Alatriste en la canallesca

Comentarios y noticias sobre la saga de novelas ‘Las aventuras del capitán Alatriste’

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Jue Ene 23, 2014 7:00 pm

Alatriste no estaba en Andalucía
José Félix Machuca - abc.es - 13/10/2006

Si bien la declaración judicial del marqués de Ayamonte, Francisco Manuel Silvestre de Guzmán y Zúñiga, rama menor de la poderosa casa nobiliaria andaluza de los Guzmanes, se encuentra entre el Archivo de Simancas y la Biblioteca Nacional, estos ocho folios de su confesión pudieran completar el documento de ambos depósitos, que estarían cojos. El documento sevillano es original, como lo certifica la firma autógrafa del marqués levantisco y la ausencia de diligencia de copia. Fue adquirido a un coleccionista almeriense en 1993. Anteriormente había formado parte de los fondos nobiliarios de la familia Hoces. El testimonio judicial del marqués de Ayamonte llegó a Sevilla junto a otras adquisiciones de fondos aristócratas realizados por el Archivo General de Andalucía en 1993.

El documento en sí es sumamente atractivo. Recoge, con ánimo exculpatorio, la declaración del marqués tras ser descubierta la intentona insurgente por el Conde Duque de Olivares, valido del rey y el hombre más poderoso de España después de Felipe IV. Se daba la circunstancia de que los nobles insurgentes y el Conde Duque eran familiares, todos Guzmanes en un mayor o menor grado de consanguinidad. Pero Guzmanes al fin. En esa declaración, pese a estar fragmentada, el lector puede entender que las bases de la rebelión se justificaban sobre la pesada e injusta carga fiscal que soportaba la nobleza andaluza y el deseo de los Guzmanes, con el duque de Medina Sidonia al frente, de convertir a Andalucía «en una república libre».

Corría el año 1641. Portugal se había independizado y su rey, Juan IV, estaba casado con una hermana del duque de Medina Sidonia. Cataluña también se había levantado frente a la Corona. Y en Andalucía, Gaspar Alonso Ponce de Guzmán, IX duque de Medina Sidonia, aspiraba a convertir este reino en una república libre con él como rey pero, probablemente, vinculada al reino de Portugal y bajo la tutela quizás de Francia y Holanda, enemigas absolutas de Castilla y ansiosas de acaparar el mercado de Indias. El marqués de Ayamonte matiza en su declaración que jamás la intentona iba dirigida contra el Rey. «Viva el Rey muera el mal gobierno», se puede leer. Igual declaración hace Gaspar Alonso cuando sostiene que los conspiradores iban a sublevar a la nobleza y al pueblo prometiéndoles aliviar la carga de los impuestos y pensaban apremiar al rey para que alejara al gran inventor de impuestos, a su pariente el conde Duque de Olivares, de su lado. Una fórmula, en verdad, muy empleada en aquellos difíciles y gravosos años en los que los afanes imperiales de los Austrias se enfrentaban a media Europa en guerras costosas, lejanas y agotadoras. Cuando los tercios emprendían sus campañas bélicas y las soldadas se retrasaban meses y años, la tropa solía emplear la misma expresión para rebelarse contra la arbitrariedad: «Viva el rey muera el mal gobierno». Tanto en el caso del levantamiento de la Casa de Medina Sidonia como en el de los tercios viejos, el mal gobierno apuntaba siempre al mismo: al Conde Duque de Olivares.

En 1641, el año de la intentona del Duque de Medina Sidonia y de su pariente el marqués de Ayamonte, España llevaba más de cien años desangrándose militar y económicamente por los suelos de Europa, aquel Vietnam de los Austrias. Nuestras tropas, los compañeros de Alatriste, habían hecho prisionero a un rey francés en Pavía, ganaron en San Quintín, saquearon Roma y Amberes, tomaron Amiens y Ostende, diez mil enemigos cayeron en el asalto de Jemmigen, ocho mil en Mastrich y, ya en Bredas, pese a la victoria, las picas de los tercios que inmortalizó Velázquez daban síntomas de irreparable agotamiento. Pero en aquel fatídico año de 1641, mientras Alatriste daba estocadas por Europa restando calvinistas y enemigos de la Corona, en Andalucía también había rebeldes que reducir como en Flandes.

Ni la intentona separatista de Cataluña (mucho más apoyada por el estamento popular que la andaluza, que no la tuvo) ni la de los Medina Sidonia en Andalucía prosperaron. Pero si la de Portugal, escindida de la Corona española desde entonces. El hispanista JH Elliot mantiene en su libro 'El Conde Duque de Olivares' que «Andalucía carecía del sentido de identidad histórica y corporativa necesario para emprender un movimiento de independencia» y en el caso de que la sublevación hubiera triunfado «no tenía sentido alguno que lo secundaran las Indias». Joaquín Rodríguez Mateos, director del Archivo General de Andalucía, donde se guarda la declaración judicial del marqués de Ayamonte, dice que «la Corona jamás hubiera permitido la separación de Andalucía. Aquí estaba la caja fuerte de la Corona, la Casa de la Contratación, el puerto del monopolio con Indias y el grueso de la clase mercantil que entendía de aquellos negocios». Y más adelante se pregunta: «Si Felipe IV se volcó militarmente con Cataluña para sofocar la rebelión ¿qué no hubiera hecho con Andalucía sabiendo lo que se jugaba en Sevilla?».

Buena parte de la historiografía coincide en ver en la intentona de Medina Sidonia un golpe de mano para, emulando a la casa de Braganza portuguesa, colocar a un miembro destacado de su propio linaje como rey de Andalucía. Discrepa de esta tesis la actual duquesa de Medina Sidonia que, tras investigar el asunto, salva el honor histórico de la familia y concluye que todo fue una patraña del Conde Duque de Olivares en contra de su levantisco pariente, Gaspar Alonso Pérez de Guzmán, como puede seguirse en su página web. El próximo día 16 de este mes de octubre se cumplen 365 años de la declaración judicial del marqués de Ayamonte, que testifica en Illescas ante don Alonso Guillén de la Carrera, miembro del Consejo Real de Castilla. Ayamonte, por su menor rango, fue el único de los instigadores que murió a manos de la justicia años más tarde. El de Medina Sidonia se salvó, aunque fue desterrado de Sanlúcar y pagó su osadía con multas mucho más severas que los impuestos que llevaron a sublevarlo. Dos años después de esta intentona, Alatriste, caía frente al castillo de Rocroi sin haber pisado Andalucía camino de las Indias, como alguna vez le oí pensar en voz alta a un gran amigo suyo: Arturo Pérez-Reverte.

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Mar Feb 18, 2014 11:01 am

"¡Bogad, bogad, malditos!"
Jacinto Antón - El País - Madrid - 02/12/2006

La nueva novela de Arturo Pérez-Reverte, 'Corsarios de Levante', la sexta de las aventuras del Capitán Alatriste, arrastra al lector a una endiablada singladura en galera por el Mediterráneo. Persecuciones, tormentas y estremecedoras batallas navales contra los turcos entre el espumear de los remos y el silbido de las flechas de los jenízaros; galanteos y duelos en una Nápoles minuciosamente reconstruida, golpes de mano en Berbería... Alatriste no ceja, y cumple ya diez años de vida literaria.

Pardiez que hay coraje en 'Corsarios de Levante', el primer Alatriste poscinematográfico. Y emoción. Y aventura. Y amistad. Arturo Pérez-Reverte nos lanza una novela que es como una buena estocada: rápida, directa y efectiva, con la engañosa sencillez de la esgrima del maestro. Nos encontramos en el inicio del relato -un mediodía de mayo de 1627- con el Capitán Alatriste e Íñigo de Balboa (17 años recién cumplidos) navegando ya a toda castaña en una galera española a la caza de una galeota berberisca. "¡Aferra las dos!... ¡Ropa fuera! ¡Pasaboga!". El cómitre con su látigo tejiendo en las espaldas de los galeotes "un jubón de amapolas". Tensión, besos a los escapularios, las mechas de los arcabuces a punto, hambre de botín. Acaso miedo ("miente quien diga que nunca conoció el miedo, pues no hay cosa que no tenga su día"). Seguirá el pandemónium de un abordaje sangriento en el que Pérez-Reverte trazará el ancho escenario histórico en que nos vamos a mover: la peligrosa "turbulenta frontera mediterránea, encrucijada de razas, lenguas y viejos odios".

La novela no dejará de ir subiendo en intensidad hasta un final absolutamente espectacular, con cinco galeras turcas mortalmente enfrentadas a la nuestra en las costas de Anatolia, un pequeño Lepanto con hechuras de Trafalgar. Un trance malo, sin duda: "No hay otra, esta noche cenamos con Cristo o en Constantinopla". Ahí llega Uluch Cimarra, jenízaro grande pegando mandobles feroces y gritando "¡bir mum!" ("hijos de la gran puta", con perdón, en turco).

Persecuciones y batallas navales por todos los rincones del Mediterráneo, el ataque a un campamento moro en un uadi cerca de Orán (ecos de 'Beau Geste' -"ah, pero es que eso era nuestro 'Beau Geste'", señala Pérez-Reverte-), peligrosos galanteos en Nápoles, "pepitoria del mundo"; el escamoteo de la escultural favorita del bajá de Chipre... El horror (ahorcamientos, desollamientos, los sesos volantes del caporal Conesa, el niño que espanta las moscas de la cabeza cortada de su padre, el culpable recuerdo de Alatriste de la represión de los moriscos) y también el humor (en el golfo de Escanderlu, situación desesperada, tres galeras que van a jugársela al amanecer contra la flota turca; dice el capitán Urdemalas: "Ningún socorro a nadie. Cada cual para sí y puto el último". A lo que recuerda oportunamente el sargento Quemado: "El último somos nosotros"). ¡Vaya singladura, Arturo!

"Me he inventado pocas cosas. Las situaciones son auténticas. Es un tema que tengo localizado hace muchos años y me lo sé. Manejo mucho material de la época, de las campañas corsarias de España y Nápoles. Hay mucho trabajo detrás. He leído libros enteros que me han servido para una sola línea de la novela. Lo asombroso es que esa gente que muestro eran realmente así. El coraje, la aventura, la crueldad, eran los mismos que muestro. Había realmente individuos que saltaban a una galera enemiga solos. Eran una gente peligrosísima. Éramos muy peligrosos. Esa singularidad, esa arrogancia, sentirse dueños del mundo, poseedores de la religión verdadera. Alatriste me permite entrar en la psicología de aquellos tíos. Cuando lees esas acciones... eran tíos asombrosos, una combinación de valor, desesperación, ambición y salvajismo absolutamente español. Un país de miserables era el nuestro. Ser soldado, ir a América, a Flandes, al Mediterráneo, era salir de la miseria a por botín. Eso sí, como hidalgos y vendiendo cara la piel, pues hacen de su reputación, de su dignidad personal -que es lo único que poseen- una filosofía de vida". Como aquello de que los "señores soldados", la infantería embarcada, no reman en la galera ni que les vaya la vida en ello. La tropa no boga ni hartos de alboroque, que dicen en la novela. "Efectivamente. Eso es cierto. Lo cuenta Cervantes. No reman. Remar es cosa de los galeotes y para el soldado es deshonroso. Al leer el libro te pueden parecer unos animales, unos marcianos. Pero eran así, exactamente así. Alonso de Contreras, Jerónimo de Pasamonte, Osuna y sus capitanes...".

Lo de las bocas de Escanderlu, esa lucha atroz y desproporcionada en el mar, tres a ocho... "Esa batalla ocurrió. Y el episodio real es aún más increíble: un bajel y dos galeras contra treinta. Lo dicho, hay mucho material, mucha documentación, el siglo XVII es muy rico en ella, pero es un tema poco trabajado, en buena parte desconocido. Se habla mucho del pirata turco, del corsario berberisco, pero nosotros hicimos lo mismo en esa frontera mestiza que era el Mediterráneo. Los españoles hicimos mucho el corso".

Al turco, al moro, al berberisco, se le mata y destaza si hace falta, pero es una rivalidad sana; en cambio a los ingleses... "Ése viene de fuera a robar, es un intruso, al moro lo conoces bien, incluso frecuentemente, si tiene reaños, se le admira; es de aquí, vecino del mismo patio. Se le odia, se le degüella, pero con un respeto". ¿No se ha teñido un punto este Alatriste de la negra perspectiva de 'El pintor de batallas' (Alfaguara), la anterior novela de Pérez-Reverte? "No, lo que pasa es que Íñigo ha crecido y eso hace que surjan unas lucideces y amarguras en la relación que no se daban cuando era más joven. Hay enfrentamientos. Cosas que cualquier padre que haya tenido hijos adolescentes entiende".

A Pérez-Reverte le gusta especialmente el episodio del soldado varado en Orán, el viejo veterano Malacalza. "Se entiende en él lo que era el abandono de España a sus gentes, cómo todo se fue perdiendo por desidia". Le place también el lance del "rufián de entremés", cuando Íñigo se ve metido en una clásica situación de enredo en Nápoles, rico vergel...

Para él ha sido, por supuesto, "un gustazo", hacer una novela con tanta trama marina. "He manejado cartografía de la época, he analizado cada barco, cada derrotero, cada maniobra, cada viento". Como con Patrick O'Brian, el lector siente que navega en las páginas, aunque los capitanes de mar y de guerra del escritor inglés nunca soltarían una retahíla tan elocuente como los de Pérez-Reverte: "Bogad, cuarta a babor, me cago en Satán, bogad malditos, bogad, amolla ese cabo, tensa aquella driza, bogad que ya son nuestros, bogad u os arranco la piel, bellacos, voto a Dios y a la hostia que vi alzar".

El mundo de la galera que describe 'Corsarios de Levante' es muy bestia. "Era así. Un infierno hediondo e insalubre. Piensa que a lo máximo que te condenaban era a remar diez años, porque nadie aguantaba más vivo. Era durísimo. Y ellos, las gentes de entonces, también, para aguantarlo. Si ahora navegar ya es jodido, en aquella época, con guerra, esclavitud... Ya lo decían: 'La galera, dela Dios a quien la quiera'".

Eran tiempos crueles, esa crueldad aparece en la novela. "Esta novela no se puede escribir desde el siglo XXI. Es un error aplicar nuestros criterios éticos -como hacen muchos autores de novela histórica, especialmente mujeres- a otras épocas. No se puede juzgar. La crueldad era algo natural, impuesto por la supervivencia limitada, por las circunstancias. ¿Cómo ibas a tomar prisioneros heridos en una galera abarrotada ya? Al agua con ellos. Así era el mundo. Mataban, pero también sabían morir cuando venían mal dadas. Con dignidad, con fatalismo profesional".

'Corsarios de Levante' es la primera novela de Alatriste tras encarnarse en la gran pantalla. "La película estaba bien, pero Alatriste existe antes y después de ella. Alatriste no ha de luchar con la película, que es un complemento. Tenía curiosidad para reencontrar a Alatriste después de la película. No hay ningún problema, Alatriste está intacto. No está contaminado. La película se adaptaba mucho a los libros, era muy fiel, no los violentaba. Al no hacer Viggo (Mortensen) ni Agustín (Díaz Yanes) su capitán, sino basarlo en las novelas, no ha habido otro Alatriste diferente".

Hace diez años que nació Alatriste, con esa frase -"no era el hombre más honrado", etcétera- que ya ha saltado a los colegios y al cine. Pérez-Reverte recuerda: "Hice desde el principio un plan que he ido siguiendo, que he ido ampliando pero sin cambiarlo. El cuadro inicial se mantiene".

En 'Corsarios de Levante', descubrimos que Malatesta está vivo, que Luis de Alquézar conspira desde América y que Angélica -"he crecido por dentro y por fuera", escribe a Íñigo- lanza el cebo desde allí. Pero nuestros héroes no cruzarán el charco en el futuro. "Sería falso llevar a Alatriste a América, la gente de su clase no iba tan lejos, a no ser para quedarse. Seguirán por el Mediterráneo, irán a París... Y Rocroi espera".

Hablar de los diez años de Alatriste -tantos años como heridas- da pie a recalcar algunas cosas. "No es justo poner a Alatriste en la estela de la novela popular de aventuras. Alatriste es mucho más complejo. La serie maneja mecanismos humanos, documentación y desarrollos lingüísticos que son ajenos a Salgari o a Dumas. Alatriste, y no se entienda esto como una herejía, va más allá que Dumas. En relación con Alatriste se puede usar la asociación con la novela de aventuras y sus mecanismos -yo mismo hago uso de ello-, pero al tiempo hay en Alatriste una cantidad de información, reflexión y trama complejísima que trasciende el género. El lector lúcido constata que hay un trabajo ímprobo de creación de un lenguaje. Alatriste no es un pastiche, es una obra viva y fresca, nueva".

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Mensaje por Rogorn » Mié Feb 19, 2014 10:13 am

Una pica en Flandes
Carmen Iglesias - El País - 02/12/2006

Diez años de éxito popular de las aventuras del capitán Alatriste, soldado de los Tercios Españoles en pleno siglo XVII, es una hazaña casi tan importante en nuestro tiempo como era en su época "poner una pica en Flandes". Arturo Pérez-Reverte ha conseguido que una criatura de ficción se haya convertido, y más todavía al ser llevado al cine, en un héroe español, no por perdedor y matón menos héroe -más bien al contrario-, cuyas aventuras nada tienen que envidiar a las que nos deslumbraban en las historias del Oeste americano, cuando los valientes personajes se enfrentaban a todas las dificultades con su particular código ético: la lealtad a la palabra dada se cumple por encima de todo, las cosas que se empiezan no pueden dejarse a medias, la dignidad personal está por encima del éxito inmediato, al enemigo -y sobre todo a aquel que exhibe una crueldad deliberada- no se le perdona jamás, incluso aunque se le perdone la vida. Además, Alatriste es siempre leal a sus juramentos, pero no es fiel; en la antigua Castilla la diferencia entre el terreno de la lealtad y el de la fidelidad era bastante claro: fiel es el que sigue al Señor sin preguntarse por la justicia de su causa, leal es aquel que procura que el señor no cometa injusticia.

En un país que, como decía conmovedoramente María Zambrano, "no acepta su propia historia" y la entiende solamente "como sombra, como culpa solamente" -igual por lo demás que en su percepción hacia las mujeres, remataba-; en un país como España cuyos ciudadanos "tienen historia a pesar suyo -proseguía Zambrano en sus comentarios a los 'Episodios' de Galdós-; (los españoles) no la viven, no se entregan a ella con la consecuente docilidad del europeo y especialmente del francés"; en un país con tal ambiente intelectual y emocional en amplios sectores dirigentes, como también han observado asombrados muchos de nuestros mejores hispanistas, que el capitán Alatriste -soldado valiente y espadachín a sueldo en la dura España del barroco- incite a interesarse mínimamente por la historia de su época y que ésta haya sido recreada con tanto mimo en una obra de ficción es siempre un soplo de aire fresco. Pues, a mi parecer, estamos ante una escritura que recoge cuidadosamente hechos y datos históricos, pero que nunca ha pretendido entrar en ese obsoleto apartado de la "novela histórica" que últimamente se prodiga con una textura tan plana, sino que se recrea en la alegría de contar una historia, en la libertad de utilizar la ficción para aventurar verosímilmente las posibilidades de unos personajes en un contexto cotidiano que les ha tocado vivir y sobre el que actúan de forma que el lector puede reconocer en sus reacciones sus propias realidades existenciales o sus sueños de libertad y dignidad personal.

Alatriste es un superviviente, un guerrero -un buen guerrero profesional- que sobrevive en el multinacional "ejército católico" de S.M., en un momento en que el número de soldados españoles en Flandes -la temible infantería de las Españas, en la que los españoles eran una minoría que combatía siempre junta y no se rendía jamás- dependía en buena medida de las fluctuaciones de la economía castellana y de una curva de salarios que quedaba desbordada por los precios y que obligaba a aceptar el oficio de soldado, como estudió excelentemente Geoffrey Parker. Pues hay que recordar que España, en palabras de Díez del Corral, "era un país con vocación guerrera y capaz de movilizar para llevar a cabo sus empresas bélicas gentes de las más variadas nacionalidades de Europa, pero justamente porque no era una sociedad militar en el sentido estricto del término", como podía ser la Suecia de Gustavo Adolfo y Carlos XI y poco después en los casos de Prusia y Rusia, la población española no estaba organizada para fines de reclutamiento militar. Por ello precisamente algunos arbitristas de la época estimaban ya que la declinación de la monarquía hispánica, bajo el Gobierno de los últimos Austrias, se debía al poco entusiasmo militar de sus monarcas: "Se ha cambiado la espada por la pluma... y así vamos", se decía críticamente. Y el juicio que se dio de Felipe IV en el siglo siguiente, por contraste con el ímpetu guerrero de Felipe V, "el Animoso", era tremendamente negativo, incluso en un escritor como León de Arroyal que en sus ‘Cartas al conde de Llerena’ seguía estimando que la falta de espíritu bélico del monarca y sus inclinaciones por la música, la pintura, los libros, la poesía, "mientras que la monarquía ardía en guerras y turbación" era motivo para considerarle muy por debajo del título de Grande que se le quiso dar. El ejemplo de los monarcas arrastraba a toda la sociedad.

En las relaciones entrecruzadas o fronterizas que en ocasiones se establece entre la novela y la historia, la popularidad del Alatriste de Pérez-Reverte es resultado de un cruce feliz entre saber contar una historia, disfrutándola, y por ello haber sabido crear vida y no simplemente copiar o inventar pasados históricos. Los personajes pueden ser ficticios, pero no lo son ni sus sentimientos ni el sentido de los hechos de su entorno. Como decía un personaje de Thornton Wilder: "Nada es como se cuenta, pero todo es verdad". El mundo de los seres humanos está lleno de personajes literarios, tan importantes para la mentalidad y el imaginario social como los históricos. Alatriste es para nosotros uno de ellos.

Carmen Iglesias es académica de las Reales Academias Española y de la Historia.

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Mensaje por Rogorn » Jue Feb 20, 2014 10:36 am

Guerras fraternales
Justo Navarro - El País - 02/12/2006

Continúan las aventuras del ya crepuscular capitán Alatriste, esta vez a bordo de 'La Mulata' por los mares de Levante. Una crónica a dos voces de las hazañas de soldados españoles que persiguen naves berberiscas, con todas sus sombras, miserias y glorias. Nadie se ha arrepentido de ser valiente, o eso oí una vez, y valiente es Diego Alatriste, capitán crepuscular y cansado en un mar fabuloso de cristianos contra musulmanes, el Mediterráneo, matriz de razas, lenguas y viejos odios fraternos: "Nadie se degüella mejor y más a gusto que quien harto se conoce", ahora y en 1627, cuando empieza 'Corsarios de Levante'. El pasado es también un país de aventuras.

A bordo de ‘La Mulata’, galera de 24 bancos, en persecución de un bajel berberisco, viajamos hacia un turbión de peripecias, de Cartagena a los Dardanelos, entre abordajes y matanzas, amistad, valentía, lealtad, y sus contrarios. Arturo Pérez-Reverte imagina con fervor lo perdido, la materialidad y el alma de un siglo XVII de soldados: cómo se navegaba, se combatía, se vivía, se padecía y se gozaba. Dos cronistas lo cuentan: un narrador sin nombre e invisible, que sigue a Alatriste hasta el fondo de su conciencia, y el feliz Íñigo Balboa, testigo de los hechos, huérfano de veterano en Flandes y protegido del capitán.

Balboa, alegremente engreído de su juventud, se presenta como "bachiller en Flandes y licenciado en las galeras del rey". Es soldado, pero todavía no es el hombre que cree ser, ni el que debería, o eso le dice Alatriste, pues Balboa, a sus 17 años, ya se le sube a las barbas. Ya no ve en el capitán lo que veía. Pero Alatriste aparece más sólido y más próximo en su nueva aventura, ojos claros y atentos bajo el sombrero viejo, parco en palabras y ademán, sólo rico en cicatrices y muertos a sus espaldas, amigo de diluir la memoria excesiva en vino. Ahora vemos el gesto de Viggo Mortensen sobre la cara que dibuja Joan Mundet.

En un momento de distancia entre el héroe humilde y el discípulo soberbio, el discípulo envidia la forma de morir que le supone al capitán: la calma digna, el conocimiento de lo que significa vivir. Alatriste y Balboa se disponen para un combate probablemente desastroso, en franca inferioridad, y la mirada de Balboa sobre su protector nos deja ver dos cosas: la valía de los dos amigos y el afecto del joven hacia el viejo. "Joven, gallardo y español bajo las banderas de la famosa infantería de España, mayor potencia y azote del orbe", el casi adolescente Íñigo Balboa es visto con aprecio e ironía, como si lo mirara el capitán.

El Mediterráneo de 1627 fue una sorda guerra civil que Alatriste vive con el recuerdo de 1609: la expulsión de los moriscos, aquel sangriento episodio entre españoles. Pero la acción aplaza las cavilaciones, y un abordaje nos espera frente a Alborán, en Orán un asalto, piratas ingleses en Lampedusa, una batalla tabernaria y campal entre españoles y venecianos en Malta, lances de garito en Nápoles, la caza de un botín fabuloso en las costas de Anatolia, el rapto de la favorita del bajá de Chipre, el encuentro mortal con ocho galeras turcas en el Cabo Negro. La galera, por fin, será "una astilla ensangrentada", y el combate ha sido onomatopéyico, en primer plano. Crock, se rompe una nariz. Ris, ras, el puñal abre un cuello. Zumban las moscas sobre la sangre en cubierta.

Arturo Pérez-Reverte imagina y nombra aquel universo: armas y barcos y sensaciones, cómo se mide el tiempo allí. En cargar el arcabuz se emplean dos avemarías, lo que falta para el ataque se mide en credos, dos credos, y la soldadesca reza con diversos acentos, de vizcaínos a andaluces, todos en latín católico y al servicio del rey, sólo unidos "en rezar y matar". Y, quizá porque la literatura española valió alguna vez para construir nuestra conciencia lingüística y civil, Alatriste emprende la batalla decisiva llevando en el bolsillo los 'Sueños', que acaba de mandarle Quevedo. También Cervantes y Lope de Vega pasan por este Alatriste apasionado y asombrado ante el mundo ido.

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Mensaje por Rogorn » Vie Feb 21, 2014 1:10 pm

‘Corsarios de Levante’, diez años de aventuras con el capitán Alatriste
EFE - 04/12/2006

Desde hoy está en las librerías ‘Corsarios de Levante’, sexta entrega de ‘Las aventuras del capitán Alatriste’, de Arturo Pérez-Reverte, con la que la serie del escritor, que lleva vendidos más de cuatro millones de ejemplares en todo el mundo, celebra su décimo aniversario. Es también la primera narración en torno a este capitán de los Tercios Españoles después del éxito con que ha sido recibido en los cines la película ‘Alatriste’, protagonizada por Viggo Mortensen y dirigida por Agustín Díaz Yanes. Esta película, que reunió también a destacados actores españoles como Ariadna Gil, Blanca Portillo, Elena Anaya, Unax Ugalde, Javier Cámara o Eduardo Noriega, es por el momento la más cara del cine español, con un presupuesto de 24 millones de euros, y sólo en sus dos primeras semanas de proyección recaudó diez millones de euros.

En ‘Corsarios de Levante’, que publica, como los anteriores libros, Alfaguara, Arturo Pérez-Reverte embarca al lector en la galera ‘La Mulata’, y surca con él el Mediterráneo, "encrucijada de razas, lenguas y viejos odios", desde las costas de Berbería a las bocas de Constantinopla. Pérez-Reverte, que en anteriores entregas había revivido el Madrid de Felipe IV, la rendición de Breda o la Sevilla de 1626, llena las páginas de este libro de desembarcos, saqueos, corsarios, abordajes, piratas y esclavos, en los que los personajes vuelven a ser Diego Alatriste y Tenorio y su protegido, Íñigo Balboa, que se tropezarán con gentes como Aixa Ben Gurriat, el moro Gurriato o Manuel Urdemalas, capitán de ‘La Mulata’. Y con todo ello, este escritor y académico, traducido a más de treinta idiomas, hace partícipe al lector del peligroso juego que llevan las naciones en aquellas viejas orillas, así como de la "guerra sorda" que enfrenta a los súbditos de Felipe IV con los moriscos, moros bautizados que, dieciocho años antes, han sido expulsados y son en el momento de la acción los enemigos más feroces y odiados.

Nápoles, Orán y Malta serán algunos de los puntos que servirán para escenificar, en tierra firme, lo que se cuenta en ‘Corsarios de Levante’, una novela de la que hablará el propio autor en rueda de prensa el martes de la próxima semana, día 12.

