayudante de Alejandro Dumas. El enunciado del proyecto en sí propone un argumento que podría formar parte de un libro de Asimov y que fue sometido a discusión hace ya casi una semana en el Espacio Fundación Telefónica.

¿Cómo, por medio de una Inteligencia Artificial, se puede copiar, reproducir o imitar el estilo de otro autor? ¿Se puede entrenar a una máquina para que escriba, por ejemplo, como Arturo Pérez-Reverte? Con la venia del académico y novelista, Alonso y su equipo elaboraron un programa capaz de “revertizar” textos a partir de determinados patrones de palabras. Se trata de un modelo lingüístico basado en la copia, pero, sobre todo, en un esquema seriado que ofrece tantas paradojas como oportunidades.

Desde que tuve noticia de este proyecto, no paro de darle vueltas. Incluso su origen me resulta elocuente. Chema Alonso comenzó a barruntar esta idea en septiembre de 2020. Entonces ya Telefónica y la RAE trabajaban a fondo en el Proyecto Lengua Española e Inteligencia Artificial (LEIA), que tiene por objeto la defensa, proyección y buen uso de la lengua española en el universo digital y, especialmente, en el ámbito de la inteligencia artificial. Si se puede enseñar a hablar a las máquinas, ¿por qué no enseñarlas a escribir?

Utilizando los servicios de Google Cloud, Chema Alonso y sus colaboradores entrenaron una Inteligencia Artificial con los textos de El Capitán Alatriste, y escribieron un pasaje con Íñigo Balboa y el espadachín Malatesta. No se atrevieron a usar al mismísimo Alatriste, porque, insistió Alonso, habría sido llegar demasiado lejos. Intentando imitar el estilo de Arturo Pérez-Reverte, Alonso elaboró un episodio y lo sometió al filtro de esa Inteligencia Artifical, que lo «revertizó» a partir de un sistema de palabras volcadas previamente en una herramienta creada especialmente para tal fin.

Por esa misma lógica, esa misma máquina capaz de “revertizar” un texto podría identificar patrones de otros autores, siempre que se la programe para tal fin, hasta el punto de convertir en pedagógico aquello que a simple vista no lo es. A través de este mecanismo un estudiante aprendería, por ejemplo, a identificar un clásico. Incluso, académicamente, sería posible, por ejemplo, dar con las coordenadas del autor del Quijote «de Avellaneda», una posibilidad que dio para el debate y el intercambio de ideas entre Chema Alonso y Arturo Pérez-Reverte durante la presentación pública del proyecto en el espacio Fundación Telefónica.

«Si a la máquina se le puede cruzar suficiente información podría saberlo», aseguró Pérez-Reverte, convencido de que es posible hacer mucho más que copiar un estilo con esta herramienta. Chema Alonso le tomó la palabra y fue más allá: «De hecho, vamos a intentarlo. Si reconocemos el estilo de Avellaneda con un algoritmo de IA que pueda detectar rasgos de ese estilo y lo entrenamos con los textos previos de los posibles sospechosos de haber escrito ese Quijote de Avellaneda podríamos llegar a calcular cuál de todos es el más próximo al estilo. Estoy deseando empezar con eso».

Sin dejar de lado que la herramienta es tecnología, y por tanto no posee los matices y las imperfecciones de toda creación, Pérez-Reverte se apeó del catastrofismo que suele tiznar estos debates: «No es literatura, pero nos hace pensar. Yo mismo al principio me reía cuando me contaron esto, pero luego se me fue enfriando la sonrisa. Esto me obliga a reflexionar sobre el acto de creación, en general. Que a mis 70 años un tío con un gorro de lana me haga pensar así sobre mi trabajo, sobre mi futuro, mi estilo, mis errores y mis aciertos, es para pararse y mirar. Por eso estoy aquí hoy hablando. Es muy interesante este proyecto».