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Pérez-Reverte publica 'Corsarios de Levante', sexta entrega del capitán Alatriste
Periodistadigital.com – 04/12/2006

El escritor Arturo Pérez-Reverte sacará a la venta la sexta entrega de su serie 'Las aventuras del capitán Alatriste', titulada 'Corsarios de Levante'. Este lanzamiento coincide con el décimo aniversario de la serie, de la que se han vendido en todo el mundo más de cuatro millones de ejemplares. En 'Corsarios de Levante', Arturo Pérez-Reverte navega por el Mediterráneo a bordo de la 'Mulata', una galera de 24 bancos. A lo largo de las páginas del libro desfilan saqueos, corsarios, abordajes, piratas y esclavos. Al mismo tiempo, el lector asiste a una guerra civil entre españoles: la que disputan los súbditos de Felipe IV con los moriscos.

"Reverte es el tipo que uno escogería como compañero en el bote salvavidas del ‘Titanic’. Hay muchas razones que justifican la elección. Una de ellas -la más evidente- es que es fiable. Arturo Pérez-Reverte está fabricado de acero y jamás deja tirado a un amigo. Con él tienes la garantía de que no intentará salvarse a solas si la nave se va a pique", así definía Alfonso Rojo al conocido escritor.

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Mensaje por Rogorn » Sab Feb 22, 2014 10:32 am

Alatriste, aventura del lenguaje
José María Pozuelo Yvancos - ABC - 09/12/2006

Diez años no pasan en balde. No para el héroe de las que comenzaron siendo aventuras de un soldado en la España del siglo XVII y van convirtiéndose en un proyecto distinto al del mero entretenimiento con las capas, espadas y lances varios en que se quedarán todavía algunos lectores superficiales.

Conforme Alatriste evoluciona como personaje, crece la medida de la serie, con novelas que van adensando su trayectoria en dos direcciones. Primeramente, según vimos ya en las anteriores ‘El oro del rey’ y ‘El caballero del jubón amarillo’, por el estigma del desengaño, como si Quevedo fuese algo más que un amigo, y su amarga visión de las Españas caídas prendiese cada vez más en la retina de Alatriste, sometido a los vaivenes del poder cortesano, como lo fue la historia de don Francisco mismo. No es casual que un ejemplar de ‘Los sueños’ de Quevedo, recién salido a estampa, acompañe los ratos de ocio del capitán. Pero tampoco lo es la inclusión parcial en el texto (pág. 221), y completo en el apéndice final, del espléndido soneto que Quevedo dedicó a su amigo y protector, don Pedro Téllez de Girón, duque de Osuna. El acento de contraposición entre vasallos leales sin señores que los merezcan acentúa la línea semántica constante en la narrativa toda de Pérez-Reverte: su amarga visión respecto los valores inservibles, por muy grandes que hayan sido las hazañas quemadas en su servicio.

El otro camino de adensamiento lo surca el lenguaje. Podría decirse (y quiero hacer algo más que un juego de palabras) que lo que comenzaron siendo unas novelas de aventuras han terminado por ser una auténtica aventura del lenguaje, que en esta última entrega se convierte en el protagonista principal, y traduce, según creo, un nuevo compromiso de su autor, quien logra ir donde hoy no llega nadie en novela histórica: dar vida a una aventura semántica. Comienza siendo léxica, por los dos o tres centenares de términos que estaban arrumbados en diccionarios de época y en jergas especializadas de la germanía, del juego de cartas, de la marinería o de las suertes de ataques y defensas en las batallas o duelos. Podría allegar mucho de ello en esta crítica, aunque bastará a cada lector con ver lo que digo según la novela avanza. Pero es sobre todo semántica, porque Alatriste es hoy menos aventura recreada, y cada vez más creación propia, como si la obra le fuese creciendo a su autor entre las manos, hasta acariciar la idea no de escribir como los antiguos según comenzó siendo la serie, sino de crear un espacio nuevo con aquel lenguaje de época, por el procedimiento de haber embebido la situación de tal manera que solamente de esa forma pudiera decirse. Eso no significa ya remedo, sino necesidad creativa que vamos viendo crecer en cada entrega.

En el último Alatriste la nueva necesidad creadora se dirime en el lenguaje y no en la aventura. De hecho, la trama se ha adelgazado mucho, y se convierte en episódica, con tres batallas navales (una contra el navío inglés, y dos contra los turcos); precediendo a ellas una antológica escaramuza con la cabalgada en los alrededores de Orán, y entre ellas una escala memorable en el Nápoles tabernario. La de Orán traduce mucho del sentido de la obra: la necesidad de proveerse salvajemente por parte de unos soldados que la Administración ha abandonado a su suerte.

Podría decirse que Lope de Vega ha cedido a Cervantes la primacía de este libro. Digo esto porque la trama es cervantina toda: la Berbería mediterránea, las plazas españolas en el Norte de África, la lucha contra el Turco (que condensaba en esa denominación un todo sinecdóquico, por infiel), pero incluso la suerte de los moriscos es aquí convocada. Resuena Ricote, y resuena el episodio paralelo del cautivo, convocado incluso en algún detalle geográfico. Sabe Pérez-Reverte, y sería desdicha no reconocerlo (aunque habrá quien se lo niegue, según van siendo proverbiales todavía las envidiosas negativas de un esfuerzo lingüístico realmente sobresaliente), que tales convocatorias por un escritor son envites bien fuertes. Sale de ellos mucho más que airoso, como de la precisa reconstrucción histórica del escenario mediterráneo, con sus escalas principales en Melilla, Orán, Lampedusa, la travesía del Scila y Caribdis, la soberbia Nápoles, hasta llegar por Patmos a las puertas del Mar de Nicaria. Es tanta la precisión histórica y geográfica de esta obra, que quizá acabe teniendo su peaje comercial, porque lectores habrá que dejen en el camino esta aventura estilística, ya decididamente volcada del lado de los lectores verdaderos, que sabrán apreciar el enorme esfuerzo y disciplina de una novela como la presente, que por ello es creación y no simple homenaje.

¿Título menor? Digo esto convencido de la necesidad de zafar a la serie de Alatriste del sambenito de su carácter secundario, menor, y porque se hace preciso celebrar la dificultad inherente a la empresa de dotar a cada situación de su propio sentido léxico, a favor de un significado que lleva la novela histórica a un lugar de exigencia olvidado hoy por casi todos, excepto quizá por Umberto Eco, que igualmente se ha comprometido en recrear con precisión cada época convocada. Si el italiano cede a la ironía posmoderna, en el caso de Pérez-Reverte se arrostra la ideología del siglo, por más que resulten chirriantes y políticamente incorrectos los valores embebidos que este libro ofrece, sin traducción posible. Porque no cabe ser cervantino o quevedesco en parte, o mirar España y la Berbería con los ojos del presente. Quizá este modo de ser novela histórica vuelva a como fueron las de Galdós y Baroja para el caso del carlismo: la única forma posible de que una reconstrucción pueda sobrevivir. Haber puesto ante los lectores de hoy un mundo de ayer, que ha necesitado de ese lenguaje, y no de ningún otro, para ser realmente posible. Escribir novela histórica, cuando es crear, necesita tal cosa.

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Mié Feb 26, 2014 5:41 pm

Cortobalboa - capitan-alatriste.com - 12/12/2006

Acabo de llegar de la rueda de prensa y sin más dilación transmito a vuestras mercedes las primeras impresiones, sin perjuicio de lo que Julito o su hermano añadan después. Cuantos más podamos hablar del evento mejor y más variada será la información que sus oídos de ustedes ansían. De esta cabalgada traigo en el zurrón dos ejemplares, dos, firmados por el jefe: el mío que ya había comprado, y el que nos han regalado junto con el dossier. Le he transmitido sin falta la petición de que si pudiera estar el viernes en la Taberna, pero, como era de esperar, siente no poder ir, porque ni siquiera estará en Madrid. Por causa de los viajes con los que anda liado por asuntos de promoción, ediciones en el extranjero, etc -nos ha dicho al comienzo a todos- no puede dar entrevistas calmadas y personales como en otras ocasiones, y se ha excusado por ello, caballeresco detalle que sin duda hemos agradecidos todos los allí presentes. También le he dicho que en otra ocasión le daremos el libro. Por cierto, me ha parecido un poco sorprendido al respecto. ¿De verdad sabe que tiene un libro de fans que le amenaza cual espada de Damocles en cualquier lugar de la geografía española? En fin, Florete y demás expertos sabrán del tema.

En cuanto a la presentación en sí, ha sido amplia y jugosa. Una extensa introducción a cargo de Rosa Junquera, de Alfaguara, y un buen número de preguntas a las que ha respondido con la precisión y la contundencia acostumbradas. Sobre esas preguntas y respuestas supongo que podremos extendernos en este hilo más adelante y en sucesivas entregas, porque hay material de sobra para profundizar en el alma alatristesca. Y sobre la historia de España, la identificación con el héroe lúcido y cansado -Alatriste soy yo, le dicen muchos-, la profunda ignorancia de la Historia de España de unos y otros (ojo, unos y otros, no excluye a ningún lado) que precisamente andan estos días apelando a la memoria histórica con el fin de apañar unos votos, cuando se ve a la legua que no tienen ni puñetera idea de lo que hablan (pero claro, estos son jardines en los que no ha querido meterse más, y quizá mejor no nos metamos nosotros aquí, porque es seguro que todos habremos interpretado lo que él ha dicho a nuestra manera), sobre la evolución del personaje (que si ahora Íñigo ya es lógicamente a sus diecisiete años un adolescente un tanto bravucón y respondón como todos y que ya no ve a su antiguo amo como lo veía un niño, ahora ve otras cosas), y sobre, para abreviar, otros temas que nos llegan a los tuétanos.

Le he preguntado a Rosa -ya lo hice por teléfono cuando me acredité- si habría manera de obtener una grabación de la charla y su introducción para que la colgarán en lo que llaman Sala de Prensa de las páginas de la editorial, en MP3, como hacen de ruedas de prensa en festivales y tal, pero me ha dicho que esta vez no lo tenían previsto, que a lo mejor alguno de los de televisiones. Si lo hicieran, pues ya tendríamos ahí la vianda sin conservantes ni colorantes a la que hincar el diente. Habrá que estar atentos a lo que sale. No sé si el hermano de Julito habrá grabado algo. Yo poca cosa, he estado más bien de plumilla a la antigua tomando notas a mano y aplicando la oreja, como la italiana que tenía al lado. Por no faltar, no han faltado ni un par de ejemplos de la ignorancia general nacional aplicada a la de los periodistas en particular. Y su osadía, como muy bien ha señalado don Arturo: la ignorancia ya se sabe que es muy osada. Ha habido una que preguntaba basada en la premisa de que Alatriste es el D’Artagnan español. La italiana y yo nos miramos perplejos. En fin, el típico caso del periodista que ni se ha leído sobre lo que pregunta. El jefe, claro, le ha contestado que no, que aunque le gustan mucho los libros de Dumas, que ya leyó a los ocho años, y que no por casualidad ya le dedicó una novela a la cuestión, -seguramente la gacetillera tampoco ha leído ‘El Club Dumas’- el francés no tuvo intención alguna de hacer un D’Artagnan al que le doliera Francia.

Ha habido otra que partiendo de la base de que el Alatriste de la película es distinto del de las novelas, ¿cómo había influido el de la película en su visión del personaje? Otra que ni se ha enterado (porque ni ha leído los libros ni visto la película o por algo peor) que ambos son iguales en lo esencial y en lo importante, en el espíritu y en el alma, como bien ha respondido el jefe (y como también señaló Javier Marías), aunque, claro, hay algunas diferencias, como que, por ejemplo, seguramente Viggo Mortensen es más guapo. He tenido justo delante, en la segunda fila con asientos reservados, al mismo productor de la peli, con el que he pegado un poco la hebra al final y he aprovechado para preguntarle sobre el DVD, sobre si habrá una edición completa con las escenas excluidas del montaje final para las salas, me ha preguntado que por qué hay reticencias sobre… Pero esto lo dejo para otro mensaje, porque espero al fontanero, y tengo que comer, y tengo que teclear otras cosas por las que me pagan cuatro maravedíes, como a todos los mercenarios de la tecla, igual que a los de la espada. Sabrán disculpar vuestras mercedes. Gracias a esa condición he podido estar ahí y contarles lo poco que hasta ahora he contado.

Bueno, pues como decía, a Antonio Cardenal, tipo afable y simpático del que por la pinta ningún taxista diría que es el productor de la película más cara del cine español, tan poco aspecto de magnate hollywoodiense tiene, le he sacado el tema del DVD. Es decir, no del DVD que sale el tres de enero con la peli que hemos visto y que muy bien está que salga, sino del otro, del pata negra, el DVD “completo” que todos anhelamos, el que incluya todas las escenas omitidas por imperativos de la distribución y que como omitidas aparecen en el guión -que casualmente tenía a mano- y que me confirmó que, efectivamente, están casi todas rodadas. Que sí, que sí, que ya sabía del interés existente, que precisamente es una de las cosas que va a hablar con Tano pero que, claro, hay el problema del nuevo montaje que hay que hacer -ya sabemos todos como cinéfagos avezados que somos que el montaje de una peli no es cosa hecha y que puede llevar mucho tiempo- y también el de la música que vaya con las nuevas escenas. En fin, nos hacemos cargo de que el punto de vista del productor no es precisamente el de los fans, pero yo esta mañana, con la emoción que me embargaba en tan incomparable marco, estaba lanzado y le he dicho que venga, venga, que si no sabía que en el foro hay más de 2.500 inscritos dispuestos a pagar lo que sea menester, y muchos más lectores, que si una edición “grand luxe”, en dos discos si hace falta, que incluso, ya puestos, hasta se podría exhibir de nuevo en algún circuito más minoritario la versión “integral” en dos partes al estilo de la italiana ‘La mejor juventud’ o ‘Érase una vez en América, o, añado yo ahora, al estilo de todas las películas largas de tres horas o más que en el mundo han sido. En fin, no cabe duda que me he pasao porque qué le voy a contar yo a este tío del tema. Pero, en fin, el mensaje transmitido está y él por su parte que os diga que sí, que están en ello. Pero que hay que ver antes cómo va el DVD normal. No he entendido muy bien el comentario a favor que ha hecho sobre que ese DVD ampliado aliviaría el problema de la piratería. ¿Es que las pelis largas no se piratean o se piratean menos? ¿Quizá es que no caben bien en los DVDs vírgenes de una cara? ¿Y los de doble cara al ser más caros no les compensan? Si algún amable lector entiende del tema, que me explique. Ahora que lo pienso, creo que en Francia, uno de los recursos para desanimar la piratería de CDs de música, o animar a comprar el original, es editarlos en formato libro o cuasi libro, con más empaque, tapa dura, páginas con fotos variadas, letras, comentarios, etc, con lo que resulta menos atractivo el disco pelao copiado. A lo mejor se refería a eso.

Otra cosa curiosa que me ha comentado es que en los foros se está criticando ‘La carta esférica’ incluso antes de estrenarse, lo que no deja de tener su gracia. Primera noticia, -le he dicho-, porque que yo sepa, en nuestro foro no es el caso. ¿O me equivoco?, pregunto yo ahora a vuestras mercedes. Que si critican que sea Carmelo Gómez para el papel de Coy… ¿Qué tiene de malo Carmelo Gómez? Mismamente ayer me decían unas amigas que está muy bueno y que hace tiempo que no le ven y le echan de menos. A mí me pareció que estaba inmenso en ‘Días contados’, también de Imanol Uribe. En fin, le he dicho que hay más foros aparte del nuestro -yo me he tropezado el otro día con uno- pero el nuestro es el foro-foro de verdad, el único foro verdadero y por la gloria de mi madre. No sé si los bravos veteranos sabrán qué hay de esto. Y creo que eso ha sido todo, en esencia, la conversación con este amable caballero. Y por el otro lado, como pronto tendremos la grabación de las palabras de quien nos ocupa, pues nada, ya disfrutaremos a gusto.

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Amiesabala – capitan-alatriste.com – 12/12/2006

Me vais a llamar hereje y de todo, pero yo también he estado en la presentación. No he sabido hasta el último momento lo que iba a hacer, y por eso no avisé, pero a cambio os lo cuento ahora, aunque me da bastante vergüenza relatar los hechos.

Para que me vayáis conociendo, soy bastante patosa o despistada, y así me va. He llegado tarde porque no encontraba la puerta de entrada (porque resulta que hay tres). Cuando por fin he conseguido entrar, he preguntado en la torre de avanzadilla dónde era el evento y justo una chica acababa de preguntarlo, así que la he seguido. En el segundo puesto (este era el chungo) preguntaban a qué medio representabas. A la chica de delante, que iba debidamente acreditada, la han dejado pasar y para mi asombro le han dado un libro, bueno EL LIBRO. Cuando me ha tocado a mí, que de qué medio iba y tal, le he dicho que no tenía acreditación pero que venía de una página web dedicada a sus novelas (bla, bla, bla...). Total, que me ha dicho que solo era para prensa, pero como era tarde y la presentación estaba a punto de pasar me ha dejado entrar, pero sin libro (¡cachis!).

¡Bien! Ya estoy dentro -he pensado-. ¿Y ahora dónde me pongo? Así que me he ido al final, como hago en la Universidad, para pasar desapercibida y no molestar mucho. Estaba detrás de las cámaras, por lo que se le veía más bien poco, pero se le oía estupendamente. Me he perdido a Arturo posando con el libro, pero gracias al hermano de Julito lo he podido ver en fotos. Cuando he llegado había una mujer al lado de don Arturo haciendo una pequeña introducción, para cederle a este último la palabra y hacer otra introducción sobre el libro.

Ha dicho más o menos lo que dijo en la entrevista que se hizo en el foro (que por cierto fue fantástica y tuvisteis mucho más acierto a la hora de preguntar que los periodistas esta mañana): que en un principio los libros de Alatriste eran 5 o 6, que le faltaba narrar la parte mediterránea, que uno de los pocos que había tratado el tema había sido Ramiro Feijoo, pero que este tema del mediterráneo del siglo XVII era poco conocido, que la novela se sitúa en el norte de África, Nápoles, el mar Egeo, la costa Turca, ha hablado del lenguaje que ha procurado que fuese activo y moderno y es un protagonista más del libro, lo de la forma de mirar el pasado que no debía ser con los ojos del presente, sino con los ojos de aquella época, que no debía hacerse juicios morales porque si no todos serian monstruos, hasta nuestros abuelos, no se puede juzgar porque era un mundo distinto… Luego ha hablado sobre su amigo Félix el restaurador, de cómo se conocieron y que él no se llevaba comisión con la Taberna del Capitán. También ha dicho al principio lo de que recibía amenazas físicas para que siguiera escribiendo, y que tener tantos fans del Capitán Alatriste era un privilegio. Para dar paso a la ronda de preguntas.

Cuando ha terminado la rueda de prensa, he visto que se formaba una especie de fila donde estaba Arturo y yo por si acaso me he ido para allí. Cuando llegó resulta que estaba firmando los libros, y yo no tenía libro para que me firmara. Bueno, sí, ‘El maestro de esgrima’, que lo llevaba en la mochila, y es el único de mi propiedad, porque todos los demás libros que me he leído de él me los han dejado o los pillado de la biblioteca. Así que cuando he llegado hasta él, hecha un manojo de nervios, le he dado el libro de ‘El maestro de esgrima’, y como me salía un hilo de voz, el pobre Arturo se ha tenido que inclinar cual trompetilla para poder oírme, y le he contado la historia de los libros, y que era del foro, y entonces le ha dicho a una ayudante que estaba por allí que me diera un libro, ¡y sí, era verdad, estaba sucediendo: me iba a firmar los dos, y encima me llevaba el de ‘Corsarios de Levante como regalo! (Qué majo es don Arturo). Pero... me vais a matar: a la señora de delante le había dado un par de besos, y claro, me he dicho para mí misma: “¿cuándo voy a volver a ver a este hombre? Pues ya aprovecho”. Pensaba darle la mano (me gusta más), pero no tenía manos entre los dos libros y la mochila, que la llevaba cruzada por delante, así que le he dicho que si podía darle un beso, y me ha dicho que sí, y ¿qué ha ocurrido? Pues que al inclinarme había una jarra de agua y... ¡la tiré! Mojando la mesa, los papeles, salpicando a don Arturo... Vamos, que no sabía qué hacer ni dónde meterme. Así que pedí disculpas y abandoné la sala lo más rápido que pude sin mirar atrás. ¿Qué se habrá pensado, que encima de pedigüeña, caradura y torpe, era una cobarde que se ha esfumado dejando todo empantanado? Tengo fe en que este hombre no tiene memoria para acordarse de todo el mundo. ¡Qué vergüenza! ¡Ay!

Otra cosa, en el telediario de las 9 de Telecinco y en ‘Noticias Cuatro’ de Gabilondo han salido los reportajes de la presentación del libro, y en el de Telecinco me he visto. Pero salgo de espaldas, se me conoce por el pelo (yo, claro, los demás ni idea, es que tengo unas cosas…). ¡Ah, y otra cosa! Me parece fatal, vamos, de no tener nada de respeto hacia las personas congregadas allí presentes, que hubiera gente con el teléfono encendido, porque no ha sido una vez, han sido tres o cuatro, y ya somos mayorcitos para saber cuál es el botón de apagado o silenciado. Bueno, pues na más, voy a colgar un par de fotillos (una de lejos y otra de cerca) y agradecerles de antemano que no se me rían, enfaden, escandalicen, odien... demasiado.

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Presentación de ‘Corsarios de Levante’
Transcripción de Cortobalboa – capitan-alatriste.com – 12/12/2006

Instituto Cervantes, Madrid

Antes de nada, una disculpa. Normalmente, como sabéis, suelo hacer entrevistas individuales tranquilamente en una habitación de hotel, uno por uno, hablando con calma, pero esta vez coincide la salida de este libro con la salida en el extranjero de ‘El pintor de batallas’, en las traducciones francesa e italiana y entonces, pues llegué ayer, estoy de viajes continuamente, me voy y vengo y no tengo tiempo de estar en Madrid lo suficiente, así que me disculpo por haberos reunido de esta forma en vez de tomando un café tranquilamente y hablando despacio, que es como solemos hacerlo.

Rosa ha contextualizado muy bien todo. El plan original de Alatriste ha crecido por razones diversas, entre otras muchas por la presión de los lectores fanáticos. Hay un tipo de lectores, algunos de los cuales no lee más que estos libros de los míos -otros sí- que hasta me amenazan físicamente con represalias -hablo en serio, no es broma- si no sigo escribiendo Alatriste. Se ha creado una especie de frikis o de fanáticos de los libros que piden más libros y más. A eso contribuye mucho el trabajo de Joan Mundet, que le da el aspecto gráfico, y la película. Como decía Rosa, ha ayudado mucho a que eso se refuerce -hasta de Japón me mandan cosas-, y van a ver a Viggo Mortensen con los libros... En fin, se ha creado un tipo de aficionados, lo que para un autor es una satisfacción. El plan ha crecido -eran cinco o seis libros en principio-, pero luego, sin cambiar el esquema general del proyecto, han ido surgiendo nuevas posibilidades e ideas: hay historias que se han desglosado y lo que iba a ser un libro se ha convertido en dos o tres.

Cada libro de Alatriste tenía la intención original de describir una parte de lo que era el imperio español en el siglo XVII: la economía, la política, la guerra de Flandes, etc. Esta vez le tocaba al Mediterráneo, con Nápoles, el Turco, los corsarios… Era una parte que me faltaba, y en vista de que el material era mucho, pues le he dedicado un libro. Es además una parte bastante olvidada en nuestra memoria histórica de ese siglo. Hay pocos autores que lo hayan tratado, salvo excepciones como Ramiro Feijoo, que ha hecho un trabajo estupendo sobre los berberiscos, y algunos otros, pero desde el punto de vista narrativo no ha sido un tema muy tratado y no es muy conocido por el lector común. A mí me apetecía mucho contar cómo era esa frontera ambigua y peligrosa del Mediterráneo, en la que se daban cita los españoles, los corsarios berberiscos, los piratas turcos… Era un mundo cruel, muy cambiante y peligroso, muy apasionante también, con sus puertos de esclavos y galeras. España era la potencia más importante del mundo en ese momento y tenía bases en Sicilia y Nápoles. Esta última era como la gran base de la OTAN de la época, que era España. Me apetecía mucho contar ese mundo, cómo los soldados se embarcaban para allá, etc. Y también porque siempre se habla de los ataques de piratas berberiscos y turcos en las costas españolas, pero se habla muy poco de las incursiones corsarias y piratas de los españoles de Nápoles y Sicilia en las costas griega y turca, que también las había. Digamos que todos se movían de esa manera en aquella época. Quería contar ese lado de los abordajes, las velas, los puertos y los esclavos, con mestizos y razas mezcladas. Y a eso he dedicado este libro, que transcurre en tres escenarios principales: el de las plazas de la Berbería en el Norte de África, el Nápoles de los españoles, y el del Mar Egeo y la costa turca.

En cuanto a la cuestión del lenguaje, pues tengo que decir que si hubiera contado estas historias de Alatriste con el lenguaje actual habrían resultado anacrónicas, y si hubiera utilizado el lenguaje de la época habrían quedado arcaicas y difíciles de entender. Se trataba de encontrar un lenguaje que fuese al mismo tiempo antiguo y moderno, que respetase el aroma de los clásicos del Siglo de Oro y a la vez fuera comprensible y aceptable para un lector actual. Me puse a ello -una experiencia muy divertida-, han pasado ya seis libros, y poco a poco, como sin querer, he ido avanzando en ese sentido, en crear su propio lenguaje. Esta vez he ido un poco más lejos, aunque ya lo hacía en la anterior novela de Alatriste. Esta vez he trabajado más ese aspecto. Digamos que hay una aventura paralela a la de la trama narrativa: la aventura del lenguaje. El placer de recuperar viejas palabras, palabras de germanía, de la jerga soldadesca, la marinera, la jerga de delincuentes…, que siempre me han fascinado. Esta vez el libro está muy trufado con esas expresiones, aunque siempre muy contextualizado todo para que el lector pueda comprenderlas y no se vea entorpecido en la lectura. He intentado que el lenguaje tuviese esta vez un carácter protagonista en el libro.

Y también quería comentar, por último, la cuestión de la mirada. Fue una época muy cruel, muy difícil, en donde matar y morir era fácil, la gente estaba acostumbrada a eso. No existían las ONG ni lo políticamente correcto. Pues bien, es un error, desde mi punto de vista, mirar el pasado con ojos del presente. Creo que en los últimos tiempos, con esto de recuperar la memoria, estamos cometiendo un error grave, todos nosotros. Estamos mirando nuestro pasado con ojos políticamente correctos. Y es imposible aplicar baremos éticos o morales actuales a hechos del siglo XVI o XVII, incluso del siglo XX. Porque el mundo ha cambiado, es distinto. La vida y la muerte no eran lo mismo, los derechos humanos no existían como tales. El mundo era un mundo, por todos los costados, muy duro y muy difícil. Entonces, no podemos juzgar a esos hombres. Aquí hay amigos de la prensa latinoamericana con los que algunas veces hemos hablado de esto: no podemos juzgar a los españoles que fueron a América con los ojos de una ONG del siglo XXI ni con ojos de nuestra moral actual. Era un mundo diferente, y toda la crueldad y dureza de sus vidas se reflejaba en sus hechos, en sus matanzas. Quiero decir con esto que en este libro he intentado justamente mirar ese mundo con ojos de ese mundo. Aquí no hay juicios morales ni se dice “¡qué crueles eran, cómo degollaban!”. Los españoles degollaban tanto como los turcos o como los berberiscos o como los moros. Era un mundo así, y he intentado que nos acerquemos y lo veamos con los ojos de entonces. Si lo he conseguido o no, son los lectores quienes tienen que decirlo.

Yo creo que es un error peligroso, porque cuando nos acostumbramos a mirar la historia con ojos demasiado actualizados, sin esa referencia, sin esa memoria real, (hablo de la memoria histórica auténtica, la que se basa en la cultura y en el conocimiento, no en la ideología), es peligroso porque podemos llegar a envilecer, desvirtuar, destruir lo que son hechos históricos fundamentales. Eso nos deja la historia coja. No podemos juzgar al Cid con ojos actuales porque degollara moros. La costumbre de aquella era caballeresca y feroz en que degollando moros se glorificaba a Dios, como dice el viejo romance. Es necesario hacer un intento de mirar atrás con un sentido de proximidad al hecho que se cuenta. En ficción cada autor puede hacer lo que crea conveniente, claro, pero yo siempre he intentado en todos mis libros históricos que el lector vea el mundo con los ojos con que los que lo veían los hombres de la época. Si no, nada se explica. Si no, todos son monstruos, todos nuestros abuelos serían monstruos, y eso es imposible. Incluso la Guerra Civil española no se puede juzgar con criterios del siglo XXI. Sí que podemos analizarla desde el siglo XXI, con la lucidez que nos dan el tiempo y la cultura, pero no podemos juzgar, porque era otro mundo, era otra cosa, con sus fanatismos, su sociedad, sus religiones… Este libro tiene ese intento por verlo desde allí. Se cuentan muchas atrocidades y crueldades, pero siempre intentando verlo como lo veían ellos, intentando comprender el porqué.

Y esto es todo lo que quería decir, las cuatro notas que tenía. Ya respondo a las preguntas. Bueno, ahora que veo a Félix al fondo, lo del restaurante El Capitán Alatriste: que le va muy bien, pero que no tengo nada que ver. Félix es un amigo, nos conocimos en Bosnia cuando fue allí una Navidad con otros restauradores para estar con los soldados españoles en Bosnia y, bueno, un día hablando salió la idea y le cedí el permiso para el nombre del restaurante, pero no soy socio ni nada. Ha hecho una inversión maravillosa, me alegro mucho, pero vamos, no tengo nada que ver. Para un autor es un orgullo. Son esas cosas que se van sumando, que tu personaje trascienda. Cuando un taxista te pregunta por Alatriste, y ves que le llega el eco por otro lado, que ha pasado la barrera de la ficción, eso es muy agradable. Estoy a vuestra disposición.

-Me gustaría que estableciera una relación entre los valores de esos soldados del capitán Alatriste y los de soldados actuales que van a guerras como mercenarios.
-Sí, había un componente realmente mercenario entonces, aunque es muy distinto el mundo. No tiene nada que ver, sobre todo porque los valores han cambiado. Quiero decir, que un mercenario actual es mucho menos disculpable que uno de entonces. En aquel tiempo la vida era, como he dicho, mucho más difícil, y un español que vivía aplastado bajo los reyes, los nobles, el clero, teniendo como único horizonte la miseria de trabajar el campo regado con su sudor, para él embarcarse a América y degollar indios -que además eran paganos y por tanto no había mayor problema-, y traerse el oro de allí, o ir a Flandes y matar herejes, o asaltar galeras turcas o en tierra de moros, -que eran infieles, enemigos de la verdadera religión-, y de paso conseguir botines y dinero, y poder volver después a su tierra como hidalgo rico y ya no tener que lamerle las botas al poderoso de turno, era una tentación muy poderosa. Eso hizo que muchos españoles se alistasen en un ejército que era profesional, de aventureros y mercenarios, en donde el sentido patriótico, aunque era muy acusado, no lo era tanto como el de la reputación. He manejado mucho material para esto -sobre todo relaciones de soldados de la época-, y me sorprende siempre que la palabra “reputación” aparece continuamente. “Botín” y “reputación”. Se luchaba por el botín y por los compañeros. Además, estaba el hecho de que el gobierno de entonces, y el rey, no pagaban los sueldos. La España miserable de siempre. Había soldados luchando a los que se les debía dos años de pagas. En el Norte de África estaban las plazas fuertes abandonadas de la mano de Dios, y se valían por sus propias fuerzas. Les decían: “¿Quieres cobrar?... Pues ahí tienes el castillo holandés, el campamento moro, la galera turca, asáltalos y cobra”. Entonces iban, mataban, saqueaban y cobraban. Eso que hoy parece una atrocidad, y evidentemente lo es desde nuestro punto de vista, entonces no lo era, y también era un mecanismo habitual de todas las naciones. Fuimos malos, pero tan malos como todos. Era una época mala. De ahí mi insistencia siempre: no se puede juzgar con los ojos actuales, y quien lo hace está cometiendo un error gravísimo. Como tampoco la Guerra Civil Española, con su crueldad y sus matanzas, con una óptica ética actual, porque era otro mundo diferente. Esa contextualización de la mirada es necesaria para mirar cualquier cosa y cualquier etapa de la vida, y es lo que intento darle a los libros de Alatriste.

-Quería preguntarle si ha quedado contento con la película, y si en un futuro se hiciera una segunda parte qué cambios haría con respecto a la primera que se ha hecho ahora.
-No habrá segunda parte. No habrá segunda película. Hay una propuesta vaga de hacer una serie de televisión, que al ser más larga sería más rigurosa y fiel a las tramas de los libros, pero todavía es un proyecto muy difuso y a largo plazo, pero películas no habrá más. En principio, no habrá más.

-¿Está satisfecho de ella?
-Totalmente, no. Es imposible, ningún autor lo está. Ni siquiera de ‘El maestro de esgrima’, que siempre he dicho que es la mejor de todas, ni siquiera de esa estoy contento del todo. Pero es evidente que como película, pues Viggo Mortensen está impresionante y me alegro de que se haya hecho. Hay cosas que me han gustado más o menos -a lo mejor yo habría cambiado algún matiz sobre algún personaje-, pero bueno, una película no es más que una interpretación de un lector, que es el director, y él hace su propia lectura del libro. Pero como balance general ha sido extraordinario. Han sido cuatro millones de espectadores, y además es un refuerzo más: ha hecho que gente que no conocía a Alatriste ni de lejos se haya acercado al personaje y a los libros. Y como película en general estoy muy contento también. Sobre todo, no se ha violentado el espíritu de la historia. Yo no quería que se hiciera un ‘El Zorro 3’, no lo habría consentido. Ese tono oscuro, melancólico, trágico, de la España terrible de españoles matándose ellos mismos está muy bien reflejado. Esa soledad y melancolía de final de época, de lo que pudo ser y no fue. Y para mí eso es lo importante. Creo que Agustín Díaz Yanes ha hecho un magnífico trabajo.

-Y aprovechando que fue usted periodista también durante más de dos décadas y parece que quedo desencantado, quería preguntarle: ¿cómo ve la situación del periodismo actual?
-Como diría mi primo, “yo he venido aquí a hablar de mi libro” (risas). Me fui hace ya doce años, ya no estoy en eso. Lo que tenía que decir al respecto lo dije en ‘Territorio comanche’ y también lo he dicho en ‘El pintor de batallas’, novela que se publicó en marzo y que le recomiendo que lea.

-¿Una valoración rapidita?
-No, no. Estoy fuera, realmente estoy fuera.

-¿Va Alatriste a hacer las Américas en algún momento?
-Me lo han preguntado muchas veces, y me lo piden, que lo lleve por allí. No, no las va a hacer. Porque en aquella época no había Iberia ni Air Madrid. Ir a América y volver no era tan fácil. Iba el marino o el soldado con alguna misión, iba el que se quedaba. Por el plan cronológico que tengo, -hasta en Internet circula la biografía de Alatriste, incluso con cosas que yo no he dicho pero que han deducido los lectores-, hay una biografía con un periodo cronológico muy concreto. Entonces, si lo llevo a América, con lo lento que era el viaje, me rompería el plan. Así que no, no irá a América. Lo lamento por los amigos mexicanos que me lo han pedido.

-¿Podría comentar algo del escenario de Nápoles, que por lo visto en la documentación era como un paraíso para los soldados? ¿Cómo se ha documentado?
-Bueno, yo tengo una biblioteca grande -unos diecisiete mil libros según el último censo-, de los que una buena parte, prácticamente la mitad, son libros de Historia. Concretamente de Historia de los siglos XVI y XVII que manejo para Alatriste tal vez haya unos tres mil. Tengo mucho material, mapas y cartografía de la época, y también viajo a los sitios. Todas mis novelas tienen una topografía bastante rigurosa que procuro que esté muy documentada, y esta vez, para ‘Corsarios de Levante’, pues de los escenarios generales, el mar y la costa del Norte de África ya los conozco como marino, porque navego por esa zona. Nápoles también la conocía, pero no la había visto con los ojos de un soldado español de entonces, así que he manejado muchos documentos de la época, biografías, relaciones de soldados que estaban allí… Y después, con todo ese material, me fui al Nápoles actual. Fue una experiencia muy divertida. Lo recorrí con la mirada del capitán, buscando los lugares de referencia, el castillo, la calle, es decir, “localizando exteriores”, que diría un director de cine. Nápoles era una gran base militar en donde había tres mil soldados españoles para controlar todo el Mediterráneo, y para un soldado español acostumbrado a la dureza de Flandes, con la lluvia, el barro y el frío, o a la miseria de las plazas norteafricanas, o a los peligros y zozobras de América, Nápoles era el paraíso. Mujeres guapas, buen clima, buena comida, buen vino... Todas las relaciones de soldados españoles de la época, la de Duque de Estrada, Pasamonte, de Alonso de Contreras, de hasta el propio Cervantes, todas hablan de Nápoles como un lugar maravilloso, con la nostalgia de su juventud, y he querido también recoger en el libro esa sensación de destino soñado para los soldados españoles. Todos querían ir a Nápoles. Había incluso comerciantes y prostitutas españolas, todo un mundo fascinante con sus héroes y truhanes en esa especie de crisol, eje vertebral de la política en el Mediterráneo, y a ello le dedico dos capítulos. Uno de los dibujos que Joan Mundet hizo de una de las calles, es exactamente igual. Sí, este de la página 236. La calle que describo es igual, así que si Joan hizo el dibujo con mi descripción, pues supongo que... Uno de los privilegios de Alatriste es poderme pasear virtualmente por ese mundo, irme mentalmente por Nápoles, Orán, el Egeo o el Madrid de la época y pasear por las calles con la imaginación, gracias a toda esta documentación. En Nápoles yo paseaba y me decía “por aquí vino Alatriste, aquí se paró, torció, miró hacia arriba, vio esta luz…”. Escribir un libro también es una serie de privilegios y placeres personales.

-Ha hablado de la dureza y dificultad del siglo XVII, pero ¿se ha preguntado alguna vez que si Alatriste viviera en la época actual qué sería, a qué se dedicaría?
-Buena pregunta. Yo creo que el mundo actual sería mucho más difícil para Alatriste que el de entonces. Tendría menos posibilidades de sobrevivir, sería una marginal total. Es cierto que era un marginal en cierto modo -un mercenario, un espadachín a sueldo-, pero tenía su ética, su dignidad, sus reglas del juego. Ahora sería un proscrito, nadie entendería esas actitudes. En un mundo como este, en donde palabras como “dignidad”, “vergüenza torera”, “decencia”, “honradez”, se manipulan continuamente, creo que Alatriste tendría poco que hacer. Lo he pensado muchas veces, y creo que estaría muerto o en la cárcel. El mundo de hoy rechaza los Alatristes. Eran canallas, pero tenían reglas. Ahora los canallas no pueden tener reglas. Es imposible, el mundo de ahora no permite reglas. Es un héroe muy melancólico, y eso le da algún encanto, para los lectores y para mí. Alatriste, aunque es un marginal, tiene una reputación que mantener. En los peores momentos, cuando mata o hace algo que le deja con los fantasmas royéndole la conciencia, con remordimientos, tiene cosas a las que agarrarse, y en este mundo actual tendría muy pocas cosas a las que agarrarse.

-¿En qué momento te enamoras de este periodo histórico, cuándo empieza todo esto, y si tienen algo que ver estos libros con tu trayectoria como reportero testigo de tantas guerras?
-Tiene mucho que ver. Cuando uno tiene cincuenta y cinco años y ha leído y dado vueltas por el mundo, quien mucho anda y mucho lee, aunque sea muy tonto, termina sabiendo algo. Yo no soy Alatriste pero su mirada sí es mía, se la he prestado. Nadie pone lo que no tiene. Evidentemente, la vida como reportero durante veintiún años en países donde pasaban cosas me ha dado una cierta mirada sobre el mundo. Ser español también enseña mucho. Ser español es una escuela muy dura y muy amarga. Entonces, si no eres muy tonto, a poco que te fijes en el entorno, en la política, en la gentuza que hace política en todas las ideologías, a poco que te fijes en lo que sea, te das cuenta de que no hay español lúcido que no tenga una amargura en el corazón, porque es imposible no ser amargo si miras, no ya ahora, si miras la historia de España, de la República, de la Guerra Civil, la Historia antigua, toda. Eso por una parte. Esa mirada es mi vida como reportero, más mi vida como español, más mis lecturas, más mi edad. Y en lo personal, bueno pues yo de niño crecí en biblioteca grande, con padres y abuelos a los que les gustaba el teatro y me llevaban a ver a Calderón y a Lope de pequeño, anduve por El Escorial, por el Prado, leí a Dumas y sus mosqueteros a los ocho años… Se van creando un montón de cosas que con el tiempo se van sedimentando. Lo que está claro es que para mí Alatriste no es un proyecto literario concreto como quien dice “voy a hacer ahora una novela de espadachines”. Es el resultado de una vida. Pero en cualquier escritor serio sus novelas son el resultado de una vida. ‘El pintor de batallas’, como saben los que la han leído, pues hace falta una vida muy concreta para escribirla. Y Alatriste es igual. Si yo no fuese como soy, Alatriste no sería como es. A mí lo que más me gusta de Alatriste, de lo que estoy más contento, es de la complejidad del personaje. Me cae bien. A estas alturas, después de diez años, es como un amigo. Lo conozco bien, sé por qué es como es, por qué calla como calla, por qué mata y se emborracha, por qué hace las cosas que hace... Y lo entiendo porque he conocido Alatristes en mi vida profesional. Esa tragedia de ser español, que en la película quedó magníficamente reflejada, esa terrible dolorosa lucidez de español consciente -hay españoles felices porque que no se dan cuenta de donde están, en España hay vino, alegría, jamón y tal, todo eso está muy bien, un país estupendo- cuando uno tiene memoria historia autentica -insisto: la de verdad, la de siglos, la desde Viriato hasta ahora, no la de tres días para ganar la elecciones próximas-, comprende que ser consciente, sobre todo haber sido peón de ese ajedrez… Alatriste ha luchado por su patria, su rey y su dios, y sabe el pago que tienen los hombres que lo han hecho por ello, pero no puede hacer otra cosa. Sólo tiene una espada y una habilidad, que es matar, eso es todo. Comprendo muy bien esa compleja personalidad suya, esos silencios, las borracheras… Puedo tener con él diálogos silenciosos muy interesantes.

-La historiadora Carmen Iglesias, en un comentario de las novelas, hacía una matización interesante. Decía que España en la época de Alatriste era un país guerrero, pero la sociedad no era una sociedad militar o militarista como en un momento dado podría ser la prusiana por ejemplo, y eso se ha expuesto como una de las posibles causas de la decadencia española.
-En efecto, tiene razón. Es que la idea del soldado español no era irse fuera, como he dicho antes, para defender una idea nacional de España, del imperio. Eso se lo inventó después el franquismo. Ese soldado español de los tercios que lucha en Flandes por defender “la religión verdadera” y muere heroicamente en el asedio a Ostende, en las trincheras de Breda o de Calais o donde sea, por España y la patria, eso no fue así. Era una sociedad machacada, hecha una piltrafa en manos de curas, reyes y aristócratas, una sociedad civil que no era nada militarista, pero el ejército era la única salida para muchos. Un joven sano, valiente, con nada que perder y mucho que ganar, se iba fuera a ver si daba el pelotazo, a ver si le tocaba la lotería, a ver si saqueaba un castillo flamenco o una galera turca y volvía rico para no tener que trabajar nunca más. Esa era la idea. Desde mi punto de vista -yo no soy historiador, solo soy un novelista que lee Historia-, en las grandes hazañas españolas de América, Flandes y demás, todo fue pura ambición de desesperado, el valor que da la desesperación. Como los troyanos: ya que vamos a morir, pues muramos matando aqueos. Ya que voy a pudrirme aquí pegado a un arado mientras el noble aristócrata me chupa la sangre y el cura no me deja ni siquiera acostarme con mi mujer cuando quiero, y el rey me saca la sangre con impuestos, entonces voy a coger una espada y a matar o morir. Si muero, muero como un hidalgo, y si no muero vuelvo con dinero, qué diablos. Y con ese impulso se hizo todo lo demás. No es una sociedad militar como la prusiana, al contrario, en este sentido es una sociedad antimilitar pero que justamente por todo eso es ferozmente militar. Una prueba es la ferocidad. Cuando uno mira relaciones de la época, de América o relaciones turcas, italianas o flamencas, siempre se habla de la ferocidad de los españoles, que eran temibles, que era gente muy dura. Claro, era gente que no tenía nada que perder, tan cruel como su propia vida, como su propia España lo era. Pero a diferencia de otras, tenían lo de la reputación. El español tenía maneras. Se habla mucho del alemán borracho, del francés mezquino y del español cruel pero siempre fiable y con maneras. Es decir, que hasta para la crueldad había maneras de ser cruel. Eso hace que cuando une lee las historias de esa gente, relaciones auténticas, -he manejado muchas, algunas anónimas-, producen una mezcla de horror y de ternura. Ese españolito que iba a degollar flamencos dos veces más grandes que él, o se metía en México para terminar con el corazón fuera encima de una pirámide, ese tío de Soria o Cáceres, con su espada y sus alpargatas, sin comer, sin paga, sin nada, en fin, como después se fue a Alemania, teniendo que buscarse la vida, nuestra emigración era con la espada en aquella época. Produce una sensación mezcla de crueldad y de ternura. No puedo evitar no sé si simpatía, pero sí una cierta empatía, una comprensión por sus motivos.

-El Alatriste cinematográfico es distinto del literario. En la encarnación de Viggo Mortensen, que es fantástica, tiene otro carácter. ¿De qué manera ha influido en ti el de la película a la hora de seguir escribiendo sobre el personaje?
-No estoy de acuerdo en que sean diferentes. Yo creo que son muy próximos, porque realmente lo que hicieron Viggo y Agustín fue adaptar su Alatriste al Alatriste real. Viggo lo que hace es interpretar. Bueno, es más guapo, pero si uno se pone a mirar las ilustraciones hechas por Joan Mundet basadas en el texto [mucho antes de la película] se da cuenta de que en lo físico es lo mismo: el bigote, el aspecto… En fin, Viggo es un actor con un físico atractivo, pero creo que justamente lo que le da valor a la película, como he dicho antes, es que se ajusta muy bien al carácter y la psicología del personaje, incluso en el aspecto físico. Y a la hora de escribir -yo ya tenía empezado este último libro, lo dejé para después de ‘El pintor de batallas’, y lo terminé en estos ocho meses que han transcurrido-, el desafío era ver si iba a ser capaz de seguir escribiendo sin que se me metieran las imágenes de la película, pero llevo tantos años con él que lo tengo muy claro. No he visto… A veces veía un gesto de Viggo o de algún personaje de la película, pero realmente no ha sido contaminado el Alatriste literario por el cinematográfico, -sin que esto signifique nada peyorativo para el de la película-, del que además, como ya he dicho, estoy muy contento.

-Me gustaría saber si te ha influido al escribir esta historia, que acabas de decir que interrumpiste por ‘El pintor de batallas’, ese espíritu reflexivo de tu última novela y cómo ha evolucionado el capitán en esta última entrega y su relación con Íñigo.
-Pues ha habido una evolución normal: Íñigo ha crecido, he crecido yo, han pasado diez años, conozco mejor a Alatriste, digamos que hay una madurez. El Íñigo que era un niño, que veía al capitán con admiración, fascinado, como su héroe, el de 12 años que encontramos en el primer episodio de la serie, ahora ya tiene 17 años. Quien tenga hijos ya sabe que hay un momento en que el hijo se te pone flamenco y se enfrenta. Pues ahora está en ese momento. Se cree guapo, se cree que no necesita para nada al capitán. ¿A qué padre no le suena eso, evidentemente?... También es verdad que el Alatriste que vemos a través de los ojos de Íñigo es más complejo. Íñigo ve cosas que antes no podía ver porque era más pequeño. Ahora ya ve lados oscuros, sombras, aristas, brillos de acero, sentimientos que antes era incapaz de ver, y el lector los ve con él. El lector ha ido creciendo con Íñigo Balboa.

-¿Y te ha influido el hecho de acabarla después de ‘El pintor de batallas’?
-No. Una novela es el producto de un estado de ánimo. Cualquier novela de un escritor digamos coherente con su mundo narrativo tiene que ver con su momento personal en que la escribe. Yo hice mis primeras novelas como ‘La tabla de Flandes’, ‘El club Dumas’, que eran, como decía Rosa, tipo “bestseller de calidad”: el thriller histórico, con el arte, la cultura… que, por cierto, ahora hay mucho de eso, pero antes, como saben, no había tanto. Pero es que eso ya lo hice. Podía haber seguido con esa misma fórmula, cling, cling, cada dos años una novela, estupendo y a vivir, pero es que no es eso. Yo quiero contar las historias que me pide el cuerpo, el momento de mi vida, y ‘El pintor de batallas’ ha llegado en el momento en que tenía que llegar, en un momento en que ya puedes mirar atrás, ya puedes ver los fantasmas, los cadáveres en la cuneta. Entonces, yo no habría podido escribir este Alatriste hace diez años, he necesitado mis cincuenta y cincos años y poder mirar el mundo como lo miro. Entonces, esa evolución que has notado en las novelas no es un esfuerzo de complejidad, es que la mirada de cualquier ser humano se hace más compleja con la edad. Mis novelas van cada vez entrando en territorios más oscuros, más hondos y van dejando atrás… La trama, la aventura, la acción siguen estando ahí, pero ahora están más subordinadas a cuestiones más complejas a las que quiero responder o que quiero plantear.

-¿Ha mencionado que Alatriste ha ido a Lisboa?
-A Lisboa no ha ido todavía, pero va a ir. Es un proyecto.

-¿Se puede decir que Alatriste es una versión española de D’Artagnan? ¿Y cómo analiza el tema actual de la memoria histórica planteado por el partido socialista, las críticas de unos y otros?
-No, no es D’Artagnan. Y ojo, el primero que habla bien de Dumas soy yo, porque dediqué ‘El Club Dumas’ a D’Artagnan. Para mí es un personaje fundamental, pero Alatriste es más complejo. D’Artagnan viene de una novela de aventuras maravillosa, pero Alatriste pretende otra cosa. Dumas no quería mostrar la amargura de ser francés. Yo sí quería mostrar, y desde el principio, la amargura de ser español. Alatriste entra en aspectos mucho más turbios y oscuros, más inquietantes, apunta a otro objetivo, sencillamente. No digo que sea mejor ni que vaya más allá, sino únicamente que tiene otro objetivo. En este momento Alatriste ya no tiene nada que ver con D’Artagnan. Quizá en el origen de la historia, al principio, la crítica del momento señaló que si los espadachines, el D’Artagnan español, capa y espada y tal… Es cierto, pero realmente, a estas alturas, seis volúmenes después, cualquier lector serio se da cuenta de que hemos ido a lugares muy lejanos de esa concepción de novela de aventuras, de capa y espada, (si es que alguna vez lo fue). Y en cuanto a lo otro, la memoria histórica, pues no sé de qué me está hablando. Yo venía, como decía aquel, a hablar de mi libro. No, quiero decir que ya lo he mencionado antes, y para no apartarme del tema que me tiene aquí esta mañana, y para no meterme en jardines, que maldita la falta que me hace. Además, de vez en cuando hablo de eso en otros lugares más adecuados. Me parece que el problema de España -en esto y otras cosas, sea la Guerra Civil, Flandes, América, lo que sea-, es que es muy frecuente ver a analfabetos hablando de memoria histórica, y ningún analfabeto puede ocuparse de eso de una forma acertada. Gente que no tiene la menor cultura, ni la menor memoria, gente que carece de los más elementales conocimientos históricos fundamentales, -y hablo de gente de todos los partidos, no de uno solo-, se atreva a entrar como elefante en cacharrería en cuestiones tan delicadas para las que hace falta mucha cultura, mucho conocimiento y mucha lucidez. Cuando uno ve a una mula de varas, a un animal de bellota, con corbata fosforito o con lo que lleve, hablando de memoria histórica, ¿pero en manos de quiénes estamos?... Si estos tíos van a arreglarme a mí lo de la memoria histórica, voy apañao. Lo que deploro no es que los políticos españoles no lean Alatriste -no tienen por qué-, lo que deploro es la osadía. ¿Cómo, sin haber leído un libro, sin saber quien fue Viriato ni el Cid, sin haber leído nada de nada, se atreven, ni siquiera sin conocer tampoco bien lo que fue la república española, a entrar de esa manera, a trazar líneas divisorias, a dogmatizar, a pretender poner en claro cosas que ni siquiera para los protagonistas de la época están nada claras?... Pero es que la incultura es muy osada, la incultura es muy atrevida, y en España, país inculto por tradición, es especialmente atrevida.

-Dos preguntas: ya sé que Alatriste desgraciadamente no va a ir a América, se lo perdonamos…
-Y al cono sur menos aún, que está más lejos todavía. Al río de la Plata ni de coña.

- …me engancho con la pregunta última…
- Pero lo que he dicho era para terminar, no para continuar... (risas)

- …Alatriste nos habla de memoria histórica.
- Ojo, cuando hablo de memoria histórica no estoy hablando de memoria histórica de la Guerra Civil. Aquí mezclamos todo, memoria histórica es toda. Cuando hablo de la memoria histórica hablo de toda, desde los íberos, los celtas, Flandes, Tolosa, todo eso es memoria histórica. Es que parece que la memoria histórica es sólo los últimos cien años.

-La pregunta es: frente a esta incultura política de la que estábamos hablando…
-No, políticos incultos. No es lo mismo: son políticos incultos.

-Sí, políticos incultos. ¿Ayuda la literatura con raíz histórica a comprender aquellos periodos que se quieren tratar con mucha ideología? Esa era una de las preguntas.
-Bueno, pues voy a contestar a la primera. La literatura y los libros de Historia, los libros de no ficción también. Hay dos tipos de novela, sin querer entrar en territorios que se salen, “porque-yo-he-venido-aquí-a-hablar-de-mi-libro”, para dejar el tema acotado y no desbordarlo: hay dos tipos de novela histórica muy respetables ambos. Una es la novela histórica pastiche, en el sentido no negativo de la palabra, insisto, que se limita a recrear una época, y que, bueno, pues cuenta cómo era la España de Galdós, o la del Cid o Trafalgar, o la que sea, que no va más allá de hacer que el lector de nuevo mire, escuche, sienta viva esa época, lo que es muy respetable. Y después hay otra novela histórica más compleja, que es aquella que pretende utilizar la mirada histórica para ver el presente, para establecer nexos entre presente y pasado, interpretar pasado o presente. En fin, una novela que digamos es útil para estudiar, comprender y analizar la realidad, la memoria y el presente. Son dos tipos de novela histórica, insisto, ambos respetables, pero muy diferentes. Este último tipo de novela histórica, (en el que yo, como cualquier padre orgulloso de su hijo, incluyo a Alatriste) es útil en ese sentido porque, aparte de pasar un buen rato, y de saber cómo olía una calle en el Madrid de la época, cómo pintaba Velázquez un cuadro, o cómo era la luz en el Alcázar al ponerse el sol, permite también que el español sepa más de sí mismo. Ese es el tipo de novela histórica que a mí me interesa realmente, y es el que yo hago. La otra procuro evitarla, aunque insisto, algunas me gustan mucho.