Y lo es. Las aplicaciones factibles conducen a su potencial educativo: desde un profesor que pueda usarla con sus alumnos para jugar a ser Quevedo, Conrad o Galdós, y por tanto enseñarlos a identificar un estilo, hasta generar una conciencia más profunda del lenguaje. De momento, la charla cerró aquel día con una propuesta de la que pronto habrá respuesta: Pérez-Reverte aceptó la petición que le hizo Chema Alonso para escribir ese mismo texto que se sometió a la máquina para «revertizarlo», es decir, hará una versión. Será Pérez-Reverte quien revise a la máquina.

Conquistado el territorio de un espadachín de los Tercios de Flandes, ¿por qué no dar un paso más y adentrarse en ese lugar donde el Quijote recupera la razón en nombre de una versión maledicente y satírica? Todas las miradas apuntan a Lope. ¿Por qué no podría un programa de Inteligencia Artificial incorporarse a un debate que desde hace años libran investigadores y estudiosos? Quien quiera que sea Avellaneda, podría depararnos una sorpresa… o no.

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'La noche de los cuchillos': El mediocre frente a la inteligencia artificial
Chema Alonso - zendalibros.com - 17/02/2021

Como ya os conté en el artículo «El Proyecto Maquet: Espadachines e Inteligencia Artificial», el objetivo final de esta aventura que mezcla literatura y tecnología era conseguir copiar el estilo de los libros del Capitán Alatriste sobre un texto de otra persona. Es decir, intentar mejorar el estilo de un escritor mediocre copiando el estilo de otro autor. Como cuando los feos nos ponemos filtros en las fotos de Instagram para salir menos feos, o los malos cantantes se meten filtros y filtros de voz para hacer que suenen como los ángeles, o al menos lo intentan.

Para ello, con nuestro querido Maquet lo que conseguimos fue una herramienta extremadamente sencilla que nos iba diciendo si habíamos acertado en el estilo o no, y nos iba dando puntuaciones. Escribimos un párrafo, y nos da con colores cuáles son las palabras que hemos acertado a colocar en la redacción para sonar como un texto de los libros del Capitán Alatriste y cuáles no. En azul las malas, en verde las buenas. Las que dan puntos son las verdes. Las “revertizadas”, que decíamos nosotros.

Por cada palabra azul, Maquet nos va ofreciendo palabras verdes que podrían dar puntos positivos si las cambiamos. Esto hará, por supuesto, que tengamos que ir cambiando la redacción del texto. Así que puede que acaben cambiando las frases, aparezcan nuevas frases o se eliminen. Es algo así como un corrector de estilo.

Como veis, el texto de ese párrafo tiene algunas palabras verdes, y es que el escritor mediocre que elegimos para esta prueba es un lector de las novelas de Capitán Alatriste, y algo retiene en la retina, pero ni mucho menos ha sido capaz este escritor mediocre de alcanzar el estilo, ya que está por debajo del 50% en ese párrafo. Vamos, un aficionado y nada más.

He de decir que el escritor mediocre de esta historia es el que escribe este artículo, que no quise involucrar a un tercero más en un proyecto tan interesante, y quise ser yo el que se sometiera de partida al experimento de transformar mi texto. Además, si pudiera conseguir que mis textos fueran como los de las novelas del Capitán Alatriste tal vez me esperase un futuro prometedor con un nombre misterioso de escritor anónimo de novelas.

Una vez analizado el párrafo, Maquet ofrece una lista de palabras sugeridas por cada palabra “no revertizada”, y cada una de ellas tiene una barra verde clara y verde oscura que indica cuántos puntos de “revertización” nos otorga si la utilizamos en ese momento. Cuanto más verde clara sea la barra, mejor para revertizar, más filtro del que da puntos para simular el estilo que buscamos. Aquí, por ejemplo, las palabras «brío», «dineros», «compasión» o «escondidos» puntuaban bien para mejorar el resultado de nuestra revertización, pero debemos ver si nos encajan esas palabras para la redacción.