-Gracias. Y la otra pregunta era esta: ha dicho antes que posiblemente Alatriste no hubiese sobrevivido en este mundo actual. Desde ese punto de vista, ¿por qué nos gusta tanto, qué es lo que resuena en nosotros para que nos fascine tanto, y desde ese punto de vista también, qué encuentra en los estudiantes adolescentes de instituto cuando hablan en los debates, que puntos de conexión hay entre sociedades tan distintas?
-Nos gusta Alatriste porque somos Alatriste, porque cualquier lector lúcido, con esa cultura mínima que permite moverse por ese tipo de ficciones comprende que Alatriste es él. Es sorprendente el número de cartas que me han llegado de lectores diciéndome “Alatriste soy yo”, y de gente muy distinta: un cantante famoso -no voy a decir quién es porque no me lo autoriza-, un bailarín, me han dicho “es que yo soy Alatriste”. Entonces, uno se da cuenta de que Alatriste conecta, no ya el personaje espadachín, ni el hombre de armas, el soldado, sino la mirada. Esa amargura de ser español de la que hablábamos antes. Esa lucidez dolorida y dolorosa es la que hace que los lectores se identifiquen con él. La razón del éxito de Alatriste creo que está menos en el mundo que trata -porque hay otras novelas que tocan ese mundo-, que en esa mirada, esa identificación que puede crear comprensión. No hay nadie lúcido que no se sienta un héroe cansado. Esa especie de fatiga, de saber que la estupidez suele ganar la batalla, que la virtud suele tener poco premio, mala compensación, que el malo o el estúpido tienen más posibilidades de triunfar que el lúcido, que -bueno, el pelotazo urbanístico, el…- todo el que mira alrededor se da cuenta que hay cantidad de cosas, que hay paralelismos. Esa sutil conexión de paralelismos entre aquello y esto, hace que el lector sienta que está frente a alguien que conoce bien, alguien que es como un espejo de sí mismo y esa identificación creo que es lo que hace el éxito de Alatriste. Y en cuanto a los chicos, bueno, he tenido muchas reuniones con ellos, no tantas como uno quisiera, porque no siempre puede uno, y sobre todo, lo que me sigue sorprendiendo es la facilidad con la que… Es que un adulto ahora me pone más pegas éticas. Hay adultos que me dicen “¿pero cómo haces que degüellen a los prisioneros?”, mientras que el chico entiende perfectamente que sea así. No sé si es que el chico está más cerca de la crueldad original, no sé por qué, pero hay digamos una naturalidad, una identificación, una… Es difícil de explicar. Y cuando uno oye a un chico que ha leído el libro, te das cuenta de que no te está hablando del espadachín, te está hablando de cosas más complicadas: por qué Angélica mira como mira, por qué desde su punto de vista Íñigo está fascinado con ella, por qué Alatriste nunca está con una mujer… Te das cuenta de que los chicos pueden hacer calas, hacer incursiones profundas en los personajes, más que lo que podemos a veces los adultos, que estamos quizá demasiado condicionados por otras cosas.

-Desarrollas las novelas de Alatriste en el siglo XVII, pero imagino que igual que se acaba un siglo, Alatriste llegará un momento en que se tendrá que acabar.
-Sí, muere en Rocroi en 1643.

-¿Qué otro siglo de la historia española le gustaría tratar?
-¿Sabes qué pasa?... La cabeza de cualquier novelista, bueno o malo, está llena de historias que van a morir con él. Uno no tiene vida para contar todo lo que quiere contar. Cuando oigo a un colega que dice “llevo un año que no se me ocurre nada”, digo “tío, cambia de oficio porque algo está mal en el tuyo, (risas) porque si no se te ocurre nada, ¿por qué diablos eres novelista?... No sé, hazte fontanero o músico”. Uno se pone a escribir cuando tiene algo que contar realmente. Yo tengo muchas que contar, y mucha gente que conozco también, pero sí sé que no voy a poder contarlas todas. Me iré habiendo contado… pues todavía no sé lo que me queda. Si tengo cincuenta y cinco años y, con mucha suerte, tendré veinte años más de vida literaria, pues pon que como mucho me dé para diez novelas más. Entonces, tengo que elegir, y las que no, pues morirán y desaparecerán conmigo. Sé que hay cosas que haría pero que no voy a hacer nunca, tengo que elegir. Hay otro siglo muy interesante en la Historia de España, el siglo XVIII. Es un siglo que, en cierta forma, enlaza con Alatriste, porque es cuando España pudo ser y no fue. Es cuando España estuvo a punto, a punto, de ser moderna, liberal, progresista, echar a los curas, guillotinar a tanto hijo de puta que no guillotinó. Estuvo a punto de conseguir ser un país libre, culto. Esa Ilustración, esas ideas que venían del norte, de Francia, esa ciencia, técnica, cultura… Y de pronto todo eso se fue al diablo con la invasión napoleónica, con Fernando VII. Todo eso se hundió. España estuvo a punto en el siglo XVIII de levantarse por fin de tanta miseria. Pero, bueno, como no hubo guillotina, no tuvimos esa suerte. Bueno, pues España siguió encerrada en las sotanas, en los sillones reales y en los palacios. Es una época muy interesante que me hubiera gustado tratar. Si hubiese tenido varias vidas literarias, me habría gustado mucho ocuparme de ese periodo en algún momento, una época de esperanza muy interesante con héroes de verdad, militares que leían, fíjate, marinos ilustrados, científicos respetados en todas partes. Fue un momento muy interesante, pero desafortunadamente poco productivo después.

-Supongo que todos los españoles entendemos muy bien lo de la amargura de ser español.
-Españoles y otros, porque, por ejemplo, los mexicanos tela marinera, o los argentinos. Los latinos, digamos. Tenemos una maldición hispana.

-Quería preguntar -supongo que te lo habrás preguntado más de una vez-, ¿por qué España siempre les duele a los escritores o intelectuales y nunca a los políticos?
-Porque para que te duela algo tienes que conocerlo. Hablo de cultura de verdad, conocimiento, lucidez, libros leídos y digeridos, paseos por las piedras, por la memoria de verdad, no la de titular de periódico para el día siguiente. Le duele a la gente culta, a la gente que lee, si tienes memoria, si sabes. Si eres una bestia parda que te paseas por las calles sin… no te duele nada. Vas a la taberna, te tomas tu chato de vino, mujeres guapas, sol, jamón, vino, ¿qué más queréis?

-¿Y por qué ellos no lo ven?
-Bueno, algunos lo ven pero no quieren verlo. No les interesa. Ahí nos metemos en jardines muy complejos, pero digamos que la lucidez y la cultura duelen siempre. Cuando eres culto te duele, y aquí hay demasiado inculto manejando los resortes del asunto. A esos no les duele nada, sólo les duele perder o ganar votos. Y ya la última, por favor.

-¿Es el éxito lo que te hace volver a Alatriste, si te hacemos volver?
-No, te lo explico, porque el éxito ya lo tengo. Desde ‘La tabla de Flandes’ los éxitos han sido todos. Anteriormente la crítica me masacraba literalmente, que si un periodista, que qué va a escribir este tío… Una época en la que el éxito de ventas no venía acompañado de éxito de crítica. Después, en el extranjero ya empezó la cosa, y entonces ya aquí me aceptaron. Ya hace muchos años que la crítica me trata muy bien, francamente bien, de una manera general, o casi general. Pero Alatriste es una especie de proyecto mío entre novela y novela. No es que vuelva a Alatriste, es que tengo el compromiso de hacer una entre cada novela de las otras. ‘El pintor de batallas’ ha ido muy bien, un éxito tremendo -para mi sorpresa, porque es una novela compleja y yo pensé que no iba a ir tan bien como las otras-, pero es que ya me tocaba Alatriste. No es que diga “voy a volver ahora”, es compatible perfectamente. Y el éxito es poder hacer lo que quieres. Si yo no hubiese sido escritor de éxito no habría podido hacer Alatriste. Aquí está mi editora, Amaya Elezcano. Amaya y mis editores cuando empecé me decían “¿tú crees que esto va a tener, no deberíamos mejor…?” “No, si no lo vendemos ya haré otra cosa”. A lo mejor, si no hubiera sido un escritor de éxito nunca hubiera podido escribir Alatriste. El éxito tiene esas ventajas. Lo que pasa es que me hago mayor y hay desafíos, como esta vez el lenguaje, o el caso de ‘El pintor de batallas’, una novela donde no pasa pero todo pasa por fotografías, recuerdos. Es que si no, como decía antes, cada año o cada dos años, cling, cling, una novela de bestseller culto, y estaría estupendamente, pero es que no es eso. Soy un escritor profesional, pero también para el que cada libro es una aventura, el lenguaje, los mexicanismos… En cada novela intento colonizar un territorio nuevo. El día en que sea un mero ejercicio mecánico estaré liquidado como escritor y entonces podrá la crítica masacrarme con toda propiedad, espero que ese día no llegue. Muchísimas gracias a todos por estar aquí.

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Mensaje por Rogorn » Jue Feb 27, 2014 6:55 pm

"Alatriste sería hoy un marginado total"
EFE - El País - Madrid - 12/12/2006

Arturo Pérez-Reverte navega por esa "frontera ambigua y peligrosa" que era el Mediterráneo del siglo XVII en ‘Corsarios de Levante’, la sexta entrega de las aventuras del capitán Alatriste, un personaje que supo sobrevivir en "el mundo cruel y peligroso" de entonces, pero que, en el de hoy, "sería un marginado total". Así se expresaba este martes Pérez-Reverte al presentar su nuevo Alatriste en la sede del Instituto Cervantes en Madrid en una conferencia de prensa multitudinaria (más de cien medios acreditados, muchos de ellos extranjeros), prueba de la repercusión que el escritor ha conseguido con la serie de libros del capitán, de la que se han vendido más de cuatro millones de ejemplares y que está traducida a más de treinta idiomas.

"Alatriste era un mercenario, un asesino a sueldo, un personaje poco recomendable, pero tenía su ética, sus reglas del juego. Ahora, sería un proscrito, porque nadie entendería esas actitudes en un mundo como este donde palabras como dignidad, reputación, decencia, vergüenza torera y honradez se manipulan continuamente".

En la sexta entrega del capitán, Pérez-Reverte (Cartagena, Murcia, 1951) regresa al mar, una de sus grandes pasiones, porque el Mediterráneo es "una parte olvidada de nuestra memoria histórica" y porque le apetecía contar cómo era ese "mundo cruel, apasionante y peligroso" de esclavos, galeras, berberiscos, corsarios y piratas. Este libro llega diez años después de que el escritor comenzara a recrear distintos episodios del Siglo de Oro español para acercar la historia hasta los más jóvenes, y siempre ha procurado aproximarse con la mirada de un hombre de entonces. Lo contrario hubiera sido engañar. "Era una época dura, muy cruel, muy difícil, donde matar y morir era muy fácil; no había concesiones, lo políticamente correcto no existía ni tampoco había ONG", ha asegurado este académico de la lengua para quien es "un error grave mirar al pasado con los ojos del presente".

Publicada por Alfaguara, 'Corsarios de Levante' es quizá la novela más turbulenta y guerrera de la serie. No hay, como en algunas de las anteriores, intrigas palaciegas, sino que el escritor embarca al lector a bordo de la 'Mulata', una galera de veinticuatro bancos, para hacerlo vivir numerosas batallas, zafarranchos y abordajes.

Al narrar las nuevas aventuras del capitán, que cada vez tiene "más lados oscuros y es más melancólico", Pérez-Reverte ha procurado no establecer "juicios morales". "Los españoles degollaban tanto como los turcos o los berberiscos", ha indicado. En aquellos siglos muchos españoles tenían como único horizonte labrar las tierras de otro, y, para ellos, embarcarse rumbo a América "a degollar indios", o "asaltar galeras de infieles y degollar moros", "era una tentación muy poderosa". Ser mercenario y alistarse en los ejércitos "era la única manera de conseguir botines y de volver rico, para no tener que lamerle las botas al poderoso de turno", según el escritor, que ha añadido que aquellos hombres "luchaban por el dinero", pero también "por la reputación, por los compañeros".

Uno de "los privilegios" de haber creado a Alatriste es, para su autor, "poder pasearse virtualmente por ese mundo que se recrea en cada libro", y aunque el famoso capitán tiene ya vida propia, "la mirada" es la de Arturo Pérez-Reverte, y tras esa mirada está toda su vida, sus 21 años como reportero de guerra, su infancia rodeado de libros, el amor que le inculcaron sus mayores por la Historia y por los autores clásicos. "Está claro que Alatriste es el resultado de una vida. Si yo no fuese como soy, el capitán no sería como es", ha subrayado el escritor, "contento de la complejidad" que ha sabido darle a este personaje, de carácter retraído, que mata y se emborracha y que defiende a sus amigos. "Esa tragedia de ser español, esa amargura, está reflejada en los libros de Alatriste. Cuando uno tiene memoria histórica de la de verdad, comprende que ser español no es fácil", ha dicho el escritor, quien no ve demasiado parecido entre su personaje y el D'Artagnan de Alejandro Dumas. "Alatriste es más complejo. Dumas no quería mostrar la amargura de ser francés y yo sí he querido reflejar la amargura de ser español", ha manifestado.

Este año ha sido también el del éxito de la película 'Alatriste', dirigida por Agustín Díaz Yanes y con un presupuesto de más de 24 millones de euros, y han sido inevitables las preguntas sobre el filme. Pérez-Reverte se ha mostrado satisfecho con la película, aunque ha reconocido que "es imposible estar totalmente contento" y que hay algunas cuestiones que él las habría hecho de otra manera. Pero Viggo Mortensen, el actor protagonista, "está impresionante", ha declarado el escritor, para asegurar que "no habrá una segunda parte de la película", aunque sí hay en marcha "una propuesta, todavía muy vaga, de hacer una serie de televisión".

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Pérez-Reverte presenta ‘Corsarios de Levante’, sexto libro de la saga del capitán Alatriste
Europa Press - 12/12/2006

El escritor y académico Arturo Pérez-Reverte presentó hoy ante una sala repleta de medios de comunicación la sexta entrega de su serie sobre el capitán Alatriste, 'Corsarios de Levante', un volumen editado por Alfaguara en el que el autor se sumerge en el Mediterráneo durante el siglo XVII, "una encrucijada de razas mezcladas, de esclavos, de viejos odios, una época cruel y difícil" en donde no existía la ética y la moral como la entendemos actualmente. "Es un error mirar nuestra Historia con ojos políticamente correctos. El mundo de hoy rechazaría a los Alatriste. De hecho este personaje sería un proscrito, tendría poco que hacer en nuestra sociedad", afirmó el autor.

Pérez-Reverte señaló que en esta nueva novela, que tiene como escenarios el Mediterráneo, Orán, Malta y Nápoles, ha pretendido que el lenguaje "fuera protagonista" y para ello ha indagado en su biblioteca compuesta por 17.000 volúmenes (cerca de 4.000 del siglo en cuestión) a la vez que se ha documentado también viajando a los lugares que recrea y "paseando virtualmente" a su capitán por los mismos. "La de la lengua ha sido para mí una aventura paralela a la historia de la novela. Desde el principio tenía claro que no podía utilizar un lenguaje actual ni tampoco el propio de la época sino que tenía buscar algo intermedio y después de seis libros siento la tentación de crear mi propio lenguaje", señaló.

Una de las cuestiones en las que el académico hizo especial hincapié es su interés por "mirar el mundo de Alatriste con ojos de aquel momento en donde lo políticamente correcto no existía". A este respecto aseguró que es "un error" mirar el pasado con ojos del presente. "No se puede juzgar a aquellos españoles con los ojos de nuestra moral". "Cuando vemos la Historia con ojos muy actualizados se corre el peligro de envilecer, minar y desvirtuar hechos históricos fundamentales y eso deja coja la Historia presente", apostilló aludiendo a que la propia guerra civil española no puede juzgarse con los ojos del siglo XXI.

En este sentido Pérez-Reverte recordó que los valores han cambiado y que en el siglo XVII, la época de Alatriste, "la moral, la ética y las ONGs no existían". Insistió en que aquellos españoles que vivían aferrados a su tierra tenían la "tentación poderosa" de embarcarse y volver ricos con un botín bajo el brazo que lograban a fuerza de "matar indios o moros, daba igual, eso no era un problema para ellos", dijo. "Esto es lo que yo he hecho en mi novela, intentar la contextualización de la mirada", explicó. Asimismo, el escritor reconoció que el personaje del capitán Alatriste es el resultado también de su propia vida y de su maduración.

Ser periodista en los conflictos bélicos le ha ayudado a perfilar el carácter de Alatriste, pero también ser español y llegar a los 55 años que tiene actualmente. "Estoy orgulloso de la complejidad de este personaje", confesó.
Una de las cuestiones que se desprenden de la lectura de esta serie literaria es el empeño de su autor por exponer "la amargura de ser español cuando se tiene memoria histórica de siglos, no de tres días o de cien años", matizó.

Al hilo de esta cuestión y preguntado por el debate actual sobre el tema de la recuperación de la memoria histórica, Pérez-Reverte declaró no tener intención de meterse en "jardines" que poca falta le hacen, pero sí dijo que es "frecuente ver analfabetos hablando de la memoria histórica, gente de todos los colores políticos que carece de los más elementales conocimientos históricos y que entran como elefantes en una cacharrería".

"Lo que deploro no es que los políticos no lean Alatriste -algunos deberían hacerlo-, sino su osadía: sin saber nada de la república española se permiten hablar de ella. La incultura es muy atrevida y parece que tener memoria histórica es sólo recordar los últimos cien años de nuestra Historia", lamentó.
En su opinión, a la gente le gusta el capitán Alatriste porque todos somos él. "El lector lúcido, con una mínima cultura, comprende esto. No hay nadie lúcido que no se sienta un héroe cansado. España sólo le duele a la gente culta . Hay demasiado inculto a quien solo le duele lo que no le da votos", dijo.

Aunque inicialmente se barajaron un total de seis volúmenes para la serie parece que ésta se alargará con dos o tres nuevas entregas. "La presión de mis lectores más fanáticos es muy grande y me amenazan si no sigo ofreciéndoles nuevas aventuras de Alatriste", declaró Pérez-Reverte quien avanzó también que, en ningún caso, el capitán hará las Américas porque en aquella época no era fácil ir y volver de allí.

El escritor confesó también el interés que tiene para él el siglo XVIII, "cuando España pudo ser moderna, liberal, libre, culta y decente pero no lo fue sino que siguió encerrada en los palacios y en las sotanas". Aquella fue, en su opinión, "una época de esperanza con héroes de verdad, marinos ilustrados y científicos espléndidos", dijo.

Respecto al film dirigido por Agustín Díaz-Yanes y protagonizado por Vigo Mortensen que recrea la serie de aventuras de Alatriste, Pérez-Reverte reconoció que el espíritu de su obra "no ha sido violentado" y que refleja bien la España del momento. A pesar de ello confesó no haber terminado "contento del todo" pero se alegró de que se haya realizado esta película al tiempo que aseguró rotundamente que no habrá una segunda parte. "Hay una propuesta vaga para hacer una serie en televisión pero no la he considerado", declaró.

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Arturo Pérez-Reverte presenta la sexta entrega del capitán Alatriste
Servimedia - El Mundo - 12/12/2006

Las intrigas palaciegas, los tercios de Flandes y los duelos en las calles de Madrid de anteriores entregas han dejado paso, en palabras del autor, a una "novela de soldados" que tiene como escenario las peligrosas fronteras del mar Mediterráneo del siglo XVII. Por las páginas de 'Corsarios de Levante' desfilan corsarios berberiscos y piratas turcos, y se suceden los abordajes y los zafarranchos en alta mar. "Esta vez he elegido el Mediterráneo del siglo XVII porque es un tema narrativamente poco conocido".

Alatriste cumple 10 años (la primera entrega apareció a finales de 1996). En esta década se han vendido cuatro millones de ejemplares de sus aventuras en todo el mundo y se han hecho traducciones a la mayoría de idiomas. Han transcurrido 10 años en los que Alatriste ha dado nombre a exposiciones, cómics, juegos de rol y hasta restaurantes con su nombre, y que han culminado en este 2006, con el estreno de la multimillonaria producción cinematográfica protagonizada por Viggo Mortensen.

De esta sexta entrega, Pérez-Reverte destaca, además del recurso al Mare Nostrum, que ha querido ir "un poco más lejos" en el lenguaje, recuperando viejas palabras de la jerga soldadesca y marinera. Lo que sí se mantiene como una constante es la mirada que quiere ofrecer el escritor sobre una época dura y un mundo cruel, "en el que la vida y la muerte valían de forma diferente que ahora". "Intento mirar ese mundo sin juicios morales, con los ojos de ese mundo", señaló el autor, que está seguro de que Alatriste no tendría sitio en el mundo actual. "En aquella época", añadió, "Alatriste era un marginal pero con reputación. Ahora, en este mundo donde se manipulan palabras como honradez y decencia torera, Alatriste sería un proscrito. El mundo de hoy rechaza a los Alatriste".

De la película ‘Alatriste’, Reverte hace un balance muy satisfactorio, aunque admite que, como siempre ocurre en estos casos, habría escenas o actores que le hubiera gustado cambiar. A su juicio, la interpretación de Mortensen es magnífica, porque refleja a la perfección esa mirada a una época de "tristeza" con la que ha querido dotar a sus personajes. El autor de ‘El maestro de esgrima’ descarta la segunda parte de una película, aunque dice que le ha llegado una propuesta para hacer una serie de televisión sobre Alatriste que va a estudiar.

Con vistas al futuro, Pérez-Reverte tiene comprometidas otras tres entregas de Alatriste, que en principio llevarán por título ‘El puente de los Asesinos’, ‘La venganza de Alquézar’ y ‘Misión en París’. Ninguna de ellas se desarrollará en América, porque "en aquella época no había Air Madrid ni Iberia y un viaje de ese tipo era muy largo y se hacía para quedarse", bromea el novelista cuando la prensa del otro lado del Atlántico le pregunta con insistencia sobre esta posibilidad.

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“En España es muy frecuente oir hablar de analfabetos de la memoria historica”.
La Opinión de Zamora – 12/12/2006

El escritor Arturo Pérez-Reverte deploró hoy "la osadía" de muchos políticos españoles que, sin tener "los más elementales conocimientos históricos" y sin saber bien lo que fue la II República o la Guerra Civil, "se atreven a hablar de algo tan delicado como la memoria histórica". "El problema de España es que es muy frecuente oír hablar a analfabetos de la memoria histórica", dijo Pérez-Reverte durante la presentación de la última entrega de las aventuras del capitán Alatriste, titulada ‘Corsarios de Levante’ y publicada por Alfaguara.

El escritor no se quería "meter en jardines", y hubiera deseado no tener que hablar sobre la memoria histórica, pero su nueva novela se presta a reflexionar sobre el pasado, el lejano y el más próximo, y las preguntas no se hicieron esperar. Sin pelos en la lengua, Pérez-Reverte arremetió contra "los políticos incultos", de cualquier partido, y dijo que "es terrible que gente que no tiene la menor cultura, ni la menor memoria; gente que carece de los más elementales conocimientos históricos, fundamentales para la política, se atreva a entrar como elefantes por cacharrería en cuestiones tan delicadas para las que hace falta mucha cultura, mucho conocimiento y mucha lucidez". "Por eso, cuando uno ve a un animal de bellota, con corbata fosforito o con lo que lleve, hablando de memoria histórica, se pregunta uno en manos de quiénes estamos", señaló el escritor murciano, quien cree que no le vendría mal a algunos políticos leer libros como los del capitán Alatriste, que, en su opinión, ayudan a interpretar el pasado y que "permiten al español saber más de sí mismo".

Cuando Pérez-Reverte habla de memoria histórica no se refiere sólo a lo relacionado con la Guerra Civil. "En este país de bobos mezclamos las cosas. Memoria histórica es toda, desde los iberos, los celtas, árabes o Flandes hasta las épocas más recientes", aseguró. En su opinión, quienes carecen de conocimientos históricos no deberían hablar de la memoria histórica "ni atreverse de esa manera a trazar líneas divisorias ni a dogmatizar, ni pretender poner en claro cosas que incluso para los protagonistas de la época están muy oscuras". "Pero es que la incultura es muy osada, muy atrevida, y en España hay incultos especialmente atrevidos", añadió.

El autor de novelas como ‘El maestro de esgrima’, ‘La tabla de Flandes’, ‘La carta esférica’ o ‘El pintor de batallas’ tiene previsto publicar otras tres entregas más de Alatriste, que, si Dios no lo remedia, morirá en 1643, y que no pegará el salto a América. "En aquellos tiempos no había Iberia, y se tardaría demasiado tiempo en atravesar el charco", decía hoy.

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Rogorn
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Alatriste surca los desconocidos Egeo y Mediterráneo del XVII
Jesús Ruiz Mantilla - El País - 13/12/2006

De la mercenaria Malta a la luminosa Nápoles, con las mejores hembras jarifas y tabernas del Mediterráneo; de las costas del Egeo a los mercados de Estambul y las murallas de Orán, Diego Alatriste ha cambiado el rumbo de sus historias y el aire de sus hazañas. Se ha trasladado de la gélida y oscura Flandes y de la corte poco fiable de Madrid hacia tierras más resplandecientes en Oriente, por los puertos donde se desarrolla la sexta entrega de una saga que ha vendido ya cuatro millones de ejemplares en todo el mundo con sus cinco libros anteriores.

Ayer, el autor presentó en la nueva sede del Instituto Cervantes en Madrid este ‘Corsarios de Levante’ (Alfaguara), el nuevo Alatriste al que quizás muchos vean ya con los ojos de Viggo Mortensen, protagonista de la película que ha dirigido Agustín Díaz Yanes y que ha contribuido a acercar aún más el fascinante personaje de Arturo Pérez-Reverte a los ojos de un público mayor. Al autor, al que le ha gustado mucho la película, no le ha influido el trabajo de Mortensen, que para él hizo una composición magistral del personaje. "He tenido destellos alguna vez de la cara de Viggo, pero el Alatriste literario no ha sido contaminado por el cinematográfico", aseguraba Pérez-Reverte ante más de 100 periodistas españoles, europeos y americanos que acudieron a la presentación del libro en Madrid.

Va creciendo este Alatriste, auténtico tótem de una España latente, en la cabeza y en la ambición de Pérez-Reverte. Y en la ansiedad de sus lectores, los normales y los fanáticos. "Hay gente que me ha amenazado si no seguía escribiendo la serie", comentaba ayer Pérez-Reverte antes de ahondar en los porqués del éxito de quien es ya todo un símbolo que cuenta hasta con una taberna con su nombre en el Madrid de los Austrias. "Yo creo que gusta porque Alatriste somos todos", contestaba. Sobre todo en el alma y en las ofensas, en el sentimiento de incomprensión y en esa especie de trágica preclaridad con la que muchos miran la carne y la piel del país en que viven: "Muchos lectores comprenden que son Alatriste y notan que coinciden con él no ya como el espadachín o el aventurero, sino en esa dolorida lucidez, porque no hay nadie inteligente que no se sienta a veces un héroe cansado ni que haya sufrido muchas veces la humillación de comprobar que la virtud tiene mal precio en este país", asegura el autor.

Por eso es fácil comprender que a los soldados del siglo XVII les diera por salir a probar fortuna lejos, aunque fuera en guerras y escaramuzas, porque salían de un país donde no tenían nada que perder. "Si se iban de un lugar que estaba en manos de reyes, aristócratas y sotanas y regresaban después con algún botín, lo hacían como hidalgos y ya nunca más tendrían que chuparle los botines a un señor", cuenta el escritor.

Hay que comprender eso y todo lo que se desprende de ahí -la violencia, la fiereza, los desmanes, productos de una época en la que nadie estaba libre de pecado- con la justa perspectiva. "No podemos juzgar con nuestros ojos lo que hicieron nuestros abuelos, porque de ese modo serían espantosos y no lo fueron", cuenta Pérez-Reverte. "No podemos ver el pasado como si fuéramos una ONG".

El capitán, con una oscuridad y una complejidad que empieza a desconcertar a su hijo adoptivo, Íñigo Balboa, el narrador de toda la saga, se nos presenta en ‘Corsarios de Levante’ más viejo y con más cicatrices; con la espada más afilada y los silencios más plagados de significados ambiguos si cabe para hacer frente a moriscos y berberiscos, a piratas y cuantos mercenarios le salen al paso en ‘Corsarios de Levante’. "Me apetecía pelear en esa frontera ambigua y peligrosa por uno de los lugares más desconocidos de nuestra historia", dice.

Pero el duelo más concienzudo, la pelea en la que Pérez-Reverte ha puesto más los cinco sentidos, es en la del lenguaje: "Ésa ha sido central. Siempre he intentado buscar un lenguaje antiguo y moderno al tiempo, tanto que a estas alturas son los mismos libros de Alatriste los que sienten la tentación de crear el suyo propio", afirma. Ha sido una lucha en la que tampoco le han amargado ciertos dulces. "He recuperado el gusto por palabras en desuso, he disfrutado con eso".

Cree el autor que Alatriste tiene ya un vuelo muy libre y que no resiste comparaciones con otras criaturas literarias. Si ha bebido en un principio tanto del D'Artagnan de Alejandro Dumas como de los ‘Episodios nacionales’ de Pérez Galdós, vive ahora tan desatado como libérrimo, dispuesto a plantarle cara a cualquier afrenta que le birle originalidad o le quite méritos. "Fijaos si yo respeto a Dumas que le dediqué un libro, ‘El Club Dumas’, pero Alatriste no tiene nada que ver con ‘Los tres mosqueteros’. Ellos no mostraban la tragedia de ser franceses, en mi personaje sí se palpa la de ser español". Aunque tuviera sus ventajas. "En los escritos que he leído de la época queda claro que eran fieros y que su fiereza provenía de la vida que llevaban, pero también destacan que eran de fiar, que eran leales, que aunque fueran violentos y temibles tenían maneras".

Aprovechó ayer Pérez-Reverte para poner cosas en claro sobre el futuro del personaje. Pese a que los periodistas latinoamericanos le insistían, fue tajante: "Alatriste no viajará a América", aseguró. ¿Y del cine? ¿Habrá segunda parte? "No, ésta será la única película. No habrá más. Otra cosa son series de televisión, existe un proyecto para llevar capítulo a capítulo todos los libros, pero todavía no hay nada claro, no deja de ser una nebulosa".

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Pérez-Reverte publica el sexto Alatriste y anuncia dos más
Miguel Ángel Trenas - La Vanguardia - 13/12/2006

Arturo Pérez-Reverte presentó ayer, en una multitudinaria rueda de prensa celebrada en la sede del Instituto Cervantes, una nueva entrega, la sexta, de las aventuras del capitán Alatriste, un personaje que en apenas diez años se ha convertido en un fenómeno de masas, mediático y comercial, que transciende la ficción literaria. La nueva entrega, 'Corsarios de Levante', presenta a un héroe más maduro y grave, en un escenario muy querido para el novelista, el Mediterráneo, que en el siglo XVII fue “encrucijada de razas, lenguas y viejos odios”.

Pérez-Reverte embarca al lector en la 'Mulata', una galera de veinticuatro bancos, en una navegación por un “espacio ambiguo, móvil y peligroso donde las diversas razas nos mezclábamos, aliándonos o combatiendo”. Desde las costas de Berbería a las bocas de Constantinopla, viaja por tres nuevos escenarios, Nápoles, Orán y Malta, en una acción abundante en desembarcos, saqueos y abordajes protagonizados por corsarios, piratas y esclavos. Mientras, en tierra firme, la península asiste a una “guerra sorda, civil, entre españoles”, la que disputan los súbditos de Felipe IV con los moriscos. Las nuevas aventuras presentan a un Íñigo de Balboa ya crecido, que empieza a descubrir “lados de sombra” en el héroe admirado, y nuevos personajes, como Aixa Ben Gurriat, luego llamado moro Gurriato, o el capitán de la 'Mulata' .

Pérez-Reverte mostró ayer su satisfacción por el privilegio de haber podido llevar adelante la serie, comentó que el plan inicial había crecido “con nuevas ideas, nuevas historias y nuevas posibilidades” y anunció que “al menos habrá dos entregas más”. El autor recordó que uno de sus objetivos con Alatriste fue recuperar nuestra memoria histórica de verdad, “la de siglos, para conocernos mejor”, y justificó los nuevos escenarios de su héroe en la importancia que tuvo el Mediterráneo en esos años. El autor recordó que en ese empeño por recuperar la historia política, militar, económica y religiosa del siglo XVII hay también una aventura del lenguaje, de cuyo resultado se siente muy satisfecho. “No podría contar –dijo– las andanzas de Alatriste con un lenguaje anacrónico, por eso decidí mezclar lo moderno y lo antiguo, recuperando un vocabulario de la época que me es muy querido, como el de las germanías”.

Pérez-Reverte criticó duramente a quienes hoy quieren recuperar la memoria histórica “sean del partido que sean” desde la ideología y no desde la historia y la cultura. Poco satisfecho con la versión cinematográfica de 'Alatriste', Pérez-Reverte aseguró que no habrá segunda parte, aunque dejó abierta la posibilidad de una serie de televisión. “Ningún autor –aclaró– queda contento con las versiones cinematográficas de sus novelas, pero creo que España queda bien reflejada, igual que la complejidad del personaje.

Foto:
http://hemeroteca.lavanguardia.es/previ ... 7/pdf.html

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«Cuando veo a animales de bellota hablar sobre memoria histórica, pienso: ¿en qué manos estamos?»
Antonio Astorga – ABC – 13/12/2006

Anda suelto un lector de Alatriste que amenaza con tomar «represalias físicas» si Arturo Pérez-Reverte no sigue escribiendo las aventuras del capitán pendenciero, pero fieramente humano, del siglo XVII. «Son frikis, aunque existen lectores muy aficionados a Alatriste, que es un privilegio», concede un escritor de mirada fieramente humana.

El plan original eran cinco o seis Alatristes, pero el padre de la criatura guarda en su recámara más balas, para tranquilidad de ese apasionado lector. «Cada Alatriste describe el Imperio español del siglo XVII. Esta vez le tocaba al Mediterráneo, espacio cruel, cambiante, peligroso, de esclavos, puertos y galeras, de piratas turcos y berberiscos, de mestizos y razas mezcladas, desde el que España dominaba Sicilia y Nápoles, la gran base de la OTAN de la época», explica Pérez-Reverte al hablar de su libro, aunque los periodistas le tiraron al académico de la lengua para que opinara sobre la memoria histórica y el proyecto Zapatero. «¿Memoria histórica? No sé de qué me están hablando -sacó su arcabuz Pérez-Reverte-. Son políticos incultos. El problema de España, para cuestiones como la Guerra Civil, para Flandes, para todo, es que es muy frecuente ver a analfabetos hablando de memoria histórica. Es terrible ver cómo gente sin la menor memoria, sin la menor cultura, ni la menor historia, que carece de los más elementales conocimientos históricos fundamentales para la política -y hablo de todos los partidos- se atreve a entrar como elefante en una cacharrería en cuestiones tan delicadas para las que hace falta mucha cultura, conocimiento y lucidez».
Y remató con su arcabuz Pérez-Reverte: «Cuando veo a animales de bellota, con corbata fosforito o con la que sea, hablando de memoria histórica me doy cuenta y me pregunto en manos de quiénes estamos: ¿en qué manos estamos? El problema es la osadía. ¡Cómo gente sin haber leído un libro, sin saber quién fue el Cid, sin conocer la Guerra Civil o la República se atreve a trazar líneas divisorias! La incultura es muy osada y atrevida».

Las plazas del Norte de África, el Nápoles de los españoles y el Mar Egeo y la costa turca son los escenarios en los que transcurre el sexto Alatriste, ‘Corsarios de Levante’ (Alfaguara). Pérez-Reverte rescata el lenguaje de las germanías y la jerga soldadesca, «respetando que el aroma de los clásicos fuera perceptible». Matar y morir era muy fácil en aquel Mediterráneo de oro y acero. No había ONGs: «Cuando se habla ahora tanto de memoria histórica cometemos un error grave: miramos a nuestro pasado con ojos políticamente correctos. Y el mundo ha cambiado. El mundo del XVII era muy duro y difícil. No existían los derechos humanos por lo cual no podemos por ejemplo juzgar a los españoles que se fueron a América con ojos del siglo XXI».

Pérez-Reverte escruta ese mundo con los ojos de la época: «Cuando miramos la historia con ojos actualizados (me refiero a la memoria que se basa en la cultura y el conocimiento, no a la ideológica) podemos envilecer, destruir, minar los hechos históricos fundamentales. No podemos juzgar al Cid degollando moros ni a Hernán Cortés aztecas con ojos de hoy. Siempre he intentado que el lector vea el mundo con los ojos de entonces. Si no, nuestros abuelos serían monstruos. Ni la Guerra Civil se puede juzgar con los ojos del siglo XXI».

Vuelve un Alatriste ferazmente mercenario, pero que blande su acero entre el drama y la ternura: «Un mercenario actual es menos disculpable que los de entonces. Algunos, incluso, están cerca de aquí y son amigos míos. La moral y la ética no existían. El campo lo regaban con su sudor y miseria. Esos españoles que vivían aferrados a su tierra tenían la tentación poderosa de embarcarse y volver ricos con un botín bajo el brazo que lograban a fuerza de matar indios o degollar moros. Daba igual, ya que eso no era un problema. Querían era regresar con bienes para no tener que lamerle las botas al poderoso de turno».

Ser español era una escuela amarga, dura y difícil antaño, señala el académico. Y observando la «gentuza que hace política» sostiene que «no hay español lúcido que no tenga una amargura en el corazón». Alatriste no es una novela de espadachines, sino el proyecto de su vida: «Me cae bien Alatriste -se sincera Pérez-Reverte- porque es como un amigo. Sé muy bien por qué mata como mata, por qué se emborracha como se emborracha...». Alatriste «tiene dignidad» en una sociedad machacada «en manos de curas, reyes y aristóratas -explica el autor-. Los jóvenes se iban al ejército para saquear alguna galera turca y regresar ricos. Pura reacción de desesperados. Si el cura no te dejaba acostarte con tu mujer, si el rey te machacaba a impuestos y si el aristócrata te tenía encadenado a la tierra, los jóvenes pensaban: «Si muero lo hago como hidalgo; sino, vuelvo con dinero»».
La tentación vivía entre botines y reputación: «En la España miserable de siempre el Estado no pagaba sueldos, las plazas fuertes estaban dejadas de la mano de Dios, el español sólo tenía la escapatoria de embarcarse para buscar fortuna: degollaba, mataba, asaltaba y cobraba el botín. Era una sociedad antimilitarista, pero ferozmente militar; cruel, pero fiable y con madera. Los soldados, en alpargatas, sin comer, sin nada, vibraban con su acero. Una mezcla de horror y ternura se apoderaba de ella. No puedo evitar comprender aquello. Quería mostrar la anarquía de ser español. Fuimos malos, pero tan malos como otros».

«En aquella época Alatriste era un individuo poco recomendable, pero tenía sus reglas de juego -explica su creador-. Hoy, Alatriste sería un proscrito porque palabras como dignidad, reputación, decencia, vergüenza torera, honradez... se manipulan. Los canallas actuales no tienen reglas y aunque Alatriste es un marginal tiene una reputación que mantener». Después del XVII, le gustaría al escritor abordar el siglo XVIII, «cuando España estuvo a punto de conseguir ser un país culto y libre y no lo fue. Todo eso se fue al diablo. Pero no tuvimos la suerte de que hubiera guillotina y España siguió encerrada en las sotanas y en los palacios». ¿A quién le duele España hoy? «Para que te duela España la tienes que conocer: pasear por sus piedras, leer y digerir libros. Si eres un bestia analfabeto que te paseas por las calles no te duele nada. Cuando eres culto te duele. Hay demasiado inculto manejando los resortes del asunto». Sobre la película, Pérez-Reverte dice que «hay cosas que me han gustado menos, pero como balance estoy contentísimo. No quería que se hiciera un Zorro y la tristeza y melancolía está muy bien reflejada».

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Pérez-Reverte y el uso equívoco de la memoria histórica
Silvia Pisani - La Nación – 13/12/2006

"Una cosa es la memoria de verdad. Y otra es la que hacen los políticos para ganar elecciones", dice Arturo Pérez-Reverte, indignado por la facilidad con que la ignorancia "se mete a hacer memoria histórica sólo para tener más votos". No es que este exitoso escritor español, nacido en Murcia hace 55 años, quiera hablar de la cuestión ("no quiero meterme en eso", se atajó, en vano, en varias ocasiones). Pero la conversación tuvo por objeto la presentación de ‘Corsarios de Levante’, sexto volumen de su personaje histórico, el capitán Alatriste. Y una cosa llevó a reflexionar sobre la otra.

En cierto modo, la agenda política se coló por la ventana. Porque aquí es inminente la presentación de un controvertido proyecto con el que el gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero impulsa una revisión del pasado reciente español. Y, sin pelos en la lengua, Pérez-Reverte hasta recomendó "la lectura del capitán Alatriste a algunos políticos, así aprenden historia".

Terminó por ceder el murciano a la presión de las preguntas. "No sé de qué me hablan cuando dicen “memoria histórica”. Memoria lo es todo. Y es para deplorar que políticos sin los más elementales conocimientos históricos, verdaderos analfabetos, se metan a hablar de la memoria histórica e intenten poner en claro cosas que ni ellos conocen". Pérez-Reverte hablaba de España, pero no ahorró la posibilidad de extrapolar experiencias, al arremeter contra "políticos incultos, de cualquier partido, que sin ser siquiera lúcidos se atreven a entrar, como elefantes en un bazar, en cuestiones en las que hay que tener mucho conocimiento y mucha lucidez. Pero ya se sabe que la incultura es muy osada".

Todo transcurrió en una sala de la flamante sede central del Instituto Cervantes, donde este miembro de la Real Academia compareció, puntual, para presentar su último libro, al que definió como "el más guerrero y turbulento" de la serie, ambientada, esta vez, en el mundo del Mediterráneo en el siglo XVII. "Era una época difícil, en la que no existían las ONG ni los derechos humanos. Una época en la que matar o morir era muy fácil y en la que los españoles creían que degollar moros era servir a Dios. Y yo no entro en la historia para juzgarla, porque es un error mirar el pasado con los ojos del presente -disparó-. Hay que saber que los españoles degollaban tanto como los turcos o como los bereberes. Y que no lo hacían por un sentido de patria o de imperio sino porque buscaban, sobre todo, sobrevivir y hacerse ricos. Buscan botín y buscaban, también, reputación."

Publicada por Alfaguara, ‘Corsarios de Levante’, que llegará a las librerías argentinas en febrero, transcurre en buena parte a bordo de una galera llamada ‘Mulata’, con la que el "cada vez más melancólico" protagonista llega a las costas de Africa, de Turquía y de la Nápoles española del XVII. "Todo un mundo de truhanes bajo un sol maravilloso", definió el escritor. Vestido con su "uniforme habitual" -camisa celeste y saco de gamuza marrón-, Pérez-Reverte se encontró con periodistas de varios países, prueba de la aceptación internacional del personaje. "Hasta desde Japón me llegan correos electrónicos preguntando por Alatriste", dijo, sorprendido.

Por mucha aceptación que tenga el personaje, Pérez-Reverte se mostró convencido de que, si en verdad viviera, si no fuera de ficción, "no podría sobrevivir en este mundo; sería un incomprendido, un marginado total, sería relegado, moriría". ¿Por qué?, se le preguntó, tras un silencio que quebró el brío con que venía transcurriendo la conversación. "Alatriste tendría muy poco para hacer en un mundo como éste, donde reputación, dignidad, honradez o vergüenza son palabras que se manipulan", respondió.

-Pero, entonces, si en este mundo no tendría sitio, ¿qué es lo que gusta tanto de él?
-Que todos somos un poco Alatriste. Su mirada no es otra que la del lúcido que se siente cansado ante un mundo en el que la virtud tiene poca recompensa y donde el estúpido tiene más posibilidad de triunfar que él. Y eso genera amargura.

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Alatriste descubre el Mediterráneo en su sed de aventura
Mercedes Jansa - El Periódico – 13/12/2006

Los años no pasan en balde ni para Alatriste. Diez años después de nacer fruto de la imaginación y la escritura de Arturo Pérez-Reverte, el popular capitán español del Siglo de Oro es "más complejo", con más lados oscuros, le pesan más los sentimientos y discute vehementemente con su protegido Íñigo de Balboa. Y además, descubre en el Mediterráneo un mundo de corsarios, berberiscos, turcos, esclavos y galeras. La sexta aventura, ‘Corsarios de Levante’, publicada nuevamente por Alfaguara, es el colofón perfecto para un año en el que el aventurero se ha hecho carne, en la persona de Viggo Mortensen, y encabeza la lista de películas más vistas, concretamente por más de 3 millones de espectadores. Pese al éxito cinematográfico, no habrá secuela, pero sí tres entregas literarias más por la presión de los "lectores fanáticos".

Pérez-Reverte comenzó esta nueva aventura de Alatriste antes de escribir su última novela, ‘El pintor de batallas’, que ha cosechado buenas críticas y ventas desde su publicación en marzo. Y la ha terminado en los últimos meses, pero "sin contaminarse" de la versión cinematográfica. De lo que sí está plenamente contagiado es de la vida; sus heridas son las de su creador. "Para mí, es como un amigo", dijo ayer el autor, con un poder de convocatoria medido en un centenar de medios de comunicación, solo comparable a la audiencia que en el mismo salón del Instituto Cervantes reunió hace una semanas otro artistas popular, Antonio Banderas. "Alatriste es el resultado de una vida, y si yo no fuera como soy, el capitán no sería como es".

En ‘Corsarios de Levante’ hay menos intrigas palaciegas y más descripción del abandono al que la corona española sometió a sus plazas en el norte de África. El lector viaja en ‘La Mulata’ y el autor le invita a ver abordajes, piratas sanguinarios, turcos, el mar Egeo, la Berbería y Nápoles, ciudad puntera en la estrategia marítimo-militar del Imperio español, "la gran base de la OTAN de la época", como la califica el escritor y académico, de 55 años.

Pérez-Reverte ha querido profundizar también en el lenguaje de la época, que sea, dice, "un personaje más". Lo que apenas cambia es la mirada descarnada, cínica y violenta del protagonista y de los personajes que le rodean. El autor pide a los lectores que no juzguen las acciones de Alatriste con los valores del siglo XXI. "Era un mundo muy duro y no podemos juzgar a los españoles de entonces con los ojos de una oenegé de hoy", señala. Apasionado lector, el creador de Alatriste considera que es un "error" mirar la historia pasada "con ojos políticamente correctos". En el Siglo de Oro, gente como Alatriste "luchaba por el botín y la reputación", afirma. La idea de que los soldados peleaban para defender una idea de patria y de España "fue un invento del franquismo".

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“No habrá segunda película de Alatriste”.
Patricia Herencias – El Nuevo Herald – 13/12/2006

El escritor murciano se ha mostrado así de tajante en la presentación de su última novela, ‘Corsarios de Levante’, la sexta entrega de las aventuras del ya cinematográfico capitán Alatriste. Un libro que se estrena antes de Navidades por la presión de “lectores fanáticos que me amenazan físicamente si no hay nuevos libros”. Este 2006 que acabó ha sido, sin duda, uno de los mejores años para Arturo Pérez-Reverte. Inició su andadura con la exitosa novela ‘El pintor de batallas’, se estrenó en cine ‘Alatriste’, película que se ha convertido en la más taquillera del año en España, y finaliza el año con ‘Corsarios de Levante’, una aventura en la que el capitán más popular vuelve al mar.

Piratas turcos y berberiscos, esclavos, galeras, puertos y mar, mucho mar, son las nuevas propuestas del escritor español, que retoma así las aventuras del capitán tras su paso por la gran pantalla con un importante éxito de espectadores. Sobre la que ha sido catalogada como ''película del año'' en España, Pérez-Reverte comentó que se alegraba de que finalmente se hubiese llevado a cabo. “Viggo (Mortensen) está genial, la película ha tenido cuatro millones de espectadores, los productores creo que se han forrado”, señaló el autor con humor. Y sobre todo, y más importante para Reverte, “no se ha alterado el tono trágico de la España del XVII”.

El escritor se mostró satisfecho con la interpretación que ha hecho el reconocido actor internacional Viggo Mortensen del Capitán Alatriste. “Se ajusta muy bien a Alatriste física y psicológicamente”, explicó Reverte. Pero al volver a escribir sobre el personaje reconoce que “no he visto a Viggo en Alatriste”, sólo algunos pequeños gestos y detalles. “La tragedia de ser español quedó muy bien reflejada en la película”, agregó el escritor, que triunfó en su primera faceta periodística como reportero de guerra.

Este esperado libro se centra en el mar Mediterráneo y las aventuras que entre sus fronteras vivieron los soldados españoles del reinado de Felipe IV, en el siglo XVII. Tres son los escenarios elegidos por Reverte para situar la acción: el norte de Africa, el mar Egeo y la ciudad italiana de Nápoles, centro portuario de la época. Nuevos personajes animarán las aventuras de un Alatriste “más maduro” y con un Íñigo de Balboa en plena pubertad que nos descubre lados oscuros del capitán “que antes no veía por ser muy pequeño”, comentó el autor.

Han pasado ya diez años desde que se publicase la primera novela de la saga del capitán Diego Alatriste, en la que Reverte compartía autoría con su hija Carlota. Después de una década y seis libros, el escritor reflexiona y cree que el éxito hoy de una historia basada en siglos anteriores está en la “comprensión del personaje, en la mirada del mundo de Alatriste”, pues para Reverte “no hay ser lúcido que no se sienta un héroe cansado”.

Sobre este sentimiento Pérez-Reverte comentó que al ver a un “animal de bellota con corbata fosforito hablando de memoria histórica piensas ¿en manos de quién estamos?”, en alusión a la política que hoy en día vemos en periódicos, radio y televisión. Es más, el escritor, que siempre es crítico con el mundo de la política, agregó que “la España amarga le duele a los cultos” y por eso los políticos “sólo se interesan por ganar o perder votos”. Esquivando la polémica, el autor se confesó amigo del capitán Alatriste, al que se siente ligado por una “empatía y comprensión hacia los motivos” que le llevan a ser un español de casta, “cruel pero fiable y con maneras”.

Rosa María Junquera, de la editorial Alfaguara, que acompañó a Pérez-Reverte en la presentación del libro que tuvo lugar en el Instituto Cervantes de Madrid, se atrevió a catalogar este Corsarios de Levante como “la novela más cervantina de Alatriste”. Novela que ya está cosechando unas primeras críticas fantásticas y que estas Navidades se colará en muchos zapatos y calcetines como regalo de jóvenes y mayores.

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“Muchos de mis lectores se identifican con Alatriste”.
Tomás García Yebra - Colpisa – 13/12/2006

Desembarcos y abordajes, saqueos y piratas, ciudades que se asoman al peligroso balcón del mar Mediterráneo (Nápoles, Orán o Malta), configuran el escenario de ‘Corsarios de Levante’ (Alfaguara), sexta entrega de las aventuras del capitán Alatriste, un personaje que está ganando tantas batallas con la espada como su creador con la pluma. De los cinco volúmenes anteriores (el espadachín lleva rodando diez años) se han vendido más de cuatro millones de ejemplares en 30 lenguas. Tras el éxito de la película ‘Alatriste’, protagonizada por Viggo Mortensen, la internacionalización de este mercenario del siglo XVII ha alcanzado los cuatro puntos cardinales.

«Estoy recibiendo cartas, un montón de ellas, incluso de nombres famosos, como un cantante o un bailarín cuyos nombre me reservo, que se sienten identificados con Alatriste. Me dicen: ¡si es que ése que retratas soy yo!», dijo Arturo Pérez-Reverte, quien atribuye la identificación héroe-lector a la propia «complejidad» de un personaje «nada lineal» y con bastantes recovecos. «Hay novelas, al estilo de ‘Los tres mosqueteros’, que retratan magistralmente una época, pero mi pretensión es ir más allá; además de describir cómo huele Nápoles o las calles del Madrid del Siglo de Oro, quiero plasmar el alma de unas personas y expresar cómo esas almas van evolucionando». Tras decir esto, se quedó unos segundos reflexionando. Agregó: «Dumas nunca reflejó la amargura de ser francés; yo sí he querido reflejar la amargura de ser español».

Además de los habituales -Diego Alatriste, un hombre que prefiere las estocadas a las palabras, e Íñigo Balboa, narrador de las aventuras-, se incorporan nuevos rostros, como el marinero Manuel Urdemalas, capitán de la ‘Mulata’, o Gurriato de Orán, un moro de colmillo retorcido con puntos de vista un tanto singulares.

Arturo Pérez- Reverte (Cartagena, 1951) considera un error juzgar las acciones de entonces con la tabla de valores de la actualidad. «Los cristianos, en tiempos del Cid, creían que degollando a los moros se glorificaba a Dios, y eso, en nuestro raciocino actual, no tiene cabida». Ni siquiera se puede juzgar, según el académico, lo que ocurrió en la Guerra Civil o en la Segunda República, pues «a pesar de la cercanía son situaciones sociales que no tienen nada que ver con la nuestra. Sólo los ignorantes se atreven a juzgar, y lo hacen, claro, porque jamás han tenido un libro de historia entre las manos». Un aspecto importante del texto es el lenguaje. «Constituye uno de los protagonistas», precisó el escritor. «No se trata de salpicar la narración con arcaísmos, sino de modernizar el lenguaje del siglo XVII; pretendo que el léxico de los delincuentes y las germanías tenga sabor de época, pero también pretendo que lo que escribo lo entienda todo el mundo». Si en otras aventuras situó la acción en el Madrid de Felipe IV, en Breda o la Sevilla de 1626, esta vez Alatriste se embarca en la ‘Mulata’ -«una galera de veinticuatro bancos»- para navegar por el Mediterráneo, arribar en Nápoles y llegar hasta el mar Egeo, los escenarios donde transcurre la acción.

«El mundo de Alatriste era un mundo canalla, pero se respetaban las reglas; hoy Alatriste no podría sobrevivir porque no existen reglas», subrayó. «Yo creo que la gente que enroló a la conquista de América o se largó a Nápoles no lo hizo por la patria ni por el rey ni por conceptos más o menos abstractos; eran jóvenes, sin nada que perder, con sed de aventuras, de mujeres y de un botín que les permitiera salir de la miseria para el resto de sus vidas». Aseguró que no habrá más películas de Alatriste, pero no descartó que se haga una serie de televisión. «Es un proyecto que todavía está en mantillas; queda mucho trecho por recorrer». Pérez-Reverte está contento con la versión de Agustín Díaz Yanes. Incuso con los defectos. «Hay matices que se escapan a un espectáculo visual como es el cine; esa lucidez del héroe cansado, la ambigüedad de sus sentimientos, la mezcla de crueldad y ternura, toda esa encarnadura se pierde en el Alatriste del celuloide, pero a pesar de todo ello es una película que aplaudo y estoy muy contento de que se haya hecho».

Posee una biblioteca con 17.000 títulos. Cerca de 4.000 los ha utilizado para ambientar las aventuras de su intrépido capitán. «También utilizo mapas de la época e ilustraciones con el objeto de reconstruir los escenarios de la manera más fiel posible». Una vez que ha empollado los datos viaja a los lugares. «Es necesario patearlos. Y olerlos».

Cuando acabe la serie (todavía le quedan tres títulos: ‘El puente de los asesinos’, ‘La venganza de Alquézar’ y ‘Misión en París’) no sabe si emprenderá otra saga. Lo único que adelantó fue que le atrae el siglo XVIII. «Fueron cien años donde pudimos reengancharnos al progreso, pero no supimos hacerlo: había gente ilustrada, personalidades muy válidas. Sin embargo, para nuestra desgracia, acabó triunfando el espadón y la sotana».

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Abordajes y galeras en el nuevo Alatriste
Cinco Días – 13/12/2006

Arturo Pérez-Reverte escribió hace diez años el primer Alatriste para mostrar la historia de España. En cada libro, ha trabajado un aspecto de la política del siglo XVII: la economía, la cultura, la religión... Después de cinco novelas, ‘Corsarios de Levante’ (Alfaguara) sumerge al lector en el Mediterráneo, “una parte olvidada de nuestra memoria histórica”, un mundo cruel y peligroso de combates, abordajes, galeras, puertos y razas. Una época que el autor recrea con un léxico cuidado; si en todas las aventuras de la serie, ha buscado respetar el aroma de los clásicos y hacerlo comprensible para el lector actual, en la última ha experimentado el placer de recuperar jergas, como la marinera. “He intentando que el lenguaje sea protagonista del libro”, declaró ayer Pérez-Reverte en una rueda de prensa multitudinaria celebrada en la sede del Instituto Cervantes de Madrid, en la que estuvo acompañado por directivos del grupo Santillana.

Alatriste no es Pérez-Reverte, pero su mirada es la del escritor y académico. Cuando vuelve la vista al pasado, lo hace con ojos de ese mundo. “Era una época dura, matar y morir era muy fácil”. Y los españoles degollaban tanto como los turcos, pero Pérez-Reverte no juzga a esos hombres. Añade que para un español de la época, oprimido por el rey, curas y nobles, embarcarse y degollar, conseguir botines y regresar rico era una tentación poderosa. Hoy se consideran atrocidades; entonces, en un mundo en el que no existían los derechos humanos, eran un mecanismo que todas las naciones practicaban, asegura el autor. Es una comprensión necesaria para todos los episodios de la historia, el siglo XVII o la Guerra Civil. “Si no, nuestros abuelos serían monstruos”.

‘Corsarios de Levante’ es la más marina, turbulenta y guerrera de la saga. En sus páginas no hay intrigas palaciegas ni conspiraciones inquisitoriales. Es una novela de soldados, “temibles”, apunta Pérez-Reverte, porque no tenían nada que perder, pero “fiables y con maneras”, como reflejan todas las relaciones de la época que ha consultado el autor. El escritor embarca al lector a bordo de la ‘Mulata’, una galera de veinticuatro bancos, para que navegue por un 'espacio ambiguo, móvil y peligroso donde las diversas razas nos mezclábamos, aliándonos o combatiendo según rodaban las brochas sobre el parche del tambor', narra el protagonista Íñigo de Balboa.