Jugando a sustituir palabras, a coger puntos como el jugador que recoge moneditas en el Mario Bros para ganar más puntos, fuimos cambiando la redacción. Un poquito de «brío», un poco de «tercios», un poco de lo que nos iba encajando… Como el que intenta pintar un cuadro de Joan Miró utilizando las mismas formas y colores, o como el juego de hacer retratos al estilo de Picasso al que juego yo con mi hija pequeña, “Mi Survivor”, que la llamo yo.

En ese juego tenemos un dado, una ruleta, o cualquier sistema para añadir aleatoriedad. Y en una plantilla tenemos seis ojos izquierdos, seis ojos derechos, seis narices, seis bocas, seis orejas izquierdas, seis orejas derechas y seis formas de caras sacadas de algunos retratos hechos por el gran Picasso.

Hacer un retrato como Picasso consiste en ir tirando el dado por cada una de las partes de la cara y ver qué oreja izquierda, qué nariz o qué boca te toca dibujar. Con ellas formas una cabeza al estilo de Picasso que luego hay que decorar con rotuladores o lapiceros. Es un ejercicio divertido que sirve para hablar de pintura, para jugar, y para entretener a los jóvenes con los colores durante un buen rato. Toma nota para este confinamiento si no lo conocías, que puede que saques un rato entretenido con ellos.

Pues así fuimos haciendo con todos los párrafos del texto que escribí yo. Fuimos jugando a poner en verde nuestro párrafo manteniendo la narración original de nuestra historia. Esto nos fue llevando a resultados curiosos y floridos que utilizaban las palabras que generaban puntos de “revertización” en nuestra narración.

Y de esta forma, podíamos obtener un resultado completo. Pero como he dicho, necesitábamos una historia inicial que “revertizar”, y me daba mucho miedo. No quería hacer algo que tratara a los personajes de una serie tan potente pudiendo modificar la historia. Al final, al escritor del Quijote «de Avellaneda» —sea quién fuere— ya se encargó el gran Cervantes de darle lo suyo y lo del pulpo en la segunda parte de las aventuras del Quijote por haber osado a hacer algo así.

Y como dije en la presentación del Proyecto Maquet que hicimos, simplemente me faltaron arrestos para hacer algo así. Por eso, elegí un pasaje en el que omití conscientemente al Capitán Alatriste. Elegí a Íñigo Balboa como protagonista de este pasaje y lo acompañé de la referencia de su demonio rubio con tirabuzones, Angélica de Alquézar, y la aparición del siempre tenebroso Gualterio Malatesta.

Con esos mimbres me hice lo que en el mundo de los cómics norteamericanos se llama un fill-in, o una historia de relleno, un pasaje sin importancia en la narración global de la trama que sirve para entretener al lector con los personajes con una aventura atemporal que el editor puede poner en cualquier momento en el que el tebeo del mes no llega a tiempo a completarse por algún problema con el equipo creativo. En esos momentos se cuela la aventura de trámite y se da tiempo extra al equipo creativo.

Pues bien, eso es lo que hice yo con La noche de los cuchillos, crear un pasaje de relleno en el Madrid del Capitán Alatriste en el que Íñigo Balboa tiene una mala experiencia por andar cuando no debe por donde no debe en busca de quien no debe. Menos mal que al final el que menos debía aparece para poner fin al drama. Esta es la historia del “mediocre”.

La noche los cuchillos (escrita por Chema Alonso)

Las callejuelas de Madrid no son lugar para perderse a según qué horas. Maleantes, viejos soldados saliendo de las mancebías y cuchilleros a sueldo con muchas damajuanas a cuesta y pocas mujeres que los hayan calmado dispuestos a hacer un trabajo gratis por mantenerse en el negocio, o malandrines de poca monta a la búsqueda de una bolsa que pueda sonar algo, son motivaciones que no hay que desdeñar para que a uno le corten la golilla.

Íñigo Balboa lo sabía tiempo ha. Y desde luego lo aprendió a fuego en virtud de aventuras pasadas, sabiendo que tampoco importa en las noches de luna ausente si eres duque o vienes de un tugurio, si te has criado con vajilla de plata, o si la puta que te parió era o no era de esta España tan maltratada. Si eliges mal la baza que jugar, te puedes topar con una revisión completa de tus pecados.

Para otros, no es casual el momento, y acechan como serpientes buscando ratones en los rincones más ocultos, los chaflanes oscuros y los muros de los soportales. Entre el olor de orines mezclados, atentos a los sonidos de las pocas almas perdidas que pierden camino por estos prados.

Eso sí, cuando estás al acecho en estas noches, sabes que en este negocio hay que tener buen oído, y buen olfato para no elegir toparse con un viejo soldado de esos que abundan por la corte, con mucho hierro encima, poco oro en los bolsillos y muchas ganas de hacer cobrar a alguien todos los desprecios hechos por las vuecencias que los maltrataron.

Hay que tener ojo, pues son más peligrosos los que cargan las herramientas sin que suenen demasiado. Esos tienden a ser los que se han acuchillado a gusto y placer en las mil y una batallas por las que las botas de los tercios españoles pisaron, como el caballo de Atila, para que no volviera a salir la hierba ni a brotar un maldito hereje que hiciera afrenta a esta oscura y católica España. Esos saben degollarse como Dios manda, que en esta España Dios lo manda en toda Europa.

Algunos regresan a estas horas a sus escondites, después de haber tenido su ración de damajuanas, sus envites con la desencuadernada, cuidados de alguna mujerzuela, o regresan tras sobrevivir una noche más a los vapores del vino. Que más tercios españoles ha matado estas noches de Madrid un florín, un estilete o una pappenheimer, por culpa de la lengua descontrolada al calor de más jarras de las necesarias, que por el ataque de un hereje.

Hay que buscar la víctima adecuada. Un pusilánime perdido buscando faldas ajenas. Un burgués cegado por la avaricia de hacer negocio a cualquier hora, a cualquier precio, incluso si ese pudiera conllevar encontrarse con un pasaje directo a ver a San Pedro. Un alma en pena que ha decidido ahogar sus penas en una taberna de mala muerte que esté pidiendo a gritos abandonar este mundo. Abandonarlo, por supuesto, sin un maravedí, que allá donde vaya no le va a hacer ninguna falta, que la entrada ni al cielo ni al inferno se paga allí. Si alguien quiere ganarse el cielo en esta España tiene que pagar los peajes con tintineo de oro en bolsillos que dan la absolución. En este imperio que decae, el oro tanto abre las piernas de una dama de calidad como las puertas del cielo con el perdón de un obispo.

Íñigo Balboa lo sabía e iba con sumo cuidado. Pegado a los muros buscando las sombras. Pisando como había aprendido de muy niño para escabullirse de lugares donde su vida valía menos que la de un gato herido. Lejos de las hachas de luz. Lejos de los mil peligros que él sabía que estaban ahí, pese a que él no los viera. Escuchando los gemidos de una alcoba, los ronquidos, risas o ruidos de alguna guitarra herida en una corrala, o a los gatos callejeros tener sus más y sus menos en un tejado. Buscando el sonido, el bulto o el cambio que fuera que no encajara en ese paisaje para ponerse a correr como alma que lleve el diablo de vuelta con el Capitán Alatriste.

Lo había dejado dormido después de una larga jornada, y él necesitaba comprobar si era cierto que el demonio con rizos dorados que le había hecho prisionero estaba de vuelta a la corte. Quería ir a ver si en la mansión de su tío, Luis de Alquézar, podía capturar algún indicio de su presencia otra vez. Si Angélica había regresado de su viaje, sus problemas comenzarían a acrecentarse una vez más. Pero la incertidumbre y la ausencia de noticias le habían tenido en vela sin poder dormir los últimos tres días. Y hoy era la fecha en la que debía regresar.