En la sexta novela, el personaje tiene 17 años, ha crecido y no elude sus desencuentros con Alatriste, en el que aprecia ahora lados oscuros. La relación paterno-filial entre los dos personajes ha cambiado: Íñigo, que ha sentado plaza de soldado en el tercio de Nápoles, ya no quiere que Alatriste le dé lecciones. Y al capitán, más cansado, sombrío y solitario que nunca, sólo le cabe aguardar a que Íñigo se convierta en el hombre que debe ser, sin dejar de protegerle.

“Alatriste era un canalla, pero con reglas”, dice del personaje su creador, que confiesa que le sorprenden las muchas cartas de lectores que aseguran sentirse identificados con el héroe literario. En la actualidad, sin embargo, Alatriste sería un marginado, porque “nadie entendería esas actitudes en un mundo como éste donde palabras como dignidad, reputación, decencia, vergüenza torera y honradez se manipulan continuamente”. Alatriste es resultado de una vida, explica el escritor, de su experiencia como reportero en conflictos bélicos, de su formación y entorno familiar y hasta de ser español –“una escuela dura y amarga”-. Si hay algo de lo que está contento es de la complejidad del personaje.

Tres años ha tardado Arturo Pérez-Reverte en retomar las aventuras del capitán Alatriste, la serie de más éxito de la literatura española, con más de 4 millones de ejemplares vendidos en todo el mundo, traducida prácticamente a todas las lenguas. El pasado 1 de septiembre se estrenó ‘Alatriste’, dirigida por Agustín Díaz Yanes, que ya han visto dos millones de personas. El escritor está contento con el resultado final. Le gusta especialmente el carácter melancólico del personaje, interpretado por Viggo Mortensen, y lo bien reflejada que está esa época miserable de la historia de España. El escritor reconoce que la película ha sido un refuerzo para el libro.

Alatriste ha creado un nuevo grupo de lectores fanáticos que presionan al escritor para que continúe la saga. Los títulos futuros ya están decididos: ‘El puente de los Asesinos’, ‘La venganza de Alquézar’ y ‘Misión en París’. Se sabe desde el principio cuando morirá el héroe, será en la batalla de Rocroi.

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Vuelve Alatriste
David Gistau – El Mundo – 13/12/2006

Tengo predilección por el capitán Alatriste. Por el dolor que arrastra, que le da un desgarro terminal en el que hay mucha más verdad cercana que la que contienen los héroes impecables, los que no conocen la derrota ni el desamparo de los valores extinguidos y los votos traicionados. Por su apego a ciertos códigos de hombría, como el del orgullo, como el de la camaradería, que permiten salvarse a uno aun cuando alrededor todo es el desmoronamiento de los muros de la patria mía.

Y también, y sobre todo por eso, porque sus novelas son una delicia con la que Arturo Pérez-Reverte aviva el fuego de la aventura que prendieron Conrad y Stevenson. Esos libros que fueron como una llamada para salir al mundo "con una mochila cargada de lecturas", que es lo único que Arturo llevaba encima cuando la atendió y atravesó guerras con la voluntad de comprobar si el ideal aventurero era algo que podía ser vivido. Las heridas propias con las que él regresó están todas explicadas en el mural trágico de ‘El pintor de batallas’, donde el viejo periodista protege su refugio e impone unas distancias que son también las de Arturo cuando, le pese a quien le pese, existe más allá del circo social que es la vida literaria y de sus servidumbres.

Creíamos que la película había matado al personaje. Que le costaría regresar de ese bel morir en Rocroi con el que unos guerreros decidían extinguirse en vez de sobrevivir a su propio tiempo. Pero ‘Corsarios de Levante’, como todas las demás entregas de la serie, es ya un fenómeno editorial que por añadidura revela el interés del lector por conocer la Historia en un país que , avergonzado de sí, se ha afanado en ocultarla, en olvidarla. Como siempre, la mirada no es complaciente, no emplea la épica al servicio de la propaganda. Al revés. Arturo insiste en que la de español es una condición trágica que obliga al sacrificio o al vino, a la bronca perpetua en un ámbito templado por los fanatismos que algunos siglos después obligó a Napoleón a decir que la España "de los curas y las supersticiones", del acomodo en los absolutismos, jamás se dejaría salvar por quien trajera "las Luces, el Código Civil y el espíritu liberal".

Todos los viajes y todas las guerras de Pérez-Reverte, al cabo, sirvieron para que pudiera crear a Alatriste. Si él mismo no se hubiera asomado a las honduras negras de la naturaleza humana, jamás habría podido conceder tanta pena a ese vagabundo que siempre fue mejor que sus amos y que siempre corrió el primero cuando alguien gritó:"¡Al abordaje!". No ya por un rey o por un Dios, sino porque no queda sino batirse.

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Pérez-Reverte presenta su nueva novela de Alatriste
Telemadrid – 14/12/2006

Alatriste cumple diez años y lo hace con su sexta aventura, ‘Corsarios de Levante’, título de la nueva novela del escritor Arturo Pérez-Reverte y que, esta vez, nos traslada al Mediterráneo. Y no será la última, al capitán le queda cuerda para rato. ‘Corsarios de Levante’ fue presentada hoy en el Instituto Cervantes de Madrid. La novela, a la venta desde el 4 de diciembre, trae de regreso con más fuerza que nunca a las librerías la historia de este espadachín a sueldo en la España del siglo XVII en plena campaña navideña tras su paso por la gran pantalla.

Sin embargo, Pérez-Reverte aseguró no sentirse influido por la visión del director Agustín Díaz Yanes ni por el rostro de Viggo Mortensen en la película ‘Alatriste’, y prefiere desvincularse de la gran pantalla. "Una película sobre una novela no es más que la interpretación de un lector, que en este caso es director de cine. Un taxista que nunca habría leído la historia ahora por lo menos conoce el personaje", comentó, y añadió que no habrá segunda parte, aunque su balance de la experiencia es "positivo". El autor se mostró feliz, aunque algo abrumado por el éxito de la saga. "Frikis que muchas veces no leen más que mis libros han llegado a amenazarme físicamente si no continúo la historia", comentó entre risas.

A pesar del taquillazo y de las ventas sin precedentes de la serie, Pérez-Reverte asegura que no lo mueve el dinero. "Podía haber seguido en la línea de 'La tabla de Flandes' y pasar regularmente por caja, pero aspiraba a responder a cuestiones más complejas. Alatriste va más allá de D’Artagnan, habla de su realidad". El escritor tiene claro a qué se debe su éxito: "El lector, con esa cultura mínima que permite viajar con la imaginación, se identifica con Alatriste". Incuso él se siente un poco espadachín del XVII cuando afirma: "Todos los lúcidos nos sentimos héroes cansados. Es duro ver que el estúpido tiene más posibilidades de triunfar. Alguien como Alatriste hoy sería rechazado".

La novela, que transcurre en las orillas de un Mediterráneo convulso, es un reto para él. "Encontrar un lenguaje antiguo y moderno, que guardase el olor de la época sin dejar de ser comprensible fue muy complicado. Esta vez he querido trufar más la novela de expresiones de entonces sin hacer que el lector se pierda", resaltó. Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) aseguró que es consciente de que Alatriste fue un trampolín para entrar en la Real Academia Española, y comentó: "El libro recoge dos aventuras paralelas. Por un lado la aventura del protagonista y, por otro, una trepidante peripecia lingüística". El ex reportero de guerra afirmó que las aventuras del personaje son el resultado de toda su experiencia vital. "A mis 55 años he leído y he viajado mucho. Ser reportero y ser español son escuelas muy duras. No hay español culto que no tenga una herida en el corazón, y cualquier escritor serio escribe desde toda su vida".

El autor de ‘La carta esférica’, ‘La reina del sur’ o ‘Cabo Trafalgar’, entre muchas otras novelas, reivindicó la lectura desde la memoria histórica, aunque no duda en arremeter contra la que considera malentendida. "Es frecuente ver a analfabetos hablando de memoria histórica. Si un animal de bellota con corbata fosforito me va a arreglar la memoria, apañados vamos". "No se puede mirar al pasado desde el presente. De lo contrario, todos nuestros abuelos serían unos monstruos", comentó.

El autor más prolífico de la literatura española actual dice que morirá con miles de historias en la cabeza y afirma que necesitaría muchas vidas para escribirlas todas. Pérez-Reverte no da tregua: "Cuando un novelista me dice que lleva un año sin escribir pienso “dedícate a otra cosa”".

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Mensaje por Rogorn » Dom Mar 02, 2014 7:33 pm

La España rancia de Pérez-Reverte
Rafael Reig - El Cultural – 17/12/2006

Han sido vistas las diligencias seguidas contra Don Arturo Pérez-Reverte y ha sido probado y así se declara como:

Hechos probados: 1. Que D. Arturo ha escrito una novela titulada ‘Corsarios de Levante’, de su serie Alatriste. Que se trata de una obra de hazañas bélicas para jóvenes lectores. 2. Que se ha acusado a D. Arturo de describir una España decadente y derrotada, denostando así la grandeza de la patria. 3. Que el propio D. Arturo, con la humildad que le caracteriza, ha expuesto: “No es justo poner a Alatriste en la estela de la novela popular de aventuras […] Va más allá que Dumas […] Hay en Alatriste una cantidad de información, reflexión y trama complejísima que trasciende el género. El lector lúcido constata que hay un trabajo ímprobo de creación de un lenguaje”. (‘Babelia’, 2-XII-2006). Ítem más: ha dicho que “a los españoles nos destrozaron la vida reyes, aristócratas, curas y generales […] hoy es la clase política la que ha ido organizándose el cortijo” (‘El Semanal’, 3-XII-2006). Ítem plus: que sobre la adaptación cinematográfica de sus obras anteriores, D. Arturo ha dicho que se trata del “retrato fiel, trágico, conmovedor, de la España de antaño y de siempre. Una España infeliz, feroz, a trechos heroica, a menudo miserable, donde es fácil reconocerse. Y reconocernos.(‘El Semanal’, 20-VIII-2006)

Fundamentos de derecho: Los hechos probados han sido calificados por la Fiscalía como constitutivos de un delito de lesa patria. Dejó dicho el Ausente que “ser español es una de las pocas cosas serias que se puede ser en la vida”, y esta frase resume el espíritu de la obra de D. Arturo. No habla de la España circunstancial, secuestrada por politicastros y chupatintas, sino que nos revela la esencia de la España eterna, el verdadero espíritu de la españolidad que trasciende la historia y cualquier circunstancia externa. Los soldados españoles (depositarios de la esencia nacional) son arrogantes, temerarios, pendencieros, nobles y generosos. Los ingleses, en cambio, son mercachifles calculadores y en definitiva “hijos de puta”, como se dice en el bronco y castizo estilo de D. Arturo, que ha aclarado en ‘Babelia’ que los ingleses “vienen de fuera, a robar […]. Al moro lo conoces bien. Si tiene redaños, se le admira […]. Se le odia, se le degüella, pero con un respeto”. En la novela, entre los moros hay alguno hasta bueno, como Guarramón [sic], que es de remoto origen cristiano (por supuesto), y que “moriría ante nuestros ojos, al cabo, como buen infante español”. ¿Hay acaso muerte más dulce y más honrosa o mayor privilegio para un moro o ser humano en general? La novela nos recuerda que: “Como españoles, nuestra familiaridad con la muerte nos permitía aguardarla de pie y nos obligaba a ello”. Durante la vista oral, los peritos del Juzgado hubieron de interrumpir la lectura en varias ocasiones, rompiendo todos a una a cantar el himno de la Legión. Según su informe, la gesta de la ‘Mulata’ (un barco) nada envidia a la del Alcázar de Toledo; la prosa de D. Arturo recupera un casticismo viril y patriótico sólo comparable a Cela o García Serrano. Hay escenas de honda emoción (mozalbete al abordaje con el nombre de su amada en los labios) y “gentil camaradería” entre compañeros de armas, con un españolísimo desprecio por la vida y la muerte que enorgullecería al propio Millán Astray. No hay aquí, en efecto, patriotismo al estilo de los políticos, ese blandengue patriotismo constitucional; sino un patriotismo testicular, el de la España eterna, mística y guerrera, esa patria que defienden un puñado de valientes y “el muro de los cojones de España”. Pardiez, un libro para santiguarse al abrir la primera página y lanzarse a leer gritando: “¡Santiago! ¡España! ¡Cierra! ¡Cierra!”

Acuerdo: Que debo absolver y absuelvo a D. Arturo, con todos los pronunciamientos favorables, del delito de lesa patria que se le imputa. Otrosí, que debo recomendar y recomiendo que este libro se constituya en texto básico para la edificación de una nueva y auténtica juventud española conforme al eterno espíritu de la patria, el del soldadito español. Se recomienda, por lo tanto, la obra para la asignatura de Formación del Espíritu Nacional, alternativa a Religión y evaluable para los varones (por supuesto; las hembras seguirán leyendo vidas de santos y misioneros en África).

Así lo pronuncio, mando y firmo. Comentarios, en el juzgado digital de segunda instancia: http://www.elcultural.es

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Simplemente, un bocazas
Juan Antonio de Blas - La Voz de Asturias - 20/12/2006

Arturo Pérez, el avezado lobo de mar de Cartagena, ha publicado su sexta novela sobre el capitán Alatriste, lleva el zarzuelero título de 'Corsarios de Levante' y es como 'La canción del pirata' de Espronceda, llena de cañonazos, abordajes y combates anfibios pero en prosa. Y para que tenga un toque de actualidad, los malos, esta vez, son los otomanos, que bastante tienen los pobres con aguantar la imbecilidad francesa.

La serie 'Alatriste' es el mayor pelotazo de la industria editorial en España. Nació como una novela juvenil que el autor firmó a medias con su hija Carlota, pero el éxito fue tan descomunal que a pesar del paternal cariño la niña quedó descabalgada de la autoría a partir de la segunda obra. Cosas de los cuantiosos derechos del autor. La editorial de Polanco vendió millones de las novelas, aunque ya se sabe que de dinero y santidad la mitad de la mitad. Pero no hay duda de que Alfaguara emplea las novelas de Alatriste para compensar los pésimos resultados de los ladrillos que publica en vez de dedicarse a la construcción. Esos beneficios han convertido a Arturo Pérez en un personaje atípico en el mundo del libro y sería lógica su arrogancia si tratase con editores de verdad y no con personajes tan etéreos como Juan Cruz o similares. Incluso han publicado una guía de Alatriste escrita por su amiguete Juan Eslava Galán, que tiene el honor de que el cartagenero le dedique su última obra. Eslava también tiene el honor, un poco más dudoso, de haber perpetrado en 'Señorita' el bodrio novelesco más ridículo sobre la guerra civil española.

En toda la serie de Alatriste hay una nostalgia imperial propia de las clases de Formación del Espíritu Nacional, una mística del Frente de Juventudes, que parecía que el viento se había llevado y seguía en anhelos durante muchos años dormidos y que retornan en las épicas frases de Trillo Figueroa o José Bono. Siempre queda flotando en estas novelas de Alatriste la acusación de que todos nuestros males proceden del Gobierno de turno, que el pueblo es capaz, generoso y abnegado y que nada tiene que ver con esa extraña gente que nos dirige, como si Teresa de la Vega o Aznar fueran guiris de Estocolmo y no pueblo de Madrid. Halagar al personal cantando gestas de Flandes y olvidando el «Vivan las cadenas» de los súbditos de Fernando VII no es más que una mentira interesada. Pero al terminar su novela sólo se me ocurrió decir:

Y lo que de verdad me causa espanto
es que soñándose capitán de los de antes
el tipo crea que se batió en Lepanto.
Y lo que es peor, ¡válgame Dios!, que él es Cervantes.

Donde Pérez da lo mejor de sí mismo es en los artículos semanales, allí impreca, despotrica, insulta, epata, descalifica y reta. Al final resulta que su limpio acero lo desenvaina contra Francisco Umbral -¿a qué museo iría a buscarlo?- o contra un guardia de seguridad de El Escorial. Convierte su cotidianidad en descomunales gestas, eso sí, empleando un lenguaje que pretende bizarro y resulta chulesco y tabernario. Y lo mejor es que este gran estilista es miembro de la Real Academia de la Lengua, un motivo más para ser republicano. Espero que le hayan dado el sillón con la letra B, es con la que empieza la palabra "babayu".

Comentarios:
http://www.capitan-alatriste.com/module ... pic&t=1441

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Mensaje por Rogorn » Jue Mar 06, 2014 11:05 pm

Desvelada la trama de 'El puente de los Asesinos'
capitan-alatriste.com - 28/12/2006
http://www.capitan-alatriste.com/module ... pic&t=1462

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Martes 19: cena con Pérez-Reverte
Sergio Vila-Sanjuán - La Vanguardia - 03/01/2007

En el Casa Calvet, junto con sus editores y algunos periodistas barceloneses, un encuentro que se repite desde hace años y ya se ha ritualizado. Si el triunfo existe, se llama Pérez-Reverte, y al igual que otros ilustres precedentes se ha visto víctima (aunque en este caso agradecida) de la emancipación de su personaje. Conan Doyle resucitó a Holmes tras la caída por las cataratas de Reichenbach, y Vázquez Montalbán escribió bastantes más Carvalhos de los que inicialmente prometió en lo que iba a ser una serie cerrada. Pérez-Reverte afirmó al inicio de la serie Alatriste que sólo publicaría seis episodios y ahora que el sexto ha llegado a librerías (‘Corsarios de Levante’) ya anuncia otros tres. El escritor cartagenero explica que se dio cuenta de que su espadachín tenía un fin irrevocable, la muerte en la batalla de Rocroi recreada en la película de Díaz-Yanes, pero hasta llegar allí quedaban muchos huecos en su biografía de donde podían arrancar nuevas aventuras. Y le apetecía contarlas. Confiesa también que si al principio para él los alatristes fueron una especie de pasatiempo respecto a sus novelas más ambiciosas, ahora ya los aborda sin distinguirlos de sus otras propuestas, lo que redunda también en que vayan perdiendo el tono de lectura juvenil que las caracterizaba. Por eso recomienda que a los niños y adolescentes se les dé a leer la serie desde el principio, para que vayan creciendo con el personaje de Iñigo Balboa.

Por demás Pérez-Reverte se plantea ahora si ceder o no los derechos del personaje para una serie televisiva (donde Alatriste no tendría la cara de Viggo Mortensen, pero al fin y al cabo todos los personajes populares han disfrutado de varios rostros fílmicos). Algo que sí ha hecho con el personaje de Lorenzo Quart de ‘La piel del tambor’ de cara a una serie de thrillers culturales en marcha. Las adaptaciones de ‘La carta esférica’ por Imanol Uribe, con Carmelo Gómez, y de ‘La Reina del Sur’ por un director estadounidense con Jessica Alba en el papel protagonista son otras derivaciones de la obra en marcha que ocupan su agenda en estos momentos. ¡Que no decaiga!

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Dom May 18, 2014 9:48 am

Publican las 'Memorias' de Diego Duque de Estrada, precedente del Capitán Alatriste
Alfredo Valenzuela - EFE / El Mundo - 05/05/2007

Las 'Memorias' de Diego Duque de Estrada, aventurero temerario, espadachín, mujeriego, pendenciero, jugador, literato y amigo de Quevedo, han sido incluidas en la colección 'Vidas Pintorescas' por la Editorial Espuela de Plata, que considera al personaje "un antecedente de Alatriste".

Además de la de Quevedo, Don Diego Duque de Estrada cultivó la amistad de Lope de Vega, Villamediana, Mira de Amescua y otros ingenios de su época, de quienes deja razón en estas 'Memorias', si bien su amor a las letras fue compatible con el ejercicio de las armas y su tendencia al duelo y la trifulca, con los que parece que hizo de su espada una prolongación de su brazo.

Si hemos de hacer caso a sus 'Memorias' —en su soberbio prólogo, Segundo Serrano Poncela sugiere investigar "la proporción de realidad cruda, fantasía y utilización de lugares comunes aventureros que contienen" estas páginas— Don Diego se alistó en varios ejércitos, sirvió a varias naciones, alcanzó el grado de capitán por méritos de guerra y, entre 1626 y 1627, al servicio del rey de Serbia, ejerció de Gran Maestre. Como parece que en España casi nunca lo cortés ha quitado lo valiente, en Serbia enseñó baile y maneras cortesanas, impartió clases de esgrima y hasta demostró algunos rudimentos teatrales, pero, como no debió tener bastante con todo esto, amagó unos amoríos clandestinos nada más y nada menos que con la reina consorte, quien se salvó de sus brazos y abrazos por una revolución palatina y por la precipitada huida de Don Diego a Alemania, donde en 1630 se alistó en los ejércitos de Baltasar de Barradas.

Pero esto fue ya casi al final de su vida, cuando lo que determinó los azares de su existencia, tal vez, fue un tremendo carácter que ya se reveló impetuoso durante su infancia, cuando ya a la tierna edad de nueve años los curtidos padres jesuitas desistieron de su educación. Ocurrió en Toledo que, en el colegio y jugando con otro niño de su edad, le punzó un ojo, suceso que los jesuitas trataron de borrar con el rigor de una azotaina, pero, en palabras de Serrano Poncela, "Dieguito, sacando un puñal que llevaba en su ropilla tiró a su maestro ajusticiador un par de cortes que le rasgaron el manteo" y "después, ya en la calle y en compañía de muchachos siempre bien dispuestos a tales oficios, apedreó la fachada del colegio".

Como fue hijo de familia hidalga, en cuanto abandonó el colegio pudo dedicarse a sus dos debilidades, la esgrima y la poesía, que no debieron ser las únicas, como demuestra el precoz enamoramiento de una hermanastra suya que, como él, resultó ligera de cascos. Alistado en Madrid en los tercios del Marqués de Santa Cruz y ya de guarnición, se escapó a Toledo en busca de su amada, cuya casa rondó embozado y con nocturnidad, hasta dar con una escala que le llevara al aposento deseado. La sorpresa debió ser mayúscula cuando el joven Diego se encontró con un sustituto en el lecho de su amada, por lo que, según Serrano Poncela, "poseído por la némesis de la honra", atravesó con su estoque tanto al inesperado don Juan como al objeto de su amor, por lo que aún adolescente pero "ya propietario de dos muertes legítimas" dio comienzo a una huida larga en el tiempo y en el espacio.

Atravesó Andalucía, en Cádiz tomó parte en la guerra contra los moriscos, en Sevilla se las vio en duelo con el valentón Pardillo de Ocaña, personaje que protagonizó coplas de su tiempo, atravesó el Estrecho, vagabundeó por Ceuta, Orán y Melilla y el primero de enero de 1610, apresado por los piratas corsarios, fue puesto a la venta como esclavo. Otra vez en poder de cristianos, le aplicaron tormento, conoció la condena a muerte y el perdón de Felipe II, para emprender otra huida, esta vez a Barcelona, embarcar hacia Italia, enrolarse en los tercios españoles y recorrer tierras húngaras, croatas y alemanas y, otra vez en palabras de Serrano Poncela, intervenir en batallas, ocupar figones, desplumar garitos, espantar bravoneles, visitar casas de lenocinio y andar con la espada bailándole al cinto.

Y así hasta naufragar en Macedonia, combatir ante los muros de Constantinopla, desembarcar en Mesina, recibir un flechazo y un arcabuzazo en el muslo, combatir en Friburgo y Ratisbona, entre otras docenas de aventuras, hasta que, en 1635, a los cuarenta y siete de edad, tomó hábito religioso.

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Mensaje por Rogorn » Mar Jul 15, 2014 6:40 pm

De Cózar: “Los libros de Pérez-Reverte ofrecen una visión del siglo XVII más completa que la historia oficial”
grupodiarioarea.es - 15/07/2014

'Realidad y ficción. La historia en la narrativa de Juan Eslava', impartida por Rafael de Cózar, catedrático de Literatura Española de la Universidad de Sevilla, ha protagonizado la segunda jornada del seminario 'Contar en democracia: los narradores andaluces de los 80' (Seminario Autores Andaluces en Red).

De Cózar ha destacado la cuestión teórica, la relación entre realidad y ficción. “La literatura -dijo- posee esa disyuntiva. Podemos contar nuestra biografía, pero sin querer que se sepa que es relativa a nuestra vida, por lo que le damos estilo de novela. O hacer lo contrario: firmo como autobiografía y luego cuento lo que me da la gana. Las autobiografías tienen tanto de ficción como una novela. Esa frontera entre un campo y otro es lo que hace que no sea fácil distinguirlas.” El ponente ha puesto como ejemplo la obra 'La mula', de Juan Eslava Galán. “Se trata -dijo- de una novela que relata la historia de su padre, una historia rocambolesca situada en la Guerra Civil que los lectores pueden pensar que es una novela de pura ficción, inverosímil. Sin embargo es la historia del padre del autor, que en algún momento tomó notas e incluso recorrieron los lugares por donde transcurre la historia”.

De Cózar ha precisado que ni siquiera el historiador oficial se llega a independizar de sus propias convicciones y sus ideas, y por eso en ocasiones dentro de la historia existe una parte de ficción. Y a veces en la novela histórica, como ocurre en el caso de Eslava, la ficción sirve para montar la historia. “Los libros de Pérez-Reverte del capitán Alatriste ofrecen una visión del siglo XVII español más completa que la que dan los historiadores oficiales, porque estos últimos no hablan de la comida, vestimentas o el aspecto de las calles, entre otros detalles”, ha indicado De Cózar.

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Mensaje por Rogorn » Dom Jul 20, 2014 10:54 am

Encuentro de Arturo Pérez-Reverte con estudiantes de secundaria en Sevilla
transcripción de Elisheva para capitan-alatriste.com - 22/10/2007

"Buenos días, o buenas tardes a todos. A estudiantes, a profesores. Gracias en nombre de la editorial Alfaguara, del grupo Santillana, y gracias también al Teatro Lope de Vega, que nos ha prestado estas magníficas instalaciones para tener un encuentro con Arturo Pérez-Reverte, donde vosotros vais a tener la oportunidad de plantearle a Arturo todas las cuestiones, todas las dudas sobre el Capitán Alatriste y todas sus novelas."

Así empezaba Rosa Junquera, la representante de Alfaguara, la presentación del acto. Tras explicar un poco cómo se desarrollaría el evento, dio paso a un profesor que, a pesar de decir que iba a ser breve, tardó más de diez minutos en resumir la información sobre el invitado especial, el cual ya mostraba cierta intranquilidad. Acto seguido, el propio don Arturo daba comienzo a la ronda de preguntas.

-En varias historias, cuando el peligro llega a su momento culminante y la tensión es máxima, de repente el enemigo desaparece: 'Corsarios de Levante', 'El pintor de batallas'... Esta solución es posible, pero no hay que abusar, ¿no cree usted?
-Bueno, cada novela es un mundo, cada novela es un artefacto narrativo que el autor usa intentando llevarse al huerto a los lectores, intentando seducirlos, manejarlos y llevarlos por donde quieres. Hay un montón de recursos de suspense, de tramas suspendidas, pasar de un cómitre a otro... y bueno, lo de ellos es sorprender. Eso me ha pasado. No es ficción. A veces en algún momento de mi vida, cuando yo era reportero y estaba en países en guerra se daban situaciones que decías: "Bueno, no va a pasar mañana".
No es imaginación, no es ficción. Bueno, cada novela tiene un montón de mecanismos, de recursos, y ese es uno de ellos.

-En 'El capitán Alatriste', el personaje de Íñigo Balboa se inspira en el siglo XVII, pero se expresa de una forma que no sé yo si es coherente.
-No, sí que es coherente. Lo que pasa es que Alatriste tiene una función, que es contarle a vuestra generación cómo era la España de entonces. No gloriosa -porque la palabra "gloria" es muy peligrosa, se ha abusado mucho de ella- sino real. Es decir, España fue un país que tuvo mucha miseria, mucha pobreza, muchas cosas oscuras, de reyes incapaces, curas fanáticos y ministros corruptos. Tuvo muy mala suerte. Nos desangramos en guerras que no valían para nada, vivíamos de la plata y el oro de América en vez de trabajar... Pero también al mismo tiempo hubo cosas muy buenas: hubo literatura magnífica, el llevar a América una lengua y una cultura, y el hacer que en un momento determinado España fuera el eje de la vida internacional europea. Yo quería esa mezcla de cosas malas y cosas buenas, que mi hija la conociera. Por otra parte, el franquismo contaminó todas esas historias. El franquismo le puso camisa azul a los tercios, y dijo que éramos lo mejor del mundo, y que España era una maravilla, y que éramos el Imperio maravilloso. Mientras que lo que vino después, al querer desmontar el franquismo también desmontó parte de la memoria. La palabra "España", la palabra "bandera", la palabra "tercio", la palabra "conquista de América", la palabra "guerras", la palabra "Lepanto", quedaron contaminadas por triunfalismos y por digamos la propaganda gris. Yo quería devolverle a vuestra generación el sentido real de esa época. Fuimos malos y fuimos buenos, como todo el mundo. Íñigo es un eslabón. Íñigo es un testigo. Íñigo es lo que nos permite... Yo no podría hacer una novela con un lenguaje del siglo XVII, con un lenguaje arcaico. Hay que buscar un lenguaje intermedio, que nos permitiera entender. Y bueno, Íñigo es eso. Íñigo es la voz del lector al que intento llevarme al siglo XVII.

-¿Cuánto hay de usted en sus novelas?
-¿Cuánto hay?... Nadie pone lo que no tiene. Un novelista es alguien que vive, que lee... Un poco nos los inventamos. Ningún personaje soy yo. Lo que pasa es que a todos les pongo algo de mí, todos tienen mis puntos de vista y mis lecturas de mi vida. Tengo 56 años; he leído, he viajado, he estado en guerras, he visto a los seres humanos viendo las cosas buenas y las cosas malas. Tengo mis ideas sobre los seres humanos, sobre el mundo. No me hago muchas ilusiones. Pienso que somos bastante malos en general, lo que pasa es que la sociedad nos frena, por el miedo al castigo, y la cultura, sobre todo la cultura. Pienso que el impulso del hombre es animal. Que el primer impulso del hombre es viejo y arcaico, y turbio, y duro, y cruel. Mis personajes expresan parte de mi vida. Alatriste, por ejemplo. Alatriste no soy yo. Yo nunca mataría por dinero. Mataría por otras cosas, pero no por dinero. Por un perro sí que mataría, por ejemplo. Por un perro, sí, y por un amigo. Pero no por una idea. Alatriste no soy yo, insisto. Pero sí que tiene una forma de ver el mundo que se parece a la mía.

-Los poderosos de Alatriste salen mal parados. ¿Esa es su idea de los gobernantes?
Sí. Yo tengo muy mal concepto de los gobernantes. Los hay también buenos, claro. Los hay buenos y los hay dignos, claros que los ha habido siempre. Pero no es lo normal. Es difícil. Son preguntas difíciles de responder con un público jóven. Tenéis ilusiones, tenéis cosas que hacer. Cada uno debe hacer su propio camino y llegar a sus propias conclusiones. Pero la mía, con las canas en la barba, con los años que llevo y con las cosas que he visto... El hombre es un mal bicho. El ser humano es un animal muy peligroso. Creo que el gobernante político suele ser también un mal bicho, peor todavía. Creo que para ser político hay que aceptar un montón de reglas del juego, hay que ceder, pagar un montón de derechos éticos y morales. Creo que hasta el mejor político acaba al final contaminándose del mundo sucio de la política. Creo todo eso. Como ejemplo, España: como he dicho antes, es un país de curas, de reyes y de ministros. Si hubieran sido curas buenos, reyes buenos y ministros buenos hubiera sido otro país. Eso ha hecho que España no fuera tan bien como hubiera debido de ir. Entonces, cuando uno lee Historia... Hay un poeta anónimo del siglo XI que escribió, y hay un verso hablando del Cid, que decía: "Qué buen vasallo fuera si tuviera buen señor". Yo creo que España ha sido siempre un país de buenos vasallos, gente buena, gente noble, gente de buenos impulsos, un país con jamón bueno, chicas guapas, gente simpática, con buen vino, gente que le gusta ayudar, y que le gusta hablar. Un país donde la gente siempre ha respondido bien en la crisis, pero siempre ha habido gobernantes por encima que han hecho que esos esfuerzos, que esa generosidad, ese sacrificio no lleguen a nada. Eso me da mucha pena. Y siempre confío en que haya una generación, la vuestra, que cambie eso. Creo que España es un país con muy mala suerte. De vosotros depende que eso cambie.

-¿Es cierto que escribió 'El capitán Alatriste' para enseñar a su hija Carlota el Siglo de Oro español?
-Sí, acabo de decirlo. Porque ¿sabes una cosa?... Yo estaba cansado de ver nuestra Historia hecha por los americanos. Una película de piratas: salía el pirata inglés, que siempre era rubio, guapo, ojos azules, maravilloso, noble. Aquel pirata por supuesto lo era por amor a la humanidad, por libertad, no por dinero, no, no. Luego estaba el español, que era siempre un actor mejicano, sucio, moreno, traidor, siempre tenía una sobrina muy guapa que se enamoraba del pirata inglés. En fin, esa versión maniquea, esa versión falsa de la historia, estaba harto de que asumiéramos la leyenda negra que los anglosajones, que eran nuestros enemigos, habían extendido por el mundo. Me dije: "Bueno, voy a hacer yo nuestra versión. Voy a contar no que fuimos estupendos -Alatriste sabe muy bien que no somos estupendos- pero voy a contar una versión de la Historia de España más real, contando lo bueno y lo malo. Contando la Inquisición, pero contando también la Lengua, las cosas buenas que hicimos, el heroísmo de la gente, podíamos recuperar un equilibrio". Esa fue la idea. Hacer que mi hija, cuando se hable de España ni se avergüence ni sea orgullosa, sino que asuma que puede avergonzarse y estar orgullosa al mismo tiempo de ser española, por lo bueno y por lo malo.

-Usted ha dicho que siendo reportero de guerra ha visto las cosas buenas y las cosas malas del ser humano. Y en 'Limpieza de sangre', de 'El capitán Alatriste', refleja la obsesión enfermiza de los españoles de la época por el tema del honor, y por ser una persona respetada. ¿Cree usted que esta visión se conserva en la actualidad?
-En cierta forma sí, aunque ha cambiado muchísimo, por supuesto. Pero es verdad que durante mucho tiempo se vivía de las apariencias. El honor significaba que tu hija fuera virgen, que nadie sospechara de tu mujer, que... Siempre que se hablaba del honor se hablaba de la mujer. Entonces, para el honor, teníamos a la mujer envuelta en cerrojos y en celosías y en cárceles. Sin embargo el mentir, el robar, eso no. Quiero decir, que me gustaría daros mensaje de esperanza: esto es estupendo todo, tal, tal... Yo llevo mucha mili, he hecho muchas cosas, he visto mucho mecherito convertirse en llamas de hogueras que queman otras cosas. Y no me lo creo. Lo único que creo es que cuando hay un francés o un inglés que te dicen "esto es así", tú sabes que no fue así. Cuando alguien quiere manipularte y llevarte al huerto, contarte milongas, cuando alguien quiere engañarte, hacer que votes esto o lo otro, cuando alguien quiere utilizarte como respaldo para su negocio, para su bandera, para su partido, para su tienda, para lo que sea, cuando alguien quiere apoyarse, lo único que hay que ponerse es saber. En la Edad Media, incluso hace 50 o 100 años en España no saber era disculpable. Porque no había educación, no había cultura, no había colegios. La gente no sabía. Eran muy pocos los que sabían. La gente trabajaba. Bastante tenían con levantarse cada día para poder comer, poder vivir. Pero ahora ya no hay excusa. Ahora hay televisión, hay radio, hay internet, hay periódicos, hay todo. Hay colegios y hay educación obligatoria. Ahora nadie tiene excusa para decir "no sé, no sabía". Eso se llama Cultura. La cultura no es un museo, ni un desfile de modas por la pasarela Cibeles de Madrid. Eso es parte de la cultura. La Cultura es una actitud. La cultura es el conocimiento del mundo en el que vives y la interpretación de todo lo que hay alrededor. Hacerte mejor, leer, comentar, conversar con los otros, cambiar ideas. No estar solo, aislado. Compartir ideas, proyectos, pensamientos, ilusiones. Los libros, las películas, televisión... Todo eso ayuda mucho. Ahora ya no tenéis excusa. Ahora si os engaña un político vosotros tenéis la culpa. Si alguien os lleva al huerto y hace que votéis esto o lo otro, la culpa es vuestra. Ya no podéis echar la culpa a vuestros padres, ni al sistema ni al país. No, no. Ahora nadie es inocente ya. Ya ni los niños son inocentes.

-(Ininteligible)
-Bueno, yo trabajé (...) en la guerra, trabajaba allí. Pero yo a la guerra iba a cazar. Iba a la guerra y la contaba. Salía en los telediarios. He estado en Sarajevo, en Beirut. Pasé mucho tiempo allí, 21 años, y al cabo del tiempo, me cansé. Me cansé creo que por muchas razones. Como he dicho, yo tengo muy mal concepto del ser humano. Me gusta el ser humano uno por uno, o sea, me gustas tú como persona, me gusta él, me gusta él, pero eso de la gente, la humanidad, todos juntos hermanos no me lo creo. Hace mucho tiempo que no me lo creo. Cuando yo iba a la guerra siempre te sentías cerca de uno de los bandos. Estabas con unos, compartías con la gente su sufrimiento, sus ideas, su dolor, sentía simpatía por unos o por otros, según su ideología, según la gente con la que estuviera. Pero al final ya, en los últimos años de mi vida profesional , no sentía simpatía por nadie. En los Balcanes, en la guerra de Bosnia, que fue la última que hice, ningún bando me caía bien. Sólo veía seres humanos malos, sólo veía gente haciendo lo peor del ser humano. No encontraba nada que salvar. Ni los niños me gustaban. Veía un niño y veía el verdugo que iba a ser al día siguiente. Y he visto muchas víctimas convertirse en verdugos mañana, cuando crecen. Y me di cuenta que ya no podía ser periodista, que ya no tenía la objetividad, ni el amor por la humanidad, ni la esperanza ni la ilusión suficientes para hacer mi trabajo con honradez. Como escribía novelas y tenía mi vida resuelta y organizada, tenía un barco, me dije "bueno, pues voy a dejarlo". Porque mis crónicas ya no eran objetivas. Despreciaba demasiado a algunos seres humanos, y se me notaba mucho.
También que me agobié. Ya no es lo mismo estar tres días sin dormir, que te den golpes, pasar hambre, pasar sueño, pasar frío, pasar miseria... Cuando eres joven es hasta una aventura, incluso. La guerra es un lugar, cuando eres joven, incluso interesante, porque tiene todas esas cosas: el dolor, el sufrimiento y la muerte. Es un espectáculo interesante, porque ahí el ser humano es como es. En la guerra el ser humano está desprovisto de todos aquellos mecanismos sociales. Se muestra como es. Yo había leído. Y miraba aquello y decía: "Esto es Troya, y esto es el Caballo de Troya, y esto es Ulises, y esto es...". Reconocía mis lecturas. Digamos que la guerra fue una interesante experiencia para conocer al ser humano. Pero ya estaba cansado. Ya no había nada que aprender en la guerra, ya no había nada interesante. Todo se parecía a lo anterior. Cada muerto a cada muerto, cada niño a cada niño. Me preguntaba: "¿Yo qué hago aquí? Me hago mayor, quiero navegar, quiero ver a mi hija, quiero leer tranquilo".

Elisheva:

Bueno, Vetinari anda algo confundida, porque el encuentro se celebró a las doce de la mañana. Durante todo el mes de octubre algunos del Tercio Sevillano hemos estado llamando casi a diario al Lope de Vega ante los rumores de que algunos de los eventos programados para este mes se iban a suspender. Afortunadamente no ocurrió con el encuentro de Pérez-Reverte con los estudiantes, así que, y tras decidir que sería una buena oportunidad, parte de Tercio Sur pudimos entrar en el teatro y escuchar cómo el señor Reverte exhortaba a los jóvenes y los aleccionaba a pensar por sí mismos.

El acto en sí consistió en la presentación del autor por el representante de uno de los muchos IES de Sevilla, quien se alargó en sus alabanzas a Reverte hasta tal punto que casi logra abrumarlo. Acto seguido, se abrió una ronda de preguntas por parte de cuatro estudiantes escogidos de cuatro institutos, que estaban sentados en la mesa con don Arturo. Por regla general se le realizaron preguntas sobre sus personajes, su inspiración, su aporte personal a las novelas, sus anteriores trabajos y su participación en los conflictos bélicos. APR se mostró en todo momento relajado, casi feliz, un punto irreverente, pero cuidando mucho las formas frente a la edad de sus oyentes, lo que no quita que de vez en cuando sacudiera algunos espíritus con alguna declaración arriesgada.

Esta ronda duró aproximadamente una hora, al cabo de la cual el propio autor indicó la conveniencia de dar la posibilidad a los estudiantes del patio de butacas para que preguntaran. Las preguntas fueron más de lo mismo. Tenemos que lamentar que un par de componentes del Tercio tratamos de que nos pasaran el micrófono, pero fuimos discriminados para favorecer a los jóvenes. Por supuesto, al final del acto se formó una fila para la firma de libros. Los miembros del Tercio, que por supuesto íbamos debidamente identificados con nuestras preceptivas camisetas, esperamos para ser los últimos. Y tengo que enorgullecerme de que logramos no sólo una sonrisa cómplice de don Arturo, sino incluso que se relajara y se encontrara a gusto con nosotros. Accedió a todas nuestras peticiones (incluyendo que le dedicara un libro al Clon, jeje) y sólo se mostró apresurado cuando comprobó la hora y lo ajustado de su horario. Recibió saludos de parte del foro, y muy especialmente de parte de nuestra Corsaria. Y nos mandó saludos, y deseos de volvernos a ver en todas las ocasiones. Se portó como un perfecto caballero y nos dejó a todos contentos como niños con zapatos nuevos.

Ya tengo mi nuevo libro dedicado al ladito de los otros. A este ritmo, conseguiré que me firme toda mi biblioteca.

Alatesta:

Y asi fue, pudimos entrar y escuchar el encuentro. Yo pude grabarlo y dentro de unos días pasaré un breve resumen con lo más importante. Aunque, como nos dijo el propio APR cuando nos vio al final del encuentro "¿pero para qué venís? Si la teoria ya os la sabéis, es siempre lo mismo". Y a pesar de eso hay algunas perlitas.

El encuentro estuvo bien, es bueno ver un punto de vista distinto de APR. El hablar con los niños le hizo enfocar sus ideas desde otro prisma. La lástima es que era un encuentro para los chavales, y desde mi punto de vista se lo cargaron los profesores. Primero, porque el profesor encargado de la presentación se llevó casi media hora de monólogo y el patio de butacas ya empezaba a impacientarse, y después porque las preguntas preparadas por los chavales dejaban a entender que los profesores se las habían dictado. El propio APR les decía a veces "esa pregunta no, no me gusta, busca otra".

Pero todo estuvo muy bien, el encuentro fue divertido, el tito amable y disfrutamos todos. "No me gustan las promociones y las ferias de libros, pero a este tipo de cosas con los estudiantes nunca falto". Estaban varias televisiones, de las que solo identifique algunas locales, y fotógrafos y periodistas había para dar y regalar. En las ediciones impresas de algunos periodicos he visto que salía la noticia, pero no lo encuentro en ninguna version digital. Si alguien tiene un escaner factible... En la radio por lo visto conectaron en directo en casi todas las cadenas en el momento del "álbum de fotos en la casa con la familia muerta en la puerta". Si encuentro algo más lo ire colgando por aquí. Muchas gracias.

Celadus:

La verdad es que Arturo se lo tomó con bastante filosofía. Respecto al evento en sí, para mí ha sido toda una experiencia. Estos últimos dias, domingo y lunes, han sido muy especiales, unas horas llenas de emociones desbordadas, jornadas agridulces podríamos decir. El domingo fue un mal día, un día en que lloré después de mucho tiempo sin hacerlo. Quizá por eso disfruté tanto de la jornada del lunes, del encuentro con los foreros y con Reverte. Fue una experiencia muy bonita no solo porque pude conocer personalmente a Arturo sino por poder compartir ese hecho con unos compañeros de viaje tan especiales como los que me acompañasteis. Conocí a nuevos foreros: Berraco y Ana y al hermano de Alberich y me reencontré con otros ya conocidos.

Sobre la intervención de Arturo supongo que pronto tendremos resumen, así que me limitaré a dar mis impresiones personales. Es cierto que las preguntas que se le hicieron eran "las de siempre" pero hay que comprender que para quienes las hacían eran nuevas. Seguramente ninguno de aquellos jovenzuelos conoce la obra de Reverte, la mayoría ni siquiera habrá leido un Alatriste salvo que les hayan obligado, así que no era de esperar mucha más altura de miras en el interrogatorio. Arturo estuvo bastante espléndido, se le veía relajado, en su salsa, tanto que a menudo se tenía que contener para no hablar más de la cuenta, teniendo presente la edad de la concurrencia. Muchas de las respuestas eran -como las preguntas- "más de lo mismo", anécdotas o pensamientos ya conocidos por quienes le seguimos, pero hubo algunos momentos en su intervención que a mi me parecieron magistrales. Especialmente una respuesta que dio a una pregunta sobre 'La tabla de Flandes', comparando la vida con el ajedrez. Se refirió a esos peones que somos todos, atrincherados en nuestra casilla y tratando de defenderla -en ese momento hacía el gesto de agarrar fuertemente una lanza- rodeados de alfiles, caballos, reyes...y siendo movidos por una fuerza exterior -Dios, el destino, el azar-, con la salvedad de que no sabemos quién es quién, quién es alfil, quién caballo, quién rey, ni las casillas del tablero son blancas y negras, sino grises. Sobre otros aspectos más conocidos de su pensamiento y que también expresó en varias intervenciones imagino que tendreis cuenta cuando Alatesta tenga tiempo de transcribir parte de la grabación.

Por último quiero daros las gracias a todos por haberme hecho pasar un dia tan estupendo y permitirme conoceros un poquito mejor, y especialmente a Alatesta por tomarse la molestia de recogernos a Quique y a mí en la estación de autobuses y de acompañarnos luego a Juanrahig y a servidor hasta la estación de trenes a toda marcha y luego de nuevo hasta la de autobuses, cruzando media Sevilla.

Comentarios: http://capitan-alatriste.com/modules.ph ... pic&t=1808

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Pérez-Reverte defiende a los héroes ante cientos de estudiantes de Sevilla
Santiago Belausteguigoitia - El País - Sevilla - 23/10/2007

"Creo que el ser humano debe pelear, que los borregos son degollados. Prefiero al gladiador al mártir del circo". Las palabras del novelista Arturo Pérez-Reverte fueron escuchadas ayer por cientos de estudiantes sevillanos. El creador del capitán Alatriste mantuvo un encuentro con alumnos de institutos de Educación Secundaria en el Teatro Lope de Vega de Sevilla.

El autor de 'El club Dumas' contestó a las preguntas de los estudiantes, deseosos de conocer sus opiniones y las claves de sus novelas. Pérez-Reverte defendió la importancia de los héroes en la sociedad actual. "Sigo pensando en el héroe, a pesar de que, durante un tiempo, ha estado mal visto. Creo que el héroe todavía funciona: el tío o la tía que todavía cree en algo. Creo que el valor es necesario. Hoy día se puede comprar todo con dinero. Todo menos una cosa: el coraje, la dignidad, la decencia... O lo tienes o no lo tienes", comentó. "Pelear no es malo cuando crees en algo, cuando crees que debes defender algo", añadió Pérez-Reverte.

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Pregunta al señor Pérez-Reverte
Marta López - abc.es - 23/10/2007

Quien piense que la literatura ya no interesa a los adolescentes se equivoca. Aunque sean más conocidas algunas de sus adaptaciones al cine, Arturo Pérez-Reverte no deja de vender sus libros, y los vende también a los más jóvenes, como demostró ayer en Sevilla. Alumnos de primero y segundo de Bachillerato, conocedores de su obra, llenaron el teatro Lope de Vega para someter al autor más leído de España a un interrogatorio menos incisivo que el que sufrieron Zapatero y Rajoy en televisión, con Lorenzo Milá de moderador. Aunque no sólo había adolescentes, porque un grupo talludito de fans del escritor, vestidos con camisetas rojas de Alatriste, intentaron interpelar sin éxito al escritor aprovechando su estancia en Sevilla. Pero lo de "tengo una pregunta para usted" era sólo para los alumnos de bachillerato y se quedaron con las ganas de intervenir.

Cuatro alumnos afortunados, escogidos entre el público (más de cuatrocientas localidades tiene el teatro, que estaba a reventar, como en sus mejores estrenos de la temporada) tuvieron el privilegio de sentarse junto al autor y de formular cara a cara sus preguntas, sobradamente preparadas. Presentado por el profesor Navarro como una persona que utiliza "un lenguaje llano y directo" que conecta con los más jóvenes, Pérez-Reverte expresó su pesimismo sobre la evolución del mundo, después de haber estado presente en numerosos conflictos bélicos como reportero de guerra.

Lorena, Patricia, María y Javier, los cuatro alumnos de 16 años que flanqueaban al escritor, le preguntaron en qué se basaba para hacer sus novelas, cuánto tardaba en escribir una obra, por qué escogía la historia de España como alimento básico, y si plasmaba en ellas o no su visión de la realidad. Pérez-Reverte, en tono a veces distante, confesó que tardaba unos dos años en escribir una novela, que se documentaba mucho ante de hacerlo, que viajaba siempre a los lugares donde transcurría la trama, y que pretende plasmar la Historia de España de una forma "de la que uno no se sienta orgulloso pero tampoco se avergüence".

Lo que más sorprendió a los chavales, provocando algunas carcajadas, fue su visión pesimista y descorazonada del ser humano, "un ser malvado, sin sentimientos" que el escritor había descubierto "tras 21 años al servicio de la noticia en algunas de las peores guerras del siglo XX". Según Pérez-Reverte, "del único que te puedes fiar en el mundo es de un perro. Yo no mataría por una persona, pero sí por un perro", añadió. "¿Por qué dice usted eso?", le preguntó una de sus alumnas. "Porque los perros tienen lealtad absoluta y las personas no".

foto: http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.e ... 3/108.html

Bronteana:

Pues yo acabo de leer en el 'ABC' una crónica, simplona donde las haya, en la que por cierto su autora hace referencia a los foreros que allí estábamos, y cito textualmente: "Aunque no sólo había adolescentes, porque un grupo talludito de fans del escritor, vestidos con camisetas rojas de Alatriste, intentaron intepelar sin éxito al escritor, aprovechando su estancia en Sevilla. Pero lo de 'tengo una pregunta para usted' era sólo para los alumnos de Bachillerato y se quedaron con las ganas de intervenir". O sea, que había allí un grupo talludito de tarados con camisetas en plan peñazo total a dar la vara a Don Arturo.

Pero claro, no es de extrañar que esta señora dé una versión tan simplona del evento de ayer, cuando ni siquiera logró enterarse de que había presentes varios institutos y no sólo uno, y sobre todo en vista de que en su opinión las preguntas formuladas por los cuatro alumnos escogidos estaban "sobradadamente preparadas". Sí, sí, ¡sobre todo la de si Lucas Corso tenía algo que ver con Corso Maltés! ¡Alucina, vecina!

Hombre, ya sabíamos que se trataba de un encuentro con estudiantes y que tampoco se iban a formular preguntas de mucho calado, pero vamos, que como digo se ve que a esta mujer las preguntitas de los chavales le parecerían canela fina a pesar de tratarse de más de lo mismo. Desde luego la crónica de esta señora no tiene desperdicio alguno, sobre todo si se quiere ver hasta qué punto se pueden llegar a simplificar y hasta tergiversar las palabras de una persona. Por ejemplo, llega a escribir que la visión pesimista del escritor respecto del ser humano como "ser malvado y sin sentimientos" llegó a provocar las carcajadas de los alumnos. Yo sinceramente no sé cuando ocurrió algo similar, pero desde luego a mí me da toda la impresión de que esta mujer estaba prestando tanta atención a las palabras de Don Arturo como el grueso de alumnos allí presentes, a los que curiosamente ella considera como "conocedores" de su obra... ¡Qué imaginación! ¡¿Es que esta señora no vió a esos adolescentes enganchados a sus MP3?!

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Mar Sep 23, 2014 9:18 am

Pérez-Reverte y el orgullo
Nacho Toledano - La Gaceta Escurialense - 02/2007

Y es que, sin Pérez-Reverte, lo pasábamos muy mal los falangistas. Entontecidos por años y años de una cierta pereza histórica dentro del mercado editorial, debíamos contentarnos con las constantes reelecturas de las obras de Rafael García Serrano (que tampoco es tan mala compañía, hermanos, como diría él mismo) o con las permanentes revisiones del bronco Luys Santamarina (y ese fresco glorioso, y legionario, 'Tras el Águila del César').

Eso cuando no recurríamos a la artilleria pesada, y llamábamos en nuestro auxilio al mismo Hernán Cortés y a sus 'Cartas' o, por qué no, al mejor escritor que ha dado nuestra Infantería, con permiso de Don Miguel El Manco (aunque, para los puristas, este último provenga de la Armada y, por tanto, no cuente): Bernal Díaz del Castillo, picaseca de Medina del Campo. De la Medina castellana y comunera, nada más y nada menos. Aunque muchos dicen de él -por pura purita envidia del bueno de Bernal- que su mérito es menor porque no tuvo que inventarse una historia: se la dieron hecha y masticada los trescientos españoles que le acompañaron en la Conquista del Imperio Azteca, afortunadamente mucho antes que se inventara la alianza de civilizaciones zetapera. Y digo afortunadamente porque ahora hubiera resultado muy difícil la Conquista (metiendo a los valientes txaltecas [sic] en colas de regularización e induciéndoles a solicitar subsidios de integración en los Ayuntamientos).

Incluso, muy a menudo, repasábamos con entusiasmo los 'Episodios' de Benito El Garbancero, con la única finalidad de tener el placer de enfrentarnos al gabacho enemigo montados en la grupa del caballo del Cura Merino. Y eso sin hablar del genial Valle y de su doble perspectiva patriótica: carlista y decadente en sus epoyeyas rurales y gallegas,; o tragicómica y deforme bajo el prisma del Callejón del Gato...

Decíamos que lo pasábamos mal los falangistas aunque, como véis, estábamos muy bien acompañados de estas y otras lecturas piadosas que fortalecían nuestro orgullo nacional. Ya es mérito, además, en esta España de los Planes de Estudio inenarrables. José Antonio decía -entre tantas y tantas cosas- que ser español era “una de las pocas cosas serias que se podía ser en el mundo”. Eso era en 1934, cuando pronunció esta famosa y reiteradamente citada frase. Ahora, en esta Nación de Naciones -cutre, malhumorada y desabrida- habría que añadir que ser español es, también, una de las cosas más difíciles que se puede ser en el mundo. Y es que existen demasiadas fuerzas -extrínsecas e intrínsecas, como dirían los analistas cursis del Grupo Prisa- interesadas en el hecho de que no seamos españoles, de que seamos otra cosa en beneficio de una peculiar idea de España tendente a diluir, en definitiva, el azucarillo de la idea nacional dentro de la sopa aguada de la multiculturalidad, del hecho diferencial, de las nacionalidades periféricas, del histerismo neonazi de Carod o Ibarreche, de la Unión de Actores y de los fondos estructurales europeos. Es decir, una inmensa y nauseabunda bosta.

Sin embargo, llegó el Capitán. Vislumbrado ya en alguna novela magistral ('El maestro de esgrima'), llegó el Capitán Alatriste y su genial panorámica de una época gloriosa y divina. Nuestro Siglo de Oro. Alejado de sociatas y rajoys. El Siglo Español. Asombrados, devorábamos página tras página, encantados de encontrarnos a un héroe español dotado de todos y cada uno de los arquetipos personales -benditos arquetipos que forman un sentir nacional- que forjan nuestras más excelsas virtudes y nuestros más miserables defectos. Virtudes y defectos que han formado, ni más ni menos y a lo largo de una compleja Historia, un modo español de ver el mundo... un permanente sol de Breda que nos hace distintos y únicos.

Arturo Pérez-Reverte -en todos y cada uno de los Libros de la Serie- nos expone -sin vergüenza alguna- el seco orgullo de venir de donde venimos, de respirar como respiramos... de ser españoles. Y esto nos gusta tanto a nosotros, los falangistas porque, lejos de constituir un patriotismo casposo y zarzuelero (otra vez el bendito José Antonio y su aversión a los chafarrinones de la reacción), se nos muestra agreste y montaraz, tremendamente crítico con nosotros mismos, fatalista en cuanto a la aceptación de nuestros innumerables defectos. Ese "amamos a España porque no nos gusta" que nos ha marcado en el modo de ver, y de sentir, nuestra realidad nacional. Patriotismo crítico y pasión por nuestros Héroes, Mártires y Pardillos. Que de todo hubo en esta inmesa Viña del Señor llamada España.