En esos pensamientos andaba, viendo los rizos y la mirada de Angélica de Alquézar en sus pensamientos, cuando le asaltaron los dos bandidos. Confiados ambos, salieron sin mucha prisa de sus rincones oscuros. Con sonrisas amplias en sendas bocas vacías de dientes. Con mechones de pelo sucios que daban aspecto de llevar mucho tiempo sin haber pasado por un buen baño. Iban pertrechados con sendos cuchillos malcuidados, que tanto te pueden matar por que te atraviesen con saña los órganos adecuados, que por la infección que te pueden causar. No eran más que malhechores en busca de presa fácil.

Íñigo Balboa los tenía delante y sabía que sus opciones eran pocas para escapar fácilmente. Iba a tener que pensar cómo zafarse de los pinchos que sin duda iban a acercarse mucho a su gañote, ya fuera para forzarle a dar todo lo que tenía, ya fuera por el disgusto que les daría ver que no tenía nada, o por la represalia que tomaran en él. Así que mientras aún se regodeaban como el gato que tiene capturado al ratón, se tiró de cabeza contra el estómago del más enclenque para tumbarlo, sorprendido, y hacerle sangrar la cabeza del golpe.

El otro, con menos dientes que el primero, pero más peso en el cuerpo, tardó en reaccionar unos segundos, pero cuando su compañero estaba en el suelo e Íñigo Balboa estaba aún recuperando la verticalidad de su cuerpo, se apañó para levantar a Íñigo por la pechera y ponerle uno de los cuchillos en el cuello al zagal. La boca del bandido estaba tan cerca de la cara de Íñigo Balboa que éste pesaba que se iba a morir antes por el aliento o los bocados que le iba a dar para castigarle por intentar huir.

Sin embargo, antes de que pudiera siquiera cerrar los ojos para no ver su fea y sucia cara, un chorro de sangre le salpicó por la cara, al tiempo que el bandido se quedaba mudo e inmóvil. Del cuello de este salía el filo de una espada que le había atravesado el cuello de lado a lado. Le llegó la solución a todos sus problemas en un momento. Ya no tendría que acechar en la noche a niños indefensos. Ya no tendría que respirar. Ahora sus problemas habían quedado atrás, amontonados en un charco de sangre que se extendía debajo de él a medida que su cuello perdía fuerza en la fuente en que se convirtió.

Íñigo Balboa seguía muerto de miedo, pues no sabía a quién pertenecía el hierro divino que le salvó la vida y vio tan cerca de su propia cara, pero sus dudas iban a verse resueltas de inmediato cuando en la oscuridad de la noche sus ojos vieron la cara que temía y conocía tan bien. La figura de Gualterio Malatesta, que sin inmutarse limpiaba la punta de su espada en la ropa del caído.

Íñigo Balboa se convirtió en estatua como si hubiera visto a la misma Medusa en lugar de al espadachín que tanto miedo infligía sobre él. Su cuerpo había dejado de responder, y cuando Malatesta guardó su espada y lo miró, el frío se hizo con todo su cuerpo. Podría haberse quedado así hasta el fin de los días. Hasta que le tocara irse con el barquero. No era capaz de pensar en nada. Solo estar convertido en estatua.

Con su mirada de hielo, y su sonrisa peligrosa, Gualterio Malatesta lo miró. Lo observó unos segundos. Y luego le dijo con un tono de voz que le hizo envejecer varios años y que se llevaría en el recuerdo hasta el último día de su vida:

“Vete. Hoy no.”

En ese instante, Íñigo Balboa escuchó cómo el primero de los bandidos, al que había derribado con el cabezazo, se retorcía para levantarse. Malatesta miró al pobre caído en el suelo, y luego a Íñigo. Le hizo un gesto con la cabeza para que desapareciera de escena, e Íñigo no necesitó una nueva indicación para correr como alma que lleva el diablo por las callejas de Madrid, de vuelta a la habitación del Capitán.

Esa noche tampoco durmió. Tampoco pudo concebir el sueño bien. Pero no fue porque pensara en los rizos dorados de Angélica de Alquézar, sino por esa espada que vio tan cerca y de la que estaba seguro volvería a ver en algún momento más adelante.

FIN

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Así es el pasaje de La noche de los cuchillos que yo osé construir. Ya me parecía una afrenta meterme en este universo, pero os prometo que lo hice de puntillas, y por la necesidad imperante de tener algo que “revertizar”. El resultado, “revertizado”, es el que podéis ver a continuación.

La noche de los cuchillos (Escrita por Maquet)

Las callejuelas de Madrid no son lugar para acuchillarse a estas horas. Espadachines, soldados de acero abrochándose a la vez que huyen de las mancebías, cuchilleros a maravedíes con restos de damajuanas en el cuerpo y escasas mujeres que los hayan sosegado, que hasta a hacerlo en gratitud por benevolencia con el arte están a la orden, o gentuza sin clase a la búsqueda de una bolsa con algo de oro, son gajes de oficio a comprobar, para no llamarse al cielo, o al infierno, por la golilla.

Íñigo Balboa lo aprendió por las malas tiempo ha. Y lo creyó a fuego más aún en virtud de pólvora quemada e higadillos secándose al sol, teniendo muy presente qué diablos importa en las noches de luna invernal, si eres duque o camarada de un tugurio, si has tenido conveniencia con vajilla de plata, o si la puta que te parió era o no era de esta España tan amedrentada. Si designas intuyendo la plaza que aventurar de forma equivocada, te puedes topar con la suerte arrimándose a tus pecados.

Para la gente, no es gran menester dicho momento nocturno, y acechan como serpientes buscando ratones en los rincones más enmascarados, los chaflanes escondidos y los muros de los soportales. Entre el olor del orín mezclado, avizor a los sonidos de las pocas ánimas en decadencia que pierden tierra por estos prados de los arrabales de la corte.

Eso sí, cuando estás al acecho en estas noches, es de ciencia que en este mundo hay que tener don de gente, buen oído, y buen olfato para no toparse con un viejo camarada soldado de esos que dábase por el reino, con mucho rejón encima, poco oro en los bolsillos y muchas voluntades de hacer pagar a alguien todos los pormenores hechos por las vuecencias que los maltrataron.

Hay asuntos donde tener ojo, pues sepa que son casos más peligrosos los que aforan las herramientas sin que suenen demasiado. Esos desgraciados casos tienden y acontecen a ser los que se han rebanado adversarios a antojo y conveniencia en las mil y una guerras por las que las botas con ansia de los odiados aceros tercios españoles pisaron, como el caballo de Atila, para no dejarse crecer la hierba ni parir un maldito adversario hereje, que hiciera deshonor a esta oscura y católica España. Esos fulanos saben degollarse como Dios manda, que en esta España Dios lo dispuso en toda la desgraciada Europa.

Algunos compatriotas regresan a estas horas a sus escondites, después de haber quedado servido su antojo de damajuanas, sus argumentos con la desencuadernada, cuidados de alguna zorra, o vuelven tras sobrevivir una noche más a los aires del vino. Que más tercios españoles ha aniquilado estas noches de Madrid un alarde de un florín, un cuchillo o una pappenheimer, por culpa de la lengua pasada al calor de más encuentros con jarras de las necesarias, que por el abordaje de un hereje.