Acabo de ver la entrega de los Premios Goya. La Españeta oficialista de actor subvencionado y cobardica ha dado la espalda -como no podía ser menos- a la España de Alatriste. Esa reacción nos la esperábamos todos, porque es imposible una comunidad de sentimientos entre esa patulea gallinácea y la España Alatristiana. Ese abandono me ha llevado a escribir esta crónica, en el hermoso convencimiento de que, a Arturo Pérez-Reverte, los Goya le suenan muy lejanos. Tan lejanos no como los tacones de Almodóvar, sino como las andanadas que, allá a lo lejos y a estribor, nos trae el viento desde lejanos abordajes de galeras corsarias.

Y es que, además, Arturo es admirador de Patrick O´Brian, pero esa es otra historia. Un punto más para el caballero...

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Mensaje por Rogorn » Dom Sep 28, 2014 1:22 pm

Pérez-Reverte elogia el papel de los militares españoles del XVII
Miguel Ángel Villena - El País - 25/01/2008

Gentes de armas tomar, en el sentido literal, fueron los soldados españoles del siglo XVII que el escritor Arturo Pérez-Reverte elogió ayer en un discurso con motivo del Día de la Fundación pro RAE (Real Academia Española). "Todo era cuestión de valor y de azar en aquella época en la que los soldados mataban, incendiaban o pirateaban, pero también traficaban, conocían al enemigo o aprendían la lengua franca del Mediterráneo, mezcla de muchas lenguas". Con expresiones de este tipo describió Pérez-Reverte el ambiente de la época, al tiempo que rindió un homenaje a militares que escribieron sus memorias, como Alonso de Contreras, y que han servido de inspiración para el personaje del capitán Alatriste.

A juicio del escritor y académico, Alonso de Contreras fue "el más limpio y sobrio" entre los autores que dejaron testimonio escrito de sus peripecias bélicas a lo largo del Mediterráneo. "Estas autobiografías", comentó, "tienen un valor directo, frescura y torpeza narrativa, exactitud y naturaleza descriptiva". Pérez-Reverte subrayó que las memorias de aquellos soldados, obras hoy muy difíciles de encontrar, no tenían ambición literaria, pero a cambio transmiten la crudeza de hombres duros en tiempos duros, en "una España asfixiada por reyes, nobles o curas" al principio de su decadencia.

La conferencia de Pérez-Reverte cerró la sesión de entrega del Premio Real Academia Española, en su modalidad de investigación de estudios filológicos, que este año ha recaído en Félix Herrero, un profesor de Bachillerato y de Escuela Universitaria, que ha dedicado años al estudio de la oratoria sagrada. El director de la RAE, Víctor García de la Concha, calificó la oratoria sagrada de un "campo poco explorado de nuestra literatura que además de ofrecer gran valor estético, conformó el sustrato ideológico de la mentalidad popular y de amplias capas sociales durante siglos".

Foto: http://elpais.com/diario/2008/01/25/cul ... 50215.html

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Mensaje por Rogorn » Lun Nov 03, 2014 7:33 pm

Alatriste, capa y espada
Luis Alberto de Cuenca - revistacronopio.com - 03/11/2014

Soy un fan irredento de Alatriste, de Arturo Pérez-Reverte, en cuanto saga y en cuanto que supone la resurrección de un subgénero narrativo, el folletín, que está en el centro de mis intereses como lector desde que comencé a serlo en serio, hace casi cincuenta años. Alatriste es un folletín. ¿Y qué demonios es un folletín? Veámoslo sin más demora, teniendo en cuenta que el ámbito en que nace, crece y se desarrolla el folletín es, fundamentalmente, francés, y que es en el seno de la literatura francesa del siglo XIX donde hemos de ir en busca de los principales modelos temáticos y estilísticos de la escritura alatristesca, por más que mi admirado Pérez-Reverte beba en fuentes plurales y diversas, pues para él, como para el personaje de Terencio, «nada de lo humano le es ajeno». Las letras francesas decimonónicas constituyen, por lo demás, un territorio por donde siempre he discurrido con gusto e interés.

Ya en marzo de 1800, el diario francés 'Le Journal des Débats' comenzó a dedicar la parte inferior de cada página, llamada "rez-de-chaussée" («planta baja») o "feuilleton" («folletín»), a temas de crítica literaria, teatral y musical. A partir del 1 de julio de 1836, las cosas iban a cambiar. Fue entonces cuando los empresarios Émile de Girardin y Armand Dutacq lanzaron de manera simultánea 'Le Siècle' y 'La Presse', ofreciendo suscripciones a mitad de precio y aumentando considerablemente el número de anunciantes. Para granjearse aún más el favor de los lectores, a Girardin se le ocurrió publicar en la «planta baja» de su periódico, y a lo largo de varios números, una novela completa. Había nacido el folletín, tal y como lo entendemos hoy. La primera novela que se publicó de este modo, entre el 23 de octubre y el 30 de noviembre de 1836, fue 'La vieille fille', de Balzac.

Poco a poco, la «planta baja» va especializándose en obras de ficción: de septiembre a diciembre de 1837, 'Le Siècle' publica unos capítulos de 'Las memorias del diablo', de Frédéric Soulié (1800-1847), y, acto seguido, una novela completa de Alejandro Dumas, 'El capitán Paul'. El éxito es impresionante, las suscripciones se multiplican. Dumas perfecciona su técnica y publica en 1841, siempre en 'Le Siècle', su primer folletín histórico, 'El caballero d’Harmental'.

El medio es nuevo y, por lo tanto, las técnicas literarias deberán adaptarse a él. Dumas y sus rivales —Soulié en 'Le Journal des Débats', Eugenio Sue en 'La Presse'— transforman esa novela arbitrariamente fragmentada, que era el folletín primitivo, en una novela pensada ex profeso para la «planta baja» de los diarios. Así aparecerán los grandes folletines del siglo: 'Los misterios de París', de Sue (1842-1843); 'Los misterios de Londres', de Paul Féval (1843-1844); 'Los tres mosqueteros', de Dumas (1844); 'El judío errante', de Sue (1844-1845), y 'El conde de Montecristo', de Dumas (1844-1846). Con razón escribía en 1845 un columnista anónimo en 'L’Époque': «El diario era una costumbre y la novela lo ha convertido en una necesidad.»

Pero el cansancio de un público cada vez más harto de intrigas disparatadas y de autores que cobraban por línea escrita, no tardó en bajar las tiradas de los periódicos. Además, el folletín se hizo sospechoso, a ojos del "establishment", de constituir un fermento de agitación popular. De nada servirá que, en febrero de 1852, se suprima la tasa de un céntimo, llamada «tasa Riancey» (por el nombre del diputado que hizo votar la ley), que gravaba la compra de todo diario que publicase obras novelescas. Los días de gloria del folletín habían pasado: Sue, desterrado en Saboya, publicó por entregas (un procedimiento ajeno a la prensa diaria) 'Los misterios del pueblo'; Alejandro Dumas creó su propio periódico, 'Le Mousquetaire', para publicar en sus páginas la novela 'Los mohicanos de París'.

En 1857, año en que muere Sue y en que Flaubert publica 'Madame Bovary', el folletín da sus últimas bocanadas: Ponson du Terrail, en 'La Patrie', comienza el ciclo de Rocambole, y Paul Féval, en 'Le Siècle', triunfa con 'El jorobado'. Pero, poco a poco, la «gran» literatura se desmarca del folletín que la había acompañado durante una generación. En lo sucesivo será la prensa de cinco céntimos —'Le Petit Journal', 'La Petite Presse', 'Le Petit Moniteur'— la que se hará cargo de la literatura «folletinesca».

'Le Petit Journal', concretamente, explotando el filón de los archivos criminales, iniciará con Émile Gaboriau, secretario de Paul Féval, un género nuevo: 'El caso Lerouge' (1866) se considera ya la primera novela policíaca "stricto sensu" de la literatura universal, puesto que 'Los crímenes de la calle Morgue' y 'El misterio de Marie Rogêt', relatos del maestro Edgar Allan Poe en los que brillan las dotes deductivas del caballero Dupin, no pueden considerarse propiamente «novelas». Pronto triunfará una variante del género policíaco, la «novela de error judicial», cuyo mejor ejemplo será 'Roger-la-Honte' (1886-1887) de Jules Mary (1851-1922).

Todo en la saga del capitán Alatriste contribuye a hacernos creer que el glorioso folletín decimonónico sigue vivo, a pesar de las vicisitudes que acabo de contar. En ocasiones, uno tiene la sensación de que el tiempo perdido puede recuperarse, de que puede regresar del olvido aquella época en que la "rez-de-chaussée" de los periódicos franceses ofrecía a diario un fragmento de novela con una obligada palabra final entre paréntesis: el fascinante término "continuará". Las novelas que componen la saga de Alatriste tendrían que haber aparecido bajo la especie de folletín en la «planta baja» de los diarios españoles de nuestro tiempo. Pero los diarios de nuestro tiempo no están por esa labor. Andan, por el contrario, en la tarea de proporcionarnos día a día la dosis de la droga doble que procuran los medios de comunicación contemporáneos a sus abrumados usuarios: el aburrimiento y el horror. ¡Qué hermoso hubiese sido que, al menos, la primera novela de la saga, urdida por Arturo Pérez-Reverte y su hija Carlota con el título de 'El capitán Alatriste', nos hubiera llegado troceada en el folletín de los diarios! El capitán retirado Diego Alatriste y su joven amigo Íñigo Balboa se merecían ese honor, que algunos le hemos otorgado haciendo trampa y leyendo cada capítulo como si hubiese visto la luz de forma seriada y bajo la excitante forma de folletín.

Creíamos que la literatura había muerto ya, devorada por la pedantería y por la ambigüedad moral más repugnante, cuando hete aquí que un padre y una hija urden en los años 90 del siglo pasado un folletín siguiendo "ad pedem litterae" las leyes más estrictas del género, y nos sitúan en el Madrid barroco del siglo XVII para ofrecernos una acción trepidante, estupendamente ambientada desde el punto de vista histórico y cuajada de episodios inolvidables. Siempre he pensado que nuestros Siglos de Oro han sido desaprovechados por nuestros novelistas como escenario de sus ficciones. Si los narradores y cineastas norteamericanos han hecho del Far West un espacio mitológico, no sé por qué nosotros, salvo honrosas excepciones, no hemos hecho lo mismo, por ejemplo, con nuestra época áurea y, dentro de ella, por citar un ejemplo irrefutable, con la América hispana del descubrimiento, de la conquista y de la colonización, como si lo que hicieron nuestros mayores por aquellos parajes no fuese una de las gestas más dignas de celebración y memoria que han visto los últimos veinte siglos (por lo menos).

El espléndido diseño gráfico de Manuel Estrada, las soberbias ilustraciones de Carlos Puerta y de Joan Mundet —muy en la línea de las que Luis Vigil dedicara hace años a las novelas de Emilio Salgari publicadas por Editorial Gahe—, la cuidada tipografía, los pastiches en verso urdidos por el admirable filólogo y poeta Alberto Montaner Frutos —eruditísimo editor del 'Cantar de Mio Cid'—, todo asume en la saga del capitán Alatriste un papel vindicativo contra la inanidad retórica y el tedio que estropean, cuando no arruinan, gran parte de la producción novelística española de las últimas décadas.

La primera novela de la saga, 'El capitán Alatriste', vio la luz en noviembre de 1996, y hasta un año después, cuando salió 'Limpieza de sangre', no volvimos a saber de nuestros héroes favoritos. Bien es verdad que en la solapa posterior de cada libro de Alatriste figura un rótulo alentador, «Próximas aventuras del capitán Alatriste», y la relación de los títulos que, a la manera de los viejos y nobles folletines, o de las entrañables novelas por entregas, amenazan con alimentarnos mental y moralmente hasta 2010, por lo menos. A finales de 1998 ya eran tres las novelas de Alatriste que estaban en la calle, pues en otoño de ese año se puso a la venta 'El sol de Breda'. En cuanto a 'El oro del rey', cuarta entrega de la serie, no apareció hasta 2000. 'El caballero del jubón amarillo' se publicó en 2003, y 'Corsarios de Levante' en 2006, el mismo año en que se estrenó Alatriste, la película de Agustín Díaz Yanes que, protagonizada por el gran Viggo Mortensen, cubre el itinerario biográfico de nuestro capitán hasta la triste cuanto heroica jornada de Rocroi. Un lustro después aparecería la última novela de la saga publicada hasta hoy: 'El puente de los asesinos' (2011).

Quince años, pues, contemplan lo aparecido hasta la fecha de la saga de Alatriste, y aún esperamos los dos títulos que se anuncian en la solapa de contracubierta de 'El puente de los asesinos': 'La venganza de Alquézar' y 'Misión en París' (siempre que Arturo quiera limitarse a esos títulos y no modifique sobre la marcha el plan de su epopeya folletinesca). Lo cierto es que sabemos por la película que Alatriste va a morir en Rocroi. Pero también murió Sherlock Holmes en las cataratas de Reichenbach y luego fue resucitado por Conan Doyle. Con los héroes de folletín nunca se sabe…

La novela histórica nació a comienzos del siglo XIX de la mano del escocés Walter Scott. Sus primeros frutos en Francia datan del período plenamente romántico. 'Cinq-Mars' (1826) de Alfred de Vigny, 'Los Chouans' (1829) de Balzac y 'Nuestra Señora de París' (1831) de Víctor Hugo anuncian ya las normas del género: pasiones ardientes e insospechadas consecuencias de esas pasiones en medio de una atmósfera fiel a una época determinada y a su colorido local. Por esas mismas fechas se afianza también la novela de aventuras con el americano James Fenimore Cooper, pues en 1823 comienza a publicarse su ciclo de 'Calzas de cuero' (del que forma parte 'El último de los mohicanos').

Entre la novela histórica, de la que toma su atmósfera y su vestuario, y la novela de aventuras, a la que debe sus continuas peripecias y la naturaleza heroica de sus protagonistas, la novela de capa y espada floreció durante un siglo largo, desde el período romántico hasta los años inmediatamente anteriores a la Segunda Guerra Mundial, pero fue en el siglo XIX, entre 1850 y 1900, cuando alcanzó su mayor nivel literario. Esa novela de capa y espada es la que Arturo Pérez-Reverte, tras las huellas de su admirado Michel Zévaco (1860-1918), autor de 'Los Pardaillan', resucita y conduce a su cumbre más alta en la saga del capitán Alatriste, cuyo «continuará» sigue actuando como elemento justificador y alentador de nuestro futuro como lectores.

Si Vigny aportó al género la capa, fue Prosper Mérimée quien le añadiría la espada. El autor de 'Carmen' y de 'Colomba' hizo esa sustancial aportación en su 'Crónica del reinado de Carlos IX' (1829), obra en la que, inspirándose en Scott, se noveliza un momento de la historia de Francia, especialmente fértil en violencia y en duelos, el que rodea la matanza de hugonotes de la noche de San Bartolomé (24 de agosto de 1572), siniestra operación auspiciada por la reina madre, Catalina de Médicis. Dumas reflejará esa misma época en su trilogía 'La reina Margot' (1845), 'La señora de Montsoreau' (1846) y 'Los cuarenta y cinco' (1847-1849), que transcurre bajo los reinados de Carlos IX y Enrique III. En lo sucesivo los franceses aprenderán su historia en los novelistas que la hacen revivir, desde Luis XIII hasta la Restauración, pasando por la Regencia y el período revolucionario. Y cuando se cierra el ciclo de la Revolución con 'La condesa de Charny' (1853-1855), del propio Dumas, los lectores están perfectamente preparados para recibir en sus butacas a un nuevo héroe tan valiente como D’Artagnan, tan misterioso como Montecristo, tan generoso como el Rodolphe de 'Los misterios de París': Enrique de Lagardère, protagonista de la preciosa novela 'El jorobado', de Paul Féval, y estandarte de todo un ciclo narrativo en su torno.

El héroe de la novela de capa y espada deberá perseguir a los malos y vencerlos en duelo singular, vengar y salvar a los buenos, sacrificar si es necesario su felicidad y su vida en aras de la justicia y la verdad. Es un hombre solo, pero está dotado de grandes cualidades. No ha sido creado para poner el mundo patas arriba ni para subvertir el orden social, sino para evitar que el Mal se salga con la suya. Es generoso con los débiles y con los oprimidos, pero a la manera de un caballero andante medieval, no a la de un utopista aficionado a las barricadas de 1830 y 1848.

La búsqueda de la verdad y la justicia no excluye el deseo, por parte del héroe, de un reconocimiento social. Edmond Dantès hubiese preferido vivir desde un principio una existencia burguesa y anodina junto a su amada Mercedes, pero el Destino no lo quiso así, y es esa amarga voluntad del Hado quien lo sume en el dulce abismo de la novela popular. Niño expósito a veces —caso del mítico «jorobado» Lagardère—, de humilde cuna con frecuencia, sometido siempre a unas complicadísimas pruebas de iniciación que habrá de superar, el héroe de folletín, para alcanzar sus objetivos, tiene que mantener en secreto su identidad (lo hará más tarde Superman refugiándose en el miope Clark Kent, o Spiderman poniéndose las gafas de su alter ego Peter Parker). Rodolphe no dice que es un príncipe, ni Montecristo que fue Dantès. ¿Quién es capaz de reconocer bajo la corcova del jorobado al apuesto Lagardère, el mismo que otro tiempo fuera favorito del "tout Paris" y que, desde hace dieciséis años, no es más que un fugitivo de la ley?

El héroe popular —y Alatriste lo es, sin que ello disminuya un ápice la carga de genialidad literaria con que Arturo Pérez-Reverte dibuja el perfil de su personaje— no cree que el culpable sea el sistema, sino los individuos. Montecristo no ataca a la Restauración como tal, sino a aquellos que la han traicionado. D’Artagnan no está en contra de Richelieu y a favor de los ingleses, sino con la reina y contra Milady. Lagardère no juzga el régimen de la Regencia; tan sólo quiere castigar a un traidor, Felipe de Gonzaga. Advirtamos de paso que el malo es con frecuencia de origen extranjero y, preferentemente, italiano. ¡Cuántos transalpinos pérfidos y felones en la novela de capa y espada, desde el Concini de Zévaco ('El Capitán'), hasta el Mazarino de Dumas, pasando por Gonzaga, duque de Mantua y, desde luego, por el Gualterio Malatesta de Alatriste!

Y es que el héroe popular tiene su asiento conceptual en el maniqueísmo de sus lectores. Constituye una reencarnación del Bien absoluto enfrentado al Mal absoluto. Muchas veces, debe cumplir una misión sin darse a conocer: nació enmascarado de la misma manera que otros nacen de pie. El cine y el cómic nos han acostumbrado a ese género de vengadores con antifaz que, como aves nocturnas, buscan la oscuridad para cobrar su presa: piénsese en Daredevil, en el Zorro, en el Coyote de José Mallorquí, en Batman.

A finales de siglo, la novela de capa y espada comienza a ser sustituida por géneros nuevos. En efecto, la ley de prensa de 1881 produce un aumento impresionante de periódicos tanto en París como en provincias. Todos ellos incluyen en sus páginas novelas-folletines y alcanzan tiradas considerables. 'Le Petit Parisien', diario fundado en 1876, alcanzaría en 1914 una tirada media de un millón cuatrocientos cincuenta mil ejemplares. Su rival, 'Le Petit Journal', llegaría a los ochocientos mil diarios. Es el momento del folletín «lacrimoso», un cruce entre la «novela de error judicial» y el drama sentimental. Folletines con pretensiones «sociológicas» que hacen famosos, si seguimos circunscribiéndonos al ámbito francés, a escritores mediocres como Jules Mary, Pierre Decourcelle, Xavier de Montépin o Charles Mérouvel.

Ya en el alba del siglo XX, y sobre todo en el diario 'Le Matin', autores como Gaston Leroux y Jean de La Hire aportan inspiraciones nuevas. Será entonces cuando la novela de capa y espada conozca una nueva edad de oro con Michel Zévaco (1860-1918). Profesor encarcelado por sus ideas políticas, Zévaco creó un tipo de héroe anarquista, Pardaillan, cuya saga se extiende por distintas novelas publicadas entre 1904 y 1914. A pesar de una intriga disparatada, de unos personajes inverosímiles (como la papisa Fausta), de unos caracteres maniqueos a ultranza y de un estilo demasiado categórico, los héroes de Michel Zévaco —Buridan, Nostradamus, Don Juan, el Capitán, Pardaillan sobre todos— divierten lo indecible al lector, sumiéndolo en un vertiginoso torbellino de cabalgadas y pasiones.

Arturo Pérez-Reverte se ha confesado siempre admirador de 'Los Pardaillan'. Debo confesar, por mi parte, que si me he acercado como lector a Zévaco ha sido a través de Arturo, que puso en mis manos los ocho volúmenes de la saga, publicados en castellano por la editorial Porrúa, de México, dentro de su colección «Sepan cuantos…», en el bienio 1987-1988. Porque Pérez-Reverte es, en la segunda década del siglo XXI y con su saga de Alatriste, el mejor y más alto continuador de una literatura —la folletinesca— y de un subgénero narrativo —la novela de capa y espada— que no morirá nunca, pese a los lúgubres nubarrones que a lo largo del siglo XX se han cernido sobre una y otro. La «modernidad» y la «vanguardia» mal entendidas pueden seguir elaborando sus lamentables proscriptiones y sembrando en derredor los terrores que encierran sus almas confusas y vengativas, que a la postre no van a conseguir erradicar el gusto por la aventura en las letras actuales y por venir. Los mitos y los sueños no mueren nunca, y el folletín y la novela de capa y espada, de los que la saga de Alatriste es destacado ejemplo y modelo sobresaliente, están hechos de mitos y de sueños.

____________

* Luis Alberto de Cuenca nació en Madrid el 29 de diciembre de 1950. Ha viajado por todo el mundo, pero siempre ha residido en la capital de España. Se licenció (1973) y se doctoró (1976) en Filología Clásica por la Universidad Autónoma de Madrid con sendos Premios Extraordinarios. Es Profesor de Investigación del CSIC en el Instituto de Lenguas y Culturas del Mediterráneo y Oriente Próximo. Ha sido Director de la Biblioteca Nacional (1996-2000) y Secretario de Estado de Cultura (2000-2004). Es Académico de número de la Real Academia de la Historia desde 2010. Como poeta ha publicado, entre otros libros, La caja de plata (Premio de la Crítica 1985), El hacha y la rosa (1993), Por fuertes y fronteras (1996), Los mundos y los días. Poesía 1972-1998 (1999; 3ª edición, 2007), Sin miedo ni esperanza (2002), La vida en llamas (Premio Ciudad de Melilla 2006), El reino blanco (2010) y Cuaderno de vacaciones (2014). Por su obra poética se le concedió el Premio de Literatura de la Comunidad de Madrid 2006 y el Premio de las Letras «Teresa de Ávila» 2008. Sería muy prolijo consignar aquí las numerosas antologías que recogen parcialmente su obra. Entre sus libros de ensayos figuran Floresta española de varia caballería (1975), Necesidad del mito (1976 y 2008), Museo (1978), El héroe y sus máscaras (1991), Etcétera (1993), Bazar. Estudios literarios (1995), Álbum de lecturas (1996), Las cien mejores poesías de la lengua castellana (1998), Señales de humo (1999) Baldosas amarillas (2001), De Gilgamesh a Francisco Nieva (2005), Libros contra el aburrimiento (2011) Nombres propios (2011), Palabras con alas (2012) y Lección magistral (2014). Como traductor, ha centrado su actividad en el mundo clásico grecolatino y en el Medievo europeo. Por su versión del Cantar de Valtario, de autor latino anónimo (siglo X) obtuvo el Premio Nacional de Traducción 1989. Ha traducido también a Horace Walpole, Jacques Cazotte, Villiers de l’Isle-Adam, Charles Nodier, Gérard de Nerval, Lord Tennyson, Wilhelm Hauff, etc. Ha editado críticamente al poeta helenístico Euforión de Calcis, a Eurípides, la Galería fúnebre de espectros y sombras ensangrentadas de Agustín Pérez Zaragoza, a Boscán, a Gabriel Bocángel, un texto inédito de Jardiel Poncela, a Rubén Darío, una antología poética de Calderón, etc.

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Mensaje por Rogorn » Sab Nov 22, 2014 5:42 pm

'El capitán Alatriste' (Arturo Pérez Reverte)
Carlos Rodrigo - liverdades.es - 22/11/2014

Pérez-Reverte me recuerda a Larry Bird. Para los menos talluditos, Larry Bird fue un mítico jugador de la NBA, de los Boston Celtics, del que se decía que no era el más alto, ni el más guapo, ni el más rápido, pero era el mejor. A mí con Reverte me pasa lo mismo: si le coges por partes, los hay que manejan mejor el lenguaje, que ensamblan mejor los episodios, que profundizan más en los personajes… pero amigo, es que nadie o casi nadie cuenta historias mejor que él. Con ese estilo canallesco y casi chulesco (nos pongamos como nos pongamos, solemos escribir como somos) escribe con la mezcla del enamorado de Stevenson y Conrad, que junto a ese afilado pesimismo del guerrillero que se caga en todo por lo que va a dar la vida, le convierten en el "tusitala" (contador de historias) patrio por excelencia.

El otro día me puse con 'El capitán Alatriste' y me lo leí del tirón. Me imagino mirando a los ojos de su hija Carlota y diciéndola: “Anda, deja el libro de historia, que lo del Siglo de Oro mejor te lo cuento yo”, y metiéndose en el despacho, en el velero, o dondequiera que escriba, farfullando: “Hay que joderse conla LOGSE o como coño se llame este mes” mientras desenvaina la pluma para ajusticiar folios como un poseso.

Aquella España que empezaba a renquear, de soldados mendigos que dieron fortuna e imperio a esta España ingrata. Una España de soldados orgullosos e indisciplinados que todo el mundo quería tener a su lado cuando las cosas se ponían feas, de poetas deslenguados y espadachines, de enemigos íntimos, de reyes indolentes, validos hastiados, funcionarios trepas y de inquisidores implacables. Una España doliente que nos dejó los sonetos de Quevedo, los cuadros de Velázquez o los orígenes de la comedia nueva de Lope, parece que debiera justificarse por sí sola, pero no deja de ser un triste consuelo de una España empobrecida de poderes fácticos, resortes cansinos y demoledores, latifundios improductivos y dañinos, nobles pagados de sí mismos de título, boina y escopeta, que emprender lo que se dice emprender sólo emprenden cacerías mientras ingleses y holandeses innovan y se hacen con el comercio y la economía del mundo. Una España de bravucones, de crítica mordaz y pasajera, una España brillante e inconstante, de honor para las pequeñas cosas y de dejadez para las grandes empresas, una España de burocracia monstruosa y cansina embarazada de conseguidotes. Un gigante de pies de barro y plomo al que le muerden los tobillos.

Así que claro, claro que somos hijos del Siglo de Oro. Una España de buscavidas en la que en el fondo la mayoría más que cambiar las cosas quiere entrar en los corrales ya construidos. Hay que leer a Reverte para saber por qué somos como somos, de donde venimos y por qué vamos como vamos, pero sobre todo hay que leerle porque uno aprende mucho como nos gusta aprender, contándonos historias de estas Españas nuestras que tanto criticamos porque no podemos vivir sin ellas.

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Victoria
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Mensaje por Victoria » Sab Nov 22, 2014 7:17 pm

... una España empobrecida de poderes fácticos, resortes cansinos y demoledores, latifundios improductivos y dañinos, nobles pagados de sí mismos de título, boina y escopeta, que emprender lo que se dice emprender sólo emprenden cacerías mientras ingleses y holandeses innovan y se hacen con el comercio y la economía del mundo. Una España de bravucones, de crítica mordaz y pasajera, una España brillante e inconstante, de honor para las pequeñas cosas y de dejadez para las grandes empresas, una España de burocracia monstruosa y cansina embarazada de conseguidotes. .... Una España de buscavidas en la que en el fondo la mayoría más que cambiar las cosas quiere entrar en los corrales ya construidos.


:? Y ahí seguimos. Ha tardado en leerse Alatriste este hombre, pero más vale tarde que nunca.
La única salvación de los vencidos es no esperar salvación alguna.

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Dom Nov 23, 2014 11:44 am

Trabajos sobre Alatriste (y uno sobre 'El Club Dumas') escritos por el especialista Alberto Montaner:

https://unizar.academia.edu/AlbertoMont ... ez-Reverte

(Hay que registrarse en la página para poder descargarlos)

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