Hay que apañar la víctima adecuada. Un desvalido adversario perdido revolviéndose entre faldas ajenas. Un aristócrata cegado por la avidez de hacer ocasión a cualquier momento, a cualquier valor, incluso si ese instante pudiera costarle encontrarse con un billete directo a ver a San Pedro. Un ánima en amargura que ha llevado a ahogar sus cadenas en una taberna de mala muerte que esté pidiendo a gritos abandonar este mundo. Dejarlo, por supuesto, sin un maravedí, que allá adonde vaya no le va a hacer ninguna necesidad, que el acceso ni al cielo ni al infierno se paga allí. Si alguien quiere ganarse el cielo en esta España tiene que pagar los peajes con tintineo de dinero en bolsillos que dan la absolución. En este imperio español que se duerme, el oro tanto abre las piernas de una dama de calidad como las puertas del cielo con el perdón de un obispo.

Íñigo Balboa lo creyó así, e iba con sumo cuidado. Pegado a los muros recorriendo las sombras callejas. Pisando como había aprendido de muy criatura para dejarse de lugares donde su vida tenía menos valor que la de un becerro herido. Lejos de las agujas de luz. Lejos de los mil peligros que él sabía que aforan ahí pese a que él no los viera. Escuchando los gemidos de una estancia, los ronquidos, risas o ruidos de alguna guitarra herida en una corrala. O a los argumentos de los gatos callejeros mientras tienen sus más y sus menos en un tejado. Buscando el sonido, el bulto o el acontecimiento que fuera que no encajara en ese paisaje para hacerle correr como espíritu que lleve el diablo de vuelta con el Capitán Alatriste.

Lo había dejado dormido después de una larga jornada, y él necesitaba cerciorarse si era cierto que el demonio con rizos dorados que le había hecho prisionero estaba de vuelta a la corte. Quería ir a comprobar si en la mansión de su tío, Luis de Alquézar, podía tomarse algún indicio de su presencia otra vez. Si Angélica había regresado de su viaje, sus problemas comenzarían a buscarlo una vez más. Pero la presión y la ausencia de noticias le había tenido en vigilia sin poder dormir los últimos tres días. Y hoy era el momento en el que ella debía regresar.

En brazos de esos pensamientos andaba, viendo los rizos y la visión de Angélica de Alquézar en sus pensamientos cuando advirtió los dos canallas. Confiados ambos, salieron moviéndose sin mucha prisa de sus rincones oscuros. Con sonrisas amplias en sendas bocas vacías de dientes. Con mechones de bozo sucios que daban aspecto de llevar mucho tiempo sin haber querido pasar por una buena tina. Iban pertrechados con sendos cuchillos jiferos, que tanto te pueden matar por que te atraviesen con ferocidad los adentros adecuados, que por la infección que te pueden causar. No eran más que ladrones en busca de botín fácil.

Íñigo Balboa los tenía frente a sus ojos y sabía que sus opciones eran escasas para contarlo. Iba a tener que pensar cómo zafarse de los aceros que sin duda iban a acercarse mucho a su gañote, ya fuera para forzarle a dar todo lo que tenía, ya fuera por el malhumor que les daría ver que no tenía nada, o por la venganza que tomaran en él. Así que entretanto aún se regodeaban como el gato que tiene capturado al ratón, se lanzó de cabeza contra el estómago del más enclenque para derribarlo, sorprendido, y hacerle sangrar la cabeza del golpe contra el suelo.

El otro, con menos dientes que el primer adversario, pero más peso en el cuerpo, tardó en actuar unos segundos, pero cuando su camarada estaba en tierra e Íñigo Balboa estaba aún recuperando la verticalidad de su cuerpo, se apañó para levantar a Íñigo por la pechera y ponerle uno de los cuchillos en el cuello al zagal. La boca del maleante estaba tan cerca del rostro de Íñigo Balboa que éste sintió que se iba a morir quemado por el aliento o los bocados que le iba a dar para castigarle por intentar huir.

Sin embargo, antes de que pudiera siquiera cerrar los ojos entornados para no ver su fea y sucia cara, un chorro de sangre le salpicó por el rostro, al tiempo que el maleante se quedaba mudo e inmóvil. Del cuello de éste salía el filo de una hoja que le había atravesado el cuello de lado a lado. Le llegó la solución a todos sus problemas en un momento. Ya no tendría que acechar en la noche a niños indefensos con matachines. Ya no tendría que respirar. Ahora sus problemas habían quedado atrás, amontonados en un charco de sangre que se extendía debajo de él a medida que su cuello perdía fuerza en la fuente en que se convirtió.

Íñigo Balboa seguía plantado muerto de miedo, pues no sabía a quién diablos pertenecía el rejón divino que le salvó la vida y vio tan cerca de su propia faz. Pero sus dudas iban a verse resueltas de inmediato cuando en la oscuridad de la noche sus ojos vieron el rostro que temía y conocía tan bien. La apariencia de Gualterio Malatesta, que sin inmutarse limpiaba el remate de su espada en la ropa de la víctima.

Íñigo Balboa se convirtió en estatua como si hubiera visto a la misma medusa en lugar de al espadachín que tanto miedo infligía sobre él. Su cuerpo había dejado de responder, y cuando Malatesta guardó su espada y lo miró amostazado, el frío se hizo con todo su cuerpo. Podría haberse quedado así hasta el fin de los días. Hasta que le tocara irse con el barquero. No era cuestión de pensar en nada, sólo estar convertido en estatua.

Con su apariencia de hielo, y su sonrisa peligrosa, Gualterio Malatesta lo miró. Lo observó unos segundos y luego le dijo, con un tono de voz que le hizo sentirse envejecer varios años y que se mantuvo en la memoria hasta el último día de su existencia, “Vete. Hoy no.”

En ese instante, Íñigo Balboa y Aguirre escuchó cómo el primero de los malhechores, al que había tumbado con el cabezazo, se retorcía para levantarse. Malatesta miró al pobre caído en el suelo, y luego a Íñigo. Le hizo un ademán con la cabeza para que desapareciera de escena, e Íñigo no necesito una nueva indicación para correr como alma que lleva el diablo por las callejas de Madrid de vuelta a la habitación del capitán.

Esa noche ni siquiera durmió. Tampoco pudo concebir el sueño bien. Pero no fue porque pensara en los rizos dorados de Angélica de Alquézar, sino por esa hoja que vio tan cerca y de la que estaba seguro volvería a ver en algún momento más adelante.

FIN

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Por supuesto, esto no es lo que escribiría nunca Arturo Pérez-Reverte, y hay que tomarlo como lo que es, como aplicar un filtro al texto para darle una pátina que recuerde al estilo de las novelas del Capitán Alatriste. Pero no tiene la brillantez del autor original de ese estilo.

Además, Maquet se fija en la parte técnica de las frases, pero no está haciendo el trabajo de un autor que hace una obra completa de composición literaria, donde no solo pone texto, sino también imágenes en la cabeza del lector y sonido que acompaña el texto con los ritmos y golpes musicales de cada palabra.

El gran Benjamín Prado apuntaba con acierto que don Arturo Pérez-Revete nunca habría construido alguno de esos párrafos, solo por la repetición sonora de algunas palabras. Y es verdad. Maquet no mira hoy en día esa parte sonora de la composición, lo que nos ha abierto otra línea de investigación tecnológica más que interesante.

Pero para cerrar el círculo, Arturo ha hecho una cosa maravillosa. Ha escrito él los párrafos de La noche de los cuchillos. Ha puesto su voz a ese pasaje. Ha puesto su pluma y su orquestación a las palabras, y ha quedado increíble. Pero tendréis que venir dentro de dos semanas aquí para verlo escrito y comparado con el que nos hizo la IA. Diversión asegurada para vuestras mercedes.

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